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Colección
Marginalia
Laberintos intelectuales:
los caminos del sujeto
Universidad Nacional de Córdoba Facultad de Lenguas
Editora
Angélica Gaido
Colección Marginalia
Directora de la colección
Graciela Ferrero
Revisión
Martín Tapia Kwiecien
ISBN 978-950-33-1465-4
BY CC
NC
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La Universidad Nacional de Córdoba (unc) establece, en el art.
5 de la ordenanza n.° 4/82, la distinción académica de «Profesor Honorario», distinción de «alta jerarquía», otorgada «a profe-sores de otras universidades, en ejercicio o no de la docencia, que sobresalgan por su acción ejemplar en el ámbito univer-sitario y por sus estudios, trabajos o labor docente y que ha-yan prestado a esta Universidad una contribución académica significativa».
En este marco reglamentario, la Facultad de Lenguas propu-so a la Dra. María Luisa Femenías para el título de Doctora ho-noris causa por la Universidad Nacional de Córdoba, lo cual fue confirmado por resolución del hcs, unc n.° 1556/2017. La
máxi-ma distinción fue entregada el día 08 de máxi-marzo de 2018. Y, es-pecialmente, hemos hecho coincidir esta entrega con el Día Internacional de la Mujer, fecha por demás significativa para enmarcar nuestro homenaje a una mujer que viene reflexio-nando desde hace muchos años, en una perspectiva filosófica,
sobre problemas centrales en relación con cuestiones de género y, en los últimos años, de violencia contra las mujeres.
La Dra. Femenías cuenta con una trayectoria nacional e in-ternacional que la posiciona como una referente en el área de estudios de género, violencia y multiculturalidad.
Se destaca, fundamentalmente, su contribución significati-va a nuestra universidad por su labor docente en distintas de-pendencias. La Facultad de Lenguas cuenta con su participación como miembro del cuerpo docente en la Maestría en Culturas y Literaturas Comparadas, en donde la Dra. Femenías partici-pa activamente a través del dictado habitual de seminarios de posgrado (en tres cohortes consecutivas y con diversas temá-ticas relacionadas con la cultura y la literatura comparada). Ha dictado los seminarios: «Pluralidad y comparación cultural: al-gunos problemas teóricos»; «Sujeto, disciplinamiento y agen-cia: una mirada generizada» y «Hacia una conceptualización de la violencia contra las mujeres». También, la conferencia: «El topos ausente: algunos obstáculos de las mujeres para enfrentar la violencia. Reflexiones preliminares».
Asimismo, ha contribuido con otras dependencias de la unc:
participa en el Doctorado de Estudios de Género, en la Facultad de Ciencias Sociales (ex Centro de Estudios Avanzados-cea).
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con una conferencia sobre el tema: «Importancia de la perspec-tiva feminista y de género en el discurso jurídico».
Su trayectoria da cuenta de una carrera sostenida a través de muchos años de capacitación, ejercicio de la investigación y la docencia, tanto a nivel nacional como internacional. Egresada de la Universidad de Buenos Aires (uba), es Doctora en Filosofía
Teórica por Facultad de Filosofía, Universidad Complutense de Madrid (1995). Se desempeña, desde el año 2016, como Profesora Extraordinaria en la Categoría de Consulto del Consejo Superior de la Universidad Nacional de La Plata (Res. n.° 17/16) y como Profesora Extraordinaria en Categoría Consulta de la fahce. (cd. Res. n.° 1027 del 1/7/2016). Es co-fundadora del
Centro Interdisciplinario en Investigaciones en Género, crea-dora y directora de la Especialización en Educación en Géneros y Sexualidades (Universidad Nacional de La Plata), donde se ha desempeñado desde el año 2012 hasta el 31 de diciembre del año pasado, y del Instituto de Investigaciones en Género (uba),
don-de formó parte don-de la Revista Mora (1992-2017).
Un breve recorrido por su nutrida trayectoria da cuenta de que, ya desde finales de los años ochenta, sus investigaciones se centraban en los temas relacionados con filosofía de género, fe-minismo filosófico, multiculturalismo, sujeto femenino, entre otros, problemáticas que profundizó a lo largo de toda su carre-ra académica.
El impacto de sus investigaciones en distintas universida-des nacionales e internacionales de prestigio se dio a través de becas, estancias posdoctorales, como docente, investigadora y conferencista invitada. En este contexto, es necesario seña-lar la Università degli Studi di Perugia, University of California at Berkeley, Université Toulouse Jean Jaurès, Freie Universität Berlin, la Universidad Complutense de Madrid, Reijs Universitët (Utrecht, Holanda) y Université Paris-Sorbonne, entre otras, y universidades latinoamericanas, como la Universidade Federal de Santa Catarina, Universidade Federal do Ceará y la Universidad de Chile.
