• No se han encontrado resultados

Gran Bretaña, los Estados Unidos y el no reconocimiento de Obregón

N/A
N/A
Protected

Academic year: 2020

Share "Gran Bretaña, los Estados Unidos y el no reconocimiento de Obregón"

Copied!
9
0
0

Texto completo

(1)

G R A N BRETAÑA, LOS ESTADOS

UNIDOS Y E L N O

RECONOCI-M I E N T O D E OBREGÓN

Walter S G H O L E S y M a r i e V . S G H O L E S

E N L O S AÑOS D E 1921-1922 G r a n Bretaña cooperó con la polí-tica de no reconocimiento de los Estados Unidos a l a adminis-tración del general Obregón. Su actitud fue determinada porque reconocía la posición dominante de los Estados Unidos y por-que así lo aconsejaban sus representantes en l a ciudad de México y Washington. Inglaterra sostuvo su posición a pesar de las pro-testas de algunos hombres de negocios que deseaban el reconoci-miento de Obregón y contra l a opinión de varios funcionarios de l a F o r e i g n O f f i c e de que G r a n Bretaña estaba demasiado subordinada a los Estados Unidos.

Sin embargo, es un hecho comprobado que a principios de 1921 l a Foreign Office consideraba el reconocimiento del go-bierno mexicano, pues en ese sentido informó el 14 de enero

a su representante en Washington.1 Pero, la respuesta de éste,

enero 18, era opuesta al reconocimiento, basándose en el hecho de que l a acción molestaría al gobierno norteamericano recién

electo y provocaría u n a campaña periodística contra Inglaterra.2

U n miembro de l a Foreign Office, R . Sperling, acotó a esa co-municación que si G r a n Bretaña condescendía u n a vez más con las susceptibilidades de los Estados Unidos, el reconocimiento tendría que ser pospuesto indefinidamente.

L a política de subordinación a los Estados U n i d o s fue u n a de las cosas que en más de u n a ocasión habría de serle

repro-1 Foreign Office 4 2 0 / 2 6 2 / 6 . - F . O . 3 7 1 / A 4 5 5 / l 2 6 / 1 2 6 / 3 3 .

(2)

chada a la Foreign Office. A pesar de ello, decidió esperar l a instalación de l a nueva administración republicana y ver si ocurría algún cambio de política.

\ E l 21 de abril de 1921 el embajador británico Sir A u c k l a n d Geddes y el nuevo subsecretario de Estado H . Fletcher trataron el asunto del reconocimiento del gobierno de México. Fletcher afirmó que ninguna decisión había sido tomada al respecto, pero su opinión personal era que no se le debía reconocer mien-tras tanto Obregón no hiciera u n a demostración palpable de su

deseo de colaborar con gobiernos extranjeros.3

A l cabo de u n mes, los Estados Unidos decidieron, sin con-sultar a G r a n Bretaña, pedir a México l a firma de u n Tratado de Amistad y Comercio. E l Departamento de Estado esperaba que México estuviera de acuerdo con l a posición del gobierno norteamericano respecto del artículo 27 de l a Constitución M e x i -cana y, a cambio de ello, los Estados Unidos reconocerían a Obregón.^Aunque el presidente H a r d i n g había aprobado el borrador del tratado el 21 de mayo, aparentemente el embaja-dor Geddes no tuvo conocimiento del documento propuesto hasta el 24 del mismo mes.

E l 27 de mayo Geddes cablegrafió dos mensajes. E n uno hacía presente que el secretario de Estado, Charles Evans

Hughes, rehusaba comunicar el contenido de dicho tratado antes de haber sido entregado a Obregón. Sobre este particu-lar, un funcionario de l a Foreign Office comentó: "Este tipo de cosas hace imposible l a cooperación con los Estados U n i

-dos".5 E n el otro mensaje afirmaba que l a actitud del Secretario

de Estado y las dificultades surgidas en el seno del gabinete con relación a los asuntos de México le inclinaban a creer que el secretario del Interior, Albert F a l l v el subsecretario Fletcher habían logrado que se adoptara l a parte medular de su política, la cual en ningún sentido era amistosa hacia l a G r a n Bretaña."

