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Don Quijote en la Francia del siglo XVII

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Don Quijote en la Francia del siglo XVII

José Manuel Lucía Megías Universidad Complutense de Madrid / Centro de Estudios

Cervantinos

1.

rancia es, sin lugar a dudas, uno de los países donde el Quijo­ te encontró a sus lectores más entusiastas y fieles. Unos lec­ I tores que se acercaban al texto de caballerías ideado por Cervantes con la misma pasión como lo habían hecho con otros textos castellanos a lo largo de todo el siglo XVI. No se olvide que de l°a mano de la hegemonía militar y política de la Monarquía Española durante los Siglos de Oro venía también su influencia cultu­ ral y literaria. Y así le sucede por estos años con las traducciones de La Celestina (Celestine en Ia quelle est traicte des deceptions des seruiteurs enuers leurs maistres, des macquerelies enuers les amoureux), Lazarillo de Tormes (Histoire plaisante du Lazarille de Tormes espagnol, augmentée de la seconde partie nouvellement traduite de l'espagnoI en flancais), Guzmán de Alfarache (Guzman d ’AIfarache, divisé en troís livres par Mathieu Aleman, espagnol. Faict francais par G. Chappuys), La Diana enamorada (La premiere [seconde, troisiesme] partie de la Diana de George de Montemayor) y tantas otras obras que hacían las delicias de todos los públicos en Francia, desde los más cortesanos a los más populares. Y entre todas ellas, destacan los libros de caballerías, con Amadís de Gaula a la cabeza, que obtuvo y sostuvo un éxito en Francia, tanto en castellano como en traducciones francesas a lo largo de todo el siglo XVI. En 1559, tienne Groulleau imprime en París su Thrésor des douze livres d ’Amadis de Gaule, una antología de canciones, cartas, descripciones y diálogos sacados del ciclo de Amadís de Gaula, convertido en ma­ nual del “bien dire” y del “bien parler” cortesano, que triunfó en

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382 José ManuefLucúz Mejías lncipit, ¡UV-XXVI (2005-2006)

Francia hasta bien entrado el siglo XVII, como sus continuas reediciones lo ponen de manifiesto. El Quijote, el libro de caballerías que es el Quijote, o el libro de pastores que es la Galatea de Cervantes, tenían el campo abonado para su triunfo en Francia. Desde esta pers­ pectiva no está de más recordar la anécdota —aunque siempre se ha de destacar su finalidad propagandística y publicitaria- que se narra en una de las aprobaciones de la segunda parte del Quijote, escrita por el licenciado Francisco Márquez Torres y fechada el 27 de febrero de 1615, que termina con el curioso diálogo que dice haber vivido el autor con varios caballeros franceses del séquito del embajador de Francia, Noél Brülart de Sillery, enviado a España con motivo de las negociaciones de las bodas de Luis XIH y Ana de Austria. Vale la pena recordarla por extenso.

Muchos caballeros franceses de los que vinieron acompañando al embajador, tan corteses como entendidos y amigos de buenas letras, se llegaron a mí y a otros capellanes del cardenal mi señor, deseosos de saber qué libros de ingenio andaban más validos; y, tocando acaso en este que yo estaba censurando, apenas oyeron el nombre de Miguel de Cervantes, cuando se comenzaron a hacer lenguas, enca­ reciendo la estimación en que así en Francia como en los reinos sus confinantes se tenían sus obras: La Galatea, que alguno de ellos tiene casi de memoria, la primera parte de ésta, y las Novelas. Fue­ ron tantos sus encarecimientos, que me ofrecí llevarles que viesen el autor de ellas, que estirnaron con mil demostraciones de vivos de­ seos. Pregtmtáromne muy por menor su edad, su profesión, calidad y cantidad. Halleme obligado a decir que era viejo, soldado, hidalgo y pobre, a que uno respondió estas formales palabras:

—Pues, ¿a tal hombre no le tiene España muy rico y sustentado del erario público?

Acudió otro de aquellos caballeros con este pensamiento, y con mu­ cha agudeza, y dijo:

—Si necesidad le ha de obligar a escribir, plega a Dios que nunca tenga abundancia, para que con sus obras, siendo él pobre, haga rico a todo el mundo. (Quijote, H, preliminares, p. 540)‘.

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Don Quiiote en [a francia Jeísgla XVI! 383

Las obras de Cervantes fueron rápidamente traducidas al fran­ cés, como bien se sabe: en 1608, Nicolás Baudouin había traducido la novela quijotesca del Curioso Impertinente; de 1614 se data la prime­ ra traducción del Quijote al francés, de la mano de Cesar Oudin, a quien también debemos la traducción de la Galatea en 161 l, así como diversas obras de lexicografía y de aprendizaje del español, que le valieron fama y prestigio en su tiempoz. En 1618, Francois de Rosset traducirá al francés la segunda parte del Quijote, y su portada tiene el honor de haber sido la primera de todas las ediciones quijotescas que aparece ilustrada con una estampa xilográfica específica, que repre­ senta al Caballero de la Triste Figura y a Sancho Panza en su primera salida juntos, dejando atrás su lugar y acercándose a esos molinos que los harán míticos’. De 1614 y 1615 se data la traducción de las Nove­ las ejemplares, con numerosas adendas, como se indica en el propio título: Les Nouvelles de Miguel de Cervantes Saavedra... T raduictes d ’espagnol en flangrois, les six premiéres par F . de Rosset, et les

2 Sin intención de ser exhaustivos, destacamos las siguientes: Grammaire espagnolle expliquée en Francois [1597], Thresor des deux languesflancoise et espagnolle [1607], Le thresor des trois langues, espagnole, flanpoise, et italienne [1617] o los Diálogos familiares en los quales se contienen los discursos, modos de hablar, prouerbios y palabras españolas mas comunes muy vtiles y prouechosos para los que quieren aprender la lengua castellana compuestos y corregidos por I. de Luna, cast. interprete de la lengua españo­ la. Con otros Dialogos compuestos por Cesar Oudin y con vn Nomenclator español y frances = Dialogues familiers : ou sont contenu les discors, fagons de parler, prouerbes & mots espagnols plus communs : vtiles & profitables pour ceux qui veulent apprendre la langue espagnolle [1625].

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334 José Manuel Lucía Mafia: l ncipit, XXV-XXVI (2005-2006)

autres six par Ie Sr d ’Audiguier. Avec I’histoire de Ruis Dias et de Quixaire, princesse des Moluques, composée par le Sr de Bellan; mientras que la novela póstuma de Cervantes verá la luz en la década de los veinte con el título: Les T ravaux de Persilés et de Sigismonde, sous les noms de Périandre et d ’Auristéle, histoire septentrionale de Michel Cervantes, traduite d’espagnol en francais par le sieur Daudiguier. Terreno abonado el que encontrará el Quijote para difun­ dirse en tierras francesas; y éxito que permitirá que el resto de las

obras cervantinas corran la misma fortuna en los años siguientes. Frente a lo que sucede en España, en Francia -como así también en Inglaterra o Alemania—, Cervantes va a ser tenido como un magnífico escritor, que en absoluto se verá eclipsado por su obra más famosa, más difun­ dida, más entretenida.

