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Berlant El Corazon de La Nacion

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EL CORAZÓN DE LA NACIÓN

EL CORAZÓN DE LA NACIÓN

 Ensayos sob

 Ensayos sobre política y se

re política y sentimentalismo

ntimentalismo

auren Berlant 

auren Berlant 

Prólogo de

Prólogo de Rossana Reguillo Rossana Reguillo Traducción de

Traducción de Victoria SchussheimVictoria Schussheim **

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EL CORAZÓN DE LA NACIÓN

EL CORAZÓN DE LA NACIÓN

 Ensayos sob

 Ensayos sobre política y se

re política y sentimentalismo

ntimentalismo

auren Berlant 

auren Berlant 

Prólogo de

Prólogo de Rossana Reguillo Rossana Reguillo Traducción de

Traducción de Victoria SchussheimVictoria Schussheim **

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Primera edición, 2011 Primera edición, 2011

Primera edición electrónica, 2012 Primera edición electrónica, 2012

Capítulo 1: fue publicado originalmente como “The Subject of True Feeling: Pain, Privacy, and Politics” pp. 105-133 en Capítulo 1: fue publicado originalmente como “The Subject of True Feeling: Pain, Privacy, and Politics” pp. 105-133 en  Left Leg

 Left Legalism/Lalism/Lefeft Critique,t Critique,  Wendy Brown, Janet Halley, eds. Esta traducción se publica por acuerdo con Duke Wendy Brown, Janet Halley, eds. Esta traducción se publica por acuerdo con Duke University Press.

University Press.

D. R. © 2002, Duke University Press D. R. © 2002, Duke University Press

Capítulo 2: fue publicado originalmente como “Poor Eliza” pp. 33-67 en

Capítulo 2: fue publicado originalmente como “Poor Eliza” pp. 33-67 en The Female Complaint.The Female Complaint. Esta traducción se Esta traducción se  pu

 publbliica por acuerdo coca por acuerdo con Dukn Duke Unie Universiversity Press.ty Press. D. R. © 2008, Duke University Press.

D. R. © 2008, Duke University Press.

Capítulo 3: fue publicado originalmente como “Nearly utopian, nearly normal: Post-Fordist affect in

Capítulo 3: fue publicado originalmente como “Nearly utopian, nearly normal: Post-Fordist affect in  La Promesse La Promesse and and  Rosetta

 Rosetta” pp. 273-301 en” pp. 273-301 en Public Cu Public Culturelture (2007) vol. 19 (2), pp. 273-301. Esta traducción se publica por acuerdo con (2007) vol. 19 (2), pp. 273-301. Esta traducción se publica por acuerdo con Duke University Press.

Duke University Press.

D. R. © 2007, Duke University Press. D. R. © 2007, Duke University Press. D. R. © 2011, Fondo de Cultura Económica D. R. © 2011, Fondo de Cultura Económica Carre

Carretera tera PicacPicacho-Ajho-Ajusco, 227usco, 227; 1473; 14738 México, D. F.8 México, D. F. Empresa certificada ISO 9001:2008

Empresa certificada ISO 9001:2008

Comentarios: Comentarios: [email protected] [email protected] Tel. (55) 5227-4672 Tel. (55) 5227-4672 Fax (55) 5227-4694 Fax (55) 5227-4694

Se prohíbe la reproducción total o parcial de esta obra, sea cual fuere el medio. Todos los contenidos que se incluyen Se prohíbe la reproducción total o parcial de esta obra, sea cual fuere el medio. Todos los contenidos que se incluyen tales como características tipográficas y de diagramación, textos, gráficos, logotipos, iconos, imágenes, etc. son tales como características tipográficas y de diagramación, textos, gráficos, logotipos, iconos, imágenes, etc. son  pro

 propipiedad excledad exclusiusiva del va del FonFondo ddo de Cule Cultura Econtura Económómiica y estáca y están prn protegotegiidodos por ls por las leyes mexas leyes mexiicana e cana e iinternnternacioacionalnales deles del copyright o derecho de autor.

copyright o derecho de autor. ISBN 978-607-16-0857-4 ISBN 978-607-16-0857-4 Hecho en México

-Hecho en México - Mad Made in Me in Mexicoexico

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UMBRALES

Colección dirigida por 

Fernando Escalante Gonzalbo y Claudio Lomnitz

Sucede con frecuencia que lo mejor, lo más original e interesante de lo que se escribe en otros idiomas, tarda mucho en traducirse al español. O no se traduce nunca. Y desde

luego sucede con lo mejor y lo más original que se ha escrito en las ciencias sociales de los últimos veinte o treinta años. Y eso hace que la discusión pública en los países de habla española termine dándose en los términos que eran habituales en el resto del mundo hace dos o tres décadas. La colección Umbrale s tiene el propósito de comenzar 

a llenar esa laguna, y presentar en español una muestra significativa del trabajo de los académicos más notables de los últimos tiempos en antropología, sociología, ciencia

 política, historia, estudios culturales, estudios de género… ******Created by ebook converter - www.ebook-converter.com******

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 Prólogo

Pensar desde los bordes:

lo político y su clave emocional

La saturación de la escena contemporánea vuelve cada vez más compleja la tarea de comprender y, especialmente, la de producir un mínimo de inteligibilidad desde el  pensamiento crítico. Desgastadas las categorías para nombrar el mundo y, con ello,

dotarlo de sentido; arrinconados o desdibujados los saberes críticos por la emergencia y proliferación de “expertos” mediáticos que trazan sin pudor las coordenadas de nuestras catástrofes y orientan los debates en la agenda pública, y de cara a la aceleración de los indicios e indicadores sobre el fracaso incontestable del modelo económico-político dominante, un libro como el de Lauren Berlant es una bocanada de aire fresco y un redoblado impulso crítico para repensar-nos como sociedades.

La lectura del texto de Berlant no es sencilla: hay en su escritura una tensión entre la reposición del contexto al que permanentemente alude (la cultura estadunidense) y el  plano abierto de la discusión en torno a la contemporaneidad. A lo largo de las páginas que conforman el libro que el lector tiene hoy en sus manos, no pude dejar de recordar  la conferencia que Pierre Bourdieu[1]  dictó en la Casa Franco-Japonesa en Tokio en

octubre de 1989, a propósito de su obra La distinción.  Ahí señaló: “al hablar de Francia no cesaré de hablarles de Japón”. Y añadió: “Hablaré de un país que yo conozco bien, no sólo porque en él nací y del que hablo su lengua, sino porque lo he estudiado mucho: Francia”. El sociólogo coloca a mi juicio varias cuestiones relevantes para discutir con El corazón de la nación. Ensayos sobre política y  sentimentalismo.

 No parece haber en su discurso la prepotencia a veces involuntaria que suele estar   presente en el pensamiento eurocentrado que toma como parámetro de análisis

universal la realidad empírica de una región o país, sino la preocupación honesta del intelectual por las relaciones entre particularismo y universalidad, entre lo abstracto y lo concreto, y que apela a la necesidad de “sumergirse en la particularidad de una realidad empírica, históricamente situada y fechada para lograr asir la lógica más  profunda del mundo” (ibid.,  p. 25). Así, me parece que, al hablar de los Estados

Unidos, Berlant no deja de hablarnos del mundo y de la máquina cultural moderna.

En este sentido, el trabajo de la autora nos coloca frente a uno de los mayores retos ******Created by ebook converter - www.ebook-converter.com******

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 para el fortalecimiento de los saberes críticos, sacudidos por los vientos neoliberales que no solamente diluyen el poder de la palabra crítica y el poder interpretativo sino que además tienden a su descalificación en aras de una reingeniería social que busca la maximización del beneficio y los resultados a toda costa: producir un pensamiento “descentrado” como antídoto contra los particularismos obsesivos y las generalizaciones arbitrarias, de los que México y América Latina —región compleja, heterogénea, multidimensional— está saturada.

