Andrés Menjívar
DEL PROFETA
CAPITULO 1
El libro del profeta Daniel es para los lectores de
las Escrituras uno de los favoritos no sólo por su
contenido profético sino por la determinación del
Altísimo de poner al alcance de todos el significado
que de otra manera habría sido muy difícil de
des-cubrir.
Ninguna profecía es de fácil interpretación aun
cuando quien las lee tenga experiencia en la lectura
de la Palabra de Dios. Esto claramente lleva a
con-cluir en que una cosa es estar familiarizado con la
lectura y otra es conocer el correcto significado de
aquellos tópicos leídos; aún más significativo viene
a ser la diferencia cuando el asunto se refiere a
des-cubrir aquello que debe ser entendido con ayuda
del Espíritu Santo.
Notoriamente, aún cuando mucho de las
profe-cías de Daniel posee su correspondiente significado
implícito, el pensamiento dogmático generalmente
lo distorsiona; estropeando y modificando
innece-sariamente el contenido con interpretaciones
basa-das en imaginaciones en las cuales el trasfondo
comercial juega el papel más importante al cual
miles recurren imaginando que un libro con
ilus-traciones impresionantes en su portada principal es
la clave para entender correctamente el devenir de
los tiempos.
Pero no sólo las ideas comerciales han tomado
un lugar en las conciencias con deseos de conocer
lo intrigante. También el dogmatismo ha tomado
su porción contribuyendo de esa manera a
dificul-tar el entendimiento del contenido profético de
Daniel.
Ningún autor, ni creencias religiosas ajenas, han
sido tomadas para realizar el presente Comentario,
después de todo, como he dicho en mi comentario
al libro de Apocalipsis, si de tomar ideas prestadas
se tratara, habría preferido ahorrarme las horas de
trabajo que me tomó realizar la presente
interpre-tación y mejor habría optado recomendar a mis
lectores ir a la venta de libros a comprar cualquier
libro sobre tópicos proféticos.
Esto claramente significa haber escrito
basán-dome en mis interpretaciones personales. Claro,
cuando de citar algún escrito ajeno se trata (lo cual
pocas veces hago), sin vacilar procedo a citar la
fuente. Aparte de las citas históricas omito
apro-piarme ideas ajenas o tomarlas cambiándoles
algu-nas ideas para hacerlas aparecer como propias.
Algunas profecías de Daniel aparecen en el libro
de Apocalipsis con lo cual el intérprete del primero
consigue entender las profecías del segundo salvo
algunas modificaciones o ampliaciones por las
cua-les ambas se diferencian.
Por último he de informar que las fechas que he
tomado para este comentario pertenecen a la
cro-nología del Arzobispo Anglicano James Ussher
(1581-1656), la cual, aunque tiene opositores y
detractores continúa fuertemente arraigada en
mi-llones de personas que la consideran la mejor
op-ción en materia de cronología bíblica.
Es mi gran deseo que este comentario, junto con
el comentario sobre Apocalipsis que hice
anterior-mente, puedan ser de utilidad para predicadores y
personas que gustan de escudriñar las Escrituras.
Sinceramente,
Andrés Menjívar
Iglesia de Dios (Séptimo Día)
Calgary, Alberta, Canada
COMENTARIO SOBRE EL LIBRO DEL PROFETA DANIEL
CAPÍTULO 1 Los cuatro jóvenes hebreos
Daniel 1:1
En el tercer año del reinado de Joacim, rey de Judá, vino Nabucodonosor, rey de Babilonia, a Jerusalén, y la sitió.
En el tercer año del reinado de Joacim. Joacim (heb.
Iejoia-qim). La cronología ubica esta fecha por el año 606 a. C.; por ese tiempo fue el rey Nabucodonosor (heb. Nebujadnetsar) contra Jerusalén y la sitió. Esta fue la primera de las tres campañas de los caldeos contra los judíos. Algunas fechas datan el reinado de Nabucodonosor entre el 606 o 605 al 562 a. C.
Daniel 1:2
El Señor entregó en sus manos a Joacim, rey de Judá, y par-te de los upar-tensilios de la casa de Dios; los trajo a tierra de Sinar, a la casa de su dios, y colocó los utensilios en la casa del tesoro de su dios.
El Señor entregó en sus manos a Joacim. Así como el Señor
salva a su pueblo así lo entrega en manos de castigadores como opción frente a las transgresiones al Pacto concerta-do en el monte Sinaí.
Sinar (heb. Shinar). La llanura desde donde la humanidad
postdiluviana resurgió en oposición de Dios, eventualmen-te vino a ser la tierra de los caldeos, o Babilonia. Si aquel conquistador hubiera intentado robar los tesoros del tem-plo en oposición a la voluntad de Dios, habría sido castiga-do por su blasfemia, pero tocastiga-do cuanto hizo fue por orden de Dios. Si bien los utensilios sagrados de oro y plata los depositó en el templo de su dios las probabilidades sugie-ren que el respeto le hizo mantener límites para no menos-preciarlos como más tarde haría Belshazar.
Nabucodonosor fue un hombre pagano, terrible en el trato hacia los países conquistados, a quien el Altísimo to-mó como su siervo (Jeremías 25.9) para que cumpliera sus propósitos de castigar a Judá por sus muchas infracciones contra el Pacto.
Daniel 1:3
Y dijo el rey a Aspenaz, jefe de sus eunucos, que trajera de los hijos de Israel, del linaje real de los príncipes.
Aspenaz. (heb. Ashpenaz) era el hombre comisionado
por el rey para buscar jóvenes dotados de inteligencia para ser instruidos en las letras, ciencia y comercio de los
cal-No está dicho cuántos jóvenes fueron seleccionados, pero aunque sólo son nombrados cuatro las posibilidades sugie-ren que el número de ellos fue mayor.
Daniel 1:4
muchachos en quienes no hubiera tacha alguna, de buen parecer, instruidos en toda sabiduría, sabios en ciencia, de buen entendimiento e idóneos para estar en el palacio del rey; y que les enseñara las letras y la lengua de los caldeos.
muchachos en quienes no hubiera tacha alguna. Es decir, sin defectos físicos, de buen parecer y mentalmente hábiles para absorber la instrucción que iban a recibir. Ashpenaz debía poner mucho cuidado en la elección, de otra manera su vida estaba en peligro.
Nada se dice de la vida de estos cuatro jóvenes en Jeru-salén antes de la cautividad, y vienen a ser conocidos sólo hasta cuando Daniel escribe su relato, después de la cauti-vidad no vuelven a ser mencionados en ningún otro regis-tro bíblico excepto por Daniel. Personalmente infiero que los cuatro murieron añorando su tierra natal, sirviendo a los reyes en turno que gobernaron Babilonia.
idóneos para estar en el palacio del rey. Es decir, jóvenes
que estuvieran a la altura de la categoría que significaba presentarse ante los ojos del rey, hablando la lengua caldea y enteramente conocedores de la cultura caldea y de todos los negocios de la corte.
Daniel 1:5
Y les señaló el rey una porción diaria de la comida del rey y del vino que él bebía; y que los educara durante tres años, para que al fin de ellos se presentaran delante del rey.
Y les señaló el rey una porción diaria de la comida, etc. Sin
lugar a dudas, las intenciones del rey eran guiadas por Dios, de otra manera no habría puesto tanto interés en ellos y en su educación.
y que los educara durante tres años. La educación era
ge-neral, al final de los tras años todos ellos debían mostrar completa familiaridad con todo lo referente al reino.
Daniel 1:6
Entre ellos estaban Daniel, Ananías, Misael y Azarías, de los hijos de Judá.