El éxito del Quijote en tierras francesas, de este primer Quijote cómico y de entretenimiento puede comprobarse, además de los ras­ tros que ha ido dejando en las prensas de Francia —especialmente parisinas- durante sus primeros años de difusión, en las marcas que lectores franceses anónimos, estudiantes de español en su mayoría, han ido escribiendo en algunos de los ejemplares conservados en dis­ tintas bibliotecas francesas, que indican cómo el Quijote -como otras obras de entretenimiento castellanas‘— eran utilizadas para el aprendi­ zaje del español, ya que, como muy bien indicara Cervantes en su Persiles: “En Francia, ni varón ni mujer deja de aprender la lengua castellana”. Un ejemplar de la edición madrileña de 1608 del Quijote conservado en la Bibliothéque Nationale de France (Yï 10858) tiene los primeros 76 hojas anotadas, en donde las palabras elegidas para su traducción muestran cómo el Quijote puede entenderse como una de sus primeras lecturas en español de un anónimo poseedor; anotación casi inhumana que terminaría por acabar con su paciencia‘:

‘ Así, por ejemplo, en varios libros de caballerías, que he tenido ocasión de comentar en Lucía Megías (2002).

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Dan Quijote en [a {francia ¡{eísyío XVII 385

(h. l) ama 9gobernante (h.l0) venta 9 taverne

(h. 2) ratos 9 moments (h. 10) alcacares 9 palais

(h. 2) desatino 9 folie (h. ll) miedo 9 peur

(h. 2) sacara 9deve1oper (h. ll) gordo 9gras

(h. 2) femosura 9 beauté (h. 12) peñas 9 pierres

(h. 4) descomedidos 9incivils (h. 12) comedidamente 9 respe­

(h. 4) trouaua 9 trouvait tuseument

(h. 7) cata 9 recherche (h. 15) venteril 9 de taverne

(h. 8) corral 9 cour (h. 16) agenas 9 estrangeres

(h. 8) locura 9 folie (h. 18) ahijado 9adopté

(h. 8) titubear 9 hanceler (h. 34) pláticas 9discours

(h. 8) ancha 9Ionge (h. 45) yantar 9dinner

(h. 9) sesos 9 cerveles (h. 76) antojos 9 Iunetes

(h. 76) hurtada 9 enlevée.

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336 José Manuel Lucía Magia: lncipít, LW-XJÜVI (2005-2005;

Terreno abonado, sin duda, para el éxito del Quijote en tierras francesas... y así no ha de sorprender cómo las aventuras del Caballe­ ro de la Triste Figura y de Sancho Panza se conviertan muy pronto en imágenes en Francia, y que lo hagan en algunos de los espacios corte­ sanos más espléndidos del momento, como el Chateau de Chevemy, cuyo comedor la reina regente María de Médicis mandó decorar en 1640 con 32 plafones con diversas aventuras del Quijote‘, en los que destaca un tono cómico, como se aprecia también en la inscripción que puede leerse sobre la chimenea del comedor:

Aquí descansa Dulcinea, que a trancas y barrancas fue de gorda moza relleníta

convertida en cenizas por Ia muerte.

Como era de granada linaje de gran dama se apareció, y fue Ia prez de su lugar y de don Quijote Ia preocupación7

Y este ambiente cortesano de la difusión del Quijote por tierras francesas —sin olvidar el más popular, que seguramente también dis­ frutaria de las aventuras de nuestro caballero manchego- será una de las claves de su éxito y pervivencia por toda Europa en los próximos siglos: no se ha de olvidar que, si el siglo XVI y parte del XVII serán los de la hegemonía española, el XVHI se oirá y verá con acento y tonos franceses, y desde Francia el Quixote castellano irá consolidan­ do una posición —impensable desde España- que lo convertirá en un mito íconográfico y artístico, mientras que desde Inglaterra se va con­ sumando una apreciación desde una perspectiva bien diferente: su conversión de libro de caballerías de entretenimiento al de sátira mo­

° Ahora pueden apreciarse dos de estos plafones en Revista Poesía (2005: 48 y 49), que representan, respectivamente, la recuperación del Sancho de su rucio y la caída de la aldeana del Toboso, cuando intenta alejarse de caballero y escudero al inicio de la Segunda Parte del Quijote

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Don Quyate en [a ¿francia íeísyía XVII 387

ral, que verá culminado su proceso en la edición impulsada por Lord Carteret y que verá la luz, no sin muchos retrasos y dificultades, en Londres en la imprenta de los Tonson en 1738‘. Sólo en el siglo XIX, a partir del crisol que constituye la edición académica de 1780 y los nuevos aires artísticos y editoriales que se están fraguando, veremos unirse estos dos modos de levantar al Quijote por encima del género y del público al que en un principio estaba destinado: el de los libros de caballerías.

Francia, y por sólo cerrar esta visión general que permite encua­ drar la explosión de imágenes que supuso las estampas impresas por Jacques Lagniet hacia 1650-1652 en París, será promotora de algunos de los productos editoriales y textuales alrededor del Quijote más interesantes en la larga y azarosa vida del libro. Por un lado, será en Francia; de la mano de uno de sus traductores, Filleau de Saint-Martin (París, 1691), donde el ciclo del Quijote se vuelva a abrir, convirtien­ do a Sancho Panza en caballero andante y protagonista de mil aventu­ ras, a cada cual más disparatada, a imagen y semejanza de las que. llevaron al canónigo de Toledo a quejarse amargamente sobre la inve­ rosimilitud de los libros de caballerías de finales del siglo XVI (I, cap. 47); ciclo abierto, que permite que en las continuas reediciones quijotescas, el texto canónico formado por las dos partes escritas por Cervantes se vaya ampliando con continuaciones nuevas y con la más antigua de Alonso Femández de Avellaneda (1614), que, a partir de la traducción de Lesage (1704), gozará de gran predicamento en toda Europa durante el siglo XVIII, llegándose a la paradoja de que los ilustrados españoles prefieran la traducción al castellano del texto francés de Lesage —traducción a su vez al francés del texto castellano de Avellaneda- al propio Quijote de Cervantes’. Y entre los productos

3 Dado que el tema nos lleva a unos ámbitos de recepción bien diferentes, remito a Lucía Megías (2005a).

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333 Jose’ Manuel Lucia Megas lncipit, XXVJXVI (2005-2006)

