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UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID

FACULTAD DE GEOGRAFÍA E HISTORIA

DEPARTAMENTO DE HISTORIA CONTEMPORÁNEA

TESIS DOCTORAL

 

La extrema derecha en España: del tardofranquismo a la consolidación de la democracia (1957-1982)

MEMORIA PARA OPTAR AL GRADO DE DOCTOR PRESENTADA POR

José Luis Rodríguez Jiménez DIRIGIDA POR

Antonio Fernández García Madrid, 2002

ISBN: 978-84-8466-129-0 ©José Luis Rodríguez Jiménez, 1992

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JOSE LUIS RODRíGUEZ JIMENEZ

LA EXTREMA DERECHA EN ESPANA:

DEL TARDOFRANQUISMO A LA CONSOLIDACION DE LA DEMOCRACIA (1967—1982)

TOMO 1

Director: D. Antonio Fernández García

Catedrático de Historia Contemporánea.

UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID Facultad de Geografía e Historia.

Dpto. de Historia Contemporánea.

1992

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AGRAOEC!MIENTOS

Las lineas oue siguen a continuación intentan expresar nuestro sincero agradeimiento a un conjunto de personas e instituciones en razón de la ayuda que nos ha sido prestada en el transcurso de los cuatro ai’~os que hemos dedicado a la elaboración de este proyecto de tesis doctoral que, con el título “La extrema derecha en Espa~a: Del tardofranquismo a la consolidación de la democracia <1967—1962>”, se presenta para ser examinada por este tribunal.

En primer lugar, queremos expresar nuestra gratitud a D.

Antonio Fernández García, director de este trabajo de investigación. El profesor Antonio Fernández nos ha impartido clases de Historia Contemporánea de Espa~a, así como un curso de doctorado dedicado al estudio del nazismo, y ha dirigido la tesina de licenciatura del autor de estas líneas, la cual, con el título “Falange y la concentración de poder en la ‘zona nacional’ <Julio 1936—Abril 1937>”, fue presentada, en febrero de 1986, en el seno del Departamento de Historia Contemporánea de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad Complutense de Madrid. Finalmente, el profesor Antonio Fernández aceptó, en 1987, dirigir la tesis doctoral que ahora se presenta. Por todo lo se~alado, por sus consejos y directrices, la paciencia con que ha esperado que estas páginas llegaran a su punto final, pero también por la c-onfianza otorgada a nuestras propuestas de investigación y, muy especialmente, por la disponibilidad y simpatía con que siempre nos ha recibido, queremos dejar constancia de nuestro

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aoradecimiento.

En segundo lugar, debemos expresar nuestro reconocimiento por la ayuda recibida desde diferentes instituciones espa~olas y extranjeras.

Por lo que se refiere a Espa~a, se debe se~alar que en reiteradas ocasiones hemos acudido a consultar los fondos de la Biblioteca Nacional, Biblioteca del Centro de Estudios Constitucionales, Biblioteca del Senado y Biblioteca del Ateneo de Madrid; por esta razón, expresamos nuestra gratitud a la dirección y empleados de dichos centros. Documentación más específica y conexionada con el período cronológico en el que se centra nuestro estudio, ha podido ser consultada en la Hemeroteca Municipal de Madrid y, en un marco sobremanera agradable y lleno de facilidades, en la Biblioteca del Congreso de los Diputados y en la Biblioteca del Centro de Investigaciones Sociológicas. Además, el Ministerio del Interior nos ha facilitado toda la información solicitada en relación a los resultados electorales y referéndums nacionales correspondientes al período 1976—1982. Asimismo, reconocimiento especial merecen las gestiones realizadas por el Centro de Documentación y Servicio de Tratamiento Documental de Radio Televisión Espa~ola, encabezado por el jefe de la sección Julio Carreira, para hacer posible la visualización gratuita de diversos espacios de Telediario, programas de propaganda electoral de los partidos de extrema derecha, documentales y diverso material de archivo.

En razón de que nuestro trabajo de investigación ha proseguido fuera de Espa~a, nos resulta imposible no traer a

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estas páginas a tres instituciones que nos han abierto sus puertas y facilitado abundante documentación, referida t¿into a Espa~a como a las relaciones mantenidas entre las formaciones espa~olas de extrema derecha con los partidos y asociaciones neofascistas, neonazis y de extrema derecha existentes en Europa y América. Estas tres instituciones son: —Fundación Anne Frank de Amsterdam, en dos de cuyos miembros queremos simbolizar nuestra gratitud: la documentalista Trudie van Nimwegen, y 3. Oskam, quien tuvo la gentileza de invitarnos a asitir al simposium internacional “Europe Against Discrimination. Yigilant for Democracy and Freedom”, celebrado en la ciudad holandesa de Leiden entre los días dos y tres de mayo de 1991, en el transcurso del cual pudimos realizar un interesante intercambio de opiniones con buena parte de los investigadores allí congregados; —Institute of Jewish Affairs de Londres, cuyo director, Michael May, nos brindé una calurosa acogida y cuya bibliotecaria gestioné con paciencia múltiples peticiones e hizo posible que entraramos en contacto con varios investigadores británicos; —y la Wiener Library—Institute of Contemporary History en Londres.

Los agradecimientos a particulares van dirigidos a dos conjuntos diferentes de personas. Por un lado, a personalidades políticas que nos han facilitado, en conversaciones informales, su interpretación personal en torno al proceso de transición ~olítica acontecido en Espa~a, entre los que cabe citar a Gabriel Cisneros, Eduardo Navarro y José M. Ortí Bordás, o que nos han proporcionado informes y documentación reservada relativa a acontecimientos de la vida

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política nacional durante los ai~os 1966—1975; a este respecto, las principales apcr-taciones han s.~do realizadas por Fernando Ca~ellas, Cruz Martínez Esteruelas, Manuel Cantarero del Castillo, José M. Adán y Alberto Ballarín. Al margen del ámbito político, no podemos olvidar las gestiones realizadas por Luis Eugenio Togores para hacernos posible la consulta, entre otros documentos, del libro de memorias no publicado de Juan García Carrés. Por otro lado, nuestra gratitud va también dirigida a numerosos militantes y ex—militantes de formaciones políticas de extrema derecha que han aportado su opinión en torno a diferentes cuestiones planteadas, bien a través de una entrevista personal o bien respondiendo a un cuestionario—tipo remitido por correo, o que como en el caso de Enrique Uribe y Miguel Angel Vázquez, entre muchos otros, nos han permitido el acceso a abundante documentación procedente de sus archivos

particulares.

No podemos cerrar estas líneas sin recordar la colaboración y apoyo prestado por algunas personas muy cercanas.

Primeramente, la de mis padres, por su apoyo tanto moral como material, y la de mi esposa, quien siempre ha estimulado la culminación de este trabajo y colaborado a ello, corrigiendo un inmenso número de páginas. También ha sido un estímulo la confianza y la compaWía de un reducido grupo de amigos. Sin la presencia de todos ellos este trabajo nunca hubiera sido posible o, por los menos, habría resultado mucho más difícil.

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INDICE

PAG

INTRODUCCION. 11

A) Justificación del tema y de la elección del título. 12

B) Estado de la cuestión. 18

C) Las Fuentes. 25

D) Hipótesis de trabajo. 32

E) Metodología. 40

PRIMERA PARTE. LA IDEOLOGíA DE LA EXTREMA DERECHA 59 ESPA~OLA.

CAPITULO 1. Análisis conceptual. 60

1.1. Deformación de conceptos e instrumentación política. 61

1.2. Neofascismo y extrema derecha. 66

CAPITULO II. Antecedentes ideológicos de la extrema 75 derecha en Espa~a.

11.1. Pensamiento reaccionario y carlismo. 76

11.2. Tradicionalismo católico e interpretación 93 providencialista de la historia. El integrismo católico.

11.3. La derecha radical. 106

11.3.1. La derecha tradicional como “derecha de 113 resistencia”.

11.3.2. La derecha radical: La contrarrevolución. 125 11.3.3. El falangismo: Tradicionalismo, regeneracionismo 146 y “revolución desde arriba”.

11.4. La “tercera fuerza”: La teoría de la restauración 175 o la versión espa~ola de la “revolución conservadora”.

CAPITULO III. Carácteres del discurso ideológico de 214 la extrema derecha espa~ola.