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Multiculturalismo» en el Máster de Estudios Interdisciplinares de Género, Instituto de Derecho Público, Universidad Rey Juan Carlos de Madrid (2014); «Sujeto y género en Judith Butler» en la Maestría en Estudios de la Mujer y Doctorado en Ciencias Sociales, Universidad Autónoma Metropolitana de Xochimilco (2013); «Género, multiculturalidad y postcolonia-lidad», en el Centro de Investigación en Identidad y Cultura Latinoamericanas, Universidad de Costa Rica (2009); «Sujetos desordenados: tensiones de género, clase, etnia», Universidad de la República, Montevideo (2008). A estos se suman otros numerosos cursos y seminarios en diversas universidades nacionales.
El espectro de su contribución es muy amplio y su presencia en diversas instituciones consolida una trayectoria como inves-tigadora y como docente en sentido pleno.
Ha participado en más de setenta congresos y otros even-tos académicos, en el país y en el exterior. En muchos casos, ha sido conferencista o panelista invitada; en otros, expositora con ponencia.
Esta actividad de difusión de su producción de conocimien-to ha generado alconocimien-to impacconocimien-to nacional e internacional, lo que permitió la difusión de su pensamiento, de sus ideas y de sus investigaciones.
el campo, esclarecedores y punto de partida para su aplicación en prácticas concretas. Entre ellos, cabe detenerse, brevemente, en El género del multiculturalismo (2007-2013), en el cual la auto-ra exploauto-ra las ventajas y desventajas que podría tener, paauto-ra las mujeres, adoptar una perspectiva que entrecruce teoría femi-nista y multiculturalismo, y muestra un panorama de distintas formas en que tanto la reivindicación del derecho de las muje-res cuanto el feminismo han adquirido en Iberoamérica bajo di-versas circunstancias históricas y contextuales en el marco de un complejo panorama de tensiones y pactos.
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En el año 2016 publicó una obra orgánica, junto a Micaela Anzoátegui y Luisina Bolla, titulada Antropología filosófica (para no filósofos), producto de experiencias como investigadoras, do-centes y estudiantes en temas relacionados con la antropología filosófica desde una perspectiva enriquecedora para repensar, en la actualidad, temas relevantes como son la construcción teórica de lo humano, los trasplantes, el racismo, la relación mente-cuerpo, la condición de persona, entre otros. Se consti-tuyen, así, en ejes vertebradores del texto.
Participó, de igual manera, en el volumen Las encrucijadas de “el otro sexo”, compilado con Beatriz Cagnolati (2010), en ho-menaje a la obra y a la filósofa Simone de Beauvoir, volumen fruto de la reelaboración de ponencias presentadas en las jor-nadas previas a cargo del Centro Interdisciplinario de investi-gaciones en Géneros y el Departamento de Lenguas Modernas de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de La Plata, en el año 2008, conmemo-rando los sesenta años de El Segundo Sexo.
Otras publicaciones destacadas como Sobre sujeto y géne-ro (2000; reeditado en 2011) dan cuenta, de igual forma, de sus preocupaciones actuales relacionadas con espacios teóricos vinculados a la definición del sujeto.
Sumados a esta producción, más de cincuenta capítulos en li-bros y más de cuarenta artículos en revistas científicas son cla-ras muestcla-ras de una producción sostenida en el tiempo.
Su dedicación a la formación de investigadores se manifies-ta a través de diversas actividades, entre ellas, la dirección y co-dirección de recursos humanos de distintos niveles y de-pendencias (investigadores, becarios de investigación y be-carios postdoctorales de conicet, becarios de posgrado en unlp,
becarios del Consejo de Investigaciones Científicas de la pcia. de Buenos Aires, de la unlp, becas de perfeccionamiento, entre
otras; becas estímulo a las Vocaciones Científicas, del Consejo Interuniversitario Nacional; becarios de universidades extranje-ras –Universidad de Salamanca, flacso, La Laguna, Costa Rica–;
también, se evidencia a través de la dirección de equipos de inves-tigación con proyectos avalados y subsidiados por organismos científicos nacionales e internacionales.
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La tarea desarrollada es muy amplia, diversa y abarca todos los aspectos que se consideran esenciales en toda universidad pública nacional, cumpliendo ampliamente con las tres misio-nes fundamentales: docencia, extensión e investigación.
