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ÍNDICE

PREFACIO A LA SEGUNDA EDICIÓN REVISADA INTRODUCCIÓN

LIBRO UNO

1. LA TRAMA DE LA VIDA La crisis ecológica

Las dos flechas del tiempo La moderna síntesis evolutiva El problema de la jerarquía Holones

Patología

Distinciones cualitativas Conclusión

2. EL PATRÓN QUE CONECTA La naturaleza del patrón

Los veinte principios

3. INDIVIDUAL Y SOCIAL Micro y macro

Gaia

Tamaño, extensión, abrazo El problema del tamaño

Relaciones de intercambio al mismo nivel El cerebro del holón humano

El holón social humano

Diferenciación y disociación, trascendencia y represión Interioridad

(3)

Los límites del punto de vista externo

La evolución del «dentro» de los holones humanos Los cuatro cuadrantes

Los senderos de la izquierda y de la derecha El reduccionismo sutil

Un recorrido por los cuatro cuadrantes El paradigma fundamental de la Ilustración Los Tres Grandes

Micro y macro, filo y onto

5. LA EMERGENCIA DE LA NATURALEZA HUMANA La emergencia del Homo sapiens

Ventaja masculina y venta ja femenina Liberación femenina y masculina Estadio mágico-animista

Estadio mitológico Estadio mítico-racional Estadio racional

Liberación en la noosfera

Estadio visión-lógica/planetario El centauro en la visión-lógica Los cuatro cuadrantes

El mundo en transformación La dialéctica del progreso Transnacionalismo

Pluriculturalismo

6. MAGIA, MITO Y MÁS ALLÁ La falacia pre/trans

Evolución cognitiva Olas y corrientes

(4)

El cambio de la magia al mito Mito y arquetipo

Represión

Operacional concreto (mítico y mítico-racional) El ego

Formal operacional Joseph Campbell

La visión romántica de la participación mítica La batalla de las visiones del mundo

El valor del planteamiento mitológico El movimiento de los hombres

La razón libera el mito

La mitología en la actualidad

7. LOS DOMINIOS LEJANOS DE LA NATURALEZA HUMANA El castillo interior

Visión-lógica

Los dominios transpersonales Objeciones a lo transpersonal Lenguaje y misticismo

Pruebas de validez del misticismo

La reconstrucción del sendero contemplativo 8. LAS PROFUNDIDADES DE LO DIVINO El nivel psíquico

El nivel sutil El nivel causal El nivel no-dual

El fin de la historia

LIBRO DOS

(5)

Sabiduría y compasión Eros y Tánatos

Plotino

El camino ascendente es el camino descendente Un Kosmos de Eros y Ágape

Fobos y Tánatos

El ataque de Plotino a los gnósticos

10. DE ESTE MUNDO, DE OTRO MUNDO La Tierra en la balanza

La trinidad sobrenatural Los dos dioses

Vedanta occidental El Dios esquizoide La gran plenitud

11. UN NUEVO MUNDO

Modernidad: buenas nuevas, malas nuevas La Era de la Razón

Los movimientos de liberación Los Tres Grandes

La muerte de Dios

La plenitud como programa de investigación Un nuevo lugar en la naturaleza

12. EL COLAPSO DEL KÓSMOS El colapso del Kosmos

El gran orden interconectado Un cálculo de placer

El Ego y el Eco

Una visión general dia-gramática El problema mente/cuerpo

(6)

El Eco

13. EL DOMINIO DE LOS DESCENDENTES La paradoja del daño

El deslizamiento Eco en el egoísmo divino Una naturaleza desnaturalizada

Las tres naturalezas Sexualidad y modernidad Evolución

La agonía de la modernidad: Fichte frente a Spinoza Espíritu-en-acción

14. DESEMPAQUETANDO A DIOS Incompleto o incierto

Vacío

El legado de los idealistas Las sombras oscuras

Los contornos de la Caverna El Ego y el Eco: Fobos y Tánatos

Ética medioambiental: ecología holó-nica Ego y Eco: los ascendentes y los descendentes En el filo de la historia

El que tiene que venir

NOTAS

Capítulo 1. La trama de la vida Capítulo 2. El patrón que conecta Capítulo 3. Individual y social

Capítulo 4. Una mirada desde dentro

Capítulo 5. La emergencia de la naturaleza humana Capítulo 6. Magia, mito y más allá

(7)

Capítulo 9. El camino ascendente es el camino descendente Capítulo 10. De este mundo, de otro mundo

Capítulo 11. Un nuevo mundo Capítulo 12. El colapso del Kósmos

Capítulo 13. El dominio de los descendentes

Capítulo 14. Desempaquetando a Dios

(8)

PREFACIO

A LA SEGUNDA EDICIÓN, REVISADA

La génesis de

SEXO, ECOLOGÍA, ESPIRITUALIDAD

Sexo, ecología, espiritualidad fue el primer libro teórico que escribí casi diez años después de los sucesos descritos en Gracia y coraje. Completé el libro anterior, Transformations of consciousness (escrito con Jack Engler y Daniel P. Brown), en 1984; escribí Gracia y coraje en 1991; y seguidamente me dispuse a escribir un libro de psicología que llevaba varios años planeando. Tenía pensado darle el nombre de System, self, and structure, pero, de algún modo, parecía que nunca conseguía escribirlo. Determinado a completarlo, me senté y empecé a transcribir la obra en dos volúmenes, y entonces me di cuenta, conmocionado, que cuatro de las palabras que había usado en el primer párrafo ya no eran admitidas en el discurso académico (desarrollo, jerarquía, trascendental y universal). Esto, evidentemente, constituía un considerable obstáculo en mi intento de escribir el libro, y System, self, and structure volvió, una vez más, al estante. (Recientemente he publicado un versión abreviada de él con el título Psicología integral.)

En esos diez años en los que no escribí había ocurrido un hecho al que no había prestado suficiente atención, y era que el posmodernismo extremo había invadido completamente los círculos académicos en general y los estudios culturales en particular: incluso las universidades e institutos alternativos estaban hablando en idioma posmoderno con cierto acento autoritario. Los políticamente correctos determinaban qué tipo de discurso serio se podía expresar, o no expresar, en los círculos académicos. El relativismo pluralista era la única visión aceptable del mundo. Afirmaba que toda verdad está situada dentro de una cultura (excepto su propia verdad, que es cierta para todas las culturas); también declaraba que no hay verdades universales (excepto sus propios pronunciamientos, que trascienden los contextos específicos); reivindicaba que todas las jerarquías o categorías de valor son opresivas y marginalizantes (excepto sus propias categorías de valor, que son superiores a sus alternativas); y también se afirmaba que no hay verdades universales (excepto su propio pluralismo, que es universalmente cierto para todos los pueblos).

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son ahora bien conocidas y ampliamente admitidas, pero cuando yo estaba intentando escribir System, self, and structure, se creía que este sistema era el Evangelio, y sus postulados eran adoptados religiosamente igual que éste, haciendo que cualquier tipo de estudio evolutivo o trascendental fuera declarado anatema. Por tanto, dejé a un lado System, self, and structure y empecé a preguntarme cuál sería la mejor manera de proceder, sintiéndome bastante como un salmón, que primero tenía que nadar contracorriente para poder divertirse un poco.

Pero hasta el momento sólo me he referido a las desventajas del posmodernismo y del relativismo pluralista. Sus beneficios y aspectos positivos son igualmente amplios y numerosos, y también merecen ser escuchados. Como he tratado de sugerir en diversos lugares (por ejemplo, en The marriage of sense and soul, Integral psychology y A theory of everything), el relativismo pluralista en realidad es un gran logro evolutivo surgido de los niveles de conciencia postformales que despliega una serie de verdades muy importantes. («Posformal» hace referencia a los estadios cognitivos que están inmediatamente más allá de la racionalidad lineal o del pensamiento formal operacional. Así, el desarrollo cognitivo va pasando del estadio sensoriomotor al preoperacional, al operacional concreto, al operacional formal, a la cognición posformal y posiblemente a otras modalidades superiores [véase seguidamente]. También me he referido a la cognición posformal como lógica o reticular-lógica —Gebser la llama integral-aperspectival—, y es la visión-lógica la que impulsa lo mejor del posmodernismo.)