(8)

PAB 111.1. Presupuestos religiosos y ordt~n político. 217

111.2. La mística nacionalista. 22~

111.3. La minoría dirigente. La función política del 240

a’

Ejército frente al “enemigo interior

111.4. El componente utópico: La “revolución pendiente”. 270 III.~. El carácter mítico del tiempo pasado: 284 El mito de la “Cruzada” y el “Estado de Obras”.

Catastrofismo y lenguaje apocalíptico.

SEBUNDA PARTE. LA ACTIVIDAD POLíTICA (1>: 320 LA IDENTIFICACION CON LOS VALORES PRIMIGENIOS

DEL SISTEMA <1967—1976>

Consideraciones a la segunda parte. 321

CAPITULO IV. La evolución del régimen 336

y de la sociedad durante el franquismo.

IY.1. El partido único. 337

IV.2. Del totalitarismo a la democracia orgánica. 347

IV.3. Modernización y cambio social. 351

CAPITULO V. Institucionalización del régimen 369 y crisis de sucesión.

Y. 1. Los proyectos de Arrese. 370

Y.2. La división de la clase política franquista. 362 V.3. La batalla del asociacionismo político. 409 CAPITULO VI. Caracterización tipológica 429 de la extrema derecha.

VI.1. Los falangistas. 430

VI.1.1. La Falange oficial. 430

VI.1.2. El falangismo disidente. 43~

(9)

PAG VL2. Las hermandades de ex—combatientes.. 444 VI.2.1. Origen y configuración de l~s hermandades. 444 VI.2.2. La Confederación Nacional de Ex—Combatientes. 452 VI.3. El carlismo. Escisiones, círculos y asociaciones. 459 YI.4. CEDADE y el núcleo neofascista barcelonés. 472

VI.5. Fuerza Nueva. 465

CAPITULO VII. La desestabilización del proceso 516 de apertura.

VII.1.. El “escándalo MATESA”. 517

VII.2. La crisis de diciembre de 1970. 527

VII.2.1. El juicio de Burgos. 527

VII.2.2. Los círculos militares de extrema derecha. 539

VII.3. Repercusiones del proceso de Burgos.. 546

VII..3.1. Las sesiones plenarias del Consejo Nacional 546 de febrero de 1971.

VII.3.2. La extrema derecha sale a la calle. 561

VII.4. La cerrazón del régimen. 572

CAPITULO VIII. Los epígonos del franquismo. 587 VIII.1. El asesinato de Carrero Blanco. ~86 VIII.2. El comienzo de una nueva etapa. 589 el gobierno de Arias Navarro..

VIII.2.1. El inicio de la apertura política. 589 VIII.2.2. La reacción de la extrema derecha. 594

VIII.3. La muerte de Franco. 609

CAPITULO IX. La prensa de extrema derecha CI>. 617 IX.1. Publicaciones del integrismo católico “¿Qué pasa?” 616

IX.2. “Fuerza Nueva” 623

(10)

PAC’

IX... “El Alcázar”. 630

TERCERA PARTE. LA ACTIVIDAD POLíTICA <II): 636 LA OPOSICION FRONTAL AL SISTEMA POLíTICO <1977—1962

>

Consideraciones a la tercera parte: La extrema derecha 637 como formación política antisistema.

CAPITULO X. Una nueva etapa para la extrema derecha. 644 X.1. Los inicios de la reforma política. 645 x.2. El aislamiento de la extrema derecha. 660 CAPITULO XI. Fuerza Nueva: El partido hegemónico 672 de la extrema derecha espa~ola.

XI.1. El fraccionamiento de la extrema derecha. 673

XI.2. Fuerza Nueva. 686

Xi.2.1. La estructura organizativa. 688

a> El partido. 688

b> La revista: “Fuerza Nueva”. 696

c> El sindicato: Fuerza Nacional del Trabajo. 701

d) Las juventudes: Fuerza Joven. 702

XI.2.2. Los militantes. 707

XI.2.3. Militancia y acción directa. 714

CAPITULO XII. La prensa de extrema derecha <II>. 754

XIi.1. “El Alcázar”. 755

XIi.2. “El Imparcial”. 757

XíI.~. “H~raldo Espa?~ol”. 766

CAPITULO XIII. Las relaciones internacionales 771 de la extrema derecha espa~ola.

XíiI.I. El Nuevo Orden Europeo. 772

XIII.2. La Liga Mundial Anticomunista 780

(11)

FAG XIII.:.. La Eurod~stra y el Grupo de ~as Derechas Europ’~as. 781 CAPITULO XIV. Estrategias de acceso al poder <1>. 788 La vi”a electoral..

XIV.1. El “Frente Nacional” como proyecto frustrado. 789

XIV..2. El fracaso en la construccidn 794

de una “derecha nacional”.

XIV.3. Análisis electoral.. 809

XIV.3. 1.. 1976/1978. Del Referendum para la Reforma 809 Polftica al Refer4ndum Constitucional.

XIV.3. 2. El escaño de Blas Pinar. 814

La presencia de Fuerza Nueva en las Cortes.

XIV.3.3. Análisis geogra~fico de los resultados 822 el ect oral es.

XIV.3.4. El derrumbe electoral de 1982. 825

CAPITULO XV. Estrategias de acceso al poder <II). 839 La alternativa a las vias legales de acceso al poder..

XV.1.. La “estrategia de la tensidn”. 840

XV.2. El Golpe de Estado. La apelación al Ejército.. 855

CONCLUSIONES 888

FUENTES Y BIBLIOGRAFíA 920

ANEXOS 990

(12)

INTRODUCCION

(13)

—12—

A-— Justificación del tema y de la elección del título..

Este trabajo de investigación f~e concebido hace ahora cinco a~’os, y nos pareció ya entonces que, aunque a nosotros sólo nos fuera posible una primera aproximación al tema, era importante encarar el estudio de una fuerza política tantas veces citada y tan poco conocida como es la extrema derecha espa~ola en el contexto del tardofranquismo, transición a la democracia y proceso de consolidacién del actual régimen político espa~ol..

Entendemos que era, y es, importante por tres razones: La primera, porque no existe ningún estudio publicado de carácter científico que haya afrontado esta tarea de investigación,

pese a representar una temática que ha hecho correr ríos de tinta en múltiples artículos periodísticos, ha desatado las

pasiones más dispares y suscitado un verdadero interés tanto en la opinión pública como entre los sociólogos, principalmente, historiadores y otros estudiosos.. En segundo lugar, porque entendemos que un estudio de estas características puede ayudar a conocer e interpretar mejor la última etapa del régimen de Franco y la transición desde el autoritarismo a la democracia en nuestro país, aspectos, especialmente este último, a los que tanta atención se está prestando en Espafia y en otras naciones.. Y en tercer lugar, porque es evidente que el avance electoral de movimientos políticos que representan a la extrema derecha en diferentes países europeos, de forma singular en Francia y República

Federal de Alemania <pero también en Noruega, Austria, Bélgica, Holanda, por no citar los casos ya conocidos de

(14)

—13—

Italia e Inglaterra>, ha traído consigo una nueva atención hacia esta materia, como ponen de manifiesto los numerosos trabajos que están siendo publicados en distintos países europeos, principalmente en Francia.

Existen tres términos en el título escogido para esta tesis de doctorado, sobre los que debemos hacer algunas precisiones.

La utilización del término “extrema derecha” no se hace en estas páginas sin ciertas precauciones y algunos reparos.. Por un lado, en razón al rechazo que la extrema derecha espa~ola

hace de esta terminología <1) —fenómeno que no es privativo de la extrema derecha espa~ola, ni de la extrema derecha como tal—, y al hecho de que, efectivamente, algunos movimientos o partidos neofalangistas no pueden ser definidos como extrema

derecha e, incluso, podrían ser considerados como movimientos populistas de izquierda antiparlamentaria.. En segundo lugar,

debido a la circunstancia de que en este trabajo aglutinamos bajo el concepto genérico de extrema derecha” a un cierto número de asociaciones, movimientos y partidos políticos, cada uno de los cuales posee características propias y. en ocasiones, diferencias. notables respecto a otras organizaciones consideradas.. Pero, después de advertir de esta situación, tenemos que decir que el término “extrema derecha”

nos ha parecido el más apropiado, y esto por dos razones.

