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Tiempo ordinario 2022

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Tiempo ordinario 2022

18º domingo ordinario

31 de julio de 2022

«¿De quién será lo que has preparado?»

«En este XVIII domingo del tiempo ordinario, la palabra de Dios nos estimula a reflexionar sobre cómo debe ser nuestra relación con los bienes materiales. La riqueza, aun siendo en sí un bien, no se debe considerar un bien absoluto. Sobre todo, no garantiza la salvación; más aún, podría incluso ponerla seriamente en peligro. En la página evangélica de hoy, Jesús pone en guardia a sus discípulos precisamente contra este riesgo. Es sabiduría y virtud no apegar el corazón a los bienes de este mundo, porque todo pasa, todo puede terminar bruscamente. Para los cristianos, el verdadero tesoro que debemos buscar sin cesar se halla en las "cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios". Nos lo recuerda hoy san Pablo en la carta a los Colosenses, añadiendo que nuestra vida "está oculta con Cristo en Dios" (Col 3, 1-3)».

Benedicto XVI, Ángelus, 5 de agosto de 2007.

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18 º domingo del tiempo ordinario 2022

Esquema litúrgico del Evangelio de Lucas en los domingos del tiempo ordinario del Ciclo C

1

Introducción: el ciclo epifánico (domingos I-II).

CONOCER A JESÚS (domingos III-XII).

SEGUIR A JESÚS:

EL CAMINO HACIA JERUSALÉN

(domingos XIII-XXXI).

1. Primera etapa del camino

XIII El camino de Jesús y las condiciones del seguimiento.

XIV El camino que conduce a la paz.

XV El camino que encuentra al “otro”.

XVI Acoger la Palabra del Señor.

XVII Una palabra que enseña a orar.

XVIII Una palabra que enseña a no absolutizar los bienes temporales.

XIX Una palabra que llama a la Iglesia a una vida expectante.

XX Una palabra que pone en crisis a causa de la misión profética de Jesús.

EN JERUSALÉN (domingos XXXII-XXXIV).

Textos orados: comentario a la eucología

2

ORACIÓN COLECTA DEL 18º DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Ayuda, Señor, a tus siervos

y concede tu bondad inagotable a quienes te invocamos, para que restaures los dones creados

y para que conserves lo que restauras en quienes nos gloriamos de tenerte como creador y como guía.3

1 P. TENA, El leccionario de Lucas. Guía homilética para el ciclo C, Barcelona: CPL 2000, 111-114.

2 C.URTASUN, Las oraciones del Misal, Barcelona: CPL 1995, 502-504.

3 Misal Romano. Edición típica para Colombia, según la Tercera Edición Típica Latina, Conferencia

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18º domingo del tiempo ordinario 2022

«Quienes nos gloriamos de tenerte como creador y como guía». El domingo pasado la oración colecta llamaba al Señor rector y jefe. La de hoy lo contempla como su creador y guía. Los planteamientos fundamentales de las dos plegarias, en la parte motivadora, son idénticos, expresados con palabras diversas.

Para comprender en toda su expresividad el segundo de los calificativos que emplea la oración de hoy, es preciso recurrir al texto original en el que Dios es llamado gubernator (gobernador). Conviene olvidarse por un momento de lo que nosotros entendemos hoy por gobernador. Hay que marchar a la latinidad clásica en la que gubernator era el que dirige la nave, es decir, el piloto. Cuando la Iglesia le llama a su Señor con ese nombre comprendemos perfectamente la hondura y entrañabilidad de la misión que le asigna a plano comunitario y a plano personal. Es el Señor en persona quien conduce a su Iglesia y nos conduce a cada uno de nosotros.

No es ya solamente el Dios del Éxodo que guiaba al pueblo de Israel con una columna de nube de día y una columna de fuego de noche (cf. Ex 13,21-22). Es el Emmanuel, el Dios con nosotros, que conduce la nave de su Iglesia y también la nave de nuestra alma, llevándolas como piloto. No va fuera, aunque sea como guía; va codo a codo con nosotros compartiendo la suerte y avatares de la travesía.