Como docente, hemos podido constatar su calidad, su cono-cimiento y su entrega. En el caso particular de la Facultad de Lenguas, en varias ocasiones hemos asistido a sus cursos; más de setenta alumnos han «aprendido» de su mano a leer a las grandes autoras de la filosofía de género de distintas latitudes, a articular esas reflexiones teóricas con problemas concretos y cotidianos, a visibilizar un campo de investigación que la Dra. Femenías ha contribuido, en gran medida, a engrandecer y pro-fundizar. Es una profesional que vive en actitud de siembra y de crecimiento intelectual. Es una maestra, la de la tiza y el piza-rrón lleno de ideas que estallan cuando establece nuevas cone-xiones; es una maestra de la vida también, ejemplo de rigor y afecto, de sinceridad y honestidad intelectual. Sin barreras, ce-rraduras, ni cerrojos se ha permitido «tomar la palabra», elegir el pensamiento y el debate de ideas para poner su grano de are-na en uare-na reflexión que lastima cotidiaare-namente; pero que, a la vez, nos desafía a no abandonar la marcha.
Por todos estos motivos que, por cierto, son un escaso raccon-to de un profuso curriculum vitae, agradecemos al hcs de la unc, a
nuestro Rector, Dr. Hugo Juri, a la señora Decana de la Facultad de Lenguas, Dra. Elena Pérez, al hcd de la Facultad de Lenguas y
a todos los colegas que apoyaron con entusiasmo la propuesta que generamos; agradecemos, de igual modo, el haber enten-dido el valor que tiene para nuestra unc y para la comunidad de
Córdoba en general, el otorgamiento de esta distinción a la Dra. Femenías, un verdadero ejemplo para todas las generaciones.
Y agradezco a la Doctora María Luisa Femenías haber acep-tado nuestra propuesta.
A continuación, presentamos el discurso que pronunció en dicha oportunidad.
Dra. María Cristina Dalmagro Directora cifal (Centro de investigaciones Facultad de Lenguas)
Laberintos intelectuales: los caminos del sujeto
I
Se dice que la parte más difícil de un discurso es la prime-ra oprime-ración. En este caso no es así, ya que mi primeprime-ra oprime-ración es muy breve y muy sencilla: Gracias.
Gracias a la Universidad Nacional de Córdoba por este re-conocimiento, por el que me siento muy honrada; gracias por prestigiar una problemática relativamente novedosa del trabajo académico; gracias por tomar en cuenta mi obra, que no sé si es buena, aunque sí sé que ha sido constante, consistente y, hasta donde yo puedo ver, honesta. Gracias a mis maestros, Francisco Olivieri, María Isabel Santa Cruz y Celia Amorós, de quienes aprendí qué significa el trabajo intelectual, la investigación y la responsabilidad académica; por eso, para ellos, también, va este reconocimiento. Agradezco, también, a mis discípulxs, que re-toman, resignifican y consolidan una línea de trabajo. Por todo eso y por quienes me han acompañado tantos años, familiares, amigos, colegas, nuevamente, muchas gracias.
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de los derechos de las mujeres y las minorías excluidas1, al ape-lar a la transgresión conjunta y solidaria de tradiciones que nos han marginado por siglos, tanto en la sociedad como en la Universidad, considerada, por mucho tiempo, el espacio pri-vilegiado de la razón masculina, entendida como razón única, verdadera e indiscutible.
Pero todo está cambiando y, en el año cien de la Reforma Universitaria, celebro esta otra reforma que abre espacios teó-ricos y filosóficos de reflexión, promueve prácticas reivindica-tivas e ilumina sesgos insospechados de la vida de las mujeres, de la vida de las minorías excluidas, a fin de expandir y conso-lidar la vida en democracia. Como en ocasión de la Reforma, vi-vimos momentos de transformación social y de consolidación de las instituciones.
En la medida de nuestras posibilidades, contribuimos a ello con el deseo de identificar y examinar las zonas teóricas que oscurecían los ddhh de las mujeres y las disidencias, limitaban
el campo problemático de las cuestiones filosófico-sociales, y apuntamos a la renovación de los espacios de investigación y a la consolidación argumentativa de sus sesgos.
Desde la recuperación de la democracia, amparadxs en la libertad de cátedra —logro de aquella Reforma—, pudimos
1| Sobre el uso de la «x», cfr. Facio, A. y otras (2012). Diccionario de la transgresión femi-nista. Asociadas por lo Justo (jass), versión pdf. Disponible en: https://justassociates.org/sites/
introducir en los claustros nuevas corrientes de pensamien-to, de investigación y de docencia como aporte para desmontar concepciones sesgadas de la realidad social. Este giro mostró su potencia social transformadora, base ineludible del proceso de democratización estructural que lleva adelante la sociedad en la que vivimos, en todas sus dimensiones.