Primero, porque nos proponemos el estudio de estas organizaciones como un conjunto sumamente interrelacionado

<aunque no como un todo global), en lugar de atender únicamente a una parte de sus componentes; otra posibilidad era centrar el estudio en Fuerza Nueva como revista,

(15)

—14—

asociación y partido político.. La segunda razón se fundamenta en la circunstancia de que las páginas que siguen se dedican,

con una sola excepción <Falange Espa~ola de las J.O.N.S.

Auténtica> al estudio de organizaciones políticas que, a nuestro entender, pueden y deben ser definidas como movimientos radicales de derecha, tanto en lo que se refiere a los grupos nacional—católicos y carlistas, como a los -falangistas, neofalangistas, y neonazis.

Por lo que se refiere a “tardofranquismo”, esta terminología ha sido adoptada en preferencia a otros conceptos o expresiones que nos remiten a la última etapa del régimen de Franco <ya sea 1966—1975, 1967—1975 ó 1969—1975, dependiendo

de los autores>. Ha sido Javier Tuselí quien ha utilizado el término “tardofranquismo” en dos estudios recientes. En un

primer momento, al hacer la periodización del franquismo, denominé “tardofranquismo•’ a la etapa comprendida entre 1969 y

1975 <2), pero, en un trabajo posterior, ha ampliado cronológicamente esta fase a los aros 1966—1975 <3>, identificándola con el aperturismo y la “degradación del régimen” <4>.. Por su parte, el profesor Seco Serrano, utiliza una fórmula concordante al referirse a la “evolución y ocaso del último franquismo” (5>. En cambio, Juan Ferrando Badía ha preferido, siguiendo los pasos de Raul Morodo <6), utilizar el término “pretransición política”, entendiendo que la gestación del período de transición comienza a partir de la promulgación de la Ley Orgánica del Estado, “cuando el problema de la sucesión del general Franco y del ‘continuismo’ de su Régimen autoritario comenzó a plantearse seriamente por la clase

(16)

—15-

dirigente franquista” <7>. Otras acepcior.~s han sido utilizadas por diferentes estudiosos del franc1uismo. Así, Raymond Carr califica al período 1969—1975 coma “la agonía del franquismo” <8>, y Stanley 6. Payne utiliza la expresión “El ocaso del régimen” para la etapa 1969—1973 <9>. Si bien no deseamos entrar en polémica con estas últimas formulaciones

(aunque no parece que el régimen de Franco estuviese en una fase “agónica” en 1969 o en 1973, hasta el asesinato de Carrero Blanco>, dado que precisábamos un término concreto,

teníamos que escoger entre “tardofranquismo” y

“pretransición”, o intentar idear uno nuevo <y entendemos que no hay necesidad>. Si finalmente adoptamos “tardofranquismo”

<o “último franquismo”> frente a “pretransición”, fue porque este último hace referencia, inevitablemente, a transición política, y este concepto aparece ligado en el caso espa~ol a transición desde un régimen autoritario a un régimen liberal democrático.. Por tanto, el término “pretransición” sólo es utilizable a posteriori, cuando ya se sabe que la transición

<la sucesión de Francisco Franco por Juan Carlos 1> va a adoptar un determinado . signo democrático: la monarquía constitucional. Esto no se sabía en 1966, cuando lo que se inicia es la última etapa del régimen de Franco <el

“tardofranquismo”>, la institucionalización, y a nosotros nos interesa dejar claro desde el principio que consideramos necesario eludir cualquier tipo de determinismo para entender aquel proceso histórico y la evolución y organización de las fuerzas políticas de extrema derecha.

En cuanto al concepto “consolidación de la democracia”,

(17)

—16—

éste es uti¡izado en función tanto de la situación general de la vida política espafiola en 1982 como d~ la constatación en esta fecha del fracaso de los dos modelos estratégicos seguidos hasta entonces por la extrema derecha espa~ola. Pero su utilización no deja de encerrar algunos riesgos..

Lo cierto es que los estudios en torno a la consolidación de los nuevos regímenes democráticos son escasos. En 1970 D.A.

Rustow se había referido, como etapa posterior a la instauración, a la “habituation phase~ o fase de “adquisición de la costumbre de vivir en democracia” <10), pero ha sido

J.J.. Linz quien, en dos trabajos no publicados <11>, ha tratado de forma específica el fenómeno de consolidacién de un régimen político. Por su parte, Leonardo Morlino, el autor que más ha estudiado la consolidacién de los regímenes democráticos en tanto que fase diferenciada dentro del proceso de cambio de régimen, se~ala la dificultad de encontrar una definición general de los principales estados del régimen, pues si bien existen una serie de estudios sobre casos específicos de persistencia, crisis, hundimiento, instauración y consolidacién, faltan intentos sistemáticos de identificación de las características centrales de estos estados”, situación que se acentúa en relación a las etapas de instauración y consolidación <12); de igual forma, Julián Santamaría ha constatado la dificultad de determinar los indicadores que permiten contrastar el grado de consolidación de un nuevo régimen democrático y los factores que facilitan o

dificultan su consolidacién <13>.

Es nuevamente Morlino quien mejor define el fenómeno de

(18)

—17—

consciU..dación de un régimen democrático. Entendida la

“transic’ón” como “los momentos fluidos y confusos en que están a punto de surgir las nuevas estructuras democráticas, pero al mismo tiempo permanecen algunas estructuras propias del antiguo régimen”, y caracterizada la “instauración” por

“el dise~o de las nuevas instituciones y procedimientos, además de por todos los aspectos propios de un sistema

democrático”, la “consolidación” se define como “el proceso de adaptación—congelación de estructuras y normas democráticas que son aceptadas como legítimas, en parte o del todo, por la sociedad civil” (14>.

Si seWalábamos antes que la utilización del término

“consolidación” en el título adoptado para nuestro trabajo encierra ciertos riesgos <cuestión sobre la que volveremos en el capítulo de conclusiones), es porque no resulta fácil el afirmar que en 1982 la democracia espar~ola era ya un régimen consolidado.. Sin embargo, y pese a la presencia de importantes problemas que han seguido afectando y castigando a la sociedad espa~ola, puede afirmarse que ya en 1982 el proceso de consolidación estaba bastante avanzado. En realidad, la comprobación empírica de que un proceso de consolidación ha finalizado y de que se inicia la etapa de persistencia, es una labor de análisis bastante difícil, si bien pueden tomarse como indicadores la medida de estabilidad gubernamental, el funcionamiento de los órganos legislativos y, entre otros, el grado de neutralidad y subordinación de los militares al poder civil en comparación con el período anterior <15>. Uno de los aspectos citados por Morlino que hace más probable la

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-18-

consolidación, es la posibilidad de que durante las fases de transición e instauración todas l~s fuerzas políticas acepten

“la participación de masas y la organización y representación política y sindical de las clases inferiores” <16>. Pero este supuesto teórico no creemos que se de nunca en la realidad y, en cualquier caso, no se ha dado en Espa~a. Esta es una de las razones que nos impulsan a estudiar la incidencia de las fuerzas de extrema derecha sobre los procesos de transición, instauración y consolidación de la actual democracia espa~ola.

8..— Estado de la cuestión.

La transición espa~ola a la democracia ha atraído la atención de politólogos, sociólogos, periodistas, políticos y también, aunque de forma insuficiente, de los historiadores.