Es natural que la iglesia sienta a partes iguales una ternura y seguridad totales. Aún en medio del peor temporal le suenan las palabras del salmo: «aunque vaya por cañadas oscuras nada temo porque tú vas conmigo» (22,4). Segura pues la Iglesia de que el Señor es su Pastor y que nada le puede faltar le formula las cuatro peticiones:

1. «Ayuda, Señor a tus siervos». Ya que cuidas del pájaro que vuela y te entretienes en vestir con tanta belleza a los lirios del campo «ven en nuestro auxilio: date prisa en socorrernos» (Sal 69,8). Como socorriste la hemorroísa en su enfermedad (Mc 5,25- 34), como echaste una mano a los esposos de Caná (Jn 2,1-11) y diste de comer a los hambrientos del descampado (Mc 6,34-44), ¡ven en ayuda de tus hijos, Señor!

2. «Concede tu bondad inagotable a quienes te invocamos». Vienen a la mente y corazón de la Esposa tantas escenas de la vida de su Esposo y fundador como aquel día al atardecer que le trajeron muchos endemoniados y curó a todos los enfermos (cf.

Mt 8,16-17).

3. «Restaura los dones creados». Esta petición es un recordatorio de la Nueva Creación realizada por Cristo con su sacrificio pascual, vibrantemente aludida y celebrada en las oraciones primera y novena de la Vigilia Pascual:

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18 º domingo del tiempo ordinario 2022

Dios todopoderoso y eterno, admirable en todas tus obras, que tus redimidos comprendan cómo la creación del mundo, en el comienzo de los siglos, no fue obra de mayor grandeza que el sacrificio de Cristo, nuestra Pascua inmolada, en la plenitud de los tiempos.

Oh, Dios, poder inmutable y luz sin ocaso, mira con bondad el sacramento admirable de la Iglesia entera y, en cumplimiento de tus eternos designios, lleva a feliz término la obra de la salvación humana; y que todo el mundo experimente y vea cómo lo abatido se levanta, lo viejo se renueva y todo vuelve a su integridad original, por el mismo Jesucristo, de quien todo procede.

4. «Conserva lo que restauras». Es como si dijera: «Cuídanos como a la niña de tus ojos» (cf. Sal 17,8). Supone una petición tan humana y tan divina a la vez. Uno a veces contempla obras admirables que han costado esfuerzo y sacrificios de todo género y que, por incuria o falta de cuidado, o por las dos cosas, se han arruinado. La historia antigua, media, moderna y contemporánea está llena de ejemplos.

Cuando la obra construida somos nosotros mismos, entonces el peligro de ruina se hace más grande. Los ejemplos desde el paraíso del Edén hasta nuestras personas y nuestro entorno son casi infinitos. La Historia de la Salvación entera es un monumento a la bondad y condescendencia de Dios para con el hombre que no se toma lo suficientemente en serio en el espíritu, se confía, descuida y malogra tantas veces la obra de las manos de Dios. La sabiduría y paciencia de Dios nos ha legado oraciones admirables para hablarnos del cuidado de Dios por nosotros, para invocar su protección. Sería bueno leer aquí reposadamente el salmo 91 («el que habita al amparo del Altísimo») y el 138 («te doy gracias, Señor, de todo corazón»).

Textos proclamados: comentario a las lecturas

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¿Qué saca el hombre de todos los trabajos?

Primera lectura: Eclesiastés 1,2; 2,21-23

«Vanidad» (en hebreo, hevel) es la palabra característica de Qohélet. La sitúa al comienzo del libro y la repite cinco veces en el primer versículo después del título (v.

2). El término se repite setenta y tres veces en el Antiguo Testamento, de las que treinta y ocho (por consiguiente, más de la mitad) corresponden al libro de este sabio que vivió unos doscientos años antes de Cristo. La palabra significaba en su origen

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18º domingo del tiempo ordinario 2022

«soplo de viento» o «exhalación»; en sentido traslaticio significa «realidad inconsistente y transitoria».

Decir que las cosas son «vanidad» significa que son evanescentes, caducas o efímeras.