El modo en que esta declaración está redactada sugiere que los seleccionados eran más de cuatro, sin embargo, ninguno más es mencionado. Por el sentido de responsabi-lidad otorgado al eunuco claramente se entiende que todos los jóvenes seleccionados calificaron según las demandas
del rey, sin embargo, estos cuatro fueron más aventajados. Daniel 1:7
A estos el jefe de los eunucos puso nombres: a Daniel, Bel-tsasar; a Ananías, Sadrac; a Misael, Mesac; y a Azarías, Abed-nego.
A estos el jefe de los eunucos puso nombres. A partir del
momento de entrar a formar parte del conjunto de jóvenes a entrenar, sus nombres judíos serían relegados al ámbito familiar, entre los caldeos sus nombres serían propios de esa región. Belshatsar, Shadrak, Meishak, y Abed-nego.
Daniel 1:8
Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la por-ción de la comida del rey ni con el vino que él bebía; pidió, por tanto, al jefe de los eunucos que no se le obligara a contami-narse.
Daniel propuso en su corazón, etc. No únicamente Daniel
sino los cuatro a la vez propusieron no participar de la coci-na de los caldeos ni a beber bebidas embriagantes; por eso, solicitaron al eunuco que no se les diera la ración asignada a cada uno. Su decisión no parece encaminada a evitar co-midas inmundas; la lectura no sugiere que ellos hayan es-tado obligados a comer cualquier cosa; más bien parece que su propósito obedecía al deseo de evitar en lo más po-sible participar de los manjares y vino del rey como rechazo a la vida opulenta, con lo cual agradaron a Dios.
Daniel 1:9
Puso Dios a Daniel en gracia y en buena voluntad con el jefe de los eunucos.
Puso Dios a Daniel en gracia, etc. Pareciera que entre los
cuatro Daniel era el líder por lo cual su nombre aparece como el primero o el único, pero el contexto claramente dice cómo los cuatro gozaban de la misma bendición del Altísimo. Esa gracia no fue sólo ante los ojos del jefe de los eunucos sino también de sus subalternos o eunucos.
Daniel 1:10
y el jefe de los eunucos dijo a Daniel: Temo a mi señor el rey, que asignó vuestra comida y vuestra bebida; pues luego que él vea vuestros rostros más pálidos que los de los muchachos que son semejantes a vosotros, haréis que el rey me condene a muerte.
y el jefe de los eunucos dijo a Daniel, etc. Aspenaz era
hombre de buen entendimiento, por algo era el jefe de los eunucos que daba cuentas al rey directamente. Ante las palabras de los cuatro se encontró en un dilema pues al tiempo de simpatizar con ellos temía que su salud no fuese
hallada satisfactoria ante los ojos de Nebujadnetsar lo cual irremediablemente lo condenaría a muerte. Con todo, su reacción no fue negativa sino de apelación a la considera-ción de los cuatro: “piensen que si por acceder a su peticonsidera-ción su salud decae me condenarán a muerte”.
Daniel 1:11
Entonces dijo Daniel a Melsar, a quien el jefe de los eunucos había puesto sobre Daniel, Ananías, Misael y Azarías:
Entonces dijo Daniel a Melsar. Habiendo recibido la
apro-bación de Aspenaz, se dirigieron a Meltsar para comunicarle la decisión de su jefe y solicitarle su colaboración. Si lo más difícil era convencer a Aspenaz, el subalterno será un caso menos difícil pues dependía del superior que estaba de acuerdo
Daniel 1:12
Te ruego que hagas la prueba con tus siervos durante diez días: que nos den legumbres para comer y agua para beber.
Te ruego que hagas la prueba, etc. Te ruego pruebes
dán-donos sólo legumbres y agua durante diez días y está aten-to a cualquier cambio negativo que puedas notar en nues-tra salud y parecer.
Daniel 1:13
Compara luego nuestros rostros con los rostros de los mu-chachos que comen de la porción de la comida del rey, y haz después con tus siervos según veas.
Compara luego. Pasados los diez días compara nuestro
semblante y condición física con la de los otros muchachos que comen de la comida del rey y determina lo que hayas de hacer.
Daniel 1:14
Consintió, pues, con ellos en esto, y probó con ellos durante diez días.
Consintió. Es decir, aceptó la propuesta de los cuatro e
inició el cambio en la alimentación teniendo sumo cuidado en que el rey no fuera a darse cuenta de la contravención.
Daniel 1:15
Y al cabo de los diez días pareció el rostro de ellos mejor y más robusto que el de los otros muchachos que comían de la porción de la comida del rey.
Y al cabo de los diez días, etc. Es claro, el semblante y
apa-riencia de los cuatro había alcanzado notoriedad por sobre el resto de jóvenes; habían alcanzado su propósito sin po-ner en peligro a Aspenaz ni a Melsar.
Es obvio que el consumo de legumbres y agua mantie-nen limpio el organismo, pero de ninguna manera fueron la
clave para proporcionar los nutrientes que el cuerpo huma-no necesita diariamente; o sea, huma-no fue la dieta la determi-nante para su buena salud, sino la intervención directa del Altísimo sobre ellos. También tómese en cuenta que esta dieta sólo fue por el período de tres años después volvieron a los alimentos cotidianos.
Daniel 1:16
Así, pues, Melsar se llevaba la porción de la comida de ellos y el vino que habían de beber, y les daba legumbres.
Así, pues. En resumen, el sirviente o eunuco se las
arre-glaba para no ser descubierto en su propósito de colaborar con los cuatro sustituyendo los manjares provenientes de la cocina del rey por legumbres.
Daniel 1:17
A estos cuatro muchachos, Dios les dio conocimiento e inte-ligencia en todas las letras y ciencias; y Daniel tuvo entendi-miento en toda visión y sueños.
A estos cuatro muchachos, Dios les dio conocimiento e inte-ligencia. La fidelidad y amor a Dios rinden magníficos frutos
en todo tiempo; los jóvenes cosecharon gran bendición justamente en el momento oportuno. Dios dio a cada uno conocimientos superiores en las letras y ciencias de los cal-deos, lo cual dentro de algunos meses les sería de gran re-levancia para sobresalir en la conducción de los negocios del rey. A Daniel no sólo dio Dios los mismos atributos sino que también le dio en don de entender el significado de sueños y visiones. De esa manera estaban adecuadamente preparados para comparecer ante el rey y responder exce-lentemente a sus preguntas.
Daniel 1:18
Pasados, pues, los días al fin de los cuales había dicho el rey que los llevaran, el jefe de los eunucos los llevó delante de Na-bucodonosor.
Pasados, pues, los días. Por fin los tres años de
entrena-miento habían terminado; Nebujadnetsar los esperaba para comprobar la calidad de su educación alcanzada.
el jefe de los eunucos los llevó delante de Nabucodonosor.
Para el jefe de los eunucos y sus colaboradores aquella reu-nión era determinante pues de los resultados dependía su vida; si se pone atención a la situación se podrá apreciar cierto grado de temor en ellos, en cambio en la conciencia de los cuatro reinaba la paz y seguridad provenientes de corazones fieles a obedecer la voluntad del Altísimo.
El momento había llegado en el cual el rey corroboraría que sus órdenes acerca de la instrucción a aquellos mucha-chos había sido obedecida meticulosamente. Así, examen comenzó.
Daniel 1:19
El rey habló con ellos, y no se hallaron entre todos ellos otros como Daniel, Ananías, Misael y Azarías; así, pues, per-manecieron al servicio del rey.
El rey habló con ellos. Me inclino a pensar que hasta ese
momento conocieron al rey, nunca antes habían visto su rostro ni mucho menos platicado con él. Nadie tenía acceso a ver su rostro a menos que él lo permitiera. Adviértase aquí lo que Daniel omitió registrar, es decir, el rey no les habló en lengua hebrea, la cual seguramente no conocía, sino en la lengua de los caldeos, el rey habló en su lengua aramea plenamente seguro que aquellos jóvenes estaban prepara-dos para responder a sus palabras. Muy pronto el temor de los sirvientes se disipó y la sonrisa disimulada llenó sus co-razones: Habían cumplido plenamente el deseo del rey. Aquellos cuatro respondieron en la lengua aprendida–la aramea; y con verdadero conocimiento y dominio de cada tópico abordado por el rey así respondieron. No había más qué esperar, debían ser puestos al servicio de la corte in-mediatamente.
