Mayo 2004 Número 86
GÉNERO
El impacto del comercio internacional en la equidad de género
¿Beneficia a las mujeres la expansión del comercio internacional? Este documento revisa la creciente información respecto del tema.
¿Mejora el comercio las perspectivas laborales de las mujeres y propicia mayor equidad de género en los salarios? Si bien el comercio crea y expande algunas actividades, puede destruir y reducir otras, de modo que si un individuo se desempeña en un sector en expansión o puede pasar de un sector a otro, es probable que se beneficie. Por otra parte, las pruebas indican que el comercio tiende a aumentar la disponibilidad de trabajos remunerados para las mujeres, particularmente en el sector de las exportaciones. Sin embargo, algunos factores—como la discriminación, capacidades inferiores y las desigualdades de género a la hora de acceder a los recursos—pueden impedir que las mujeres aprovechen la expansión del comercio.
Algunos de estos factores pueden predominar especialmente entre las campesinas de África al sur del Sahara.
¿El comercio crea empleos para las mujeres?
La expansión del comercio normalmente desemboca en un aumento de las exportaciones con gran intensidad de mano de obra desde los países en desarrollo. La producción de muchos de estos productos de exportación requiere habilidades manuales y resistencia, pero no fuerza física. Así, los empleadores de estas industrias prefieren contratar mujeres gracias a lo cual el crecimiento de las exportaciones de productos tales como vestuario, calzado, joyas y electrónica casi siempre van de la mano de un aumento considerable del trabajo femenino remunerado en el sector formal.
Un estudio de 35 países en desarrollo descubrió una fuerte correlación positiva
entre la intensidad de la mano de obra femenina (la cantidad de trabajadoras por cada 100 trabajadores) en la manufactura y el crecimiento de las exportaciones (Wood 1991). En la mayoría de estos países, la intensidad femenina en la manufactura aumentó desde principios de los sesenta y mediados de los ochenta; en algunos países el aumento fue drástico: casi cinco veces en Egipto y ocho veces en Mauricio. Entre los ejemplos más recientes están Bangladesh y Madagascar, dos países que recientemente han desarrollado industrias de vestuario y textiles de exportación. En Bangladesh, por ejemplo, en 1998 se habían creado alrededor de dos millones de puestos de trabajo en el sector del vestuario, de los cuales dos terceras partes eran ocupados por mujeres (Paul-Mazumdar y Begur 2000). En Madagascar, tres cuartas partes de los casi 140.000 trabajadores del sector vestuario y textiles eran mujeres en 1999 (Nicita y Razzaz 2003).
Las mujeres que trabajan en el sector manufacturero de exportación suelen ganar más de lo que ganarían en sectores tradicionales. Para muchas, es la primera vez que reciben un sueldo en efectivo. De hecho, según los resultados del estudio mencionado más arriba sobre Madagascar, 85% de las mujeres que encontraron trabajo en el sector textil nunca había recibido ingresos monetarios directos, en comparación con el 15% de los hombres recién contratados.
El comercio aumenta la disponibilidad de trabajo remunerado para las mujeres, particular- mente en el sector de las exportaciones
Las mujeres también obtienen otros beneficios cuando ganan ingresos monetarios. Por ejemplo, un estudio de seguimiento de 50 familias rurales de México durante 20 años descubrió que una proporción considerable de las mujeres
informó que su “calidad de vida” mejoró, debido principalmente al ingreso percibido por el trabajo fuera del hogar, lo que incluye labores en fábricas (de exportación) (Gladwin y Thompson 1995). Más aún, cuando las mujeres reciben ingreso monetario pueden mejorar su posición y su capacidad de negociación al interior de la familia. Un ejemplo de lo anterior se encontró en el Ecuador, donde el desarrollo de la industria de flores de exportación generó empleo remunerado para grandes cantidades de mujeres rurales. Un estudio que compara los patrones de asignación del tiempo familiar entre una región que produce flores y una que no las produce descubrió que en la primera región, los hombres casados con mujeres que trabajaban en el sector dedicaban el doble de tiempo a las labores del hogar en comparación con hombres similares en las regiones que no producían flores. (Newman 2002). El estudio prueba y concluye que, luego de obtener un trabajo asalariado regular, las mujeres ganaron poder de negociación, lo que les permitió influir en la contribución del marido a las tareas del hogar.
¿De qué manera afecta el comercio la desigualdad salarial por motivos de género?