3 F . O . 4 2 0 / 2 6 2 / 5 7 . Fletcher, embajador de los Estados U n i d o s en

México 1916-1920, era muy allegado al presidente H a r d i n g . , í 4 U . S., F o r e i g n R e l a t i o n s , 1921, n, 397-404.

s F . O . 3 7 1 / 3 7 8 7 / 1 2 6 / 1 2 6 / 3 6 2 .

(3)

; Geddes manifestaba que el sigilo bajo el cual se había mantenido el asunto resultó extraordinariamente efectivo y si bien no creía que en el borrador del tratado hubiera nada abiertamente d i -rigido contra los intereses británicos, tenía l a impresión de que todo el plan estaba destinado a menoscabar el prestigio de l a G r a n Bretaña en México. Por lo tanto, recomendaba que l a ac-ción inmediata a seguirse fuera persuadir a Obregón para que retrasara l a aceptación del tratado, dando tiempo a que l a G r a n Bretaña y los Estados U n i d o s discutieran en forma defini-tiva si éstos iban o no a cooperar con aquélla en lo que con-cernía a México>Concluía el mensaje precisando q u e ' H u g h e s

personalmente estaba a favor de l a cooperación.7

L a Foreign Office rehusó seguir el consejo de Geddes. Sper¬ ling manifestó que si l a política adoptada había sido l a de F a l l y Fletcher, en tal caso l a G r a n Bretaña tendría tiempo suficiente para conocer las estipulaciones del tratado antes de que O b r e -gón las aceptara, si es que estaba dispuesto a aceptarlas/ W i l ¬ l i a m T y r r e l l sugirió que todo lo que por parte de l a G r a n Bre-taña tuviera l a apariencia de favorecer a Obregón debía i r a

parar a manos de F a l l y no a las de Hughes.8'

A u n cuando Geddes expuso con claridad al Departamento de Estado que l a proposición hecha a México debía ser partici-p a d a a l a G r a n Bretaña, aquél l a mantuvo en secreto tempartici-po- tempo-ralmente. Esta actitud es de sorprender, porque el Departamen-to de Estado sabía que l a anterior administración había estado de acuerdo con la embajada británica en que Inglaterra no

posiblemente tenga algo de cierto, pues Fred Dearing del Departamento de Estado advirtió que F a l l trataba de entrar al State Department y al control de l a política petrolera (Papeles de Dearing, University of M i s s o u r i ) . Debe señalarse que los Estados U n i d o s y G r a n Bretaña es-taban envueltos en una amarga disputa sobre política de petróleo, com-prendidos el M e d i o Oriente, mandatos y otras áreas. F a l l hizo el cargo a los británicos de condonar las prácticas monopolísticas y los ingleses hicieron todo lo posible por refutar los cargos. Para el aspecto de l a controversia del petróleo entre México y Estados U n i d o s véase L . M E ¬ YER, México y E s t a d o s U n i d o s e n e l c o n f l i c t o p e t r o l e r o (México, 1968).

•> F . O . 3 7 1 / A 3 7 9 6 / 1 2 6 / 2 6 / 3 6 3 .

(4)

reconocería al gobierno de México mientras los Estados U n i d o s n o lo hicieran y, en reciprocidad, éstos darían cuenta a l a G r a n Bretaña de cualquier paso importante que t o m a r a n . ^ H a s t a el 7 de junio Hughes proporcionó a los ingleses u n a copia del acuerdo propuesto. Es posible que una de las razones para hacerlo fue porque sabía bien que Obregón no lo iba a aceptar.) Mientras esas cuestiones se hallaban en curso / e l represen-tante británico en México H . A . C . Cummins' expuso a Forei<m Office sus puntos de vista acerca de las condiciones prevale-cientes en México. C o n fecha 28 de junio de 1921 envió u n extenso informe, el cual l a Foreign Office consideró de tal i m -portancia que lo puso en conocimiento del rey, el gabinete y los dominios.1 0

Cummins/exponía que el problema era si, mientras no se reanudaran relaciones formales, se debería continuar siendo p a -ciente y tolerante hacia México con l a esperanza de que es-pontáneamente corrigiera su modo de actuar,- o, si se le debería otorgar el reconocimiento incondicional dejando los agravios sin satisfacción, o bien se tomaran medidas enérgicas para ase-gurarse que los derechos extranjeros en México gozaran en el futuro del respeto debido. Durante el gobierno de Porfirio Díaz la inversión de capital extranjero dio como resultado que el país adquiriera u n a posición destacada. Los intereses que con ello se habían creado eran grandes e implicaban l a residencia en México ele muchos extranjeros, todo lo cual conducía a

justificar los más serios esfuerzos para poner un alto al continuo desgobierno y al proceso destructivo de l a Revolución.'

