FACU LTA D DE HUMANI DAD ES Y CIE NC IA S D E LA E DUC ACIÓN FACU LTA D DE HUMANI DAD ES Y CIE NC IA S D E LA E DUC ACIÓN
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NIVERSIDAD DEJ
AÉNFacultad de Humanidades y Ciencias de la Educación
Trabajo Fin de Grado
REVISIÓN BIBLIOGRÁFICA DE LA APLICACIÓN DE LA TERAPIA DE ACEPTACIÓN Y
COMPROMISO (ACT) EN INDIVIDUOS CON IDEACIÓN SUICIDA
Alumno/a: Javier López Capilla
Tutor/a: Prof. D. Miguel Rodríguez Valverde Dpto.: Psicología, Área de Personalidad,
Evaluación y Tratamiento Psicológico
Junio, 2021
ÍNDICE
1. Resumen………. …3
2. Introducción………... 4
2.1 Suicidio………4
2.1.1 Una visión global………...4
2.1.2 Algunas cifras sobre el suicidio………..7
2.1.3 Prevención e intervención psicológica estándar para suicidio………8
2.2 Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT)………..9
2.2.1 Evitación experiencial y procesos verbales en el individuo suicida…………9
2.2.2 Conceptualización según ACT del comportamiento suicida………..11
3. Metodología………....14
3.1 Búsqueda bibliográfica………14
3.2 Criterios de inclusión de artículos………...15
4. Revisión de estudios………17
4.1 Estudios Experimentales basados en ACT………...17
4.2 Estudios que presentan la flexibilidad/inflexibilidad psicológica como moderador…21 5. Conclusiones………24
6. Referencias bibliográficas……….….25
1.RESUMEN
El suicidio es un problema actual de salud mental que, según la OMS, afecta a 800.000 personas al año. Desde la psicología se han propuesto diversas intervenciones para intentar abordar esta problemática, algunas han tenido resultados, como la Terapia Cognitivo-Conductual o la Terapia Conductual Dialéctica, aunque no de manera consistente. La Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), en las últimas décadas, ha aumentado sus propuestas para el abordaje de la problemática suicida. En este trabajo, se revisa sistemáticamente la bibliografía acerca de ACT y su intervención en el suicidio (N=12), en concreto, en las ideas suicidas que preceden al comportamiento suicida, y se informa del papel moderador de la flexibilidad psicológica en esta temática. Mediante este trabajo, se concluye que, aunque los resultados parecen aportar información de que la intervención con ACT puede ser beneficiosa, todavía se necesita investigar más en la temática, realizando mejores controles en los estudios.
Palabras clave: Terapia de Aceptación y Compromiso, ideación suicida, flexibilidad psicológica y revisión sistemática.
ABSTRACT
Suicide is a current mental health problem that affects 800,000 humans, according to the WHO.
From psychology, various interventions have been proposed to try to address this problem, some have had results, such as Cognitive-Behavioral Therapy or Dialectical Behavioral Therapy, although not consistently. Acceptance and Commitment Therapy (ACT), in recent decades, has increased its proposals for addressing suicidal problems. In this work, the bibliography about ACT and its intervention in suicide (N = 12) is systematically reviewed, specifically, in suicidal ideas that precede suicidal behavior, and the moderating role of psychological flexibility in this topic is reported . Through this work, it is concluded that, although the results seem to provide information that the intervention with ACT may be beneficial, more research is still needed on the subject, carrying out better controls in the studies.
Keywords: Acceptance and Commitment Therapy, suicidal ideation, psychological flexibility and systematic review.
2. INTRODUCCIÓN 2.1 Suicidio
El significado de la palabra suicidio, proviene etimológicamente de sui (uno mismo) y caedere (matar). Durkheim (1897), en su obra “El suicidio” lo define como: “Todo caso de muerte que resulta directa o indirectamente de un acto positivo o negativo realizado por la víctima misma y que, según ella, debía producir este resultado”. Este mismo autor, fue el primero que consideró el suicidio como un hecho social producto de factores externos al individuo (Durkheim, 1897 citado en Pedro-Cuesta et al., 2018, p.121).
Sin embargo, el resultado no tiene por qué ser siempre la muerte, por lo que, en 1969, Kreitman introduce el término de parasuicidio para referirse a “aquellas lesiones autoinflingidas, no mortales, independientes del grado de letalidad de las mismas y sin intención letal al cometerlas” (Kreitman et al., 1969 citado en Pedro-Cuesta et al., 2018, p.121).
Un concepto más actual para definir el suicidio o comportamiento suicida podría ser el ofrecido por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Según esta, la conducta suicida se refiere a una variedad de comportamientos que incluyen, pensar en el suicidio, planificar el suicidio, llevar a cabo un intento de suicidio y realizar el suicidio consumado o suicidarse (Organización Mundial de la Salud [OMS], 2014).
2.1.1 Una visión global
Existen multitud de modelos que intentan darle explicación a las causas complejas y multifactoriales del suicidio. Estos modelos, se centran en ámbitos explicativos como el psicológico, psiquiátrico o social (Wasserman & Sklodowsky, 2016). Entre los modelos existentes, podemos destacar, el modelo de estrés-diátesis (Waternaux et al., 1999 citado en Aranguren, 2009, p. 25), el modelo volitivo de comportamiento suicida (O’Connor, 2011) y la teoría interpersonal del suicidio (Van Orden et al., 2010).
El modelo estrés-diátesis hace referencia a una multicausalidad del riesgo suicida, que vendría dada por la interacción continua de los factores genéticos y el ambiente (Waternaux et al., 1999 citado en Aranguren, 2009, p.25). En especial, el factor genético cobra una gran relevancia en este modelo. Estos autores, sostienen que la agresividad y cierta propensión a externalizarla estaría relacionada con la aparición de conductas suicidas, además, esta propensión a externalizar la agresividad vendría heredada genéticamente. Así, los autores
destacan la presencia de un patrón caracterizado por la impulsividad y la agresividad que tendría relación con el origen de las conductas suicidas, aunque también advierten de la presencia de otros factores como pueden ser, un traumatismo craneal, alcoholismo o abuso de sustancias entre otros. El modelo volitivo de comportamiento suicida (IMV) de O’Connor (2011), consta de 3 fases (fase premotivacional, motivacional y volitiva) en función de su implicación con la ideación suicida. La fase premotivacional se compone de variables que actúan aumentando el riesgo suicida a través de la influencia que ejercen sobre los elementos de la fase motivacional y volitiva. Estas variables serían: eventos de la vida, contexto, diferencias individuales, etc. La fase motivacional, se compone de la percepción de derrota y la percepción de atrapamiento. Debido a algunas situaciones vitales, se puede desarrollar en la persona una percepción derrotista, de la que intenta buscar una salida o escape pero, si este escape no llega, esa percepción puede derivar en una sensación de “estar atrapado”, condición idónea para que se produzcan los pensamientos e ideas de suicidio. Por último, la transición entre ideación y acción suicida se produce en la fase volitiva. El eje central del modelo es la fase motivacional, ya que es donde se produce el desarrollo de los primeros pensamientos suicidas. Y, por último, la teoría interpersonal del suicidio (IPTS) (Van Orden et al., 2010), es una teoría que se enfoca en los factores psicosociales que contribuyen al suicidio. Esta teoría sostiene que el deseo de morir comienza a desarrollarse como consecuencia de una “carga percibida” (sentirse carga para los demás) y una “pertenencia frustrada” (sentirse privado de las relaciones de cuidado mutuo). Según esta teoría, estos dos tipos de sensaciones son suficientes para que se produzca el deseo de muerte en un individuo. Estas sensaciones, suelen surgir como respuesta a factores estresantes que amenacen las necesidades interpersonales como pueden ser la falta de recursos o en un caso más actual, la pandemia de Covid-19. En conjunto, todos los modelos pueden complementarse con el objetivo de una mejor comprensión de la comunicación de indicios suicidas entre el individuo suicida y su familia u otras personas de apoyo (Wasserman, 2016).