editoriales franceses más influyentes de todo el siglo XVIII, se ha de situar el libro: Les principales Avantures de ¡’admirable Don Quichotte, impreso en La Haya por Pieter de Hondt en 1746, que viene a poner palabras a las 31 planchas, que, en su mayoria, están basadas en las estampas sueltas que desde 1724 se ponen en la venta en París, a partir de los cartones que el pintor francés Charles Antoine Coypel ideara para los tapices de la Manufactura de los Gobelinos. La empresa editorial ideada por Pieter de Hondt, impresa en francés y en holan­ dés, nos devuelve al Quijote más cortesano, al que se ofrece con una exquisita impresión y un cuidado que sólo puede ser admirado por los lectores más adinerados de toda Europa. Un producto comercial que muestra cómo el Quijote, como libro, es un valor seguro para la im­ prenta europea, que no abandonará su texto para experimentar con los artesanos más cualificados o los artistas más interesantes. Y así no ha de extrañar que sea el Quijote el texto elegido por Julio Didot para su espléndida y magnífica edición en miniatura (París, 1827), o que la nueva traducción al francés de Louis Viardotse acompañe de ilustra­ ciones que difundirán la imagen del libro por todo el mundo durante el siglo XIX: y así, entre 1836 y 1837 se imprimen los dos tomos de L ’1ngénieux Hidalgo Don Quichotre de la Manche en el taller parisino de Dubochet, con casi 800 viñetas dibujadas por Tony Joharmot; y en 1863 se imprimen en París, a costa de los libreros Hachette, la edición que está llamada a monopolizar el imaginario quijotesco hasta nues­ tros días: L’Ingénieux Hidalgo Don Quiochotte de la Manche par lvfichel de Cervantes Saavedra. T raduction de Louis Viardot, avec les dessins de Gustave Doré gravés par H. Pisan. Dos grandes tomos, en folio mayor, que desde su encuadernación editorial se destacan en letras doradas el nombre de Gustave Doré, un verdadero reclamo pu­ blicitario. Don Quijote y Doré fueron en su tiempo, y aún lo sigue siendo, una propuesta editorial segura.

Y las propuestas y los autores, grabadores y artistas podrían trenzarse con mayor precisión, pero valgan estas cuatro pinceladas de

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Don Qugfote en [a francia cfeísglo XVII 389

una difusión exitosa, rápida y fiel, del Quijote por tierras francesas para volver la vista a una de sus primeras propuestas, las que Jacques Lagniet puso a la venta en París a mediados del siglo XVII.

2. Treinta y dos son las estampas de Lagniet que ilustran aven­ turas y episodios narrados en la primera parte del Quijote. De los cuatro juegos que "hemos podido consultar, directa o indirectamente (Hispanic Society, Bibliothéque Nationale de France, Cigarral del Car­

men y el de la Familia Foronda), sólo dos de ellos ofrecen en su totalidad estas ilustraciones: al ejemplar del Cigarral del Carmen le faltan dos estampas” y al de Foronda, según el facsímil de 1958, también son dos las estampas que no ha conservado"; sin olvidar, que las conservadas en la Bibliothéque Nationale de France se presentan como ejemplo de una segunda difusión, ya que se ha raspado el nom­ bre de Lagniet para escribirse el del nuevo librero: Bovessin. De este modo, el ejemplar de la Hispanic Society es el único de todos los conservados que permite un acercamiento completo a las estampas que ilustran la primera parte del Quijote según la primera tirada y primera difusión, de la mano de su mentor, Jacques Lagniet (al tiempo que el complemento de los dibujos originales de Jerome David con­ vierte los fondos neoyorkinos en uno de los más fascinantes de la primera difusión de la obra cervantina)".

Pero, ¿juego completo del inicialmente ideado por Lagniet o juego incompleto del que tan sólo se ha conservado 32 estampas, siendo imposible conocer el programa iconográfico inicial a no ser que se descubran en los próximos años nuevos juegos de estampas con documentaciones hasta ahora desconocidas? Nada hace pensar que el juego de estampas conservado de la primera parte carezca de algunas

'° En concreto, las que representan la Aventura de los batanes [n° 19] y la de la Penitencia de Don Quijote en Sierra Morena [n° 22].

" En este caso, se trata de las ilustran la Liberación de los galeotes [n° 21] y la Aventura de los cueros de vino [n° 24]. En el citado facsímil de 1958, se ofrece una (mala) reproducción de las dos estampas, según el juego conserva­ do en la Bibliothéque Nationale de France.

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390 José Manuel Lucía Mejía: lncgvit, XXV-XXVI (2005-2006)

de ellas; diversas piruetas deberían hacer la estadística y la casualidad para poder defender una postura diferente. La lectura coetánea que puede desprenderse de su programa monográfico parece confirmar que nos encontrarnos ante el juego completo de estampas que se idea­ ron para este proyecto. Otro gallo nos cantará cuando tengamos que enfrentarnos a la ilustración de los episodios de la segtmda parte del Quijote; pero esa será otra historia que reclarnará nuestra atención ¡nas adelante.

Las treinta y dos estampas que ilustran la primera parte del Quijote ofrecen el siguiente programa iconográfico:

l. Frontispicio: Don Quijote y Sancho, junto al Rocinante y su rucio 2. Don Quijote pierde el juicio por leer libros de caballerías de día y

de noche (I, cap. l)

3. Llegada de don Quijote a la venta, que toma por un castillo (I, cap. 2)

4. Comida de don Quijote a las puertas de la venta, ayudado por las rameras y el ventero (I, cap. 2)

5 . Don Quijote arremete contra dos arrieros, mientras vela sus armas en el corral de la venta (I, cap. 3)

6. Don Quijote es aunado caballero por el ventero, ayudado por las doña Molinea y doña Tolosa (I, cap. 3)

7. Don Quijote es atacado por el mozo de mulas de unos mercaderes (I, cap. 4)

8. Llegada de don Quijote a su lugar después de su primera salida (I, cap. S)

9. Escrutinio de la biblioteca de Alonso Quijano (l, caps. 6-7) 10. Don Quijote y Sancho Panza al comienzo de su segunda salida (I,

cap. 7)

ll. Aventura de los molinos de viento (I, cap. 8) 12. Combate contra el vizcaíno (I, cap. 8)

13. Don Quijote, Sancho Panza y Rocinante son apaleados por los yangüeses (I, cap. 15)

14. Encuentro nocturno con Maritornes en la venta (I, cap. 16) 15. Manteainiento de Sancho Panza (I, cap. 17)

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Don Qyfiate en [a francia Jefsyío XVII 391

. Don Quijote y Sancho vomitándose (I, cap. 18) . Aventura del cuerpo muerto (I, cap. 19) . La espantosa aventura de los batanes (I, cap. 20) . Aventura del yelrno de Mambrino (I, cap. 21) . Don Quijote libera a los galeotes (I, cap. 22) . Penitencia de don Quijote en Sierra Morena (I, cap. 25) . La princesa Micomicona a los pies de don Quijote (I, cap. 29) . Aventura de los cueros de vino (I, cap. 35)

. Don Quijote, colgado de una ventana, engañado por la hija del ventero y por Maritomes (I, cap. 43)

. El pleito de la albarda y de la bacía de barbero en la venta (I, cap. 45)

. La pelea en la venta por el pleito de la albarda y la bacía (I, cap. 45)

. Don Quijote sale de la venta en una jaula (I, cap. 46) . Don Quijote pelea con el cabrero (I, cap. 52)

. Don Quijote es apaleado por unos penitentes (I, cap. 52) . Llegada de don Quijote a su lugar (I, cap. 52)

. El alegre recibimiento que le hace a Sancho Panza su familia (I, cap. 52)

Después de un primer análisis, se comprueba en este programa iconográfico dos tendencias, algima de ellas ya comentada en las pági­ nas precedentes: por un lado, la preferencia de las aventuras protago­ nizadas por Don Quijote y Sancho Panza frente a las historias interca­ ladas, lo que parece una tendencia de lectura de la época, de la que, como bien sabemos, se hizo eco el propio Cervantes al inicio de la segunda parte del Quijote en boca del bachiller Sansón Carrasco:

Una de las tachas que ponen a la tal historia —dijo el bachiller- es que su autor puso en ella una novela intitulada EI Curioso Impertinente, no por mala ni por mal razonada, sino por no ser de aquel lugar, ni tiene que ver con la historia de su merced del señor don Quijote (II, cap. 3, p. 571).