Como sugerí en aquellas publicaciones, las verdades del posmodernismo incluyen el constructivismo (el mundo no sólo es una percepción sino una interpretación); el contextualismo (todas las verdades dependen del contexto, y los contextos son ilimitados); y el aperspectivismo integral (finalmente no hay ningún contexto privilegiado, de modo que una visión integral debería incluir múltiples perspectivas; pluralismo; multiculturalismo). Todas estas verdades importantes pueden derivarse de los primeros estadios de la visión-lógica posformal, y el posmodernismo es, en el mejor de los casos, una elucidación de su profunda importancia.

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contextos y tejidos pluralistas surgen al primer plano. El postmodernismo ha pasado buen parte de las últimas dos décadas tratando de deconstruir las jerarquías rígidas, los formalismos y los esquemas opresivos que son inherentes a los estadios preformales y formales de la evolución de la conciencia.

Pero el relativismo pluralista no es en sí mismo la ola más elevada del desarrollo, como numerosos estudios han mostrado consistentemente (véase Psicología integral). Cuando la visión lógica madura hacia sus fases medias y tardías, el relativismo pluralista da lugar progresivamente a modos de conciencia más holísticos, que empiezan a entretejer las voces pluralistas en preciosos tejidos de intención integral. El relativismo pluralista da lugar al integralismo universal. Mientras que el pluralismo libera las diversas voces y múltiples contextos, el integralismo universal empieza a unificarlos en un coro armonizado. (El integralismo universal se alza de este modo en el límite de otros desarrollos aún superiores, que despliegan directamente los reinos transpersonales y espirituales, desarrollos en los que el mental posformal da lugar al posmental o supramental.)

Pero esto deja al relativismo pluralista en una posición difícil. Después de haberse desarrollado heroicamente más allá de un rígido formalismo universal, empezó a sospechar de todos los universales, y de ese modo tendió a combatir la emergencia del integralismo universal con la misma ferocidad con que deconstruyó todos los sistemas anteriores. Dirigió sus críticas no sólo hacia los estadios prepluralistas (lo cual era apropiado), sino también a los estados pospluralistas (lo que resultó desastroso). Así, el posmodernismo deconstructivo empezó a luchar activamente contra cualquier estado de crecimiento superior, convirtiendo frecuentemente los círculos académicos en un cementerio de furia deconstructora. Se crearon pocas cosas nuevas; las viejas glorias simplemente fueron demolidas. Pocas novedades se construyeron; las construcciones previas simplemente fueron deconstruidas. Pocos edificios nuevos se elevaron; los antiguos simplemente fueron dinamitados. El posmodernismo a menudo degeneró hacia el nihilismo y el narcisismo, por los que ahora es tan conocido, y los ojos vacíos, asustados y huecos de los académicos profesionales, contemplando las ruinas humeantes, contaron la historia con la mayor tristeza.

Hay una cosa que me quedó muy clara mientras me planteaba cuál sería el mejor modo de proceder en un clima intelectual dedicado a deconstruir cualquier cosa que se cruzara en su camino: tenía que volver atrás, empezar por el principio y procurar crear un vocabulario para una filosofía más constructiva. Más allá del relativismo pluralista está el integralismo universal; por tanto, traté de delinear una filosofía del integralismo universal.

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la ciencia, la moral, la estética, las filosofías orientales y occidentales, y las grandes tradiciones de sabiduría del mundo. No a nivel de los detalles, lo cual era definitivamente imposible; sino al nivel de las grandes generalizaciones orientadoras: un modo de sugerir que el mundo es verdaderamente uno, indiviso, completo, y que se relaciona consigo mismo de todas las maneras posibles: una filosofía holística para un Kósmos holístico: una filosofía mundial, una filosofía integral.

Tres años después el resultado fue Sexo, ecología, espiritualidad. Durante ese periodo, viví una vida de ermitaño; vi exactamente a cuatro personas en tres años (Roger Walsh, que es médico, pasaba por mi casa una vez al año para asegurarse de que estaba vivo); esta época se pareció mucho al típico retiro de tres años en silencio (este periodo se describe en One taste, entrada del 12 de junio). Estaba comprometido con esta tarea y no estaba dispuesto a renunciar. La parte más dura tuvo que ver con las jerarquías. Sin duda, las jerarquías sociales rígidas son deplorables y las clasificaciones sociales opresivas son perniciosas. Por suerte, el posmodernismo nos ha hecho a todos más sensibles a estas injusticias. Pero hasta los críticos antijerárquicos tienen sus propias jerarquías fuertes (o rangos de valor). Los posmodernistas valoran el pluralismo por encima del absolutismo, y ésa es su jerarquía de valor. Incluso los ecofilósofos, que aborrecen las jerarquías que ponen a los humanos en lo más alto de la escala evolutiva, tienen sus propia jerarquía fuerte, que es: los elementos subatómicos son partes de los átomos, que son parte de las moléculas, que son parte de las células, que son parte de los organismos, que son parte de los ecosistemas, que son parte de la biosfera. De este modo valoran la biosfera por encima de los organismos como el ser humano, y deploran que hagamos uso de la biosfera para nuestros propios fines egoístas y ruinosos. Todo esto procede de su jerarquía de valores particulares.

Las feministas tienen varias jerarquías (por ejemplo, las sociedades del compartir son mejores que las sociedades donde impera el poder; la vinculación es mejor que la estratificación social; la liberación es mejor que la opresión); los teóricos de sistemas tienen cientos de jerarquías (todos los sistemas naturales están dispuestos jerárquicamente); los biólogos y lingüistas, y los psicólogos evolutivos, todos ellos tienen sus propias jerarquías. Todo el mundo parece tener algún tipo de jerarquía, incluso los que declaran no tenerla. El problema es que ninguna de ellas es compatible con las demás. Estas jerarquías no parecen estar de acuerdo unas con otras. Y este era el problema básico que me mantuvo encerrado en mi habitación durante tres años.

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fáciles de entender porque son muy gráficas: los organismos realmente contienen células, que realmente contienen moléculas, que realmente contienen átomos. Esto es algo que podemos observar directamente con un microscopio. Esta es una jerarquía verdaderamente abarcante: las células abrazan o envuelven literalmente a las moléculas.

La otra serie de jerarquías bastante fáciles era la descubierta por los psicólogos evolucionistas. Todos ellos describían variedades de la jerarquía cognitiva que va de la sensación a la percepción, al impulso, a la imagen, al símbolo, al concepto y a la regla. Los nombres variaban, y los esquemas eran ligeramente diferentes, pero la historia jerárquica era la misma: cada estadio sucesivo incorporaba a sus predecesores y después añadía algunas capacidades nuevas. Esto se parecía mucho a las jerarquías de las ciencias naturales, sólo que éstas aún no podían combinarse de una manera evidente. Además, podemos ver organismos y células en el mundo empírico, pero no podemos ver del mismo modo estados de conciencia internos. La interrelación de estas jerarquías entre sí —incluso el hecho mismo de si estaban relacionadas— no era evidente en absoluto.

Y estas jerarquías eran las fáciles. También había jerarquías lingüísticas, jerarquías contextuales, jerarquías espirituales. Había etapas de desarrollo en la fonética, en los sistemas estelares, en las visiones culturales, en los desarrollos filogenéticos, en las realizaciones superconscientes… Y simplemente se negaban a estar de acuerdo unas con otras.

