CENIZAS PARA EL VIENTO Y OTRAS HISTORIAS: UNA LECTURA FENOMENOLÓGICA
SERGIO ANTONIO MURCIA GAMBOA CÓDIGO: 20061160009
UNIVERSIDAD DISTRITAL FRANCISCO JOSÉ DE CALDAS FACULTAD DE CIENCIAS Y EDUCACIÓN
LICENCIATURA EN EDUCACIÓN BÁSICA CON ÉNFASIS EN HUMANIDADES Y LENGUA CASTELLANA
CENIZAS PARA EL VIENTO Y OTRAS HISTORIAS: UNA LECTURA FENOMENOLÓGICA
SERGIO ANTONIO MURCIA GAMBOA CÓDIGO: 20061160009
Propuesta de trabajo de grado para optar por el título De Licenciado En Educación Básica Con Énfasis En Humanidades Y Lengua Castellana
Dr. CARLOS ARTURO GUEVARA AMÓRTEGUI DIRECTOR
UNIVERSIDAD DISTRITAL FRANCISCO JOSÉ DE CALDAS FACULTAD DE CIENCIAS Y EDUCACIÓN
LICENCIATURA EN EDUCACIÓN BÁSICA CON ÉNFASIS EN HUMANIDADES Y LENGUA CASTELLANA
CENIZAS PARA EL VIENTO Y OTRAS HISTORIAS: UNA LECTURA FENOMENOLÓGICA
CARLOS JAVIER MOSQUERA RECTOR
GIOVANNI RODRIGO BERMÚDEZ VICERRECTOR ACADÉMICO
MARIO MONTOYA CASTILLO
DECANO FACULTAD DE CIENCIAS Y EDUCACIÓN
IRMA ARIZA PEÑA SECRETARIA ACADÉMICA
MARGOTH GUZMÁN MUNAR
COORDINADORA DEL PROYECTO CURRICULAR DE LICENCIATURA EN EDUCACIÓN BÁSICA CON ÉNFASIS EN HUMANIDADES Y LENGUA
CASTELLANA
UNIVERSIDAD DISTRITAL FRANCISCO JOSÉ DE CALDAS BOGOTÁ D.C.
AGRADECIMIENTOS
Debo este logro a muchas personas:
A la Universidad Distrital Francisco José de Caldas por haberme acogido en sus aulas.
Al Doctor Carlos Guevara, quien con sus consejos me llevó a realizar este proyecto y poderlo ver hoy llegado a feliz término.
A los profesores, quienes siempre me guiaron en el quehacer investigativo y docente.
A los buenos amigos, quienes me alentaban a seguir cuando no quería y a reír cuando no podía.
Resumen Analítico en Educación – Trabajos de Grado 2015
FACULTAD DE CIENCIAS Y EDUCACIÓN
LICENCIATURA EN EDUCACIÓN BÁSICA CON ÉNFASIS EN HUMANIDADES Y LENGUA CASTELLANA
RESUMEN ANÁLITICO EN EDUCACIÓN
Aspectos Formales
Tipo de documento Monografía Tipo de impresión Laser
Acceso al documento Universidad Distrital Francisco José de Caldas, Biblioteca Central.
Título del documento Cenizas para el viento y otras historias: una lectura fenomenológica.
Autor (es) Sergio Antonio Murcia gamboa Director Carlos Guevara Amórtegui
ASPECTOS DE INVESTIGACIÓN
Palabras claves Fenomenología, tiempo, mundo ser, metáfora
Descripción
El presente estudio es una oportunidad para entender la
forma en cómo la fenomenología, la ciencia de las esencias,
marca un camino alternativo y rico para entender las obras
literarias. Al mismo tiempo, hablar de Cenizas para el viento
y otras historias conlleva al acercamiento a una de las obras
Resumen Analítico en Educación – Trabajos de Grado 2015 Bibliografía
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.
Contenido
los principios de la fenomenología como disciplina y camino
teórico que marca el rumbo del análisis; se busca
establecer los conceptos claves que van a guiar la
investigación. Después se relaciona el medio
latinoamericano, en especial el medio histórico colombiano,
con el fin de apreciar el horizonte que Cenizas para el
viento y otras historias devela en clave literaria. Finalmente
el trabajo muestra la lectura que se hace de la obra, a partir
de las pautas teóricas de la fenomenología y su relación
con las obras de arte.
Metodología
La fenomenología como método de análisis de las obras de
arte ofrece la posibilidad de ver múltiples dimensiones de
las mismas. Tratándose de literatura y narraciones, es
posible las relaciones que existen entre la obra literaria y
los contextos en donde esta se concibe y aparece, ya sean
históricos, espaciales o situacionales.
De esta manera, a partir de las definiciones
fenomenológicas de conceptos como mundo de la vida, ser
y tiempo, entre otros, se hace posible el descubrimiento de
dimensiones ocultas de las obras literarias. De esa
metodología se partió para esta lectura.
Conclusiones
más que forma que se analiza a través de métodos cartesianos.
La intersubjetividad de los personajes hace que se puedan tejer
diferentes mundos de vida dentro de la obra. En esta dialéctica
de dotación de sentidos, entre lector y obra, van apareciendo
de a poco nuevas sensibilidades para comprender las historias.
Las metáforas pasan de ser la convencional transposición de
un significado por otro, para constituirse como estrategia
narrativa que no se limita exclusivamente a la forma, sino que
trasciende para acceder un conocimiento integral del tiempo y
el espacio de las mismas, a los mundos de vida de los
personajes y a las extrapolaciones que la obra logra hacer con
la realidad.
TABLA DE CONTENIDO
Resumen ... 14
Abstract ... 15
Introducción ... 16
Primera parte ... 19
I. La lectura fenomenológica ... 20
II. El mundo de la vida, condición primordial para la reducción trascendental: Colombia y América Latina en los años de Téllez ... 31
Segunda parte ... 40
I. Hernando Téllez y Cenizas para el viento y otras historias ... 41
II. Cenizas para el viento y otras historias: una lectura fenomenológica ... 47
Conclusiones ... 93
I. Apuntes para situar a Cenizas para el viento y otras historias en el contexto de la tradición literaria colombiana ... 94
Bibliografía ... 101
RESUMEN
Este estudio se presenta como una oportunidad de hacer una lectura diferente de lo que es la obra literaria: una lectura desde la fenomenología, como la disciplina de las esencias. A partir de la lectura y las reflexiones en torno a distintos investigadores, se ha considerado que estamos ante un campo fértil para la elaboración de estos estudios, entendiendo las obras literarias, a sabiendas que estamos ante obras de arte cuando las leemos, como algo más que un contenido anecdótico. Al pensar de esta manera se pueden ver las obras literarias como un campo trascendental, en donde podemos edificar interpretaciones desde lo eidético, lo propiamente esencial; para esta lectura, la fenomenología, como marco teórico, se nos ofrece como mejor aliada.
Cenizas para el viento y otras historias, obra de Hernando Téllez, ayuda a que se cumpla
un doble objetivo: en primer lugar, nos hace redescubrir una obra que ha sido trabajada poco en la crítica literaria nacional, lo cual motiva a traerla a colación como una obra de estilo único y rico de los mediados del siglo XX en Colombia; en segundo lugar, al tiempo que se habla de redescubrir una obra, se tiene también la ocasión adecuada para aplicar una lectura trascendental como la que se busca.
ABSTRACT
This investigation is presented as an opportunity to make a different reading of literary works: reading from phenomenology, understanding this as the science of essences. Reading the works and reflections on various authors, phenomenology is considered that a fertile topic for the development of these studies, understanding literary works, knowing these as art, as more an anecdotal content. Thinking this way, you can see literary works as a transcendental field, where we could build interpretations from the eidetic, the strictly essential; for this reading, phenomenology, as a theoretical framework, we offered as best ally.
