Dijimos que en la evolución emergente estamos, de hecho, jugando al ajedrez o a las damas en tres dimensiones, no en el plano horizontal. Imaginémonos lo siguiente: un tablero de ajedrez (o de damas) con veinte damas negras sobre él. La profundidad es 1 y la extensión, 40. Coloquemos otro tablero sobre él, pero dejémoslo vacío de momento. La profundidad es 2, la extensión es 0.
En la evolución, la única manera del llegar al nivel 2 es a través del nivel 1, y, de hecho, las damas en el nivel 2 están compuestas en parte de damas en el nivel 1; todas ellas son holones o individuos compuestos. Representemos esto tomando una dama negra del primer nivel y colocándola en el segundo, y añadiendo posteriormente una dama roja sobre ella. El nuevo «holón total» del nivel 2 incorpora así a su predecesor (la dama negra) y añade sus propias propiedades distintivas (la dama roja). Si hacemos esto tres veces, los holones del nivel 2 tendrían una profundidad de 2 y una amplitud de 3.
Los holones individuales o damas del nivel 1 (la fisiosfera) dependen para subsistir de complejas redes de interrelaciones con todas las demás damas negras de su entorno, es decir, depende de redes de sus propios holones sociales (la coevolución de lo micro y lo macro); existen dentro de complejas redes de intercambio con otros holones de su mismo nivel de organización estructural (principio 11).
Pero la situación en el nivel 2 (la biosfera) es mucho más complicada porque el nuevo holón total (la dama compuesta, negra y roja) depende para su existencia de intrincadas relaciones en ambos niveles. Las damas rojas-y-negras del nivel 2 dependen en parte de sus relaciones con las otras damas rojas-y- negras, es decir, dependen de relaciones ecológicas o macrorrelaciones con otros holones vivientes en el mismo nivel de organización estructural. En otras palabras, el componente «rojo» de los holones rojos-y-negros depende de interrelaciones con el componente «rojo» de los demás holones rojos-y-negros; depende de relaciones de intercambio, tales como la reproducción sexual (que no se encuentran en el nivel negro ni pueden ser mantenidas en él).
Sin embargo, como las damas rojas-y-negras tienen también un componente negro, dependen también de las intrincadas relaciones que mantienen los holones negros entre sí; es decir, dependen de todas las relaciones y procesos de mantenimiento mutuo que constituyen el nivel 1 de los holones. Los holones del nivel 2, por tanto, dependen no sólo de las nuevas relaciones «rojas» u holones sociales encontrados únicamente en el nivel 2, dependen también de las relaciones «negras» anteriores y de las estructuras
sostenibles establecidas en el nivel 1 (pero no al revés: destruye el nivel 1, y el nivel 2 será destruido; destruye el nivel 2, y el nivel 1 de las damas negras seguirá existiendo).
De esta forma, cualquier holón, o compuesto individual, depende de toda una serie de intrincadas relaciones de intercambio con el entorno social en su mismo nivel de organización estructural para cada nivel del holón individual. Esto significa que un holón de nivel 3, por ejemplo, tiene que existir en un entorno que contenga otros holones de, al menos, esa misma profundidad. Cualquier holón es fundamentalmente un individuo compuesto y sus relaciones de intercambio-al-mismo-nivel en todos sus niveles; un individuo compuesto en un entorno compuesto, en el que intercambian rojo con rojo, negro con negro, y así sucesivamente.
Necesitamos aclarar un último punto. Las damas rojas-y-negras no están en el universo negro, lo único que hay en el nivel 1 son más damas negras. Las damas rojas-y-negras están de alguna forma más allá del universo del nivel 1 (este es el significado de emergencia). En su «rojeidad» están más allá de la negrura del nivel 1. Son un ejemplo perfecto del trascendente impulso evolutivo, de la emergencia creativa de lo «rojo» que no puede ser reducido a, ni encontrado en, el universo negro.
En cierto sentido es justo lo contrario: las damas rojas-y-negras contienen «rojo» y «negro». Los holones del nivel 2 abrazan a los holones del nivel 1 y van más allá de ellos con sus propios emergentes definitorios (principio 5). Como la dama roja-y-negra depende para su existencia de su propio componente negro, y como las damas negras dependen en última instancia para su existencia particular de todas las demás damas de su universo, entonces el nivel 2 esencialmente abarca a todo el mundo del nivel 1 gracias, simplemente, a su propia individualidad compuesta. Una simple célula viva abraza a todo su universo físico. Así, otro significado de la crucial sentencia de Whitehead es que los muchos se han convertido en uno y son acrecentados por el uno. Y según Whitehead, en esta «unificación aprehensiva» participan todas las situaciones reales anteriores en cierta medida (en una holarquía de abrazo, como él competentemente señala).