G. Spencer Brown, en su notable libro Laws of form, dijo que el nuevo conocimiento llega cuando simplemente tienes en mente lo que necesitas saber. Sigue manteniendo el problema en tu mente y acabarás resolviéndolo. La historia de los seres humanos ciertamente testifica este hecho. Un individuo se topa con un problema y simplemente se obsesiona con él hasta que consigue resolverlo. Y lo divertido es que el problema se resuelve siempre. Antes o después, el problema cede. Puede requerir una semana, un mes, un año, una década, un siglo o un milenio, pero el Kósmos es tal que las soluciones siempre acaban llegando. Durante millones de años la gente miraba a la Luna y quería caminar sobre ella…

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que algunas se refieran a realidades internas y otras a realidades externas, pero todas encajan sin costuras; los ingredientes de estas jerarquías son los holones, totalidades que son partes de otras totalidades (por ejemplo, la totalidad de un átomo es parte de una molécula total, que es parte de una célula total, que es parte de un organismo total, y así sucesivamente); y, por tanto, la palabra correcta para jerarquía es holarquía. El Kósmos es una serie de espacios o moradas dentro de otras moradas dentro de otras moradas indefinidamente, expresando cada vez un abrazo holístico mayor —¡holarquías de holones por todas partes!—, y esta es la razón por la que todo el mundo tenía su propia holarquía de valor y por la que, finalmente, todas estas holarquías se combinaban y encajaban perfectamente con todas las demás.

El universo está compuesto de holones, todo el recorrido hacia arriba y también todo el recorrido hacia abajo. Y con esto, buena parte de Sexo, ecología, espiritualidad empezó a escribirse por sí mismo. El libro está dividido en dos partes (en realidad tres, contando las notas del final, que son otro libro en sí mismas). La primera parte describe este Kósmos holónico —moradas dentro de moradas dentro de moradas, indefinidamente— y la visión del mundo del integralismo universal que puede expresarlo más auténticamente. Esta parte del libro cubre mucho terreno, y uno de mis lamentos es que no pude incluir el voluminoso material de investigación y las explicaciones que exponían los detalles de manera mucho más persuasiva. Como pueden testificar algunos de los que han leído las notas, muchos párrafos de Sexo, ecología, espiritualidad (SEE) son resúmenes de libros breves. (Uno de los revisores captó esto y comenzó su crítica de esta manera: «No hay manera de resumir este libro. El libro, sus 617 páginas de texto y 236 páginas de notas, es un resumen, lo que debería revelar la anchura y profundidad de su alcance.» A otros críticos esto les pareció muy irritante, pero lo cierto es que no tuve opción. Tengo la esperanza de poder publicar estas notas en algún momento, no tanto por mostrar el material en sí sino para ponerlo a disposición de quien quiera estudiarlo o criticarlo. Pero ese crítico tiene razón: SEE es un resumen.)

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especialidades académicas lo niegan activamente? Si este es un mundo completo, ¿por qué tanta gente ve un mundo roto? ¿Y por qué, en cierto sentido, está el mundo roto, fragmentado, alienado, dividido?

Así, la segunda parte de este libro examina qué es lo que nos impide ver un Kósmos holístico. Estudia lo que he venido a llamar el terreno plano.

(En un momento dado las llamé parte una y parte dos, pues había decidido no limitar su contenido con un nombre; pero la parte uno era «El Espíritu en acción», y la parte dos era el «Terreno plano». En cualquier caso, la parte dos trata de explicar por qué la parte uno no se ve y se comprende con más frecuencia.)

Cuando repasé este libro para incluirlo en las Obras completas, decidí hacer una segunda edición, revisada (que es el libro que ahora tienes en las manos), principalmente porque quería aclarar algunas secciones a la luz de las críticas constructivas de la primera edición. En particular, quería explicar con más claridad el emerger histórico del materialismo científico (una versión del terreno plano), y de este modo añadí varias secciones nuevas en diversos capítulos (especialmente, capítulos 12 y 13), junto con seis nuevos diagramas que, según creo, ayudan mucho a seguir la narración. También he revisado cuidadosamente las notas finales, incluyendo nuevos materiales donde era apropiado.

Y hablando de las notas finales, en realidad fueron escritas como un libro separado. Muchas de las principales ideas de SEE están desarrolladas en las notas (por ejemplo, la Intuición Moral Básica), y también contienen buena parte del diálogo con otros intelectuales (Heidegger, Foucault, Derrida, Habermas, Parménides, Fichte, Hegel, Whitehead, Husserl) y con teóricos alternativos de nuestros días (Grof, Tarnas, Berman, Spretnak, Roszak). Las notas también contienen un puñado de estallidos polémicos, que explicaré dentro de un momento. Todo esto ha sido revisado para esta segunda edición.

En cuanto el libro fue concebido, su escritura fue bastante rápida. Se publicó en 1995 y, por lo que se me dijo, fue el tomo académico más vendido de ese año; en un momento dado tuvo que ser reeditado tres veces en sólo cuatro meses. Las reacciones a él fueron extremas, desde declaraciones increíblemente positivas hasta regañinas furiosas. Pero las críticas específicas eran muy directas, y merecen ser escuchadas con respeto.

Las principales críticas a

Sexo, ecología, espiritualidad

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tanto, acusaron al libro de diversos «-ismos» de un tipo u otro (sexismo, antropocentrismo, especieísmo, logocentrismo y monismo ofensivo). Los que defendieron el libro dijeron que la mayoría de estas críticas venían de individuos cuyas visiones del mundo, en comparación, eran estrechas y parciales, y que estaban reaccionando negativamente por ese motivo. En general, ambos bandos se negaron a mover sus posiciones.

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Piaget

Una de las acusaciones más comunes era que yo usé a Piaget como base de toda mi visión de la psicología del desarrollo. Esto es muy impreciso, pero puedo entender que el libro dé esta impresión. Una de las mayores dificultades que afronto cuando trato de escribir sobre mis ideas es que siempe asumo que el público no tiene un conocimiento previo de mi trabajo. Por tanto, con cada nuevo libro debo empezar desde cero y explicar mi «sistema» desde el principio. Generalmente, dedico aproximadamente el primer tercio del libro a introducir el sistema, y después el nuevo material se presenta en la última parte del libro. Esto hace que los lectores que están familiarizados con mi trabajo tengan la impresión de que me repito, pero lo hago en beneficio de los que se incorporan al juego.

En SEE realicé esta introducción usando algunos atajos, lo que tal vez no fue una muy buena idea. Para las etapas superiores o transpersonales del desarrollo evolutivo, en lugar de explicar las etapas mismas, simplemente usé ejemplos de cada una de ellas (Emerson, Santa Teresa, Eckhart y Sri Ramana Maharshi), y para el desarrollo ontogénico de las visiones del mundo, simplemente usé el trabajo de Jean Piaget. Muchos críticos —especialmente los pluralistas posmodernos— saltaron sobre Piaget como un ejemplo de que estaba usando esquemas del viejo paradigma, jerárquicos, eurocéntricos y sexistas, y por tanto el libro en su totalidad fue puesto bajo sospecha.

Por supuesto que los que están familiarizados con mi trabajo saben que Piaget sólo es uno de una docena de teóricos que he tratado de integrar en una visión más holística del desarrollo y que, incluso entonces, yo no era estrictamente piagetiano de ninguna manera. Pero antes de que exponga brevemente mi punto de vista, no pasemos demasiado deprisa sobre los ataques a Piaget, porque la injusticia de dichos ataques atañe igualmente a los dirigidos contra SEE. Lo cierto es que, si nos centramos en los aspectos de la cognición que estudió Piaget, su esquema general ha podido soportar intensas investigaciones interculturales. Quienes atacan a Piaget a menudo parecen ignorar estos datos.

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estadios de Piaget: sensoriomotor, preoperacional, operacional concreto y operacional formal. Y descubrieron que en algunos casos los entornos culturales alteran el ritmo del desarrollo, o ponen énfasis en ciertos aspectos de los estadios, pero no alteran los estadios mismos ni su validez intercultural.