Su potente instrumental analítico, que apela a la cultura popular, al cine, a los  personajes de la esfera pública, a los debates cruciales por el cuerpo ciudadano, a la

subordinación de lo femenino y lo infantil, a los modelos de vida buena y la interpelación constante al sentimiento, hace que resulte difícil encasillar su obra en una lógica disciplinaria. Pensadora de intersticios, Lauren Berlant arriesga una hipótesis crucial: la lectura de la esfera pública —no sólo estadunidense—, en clave emocional.

Dice la autora que le interesa ocuparse de “ligar el sentimiento doloroso en la elaboración de los mundos políticos. Me refiero en particular a cuestionar la poderosa creencia popular en la acción positiva de algo que denomino sentimentalismo nacional, una retórica de promesa que una nación puede construir atravesando diversos campos de diferencia social mediante canales de identificación afectiva y de empatía”. De esta afirmación me interesa detenerme en dos aspectos que considero muy relevantes para iluminar, en el sentido benjaminiano, la realidad o eso que llamamos realidad actual.

En primer término, la presuposición —que comparto con la autora—, de la  poderosa relación entre la elaboración de los mundos políticos y las emociones como

experiencias de articulación de “lo nacional” y de lo identitario. En segundo lugar, la clave transclasista de esta sentimentalidad que tiende a producir la fantasía —en términos de la autora— de la desaparición de las desigualdades y estructuras de clase.

Sobre el primer aspecto, al realizar mi propio trabajo de investigación y  producción teórica, encontré una estrecha relación entre lo que Spinoza[2]  llamó

“emociones primarias” (miedo, esperanza, ira, felicidad) y la rearticulación social en clave política. La interpelación emotiva para impulsar o frenar proyectos, la centralidad del miedo en la reingeniería nacional frente al enemigo abyecto y peligroso (especialmente a partir del 11 de septiembre de 2001), el desplazamiento de la esperanza hacia un futuro promisorio o un pasado glorioso y, en contraposición, su emplazamiento en actores específicos de la política formal: Pete Wilson en la California de los años noventa, que explotaba el miedo al migrante y se erigía como la única esperanza para contrarrestar la plaga y salvaguardar el estilo de vida estadunidense (incluida la protección de empleos), y Álvaro Uribe en Colombia (2002-2010), autopresentado como el “hombre fuerte” capaz de contener la debacle colombiana, entre otros ejemplos posibles; la apelación constante y fantasmagórica a figuras de la disolución y el contagio, homosexualidad, prostitución, delincuencia, etc., y más recientemente la “conmiseración” (que ocupa una buena parte de la reflexión de ******Created by ebook converter - www.ebook-converter.com******

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Berlant) como clave de acción política sin arriesgar la crítica al modelo dominante; o en otras palabras, la instauración de la víctima como sinécdoque del ciudadano, en un complejo proceso de pasteurización que deja fuera de la escena a la agencia.

Cuando Berlant alude en su texto a las figuras del niño explotado, a las esclavas que huyen o interpretan la denuncia, o a los jóvenes (niños, los llama Berlant) protagonistas de la descapitalización en las películas que usa como analizadores en el último ensayo de este libro, revela la trama teórica-emotiva de una máquina cultural que trasciende las fronteras geográficas para instalar una geopolítica de “acción capilar”, en términos de Foucault. Lo que quiero resaltar es que estas “figuras”, que indudablemente poseen anclajes de clase y están históricamente situadas, es decir, no pueden abstraerse de sus dimensiones estructurales, configuran y dialogan con un poder en cascada que emana de los lugares de enunciación sostenidos por el poder propietario, intermediario y  productivo de las empresas culturales. Así La cabaña del tío Tom,   como narración fundacional de “lo estadunidense”, y el trauma de la esclavitud —como diría la propia Berlant—, no agota sus claves de lectura en lo nacional. Aunque su trama esté plagada de guiños y símbolos de ese “particularismo”, su poder interpretativo alude a lo que Alberto Cirese[3]  llamó lo “elementalmente humano”, aquellos espacios intersticiales

de contacto simbólico donde concepciones del mundo opuestas, antagónicas, pero no  por ello necesariamente violentas, se interconectan, procurando continentes de significación compartida. Y estos continentes se producen en virtud de los sentimientos movilizados.

A través de Cirese podemos acercarnos al segundo punto que interesa discutir: el del efecto fantasioso de lo transclasista, la abolición de la desigualdad, la injusticia y la inequidad, a través de esos sentimientos empáticos. Decía Bourdieu (1997: II) que “la cuestión de que se habla se da en la situación misma en la que se habla”. El trabajo de Berlant arroja importantes pistas para repensar la situación por la que atraviesa el México contemporáneo, sacudido por múltiples y crueles violencias, marginalidades crecientes y, como ya dije, descapitalización de sus jóvenes y niños.

Entre el conjunto de “transacciones emocionales e instrumentales”, como denomina la autora a los procesos que facilitan la ilusión de la pertenencia, cobra una especial relevancia, en este momento particular, el “discurso del consuelo”, una retórica sentimental que se pretende a salvo de diferencias de clase, de ideologías, de  posiciones, y que impregna la escena pública de rituales de contrición, de aflicción,

reparación y sanación. Frente a las consecuencias de la llamada “guerra contra el narco”, en la que más de 40 mil personas han perdido la vida, esta sentimentalidad, exacerbada por y desde los medios de comunicación del mainstream,  no logra incorporar al debate y a un campo de visibilidad los procesos que hacen posible la emergencia de las Rosettas y los Igores[4] que con tanto tino analiza la autora en este

libro.

Si en Bélgica la película Rosseta  dio paso a la emergencia de una ley llamada ******Created by ebook converter - www.ebook-converter.com******

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“Plan Rosseta”, que como cuenta Berlant “obligaba a los empresarios a contratar a  belgas jóvenes que, como Rosetta, estaban debatiéndose desesperadamente por lograr 

meter un pie, a como diese lugar, en la economía cada vez más globalizada”, en México y en otros países de América Latina las muertes reales y simbólicas de miles de óvenes parecidos a Rosetta quedan obturadas por el discurso de la conmiseración. Pero no hay que llamarse a engaño: ese plan belga no constituye ninguna solución,  porque pese a su impulso político no logra atender el asunto nodal: el del fracaso de un  proyecto capitalista que condena a los actores a la lucha por la inclusión, la pertenencia y el reconocimiento a cualquier costo. Como dice la autora a propósito de La romesse,  “se trata también de una historia acerca de las condiciones en las que la fantasía adopta la forma más conservadora en el fondo de tantas estructuras de clase. Los adultos quieren pasarles a sus hijos la promesa de la promesa”. Es decir, la esperanza, esa emoción, de que es posible llegar a un mundo que permanece a salvo de las críticas estructurales y a una posible redención vía el contrato de primer empleo, o  bien vía las lamentaciones colectivas.

Rosseta, personaje central de la película del mismo nombre, e Igor, personaje de  La romesse, operan desde diferentes lugares como un síntoma de lo que Beck [5] llamaría

“soluciones individuales a los problemas sistémicos”, y vuelven visible, así como los movimientos en Túnez, Egipto, España, Francia e Inglaterra, el espectro de esa inclusión, elevadas a rango de paradigma incuestionable la integración y la inclusión en el modelo socioeconómico y político dominante como aspiración normativa y destino manifiesto para los grupos y movimientos marginales que quedaron fuera en el reordenamiento del capitalismo. La pregunta por plantear en todo caso es si estas señales estarían indicando la emergencia de nuevas subjetividades políticas o, por el contrario, se trata de expresiones que, como dice la autora, “tratan de forzar un sentido de obligación en alguien, que tendrá que pasar por el logro de su deseo de reconocimiento y de una forma de vida”.