Cenizas para el viento y otras historias, the work of Hernando Téllez, helps it meets two
objectives: firstly, makes us rediscover a work that has been worked little in the national literary criticism, which motivates them to bring it up as a work of unique and rich of the mid-twentieth century style in Colombia; secondly, while speaking to rediscover a work, you have also the right time to implement a transcendent reading and sought.
Introducción
La realización de este trabajo responde a una curiosidad no saciada; quisiera pasar por el intento de realizar una lectura de una obra literaria. A primera vista parece una tarea común y que no sobrelleva un exhaustivo, aunque siempre cuidadoso, trabajo. Mas cuando señalamos que buscamos realizar una lectura fenomenológica de una obra literaria, esta tarea se vuelve algo compleja, quizás mucho. Se han visto otro tipo de análisis de las obras literarias, desde numerosas y múltiples perspectivas, como el formalismo, el estructuralismo, la criometría (esto para los libros de historia), etc. Pero poco se ha visto, o por lo menos poco estamos acostumbrados a ver, lecturas de obras literarias que superen la superflua facticidad de las letras. Se valora la forma pero no el trasfondo, por tanto, se tiende a obviar el sentido inmanente de la obra. Queremos pues hacer en este trabajo algo diferente; buscamos trazar un camino mediante el que se puede llegar a ese sentido que la obra literaria, como arte legítimo, guarda dentro de sí. Dicho de otro modo, buscamos llegar a la esencia de la obra literaria.
Para esta labor, consideramos que el mejor método para aproximarnos a la obra proviene la fenomenología, también conocida como la ciencia de las esencias. En esta disciplina, en términos de su fundador Edmund Husserl, el percibir no es un vacío tener las cosas
percibidas, sino un fluyente vivir apariciones subjetivas (Husserl, Artículo de la
Enciclopedia Británica: 18). El método que usa la fenomenología para acercarse a todo
fenómeno que se pone bajo su análisis es la epojé o reducción trascendental de los
fenómenos, método que supone alejarse de toda corriente de análisis regida por postulados positivistas o cartesianos. La finalidad de la epojé es el comprender cómo se da el fenómeno, obra de arte en nuestro caso, como elemento que moviliza sentido ante la conciencia. Este modo de conocimiento se da en el marco de un mundo de la vida o
Lebenswelt, lugar en donde reside toda experiencia, toda vivencia. De esto se hablará más
Tenemos en principio nuestro objetivo claro: trazar, mediante postulados fenomenológicos, un camino para llegar a una comprensión de la obra literaria, que conduzca a hallar sus elementos esenciales. Ahora bien, para la realización de este trabajo hemos escogido como objeto de estudio la obra de cuentos Cenizas para el viento y otras historias del escritor colombiano Hernando Téllez. El hecho de haber escogido esta obra como objeto de estudio podría tomarse como un simple pretexto. Y en realidad lo es, un pretexto para demostrar cómo las obras literarias, como arte vivo que son, poseen un poder revelador del mundo en su interior. Este interrogante se resuelve a través del tratamiento fenomenológico de la obra de arte que proponemos a lo largo de este trabajo. Podría cuestionársenos la realización de este trabajo, inquiriendo nuestro objeto de estudio; podrían decir que si nuestro objetivo primordial es mostrar un camino para hacer una lectura fenomenológica de la obra literaria, ¿por qué escoger una obra de cuentos colombiana de 1950? ¿No hubiésemos podido, acaso, escoger otra obra? Sí, en realidad teníamos la posibilidad de escoger otra obra literaria para nuestro trabajo; ya hemos dicho antes que el haber escogido a Cenizas para el
viento y otras historias obedece a un pretexto; pero es un pretexto delicioso.
literario de la primera mitad del siglo XX en Colombia, quien a su vez fue dueño de un brillante estilo narrativo. Asimismo buscamos con nuestra lectura situar esta obra, la única obra literaria dejada por el autor muerto intempestivamente en 1966, dentro del contexto de la tradición literaria colombiana.
Vemos que nuestro capricho, nuestro pretexto, no es tan simple ahora; vemos que la obra que hemos escogido posee un carácter revelador amplísimo de la realidad en que fue escrita, adquiriendo por ello una riqueza conceptual y literaria.
I. La lectura fenomenológica
¿En qué consiste una lectura desde la fenomenología? ¿Cómo podemos entender lo poético desde lo fenomenológico? Son quizás dos preguntas grandes a las que se intenta dar
respuesta en este trabajo. En el presente apartado se trazan las líneas teóricas que guían el análisis de la obra que se ha escogido para el análisis.
1. ¿Qué es la fenomenología?
La fenomenología es, en términos de Edmund Husserl, la ciencia de las de esencias. Considera ante todo que el ser humano debe regresar a la esencia de las cosas a partir de su condición sensible, la cual es capaz de llevarle a que supere cualquier superfluidad que le impida vivir plenamente el mundo que habita. Esta disciplina surgió a finales del siglo XIX y comienzos del XX, en el momento en el que se vivía un ambiente de crisis en los ámbitos académicos. Husserl denuncia que las ciencias humanas, o dicho por él mismo las ciencias
morales, están regidas por una concepción naturalista y positivista, la cual las tiene en un
profundo desconocimiento de sus objetos de estudio. Este psicologismo que rechaza Husserl consiste en la matematización que han hecho estas ciencias de cosas tan humanas como la memoria, la percepción y la inteligencia, concibiéndolas como hechos fácticos. No obstante, esta crisis no solamente está presentada en las ciencias humanas; también se hace extensiva a todas las ciencias, pues la crítica de Husserl va dirigida, más que a las ciencias mismas, a los métodos y modos de conocimiento.
objetiva de las cosas, es decir tomándolas aisladamente para conocer sus propiedades verificables, Edmund Husserl propone un giro trascendental; formula que el conocimiento verdadero y trascendental de las cosas está en el ámbito mismo de la sensibilidad humana, frente a ellas. Por tanto, dicho pensador apuesta a dejar de pensar en las cosas del mundo como simples hechos para comenzar a pensar en fenómenos. El fenómeno, tal como lo piensa Husserl, es una entidad cargada de sentido, el cual se manifiesta en su ser, su
esencia. Las cosas se llenan de valor de acuerdo con la experiencia del sujeto, en la medida
en que este entre en contacto con estas; aun lo esencial tiene que ver con la vivencia concreta del hombre con la realidad. El fenómeno es cosa y a la vez es sentido. Por tanto, ese pregón de volver a las cosas mismas significa la necesidad del hombre de hacer uso de su intuición para dar sentido a todo ese mundo que le es dado previamente y en el que vive a lo largo de su existencia. Se funda entonces la actitud fenomenológica, la herramienta que permite al ser humano vivir plenamente el mundo, conocerlo ahora de manera trascendental. Fenomenología es, nos dice Husserl, una ciencia eidética que quiere llegar
exclusivamente a “conocimientos esenciales” y no fijar, en absoluto “hechos” (Husserl,
Edmund.; 1949: p.10).
Es pertinente entonces apropiar la definición de la fenomenología formulada por Daniel Herrera Restrepo, autor que ha estudiado ampliamente la obra de Husserl, quien a partir de sus rigurosas lecturas la sintetiza, ubicándola como método descriptivo cuyo objetivo es un saber sobre el mundo de la vida como el verdadero a priori universal concreto de nuestra experiencia sobre cuyo suelo nos es dado construir mundos especializados como lo son,
por ejemplo, el mundo de la cultura y el mundo universitario(Herrera, 2002:15). Hablar de
decir de Walter Benjamin, lo cual coarta y mutila al objeto observado otorgando tan solo una visión sesgada de la realidad.
