Semana del 4 al 10 de octubre de 2021
“El Don De Repartir En El Joven Cristiano”
Lectura Bíblica: Filipenses 4:15 al 19. Y sabéis también vosotros, oh filipenses, que, al principio de la predicación del evangelio, cuando partí de Macedonia, ninguna iglesia participó conmigo en razón de dar y recibir, sino vosotros solos; pues aún a Tesalónica me enviasteis una y otra vez para mis necesidades. No es que busque dádivas, sino que busco fruto que abunde en vuestra cuenta. Pero todo lo he recibido, y tengo abundancia;
estoy lleno, habiendo recibido de Epafrodito lo que enviasteis; olor fragante, sacrificio acepto, agradable a Dios.
Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.
Definición: Es la habilidad sobrenatural para contribuir con sus recursos a la obra del Señor con Liberalidad y alegría
El Don de Repartimiento – El Poder de Dios El Don de Repartimiento – El Poder de Dios
La iglesia es un cuerpo, conformado por diferentes miembros a los que el Espíritu Santo repartió diferentes dones. Uno de ellos es el de repartimiento. Los miembros de la iglesia de Cristo deben conocer cómo usar este don de repartimiento en cumplimiento a la misión de la misma.
Dios nos ha dado a todos diferentes capacidades, según lo que él quiso darle a cada uno. Por eso, si Dios nos autoriza para hablar en su nombre, hagámoslo como corresponde a un seguidor de Cristo. 7si nos pone a servir a otros, sirvámosles bien. Si nos da la capacidad de enseñar, dediquémonos a enseñar.8Si nos pide animar a los demás, debemos animarlos. Si de compartir nuestros bienes se trata, no seamos tacaños. Si debemos dirigir a los demás, pongamos en ello todo nuestro empeño. Y si nos toca ayudar a los necesitados, hagámoslo con alegría.
Romanos 12:6-8
Posiblemente es la primera vez que lo oyes, sin embargo, está plasmado en las Sagradas Escrituras, siendo el ejemplo principal.
Dios amó tanto a la gente de este mundo, que me entregó a mí, que soy su único Hijo, para que todo el que crea en mí no muera, sino que tenga vida eterna. 17Porque Dios no me envió a este mundo para condenar a la gente, sino para salvarla. Juan 3:16-17.
El don de repartimiento es sinónimo de dar y distribuir.
Siempre que ayuda a los pobres, lo hace con generosidad; en todo sale triunfante, y levanta la cabeza con orgullo. Salmos 112:9
El diccionario nos dice que repartir es; Distribuir algo dividiéndolo en partes, distribuir por lugares distintos o entre personas diferentes. Y es sinónimo de dar, compartir, distribuir. Dios en su gran amor y misericordia, reparte y da a los necesitados.
El Señor Jesucristo como ejemplo supremo de dar y repartir.
…Yo he venido para que todos ustedes tengan vida, y para que la vivan plenamente en abundancia. Juan 10:10b Cristo vino a darnos vida y vida en abundancia, esto es esencialmente la vida eterna, pero sin dejar a un lado todo lo que necesitamos para vivir en esta tierra. Cristo se ofreció a si mismo por amor a nosotros para llevar nuestros pecados en la cruz del calvario y así hacer posible nuestra salvación y el perdón de nuestros pecados.
Pero Dios nos demostró su gran amor al enviar a Jesucristo a morir por nosotros, a pesar de que nosotros todavía éramos pecadores. Romanos 5:8
El Espíritu Santo reparte dones a la iglesia.
Pero es el Espíritu Santo mismo el que hace todo esto, y el que decide qué capacidad darle a cada uno. 1Corintios 12:11
El Espíritu Santo, da el don de repartir a la iglesia y este debe usarse con liberalidad, esto es distribuir a alguien generosamente sus bienes sin esperar recompensa.
El Espíritu Santo nos guía para que usemos este don en favor de la iglesia y de los inconversos para que conozcan a través de ello el amor de Dios.
El uso del don de repartimiento para cumplir y ejercer la misión de la iglesia primitiva.
44Los seguidores de Jesús compartían unos con otros lo que tenían. 45Vendían sus propiedades y repartían el dinero entre todos. A cada uno le daban según lo que necesitaba. 46Además, todos los días iban al templo y
celebraban la Cena del Señor, y compartían la comida con cariño y alegría. 47Juntos alababan a Dios, y todos en la ciudad los querían. Cada día el Señor hacía que muchos creyeran en él y se salvaran. De ese modo, el grupo de sus seguidores se iba haciendo cada vez más grande. Hechos 2:44-47.
Podemos ver que la primera iglesia manifestó el don de repartimiento con hechos muy notorios con el objeto de ayudar al necesitado tanto al interior como al exterior de la misma, y el pueblo daba testimonio de ello. El efecto que causo era tan tremendo que dice la escritura que el Señor añadía cada día a su iglesia los que habían de ser salvos.
La iglesia actual debe seguir el ejemplo de la iglesia primitiva.
27En ese tiempo, unos profetas fueron de Jerusalén a Antioquía. 28Uno de ellos, llamado Agabo, recibió la ayuda del Espíritu Santo y anunció que mucha gente en el mundo no tendría nada para comer. Y esto ocurrió, en verdad, cuando el emperador Claudio gobernaba en Roma. 29Los seguidores de Jesús en Antioquía se pusieron de acuerdo para ayudar a los cristianos en la región de Judea, y cada uno dio todo lo que pudo dar.30Entonces Bernabé y Saulo llevaron el dinero a Jerusalén, y lo entregaron a los líderes de la iglesia. Hechos 27:30
Como en aquellos tiempos hoy en día se presentan graves situaciones de hambre y necesidad en nuestro país y aun en nuestras iglesias a nivel mundial. Es necesario poner atención al interior y exterior de nuestra iglesia para ayudar y mostrar con hechos que el amor de Cristo está en nosotros, así como lo hizo la primera iglesia.
El cristiano debe ejercer este don para testimonio y salvación de las almas.
Y Jesucristo nos dio este mandamiento: ¡Amen a Dios, y ámense unos a otros! 1ª de Juan 4:21
Es indispensable que el cristiano se limpie de todo egoísmo, se disponga a dar y repartir, dando de gracia lo que de gracia ha recibido, pues esto es un fuerte testimonio del amor de Dios. El cristiano debe participar en aquellos ministerios y programas de ayuda a los ancianos, niños y necesitados, poniendo su tiempo, su vehículo, su aportación en especie o monetaria.
El mundo actual se convulsiona por múltiples problemas y grandes necesidades, la iglesia es llamada para ser esa mano de Dios que se extiende a través de nosotros para mostrar el amor y la misericordia del señor Jesucristo al necesitado. Este testimonio es necesario junto con la predicación de la Palabra de Dios, para que sean añadidos cada día a la iglesia los que han de ser salvos. (Aporte de El Poder de Dios)
Comentario del contexto bíblico: 4:14–18. Se resume y completa la nota de gratitud (para mayor comprensión del tema se incluye desde el Versíc. 14 al 20).
La nota de gratitud (del v. 10) se resume y completa ahora. El apóstol indica la relación que existe entre el donativo y:
(1) él mismo como receptor: ello remedió su necesidad y trajo gozo a su corazón (vv. 10, 14–16, 18a).
(2) los donantes: los enriqueció (v. 17).
(3) Dios: le agradó (v. 18b).
[14]. Pablo tiene cuidado en no dar la impresión, por lo dicho anteriormente, de que la ofrenda había sido superflua y poco apreciada. Antes, al contrario, declara que se agradó plenamente con ella. Así pues, dice: Sin embargo, habéis hecho bien en compartir mis tribulaciones. Ha sido, viene a decir Pablo, una bella y noble acción, como la de María de Betania (Mr. 14:6). Si los filipenses no hubiesen sentido verdadera simpatía hacia Pablo, de forma que hicieran suyas las aflicciones de él, jamás hubieran llevado a cabo tan generosa acción. El donativo era señal de que habían hecho causa común con las tribulaciones del apóstol, participando realmente en ellas. ¡Cuán hermosa manifestación de la verdadera comunión! (Véase lo dicho en Fil 1:5).