En este contexto, la pregunta por “lo nacional” —así, entre comillas— resulta crucial, en tanto que los relatos, las formaciones culturales, los símbolos que articulan la escena pública, pueden llevarnos a calibrar el tamaño de los desafíos y, de manera  particular, a interrogarnos si estamos frente a un cambio de época y no frente a una época de cambios. Por ello, la estrategia de Berlant, de aproximación oblicua a la  política desde lo político, es fundamental.

De cara a la crisis de las instituciones modernas, a lo que parece ser el desencanto de la política y el reencantamiento de la razón sentimental, los discursos que sustentan nuestra cotidianeidad pasan por el cine, la literatura, cierto tipo de periodismo, mucho más capaces de hacerse cargo del “corazón” del globo.

 Rossana Reguillo ******Created by ebook converter - www.ebook-converter.com******

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[1] Pierre Bourdieu, Capital cultural, escuela y espacio social,  México, Siglo XXI, 1997.

[2] Baruch Spinoza (1977), Ética. Tratado teológico-político,  México, Porrúa, Sepan Cuantos, 1977, p. 23.

[3] Alberto M. Cirese, “Cultura popular, cultura obrera y lo ‘elementalmente humano’ ”, Comunicación y Cultura 10 (UAM Xochimilco, México), 1983.

[4] Escritas y dirigidas por Luc y Jean-Pierre Dardenn,  La promesse y Rosetta centran su narrativa en lo que llamo “jóvenes en el borde”, con biografías contingentes y precarias, y que luchan por sobrevivir en un ambiente adverso. [5] Ulrich Beck, La sociedad del riesgo. Hacia una nueva modernidad,  Barcelona, Paidós, 1998.

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1

Dolor, privacía y política

 La libertad no encuentra refugio en una jurisprudencia de dudas. [1]

Dolor 

Salarios destrozados y cuerpos destrozados saturan el mercado global en el cual los Estados Unidos buscan desesperadamente competir “competitivamente”, como dice el eufemismo, es decir en una carrera que será ganada por las naciones cuyas condiciones laborales sean las óptimas para obtener beneficios.[2] En los Estados Unidos los medios

de la esfera política pública registran habitualmente nuevos escándalos de la  proliferación de talleres explotadores “en nuestro país” y “en el extranjero”, lo cual ha de ser bueno, porque produce sentimiento y, con él, algo parecido a la conciencia, que  puede llevar a la acción.[3]  Sin embargo, incluso mientras prolifera la imagen del

obrero traumatizado, mientras las evidencias de explotación se encuentran debajo de cada piedra o mercancía, compite con una imagen normativa/utópica del ciudadano estadunidense que sigue estando impoluta, enmarcada y protegida por la trayectoria  privada de su proyecto de vida, que es santificado en la encrucijada en la que el inconsciente se encuentra con la historia: el Sueño Americano.[4]  En esa historia la

identidad de uno no nace del sufrimiento mental, físico o económico. Si el trabajador  estadunidense tiene la suerte de vivir en un momento económico que hace posible el Sueño, puede parecer por lo menos  nacional cuando está trabajando, y más nacional aún en su tiempo libre, con su familia o en los mundos semipúblicos de otros hombres que producen un excedente de virilidad (por medio de los deportes). En el espacio soñado norteamericano su identidad es propiedad privada, una zona en la cual los obstáculos estructurales y las diferencias culturales se desvanecen en un éter de goce  prolongado, pospuesto e individualizado que se ha ganado y que la nación le ha

ayudado a ganarse. Mientras tanto, la explotación sólo aparece como un guijarro escandaloso en el tamiz de la memoria, cuando puede ser condensada en algo exótico, de fascinación momentánea, una miseria del fondo, demasiado horrible para leerla en su propia, real banalidad.

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Los traumas expuestos de los trabajadores en las actuales condiciones extremas no suelen inducir más que expresiones de duelo por parte del Estado y de la cultura  pública a cuyas opiniones de base emocional se dice que el Estado responde. El duelo

es lo que ocurre cuando se pierde un objeto esencial, cuando muere, cuando ya no vive (para uno). El duelo es una experiencia de una limitación irreductible: estoy aquí, estoy viva, él está muerto, estoy de duelo. Es una experiencia de emancipación bella, no sublime: el duelo le proporciona al sujeto la perfección definitoria de un ser que ya no está en flujo. Tiene lugar a cierta distancia, incluso si el objeto que induce el sentimiento de pérdida e indefensión no está ni muerto ni a gran distancia de donde estás tú.[5] En otras palabras, el duelo también puede ser un acto de agresión, de dar 

muerte social; puede desempeñar la evacuación de la significación de sujetos que existen realmente. Incluso cuando lo hacen los liberales, se puede decir que otros son “fantasmizados” por una buena causa.[6]  Los lamentables cánticos de escándalo que

entonan sobre la explotación que siempre es “en otra parte” (aunque sea a unas cuantas cuadras) son, en este sentido, agresivos cantos de duelo. Tóquenlos de atrás para adelante y se podrá oír la marcha militar del triunfalismo capitalista (La transnacional). Sus versos, entonados ahora por todos los órganos de registro de los Estados Unidos, tratan de la necesidad. Exhortan a los ciudadanos a entender que el “balance”[7] de la vida nacional no es ni utopía ni libertad, sino supervivencia, que sólo

es posible alcanzar para una ciudadanía que se coma su ira, que no haga reclamaciones  poco razonables sobre los recursos o el control del valor, y que use su energía más creativa para cultivar esferas íntimas mientras se va ganando la vida flexiblemente, en respuesta a los caprichos del mercado mundial.[8]

En este particular momento de expansión de la inconciencia de clases que parece conciencia emerge un héroe peculiar, aunque no sin precedentes: el niño explotado. Si un trabajador puede ser infantilizado, retratado como joven, como pequeño, como femenino o feminizado, como muerto de hambre, como sangrante y enfermo y como un (virtual) esclavo, la piadosa indignación respecto a lograr su supervivencia resuena por  doquier. El niño no debe ser sacrificado a los Estados ni a las ganancias. Su imagen herida pronuncia una verdad que subordina la narrativa: no ha escogido “libremente” su explotación; le han robado el optimismo y el juego que son, putativamente, su derecho de infancia. Sin embargo sólo se emprenden pasos “voluntarios” para tratar de controlar esa señal visible de lo que es ordinario y sistemático en medio del caos del capitalismo, a fin de hacer que sus pesadillas localizadas no parezcan inevitables. Privatizar la atrocidad, borrar la señal visible, hacerla parecer extranjera. Devolver el niño a la familia, remplazar a los niños con adultos que pueden parecer dignos mientras se les paga prácticamente el mismo salario repugnante. El problema que organiza tanto sentimiento recupera así proporciones vivibles, y la molesta presión del sentimiento se disipa, como si fueran gases.

Mientras tanto, la presión de sentir el impacto de ser políticamente incómodo hace ******Created by ebook converter - www.ebook-converter.com******

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 brotar el

 brotar el clamor por unclamor por una dobla doble terapiae terapia: par: para la a la víctimvíctima y para a y para el eel espectador. Pero antesspectador. Pero antes de que “nosotros” parezcamos demasiado complacientemente diferentes de los de que “nosotros” parezcamos demasiado complacientemente diferentes de los ciudadanos privilegiados que desean ponerle subtítulos a la imagen muda del ciudadanos privilegiados que desean ponerle subtítulos a la imagen muda del sufrimiento exótico con un duelo de rechazo y fascinación (un deseo de que la imagen sufrimiento exótico con un duelo de rechazo y fascinación (un deseo de que la imagen esté

esté muerta,muerta,  de que sea un fantasma), debemos observar que esta cultura del  de que sea un fantasma), debemos observar que esta cultura del sentimiento se traspone a otros dominios, a los dominios de lo que denominamos sentimiento se traspone a otros dominios, a los dominios de lo que denominamos  política

 política de la de la identidad, donde los midentidad, donde los maltratados usan altratados usan su voz su voz y su y su acción para pacción para producir unroducir un testimonio transformador, que depende de una convicción análoga acerca de la testimonio transformador, que depende de una convicción análoga acerca de la autoevidencia

autoevidencia y por lo tanto la y por lo tanto la objetividad objetividad  del  del sentsentimimientiento dolo doloroso.oroso.

