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VALDENOCEDA

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Valdenoceda se encuentra en la zona norte de la provincia de Burgos, de cuya capital dista unos 65 km. Situada en el nacimiento del Valle de Valdivieso, a orillas del Ebro y frente a la Sierra de la Tesla, la localidad se encuentra al pie del imponente puerto de la Mazorra, cuyas primeras rampas ofrecen una excepcional visión del caserío presidido por su torre fuerte y la parroquial románica. El acceso desde Burgos se realiza por la N-623 hasta Sotopalacios, donde tomaremos la C-623 en dirección a Villarcayo, de donde dista unos 12 km.

La primera mención al lugar la recogemos en el ya muchas veces citado documento fun-dacional de San Salvador de Oña de 1011, donde pasan a formar parte del nutrido patrimo-nio del monasterio burebano In uale de Noceta, tres casatos. Antiguamente debía formar un núcleo constituido por cuatro barrios, uno de los cuales dio lugar al actual pueblo de Valdenoceda (valle de nogales) y otro, denominado vale de Vingua,Ualdeuineao Valvinié en la documenta-ción oniense (donde existía una cella sancte Marie), fue probablemente el germen de la inme-diata población de El Almiñé. En 1131, doña Legundia y sus hijos concedieron al clérigo Juan diversas heredades para su disfrute, que luego debían revertir en San Salvador de Oña y San Pedro de Tejada, entre ellas uno solare cum sua diuisa en Ualdenozeda.

Su situación estratégica sobre el camino que asciende hacia Villarcayo cruzando el Ebro antes de internarse en el desfiladero de los Hocinos, al pie del puerto de la Mazorra que asciende a las parameras que lo vinculan con la zona de Sedano y sobre la vía que paralela al río conduce a Oña propició sin duda el interés por controlar la localidad. Ya desde mediados del siglo XIVel Libro Becerro de las Behetrías refleja la presencia territorial tanto del abad de Oña

como de los poderosos Velasco en “Valde Nozeda”, lugar que era de behetría de Garci Fer-nández Manrique y donde los primeros citados poseían lugares yermos. Siguiendo a Cadiña-nos, en 1396 Juan Fernández de Velasco adquirió de Inés Alfon de Valdevieso “la Casa de Val-denoceda” junto a la de San Vicente y el palacio de Rámila, pasando desde entonces al patrimonio de la gran familia castellana. La actual torre, que guarda indudable semejanza con la de Valpuesta y las del alcázar de Medina de Pomar, debe ser obra, según el referido histo-riador, de finales del siglo XIVo inicios del XV, siendo levantada pues por el referido Juan

Fer-nández de Velasco.

VALDENOCEDA

Iglesia de San Miguel Arcángel

A

LGO ALEJADA DEL NÚCLEO HABITADO, la parroquia lo

preside desde el sur, situándose en sus inmedia-ciones el aludido torreón de los Velasco, junto al cual Huidobro y Sáinz de Baranda afirmaron que se veían “los cimientos de otro que también era cuadrado”, hoy irreconocible. Tanto estos autores como Pascual Madoz hablan de la iglesia como dedicada a San Martín, siendo su actual advocación la de San Miguel.

Litúrgicamente orientado, el templo, pese a haber per-dido la cabecera original, conserva de su fábrica románica lo fundamental del cuerpo de la nave, coronándose hoy por una cabecera cuadrada de formas tardogóticas (siglos

XVI-XVII) en la que se abre al norte una capilla

rectangu-lar. Una edificación moderna adosada al muro meridio-nal de la cabecera y la sacristía al este completan, junto con el pórtico meridional, la fisionomía del edificio. Dicho pórtico protege la fachada meridional abriéndose mediante cuatro arcos de medio punto sobre pilares cua-drados y en la mampostería de su cierre occidental apa-recen empotrados numerosos fragmentos románicos, entre ellos algunas dovelas ornadas con abilletado. Al este del pórtico, recubriendo el muro meridional de la cabecera se adosó una dependencia rectangular construi-da en mampostería y sillares en los ángulos; sobre una de 103. Valdenoceda 2/10/09 18:19 Página 2071

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Planta

Alzado sur

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Cabecera del valle de Valdivielso

Panorámica de Valdenoceda

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Alzado norte

Sección longitudinal

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sus ventanas se grabó la inscripción: INSTRUCCION PRIMA

-RIA AÑO DE1864.