[15, 16]. Pablo continúa: Bien sabéis vosotros, filipenses, que, al comienzo de la predicación del evangelio, cuando partí de Macedonia, ninguna iglesia compartió conmigo en cuestión de dar y recibir, sino sólo vosotros. Pablo reconoce agradecido el hecho de que esta ofrenda no era la primera, sino la continuación de una serie de ofrendas. Recuerda algo que tanto los filipenses como él sabían muy bien, a saber, que cuando la iglesia de Filipos estaba en sus comienzos, recién fundada—hacía diez años por lo menos—entonces ya, en aquellos primeros días de la proclamación del evangelio en aquella región, ellos, y solamente ellos, habían compartido con él en cuestión (siguen a continuación algunos términos comerciales) de dar y recibir; es decir, una cuenta en la que los filipenses eran los donantes y Pablo el receptor. Precisando la ocasión en cuanto al tiempo, el apóstol dice que esta generosidad se mostró con motivo de su partida de Macedonia (donde Filipos y la cercana Tesalónica estaban situadas), partida un tanto precipitada según podemos ver por Hch. 17:14. Cuando los amigos de Filipos supieron de las dificultades de Pablo en Tesalónica, acudieron inmediatamente en su ayuda, de forma material,
permitiéndole así continuar su obra en otros lugares (en Acaya: Atenas y Corinto; cf. 2 Co. 11:8, 9). Pero no fue eso todo, ya que el apóstol dice: Porque estando en Tesalónica, más de una vez me enviasteis algo para aliviar mi necesidad. Esta ayuda que había sido prestada a Pablo mientras estaba entregado a la obra en Tesalónica precedió, naturalmente, a su partida de Macedonia. ¡Cuán dispuesta aquella iglesia, y cuán espontánea para prestar su ayuda! ¡Verdadera estampa de la encomiable generosidad que Lidia y Lucas imprimieron sobre esta congregación!
[17]. El temor de Pablo a ser mal entendido cuando habla de las ofrendas recibidas, aparece una y otra vez, debido, sin lugar a dudas, a que sus enemigos tergiversaban continuamente sus motivos (2 Co. 11:7; 12:14; 1 Ts.
2:3, 5, 8). Si aceptaba un donativo o si sus enemigos sospechaban que así había sido, enseguida era acusado de egoísta y avaro. Mas si, por el contrario, lo rechazaba, era tachado de hacer un espectáculo de su humildad. Sin embargo, no era el don, sino el dador, el verdadero objeto del interés de Pablo. Así pues, él dice: No es que yo busque la dádiva en sí, sino que busco fruto que aumente en vuestra cuenta. Nótese de nuevo el término comercial cuenta. El donativo era realmente una inversión en la cuenta de los filipenses, una inversión que les producía crecidos y ricos dividendos. Estos dividendos o frutos en las vidas de sus amigos son los que atraen el interés de Pablo. Él ya los ha mencionado anteriormente en esta carta (Fil. 1:11), cosa que también hace en otros pasajes de sus escritos (Ro. 1:13; 7:4; Gá. 5:22, 23: Ef. 5:9; Col. 1:6). El don que se da de corazón siempre enriquece al dador. “El alma generosa será prosperada” (Pr. 11:25). “A Jehová presta el que da al pobre” (Pr.
19:17). “Bienaventurados los misericordiosos: porque ellos alcanzarán misericordia” (Mt. 5:7). “Dios ama al dador alegre” (2 Co. 9:7). Y compárese también Lc. 21:1– 4. Entre los frutos que cosechan tales dadores, podemos mencionar los siguientes: una buena conciencia, la seguridad de la salvación, la rica comunión con otros creyentes, una amplia visión de las necesidades e intereses de la iglesia universal, un aumento de gozo y amor (ambos impartidos y recibidos), un alto grado de gloria en el cielo, y la alabanza en el Día del Juicio.
[18]. Muy probablemente continúa la fraseología mercantil en las palabras: He recibido pago completo, y vivo en la abundancia. Según la evidencia que aportan los papiros, el término apecho (ἀπέχω), que se emplea aquí, tiene el significado de “he recibido”. Su sentido técnico es: “Este es mi recibo”. Nos informa también que en recibos apecho es combinado frecuentemente (como aquí en Fil. 4:18) con panta (παντα), indicando que se ha cobrado todo, que ha habido un pago total y pleno. Por lo cual, con cierta gracia, el apóstol está diciendo aquí:
“He recibido pago completo, y mucho más” (o “y vivo en la abundancia”, según Erdman). Y continúa: Estoy bien abastecido, habiendo recibido de Epafrodito los regalos que (venían) de vosotros. No se nos dice lo que incluían aquellos dones. Pudo ser: dinero para cubrir gastos, material de lectura, ropa (acerca de estos dos últimos puntos, objetos que Pablo pediría más tarde, cf. 2 Ti. 4:13). Sobre Epafrodito véase lo dicho en Fil. 2:25–30. Lo mejor que se puede decir de estos dones es que se nos describen como un olor fragante, un sacrificio aceptable, agradable a Dios. Pablo no podía haber tributado mejor alabanza a los dadores. Los dones son “olor de suave perfume”, “una ofrenda presentada a Dios, grata y muy agradable a él”. Son comparables a la ofrenda de gratitud de Abel (Gn. 4:4), de Noé (Gn. 8:21), de los israelitas cuando en el estado de ánimo correcto presentaban sus holocaustos (Lv. 1:9, 13, 17), y de los creyentes en general al dedicar sus vidas a Dios (2 Co. 2:15, 16), como hizo Cristo, aunque él lo hizo de una manera única (Ef. 5:2). El que una ofrenda sea o no verdaderamente acepta y agradable a Dios (cf. Ro. 12:1), depende del motivo que impulse a uno a presentarla (Gn. 4:1–15; He. 11:4).
“No lo que damos, sino la intención del corazón; pues el don sin el donante es una vana ilusión”. (Lowell) El apóstol atribuye a los donantes el mérito de un espíritu recto, es decir, una actitud de fe, amor y gratitud.
Reconoce que su acción no fue meramente una demostración de simpatía hacia un amigo en apuros, sino una verdadera ofrenda presentada a Dios en favor de Su causa, y así a Pablo como representante de Dios. ¡Esta es la razón por que la acción era tan hermosa y elogiable!
[19]. Y mi Dios os dará gloriosamente todo lo que necesitáis, según sus riquezas en Cristo Jesús. [20] A nuestro Dios y Padre (sea) la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
4:19, 20. Confianza en el amoroso cuidado de Dios. Doxología.
A. Confianza en el amoroso cuidado de Dios.
[19]. Acercándose al final de su epístola, Pablo asegura ahora a los destinatarios que Dios suplirá todas sus necesidades: Y mi Dios os dará gloriosamente todo lo que necesitáis, según sus riquezas en Cristo Jesús.
¿No se había mostrado el amoroso cuidado de Dios de forma maravillosa sobre el mismo apóstol durante este encarcelamiento? Nótese el testimonio posterior de Pablo sobre este particular: “Pero el Señor estuvo a mi lado, y me dio fuerzas para que por mí fuese cumplida la predicación, y que todos los gentiles oyesen. Así fue librado
de la boca del león” (2 Ti. 4:17). Así también esta misma compasión llovería como bendición sobre los filipenses.
Es conmovedora la expresión “mi Dios”. Véase lo dicho sobre Fil. 1:3. Era el Dios que tanto, tantísimo significaba para Pablo. Este Dios no complace todos los deseos, pero ¡suple todas las necesidades! Él lo hará “en gloria”, frase que tiene el sentido de gloriosamente, modificando el verbo dar; por lo tanto: “Mi Dios os dará gloriosamente”. Pablo no piensa en primer lugar en lo que Dios hará por los creyentes cuando estos entren en la gloria de los cielos, sino lo que hará por ellos en este reino terrenal de necesidades, cuando éstas le sean presentadas. El dará no meramente de sus riquezas (como el millonario que dona una insignificante suma para alguna causa noble, suma sustraída de su cuantiosa fortuna), sino según sus riquezas, ¡de forma que el don estará realmente en proporción con los infinitos recursos de Dios! Naturalmente, este amoroso cuidado, esta gloriosa ayuda en necesidad, tiene su base en los méritos de Cristo Jesús. “¡Cuán grandes son los beneficios divinos que poseemos en Cristo!” (cf. Ro. 8:32). La unión vital con él es el único medio por el cual los creyentes reciben todas estas mercedes.
La seguridad de esta manifestación de la especialísima providencia de Dios no justificaría el que los filipenses se abandonaran a sí mismos, descuidando o incluso rechazando los medios puestos a su alcance para su propio cuidado. “La palabra de Dios no apoya el fanatismo, ni dice que uno deba tirar su cartera al río y luego proclamar que se va a vivir por la fe” (Tenney). En verdad, Dios tuvo cuidado de Pablo, pero una de las maneras en que proveyó para él fue el donativo de Filipos, que el mismo apóstol aquí agradece. Entre los muchos pasajes en que se describe este tierno y amoroso cuidado de Dios para con sus hijos aquí en la tierra, pasajes que han sido de consuelo para los suyos durante muchas generaciones, están los siguientes: Gn. 28:15; 50:20; Ex. 33:14; Dt. 2:7;
32:7–14; 33:27; Jos. 1:9; 1 S. 7:12; 1 R. 17:6, 16; 2 Cr. 20:17; Sal. 18:35; 23; 31:19; 91; 121; Is. 25:4; 32:2; 40:11;
41:10; 43:1, 2; 46:3, 4; Jl. 2:21–27; Mal. 3:10; Mt. 6:32; 14:20; 23:37; Lc. 6:38; 12:7; 22:35; Jn. 10:27, 28; 17:11:
Ro. 8:28, 31–39; 2 Ti. 1:12; 4:18; 1 P. 5:7.