Un hecho que resulta sorprendente es lo comunes que son los pensamientos, impulsos y comportamientos suicidas en la población general (Heron et al., 2009). La ideación suicida abarca un amplio abanico de pensamientos, desde cogniciones leves sobre la muerte hasta planes elaborados y específicos para acabar con la vida (Brent et al., 1986). Asimismo, mientras que la mayoría de los individuos que experimentan ideas suicidas no intentan o no llevan a cabo el suicidio, estos pensamientos están asociados con la probabilidad de que ocurra un intento (Lewinsohn et al., 1994). Por lo que, debido a que la ideación suicida puede preceder al suicidio, individuos que presenten una ideación grave deben ser considerados en riesgo alto de actuación
de acuerdo con sus pensamientos (Pinto et al., 1997). La inclusión de ideación en la conducta suicida es un tema sobre el que existe un gran debate, aunque finalmente, se acaba incluyendo la ideación suicida dentro de la conducta suicida con el objetivo de simplificar la información al respecto (OMS, 2014).
El comportamiento suicida presenta tanto factores de riesgo como factores protectores.
(OMS, 2012). Especificando un poco más, entre los principales factores que se han establecido como de riesgo de suicidio, se encuentran el consumo abusivo de sustancias (Mean et al., 2005), un historial de abuso en la infancia, ya sea de tipo físico o sexual (Pedro-Cuesta et al., 2018), los problemas en las relaciones sociales (Helliwell, 2007), los trastornos de ansiedad (Sareen et al., 2005), los trastornos afectivos (Moscicki, 2001), las enfermedades somáticas crónicas (Nordentoft, 2007), la disposición de medios para llevar a cabo el suicidio accesibles (OMS, 2012), la sensación de desesperanza, la existencia de intentos de suicidio previos, encontrarse institucionalizado (Nordentoft, 2007), y, también se han encontrado algunos factores relacionados con problemas en la salud física (Tang & Crane, 2006). Debido a la cantidad de vías que pueden conducir a los comportamientos suicidas, el desarrollo de estrategias de intervención clínica efectivas se presenta como un gran desafío (Bertolote et al., 2004).
Por otro lado, existen factores protectores que pueden reducir la predisposición de un individuo a plantearse la posibilidad del suicidio como de llevarlo a cabo. Entre ellos, podemos destacar el aumento de la resiliencia, factores individuales como la autoconfianza, estar abierto a la experiencia, la capacidad para pedir ayuda, factores relacionados con el apoyo social (ya sea en el ámbito familiar o en las amistades), la integración en grupos sociales (culturales, deportivos, religiosos…) o factores como tener un estilo de vida saludable (OMS, 2014 citado en Pedro-Cuesta et al., 2018, p.121-122).
El suicidio constituye un gran problema de salud pública a nivel mundial, ya que, según la OMS, cada año se producen, aproximadamente, unas 800.000 muertes por suicidio (OMS, 2014), y se estimó que para el año 2020 habría contribuido a más del 2% de la carga de enfermedad a nivel mundial (OMS, 2012). A pesar de esto, se ha mostrado evidencia de que el suicidio es un comportamiento potencialmente prevenible (OMS, 2014). Por ejemplo, algunas terapias psicológicas como la Terapia Conductual Dialéctica han mostrado cierta evidencia de su efecto potencial en esta problemática (Mehlum et al., 2014). Tanto es el impacto que presenta el suicidio a nivel global que, en el año 2013, la OMS creó el primer Plan de Acción sobre Salud Mental donde la prevención del suicidio es una de las partes integrantes del mismo. Este
plan abarcó los años 2013-2020, donde la reducción del suicidio fue uno de los objetivos, planteando reducir las tasas de suicidio en un 10% (OMS, 2014).
2.1.2 Algunas cifras sobre el suicidio
En general, las muertes por suicidio en España aumentan con la edad, pero en poblaciones adultas no representa una de las causas principales de muerte, en cambio, en poblaciones jóvenes sí constituye una de las principales causas de mortalidad (Pedro-Cuesta et al., 2018). De hecho, en el año 2017, en el grupo de edad de 25 a 44 años, el suicidio fue la primera causa de muerte, por delante de los accidentes de tráfico, según el Instituto Nacional de Estadística (INE). Durante el periodo 2011-2015, se registraron un total de 17.855 muertes por suicidio, en concreto, 13.502 procedían de hombres y 4.353 de mujeres, siendo la media anual para estos años de 3.751 muertes por suicidio. Respecto a los datos a nivel internacional, España presenta unas tasas de mortalidad más bajas, siendo la mortalidad por suicidio de 9,03 por cada 100.000 habitantes en el territorio nacional (Pedro-Cuesta et al., 2018) y a nivel internacional la mortalidad por suicidio se sitúa en 11,4 por cada 100.000 habitantes (OMS, 2014).
Debido a que, en España una de las principales causas de muerte en población joven es el suicidio, un indicador que puede aportar información relevante son los años potenciales de vida perdidos (APVP). Los APVP permiten una mejor apreciación del impacto de la muerte a edades tempranas, en concreto, durante el periodo 2011-2015 el suicidio fue la causa de 6,6%
de los APVP en hombres y 4,4% en mujeres, por detrás sólo de enfermedades como el cáncer de pulmón o de mama y la isquemia cardíaca (Pedro-Cuesta et al., 2018).
Figura 1. Defunciones según causa de muerte en España (2017). Edad: 25-44 años. Datos: tanto por cien mil.
Elaboración propia. Fuente: Instituto Nacional de Estadística (INE)
2.1.3 Prevención e intervención psicológica estándar para suicidio
Debido a la magnitud que presentan los datos sobre las defunciones por suicidio, se hace preciso comentar las diferentes estrategias que se utilizan en las intervenciones relacionadas con la salud pública. En relación con este aspecto, la OMS recomienda que los programas nacionales de prevención del suicidio mantengan un enfoque multinivel, consistente en la integración de diferentes enfoques de prevención del suicidio, entre ellos, el psicológico (OMS, 2014). Estos programas han recibido mucho apoyo en la literatura, pero, en general, se sabe poco acerca del impacto que tienen en las tasas de suicidio (Scott & Guo, 2012).
