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Imaginarios de problemáticas sociales en jóvenes de la élite social chilena : estableciendo discursos éticos desde una estructura de poder

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Academic year: 2020

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(1)Universidad Alberto Hurtado Facultad de Ciencias Sociales Magíster en Ética Social y Desarrollo Humano. TESIS Imaginarios de problemáticas sociales en jóvenes de la élite social chilena. Estableciendo discursos éticos desde una estructura de poder.. Investigadora: Javiera Pizarro G. Director de tesis: Pablo Salvat Profesor informante: Francisco López. Julio 2013, Santiago de Chile.

(2) La investigadora agradece los comentarios y opiniones elaborados por los profesores Pablo Salvat y Francisco López. También agradece el apoyo de familiares y amigos que ayudaron a acceder a contactos para ser entrevistados. A ellos también se les agradece por el tiempo y la disposición que tuvieron para ser parte de esta investigación. Todos los comentarios y análisis de esta investigación son responsabilidad de la autora, sin perjuicio de las personas mencionadas.. 2.

(3) Índice general Resumen.............................................................................................................................................. 4 Capítulo 1: Antecedentes y justificación ............................................................................................. 7 1.1.. Introducción y justificación del problema ........................................................................... 7. 1.2.. Pregunta, objetivos e hipótesis de investigación .............................................................. 16. Capítulo 2: Marco Teórico ................................................................................................................. 18 2.1. Imaginarios sociales ............................................................................................................... 18 2.2. La élite chilena: caracterización sociopolítica y religiosa ....................................................... 23 2.3. Problemáticas sociales en Chile. Conceptos y actualidad ...................................................... 32 Capítulo 3: Aspectos Metodológicos................................................................................................. 42 3.1. Metodología Cualitativa ......................................................................................................... 42 3.2. Diseño Muestral ..................................................................................................................... 42 3.3. Actores entrevistados: Criterios de selección ........................................................................ 43 3.4. Técnicas de Recolección de información ............................................................................... 44 3.5. Análisis de la Información ...................................................................................................... 44 3.6. Límites del estudio ................................................................................................................. 44 3.7.. Confidencialidad................................................................................................................ 45. Capítulo 4. Imaginarios sociales sobre problemáticas sociales en la élite chilena ........................... 46 4.1. Jóvenes profesionales de élite: algunas características ......................................................... 46 4.1.1. Historia educacional ....................................................................................................... 46 4.1.2. Trayectoria laboral de los entrevistados ......................................................................... 49 4.1.3. Identificación política de los entrevistados..................................................................... 51 4.1.4. Identificación religiosa de los entrevistados ................................................................... 54 4.1.5. Síntesis............................................................................................................................. 58 4.2. Problemáticas sociales según jóvenes de élite chilena: discursos de clase ........................... 59 4.2.1. Estado actual del país ...................................................................................................... 59 4.2.2. Desarrollo social .............................................................................................................. 66 4.2.3. Contingencia social y la opinión de los entrevistados..................................................... 74 4.2.4. Síntesis............................................................................................................................. 81 4.3. Rol de las élites y cambio social ............................................................................................. 82 4.3.1. Cambio social .................................................................................................................. 82. 3.

(4) 4.3.2. El manejo y concentración del poder.............................................................................. 89 4.3.3. El rol individual frente al cambio social........................................................................... 93 4.3.4. Síntesis............................................................................................................................. 98 Capítulo 5: Conclusiones ................................................................................................................... 99 Capítulo 6: Bibliografía .................................................................................................................... 104 Anexos ............................................................................................................................................. 108. Índice de tablas y gráficos Tabla N°1. Comparación del origen socioeconómico de los padres de los miembros de la élite .... 14 Gráfico N° 1. Evolución de la pobreza e indigencia (1990-2009) ..................................................... 34 Gráfico N° 2. Distribución de nuevos empleos, últimos 28 meses ................................................... 36 Tabla N° 2. Ingresos monetarios per cápita por decil de ingresos ................................................... 38 Tabla N°3. Distribución del ingreso autónomo en Chile. 1990 a 2006 ............................................ 38 Tabla N° 4. Coeficiente de Gini en Chile, según ingreso autónomo ................................................. 39 Tabla N° 5. Ingreso promedio mensual según años de escolaridad ................................................ 41 Tabla N° 6. Resumen de composición de la muestra ....................................................................... 44 Tabla N° 7. Identificación política de los entrevistados ................................................................... 53. 4.

(5) Resumen La presente investigación se enmarca en el estudio de los imaginarios sociales, es decir, explora cómo distintos actores van construyendo su imagen de la realidad de acuerdo a sus propias experiencias y discursos aprehendidos. La relevancia de abordar este fenómeno es que a través de distintos imaginarios se puede lograr establecer el valor de ciertas ideas en la sociedad. ¿Por qué nos enfocamos en la élite? Porque son los grupos socioeconómicos que mantienen y reproducen el orden social que nos rige en la actualidad, son ellos quienes detentan el poder político y económico capaz de realizar transformaciones sociales. El objetivo de este estudio es explorar en los imaginarios sociales de problemáticas sociales y los desafíos que éstas presentan al país en jóvenes profesionales pertenecientes a la élite chilena, en un marco de comprensión cualitativa, que permite analizar cómo los discursos se construyen desde la subjetividad de las personas. Al ser un estudio exploratorio, se intentan establecer discursos acerca de las problemáticas sociales de jóvenes de élite, influenciados por sus trayectorias personales y creencias particulares. La investigación explora también cómo los imaginarios sociales se constituyen en discursos éticos frente a problemáticas sociales relacionadas a las posiciones de poder presentes en la sociedad, lo que conlleva a la existencia de estructuras sociales homogeneizadoras que moldean dichos discursos. Entre los principales resultados destaca que las narrativas de los entrevistados generan un discurso social, en donde la desigualdad social en términos generales y la educación en términos particulares, son dos elementos que obstaculizan un correcto desarrollo del país que deben ser abordados por políticas públicas y sociales, así como por los distintos actores sociales que cumplen roles específicos en la sociedad. Los discursos sociales de los entrevistados muestran que el modelo de desarrollo que tenemos actualmente ha permitido avances sustanciales en el país desde el retorno a la democracia en la década de los noventa, pero que a pesar de los logros, existen desafíos que aún tenemos pendientes, especialmente relativos a las brechas sociales que se han generado debido al modelo. La desigualdad, entendida como un acceso inequitativo respecto a la calidad de bienes sociales, como la salud y la educación, han generado un país dividido entre quienes tienen oportunidades y quiénes no. En este contexto, equiparar dichas oportunidades aparece como un elemento central del discurso de los entrevistados, para lograr a futuro mayores niveles de igualdad en la población. El discurso de los entrevistados apela a la educación, tanto en su aspecto formal como informal, como el desafío pendiente del país por excelencia. Las narrativas reflejan la necesidad de una educación de calidad e integral, como base para generar un modelo sustentable que acorte las brechas y equipare las condiciones de la población, para mantener un acceso más equitativo a las oportunidades de los sistemas social, político y económico. En esta perspectiva, independiente de. 5.