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392 José Manucí Lucía Magali; lrtcípit, XXV-¡HVI (2005-2006)

traducción de la primera parte de 1614-, sino que en el programa iconográfico de Lagniet no aparecen ni la historia de la pastora Marcela y de su enamorado Grisóstomo, los entrecruzados amores de Dorotea, Cardenio, Don Femando y Luscinda, ni tampoco la historia del cauti­ vo, que será una de las preferidas a lo largo del siglo XIX por los lectores franceses, en especial a partir de la visión post-romántica de Gustave Doré. Tendencia que también habíamos podido documentar en algunos ejemplares anotados del Quijote, en los que sus lectores habían pasado estas páginas sin dejar en sus márgenes ninguna anota­ ción, frente a las continuas notas en el resto de las páginas. Ahora don Quijote y Sancho -y en especial éste último- serán los protagonistas. Y asi, no habrá aventura en que ambos estén involucrados que no sea representado en el programa iconográfico de Lagniet. Pero, ¿qué tipo de aventuras son las que se están destacando en este juego de estam­ pas? Como ya se ha indicado, y nos metemos de lleno en la segimda tendencia que queríamos comentar, el Quijote-se leyó en su primer siglo de difusión como un libro humorístico, como un libro de entrete­ nimiento donde el humor se ha convertido en uno de sus protagonis­ tas; pero no el humor inteligente, irónico, lleno de matices que tenni­ nará por triunfar en los siglos siguiente, en especial cuando el Quijote se convierta en una sátira moral (Lord Carteret y su edición de 1738 dixit), si no que ahora se destaca el humor más grueso, más lleno de carcajadas, de escatologías, de palos y de golpes; el humor de las caídas y de las derrotas, el humor del absurdo en comparación con las aventuras caballerescas que, como en España, seguían gozando del gusto del público lector francés mucho tiempo después de la publica­ ción y del triunfo del primer Quijote. Sólo hay que comparar el pro­ grama iconográfico de Lagniet con las propuestas iconográficas de Alemania (1648) y de Holanda (1657-1672/73) para ver con claridad la propuesta de lectura de la obra cervantina que se defiende desde la Francia de mediados del siglo XVII, para poder contextualizar las estampas francesas.

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{Don Quijote en [a francia íeísyïa XVII 393

destacan otros tantos episodios donde la risa, la burla, la escatología y la derrota se convienen en protagonistas. En todos ellos destaca la figura de un don Quijote derrotado, ridículo, que más le acerca a los personajes de la picaresca que a los invencibles y esforzados caballe­ ros andantes que desea imitar con su salida a los Campos de Montiel. Estos cuatro episodios serán destacados también en el programa ico­ nográfico de Lagniet:

l. Comida de don Quijote a las puertas de la venta, ayudado por las rameras y el ventero (I, cap. 2)

2. Aventura de los molinos de viento (I, cap. 8)

3. Encuentro nocturno con Maritomes en la venta (I, cap. 16) 4. La espantosa aventura de los batanes (I, cap. 20)

Curiosamente, dos de estas estampas, de estas aventuras, que no gozarán de mucho predicamento entre los ilustradores del Quijote, serán rescatadas por Diego de Obregón cuando adapte el modelo ico­ nográfico holandés —del que hablaremos más adelante- a suelo hispá­ nico: Madrid, a costa de María de Armenteros, 1674. En el programa iconográfico del pintor español, que sigue de cerca las propuestas de Jacob Savery y los grabados de Frederik Bouttats triunfantes en toda Europa desde su Holanda natal, se han suprimido algunas escenas -las más caballerescas- incorporándose, en cambio, otras, que inciden en la escatología y en la carcajada. Y aquí es donde se rescata la imagen que ilustra la comida de don Quijote en la venta y la aventura —espanta­ ble, en muchos aspectos- de los Batanes. Vale la pena que nos deten­ gamos un momento en este último episodio, paradigmático de la pri­ mera propuesta de lectura del Quijote a lo largo del siglo XVH.

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José Manuel Lucía Megas lncipít, ¿OCW-XXVI (2005-2006)

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Don Qygíote en ú: francia ifeísgú) XVII 395

no será así; las tres primeras —y únicas— ilustraciones-del episodio en el siglo XVII se decantarán por otro “momento” de la historia, el más escatológico.

Después de hacer efecto el “encantamiento" de Sancho Panza en Rocinante: “-Ea, señor, que el cielo, conmovido de mis lágrimas y plegarias, ha ordenado que no se pueda mover Rocinante; y si vos queréis porfiar y espolear y dalle, será enojar a la fortuna y dar coces, como dicen, contra el aguijón” (I, cap. 20, p. 177), y quedar amo y escudero, uno jinete y el otro a sus pies, toda la noche en vela; el uno esperando poder fin a su aventura y el otro muerto de miedo, se interrurnpen los cuentos y las charlas porque a Sancho “le vino en voluntad y deseo de hacer lo que otro no pudiera hacer por él”. Pero era tanto su miedo que no quiso apartarse ni un metro de su amo, por lo que, con muchos esfuerzos por no hacer ruido, consigue al fin hallarse libre de su carga a los mismos pies de don Quijote, y así lo cuenta Cervantes y así es representado por los primeros ilustradores alemán y español (láminas 2 y 3):

Mas como don Quijote tenia el sentido del olfato tan vivo como el de los oídos y Sancho estaba tan junto y cosido con él, que casi por línea recta subían los vapores hacia arriba, no se pudo escusar de que algunos no llegasen a sus narices; y apenas hubieron llegado, cuando él fire al socorro, apretándolas entre los dos dedos, y con tono algo gangoso, dijo:

—Paréceme, Sancho, que tienes mucho miedo.

-Sí tengo —respondió Sancho-, mas, ¿en qué lo echa de ver vuestra merced ahora más que nunca?

—En que ahora más que nunca hueles, y no a ámbar -respondió don Quijote.

-Bien podrá ser -dijo Sancho-, mas yo no tengo la culpa, sino vues­ tra merced, que me trae a deshoras y por estos no acostumbrados pasos.

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José Manuel Lucía Magia: lncipinACW-XJÜV! (2005-2006)

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Don Quijote en [a francia ¡{elsyía XVII 397

Lámina 3: Diego de Obregón (Madrid, 1674)

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José ManueÍLucía Mejía: IncipicLW-LÜVI (2005-2005)

De la jama‘; m]; _, m‘ aida aventura , que con mas poco bpehgra alzada d: fumo/b Cavalier-o en elmundo , como ¡a qu: aca

el vakrofia Dm {Ladron d: la Mancha.

6

Aventura de los batanes (I, cap. 20) Lámina 4: Anónimo (Madrid, 1735)

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Qon Quijote en [a francia afeísyío XVII 399

Risas y carcajadas de la mano de los Quijote: de surtido que seguirán triunfando en la lectura popular del Quijote por España; risas y carcajadas a partir de un episodio escatológico que es la lectura del texto Cervantino que triunfa en Europa en el siglo XVH.