Entre las estrategias que se han incorporado en los planes nacionales de prevención del suicidio, podemos encontrar (Platt et al., 2020): 1) Restricciones al acceso a métodos de suicidio comúnmente utilizados, estas limitaciones suelen dar a las personas más tiempo para reconsiderar y potencialmente cambiar su curso de acción (OMS, 2014); 2) Legislación sobre armas, ya que la disponibilidad de armas de fuego en los hogares aumenta su uso en suicidios (Zalsman et al., 2016); 3) Intervenciones estructurales para reducir el acceso a puentes, edificios altos o estaciones de tren, según el informe de la OMS, este tipo de intervenciones son eficaces en la prevención del acto suicida (OMS, 2014); 4) Restricción en el acceso a determinados agentes farmacológicos (Scott & Guo, 2012); 5) Capacitación de médicos de atención primaria, con el objetivo de mejorar el reconocimiento, por parte del personal de atención primaria, de la depresión y el riesgo de suicidio como elemento clave del suicidio (Mann et al., 2005); 6) Servicios telefónicos de prevención del suicidio. Algunos estudios como el de (Gould et al., 2007) han demostrado que se produjeron reducciones en la desesperanza y el dolor psicológico a corto plazo después de realizar una llamada (entre 3 semanas y 3 meses), aunque debido a la falta de evaluación, no existe una asociación concluyente con la reducción de las tasas de suicidio (OMS, 2014); 7) Intervenciones farmacológicas, algunos metaanálisis (Cipriani et al., 2013) muestran alguna evidencia acerca de la efectividad del Litio aunque los beneficios no son del todo claros; 8) Intervenciones psicoterapéuticas. En este apartado, debido a la relevancia para el trabajo actual, se procederá con una mayor extensión. Desde la psicología, los tratamientos con mayor eficacia son los que trabajan el cambio de comportamiento, la mejora de las habilidades y el fortalecimiento de los vínculos (Cha et al., 2018). Entre las terapias que presentan mayor evidencia, encontramos la Terapia Cognitivo Conductual Integrada (I-CBT), que combina técnicas de terapia cognitivo conductual con componentes educativos para padres (Esposito-Smythers et al., 2011). La Terapia Familiar basada en el
Apego, presenta como objetivo mejorar la calidad de los vínculos de apego (Diamond et al., 2010). La evidencia acerca de estas dos terapias, nos sugiere que ambas presentan efectos positivos de postintervención inmediatos y a corto plazo en comparación con un grupo control.
También se encontró que la terapia familiar basada en el apego, era superior a un control activo para reducir la ideación suicida, y las diferencias se mantuvieron durante 6 meses (Diamond et al., 2010). Otro tipo de terapias que nos ofrece evidencia de disminución del riesgo de suicidio es, la Terapia Conductual Dialéctica (DBT), una terapia enfocada en el fortalecimiento de las habilidades interpersonales, atención plena, tolerancia al estrés y regulación de las emociones (Miller et al., 1997). La evidencia muestra que, DBT presenta superioridad a una condición de control activo para reducir la gravedad de la ideación suicida entre jóvenes en el transcurso del tratamiento (Mehlum et al., 2014), y a largo plazo, esta terapia ha mostrado reducciones en cuanto a las autolesiones, pero no en cuanto a la ideación suicida (Mehlum et al., 2016).
Es de vital importancia la intervención psicológica en estas ideas y conductas suicidas, ya que, existe evidencia acerca de que las intervenciones psicológicas pueden reducir el riesgo potencial de suicidio (Miller et al., 1997) y, además, son comunes los trastornos psicológicos, como depresión o ansiedad, en adolescentes que intentan el suicidio (Bridge et al., 2006), aunque también podría aparecer en algún individuo sin diagnóstico psicológico (Chiles &
Stroshal., 2005).
2.2 Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT)
Siguiendo el hilo de terapias que pueden ser útiles en la intervención en individuos en riesgo de suicidio o que presenten ideas suicidas, y perteneciendo también como la DBT a un grupo de terapias llamadas de “tercera ola”, cabe nombrar la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) (Hayes et al., 1999; 2011). ACT es una terapia de carácter contextual- funcional, que se fundamenta en los procesos verbales diferenciales según la Teoría del Marco Relacional (TMR) (Luciano, 2016) y, además, agrupa los problemas de salud mental en torno a un patrón de evitación de experiencias, por lo que es considerada como un modelo transdiagnóstico (Hayes et al., 2015).
2.2.1 Evitación experiencial y procesos verbales en el individuo suicida
ACT asume que los problemas de las personas están centrados en su historial personal en relación a cómo han aprendido a reaccionar ante los pensamientos y emociones (Luciano, 2016). Esta terapia, entiende estos pensamientos como procesos verbales, partiendo de su
fundamento en la TMR y, a su vez, estos procesos verbales tienen un soporte en las reglas. Los humanos funcionamos formulando y entendiendo reglas sobre la base de que somos seres que utilizan el lenguaje, un tipo de comportamiento complejo característico del humano.
Aprendemos a formular reglas sobre nosotros mismos y sobre nuestro entorno e incluso, formulamos reglas acerca de nuestra propia conducta, llegando al punto de que lo que sentimos y pensamos y las reglas establecidas sobre ello, pueden influir en otras conductas (Luciano, 2016). De este modo, si ante un evento que nos genera tristeza decidimos evitar y huir, y esto se convierte en un patrón de comportamiento, estas reglas establecidas sobre la tristeza y nuestro comportamiento pueden desconectarnos de realizar acciones que merezcan la pena y nos proporcionen emociones positivas (Luciano, 2016).
El hecho de que los seres humanos sean seres verbales, ha supuesto una multitud de ventajas que han hecho que pueda llegar a la cúspide de los seres vivos, pero, también tiene aspectos negativos. Algunos autores como Hayes (Hayes et al., 1996) establecen que la génesis de los problemas psicológicos se ubicaría en: 1) Las características bidireccionales de nuestra conducta verbal, sumado a, 2) la valoración positiva o negativa de las cosas/estados/eventos en general, 3) la necesidad de dar/tener razones para comportarse, como pensamientos o sentimientos, 4) y del empeño de control de esas razones para lograr el “paraíso” de la idea socialmente formada de “ser feliz en la vida” (Luciano, 2001).