(6) esta búsqueda de igualdad, el discurso aborda la naturalización de diferencias sociales entre los distintos individuos en una sociedad, siendo las diferencias escandalosas las que hay que abordar. A través de las narrativas se observa cierta homogeneidad respecto al pensamiento de los jóvenes profesionales de élite, donde un factor relevante se basa sus trayectorias educacionales. Todos los entrevistados tienen la conciencia de pertenecer a un grupo privilegiado de la sociedad, especialmente por el tipo de educación que han recibido. El discurso que emerge se relaciona a haber nacido en un entorno de oportunidades que han sabido aprovechar en pos de mejoras sociales en sus distintos ámbitos de trabajo. Es así como los imaginarios sociales son construidos en base a marcos de referencia y experiencias vividas, que les permiten elaborar un discurso social a partir de sus trayectorias de vida. En el discurso, la libertad se transforma en un concepto relevante, ya que la igualdad de oportunidades exigida se relaciona a la capacidad de los individuos de poder elegir libremente lo que ellos consideren importante en sus vidas. Aquí se expresa un modelo de desarrollo basado en el individuo, desde una mirada más antropológica, pero que a la vez tiene la posible consecuencia de que dicha libertad coarte niveles de cohesión social, en cuanto el individuo elige para sí y no para el bien común. El cambio social aparece así en el discurso como algo necesario, pero que debe ser mirado a largo plazo, ya que falta aún que el país cambie la mirada respecto a las problemáticas sociales. Los jóvenes profesionales de élite tienden a una apertura social respecto a la conducción del cambio social, estableciendo un quiebre generacional respecto a la élite económica y política actual. Las narrativas explicitan la necesidad de revalorizar la política y generar mayor confianza institucional, pero el quiebre más que generacional, se relaciona a un proceso natural de la sociedad en donde las problemáticas sociales actuales empujan a que sucedan los cambios. En esta perspectiva, aparecen conceptos relevantes que son destacados por los entrevistados, aparece la existencia de dos Chile distintos, uno con oportunidades y otro sin. Los entrevistados se consideran dentro del primer grupo, por lo que deben trabajar por ello. Es así como los discursos sociales son moldeados por una estructura de clase y a pesar de que los entrevistados confirman la necesidad de renovar la élite, se sienten parte de ésta, pertenencia que se les ha dado por sus orígenes y trayectorias educacionales. Las narrativas de los entrevistados reflejan un discurso social claro, ellos se sienten responsables de actuar por superar las problemáticas sociales desde sus ámbitos de acción. La mayoría siente que ya lo hace y en esto aporta al país, la pregunta está en si este discurso se mantendrá vigente durante su trayectoria laboral y personal, qué pasará a futuro si ellos siguen ascendiendo en sus roles. La presente investigación quiso explorar en un tema que tienen muchas más posibilidades de desarrollo. A través de la teoría fundada se permitió sentar las bases de un tema que exige volver a ser revisado, ya que se habla de las élites, de la posibilidad de cambio, transformación y renovación y sobre los desafíos sociales que hoy existen para transformarnos en un país más desarrollado, más equitativo y en definitiva, más justo.. 6.

(7) Capítulo 1: Antecedentes y justificación 1.1.. Introducción y justificación del problema. Vivir en sociedad es una de las mayores problemáticas que ha cruzado la historia de la vida humana. La forma en que se estructura la sociedad y cómo los distintos grupos sociales adquieren relevancia y características que los identifican, han sido campos de estudio de especial importancia de las ciencias sociales. En esta perspectiva, la forma en que los individuos interpretan la realidad se ha transformado en un eje de análisis, y a la vez, constituye un interés sociológico poder comprender dichas interpretaciones para captar la complejidad de la vida en sociedad. En esta perspectiva, la sociedad se construye a través de imaginarios sociales, entendidos como esquemas que permiten entender el mundo y la relación del ser humano y lo social, instituyendo un sentido práctico donde lo imaginario se establece como lo real (Baeza 2000, Pintos 1995). Los imaginarios no son representaciones del mundo, sino que dispositivos que le otorgan sentido a la cotidianeidad (Seveso, 2009), y se transforman en justificaciones que fundamentan la acción humana. De acuerdo a Castoriadis (2007), los imaginarios devienen del marco que provee de lo social y la organización social representa un núcleo de significaciones sobre los imaginarios que establece qué valores son relevantes para la sociedad, constituyendo al ser humano en un ser social. Así, los individuos interpretan su realidad y la objetivan en procesos concretos construyendo una institucionalidad de lo social. Es así como las narrativas y biografías individuales se insertan en historias colectivas y por ende, tienen una correspondencia que hay que considerar respecto a los campos sociales (Bourdieu P. , 2000). En otras palabras, en la construcción del orden social existe una coherencia entre las biografías individuales e institucionales en cuanto las primeras se constituyen y adquieren sentido en un contexto mayor, las instituciones, en las cuales los individuos se comprenden en un universo simbólico, referido a un esquema de mundo compartido. Por ende, la vida individual se construye como una narrativa en los espacios sociales donde los sujetos se interrelacionan (Berger & Luckmann, 2005). De esta forma, las sociedades generan estructuras, las cuales son socializadas y comprendidas por los individuos. En este esquema de mundo compartido, las sociedades sufren procesos de transformación. Específicamente, la sociedad chilena ha cambiado en su forma y estructura, en particular, debido a la transformación socioeconómica, que nos lleva de un modelo por sustitución de importaciones liderado por el Estado, a un modelo abierto y competitivo de mercado, que genera importantes cambios tanto en la estructura social, como en las oportunidades de vida de las personas (Torche & Wormald, 2004). Hoy vivimos en un contexto global, complejo y desarrollado en cuanto las. 7.

(8) estructuras económicas, políticas y sociales han generado un modelo particular de país. En las últimas décadas este modelo de desarrollo neoliberal ha conllevado a que emerja una sociedad compleja, donde conviven dos lógicas, la abundancia y la escasez (Tironi, 1999). La coexistencia de ambas ha dado forma a una sociedad dispareja, desigual, donde hay una minoría que se beneficia de nuestro modelo de desarrollo y donde hay una gran masa que lucha por insertarse en ella. Las políticas públicas y sociales intentan acortar las brechas, pero se mantiene una lógica de desarrollo excluyente, en donde el factor económico tiene predominancia y el individuo intenta insertarse en una estructura de oportunidades en donde el acceso a los servicios básicos está prácticamente cubierto, sin llevar aparejado un acceso de calidad. De acuerdo a Ruiz y Orellana (2010), en las últimas décadas en Chile se han producido de forma simultánea dos fenómenos: la disminución de la pobreza y el aumento de la desigualdad, justificado en el aumento de ingresos de la sociedad, pero de manera distinta según el grupo social en el cual los individuos se encuentren. Asimismo, las condiciones de vida se han privatizado, es decir, parecen ser responsabilidad de cada individuo, lo que introduce inestabilidad en la posición de dichos grupos sociales: “Además de acrecentar la desigualdad en la sociedad chilena, la ausencia de derechos sociales universales expulsa del ámbito de las certezas muchos aspectos de la reproducción cotidiana, tornando ésta más indeterminada. (…). Tal incertidumbre representa la versión criolla de la mentada “sociedad del riesgo”, signada por la soledad del individuo ante la indeterminación de sus propias condiciones de existencia” (Ruiz; Orellana, 2010, pág. 38).. Para los autores, el avance del mercado ha apuntado a mecanismos de reproducción de élite, basados en los principios del liberalismo económico, que genera la configuración de redes exclusivas en términos de colegios, universidades, pertenencias religiosas, modos de vida y consumo que generan un muro social, que no está disponible para la mayoría de la población. Estos argumentos, entre otros, dan pie al surgimiento de diversos malestares sociales, por parte de aquellos que no gozan de los beneficios del sistema neoliberal. “El patrón de conflictos sociales difiere en una sociedad con alta concentración del ingreso, respecto de una en la que ésta es menor, en tanto la última ofrece mayores espacios de proyección para las aspiraciones de diversos grupos sociales. Lo anterior, no sólo alude a la falta de fluidez en el acceso a las posiciones más elitarias. Como vimos, el panorama social actual de la sociedad chilena aparece marcado por sucesivas formas de “cierre social”, a través de los cuales se intenta la defensa de los privilegios relativos. En esta situación, son las nuevas condiciones sociales las que a menudo, a pesar de su sostenida expansión, salen más perjudicadas” (Ruiz; Orellana, 2010, pág. 48).. 8.