El interés central de este ensayo consiste en ocuparse del lugar del sentimiento El interés central de este ensayo consiste en ocuparse del lugar del sentimiento doloroso en la elaboración de los mundos políticos. Me refiero en particular a doloroso en la elaboración de los mundos políticos. Me refiero en particular a cuestionar la poderosa creencia popular en la acción positiva de algo que denomino cuestionar la poderosa creencia popular en la acción positiva de algo que denomino sentimentalismo nacional, una retórica de promesa que una nación puede construir  sentimentalismo nacional, una retórica de promesa que una nación puede construir  atravesando diversos campos de diferencia social mediante canales de identificación atravesando diversos campos de diferencia social mediante canales de identificación afectiva y de empatía. La política sentimental suele promover y mantener la hegemonía afectiva y de empatía. La política sentimental suele promover y mantener la hegemonía de la forma de la identidad nacional, cosa nada fácil en vista del continuo y difundido de la forma de la identidad nacional, cosa nada fácil en vista del continuo y difundido antagonismo intercultural y de la brecha económica. Pero el sentimentalismo nacional antagonismo intercultural y de la brecha económica. Pero el sentimentalismo nacional es algo más que una corriente de sentimiento que circula en un territorio político: la es algo más que una corriente de sentimiento que circula en un territorio político: la frase describe una antigua pugna entre dos modelos de ciudadanía estadunidense. En frase describe una antigua pugna entre dos modelos de ciudadanía estadunidense. En uno, el modelo clásico, el valor de cada ciudadano se plasma por una ecuación entre la uno, el modelo clásico, el valor de cada ciudadano se plasma por una ecuación entre la abstracción y la emancipación: una célula de identidad nacional brinda una abstracción y la emancipación: una célula de identidad nacional brinda una  personalidad

 personalidad jurídicamenjurídicamente protegte protegida parida para los a los ciudadanos, sin imciudadanos, sin importar nada especíportar nada específicofico sobre ellos. En el segundo modelo, que se organizó originalmente en torno a las luchas sobre ellos. En el segundo modelo, que se organizó originalmente en torno a las luchas sindicali

sindicalistas, femstas, feministas y antinistas y antirrirracistas acistas de lde los Estados os Estados UUnidos del nidos del siglo XIX, se imagsiglo XIX, se imaginaina otra versión de la nación como indicador de la vida colectiva. Esta nación está habitada otra versión de la nación como indicador de la vida colectiva. Esta nación está habitada  por

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negativa hegemónica en ciertos momentos de intensidad política.

El sentimentalismo ha sido durante mucho tiempo el medio por el cual se propone el El sentimentalismo ha sido durante mucho tiempo el medio por el cual se propone el dolor masivo subalterno, en la esfera pública dominante, como el verdadero núcleo de dolor masivo subalterno, en la esfera pública dominante, como el verdadero núcleo de la colectividad nacional. Funciona cuando el dolor de otros íntimos les quema la la colectividad nacional. Funciona cuando el dolor de otros íntimos les quema la conciencia a los sujetos nacionales clásicamente privilegiados, de manera que sienten conciencia a los sujetos nacionales clásicamente privilegiados, de manera que sienten como propio el dolor de la ciudadanía fallida o denegada. Teóricamente, para erradicar  como propio el dolor de la ciudadanía fallida o denegada. Teóricamente, para erradicar  el dolor, los que tienen poder harán lo que sea necesario a fin de devolverle el dolor, los que tienen poder harán lo que sea necesario a fin de devolverle nuevamente a la nación su aroma legítimamente utópico. La identificación con el dolor, nuevamente a la nación su aroma legítimamente utópico. La identificación con el dolor, que es un sentimiento verdaderamente universal, lleva entonces al cambio social que es un sentimiento verdaderamente universal, lleva entonces al cambio social estructural. A su vez, los subalternos marcados por el dolor de la democracia fallida estructural. A su vez, los subalternos marcados por el dolor de la democracia fallida volverán a autorizar las nociones universalistas de ciudadanía en la utopía nacional, volverán a autorizar las nociones universalistas de ciudadanía en la utopía nacional, que involu

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El objeto de la nación y de la ley, bajo esta luz, consiste en erradicar el dolor social El objeto de la nación y de la ley, bajo esta luz, consiste en erradicar el dolor social sistémico, la ausencia del cual se convierte en la definición de la libertad.

sistémico, la ausencia del cual se convierte en la definición de la libertad.

Sin embargo, como estas mismas fuentes de protección —el Estado, la ley, la Sin embargo, como estas mismas fuentes de protección —el Estado, la ley, la ideol

ideología patriótica— ogía patriótica— han han fortalecido fortalecido hhabitualmabitualmentente mate matrices rices tradicionales tradicionales de jde jerarquíaerarquía cultural, y como su labor histórica ha sido la de proteger a los sujetos/ciudadanos cultural, y como su labor histórica ha sido la de proteger a los sujetos/ciudadanos universales para que no sientan su especificidad cultural y corpórea como una universales para que no sientan su especificidad cultural y corpórea como una vulnerabilidad política, la capacidad imaginada de estas instituciones para asimilarse a vulnerabilidad política, la capacidad imaginada de estas instituciones para asimilarse a las tácticas afectivas de la contrapolítica subalterna sugiere ciertas debilidades o las tácticas afectivas de la contrapolítica subalterna sugiere ciertas debilidades o desconocimientos de las mismas. Por un lado, puede ocurrir que la marcada desconocimientos de las mismas. Por un lado, puede ocurrir que la marcada especificidad del modelo traumático de dolor caracterice implícitamente de manera especificidad del modelo traumático de dolor caracterice implícitamente de manera errónea lo que es una persona como lo que llega a ser esa persona en la experiencia de errónea lo que es una persona como lo que llega a ser esa persona en la experiencia de la negación social; este modelo también promete falsamente una imagen definida de la la negación social; este modelo también promete falsamente una imagen definida de la fuente y el alcance de la violencia estructural, promoviendo a su vez un dudoso fuente y el alcance de la violencia estructural, promoviendo a su vez un dudoso optimismo en el sentido de que la ley y otras fuentes visibles de desigualdad, por  optimismo en el sentido de que la ley y otras fuentes visibles de desigualdad, por  ejemplo, pueden brindar los mejores remedios para sus propios daños taxonomizantes. ejemplo, pueden brindar los mejores remedios para sus propios daños taxonomizantes. También es posible que los despliegues de dolor contrahegemónicos como medida de También es posible que los despliegues de dolor contrahegemónicos como medida de la injusticia social sustenten de hecho la imagen utópica de una metacultura nacional la injusticia social sustenten de hecho la imagen utópica de una metacultura nacional homogénea, que puede parecer un cuerpo curado o sano en contraste con los demás, homogénea, que puede parecer un cuerpo curado o sano en contraste con los demás, llenos de cicatrices y exhaustos. Por último, podría ser que el uso táctico del trauma llenos de cicatrices y exhaustos. Por último, podría ser que el uso táctico del trauma  para

 para descridescribir bir los los efectos efectos de de la la desigudesigualdad aldad sociasocial l sobreisobreidentdentifique ifique hasthasta a tal tal punpunto to lala erradicación del dolor con el logro de la justicia que permita diversas confusiones: por  erradicación del dolor con el logro de la justicia que permita diversas confusiones: por  ejemplo, identificar el placer con la libertad, o sentir que los cambios de sentimiento, ejemplo, identificar el placer con la libertad, o sentir que los cambios de sentimiento, incluso en escala masiva, equivalgan a un cambio social sustantivo. La política incluso en escala masiva, equivalgan a un cambio social sustantivo. La política sentimental hace creíbles estas confusiones y tolerables estas violencias, ya que su sentimental hace creíbles estas confusiones y tolerables estas violencias, ya que su  poder