Este componente verbal característico del humano puede originar sufrimiento al traer recuerdos al presente o, cuando por derivación de funciones, se sufre en nuevas situaciones o se sufre más en situaciones en las que se sufría menos, o se sufre menos en situaciones en las que se sufría más. Otra forma de originar sufrimiento se da al permitirnos comparar dónde está uno y dónde quisiera estar, o quién es y quién le gustaría ser, o, también, cuando ocurre un suceso directamente valorado como “negativo”, de tal modo, que su presencia, recuerdo o la posibilidad de que suceda produce un gran sufrimiento (Luciano, 2001). De esta forma, el sufrimiento psicológico de gran parte de nuestra cultura occidental, estaría provocado por un
“patrón persistente de evitación para controlar la función verbal aversiva de los eventos privados”. Una persona atrapada en este patrón, estaría sumergida en un círculo vicioso en el que ante la presencia de pensamientos/emociones desagradables, se produciría la necesidad de eliminar tales sensaciones, en función de su aprendizaje vital (Luciano, 2001). De esta forma, pensar, planificar o intentar el suicidio puede verse como una manera de escapar del sufrimiento de hacer frente a determinadas experiencias dolorosas para el individuo suicida, y, esta forma de afrontamiento puede ser más probable para aquellos individuos que presenten una baja
tolerancia a la angustia o una baja capacidad para sobrellevar una situación difícil. En este contexto, el suicidio, podría verse como una forma extrema de evitación experiencial (Chiles
& Stroshal, 2005).
Cuando esta estrategia de afrontamiento se convierte en el patrón dominante en un individuo, ya sea en su forma extrema como el suicidio (Chiles & Stroshal, 2005) o mediante la evitación experiencial de vivencias emocionales desagradables, se producirían lo que se denomina problemas psicológicos o de salud mental (ej: ansiedad, depresión o ideas suicidas), que funcionalmente se han agrupado como “Trastorno de Evitación Experiencial (TEE)”
(Luciano & Hayes, 2001).
2.2.2 Conceptualización según ACT del comportamiento suicida
ACT es un modelo que aborda específicamente el TEE (Hayes et al., 2011). Esta terapia conceptualiza la flexibilidad psicológica como una forma de intervenir en los patrones evitativos, reduciendo el impacto de los eventos emocionales dolorosos en el sufrimiento psicológico (Hayes et al., 1999). La flexibilidad psicológica, podría definirse como: la capacidad que tiene una persona para contactar con el momento presente de una forma más plena, debido a su condición de ser humano consciente, y la capacidad de cambiar o persistir en el comportamiento cuando hacerlo sirva para unos fines valiosos (Hayes et al., 2006).
De esta forma, el objetivo de las intervenciones basadas en ACT consistiría en aumentar la flexibilidad psicológica y, para ello, ACT aúna seis procesos centrales que interactúan entre sí para promoverla (Hayes et al., 2011):
1. Aceptación de experiencias privadas.
2. Defusión cognitiva/distanciamiento de los propios pensamientos incómodos.
3. Contacto con el momento presente (dirigir la atención a eventos y experiencias presentes y no al pasado/futuro).
4. Autoconciencia del momento presente a través del marco “yo-contexto”.
5. Identificación de valores personales.
6. Compromiso de acción acorde a los valores identificados.
Figura 2. Hexaflex de elaboración propia. Fuente: (Hayes et al., 2011)
La aceptación se enseña como una alternativa a la evitación experiencial. Esto es, como una manera de estar abierto a la experiencia consciente de los eventos privados sin tener que realizar intentos para cambiar su frecuencia o forma. Mediante las técnicas de defusión cognitiva, ACT intenta alterar la manera en que se interactúa con los pensamientos (Hayes &
Strosahl, 2005). Un ejemplo de esto puede ser: etiquetar el proceso de pensar (“estoy pensando que soy torpe en los deportes” o “Estoy pensando que no merece la pena vivir”) o tratar los pensamientos como eventos externos pudiendo darles forma, color o velocidad (Hayes et al., 2006). ACT promueve estar en el momento presente con el objetivo de contactar con los eventos privados sin prejuicios, utilizando el lenguaje como una herramienta para describir y no para juzgar. El yo como contexto, también presenta su importancia, ya que, se intenta que el individuo sea consciente del propio flujo de experiencias sin apego a ellas, fomentando la aceptación y la defusión. En cuanto a los valores, ACT utiliza diferentes ejercicios para ayudar a los individuos a redirigir sus vidas en varios ámbitos y, fomenta el desarrollo de patrones de comportamiento cada vez más amplios de acción eficaz vinculados a los valores elegidos en los diferentes ámbitos de la vida (social, familiar, trabajo…) (Hayes et al., 2006).
Según el modelo ACT, estos procesos no se excluyen mutuamente, sino que se entrelazan y se superponen y, todos los procesos tienen su contrapartida inadaptativa que promueve la inflexibilidad psicológica (Hayes et al., 2011). Pueden dividirse en procesos de atención y aceptación: aceptación, defusión cognitiva, contacto con el momento presente y el
yo como contexto; y, procesos de cambio y compromiso: contacto con el momento presente, yo como contexto, los valores y la acción comprometida con los valores. El yo como contexto y el contacto con el momento presente forman parte de ambos grupos debido a que toda actividad psicológica involucra el momento actual (Hayes et al., 2006).
A través de estos procesos, la terapia ACT enseña a sus pacientes a practicar la aceptación experiencial de los pensamientos y emociones no deseados, en lugar de escaparse de ellos. Este enfoque centrado en la aceptación tiene la capacidad de interrumpir los procesos depresivos rumiativos (Jain et al., 2007), así como la evitación de pensamientos negativos (Pettit et al., 2009) al orientar al paciente a la observación de estas experiencias mientras trabaja simultáneamente para tomar decisiones basadas en los valores identificados que tiene como guía para su vida. Esta interrupción en el afrontamiento evitativo puede permitir una respuesta más adaptativa al dolor emocional y, en consecuencia, una menor necesidad de escape dañino, como sería el caso del suicidio (Walser et al., 2015).
Los métodos clínicos de ACT, se basan en metáforas, paradojas y ejercicios experienciales. Estos ejercicios experienciales son muy relevantes en ACT, y tratan de que el paciente establezca contacto con las funciones verbales temidas (cualquier tipo de pensamiento), y que experimente de primera mano el funcionamiento de sus cogniciones (pensamiento/procesos verbales) (Hayes et al., 1996). Un momento de gran impacto en la terapia ACT se denomina desesperanza creativa (obtenida a través de ejercicios, metáforas y paradojas), que permite que el paciente se sitúe dentro del proceso terapéutico, en el sentido de que se da cuenta de que lo que hace para reducir el problema lo único que provoca es el mantenimiento y la extensión del mismo, limitando su vida (Luciano, 2001). Aquí, el paciente se da cuenta de su verdadero problema: su empeño en eliminar aquello que no es la causa, ya que, el verdadero problema reside en todo aquello que desea hacer en su vida y que no realiza debido a la lucha constante. Esto se aborda en la faceta específica de los valores donde se analiza con el paciente los diferentes valores que guían su camino, configurándolos mediante acciones y objetivos. Este es un proceso constante en ACT, ya que se trata de que el paciente aprenda a redireccionar su vida de manera valiosa mientras lleva su contenido privado como una parte más de sí mismo dándole la importancia que merezca en cada momento (yo-contenido vs yo-contexto). Para lograr los fines marcados, se realizan ejercicios o ejemplos de distanciamiento o desliteralización , o ruptura de la fusión con los pensamientos y emociones
negativos, así como ejemplos que fomenten la experiencia de desidentificación con los propios pensamientos (yo-contexto) (Luciano, 2001).