Así, esto es lo que dicen del estadio sensoriomotor: «De hecho, las características cualitativas del desarrollo sensoriomotor son casi idénticas en todos los niños estudiados hasta ahora, a pesar de las grandes diferencias en sus entornos culturales.» El estudio de los estadios preoperacional y operacional concreto están basados en una gran cantidad de estudios realizados entre poblaciones de nigerianos, zambianos, iraníes, argelinos, nepalíes, asiáticos, senegaleses, indios amazónicos y aborígenes australianos. «¿Qué podemos concluir de esta gran cantidad de datos interculturales? En primer lugar, el apoyo que prestan los datos a la universalidad de las estructuras u operaciones subyacentes al periodo operacional es muy convincente. En segundo lugar, las características cualitativas del desarrollo operacional concreto (por ejemplo, secuencias de estados y estilos de razonamiento) parecen ser universales [aunque] la tasa de desarrollo cognitivo… no es uniforme, sino que depende de factores ecoculturales.» Aunque los autores no usan exactamente estos mismos términos, concluyen que los rasgos profundos de los estadios son universales, pero los rasgos superficiales dependen enormemente de factores culturales, medioambientales y ecológicos (como yo diría, los cuatro cuadrantes están implicados en el desarrollo individual). «Finalmente, parece que aunque el nivel y la velocidad de ejecución con que los niños se mueven a través del periodo operacional concreto de Piaget depende de la experiencia cultural, los niños de las diversas sociedades siguen procediendo según la misma secuencia que él predijo.»

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Ondas, corrientes y estados

Aunque incluyo la línea cognitiva de Piaget en mi modelo, como exigen las pruebas interculturales, su esquema es, como ya he sugerido, sólo una pequeña parte de un cuadro general. En mi modelo hay varios niveles o corrientes de conciencia (que se extienden del cuerpo a la mente, al alma y al espíritu), a través de las cuales pasan varias líneas o corrientes de desarrollo (incluyendo las cognitivas, afectivas, morales, interpersonales, espirituales, de autoidentidad, necesidades, motivaciones, y así sucesivamente). Una persona puede estar en un nivel muy alto en una línea (digamos cognitiva), en un nivel medio de desarrollo en otras (por ejemplo, inteligencia emocional) y a nivel bajo en las terceras (por ejemplo, moralidad). Así, el desarrollo general de una persona no sigue una secuencia lineal en absoluto. El desarrollo está lejos de ser una serie de pasos secuenciales, mecánicos, como los escalones de una escalera, y más bien incluye un flujo de las numerosas olas y corrientes del gran Río de la Vida.

Además, una persona en prácticamente cualquier ola o estadio de desarrollo puede experimentar un estado alterado de conciencia o experiencia cumbre de cualesquiera de los reinos transpersonales (psíquico, sutil, causal o no-dual). Así, las experiencias cumbre transpersonales y los estados alterados de conciencia están disponibles a prácticamente cualquier persona, en prácticamente cualquier estado de desarrollo; la idea de que los estadios transpersonales sólo están disponibles a niveles de desarrollo superiores es muy incorrecta. Mi modelo general consiste en una serie de olas, corrientes y estados, y por tanto hay muy poco en él que sea lineal.

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disponibles, como estados, prácticamente a cualquier nivel).

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La espiritualidad en los niños y en los seres humanos

afectados por el síndrome de Dawn

Muy relacionada con las anteriores críticas vino la acusación de que negaba cualquier tipo de espiritualidad, tanto a los niños como a los primeros seres humanos. Esto también es un desafortunado error de interpretación de mi trabajo basado exactamente en la idea de que mi modelo es exclusivamente lineal. Unos pocos críticos, habiendo sufrido una apoplejía causada por mi modelo «lineal», me han acusado de cosas ligeramente peores que envenenar pozos. Como mi modelo está hecho de ondas, corrientes y estados —y como los estados pueden producirse prácticamente en cualquier nivel de desarrollo—, esta crítica particular está considerablemente desencaminada. Como he mencionado, puedo entender que un crítico que sólo haya leído SEE podría tener esa impresión, pero ésta es falsa. (Para una discusión específica sobre la espiritualidad en los niños y en los primeros humanos, véase Psicología integral, capítulos 10, 11 y 12.)

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El tratamiento de las ecofilosofías

Una crítica muy precisa es que amontoné todas las distintas ecofilosofías y las traté indiscriminadamente. Esto es cierto, y acepto bien esta crítica. Sólo puedo aducir en mi defensa que expliqué, en varias notas finales, que el volumen II de la trilogía del Kósmos (titulado tentativamente Sexo, Dios y género: La ecología de hombres y mujeres) trata las diversas ecofilosofías separadamente, y aborda cada una de ellas en sus propios términos. Simplemente estaba exponiendo ciertas amplias conclusiones de esos estudios. Al mismo tiempo, SEE dirige una crítica muy intensa hacia muchas, yo diría la mayoría, de las ecofilosofías actuales, señando que, de hecho, son representativas de una visión muy plana. Un crítico de SEE concluyó que «esta representación —que en mi opinión es válida de manera general— es fatal para la mayoría de las formas de la ecoteoría», y Michael Zimmerman (autor de Radical ecology) apuntó que la mayoría (no todas) de las formas de la ecofilosofía parecen estar atrapadas en el terreno plano que se describe.

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Emerson y Plotino

Unos pocos ecofilósofos pusieron objeciones a mi tratamiento de Emerson y Plotino. Al relatar sus visiones cometí dos errores menores. Uno: no usé las elipsis de manera correcta en varias de las citas de Emerson. Dos: expuse las últimas palabras de Plotino según la traducción dada por Karl Jaspers, y no por William Inge como se indicaba. Ambos errores fueron corregidos en las reimpresiones subsiguientes. Pero estas infracciones menores se convirtieron en el punto de partida de un violento ataque a mis interpretaciones generales de Emerson y Plotino. (Véase The eye of spirit, capítulo 11, notas finales 1, 2 y 3). Por desgracia, en mi opinión, este ataque simplemente permitió a algunos de los ecofilósofos desviar la atención de mis sustanciales críticas a sus visiones, y también ignorar las principales críticas que los propios Emerson y Plotino lanzaron contra el misticismo de la naturaleza (y por tanto lanzarían actualmente contra la mayoría de las formas actuales de ecofilosofía, ecología, ecofeminismo y neopaganismo).

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Puntos menores

El capítulo 2 destaca los «veinte principios» que son comunes a los sistemas evolutivos o en crecimiento, donde quiera que se hallen. Muchas personas los contaron y no daban veinte, y querían saber si se habían perdido algo. Esto simplemente depende de lo que cada uno cuente como un principio. He dado veinte principios numerados. El número 2 contiene cuatro principios y el número 12, cinco. Esto hace un total de diecinueve. A lo largo del libro, he dado otros tres principios adicionales, con lo que en total suman veintidos. Pero uno o dos de los principios en realidad no son características, sino simples definiciones con palabras (por ejemplo, el principio 7 y posiblemente el 9). De modo que esto nos deja con unos veinte principios reales, o características de la evolución. Pero este número, veinte, no tiene nada de sagrado; éstas simplemente son algunas de las tendencias o tropismos más apreciables de la evolución.

El capítulo 9, «El camino ascendente es el camino descendente», habla de la evolución y la involución. La evolución es el despliegue desde la materia al cuerpo, a la mente, al alma y al espíritu, en la que cada dimensión superior trasciende e incluye a sus predecesoras, produciendo la Gran Cadena del Ser. La involución es el proceso inverso, o las dimensiones superiores «envolviéndose» y «plegándose» en las menores, depositándose en las menores como grandes potenciales, dispuestas a desplegarse en la realidad a través de la evolución. Algunos lectores pensaban que esto hacía que el universo fuera totalmente determinista y predestinado. Pero la involución, en mi opinión, simplemente crea un vasto campo de potenciales que no están determinados en absoluto respecto a sus rasgos superficiales. Estos se cocrean durante la evolución, dependiendo de una serie de variables casi infinitas, desde la iniciativa individual hasta la casualidad y el azar. (Trato este tema específicamente en la introducción al volumen II de las Obras completas y en Psicología integral.) Dentro de sus amplios espacios, ¡la evolución es juguetona y creativa en cada punto!