Y no será el único episodio escatológico, mostrado en toda su crudeza y realismo, que se documente en este primer juego iconográfi­ co francés": un poco antes, en el capítulo 18, Don Quijote ha quedado malherido después de haber sido atacado por los pastores, que defen­ dían sus ovejas y carneros de la embestida de ese caballero extraño. Sancho lo ha visto todo desde una cuesta sin dejar de maldecír y de lamentarse. Al llegar a su amo, le encuentra “de muy mal arte, aunque no había perdido el juicio” (I, cap. 18, p. 162). Después de intentar, una vez más, convencer a su escudero que el hecho de que ahora los ejércitos parezcan ovejas y carneros se debe más a su mala fortima y al arte de los malos y envidiosos encantadores, don Quijote le ruega un último favor:

—Pero no vayas ahora, que he menester tu favor y ayuda; llégate a mí y mira cuántas muelas y dientes me faltan, que me parece que no me ha quedado ninguno en la boca. (idem).

Este es el momento elegido por los ilustradores en el siglo XVIII para acercarse a este episodio: así lo hará John Vanderbank en 1738 (lámina 6), Francis Hayman en 1755 (lámina 7) o Agustín Nava­ ¡ro en 1797-1798 (lámina 8).

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Josá Manueí Lucía Mcgías Incípit,XX'V-XX‘VI (2005-2006)

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Don Quijote y Sancho después del combate ' contra un ejército... de ovejas y Cameros Lámina 6: G. Vandergucht a partir de John Vanderbank

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Don Qyfiote en {a 9' tancia Jelsgb XVII 401

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402 Jose’ ManueíLucía Megas lncipíLXXV-XXVI (2005-2006)

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Don Quijote en [a [Francia tfelsyú: XVII 403

Pero no será este el momento elegido en la estampa francesa de Lagniet a la hora de representar la aventma, sino justo su consecuencia, en la que, como sucediera a la hora de ilustrar los batanes, se explicita en todo su esplendor las consecuencias del Bálsamo de Fierabrás:

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404 José Manuel Lucía Megas lncipiLXXV-XXV! (2005-2006)

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(25)

Don Quijote en {a francia afefsyfo XVII 405

Llegase Sancho tan cerca, que casi le metía los ojos en la boca, y fue a tiempo que ya había obrado el bálsamo en el estómago de don Quijote; y al tiempo que Sancho llegó a mirarle la boca, arrojó de sí, más recio que una escopeta, cuanto dentro tenía y dio con todo ello en las barbas del compasivo escudero.

—¡Santa María! -dijo Sancho-, ¿y qué es esto que me ha sucedido? Sin duda este pecador está herido de muerte, pues vomita sangre por la boca.

Pero, reparando un poco más en ello, echó de ver en la color, sabor y olor que no era sangre, sino el bálsamo de la alcuza que él le había visto beber; y fue tanto el asco que tomó, que, revolviéndosele el estómago, vomitó las tripas sobre su mismo señor, y quedaron en­ trambos como de perlas. (l, cap. 18, p. 163) (lámina 9)

Desconsuelo, tristeza y asco en las mismas proporciones. Car­ cajada del lector, como la del propio rucio en la estampa. Sólo en la visión del Quijote, más cercana a la lectura popular que a la más culta y canónica a partir del triunfo de la propuesta de la Real Academia Española de 1780, que se imprime en la Imprenta Real entre 1797 y 1798 en Madrid encontramos tma estampa que haya elegido igual momento para la ilustración del episodio (lámina lO).

La carcajada, la risa, el entretenimiento partiendo de las aventu­ ras menos caballerescas, en las que don Quijote —o Sancho Panza­ quedan más malpamdos, serán la base sobre la que se construye la lectura coetánea del Quijote en París, a mediados del siglo XVII. Risa, carcajadas que estarán presente en algimos espectadores y protagonis­ tas de las mismas estampas, verdaderos narratarios que esconden la clave -como un espejo- de las sonrisas y carcajadas de los lectores y espectadores coetáneos a estas imágenes. Y así, junto al rucio de Sancho que parecía relinchar como riéndose en el episodio anterior­ mente comentado, también aparecerán otros personajes que se mueren —casi literamente de risa- dentro de las estampas, fiel traducción de lo escrito por Cervantes: las rameras a la puerta de la venta, cuando se oyen hablar de doncellas en un lenguaje extraño y arcaico (lámina ll)"; las mismas doña Tolosa y doña Molinera cuando dan de comer

(26)

406 José Manueí Lucía Magia; Incipit, XXV-XXVI (2005-2006)

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408 José Manueí Lucía Megúu I ncnpit, HV-XXVI (2005-2005)

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13cm Qpfiote en [a francia Jeísyb XVII 409

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410 josé ManucíLucfa Megas‘ Incqrit, HV-HW! (2005-2006)

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Don Qyfiate en {a Francia Jefsyb XVII 4] 1

a don Quijote en la puerta (lámina 12)", cuando ven cómo vela las armas desde una ventana de la venta (lámina 13) o cuando le arman caballero (lámina 14)“, con esa Doña Molinera que mira directamente al espectador —aspecto éste al que Charles Antoine Coypel le sabrá sacar todo su partido para establecer un curioso diálogo con el espec­ tador (Lucía Megías, 2005a)-; o Maritomes y los demás huéspedes de la venta durante el manteamiento de Sancho Panza (lámina 15), un clásico en las representaciones de este episodio.

Esta lectura humorística y escatológica del Quijote se aprecia mucho más si se compara el programa iconográfico de Lagniet, el primero extenso, no lo olvidemos, con el programa iconográfico idea­ do por Jacob Savery para la primera edición ilustrada del. Quijote, publicada en Dordrecht en 1657, compuesto de 26 estampas, que será copiada parcialmente en Bruselas en 1662 (18 estampas), y ampliado hasta 34 en Amberes, entre 1672-1673, a la que se incorporan 16 nuevas grabadas por Frederick Bouttats, a partir de dibujos anónimos conservados en la Biblioteca Nacional de Madrid (Lucía Megías, 2005a), que se difundirán por toda Europa consolidando lo que he dado en llamar el modelo iconográfico holandés. En este primer mo­ delo, serán 16 las aventuras que se ilustrarán de la primera parte del Quijote. A estas estampas, hay que añadir el frontispicio, que marca ya una relación genérica muy estrecha con los libros de caballerías de entretenimiento, que es el género con que se relaciona este primer modelo iconográfico (lámina 16).

Al comparar este frontispicio con el de las Advantures parisinas se aprecia claramente los dos ámbitos de recepción en que sus autores están colocando sus respectivos productos editoriales: frente al

protagonismo de los personajes cervantinos en las estampas francesas,

‘5 “pero era materia de grande risa verle comer, porque, como tenía puesta la celada y alzada la visera, no podía poner nada en la boca con sus manos si otro no se lo daba y ponía; y así, una de aquellas señoras servia de este menester” (l, cap. 2, p. 40).