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II
En un artículo ya clásico, Karen Offen presenta tres criterios para identificar el feminismo2:
◊ Aceptar la validez de las interpretaciones de las mujeres sobre sus propias experiencias y necesidades, oponiéndose a constructos inventados alrededor de ideales estéticos o psicoló-gicos de belleza, fragilidad, languidez, infantilismo, etc., identi-ficables hasta hoy.
◊ Exhibir incomodidad, molestia y oposición ante la injusti-cia, la violencia y la desigualdad —sea legal o consolidada por las costumbres—, que se ejerce sobre las mujeres y otros grupos vulnerables. Y
◊ abogar por la eliminación de tales injusticias, discrimina-ciones, fuerzas coercitivas o prerrogativas de unos sobre otrxs, buscando transformar ideas, situaciones y prácticas sociales.
¿Quién éticamente sensible, comprometido con la sociedad y consigo mismo podría ser ajeno a esos criterios? Honestamente,
¿quién podría oponerse a reconocer y valorar a cada ser huma-no, independientemente de su sexo, su género, sus caracterís-ticas étnicas, sin autoimputarse como sexista, racista, violento o discriminador? Las bases éticas del feminismo y de la teoría de género están fuera de toda duda; y las reformas legales y so-ciales de los últimos años constituyen un claro ejemplo de ello, aunque la razón ética transformadora se vea limitada en los hechos por las prácticas de los sectores de poder reacios a los cambios.
Hace cien años, las mujeres universitarias constituían un número extremadamente limitado; aún recordamos los nom-bres de las primeras que ingresaron a los claustros a finales del s. xixy principios del xx. Incluso, las fotos que se conservan de la
Reforma no muestran a ninguna de ellas. Pero, como todxs sa-bemos, hoy —aunque la distribución sea todavía desigual de-pendiendo de carreras y de cargos— se puede afirmar que, a partir de la recuperación de la democracia, los números se han equiparado y las mujeres se han ido sumando a los claustros, a las cátedras y a los laboratorios.
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III
En La raison en procés (1986), un libro poco difundido en nuestro país, su autora, Louise Marcil-Lacoste se preguntaba cómo «los estudios de la mujer» habían incidido en los nuevos postulados de la racionalidad, sus criterios y sus vinculaciones3.
Proponía tres preguntas de tipo epistemológico: i- si los estu-dios de la mujer producían sistema; ii- si constituían un modelo o, por último, iii- si eran un nuevo paradigma. A todas esas po-sibilidades, retóricamente planteadas, Marcil-Lacoste respon-dió negativamente. En principio, porque consideraba que los estudios de la mujer eran fundamentalmente sintomáticos.
¿Qué entiende Marcil-Lacoste por «sintomático»? Claramente, remite a una herramienta conceptual althusseriana, para quien, como se sabe, leer ya es un problema. En principio, porque no exis-te lectura inocenexis-te y porque, sea cual fuere esa lectura, somos culpables y responsables de ella. Para Marcil-Lacoste, confesar esta falta inevitable, esta culpa necesaria implicaba abando-nar la ilusión de una lectura inocente, objetiva y neutra, como la que históricamente había asumido el paradigma patriarcal. La
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lectura implica, por el contrario, una responsabilidad intelec-tual que no podemos dejar de asumir.
Fueron los filósofos de la sospecha quienes mejor desarro-llaron esta posición. Como repite Celia Amorós muy a menu-do, se debe aplicar a todo trabajo intelectual en dosis adecua-das. Precisamente, ese recaudo llevó a las mujeres a revisar los niveles excluyentes del lenguaje, que van desde la falacia no-minal —denunciada en El Segundo Sexo por Simone de Beauvoir (1949)— hasta los desarrollos de Luce Irigaray y Luisa Muraro (y seguidoras), quienes mostraron la necesidad de establecer un lenguaje de mujeres o un lenguaje no sexista.
De modo afín, Sandra Harding, Donna Haraway o Helen Longino, entre muchas otras, denunciaron que la objetividad tradicional de la ciencia estaba atravesada por sesgos sexis-tas y de género; mientras que Catherine MacKinnon o Andrea Rita Dworkin mostraban cómo los ddhh excluían, muchas veces
y con demasiada frecuencia, los derechos de las mujeres y de las minorías, aproximándolas ambiguamente a las cosas.
Estas y muchas otras acusaciones, nos han dejado con la an-tigua nostalgia galileana de un mundo que, como un gran libro, pudiera leerse unívocamente a través de la matemática o de las esencias o del espíritu, hallable en cada presencia4. Pero, como
esto no es posible, Marcil-Lacoste se apropia de la «lectura sin-tomática» para acercarse a los textos históricamente produci-dos, denunciando y rompiendo la natural complicidad sinoní-mica entre ser y logos; entre la supuesta esencia de las cosas y la lectura que hacemos de ellas.