También cabe mencionar que aparte de las intervenciones que más abajo se desarrollan sobre ACT, se han realizado algunos programas de prevención basados en esta terapia. Un ejemplo de ello es el “Programa HOLLY” (Bazley & Pakenham, 2019), un programa centrado en la capacitación de “guardianes” basada en ACT, esto es, personas entrenadas para identificar y responder a los individuos en riesgo de suicidio. El objetivo del programa es, la prevención de posibles casos de suicidio, en este caso concreto, se realizó en una organización religiosa cristiana obteniendo unos resultados beneficiosos de prevención entre sus miembros.
Este trabajo tiene como objetivo último revisar si la terapia ACT puede resultar efectiva para abordar la problemática suicida. Esta terapia ha resultado bastante eficaz en problemas de diversa índole, como puede ser, ansiedad, dolor crónico o adicciones (Hayes et al., 2006). Todos ellos, en apariencia, pueden parecer muy diferentes, pero, a través de ACT se abordan agrupando funcionalmente las diferentes características tanto de ansiedad como de dolor crónico o adicciones en torno a la evitación experiencial, alejamiento de valores o flexibilidad/inflexibilidad psicológica. ACT propone que todos estos problemas se pueden entender como intentos privados de evitación, de ahí que presente un carácter transdiagnóstico.
La revisión realizada mediante este trabajo pretende mostrar la evidencia que presenta ACT respecto a la ideación suicida y el suicidio, un aspecto de gran importancia a nivel de salud púbica.
3. METODOLOGÍA
3.1 Búsqueda bibliográfica
Para la realización de este trabajo, se realizó una búsqueda sistemática de bibliografía en las siguientes bases de datos: PubMed, PsycArticles, ProQuest y en el repositorio de publicaciones de la ACBS (Association for Contextual Behavioral Science). Para la búsqueda realizada en PubMed, se utilizaron los términos “Acceptance and commitment therapy” AND
“Suicidal ideation”, dando lugar a 12 resultados, por lo que se consideró manejable. En ProQuest, se realizaron 3 búsquedas: “Terapia de Aceptación y Compromiso” AND “Ideación suicida”, dando lugar a 12 resultados. Otra búsqueda en esta base de datos fue, ab(“Psychological flexibility” AND “Suicide”), dando lugar a 22 resultados, lo que se consideró manejable. La tercera búsqueda en ProQuest consistió en “Acceptance and
commitment therapy” AND “Suicidal ideation”, dando lugar a 2314 resultados, una cantidad demasiado elevada, por lo que para reducirla se añadió: ab(“Acceptance and commitment therapy” AND “Suicidal ideation” AND “Suicide”), dando como resultados 15 estudios. Para la búsqueda realizada en ACBS, se utilizó el filtro de ACT:empirical y, en keywords:suicide, obteniendo como resultados 6 estudios. Finalmente, en la búsqueda realizada en PsycArticles se utilizó: “Acceptance and commitment therapy” AND “Suicidal ideation”, obteniendo 167 resultados, para reducir la cantidad de estudios se añadió la palabra “Suicide”, dando lugar a 94, por último para concretar un poco más la búsqueda se añadió, “Moderator”, siendo los resultados finales 23. Con los resultados totales de estas búsquedas, se obtuvo una cantidad de 90 artículos, de los cuales una gran parte estaban duplicados. Por lo que, después de los procesos de cribado, se seleccionaron 12 artículos para formar parte de la revisión bibliográfica.
3.2 Criterios de inclusión y exclusión de artículos
En este trabajo, se establecieron ciertos criterios de inclusión y exclusión para asegurar que la información que se está ofreciendo es realmente relevante para el objetivo del trabajo.
Los criterios de inclusión fueron: por un lado, que sea un estudio, experimental o revisión sistemática de una intervención con ACT en relación a las ideas suicidas en una determinada muestra y, por otro lado, que sean estudios que examinen el papel moderador de la flexibilidad/inflexibilidad psicológica en relación a la ideación suicida. El criterio de exclusión consiste en la no selección de aquellos estudios que no contemplen el papel del suicidio en su diseño experimental con ACT o no estudien el papel moderador de la variable clave en ACT, la flexibilidad psicológica. Estos criterios se han establecido como una forma de asegurar que la información que recoge el presente trabajo sea en relación al objetivo del mismo y, a través de esta, se podrá establecer si ACT es efectiva y recomendable para la intervención en individuos suicidas.
Para la realización de la selección de estudios, también se han utilizado algunas revisiones sistemáticas ya realizadas sobre la temática (Tighe et al., 2018).
En el diagrama de flujo representado a continuación (Figura 3), se muestra de manera visual cómo ha sido el proceso de selección de estudios:
Resultados de las búsquedas en las bases de datos PubMed, PsycArticles y ProQuest: “Acceptance and commitment therapy”
AND “Suicidal ideation” o “Terapia de Aceptación y Compromiso”
AND “Ideación suicida” o ab(“Psychological flexibility” AND
“Suicide”) o ab(“Acceptance and commitment therapy” AND
“Suicidal ideation” AND “Suicide”) o “Acceptance and commitment therapy” AND “Suicidal ideation” AND “Suicide” AND
“Moderator”, y, filtro ACT:empirical, keyword:suicide en ACBS.
N=90.
Figura 3. Diagrama de flujo del proceso de selección de estudios
Artículos irrelevantes o duplicados: N=70 Cribado de artículos por título
y resumen: N=20
Cribado de artículos por texto completo: N=12
Artículos incluidos en la revisión: N=12
Artículos descartados por criterios de inclusión y exclusión:
N=8
4. REVISIÓN DE ESTUDIOS
En este apartado, y con referencia al objetivo de esta presente revisión de estudios, se dará paso al análisis de la literatura encontrada. Dentro de ella, cabe marcar una diferencia entre, estudios experimentales basados en intervenciones con ACT, y estudios que presentan a la flexibilidad/inflexibilidad psicológica como un moderador del riesgo de suicidio:
4.1 Estudios Experimentales basados en ACT
Tighe et al. (2018) realizaron una revisión sistemática acerca de la eficacia de ACT para reducir la ideación suicida (IS) y la autolesión. En esta revisión, en la cual se incluyeron 5 estudios, ha sido utilizada de referencia para la elaboración del análisis de los estudios incluidos en la misma:
1.Tighe et al (2017), en este estudio tenían como objetivo evaluar la eficacia de una aplicación móvil (ibobbly) basada en ACT, enfocada en la IS, la depresión, la angustia psicológica y la impulsividad entre los miembros de una zona de Australia (región de Kimberley). Llevaron a cabo un ensayo controlado aleatorio (ECA) con una muestra de N=61.