Se puede pensar, por ejemplo, en alguna canción vieja que no hayamos escuchado hace mucho tiempo; supongamos que de repente, al ir caminando por la calle, encontremos un saxofonista interpretando las notas de esa canción. Es posible que el saxofonista no sea el mejor o que el saxofón esté desafinado, y sin embargo hemos reconocido la canción; al reconocerla hemos evocado el recuerdo de la primera vez que la escuchamos en la vida, la añoranza de algún lugar al que nos conduzcan las notas musicales o las remembranzas de un viejo amigo. ¿Qué ha ocurrido aquí? Simplemente la canción ha acontecido; hemos pensado en ella obviando su facticidad, olvidando los decibeles.
Hallar la esencia de las cosas es, entonces, constituir su valor trascendental en la experiencia humana ya sean estas presentes y corpóreas o pretéritas e incorpóreas; este hallazgo representa un tesoro rico por su unicidad y a la vez por su multiplicidad. Husserl dejó una honda estela en el mundo de la filosofía cuando propuso que existía un camino alternativo hacia el conocimiento de todo fenómeno, que relegaba a las clásicas matematizaciones y teorías positivistas a un plano menor. Autores como Heidegger, Ricoeur y Gadamer entre muchos, por cierto deudores de Husserl, apuntan en sus obras al desarrollo de la misma idea. Para Husserl, en este juego de esencias, la verdad que emerge de todo elemento lo hace fundada en una correlación entre hombre y mundo; dicha correlación posibilita que todos los objetos, tangibles o no, sean sometidos a una reducción
trascendental para ver más allá de su existencia física. Todo saber, según Husserl, se
abierto.
2. Mundo de la vida
¿Y cuál es este mundo, que es dado previamente, en donde se construyen las experiencias? Husserl lo llamó mundo de la vida, un escenario amplísimo en donde reside el constante acontecer de la experiencia humana, en sus vivencias tanto cotidianas como extraordinarias. Es un mundo que aunque nacido de lo fáctico y lo tangible, no es una representación de lo formal y lo práctico, lo objetivo si se quiere; si así se lo pensara, el mundo no sería nada que no conociéramos y el hombre estaría simplemente como un ornamento más, casi inerte, presente ahí. Contrario a eso, el mundo de la vida es una construcción llena tanto de todo cuanto es conocido como de misterios, en el que constantemente el hombre siente, percibe, recuerda, imagina y realiza un sinnúmero más de acciones en las que hace gala de su sensibilidad. Todo está allí puesto, pero no es el todo en el que las cosas se agotan con relaciones de una mera causalidad; es el todo en donde el conocimiento de las cosas emerge de la conciencia, lugar donde a su vez nace el sentido.
Dicho de otra manera, el mundo de la vida está indefectiblemente delante del ser humano. En medio de ese horizonte cada cosa es ella misma, al decir de Husserl, pues si bien tiene su propia facticidad, también es su pasado, su utilidad sea esta práctica o imaginativa, es una esencia. La esencia de cada cosa acontece en tanto la conciencia de del ser humano le da sentido. Hay aquí un mundo para ser vivido, para ser intuido, para acercar al hombre a una certeza plena de la existencia misma. La fenomenología pone el mundo como escenario, mostrándolocomo la clave de la edificación de sensaciones, de la percepción de las esencias presentes en toda la facticidad que circunda al hombre. Es este un mundo de
evidencias originarias en el que se da cada presencia inmediata en la percepción como
«ello mismo», o bien recordado en el recuerdo como ello mismo (Husserl, Edmund.; p
Husserl advirtió su postulado de mundo de la vida justamente cuando su olvido hizo evidente una crisis profunda en el ámbito de las ciencias. El olvido de este mundo de sensaciones era la causante principal para que el hombre fuera pensado como un ser cosificado; lo más grave de ello era el generalizado desconocimiento del hecho de que el mundo real y objetivo que se tenía como patrón para mostrar verdades universales, está inexorablemente ligado, enraizado, al mundo de la vida. Todo conocimiento, inclusive el de las ciencias exactas, nace en virtud de una intuición y una curiosidad por dilucidar aquello que se desconoce. Si Madame Curie descubrió la existencia del Radio en su estado puro, fue porque de su entraña científica surgió la intuición de que era posible. El mundo de la vida no es un mundo de elementos aleatorios o rutinarios en la agenda del hombre; ese mundo el que dicta la actitud natural de la que la fenomenología quiere rescatar al hombre. La vida es un fluir de acontecimientos, enmarcados en la cotidianidad, donde cada elemento nos es dado para ir a su esencia, para pensarlo como una totalidad de sentido en el que constantemente se produce comprensiones y conocimientos, reconstruyendo al ser.
Es esto último lo que Husserl y la fenomenología se han encargado de rescatar en la siempre compleja tarea de comprender y conocer.
3. La epojé o reducción fenomenológica
experiencia como sí con sus modos paralelos (percepción como sí, retención como sí, recuerdo como sí) entonces también podemos esperar que haya una ciencia apriórica que se mantenga dentro el reino de la posibilidad pura (de la posibilidad de representar y fantasear) la cual en lugar de juzgar sobre efectivas realidades del ser trascendental, lo hace más bien sobre posibilidades a priori, prescribiendo así, al mismo tiempo, reglas a
priori a esas realidades efectivas (Husserl, 1997: 40) Husserl, al hacer tal revelación,
establece que el alcance de la conciencia del hombre como entidad que dota de sentido de todo cuanto está puesto en su horizonte, se extiende a un sinnúmero de posibilidades de conocimiento en la experiencia. Por este camino es por donde comienza la posibilidad de creación de mundos, al decir de Daniel Herrera.
Nos encontramos entonces ante la epojé o reducción trascendental, en la cual el hombre, al establecer una interacción con las cosas, relacionarlas, recordarlas, está siendo consciente de ello. Es mediante esa conciencia de estar ahí que dota de sentido a las cosas y, por consiguiente, a su mundo y su historia. En ese momento de experiencia es en donde realiza la suspensión del juicio de las cosas dependiente de la actitud natural para acercarse de lleno a los fenómenos, o las cosas fenomenalizadas, y descubrir su esencia. Con ello
ponemos fuera de juego la tesis general inherente a la esencia de la actitud natural. Colocamos entre paréntesis todas y cada una de las cosas abarcadas en sentido óntico por esta tesis, así, pues, este mundo natural
entero, que está constantemente “para nosotros ahí delante”, y que seguirá
estándolo permanentemente como “realidad” que tenemos de conciencia,
aunque nos dé por colocarlo entre paréntesis (Husserl, Edmund.; 1986: p.
73).
de actos y fechas establecidas en agendas pretéritas para constituirse en una colcha de retazos, tejida de vivencias.
4. La literatura como la materialización de un devenir fenomenológico
Ahora bien, habiendo situado la disciplina fenomenológica en estas generalidades, como el lugar donde imperan la intuición y la experiencia, nos adentramos en una misión compleja. Se busca realizar una lectura fenomenológica de la obra de arte, más precisamente de la obra literaria; se quiere llegar a su esencia recorriendo el camino de la epojé. Es esta una tarea compleja, si tenemos en cuenta que no queremos agotar la obra en sus recursos mecanicistas, debido a que no se hace posible con ello legar a una comprensión completa de la realidad materializada por ésta. La literatura es arte y, por ende, conocimiento; es un saber construido a partir de la experiencia sensorial e intuitiva de un mundo dado. Es el mundo el lugar donde están presentes todas las cosas y a la vez es éste una de ellas, siendo la principal a la que el autor dedica su visión intuitiva; el fin último del autor es aproximarse a una realidad eidética y de la cual manifiesta su verdad, su proximidad en el recurso figurativo y de mediación que posee el lenguaje. En suma no se busca leer la obra literaria tanto como buscamos vivirla, experimentarla.