Daniel 1:20
En todo asunto de sabiduría e inteligencia que el rey los consultó, los halló diez veces mejores que todos los magos y astrólogos que había en todo su reino.
los halló diez veces mejores que todos los magos y astrólo-gos que había en todo su reino. Una cosa era aprender por
iniciativa propia como habían hecho los sabios caldeos y otra era aprender toda ciencia con la ayuda del Altísimo. No caben dudas, con las primeras respuestas entendió Nebu-jadnetsar que frente a él estaban cuatro judíos a los cuales ningún conocimiento se les escondía ni en las ciencias ni en las artes. Su lugar como servidores de la corte estaba asegu-rada con plena satisfacción del rey, y los años por venir mostrarían que su estadía al servicio de del rey y de los re-yes subsiguientes sería de gran provecho para Babilonia.
Lamentablemente, aparte de esta introducción hecha por el mismo Daniel nada más registró de sus tres compa-ñeros aparte del incidente del horno ardiendo del cual ellos salieron ilesos. Su edad adulta permanece sin noticia. Quien sabe si algún día la arqueología pueda desenterrar docu-mentos caldeos del tiempo de la cautividad y de esa mane-ra sepamos qué fue de ellos.
Daniel 1:21
Así continuó Daniel hasta el año primero del rey Ciro.
Es decir, Daniel continuó sirviendo a los reyes en turno “hasta el año primero del rey Ciro (heb. Koresh)”, esto podría sugerir que su labor activa en la corte duró hasta ese año, y su edad sobrepasaba los ochenta años. Asimismo, ese fue el
año en que el primero edicto permitiendo a los judíos vol-ver a su tierra fue dado por ese rey (Nehemías 1:1). Daniel tuvo la alegría de ver cómo los setenta años de cautividad terminaron. Probablemente haya estado vivo mientras Nehemías era copero del rey.
CAPITULO 2
El sueño de Nabucodonosor—La estatua
Daniel 2:1
En el segundo año del reinado de Nabucodonosor, tuvo Nabucodonosor sueños, y se turbó su espíritu y se le fue el sue-ño.
Aquí podría haber alguna dificultad para entender la situación pues en el 1:5 los jóvenes debían ser adiestrados para que a los tres años se presentaran ante el rey. Sin em-bargo, aquí dice que Nabucodonosor tuvo un sueño en el segundo año de su reinado y Daniel fue capaz de interpre-tarlo, o sea, Daniel y sus compañeros recién habían empe-zado sus funciones pues ya habían terminado su prepara-ción y alcanzado la aprobaprepara-ción del rey. En realidad no hay problemas para contar el tiempo si se considera que Nabu-codonosor había reinado un año junto con su padre Nabo-polasar y dos años por sí mismo, en total tres años, estos son exactamente tres años que encajan con el período de entrenamiento de los jóvenes en la corte del rey.
tuvo Nabucodonosor sueños. La situación creada por el
Altísimo en torno a al rey muy pronto haría a toda la corte estremecerse de horror. La situación de Nabucodonosor no fue única en su género habiendo situaciones similares simi-lares cuando conciencia nos informa que hemos soñado algo pero no podemos traer a la conciencia el asunto ni tampoco describirlo.
Daniel 2:2
Hizo llamar el rey a magos, astrólogos, encantadores y cal-deos, para que le explicaran sus sueños. Vinieron, pues, y se presentaron delante del rey.
Todos estos encajaban bajo el calificativo de hombres de ciencia o sabios, y como tal, el rey concluía que demandar-les explicación a su sueño entraba en el campo de la sabi-duría, de manera que sin pérdida de tiempo envió por ellos.
Daniel 2:3
El rey les dijo: He tenido un sueño, y mi espíritu se ha turba-do por saber el sueño.
He tenido un sueño. Todos estaban preparados para
res-ponder, cualquiera de ellos, elegido para resres-ponder, sería
decididamente apoyado por sus compañeros para dar a entender que la interpretación dada era la correcta.
mi espíritu se ha turbado por saber el sueño. En este caso el
término espíritu se refiere a sus pensamientos que bom-bardeaban su cerebro tratando de encontrar una solución a su excitación. Con calma y sobrada experiencia en sus labo-res, los adivinos, astrólogos, astrónomos, encantadores y demás hombres de ciencia esperaban escuchar del rey el relato de su experiencia. Nada podía fallar porque eran ex-pertos en adecuar las respuestas que satisficieran al rey.
Daniel 2:4
Entonces hablaron los caldeos al rey en lengua aramea: ¡Rey, para siempre vive! Cuenta el sueño a tus siervos, y te da-remos la interpretación.
Cuenta el sueño a tus siervos, y te daremos la interpreta-ción. La experiencia de aquellos hombres los capacitaba
para responder al rey sin dilación, después de todo la de los caldeos era una escuela con siglos de entrenamiento en el arte de la adivinación y de todas maneras sabían cómo evadir situaciones difíciles.
Daniel 2:5
Respondió el rey y dijo a los caldeos: El asunto lo olvidé; pero si no me decís el sueño y su interpretación, seréis hechos pedazos y vuestras casas serán convertidas en estercoleros.
El asunto lo olvidé. Nabucodonosor no olvidó que había
tenido un sueño sino el contenido, de haberlo olvidado no habría llamado a aquellos hombres para pedir explicación. Sus palabras eran claras “Sé que soñé algo pero no recuerdo qué fue”. La respuesta de los sabios le molestó pues enten-dió que estaban recurriendo a una treta; para darle la res-puesta necesitaban que él les diera ideas en base de las cuales darle la interpretación.
si no me decís el sueño y su interpretación, seréis hechos pedazos y vuestras casas serán convertidas en estercoleros.
Aunque la narración es corta es posible entender la razón que tuvo el rey para hacer tan terrible declaración: Ante la imposibilidad de cumplir sus demandas aquellos hombres estaban usando tácticas dilatorias para evitar exponerse como incapaces de leer la mente de Nabucodonosor. Al notar la vacilación de los sabios, el rey inmediatamente en-tendió que intentaban culparlo de que ellos no pudieran darle la declaración de su sueño; debido a eso y les previno contra cualquier ardid con el cual evadir la responsabilidad. haciéndoles saber que estaba al tanto de cuanto trataban de hacer y les advierte: si no me decís el sueño y su
interpreta-ción, seréis hechos pedazos y vuestras casas serán convertidas en estercoleros. Sus casas dejarían de ser dignas de los
Daniel 2:6
Pero si me decís el sueño y su interpretación, de mí recibiréis dones, favores y gran honra. Decidme, pues, el sueño y su in-terpretación.
si me decís el sueño y su interpretación, etc. Si en verdad
conocían su profesión y eran capaces de adivinar lo recón-dito serían retribuidos con grandes regalos. Aquellos hom-bres entendieron que el rey les estaba dando un ultimatum.
Daniel 2:7
Respondieron por segunda vez, y dijeron:
Cuente el rey el sueño a sus siervos, y le daremos la interpre-tación.
Sin advertirlo, en ese momento los sabios pasaron de siervos a señores condicionando al rey: si nos dices el sueño te declararemos el significado de lo contrario no esperes nada de nosotros; la treta encolerizó al rey. Jamás súbdito alguno se había revelado contra su señor imponiéndole condiciones.
Daniel 2:8
El rey respondió y dijo: Yo conozco ciertamente que voso-tros ponéis dilaciones, porque veis que el asunto se me ha ido.