El impacto del comercio en la desigualdad salarial por motivos de género depende de la magnitud relativa de varios efectos opuestos. La desigualdad salarial puede disminuir porque, al igual que la desregularización nacional, el comercio aumenta la competencia entre empresas. La consiguiente presión destinada a reducir costos puede redundar en menos discriminación contra mujeres con habilidades comparables a las de los hombres y, por lo tanto, aumentar la igualdad salarial. El efecto puede ser particularmente fuerte en industrias con altas concentraciones de mercado en un comienzo, es decir, industrias dominadas por pocas empresas.
El comercio a menudo resulta en una prima por las habilidades. El consiguiente aumento de la desigualdad salarial entre trabajadores calificados y no calificados puede incrementar el diferencial salarial por motivos de género puesto que, en la
mayoría de los países, el hombre promedio tiene mayor nivel de habilidades laborales que la mujer promedio. (Es importante destacar que la mayoría de las investigaciones indican que, más que el comercio per se, lo que más influye en determinar los cambios en la prima por habilidades es el cambio tecnológico inclinado a favor de las habilidades. Pero un cambio tecnológico de ese tipo a menudo se produce a través de la integración del comercio y los mercados de capitales;
Greenaway y Nelson 2000.)
Los trabajadores no calificados suelen ser contratados por períodos transitorios. Así, la falta de calificación de las mujeres respecto de los hombres aumenta la probabilidad de que sean contratadas como trabajadoras transitorias lo que les da escasa capacidad para negociar los salarios y las condiciones laborales. En consecuencia, la llegada masiva de trabajadoras no calificadas a la fuerza laboral, provocada por la expansión de las industrias exportadoras, puede ejercer una presión que haga bajar los salarios.
El impacto del comercio en la
desigualdad salarial por motivos de género depende de la magnitud relativa de varios efectos opuestos
¿Qué pruebas existen de las desigualdades salariales por motivos de género?
Un estudio comparado entre países que indagó sobre el impacto del comercio en la desigualdad salarial por motivos de género indica que en las ocupaciones, el aumento del comercio se asocia en la mayoría de los casos con una disminución de este tipo de desigualdades salariales (Oostendorp 2004).
(La excepción a ese hallazgo son las ocupaciones con altas capacidades en los países más pobres, donde no existe información alguna que indique que el comercio ha ejercido un impacto tendiente a reducir la desigualdad). En la medida en que, en las ocupaciones muy específicas, las habilidades tienden a ser relativamente homogéneas, la reducción de la desigualdad salarial por motivos de género aparece como una prueba de menor discriminación laboral a medida que aumenta el comercio.
Mientras algunos análisis a nivel de país sustentan la hipótesis de que el comercio reduce la discriminación, otros no. Un estudio de Black y Brainerd (2002) utilizó datos de EE.UU. para ver si la mayor apertura durante el período 1977–1994
indujo a los empleadores a reducir la discriminación contra las mujeres a través del cálculo del efecto diferencial del aumento en las exportaciones en industrias concentradas respecto de aquellas competitivas. Los resultados demostraron que, que controlando por habilidades, la desigualdad salarial por motivos de género se reducía más rápido en las industrias concentradas que en las competitivas. Con esta misma metodología, Artecona y Cunningham (2002) descubrieron resultados similares pero menos significativos para México durante 1987–1993. Por su parte, Berik y otros (2003) descubrieron el efecto contrario en la República de Corea y Taiwán (China), es decir, el aumento en la competitividad internacional entre 1980 y 1999 en las industrias concentradas estuvo asociado con una mayor desigualdad salarial por motivos de género. En Corea y Taiwán (China), la discriminación en realidad aumentó en las industrias concentradas expuestas a la competencia.
Estos estudios al nivel de países también exploran si el comercio tiene un efecto negativo en la desigualdad salarial por motivos de género en la medida en que éste aumenta la desigualdad salarial entre trabajadores calificados y no calificados. Si bien dos de estos estudios descubren un efecto negativo (de aumento) en la desigualdad, los resultados no son concluyentes a causa de problemas metodológicos.
Los datos sobre Madagascar ilustran los efectos de las calificaciones y la naturaleza del empleo en los salarios que perciben las mujeres en relación con aquellos que perciben los hombres (Nicita y Razzaz 2003).