La estrecha nave aparece dividida en cuatro tramos mar-cados exteriormente por contrafuertes prismáticos, de los cuales el más occidental –en mampostería– fue añadido en época tardogótica, pues se une a la diferencia de materiales el que sus muros se rematen con canes de cuarto bocel, frente a los ornamentados y típicamente románicos del resto. Corrobora este hecho, al interior, la ausencia de capi-teles románicos coronando las semicolumnas que recogen el fajón en este tramo y el bisel que moldura dicho arco, cuando los otros presentan arista viva. Todo parece indicar que, quizá en el momento de la sustitución de la cabecera por la actual, se decidió ampliar el espacio de la nave con un nuevo tramo al oeste, cubierto como los otros por bóveda de cañón seguido reforzada por fajones que repo-san sobre responsiones prismáticos y semicolumnas. En el

hastial occidental, rematado a doble vertiente, se abre un vano apuntado y doblado de aspecto tardío.

Responde la iglesia de Valdenoceda al tipo de edificio más característico del valle de Valdivielso, cuyos ejem-plos más destacados son San Pedro de Tejada y la parro-quial de El Almiñé, donde, como en numerosos edificios norteños, el tramo que antecede a la cabecera se destaca del resto tanto exterior como interiormente, pues sobre sus reforzados muros se alza una torre que al interior reci-be cubierta de cúpula sobre trompas. De los tres templos citados es San Pedro de Tejada el más armónico y mejor construido y conservado, pudiendo considerarse los otros dos como hijuelas.

En el caso que nos ocupa, los tres tramos más occiden-tales de la nave, incluido el añadido, se cubren con bóveda de cañón sobre imposta de listel y chaflán, reforzada por fajones que apean en responsiones y columnas entregas,

Exterior

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coronadas éstas por sencillos y encalados capiteles vege-tales de piso inferior de hojas triangulares con volumino-so nervio central que acogen bolas en las puntas y remate de hojas avolutadas con dado central triangular –esquema que veremos repetirse en numerosas iglesias del valle–, apoyando en basas áticas con bolas y plintos baquetona-dos. En el tramo oriental, más corto y de planta rectangu-lar, la cúpula sobre trompas que lo cierra se alza sobre cua-tro gruesos machones (con una semicolumna en su frente los occidentales) sobre los que descansan los formeros apuntados y doblados. Los muros laterales de este tramo se adelgazan con dos niveles de arcos apuntados que des-cargan directamente en el pilar hacia la capilla y sobre sendas ménsulas hacia la nave, la septentrional decorada con un mascarón de rasgos negroides y la otra con una maléfica cabeza de rasgos felinos. La cúpula presenta una sección ovoide condicionada por las dimensiones del espacio y, a diferencia de las de Tejada y El Almiñé, apa-rece reforzada por ocho nervios baquetonados que des-cansan sobre ménsulas figuradas dispuestas en cada lado del octógono, confluyendo en el centro en una clave decorada con un Agnus Dei, cordero que porta en una de sus patas el lábaro. Entre los nervios se disponen arquillos que ayudan a pasar de la superficie poligonal a la elíptica. Las ménsulas que sostienen los nervios de la cúpula se decoran con animales y rostros monstruosos, en los que se alternan cabezas maléficas, elementos vegetales, dos bus-tos humanos, uno de aire pensativo y un águila, lo que hizo pensar a Huidobro en la posibilidad de que se plas-mase un Tetramorfos. Desde el tramo daban paso hacia la reformada cabecera dos columnas entregas dispuestas en el codillo de los machones, rematadas por capiteles del tipo visto en la nave.