Yo conozco ciertamente que vosotros ponéis dilaciones. Yo
sé que ustedes están tratando de evadir su responsabilidad aunque ya les dije que no puedo recordar el contenido del sueño. Aquí el rey los vuelve a colocar en su lugar de servi-dores bajo amenaza de muerte.
Daniel 2:9
Si no me declaran el sueño, una sola sentencia hay para ustedes. Ciertamente preparáis una respuesta mentirosa y perversa que decir delante de mí, entre tanto que pasa el tiem-po. Contadme, pues, el sueño, para que yo sepa que me podéis dar su interpretación.
Si no me declaran el sueño. El momento de la definición
había llegado para los adivinos caldeos; debían declararle al rey lo que había soñado y lo que el sueño significaba. Na-bucodonosor no estaba en condiciones de ánimo para con-tinuar perdiendo el tiempo con dilaciones. “Lo que ustedes quieren es que yo les diga lo que soñé para darme cual-quier explicación mentirosa. Hablen para que yo entienda que conocen su profesión”. En realidad nadie es capaz de leer la mente de otros, ni siquiera el diablo, sólo Dios y nuestro Salvador. El diablo no lee los pensamientos sino que es atraído por las malas intenciones de la persona simi-lar al tiburón que a cinco kilómetros de distancia puede oler la sangre de sus víctimas. El rey demandaba lo imposible y sus siervos estaban para morir desastrosamente.
Daniel 2:10
Los caldeos respondieron delante del rey y dijeron: No hay hombre sobre la tierra que pueda declarar el asunto del rey. Además, ningún rey, príncipe ni señor preguntó cosa semejan-te a ningún mago ni astrólogo ni caldeo.
No hay hombre sobre la tierra que pueda declarar el asunto del rey. La posición de los sabios era razonable, ningún
hombre puede leer el pensamiento de otro pues nuestra mente es nuestra y nadie más posee capacidad para cono-cer lo que pensamos o planeamos.
Además, ningún rey, príncipe ni señor preguntó cosa seme-jante a ningún mago ni astrólogo ni caldeo. La demanda de
Nabucodonosor era la primera en su clase; antes de él no había habido otro caso similar. Si una de las condiciones requeridas para los profesionales caldeos en ciencias hu-biera sido leer el pensamiento de otros humanos posible-mente muchos habrían pensado seriaposible-mente en las incon-veniencias y peligros de tomar ese tipo de profesión por lo grave de la responsabilidad pues habrían estado aventu-rándose a exponer sus vidas.
Daniel 2:11
Porque el asunto que el rey demanda es difícil, y no hay quien lo pueda declarar al rey, salvo los dioses cuya morada no está entre los hombres.
Porque el asunto que el rey demanda es difícil, y no hay quien lo pueda declarar al rey. Mejor dicho, era imposible
pues no existe humano alguno con capacidad de conocer la mente de otros ni mucho menos de conocer el significado de lo que piensa.
salvo los dioses cuya morada no está entre los hombres, etc.
Para aquellos sabios caldeos los únicos capacitados para conocer lo que el hombre piensa eran los dioses (elayin, parecido al hebreo elojim). En su mundo pagano ellos pen-saban que los únicos capacitados para cumplir las deman-das del rey eran sus dioses. Claro que esos dioses de ningu-na manera es uningu-na referencia a elojim hebreo sino a los dio-ses caldeos, asirios y de otras naciones. Aquellos hombres no conocían ni mucho menos preciaban al Dios de los he-breos como el Dios por sobre todos los dioses. Aquella res-puesta encendió aún más la cólera de Nabucodonosor. Su interés no era conocer la capacidad de sus dioses; él desea-ba conocer su sueño y significado.
Daniel 2:12
Por esto el rey, con ira y con gran enojo, mandó que mata-ran a todos los sabios de Babilonia.
mandó que mataran a todos los sabios de Babilonia. Sus
hombres más inteligentes en este campo acababan de mostrarle plena incapacidad de satisfacer su deseo.
Encen-dido en ira ordenó que todos los sabios que habitaban en babilonia fueran muertos.
Todos los hombres de ciencia eran alimentados por el tesoro del rey en la misma manera en que eran los sacerdo-tes, y puesto que no daban ningún provecho al rey ¿cuál podría ser el propósito de mantenerlos vivos; por qué no ahorrar los beneficios económicos que se les otorgaban y a la vez recuperar las tierras que como parte de sus beneficios se les habían otorgado?
Daniel 2:13
Se publicó, pues, el edicto de que los sabios fueran llevados a la muerte; y buscaron también a Daniel y a sus compañeros para matarlos.
Se publicó, pues, el edicto. Es claro que como parte del
proceso administrativo del reino, la orden de descuartizar a los sabios no se llevó a cabo en ese mismo instante, más bien allí se dio la orden para iniciar la documentación oficial correspondiente para legitimar la sentencia de muerte. Pa-rece que la orden debía ejecutarse donde los sabios se en-contraran, por lo cual había que salir en su búsqueda, don-dequiera que se encontraran. Daniel y a sus tres compañe-ros estaban incluidos pues los cuatro recién habían obteni-do el nombramiento de sabios y, aunque el relato guarda silencio, es claro que ellos también eran beneficiados con su respectivo emolumento. Por el significado de la narración se concluye en que no todos los sabios se habían presenta-do ante el rey sino una comisión, eso da sentipresenta-do a la orden de buscarlos a todos para darles muerte.
Daniel 2:14
Entonces Daniel habló sabia y prudentemente a Arioc, capi-tán de la guardia del rey, que había salido para matar a los sabios de Babilonia.
Entonces Daniel habló sabia y prudentemente a Arioc. La
situación es clara: Daniel ignoraba lo que estaba sucedien-do, pero la atmósfera tensa claramente le decía que algo peligroso estaba por suceder. Con calma y prudencia habló a Arioc preguntándole el por qué de la situación. Es claro que Daniel, sus compañeros y muchos otros hombres de ciencia no estaban enterados de cuanto había sucedido en la corte, y aquella sentencia les estaba tomando por sorpre-sa. Aunque la explicación de Arioc era terrible, Daniel no se inmutó, la plena confianza en el respaldo moral proporcio-nado por el Altísimo lo sostuvo para no agitarse mental-mente.
Daniel 2:15
Habló y dijo a Arioc, capitán del rey: ¿Cuál es la causa de que este edicto se publique de parte del rey tan
apresurada-mente? Entonces Arioc hizo saber a Daniel lo que había. ¿Cuál es la causa de que este edicto se publique de parte del rey tan apresuradamente?. Aquel suceso fue notorio no sólo
en la corte del rey sino en toda Babilonia, la matanza había sido decretada abruptamente y debía llevarse a cabo. Por el trasfondo puede inferirse que Arioc narró a Daniel cuanto había sucedido en la corte; de cómo los sabios habían sido incapaces de satisfacer las demandas del rey. Pareciera que aquel capitán no era hombre arrebatado sino prudente has-ta el grado de enhas-tablar conversación con Daniel y conhas-tarle a qué se debía el decreto de muerte. Ni nervioso o sorprendi-do pero sí interesasorprendi-do en conocer cuanto estaba sucediensorprendi-do en la corte, Daniel conoció la inusitada verdad. Arioc no podía alargar el tiempo de vida de Daniel, pero le dio opor-tunidad de ir a presentarse delante del rey.
Daniel 2:16
y Daniel entró y pidió al rey que le concediera tiempo, que él daría al rey la interpretación.
Daniel entró. Es decir, entró a la corte y solicitó permiso
para hablar con el rey. En habiendo obtenido audiencia le pidió al rey permiso para ser él el encargado de declarar el sueño y su significado, lo cual le fue concedido, el único requisito que le pidió fue un poco de tiempo, lo cual tam-bién le fue concedido para satisfacer la demandaba del rey. No es posible conocer el tiempo que transcurrió entre el permiso concedido y la revelación de Dios.