 poder cultcultural ural confconfirma irma el el luglugar ar centcentral ral que que tientienen en la la identidentificacióificación in intnterperserpersonal onal y ly laa empatía para la vitalidad y la viabilidad de la vida colectiva. Esto les da a los empatía para la vitalidad y la viabilidad de la vida colectiva. Esto les da a los ciudadanos algo que hacer en respuesta a la avasalladora violencia estructural. ciudadanos algo que hacer en respuesta a la avasalladora violencia estructural. Mientras tanto, al identificar la sociedad de masas con esa cosa denominada “cultura Mientras tanto, al identificar la sociedad de masas con esa cosa denominada “cultura nacional”, estos importantes vínculos e intimidades transpersonales sirven, con nacional”, estos importantes vínculos e intimidades transpersonales sirven, con excesiva frecuencia, como escudos prolépticos, como recursos de legitimación excesiva frecuencia, como escudos prolépticos, como recursos de legitimación éticamente incontestables para sustentar el campo hegemónico.

éticamente incontestables para sustentar el campo hegemónico.[9][9]

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 Nuestro estro primer ejprimer ejememplo, plo, el el niño obrniño obrero, ero, un espectro deun espectro del l siglo siglo XIXIX, se X, se conectconecta a concon una corriente actual de reflejar en la exposición prematura de los niños a la publicidad una corriente actual de reflejar en la exposición prematura de los niños a la publicidad capitalista y la depravación adulta la declinación moral y económica de la sociedad, capitalista y la depravación adulta la declinación moral y económica de la sociedad, citándola como un escándalo de la ciudadanía, algo espantoso y antiestadunidense. En citándola como un escándalo de la ciudadanía, algo espantoso y antiestadunidense. En otro lado he descrito las formas en que se ha explotado al ciudadano infantil, en los otro lado he descrito las formas en que se ha explotado al ciudadano infantil, en los Estados Unidos, para que se convierta tanto en el signo inspirador de la vida buena e Estados Unidos, para que se convierta tanto en el signo inspirador de la vida buena e indolora como en el código optimista de evacuación de la identidad nacional indolora como en el código optimista de evacuación de la identidad nacional contemporánea.

contemporánea.[10][10] Durante la década de 1980 una búsqueda desesperada por proteger  Durante la década de 1980 una búsqueda desesperada por proteger 

a los Estados Unidos de lo que parecía ser una alianza inminente de los partidos que a los Estados Unidos de lo que parecía ser una alianza inminente de los partidos que **

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están en el fondo de tantas jerarquías tradicionales —los pobres, las personas de color, están en el fondo de tantas jerarquías tradicionales —los pobres, las personas de color, las mujeres, los homosexuales y las lesbianas—, provocó una fantasía contrainsurgente las mujeres, los homosexuales y las lesbianas—, provocó una fantasía contrainsurgente en nombre de los “valores norteamericanos tradicionales”. La nación imaginada en esta en nombre de los “valores norteamericanos tradicionales”. La nación imaginada en esta retórica reactiva no se dedica a la supervivencia o la emancipación de sujetos retórica reactiva no se dedica a la supervivencia o la emancipación de sujetos marginales traumatizados, sino más bien a la libertad para los estadunidenses inocentes: marginales traumatizados, sino más bien a la libertad para los estadunidenses inocentes: los adultos sin pecado, los niños secuestrados y abandonados y, por sobre todo, y más los adultos sin pecado, los niños secuestrados y abandonados y, por sobre todo, y más eficazmente, el feto. Aunque había aparecido ya como milagro tecnológico del biopoder  eficazmente, el feto. Aunque había aparecido ya como milagro tecnológico del biopoder  fotográfico a mediados de los sesenta, en la era posterior a

fotográfico a mediados de los sesenta, en la era posterior a Roe Roe  el feto se consolidó  el feto se consolidó como mercancía política, como signo sobrenatural de la iconicidad nacional. Lo que como mercancía política, como signo sobrenatural de la iconicidad nacional. Lo que constituía esta iconicidad era una imagen de un estadunidense, tal vez el último constituía esta iconicidad era una imagen de un estadunidense, tal vez el último estadunidense vivo, no rozado aún por la historia; no atrapado en la excitación del estadunidense vivo, no rozado aún por la historia; no atrapado en la excitación del consumo masivo o de las mezclas étnicas, raciales o sexuales; no manchado aún por el consumo masivo o de las mezclas étnicas, raciales o sexuales; no manchado aún por el conocimiento, por el dinero o por la guerra. Este feto era un estadunidense con el que conocimiento, por el dinero o por la guerra. Este feto era un estadunidense con el que había que identificarse, alguien por quien aspirar a crear un mundo: organizaba una había que identificarse, alguien por quien aspirar a crear un mundo: organizaba una especie de bella política de ciudadanía de buenas intenciones y fantasías virtuosas de especie de bella política de ciudadanía de buenas intenciones y fantasías virtuosas de las que no podría decirse que estuviesen sucias, o cuya suciedad pudiese atribuirse a lo las que no podría decirse que estuviesen sucias, o cuya suciedad pudiese atribuirse a lo sexual o políticamente inmoral.

sexual o políticamente inmoral. Con

Con ciudadaníaciudadanía me refiero aquí tanto al sentido legal en el que las personas están me refiero aquí tanto al sentido legal en el que las personas están sujetas a los privilegios y protecciones de la ley en virtud de su estatus de identidad sujetas a los privilegios y protecciones de la ley en virtud de su estatus de identidad nacional como también al contexto experiencial y vernáculo en el cual la gente nacional como también al contexto experiencial y vernáculo en el cual la gente acostumbra entender su relación con el poder estatal y la membrecía social. Para unir  acostumbra entender su relación con el poder estatal y la membrecía social. Para unir  estos dos ejes de la identidad política y la identificación, Bernard Nathanson, fundador  estos dos ejes de la identidad política y la identificación, Bernard Nathanson, fundador  de la National Abortion Rights Action League [Liga Nacional de Acción por el Derecho de la National Abortion Rights Action League [Liga Nacional de Acción por el Derecho al Aborto], y ahora activista provida, hace películas políticas cuyo protagonista estelar  al Aborto], y ahora activista provida, hace películas políticas cuyo protagonista estelar  es el traumáticamente posticónico cuerpo fetal. Su objetivo es procurar  es el traumáticamente posticónico cuerpo fetal. Su objetivo es procurar  identificaciones aversivas

identificaciones aversivas  con el feto que impacten profundamente el imaginario  con el feto que impacten profundamente el imaginario empático de lo mejor de las personas, creando presión, al mismo tiempo, para borrar la empático de lo mejor de las personas, creando presión, al mismo tiempo, para borrar la escena de empatía. Primero muestra imágenes gráficas de un aborto, acompañadas con escena de empatía. Primero muestra imágenes gráficas de un aborto, acompañadas con descripciones pornográficas de los procedimientos por los cuales el cuerpo total se descripciones pornográficas de los procedimientos por los cuales el cuerpo total se convierte visiblemente en una horrible carne fragmentada. Después llama a la convierte visiblemente en una horrible carne fragmentada. Después llama a la conciencia nacional a borrar lo que ha creado, una “inconfundible marca registrada de conciencia nacional a borrar lo que ha creado, una “inconfundible marca registrada de la violencia irracional que ha permeado al siglo XX”.