(9) En otras palabras, algo está ocurriendo en Chile, que el modelo actual no logra contener. En los últimos años, los chilenos nos hemos visto obligados a preguntarnos por el país que queremos. No parece que estemos por completo disconformes con lo que hemos logrado, pero nos vemos obligados a revisar el modelo de desarrollo que por décadas ha encauzado nuestra convivencia. La sociedad chilena ha comenzado a manifestar señales de descontento respecto a nuestro actual modelo de desarrollo y se visualizan diversas problemáticas sociales que el país no ha podido superar. La distribución de la riqueza y de las oportunidades están al centro de la discusión y se está exigiendo un nuevo modelo que nos permita vivir juntos como iguales. “Los problemas se discuten hoy más abiertamente, de cara a la gente; y es cada vez más difícil que existan instituciones intocables o temas tabú. Emerge una sociedad más madura, pero también con personas más exigentes y conscientes de sus derechos” (PNUD, 2004, pág. 55). Para el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD, 2004), la conducción del cambio social debe provenir de los grupos que detentan, en sus diversas expresiones, el poder. La ciudadanía presiona por cambios, se exige educación, salud y empleos de calidad para todos, en el marco de una exigencia de cambio en la estructura de oportunidades que ha sido encauzada por el libre mercado, buscando mayores espacios de proyección de los proyectos de distintos grupos sociales. Esto se traduce en la exigencia hacia una élite que no sólo permita dichas transformaciones, sino que logre transformarse a sí misma. Lo que se intenta es abrir el ´cierre social´ que caracteriza a nuestra sociedad y es aquí donde el papel de las élites se torna relevante. Este ´cierre social´ se refiere a la construcción de estructura que hemos hecho como sociedad. En sociedades complejas como las nuestras, las definiciones tradicionales que ordenaban a los grupos sociales se tornan incompletas. Si bien para Weber, la clase social se refería a un conjunto de individuos que compartían una situación común en función de los bienes y capacidades que poseían en el mercado y para Marx, ésta se definía a partir de la situación de los individuos en los procesos de producción; hoy los grupos sociales y sus criterios de segmentación incorporan nuevos criterios, relacionados al nivel de vida, a los hábitos, costumbres, gustos y actitudes. En esta perspectiva, la élite se entiende como un grupo cerrado y autorreferente, que no sólo está compuesta por quienes poseen los medios de producción, sino que también, tienen un rol central en definir las tendencias socioculturales que predominan en la sociedad (Rasse, Salcedo, & Pardo, 2009). De acuerdo al PNUD (2004), la élite chilena tiene frente a sí una serie de desafíos que debe superar. Entre estos está la superación de la tendencia histórica del cierre sobre sí misma, en cuanto dicha tendencia presenta obstáculos para que en ella se manifieste la diversidad social. “A pesar de que la elite ha demostrado su porosidad y su capacidad de recambio, hoy existen señales que hablan de una tendencia a la cerrazón por distintas vías” (PNUD, 2004, pág. 23). Asimismo, la élite, como grupo conductor del cambio social, debe superar el desafío de enfrentar su ambivalencia respecto a la necesidad de construir un proyecto colectivo para el país, en cuanto. 9.

(10) dicho proyecto no está completamente consolidado en el imaginario de este grupo. En este contexto, aún cuando la élite no logre gestar un proyecto colectivo, mantiene su poder como grupo dominante de la sociedad y por ende, lo defiende para no cederlo y lo ve como una manera de mantener el equilibrio de la estructura social en la sociedad. Por estas razones, la élite tiende a ser una estructura cerrada que no innova y no tiene intenciones de entregar más poder a la sociedad civil. En este contexto el poder se transforma en un concepto explicativo relevante. De acuerdo a Foucault (1978), el poder es algo enigmático, que está en todas partes, puede que no se sepa quién lo tiene, pero sí hay claridad respecto a quien no lo posee. El poder es una relación de fuerza que esencialmente reprime la naturaleza, los instintos, a una clase o a un individuo. Para el autor, más que su fuerza represora, lo relevante del poder es que produce discursos, forma saber e induce el placer, constituyéndose en una red productiva que atraviesa la sociedad. Para el PNUD (2004), el poder se plantea como una necesidad humana y social, referida no sólo a la capacidad de grupos organizados sino que a las capacidades personales de los individuos. El poder podría ser visto como el resultado de una relación de distintos factores: primero, una soberanía personal real; segundo, estructuras de distribución asimétricas de capacidades; tercero, un imaginario social del poder y cuarto, un mecanismo que regule las relaciones entre dichas dimensiones. El primer factor se refiere a la dotación de capacidades personales a través de las cuales los individuos aprovechan las oportunidades de su entorno, el segundo se refiere a la coordinación social de dichas capacidades a través de roles y formas de conducción específicas, el tercero se refiere al mundo común de significados y valores que orienta el ejercicio y legitima la distribución del poder y por último, los tres factores mencionados están interrelacionados a través de mecanismos que los regulan y depende de cada sociedad hacer prevalecer uno frente al resto, generando distintos grados de autodeterminación social en la organización del poder. Ésta se refiere a la capacidad de definir las relaciones de poder, siendo la democracia su formato más desarrollado. Por tanto, el poder se da en una relación entre persona y sociedad y puede aumentar o disminuir de acuerdo al comportamiento de los factores mencionados. “Así, el poder puede crecer o reducirse, y distribuirse más o menos simétricamente en beneficio de los fines de sistemas e instituciones, agencias personales, o valores y significados culturales de una sociedad. La definición más genérica del poder que resulta de las consideraciones anteriores es la que lo presenta como el complejo de capacidades aumentadas de acción de las personas, derivado de su participación en relaciones sociales más o menos asimétricas, y la existencia de un orden de significados que les da sentido y un poder social que regula las relaciones entre todas estas dimensiones” (PNUD, 2004, pág. 67).. El poder se distribuye en la sociedad. Para Weber la diferenciación social se refiere al fenómeno de distribución de poder en la sociedad. Aquí el poder se define como la probabilidad de que en alguna relación social alguien imponga su voluntad sobre otros de manera legítima. En este. 10.