Daniel 2:17
Luego se fue Daniel a su casa e hizo saber a Ananías, Misael y Azarías, sus compañeros, lo que sucedía.
Luego se fue Daniel a su casa. No había tiempo qué
per-der pues el asunto era de extrema urgencia. De vuelta a casa, reunió a sus compañeros y les contó cuanto estaba sucediendo. Los cuatro sabían cómo actuar en momentos de apuro pues estaban preparados para cualquier sorpresa. Todos estaban bajo el cuidado que Dios, y Él estaba presto a responder a sus palabras.
Daniel 2:18
para que pidieran misericordias del Dios del cielo sobre este misterio, a fin de que Daniel y sus compañeros no perecieran con los otros sabios de Babilonia.
para que pidieran misericordias del Dios del cielo. Es decir,
suplicando al Altísimo la revelación de esto oculto sobre lo cual ningún hombre tenía capacidad de conocer. Aquella respuesta era la salvación de todos los sentenciados.
Daniel 2:19
cual bendijo Daniel al Dios del cielo.
El secreto le fue revelado a Daniel. ¿Cuánto tiempo
pasa-ron orando? Nunca lo sabremos, nadie puede poner prisa al Señor Dios sino que él decide cuándo es el momento apro-piado para responder.
en visión de noche. Sí se puede mirar que aquellos
hom-bres comenzaron a orar siendo la parte clara del día, a la medianoche la respuesta vino, y mientras oraban la revela-ción fue dada a Daniel. Nada qué conjeturar; la visión fue suficientemente clara y entendible; suficiente para llenar las demandas del rey.
Daniel 2:20
Habló Daniel y dijo: Sea bendito el nombre de Dios de siglos en siglos, porque suyos son el poder y la sabiduría.
Sea bendito el nombre de Dios. ¡El secreto estaba
revela-do! Lo que ningún mortal tiene capacidad para conocer Dios lo reveló a aquel piadoso hombre que le servía con integridad de corazón. Ahora Daniel estaba listo para pre-sentarse ante el rey lleno de confianza, seguro de poner en alto el nombre del Dios Altísimo. Por extensión, la fama de aquellos cuatro hombres rápido inundó todo el reino de Babilonia y el nombre de Dios tuvo el lugar entre los dioses caldeos.
Daniel 2:21
Él muda los tiempos y las edades, quita reyes y pone reyes; da la sabiduría a los sabios y la ciencia a los entendidos.
Él muda los tiempos y las edades. Es decir, por el poder
con que Dios diseñó la Creación las estaciones del año caen en su tiempo; y por su poder el tiempo corre modificando todo en la Tierra.
quita reyes y pone reyes. Por experiencia propia había visto cómo la constante sucesión de reyes en Judá e Israel testificaba que los hombres estamos sujetos a Su voluntad y somos estimados menos que nada, y Él hace según su vo-luntad.
da la sabiduría a los sabios y la ciencia a los entendidos. Es
decir, los hombres de ciencia y los entendidos en sabiduría moral alcanzan esos calificativos porque Dios ha creado la ciencia y la ha puesto disponible entre los hombres. Nadie es sabio por iniciativa propia sino porque Dios ha creado el conocimiento y lo ha puesto a disposición de los hombres de todos los tiempos. El hombre supo cómo producir fuego, conoció los metales y cómo obtenerlos y mucho más por que Dios se lo reveló.
Daniel 2;22
Él revela lo profundo y lo escondido, conoce lo que está en tinieblas y con él mora la luz.
Él revela lo profundo y lo escondido. Es decir, Dios revela
sus secretos únicamente a quienes toma por sus siervos para que cumplan sus propósitos; prueba de ello es que esta revelación no les fue dada a los otros tres jóvenes.
Daniel 2:23
A ti, Dios de mis padres, te doy gracias y te alabo, porque me has dado sabiduría y fuerza, y ahora me has revelado lo que te pedimos, pues nos has dado a conocer el asunto del rey.
me has dado sabiduría y fuerza, y ahora me has revelado lo que te pedimos. Es decir, me has dado sabiduría y capacidad
para entender lo que me has revelado y me has dado facili-dad para explicar lo que me revelaste.
Si Dios no hubiera respondido afirmativamente a la ora-ción de aquellos cuatro jóvenes, Su nombre seguramente habría quedado en desprestigio por culpa de ellos, y siendo el Dios de los esclavos habría sido estimado inferior a los dioses caldeos.
Pero no sólo eso, los cuatro habrían sido ejecutados y la liberación de los cautivos al tiempo señalado no habría ocu-rrido, e incluso el libro de este profeta no existiría ni tampo-co habrían motivos para escribir este tampo-comentario.
Daniel 2:24
Después de esto fue Daniel a Arioc, al cual el rey había puesto para matar a los sabios de Babilonia, y le dijo: No ma-tes a los sabios de Babilonia; llévame a la presencia del rey, y yo le daré la interpretación.
No mates a los sabios de Babilonia. Es decir, detén la
or-den que te ha sido dada, no la ejecutes. Condúceme hasta el rey para que pueda declararle cuanto desea conocer. Arioc inmediatamente se presentó ante el rey pero no para declararle que la orden había sido ejecutada, sino para re-portarle algo diferente, algo que seguramente le iba a llenar de satisfacción; había encontrado a uno que aseguraba ser capaz de declararle cuanto deseaba saber.
Daniel 2:25
Entonces Arioc llevó prontamente a Daniel ante el rey, y le dijo así: He hallado un hombre de los deportados de Judá, el cual dará al rey la interpretación.
He hallado un hombre de los deportados de Judá, el cual dará al rey la interpretación. Arioc tomó consigo a Daniel y
se presentó delante del rey. La declaración a nosotros nos sería más fácil de entender de esta manera: Arioc condujo inmediatamente a Daniel ante la presencia del rey y le dijo: Este hombre, que es de los deportados de Judá, se ha comprometido a declararte todo cuanto deseas conocer. Por fin el rey iba a conocer aquello que le inquietaba.
Daniel 2:26
Respondió el rey y dijo a Daniel, al cual llamaban Beltsasar: ¿Podrás tú hacerme conocer el sueño que vi, y su interpreta-ción?
Respondió el rey y dijo a Daniel. Pareciera como que el rey
había olvidado quién era aquel joven y su nombre no le era importante, de allí la pregunta acerca de su identidad. In-mediatamente viene la pregunta que sí interesaba al rey:
¿Podrás tú hacerme conocer el sueño que vi, y su interpreta-ción? En su ignorancia de las cosas de Dios Nabucodonosor
lanza una pregunta que pudo haber perjudicado severa-mente las relaciones de Dios con Daniel ¿Tienes tú capaci-dad para decirme lo que deseo saber? Si hubiera dicho que sí, Daniel con toda seguridad habría ofendido a Dios y la situación de allí en adelante habría cambiado; pero Daniel no sólo era prudente sino que su mente estaba ligada a Dios, de manera que difícilmente habría cometido ese error ni voluntario ni involuntario de atribuirse poderes que no poseía.
Daniel 2:27
Daniel respondió al rey diciendo: El misterio que el rey de-manda, ni sabios ni astrólogos, ni magos ni adivinos lo pueden revelar al rey.
Daniel respondió al rey diciendo. Al hablar con el rey había
que tener mucho cuidado con las respuestas a fin de evitar cualquier agravio. Por eso, la respuesta aunque negativa, omite ser directa. La respuesta fue educada y Nabucodono-sor no la consideró sin respeto. “Nadie es capaz de decirte lo que deseas saber; nadie está capacitado para eso ni siquiera los sabios caldeos que están entre los mejores que se cono-cen”. Esto parece estar encaminado a sugerir indirectamen-te a Nabucodonosor que considerara su opinión equivoca-da sobre los sabios caldeos no demandándoles cosas im-posibles, pero claro, esto no le favorecía en nada más bien estaba excitando al rey para mandarlo a la muerte. Había que actuar rápido.