La palabra ya era conocida por la tradición: «El hombre es como un soplo», se dice, por ejemplo, en Sal 39,6; 62,10; 144,4; pero Qohélet la convierte en un estribillo en sus reflexiones sobre el hombre, sobre sus obras y sobre las cosas en general: «Todo es vanidad» (1,2); «He observado todas las obras que se hacen bajo el cielo y me he dado cuenta de que todo es vanidad y caza de viento» (1,14); «¿Quién sabe lo que es bueno para el hombre en la vida, en los días contados de su frágil vida, que pasan como una sombra?» (6,12). El ámbito en el que «vanidad» significa vacuidad, ilusión y engaño, como cuando se aplica a los falsos dioses, es el de quien trabaja mucho y se apega a las riquezas como a un ídolo, pues «tiene que dejar su heredad a quien no la ha trabajado» (2,21). Es el texto que hemos leído como primera lectura, y prepara el evangelio, pero el tema está desarrollado también en otros pasajes (cf. 2,17.19.26;

4,7.8; 5,9; 6,2). Después de esta reflexión se vuelve más apremiante la búsqueda de lo que verdaderamente cuenta.

Busquen los bienes de allá arriba, donde está Cristo Segunda lectura: Colosenses 3,1-5.9-11

Señalemos tres momentos de nuestra unión con el Señor Jesús: «Habéis resucitado con Cristo», «vuestra vida está escondida con Cristo», «también vosotros apareceréis gloriosos con él». El bautismo nos hace partícipes de la resurrección de Cristo, nos hace morir al pecado y compartir la vida humilde y escondida de Cristo, y, por último, tomar parte en su glorificación: «Apareceréis gloriosos con él». Durante esta vida tenemos el compromiso de desarrollar los dos primeros momentos: el que nos hace morir «a las cosas de la tierra», a los comportamientos malos que derivan de la naturaleza humana corrupta (v. 5), y el que busca «las cosas de arriba», mediante el cual el cristiano se renueva de continuo y se convierte en «imagen» viva cada vez más semejante al Padre, junto al cual se ha sentado el Señor resucitado (vv. 1.10).

Señalemos en particular dos cosas negativas que debemos evitar. La primera es mentirnos recíprocamente. Ese modo de actuar ya no tiene ninguna razón de ser: los otros no son extraños, como eran los griegos para los judíos y los bárbaros para los griegos, sino que en virtud del bautismo son hermanos, en los que está presente Cristo que «es todo en todos» (vv. 9.11). Los cristianos, a través de sus relaciones fraternas, deben cultivar la sinceridad y la lealtad. La segunda realidad negativa que debemos hacer morir es la «codicia, que es una especie de idolatría» (v. 5). La amonestación es un punto de conexión entre esta perícopa y las otras dos lecturas litúrgicas.

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18 º domingo del tiempo ordinario 2022

¿De quién será lo que has preparado?

Evangelio: Lucas 12,13-21

Un hombre le dice a Jesús: «Maestro, di a mi hermano que reparta conmigo la herencia» (v. 13). Una mujer le había pedido que interviniera ante su hermana: «Dile, pues, que me ayude» (Lc 10,40). Dos contextos diferentes, pero una petición análoga.

En ambos casos se niega Jesús a hacer de «mediador». Sin embargo, aprovecha la ocasión para dar al hombre y a la mujer una lección referente, en el fondo, a la misma

«preocupación», que puede presentarse con formas diferentes: «La semilla que cayó entre cardos se refiere a los que escuchan el mensaje, pero luego se ven atrapados por las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la vida, y no llegan a la madurez»

(Lc 8,14). Aquí, los cardos que amenazan con apagar la vida del hombre son la

«avaricia», la avidez del tener. Jesús nos indica el motivo por el que debemos evitarla:

porque «la vida no depende de las riquezas» (v. 15). Lo explica con una parábola donde quien ha alcanzado la abundancia y proyecta gozar de ella («descansa, come, bebe y pásalo bien»: v. 19). De repente se ve privado de la vida, con una amarga consecuencia: «¡Insensato! [...] ¿Para quién va a ser todo lo que has acaparado?» (v.

20). Se repite la triste situación vista ya por Qohélet (2,21): «Porque hay quien trabaja con sabiduría, ciencia y acierto y tiene que dejar su heredad a quien no la ha trabajado.

También esto es vanidad y grave daño».