Los dividieron en 2 grupos, los participantes del grupo 1 recibieron inmediatamente la aplicación ibbobly basada en ACT durante 6 semanas, los participantes del grupo 2 fueron incluidos en una lista de espera durante 6 semanas, y posteriormente recibieron durante 6 semanas la aplicación ibbobly. Se utilizaron: Cuestionario de salud del paciente (PHQ-9), la Escala de angustia psicológica de Kessler (K10), y la Escala de impulsividad de Barrat. Siendo la variable clave DSI-SS, Inventario de Síntomas Depresivos (subescala de suicidio).
Resultados: Observaron una mejora significativa en la tendencia al suicidio después de la intervención con ibbobly, que, aunque no fue significativa en comparación con la lista de espera, sí se vieron reducciones sustanciales en las puntuaciones PHQ-9 Y K10, en impulsividad no se mostraron diferencias. Las medidas de IS, angustia y depresión de los participantes en lista de espera mejoraron después del uso de ibbobly durante 6 semanas.
2.Walser et al (2015), realizaron un estudio con el objetivo de evaluar la efectividad de la terapia ACT en el tratamiento de la depresión y de la IS en veteranos de guerra. La muestra fue de 981 veteranos (N=981). La intervención se realizó entre 12-16 sesiones de psicoterapia individuales y abarcó los 6 procesos centrales de ACT. La depresión y la IS se midieron a través del Inventario de depresión de Beck (BDI-II), la aceptación experiencial se midió con el
Cuestionario de aceptación y acción, y la atención plena se midió con el Cuestionario de atención plena de cinco facetas (FFMQ). La variable clave fue el ítem suicida del BDI-II.
Resultados: El porcentaje de individuos que no presentaban ideas suicidas aumentó del 44% al 65% durante el seguimiento. La depresión se redujo significativamente según las puntuaciones BDI-II y las disminuciones en las puntuaciones de evitación experiencial se asociaron con una reducción de las ideas suicidas a lo largo del tiempo. Las puntuaciones de atención plena no se relacionaron de manera significativa con las puntuaciones de IS.
3. Ducasse et al (2014), en este trabajo se intervino con una cohorte de N=35 pacientes franceses a quienes se les diagnosticó un trastorno de la conducta suicida, según los criterios del DSM-5. El estudio consistió en incluir un programa de ACT complementando a su tratamiento habitual. La intervención consistió en 7 sesiones semanales individuales de 2 h de duración. Las medidas se tomaron 1 semana antes del programa, 1 semana después del programa y 3 meses después de la finalización. Entre las medidas administradas están:
Columbia-Suicide Severity Rating Scale (C-SSRS), la Scale for Suicidal Ideation (SSI) y el Inventario de sintomatología depresiva (IDS-C30). En cuanto a las autoevaluaciones, incluyeron: 1) IS en una escala de 0 a 10; 2) gravedad de la depresión utilizando el BDI-II; 3) Dolor psicológico en una escala analógica visual de 0 a 10; 4) estado de ansiedad usando el Inventario de Ansiedad Estado-Rasgo (STAI); 5) calidad de vida utilizando la medida de Calidad de Vida de la OMS; 6) aceptación utilizando el Cuestionario de Aceptación y Acción (AAQ); y 7) desesperanza utilizando la Escala de Desesperanza de Beck. Resultados: La subpuntuación de SI de C-SSRS y la puntuación de SSI disminuyeron significativamente desde la preintervención hasta 1 semana posterior al seguimiento una vez finalizado el programa. La subpuntuación de ideación suicida correlacionó con la puntuación AAQ, a los 3 meses de seguimiento, todas las puntuaciones de ideación suicida se mantuvieron significativamente bajas, también se informó de una reducción en la depresión entre la línea base y el seguimiento.
No se informaron de las puntuaciones reales.
4. Luoma y Villate (2012), realizaron 2 estudios de casos. Uno de ellos, incluyó 1 paciente con SI crónica y el otro 1 paciente con IS transitoria. Los autores informan de que los pacientes fueron tratados “en gran parte desde la perspectiva de ACT”.
Estudio de caso 1: Una paciente (22 años) con antecedentes de suicidio y pensamientos suicidas persistentes, que cumplía con los criterios para varios trastornos, se sometió a terapia ACT. Los autores informaron de una reducción en ideas suicidas y autolesión
deliberada pero no indicaron las medidas utilizadas. Informan que después de 18 sesiones de tratamiento, el nivel de angustia psicológica había caído hacia niveles subclínicos en 2 inventarios no especificados. En el seguimiento a 1 año, las puntuaciones en atención plena se mantuvieron altas y ya no cumplía con los criterios para ningún trastorno.
Estudio de caso 2: En este estudio de caso, los autores informan acerca de un hombre de 47 años que inició la terapia ACT después de intentar suicidarse al perder a su familia en un accidente de tráfico. Informan que después de 6 meses de tratamiento, este paciente ya no consideraba el suicidio como una opción viable. Sin embargo, no mencionaron las medidas psicológicas utilizadas para tal efecto.
5. Razzaque (2012) realizó una investigación en la que administró un tratamiento basado en ACT a 3 pacientes de una unidad de cuidados intensivos psiquiátricos del Hospital de Goodmayes (East London). El primero presentaba un diagnóstico de trastorno esquizoafectivo, y el segundo y tercero estaban diagnosticados con trastorno afectivo bipolar. Presentaban frecuentes periodos de violencia hacia ellos mismos y los demás. El tratamiento consistió en sesiones individuales de ACT de 20 minutos de duración durante 2-3 semanas. No se utilizó ninguna medida específica para las autolesiones o la IS y se utilizaron entrevistas y revisiones para registrar los cambios en la expresión de la autolesión y las ideas suicidas. Resultados: La autolesión y la IS se redujeron notablemente para el paciente diagnosticado de trastorno esquizoafectivo. En cuanto a los otros 2 pacientes, informaron una reducción en las conductas agresivas.
