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La crisis ecológica

In document SEEWILL (página 38-41)

No voy a elaborar este punto recurriendo a todas esas espantosas estadísticas, como el hecho de que actualmente exterminamos aproximadamente cien especies al día o que estamos destruyendo los bosques tropicales al ritmo de un campo de fútbol por segundo. Evidentemente, el planeta está encaminado hacia el desastre y por primera vez en la historia humana, y debido exclusivamente a actuaciones humanas1, es posible que

ninguno de nosotros sobreviva para contarlo. Si la Tierra es realmente nuestro cuerpo y nuestra sangre, al destruirla estamos suicidándonos lenta y horriblemente.

En respuesta a las alarmantes proporciones de la catástrofe ecológica (cuya naturaleza y amplitud supongo evidentes para cualquier persona inteligente) han surgido una serie de respuestas populares conocidas como movimiento medioambiental (que en general se han producido a partir de la publicación, en 1962, del libro de Rachel Carson Silent spring)2. Hay dos

«ecofilosofías» que parten del movimiento medioambiental, aunque van mucho más allá de él, y que nos van a interesar particularmente: el ecofeminismo y la ecología profunda (las cuales, como veremos, encarnan, respectivamente, de manera casi perfecta los planteamientos de las esferas de valores femeninos y masculinos respecto a este tema).

Una noción central en estos planteamientos ecológicos es la de que nuestra crisis medioambiental actual es debida, en primer lugar, a una visión fragmentada del mundo, una visión que separa drásticamente cuerpo y mente, sujeto y objeto, cultura y naturaleza, pensamientos y cosas, valores y hechos, espíritu y materia, lo humano y lo no humano; una visión del mundo dualista, mecanicista, atomista, antropocéntrica y patológicamente jerárquica; una visión del mundo que, en resumen, a menudo separa erróneamente a los seres humanos elevándolos sobre el resto del tejido de la realidad; una visión del mundo rota, que aliena a hombres y mujeres del intrincado tejido de interrelaciones que constituyen la naturaleza misma de la vida, la Tierra y el cosmos.

Estos planteamientos mantienen que la única forma que tenemos de curar el planeta, y a nosotros mismos, es reemplazando esta visión fragmentada del mundo por otra que sea más holística, relacional, integradora, respetuosa con la Tierra y menos arrogantemente centrada en lo humano.

En suma, una visión del mundo que honre a toda la trama de la vida; trama que tiene un valor intrínseco en y por sí misma, y que, no por casualidad, es también el tuétano y el hueso de nuestra propia experiencia.

Fritjof Capra, por ejemplo, mantiene que la actual crisis económica y medioambiental surge de la visión fragmentada del mundo:

Nuestra sociedad como un todo se halla en una crisis [sin precedentes]: podemos leer sobre sus diversas manifestaciones cada día en los periódicos. Tenemos una elevada tasa de desempleo, una crisis energética, el sistema de salud también está en crisis, tenemos polución y otros desastres medioambientales, una oleada de criminalidad y violencia en aumento, y así sucesivamente. La tesis básica de este libro [The turning point] es que todas ellas son facetas de la misma crisis y que esta es esencialmente una crisis de percepción. Se deriva del hecho de que estamos intentando aplicar conceptos de una visión anticuada del mundo —la visión mecanicista…— a una realidad que ya no puede ser entendida en estos términos. Vivimos actualmente en un mundo interconectado globalmente, en el que los fenómenos biológicos, psicológicos, sociales y medioambientales son, todos ellos, interdependientes. Para describir este mundo de forma aproximada necesitamos una perspectiva ecológica…3.

Como han señalado muchos estudiosos, debido a la cercanía que se percibe entre «mujer» y «naturaleza», históricamente la expoliación de la Tierra y la subyugación de la mujer han ido de la mano. El ecofeminismo es una poderosa respuesta a la denigración de estas dos «otras». Judith Plant lo expresa así:

Históricamente, las mujeres no han tenido poder en el mundo externo, en la toma de decisiones o en el mundo intelectual. Actualmente, sin embargo, la ecología habla a favor de la Tierra, a favor de la «otra» en la relación ser humano/medioambiente; y el feminismo habla también en favor de la «otra» en las relaciones hombre/mujer. Y el ecofeminismo, por hablar de las dos otras originales, quiere entender las raíces interconectadas de toda dominación, así como encontrar formas para hacerle frente y cambiar. La tarea del ecofeminismo es la de desarrollar la capacidad de asumir el lugar del otro cuando consideramos las consecuencias de las posibles acciones, y asegurarse de que no olvidamos que todos somos parte los unos de los otros…, a medida que vamos sanando nuestras relaciones mutuas y con la Tierra4.

Bill Devall y George Sessions, representantes del movimiento conocido como ecología profunda, señalan que «esta es la tarea a la que llamamos cultivar la conciencia ecológica: la intuición de que todo está interconectado», lo que Jack Forbes describe como el percibirnos «profundamente unidos a los demás y a las formas no humanas que nos rodean en una compleja e interconectada trama de vida, es decir, una verdadera comunidad. Todas las criaturas y las cosas son hermanos y hermanas. De esta idea emerge el principio básico de no explotación, de profundo respeto y cuidado por todas las criaturas»5.

románticas y poéticas, e incluso según algunos sensibleras, están, de hecho, basadas en las pruebas científicas más consistentes. Después de todo, las teorías holísticas de la «trama de la vida» son tan antiguas como la civilización misma, y forman el núcleo de las grandes religiones mundiales y de las tradiciones de sabiduría (tal como veremos más adelante).

Pero una cosa es tener a Dios de tu lado y otra muy distinta es tener a la ciencia de tu lado. Porque las ciencias ecológicas son sólo eso: ciencias puras y duras. Entonces, lo que me gustaría hacer es revisar brevemente estas ciencias sistémicas (holísticas y ecológicas) y evidenciar lo que quieren decir exactamente cuando hablan de la naturaleza interconectada de toda vida. Esto nos proporcionará la información básica necesaria y servirá como plataforma de nuestros comentarios sobre el ecofeminismo y la ecología profunda.

Finalmente, a pesar de la importancia del planteamiento ecológico y holístico, tendremos que introducir en él algunas revisiones muy importantes (por razones que se harán obvias) y, sobre todo, tendremos que situarlo en su propio contexto ampliado que ha sido olvidado casi siempre (con consecuencias bastante catastróficas). Veremos que los mismos puntos fuertes —y débiles— acosan tanto al ecofeminismo como a la ecología profunda.

En otras palabras, nos daremos cuenta de que quienes hablan de la «trama de la vida» tienen razón y están equivocados (o gravemente incompletos) a partes iguales, y de que la «mitad equivocada» ha causado tantos problemas como los que ha resuelto la «mitad correcta». Pero veamos primero la parte que parece tener razón.

In document SEEWILL (página 38-41)