Sobre este tramo, como en los otros edificios del grupo, se alza una torre rectangular de ángulos matados con bocel, en cuyo piso superior se abren, en cada cara, sendos vanos geminados de arcos de medio punto con chambranas aboceladas que apean en columnas adosadas y otras en el centro, a modo de parteluz, cuyos fustes muestran pronunciado éntasis. Sus capiteles, bajo cima-cios de ajedrezado o doble nacela escalonada, reciben decoración vegetal similar a la del interior, de hojas –algu-nas con rosetas inscritas en clípeos– de puntas salientes acogiendo bolas, algunas estriadas, pitones gallonados, hojas lisas con cogollos en las puntas y, en una cesta del muro meridional, un gran mascarón humano de somera caracterización. La línea de canes de cuarto de bocel que remata los muros parece contemporánea de la reforma moderna y posterior debe ser la sobrecubierta a dos aguas y la espadañita que se alza sobre el lienzo sur. Como en San Pedro de Tejada y El Almiñé, da servicio a la torre una

Portada

Ventana de la fachada meridional

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escalera de caracol inscrita en un cubo de sillería adosado a la fachada meridional, junto a la portada, y aunque sería el sistema lógico de acceso al piso alto, no parece coetá-neo del resto de la nave, pues su muro no se entrega a la fábrica de la fachada sur sino que se adosa, rompiendo además la cornisa con taqueado que la recorre. En su zona superior se empotraron dos grandes relieves decorados con un fragmentario Tetramorfos, piezas de aproximada-mente el mismo tamaño; sobre una de ellas se representa un ángel alado y nimbado, de pie, ataviado con túnica de sumarios y abultados pliegues que alza con ambas manos un libro. El otro relieve representa un león rampante y alado que con sus patas delanteras sostiene una cruz con astil. Estamos probablemente ante dos de las figuras de un Tetramorfos, pudiéndose interpretar las conservadas como los símbolos de Mateo y Marcos. Estos relieves, de media-na calidad, conectan más con la escultura de la cúpula que con el resto de la del templo. Desconocemos su primitiva ubicación.

La portada se abre en un antecuerpo de sillería del ter-cer tramo de la fachada meridional y, siguiendo el esquema ya visto en El Almiñé y otras iglesias de Valdivielso, cons-ta de arco de medio punto abocelado y exornado por una hilera de puntas de clavo y tres arquivoltas, rodeando el conjunto un tornapolvos de triple hilera de abilletado. La arquivolta interior se decora con un bocel sogueado en arista vista, la central con mediacaña en la que se inscriben variados elementos (un barrilillo, una tosca carita masculi-na, una cabecita de lobo en la clave y formas geométricas y vegetales, como florones y pitones gallonados) y la exter-na con baquetón. Sigue en su decoración el modelo de la occidental de San Pedro de Tejada, repetido en las de San Pedro de Condado, la desplazada de El Almiñé, Panizares de Valdivielso, etc. Apean los arcos en jambas escalonadas, sobre alto basamento y bajo imposta abilletada, en las que se acodillan dos parejas de columnas de basas áticas sobre fino plinto. En sus capiteles volvemos a encontrar la ruda escultura ya vista en los citados edificios. El exterior del lado occidental decora su cesta con un piso inferior de entrelazo y puntas de clavo y sobre él un pitón gallonado entre bolas con caperuza y dados triangulares; su compa-ñero por este lado recibe una tosca ave de alas extendidas. Los dos del lado oriental, de idéntico diseño, muestran una corona inferior de hojas cóncavas de marcado nervio cen-tral que acogen bolas en sus puntas y, sobre ellas, bien hoji-tas del mismo tipo bien a modo de toscos mascarones, muy similares a los vistos en la portada de las parroquiales de Puente Arenas y El Almiñé.