Estudios experimentales procedentes de la búsqueda bibliográfica:
6. Barnes et al (2021), realizaron un ECA con el objetivo de elaborar una guía basada en ACT para maximizar la recuperación de crisis suicidas. La población fue de 70 veteranos hospitalizados por riesgo de suicidio (N=70), que, fueron asignados al azar a un tratamiento habitual o recibieron ACT más el tratamiento habitual. Todos los participantes tuvieron que completar una evaluación inicial previa a la aleatorización y, posteriormente tuvieron que completar las evaluaciones de seguimiento al mes y a los 3 meses. Se pidió también, a los participantes asignados en el grupo “ACT for Life” que completaran una evaluación en los 7 días posteriores a la finalización o interrupción del tratamiento ACT. En cuanto a las medidas administradas en el estudio, primeramente tuvieron que realizar un formulario de demografía,
para evaluar variables como edad, sexo, etnia, educación, historial militar…, se administró el Cuestionario de satisfacción del cliente (CSQ) y la Entrevista de evaluación narrativa de la intervención (NEII) como medidas de aceptabilidad; se administró la C-SSRS, una adaptación del Cuestionario de fusión cognitiva enfocado en la SI (CFQ-SI) y el Cuestionario de Aceptación y Acción-II (AAQ-II). La intervención con ACT se organizó en 3 módulos, administrados entre 3 y 6 sesiones individuales, y el tratamiento habitual consistió en la psicofarmacología y psicoterapia predominantemente cognitivo conductual. Resultados: El patrón de resultados entre los participantes de ACT for Life sugiere posibles aumentos en la satisfacción con la vida, disminuciones en los síntomas de angustia y deterioro funcional y aumentos en el comportamiento orientado a valores consistentes. También informaron medidas de los procesos de tratamiento, reflejaron posibles disminuciones en la inflexibilidad psicológica de los participantes de ACT for Life (AAQ-II) y la fusión cognitiva con la IS (CFQ- SI). Los autores sugieren que estos resultados respaldan la aceptabilidad y la viabilidad de ACT y su utilidad potencial para pacientes en riesgo de suicidio.
7. Sánchez et al (2014), investigadores de la Universidad de Almería, realizaron un estudio experimental en el que hicieron una intervención breve de ACT a tres ancianos (N=3) institucionalizados con sintomatología depresiva. Dos de los tres pacientes presentan IS, incluso uno de ellos presenta intentos previos de llevarlo a cabo. Las medidas para cada paciente se administraron 1 semana antes del tratamiento, durante el tratamiento (6 semanas) y durante el seguimiento a los 5 y 12 meses de la finalización. El tratamiento fue aplicado en 6 sesiones semanales, y la duración de cada sesión osciló entre 40 minutos y 1 hora y media. Los instrumentos de medida utilizados fueron: Registro de Acciones dirigidas a Valor (RAV), la Escala de Depresión Geriátrica Yesavage (DGE), el AAQ-II y la Escala Hamilton para la Depresión (HAM-D). Resultados: Durante el pre-tratamiento, ningún participante presenta acciones dirigidas a valor y muestra un nivel alto de malestar. Según avanza el tratamiento, se informa de un incremento en las acciones dirigidas a valor para todos los participantes. En el post-tratamiento (semana 6), han aumentado considerablemente el nº de acciones y el malestar ha disminuido. En el seguimiento a 5 meses, los participantes informan de un cambio de residencia que consideran como evento estresante, pero, aun así, mantienen un nivel aceptable de acciones valiosas. En cuanto a las puntuaciones AAQ-II, debido a algunos eventos estresantes en algunos participantes, se observan incrementos y decrementos en las puntuaciones AAQ-II durante el tratamiento, pero, en todos los participantes, llegado el periodo de seguimiento se informa de cambios positivos clínicamente significativos. Por último, en
cuanto al DGE, no se observan cambios clínicamente significativos en 2 participantes a lo largo de diferentes momentos de la evaluación, en cambio, para el 3 participante sí se observan reducciones; y, en cuanto al HAM-D, se observa una disminución clínicamente significativa entre el pre-tratamiento y el post-tratamiento en los tres participantes. Durante el seguimiento las puntuaciones aumentaron, pero siguieron en una disminución clínicamente significativa.
4.2 Estudios que presentan la flexibilidad/inflexibilidad psicológica como moderador
1.Crasta et al (2020) realizaron un estudio con el objetivo de examinar si el constructo de flexibilidad psicológica puede ser un moderador potencial del modelo interpersonal de riesgo de suicidio (IPTS). Para ello utilizaron una muestra de 1003 padres (N=1003) como parte de un estudio más grande sobre la pandemia de Covid-19 y el funcionamiento familiar. Como medidas utilizaron el ítem 9 (evalúa el riesgo de suicidio) del Cuestionario de salud del paciente (PHQ-9), se seleccionarion 8 ítems del Cuestionario de Necesidades Interpersonales, el estrés debido al Covid-19 se evaluó mediante preguntas “cuánto de preocupado o estresado estaba por…” y “¿Alguien en su vida ha fallecido por Covid-19?”, y, por último, completaron el Índice de Flexibilidad Psicológica Multidimensional (MPFI) de 60 ítems. Resultados: Cinco de las seis dimensiones de inflexibilidad moderaron vínculos entre el estrés por Covid-19 y la carga percibida. Por otro lado, el vínculo entre la carga percibida y el deseo de muerte solo fue moderado significativamente por la falta de contacto con los valores y la inacción con respecto a ellos. Los autores informaron que a altos niveles de inflexibilidad psicológica (percentil 85) los factores de estrés por Covid-19 predijeron una mayor carga percibida, y ésta, a su vez, un mayor deseo de muerte. A través de estos resultados, los autores sugieren que pueden servir para generar intervenciones más efectivas teniendo en cuenta los procesos involucrados en ACT.
2.Bryan et al (2015), realizaron un estudio con el objetivo de investigar los efectos protectores de la flexibilidad psicológica sobre la angustia emocional y la IS, utilizando una muestra de 168 operadores de convoyes (N=168) de la Fuerza Aérea de los EEUU activos en servicio en Irak. Los datos se recopilaron, en formato de autoinforme, antes del inicio del despliegue y 1, 3, 6 y 12 meses después del regreso del despliegue en Irak. Los instrumentos de medida utilizados fueron el Cuestionario sobre Conductas Suicidas Revisado (SBQ), el Cuestionario de salud del paciente (PHQ-9), la Lista de verificación para el trastorno de estrés
postraumático (versión militar de PTSD), la Escala de Experiencias de Combate (CES) y, por último, el Cuestionario de Aceptación y Acción-2 (AAQ-2). Se analizaron los datos mediante una estructura de covarianza autorregresiva. Resultados: La flexibilidad psicológica mostró correlaciones negativas significativas con la depresión, los síntomas de TEPT y el riesgo de suicidio. También informaron que una mayor flexibilidad psicológica se asoció con una mayor probabilidad de no ser un individuo suicida. Se indicó que la IS era más probable que apareciera en participantes con altos niveles de depresión y baja flexibilidad psicológica y, para aquellos con alta flexibilidad, la probabilidad de ideación suicida aumentó sólo entre los que presentaron un nivel más alto de depresión, por lo que, se sugiere que la flexibilidad psicológica tuvo un efecto amortiguador de la depresión sobre la IS.
3.Zeifman et al (2020), realizaron una investigación con el objetivo de explorar el impacto del uso de psicodélicos en la evitación experiencial, la gravedad de la depresión y la IS. Lo llevaron a cabo mediante dos estudios prospectivos (N1= 104 y N2=254).