Por lo que se refiere a la literatura académica, disponemos ya de interesantes estudios de conjunto <17), y de destacadas investigaciones sectoriales sobre el tema. Pero si bien contamos con numerosas e importantes aportaciones sobre la etapa de transición <1975—1976), no es posible decir lo mismo en cuanto al período del tardofranquismo (18>, y menos aún de trabajos que analicen el grado de consolidación del actual régimen democrático espaWol (19>.. Por lo que se refiere a la

literatura extranjera sobre la transición, no le falta razón a Andrés de Blas cuando sostiene que, exceptuando algunos trabajos (20>, se deben subrayar en sus aportaciones las

“significativas limitaciones en cuanto al aporte de nuevos enfoques para su estudio e incluso que se haga presente, en una parte de la misma, “un bajo nivel de información que acaba

(20)

—19—

de reducir aquel limitado Lnterés relativo a los twdoques”

<21>

f

En relación al estudio de las asociaciones y partidos existentes en Espa~a entre 1967 y 1982, disponemos de un número reducido de monografías.. No existe ninguna aportación significativa sobre los componentes ideológicos de la derecha espa~ola en la segunda mitad de siglo, al tiempo que las

investigaciones en torno a sus representantes, estrategia y organización son también limitadas. Respecto a la extrema derecha nuestro conocimiento es aún menor, ya que las publicaciones de autores especializados en temas políticos y sociológicos apenas ofrecen referencias relacionadas con el asunto que nos ocupa. Esta circunstancia sería fácilmente explicable si tan sólo tomáramos en consideración que la pr’~sencia parlamentaria de esta fuerza política en las Cortes Espa~olas entre 1977—1992 se reduce a un único parlamentario

(Blas Pisar, diputado entre 1979—1982>. Pero la ausencia de bibliografía es, a nuestro entender, injustificable si, en lugar de atender al número de esca~os alcanzados en las Cortes Generales y Parlamentos Autonómicos <convocatorias electorales en las que no han conseguido representación), fijamos nuestra mirada en el papel desempegado por los partidos, asociaciones y órganos de prensa de la extrema derecha en el transcurso del período comprendido entre 1967 y 1982. En este sentido, cualquier observador mínimamente interesado en el tema que estudiamos no tardaría en apreciar su importancia, al igual que la atención dedicada a estas fuerzas políticas desde Presidencia del Gobierno <organismo muy atento a las

(21)

-20-

relaciones entre los núcleos civiles y militares de la extrema derecha), Servicios de Información <los cuales contaban con una brigada de investigación dedicada exclusivamente a investigar e infiltrar los grupos más radicalizados de extrema derecha) , la Prensa <que aumentó sus tiradas mediante una serie de “dossiers” en torno a las actividades —reales, supuestas o inventadas— de la extrema derecha), los Partidos Políticos <especialmente aquellos que más interesados estaban

en el proceso de consolidación del régimen parlamentario).

Asimismo, como prueba de la escasez de estudios sobre el desarrollo de la vida política espa~ola que presten atención es sus páginas a la extrema derecha espa~ola entre 1967—1982,

se pueden aportar algunos ejemplos. En un trabajo publicado en 1977 por el Centro de Investigaciones Sociológicas, “La reforma política.. La ideología de los espa~oles”, tan sólo encontramos una valoración, en porcentajes, de la evolución del grado de aceptación, entre diciembre de 1976 y marzo de 1977, de la ideología de extrema derecha.. Más sorprendente resulta que en un estudio de 1978 titulado “Los discursos de la calle” (22) se dedique. un apartado a “los temas heredados del franquismo” y únicamente se haga relación a las campai~as de propaganda electoral de Unión de Centro Democrático y Alianza Popular; o que bajo el título “Partidos políticos e ideologías en Espa~a” no encontremos ni una sola referencia en torno a los partidos que conforman la extrema derecha ni sobre su ideología, circunstancia que no es en absoluto inusual

<23>. Al menos, en la obra “Las elecciones legislativas del 1 de marzo de 1979” se nos informa de los integrantes y los

(22)

—21-

temas prefer2ntes de la coalición Unión Nacional (Fuerza Nueva, Falange Espa~ola de las J.O.N.S. y Círculos José Antonio) —24—. En realidad, los únicos trabajos sobre la transición y el nuevo régimen político espa~ol que presentan valoraciones interesantes sobre la extrema derecha son el estudio de Pl. Buse <25), que desarrolla un peque~o análisis sobre la coalición Unión Nacional, y el “Informe sociológico sobre el cambio político en Espa~a, 1975—1981” (26), que aporta una aproximación a la evolución de los partidos de extrema derecha, además de datos interesantes sobre pautas de comportamiento electoral, y cuadros con valoraciones de los diferentes indicadores de la posición de los espa~oles ante Franco y el franquismo, y escalas de actitud de los espa~oles hacia Franco y Blas Pi~ar.

Si prestamos atención a la producción bibliográfica espa~ola centrada de forma específica en la extrema derecha en torno al periodo 1967—1990, la situación es igualmente desalentadora.. La editorial Saya Ciencia edité en 1976, en una colección cuyo objetivo era proporcionar <de una forma carente de objetividad> “información” a los ciudadanos en torno a las -fuerzas políticas presentes y las nuevas instituciones, dos libritos <“Qué es el bunker”, y “Qué es la ultraderecha”) —27—

que (como otros muchos títulos de la colección) se caracterizan por la ausencia de sentido crítico y de un esquema narrativo. Bajo el título “Extrema derecha SA.

Nombres, conexiones y finanzas”, obra de un periodista de

“Interviú” que escribe bajo seudónimo <26), encontramos un trabajo carente de cualquier tipo de objetividad y sin ninguna

(23)

-22—

aportación novedosa; algo semejante cabe decir del libro de Manuel Vidal “A la extrema derecha de Dios Padre” <29).. Pci’- el contrario, en el estudio centrado en “Montejurra 76” de José Carlos Clemente y C.S.. Costa <30), se nos presenta una narración interesante y una cronología adecuada en relación a los núcleos carlistas de extrema derecha y sus relaciones con

activistas de la ultraderecha europea.

Al margen de estas narraciones de tipo periodístico, contamos con algunos trabajos de investigación realizados por sociólogos y que tienen un interés apreciable para nuestro proyecto de investigación. Así cabe se~alar el artículo de Alberto Moncada, “Notas para una sociología de la extrema derecha” <31); dos trabajos no publicados de Lorenzo Castro, el primero en torno al grupo neonazi CEDADE y el segundo sobre el terrorismo de extrema derecha en Espa~Ta <32); y una comunicación reciente de Francisco Palacios <33) en la que se analiza el anquilosamiento ideológico de la extrema derecha espa~ola y los limitados intentos de renovación iniciados por el Frente Nacional <partido heredero de Fuerza Nueva), en relación al mensaje electoral de la extrema derecha en otros países europeos. Hay además que se~alar la existencia de una tesis doctoral en curso, en torno a las asociaciones y grupos neonazis existentes en Catalu~a <“Nacionalisme i questió nacional a Catalunya <1966—1988): un neo—feixisme catalá?”),

realizada por el licenciado en historia contemporánea Xavier Casals (34).

No deja de ser sorprendente que haya sido en el extranjero donde el tema de la extrema derecha espaiola haya dado lugar a

(24)

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un interés no sólo periodístico sino también a nivel académico. Fuera de nuestras fronteras se ha percibido con nitidez que en la etapa final de la década de los afi~os setenta e inicios de los ochenta, Espa~a era el único de los países de Europa occidental que experimentaba un avance de las fuerzas de extrema derecha preocupante para la estabilidad de la democracia parlamentaria; tan sólo en Grecia un peque~o grupo de oficiales, partidarios de la junta militar, ha intentado, sin éxito, un golpe de estado en febrero de 1975, después de que en julio de 1974 se hubiera puesto fin al régimen militar..

Como fruto de este interés por el caso espai~ol se han elaborado dos tesis doctorales o tesinas sobre Fuerza Nueva (35). Una de ellas fue elaborada por un estudiante perteneciente a una universidad norteamericana, y ha sido imposible su localización pese a las gestiones afectuadas con la Biblioteca del Congreso de Washington. La segunda es un trabajo del estudiante francés Vianney Martín, el cual debe ser destacado aunque esté construido exclusivamente sobre la base de la información proporcionada por la prensa francesa y la revista “Fuerza Nueva”, y los contenidos ideológicos de los muy distintos títulos publicados por Fuerza Nueva Editorial;

el autor nos remitió amablemente la bibliografía utilizada.

En resumen, se debe se~alar que la dificultad para acceder a los fondos documentales ha desalentado a los investigadores..