Dinámica del Reino (Biblia de Estudio Plenitud): 4.19 Haz todo lo que el Seño dice y prosperarás, Prosperidad De Dios. Este versículo nos dice que Dios suplirá nuestra necesidad con algo distinto y definitivo,
«conforme a sus riquezas en gloria». Al declarar esto, Dios deja bien claro que no es no mezquino a la hora de proveer. Sus «riquezas» abarcan toda la creación, de manera que ¡No hay nada que necesites que Él no pueda proveer! No hay que citar o interpretar equívocamente este versículo. No dice que Dios suplirá todas tus necesidades; si dice que suplirá tu necesidad, la tuya. Eso incluye todo a la vez, y ello es posible porque Él lo hace conforme a sus riquezas. Este versículo no puede ser sacado del contexto Bíblico, porque se refiere a todas las cosas que la Escrituras nos dice que hagamos con el fin de prosperar. Si hacemos lo que la Biblia nos dice, Dios proveerá abundantemente. (Lc. 12:15; Gn. 12: 1-3).
4:20 B. Doxología
[20]. Para Pablo la doctrina nunca es árida. Siempre que ocupa su mente, llena también su corazón de alabanza.
En consecuencia, reflexionando en este maravilloso cuidado que Dios derrama sobre sus hijos, exclama: A nuestro Dios y Padre (sea) la gloria por los siglos de los siglos. Amén. Nótese “nuestro Dios y Padre”, a través de Cristo, naturalmente. A este Dios que en su Hijo es el Padre de todos los creyentes, Pablo tributa adoración.
Para un detallado estudio terminológico del concepto gloria, véase lo dicho sobre Fil. 1:11. El ardiente anhelo del corazón del apóstol es que todos los redimidos hijos de Dios se afanen en dar al Padre alabanzas sin fin, alabanzas
“por los siglos de los siglos”, o sea, para siempre jamás. El solemne Amén, palabra de afirmación o confirmación, subraya el hecho de que la doxología no es mero fruto de labios o de “pluma”, sino la espontánea expresión del corazón redimido por la gracia. Las epístolas de Pablo abundan en doxologías. Sobre este particular, véase lo ya dicho en Fil. 3:18, 19 bajo el epígrafe La naturaleza profundamente emocional de Pablo.
1er Titulo: Ofrenda sobrenatural (2ª a los Corintios 8: 1, 2 y 5. 1Asimismo, hermanos, os hacemos saber la gracia de Dios que se ha dado a las iglesias de Macedonia; 2que en grande prueba de tribulación, la abundancia de su gozo y su profunda pobreza abundaron en riquezas de su generosidad. 5Y no como lo esperábamos, sino que a sí mismos se dieron primeramente al Señor, y luego a nosotros por la voluntad de Dios).
Comentario: A. Generosidad manifiesta 8:1–6: [1]. Y hacemos del conocimiento de vosotros, hermanos, la gracia de Dios dada a las iglesias de Macedonia.
a. «Y hacemos del conocimiento de vosotros, hermanos». Cada vez que Pablo se refiere a un asunto delicado con los corintios, escribe la palabra hermanos, la cual en aquellos días incluía a las hermanas de la congregación.
El tema que él quiere tocar tiene que ver con dinero. Aparte de sus comentarios sobre la colecta para los pobres en Jerusalén hechos en su primera epístola (1 Co. 16:1–4), Pablo no vuelve a hablar de este asunto. ¡No es de extrañar! Matthew Henry afirma correctamente, «¡Cuán cautelosos deberían ser los ministros, especialmente en asuntos relacionados con dinero, para no dar ocasión a aquellos que buscan la oportunidad de criticar!»
El acto de dar a conocer algo a los corintios en este caso no es una revelación divina sino más bien un informe presentado por el apóstol. En ambos Testamentos, Antiguo y Nuevo, el verbo hacer del conocimiento revela una proclamación de la voluntad de Dios (p. ej., Sal. 16:11; Ro. 9:23). Pero aquí, Pablo está a punto de empezar a tratar algo relacionado con la recaudación de fondos para la iglesia madre en Jerusalén. Para los corintios, esto no era extraño, lo que se hace evidente cuando el apóstol les recuerda las instrucciones que les había dado a la vez que les da mayores detalles.
Las instrucciones de Pablo para la recaudación de dinero para la iglesia en Jerusalén no estaban confinadas a un lugar específico, sino que las dio a conocer a todas las iglesias en Asia Menor, Macedonia y Grecia. Por ejemplo, a las iglesias en Galacia dio las mismas instrucciones que dio en Corinto (1 Co. 16:1). Informó a la iglesia en Roma que las iglesias en Macedonia y Acaya habían donado dinero para los pobres entre los santos en Jerusalén (Ro. 15:25–26). Y finalmente, reveló que, efectivamente, había entregado estos regalos a los pobres en esa ciudad (Hch. 24:17).
Cuando Pablo recibió el informe positivo de Tito sobre la actitud de los corintios hacia el apóstol, también supo que la iglesia no había progresado del todo en el asunto de recaudar ayuda para los santos de Jerusalén. El tiempo se había ido en la controversia relacionada con el ofensor. Además, falsos maestros habían echado a correr rumores sobre que estaba usando las colectas para su propio beneficio (2:17; 11:7; 12:14). Había llegado el momento de poner las cosas en su lugar, por lo que Pablo describe a las iglesias de Macedonia como modelo y como un incentivo para los corintios.
b. «La gracia de Dios dada a las iglesias de Macedonia». En sus cartas a la iglesia en Corinto, con frecuencia Pablo usa la frase la gracia de Dios (con variantes). La frase tiene varios significados dependiendo del contexto en el cual se usa y aquí el escenario indica que Pablo se está refiriendo no a la gracia salvadora de Dios sino a la consecuencia de esa gracia. Para ser preciso, él tiene en mente la voluntad de los recipientes de la gracia de Dios para dar generosamente para el alivio de las necesidades físicas de los santos (vv. 2–9). La gracia es el don de Dios que hace posible y real la participación en la colecta; y resulta en una demostración del amor cristiano como una respuesta al ministerio de Pablo.
Aunque ayudar a los pobres es loable, no todos están listos para hacerlo, como observa Juan Calvino: «No todos los hombres consideran una ganancia el dar, ni lo relacionan con la gracia de Dios».
Las tres iglesias que Pablo fundó en Macedonia eran las que estaban en Filipos, Tesalónica y Berea (Hch. 16:12–
40; 17:1–12). De estas congregaciones, la de Filipos repetidamente envió ayuda financiera a Pablo mientras estaba en Tesalónica y más tarde cuando estaba bajo arresto domiciliario en Roma (Fil. 4:16–18). Nótese que Pablo afirma que Dios ha dado su gracia a las iglesias de Macedonia para moverlos a ayudar a otros que están en necesidad; es decir, no son las iglesias sino Dios quien recibe el honor y la alabanza. Las iglesias simple-mente hacen el trabajo que Dios requiere de ellas. Mediante la predicación apostólica del evangelio, los creyentes fueron exhortados a demostrar su amor cristiano a todas las personas, especialmente a los miembros de la familia de Dios (Gá. 6:10). Al hacer a Dios el agente a través del cual se concede la gracia, Pablo evita hábilmente provocar una competencia entre las iglesias de Macedonia y de Corinto. En lugar de eso, los incita a la acción.
En la literatura epistolar del Nuevo Testamento, los escritores nunca se refieren al dinero como una fuente de ingresos para ellos mismos. Mencionan regalos, pero nunca en la forma de plata u oro (vv. 12, 20; Fil. 4:17; Stg.
1:17). Ellos cumplen el mandato de Jesús: «No lleven ni oro ni plata ni cobre en sus cintos; … porque el trabajador es digno de su paga» (Mt. 10:9– 10).