(11) contexto, la clase social es una manifestación de la desigual distribución de poder que se relaciona a la situación que un individuo ocupe en el mercado. Aquí, la capacidad de consumir se transforma en símbolo de prestigio y honor, y específicamente para la élite, este símbolo refleja su capacidad de establecer límites, clausurándose de manera simbólica. En otra línea teórica, siguiendo a Bourdieu, los individuos se encuentran en el mundo social bajo una serie de condiciones objetivas que se organizan y forman habitus, es decir, las prácticas sociales son determinadas por un conjunto de disposiciones, acciones y percepciones que dan lugar a condicionamientos sociales en los cuales se organizan los individuos. Así se generan diversos estilos de vida en el mundo social que permiten definir distintos grupos sociales. En términos de diferenciación social, los grupos se distinguen a través de las posiciones de los individuos en el espacio social que depende de sus capitales disponibles, las disposiciones internalizadas de los actores bajo la forma de habitus y su toma de posición en el mundo social, correspondiente a las prácticas que generan a partir de sus posiciones y disposiciones (Aguilar, 2009). En términos de diferenciación social, la clase social es un concepto que permite definir relaciones de poder, así como conflictos entre grupos y las formas en que estos moldean las expectativas de los individuos (Porter & Hoffman, 2003). En las sociedades, existen individuos que tienen la conciencia de participar del prestigio que conlleva una clase superior y otros tienen conciencia de pertenecer a clases subordinadas (Raymond, 1939). Respecto a la élite, entendida como una clase social predominante, hay distintas teorías sobre su origen y formación 1, pero la relevancia de su estudio radica en que son quienes acuñan el poder y se autocomprenden como un grupo privilegiado, que asume la conducción social en los valores y proyectos que para ellos son relevantes. El concepto de élite se refiere al “grupo de aquellos actores que, por su acumulación de poder, es capaz de crear y asumir la conducción social, y que está relacionado con distinciones y privilegios que requieren justificarse a partir de criterios de responsabilidad social” (PNUD, 2004, pág. 68). En su composición es un grupo variable, posee pluralidad interna y depende de la cultura en la cual está inserta. De acuerdo al estudio citado del PNUD, se observa que la opinión de la élite tiende a diferir de la opinión del público en general, fomentando una integración vertical a la sociedad. Asimismo, la diferenciación social de los distintos ámbitos de la vida genera una diferenciación interna de la élite, internamente, tiene una heterogeneidad cultural, en cuanto a sus posiciones diversas respecto a temas valóricos y estilos de desarrollo. Esta heterogeneidad permite visualizar distintos tipos de élite, ligadas a los distintos ámbitos de la vida social: político, económico y sociocultural.. 1. Respecto a la formación de la élite, para ciertos autores es clave un proceso de socialización formal y educación (Yeager, 1991), para otros es clave el parentesco (Stabili, 2003) y para otros, los lazos de amistad y confianza que se generan con la amistad (Giddens, 1990).. 11.

(12) Pero a pesar de sus diferencias internas, tienden a una clausura respecto a su estructura dificultando procesos de reemplazo. Son quienes influyen en la institucionalización de pautas de acción y la distribución de capacidades, frente a las cuales ellos son privilegiados. La élite se legitima a partir de su capacidad para imponer su imaginario social del ejercicio del poder. Estos son “las representaciones y predisposiciones subjetivas sobre las capacidades de acción personal y su distribución asimétrica en las relaciones sociales” (PNUD, 2004, pág. 94-95) y tienen consecuencias concretas sobre la realidad. Los imaginarios, más que definir la acción de las personas muestran las alternativas legítimas para escoger y actuar. En este sentido, “describir los imaginarios del poder en la sociedad chilena actual resulta de gran importancia para estudiar qué es lo que obstaculiza y facilita la acción de las personas” (PNUD, 2004, pág. 125). Los imaginarios se relacionan a distintos ámbitos sociales y procesos que viven las sociedades modernas y por ende, es relevante estudiarlos en su especificidad. Estudiar las élites es relevante porque, como hemos mencionado, son ellas las encargadas de la conducción social y de acuerdo al PNUD (2004), los chilenos esperan de ella dicha conducción y la formación de un proyecto país colectivo. Lo problemático en la satisfacción de esta demanda es que las élites naturalizan el poder del mercado y por ende, piensan en un orden que se reproduce a partir del criterio de la no intervención. Con esta lógica, la élite pierde capacidad para generar un proyecto colectivo común, ya que se automatiza la sociedad. Respecto a la élite chilena, la pertenencia a este grupo se asocia no sólo a la posesión de bienes materiales, sino que a prácticas, ideales y discursos (Thumala, 2010). La élite dominante “opera e interviene en lo social (…) a partir del conocimiento y defensa de sus intereses -a partir de una conciencia de y para sí- genera una práctica de clase que le permite consolidar su posición y reproducir las condiciones que resultan favorables a su hegemonía” (Contreras, 2002, pág. 50). En Chile, el acceso a la élite está determinado por el origen socioeconómico. La Tabla N°1 indica las altas probabilidades de mantenerse en este status generacionalmente. Un 65% de la élite actual tiene un padre que proviene del nivel socioeconómico alto. Esta no es una tendencia mundial, ya que al comparar los datos con la élite alemana se observa que en ésta hay mayor heterogeneidad en la composición socioeconómica de origen. En otras palabras, en Chile, la movilidad de clase relativa, basada en las oportunidades para personas de distintos orígenes sociales de moverse socialmente, aún tiene una importante herencia de clase (Torche & Wormald, 2004).. 12.

(13) Tabla N°1. Comparación del origen socioeconómico de los padres de los miembros de la élite (%) Nivel socioeconómico del padre. Bajo Medio Alto. Elite chilena (PNUD, 2004). 3. 31. 65. Elite alemana (Potsdamer Elite studie, 1995). 35. 31. 35. Fuente: PNUD 2004. A la vez, se le otorga cada vez más importancia a la capacidad profesional. De acuerdo a Contreras (2002), la élite económica tiene una importante capacidad de presión que utiliza en estrategias para instalar sus intereses como temas de importancia nacional, es decir, transforman y legitiman intereses particulares como generales y lo extienden como bienes necesarios para el país. “Trasladan sus creencias personales a manifestaciones públicas en el terreno gremial” (Sanfuentes en Conteras, 2002, pág. 47). Siguiendo a Thumala (2010), la élite chilena legitima el orden social chileno a través de la economía. La lógica del libre mercado se torna relevante desde los ochenta y se legitima hasta el día de hoy. Esta idea se refleja claramente en el pensamiento del empresario Eliodoro Matte: “la opción por los pobres está conectada a una opción de una economía de libre mercado”, ya que “la experiencia muestra que el capitalismo democrático es el modelo más efectivo para el crear el bienestar necesario para terminar con la pobreza” (Matte en Thumala 2010, pág. 20). Para la élite, el éxito económico está ligado a la conducta individual y a una conducta del trabajo, ignoran la riqueza heredada, su educación y conexiones de élite (Contreras, 2002). La élite empresarial chilena conforma un club en donde no hay tema de la agenda pública que no pase por su filtro, y se conforma como un club cerrado, en donde tienen un papel relevante el dinero, el apellido, el colegio y la universidad donde se estudió. 2 El círculo que conforma la élite chilena se expresa en la forma en que construyen un pensamiento sobre el país y lo social. Es así como, en distintos medios sociales, podemos obtener información sobre ellos. En esta línea, como se ha mencionado, la acumulación de riqueza es valorada. Lo menciona el empresario Jorge Errázuriz: “Si a algún señor le gusta andar en un auto más caro, bueno, si se lo compró con su plata, problema de él. Yo siempre hablo de que no tiene que ser mal visto que una persona quiera ganar plata y hacerse muy rico (…) Lo que se tiene que valorar es el éxito y el emprendimiento 3.. 2 Reportaje "El peso del dinero", Revista Que Pasa, edición del 6 de junio del año 2000. 3 Reportaje televisivo “Los Súper Ricos”, Informe Especial, TVN. Transmitido el 8 de junio del año 2012. Disponible en http://www.youtube.com/watch?v=7m5QM7pBHu0. 13.