No es de extrai~ar, por tanto, que en ninguno de los seminarios internacionales dedicados al estudio de las organizaciones de extrema derecha en Europa y Estados Unidos, como han sido los organizados por la Anne Frank Foundation (Amsterdam), en 1978

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y 1984, ni en el congreso internacional celebrado en Anvers, en marzo de 1990, bajo el tít~do “Colloque International sur l’extreme droite en Europe de l’Ouest”, se haya presentado ninguna comunicación sobre el caso espa~ol.. Ni que en un informe del Parlamento Europeo, publicado en 1985, destinado a exponer las investigaciones realizadas por un elevado número de expertos sobre el ascenso electoral de los partidos y asociaciones europeas de extrema derecha <36), y en el que se privilegia a países como Italia, Francia, Inglaterra y Alemania <en los dos últimos de los cuales los partidos de extrema derecha tenían entonces, desde hacia ya varios aros, menor resonancia que la de sus homólogos espai’oles>, se dediquen tan sólo dos páginas a Espa~a.. En último término, en

los trabajos monográficos publicados por distintos autores europeos y norteamericanos en relación a la extrema derecha y los movimientos neofascistas, apenas se reservan unas pocas páginas a los grupos y partidos espa~oles, concediendo mayor

importancia a su desarrollo en los aros sesenta <en razón a sus conexiones internacionales) que al período de la década de los setenta <cuando se constituye un verdadero partido político de extrema derecha). Entre estos trabajos cabe citar los de Angelo del Boca y Mario Giovana <37), Dennis Eisenberg

(38), Otto E. Schuddekodf <39) y Paul Wilkinson <40).. La única excepción a considerar es un directorio mundial sobre fuerzas de extrema derecha, “The Radical Right: A World Directory”, compilado por C.’O Maoláin, en el que se describen de forma consisa, y en ocasiones confusa, una parte de las organizaciones de la extrema derecha espa~ola <41).. En

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cualquier caso, lai.~ escasas aportaciones en torno a la extrema derecha espa~ola contrastan con el conjunto de monografías dedicadas al estudio del Movimiento Social Italiano <42), el National Front inglés (43)~ el Front National francés (44) y el neonazismo alemán <45)..

C— Las fuentes..

En el momento de plantearnos este proyecto de investigación éramos conscientes de que sería necesario recurrir a diferentes tipos de fuentes documentales: documentos emitidos por los partidos y organizaciones políticas, discursos y escritos de diferente índole de sus dirigentes, textos de memorias de los mismos, información de prensa y televisión, y entrevistas personales. Todos estos recursos documentales han sido utilizados en la medida de lo posible.

En relación a los documentos emitidos por los grupos políticos, es costumbre examinar respecto de cada partido los estatutos, actas de reuniones, ponencias de congresos, publicaciones oficiales del partido, órganos de prensa simpatizantes con el mismo, panfletos, etc., y este ha sido el camino seguido en estas páginas. Esta documentación ha podido ser recopilada gracias a la colaboración que hemos recibido de algunos dirigentes y ex—dirigentes de las fuerzas políticas estudiadas, asi como de militantes y disidentes de estas organizaciones. Entre las personas que nos han facilitado documentación procedente de sus archivos personales debemos citar a: Enrique Uribe <propietario de una importante hemeroteca personal) y Miguel Angel Vázquez, ex—militantes de

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F.E. de las J..O.N.S.; Julio Pino, ex—di~-:gente de Círculos Doctrinales José Antonio en Córdoba y ex—secret~io general de F.E. de las J..O.N.S.; Pedro Conde, ex—presidente nacional de F.E. de las J.O..N.S. <Auténtica>; Antonio Jarego, ex—militante de F..E. de las J.O..N.S. <Auténtica) y presidente del Movimiento Falangista de Espa~a; Javier Onrubia, ex—militante de Falange Espa~ola Independiente y delegado de Cultura de F.E.. de las J..O.N.S.; Rafael Sánchez Saus, ex—consejero nacional de F.E. de las J..O.N.S..; Fernando Márquez, cantante y ex—militante de F.E. de las J..O.N.S. <Auténtica); José Luis Corral, ex—militante de Fuerza Joven y presidente nacional del Movimiento Católico Espa~ol; Luis Pl.. Sandoval, ex—delegado de Línea Política de Fuerza Joven y director del Centro de Estudios Nuestra Se~ora de Wladimir; Luis José Cillero, ex—militante de Fuerza Joven y secretario general de Juventudes del Frente Nacional; y Luis Fernández Villamea, director de “Fuerza Nueva”. La documentación facilitada por estas personas es citada en este trabajo mediante la referencia “Archivo del autor”. Se debe se~alar que la colaboración prestada por algunos ex—militantes retirados de la vida política o alineados en la actualidad en grupos disidentes, nos ha permitido disfrutar de un nivel de acceso documental elevado <con las limitaciones que impone la propia documentación) y, en ocasiones, privilegiado. Además, una serie de personalidades de la vida nacional espa~ola que han pertenecido a diferentes formaciones políticas nos han facilitado informes y documentación reservada relativa al

período 1966—1975. Las principales aportaciones han sido

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realizadas por Fernando CaF~ellas <periodista y ex—letrado del Consejo Nacional del Movimiento), Cruz Martínez Esteruelas Cex—secretario primero del Consejo Nacional y ex—ministro), Manuel Cantarero del Castillo (presidente de la Agrupación de Antiguos Miembros del Frente de Juventudes y de Reforma Social Espa~ola), José María Adán (consejero nacional del Movimiento y ex—gobernador civil) y Alberto Ballarín <notario y consejero nacional del Movimiento); estas personas han preferido que el material procedente de sus archivos no sea citado de forma ex presa.

Por lo que se refiere a la prensa de partido, ésta comprende un número muy elevado de publicaciones, la principal de las cuales era, y es, “Fuerza Nueva”, a la que siguen el boletín mensual de CEDADE y los órganos de la jefatura nacional de F..E. de las J..O.N.S. (“F..E.”, “Arriba” y

“Unidad”). Pese a que el valor de estas fuentes ha sido minusvalorado en ocasiones, al ser muchas veces un puro

“escaparate” del partido, es posible encontrar en sus páginas una información variada y en ocasiones muy valiosa, especialmente en lo que se refiere a su estructura organizativa, a las personas que apoyan a estos grupos y a su línea ideológica. Información complementaria y con cierta dosis de análisis crítico <aunque casi siempre controlada), la encontramos en los órganos de prensa simpatizantes con estos partidos: “Qué pasa”, “Juan Pérez”, “El Alcázar”, “El Imparcial” y, entre otros, “Heraldo Espa~ol”; el estudio de estos medios de prensa es particularmente importante dado el

número de su!; tiradas <muy superior a la prensa de partido,

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con excepción de “Fuerza Nueva”) y porque en sus páginas se expone una buena parte de la información que llega a los oosibles votantes de las fuerzas políticae que estudiamos.

En los últimos anos se han venido publicando las memorias de diversas personalidades que desempegaron un papel protagonista bajo el régimen de Franco y/o durante la

transición. Pese a constituir aportaciones insuficientes y excesivamente justificativas, en varios de estos textos se encuentran datos y se reflejan situaciones que nos ayudan a aproximarnos a aquellos a~os. Disponemos también de varios trabajos periodísticos y de un considerable número de testimonios ofrecidos por los líderes de extrema derecha. Sin embargo, y desgraciadamente para nosotros, no contamos con los testimonios de los principales representantes de la extrema derecha espa~ola. De José Antonio Girón, presidente de la Confederación Nacional de Ex—combatientes entre 1974—1986, no se conocen memorias; tampoco de personas próximas a Girón, aunque más jóvenes, como los directores de “El Alcázar”

Antonio Izquierdo y Antonio Gibello. Juan García Carrés, hombre de confianza de Girón y figura importante en las

conexiones de civiles y militares partidarios del golpe de Estado como fórmula para derribar el régimen de democracia parlamentaria, dejó escrito, antes de fallecer, un libro sobre el “23—F” que no ha sido publicado, pero cuya lectura ha sido posible gracias a las gestiones realizadas por uno de sus familiares. Blas Pi~ar, presidente—fundador de Fuerza Nueva, está, al parecer. redactando un libro de memorias. El falangista José Utrera Molina, ex—ministro franquista defensor

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de las tesis continuist~s, ha escrito un libro de memorias

<46> que se cierra con su cese como Ministro Secretario General del Movimiento en 1975 y en el que encontramos escasos datos y opiniones en torno a la evolución y componentes de la extrema derecha espa~ola. Por lo que se refiere al libro de memorias de Raimundo Fernández Cuesta <47>, ex—ministro de Franco y jefe nacional de Falange Espa~ola de las J.O.N.S.

entre 1976—1963, si se toma en consideración su escasa calidad e interés cabe decir que su utilidad es casi nula. Existen, además, dos textos de dirigentes falangistas, publicados en la colección Albia Política, en los que, se expone la línea ideológica y programática de los Círculos José Antonio y de Falange Espa~ola de las J.O.N.S. (Auténtica) y se ofrece cierta información sobre el origen y desarrollo de estos grupos políticos, pero a un nivel puramente propagandístico

<48>. Algo semejante sucede con los dist~.ntos y sucesivos cuadernillos de propaganda publicados por el grupo neonazi CEDADE (49), en los que se ofrecen datos sobre su historia. El

“Diccionario de la ultraderecha” elaborado por el activista Alberto Royuela <50) , es interesante únicamente desde el punto de vista psicológico. Mucho mayor interés tiene la “Galeria de personajes <El ‘who was who’ de algunas de nuestras relaciones)” ofrecida por José 1. San Martín (51), jefe del Servicio Central de Documentación de Presidencia del Gobierno creado por Carrero Blanco, en la que se ofrecen datos y opiniones sobre diferentes personalidades de la extrema derecha. De igual forma, una exposición sumamente útil (aunque en ocasiones el análisis crítico sea mordaz y anecdótico por

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proceder de un disidente) es la realizada por Ernesto Milá, dirigente de Fuerza Joven en Barcelona y co—fundador de los grupos Frente Nacional de la Juventud y Patria y Libertad;

Milá ha elaborado de forma individual o colectiva algunos textos en los que se narra una parte de la historia de Fuerza Nueva y del Frente Nacional de la Juventud, y se reproducen diversos documentos de estas organizaciones <52>.