[2]. Que, en muchas pruebas debido a aflicciones, su gozo abundante y su pobreza extrema sobreabundaron en su riqueza de generosidad.
a. Pruebas. «En muchas pruebas debido a aflicciones». El énfasis en esta cláusula está en la palabra aflicciones, y el Nuevo Testamento relata algunas de las aflicciones que las iglesias en Macedonia tuvieron que soportar. Por ejemplo, la predicación del evangelio por parte de Pablo en Tesalónica agitó a los judíos contra los que se habían convertido al cristianismo. Los judíos, entonces, llevaron a Jasón y a sus compañeros cristianos ante las
autoridades de la ciudad, quienes dijeron a los cristianos que pagaran una fianza (Hch. 17:1–9). En una carta subsiguiente a los creyentes en Tesalónica, Pablo les dice que ellos sufrieron a manos de su propio pueblo, así como las iglesias en Judea sufrieron a manos de los judíos (1 Ts. 2:14; 3:3–4; 2 Ts. 1:4). Pero aparte de la ocasión en que llevaron a Pablo ante el tribunal del procónsul Galión en Corinto (Hch. 18:20), no se sabe de otras persecuciones contra los corintios. Las palabras de Pablo, por lo tanto, comunican una especie de comparación que seguramente no pasó desapercibida a los atentos lectores corintios.
Aun cuando la persecución no parece haber sido un problema para la gente de Corinto, de todas maneras, experimentaron pruebas en algún grado. Fueron probados cuando un individuo insultó a Pablo y cuando los opositores de los apóstoles empezaron a propalar falsos rumores sobre sus instrucciones. En un capítulo anterior se dice que Pablo quiso probar a los miembros de la iglesia en Corinto para ver si eran obedientes en asuntos espirituales (2:9). Pero las aflicciones que tuvieron que soportar se debieron más a problemas morales que a la fuerza bruta.
b. Contraste. «Su gozo abundante y su pobreza extrema sobreabundaron en su riqueza de generosidad». Los macedonios sabían que durante sus agudos sufrimientos el Señor nunca les falló; como consecuencia, su gozo en él era ilimitado (1 Ts. 1:6). El sufrimiento produce gozo abundante, como los apóstoles fueron capaces de testificar cuando fueron azotados por orden del Sanedrín (Hch. 5:41; véase también Mt. 5:12).
El contraste que introduce aquí Pablo no es entre riqueza y pobreza sino entre gozo abundante y pobreza extrema. La aflicción produce gozo, y el gozo y la pobreza producen riqueza de generosidad.
Dos siglos antes que Pablo viniera a Macedonia, las minas de oro en esa provincia proveían cierto grado de riqueza a su población. Pero durante el siglo primero de la era cristiana, la economía se había deteriorado y la provincia había caído en una profunda pobreza. Las guerras, las invasiones de los bárbaros, la presencia de Roma y la reestructuración de la provincia contribuyeron a deteriorar su situación financiera. No solo se empobrecieron las zonas rurales sino también los centros urbanos, incluyendo «las ciudades romanizadas de Filipos, Tesalónica y Berea». Por el contrario, la ciudad de Corinto floreció financieramente debido al volumen de comercio que generaban sus dos puertos, Cencrea y Lejaión. En resumen, había en términos económicos una notable diferencia entre Macedonia y Corinto. Pablo alude a este contraste.
A pesar de su pobreza, los macedonios eran generosos en dar. Pablo usa la palabra griega haplotes, que se traduce mejor como «generosidad» en el sentido de reflejar la unidad del cuerpo de Cristo (véase 9:11, 13; Ro.
12:8). La palabra describe sencillez de corazón y sencillez indivisible. En este contexto expresa una unidad globalizante de la iglesia: las iglesias en Macedonia envían sus donativos a los santos en Jerusalén, que han sido golpeados por la pobreza. Con esta palabra griega, Pablo expresa su gozo al ver la unidad de la iglesia universal en la cual los cristianos gentiles muestran su cuidado amoroso a su contraparte judía en Jerusalén.
Cuando Pablo escribe «la riqueza de su generosidad», no está pensando en riquezas materiales. La palabra riqueza debe entenderse espiritualmente, como lo muestran algunos versículos tomados de las epístolas paulinas:
«las riquezas de su benignidad» (Ro. 2:4)
«las riquezas de su gloria» (Ro. 9:23)
«las riquezas de la gracia de Dios» (Ef. 1:7)
«la plena riqueza de un entendimiento completo» (Col. 2:2)
Pablo ve las riquezas en relación con Jesucristo y la obra de redención. Se regocija cuando la palabra de Cristo habita ricamente en los corazones y las vidas de los creyentes (Col. 3:16). Y esto fue lo que observó en las iglesias de Macedonia.
[3]. Por lo que testifico que dieron según sus posibilidades y más allá de sus posibilidades, según su propio acuerdo.
Este breve versículo está incompleto porque le falta el verbo principal dieron; el verbo debe tomarse del versículo 5 como complemento de las cláusulas según sus posibilidades y más allá de sus posibilidades.
Como es evidente en muchas traducciones, la división del versículo es inapropiada. La frase según su propio acuerdo está, como un aparte, entre los versículos 3 y 4, y el lector tiene la opción de conectarla con lo que la precede o sigue. La palabra testifico es un comentario parentético y hace que la misma frase sea concisa.
Pablo dice que él ha observado la sobreabundante generosidad de los cristianos macedonios. Les ha informado de las necesidades materiales de los creyentes en Jerusalén a cuyo informe ellos han respondido en forma entusiasta. Como un testigo ocular, se percató de su disposición a contribuir a los fondos separados para atender a las necesidades de los pobres. Aun cuando ellos mismos pertenecían a la clase empobrecida de la sociedad,
dieron todo lo que podían, e incluso más. En su posterior instrucción sobre este punto, Pablo escribe: «Que cada uno dé como ha decidido en su mente dar, no de mala gana o por necesidad. Porque Dios ama al dador alegre»
(9:7).
Sin ningún tipo de presión por parte de Pablo o sus colaboradores, los macedonios estuvieron listos para dar.
En forma espontánea expresaron su deseo de dar y su súplica de compartir en el servicio a los santos en Jerusalén.
En un versículo posterior, Pablo escribe que lo que ellos hicieron estaba en armonía con la voluntad de Dios (v.
5). Por su Palabra y su Espíritu, Dios abrió sus corazones para que reaccionaran en forma tan magnánima.
[4]. Rogándonos con ansias les diéramos el privilegio de participar en el servicio [de ayudar] a los santos.
[5]. Y no solo como habíamos esperado [que lo hicieran] sino que se dieron ellos mismos, primero al Señor y luego a nosotros mediante la voluntad de Dios.
a. «Rogándonos con ansias les diéramos el privilegio de participar en el servicio [de ayudar] a los santos».
Suponemos que Pablo, conociendo la pobreza de los macedonios, les mencionó las horribles necesidades de la iglesia en Jerusalén. También les enseñó que los santos en esa ciudad habían compartido bendiciones espirituales con ellos en la forma del evangelio de Cristo. Estaban en deuda con aquellos santos quienes les habían enviado a Pablo y a otros con las Buenas Nuevas (véase Ro. 15:26–27). Su reacción—una súplica ardiente para que se les permitiera compartir sus bendiciones materiales con las personas necesitadas en Jerusalén—conmovió profundamente a Pablo. Como recientemente convertidos a la fe cristiana, los macedonios respondieron más allá de lo que todos esperaban.
Nótese que el versículo 4 está compuesto de cuatro conceptos teológicos: privilegio, compartir, servicio y santos. Estos cuatro conceptos promueven la unidad de la iglesia universal de Cristo tanto en el siglo primero como en nuestros tiempos modernos.
Examinaremos y comentaremos cada uno de estos conceptos.
-1. Privilegio. La vida espiritual en Cristo motivó a las iglesias en Macedonia a implorar a Pablo y sus asociados que les permitieran el privilegio de dar de sus recursos materiales a la iglesia en Jerusalén. La palabra griega charis (privilegio) se refiere al acto de dar, no al donativo mismo.12 Así como Dios da buenas cosas a sus hijos (Mt. 7:11; Lc. 11:13), así los macedonios dan libremente de sus posesiones para los necesitados y consideran el dar un privilegio.
-2. Compartir. Excepto por las diferencias de matices, el acto de dar está estrechamente relacionado con compartir las posesiones de uno. Compartir es la consecuencia del privilegio; compartir implica compañerismo con Cristo y el uno con el otro; y compartir denota unidad y mutualidad. Comentando sobre la colecta que tuvo lugar entre los creyentes en Macedonia y Acaya, Pablo escribe que «ellos son deudores a los judíos [en Jerusalén]
para compartir con ellos sus bendiciones materiales» (Ro. 15:27). Compartir las bendiciones materiales y espirituales es una marca de la verdadera iglesia y una demostración vívida de un cristianismo viviente.
-3. Servicio. Pablo usa el término familiar griego diakonia para «servicio». Ser parte de la iglesia no consiste en tener el nombre de uno en la lista de miembros ni exhibir un registro de asistencia perfecta. Es participación en alcanzar a otros en amor cristiano y ayudarse los unos a los otros en un servicio humilde al Señor (Jn. 13:14–
17). Ayudar a otro ser humano promueve la unidad de la iglesia e ilustra la aplicación de uno de los dones del Espíritu (1 Co.12:28).