(14) Respecto a la conducción del país, las élites poseen una conciencia de clase, que facilita su posición privilegiada en la toma de decisiones pero que también implica asumir que dicha posición tiene repercusiones para otros. Lo menciona Bernardo Larraín Matte, empresario de la conocida familia Matte: “Estoy consciente que soy una persona privilegiada, las oportunidades que tuve por haber nacido en la familia que nací, por la formación que tuve, por el colegio, la universidad, por los postgrados que hice no hay duda que hay una parte de privilegio que no todos tienen. Siendo privilegiado no que hay que dormirse en los laureles y sentir que lo que estás haciendo aporta valor al país, aporta valor al desarrollo del país, a una mayor igualdad, en fin” 4. La lógica económica, que reproduce y legitima el capital simbólico de las familias de élite, se ve relacionada a la importancia que este grupo le da a la religión Contreras (2002). Thumala (2007) estudió las prácticas y creencias religiosas de sujetos con altos niveles de educación en Chile, concluyendo que el catolicismo es un elemento esencial del ethos de la élite, donde se da un acento marcado al valor social y persona de ciertas creencias religiosas que se transmiten generacionalmente a través de colegios de movimientos religiosos. Para la autora, la organización de la vida social se ve afectada por ciertas éticas religiosas que permiten explicar fenómenos sociopolíticos y económicos en nuestra sociedad. Siguiendo la lógica explicada anteriormente, se le da al capitalismo, en su expresión de libre mercado, un papel relevante en la entrega de bienestar social. En otras palabras, la lógica económica imperante se entiende a través de una óptica religiosa. Así también, el orden social de clase, como forma de estructurar a la sociedad, se entiende a través de una visión religiosa, donde están los “llamados por Dios”, quienes concentran el poder económico. Este argumento se apoya en Weber (1969), quien analiza la relación entre una ética religiosa y el desarrollo del capitalismo, concluyendo que la ética religiosa del protestantismo tiene afinidad con el desarrollo de una mentalidad empresarial, ya que los protestantes tienden a creer en una doctrina de la predestinación, en donde, independiente de nuestra voluntad y acciones, nacemos destinados por Dios a la salvación o la condena. Para el sociólogo, la ética religiosa protestante ascética tiene un efecto sobre las prácticas y la mentalidad económica del capitalismo y cumple un rol relevante en su desarrollo. En resumen, la élite chilena posee ciertas características que la clausuran del resto de la sociedad y aunque se constituye como un grupo plural internamente, refleja una posición de poder tanto social, como político y económico. En esta perspectiva, es relevante estudiarlo considerando que hoy vivimos en un país que se ha transformado, en donde las élites, ya sea por su peso histórico, su educación, sus conexiones y redes, han logrado formar grupos sociales que se mantienen y que deben ser capaces de conducir al país y generar los cambios sociales que el país exige. En este contexto, el Chile actual presenta una serie de desafíos, hay problemáticas sociales que no hemos 4. Op. Cit.. 14.

(15) sido capaces de resolver, aún cuando hay menos pobreza que hace veinte años, hemos mantenido nuestros niveles de desigualdad. La riqueza es sólo para algunos, lo que genera la exclusión de una gran mayoría de los beneficios de los sistemas. Hay también un malestar social que se ha tornado manifiesto, debido a estas problemáticas y debido a que el poder se ha mantenido en manos de unos pocos. Como lo hemos mencionado, la élite chilena se reproduce socioeconómicamente. En esta perspectiva, hay estudios que muestran que no existe un gran quiebre generacional entre la generación de los jóvenes y sus padres 5. Es aquí donde nos preguntamos: si la élite posee un fuerte factor generacional, donde los hijos de los miembros de la élite tienen una alta probabilidad de mantener este estatus, ya sea por sus lazos sanguíneos, capital social y/o educación; es importante conocer qué es lo que piensan las nuevas generaciones de la élite sobre las problemáticas sociales de Chile y sobre sus formas de solución. Es relevante comprender cómo las nuevas generaciones de la élite, aquellas que a futuro debieran conducir el cambio social en palabras del PNUD, constituyen sus imaginarios respecto al país y su desarrollo y cómo generan discursos asociados a las problemáticas sociales que nos afectan como sociedad. Comprender cómo y desde qué perspectiva se posiciona y configuran respuestas frente a las problemáticas sociales del país, nos puede llevar a concluir si en las próximas décadas la élite seguirá siendo este grupo cerrado, integrado verticalmente a la sociedad y si mantendrán la estructura actual asimétrica de poder.. 5. INACAP y Datavoz, estudio "Entendiendo el mundo juvenil", resultados publicados en Revista El Sábado, el Mercurio, edición del 20 de octubre de 2007.. 15.

(16) 1.2.. Pregunta, objetivos e hipótesis de investigación. La justificación del estudio planteado radica en la necesidad de comprender cómo aquellos actores que detentan una posición privilegiada en la sociedad, conceptualizan y actúan frente a las problemáticas sociales y los desafíos que éstas presentan para el país. De acuerdo a lo anteriormente planteado, la pegunta central que guiará esta investigación será: ¿Cómo se conceptualizan los imaginarios sociales en jóvenes profesionales pertenecientes a la élite chilena referidos a las problemáticas sociales y los desafíos que éstas presentan al país? El objetivo general se esta investigación será: “Explorar cómo se conceptualizan los imaginarios sociales en jóvenes profesionales pertenecientes a la élite chilena, referidos a las problemáticas sociales y los desafíos que éstas presentan al país”. Los objetivos específicos de esta investigación serán: 1. Explorar imaginarios referidos a problemáticas sociales de jóvenes profesionales de la élite chilena. 2. Describir a los jóvenes profesionales de élite de acuerdo a sus trayectorias de vida e identificaciones políticas y religiosas. 3. Explorar la vinculación entre las características y creencias propias de los jóvenes de élite con sus visiones acerca las problemáticas sociales. 4. Explorar en las visiones sobre cambio social respecto a las problemáticas planteadas por los jóvenes de élite. 5. Explorar si los jóvenes de élite perciben diferencias generacionales respecto a las problemáticas sociales, respecto a quienes hoy conducen la sociedad. 6.. Explorar cómo los imaginarios sociales de los jóvenes son construidos en base a sus marcos de referencia y experiencias vividas.. 7. Explorar los paradigmas sociales mediante los cuales los jóvenes de élite construyen imaginarios relativos a las problemáticas sociales.. 16.

(17) De acuerdo a lo anteriormente expuesto, las hipótesis de trabajo de esta investigación son las siguientes: 1. Los imaginarios sociales sobre problemáticas sociales se constituyen como discursos homogeneizadores entre distintos grupos de élite, por lo cual es posible establecer discursos éticos frente a problemáticas sociales que se relacionan a las posiciones de poder que están presentes en la sociedad, y por tanto, existen estructuras sociales que moldean los discursos éticos. 2. Los imaginarios sobre problemáticas sociales del país son visualizados por jóvenes profesionales de la élite como carencias culturales y educacionales que se manifiestan en determinados valores y conductas que impiden a los individuos a integrarse a la sociedad. 3. Los jóvenes profesionales de élite tienden a una apertura social respecto a la conducción del cambio social, estableciendo un quiebre generacional respecto a la élite económica y política actual. Frente a las preguntas, objetivos e hipótesis planteados a continuación se expondrá el marco teórico bajo el cual se enmarcará esta investigación, que contiene el desarrollo conceptual de los tres ejes fundamentales de este estudio: 1) imaginarios sociales, 2) élite y 3) problemáticas sociales.. 17.