Fuente importante de contenido ideólogico la constituyen los textos elaborados por figuras representativas de la extrema derecha espa~ola.. Cabe destacar los escritos de: Blas Pi~ar, Gonzalo Fernández de la Mora <ex—ministro e ideólogo del “crepúsculo de las ideologías”); Santiago Pisonero del Pozo, Eduardo F.. López Pascual y Rafael Sánchez Saus, consejeros nacionales de la actual F.E. de las J.O..N.S..;

Sigf redo Hillers, jefe nacional de Falange Espa~ola Independiente; Javier Morillas, secretario de juventudes de F.E.. <Auténtica) de las J.O.N.S.; José Antonio Girón, presidente de la Confederación Nacional de Ex—Combatientes;

Jorge Mota, Ramón Bau y Antonio Medrano, dirigentes de CEDADE;

de varios tradicionalistas próximos a Fuerza Nueva, como Rafael Gambra, José Pl.. Codón, Luis Pl. Sandoval, y Jaime Tarrago; y de periodistas como Antonio Izquierdo y Waldo de Mier.

También ha resultado de utilidad la consulta de colecciones de diferentes medios de la prensa nacional, como “El País”,

“ABC”, “Diario 16”, “Cambio 16” y de números concretos de otras publicaciones nacionales y provinciales, así como de ciertos programas elaborados por Televisión Espa~ola. En estos

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medios, y en líneas generales, la informacÑén y la visión que es posible recopilar sobre las fuerzas políticas le la extrema derecha es, a nuestro entender, escasamente válida y sus contenidos deben utilizarse con muchas precauciones. “Extrema derecha”, “ultraderecha”, “fascista”, “reaccionario”, “ultra”,

son apelativos intercambiables de unos partidos y de unas personas a otras, ya se hable de organizaciones políticas legal izadas, representantes parlamentarios, manifestaciones, disturbios callejeros o actos terroristas. El problema se presenta en una doble vertiente.. Por un lado, en la práctica periodística son frecuentes los escritos que responden más a valoraciones politizadas y conscientemente mal intencionadas que a un análisis sereno y matizado de las situaciones. Por otro lado, en ciertos medios de prensa se ha publicado un elevado número de artículos sobre la extrema derecha en los que se difundían “informaciones” que raramente eran contrastadas, pudiéndose hablar de ausencia total de objetividad y de manipulación de la información, hasta el punto de que en ocasiones la “noticia” era, sin más,

inventada.

Por último, una abundante información se ha obtenido a través de entrevistas personales. En algunos casos, el contenido de las mismas ha podido ser recogido en cinta magnetofónica; en otros sólo ha sido posible tomar notas durante su desarrollo. Otra técnica utilizada ha consistido en la creación de un modelo de cuestionario que ha sido enviado por correo o entregado en mano a cien dirigentes, militantes y ex—militantes de los t,artidos de extrema derecha, de los

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cuales han contestado veintiuno.

D.— Hipótesis de trabajo.

El régimen de Franco y la transición desde el autoritarismo franquista a la democracia parlamentaria han sido valorados de forma diferente o antagónica por los distintos sectores políticos que componen la sociedad espai~ola. En estas páginas, y a modo de hipótesis central, trataremos de alcanzar un conocimiento comprensivo del tardofranquismo, la transición a la democracia y la etapa de consolidación del régimen democrático, a partir del estudio de la configuración y objetivos de la extrema derecha durante este período y de su respuesta a la nueva situación creada con la evolución y apertura del franquismo, primero, y el cambio de régimen, después. En definitiva, nos proponemos alumbrar el nacimiento, nivel organizativo, evolución y componentes ideológicos de los movimientos políticos de extrema derecha existentes en Espa~a entre 1967—1982, a fin de conocer cuales son los intereses que defienden, la estrategia adoptada y la influencia que ejercen sobre las etapas se~aladas. Además, y dado que el proyecto de la extrema derecha durante este etapa ha derivado en un doble fracaso (en el plano electoral y en del golpe de estado), nos proponemos explicar este naufragio político a partir de su

incapacidad tanto para impedir la transformación del régimen de Franco como para constituir, una vez producida esta, un partido político consolidado y con una cierta representación en las instituciones <al contrario de lo que sucede en otras naciones de nuestro entorno), a causa de la propia dinámica

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q~ie caracteriza a los procesos d~a apertura y transición desde el auto’-itarismo a la democracia, c~ desfase ideológico de estos movimientos en relación a la realidad política espa~o1a, su propio fraccionamiento y a las dificultades encontradas para llevar adelante sus estrategias políticas..

De esta forma, establecemos cuatro hipótesis derivadas para explicar el infortunio de los sucesivos proyectos políticos de la extrema derecha espa~ola, aunque sin olvidar que sus actividades ejercen una importancia considerable sobre el período que estudiamos, tal como pensamos que se refleja en estas páginas..

1.— No existen condiciones sociales, culturales ni económicas que faciliten en Espa~a el éxito electoral de fuerzas políticas antidemocráticas en el período 1967—1982. En el transcurso de la última etapa del régimen de Franco, una parte considerable de la población espa~ola <o por lo menos una fracción importante de la clase política más dinámica) deseaba un mayor régimen de libertades que el entonces existente, y en el momento de iniciarse la transición (una vez que tiene lugar la “sucesión” al frente de la jefatura del Estado) la mayor parte de la población acepta el cámbio político como algo lógico y natural. Aunque el régimen autoritario había dejado un recuerdo positivo en un amplio núcleo intercíasista, y pese a que sus integrantes continuaban otorgando un lugar privilegiado en su esquema mental a los valores de orden y autoridad (en los que tanto había insistido

la propaganda franquista>, ello no impidió que entendieran que con la reforma política no se rompía la continuidad del

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régimen y que era razonable y necesario adecuar el sistema político de representación a’ modelo de las democracias occidentales. Además, hay que tener en cuenta que en Ei~pa<a existe desde hace ya tres décadas una cultura política poco radicalizada, y que el recuerdo histórico de la guerra civil

<alentada por los “duros” del franquismo) incide en que se contemple con desconfianza la propaganda de la extrema derecha

<al igual que sucede con las propuestas de la extrema izquierda). En última instancia hay que considerar que la transición política representa un acontecimiento histórico muy reciente, lo que dificulta el que pueda tener éxito una propuesta antirrégimen o antisistema, a lo que se suma el papel de la memoria colectiva dejada por el régimen autoritario, que deslegitima todo aquello que se identifica con el pasado antidemocrático.