Durante l a primera fase de l a Revolución, parte de l a pro-piedad extranjera fue destruida y no pocos residentes

victima-» Flctcher, mayo 27 de 1921, a Hughes, después de u n a conversa-ción telefónica con N o r m a n Davis. Papeles de Hughes, L i b r a r y of Congress.

i» F . O . 3 7 1 / A 5 3 9 5 / 1 2 6 / 2 6 / 2 0 7 . Nótese que C u m m i n s , como su-cede con la mayoría de los norteamericanos y de ingleses, demuestra poca o ninguna comprensión sobre la Revolución M e x i c a n a y, como muchos anglosajones, introdujo un argumento racial falaz.

(5)

dos. Después, l a nueva Constitución y los decretos ejecutivos confirmaban la impresión de que los derechos extranjeros podían ser violados impunemente. Las exigencias de la guerra m u n d i a l libraron a México de que E u r o p a le pidiera explicaciones. L a actitud tolerante del presidente Wilson para con las transgre-siones de Carranza sacrificaron el prestigio norteamericano. C o m o resultado, l a limitada influencia de la censura extranjera había desaparecido por completo.

Debido a l a mezcla de sangre española e india, según C u m -mins los actos de los mexicanos obedecían a l a conveniencia. Sólo en casos excepcionales podían ser persuadidos a cambiar de conducta con argumentos verbales o apelaciones a los p r i n -cipios y la justicia. Sin embargo, se le podía inducir a obrar correctamente bajo amenazas o miedo.

Las revoluciones mexicanas, decía Cummins, eran p r o m o v i -das por aventureros, obreros y gentes de las clases más bajas. Para contener a las masas Obregón tuvo que darles tierras. E l resentimiento de los despojados no amenazaba su posición. Tenía que defender l a Constitución porque el pueblo estaba convencido de que ella lo había liberado de l a voracidad ex-tranjera.

Obregón hizo promesas sobre l a protección de los extran-jeros en México, pero no podía cumplirlas. Washington estaba cansado de promesas y solamente procuraba obtener garantías a los derechos de los extranjeros y a los de l a propiedad antes de 1917. L a G r a n Bretaña debió alentar a los Estados U n i d o s a seguir el camino que habían adoptado. U n a política firme hacia aquellos que gobernaban los asuntos de México era el único camino que ofrecía esperanzas de volver a condiciones satisfactorias.

E l 12 de octubre de 1922, Tyrrell comentaba el informe anotando que l a G r a n Bretaña no debía esperar mucho de Obregón, el cual se hallaba incapacitado de hacer algo a causa de su propia debilidad de carácter y de los indeseables perso-najes que lo rodeaban. Respecto a los esfuerzos norteamericanos para lograr un tratado, Tyrrell no creía que l a Foreign Office debiera en forma alguna obstaculizar esos esfuerzos,

(6)

limitán-dose a esperar y ver. L a mejor política era la recomendada p o r C u m m i n s : una política firme.»

Las autoridades mexicanas sabían que en l a persona de C u m m i n s no tenían a un amigo, y el 22 de agosto pidieron que fuera retirado. L a Foreign Office se negó a hacerlo, aduciendo que el gobierno mexicano no daba u n a razón suficiente para ello.1 2

( E n oposición a l a idea de C u m m i n s de apoyar l a política de los Estados Unidos, algunos hombres de negocios y m i e m -bros del Parlamento opinaban a favor del reconocimiento de Obregón. E n el otoño de 1921 u n miembro del Parlamento informó que las casas comerciales británicas en México auspi-ciaban esa medida. Comentando el informe, u n funcionario de l a Foreign Office advertía que el gobierno mexicano no era parco en hacer promesas; pero l a experiencia de los gobiernos que lo habían reconocido demostraban que, u n a vez obtenido, México perdía todo interés en cumplir sus promesas. Por otra parte, si l a G r a n Bretaña otorgaba el reconocimiento desper-diciaría l a única carta de valor que tenía para tratar con Obre-gón. E l ministro de Relaciones, L o r d Curzon, estuvo de acuerdo en que no debería haber ningún cambio en l a política bri-tánica.1 3