En mis palabras, el feminismo filosófico y la teoría de géne-ro géne-rompiegéne-ron la complicidad entre la realidad y sus definiciones hegemónicas para implementar una mirada desde los márge-nes y, desde ahí, examinar los modos en que el discurso dice y no dice, advierte y no advierte, de manera ambigua e imprecisa, el lugar de las mujeres y de las minorías excluidas.
El discurso siempre exige una hermenéutica; y el feminis-mo, como la teoría de género, viene contribuyendo a superar la continuidad entre el texto y la realidad, iluminando otras rela-ciones no inmediatamente visibles, no obvias, no normales, no naturales. Las teorías feminista y de género, ante todo y por defi-nición, han irracionalizado la visión hegemónica y establecida de la realidad, llevándonos a ver cosas, situaciones e inequidades que, sin ellas, no podríamos ver. Por tanto, exhiben una reali-dad distinta de la que queda atada a los discursos hegemónicos, desafiando la tranquilidad de la mirada complacida en el statu quo, a la par que alienta la búsqueda de respuestas a manifiestas desigualdades estructurales y sociales.
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centros hegemónicos de producción, circulación y transmisión de conocimiento. Soy «excéntrica» en el sentido acuñado por Teresa de Lauretis5. Pero lejos de entender mi «excentricidad»
como una forma de exclusión o de extravagancia, prefiero en-tenderla como un «descentramiento», un salirme del centro; lo que, en palabras de Sandra Harding, constituye un «privilegio epistemológico»6. En efecto, Harding sostiene que estar «en el
margen» y «mirar», «ver» y «evaluar» desde ahí hacia el cen-tro hegemónico permite percibir aquello que, desde el mismo centro, no logra verse. O sea, lo que desde otro locus no podría teorizarse, ni decirse, ni verse.
Si, como advierte Marcil-Lacoste, los escritos feministas y de las minorías/disidencias, en general, son relevantes en número, especialmente críticos y no se centran en las miradas; enton-ces, desde ese lugar múltiplemente descentrado, aunque de ca-rácter marginal, se iluminan las condiciones de apreciación de una realidad otra que exige una nueva forma de escritura. Estas miradas desde los márgenes invitan, cuando menos, a la de-construcción de la mirada/lectura hegemónica, favoreciendo la instalación de la duda sobre el «significado único de un texto», definido siempre unívocamente desde el centro.
5| De Lauretis, T. (1993). Sujetos excéntricos: la teoría feminista y la conciencia histórica. En Cangiano, M. y DuBois, L. (comp.). De mujer a género, teoría, interpretación y práctica femi-nistas en las ciencias sociales. Buenos Aires: Centro Editor de América Latina, 73-113.
Mirar desde los márgenes supone, también, prestar atención al propio margen y a sus notas características, habitualmen-te consideradas poco relevanhabitualmen-tes. Se trata, pues, de observar y ver atentamente todo aquello que queda fuera del núcleo cen-tral, es decir, lo «excéntrico», para hacer visible lo que, de otro modo, quedaría oculto. Un corolario de esta estrategia es que no se trata de «subvertir» el margen por el centro y repetir la se-cuencia, porque el centro y el margen se manifiestan siempre juntos, en un espacio único de significados compartidos y vin-culados que se niegan y se confirman mutuamente en un com-plejo entramado de relaciones, donde la estrategia de lectu-ra sintomática y culposa, siempre, está situada al margen de un cierto centro.
Ahora bien, los textos de las feministas y de género —volviendo a la lectura de Marcil-Lacoste— aportan novedad. ¿Qué novedad aportan? ¿Qué es lo nuevo? Según Marcil-Lacoste aportan una i- nueva racionalidad, ii- un nuevo campo de pro-blemáticas y, por último, iii- una importante estrategia colecti-va para la resolución de los conflictos.
Veamos, por separado, estas tres «novedades». ◊ Nueva racionalidad
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diferencias, en general, producen lo que ella denomina una «posracionalidad». No acuerdo con el prefijo «pos-»: posfun-dacionalismo, posmodernidad, posfeminismo, posraciona-lidad, etc., anuncian —a mi modo de ver— un fracaso catego-rial y conceptual que pretende subsanarse con un prefijo que simplemente alude a un tiempo (real o conceptual) posterior al problema de referencia. Me explico.