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412 José Manueí Lucía Magia; IncipiLXXG/JXVI (2005-2006)

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flan Qyfiote en ü: francia ¡{eísyío XVII 413

en los que destaca la presencia de Sancho Panza y de su rucio por encima de don Quijote y Rocinante, aspecto éste sobre que volveremos más adelante, en la estampa holandesa don Quijote aparece representa­ do como un verdadero caballero andante —jinete, con armadura, escudo y lanza-; sólo la bacía de barbero en la cabeza a modo de Yelmo de Marnbrino le diferencia de otras tantas representaciones de caballeros andantes en portadas de libros de caballerías, sin olvidar la presencia del escudero Sancho Panza, muy poco usual en este tipo de imaginario. Por encima de él, dentro de un lujoso medallón, la Princesa de La Mancha, la sin par Dulcinea del Toboso; y en los laterales, sus modelos literarios y vitales: Amadís de Gaula y Orlando; dos caballeros andantes, con armaduras —de tipo romano, como suele ser habitual en representa­ ciones iconográficas de la segunda mitad del siglo XVI; sólo hay que recordar la portada del Olivante de Laura, impresa en Barcelona en 1564 para encontrar modelos y vestimentas similares.

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414 José Manuel Lucía Mafia: I ncipit, XXV-XXVI (2005-2006)

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, cap. 22) : Jacob Savery (Dordrecht, 1657) Liberación de los galeotes (I

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4 l 6 Jose’ Manueí Lucía Magia: I ncipit, XXV-AÏXVI (2005-2006)

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Dan Quijote en [a francia ¡{eísyb XVII 417

Por su parte, Jacob Savery y Frederik Bouttats, en 1657 y en 1673, respectivamente, ofrecen una imagen bien diferente de este epi­ sodio (láminas 18-19).

Jacob Savery coloca en un primer plano a Sancho Panza mien­ tras ayuda a Ginés de Pasamonte y al resto de los galeotes a liberarse (“Ayudó Sancho por su parte a la soltura de Ginés de Pasamonte, que fue el primero que saltó en la campaña libre y desembarazado, y, arremetiendo al comisario caído, le quitó la espada y la escopeta”, I, cap. 22, p. 208), mientras que al fondo se aprecia la escena anterior, en la que don Quijote arremete contra el comisario, tirándole al suelo: “Y, diciendo y haciendo, arremetió con él tan presto, que, sin que tuviese lugar de ponerse en defensa, dio con él en el suelo, malherido de una lanzada; y avínole bien, que éste era el de la escopeta” (idem). Por su parte, F. Bouttats sitúan en un primer plano esta “victoria” caballeresca de don Quijote, apreciándose a continuación a Sancho Panza liberando a Ginés de Pasamonte, para dejar al final de la estam­ pa el que es el momento elegido por Jerome David para las ilustracio­ nes francesas: don Quijote y Sancho en el suelo, siendo apedreados por los recién liberados galeotes.

Y una última diferencia: en el programa iconográfico holandés, frente a lo que sucedía en el de París, sí que tiene cabida la ilustración de historias intercaladas, como la de Marcela y el entierro de Grisóstomo, la historia de Cardenio en Sierra Morena o el encuentro de los cuatro enamorados (Dorotea, Cardenio, Don Fernando y Luscinda) en la venta, con el fmal de sus íntrincadas y rocambolescas historias.

Se aprecia, asi, a partir del estudio comparado de ambos progra­ mas iconográficos, una distinta visión del Quijote, una lectura diferen­ te del texto cervantino. El Quijote, como libro de caballerías de entre­ tenimiento, seguramente uno de los mejores jamás escrito dada la calidad de su estilo, como muy bien supiera comprender Juan

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418 José Manuel Lucía Megías Inctpit, XXV-JCI?” (2005-2006)

y el Quijote, como obra cómica, que antes que limitarse a las formali­ dades caballerescas se abre a las posibilidades picarescas. No se olvi­ da que el Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán (con sus continua­ ciones), que el Buscón de Quevedo son obras que gozan de gran predicamento y éxito en el París de la época; sin olvidar tampoco que Jacques Lagniet también dirigió un proyecto similar al Quijote para ilustrar el Buscónz-por más que la publicación de las mismas las hicie­ ra otro editor-, así como las de las aventuras del truhán alemán del siglo XVI Till Eugenspiel.

3. Un panorama bien diferente se dibuja cuando se han de anali­ zar las estampas que ilustran episodios y aventuras de la segunda parte del Quijote, que se ha conservado en tres de los juegos de estampas conservadas, con las particularidades antes mencionadas de las estam­ pas de la Bibliothéque Nationale de France. El hecho de que en la Hispanic Society of America se conserve los dibujos originales de Jeróme David que ilustran la despedida de don Quijote y Sancho del Bachiller Sansón Carrasco y la aventura de los leones, hace pensar que en el programa inicial de Jacques Lagniet se pensó en la ilustra­ ción completa del Quijote en estampas sueltas, y no sólo de la primera parte. Seis son las estampas conservadas que ilustran episodios de la segunda parte del texto Cervantino, que ofrecen el siguiente programa iconográflco:

l. El ama, y la sobrina impiden a Sancho Panza entrar en su casa, mientras don Quijote habla con el cura y el barbero (II, caps. 1-2)

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Don Qygfote en [a francia! Jelsyía XVII 419

2. Sansón Carrasco a los pies de don Quijote ponderando su historia y sus hazañas caballerescas (II, cap. 3)

. Don Quijote y Sancho a los pies de Dulcinea del Toboso (Il,

cap. 10) .

4. Don Quijote y Sancho ante la Carreta de las Cortes de la

Muerte (II, cap. ll)

5. Conversación entre don Quijote y el Caballero del Bosque, acompañados de sus escuderos (II, cap. 14)

6. Aventura de los leones (II, cap. 17)

b)

Programa abierto que, seguramente, nunca llegó a completarse, aunque hasta el episodio de los leones podamos pensar en un programa iconográfico completo. Dicho en otras palabras: las seis estampas for­ marían parte de un programa iconográfico que quedó sin terminar, aun­ que hasta el momento se completaron las estampas ídeadas en un inicio y en todas ellas se mantiene la lectura humorística del Quijote que habíamos indicado con anterioridad, al tiempo que, una vez más, se aleja de las estampas del modelo iconográfico holandés, no tanto en el programa iconográfico, ampliado con la llegada de Sancho Panza a casa de don Quijote y la aparición del Bachiller Sansón Carrasco, como por el vínculo iconográfico que se establece entre el texto y la imagen. Un ejemplo valdrá para remarcar con algunas imágenes esta idea.

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420 Jose’ Marius! Lucía Mafia: lnciptt, XXV-ATI” (2005-2006)

Mas apenas dio lugar la claridad del dia para ver y diferenciar las cosas, cuando la primera que se ofreció a los ojos de Sancho Panza fue la nariz del escudero del Bosque, que era tan grande, que casi le hacia sombra a todo el cuerpo. Cuéntase, en efecto, que era de demasiada grandeza, corva en la mitad y toda llena de verrugas, de color amoratado, como de berenjena; bajábale dos dedos más abajo de la boca; cuya grandeza, color, verrugas y encorvamiento así le afeaban el rostro, que en viéndole Sancho comenzó a herir de pie y de mano, como niño con alferecía, y propuso en su corazón de dejarse dar docientas bofetadas antes que despertar la cólera para reñir con aquel vestigio. (II, cap. 14, pp. 650-651).