¿Por qué hacer una lectura fenomenológica de la obra de arte? Situemos antes conceptualmente a la obra de arte. Nos dice Heidegger que esta es, antes que todo, una
mera cosa, como cualquier elemento tangible y la cual presenta inamovible su Digheit o
cosidad. No obstante, esa cosa llamada obra de arte revela simultáneamente a su existencia
fáctica “algo” que le otorga su dimensión artística; es alegoría (Heidegger, 1956: 41). Lo
cósico de la obra de arte reside en la materia de que está forjada, de hecho lo mismo pasa con todas las cosas; sin embargo hay una propiedad que la hace sobresalir dentro de ese universo de cosas presentes en el universo; su autosuficiencia. Tiene vida propia, nos habla de frente. Gadamer refuerza esta tesis cuando afirma que la obra de arte es una unidad
orgánica (Gadamer, H.G.; 1991: p. 105), tan preciosamente llena de vida que incita, más
experiencia sobre el mundo, pretendiendo así reproducir la esencia misma de las cosas. Veamos, por ejemplo, el poema El Cadalso de Antonio Machado:
La aurora asomaba lejana y siniestra. El lienzo de Oriente
sangraba tragedias, pintarrajeadas con nubes grotescas.
………..
En la vieja plaza de una vieja aldea,
erguía su horrible pavura esquelético
el tosco patíbulo
de fresca madera…
La aurora asomaba lejana y siniestra.
El cadalso nos es mostrado como aquel lugar donde moran las tragedias de los condenados, sembrado en la mitad de un ambiente lúgubre y desolador, testigo de la sangre y las desgracias con su ruin roce frente a las multitudes. Vemos que el poema no agota el cadalso en su descripción técnica; no nos ha dicho que es de madera, apuntado con clavos y que sirve para ajusticiar criminales; y sin embargo nos ha dicho la verdad. Nos ha hablado de otra manera y aun así nos ha manifestado lo cierto del cadalso, ha hecho ver lo que en verdad es, su esencia. De eso precisamente es que se trata la autosuficiencia que hace exclusiva la obra de arte de las demás cosas en el mundo.
obra de arte, el poema en este caso, nos dejara ver su universo oculto, pues no la hubiéramos dejado hacer gala de su autosuficiencia. La obra de arte ha hablado por sí sola. Se ha hecho una lectura con el uso de la intuición. El resultado de esta lectura nos llevado a la esencia de la cosa citada en la obra, a la percepción de su próxima realidad y a su experiencia como vivencia, aun sin tener un cadalso de cuerpo presente. Así pues, un poema sobre la soledad nos describirá la vivencia de la soledad más allá de un estado
mental, un cuadro como “La nieve en Louveciennes” de Sisley nos llevará al frio mismo de
la nieve. Se hace una lectura fenomenológica del arte porque es quizás éste el mejor y más propicio escenario, aún más que la misma ciencia, para poner en vilo los valores del mundo. Se da esto porque después de todo, las sensaciones, de acuerdo con Maurice Merleau-Ponty, no es otra cosa que una determinada manera de ser en el mundo, que el cuerpo toma y asume más allá de lo sensorial, como una comunión. La literatura en nuestro caso representa el rastro de la expresión de la realidad como vivencia, como sensación viva en un espacio, con alma e historia. Vemos la literatura como un compendio de huellas que hace posible comprender al hombre en su espacio y su tiempo. Por tanto, comprender el arte desde una perspectiva fenomenológica significa sumergirse en la obra, escuchar lo que nos dice, indagar sobre su historia, sobre su tiempo, sobre quién y por qué la hizo; en suma, comprender el arte desde la fenomenología es vivir la obra.
Se junta entonces todo lo que hasta aquí hemos visto: un mundo de la vida, lleno de fenómenos, conocidos y misteriosos, tangibles e incorpóreos, hechos para que un sujeto (poeta/artista) busque su esencia; entra el poeta al hacer contacto con ellos para vivir su experiencia y al hacerlo les otorga un sentido, pues es un sujeto dotado de conciencia; al otorgar ese sentido a los fenómenos en su vivencia, el artista posee ya un conocimiento esencial, nacido de su intuición y que materializa con el lenguaje poético, buscando con ello las más adecuadas palabras en la configuración estética de su obra. No hay entonces una obra literaria, y menos en el caso latinoamericano, cuyo autor pretenda escribir por escribir; si lo hace, es porque se siente invadido de una intencionalidad, la necesidad de comunicar algo, de poner en evidencia e impugnar su mundo, siendo absolutamente consciente de la eterna incompletud de su existencia. El deseo irrefrenable de plasmar en letras los sucesos de la humanidad es, recalcamos, fruto de la más pura actitud fenomenológica, que propone al lenguaje como posibilitador de la creación de mundos nuevos, de mencionar elementos que adquieren una identidad única cuando se les nombra.
No es gratuito entonces que se quiera hacer una lectura fenomenológica de la literatura, pues este tipo de lectura hace posible adentrarse en la esencia de los fenómenos que se plasman allí. Esto último cobra más validez si se tiene en cuenta una vez más, que un objeto no es solamente su presencia de facto; si bien la realidad de todo objeto es su físico,
su cosidad, su utilidad, su servicio, pero también lo es su historia, sus evocaciones, sus
pura forma de conciencia del mundo, es quizá la más cósmica forma en la que le hombre pueda conocerse.
5. ¿Por qué estudiar la obra de Hernando Téllez?
Entendemos entonces cómo la literatura se presenta ante nosotros como un modo de conocer el mundo y sus vivencias. El mundo que nos circunda tiene la posibilidad de ser conocido si leemos a nuestros poetas. El haber seleccionado a Hernando Téllez para que sea nuestro autor por estudiar, responde a varios intereses que sobre este autor no se han resuelto, como su lugar dentro la vasta gama de escritores colombianos. No obstante, el adentrarnos en su obra Cenizas para el viento y otras historias, es una respuesta al querer dilucidar cómo la literatura se nos presenta como un elemento revelador de la realidad por medio de la poetización. El escritor, después de adentrarse en sí mismo, al decir de Rilke, tiene la posibilidad de enunciar sus vivencias, avatares, fugas, anhelos y demás sentires que vayan encauzados en el afán irrefrenable por revelar a la conciencia de la incompletud de su mundo. Leer a nuestros autores representa conocer nuestra realidad, la atmosfera que habitamos o que hemos habitado.
Consideramos que la obra de Hernando Téllez, y en particular Cenizas para el viento y
otras historias nos da esa posibilidad de revelar las turbulencias del tiempo en que fue
II. El mundo de la vida, condición primordial para la reducción trascendental: Colombia y América Latina en los años de Téllez
Las piedras son tiempo El viento Siglos de viento Los árboles son tiempo Las gentes son piedra El viento Vuelve sobre sí mismo y se entierra En el día de piedra No hay agua pero brillan los ojos
Octavio Paz
Hemos hablado de lo que significa el mundo de la vida, de sus implicaciones trascendentales, espaciales y temporales. Se ha dicho también que es la primera condición para que, en una visión fenomenológica del mundo, se dé la epojé o reducción trascendental. Dado que lo que estamos analizando en este trabajo es una obra literaria,
Cenizas para el viento y otras historias, es necesario situar la obra en el contexto en que
fue escrita. Si hemos de pensar una obra literaria como el fruto materializado de vivencias y experiencias de quien la escribe, nuestra tarea se vuelve compleja. Para comprender y explicar el surgimiento de la obra literaria, como auténtica expresión del mundo de la vida,
es necesario dividir nuestro trabajo en dos partes: en primer lugar abordaremos el problema del surgimiento de la obra literaria como el fruto de la relación del hombre con su mundo
de la vida, en un marco constituido por intersubjetividades y elementos culturales. La
creación literaria, particularmente de Cenizas para el viento y otras historias, tareas que al final nos darán elementos analíticos suficientes para adentrarnos en la lectura fenomenológica de la obra que vamos a tratar.