Los bienes, y la vida para obtenerlos y gozarlos, son ambos «un don de Dios» (Ecl 5,17ss). Ese hombre ha hecho las cuentas para él solo, no «ante Dios». Ha olvidado al dueño de la vida y se ha encerrado en la abundancia de los bienes. Ésta ha demostrado ser incapaz de garantizarle la vida, que está en las manos de Dios. Sólo él es la roca sobre la que es posible apoyarse. Dios establece también los criterios de cómo usar la riqueza: los tiene en cuenta quien se enriquece «ante Dios», se olvida de ellos el que acumula tesoros «para sí» (12,21).

En esta parábola, «un hombre rico» (v. 16) olvida la dimensión vertical de la vida. En Lc 16 aparecen otras dos parábolas que ilustran la dimensión horizontal de la riqueza:

uno la usa en beneficio del prójimo y el otro la goza olvidando a los pobres. Un hombre rico tenía un administrador astuto, que pensó tiempo atrás qué haría cuando fuera despedido y, haciendo descuentos a los deudores de su dueño, se aseguró el futuro:

con ello se muestra que haciendo el bien a los otros con las riquezas puestas a nuestra disposición nos aseguramos un porvenir feliz junto a Dios. El otro «hombre rico» es el Epulón, que no se da cuenta del pobre Lázaro que está a la puerta de su casa y pretende en el más allá que Lázaro sobrevuele por encima del abismo para venir a refrescarle la lengua.

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18º domingo del tiempo ordinario 2022

18º domingo del tiempo ordinario

31 de julio de 2022

Moniciones

Entrada

Queridos hermanos: Recientemente el Papa Francisco nos ha recordado que el domingo es un regalo de Dios a su Pueblo para celebrar el acontecimiento de la salvación. Con gran alegría acojamos este regalo, dejando que la Palabra de Dios nos eduque para la vida y la Eucaristía nos llene de fortaleza.

Reconozcamos que Dios es nuestra verdadera riqueza y celebremos con fe, orando por nuestra Diócesis de Zipaquirá.

Liturgia de la Palabra

Escuchando la proclamación de la Palabra de Vida, aprendamos que a los bienes materiales no les podemos dar el corazón. Todo lo material es pasajero y secundario ante el amor infinito de Dios que nos llama a buscar los bienes del cielo. Estemos atentos.

Presentación de los dones

Toda nuestra atención se dirige ahora hacia el altar porque allí se va a ofrecer el sacrificio de nuestra salvación. A este sacrificio se une toda la Iglesia y cada uno de nosotros estamos llamados a ofrecer la vida que nos ha otorgado el Dios Creador. Por eso nuestra vida es la mejor ofrenda que podemos presentar.

Comunión

Necesitamos el alimento para el espíritu y sabiamente el Señor nos ha dejado

su Cuerpo y su Sangre como alimento que nos impulsa a anhelar los premios

celestiales. Con las debidas disposiciones y conscientes de lo que vamos a

recibir, acerquémonos procesionalmente para participar de la comunión.

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18 º domingo del tiempo ordinario 2022

18º domingo del tiempo ordinario

31 de julio de 2022

Oración universal

Queridos hermanos. En cada celebración nuestra mirada se dirige hacia toda la Iglesia y hacia el mundo entero para presentar nuestra oración de intercesión. Por eso ahora elevamos al cielo nuestras plegarias diciendo:

R/.

Escúchanos, Señor

Oremos por el Pueblo Santo de Dios y especialmente por la pastoral diocesana para que todos en la Iglesia caminemos juntos hacia Cristo.

Oremos por los gobernantes de las naciones para que sepan administrar los recursos materiales, buscando el progreso de todas las personas.

Oremos por los enfermos de nuestra parroquia para que se mantengan fuertes en la fe, ofreciendo sus aflicciones a Cristo que tanto los ama.

Oremos por los pobres y necesitados, y por quienes sufren injusticias para que encuentren la caridad de personas que sepan ayudarles.

Oremos por nosotros para que, atendiendo a la Palabra del Señor, sepamos usar los bienes materiales sin olvidar a Dios y a los demás.

Escucha, Padre, nuestra oración, y derrama tu amor sobre nosotros,

para que habiendo muerto al pecado con Cristo nos revistamos del hombre nuevo,

renovándonos a imagen del Creador.

Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

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