Y este miedo, tan cercano a las aventuras representadas por las estampas francesas de Lagniet y motivo de tantas carcajadas y de tantas bromas, es el que protagonizará la imagen que ilustre el episo­ dio, con un Sancho subido a un alcomoque, que no desea quedar solo junto al narigudo escudero, cuyas narices admiraron a don Quijote “tanto que le juzgó por algún monstruo o por hombre nuevo de aque­ llos que no se usan en el mundo” (II, cap. 14, p. 652) (lámina 20).

Muy diferente se presenta el momento representado por el jue­ go de estampas de la edición de Amberes de 1672, grabado por Frederik Bouttats (lámina 21). En un segundo plano, se aprecia las conversa­ ciones que escuderos y amos tienen por la noche; mientras que en primer plano, se muestra el momento preciso en que, fuera las másca­ ras de caballero y escudero noveles, don Quijote está a punto de matar a Sansón Carrasco, llevado por los consejos de Sancho Panza, nacidos del pánico, que no de la razón; muerte que no llega a producirse

gracias a las súplicas de Tomé Cecial:

Apenas le vio caído Sancho, cuando se deslizó del alcomoque y a toda priesa vino donde su señor estaba, el cual, apeándose de Roci­ nante, fue sobre el de los Espejos y, quitándole las lazadas del yelmo para ver si era muerto y para que le diese el aire si acaso estaba vivo, y vio... ¿Quién podrá decir lo que vio, sin causar admiración, mara­ villa y espanto a los que lo oyeren? Vio, dice la historia, el rostro mismo, la misma figura, el mismo aspecto, la misma fisonomía, la misma efigie, la perspectiva misma del bachiller Sansón Carrasco; y así como la vio, en altas voces dijo:

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Don Qyfiote en E: francia Jeísgb XVI! 42]

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422 José Manueí Lucía Magna: 1 ncgvit, XXV-XXVI (2005-2006)

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Don Qpgfote en [a {francia ¡{eísgía XVII 423

Llegó Sancho, y como vio el rostro del bachiller Carrasco, comenzó a hacerse mil cruces y a santiguarse otras tantas. En todo esto no daba muestras de estar vivo el derribado caballero, y Sancho dijo a

don Quijote: _

—Soy de parecer, señor mio, que, por sí o por no, vuesa merced hinque y meta la espada por la boca a este que parece el bachiller Sansón Carrasco: quizá matará en él a alguno de sus enemigos los

encantadores. V

-No dices mal -dijo don Quijote—, porque de los enemigos, los menos. (II, cap. 14, p. 654).

¡Lejos todavía estamos, desde esta perspectiva humorística (las estampas de Lagniet) o caballeresca (modelo iconográfico holandés) de la visión cortesana del Quijote que triunfará en Europa durante el siglo XVIII, de la mano del pintor Charles Antoine Coypell, que re­ presenta esta misma escena y este mismo momento con tonos y mati­ ces bien diferentes (lámina 22).

4. Volvamos al inicio, a la portada de Les Advantures du fameux chevalier Dom Quixot de la Manche et de Sancho Pansa son escuyer (lámina 23).

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424 Jose’ Manucí Lucía Magia: lncipiLXXV-XXVI (2005-2006)

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Don Quijote en ú: francia tíeísgío XVII 425

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Lámina 23: Portada: Jacques Lagniet a partir de dibujo de Jeróme David (Paris, 1650-1652)

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426 José Manueí Lucía Magia; lncípit, XXV-XXVI (2005-2006)

protagonizar su propio libro. Pero no habrá que irse tan lejos para apreciar el favor que le dispensan a Sancho Panza los lectores de su época. Sólo tenemos que comparar el diferente tratamiento —y de ahí, la manera tan diversa de entender los personajes y su personalidad­ que Jerome David ha dado a la vuelta de don Quijote y Sancho al final de su segunda salida, para poder poner imagen a cómo se entendían y veían a ambos personajes en la Francia del momento (láminas 24-25).

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Dan Quijote en [a {Francia Jcísgb XVII 427

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428 José Manuel Luck Magia: Incipit, XXV-XXVI (2005-2006)

señoras alzaron, las bofetadas que se dieron, las maldiciones que de nuevo echaron a los malditos libros de caballerías, todo lo cual se renovó cuando vieron entrar a don Quijote por sus puertas” (I, cap. 52, p. 527). Don Quijote es la imagen de la derrota; su locura, por más que a sus ojos sea heroica y a las de sus lectores coetáneos cómica, es fuente de sufrimiento para las personas que más le quieren y más cerca se encuentran de él: su sobrina y el ama. Muy diferente es la reacción de mujer e hijos de Sancho Panza: alegria de la llegada y satisfacción por las promesas de “otras cosas de más momento y ° consideración”, sin olvidar el inicio del diálogo en que la mujer de Sancho Panza, nada- más verle “lo primero que le pregimtó fue por ver si venía bueno el asno. Sancho respondió que venía mejor que su amo” (I, cap. 52, p. 527). Iguales aventuras; casi idéntica locura, pero es resultado se presenta bien diferente: la risa sana, la carcajada a la espera de ver las reacciones, a veces muy poco “decorosas” del escu­ dero y de todos ‘aquellos que con él se encuentran.

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flan Qjtfiote en [a francia íeísyla XVII 429

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Sancho intenta entrar en casa de don Quijote (H, cap. 2) Lámina 26: Jacques Lagniet a partir de dibujo de Jerome David

(Paris, 1650-1652)

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430 José Manuel Lucía Magia; lncipitJfxï/JJÜV! (2005-2006)

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17m Quyote en [a francia Jeísyfa XVII 431

-¿Qué quiere este mostrenco en esta casa? Idos a la vuestra, herrna­ no, que vos sois, y no otro, el que destrae y sonsaca a mi señor y le lleva por esos andurriales.

A lo que Sancho respondió:

—Ama de Satanás, el sonsacado y el destraído y el llevado por esos andurriales soy yo, que no tu amo: él me llevó por esos mundos, y vosotras os engañáis en la mitad del justo precio; él me sacó de mi casa con engañifas, prometiéndome una ínsula que hasta ahora la espero.

-Malas insulas te ahoguen —respondió la sobrina—, Sancho maldito. ¿Y qué son ínsulas? ¿Es algtma cosa de comer, golosazo, comilón que tú eres?

—No es de comer —replicó Sancho—, sino de gobemar y regir mejor que cuatro ciudades y que cuatro alcaldes de corte.

—Con todo eso —dijo el ama—, no entraréis acá, saco de maldades y costal de malicias. Id a gobemar vuestra casa y a labrar vuestros pegujares, y dejaos de pretender ínsulas ni ínsulos. (II, cap. 2, p. 561).

Francis Hayman, por su parte, se ha decantado por concederle toda la relevancia al momento protagonizado por Sancho Panza, apa­ reciendo Don Quijote, el cura y el barbero por la puerta, mientras sobrina y ama intentan impedir el paso al escudero; gritos, blasfemias y lamentaciones a las que se unen los ladridos del perro (lámina 28).