Estudio 1: Los participantes (N=104) fueron reclutados a través de redes sociales, correo electrónico y foros online. Según el momento en el que cada uno de los participantes planeaba tomar un psicodélico, se le enviaban correos electrónicos con las diferentes medidas en tres momentos clave, 1 semana antes de usar el psicodélico y, 2 semanas y 4 semanas después de su uso. Las medidas que se administraron fueron: el Cuestionario breve de evitación experiencial (BEAQ), la gravedad de la depresión se midió utilizando el Inventario rápido de síntomas depresivos (QIDS), la IS se midió utilizando la Escala de atributos de ideación suicida (SIDAS). Resultados: Estos autores examinaron si hubo disminuciones en la evitación experiencial a lo largo del tiempo. Los resultados indicaron que la evitación experiencial había disminuido de manera significativa a lo largo del tiempo (inicio, 2 semanas y 4 semanas). En cuanto a la gravedad de la depresión, se indicó que también se habían producido reducciones significativas a lo largo del tiempo, y lo mismo para la IS, que disminuyó de manera significativa. Además, informaron de asociaciones significativas entre los cambios en la evitación experiencial y los cambios en la IS a las 2 semanas y a las 4 semanas entre individuos con depresión leve a muy severa.
Estudio 2: En este segundo estudio, los participantes (N=254), captados a través de anuncios online acerca de ceremonias psicodélicas. Se enviaron correos electrónicos
con las medidas utilizadas en diferentes momentos, 2 semanas antes del uso del psicodélico, 2 semanas y 4 semanas después de su uso. Las medidas administradas fueron las mismas que en el Estudio 1, pero, la diferencia fue que el BEAQ y SIDAS sólo se midieron al inicio del estudio y a las 4 semanas. Entre los resultados de este segundo estudio, podemos destacar que, los cambios en evitación experiencial se asociaron significativamente con los cambios en depresión y en IS y que, las disminuciones en evitación experiencial provocaron disminuciones significativas en depresión e IS, ambas a las 4 semanas de uso del psicodélico.
4.Ordóñez-Carrasco et al (2020), realizaron un estudio con el objetivo de examinar el papel moderador de la evitación experiencial en la relación entre percepción de derrota y atrapamiento en adultos jóvenes, según el modelo volitivo de comportamiento suicida (IMV), explicado anteriormente. La muestra utilizada fue de 620 participantes (N=620). Los instrumentos utilizados fueron: Escala de Derrota (DS), AAQ-II, Escala de Atrapamiento (ES), BDI-II y la Escala de riesgo suicida de Plutchik. Los resultados mostraron que, cuando el grado de derrota es alto, la percepción de atrapamiento es mayor cuando la evitación experiencial es alta que cuando es baja y, por el contrario, cuando el grado de derrota es bajo, la percepción de atrapamiento no cambia en función del nivel de evitación experiencial (el estudio no muestra las puntuaciones de las diferentes escalas). Según los autores, la evitación experiencial se consideraría como un moderador que interacciona con la percepción de derrota, facilitando la transición al atrapamiento (relacionado con la IS) y, sugieren que la terapia ACT sería un modelo eficaz que considera a la evitación experiencial como una de sus dianas terapéuticas.
5.Weeks et al (2020), investigaron acerca de la inflexibilidad psicológica como moderador entre el estrés presente en los jóvenes LGTB + (minorías sexuales) y dos consecuencias perjudiciales: abuso de sustancias y suicidio. Para ello, utilizaron una muestra de 152 adolescentes LGTB+ (N=152) y se le pasaron una serie de medidas, que fueron: un cuestionario demográfico para indicar su orientación sexual, edad, identidad de género…, el Inventario de Estrés de Adolescentes de Minorías Sexuales (SMASI), el Cuestionario sobre evitación y fusión para jóvenes (AFQ-Y8), el Cuestionario breve de evitación experiencial (BEAQ), el Cuestionario de fusión cognitiva (CFQ), el Cuestionario de valores (VQ), el Cuestionario de SI (SIQ), y, la Prueba de identificación de trastornos por consumo de alcohol (AUDIT). Resultados del estudio: Estos autores probaron que la inflexibilidad psicológica modera la relación entre el estrés sufrido por LGTB+ y el suicidio, teniendo un efecto directo
en el mismo (no siendo así por parte del estrés), además no mostraron evidencia acerca de una relación significativa entre estrés sufrido por LGTB+ y la inflexibilidad psicológica. En cuanto a la relación de los diferentes subprocesos de inflexibilidad psicológica y el suicidio, la fusión cognitiva se asoció significativamente en dirección positiva con el suicidio, y, también se encontró que las obstrucciones de acciones encaminadas a tener una vida valiosa tienen un efecto directo y significativo en la variable suicidio. A raíz de sus investigaciones, los autores sugieren que la inflexibilidad psicológica es un mejor predictor que el estrés en relación al suicidio, y que esta es una variable clave dentro de ACT.
5. CONCLUSIONES
La ideación suicida y el suicidio son una problemática de salud mental a nivel global, que produce un gran malestar a las personas que tienen que lidiar con ello a diario. Esto puede llevar a que estas personas luchen e intenten eliminar este tipo de pensamientos, lo que puede tener como consecuencia que, para ello, vayan abandonando algunas actividades que consideraban valiosas para su vida, con la consiguiente extensión del malestar en el tiempo.
Este patrón de evitación de experiencias emocionales es uno de los puntos de trabajo principales de la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), ya que, esta terapia, propone la aceptación y la defusión cognitiva con este tipo de pensamientos incómodos con el objetivo de aumentar la flexibilidad psicológica, lo cual significa estar abierto a sentir todo tipo de sensaciones y experiencias e intentar actuar acorde a unos valores y metas valiosas que cada uno se propone para su vida.
Esta revisión de estudios, nos muestra que la terapia ACT, parece que recibe cierto apoyo científico en los trabajos experimentales, incluso manteniéndose los efectos de la intervención durante la fase de seguimiento meses después de realizarla. Aunque esta terapia puede ser efectiva en relación a la temática suicida, todavía se necesita investigar más y realizar mejores controles experimentales para poder demostrar la causalidad de las intervenciones realizadas con ACT y, consolidar, la evidencia que, por ahora, recibe ACT. Otra cuestión a tener en cuenta en esta revisión es, el papel moderador de la flexibilidad psicológica. Los estudios incluidos en esta revisión sugieren que la flexibilidad psicológica tiene un efecto moderador importante sobre la variable suicidio. Esta es una cuestión clave, ya que, el objetivo primordial de ACT se basa en promover la flexibilidad psicológica, por lo que, parece que todos estos datos apuntan en la misma dirección. ACT parece una terapia prometedora para el abordaje del suicidio y la ideación suicida, así como los procesos clave de esta terapia parecen
ser moderadores del riesgo de suicidio. Se hace necesaria la ampliación de las investigaciones para corroborar la evidencia y conseguir una implementación de la misma que maximice los beneficios y los resultados. Estas investigaciones en busca de una terapia realmente eficaz para el suicidio son de gran importancia, ya que, estamos hablando de un tema en el que la vida de las personas está en juego y, con más motivo aún, dentro del contexto actual y venidero en relación a la pandemia Covid-19.
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