En el año 2000, Boaventura de Sousa Santos, publicó sus tres volúmenes de A critica da razão indolente, obra de gran impacto tanto en Brasil cuanto en el resto de América Latina7. Allí
desa-rrolló lo que denominó «epistemologías del sur global» en opo-sición a las «epistemologías del norte global»8. De Sousa Santos
entendió por «epistemologías del sur» aquellos conocimien-tos, teorías y saberes que reflexionan creativamente sobre la rea-lidad del “sur global”, para ofrecer un diagnóstico crítico del presente, que busca alternativas para una sociedad más libre y más justa9. Parte de lo que considera una profunda crisis
para-digmática de las teorías eurocéntricas y estadounidenses. Muy sintéticamente, el autor la circunscribe a cuatro grandes áreas, que resume del siguiente modo:
7| de Sousa Santos, B. (2000). A critica da razão indolente: Contra o desperdicio da experiên-cia. Para um novo senso común. São Paulo: Cortez Editora.
8|El teórico entiende «epistemología» en el sentido de «teorías del conocimiento» o «cosmovisiones».
• Vivimos en un tiempo de preguntas fuertes y respuestas
dé-biles, que no modifica su ritmo de «crecimiento acelera-do», a pesar de que se ven con claridad sus límites, incluso medioambientales.
•Existen grandes contradicciones. A la urgencia en reparar las
condiciones actuales de vida, se ofrecen grandes reuniones in-tergubernamentales que arriban a pocos o ningún acuerdo.
• Pérdida de categorías sustantivas de análisis o pérdida de los
sustantivos, ya que las teorías recientes «sólo incorporan adjeti-vos» (la democracia es «participativa», «radical», «deliberati-va» o «populista», por ejemplo). Y,
• por último, advierte sobre la relación fantasmal entre
teo-ría y prácticas, ya que quienes han producido los cambios más progresistas de los tiempos recientes son precisamente aque-llos grupos sociales totalmente invisibles para las teorías hege-mónicas: mujeres, gays y lesbianas, indígenas, desempleadxs, campesinxs sin tierra, migrantes, etc. (2011: 14-15).
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sexuales entre los grupos más proactivos y transformadores de nuestra sociedad es, cuando menos, un dato sintomático.
¿Son estas las formas la posracionalidad que enuncia Marcil-Lacoste? Para la investigadora, la racionalidad que aparece en los escritos y las acciones feministas y generizadas dan cuenta, más bien, de sujetos que se oponen a la razón masculina hege-mónica, denunciando su pseudoneutralidad y su restringida re-presentación de la racionalidad humana en general.
Los textos y las acciones feministas y de otros grupos con-cientizados expresan, más bien, una forma extendida de racio-nalidad; un nuevo modo de enlazar los sistemas de ideas, que dirige la capacidad de examinar, criticar e interrogarse, tam-bién, de modo novedoso. En palabras de Marcil-Lacoste, pro-mueven un «nuevo modo de credibilidad», que camina hacia una manera propia de definir la racionalidad; no ya, la Razón. Por eso, se trata de una racionalidad extendida, que incluye as-pectos abandonados por la caracterización tradicional más restringida.
Pasemos al segundo aporte de los escritos feministas y de género que reconoce Marcil-Lacoste.
◊ Una nueva «dosis» de problemas
desarrollados o sumergidos en las teorizaciones tradicionales. En primer término, denuncian la extraordinaria brecha que se abre entre las teorías y sus puestas en práctica, éticas y polí-ticas; paradigmáticamente, los modos materiales de exclusión/ discriminación, que habitualmente pasan desapercibidos o se bloquean desde el argumento de que una teoría no se hace car-go de sus derivas prácticas. El feminismo, los estudios de géne-ro y los análisis de las disidencias sexuales, entre otgéne-ros, ponen precisamente el acento en esa indiferencia; en el modo indo-lente y sus estrategias con que históricamente se ha desatendi-do esa relación fantasmal, el lugar desatendi-donde emergen «los nuevos problemas». Se analizan, así, los «olvidos de la memoria y de la razón» y su sistematicidad; se abre la pregunta por las con-diciones del olvido, tanto como por las de la memoria y el re-cuerdo individual y colectivo. Se revisan los modos de construir las cadenas genealógicas de la historia y cuáles son sus zonas oscuras.
Sobre todo, se plantea la pregunta por los modos en que se construye un objeto de investigación y las implicancias del su-jeto que lo investiga. ¿Cómo se determina lo «realmente im-portante» en la investigación: es el trabajo doméstico, el vo-luntariado, el cuidado, las temporalidades disímiles de varones y mujeres, los ddhh de las mujeres, los problemas
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las identidades e identificaciones no paradigmáticas y un largo etcétera, que no han sido considerados históricamente «objetos relevantes de estudio»?