1. Cultura e intersubjetividad en América Latina
No hay ninguna duda que el hombre se construye a partir de su entorno. Se reconoce dentro de su espacio y se sabe como un sujeto de mediaciones, que existe, interactúa, se relaciona con otros individuos. El lenguaje es el elemento que le permite comunicarse, ponerse en común con otros seres humanos. Es tal su importancia que todas las cosas llevan nombre, todo cuanto vive y experimenta. Inclusive las cosas que no vive, que no conoce, que aún no experimenta o que planea hacerlo, también viven dentro del lenguaje; es la llave para conocer y manifestar su mundo de la vida. Se asume, por tanto, una identidad dentro del mundo. Al mismo tiempo, en el proceso de la construcción de esa misma identidad, se integra a los otros sujetos como parte de la experiencia propia. Pero esta identidad no es construida individualmente; antes bien, es preciso que el ser humano, previamente se asuma en relación con otros pares a él.
Tenemos en el lenguaje, por consiguiente, el elemento básico para la interacción humana y la clave para conocer y experimentar el mundo. No obstante, no es este el nivel primordial en el que la humanidad se desenvuelve en su continuo trasegar por la vida. Ciertamente el lenguaje es una clave, la más importante, pero es tan solo una herramienta para la construcción de la verdadera atmósfera en la que habita la constitución del complejo mundo humano. Esta atmósfera no puede ser otra que la cultura.
factores, hace que el mundo actual sea sin duda un lugar turbulento. Estudiar la historia de un mundo así puede volverse una tediosa tarea, en la que se corra el riesgo de encarnar una continua profanación de tumbas y conciencias, para conocer la verdad de su devenir. América Latina y por ende Colombia, no han sido para nada ajenas a esta situación de continuo y vertiginoso cambio. Por tanto, en este capítulo se hará una aproximación a la situación colombiana de la primera mitad del siglo XX. Será una aproximación de corte histórico, cultural y social que permita comprender esa atmósfera de la que surge Cenizas
para el viento y otras historias como fruto de las vivencias de Hernando Téllez, su autor.
Sin embargo, dado el riesgo antes mencionado, evitaré en la medida de lo posible hacer un diagnóstico histórico plagado de cifras y movimientos concretos; por el contrario, la aproximación histórica de Colombia que se hará en este capítulo, será un intento de otra naturaleza; se hará un diagnóstico histórico de Colombia como lugar de aconteceres, abandonando la visión de un espacio histórico simple y fechado. Se pretende con esta revisión mostrar el mundo plasmado, narrado, impugnado, etc., dentro de Cenizas para el
viento y otras historias.
1. América Latina
Pensar en América Latina representa la tarea de figurarse un continente donde la confluencia mágica de los pueblos, las lenguas y las culturas del mundo ha constituido una nueva forma de humanidad. Ha sido el escenario histórico en donde se han entrecruzado culturas de diferentes porvenires, para configurar en su devenir lo que José Vasconcelos llamó La raza cósmica. Dice el mismo Vasconcelos que la civilización no se improvisa ni se trunca, ni puede hacerse a partir del papel de una constitución política; se deriva siempre de una larga, de una secular preparación y depuración de elementos que se
transmiten y se combinan desde comienzos de la historia (Vasconcelos,: 19). Es así, a la
establecidos por la cartografía. Ha tenido que atravesar catástrofes magnas y agitados acontecimientos para pervivir y dejar su huella, desde antes de la misma época de la conquista y la colonia, pasando por las revoluciones y batallas de independencia. Hasta nuestro tiempo, los habitantes de América Latina se han visto abocados a soportar genocidios, migraciones, edificaciones de poderes y otro gran sinnúmero de procesos con los cuales se ha depurado y reconstruido, continuamente y a diario, una identidad.
La identidad del ser latinoamericano, al haberse dado en el seno de los cataclismos continentales por los que ha pasado, no obstante, no debe tomarse como una actitud llana. Paul Ricoeur invoca el término de identidad como el proceso en el que el ser asume la vida como relato; en Historia y narratividad, Ricoeur expresa y argumenta que «el relato es la dimensión lingüística que proporcionamos a la dimensión temporal de la vida» (Ricoeur, 1999:216). Identificar-se es una necesidad del hombre que busca sus raíces en la historia, que se pone en esa dimensión temporal para refigurarse y encontrar su reflejo en sus actos. Y tan básica como imperiosa es la necesidad de identidad para el ser humano, pues si se carece de ella, prácticamente se está condenado a desconocerse a sí mismo, a no asumirse dentro del desarrollo de la vida misma. La identidad del ser latinoamericano, por tanto, no se asume en las letras de un pasaporte, sino en la medida en que este ser se concibe como vivido, narrado y habitando un espacio en una relación cósmica. Quien se asume con una identidad, por consiguiente es alguien capaz de asumir una conciencia, una actitud; es alguien que puede forjarse a sí mismo y ser inmensamente rico por su carácter único e irrepetible, aun cuando los embistes de los regímenes totalitarios u otros fenómenos externos quieran homogenizar a todo quien esté bajo su dominio. No podría afirmarse esto si en la tierra latinoamericana no hubieran surgido escritores que narren las vivencias y los acontecimientos acaecidos en su circundancia espacial. Después de todo, la literatura tiene por tarea, al igual que todo arte, el descubrimiento de lo más profundo del alma humana a partir de las experiencias.
los mismos años de sus respectivas independencias. A la luz de esas pugnas no es de extrañarse que haya surgido un Martín Fierro como expresión de la gallardía del gaucho, o
un Jorge, el hijo del pueblo que relatará la bravura del pueblo arequipeño del Perú. La
inspiración en el continente latinoamericano, su lugar de origen, les permitió a los escritores expresar los sucesos allí acontecidos desde distintas manifestaciones y formas. Ya en el siglo XX, el acontecer histórico latinoamericano también estuvo marcado por fuertes turbulencias desde sus inicios; América Latina seguía siendo lugar de continuos choques y de abundantes explosiones. Numerosos regímenes políticos y el marco de desigualdad social como escenario en la mayoría de los países del continente, motivaron en la literatura un espacio de denuncias poetizadas, constituyéndola como el reducto en donde se podía conocer a ciencia cierta el continente. De otra manera nunca hubieran podido surgir los cuentos de El llano en llamas para que mostraran pasajes de realidades en los campos mexicanos, ni tampoco hubiera aparecido El hijo del hombre del paraguayo Augusto Roa Bastos, para sacar a flote las vejaciones de un régimen déspota sobre el pueblo guaraní. Del romanticismo a las vanguardias, pasando por el realismo mágico y la literatura comprometida, las expresiones narrativas fueron dando a conocer los sucesos del continente entremezclados con la magia de lo latinoamericano; las obras nos muestran a América Latina como un infinito campo de posibles y certezas de vida de los pueblos que han pasado por ese espacio histórico. América realmente fue descubierta por sus escritores, porque fueron ellos quienes la mostraron al mundo como suceso universal, como acontecimiento cósmico de lo que antes se creía inverosímil y como suceso real de lo que antes se estaba obligado a callar.