la violencia irracional que ha permeado al siglo XX”.[11][11] La marca registrada a la que La marca registrada a la que

se refiere es el aborto. Exhorta al público a abortar la marca fetal registrada para se refiere es el aborto. Exhorta al público a abortar la marca fetal registrada para salvar al feto mismo y, por extensión, a la forma de la identidad nacional y su historia salvar al feto mismo y, por extensión, a la forma de la identidad nacional y su historia futura. En este sentido, la identidad nacional santificada del feto es lo opuesto a futura. En este sentido, la identidad nacional santificada del feto es lo opuesto a cualquier identidad multicultural, sexual o de clase: el feto es una luz cegadora que, cualquier identidad multicultural, sexual o de clase: el feto es una luz cegadora que, triunfante como forma modal de ciudadano, borraría las marcas de jerarquía, taxonomía triunfante como forma modal de ciudadano, borraría las marcas de jerarquía, taxonomía y violencia que ahora parecen tan importantes para la lucha pública en torno a quién y violencia que ahora parecen tan importantes para la lucha pública en torno a quién debe pos

debe poseer leer los recos recursos mursos materialeateriales y cus y cultulturales rales de la de la vida nacional contemvida nacional contemporánea.poránea. Ya ahora debe resultar claro que la lucha sobre el trabajo infantil adopta la misma Ya ahora debe resultar claro que la lucha sobre el trabajo infantil adopta la misma **

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forma que el discurso de los derechos fetales: revelaciones de trauma, incitaciones al rescate, la reprivatización de las víctimas como base de la esperanza, y, por encima de todo, la noción de que el yo que siente es el verdadero yo, el yo que debe ser protegido del dolor o de la historia, de esa escena de cambio tan poco bienvenida. El ciudadano infantil representa entonces el verdadero yo del adulto, su niño interior en toda su  posibilidad no distorsionada ni traumatizada. Pero decir esto equivale a mostrar que el icono fetal/infantil es un fetiche de la ciudadanía con una doble función social. Como objeto de fascinación y negación, representa (mientras permanece en la oscuridad social) al ciudadano privado virtuoso y traumatizado en torno al cual debería organizarse la historia, para el cual no existe un mundo lo bastante bueno. (En la actualidad esto incluye al ciudadano antes tácito o “normal” y a los sexual y racialmente subordinados.) Además de su vida como figura del adulto lesionado, el feto tiene otra vida como signo utópico de un socius justo y agradable, tanto en la retórica  provida, profamilia, como en los anuncios y en las películas de Hollywood acerca del estado de la heterosexualidad blanca reproductiva en los Estados Unidos durante una era de gran conmoción cultural, económica y tecnológica. Sus dos escenas de la ciudadanía pueden espacializarse: una tiene lugar en un público traumatizado y la otra en una zona íntima libre de dolor. Estas zonas se reflejan especularmente a la  perfección, y por ello delatan la forma de fetiche de la ciudadanía sentimental, el deseo

que expresa de representar un mundo político más allá de las contradicciones.[12]

He profundizado en estos dictados freudianos básicos en torno al duelo, la teoría de la ciudadanía infantil y esta narración de la cultura política estadunidense para crear un contexto de cuatro aseveraciones: que ésta es una era de política sentimental en la cual la política y la ley y las experiencias públicas de la persona en la vida diaria se transmiten por medio de retóricas de sentimiento utópico/traumatizado; que la lucha nacional-popular se expresa ahora en fetiches de afecto utópico/traumático que sobreorganizan y sobreorganizacionalizan el antagonismo social; que la subjetividad utópica/traumatizada ha sustituido a la subjetividad racional como indicador esencial de valor para la persona y, por ende, para la sociedad, y que, mientras en todos lados del espectro político la retórica política genera un alto grado de cinismo y aburrimiento,[13]  esos mismos lados manifiestan, simultáneamente, un respeto santificador por el sentimiento. Así, en el contrato nacional sentimental las posiciones de las clases antagónicas se reflejan como en espejo en su mutua convicción acerca de la autoevidencia y la objetividad  del sentimiento doloroso y del deber de la acción de erradicarlo. Con la coyuntura “utópico/traumatizado” pretendo transmitir una lógica de reparación de fantasía involucrada en la conversión terapéutica de la escena del dolor y su erradicación a la escena de lo político mismo. Las cuestiones de desigualdad social del valor social se adjudican ahora en el registro, no del poder, sino del sincero sentimiento excedente: la preocupación sobre si las figuras públicas parecen “humanitarias” subordina los análisis de sus visiones de la injusticia; los grupos ******Created by ebook converter - www.ebook-converter.com******

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subalternizados procuran forjar alianzas en nombre de la transformación social radical  por medio de la retórica testimonial del dolor verdadero;[14] la gente cree que sabe lo

que siente cuando lo siente, que puede ubicar su origen, medir sus efectos.

El tráfico de afecto de estas luchas políticas encuentra validez en esos momentos aparentemente superpolíticos en los que un “claro” mal —digamos, el espectáculo de niños violentamente explotados— produce una respuesta “universal”. En la política del sentimiento hay de todo: es una política de protección, de reparación, de rescate. Expresa una virtud ínsita, un núcleo de sentido común. Está más allá de la ideología, más allá de la mediación, más allá de la impugnación. Parece disolver la contradicción y el disenso en charcos de una verdad básica y también superior. Parece fuerte y clara, no confusa o ambivalente (de modo que el inconsciente hace mutis por el foro). Parece ser el inevitable o desesperadamente único núcleo de la comunidad.

¿Qué significa para la lucha el hecho de configurar la vida colectiva cuando una  política de sentimiento verdadero organiza el análisis, la discusión, la fantasía y la  política? ¿Cuando el sentimiento, lo más subjetivo, eso que hace públicas a las  personas y señala su ubicación, adquiere la temperatura del poder, media en la calidad de persona, en la experiencia y en la historia, ocupa el espacio de la ética y la verdad? ¿Cuando se dice que el impacto del dolor sólo produce claridad  cuando con la misma intensidad puede decirse que el impacto puede producir pánico, no reconocimiento, el estremecimiento de la base de la percepción? Por último, ¿qué pasa con las cuestiones de manejar la alteridad o la diferencia o los recursos en la vida colectiva cuando sentirse mal   se vuelve evidencia de una condición estructural de injusticia? ¿Qué significa para la teoría y la práctica de la transformación social cuando sentirse bien se vuelve evidencia del triunfo de la justicia? Tal como lo han demostrado muchos historiadores y teóricos de la “discusión de los derechos”, las hermosas y sencillas categorías de la legitimación en la sociedad liberal pueden otorgar a la forma fenoménica de la calidad apropiada de persona el estatus de valor normativo, que se expresa, en términos de sentimiento, como “reconfortar”;[15]  y, mientras tanto, los

argumentos políticos que cuestionan la afirmación de la claridad analítica de los sentimientos dolorosos se caracterizan frecuentemente como causa de mayor violencia a  personas ya dañadas y al mundo de sus deseos.

Este ensayo planteará preguntas incómodas sobre qué es la evidencia del trauma: desea exhortar una atención crítica seria, pero no cínica, al fetiche del sentimiento verdadero en el cual con frecuencia se maneja el antagonismo social sin entenderlo ni aceptarlo. Mi propósito más amplio es darle vida, como objeto de crítica, a la cultura del sentimiento demasiado explícitamente de “sentido común” en la vida nacional, evidente en el derecho, en la política de identidad y en la sociedad de masas en general; se trata del problema de tratar de administrar jurídica y culturalmente la sociedad como un espacio idealmente despojado de luchas y ambivalencias, un lugar hecho sobre el modelo de la simplicidad fetal. No estoy tratando de postular el sentimiento como el ******Created by ebook converter - www.ebook-converter.com******

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opuesto malo de algo bueno llamado pensamiento; como veremos, en los casos que siguen el sentimiento politizado es una especie de pensamiento que con lamentable frecuencia asume la obviedad del pensamiento que tiene, lo que obstaculiza la  producción del pensamiento en el que puede convertirse.