Unos pocos jungianos desearon que hubiera ampliado mi discusión de los arquetipos. Se puede encontrar más material en The eye of spirit, capítulo 11 (que también responde a las críticas habituales de los jungianos), y en Psicología integral (especialmente en el capítulo 8).

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Sonría cuando diga eso, señor

Por último, está el tono del libro. Sexo, ecología, espiritualidad es, en cierto sentido, un libro iracundo. Ira, o quizás angustia, es difícil decir cuál… Después de tres años de inmersión en estudios culturales posmodernos, donde el tono habitual del discurso es rencoroso, mezquino, arrogante y agresivo; después de repasar incontables tratados sobre el «nuevo paradigma», muchos de los cuales anunciaban sin ironía que poseían el nuevo paradigma que sería la mayor transformación de la historia y que salvaría el mundo y que salvaría el planeta; después de haber estado expuesto a la retórica de los ataques constantes de los anti-occidentales, anti-masculinos, anti-cultura, anti-casi todo, que son algunos de los escritos más tóxicos y venenosos que he leído nunca, y reducen los estudios culturales a esta o la otra teoría malhumorada y a una exposición narcisista del yo; después de todo eso, con ira y angustia, escribí SEE, y el tono del libro, inevitablemente, lo refleja.

En muchos casos es muy específico: a menudo he imitado el tono del crítico que estaba criticando, respondiendo a la toxicidad con toxicidad y al sarcasmo con sarcasmo. Por supuesto, al hacer esto no puse la otra mejilla. Pero lo cierto es que hay momentos para poner la otra mejilla y momentos para no ponerla. Si estás de acuerdo con la visión holística presentada en SEE, tú también podrías enfadarte con la estrechez de la visión de lo que actualmente pasan por ser estudios culturales. También podrías compartir una sensación de tristeza, de melancolía, por la superficialidad que preside el posmodernismo. Podrías oscilar entre la ira y la angustia, como me ocurrió a mí cuando escribí el libro. Y, para ser honesto, pienso que todo eso es apropiado. SEE fue, para mí, un grito de ira y angustia.

No obstante, es cierto que podría haber exhibido un tono más moderado. Elegí no hacerlo. Creía sinceramente, y sigo creyendo, que los estallidos polémicos ocasionales son necesarios para hacer que la conversación se oriente en una dirección integral. Durante más de dos décadas había leido muchos libros excelentes dotados de una intención integral que estaban siendo totalmente ignorados por los teóricos del «nuevo paradigma», que pretendían ser integrales y holísticos. Elegí menear la jaula y ver qué pasaba.

¿Funcionó? ¿Qué efecto tuvo? Algunos críticos tomaron la polémica como una prueba más de mi desagradable carácter: simplemente no podía evitarlo, tenía que atacar. Esto dejaba de lado el hecho de que en mis doce primeros libros, escritos a los largo de dos décadas, no había ni una sola frase polémica.

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Entiendo verdaderamente a qué se refieren, pero yo afirmo exactamente lo contrario. Estas ideas han sido ignoradas a propósito durante décadas hasta que se produjo esta pequeña polémica, y desde entonces se han apropiado del centro del escenario para bien o para mal.

Un crítico demostró inadvertidamente lo que estaba implicado solicitando un «diálogo» en torno a SEE en el que todas las partes pudieran cuidarse unas a otras en una danza de respeto mutuo, y no llevar a cabo las discusiones teóricas como si se tratase de una guerra. A continuación, este mismo crítico procedió a hacer lo que declaradamente detestaba, y en lugar de presentar ambas partes de la argumentación con justicia y respeto, simplemente condenó mi tono desde el principio hasta el final.

El hecho es que las posturas a favor y en contra del tono del libro coincidían casi exactamente con si el autor estaba de acuerdo con el libro o no. Los que estaban de acuerdo con la versión holística de SEE compartían mi ira y mi angustia y aplaudían la polémica. Como dijo un crítico: «No lo olvidemos: a muchos de nosotros nos ha gustado el tono polémico de las notas de SEE por sus críticas refrescantes y su liberador sentido del humor.»

Por otro lado, quienes eran criticados en el libro, o encontraron que mi visión era deficiente, se quejaron del tono. Como dijo uno de ellos: «Además de ignorante, Wilber también es maleducado, rudo y ofensivo.»

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La trilogía del

Kósmos

Pero, con diferencia, puedo decir que la reacción general a SEE ha sido de alegría. Me vi inundado de correo de lectores que me contaban la liberadora influencia que SEE había tenido en su visión del mundo, en su visión de la realidad y en su propia conciencia. SEE es, después de todo, una historia sobre los hechos de tu propio Ser, y muchos lectores se regocijaron en este recuerdo. Las mujeres me perdonaron cualquier impertinencia patriarcal en que hubiera podido caer, y los hombres me dijeron que habían llorado a lo largo del último capítulo. Aparte de Gracia y coraje, nunca había recibido unas cartas tan conmovedoras y sentidas como las recibidas por SEE, cartas que hicieron que esos difíciles tres años merecieran más la pena.

A menudo me preguntan cuándo se publicará el volumen II de la trilogía. Mi plan original era publicar un volumen cada década, lo que significa que el volumen II estará preparado en torno al año 2005. Pero ahora no sé exactamente cuándo estarán preparados los otros dos volúmenes. El volumen II está, más o menos, terminado. El volumen III existe a grandes trazos. Pero quiero que cada uno de ellos tenga la ocasión de integrar las críticas constructivas hechas a su predecesor. En la sección anterior sobre objeciones, sólo me he enfocado en las principales críticas, cada una de las cuales, en mi opinión, puede ser respondida satisfactoriamente. Lo que no he mencionado son las docenas de críticas menores que me parecieron válidas, que fueron bien acogidas, y que he tratado de incorporar en mis escritos posteriores. Me gustaría que la trilogía del Kósmos pudiera alzarse como una sólida versión de una filosofía verdaderamente integral, una filosofía mundial creíble, aunque inicial, y por tanto me gustaría que todas las críticas congruentes tuvieran tiempo de calar hondo.

Hay otra razón por la que no siento prisa por publicar los otros dos volúmenes. SEE mismo fue empezado, en parte, debido a un lamento por el estado de los estudios culturales posmodernos. En el tiempo desde que SEE fue concebido, la postura posmoderna se ha debilitado perceptiblemente. Estamos entrando verdaderamente en un mundo posposmodeno, pospluralista, que podríamos llamar integral. Las filosofías genuinamente integrales se hacen, y se están haciendo, cada vez más aceptables, e incluso son aceptadas ansiosamente. Cada año que pasa, hay un capítulo menos de críticas que tengo que escribir. Cada año que pasa, el integralismo universal es mejor recibido.

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simplemente, es la última de una larga serie de visiones holísticas, y ella misma pasará a un mañana mejor en el que sólo será una nota a pie de página de visiones más gloriosas.

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INTRODUCCIÓN

Es muy extraño que algo —que cualquier cosa— ocurra en absoluto. No había nada, hubo un Big Bang, y ahora estamos todos aquí. Es increíblemente raro.

Ha habido dos respuestas generales a la punzante pregunta de Schelling: «¿Por qué hay algo y no, más bien, nada?» A la primera le podríamos llamar la filosofía de la exclamación, del «¡uy!». El universo simplemente ocurre, no hay nada detrás, todo es en última instancia accidental o aleatorio, simplemente es, simplemente ocurre: «¡uy!» Esta filosofía del «¡uy!», aunque a veces parezca muy madura y sofisticada (sus nombres modernos son legión, desde el positivismo al materialismo científico, desde el análisis lingüístico al materialismo histórico, del naturalismo al empirismo), siempre llega a la misma respuesta básica, a saber: «¡No preguntes!»