Ahora bien, dentro de este continente mágico está enclavada Colombia, una nación que no fue ajena a todos estos conflictos sociales y transformaciones históricas. También hubo allí aconteceres y escenarios que solamente salieron a flote hacia los ojos del mundo por medio de la literatura. Explicaremos con más detalle lo que significa este país como mundo de aconteceres.
El historiador colombiano Carlos Mario Perea, al referirse al acontecer histórico en Colombia ha dado una definición más que apropiada; dice que El devenir histórico colombiano se marca por una violencia que surge constantemente bajo nuevos ropajes
(Bonnet et. Al.: 302). Trágico y doloroso, pero cierto. Desde los años de la independencia ha venido una sucesión de conflictos cuya máscara ha cambiado siempre. Los años de la primera mitad del siglo XX en Colombia, años de los que nos ocuparemos en este estudio, no fueron fáciles. Pululaban en los diarios titulares ensombrecidos y llenos de sangre. Es una situación que ya venía precedida por las muchas pugnas internas que ocurrieron en el siglo anterior, heredando en el siglo XX un país notoriamente desangrado. La Guerra de los Mil días y la consecuente mutilación de Panamá fue el suceso que daba a Colombia la bienvenida al nuevo siglo. Vendría masacre de las Bananeras del año 1929 demarcando un terreno bastante turbulento. El país se desgarraba con las luchas bipartidistas, las cuales eran de antigua data. El costo de ser una república es el saldo de ser un país con amplias desigualdades sociales, una fragmentación regional que alejaba todos los centros urbanos, las disputas de tierras que se concentraban en grandes hacendados, etc. Lo que nos heredó un país en esta situación es la desventura de un colombiano casi analfabeto, atrasado económica y socialmente, sometido por los altos poderes. Podemos decir que, a diferencia de otros países donde se pudo haber construido un ideal de pueblo, con conciencia de clase como dicen los sociólogos, en Colombia se careció absolutamente de esa noción. El colombiano de inicios del siglo XX vivía en una modorra pesada, enquistada por la iglesia y un régimen que no se preocupaba por liquidar los dañinos radicalismos políticos del siglo anterior; por el contrario, se hacían más fuertes.
destinos. Los más pobres fueron quienes pagaron las consecuencias. Un colombiano analfabeto y sin tierra se veía en la obligación de elegir casi al azar un bando para defender. Cualquier intento de manifestación en contra del gobierno de turno, fue extinguido con rapidez; de ahí el magnicidio contra Rafael Uribe Uribe y la desastrosa Masacre de las Bananeras, propiciada por el gobierno en la que el ejército atentó contra la población civil y los trabajadores que exigían mejoras salariales y laborales, para combatir la ruina que eran sus vidas al trabajar con las multinacionales extranjeras.
El ascenso del liberalismo al poder dio un pequeño respiro al país. Se quisieron subsanar las problemáticas de los campos colombianos con la reforma agraria; la cual tuvo en los hacendados y la iglesia a sus opositores más férreos. Los conflictos sociales iban ahora en un aumento lento pero demoledor; los trabajadores y la propiedad de tierras fue el eje que movió el país en busca de reivindicar su clase. El caudillo que no se tuvo antes, cobró figura en Jorge Eliecer Gaitán, quien encabezaba la representación de gran parte de la población colombiana. Su asesinato y el conocido Bogotazo se quedan solamente en estadísticas, pues en todo el país hubo una explosión violenta que de nuevo lo cubría de sangre. Siguiendo lo mencionado arriba por Carlos Mario Perea, la violencia resurgió en otro manto.
De tantas injusticias y vejámenes surgieron en los campos otros actores que dieron otro tinte a las luchas que hasta ahora habían sido de dos partidos políticos. Se comenzó a hablar de bandoleros y gamonales que hacían su propia ley en los municipios donde no alcanzaban las urbes; nacieron guerrillas e insurrectos en otros lugares que pretendían reivindicar todo lo perdido en un combate fratricida.
3. Estado de la literatura
país, llegaba poco a poco a su ocaso. Literatura había ya, pero hasta en ese ámbito
Colombia estaba dormida. Había grupos literarios como “los Nuevos”, cuyos componentes
eran políticos y periodistas. Algunos de ellos, herederos de la llamada generación del Centenario. Dentro de la misma élite intelectual colombiana hubo quienes inclusive maldecían su suerte de ser americanos; Luis López de Meza con el pregón absurdo de su teoría de la eugenesia, a la usanza del peor de los regímenes totalitarios.
Con el ascenso de los liberales al poder, en la década de 1930, el país pareció darse un respiro después de tanto conflicto; en el ámbito literario, hacia la cuarta década, surgió otra
generación llamada “Piedra y Cielo”. Los poetas que hicieron parte de esta generación
buscaron una renovación en las letras colombianas, para salir de las viejas apuestas literarias y culturales. No obstante, con la explosión de lo que causó el Bogotazo, la actividad literaria tomó otro rumbo; las narrativas de la violencia buscaban encarnar las desventuras de la Colombia de esos años. Angustias retratadas fueron concebidas por autores como Osorio Lizarazo en El día del odio, o de Álvarez Gardeazábal en Cóndores
no entierran todos los días. Quien quiera conocer la realidad colombiana puede ir a los
libros de historia, ahí lo sabrá con cifras y detalles, pero también puede recurrir a sus novelistas y narradores que rompieron el silencio para denunciar e impugnar un mundo y un panorama social de vejámenes. Quien quiera descubrir la explotación de los pueblos en carne propia, puede leer La Vorágine para acercarse a ello; quien desee saber la crueldad de la masacre de la Bananeras, recurra a La casa grande y obtenga un relato con honestidad brutal de lo acaecido en aquellos campos del Magdalena. Fue una generación que proporcionó un enorme valor testimonial en sus obras, buscando a su vez la independencia del conflicto en la actividad intelectual, labor que la revista Mito y sus gestores quisieron llevar a cabo de manera más fuerte.
* * * *
I. Hernando Téllez y Cenizas para el viento y otras historias
Cenizas para el ciento y otras historias es publicada por primera vez en 1950, en un
ambiente profundamente crítico en Colombia. Los ecos del bogotazo y la naciente violencia eran el aliño diario de los titulares de periódicos y noticias radiales. Es una compilación de diecinueve cuentos, provenientes de un autor que hasta entonces se había dedicado, entre su continua agitación laboral, desde ocupaciones periodísticas hasta oficios políticos, a hacer crítica literaria. Hernando Téllez sorprende a sus compañeros de generación de Los nuevos con su publicación; más que por haber publicado un libro de cuentos, Téllez sorprende por haber salido del silencio al que a veces se someten los espíritus creadores, en palabras de Rilke. Ya había antes demostrado su agudeza de juicio y su lucidez en el ámbito de la crítica de la cultura colombiana; ya Téllez había demostrado que conocía a Colombia y sus problemas en numerosos textos y columnas. El hecho de publicar Cenizas para el viento y otras historias es, por tanto, otra manera que Téllez halló para dejar su testimonio sobre el país. La crítica, si bien permite que se ponga en tela de juicio variados aspectos de lo cultural, lo social y lo artístico de una nación, no puede sustituir la labor de la literatura. Y esta labor no es otra que la dilucidación y el descubrimiento del alma misma, del trasegar por el espacio en el ejercicio de recoger experiencias. No sabemos si esa haya sido la intención de Hernando Téllez, pero sin duda es lo que las buenas obras literarias logran, más allá de un divertimento nimio y vacío.
