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Saint Gregory’s College Capacitación en filosofía con chicos
Prof. Mariana Gardella [email protected]
Primer encuentro 20/12/2012 Tema de reflexión:
La existencia del alma y su relación con el cuerpo
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CTIVIDAD1
Escriba tres términos que para usted estén vinculados con las nociones de alma y cuerpo.
A
CTIVIDAD2
Lea y analice los siguientes textos. A partir de ellos reflexione sobre la existencia del alma y su relación con el cuerpo.
I. Platón, Fedón 62d-66e:
1-Bien -dijo Cebes-, eso sí parece razonable. Sin embargo, lo que decías hace un momento, lo de que los filósofos fácilmente querrían morir, eso me parece absurdo, Sócrates […].
- […] Pues les pasa inadvertido en qué sentido andan moribundos y en qué sentido son dignos de muerte y de qué tipo de muerte quienes son verdaderamente filósofos. Conversemos, pues -dijo-, entre nosotros sólo, mandándolos a los demás a paseo. ¿Consideramos que la muerte es algo?
-Y mucho -dijo Simmias contestando.
-¿Acaso es otra cosa que la separación del alma del cuerpo? ¿Y el estar muerto es esto: que el cuerpo esté solo en sí mismo, separado del alma, y el alma se quede sola en sí misma separada de cuerpo? ¿Acaso la muerte no es otra cosa sino esto?
-No, sino eso -dijo.
1 Platón, Fedón, introducción, traducción y notas de C. García Gual, Madrid, Gredos, 1986, 5º reimpr.
ALMA CUERPO
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-Examina ahora, amigo, si compartes mi opinión en lo siguiente. Pues con eso creo que sabremos más de la cuestión que estudiamos. ¿Te parece a ti que es propio de un filósofo andar dedicado a los que llaman placeres, tales como los propios de comidas y de bebidas?
-En absoluto, Sócrates -dijo Simmias.
-¿Qué de los placeres del sexo?
-En ningún modo.
-¿Y qué hay respecto de los demás cuidados del cuerpo? ¿Te parece que tal persona los considera importantes? […].
-A mí me parece que los desprecia -dijo-, por lo menos el que es de verdad filósofo.
-Por lo tanto, ¿no te parece que, por entero -dijo-, la ocupación de tal individuo no se centra en el cuerpo, sino que, en cuanto puede, está apartado de éste, y, en cambio, está vuelto hacia el alma?
-A mí sí.
-¿Es que no está claro, desde un principio, que el filósofo libera su alma al máximo de la vinculación con el cuerpo, muy a diferencia de los demás hombres?
-Está claro.
-Y, por cierto, que les parece, Simmias, a los demás hombres que quien no halla placer en tales cosas ni participa de ellas no tiene un vivir digno, sino que se empeña en algo próximo al estar muerto el que nada se cuida de los placeres que están unidos al cuerpo.
-Muy verdad es lo que dices, desde luego.
-¿Y qué hay respecto de la adquisición misma de la sabiduría? ¿Es el cuerpo un impedimento o no, si uno lo toma en la investigación como compañero? Quiero decir, por ejemplo, lo siguiente: ¿acaso garantizan alguna verdad la vista y el oído a los humanos […]? Aunque, si estos sentidos del cuerpo no son exactos ni claros, mal lo serán los otros. Pues todos son inferiores a ésos. ¿O no te lo parecen a ti?
-Desde luego -dijo.
-¿Cuándo, entonces -dijo él-, el alma aprehende la verdad? Porque cuando intenta examinar algo en compañía del cuerpo, está claro que entonces es engañada por él.
-Dices verdad.
-¿No es, pues, al reflexionar, más que en ningún otro momento, cuando se le hace evidente algo de lo real?
-Sí […]. Conque, en realidad, tenemos demostrado que, si alguna vez vamos a saber algo limpiamente, hay que separarse del cuerpo y hay que observar los objetos reales en sí con el alma por sí misma. Y entonces, según parece, obtendremos lo que deseamos y de lo que decimos que somos amantes, la sabiduría, una vez que hayamos muerto, según indica nuestro razonamiento, pero no mientras vivimos.
Pues si no es posible por medio del cuerpo conocer nada limpiamente, una de dos: o no es posible adquirir nunca el saber, o sólo muertos […]. En realidad, por tanto -dijo-, los que de verdad filosofan, Simmias, se ejercitan en morir, y el estar muertos es para estos individuos mínimamente temible.