Entretanto, l a presión a favor de reconocimiento no cedía; México insinuaba que de haber tenido Inglaterra u n ministro acreditado ante su gobierno todos los problemas ya se habrían resuelto. E l 20 de diciembre de 1921, H . Seymour, de la Foreign

Office, observaba que los gerentes de las grandes compañías estaban muy preocupados por l a situación de sus empresas en México, siendo natural que desearan algo nuevo en el curso de l a política, aunque sólo fuera para ver qué ocurriría. C o n toda probabilidad estimaban que pasase lo que pasase no les iría peor. Seymour deploraba: " E s irritante no hacer nada para tratar de mejorar l a suerte ele las compañías británicas, pero nada apropiado puedo sugerir, que por lo menos pudiera

con-« I b i d .

« F . O . 3 7 1 / A 6 1 3 1 / 1 2 6 / 2 6 . « F . O . 3 7 1 / A 8 3 6 2 / 1 2 6 / 2 6 .

(7)

seguir ese objeto": . D e igual manera desalentado, T y r r e l l decía no sorprenderle que aquellos gerentes se desesperasen, pero él tampoco sabía qué sugerir. Por su parte, L o r d C u r z o n sentenció: "sigan esperando".1*

J E n 1922 las exigencias en pro del reconocimiento se acen-tuaron. Varias compañías pidieron a l a Foreign Office l a mo-dificación de su política. Quizá el memorándum mejor razona-do que recibió l a Foreign Office en esa época fue el del razona-doctor Body, antiguo empleado del Departamento de Comercio U l t r a -marino y en 1922 asociado con L o r d Cowdray. A l a par que

aceptaba las razones oficiales dadas en contra del reconoci-miento, demostraba que las mismas no podían ser sostenidas: 1) el gobierno mexicano es inestable, pero, decía Body, ese mis-mo gobierno había probado ser estable; 2) todas las reclama-ciones inglesas no habían sido satisfechas, pero México había participado su buena disposición para designar u n a comisión mixta que investigara y depurara dichas reclamaciones; 3) a l -gunas propiedades de subditos británicos aún no habían sido devueltas a sus propietarios, pero, hasta donde Body sabía, todas las propiedades de cierta importancia, embargadas a los ingleses, ya habían sido restituidas. Body concluía su exposición h a -ciendo presente que C u m m i n s era p e r s o n a n o n g r a t a a México,

por ser abiertamente hostil al régimen de Obregón.1 5

U n miembro de l a Foreign Office manifestó que ellos mis-mos se estaban colocando en u n a posición difícil. Los grandes intereses de l a City promovían u n movimiento combinado a favor del reconocimiento y l a Foreign Office podía verse sujeta a fuerte presión en el Parlamento, pues se hallaba en situación ele obtener sus informes sobre México de u n representante a quien los intereses financieros y comerciales consideraban parcial y poco digno de confianza. C o n el propósito de impedir que se efectuara en l a C i t y el mitin convocado para protestar contra la política de no reconocimiento, el 14 de febrero T y r r e l l tuvo

1 4 F . O . 3 7 1 / A 9 4 0 4 / 1 2 6 / 2 6 .

(8)

una larga conversación con Body, coronada por el éxito, ya que el m i t i n no se efectuó.1 6

F u n d a d a en una experiencia anterior con México, l a Foreign Office tenía otra razón para no reconocer al gobierno obregonis-ta. S i G r a n Bretaña lo reconocía y los Estados Unidos no, existía el riesgo de que se repitieran los infortunados resultados que siguieron al reconocimiento del presidente Huerta, en cuya oca-sión los inversionistas británicos fueron alentados a suscribir un empréstito que los sucesores de aquél repudiaron.