2.— Los posicionamientos doctrinales de la extrema derecha espa~ola apenas han sido retocados desde el término de la guerra civil hasta nuestro días. El intento más serio de renovación fue iniciado en la década de los sesenta por Gonzalo Fernández de la Mora, con el ánimo de dotar al régimen franquista de un ropaje ideológico tecnocrático, pero sus concepciones (fuertemente influidas por el pensamiento neoconservador norteamericano> sólo fueron asimiladas por algunos componentes de la élite política franquista, al tiempo que eran rechazadas <por “tecnocráticas” y “desideologizadas”) por los emergentes grupos de extrema derecha, cuya militancia

tenía, en líneas generales, una escasa formación ideológica pero estaba muy “politizada”. Posteriormente, el

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nacional—catolicismo de Fuerza Nueva enlazará con el pensamiento de la derecha tradicional y la derecha radical espa~ola de preguerra, incorporande ciertos rasgos falangistas, mientras que en muy contadas ocasiones los grupos neofalangistas son capaces de aportar elementos originales o de adecuar su discurso a la nueva situación. Asimismo, el discurso ideológico (integrismo católico, o ultranacionalismo falangista> y el léxico político siguen siendo los mismos en

1967 (muy vinculados a los de 1936) y en 1982; el debate interno en el seno del falangismo ha permanecido inmutable desde hace treinta anos sobre la base de cuestiones que han dejado de interesar al electorado. Cuando se produce la disolución del régimen franquista, son precisamente las fuerzas políticas de extrema derecha las que perciben el cambio político como una derrota y las que, si estaban dispuestas a participar en los procesos electorales, más deberían haber renovado su of erta (aunque sólo fuera como táctica política) y tratar de rentabilizaría en el nuevo orden político. Como todo proceso de transición, el caso espa~ol se caracteriza por ser un período de gran fluidez, lo que obliga a los actores políticos a replantear repetidamente la estrategia, e incluso el propio mensaje que se lanza a la sociedad. Pero los núcleos dirigentes de la extrema derecha no parecen capaces de responder ante esta situación. Y ello por dos razones: Por la forma en que los componentes dogmáticos se hacen presentes, de forma radical, en su ideología, como pone de manifiesto la interpretación providencialista de la historia que ha estado siemPre presente en el integrismo

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católico de Fuerza Nueva; y porque, en el caso de los grupos falangistas, sus r!irigentes se han movido, con contadas É

excepciones de personas que tenían una influencia reducida en la militancia, en un inmovilismo ideológico absoluto

<recurriendo una y otra vez a los textos de José Antonio Primo de Rivera) o han carecido de la formación política precisa para renovar y reanimar el pensamiento falangista. En resumen,

las distintas fuerzas de extrema derecha han permanecido, como trataremos de demostrar, aferradas a fórmulas ideológicas y a un léxico político trasnochado.

3.— Un tercer elemento que nos aproxima a la compleja realidad de la extrema derecha espa~ola, y que a~ade una dificultad más a su consolidación como fuerza política, es la percepción de la variedad de grupos existentes: nacionalistas católicos, falangistas prof ranquistas, falangistas disidentes del franquismo, neofranquistas, carlistas, neonazis. Es cierto que entre los tres núcleos principales, nacional católicos (Fuerza Nueva), neo-franquistas (Confederación Nacional de Ex—combatientes, y algunos núcleos de Unión Nacional Espa~ola y de Derecha Democrática EspaWola), y falangistas, existen diferencias ideológicas y estratégicas <algunas de ellas sustanciales), pero no parecen ser tan grandes si se comparan con los objetivos comunes: supresión o reforma radical de la Constitución, sistema de participación política canalizada a través de unas Cortes orgánicas, abolición de los estatutos de autonomía, solución del “problema vasco” mediante la intervención de las Fuerzas Armadas.. No obstante, y pese a que algunos de estos partidos han establecido alianzas electorales

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(Fuerza Nueva, F..E. de las J.Q.N.S. y C~rculos José Antonio), y que han mantenido conversaciones para conf r~rmar un partido único bajo el nombre de Frente Nacional, las relaciones mutuas han sido inestables y cargadas de desconfianza <entre Fuerza Nueva y la Confederación Nacional de Ex—combatientes), tensas

<entre Fuerza Nueva y F.E. de las J..O.N.S.) o francamente pésimas, hasta llegar al enfrentamiento físico (entre F.E. de las J.O.N.S. y FE.. de las J.O.N.S. —Auténtica—; entre Fuerza Nueva y F.E. de las J..O.N..S.. —Auténtica—).. Entendemos que esta situación, unida al personalismo de algunos dirigentes <y a otras razones ya expuestas o que siguen a continuación>, han incidido en la pérdida de militancia y de votantes de los partidos de extrema derecha (que tienen sus momentos álgidos

en 1969—1971 y 1978—1981>, lo que, unido al denominado “voto útil”, ha movido a una parte del electorado potencial de estas fuerzas políticas a inclinar su voto a favor de otros partidos, especialmente de Alianza Popular.

4..— Los recursos organizativos con que contaba la extrema derecha a la muerte de Franco eran limitados, pero disponía de una importante red de conexiones en todo el aparato del Estado, en la Administración y en las Fuerzas Armadas.. F..E. de las J.O.N.S., legalizada como partido político, va a heredar, gracias a las gestiones hechas por la Secretaría General del Movimiento, un importante número de sedes en las capitales de provincia, una militancia difícil de cuantificar y algunos cuadros políticos. Fuerza Nueva ha conseguido para entonces darse a conocer en todo el territorio nacional y cuenta con el apoyo de las Hermandades de Ex—combatientes, de ciertos

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gobiernos civiles, y de jóvenes oficiales y militares de alta graduación.. A partir de 1977 Fuerza Nueva inicia un crecimiento acelerado como partido político, hasta conseguir la apertura de sedes en casi todas las provincias espa~olas y en un gran número de pueblos, que la revista del partido sobrepase la tirada de 35.000 ejemplares, y disponer de una capacidad de movilización de sus militantes y de un elevado número de simpatizantes repetidamente demostrada. En esta misma etapa, los órganos de prensa que representan a la extrema derecha, principalmente “El Alcázar” y “El Imparcial”,

organizan sucesivas camparas de desprestigio de las instituciones democráticas y de los representantes de la clase política, así como de intoxicación mediante sencillas técnicas de manipulación de la información; hasta finales de 1981 “El Alcázar” conseguirá elevar de forma continua su tirada y circulará de forma libre o encubierta en buen número de las salas de oficiales de los cuarteles militares. Sin embargo, los partidos de extrema derecha van a conseguir unos muy limitados resultados en los sucesivos encuentros con las urnas y a fracasar, relativamente (como intentaremos demostrar>, en la puesta en práctica de la denominada “estrategia de la tensión”, destinada a provocar una insurrección militar.

Por lo que se refiere a la estrategia electoral, trataremos de argumentar la presencia de algunas carencias significativas. En el caso de Fuerza Nueva, el movimiento político más importante de los que aquí estudiamos, cabe se~alar que en ningún momento el partido elabora un programa electoral, de forma que tan sólo se apela al electorado para

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que vote y se movilice contra... y frente a..., a la vez que l~s valoraciones de signo positivo que aparecen en el transcurso de las camparas electorales son sumamente dogmáticas. Además, exceptuando un peque~o manifiesto ideológico fechado en 1976, no es hasta 1989 cuando se da a la luz un texto que puede ser calificado de documento doctrinal y programático. De esta forma se remite al posible votante a los discursos pronunciados por los distintos líderes en el transcurso de los mítines y concentraciones, a las que sólo acuden <máxime en este tipo de partidos> aquellos que ya están

“convencidos” de antemano, aunque en ocasiones y en función del “voto útil” den su apoyo a otra lista electoral. Si a esto unimos la mala imagen que tienen partidos como Fuerza Nueva y FE. de las J..O.N..S., a causa del comportamiento violento <con responsabilidad criminal en ciertas actuaciones) de algunos de sus militantes, y su identificación con los círculos de militares golpistas, se explica la escasa confianza otorgada por el electorado a estos partidos; sin olvidar que la entrada en Alianza Popular de numerosas personalidades del franquismo más conservador, atrae a este partido <que ha aceptado el juego democrático y la Constitución> a un elevado porcentaje de votantes de la extrema derecha..

Si atendemos a la denominada “estrategia de la tensión”, hay que se~ralar que la mayor parte de los dirigentes de la extrema derecha espa~ola han jugado la carta de alentar al Ejército a dar un golpe de estado, utilizando el descontento de numerosos mandos militares ante los sucesivos atentados de la organización terrorista E.T.A. y La falta de clarividencia

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con que se inicia el dpsarro!lo de los estatutos de autonomía.