La eclosión de esos temas, o mejor dicho de esos temas tradi-cionalmente ocultos, obligó a revisar paradigmas científicos y de conocimiento. De la mano de los nuevos abordajes, resurgió el problema de los sustratos ontológicos que aún sostienen las viejas teorías y sus estructuras, debatiéndose, al mismo tiem-po, el compromiso intelectual de los sujetos de investigación, en el uso más ambiguo de la preposición de. En un extremo, la propuesta es reconstruir una ontología; en el otro, aceptar, sin más, un antifundacionalismo a ultranza.
Se está abriendo paso una nueva forma histórica de racio-nalidad, aunque no sabemos aún qué derivaciones pueden se-guirse de ello. Lo cierto es que el papel que juegan los sujetos en todo esto exige redefinición. Y, en este caso como en otros, las respuestas son tentativas y se construyen colectiva y dialógi-camente. Con esto, pasamos al tercero de los señalamientos de Marcil-Lacoste.
◊ Estrategia colectiva para la resolución de problemas(que también lo son)
Los últimos tramos del s. xviii y el xix presenciaron la
emer-gencia del sujeto colectivo. Las turbas callejeras hicieron la re-volución de 1789 y de la comuna de París en 1871; colectivos anónimos defendieron desordenadamente puertos y ciudades o quemaron plantaciones y haciendas. Sujetos colectivos irrum-pieron en los claustros de las universidades de Córdoba, La Plata y Buenos Aires, fogoneando la Reforma. Marx llamó a su sujeto colectivo «la clase obrera» (sin percibir nunca su atrave-samiento de sexo-género). El feminismo produjo a «las muje-res» como sujeto conjunto nominal.
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mujeres» se constituyeron así en un sujeto histórico colectivo y transformador. Lxs primerxs feministas argentinxs lo enten-dieron de ese modo y aceptaron el ideal del universal humano bajo una construcción dilemática, como la que ya habían elabo-rado las revolucionarias francesas: «o bien no somos humanas o bien nos niegan derechos inalienables».
Independientemente de los debates académicos sobre la defi-nición del sujeto colectivo «mujeres» (y su pertinencia), lo cier-to es que ese sujecier-to, tan vago e indefinido cuancier-to efectivo por sus prácticas, produjo y sigue produciendo los más notables cambios sociales de los últimos tiempos, tanto en nuestro país como en el resto de América Latina.
Aliado con la no violencia y partícipe de todos los procesos de paz del s. xx, ha bregado por la institucionalidad democrática,
enfrentando las dictaduras. Si fue necesario batallar, como en las guerras de la independencia, lo hizo mostrando que el valor no depende de la condición viril y que no es necesario conside-rarse el centro hegemónico y jerárquico de una estructura so-cial, para exigir reconocimiento y dignidad para todos los seres humanos e incluso para el medioambiente.
con el Ni una menos, el Me too y el Vivas de regreso a casa, porque —tal como lo sintetizó Kate Millet hace por lo menos cinco dé-cadas— siempre lo personal es político10.
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IV
Quienes anuncian agoreramente el fracaso recurrente de la epistemología y de las prácticas feministas y de género debe-rían tener presente algunas aristas.
Como se sabe, para John Austin, los fracasos de los actos de habla —en términos de huecos o vacíos— pueden provenir de ciertos usos «no serios» del lenguaje11. Derrida saca de
contex-to esta afirmación y denuncia que, para prestigiar algunas con-venciones, Austin desprestigia otras, especialmente, las artís-ticas. Es decir, para Derrida, la operación austineana consistiría en tomar algunos contextos particulares y considerarlos los únicos legítimos «del performativo». Como consecuencia, se-gún Derrida, Austin habría introducido de manera subrepti-cia determinación teleológica y ética, bajo el presupuesto de la transparencia de las intenciones y de la presencia del que-rer-decir en la unicidad absolutamente singular de un acto de habla12. La tarea fundamental de Austin habría sido, entonces
11| Retomo algunos argumentos de Magdalena De Santo (2015). Modos de construir el género: de la performance a la performatividad. En Abellón, P. y De Santo, M. Dos lecturas so-bre el pensamiento de Judith Butler. Villa María: eduvim, 156 et seq.
—siempre en la interpretación de Derrida—, deslindar el «len-guaje ordinario» del «len«len-guaje parasitario». En otras palabras, distinguir entre el lenguaje «exitoso», que produce la fortuna del enunciado, y el «fracaso» performativo.