(18) Capítulo 2: Marco Teórico 2.1. Imaginarios sociales Autores como Berger y Luckmann (2005) afirman que la realidad es una cualidad propia de los fenómenos que reconocemos como independientes de nuestra existencia, pero que en la vida cotidiana interpretamos de acuerdo a los significados subjetivos que le damos a un mundo coherente, el cual compartimos con otros. Es así como el hombre se va produciendo a sí mismo y se va habituando a las múltiples realidades que coexisten. En esta perspectiva, el individuo legitima el orden institucional que se construye en la sociedad y le da validez a los significados objetivados que va construyendo frente a la realidad que se le presenta. En un proceso simbólico, como lo llaman los autores, el ser humano construye elementos de significación que se refieren a realidades que no son las de su experiencia cotidiana y que se ordenan en una matriz de significados objetivados socialmente catalogada como universo simbólico (2005, pág. 123). Este universo simbólico legitima el orden social y le da un orden a la historia. Los imaginarios sociales son esquemas organizadores del mundo que median la relación de los individuos con lo social, dándole un sentido práctico en donde lo imaginario se instituye como real (Baeza 2000, Pintos 1995). Por ende, más que representaciones del mundo, son dispositivos mediadores que le otorgan sentido a lo cotidiano (Seveso, 2009). Esto implica que los imaginarios no son percibidos como distorsiones en la mirada de lo social, sino que son justificaciones que fundamentan la acción. “Los imaginarios se presentan como saber práctico que otorga nitidez sobre el mundo, pero que en tanto mecanismo social devela a la vez que oculta”. (Seveso, 2009, pág. 12). En este punto es relevante recalcar que los imaginarios están anclados en lo social, en palabras de Castoriadis (2007), devienen del marco que provee lo social. En este campo de conocimiento, para Castoriadis (2007) la organización social representa un núcleo de significaciones de imaginarios sociales, que permiten establecer el valor de ciertas ideas para una sociedad, las cuales hacen que el hombre se constituya como un ser social. En otras palabras, el ser humano interpreta la realidad en la que está inmerso, y cuando las interpretaciones se objetivan en procesos concretos que permiten construir cierta institucionalidad, se transforman en imaginarios sociales que posicionan dicha institucionalidad. Las significaciones imaginarias sociales tienen que ser “participables”: (…) los individuos son formados como individuos sociales, con capacidad para participar en el hacer y en el representardecir social, que pueden representar, actuar y pensar de manera compatible, coherente, convergente incluso cuando sea conflictual (Castoriadis, 1998, pág. 323). Para el autor, lo social histórico constituye la condición esencial de la existencia de pensamiento y reflexión. Las instituciones y significados imaginarios deben ser coherentes con esta condición. “Las significaciones imaginarias sociales crean un mundo propio para la sociedad considerada, son. 18.

(19) en realidad ese mundo: conforman la psique de los individuos. Crean así una “representación” del mundo, incluida la sociedad misma y su lugar en ese mundo” (Castoriadis, 1997, pág. 9). La sociedad debe crear sentido, por tanto, las significaciones son sociales, producto del colectivo. A la vez, son imaginarias porque no provienen de lo racional. En esta perspectiva, lo social se piensa a sí mismo como una construcción de sentido, el cual está en el centro de la sociedad, por lo que existiría un núcleo de significaciones imaginarias fundantes de lo social. “Todo esto no significa que las instituciones y el mundo de lo social se reduzcan a lo simbólico, sino que no pueden existir más que en lo simbólico” (Castoriadis, 2007, pág. 201). Siguiendo a Baeza (2000), los imaginarios son una manera compartida por grupos humanos que se representan en un espacio y tiempo determinado. No son la suma de imaginarios individuales, sino que son colectivos. Al serlo, permiten que se compartan, en una modalidad simbólica, formas y contenidos mediante los cuales dichos grupos se reconocen. Son por tanto, “matrices que le dan sentido a diversos colectivos sociales” (Baeza, 2000, pág. 9). Los imaginarios sociales son constructores de realidad, por tanto, la realidad es construida por el hombre de acuerdo a lo que es relevante y tiene algún significado para la vida social. Asimismo, son instituidos socialmente en el marco de relaciones sociales y condiciones históricas y es así como se transforman en ideas que cohesionan a los grupos sociales. Citando a Pintos (1995, pág. 108), Baeza afirma que “los imaginarios sociales son esquemas construidos socialmente que nos permiten percibir, explicar e intervenir lo que cada sistema social considere como realidad”. Esta mirada constructivista de la realidad es la que nos permiten situarnos en un punto analítico en donde las interpretaciones de los individuos y los grupos sociales parecen ser relevantes para comprender el mundo en que estamos inmersos. Por tanto, los imaginarios sociales permiten darle sentido y coherencia a la realidad, pensar lo social implica una relación directa con procesos de institución de significados. Nuestra identidad es construida en un conjunto de imaginarios simbólicos que representan el mundo donde vivimos. Estos imaginarios pueden variar, ya que se desarrollan en procesos dinámicos, los cuales se intensifican en sociedades modernas como las actuales. “Esto no quita que exista cierta fijeza en la dimensión significativa del mundo: muy por el contrario, los sentidos cristalizan, se establecen como esquemas organizadores del mundo, y de tal manera demarcan, limitan y ciñen lo social” (Seveso, 2009, pág. 11). De acuerdo a Thompson (1982), el mundo socio histórico para Castoriadis es el mundo de la acción humana, la cual se relaciona con el conocimiento. El elemento imaginario de lo socio-histórico hace posible cualquier relación entre objetos e imágenes, es la creación de figuras y formas que reflejan un mundo posible. En su nivel socio-histórico, los imaginarios permiten la orientación de las instituciones sociales, para la constitución de motivos y necesidades. El imaginario social se expresa en el medio del simbolismo y significado, expresión que puede ser vista en la operación del lenguaje, que para Castoriadis es una esfera particular de lo simbólico. Un significado es. 19.