Daniel 2:28
Pero hay un Dios en los cielos que revela los misterios, y él ha hecho saber al rey Nabucodonosor lo que ha de acontecer en los últimos días. Estos son tu sueño y las visiones que has tenido en tu cama:
Pero hay un Dios en los cielos que revela los misterios.
In-mediatamente le confirma que sí va a declararle lo relacio-nado con lo que soñó pues el Dios que habita en los cielos se lo va a revelar (es decir, no era Daniel quien iba a revelar el sueño sino Dios). Para el rey seguramente ese Dios men-cionado por Daniel era de la misma clase de los menciona-dos por los sabios caldeos; hasta ese momento él no
cono-cía diferencia alguna entre uno y otro.
él ha hecho saber al rey Nabucodonosor lo que ha de acon-tecer en los últimos días. O sea, Él ha decretado que se te dé
a conocer lo que sucederá en los últimos días de la huma-nidad.
Daniel 2:29
Estando tú, rey, en tu cama, te vinieron pensamientos por saber lo que había de suceder en lo por venir; y el que revela los misterios te mostró lo que ha de ser.
Estando tú, rey, en tu cama, te vinieron pensamientos.
Da-niel le dice al rey, delante de la corte, aquello que el rey ja-más hubiera comunicado a sus cortesanos: Tú estabas pen-sando y sentías fuertes deseos de conocer el futuro y Dios, que se complació en condescender con tus deseos, quiso acceder a tus deseos.
Daniel 2:30
Y a mí me ha sido revelado este misterio, no porque en mí haya más sabiduría que en los demás vivientes, sino para que se dé a conocer al rey la interpretación y para que entiendas los pensamientos de tu corazón.
Y a mí me ha sido revelado este misterio. El que se
compla-ció en revelarte el futuro me rebeló el significado de lo que viste, lo cual has olvidado, y ahora voy a revelarte cuanto se te olvidó.
no porque en mí haya más sabiduría que en los demás vi-vientes. Claro, esto que te voy a revelar no se debe a que yo
sea superior en sabiduría a los sabios con experiencia que tienes a tus órdenes sino porque quien te lo reveló me ha dado el privilegio de que yo te lo declare todo. El sentido honesto de sus palabras era del agrado de Dios. Es maravi-lloso cuando los siervos de Dios ensalzan al Altísimo con pureza de corazón como Daniel
Daniel 2:31
Tú, rey, veías en tu sueño una gran imagen. Esta imagen era muy grande y su gloria, muy sublime. Estaba en pie delante de ti y su aspecto era terrible.
Tú, rey, veías en tu sueño una gran imagen. Lo que viste, y
no puedes recordar fue la imagen bastante grande de un hombre en pie; formado de diferentes materiales; imponen-te parecer. El lector puede imaginar el rostro de Nabucodo-nosor profundamente sorprendido; sus ojos bien abiertos y sin parpadear. ¡Exactamente, eso fue lo que soñé! Su mente atenta; sentado en su trono sin moverse; todos en la corte sorprendidos. Estaba escuchando lo que su conciencia le confirmaba; y a medida en que el profeta iba hablando sus pensamientos iban convergiendo, mostrándole cuanto ha-bía olvidado.
Daniel 2:32
La cabeza de esta imagen era de oro fino; su pecho y sus brazos, de plata; su vientre y sus muslos, de bronce;
Daniel 2:33
sus piernas, de hierro; sus pies, en parte de hierro y en parte de barro cocido.
La cabeza de esta imagen era de oro fino, etc. Una imagen
de gran tamaño, de impresionante parecer y formada por cuatro secciones, cada una de un metal diferente que van descendiendo en categoría: oro, la plata el bronce el hierro y por último barro. Cada metal y su ubicación significando inferior categoría. Esta imagen representaba a los cuatro reinos a los que se puede atribuir categoría de imperios. La interesante es que estas cuatro divisiones de la estatua simbolizan cuatro reinos en su orden correspondiente: Ba-bilonia, Media y Persia, Grecia, y Roma. Tómese en cuenta que Babilonia comenzó a tomar forma de reino indepen-diente cuando Nabopolasar se rebeló contra Asiria por el año 627 a. C., con él en el mando es que los historiadores identifican a Babilonia como el imperio neobabilónico. Asimismo, los historiadores afirman que Nabucodonosor empezó a reinar con su padre en el mismo año de la muerte de aquél. Es a partir de ese año (606 o 605 a. C.) cuando Ba-bilonia entra en la historia bíblica, principalmente en el libro de Daniel. A partir de esta revelación es que la identifica-ción de los cuatro reinos mundiales se hace fácil pues Na-bucodonosor y su reino son claramente identificados.
Daniel 2:34
Estabas mirando, hasta que una piedra se desprendió sin que la cortara mano alguna, e hirió a la imagen en sus pies de hierro y de barro cocido, y los desmenuzó.
hasta que una piedra se desprendió sin que la cortara ma-no alguna. En la segunda escena aparece una ema-norme
pie-dra, o roca, en violento movimiento descendiendo contra la estatua. Para conseguir destruir la imagen aquella roca de-bía ser de tamaño y peso superior, de otra manera, habría sido improbable que consiguiera su propósito. La roca apa-rece cortada y en movimiento, lo cual significa existencia anterior a su aparecimiento por que en el plan de Dios ese reino ya existe y está activo. El reino no será realidad hasta que lo heredemos sino que ya existe activo. Esto por su-puesto no es entendible debido a la poca actividad que realizamos para ampliar el conocimiento.
hirió a la imagen en sus pies de hierro y de barro cocido, y los desmenuzó. Aquella roca no fue lanzada para golpear a la
imagen en la cabeza o en el pecho sino directamente a los pies, lo cual en la visión posee particular significado pues los pies son la última parte de la imagen que corresponde con eventos que marcan la última etapa de la humanidad.
Destruyendo los pies toda la imagen queda destruida com-pletamente. Notoriamente esa piedra no se desprendió de ningún monte; el texto sólo dice que se desprendió, hoy entendemos que esa piedra viene del cielo.
Daniel 2:35
Entonces fueron desmenuzados también el hierro, el barro cocido, el bronce, la plata y el oro, y fueron como tamo de las eras del verano, y se los llevó el viento sin que de ellos quedara rastro alguno. Pero la piedra que hirió a la imagen se hizo un gran monte que llenó toda la tierra.
Entonces fueron desmenuzados, etc. Es decir, toda la
tua fue destruida. ¿Por qué la piedra destruye toda la esta-tua siendo que todos esos reinos pertenecen al pasado mientras que la roca es el reino de Cristo? Bueno, es intere-sante observar que las cuatro partes de ella significan de-pendencia una de la otra, o sea el barro depende del hierro, el hierro del bronce, el bronce de la plata, y la plata del oro. En la historia de acuerdo a la Santa Escritura, cada reino mundial surgió del otro, es decir, quitó de su lugar al otro para tomar su dominio, pero en realidad ninguno de esos reinos ha quedado en el olvido. Apocalipsis 13:2 habla de una bestia con las características de las bestias vistas por Daniel, lo cual explica por qué esos reinos son destruidos hasta el último tiempo. Se debe observar que en la explica-ción del sueño unas veces se hace referencia a la persona del rey y en otras a la extensión de sus dominios.
Daniel 2:36
Este es el sueño. También la interpretación de él diremos en presencia del rey.
Este es el sueño. En otras palabras, esto es lo que soñaste.
Sin lugar a dudas todo cuanto Daniel había dicho no con-tradijo en nada al sueño olvidado en la mente del rey. Todo encajaba perfectamente, y el rey estaba plenamente satis-fecho de haber sabido cuanto había olvidado.