-4. Santos. El Nuevo Testamento está repleto con la expresión santos; especialmente en las epístolas de Pablo esta palabra aparece frecuentemente y se aplica a todos los cristianos de origen tanto judío como gentil. Aquí se aplica a aquellos cristianos de Jerusalén que estaban viviendo en una abyecta pobreza. Habían tenido que soportar persecución (Hch. 8:1), años de hambruna (Hch. 11:27–30), turbulencias sociales e inestabilidad política. Todos estos factores habían contribuido directa o indirectamente a la pobreza de los santos en la iglesia madre. Antes, Pablo había mencionado explícitamente que la colecta era para Jerusalén (1Co. 16:1–3), de modo que al presente no tenía necesidad de mencionar de nuevo el nombre de la ciudad. Además, preocuparse por los pobres, incluyendo a los de Jerusalén, era un mandato apostólico (Gá. 2:10).
b. «Y no solo como habíamos esperado [que lo hicieran]». En este pasaje vemos un papel a la inversa.
Normalmente, se espera que la persona que solicita fondos lo haga a un posible donante para que respalde una causa. Pero aquí los donantes estaban pidiendo a Pablo que les permitiera ayudar a los pobres. Este ruego de los macedonios demuestra un deseo genuino de ayudar.
c. «Sino que se dieron ellos mismos, primero al Señor y luego a nosotros mediante la voluntad de Dios». Si los macedonios hubiesen respondido donando una determinada suma, Pablo habría estado agradecido. Pero fueron
más allá de todas las expectativas. El entusiasmo que desplegaron al dar estuvo primero dirigido al Señor. Él fue el receptor de su gratitud por los dones espirituales que habían recibido de él. Conscientes que Pablo y sus compañeros les habían llevado el evangelio de Cristo, los macedonios dirigieron su fervor también a ellos. Se sometieron al Señor y a sus siervos. El apóstol y sus ayudantes se dieron por completo a los macedonios para presentar un modelo perfecto de servicio mutuo: los miembros se entregaron a servir al apóstol y él, a su vez, se dio a ellos sin reserva.
Pablo escribe, «mediante la voluntad de Dios». Con esta frase, expresa el pensamiento que los macedonios se sometieron completamente al Señor y a los apóstoles. Nada ocurre fuera de la voluntad de Dios, lo que significa que los presentes que ofrecieron los macedonios los ofrecieron mediante su voluntad divina. Sabemos que Dios revela su voluntad a través de las Escrituras y la predicación del evangelio (compare 1:1). Él está en control total mientras dirige y guía a su pueblo para que viva una vida de gratitud.
Mientras más cerca estén los cristianos en su compañerismo con el Señor, más mostrarán su amor los unos para con los otros. Deben hacer de Jesucristo el centro de sus vidas de modo que pueda recibir honor, alabanza y gloria.
Pero, ¿es correcto que Pablo se coloque él mismo y sus colegas en un nivel igual al del Señor? En un sentido, el apóstol está en lo correcto. Cristo lleva a cabo su obra a través de sus siervos quienes proclaman el evangelio, y esto es posible porque delega su autoridad en ellos.
Consideraciones prácticas en 8:3–5
Pablo escribe que los cristianos en Macedonia eran tan generosos que, aunque ellos mismos eran extremadamente pobres, dieron «incluso más allá de sus posibilidades» (8:3). Pero en otra parte, Pablo dice: «No debáis a nadie nada, excepto el amarse los unos a los otros» (Ro. 13:8). ¿Son contradictorias sus instrucciones a los cristianos? No, definitivamente que no, porque el sentimiento expresado armoniza con lo que Jesús le dijo al joven rico: «Si quieres ser perfecto, anda, vende tus posesiones y da a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo.
Luego ven, sígueme» (Mt. 19:21). Las palabras de Jesús no quieren decir que los cristianos están urgidos a dar de sus recursos hasta que lleguen a endeudarse.
El joven rico codiciaba la riqueza material más que la riqueza espiritual. Por eso, se fue triste porque escogió el dinero antes que seguir al Señor.
El Nuevo Testamento no habla de los diezmos en las comunidades cristianas. Tampoco menciona porcentajes, porque el Señor quiere que su pueblo le demuestre su amor y fidelidad. El dar debe ser un acto de gratitud gozosa a él, «porque Dios ama al dador alegre» (9:7). Nuestro dar debe ser libre de reglas mecánicas u obligatorias. En cambio, debería caracterizarse por la generosidad que emana de nuestro gozo en el Señor. Así es como los cristianos de Macedonia demostraron su amor: dando más allá de sus posibilidades.
2° Titulo: El Don de repartir sus bienes para el avance de la obra de Dios (Los Hechos 4: 32 al 37. Y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común. Y con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús, y abundante gracia era sobre todos ellos. Así que no había entre ellos ningún necesitado; porque todos los que poseían heredades o casas, las vendían, y traían el precio de lo vendido, y lo ponían a los pies de los apóstoles; y se repartía a cada uno según su necesidad. Entonces José, a quien los apóstoles pusieron por sobrenombre Bernabé (que traducido es, Hijo de consolación), levita, natural de Chipre, como tenía una heredad, la vendió y trajo el precio y lo puso a los pies de los apóstoles.).
Comentario del contexto Bíblico: El amor de los santos 4:32–37
Lucas describe cómo los miembros de la iglesia de Jerusalén vivían juntos, en unidad. Era evidente la armonía que prevalecía entre los hermanos, y los apóstoles continuaban predicando la resurrección de Cristo Jesús. Juntos ellos velaban por todas las necesidades espirituales y materiales de los creyentes, de tal modo que la pobreza efectivamente fue abolida de entre ellos.
(a). La comunidad de bienes
[]32. Y la comunidad de los que creyentes era de un corazón y de una mente. Ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía; en cambio, tenían todas las cosas en común.
-a. “Y la comunidad de los creyentes era de un corazón y de una mente”. He aquí un cuadro elocuente de la extraordinaria unidad de la comunidad cristiana primitiva. A pesar de la oposición del Sanedrín (o quizás debido a ella), los creyentes dan forma a una comunidad que es “de un corazón y de una mente”. Los creyentes, cuyo número era de unos cinco mil hombres (v. 4), mantienen la unanimidad debido a la presencia del Espíritu Santo en su medio, la predicación de la Palabra de Dios, y la disposición de compartir sus bienes los unos con los otros.
Aun si fuéramos capaces de explicar la unidad de la comunidad cristiana, tendríamos que reconocer que este fenómeno en un grupo tan grande de personas es realmente único.
La frase de un corazón y de una mente es típicamente hebrea. En Deuteronomio la encontramos con bastante frecuencia y es parte del resumen del Decálogo: “Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente” (Mr. 12:30). Los primeros cristianos expresaban su amor en forma horizontal hacia sus hermanos y hermanas necesitados. Así daban cumplimiento a la segunda parte de esta síntesis, “Ama a tu prójimo como a ti mismo” (Mr. 12:31).
-b. “Ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía; en cambio tenían todas las cosas en común”.
Enfáticamente, Lucas dice que nadie en la comunidad alegaba ser dueño de sus posesiones. El término ninguno subraya la unidad prevaleciente en la iglesia de Jerusalén. En un sentido, Lucas repite lo que ya ha dicho que ocurrió como consecuencia del sermón de Pedro en Pentecostés: “Todos los que habían creído estaban juntos y tenían en común todas las cosas. Empezaron a vender sus propiedades y sus bienes, y repartían a todos que tuvieran necesidad” (2:44–45).
Una vez más él ilustra la unidad entre los cristianos primitivos, preocupándose por el cuidado de los pobres entre ellos. Lo hacen compartiendo sus posesiones materiales y demostrando su buena voluntad al no guardar como propias aquellas cosas. Están bien conscientes de la instrucción divina de que no hubiera pobre entre el pueblo de Dios (c.f. Dt. 15:4). Esto es, debido a las abundantes bendiciones de Dios para con su pueblo, la comunidad cristiana debía abolir la pobreza.
Nótese que los apóstoles recomiendan el compartir voluntario de las posesiones, no la abolición del derecho de propiedad. Como una comunidad, los cristianos son diferentes a la comunidad llamada Qumrán, que estaba ubicada cerca de la costa noroeste del mar Muerto. Los esenios que vivían en esa comunidad renunciaban al derecho de propiedad privada, establecían un fondo común, y todos los miembros de la comunidad recibían una suma igual para atender a sus necesidades.299 Los cristianos en Jerusalén, sin embargo, vivían bajo el principio de compartir voluntariamente sus posesiones para fortalecer la unidad y armonía de la comunidad. Los esenios actuaban en respuesta a una regla humana de compulsión; los cristianos actuaban en obediencia a la ley del amor de Dios. Los cristianos practicaban el uso común de sus posesiones, no la copropiedad.