(20) determinado indefinidamente. En este contexto, las identidades no están constituidas de modo natural, sino que se construyen discursivamente y surgen en el juego de modalidades específicas de poder, como producto de la demarcación de la diferencia y de la exclusión, antes que como signo de una identidad, en el sentido de mismidad sin diferenciación interna (Sojo, 2011). Considerando que los imaginarios sociales permiten que se construya un mundo mediado por las representaciones instituidas en la sociedad, cobra relevancia mirar ciertos campos en donde dichos imaginarios parecen haberse naturalizado de tal manera que parecieran ser los únicos campos posibles de acción. Siguiendo a Baeza (2000), una ideología burguesa occidental, gestada en el imaginario propio burgués, cuya base material está en el capitalismo, pareciera estar en su hegemonía en cuanto imaginario social. “Su ´triunfo´ en el plano imaginario alcanza ribetes de naturalización del mercado y el consumo (…) Toda alternativa a este imaginario es estigmatizado como contra natura” (Baeza, 2000, pág. 31). En esta perspectiva, es interesante abordar cómo el poder se imbrica con este imaginario, en donde el sistema de producción mercantil, base del capitalismo, gesta y desarrolla relaciones sociales mediadas por dicha ideología burguesa. De acuerdo a Foucault (1978), el poder es una cosa enigmática, investida en todas partes, “no se sabe quien lo tiene, pero se sabe quien no lo tiene” (pág. 84). El poder no sólo reproduce relaciones de producción, esa no es su única función. El poder se ejercita, no existe más que en el acto, es una relación de fuerza que esencialmente reprime la naturaleza, los instintos, a una clase o a un individuo. “El poder se construye y funciona a partir de una multitud de cuestiones y efectos de poder (…) No se puede descifrar sin tener en cuenta el proceso económico y las relaciones de producción” (pág. 158). Pero para Foucault lo relevante del poder es que no es sólo una fuerza represora, si fuera sólo eso, no subsistiría por sí mismo, sino que lo interesante es que produce discursos, forma saber e induce al placer, se constituye en una red productiva que atraviesa todo el cuerpo social. El poder por tanto pareciera ser una fuerza transversal que cruza grupos sociales, donde lo relevante es analizar cuáles son las tácticas y estrategias de poder que se utilizan en la sociedad. Para Foucault, los discursos organizan conceptos, agrupan objetos y enunciados y constituyen estrategias. El análisis social debería explicar cómo actúan las prácticas discursivas y no discursivas. El poder se sitúa en una práctica no discursiva, que genera que el saber queda imbricado con instituciones políticas (Godoy, 1990, pág. 107). Lo que le interesa a Foucault son las múltiples relaciones de poder que se desarrollan en espacios sociales, en el nivel de las prácticas cotidianas. “El poder actúa como un órgano de represión que influye sobre la naturaleza, los instintos, las clases y los individuos” (Foucault, 1984, pág. 84). En este contexto, de acuerdo a Godoy, el poder descansaría sobre un cálculo que no viene de un individuo, un grupo o un Estado, sino que de la racionalidad de las tácticas locales que se encadenan entre sí y despliegan y articulan dispositivos de conjunto. El poder no existe sin acción, actúa como una acción sobre otra acción, es decir, actúa indirectamente sobre la realidad. De acuerdo a Foucault, la disciplina distribuye y hace. 20.

(21) circular a los individuos en sistemas de relaciones, contexto en el cual el poder se presenta como multiforme, no es posible localizarlo en una institución específica, sino que abarca a la sociedad en su totalidad. Es un poder microfísico (López, 1979), que en su clave de conocimiento, se conforma como una condición necesaria para mantener y transformar el poder político y la posición social (Kennedy, 1979). Siguiendo esta lógica, Bourdieu (1994) habla del concepto de campo de poder para referirse al espacio de relaciones de fuerza entre los agentes provistos de al menos un tipo de capital que tienen disposición de dominar cierto campo y funciona de mejor manera cuando se amenaza el equilibrio del campo en el cual domina. Dichos agentes ocupan posiciones dominantes en sus campos. En palabras del autor, “la dominación no es mero efecto directo de la acción ejercida por un conjunto de agentes investidos de poderes de coacción sino el efecto indirecto de un conjunto complejo de acciones que se engendran en la red de las coacciones cruzadas a las que cada uno de los dominantes está sometido por parte de todos los demás” (pág. 51). Es así como podría afirmarse que el poder, entendido como un campo social, más que ser una característica de ciertos actores es una fuerza que permite mantener el equilibrio social, es decir, mantener un orden que se ha establecido a priori y por tanto, quienes lo detentan, intentan asegurar que dicho orden se mantenga así. En esta perspectiva es interesante observar que el campo de poder es transversal a los distintos sistemas sociales, o en palabras de Bourdieu, a los distintos campos que componen la sociedad, como la educación, la política, economía, etc. En cada uno de los campos se ejercita el poder de alguna manera, por lo que resulta relevante estudiar de qué manera éste se vincula con determinados imaginarios sociales que se cristalizan en la sociedad. De acuerdo al PNUD (2004), el origen del poder humano radica en su capacidad para definir y construir un entorno de relaciones y recursos que le permiten realizar una existencia deseada y en el conjunto de esas capacidades que le permite actuar exitosamente en ese entorno. “El poder puede definirse como las capacidades de acción distribuidas asimétricamente en la sociedad” (PNUD, 2004, pág. 64). Estas capacidades necesitan de un mundo común de significados y valores que defina las reglas de uso del poder, es decir, se constituye un imaginario social del ejercicio del poder. Como se mencionó anteriormente, para Berger y Luckmann (2005) es en la vida cotidiana donde se atribuyen significados objetivables de la realidad, y por tanto, es donde se le puede atribuir un significado a los fenómenos sociales que se desarrollan. Por esto es relevante poder captar cómo quienes detentan distintos grados de poder en los diversos campos sociales le atribuyen significado a los hechos sociales y así construyen ciertos discursos que se objetivan en la sociedad. En otras palabras, si los actores sociales se distribuyen en posiciones diferenciadas en el espacio de las relaciones de sus campos, según los capitales y recursos que tengan a su disposición (Bourdieu P. , 1994), sería interesante comprender cómo se constituyen las representaciones sobre problemáticas sociales entre quienes detentan el poder, considerando la forma en que. 21.

(22) conceptualizan las relaciones que se establecen con un “otro” diferente, en una posición de jerarquía social. Lo relevante es estudiar como en un proceso simbólico, el hombre construye procesos de significación que se ordenan en una matriz de significados objetivados socialmente catalogada como universo simbólico (Berger & Luckmann, 2005). En esta línea, resulta de interés social estudiar cómo los grupos de élite, que poseen ciertas creencias compartidas, objetivan sus discursos y generan una realidad, interpretando los fenómenos sociales, en cuanto ellos son parte de una estructura social y detentan el poder en los distintos campos en que están circunscritos. Así, van generando discursos sobre fenómenos sociales que se cristalizan en discursos hegemónicos en la sociedad. En definitiva, es relevante comprender cómo actores de la élite delinean su entendimiento sobre lo social, ya que en ello radican los imaginarios sobre problemáticas sociales que operan en la sociedad. En esta perspectiva, las significaciones sociales imaginarias generan una naturalización del orden social, por lo que los discursos aprehendidos de las élites se transforman en discursos hegemónicos, que permiten comprender la realidad y actuar en ella.. 22.

(23) 2.2. La élite chilena: caracterización sociopolítica y religiosa En las ciencias sociales no existe aún consenso sobre la definición del concepto de élite. A continuación, se esbozarán ciertas características de la élite que permitirán comprenderla como un grupo social relevante, cuando se habla de discursos hegemónicos en la sociedad. De acuerdo a Espinoza (2010), a principios del siglo veinte, el concepto de élite era central para los estudios sobre estratificación social, lo que va adquiriendo relevancia en la década de los cincuenta, cuando aparece el término “élite de poder” de Mills. Con éste, se desencadena el debate sobre el concepto y su relevancia en la teoría social. De acuerdo al autor, Mills define la élite de poder como el entramado de relaciones entre autoridades de los campos económico, político y militar; postura que fue radicalizada por los marxistas, para quienes la élite es el grupo dominante que concentra el poder económico. Para otro grupo de autores, la élite se define como un grupo cohesionado por encuentros sociales, matrimonios sociales y/o educación. La cohesión permite que los vínculos que se establecen generen consecuencias para la conciencia de clase y su capacidad de acción conjunta (Scott, 2008). De acuerdo a Rendón (1979), en una escala jerárquica, la posición superior se hace llamar élite, por lo que un sistema social con distintos órdenes funcionales, implica distintas escalas jerárquicas que conllevan distintos tipos de élite, ya sea políticas, económicas, etc. Por ende, deberíamos hablar de élites de acuerdo a los distintos campos sociales. Lo relevante en esta línea es que aún cuando la clase social está determinada por una combinación de factores culturales y económicos, es la clase dominante la que lleva el control de los significados, lo que genera reglas indirectas de dominación (Mendieta & Núñez, 1946). Para el PNUD (2004), la discusión sobre lo que se entiende por élite aún está abierta. Ellos la definen como “aquella minoría de actores sociales de un país que cuentan con las mayores cuotas de poder, lo cual no sólo les permite diferenciarse de la población común y ejercer altas funciones de conducción, sino que les obliga a justificar de algún modo su accionar” (PNUD, 2004, pág. 173). Es aquí donde la élite busca dar cuerpo a una visión de convivencia social, de los valores y de lo que imagina en el futuro del país, aspirando a la hegemonía de sus ideas. Esta proyección social es lo que se entiende como su misión. Espinoza (2010) afirma, que la composición de la élite revela un sesgo de selección que implica una reproducción en el poder de un mismo grupo. La reproducción de privilegios puede estar dada por herencia, educación o por mecanismos de selección que discriminan en favor de ciertos grupos. Por tanto, son las relaciones sociales que facilitan su integración como bloque: “La posibilidad de interacción social “cara a cara” condiciona la emergencia de élites cohesionadas, en la medida que la común concurrencia a determinados espacios sociales, las dinámicas de producción simbólica y formación de representaciones de la realidad resultan congruentes en sus contenidos. Operativamente ello se expresa en una serie de comembresías (grupos religiosos, centros de estudio, partidos) o participación conjunta en eventos (exilio, campañas)” (Espinoza, 2010, pág. 5).. 23.