Privacía

 No sería excesivo decir que, por lo que se refiere a la regulación de la sexualidad, la ley tiene una relación sentimental especial con la banalidad. Pero decir esto no equivale a acusar a la ley de irrelevancia o superficialidad. En contraste con el sentido  primario de banalidad como condición de la convencionalidad común reiterada, la  banalidad también puede signar la experiencia de una emoción sentida profundamente, como en el caso de “Te amo”, “¿Te viniste?” o “México lindo y querido”.[16] Pero para

que una ocasión de banalidad sea al mismo tiempo utópica y sublime su carácter  ordinario tiene que ser llevado a una zona de negación abrumadora. Este acto de olvido optimista no es ni simple ni fácil: adopta la fuerza legítima de las instituciones —por  ejemplo, la forma de la heterosexualidad de la nación— para establecer la virtud de olvidar la banalidad de la banalidad. Tomemos un ejemplo clásico de este proceso, un momento perfectamente olvidable de El mago de Oz. La tía Emily le dice a Dorothy, que ha estado interfiriendo con el trabajo de la granja (aquí no se trata de trabajo infantil: Dorothy lleva libros): “Búscate un lugar donde no te metas en problemas”. Dorothy, en trance, parece repetir la frase, pero lo hace mal, suspirando “un lugar en el que no haya ningún problema”, lo que la lleva a fantasear “somewhere over the rainbow”, la célebre canción de la película. Entre la primera y la segunda encarnación de la película la acción del sujeto desaparece y es transferida al lugar: la magia de la voluntad y la intención se ha convertido en una propiedad de la propiedad.

La relación no enumerada entre el  lugar en el que tú no vas a meterte en problemas y un lugar en el que no hay ningún problema expresa la difusa fantasía de la felicidad que se declara en el concepto constitucional de la privacía, cuya aparición en la legislación sobre sexualidad durante los años sesenta puso explícitamente la intimidad heterosexual en el territorio antagónico de la ciudadanía estadunidense. La privacía es el Oz de los Estados Unidos. Basada en una noción de espacio seguro, de un espacio híbrido del hogar y de la ley en el que la gente puede actuar legal y amorosamente entre sí, libre de las determinaciones de la historia o de las coerciones del dolor, la teorización institucional de la privacía sexual está tomada de un léxico de sentimiento romántico, de un anhelo por un espacio en el que no hay problemas, un lugar cuya constitución legal sería tan poderosa que allí el deseo podría encontrarse con la disciplina moral, volviendo realidad la regla soñada. En este sueño la zona de privacía ******Created by ebook converter - www.ebook-converter.com******

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es también un espacio nacional paradigmático en el cual la libertad y el deseo se encuentran en toda su expresión suprapolítica, un lugar de encarnación que también deja incuestionados dictados fundamentales acerca de la universalidad o la abstracción del ciudadano modal.

Mucho se ha escrito sobre el estatus general de la doctrina de la privacía en la historia constitucional, un “concepto vasto y ambiguo que puede fácilmente reducirse en su significado pero que también, por otro lado, puede ser fácilmente interpretado como una proscripción constitucional contra muchas otras cosas, además de revisiones e incautaciones”.[17]  La privacía se concibió por primera vez como un derecho de

ciudadanía sexual dispuesto en la Constitución, pero no enunciado, en Griswold v. Connecticut  (381 U. S. 479 [1965]). El caso se relaciona con el uso del control natal en el matrimonio: una ley de Connecticut del siglo XIX declaraba ilegal que los matrimonios usasen anticonceptivos para el control natal (los argumentos orales sugerían que el “método del ritmo” no era anticonstitucional en ese estado);[18]  sólo

estaba permitida la profilaxis para prevenir enfermedades. Para cuestionar esa ley Esther Griswold, directora de Planned Parenthood [Paternidad Planificada] en Connecticut, y Lee Buxton, el secretario de Salud del estado, fueron arrestados, por un acuerdo previo con el fiscal del distrito, por dar “información, instrucción y consejo médico a personas casadas  sobre los medios para impedir la concepción”.[19] Los

argumentos planteados en Griswold  hacen énfasis en la cláusula del debido proceso de la Decimocuarta Enmienda constitucional, porque negar la venta de anticonceptivos “constituye una privación de derechos contra la invasión de la privacía”.[20] Este tipo

de privacía se concede sólo a las parejas casadas: el juez Goldberg cita con aprobación una opinión previa del juez Harlan ( Poe v. Ullman, 367 U. S., 497, en 533), que señala que “el adulterio, la homosexualidad y cosas similares son una intimidad sexual que el Estado prohíbe […] pero la intimidad del marido y la esposa es necesariamente una característica esencial y aceptada de la institución del matrimonio, institución que el Estado no sólo debe permitir, sino que siempre y en todos los tiempos ha auspiciado y protegido”.[21]

En la redacción de Harlan y en la cita que hace Goldberg de la misma podemos ver  las complejidades sentimentales de formular leyes constitucionales relativas a la  práctica sexual en los Estados Unidos modernos. La lógica de equivalencia entre el adulterio y la homosexualidad, en el pasaje citado, ubica estos actos/prácticas sexuales antitéticos en un espacio público desprotegido que permite y hasta fuerza la onificación  en forma de una disciplina estatal continua (leyes, por ejemplo):[22] en

contraste, la privacía marital se localiza aquí en una zona distinta de la ley y recibe su autoridad de la tradición, lo que significa que la ley, al mismo tiempo, la protege y desvía de ella su mirada disciplinaria activa. En esta coyuntura de espacio, tiempo, legitimidad y derecho, la distinción que hace Gayatri Spivak entre tiempo y temporalidad   aclarará también la pretensión del apartheid   optimista de la ley de la ******Created by ebook converter - www.ebook-converter.com******

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 privacía por lo que se refiere a la sexualidad. Spivak aduce que la diferencia entre las concepciones hegemónicas y “colonizadas” de la autoridad legal imperial pueden trazarse si se grafica el tiempo como esa propiedad de continuidad trascendental que asigna el poder del Estado para sustentar mundos a la capacidad de enunciar conceptos maestros, como libertad y legitimidad, en una zona de tiempo monumental y espacio aparentemente pospolítico de abstracción de lo cotidiano. En contraste, la temporalidad señala la cualidad siempre procesual, que se ahoga en el presente, de la supervivencia subalterna ante el escrutinio de la ley y de la pedagogía que crea sujetos.[23]  Aquí,

cartografiado en la ley de la sexualidad, en la concepción más temprana y más feliz de la privacía, vemos que el sexo no marital y, por lo tanto, no privado, existe en el desempeño antagónico del tiempo presente de la ley, mientras que el marital es  prácticamente antinómico, Tiempo sobre la temporalidad caída. No sólo es superior a

lo jurídico-político sino también, al parecer, su amo y señor.