Se dice que la pregunta misma («¿Por qué ocurren las cosas? ¿Por qué estoy aquí?») es confusa, patológica, infantil. Mantienen que dejar de hacer tales preguntas es señal de madurez, de ser un adulto en este universo.

Yo no lo creo. Creo que la «respuesta» que dan estas «modernas y maduras» disciplinas —a saber: «¡Uy!» (y por tanto, «¡No preguntes!»)— es la respuesta más infantil que la condición humana posiblemente podía ofrecer.

La otra respuesta general que se propone es que hay algo más: detrás del escenario en que se desarrolla el drama, hay una pauta, orden o inteligencia más amplio y elevado. Existen, evidentemente, muchas variedades de «orden más profundo»: el Tao, Dios, Geist, Maat, Formas Arquetípicas, Razón, Li, Mahamaya, Brahmán, Rigpa. Y aunque estas diversas variedades de orden más profundo evidentemente están en desacuerdo entre sí en muchos puntos, todas ellas coinciden en esto: el universo no es lo que parece. Está ocurriendo algo más; es algo muy diferente de una simple exclamación…

Esta obra trata de todo ese «algo más que una exclamación». Trata de un posible orden más profundo, de la evolución, de la religión y, en cierta forma, de todo lo que hay entre medio. Es una breve historia del cosmos, el bios, la psique y el teos, un cuento contado por un idiota, no hace falta mencionarlo, pero un cuento que, precisamente por no significar nada, lo significa todo; ese es el quid de la cuestión.

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es una totalidad/parte, un holón. Y la realidad no está compuesta de cosas, ni de procesos, ni de totalidades, ni de partes, sino de totalidades/partes, de holones. Observaremos los holones en el cosmos, en el bios, en la psique y en el teos; y también el hilo evolutivo que los conecta, desarrolla y abraza a todos, indefinidamente.

Los primeros capítulos tratan de holones en el cosmos físico (materia) y en la biosfera (vida). Es el área general de las ciencias naturales y ecológicas, las ciencias de la vida, las ciencias sistémicas; exploraremos cuidadosamente cada una de ellas. Es especialmente importante si tenemos en cuenta no sólo la crisis ecológica que está descendiendo sobre el planeta como una venganza, sino también la gran cantidad de movimientos, desde la ecología profunda al ecofeminismo, que han surgido como un intento de mantener a la ecología y a la espiritualidad conectadas, no divorciadas; estudiaremos el significado de todo ello.

Los capítulos centrales exploran la emergencia de la mente, la psique o noosfera, y los holones que componen la psique misma (la mente se compone de unidades que tienen significado sólo en contextos: totalidades que son parte de otras totalidades, indefinidamente). Estos holones psíquicos, como todos los holones, emergieron y se desarrollaron en el tiempo y en la historia; estudiaremos brevemente la evolución histórica de la mente y la conciencia, y cómo estos holones psíquicos se relacionan con los holones en el cosmos y en el bios.

Los últimos capítulos tratan de teos, de la Esfera Divina, del Orden Profundo y de cómo podrían estar relacionados con el cosmos, la biosfera y la noosfera. Aquí creo que nos esperan algunas sorpresas.

Esta obra (dividida en dos partes) es la primera de una serie de tres volúmenes (la serie misma se llama simplemente Kósmos, o La trilogía del Kósmos; dentro de este volumen se facilitan breves resúmenes de los otros dos). Muchas de las preguntas que surgen en este libro son examinadas con más detalle en los otros dos; en cualquier caso, este volumen representa una visión panorámica y una introducción más que una conclusión acabada.

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puede llegar a reflexionar sobre su sociedad y de esta forma alejarse de ella una cierta distancia, adquiriendo la capacidad de criticarla o reformarla (el individuo se hace hasta cierto punto «posconvencional»).

Así, aunque los detalles concretos y los significados precisos de esta secuencia evolutiva están todavía siendo calurosamente debatidos, todo el mundo coincide en que esos tres estadios básicos se dan de manera universal. Se trata de generalizaciones orientadoras: nos muestran un amplio acuerdo de dónde están los grandes bosques, incluso si no nos ponemos de acuerdo en cuántos árboles contienen.

Mi propuesta es que, si tomamos estas generalizaciones orientadoras de las diferentes ramas del conocimiento (desde la física a la biología, a la psicología y a la teología) sobre las que hay un gran consenso y las enhebramos, llegaremos a algunas conclusiones sorprendentes y a menudo muy profundas. Sin embargo, aunque las conclusiones sean extraordinarias, no encarnan otra cosa que el conocimiento previamente acordado. Las cuentas del conocimiento ya están aceptadas: sólo hace falta poner el hilo que las enhebre en un collar.

Estos tres volúmenes son un intento de enhebrar este collar; queda por ver si tiene éxito, pero si no fuera así, creo que de todas formas es un buen ejemplo de cómo se puede proceder en este tipo de trabajo en nuestro mundo posmoderno actual. Al trabajar con amplias generalizaciones orientadoras, la trilogía proporciona un amplio mapa orientador del lugar de los hombres y de las mujeres en relación al universo, a la vida y al espíritu, cuyos detalles todos podemos completar a nuestro gusto; pero las nociones generales están sostenidas por muchas pruebas, simples pero robustas, escogidas de las generalizaciones orientadoras de las diversas ramas del saber humano.

En cualquier caso, este amplio mapa dista mucho de ser definitivo o de estar acabado. Además de estar hecho de generalizaciones orientadoras, yo diría que este es el libro de las mil hipótesis. Contaré la historia como si fuera real (porque al contarla así se hace mucho más legible), pero todo lo que digo a continuación está abierto a ser confirmado o rechazado por un colectivo cualificado. Supongo que muchos lectores llamarán a lo que hago «metafísica», pero si con «metafísica» se refieren a pensar sin comprobaciones, no hay ni una sola frase metafísica en todo este libro.

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espirituales, y caminos de sabiduría de todas partes que han propuesto sugerencias en relación a nuestro lugar en el plan más amplio de las cosas.

¿Cómo podemos llegar a ser más plenamente humanos y a la vez liberarnos del destino de ser meramente humanos? ¿Dónde está el Espíritu en este mundo moderno abandonado por Dios y por la Diosa? ¿Por qué estamos destruyendo a Gaia en el intento mismo de mejorar nuestras condiciones de vida? ¿Por qué son suicidas tantos intentos de salvación? ¿Cómo encajamos realmente en el Kósmos más amplio? ¿Cómo podemos ser individuos completos y a la vez parte de Algo Mayor?

En otras palabras, ¿qué quiere decir que los seres humanos, al igual que absolutamente todo lo demás en el universo, seamos holones? ¿Cómo encajamos en aquello que se mueve siempre más allá de nosotros? ¿Liberación significa ser totales en nosotros mismos, o ser parte de Algo Más Grande; o ambas cosas a la vez? Si la historia es una pesadilla de la que trato de despertar, entonces ¿a qué exactamente se supone que tengo que despertar?

Y lo más importante, ¿no podemos mirar al vasto y estremecedor Kósmos y responder con algo más maduro que una exclamación?

De quienes han leído el manuscrito de este libro se han extraído dos sugerencias al lector:

La primera es saltarse las notas en la primera lectura, y guardarlas (si es el caso) para una segunda. Este libro ha sido intencionadamente escrito en dos niveles: el texto principal, que intenta ser muy accesible, y las notas (otro pequeño libro en sí mismo), pensadas para personas interesadas en profundizar. Pero en ambos casos es mejor reservar las notas para una segunda lectura porque interrumpen enormemente el flujo narrativo. (Por otra parte, algunos han leído las notas por sí mismas, como apéndice para conseguir información, lo cual está bien.)