1. El autor
Cenizas para el viento y otras historias publicada por primera vez en 1950. Sobre esta obra en particular se han hallado muy pocos trabajos, pues se ha hablado más de Hernando Téllez como crítico, labor que también desempeñó de manera sobresaliente.
Desde muy temprana edad la lectura sedujo a Hernando Téllez. Desde su infancia austera y flagelada por los más agudos problemas pedagógicos centrados en el dogmatismo, siempre se tomó en serio el trabajo de la lectura, de cuya afición adquirió una sólida disciplina. Su relación con las letras siempre fue la de un consumado estratega, al decir de Jorge H. Cadavid, que jamás se conformaba con las primeras impresiones. Por sus convicciones independientes es difícil hallar algún contemporáneo del escritor bogotano que concuerde con él, alguien con quien compartiera un proyecto, al menos hasta su llegada a Mito.
El logro de la obra de Téllez, tanto crítica como literariamente, reside en su reacción al centenarismo; según Marta Traba, proviene de la carencia de vanguardias presente en las letras colombianas, visión que Téllez siempre destacó en las revistas y los periódicos de los que era columnista. Tal reacción consistió en el uso de la crítica, siempre de modo implacable y buscando la eficacia, no solo a lo relacionado con la producción literaria sino a la cultura colombiana en general. Siempre pretendió una crítica sin apadrinamientos y sin ninguna actitud que favoreciera aquel constante juego de mutuo elogio presente durante su época; su crítica era, ante todo, independiente. Ahora bien, lograr una reacción de este calibre, nadando contra la corriente de una sociedad heredera del costumbrismo del siglo XIX extendido hasta los mediados del XX, requería la sagacidad de una pluma capaz, límpida y fluida; Téllez no pudo ser mejor candidato para hacerlo, quizá siendo el catalizador de lo que vendría más adelante con la generación de Mito, generación de la cual hizo parte y fue un flamante abanderado.
Dueño de un estilo límpido, Hernando Téllez produjo una extensa serie de ensayos que se resumen en varios títulos que aún resuenan en las conciencias de los actuales críticos literarios; algunos de ellos son Inquietud del Mundo (1943), Bagatelas (1944), Luces en el
bosque (1946), Diario (1946), Literatura (1951), y Literatura y sociedad (1956). A través
tribuna desde la cual puede apreciar minuciosamente cada suceso en el país; es desde ese lugar desde el que lanza sus más agudas críticas contra aquel represivo ambiente de su época, no solamente en el ámbito literario sino en lo relacionado a la cultura nacional en general. Las convicciones personales de Téllez frente al país eran claras para entonces; en una cita realizada por Jorge H. Cadavid, Téllez señala:
La cultura no ha podido seguir el ritmo de la civilización. Si hubiesen corrido parejas la cultura y los negocios, la fundación de las fábricas y de universidades, la alfabetización y las grandes rentas o los grandes edificios o las grandes y lujosas residencias, los centros de investigación científica y la producción en serie, los monopolios industriales y las cátedras bien pagadas, los “holdings” y las escuelas públicas, a estas horas habría más clientela para
los literatos, puesto que el nivel cultural del país sería más alto y, desde luego,
ya habría gentes que estuvieran pensando en fundar empresas editoriales […]
así como el auge del comercio, de la industria, de los negocios, ha creado y estabilizado con pleno y merecido éxito una clase social, el cambio radical en las condiciones culturales del país estaría haciendo la posible aparición del profesional literario.(Cadavid, Jorge H. 2007: 48)
La obra de Hernando Téllez es, en toda dimensión, todo un manifiesto de lo que significa la lectura y la escritura para su época. Había ya en el país una singular trayectoria de la crítica literaria, con las generaciones del Centenario y Los nuevos y a futuro se posicionaría el colectivo Piedra y Cielo. El escritor bogotano dijo pertenecer a Los nuevos,
aunque en una actitud más disidente que de otra naturaleza. Téllez mismo diría:
"Pertenezco a lo que pudiera llamarse la cosecha de mitaca de la generación de Los Nuevos. Eduardo Zalamea, Eduardo Caballero y yo llegamos de últimos a esa generación, pero no nos demoramos cronológicamente tanto en llegar como para que nos alcanzaran los piedracielistas ni nos apresuramos tanto en aparecer como para que nos consideraran contemporáneos de Ricardo Rendón. Somos el jamón en el sándwich que forman Los Nuevos propiamente dichos y los verdaderos piedracielistas”
Hernando Téllez como crítico y, en su obra de cuentos, como artista, se inscribió dentro de una tradición literaria fuertemente criticada por él mismo, ya lo hemos dicho. Pudo haber sido músico, actor, pintor u otro tipo de artista y sin embargo escogió la literatura como su lugar de trabajo, como su pasión. No buscaba con sus letras otra cosa que la limpidez pura de los hechos de su entorno, impugnando con singular maestría las desidias y los sucesos turbios de su tiempo. No usaba los acartonamientos clásicos y sofocantes que usaban aun contemporáneos suyos. Estaba convencido que la grandeza y el servicio de la literatura consistía plenamente en la razón de re-crear al hombre, pues se constituye en un punto de confluencia a donde arriban como pacientes tributarios todos los problemas del hombre.
(Téllez; 1975: p. 162)
La crítica literaria que ejercía trataba de ser independiente del elogio mutuo que se practicaba entre quienes escribían en los periódicos. Abogaba por una crítica objetiva,
veraz, impersonal y, en cierta manera, implacable, según las palabras que el mismo Téllez
expresó en una entrevista realizada por Felipe Lleras Camargo.
Ante este panorama, y tras haber recorrido por tanto un largo camino en el campo de la crítica, Hernando Téllez, en una etapa de madurez escritural, lanza en 1950 Cenizas para
el viento y otras historias, una compilación de cuentos en donde el autor pretende ser
consecuente con todo el acervo crítico que ha producido.
2. Cenizas para el viento y otras historias
Este tipo de narrativa en la que Cenizas para el viento y otras historias se halla inscrita pertenece a la narrativa de La violencia aludiendo al oscuro y cruel período de la historia colombiana conocida con el mismo nombre; consecuentemente, los temas de estos cuentos corresponden en general a la violencia rural, abarcando todos sus matices como conflictos de tierras, luchas de grupos armados, problemas del desarraigo y el desplazamiento, etc.; pero también dentro de esta obra se encuentran cuentos pensados en ámbitos urbanos, que representan igualmente imágenes agudas temáticas de la existencia humana en una atmósfera violenta. Juan Gustavo Cobo Borda había definido esta obra como un lugar en donde el drama de la violencia, en esas encrucijadas de matar o morir, hace patente el complejo nudo que se crea entre enemigos irreconciliables: la dependencia mutua del
compartido horror. Tortuoso matrimonio entre asesino y víctima (Téllez, Hernando.; 2003:
p. 14). Pero este drama de la violencia no se presenta siempre bajo la misma forma ni con los mismos actores. En efecto, estas representaciones se camuflan debajo de diferentes y mudables antifaces, ofreciendo devenires literarios en los que se recorren y se catan distintas formas de expresión y sensaciones evocadas en la búsqueda del mismo fin, en la carrera por desentrañar y mostrar lo ignominioso de la barbarie. La violencia, por tanto, se nos ofrece como un elemento con distintos sabores.