Esto es a lo que me refiero cuando digo que un holón del nivel 2 no está en el nivel 1, pero que el nivel 1 está en el nivel 2, total y completamente abrazado por él; uno de los significados del amor, como veremos, es un abarcante abrazo amoroso que, como la conciencia, la creatividad y la autotrascendencia, constituye la profundidad misma del Kósmos.
Resumiendo, todo esto significa que la biosfera no es la fisiosfera. La biosfera no es una parte o componente de una totalidad mayor llamada fisiosfera; y la única cosa mayor de la fisiosfera es su extensión, no su profundidad o totalidad. El bios no es parte del cosmos, sino al revés: el cosmos
es parte, un componente, del bios.
Así, una parte de la biosfera (a saber, su componente físico) es evidentemente parte de la fisiosfera mayor; pero sus cualidades definitorias emergentes no están en el conjunto de determinantes físicamente definibles que gobiernan las formas sin vida (como señalaron Maturana y Varela, la autopoiesis no se encuentra en el mundo mineral; la autopoiesis es una cualidad de las damas rojas que no se encuentra entre las damas negras). La biosfera no está en la fisiosfera, pero ésta evidentemente está en aquélla, contenida como parte de ella.
Al igual que un átomo está en una molécula pero la molécula no está en el átomo —incluso a pesar de que la extensión de los átomos es mucho, mucho mayor que la de las moléculas—, el cosmos está en el bios pero el bios no está en el cosmos, a pesar de que la extensión del cosmos es astronómicamente mayor.
Y hemos de tener en cuenta que el bios es parte del Kósmos pero no del cosmos, y en este simple movimiento hemos desautorizado para siempre el reduccionismo: la física es la más fundamental y menos significativa de las ciencias (la razón por la que la física no puede explicar la biología es precisamente porque el bios no está en el cosmos)7.
Esto es justo lo contrario de lo que nos diría una fe inocente y simple en el tamaño o extensión. Sólo porque el cosmos es mayor que el bios, asumimos que debe ser más significativo, pero únicamente es más fundamental. El bios es mucho más significativo que el cosmos porque contiene mucho más de la realidad en su interior, abraza una totalidad mucho más profunda y mayor, tiene más profundidad y, de hecho, asume a todo el cosmos en su ser: trasciende e incluye.
De manera similar, como veremos, la noosfera no es parte de la biosfera, sino al contrario: el bios es un componente inferior, una parte de la noosfera. Es evidente que la biosfera tiene más extensión (es «mayor»), de la misma forma que el cosmos es más grande que el bios. Pero según lo que acabamos de ver, eso sólo prueba mi afirmación.
Y precisamente porque la biosfera es un componente de la noosfera, la destrucción de aquélla garantiza la destrucción de ésta; se trata de uno de los temas a los que volveremos a lo largo de este volumen. Esta es un orientación profundamente ecológica sin «absolutizar» la biosfera de forma regresiva (ni la noosfera, como veremos).
Pero de momento, señalemos que el número (la extensión) de holones en un nivel superior de desarrollo siempre será menor que su número en un nivel precedente (principio 8). El número de damas rojas-y-negras siempre será menor que el de negras. No hay excepciones porque el número de totalidades
siempre será menor que el de partes contenidas en ellas. Siempre habrá menos niños en quinto grado que en cuarto, porque tienes que hacer cuarto para pasar a quinto; siempre hay menos robles que bellotas: es la llamada pirámide del desarrollo que necesariamente se hace cada vez menor en la parte superior. Laszlo, por ejemplo, representa esta pirámide como en la figura 3-5 (lo que también indica con precisión que, por ejemplo, la biosfera no está en la fisiosfera). Donde la materia es favorable, emerge la vida. Donde la vida es favorable emerge la mente. Mayor profundidad, menor extensión.
Cuando los teóricos holistas construyen sus holarquías en términos de mayor extensión («más y más amplias») nos llevan a la parte inferior de la pirámide, excavando cada vez más niveles de profundidad en búsqueda de una mayor extensión (y por tanto más superficialidad). Nos deberían estar conduciendo a una mayor profundidad que implica a la vez abrazo más profundo e identidad más amplia, una expansión vertical y horizontal, no sólo horizontal.
Así, podemos empezar a ver por qué los diagramas como el de la figura 3-1 son un mapa tan desafortunado: confunden micro y macro, confunden profundidad y amplitud».
Figura 3-5. Los reinos de la evolución (Laszlo, Evolution, Shambhala).