La segunda sugerencia es leer el libro frase por frase. La gente que intenta saltarse partes se pierde completamente. Pero todo el mundo afirma que si se lee frase a frase, el texto va fluyendo agradablemente y cualquier problema que se pueda encontrar es aclarado un poco más adelante. Este es un libro largo, obviamente, pero al parecer se divide en pequeños y agradables trozos, del tamaño de un «bocado», y los lectores parecen pasárselo bien leyéndolo poco a poco.

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peligro y el reto, y sin embargo en todo lugar nos llama a ser sus salvadores. Podemos haber perdido la Luz y la Altura; pero es aún peor haber perdido el Misterio y la Profundidad, el Vacío y el Abismo, y haberlo perdido en un mundo de superficies y sombras, de exteriores y cáscaras, cuyos profetas nos exhortan a que nos tiremos de cabeza a la zona de la piscina donde no cubre.

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LIBRO UNO

¿Qué es lo que te ha sacado tan repentinamente de la nada para disfrutar brevemente de un espectáculo que te sigue siendo tan indiferente? Las condiciones de tu existencia son tan antiguas como las piedras. Durante miles de años los hombres han sufrido y luchado, y engendrado hijos, y las mujeres han parido con dolor. Hace cien años, quizás, otro hombre —o mujer— se sentó en este lugar; al igual que tú contempló con admiración y anhelo en su corazón la muerte de los glaciares. Igual que tú fue engendrado de varón y nació de mujer, sintió dolor y breves alegrías tal como tú. ¿Era él otra persona? ¿No eras tú mismo? ¿Qué es este Yo tuyo?

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1

LA TRAMA DE LA VIDA

Así, el mundo, basado en un movimiento intemporal por el Alma que le impregna de inteligencia, se convierte en un ser vivo y bendito.

PLOTINO

Este es un mundo extraño. Parece que hace unos quince mil millones de años no existía, con precisión, nada en absoluto, y entonces, en menos de un nanosegundo, el universo material irrumpió en la existencia.

Es más extraño aún que la materia física producida no resultó ser meramente un desorden aleatorio y caótico, sino que se organizó de formas cada vez más intrincadas y complejas, tan complejas que muchos millones de años después algunas de ellas encontraron la forma de reproducirse, y así de la materia emergió la vida.

Todavía más extraño: estas formas de vida no se contentaron aparentemente con reproducirse, sino que comenzaron una larga evolución que finalmente les permitiría representarse, crear signos, símbolos y conceptos, y así de la vida surgió la mente.

Este proceso evolutivo, fuera lo que fuera, parece haber sido impulsado increíblemente desde la materia hacia la vida y la mente.

Pero lo que es aún mucho más extraño es que hace unos pocos cientos de años, en un pequeño e indiferente planeta de una estrella insignificante, la evolución se hizo consciente de sí misma.

Y justo al mismo tiempo, los mismos mecanismos que habían permitido que la evolución se hiciera consciente de sí misma estaban maquinando su propia destrucción.

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La crisis ecológica

No voy a elaborar este punto recurriendo a todas esas espantosas estadísticas, como el hecho de que actualmente exterminamos aproximadamente cien especies al día o que estamos destruyendo los bosques tropicales al ritmo de un campo de fútbol por segundo. Evidentemente, el planeta está encaminado hacia el desastre y por primera vez en la historia humana, y debido exclusivamente a actuaciones humanas1, es posible que

ninguno de nosotros sobreviva para contarlo. Si la Tierra es realmente nuestro cuerpo y nuestra sangre, al destruirla estamos suicidándonos lenta y horriblemente.

En respuesta a las alarmantes proporciones de la catástrofe ecológica (cuya naturaleza y amplitud supongo evidentes para cualquier persona inteligente) han surgido una serie de respuestas populares conocidas como movimiento medioambiental (que en general se han producido a partir de la publicación, en 1962, del libro de Rachel Carson Silent spring)2. Hay dos

«ecofilosofías» que parten del movimiento medioambiental, aunque van mucho más allá de él, y que nos van a interesar particularmente: el ecofeminismo y la ecología profunda (las cuales, como veremos, encarnan, respectivamente, de manera casi perfecta los planteamientos de las esferas de valores femeninos y masculinos respecto a este tema).

Una noción central en estos planteamientos ecológicos es la de que nuestra crisis medioambiental actual es debida, en primer lugar, a una visión fragmentada del mundo, una visión que separa drásticamente cuerpo y mente, sujeto y objeto, cultura y naturaleza, pensamientos y cosas, valores y hechos, espíritu y materia, lo humano y lo no humano; una visión del mundo dualista, mecanicista, atomista, antropocéntrica y patológicamente jerárquica; una visión del mundo que, en resumen, a menudo separa erróneamente a los seres humanos elevándolos sobre el resto del tejido de la realidad; una visión del mundo rota, que aliena a hombres y mujeres del intrincado tejido de interrelaciones que constituyen la naturaleza misma de la vida, la Tierra y el cosmos.

Estos planteamientos mantienen que la única forma que tenemos de curar el planeta, y a nosotros mismos, es reemplazando esta visión fragmentada del mundo por otra que sea más holística, relacional, integradora, respetuosa con la Tierra y menos arrogantemente centrada en lo humano.

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Fritjof Capra, por ejemplo, mantiene que la actual crisis económica y medioambiental surge de la visión fragmentada del mundo:

Nuestra sociedad como un todo se halla en una crisis [sin precedentes]: podemos leer sobre sus diversas manifestaciones cada día en los periódicos. Tenemos una elevada tasa de desempleo, una crisis energética, el sistema de salud también está en crisis, tenemos polución y otros desastres medioambientales, una oleada de criminalidad y violencia en aumento, y así sucesivamente. La tesis básica de este libro [The turning point] es que todas ellas son facetas de la misma crisis y que esta es esencialmente una crisis de percepción. Se deriva del hecho de que estamos intentando aplicar conceptos de una visión anticuada del mundo —la visión mecanicista…— a una realidad que ya no puede ser entendida en estos términos. Vivimos actualmente en un mundo interconectado globalmente, en el que los fenómenos biológicos, psicológicos, sociales y medioambientales son, todos ellos, interdependientes. Para describir este mundo de forma aproximada necesitamos una perspectiva ecológica…3.

Como han señalado muchos estudiosos, debido a la cercanía que se percibe entre «mujer» y «naturaleza», históricamente la expoliación de la Tierra y la subyugación de la mujer han ido de la mano. El ecofeminismo es una poderosa respuesta a la denigración de estas dos «otras». Judith Plant lo expresa así:

Históricamente, las mujeres no han tenido poder en el mundo externo, en la toma de decisiones o en el mundo intelectual. Actualmente, sin embargo, la ecología habla a favor de la Tierra, a favor de la «otra» en la relación ser humano/medioambiente; y el feminismo habla también en favor de la «otra» en las relaciones hombre/mujer. Y el ecofeminismo, por hablar de las dos otras originales, quiere entender las raíces interconectadas de toda dominación, así como encontrar formas para hacerle frente y cambiar. La tarea del ecofeminismo es la de desarrollar la capacidad de asumir el lugar del otro cuando consideramos las consecuencias de las posibles acciones, y asegurarse de que no olvidamos que todos somos parte los unos de los otros…, a medida que vamos sanando nuestras relaciones mutuas y con la Tierra4.

Bill Devall y George Sessions, representantes del movimiento conocido como ecología profunda, señalan que «esta es la tarea a la que llamamos cultivar la conciencia ecológica: la intuición de que todo está interconectado», lo que Jack Forbes describe como el percibirnos «profundamente unidos a los demás y a las formas no humanas que nos rodean en una compleja e interconectada trama de vida, es decir, una verdadera comunidad. Todas las criaturas y las cosas son hermanos y hermanas. De esta idea emerge el principio básico de no explotación, de profundo respeto y cuidado por todas las criaturas»5.

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románticas y poéticas, e incluso según algunos sensibleras, están, de hecho, basadas en las pruebas científicas más consistentes. Después de todo, las teorías holísticas de la «trama de la vida» son tan antiguas como la civilización misma, y forman el núcleo de las grandes religiones mundiales y de las tradiciones de sabiduría (tal como veremos más adelante).