En estos devenires narrativos de Cenizas para el viento y otras historias también es posible observar espacios dentro los cuales el autor, huyendo del simple criollismo coyuntural de
la “literatura comprometida”, se permite pensar acerca de las situaciones, los dilemas y las
sensaciones que resultan de las vivencias humanas, haciendo múltiples recreaciones de mundo, poniendo magistralmente sus personajes dentro de este juego de experiencias. Es precisamente ahí en donde radica ahí la riqueza de esta obra, en el no situarse simple y exclusivamente en el ambiente de la actualidad social de su tiempo, por parte del autor; muy por el contrario, hay una búsqueda por la manera más íntima y poética que permita manifestar los elementos que son protagonistas en la turbulencia de la vida, sin importar cuál sea el telón de fondo.
que en ocasiones los protagonistas cuenten las historias, mientras que en otras ocasiones un tercero, relacionado o no con la historia, las cuenta. La multiplicidad de voces narrativas usada por Téllez en la composición de esta obra muestra que realmente se trata de un escritor comprometido netamente con la forma literaria, cuidadoso de colocar con prudencia cada palabra en el lugar indicado, dando por resultado textos sólidos, a los que no les sobra ni les falta una coma. Al mismo tiempo, esa multiplicidad de voces narrativas permite que el valor estético de los cuentos varíe de uno a otro en la manera de suscitar la atención del lector, de formular y generar evocaciones en este.
Las tensiones narrativas también se prestan a variar de cuento a cuento: en unos cuentos la acción se desarrolla con suma vertiginosidad, llevando al lector a un espectáculo de vértigo latente, en otros cuentos reina, en cambio, la sutileza, el parsimonioso crecimiento de los sucesos narrados, que de la misma manera conllevan a la desembocadura de las consecuencias finales de los actos de los personajes, unas brutales, otras dolorosas, otras totalmente mortificadoras. En otras palabras, se plasma la brutalidad humana desde diferentes perspectivas y recorriendo caminos diferentes.
Estos breves elementos que hemos enunciado sobre Cenizas para el viento y otras
historias nos dan la suficiente licencia para que inauguremos un acercamiento a esta obra
II. Cenizas para el viento y otras historias: una lectura fenomenológica
En el presente capítulo nos permitiremos abordar nuestra obra de estudio Cenizas para el
viento y otras historias, del escritor colombiano Hernando Téllez. Para llevar a cabo esta
tarea, y tomando en cuenta el sustento conceptual que hemos edificado en los anteriores capítulos, delimitaremos la metodología de trabajo que hemos escogido para la obra antes de adentrarnos plenamente en nuestra lectura.
1. Nuestra lectura fenomenológica
Se tiene definido el objetivo; desde el inicio de esta investigación, dijimos que la justificación para haber seleccionado Cenizas para el viento y otras historias como nuestro objeto de estudio, radicaba en la riqueza conceptual, literaria y reveladora que esta obra posee. Es ese carácter revelador, del que nos ocuparemos a fondo, una de las motivaciones más fuertes que nos convoca al estudio de esta obra literaria, pues en medio de la complejidad de ésta, al igual que sucede con toda buena literatura, se propician sucesos, puntos de fuga, modos de escape y muchos elementos más para plasmar la realidad mediante una ficcionalización. Esa realidad plasmada en una enunciación ficcionada, esa obra literaria, permite conocernos a fondo, revelarnos el testimonio de nuestro trasegar histórico; es su misión más preponderante.
No nos hemos de quedar, como antes ya se ha dejado claro, en elementos teóricos de corte formal, estructuralista, semiótico u de otro orden, no porque carezcan estos de validez, sino porque son herramientas no adecuadas para la realización del estudio. Asumiremos, por tanto, la obra como un mundo enlazado, que abarca una espesa globalidad de componentes que pretende revelar. Los hilos estéticos con los que han sido creados los cuentos de
Cenizas para el viento y otras historias obedecen a un impacto común de problemáticas
formas narradas de violencia, intriga, conflictos de tierras, amarguras, recuerdos y muchas cosas más que dan sustento literario a esas verdades ocultas tras un suceso poético. Hemos visto lo que es la epojé, es decir, la suspensión del juicio, la puesta entre paréntesis de la actitud natural para avanzar hacia la actitud trascendental; pues es a través de esta reducción como podemos hacer visibles los valores que se ponen en vilo de la sociedad convencional, de pilares edificados en un momento histórico, como los que acabamos de enunciar, que nos ayudan a entender y comprender mejor nuestro origen.
La obra literaria es, en nuestro ejercicio analítico, un complejo mundo de la vida en donde sus personajes son entes que lo habitan y a la vez se dejan habitar por este. Los personajes literarios son seres con vida propia, que están presentes en un ambiente y que son, desde un punto de vista fenomenológico, expresiones de la realidad. Al mismo tiempo, la obra literaria es una forma que posibilita el diálogo entre el lector y texto, siendo este binomio un complemento. Los personajes literarios cobran una significativa importancia en este tramo:
Crear un personaje supone no sólo verlo como parte de un universo narrativo, también es necesario verlo como parte de una realidad sociohistórica, con una
significación trascendente que hace posible una “estructura dialógica”, que
rehúsa la artificialidad de la vida para provocar el encuentro del hombre consigo. (Sosa, 2007: 188)
Esta definición del personaje literario, hecho por la teórica venezolana Elizabeth Sosa, nos acerca a la concepción que buscamos. A la vez, esta visión es complementada por el escritor argentino Sábato, quien en su obra El escritor y sus fantasmas nos dice:
“Los personajes más importantes de la literatura de ficción son emanaciones del propio autor. Y aunque no los “conozca” del todo (del mismo modo que no
se conoce totalmente a sí mismo) los vive desde dentro; y aunque se le escapen a su voluntad, como los sueños, le pertenecen tanto como los sueños” (Sábato;
1963: 123)
lector de forma animada. Ahora bien, así como no es posible comprender una obra literaria a fondo y en su plena esencia, si se tiene una visión superflua y positivista de los personajes y actos en ella presentes, tampoco es posible entender la literatura, ni ninguna obra de arte sea cual sea su naturaleza, si no existe ese otro a quien se intenta comunicar un mensaje. La tarea del lector es, por ende, fundamental en la construcción de sentido buscada por la obra de arte.
La dimensión estética de la obra depende también de la manera en como ésta se constituya como medio para la puesta en evidencia de las crisis humanas; es este el primer acto, antes de abandonar su cosidad, como la obra se da a conocer. La obra de arte es una experiencia que contiene a su vez otras experiencias implícitas; previamente nos acercamos al texto, dialogamos con él, es una experiencia previa. En la medida en que la obra se desarrolla, se asume como tal, en el transcurso que supone el abandono de su cosidad, van surgiendo las experiencias implícitas. La combinación de recursos literarios y demás elementos narratológicos va abandonando su estado de inercia al tiempo en que el lector va dotando de sentido la obra. Nos dice Merleau- Ponty:
A medida que voy siendo cautivado por un libro, dejo de ver las letras sobre la página, ya no me doy cuenta de lo que he pasado a través de todos esos signos, de todas esas hojas, miro y alcanzo siempre el mismo acontecimiento, la misma aventura, hasta el punto de ya no saber bajo qué ángulo, bajo qué perspectiva me han sido ofrecidos. (Merleau Ponty; 1971: 33)
Dentro de nuestra lectura fenomenológica vamos directamente a la interacción con los personajes de la obra. Los escuchamos, somos sus testigos. Ellos muestran ante nosotros situaciones humanas salidas de lo cotidiano, poniendo en vilo la vida misma. Su actuar dentro de la obra, su devenir continuo, hace que ante nosotros aparezcan acontecimientos demoledores de la existencia humana. Es esto una relación intersubjetiva tomada del
mundo de la vida. Es un constante juego de sentidos, un continuo juego de libertades
expresadas en la posibilidad inmensa de no pretender callar lo que perturba al alma.