II. R. Descartes, Segunda meditación:
2Mi meditación de ayer ha llenado mi espíritu de tantas dudas, que ya no está en mi mano olvidarlas. Y, sin embargo, no veo en qué manera podré resolverlas […]. Haré un esfuerzo, pese a todo, y tomaré de nuevo la misma vía que ayer, alejándome de todo aquello en que pueda imaginar la más mínima duda, del mismo modo que si supiera que es completamente falso; y seguiré siempre por ese camino, hasta
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haber encontrado algo cierto, o al menos, si otra cosa no puedo, hasta saber de cierto que nada cierto hay en el mundo […].
Ya estoy persuadido de que nada hay en el mundo; ni cielo, ni tierra, ni espíritus, ni cuerpos, ¿y no estoy asimismo persuadido de que yo tampoco existo? Pues no: si yo estoy persuadido de algo, o meramente si pienso algo, es porque yo soy […]. De manera que, tras pensarlo bien y examinarlo todo cuidadosamente, resulta que es preciso concluir y dar como cosa cierta que esta proposición: “yo soy”, “yo existo”, es necesariamente verdadera, cuantas veces la pronuncio o la concibo en mi espíritu. Ahora bien, ya sé con certeza que soy, pero aún no sé con claridad qué soy; de suerte que, en adelante, preciso del mayor cuidado para no confundir imprudentemente otra cosa conmigo, y así no enturbiar ese conocimiento, que sostengo ser más cierto y evidente que todos los que he tenido antes […].
[…] Y aquí sí hallo que el pensamiento es un atributo que me pertenece, siendo el único que no puede separarse de mí. Yo soy, yo existo; eso es cierto, pero ¿cuánto tiempo? Todo el tiempo que estoy pensando: pues quizá ocurriese que, si yo cesara de pensar, cesaría al mismo tiempo de existir. No admito ahora nada que no sea necesariamente verdadero: así, pues, hablando con precisión, no soy más que una cosa que piensa, es decir, un espíritu, un entendimiento o una razón, términos cuyo significado me era antes desconocido. Soy, entonces, una cosa verdadera, y verdaderamente existente. Mas, ¿qué cosa? Ya lo he dicho: una cosa que piensa. ¿Y qué más? Excitaré aún mi imaginación, a fin de averiguar si no soy algo más. No soy esta reunión de miembros llamada cuerpo humano; no soy un aire sutil y penetrante, difundido por todos esos miembros; no soy un viento, un soplo, un vapor, ni nada de cuanto pueda fingir e imaginar, puesto que ya he dicho que todo eso no era nada. Y, sin modificar ese supuesto, hallo que no dejo de estar cierto de que soy algo […]. ¿Qué soy, entonces? Una cosa que piensa. Y ¿qué es una cosa que piensa? Es una cosa que duda, que entiende, que afirma, que niega, que quiere, que no quiere, que imagina también, y que siente.
III. F. Nietzsche, Así habló Zaratustra, “De los trasmundanos”:
3Mi yo me ha enseñado un nuevo orgullo, y yo se lo enseño a los hombres: ¡a dejar de esconder la cabeza en la arena de las cosas celestes, y a llevarla libremente, una cabeza terrena, la cual es la que crea el sentido de la tierra!
Una nueva voluntad enseño yo a los hombres: ¡querer ese camino que el hombre ha recorrido a ciegas, y llamarlo bueno y no volver a salirse a hurtadillas de él, como hacen los enfermos y moribundos!
Enfermos y moribundos eran los que despreciaron el cuerpo y la tierra y los que inventaron las cosas celestes y las gotas de sangre redentora: ¡pero incluso estos dulces y sombríos venenos los tomaron del cuerpo y de la tierra!
De su miseria querían escapar, y las estrellas les parecían demasiado lejanas. Entonces suspiraron: “¡Oh, si hubiese caminos celestes para deslizarse furtivamente en otro ser y en otra felicidad!” - ¡entonces se inventaron sus caminos furtivos y sus pequeños brebajes de sangre!
Entonces estos ingratos se imaginaron estar sustraídos a su cuerpo y a esta tierra. Sin embargo ¿a quién debían las convulsiones y delicias de su éxtasis? A su cuerpo y a esta tierra.
IV. F. Nietzsche, Así habló Zaratustra, “De los despreciadores del cuerpo”:
4“Cuerpo soy yo y alma” - así hablaba el niño. ¿Y por qué no hablar como los niños?