Pero una cosa es tener a Dios de tu lado y otra muy distinta es tener a la ciencia de tu lado. Porque las ciencias ecológicas son sólo eso: ciencias puras y duras. Entonces, lo que me gustaría hacer es revisar brevemente estas ciencias sistémicas (holísticas y ecológicas) y evidenciar lo que quieren decir exactamente cuando hablan de la naturaleza interconectada de toda vida. Esto nos proporcionará la información básica necesaria y servirá como plataforma de nuestros comentarios sobre el ecofeminismo y la ecología profunda.

Finalmente, a pesar de la importancia del planteamiento ecológico y holístico, tendremos que introducir en él algunas revisiones muy importantes (por razones que se harán obvias) y, sobre todo, tendremos que situarlo en su propio contexto ampliado que ha sido olvidado casi siempre (con consecuencias bastante catastróficas). Veremos que los mismos puntos fuertes —y débiles— acosan tanto al ecofeminismo como a la ecología profunda.

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Las dos flechas del tiempo

Las nuevas ciencias sistémicas son, en cierto sentido, las ciencias de la totalidad y de la conexión. Si ahora añadimos la noción de desarrollo o evolución, la idea de que las totalidades crecen y evolucionan, tenemos la esencia de las modernas ciencias sistémicas. Como lo expresa Ervin Laszlo: «Un nuevo sistema, de origen científico y de profundidad y alcance filosóficos, está emergiendo actualmente. Abarca los grandes reinos de universo material: el mundo de los seres vivos y el mundo de la historia. Este es el paradigma evolutivo…» Lo explica así:

El viejo adagio «todo está conectado con todo lo demás» describe un estado de cosas verdadero. Los resultados alcanzados [por las ciencias evolutivas] proporcionan las pruebas adecuadas de que los ámbitos físico, biológico y social no están desconectados en absoluto. Como mínimo, un tipo de evolución prepara el terreno para la siguiente. De las condiciones creadas por la evolución en el ámbito de lo físico emergen las condiciones que permiten el despliegue de la evolución biológica. Y de las condiciones creadas por la evolución biológica vienen las condiciones que permiten a los seres humanos — y a muchas otras especies— hacer emerger ciertas formas de organización social6.

Laszlo nos ofrece entonces esta importante conclusión:

Las pruebas científicas de las pautas seguidas por la evolución en el universo físico, en el mundo de los seres vivos, e incluso en el mundo de la historia, aumentan rápidamente. Se funden en la imagen de regularidades básicas, que es repetitiva y recurrente. Actualmente es posible localizar estas regularidades y observar de un vistazo la naturaleza fundamental de la evolución —de la evolución del cosmos como un todo, incluyendo el mundo de los seres vivos y el mundo de la historia social humana—. Buscar y definir sistemáticamente estas regularidades es participar en la historia de la «gran síntesis» que unifica la evolución física, biológica y social en un marco de referencia consistente con sus propias leyes y lógica7.

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La propuesta central de las ciencias sistémicas evolutivas es que, sea cual sea la naturaleza real de estos tres grandes dominios, están unidos no por contenidos parecidos, sino porque los tres expresan las mismas leyes generales o patrones dinámicos. Como lo expresaba el fundador de la Teoría General de Sistemas, Ludwig von Bertalanffy, «la unidad de la ciencia está garantizada no por una utópica reducción de todas las ciencias a la física y la química, sino por las uniformidades estructurales [regularidad de los patrones dinámicos] de los distintos niveles de la realidad»9.

Históricamente, desde los tiempos de Platón y Aristóteles hasta finales del siglo XIX, se ha mantenido que estos grandes dominios (fisiosfera, biosfera y noosfera) eran una manifestación continua e interrelacionada del Espíritu, una Gran Cadena del Ser, que alcanzaba de manera perfecta, continua e ininterrumpida desde la materia a la vida, la mente, el alma y el espíritu.

Como demostró Arthur Lovejoy10, los distintos teóricos de la Gran

Cadena han mantenido tres puntos esenciales: 1) todo fenómeno —todas las cosas y hechos, personas, animales, minerales, plantas— son manifestaciones de la superabundancia y plenitud del Espíritu, de tal forma que éste está intrínsecamente entretejido en cada uno y en todos ellos, y así, como decía Platón, incluso el mundo natural es «un Dios visible y sensible»; 2) por tanto, no hay «brechas» en la naturaleza, no hay eslabones perdidos, no hay dualismos insalvables porque cada cosa está entretejida con las demás (el «continuum del ser»), y 3) el continuum del ser, sin embargo, muestra graduaciones porque hay diversos emergentes que aparecen en algunas dimensiones y no en otras (por ejemplo: los lobos pueden correr, las rocas no, así que hay «brechas» en este sentido especial de los emergentes).

Pensemos lo que pensemos los modernos sobre la teoría de la Gran Cadena, en cualquier caso «ha sido la filosofía oficial de la mayor parte de la humanidad civilizada a lo largo de la mayor parte de la historia»; y, además, ha sido la visión del mundo «de la que han participado, en sus diversas formas, la mayor parte de las mentes especulativas sutiles y de los grandes maestros religiosos (tanto orientales como occidentales)»11.

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cualquiera de las preciosas hebras se destruye, todo el tejido se deshilachará. Pero con el nacimiento de la ciencia moderna —asociada en particular a los nombres de Copérnico, Kepler, Galileo, Bacon, Newton, Kelvin y Clausius— , esta visión del mundo unificada y holística comenzó a desmoronarse, y fue haciéndolo de formas que ninguno de estos científicos pioneros pudiera haber previsto o deseara.

Se desmoronó de una forma muy peculiar. Estos primeros científicos comenzaron sus estudios experimentales en el ámbito que parece menos complicado: la fisiosfera, el universo material, el mundo de la materia inanimada. Kepler trabajó en los movimientos planetarios y Galileo en la mecánica terrestre; Newton sintetizó sus resultados en la ley de la gravitación universal y en las leyes del movimiento; y Descartes trabajó con todos estos resultados para crear una filosofía muy influyente. En todos estos trabajos, la fisiosfera comenzó a parecer un vasto mecanismo, una máquina universal gobernada estrictamente por la causalidad. Y lo que es aún peor, una máquina que se estaba parando.

Este era el problema: la ciencia pronto descubrió que en el universo material hay dos tipos de fenómenos muy diferentes, los unos descritos por las leyes de la mecánica clásica y los otros por las leyes de la termodinámica. En los primeros, según la mecánica clásica newtoniana, el tiempo no juega un papel fundamental porque los procesos descritos son reversibles. Por ejemplo, si un planeta gira alrededor del Sol en uno u otro sentido, las leyes que describen el movimiento son las mismas, porque en la «mecánica clásica» el tiempo no cambia nada esencial; puede adelantarse o retrasarse el reloj fácilmente, y al mecanismo y a sus leyes no les importa el sentido hacia donde lo cambiemos.

Pero en los procesos termodinámicos, «la flecha temporal» es absolutamente fundamental. Si pones una gota de tinta en un vaso de agua, en un día, más o menos, la tinta se habrá dispersado uniformemente en el agua. Pero nunca verás ocurrir el proceso inverso, nunca verás que la tinta dispersada se reunifique para formar la gota original. Por tanto, la flecha temporal es una parte crucial de este tipo de procesos físicos, porque actúan siempre en una sola dirección. Son irreversibles.

Y la infame Segunda Ley de la Termodinámica añadió una conclusión desalentadora: la flecha temporal siempre apunta hacia abajo. Los procesos físicos, como la gota de tinta, siempre van desde un estado de mayor orden (la gota de tinta) a menor orden (dispersa en el agua). El universo puede ser como una maquinaria gigantesca, pero esta se está quedando sin cuerda… y finalmente se parará.

Referencias

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