[33]. Con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús, y abundante gracia era sobre todos ellos.
Las necesidades materiales y las espirituales van juntas. La comunidad entera se ocupa en la ayuda material mutua, mientras los apóstoles anuncian el evangelio de Cristo. Especialmente después de la confirmación de Dios en respuesta a sus oraciones, los apóstoles no pueden guardar silencio y predican con osadía la resurrección del Señor. Lucas dice que la predicación se hacía con gran poder. La expresión con gran poder no se refiere a los milagros de sanidad sino a la llenura del Espíritu Santo que hacía que los apóstoles predicaran valientemente (c.f.
v. 30). La comunidad demuestra un vibrante poder al respaldar a los apóstoles, quienes decididamente se olvidan de las amenazas del Sanedrín.
Una vez más, Lucas recalca uno de los temas básicos de la predicación apostólica: “los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús” (véase 1:22; 3:15, 26; 4:2, 10). Ellos habían estado personalmente con Jesús después de su resurrección; él es su Señor, como Lucas lo señala. En obediencia a su Señor, los apóstoles dan fe de su resurrección (2:36).
La parte final de este versículo (v. 33) provee un balance entre las expresiones con gran poder y con abundante gracia. ¿Cuál es el significado de “gracia”? Algunos traductores entienden el término en el sentido de “la superabundante bendición de Dios” sobre todos los creyentes. Esta es una interpretación libre del texto, particularmente porque éste no incluye la palabra Dios. Otros traductores interpretan el término gracia como
“favor”, en el sentido que los residentes de Jerusalén veían con simpatía a los cristianos. Es evidente que los habitantes de Jerusalén observaban a los cristianos proveyendo para las necesidades de toda su comunidad de tal manera que no había pobreza entre ellos; oían a los apóstoles predicar la doctrina de la resurrección de Cristo; y
eran testigos del inherente poder que tenían por la presencia del Espíritu Santo. No hay dudas de que el público en general se formó una impresión favorable de la comunidad cristiana (c.f. 2:47; 4:21; 5:13).
[34]. Así que no había entre ellos ningún necesitado. Todos los que poseían heredades o casas periódicamente las vendían, y traían el precio de lo vendido, [35]. y lo ponían a los pies de los apóstoles, y se repartía la ganancia a cualquiera que tuviera necesidad.
Aquí Lucas da un poco más de detalles acerca de la iglesia que los que dio en relación con la comunidad que se formó inmediatamente después de Pentecostés (2:44–45). Allí él dice que los cristianos tenían todas las cosas en común y vendían sus posesiones y bienes para dar de comer a los pobres. Aquí él afirma que la pobreza ha sido eliminada y que a medida que las necesidades se presentan, los creyentes que tienen propiedades las venden y traen el producto a los apóstoles para distribuirlo entre los necesitados. Observemos tres aspectos del desarrollo de la comunidad cristiana: primero, la venta de tierras y casas ocurre sólo cuando había necesidad; segundo, los creyentes establecieron un fondo para ayudar a las personas necesitadas; y tercero, los apóstoles tenían la responsabilidad de distribuir los dineros reunidos.
Es bien poco lo que sabemos sobre la iglesia en Jerusalén en el período entre Pentecostés y la persecución que siguió a la muerte de Esteban (8:1). Mientras algunos creyentes tenían posesiones, otros no las tenían. Pero nadie en la comunidad tenía necesidad, porque los ricos vendían sus tierras o casas y generosamente daban el producto a los apóstoles. Con una membresía en constante aumento, también creció el trabajo diaconal de los apóstoles.
Había llegado el momento para elegir a hombres calificados para distribuir el dinero a los necesitados en aquella iglesia en desarrollo.
b. El ejemplo de Bernabé 4:36–37
Después de describir la generosidad de la comunidad cristiana en general, Lucas nos da un ejemplo específico y describe un hecho en la vida de Bernabé. A lo largo de la primera mitad de Hechos, Bernabé cumple el rol de colaborador, mediador y animador. Aquí, Lucas lo presenta en relación con la ayuda a los necesitados.
[36]. Entonces José, a quien los apóstoles pusieron por sobrenombre Bernabé (que traducido es Hijo de consolación), levita, natural de Chipre, [37]. como tenía una heredad, la vendió y trajo el precio y lo puso a los pies de los apóstoles.
Como era costumbre en los tiempos del Nuevo Testamento, Bernabé tenía el nombre de José, el que seguramente era usado por sus familiares. En el Nuevo Testamento no es conocido por ese nombre; en Hechos y en las epístolas de Pablo él es Bernabé. Lucas nos dice que los apóstoles le pusieron el nombre Bernabé; quizás cuando fue bautizado recibió un nombre que fue aceptado tanto por él mismo como por la comunidad cristiana.
Lucas también nos da el significado del nombre, que quiere decir Hijo de consolación. En otras palabras, el nombre describe el carácter de esta persona.
Lo difícil para nosotros es trazar el origen del nombre Bernabé a una significativa expresión aramaica. Por supuesto, la palabra en arameo bar significa “hijo”. Pero el nombre Nabé es desconocido. Adolf Deissmann ha intentado encontrar una solución usando una variante de la palabra Nabé. El sugiere que aceptemos la hipótesis hijo de Nebo. Otros sugieren el variante hijo de un profeta. Pero ninguna de estas sugerencias nos sirve de base para “hijo de consolación” y no resuelven la cuestión básica. Se mantiene el hecho de que no fue el padre de Bernabé sino Bernabé mismo el conocido como un consolador. Reconocemos que el problema es insoluble, por lo que sólo nos queda entender que el nombre le fue puesto debido a su carácter.
Bernabé era un levita que había nacido en Chipre, una isla en la parte oriental del mar Mediterráneo. Es posible que haya venido a Jerusalén porque su primo Marcos y su tía María (la madre de Marcos) vivían allí (12:12; y Col. 4:10).
Aunque la ley de Moisés prohibía que los levitas poseyeran propiedades (Nm. 18:20; Dt. 10:9) no hay confirmación de que los levitas en la dispersión hayan seguido observando esta ordenanza. Bernabé pudo haber llegado a tener esa propiedad a través de su matrimonio y, conociendo las estipulaciones mosaicas, haya querido venderla. El punto es que él vendió el campo, que pudo haber estado en las afueras de Jerusalén, y dio el producto a los apóstoles para que se distribuyera entre los pobres. Él fue uno de los muchos que vendieron sus posesiones para atender a las necesidades de los pobres. Pero Lucas destaca a Bernabé por la posición de liderazgo que habría de desempeñar más adelante.
Comentarios: ¿Qué es el Don de Dar?
Pablo dice que el don de dar comprende el dar "con sencillez" (Rom. 12:8). "Sencillez" es una palabra interesante. Ha sido traducida de muchas formas. Literalmente significa "sin pliegos" como un pedazo de tela sin doblar. Se puede decir: simplicidad, sin doble ánimo, honestidad mental, sin pretensiones. Cuando uno da con el corazón abierto, uno dona libremente, con alegría. Además, da generosamente, con liberalidad. "Sencillez" en Romanos 12:8 ha sido traducido de todas estas formas, en una versión u otra.
La persona que tiene el don de dar dará sin doble ánimo. Ninguna motivación errónea arrugará la tela de su mente dándole algún doblez. No dará como para calmar la consciencia por causa de la forma en que consiguió su dinero. Tampoco dará para recibir algo de vuelta. Al mandar una dádiva podrá poner: "con amor," pero nunca:
"estoy dando esto para que me admires". Tampoco damos para ser vistos en público, como hicieron los fariseos que tocaban trompeta para alertar a la gente para que miraran mientras daban sus dádivas. La persona que no dona a no ser que su nombre sea inscripto en un vitral o en la piedra fundamental, no entiende el mandamiento de Cristo de no permitir a la mano izquierda que sepa lo que hace la mano derecha (Mateo 6:3). El don de dar no permite ninguna mezcla de interés propio en la moneda de nuestra dádiva.
El don de dar incluye el dar libremente, con alegría y con amor. En la edición de enero de cierta revista había un dibujo cómico. Había un mendigo sucio extendiendo su sombrero pidiendo limosna con un cartel que decía:
"Dar después de Navidad, eso es verdadera compasión". El verdadero dar no se limita a tiempos y estaciones ni el antojo del momento. Proviene de un corazón alegre.
Pablo dijo a los corintos que dieran "no con tristeza, ni por necesidad" (2 Cor. 9:7). La persona con el don de dar no dirá: "Si voy a aquel culto tomarán ofrenda" o "Aquí viene el platillo de la ofrenda, voy a tener que poner algo, aunque me duela". El don de dar no crea una atmósfera fúnebre en el momento de la ofrenda. Más bien uno da con alegría porque Dios ama al dador alegre. De la palabra griega "alegría" tenemos la palabra "hilaridad" en español. El don de dar de vuelta alegremente a El que ha dado tanto para nosotros y a nosotros.