También la interpretación de él diremos en presencia del rey. La declaración hecha en plural podría sugerir que sus
tres compañeros estaban con él. Por supuesto que habien-do descubierto el arcano, declarar su significahabien-do era en si-guiente paso tan extremadamente complicado como el primero. Cada parte de la estatua estaba hecha de un metal y había que explicar la razón de esa diferencia. Sin lugar a dudas no sólo el rey sino todos los presentes estaban en gran expectación por conocer de qué se trataba el asunto y por qué era tan misterioso.
Daniel 2:37
Tú, rey, eres rey de reyes; porque el Dios del cielo te ha dado reino, poder, fuerza y majestad.
Tú, rey, eres rey de reyes. En este texto no significa que
Nabucodonosor haya sido identificado en el mismo sentido de rey de reyes en que será el Señor Jesús futuramente (Apocalipsis 19:16). Las identificación que se le hace se re-fiere a que en sus días él era el más poderoso en compara-ción con otros reyes.
porque el Dios del cielo te ha dado reino, poder, fuerza y majestad.. Lo que Nabucodonosor había llegado a ser; sus
triunfos y riquezas; no habían sido obtenidas por capacidad personal sino porque Dios se lo había dado. Aquel hombre ignoraba que él estaba sirviendo al Dios altísimo quien lo había tomado como su siervo (Jeremías 25.9). Babilonia se constituyó en imperio del 606 al 538 a. C. (tómese en cuen-ta que escuen-tas solo son fechas aproximadas; en cronología bíblica nada se puede declarar con exactitud).
Daniel 2:38
Dondequiera que habitan hijos de hombres, bestias del campo y aves del cielo, él los ha entregado en tus manos, y te ha dado el dominio sobre todo. Tú eres aquella cabeza de oro.
Dondequiera que habitan hijos de hombres, etc. No en las
cuatro esquinas del globo de la tierra puesto que en otros reinos gobernaban otros reyes, sino en sus dominios él go-bernaba y sus riquezas permitían bienestar para su pueblo.
Tú eres aquella cabeza de oro. Por las riquezas y poder
dados por el Altísimo; Babilonia se había convertido en la gran ciudad por sobre cualquier otra en el mundo, la ciudad codiciada por sus grandes riquezas y gran esplendor. Por su condición, Babilonia (heb. Babel) era el reino más rico de su tiempo, aunque se debe considerar que por su extensión territorial puede ser considerado el más pequeño de los cuatro reinos mencionados por Daniel.
Daniel 2:39
Después de ti se levantará otro reino, inferior al tuyo; y lue-go un tercer reino de bronce, el cual dominará sobre toda la tierra.
Después de ti se levantará otro reino, inferior al tuyo. El
sueño y su contenido estaban dirigidos en gran parte a mostrar exclusivamente a Nabucodonosor lo que él era en sus días; a alabarlo por haber sido designado siervo del Altí-simo quien por eso lo había bendecido en extremo como nunca antes rey caldeo lo fue jamás. El siguiente rey o reino (medo-persa), aunque mucho más fuerte y grande en ex-tensión territorial y que, al parecer su último rey contó con cuantiosas riquezas, no alcanzó la fama y lustre de Babilo-nia.
un tercer reino de bronce. El tercer reino (Javán, o Grecia)
recibe más importancia que el segundo no por sus riquezas sino por su extensión territorial más grande que el reino de
plata; en lo referente a la historia universal este rey fue aun más poderoso que los dos anteriores, pero en lo relaciona-do a riquezas no parece haber acumularelaciona-do muchas.
Daniel 2:40
Y el cuarto reino será fuerte como el hierro; y como el hierro desmenuza y rompe todas las cosas, así él lo desmenuzará y lo quebrantará todo.
el cuarto reino será fuerte como el hierro. Roma.
Indiscuti-blemente el cuarto reino vino a ser el más fuerte de los cua-tro, sin embargo, su poderío y extensión tuvieron fin, aun-que este fin merece estudio más detallado. Vino a ser tan grande hasta el grado de ser imposible sostenerse. Podría decirse que su peor enemigo fue su enorme tamaño. Ser como el hierro significa duración y fortaleza pero no calidad como imperio en sí ya que las constantes luchas internas entre los hombres de influencia y poder, en su sed de alcan-zar la supremacía, reflejan en este cuarto reino gran inesta-bilidad.
como el hierro desmenuza y rompe todas las cosas, así él lo desmenuzará y lo quebrantará todo. Esto es cierto sin lugar a
dudas; desde que le llegó su turno de convertirse en el cuarto reino mundial hasta que llegó a la cúspide de su glo-ria hizo cuanto quiso contra otros reinos a los cuales subyu-gó e impuso pesados tributos con los cuales intentó soste-ner su basto ejército y su enorme administración, todo lo cual sólo fueron infructuosos intentos.
Daniel 2:41
Lo que viste de los pies y los dedos, en parte de barro cocido de alfarero y en parte de hierro, será un reino dividido; pero habrá en él algo de la fuerza del hierro, así como viste el hierro mezclado con barro cocido.
los pies y los dedos, en parte de barro cocido de alfarero y en parte de hierro, será un reino dividido. Es oportuno y a la
vez interesante notar que debido a que los dedos de los pies de la estatua son diez, erróneamente se ha propuesto, al parecer desde Isaac Newton (1643-1727), que eso identi-fica a las diez tribus de las cuales, se dice, formó la Europa actual. Bueno, de esto, históricamente, hay mucho qué ha-blar. El texto dice que sería un reino dividido, pero Daniel no los identifica como unidades separadas y diferentes sino como una sola unidad, o sea pies y dedos. El error de seme-jante interpretación es que a los diez dedos se les toma co-mo enemigos del Imperio, mientras que de acuerdo a Da-niel los diez dedos no son enemigos sino parte de los pies que simbolizan al Imperio Romano. Si se lee atentamente el texto de Daniel se mira que piernas y dedos son una misma cosa; en cambio las interpretaciones los toman como sepa-rados entre sí. Las interpretaciones dicen que esos diez
de-dos o tribus destruyeron Roma y de allí surgió Europa. La historia contradice a esa interpretación imaginaria pues el fin del imperio romano no se debió a que haya sido con-quistada por diez tribus. Lamentablemente ese tipo de in-terpretaciones, siendo imaginarias, desencajan con la ver-dadera historia del imperio romano.
Daniel 2:42
Y por ser los dedos de los pies en parte de hierro y en parte de barro cocido, este reino será en parte fuerte y en parte frágil. Y por ser los dedos de los pies. Esta declaración fortalece lo
que se está diciendo en el sentido de que los dedos de los pies siendo de barro simboliza la debilidad del cuarto reino; en cambio en la interpretación teológica los dedos son fuerzas que conquistaron a Roma. En fin, ni la interpretación de los diez dedos ni el tiempo de la caída de Roma son in-terpretaciones correctas como se demuestra en los siguien-tes versículos.
Daniel 2:43
Así como viste el hierro mezclado con barro, así se mezcla-rán por medio de alianzas humanas; pero no se unimezcla-rán el uno con el otro, como el hierro no se mezcla con el barro.
Así como viste el hierro mezclado con barro, así se mezcla-rán por medio de alianzas humanas. Es decir, el propósito
predominante del imperio romano y sus dirigentes era inva-riable, con todo, el egoísmo y sed de liderazgo de cada uno los presenta divididos. Estos diez dedos son los mismos diez cuernos de la bestia de Apocalipsis 17:12 que todavía no existen. A su debido tiempo colaborarán con el Imperio para humillar a la ramera espiritual.
Daniel 2:44
En los días de estos reyes, el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre.
En los días de estos reyes, el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido. No en los días del primero,
se-gundo, tercer reinos, sino en los días de este último y de los diez dedos el Dios Altísimo establecerá el reino de su ama-do Hijo sobre la tierra. Esto significa que la visión de Nabu-codonosor no era de cumplimiento limitado a reinos del pasado sino proyectado hacia tiempos futuros cuando el neoimperio romano haya de resurgir después del reino de paz de Cristo de mil años para imponer su voluntad en el mundo. Es necesario entender que el reino de paz de Cristo terminará y entonces las cosas en el mundo volverán a ser de convulsión pues el diablo será suelto de su prisión para engañar al mundo; allí surgirá el neoimperio romano.