3 F. Nietzsche, Así habló Zaratustra, trad. A. Sánchez Pascual, Barcelona, Altaya, 1997.
4 Ibidem.
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Pero el despierto, el sapiente, dice: cuerpo soy yo íntegramente, y ninguna otra cosa; y alma es sólo una palabra para designar algo en el cuerpo.
El cuerpo es una gran razón, una pluralidad dotada de un único sentido, una guerra y una paz, un rebaño y un pastor.
Instrumento de tu cuerpo es también tu pequeña razón, a la que llamas «espíritu», un pequeño instrumento y un pequeño juguete de tu gran razón.
Dices “yo” y estás orgulloso de esa palabra. Pero esa cosa más grande aún, en la que tú no quieres creer, - tu cuerpo y su gran razón: ésa no dice yo, pero hace yo.
V. L. Wittgenstein, Tractatus logico-philosophicus:
5Proposición 5.5421:
Esto muestra también que el alma –el sujeto, etc.-, tal como es concebida en la actual psicología superficial, es una quimera.
Proposición 6.4312:
La inmortalidad temporal del alma del hombre, esto es, su eterno sobrevivir tras la muerte, no sólo no está garantizada en modo alguno, sino que, ante todo, tal supuesto no procura en absoluto lo que siempre se quiso alcanzar con él. ¿Se resuelve acaso un enigma porque yo sobreviva eternamente? ¿No es, pues, esta vida eterna, entonces, tan enigmática como la presente? La solución del enigma de la vida en el espacio y el tiempo reside fuera del espacio y del tiempo.
VI. M. Merleau- Ponty, Fenomenología de la percepción, p. 115-116 y 221:
6El hombre concretamente tomado no es un psiquismo conexo a un organismo, sino este vaivén de la existencia que se deja ser corpórea y remite a los actos personales. Los motivos psicológicos y las ocasiones corpóreas pueden entrelazarse porque no se da ni un solo movimiento en un cuerpo vivo que sea un azar absoluto respecto de las intenciones psíquicas, ni un solo acto psíquico que no haya encontrado cuando menos su germen o su bosquejo general en las disposiciones fisiológicas […]. Cómo distinguir en el síntoma las causas fisiológicas y los motivos psicológicos? ¿Cómo asociar simplemente las dos explicaciones y cómo concebir un punto de conexión entre los dos determinantes? En los síntomas de este tipo, lo psíquico y lo físico están tan íntimamente ligados que ni siquiera puede pensarse en completar uno de los dominios funcionales con el otro […]. La unión del alma y del cuerpo no viene sellada por un decreto arbitrario ente dos término exteriores: uno el objeto; el otro, el sujeto. Esta unión se consuma a cada instante en el movimiento de la existencia.
El equipaje psico-fisiológico deja abiertas cantidad de posibilidades y aquí no hay, como tampoco en el dominio de los instintos, una naturaleza humana dada de una vez por todas […]. Es imposible suponer en el hombre una primera etapa de comportamientos que llamaríamos “naturales” y un mundo cultural o espiritual fabricado. En el hombre todo es fabricado y todo es natural […].
VII. Etimología de la palabra “alma”
Alma: del latín anima que originalmente significa “aire, aliento”.
75 L. Wittgenstein, Tractatus logico-philosophicus, Madrid, Alianza, 2007.
6 M. Merleau- Ponty, Fenomenología de la percepción, Madrid, Editora Nacional, 2002.
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Psyché: en griego es “soplo, respiración, aliento”, “fuerza vital, vida”.
8VII. R. Magritte, La condición humana, 1933.
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CTIVIDAD3
A partir de las reflexiones grupales desarrolladas en este encuentro, redacte un texto breve en el que se expresen alguna de las inquietudes que usted tenga sobre la existencia del alma y su relación de ésta con el cuerpo. Puede apelar a cualquier género literario. Puede comenzar a escribir a partir de alguna de las siguientes preguntas:
a) ¿Qué es el alma?
b) ¿Creo que el alma existe?
c) ¿Cómo se relacionan el alma y el cuerpo?
d) ¿Cómo imagino que es mi alma?
e) ¿Puedo conocer el alma de las otras personas?
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8 P. Chantraine, Dictionnaire étymologique de la langue grecque. Histoire des mots, París, Klincksieck, 1980, p.
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