El don de dar da como resultado la liberalidad. Una noche, durante una campaña de Billy Graham en Madison Square Garden, un conocido mafioso entró con cuatro guardaespaldas que se sentaron dos a cada lado de él. En el momento de la ofrenda estos hombres miraron a su líder para ver qué debían hacer. "Esto corre por cuenta mía", dijo. Sacó de su billetera un fajo de billetes de cien dólares. (Dos miembros del equipo de Billy Graham estaban sentados en la fila siguiente y dijeron que el fajo era suficientemente grande como para atragantar a una vaca). El mafioso buscó entre los billetes de cien hasta encontrar un billete de un dólar, el cual puso en el platillo.
Si este incidente no fuera tan lamentable sería gracioso. La dádiva fue deficiente por dos razones importantes. No provenía de un corazón regenerado y no fue dada con liberalidad en ninguna manera. El gesto de dar meramente una propina no se debe confundir con la verdadera generosidad. Mucho de lo que se llama dar, insulta a Dios por su pequeñez en comparación a la capacidad de dar.
Dos leprosos cristianos en el oriente recibieron a un tercer leproso en su choza en un leprosario que dependía del gobierno porque no había casa disponible en ese momento. Los dos vivían con raciones de comida apenas por arriba de lo indispensable para no morir de hambre. Cuando se les preguntó cómo era posible alimentar a un tercero, respondieron que, aunque recibían arroz para dos personas, de alguna manera lo hacían alcanzar para los tres. ¿No era esto verdadera liberalidad?
Otra faceta del don de dar es que la obra de Dios será ayudada. No debemos dar sin cuidado ni indiscriminadamente, repartiendo a toda persona o grupo que mendiga. Más bien, investigando, nos ocuparemos de que sean suplidas necesidades legítimas. Las donaciones no fluirán en respuesta a pedidos emocionales o sentimentales. No serán dadas neciamente, pero se basarán sobre cuidadosa investigación.
En resumen, el don de dar es una habilidad dada por Dios, por cierto, de dar dinero para el progresar de la obra de Dios con tal cuidado y gozo que son fortalecidos los que reciben. Dios ha dado grandes posesiones a algunos hombres porque puede confiar en ellos para usar lo que tienen para el servicio divino. Estos creyentes son mayordomos especiales. Un pastor de California comentó que muchas veces lo van a ver hombres con dinero para financiar algún ministerio, aunque el costo para ellos sea considerable. Les da genuino gozo ver a Dios obrar a través de sus dádivas. Este pastor comentó que es difícil mencionar una causa sin que esta gente quiera aportar a su favor.
El mismo espíritu prevalecía cuando hubo pobreza en los tiempos apostólicos. Dueños de propiedades vendían sus tierras o casas y luego donaban el dinero para aliviar las necesidades. Bernabé era no solamente la personificación del don de animar, sino que también poseía el don de dar. Se lo señala con una mención especial como uno que vendió terreno y trajo el dinero a los apóstoles (Hechos 4:34-37).
Algunos hombres dan liberalmente de sus ganancias luego de suplir sus propias necesidades y dan mucho más allá que un diezmo.
3er Titulo: El Don de repartir a las personas pobres (Salmo 112:9. Reparte, da a los pobres; Su justicia permanece para siempre; Su poder será exaltado en gloria.).
Cita; 2ª a los Corintios 9:9. Como está escrito: Repartió, dio a los pobres; Su justicia permanece para siempre.
Reparte tu porción con siete, o aun con ocho, porque no sabes qué mal puede venir sobre la tierra.
(Eclesiastés 11:2).
Comentario:El salmista tenía en mente la firmeza del justo en la batalla contra los enemigos de Dios, pues, como dice Pablo, todos los que quieren vivir para Dios, sufrirán persecución. En esta batalla espiritual el hombre de Dios está firme, confiado y afianzado hasta que vea la victoria. Da a los necesitados (v. 9). Comparando los dos Salmos vemos que Dios dio todo para redimirnos (Job 111:9), entonces nosotros hemos de compartir con los necesitados. Así, lo que hace permanece. Muchos malgastan la vida tratando de lograr algo perdurable, pero lo duradero es invertir en las vidas de otras personas. Contraste del hombre impío, v. 10 El salmista enseña con contrastes. El que se deleita en Dios recibe “las peticiones de su corazón”, pero
Finalmente, el hombre que teme a Jehová, es exaltado, aun en medio de sus enemigos. El temor al Señor trae a nuestra vida un espíritu de humillación y por consiguiente somos exaltados delante de sus ojos: “Porque Jehová es excelso, y atiende al humilde, más al altivo mira de lejos”, (Salmo 138:6).
Conclusión.
Por Tanto, hoy vivimos en un mundo donde las personas viven temerosas de las tragedias, de la brujería, de la delincuencia, de la muerte, el fraude, de los fracasos financieros, de las enfermedades, y tantas cosas. En contraste, el temor a Dios trae a nuestra vida confianza y seguridad porque:
1. El temor a Dios nos aleja de las consecuencias del pecado.
2. El temor a Dios trae bendiciones y prosperidad a nuestra vida.
3. El temor a Dios nos afirma en esta vida.
4. El temor a Dios trae la protección divina.
5. El temor a Dios nos exalta aun delante de nuestros enemigos.
Pensamiento 1: Es clemente, misericordioso y justo: La luz recibida de Dios brilla a través de los justos, y ellos muestran a otros la gracia, misericordia, justicia, y generosidad que Dios les ha concedido a ellos.
(i). El Salmo 112:3 se refiere al bienestar y a las riquezas que constantemente vienen a aquellos que temen al Señor. Kidner comentó, “El Salmo lidia de forma realista con la tentación que viene con la posesión del dinero.”
Esta incluye abuso de poder, rehusarse a prestar, temor, rivalidades, y la falta de generosidad.
(ii). Y presta: “Encontrándose a sí mismo en una situación que le permite dar algo de su riqueza de forma sensata donde un préstamo sería un servicio permanente. La providencia le ha dado la capacidad de prestar, y la gracia lo ha vuelto dispuesto a hacerlo. Él no es alguien que pide, ya que Dios lo ha levantado por encima de esa necesidad;
tampoco es un acaparador, ya que su nueva naturaleza lo salva de esa tentación; sino que él usa de forma sabía los talentos que le han sido dados.” (Spurgeon).
DON DE REPARTIR: Romanos 12:8.
“El que reparte, con liberalidad” Reina Valera 1960.
“Si te corresponde la asistencia, da con mano abierta” Biblia Latinoamérica.
“Si Dios te ha dado dinero, ayuda generosamente a los demás” La Biblia al Día.
“Si es el de socorrer a los necesitados, que dé con generosidad” Nueva Versión Internacional”
El don de repartir. Repartir viene del griego “didomi” que significa generosidad. Generosidad del griego
“haplotes” que significa sinceridad, simplicidad. Don de repartir es la capacidad de recibir bienes materiales y distribuir generosamente para suplir las necesidades del prójimo indigente.
Ejemplos de la Biblia:
Ejemplo de generosidad: Las mujeres galileas que sirvieron al ministerio de Jesucristo.
Lucas 8:1-3 “1Después de esto, Jesús andaba por todas las ciudades y aldeas, y allí proclamaba y anunciaba las buenas noticias del reino de Dios. Lo acompañaban los doce, 2y también algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malignos y de enfermedades: María, a la que llamaban Magdalena, y de la que habían sido expulsados
siete demonios; 3Juana, la mujer de Chuza, el intendente de Herodes; Susana, y muchas otras que los atendían con sus propios recursos”
Estas mujeres estaban rebosando de gratitud y de generosidad, pues habían sido liberadas de demonios y sanadas de enfermedades por Jesucristo. Creo yo que María Magdalena, encabezó el grupo y animó a las demás, a trabajar para apoyar con alimentos, lavado de ropa, y hospedaje a los trece predicadores que recorrían el país haciendo discípulos.
El don de generosidad no está en manos de personas ricas a quienes sobran los recursos; se trata de cristianos que recibieron el don de repartir bienes materiales. Y que yo sepa, no hay ningún rico dispuesto a dar a gente desconocida, a gente pobre; la actitud de dar en este caso, se trata de cristianos que “reciben para dar”
como si fuesen despensas vivientes, que Dios llena continuamente, para que ellas distribuyan a todos aquellos que no tienen capacidad de ganar su propio pan.
¿Cuántos hermanos de esta iglesia gozan de este don de generosidad? Sigan ofrendando con sinceridad y simplicidad, que muchos otros en condición de indigentes, recibirán los recursos con gratitud que llega al cielo.