E n agosto de 1922 l a Foreign Office decidió llamar a C u m -mins para consultarle. Flabía estado en México tres años y ocho

meses sin gozar de licencia; su salud no era buena y los hombres de negocios habían renovado sus críticas hacia él. Después de su permanencia en Londres fue enviado de regreso a México,

re-torno que disgustó mucho al general Obregón.1 7 .Hallándose en

Londres, el 20 de octubre presentó a l a Foreign Office u n me-morándum relativo a México. C u m m i n s insistía en las caóticas condiciones imperantes y l a generalizada creencia en México de que no habría u n a acción común contra el país. Señalaba que algunos países europeos habían reconocido a Obregón y los otros no estaban cooperando con los Estados Unidos. E r a necesaria una acción concertada en vista de que México daba por sen-tado que E u r o p a no apoyaría a los Essen-tados Unidos y éstos se verían obligados a ceder. Sugería que el gobierno británico soli-citara la cooperación de las demás" potencias europeas para

res-paldar l a posición de los Estados U n i d o s .1 8 D e hecho, G r a n

Bretaña trató de persuadir a España para que tomara l a

inicia-t i v a v sugiriese l a acción concerinicia-tada con los Esinicia-tados Unidos w

gestión que no produjo ningún resultado.

Entretanto, representantes de México y l a G r a n Bretaña h a -bían tenido conversaciones informales sobre l a posibilidad de establecer u n a comisión de reclamaciones. E l 6 de noviembre

™ I b i d .

i " F . O . 3 7 1 / A 5 0 2 4 / 2 6 8 / 2 6 . « F . O . 3 7 1 / A 6 5 9 5 / 1 3 0 / 2 6 . 1 9 I b i d .

(9)

de 1922 C u m m i n s notificó a l a Foreign Office que el ministro mexicano de Relaciones Exteriores le había pedido sondear si u n intercambio de notas sobre reclamaciones podría conducir al reconocimiento de Obregón por Inglaterra. C o n toda fran-queza el ministro añadió que el reconocimiento era su principal objetivo y se permitía suponer que Inglaterra comprendería que México podría continuar posponiendo indefinidamente l a fecha de los pagos. Presionado por l a insistencia de Cummins, el m i -nistro le manifestó que México no admitiría l a inclusión de re-clamaciones opuestas a su política agraria porque eso implicaría

el derecho de poner en duda a l a ley mexicana.2 0

U n funcionario de l a Foreign Office comentó que había sido obvio el hecho de que México utilizaba las reclamaciones como recurso para lograr el reconocimiento, pero nunca lo había expresado con tanta franqueza como esta vez. S i Inglaterra re-conocía a Obregón antes de que l a comisión de reclamaciones empezase a funcionar, los mexicanos perderían todo su interés en tratar el problema. Por lo tanto, dudaba si en realidad valía la pena continuar las negociaciones. E l 29 de noviembre Sperling añadió u n a breve observación que, desde el punto de vista b r i -tánico, resumía todo el asunto: " E s evidente que no tiene objeto c o n t i n u a r " .2 1 A fin de cuentas, G r a n Bretaña siguió a l a par que los Estados Unidos en su política hacia Obregón.'

' > F . O . 3 7 1 / A 7 2 0 8 / 6 6 9 / 2 6 . , « I b i d .

Referencias

Documento similar

1. LAS GARANTÍAS CONSTITUCIONALES.—2. C) La reforma constitucional de 1994. D) Las tres etapas del amparo argentino. F) Las vías previas al amparo. H) La acción es judicial en

Tras establecer un programa de trabajo (en el que se fijaban pre- visiones para las reuniones que se pretendían celebrar los posteriores 10 de julio —actual papel de los

En cuarto lugar, se establecen unos medios para la actuación de re- fuerzo de la Cohesión (conducción y coordinación de las políticas eco- nómicas nacionales, políticas y acciones

En el capítulo de desventajas o posibles inconvenientes que ofrece la forma del Organismo autónomo figura la rigidez de su régimen jurídico, absorbentemente de Derecho público por

b) El Tribunal Constitucional se encuadra dentro de una organiza- ción jurídico constitucional que asume la supremacía de los dere- chos fundamentales y que reconoce la separación

¿Cómo se traduce la incorporación de ésta en la idea de museo?; ¿Es útil un museo si no puede concebirse como un proyecto cultural colectivo?; ¿Cómo puede ayudar el procomún

Período de realización (indicar meses ou períodos posibles de realización e xornada laboral: tempo completo ou parcial).. Do 01 de abril ao 30 de setembro en horario de

Volviendo a la jurisprudencia del Tribunal de Justicia, conviene recor- dar que, con el tiempo, este órgano se vio en la necesidad de determinar si los actos de los Estados