En 1999, alrededor del 70% de los hombres tenían puestos calificados y permanentes, mientras que sólo 50% de las trabajadoras podía aseverar lo mismo. El Cuadro 1 muestra el cálculo del aumento salarial obtenido por diferentes grupos de género/calificaciones durante 1997–99, período en que aumentaron las exportaciones. Los trabajadores calificados (que constituyen el 18% de los empleados) y las trabajadoras calificadas (37%) percibieron aumentos salariales considerables; también era más probable que hubieran tenido puestos permanentes.
El sueldo de los trabajadores no calificados
(7% de los empleados) aumentó mucho menos, mientras que aquél de las trabaja-
CUADRO 1 AUMENTOS SALARIALES ESTIMADOS (%) EN LA INDUSTRIA TEXTIL Y DE VESTUARIO DE MADAGASCAR, 1997- 1999
Tipo de empleado
Proporción de la fuerza
laboral Aumento
salarial
Hombres calificados 18 34 Mujeres calificadas 37 23
Hombres no
calificados 7 11 Mujeres no calificadas 38 0
Fuente: Nicita y Razzaz 2003
doras no calificadas (38%) no aumentó en absoluto. A este último grupo suelen pertenecer fundamentalmente las trabajadoras temporales que debido a esa condición no pueden negociar aumentos salariales.
Las mujeres también están más sujetas a la excesiva rotación laboral, es decir, contrataciones, despidos y reubicaciones más frecuentes entre trabajos. Un estudio realizado en Chile y que abarca un período de rápido ajuste, proceso que incluyó la liberalización comercial, muestra que las empresas suelen despedir levemente a más mujeres trabajadoras cuando los negocios decaen y contratan más mujeres en épocas de recuperación (Levinsohn 1999). Las trabajadoras también enfrentan tasas de reubicación laboral considerablemente superiores, resultado que también arrojó un estudio sobre Turquía (Ozler 2001). Estos estudios ilustran la precariedad laboral de las mujeres en el sector manufacturero, el que se caracteriza por frecuentes períodos de desempleo y la escasa capacidad de negociar sueldos y condiciones de trabajo.
¿Las desigualdades de género a la hora de acceder a los recursos restringen las oportunidades de las mujeres?
Un factor institucional importante que determina los beneficios potenciales del comercio para las mujeres, particularmente en el sector agrícola, es el nivel de control de las mujeres sobre la tierra, el trabajo y el ingreso complementario generado por el traspaso a cultivos de exportación. Los
estudios demuestran que tales efectos pueden ser de importancia en África al sur del Sahara.
Por ejemplo, en Kenya, entre 1975–1982 los hogares encabezados por mujeres tenían sólo la mitad de las probabilidades que los hogares encabezados por hombres de cambiarse al cultivo del té, aun cuando las mujeres encabezaban casi un tercio de los hogares rurales y la mayor parte de las labores de recolección de la hoja del té era realizada por mujeres y niñas (Bevan y otros 1989). Al mismo tiempo, la presencia de una mujer adulta adicional en un hogar promedio, elevaba en 25% la propensión de adoptar el cultivo del té. Los autores no indagan los motivos de fondo de estos resultados aparentemente contradictorios, pero es probable que la falta de mano de obra en los hogares encabezados por mujeres (que por lo general son más pequeños que lo normal) junto con el menor acceso a la tierra, programas de extensión y créditos, pudiera haberles impedido adoptar el cultivo del té.
Se han observado efectos similares incluso con la introducción de cultivos comerciales no de exportación. Por ejemplo, un estudio sobre un proyecto de arroz acuático ejecutado en Camerún descubrió que el arroz era considerado un cultivo
“masculino”; cualquier ingreso que proviniera de él era controlado por el hombre, incluso si el cultivo estaba a cargo de la mujer. Por consiguiente, pocas mujeres casadas iniciaban este tipo de cultivo y preferían seguir cosechando sorgo, pese a que los retornos eran inferiores.
(Jones 1983).
Implicaciones en materia de políticas públicas
Las autoridades a cargo de formular políticas deben considerar un amplio abanico de temas no relacionados con el comercio si tanto hombres como mujeres, y la economía en su conjunto, han de aprovechar todos los beneficios de la expansión comercial. Estos temas incluyen la adquisición de capacidades, la eliminación de la discriminación en el mercado laboral y beneficios en caso de desempleo.
La educación de la mujer y su acumulación de capacidades son los factores
más importantes que determinan el impacto del comercio en el empleo para la mujer y la desigualdad salarial por motivos de género. Mientras la mujer siga estando menos calificada que el hombre, seguirá consiguiendo los empleos peor pagados y menos seguros, incluso si gracias a la expansión comercial se abren nuevos puestos de trabajo con mejores sueldos. La educación y las habilidades también permiten más flexibilidad y poder para negociar salarios y otras condiciones de trabajo.