La banalidad de la postura sentimental de la intimidad en y por encima de la ley se expresa muy bella y perdurablemente en la opinión de la mayoría en Griswold, escrita  por el juez William O. Douglas. Douglas sostiene que una combinación de precedentes derivados de la Primera, Cuarta, Quinta, Novena y Decimocuarta enmiendas[24] sustenta

su designación de un derecho constitucional no enunciado previamente para que las  personas casadas habiten en una zona de privacía, una zona libre del acceso policial o del “puro poder [del Estado]”, que Connecticut defendía como fundamento doctrinal de su derecho a imponer su disciplina a los ciudadanos.[25]  El lenguaje que emplea

Douglas para hacer visible ese espacio, así como para enunciar la relación de la ley con el mismo, transita ida y vuelta de la aplicación de stare decisis (la ley del sentido común que vincula a la autoridad judicial con los precedentes judiciales) y las convencionalidades tradicionales de la sentimentalidad heteronormativa tipo tarjetas de felicitación:

El presente caso, entonces, concierne a una relación que yace dentro de la zona de privacía creada por varias garantías constitucionales fundamentales. Y concierne a una ley que, al prohibir el uso de anticonceptivos, en lugar  de regular su fabricación o venta, procura alcanzar sus metas mediante un impacto destructivo máximo en esa relación. Una ley semejante no puede sostenerse a la luz del familiar principio, tan frecuentemente aplicado por  este tribunal, de que “un propósito gubernamental de controlar o impedir actividades constitucionalmente sujetas a la regulación estatal no puede lograrse por medios de alcance innecesariamente amplio, que por ello invaden el área de las libertades protegidas” [ NAACP v Alabama,  377 U. S. 288, en 307]. ¿Permitiríamos que la policía investigase los sagrados precintos de las recámaras maritales en busca de señales delatoras del uso de anticonceptivos? La sola idea resulta repulsiva para las nociones de privacía que rodean la relación de matrimonio. Manejamos una gran dosis de privacía más antigua que la Carta de Derechos, más antigua que nuestros partidos  políticos, más antigua que nuestro sistema escolar. El matrimonio es una unión para bien o para mal, perdurable, es de esperar, e íntima hasta el punto de ser sagrada. Es una asociación que promueve una forma de vida, no causas; una armonía en la vida, no una fe política; una lealtad bilateral, no proyectos comerciales o sociales. Y sin embargo es una asociación para un propósito tan noble como cualquiera de los involucrados en nuestras decisiones  previas.[26]

Douglas basa su opinión de que la sexualidad dentro del matrimonio debe ser  ******Created by ebook converter - www.ebook-converter.com******

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 protegida constitucionalmente —por estar por encima de la ley, ser anterior a la ley y estar más allá de su mirada apropiada— en un sentido de que “hay garantías específicas de la Carta de Derechos que tienen penumbras, formadas por emanaciones de las garantías que contribuyen a proporcionarles vida y sustancia”.[27] Una penumbra es en

general una “sombra parcial entre regiones de sombra completa y de iluminación completa”, pero creo que el sentido en el que Douglas usa su concepto de ensoñación es más adecuado a su aplicación en la ciencia de la astronomía: “El halo parcialmente oscurecido alrededor de una mancha de sol”. En otras palabras, las protecciones a la  privacía en torno a la sexualidad marital, incluso, son las emanaciones oscuras de la

mancha de sol de la enumeración constitucional explícita, y la zona de privacía en la cual florece la sexualidad marital es la tierra de sombras de la “noble” institución del matrimonio, con sus sagradas emanaciones obligatorias de estabilidad social y continuidad, no instrumentalidad íntima y superioridad a la divisividad que, por lo demás, caracteriza a lo social. Para respaldarlo, las opinones de los jueces Harlan y Goldberg invocan que es correcto que el Estado y la Suprema Corte fortalezcan  pedagógicamente las instituciones de la moralidad y los valores estadunidenses tradicionales: después de todo, la escena de la intimidad marital es “más antigua que nuestros partidos políticos, más antigua que nuestro sistema escolar”.

La discrepancia del juez Hugo Black en Griswold   ataca a los jueces Douglas, Goldberg, Harlan y White por la emocionalidad poco ética de lo que denomina “la fórmula del debido proceso de la ley natural [utilizada] para atacar todas las leyes del Estado que [los jueces] consideran imprudentes, peligrosas o irracionales”. Opina que eso introduce en la jurisprudencia constitucional justificaciones para

medir la constitucionalidad de acuerdo con nuestra creencia de que la legislación es arbitraria, caprichosa o irrazonable, o que no alcanza ningún fin justificable, o que es ofensiva para nuestras nociones de los niveles civilizados de conducta. Tal valoración de la sabiduría de una legislación es un atributo del poder de hacer leyes, no del poder de interpretarlas.

Encuentra un precedente para esta crítica en un ensayo del juez Learned Hand sobre la Carta de Derechos que ataca la tendencia de los jueces a “envolver su veto en un velo protector de adjetivos tales como ‘arbitrario’, ‘artificial’, ‘normal’, ‘razonable’, ‘inherente’, ‘fundamental’ o ‘esencial’, cuyo propósito consiste en general, aunque inocentemente, en disfrazar lo que están haciendo e imputárselo a una derivación mucho más importante que sus preferencias personales, que son todo lo que de hecho se oculta detrás de la decisión”.[28] En esta visión, siempre que los jueces entran en la zona de

 penumbra constitucional, fabrican eufemismos que disfrazan la relación entre la ley  propiamente dicha y la inclinación personal. Patricia Williams ha sugerido que esta imputación (y la contraacusación de que en su cúspide el sentimiento no difiere de la razón) está en el meollo de la ficción de stare decisis que produce justificaciones post-acto  de la tradición social o judicial para jueces que imponen inevitablemente su voluntad en problemas de derecho pero que, en pro de la legitimidad, se niegan a ******Created by ebook converter - www.ebook-converter.com******

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admitir la inevitabilidad de su aseveración. La imagen virtualmente genética que el uicio legal tiene de sí mismo en la historia no sólo tiende un velo sobre la inestabilidad personal de los jueces sino también sobre la locura del derecho mismo, su inestabilidad y su ficticia estabilidad, su articulación en el punto en el que la voluntad interpretativa y el deseo se combinan para producir la imagen que alguien tiene de un mundo recto/justo/apropiado.[29]

Después que a la pareja estadunidense heterosexual se le obsequia la privacía sexual gracias a la razón sentimental que adopta la corte —por la espacialización de la intimidad en un fanal de historia congelada—, se produce una pesadilla judicial y  política respecto a la corrección de la privacía sexual, cuya loca lucha entre el  privilegio del Estado y la libertad privada es demasiado larga para detallarla aquí. Podemos llegar a la conclusión de que la banalidad romántica que sanciona ciertas formas de intimidad como privilegiadas nacionalmente siguen estando insertas en la  práctica de la ley de la privacía sexual en los Estados Unidos. Casi 20 años más tarde, sin embargo, Planned Parenthood of Southeastern Pennsylvania v. Casey  (112 S. Ct. 2791 [1992]) reconfigura notablemente la fuerza de su maquinaria, remplazando la monumentalidad de la privacía sexual que había establecido Roe como una condición fundamental de la libertad de las mujeres, con la misma monumentalidad de Roe como evidencia ante la propia autoridad de la Suprema Corte.

En su opinión para la mayoría, la juez O’Connor reconoce la soberanía de la zona de privacía como modelo de autonomía y libertad, volviendo explícitamente al método de la enumeración de penumbras y stare decisis  introducido en Griswold.  Pero la verdadera originalidad de Planned Parenthood v. Casey  es el grado en que sustituye or completo la utopía de la intimidad heterosexual en la cual se basó inicialmente el derecho de la privacía sexual, ubicando el dolor de la mujer  en la cultura heterosexual en el centro de la historia de la privacía y las protecciones legales. En este sentido la fuerza legitimadora de los sentimientos jurídicos profundos acerca de los sagrados  placeres de la intimidad conyugal resulta invertida y desplazada a la mujer, cuyo trauma sexual y político es ahora el indicador del significado y el valor de su privacía y su ciudadanía.

En síntesis, Eisenstadt v. Baird ( 405 U. S. 438 [1972]), hizo extensivo Griswold  a las mujeres solteras por medio de la misma cláusula de protecciones, transformando la  privacía sexual de su escena inicial —la utopía de dos en uno solo de la intimidad de la  pareja— en una propiedad de la libertad individual. Esto silenció los aspectos concretamente espaciales de la “zona de privacía”, desmantelando la homología original entre la recámara marital/sexual y el sentido de autosoberanía del ciudadano. Puso el centro de atención en el espacio del cuerpo de la mujer, que incluye sus capacidades, pasiones e intenciones. Pero el paso de reenmarcar la anticoncepción a fallar en favor del aborto requirió el descubrimiento de más emanaciones de la  penumbra constitucional: en Roe v. Wade   (410 U. S. 113 [1973]) el derecho a la

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