El antecuerpo en el que se practica la portada se coro-na con un tejaroz de cornisa abilletada sostenida por ocho canecillos, uno de ellos perdido. Muestran los otros perfil

Relieves reutilizados en el cubo de acceso a la torre

Interior

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de proa de nave con reticulado entre dos junquillos soguea-dos, un protómo de venado, un personajillo ataviado con capa que sostiene con ambas manos un objeto rectangular no identificable, un torpe músico tocando la viola con arco, a su lado una exhibicionista que alza ambas piernas mos-trando los genitales, otro personaje impúdico, éste masculi-no y un prótomo de bóvido. Sobre la cubierta de madera del moderno pórtico se aprecia la maltrecha hilera de canes de la nave, decorados con volutas, dobles pitones, hojas espigadas de puntas vueltas, taqueado, botones vegetales, ajedrezado, etc. Similares motivos observamos en el muro norte de los dos tramos románicos de la nave, con nacelas escalonadas, hojas lanceoladas y nervadas, un prótomo de felino, entrelazos, etc.

En el muro meridional del segundo tramo de la nave se abre una ventana románica, de vano rasgado y aboci-nado al interior, coroaboci-nado por un tímpano oraboci-nado con una cruz inscrita en clípeo con volutas. Rodea la saetera

un arco de medio punto abocelado y chambrana abille-tada, sobre dos columnas acodilladas de basas áticas con garras, sobre plinto, coronadas por capiteles de hojas lanceoladas de nervio central con bolas en sus puntas. Sobre los capiteles corre una imposta ajedrezada que se continúa por el muro.

Ajeno a la pretendida organización en relaciones “esco-lares”, el románico de Valdivielso permite comprobar en la abultada nómina de edificios que lo siembran cómo la acti-vidad de los talleres que trabajan en la segunda mitad del siglo XIIy principios del XIIIva extendiendo y, ora

degra-dando, ora enriqueciendo, a través de un valle los mode-los constructivos y decorativos establecidos en el monu-mento principal, que no es otro en nuestro caso que la iglesia del priorato oniense de San Pedro de Tejada, cuya cronología debe rondar los años centrales de la duodéci-ma centuria. Así, los capiteles vegetales de anchas hojas triangulares nervadas con bolas o caulículos en las puntas

Capitel de la nave Ménsula

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Cúpula

Clave de la cúpula

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y piso superior de volutas con dados triangulares los vemos en Tejada, El Almiñé, Tartalés de los Montes, San Pedro del Condado, pero también en Huidobro o el arco triunfal de Gredilla de Sedano; las águilas de alas explaya-das son casi un icono recurrente en la mayoría de los edi-ficios citados y en otros de los valles noroccidentales de Burgos, Cantabria y norte de Palencia; los boceles soguea-dos en arista viva que vimos en San Pedro de Tejada se repiten también en Tartalés de los Montes, San Nicolás de El Almiñé, Panizares y Condado de Valdivielso, etc. Esta reiteración de modelos es particularmente cercana entre nuestro templo y el de El Almiñé, siendo ambos obra –probablemente del mismo taller– fechable a finales del siglo XII.

Conserva además San Miguel de Valdenoceda un testi-monio epigráfico algo posterior a su construcción en un sillar del machón oriental del antecuerpo de la portada, donde se grabó un epitafio hoy apenas legible por el avan-zado deterioro de la piedra. Dispuesto en cinco renglones con el texto en capitales, debemos apoyarnos en nuestra transcripción en la lectura que hicieran Huidobro y Gar-cía Sáinz de Baranda en 1930:

HIC TVMVLA(TVS) PETRVS(PR)ESBITE(R)

VALLEVINIIE NATVS OBIIT SVB

ERA MCCLXI IN NOTO DIE II KLS APRILIS ORATE PRO… ILLE V… IC…

Es decir, “Éste es el túmulo del presbítero Pedro natu-ral de Valvinié (El Almiñé), quien murió en el año de la Era de 1261 (año 1223) en el señalado día segundo de las calendas de abril (29 de mayo). Orad por él”. El final del renglón y la última línea, como sospechaba Huidobro, parecen añadidos posteriormente.

Texto: JMRM - Planos: ACT - Fotos: JLAO/JMRM

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Referencias

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