La conclusión derrideana surge de un comentario marginal a Cómo hacer cosas con palabras, precisamente porque lo perifé-rico, lo que tiene poca importancia, es lo que permite desarro-llar una interpretación a partir del método deconstructivo. En su crítica —donde advierte sobre la imposibilidad de decir qué será exitoso y qué no, a priori—, Derrida expone su propia con-cepción del «performativo». Primero, lo excluido se vuelve pis-ta y posibilidad de reformulación de la teoría. Luego, refuerza su concepción de que el «lenguaje ordinario» y la «convención aceptada» se construyen a expensas de la exclusión de otros usos del lenguaje. Llegado a este punto, Derrida se pregunta cuál es «la fuerza del performativo», la que no se subsume a los límites trazados a priori (por convención, por una conciencia determinada o por las reglas de una ceremonia). Encuentra en-tonces que la «fuerza del performativo» radica en lo que, para Austin, es un fracaso: el carácter «citacional» (colectivo y anó-nimo) que tienen los denominados «lenguajes parasitarios».
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específicos de cada rol. Pero ni es sinónimo de sexo ni está ne-cesariamente vinculado al dimorfismo sexual que determina la biología. Como crítica acérrima de lo que denomina —siguien-do a Nietzsche— «metafísica de la sustancia», ofrece una teoría que legitima el hacer y cuya validez citacional es evidente.
Ya no se trata de un sujeto-sujetado, como en Foucault, sino de una agencia que hace citacionalmente su propio género. Y como género y sexo son sinónimamente construcciones epocales, cabe preguntar: ¿Ha fracasado entonces el disciplinamiento del deseo? Sí y no. Sí, si sólo queremos reconocer como sociedad de sujetos homogeneizados en una relación de coherencia y conti-nuidad entre sexo anatómico, género y orientación sexual. No, si consideramos un espectro más amplio de conductas huma-nas posibles y reexaminamos cuáles y cuántos mecanismos de exclusión se implementan cotidianamente a fin de instituir un «sujeto normal».
constitución de un «sujeto» o de una «agencia» que alcance re-conocimiento social.
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V
Vuelvo al comienzo. ¿Qué decimos cuando decimos «sujeto»? ¿Qué decimos cuando decimos «agencia»? Sostengo la necesi-dad político-social de mantener el concepto de «sujeto» tan-to como el de «mujeres», porque enhebra nuestra memoria en una genealogía reivindicativa de la que no podemos ni debemos prescindir. Sin embargo, hay que hacerlo críticamente: suje-to no es un término neutro. Es una herramienta conceptual útil, cuya indeterminación y ambigüedad solo los contextos situa-cionales ayudarán a precisar.
ciudadanos que han exigido los cambios, en cierta medida gra-cias a lo que alguna vez se llamó «el feminismo espontáneo».
En 1971, una de nuestras pensadoras, Lucía Piossek Prebisch13, invitó a las mujeres a asumir en primera persona
la libertad de pensar, una libertad creadora, por decirlo en pala-bras de Alejandro Korn. Eso es lo que hemos venido haciendo a lo largo de estos años, en intercambio constante con otrxs teó-ricxs. Por eso, me permito repetir una sentencia, que se atribu-ye a muchos pensadores, pero que leí hace años en un artícu-lo de Alfred Whitehead, quien decía de sí «Soy un mero enano en hombros de gigantes»14. En mi caso, de mujeres gigantes que
abrieron ante mí un arco conceptual inmenso, novedoso e in-dispensable, algunos de cuyos recorridos he tratado de seguir de modo consistente y crítico, apelando a la libertad creadora, a la libertad de pensar.
Sin embargo, como toda tarea de la vida, esta también está inconclusa. Lxs jóvenes dirán qué nuevos caminos abrir, por cuáles continuar y qué propuestas deberán ser analizadas nue-vamente, aceptadas o rechazadas. Ellxs deberán ejercer su
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propia libertad de pensar y la responsabilidad intelectual y aca-démica que esa tarea necesariamente conlleva.
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MARGINALIA es una colección de la Editorial de la Facultad de Lenguas que aspira a albergar a aquellos textos de carácter ‘marginal’ con respecto al núcleo de la producción científica de la unidad académica.
Lo excéntrico, en este caso, no implica ser accesorio ni prescin-dible: por el contrario y paradójicamente, este habitar un espacio fronterizo convierte a los textos de la colección en usinas de sen-tido que a la vez marcan y desmarcan los saberes de las ciencias del lenguaje.
Interrogar a los bordes no es sino un continuo resistir la cance-lación impuesta por los saberes parcelados y Marginalia, un dis-positivo intelectual “interpretativo” que desde la frontera ayude a leer los aciertos y extravíos del centro.
Rector | Dr. Hugo Oscar Juri Vicerrector | Dr. Ramón Pedro Yanzi Ferreira