Otro aspecto crucial es la promulgación y el cumplimiento de leyes que sancionen la discriminación, puesto que es frecuente que la discriminación salarial persista con la expansión del comercio.
Las políticas deben
centrarse en la
acumulación de
habilidades por parte de las mujeres, la
eliminación de la
discrimina- ción laboral y en
beneficios en caso de desempleo
Otro tema que se debe abordar es la protección social para los pobres, lo que incluye a quienes podrían quedar sin empleo o recibir sueldos inferiores debido a rotación laboral permanente.
Un aspecto importante en África al sur del Sahara es mejorar el control de las mujeres campesinas sobre los recursos a fin de permitirles disfrutar de los beneficios de la expansión comercial.
Lecturas recomendadas
Artecona, R. y W. Cunningham. 2002.
“Effects of Trade Liberalization on the Gender Gap in Mexico.” Informe de investigación de políticas sobre género y desarrollo, Documento de trabajo 21.
Banco Mundial, Washington, D.C.
Berik, G., Y. van der Meulen Rodgers y J.
Zveglich Jr. 2003. “International Trade and Wage Discrimination: Evidence from East Asia.” Documento de trabajo de investigación sobre políticas 3111, Banco Mundial, Washington, D.C.
Bevan, D., P. Collier y J. W. Gunning. 1989.
Peasants and Governments: An Economic Analysis. Oxford: Clarendon Press.
Black, S. y E. Brainerd. 2002. “Importing Inequality? The Impact of Globalization on Gender Discrimination” Documento de trabajo 3532. Center for Economic Policy Research, Londres.
Gladwin, C. H. y C. M. Thompson. 1995.
“Impacts of Mexico’s Trade Openness on Mexican Rural Women.” American Journal of Agricultural Economics 77.
Greenaway, D. y D. R. Nelson. 2000. “The Assessment: Globalization and Labor Market Adjustment.” Oxford Review of Economic Policy 16.
Jones, C. 1983. “The Mobilization of Women’s Labor for Cash Crop Production:
A Game Theoretic Approach.” American Journal of Agricultural Economics 65 (5).
Levinsohn, J. 1999. “Employment Responses to International Liberalization in Chile.”
Journal of International Economics 47.
Newman, C. 2002. “Gender, Time Use and Change: The Impact of the Cut Flower Industry in Ecuador.” The World Bank Economic Review 16 (3).
Nicita, A. y S. Razzaz. 2003. “Who Benefits and How Much? How Gender Affects Welfare Impacts of a Booming Textile Industry.” Documento de trabajo sobre investigación de políticas 3029. Banco Mundial, Washington, D.C.
Oostendorp, R. H. 2004. “Globalization and the Gender Wage Gap.” Documento de trabajo sobre investigación de políticas 3256. Banco Mundial, Washington, D.C.
Ozler, S., 2001. “Export led Industrialization and Gender Differences in Job Creation
and Destruction: Microevidence from Turkish Manufacturing Sector.” University of California, Los Angeles.
Paul-Mazumdar, P. y A. Begum. 2002. “The Gender Imbalances in the Export Oriented Garment Industry in Bangladesh.” Informe de investigación de políticas sobre género y desarrollo, Documento de trabajo 12.
Banco Mundial, Washington, D.C.
Wood, A., 1991. “North-South Trade and Female Labor in Manufacturing: An Asymmetry.” Journal of Development Studies 27 (2).
Este artículo fue escrito por Gurushri Swamy (Consultor, Unidad de género, PREM) con la supervisión de Susan Razzaz y Nayantara Mukerji.
El autor desea agradecer a Ihsan Ajwad, Alessandro Nicita, Marcelo Olarreaga, Karen Mason y Cecilia Valdivieso por los valiosos comentarios.
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Esta serie de artículos pretende resumir las buenas prácticas y los hallazgos claves en materia de políticas sobre temas relacionados con la Red PREM. Las opiniones expresadas en el artículo son de exclusiva responsabilidad de los autores y no necesariamente reflejan la visión del Banco Mundial. Los artículos PREMnotes se distribuyen ampliamente entre el personal del Banco y también están disponibles en el sitio Web de PREM (http://prem). Si está interesado(a) en escribir un artículo PREMnotes, envíe su idea por correo electrónico a Madjiguene Seck.
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