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432 Jose’ Manueí Lucía Megúu IncipitJOÚV-XXVI (2005-2006)

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Don Quijote en [a francia ¡{eísyía XVII 433

holandés, mucho más caballeresca, más universal, que triunfaba en toda Europa, con copias más o menos fidedignas, con imitaciones más o menos cercanas a la lectura original, en todas las lenguas y centros editoriales: español (Madrid, 1674), italiano (Roma, 1677), francés (París, 1681), alemán (Basel, Frankfuert, 1682), inglés (Londres, i700)... sin olvidar esa particular lectura que ofrece un anónimo gra­ bador en la edición londinense de 1687.

Isla fascinante por su originalidad. Ya hemos visto cómo la lectura cómica del Quijote es la triunfante de los primeros años de la difusión del Quijote. En este punto, no se ha de buscar la originalidad de la propuesta iconográfica —y de recepción- de las estampas fiance­ sas. Si en cambio, en la elección de episodios y de detalles que serán muy pocos transitados por la iconografia quijotesca en sus más de trescientos años de experimentación y de éxito, con casi quinientas ediciones ilustradas a sus espaldas. De algunos ya hemos hablado en las páginas precedentes; ahora quisiera detenerme en otras dos.

Habrá que esperar hasta la edición ilustrada a partir de los dibu­ jos de Tony Johannot, impresa en Paris en 1836 y 1837 para encontrar de nuevo ilustrado el episodio de la paliza que reciben don Quijote, Sancho y Rocinante a manos de los yangüeses, después que el caballo hubiera intentando tener algo más que rebuznos con unas yeguas ga­ llegas que estaban tranquilamente pastando en el prado (lámina 29):

Sucedió, pues, que a Rocinante le vino en deseo de refocilarse con las señoras facas, y saliendo, así como las olió, de su natural paso y costumbre, sin pedir licencia a su dueño, tomó un trotico algo pica­ dillo y se fue a comunicar su necesidad con ellas. Mas ellas, que, a lo que pareció, debían de tener más gana de pacer que de ál, recibiéronle con las herraduras y con los dientes, de tal manera, que a poco espacio se le rompieron las cinchas, y quedó sin silla, en pelota. Pero lo que él debió más de sentir fue que, viendo los arrie­ ros la fiierza que a sus yeguas se les hacía, acudieron con estacas, y tantos palos le dieron, que le derribaron malparado en el suelo. (I, cap. 15, p. 131).

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434 José Manueí Lucía Megas ¡ncipígHV-ADVV! (2005-2006)

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Dan Quijote en 6: ¿francia ¡{eísgía XVII 435

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Lámina 30: Don Quijote y Sancho en Sierra Morena: Jacques Lagniet a partir de Jeróme David (Paris, 1650-1652)

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436 José Manueí Lucía Magia: lncrpit, XXV-XXVI (2005-2005)

siempre, casi muertos en el suelo.

En otras ocasiones, la genialidad de esta isla iconográñca, como son las estampas francesas de Lagniet, se aprecia en un detalle, como puede comprobarse en estampa que representa la penitencia de don Quijote en Sierra Morena (lámina 30), justo el momento de dar las volteretas en el aire “descubriendo cosas que, por no verlas otra vez, volvió Sancho la rienda a Rocinante y se dio por contento y satisfecho de que podia jurar que su amo quedaba loco” (I, cap. 25, p. 248).

En medio de la escena, en el hueco que queda entre los persona­ jes, Jeróme David ha situado la mula muerta de Cardenio: “la mulle de

Cardenio”, de la que hablará Cardenio al cura y al barbero en el

capitulo 27: “Luego me encaminé a ella, con intención de acabar aquí la vida, y, en entrando por estas asperezas, del cansancio y de la hambre se cayó mi mula muerta, o, lo que yo más creo, por desechar de sí tan inútil carga como en mí llevaba.” (I, cap. 27, p. 272), y que debieron haber encontrado don Quijote y Sancho en el capítulo 23, cuando se adentran por Sierra Morena para huir de la Santa Herman­ dad después de haber liberado a los galeotes. Sólo en la propuesta genial de Jacob Harrewyn, publicada en Bruselas en 1706 volveremos a ver aparecer esta escena, en una de las espléndidas estampas múlti­ ples a las que nos tiene acostumbrado. En primer plano, se ilustra el ataque de locura de Cardenio y los golpes que propina tanto a Don Quijote como a Sancho Panza (lámina 3 l). Este motivo, ausente de la iconografia quijotesca casi en su totalidad —a excepción de la edición ilustrada por Tony Johannot de 1836-1837, con más de 800 viñetas, con lo que no hay episodio o tema del Quijote que no haya pasado por su imaginación, se volverá materia obsesiva de la mano de uno de los pintores más personales del siglo XIX: Honoré Daumier.

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Don Quffote en [a ¿francia ¡{eísgío ¡(‘VII

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438 Jose’ Manuel Lucía Magia: lncipit, XXV-XXVI (2005-2006)

1605 triunfó en Francia y que lo seguirá haciendo cientos de años después, como así lo pone de manifiesto el artículo dedicado al Quijo­ te en la Encyclopédie de Denis Diderot y Jean Le Rond d’Alembert, que retoma visiones antiguas a las que se superpone las nuevas del siglo XVIII, las que van convirtiendo, poco a poco, el Quijote en un clásico, una mina de diversión y alegrías, tal y como lo hoy lo segui­ mos viendo y leyendo:

Don Quijote, obra incomparable por la belleza del estilo, la justeza del espíritu, la finura del gusto, la delicadeza de los pensamientos, la elección de los incidentes, y la fina chanza que reina de un extremo a otro. Don Quijote muestra en su persona a un loco realmente heroico, que, al imaginarse que muchas de las cosas que ve se pare­ cen a las aventuras que ha leído, se mete en empresas gloriosas en su opinión, y locas en las de los demás. Se ve al mismo tiempo a este heroico caballero razonar con gran sabiduría cuando no sufre ningún acceso de locura. La simpleza de Sancho Panza es de una comicidad que a nadie aburre. Siempre habla como debe hablar y actúa siempre en consecuencia.

Para que la historia de un caballero andante no fatigue al lector por la repetición tediosa de las aventuras de una misma especie, lo que no puede dejar de ocurrir si sólo se trata de encuentros extravagan­ tes, Cervantes incluye en su novela episodios diversos, cuyos inci­ dentes son siempre nuevos y verosímiles. Todos esos episodios, ex­ cepto dos, a saber, La Historia del cautivo y la Novela del Curioso Impertinente, están engastados en la propia fábula, lo que indica un gran arte. El estilo es el apropiado al carácter de los personajes y de los sujetos. Don Quijote es puro, tiemo, natural, justo y tan correcto que hay pocos autores españoles que puedan igualarse a Cervantes a este respecto. Ha llevado tan lejos el estudio que emplea viejas palabras para expresar mejor las viejas cosas. En fin, los razona­ mientos están llenos de ingenio, el nudo está hábilmente oculto, y el desenlace es afortunado [. . .].

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Dari Quijote en la francia deísyfa XVII 439

Referencias bibliográficas

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Referencias

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