(24) El poder de la élite “consiste en el ejercicio de la influencia; es decir, en la capacidad de ir conectando distintos ámbitos de acción para desarrollar procesos de conducción hacia donde se desea” (PNUD, 2004, pág. 182). En la línea del argumento anterior, esto implica la capacidad de los miembros de la élite de desarrollar estrategias que los vinculen socialmente. Por ende, las lógicas de reproducción y transmisión del capital, más que definirse por el tipo de riqueza acumulada, dependen del estatus social que otorga el patrimonio cultural acumulado mediante el capital económico, así como por los capitales social y cultural acumulado por las familias, que se traspasa a las nuevas generaciones (Bertaux, 1977).La concentración del poder en élites, genera exclusión social, política y económica en amplios grupos de población (Contreras, 2002). De acuerdo a Atria (2004) la clase social se funda en la idea de que hay grupos cuyos intereses se ven influidos por las posiciones que tienen en la estructura social, y que no son solamente subjetivos. Es por esto que los intereses fundan las clases sociales, las cuales se proyectan más allá del horizonte temporal de sus miembros. Asimismo, dichos intereses son indispensables para la reproducción de un sistema de clases, en donde las generaciones transmiten a sus sucesores las características principales de las clases en cuestión, las cuales se organizan de manera colectiva para hacerse manifiestas en las sociedades. En términos generales, lo relevante es entender que toda sociedad presenta y marca diferencias respecto al poder, la riqueza y el prestigio que tienen sus miembros (Grusky, 1994) las que posicionan a los grupos sociales de manera estratificada. Es por esto que el sistema de estratificación social formula jerarquías entre grupos sociales, lo que desencadena en una desigualdad respecto al acceso de determinados recursos que la sociedad valora (Torche & Wormald, 2004). La clase social es un concepto esencial para definir relaciones de poder, así como conflictos entre grupos sociales y las formas en que estos moldean las expectativas de los individuos (Porter & Hoffman, 2003); aún así, hay autores que afirman que en sociedades modernas éstas no se fundan necesariamente sobre el parentesco, el origen social y/o la educación. Lo relevante es que existen individuos que tienen la conciencia de participar del prestigio que conlleva una clase superior y otros tienen conciencia de pertenecer a clases subordinadas (Raymond, 1939). Respecto a la formación de la élite, para ciertos autores es clave un proceso de socialización formal y educación (Yeager, 1991), para otros es clave el parentesco (Stabili, 2003) y para otros, los lazos de amistad y confianza que se generan con la amistad (Giddens, 1990). Independiente de su formación, lo relevante aquí es que existen distintos tipos de élite, que conocen su posición de privilegio y la asumen para conducir a la sociedad en los valores y proyectos que para ellos son relevantes. Esta conducción se trata de una forma de ejercicio de poder (PNUD, 2004), realizada por grupos sociales específicos, las élites, grupo que, “por su acumulación de poder, es capaz de crear y asumir la conducción social, y que está relacionado con distinciones y privilegios que requieren justificarse a partir de criterios de responsabilidad social” (pág. 68). Aún cuando son grupos variables, por su pluralidad interna, como por sus dinámicas de funcionamiento; poseen ciertas. 24.

(25) dinámicas recurrentes. “Por muy democráticos y meritocráticos que sean sus orígenes, tienden a una oligarquización de su estructura y legitimación. Así se concentran, relacionan y clausuran respecto de las masas, dificultando su circulación o procesos de reemplazo” (pág. 69). Independiente de esto, las sociedades modernas no pueden funcionar sin las élites, ya que son quienes conducen los procesos de cambio y facilitan la incorporación de los intereses sociales. Respecto a la élite chilena, Thumala nos indica que “el punto principal de la pertenencia a la élite en Chile no está sólo asociada a la posesión de bienes materiales, sino también a ciertas prácticas y costumbres, así como a ideales y discursos” (2010, pág. 63). La élite dominante: “opera e interviene en lo social y en lo político de manera cohesionada, homogénea y desde un mismo discurso ideológico. (…) A partir del conocimiento y defensa de sus intereses -a partir de una conciencia de y para sí- genera una práctica de clase que le permite consolidar su posición y reproducir las condiciones que resultan favorables a su hegemonía” (Contreras, 2002, pág. 50).. Desde la óptica del PNUD (2004), el acceso a la élite no debería estar predeterminado, pero el origen socioeconómico es una variable muy influyente para ingresar a los círculos de mayor poder en la sociedad chilena. De hecho, “el 65% de la elite chilena tiene un padre de origen socioeconómico alto, y sólo un 3% proviene del grupo socioeconómico bajo” (PNUD, 2004, pág. 180). A la vez, se le otorga cada vez más importancia a la capacidad profesional. De acuerdo a Contreras (2002), la élite económica tiene una importante capacidad de presión que utiliza en estrategias para instalar sus intereses como temas de importancia nacional, es decir, transforman y legitiman intereses particulares como generales y lo extienden como bienes necesarios para el país. “Trasladan sus creencias personales a manifestaciones públicas en el terreno gremial” (Sanfuentes en Conteras, 2002, pág. 47). La élite chilena está fuertemente integrada por el establishment político, económico, cultural y religioso y se ha visto favorecida por las políticas económicas neoliberales que se han desarrollado en el país en las últimas décadas (Tironi, 1999). De acuerdo al autor, la característica que ayuda a entender la cohesión y el poder de la élite chilena es su homogeneidad, tienen historias y hábitos comunes, lo que les ha permitido manejar y acumular un extenso capital social, en términos de redes y enclaves sociales, políticos y económicos. Entre la élite se forja un sentimiento gregario, que permite establecer criterios discriminadores que hacen posible la entrada y exclusión de sus círculos. Para Contreras (2002), la permanencia en el tiempo del linaje familiar refuerza, reproduce y legitima el capital simbólico de las grandes familias. Aquí, un elemento de importante influencia familiar son los contactos religiosos. En esta perspectiva, Thumala (2007) se propuso examinar las prácticas y creencias religiosas en el contexto de la modernidad económica y política, entre. 25.

Referencias

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