Sin embargo, los representantes de la extrema derecha no actúan de forma coordinada, siendo un dato significativo el hecho de que el presidente de Fuerza Nueva, Blas Pirar, sea soslayado por los principales núcleos de civiles golpistas a la hora de entrar en relación con los círculos militares. Y esto por dos razones: Para evitar en lo posible que el golpe de estado se indentifique con un partido político concreto, pero también en razón de diferencias puramente personales. En realidad, pensamos, y trataremos de que este juicio valorativo quede bien reflejado en estas páginas, que la trama civil que trabaja a favor del golpe de estado entre 1977 y 1982, gira en torno a los diarios “El Alcázar” y “El Imparcial”, pero sin que exista una planificación conjunta de la operación. Es

evidente que esta situación, que nos presenta unos partidos y organizaciones de extrema derecha fraccionados, dificultará tanto la organización de apoyos civiles a los preparativos de

los militares golpistas como el propio éxito de la operación.

E.— Metodología..

Si por método de trabajo entendemos un conjunto de operaciones intelectuales, de ordenación y de evaluación de las fuentes, para aplicar unas técnicas que nos permitan conocer los procesos y situaciones históricas que nos hemos propuesto conforme a unas hipótesis, tras haber formulado claramente nuestro objetivo y seleccionado las variables relevantes, podemos resumir nuestras intenciones se~alando que nos proponemos estudiar las fuerzas políticas de extrema

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derecha existentes en Espa~a en el período comprendido entre 1967 y 1982. Para ello atenderemos tanto al cDmponente ideológico como al proceso de su desarrollo histórico, de manera que sea posible seguir la vida política de Fuerza Nueva, y de otros componentes de la extrema derecha espaR’ola, desde su creación como editorial hasta su desaparición como partido político, en profunda interconexión con el proceso político espa~ol en el tardofranquismo, transición a la democracia e inicio del proceso de consolidación de la monarquía constitucional-

Hemos estructurado la tesis en tres partes. La primera está dedicada al estudio de los antecedentes ideológicos que conducen a la conformación de la línea de pensamiento sobre la que se asienta la actividad política de la extrema derecha en el período estudiado, y al análisis de los distintos

parámetros que configuran la ideología y el léxico político propio de estas fuerzas políticas. En la segunda y en la tercera parte de este trabajo , adoptamos un enf oque secuencial incorporando al mismo un análisis tipológico de las fuerzas políticas que representan en cada etapa a la extrema derecha.

Respecto a la periodización por la que hemos optado

<1967—1962>, cabe se~alar que se ha escogido el a~o 1967 como -fecha de arranque de nuestra investigación por tener una doble importancia en relación al tema que nos ocupa. En noviembre de 1966 fue presentada a las Cortes la Ley Orgánica del Estado, la cual sería aprobada en referéndum nacional el catorce de diciembre y promulgada el 10 de enero de 1967. Con ella, pese

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a que no se resolvía el problema sucesorio, se pretendía completar el proceso iniciado para la instituc~onalización del régimen, y se sentaban las bases para una cierta apertura que iba a acentuar las discrepancias en el seno de la clase política del régimen. No es, por tanto, casualidad que en mayo de 1966 se constituya Fuerza Nueva Editorial, y que el número uno de la revista “Fuerza Nueva” salga a la calle el día cuatro de enero de 1967 con una portada en la que se reproduce una hoja de calendario correspondiente al 18 de julio,

rasgada, a punto de ser pisada, y rodeada de la consigna:

“Espa~a ha dicho: ni se pisa ni se rompe”. En cuanto a 1962, esta -fecha tiene, nuevamente, un doble significado para nuestro trabajo. En octubre de este a~o se produce la alternancia en el gobierno en virtud de la victoria electoral del P..SOE., la cual fue aceptada con normalidad, como un resultado de las reglas democráticas, por la casi totalidad de la sociedad espa~ola, situación que constituye, sin duda, un paso importante en el proceso de consolidación del régimen democrático. Además, y en virtud del escaso porcentaje de votos alcanzado en las - elecciones, Fuerza Nueva pierde el único escaso con que contaba en el Congreso de los Diputados y poco después decide su disolución como partido político;

seguirá funcionando como bisemanario y a través de una serie de asociaciones provinciales. Si a ello unimos el nivel de desorganización, desfase ideológico y pérdida de militantes que se hace presente en Falange Espa~ola de las J..O.N..S. (como ya había sucedido con anterioridad en otros partidos falangistas), podemos concl~ir afirmando que en 1982 se cierra

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una ‘~tapa en la historia de la extrema derecha espa~ola.

En esta periodización diferenciamos dos etapas en razón de que la extrema derecha se enf renta en el transcurso del período se~alado, al igual que sucede con el resto de las fuerzas políticas, a dos contextos políticos diferentes y adopta, por tanto, posiciones disimiles frente a los mismos.

Para su delimitación seguiremos a L. Morlino, quien ha expuesto la dificultad de dar dignidad teórica autónoma al

~cambio de régimen” y ha detallado los estados principales (instauración, consolidación, persistencia estable e inestable, crisis y hundimiento) que puede atravesar un cambio de régimen (53)..

La primera etapa (1967—1976) está representada por la

“crisis sucesoria” del régimen, en torno a la cual 105 distintos sectores de la clase política franquista mantienen posturas divergentes y tratan de imponer su modelo de resolución a una crisis que se abre a partir del momento en que la sucesión del jefe del Estado, general Franco, planea como una sombra sobre el régimen. La extrema derecha mantendrá una inequívoca defensa de los valores primigenios del sistema, oponiéndose a la apertura y reforma del organigrama político franquista. La segunda etapa <1977—1962) está constituida por el desarrollo del proceso de transición del autoritarismo a la democracia, y el inicio de la etapa de consolidación del nuevo régimen democrático. La extrema derecha, representada por varios partidos anti—régimen y algunos núcleos minoritarios anti—sistema, inicia, entonces, una oposición frontal haciendo uso de una estrategia electoral y de~ una “estrategia

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de la tensión” a fin de de~estabilizar el proceso político abi evto.

A la hora de estudiar la evolución, primero, y transformación, después, del régimen franquista, hemos adoptado una línea metodológica que nos permita comprender la complejidad del proceso y contemplar las distintas variables a las que debemos atender. Partiendo de un enf oque complementario, entendemos que los cambios económicos y sociales que acontecen durante el franquismo no explican por si mismos la transición del autoritarismo a la democracia, y que el cambio político espa~ol debe ser estudiado prestando especial atención a factores “políticos”, entendiendo por tales las diferentes concepciones y estrategias desarrolladas por las fuerzas que participan, en mayor o menor medida, en el proceso de cambio de régimen (54).

La teoría social siempre ha considerado problemática la valoración de la relación causal entre la estructura general

de una sociedad y su constitución política real.. No debe extra~arnos, por tanto, que en la actualidad la evaluación de esta relación continúe alimentando una vieja polémica y que el acercamiento al proceso que supone el cambio de régimen político se haga desde distintos modelos de análisis: teoría marxista, teoría funcionalista, y la que se ha dado en denominar teoría general de sistemas.

El análisis marxista, que buscaba en sus orígenes hacer frente a una concepción histórica dominada por la lucha de los dirigentes políticos, establece que el devenir histórico está dominado por la evolución de las relaciones entre las clases,

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sostiene que los factores determinantes de la dinámica política no son los factores políticos sino la infraestructura económica, y trata de relacionar todas las manifestaciones de

la vida política con un supuesto fundamento económico. Si bien es cierto que este marxismo esquemático ha sido superado, también lo es que los imperativos deterministas (de lo político por lo económico) no han dejado de hacerse presentes en las propuestas metodológicas de los autores marxistas. Así, no dudan en afirmar que el cambio o transformación de un régimen político se produce por la “descomposición de una situación de dominio de clase” o en razón de una crisis en la

“coalición social hegemónica”; en esa coyuntura las clases económicamente dominantes, al tener que hacer frente a nuevas exigencias funcionales, modifican la estructura política para mantenerse en el poder, “conscientes del riesgo que representaban o representan los regímenes de dictadura para el ejercicio de su hegemonía en el seno del bloque en el poder”, tal como expone Nicos Poulantzas (55).. Esta visión althusseriana ha sido aplicada al caso espa~ol por Rodríguez Aramberri en un trabajo en el que sostiene que “en el cambio en la relación de fuerzas sociales y políticas, marcado por una creciente parálisis del Estado franquista, una crisis incipiente de legitimación del poder y un ascenso considerable del movimiento de masas (....) amenazaba con convertirse en una

crisis de la dominación burguesa” (56); con anterioridad, otros estudios habían venido a poner el énfasis en la lucha de

clases para explicar la transformación del régimen (57)..

Frente a estas aseveraciones, creemos que Jorge de Esteban y

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