Un predicador decía; “Cuando abres tu mano para dar; y Dios la encuentra vacía, la vuelve a llenar para que sigas dando”
La viuda de Sarepta de Sidón.
Esta mujer compartió su pan con el profeta Elías, por el espacio de tres años de sequía, cuando todo el mundo padecía de hambre. Su corazón fue hecho generoso por Dios, pues, atendió al profeta Elías con hospedaje, guardándolo en secreto de los espías del rey Acab que buscaban a Elías para llevárselo prisionero; preparó alimentos de su misma olla para su hogar y para el valeroso mensajero de Dios, su despensa era abastecida por Jehová cada día.
1 Reyes 17:8-16 “8La palabra del Señor vino a Elías y le dijo: 9«Deja este lugar y vete a vivir por algún tiempo en Sarepta de Sidón. Ya he dispuesto que una viuda que allí vive te dé de comer. 10Elías abandonó ese lugar y partió a Sarepta. Cuando llegó a la entrada de la ciudad, vio a una mujer que recogía leña. Era viuda. Elías la llamó y le dijo: «Te ruego que me des a beber un vaso de agua.» 11Ya iba la mujer por el agua, cuando Elías la llamó y le dijo: «También te ruego que me traigas un poco de pan.» 12Pero ella le respondió: «Te juro por el Señor, tu Dios, que no he cocido pan. Sólo me queda un poco de harina en la tinaja, y unas gotas de aceite en una vasija. Con los leños que me viste recoger, voy a cocer el último pan para mi hijo y para mí. Después de comerlo, nos dejaremos morir.» 13Pero Elías le dijo: «No tengas miedo. Ve y haz lo que quieres hacer, pero antes cuece una pequeña torta bajo el rescoldo, y tráemela; después cocerás pan para ti y para tu hijo. 14El Señor, el Dios de Israel, me ha dicho: “No va a faltar harina en la tinaja, ni va a disminuir el aceite de la vasija, hasta el día en que el Señor haga llover sobre la tierra.”» 15La viuda hizo lo que Elías le dijo, y los tres comieron durante muchos días. 16Y tal y como el Señor se lo prometió a Elías, no faltó harina en la tinaja ni bajó de nivel el aceite en la vasija”
4° Titulo: Falta de sinceridad en el don de repartir (Los Hechos 5:1 al 5. Pero cierto hombre llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió una heredad, y sustrajo del precio, sabiéndolo también su mujer; y trayendo sólo una parte, la puso a los pies de los apóstoles. Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida,
¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios. Al oír Ananías estas palabras, cayó y expiró. Y vino un gran temor sobre todos los que lo oyeron.).
Comentarios:El engaño de Ananías 5:1–5
Después de presentarnos el proceder ejemplar de Bernabé, Lucas describe la codiciosa conducta de Ananías y Safira. Sin introducción alguna, relata la historia de un hombre que con su mujer decide vender un campo. Toma el dinero y lo da a los apóstoles, diciéndoles que ese es el total del producto de la venta de la propiedad. Sin embargo, subrepticiamente se guardan parte del dinero. La acción no puede ser calificada sino de un robo a Dios (c.f. Jos. 7:1).
a. Ananías 5:1–6
[1]. Ahora un hombre llamado Ananías con Safira su mujer, vendió una propiedad. [2]. Y al sustraer parte del precio para sí, sabiéndolo también su mujer trajo lo demás y lo puso a los pies de los apóstoles.
Primero, Lucas dice que el hombre se llama Ananías, nombre judío algo común en los Hechos y que probablemente significa “el Señor es benigno”. Lucas registra que también el nombre pertenece a un cristiano de Damasco que es enviado por Jesús a ministrar a Saulo (9:10–17) y de un sumo sacerdote que presidió el juicio contra Pablo en Jerusalén (22:30–23:5).
Luego, el nombre Safira aparece una sola vez en las Escrituras, y significa “hermosa”. Como el de su marido, Ananías, este es un nombre arameo. Ambos pertenecen a la comunidad cristiana en Jerusalén y juntos buscan alabanza y estima por parte de los miembros de la comunidad. Sin embargo, expresamente elaboran un plan para quedarse con parte del producto de la venta de su propiedad, porque amaban más el dinero que a Dios. Venden su propiedad, reciben el dinero, se guardan una porción y dan el resto a los apóstoles para que sea distribuido entre los pobres.
Lucas no da detalles, sino que presenta los trazos gruesos del hecho.305 Lo que destaca, sin embargo, es la intención. Cuando Ananías llega donde los apóstoles y les entrega el dinero, tal como Bernabé lo había hecho anteriormente, la congregación en forma audible o silenciosa lo alaba y lo pone al mismo nivel que Bernabé. Aun cuando los creyentes no se percatan de lo que está pasando, Pedro percibe a Satanás actuando en el corazón de Ananías.
[3]. Pero dijo Pedro: “Ananías, ¿por qué ha llenado Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses para ti parte del precio del terreno? [4]. Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? Y vendida, ¿no estaba el dinero en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No mentiste a los hombres, sino a Dios”.
Es posible encontrar en el Antiguo Testamento ciertos paralelos con este relato. En la pureza del Paraíso, Satanás entró para tentar a Eva para que pecara contra Dios (Gn. 3:1). Su pecado afectó a toda la raza humana. Cuando los israelitas se consagraron a Dios observando el rito de la circuncisión y celebrando la fiesta de la Pascua (Jos.
5:1–12), el pecado de Acán de robarle a Dios tenía el efecto de destruir la pureza moral de Israel. Y así su pecado afectó a cada israelita. El engaño de Ananías igualmente pudo haber destruido la pureza de la naciente iglesia, la que se manifestaba a través de la unidad, el amor, y la armonía. Estos tres ejemplos nos sirven de advertencia.
Guiado por el Espíritu Santo, Pedro percibe a Satanás obrando en el corazón de Ananías y por eso le hace algunas preguntas certeras y categóricas.
-a. “Ananías, ¿por qué ha llenado Satanás tu corazón?” Por su propia experiencia, Pedro sabe cómo Satanás le persuadió a negar a Jesús tres veces (Lc. 22:31–32) y que puso en el corazón de Judas Iscariote la determinación de traicionar al Maestro (Lc. 22:3; Jn. 13:2, 27). Se da cuenta que Satanás tiene mucho interés en entorpecer el crecimiento de la iglesia a través de entrar en el corazón de un creyente. De paso, cuando Satanás viene a un creyente para hacerlo pecar, toda la responsabilidad recae en la persona si le permite a Satanás entrar en su vida.
El creyente debe estar prevenido contra el poder del diablo y resistirle por fe (1 P. 5:8–9).
-b. “[¿Qué hizo que] mintieses al Espíritu Santo?” Con esta pregunta, Pedro pone en evidencia el corazón mismo del pecado de Ananías. Aun aceptando el hecho que Satanás influye en el corazón de cada uno de vez en cuando, en el caso de Ananías Satanás ha llenado completamente su corazón. Como consecuencia de ello, Ananías mintió al Espíritu Santo, echó a Dios de su vida y pecó conscientemente. Su pecado, entonces, no es sólo una mentira, sino un engaño total. Él quiere que la iglesia crea que él está donando dinero para complacer a Dios. Su mentira, como lo dice Pedro, no es a los hombres, sino a Dios (v. 4). Ananías actúa como si creyera que Dios no está al tanto de las actividades diarias de la iglesia y, en consecuencia, no tiene idea de su plan engañoso.
-c. “[¿Qué hizo] que sustrajeras para ti parte del precio del terreno?” Como Pablo informa a los cristianos de Corinto, “Dios ama al dador alegre” (2 Co. 9:7); es decir, Dios se regocija cuando un creyente da de corazón.
Dios desea que todos sus hijos den generosamente y no por la fuerza. Hace algunos años, asistí a un culto de adoración durante el cual los diáconos pasaron con los platos recibiendo la ofrenda. Una mujer que estaba precisamente frente a mí tomó el plato de la mano del diácono y con toda delicadeza le preguntó si podía cambiarle un billete que tenía en su mano. Cuando el diácono lo hizo, ella puso en el plato la cantidad que se había propuesto dar y conservó el resto. Ella sin duda fue una dadora alegre que contribuyó con lo que propuso en su corazón.
Igualmente, Ananías pudo haber guardado parte del producto de la venta. Pero porque trató de engañar a Dios, Pedro tuvo que hacerle unas preguntas más.
-d. “Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? Y vendida, ¿no estaba el dinero en tu poder?” Estas preguntas revelan que los primeros cristianos no practicaban la posesión comunitaria de las propiedades, sino que sólo compartían sus bienes para eliminar la pobreza entre los creyentes (c.f. 2:44–45; 4:32, 34–35).