Daniel 2:45
de la manera que viste que del monte se desprendió una piedra sin que la cortara mano alguna, la cual desmenuzó el hierro, el bronce, el barro, la plata y el oro. El gran Dios ha mos-trado al rey lo que ha de acontecer en lo por venir; y el sueño es verdadero, y fiel su interpretación.
El gran Dios ha mostrado al rey lo que ha de acontecer en lo por venir. Con la visión y significado del cuarto reino la
ex-plicación de la gran visión de Nabucodonosor se da por terminado. Todo cuanto deseaba saber le fue explicado. Nada más qué pedir pues la explicación era completa. Da-niel no dejó caer en tierra ningunas de las palabras dadas por el Altísimo sino que las entregó completas dejando a Nabucodonosor estremecido, perplejo, maravillado y humi-llado. Aquél hombre que hacía pocos días estaba inundado de ira y con deseos de acabar con todos los sabios de su reino ahora era un hombre humillado. Incapaz de mostrar su gran poder frente al profeta, había entendido no sólo la declaración del sueño sino su interpretación.
Daniel 2:46
Entonces el rey Nabucodonosor se postró sobre su rostro, se humilló ante Daniel, y mandó que le ofrecieran presentes e incienso.
mandó que le ofrecieran presentes e incienso. Incapaz de
mostrar cómo recompensar propiamente a Daniel por su gran revelación, lo único que le vino a la mente fue tratarlo como a un dios. Aunque el rey estaba complacido con el gran trabajo de Daniel, todavía estaba demasiado lejos de entender que honra y gloria sólo pertenecen a Dios.
Daniel 2:47
El rey habló a Daniel, y dijo: Ciertamente el Dios vuestro es Dios de dioses, Señor de los reyes y el que revela los misterios, pues pudiste revelar este misterio.
Ciertamente el Dios vuestro es Dios de dioses. La
experien-cia había sido excitante, lo suficiente como para comparar al Altísimo Dios con los dioses paganos. Sin embargo, el Altísimo no puede ser comparado con nada lo cual Nabu-codonosor iba a entender tiempo después.
Daniel 2:48
Entonces el rey engrandeció a Daniel, le dio muchos hono-res y grandes dones, y lo hizo gobernador de toda la provincia de Babilonia y jefe supremo de todos los sabios de Babilonia.
Entonces el rey engrandeció a Daniel. Para cumplir su
promesa a quien fuera capaz de revelar el sueño y la inter-pretación, procedió a hacer famoso a Daniel y a llenarlo de regalos que seguramente no fueron pequeños, pero eso era
poco en relación a haberlo nombrado gobernador de toda Babilonia; esto significaba haberlo segundo en el reino.
y jefe supremo de todos los sabios de Babilonia. Como si
haber humillado públicamente a todos los hombres de ciencia no hubiera sido suficiente, les puso por jefe a aquel joven esclavo judío. Aquellos hombres, presumiblemente ancianos en su mayoría, por ningún motivo se habrían atre-vido a pedir al rey que considerara su decisión de ponerles como jefe a un muchacho extranjero, con todo, aun que el malestar y disgusto que les causó fue grande supieron di-simular; más tarde verían cómo quitarlo de la jefatura.
Daniel 2:49
Daniel solicitó y obtuvo del rey que pusiera sobre los nego-cios de la provincia de Babilonia a Sadrac, Mesac y Abed-nego; y Daniel estaba en la corte del rey.
solicitó y obtuvo del rey que pusiera sobre los negocios de la provincia de Babilonia a Sadrac, Mesac y Abed-nego. Pero
Daniel de ninguna manera se olvidó de sus compañeros, oportunamente acudió ante el rey para solicitarle permiso para incluir en altos cargos administrativos a aquellos con quienes formaban un poderoso equipo espiritual al servicio de Babilonia. Aquella solicitud no era un simple favor, más bien aquellos jóvenes habían demostrado alta capacidad administrativa, con lo cual el reino sería altamente benefi-ciado.
CAPITULO 3 El ídolo de oro
Daniel 3:1
El rey Nabucodonosor hizo una estatua de oro, cuya altura era de sesenta codos y la anchura de seis codos; la levantó en el campo de Dura, en la provincia de Babilonia.
hizo una estatua de oro. La traducción de Reina Valera no
permite ver lo que en realidad era aquella estatua, sin em-bargo, la palabra hebrea tselem (estatua) también puede significar imagen o ídolo; visto el significado desde esta perspectiva puede entenderse que Nabucodonosor no hizo una estatua carente de significado sino una imagen de su dios Bel. Según Daniel 4:8 este era el nombre de su dios.
cuya altura era de sesenta codos y la anchura de seis codos.
Las medidas de aquél colosal ídolo de oro macizo eran im-presionantes, y se cree que vienen siendo unos treinta me-tros de altura por tres de ancho. Si se toma en cuenta la grandeza de Babilonia y sus riquezas entonces es fácil en-tender que la cantidad de oro usada en nada menoscabó el tesoro de Nabucodonosor, y, por otro lado, sirvió para
glori-ficar a su dios por sobre cualquier dios; esto corrobora que haber hablado bien del Dios de Daniel (cap. 2:47) de ningu-na manera significó que él hubiera sustituido a su dios por el Dios de los esclavos hebreos.
Tal parece que los conquistadores de pueblos no impe-dían que los conquistados continuaran adorando sus dioses nacionales con tal que esa adoración fuera compartida con los dioses del país conquistador. Incluso eso proporcionaba la posibilidad de que los dioses extranjeros entraran a for-mar parte del panteón nacional.
El Dios Altísimo no fue conocido por el rey en la medida del significado que posee para Israel y para la iglesia de Dios, de modo que el lector actual de la Santa Escritura no debe confundir sus palabras de encomio (Dan. 2:47) como declaración de profesar creer en Él como creían Daniel y sus tras compañeros. Un aspecto interesante de esta imagen son los comentarios dl respecto. Algunos piensan que no pudo ser posible semejante altura debido a la posibilidad de que se desplomara. En realidad, Daniel no dice si la ima-gen era de un hombre en pie o de uno sentado. Algunas imágenes que nos han llegado de aquellos tiempos presen-tan a dioses sentados sobre un trono; lo cual significa que aquel dios posiblemente tenía la misma posición.
Daniel 3:2
Y ordenó el rey Nabucodonosor que se reunieran los sátra-pas, los magistrados, capitanes, oidores, tesoreros, consejeros, jueces y todos los gobernadores de las provincias, para que vinieran a la dedicación de la estatua que el rey Nabucodono-sor había levantado.
que se reunieran los sátrapas, etc. Todas las autoridades
encargadas de gobernar en los diferentes puestos relacio-nados directamente con el pueblo caldeo, esto podría ex-plicar la razón por la cual ni Daniel ni sus tres compañeros estaban presentes puesto que ellos eran los jefes de estos jefes.
para que vinieran a la dedicación de la estatua. Todos
de-bían estar presentes para demostrarle al rey la obediencia y lealtad a su dios. Por lo visto, en aquella reunión estaba au-sente la presión de adorar al dios del rey, al contrario, más parece que la animosidad por satisfacer su deseo era el in-grediente principal de todos los presentes.
Daniel 3:3
Se reunieron, pues, los sátrapas, magistrados, capitanes, oidores, tesoreros, consejeros, jueces y todos los gobernadores de las provincias, para la dedicación de la estatua que el rey Nabucodonosor había levantado; y estaban en pie delante de la estatua que había levantado el rey Nabucodonosor.