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1. “Es una bella mañana en el campo…”1

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Academic year: 2022

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7 Génesis de Colombia

Leyendas de nuestro rock nacional

JORGE ESTEBAN BENAVIDES NOGUERA

Trabajo de grado para optar por el título de Comunicador social con énfasis en Producción radiofónica

Mario Galeano Toro Director de tesis

Pontifica Universidad Javeriana Facultad de Comunicación y Lenguaje

Carrera de Comunicación Social Bogotá, 2012.

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11 A mi mamá, mi papá y mi hermano.

A todos los tercos de Colombia que aman el rock.

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12 AGRADECIMIENTOS

He llegado a este punto de mi vida gracias al apoyo incondicional de mi familia. Mi mamá, mi papá, mi hermano y todos mis demás familiares, nunca se han interpuesto en las cosas que he querido y que me apasionan. Por eso, todo mi esfuerzo a lo largo de mi carrera es una forma de decirles gracias por su ayuda y compañía en todo mi proceso de formación.

Este trabajo no hubiese sido posible sin la colaboración de las decenas de personas que entrevisté. Con mucha sinceridad y orgullo, debo decir que en todos mis encuentros no tuve ningún problema, que al final siempre me despedí con una sonrisa y una razón más para comprometerme en este trabajo. A todos ellos, infinitas gracias por su disposición y amabilidad.

Muchas gracias a las familias Monroy Guerrero, Echavarría Rojas, Taborda Ponte y Restrepo Cardozo, por permitirme adentrarme en la memoria de sus seres queridos que ya fallecieron.

A Tania Moreno, mi puente para contactar a todas las personas que andan por ahí prestas a colaborar en la construcción de la historia del rock colombiano. Y a Jorge Latorre, quien tampoco tuvo ningún problema en disponer de horas de su tiempo conmigo y en facilitarme todo un arsenal de documentos muy valiosos para este trabajo.

Un especial agradecimiento a Mario Galeano Toro, el director de este trabajo, quien dispuso de su valioso tiempo para asesorarme en un proyecto en el que pocos se interesan. Los consejos y las sugerencias de Mario fueron muy útiles para lograr un trabajo de calidad.

Por último, le agradezco a María Elvira Jaramillo, ‘mi asistente’ en muchas de las tareas de investigación y elaboración final del documento. Y a todos los que de alguna manera me brindaron su apoyo en este proceso que hoy llega a su fin.

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13 TABLA DE CONTENIDO

INTRODUCCIÓN ... 14

GÉNESIS DE COLOMBIA, LEYENDAS DE NUESTRO ROCK NACIONAL ... 21

1. “Es una bella mañana en el campo…” ... 21

2. “Tantos años han pasado desde ayer…” ... 23

3. “Tú tendrás mi amor…” ... 27

4. “Estoy dentro de un sueño…” ... 32

5. “Un día dejé mis ropas al viento…” ... 36

6. “Conéctate, sintonízate y ábrete…” ... 42

7. “Trocaremos en balas las baladas…” ... 48

8. “Sigue tu camino….” ... 53

9. “Me vestí con el polvo del camino…” ... 62

10. “Mañana cruzaré la cordillera…” ... 68

11. “Después te fuiste y te perdiste en la noche…” ... 79

12. “Transeúnte planetario, morador de los mañanas….” ... 89

13. “Creciendo como una planta…” ... 99

14. “En un planeta lejano…” ... 108

15. “Ahora, amigos, ya nos vamos…” ... 115

16. “Que estoy metido entre la tierra….” ... 126

CONCLUSIONES ... 129

BIBLIOGRAFÍA ... 135

ANEXOS ... 142

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INTRODUCCIÓN

En toda la historia del rock colombiano no ha habido una banda tan particular como Génesis.

A principios de los setenta, nació una agrupación que sencillamente lo vivió todo, desde la fama y el prestigio hasta la modestia y el olvido, que en 20 años de carrera tejió una historia de mil historias, una vida y obra que sin duda merecía ser contada. Con 7 discos de larga duración, giras por todo el país, personajes singulares en su formación, canciones que aún persisten en la memoria de jóvenes y adultos, más un gran aporte cultural, el recorrido de Génesis de Colombia es a la vez un resumen del desarrollo del rock nacional.

El alma, la columna y la esencia de la banda fue Humberto Monroy, un músico y compositor que vivió desde muy joven todo el proceso que tuvo el rock en nuestro país, y por eso esta también es su historia. Monroy fue el primer ícono que del rock colombiano; su persistencia con el trabajo musical es envidiable y quizás es muy difícil volver a encontrar a un músico roquero de este país que haya hecho parte de 3 bandas, participado en 13 discos y compuesto más de 100 canciones entre grabadas e inéditas.

Además de Monroy, por Génesis pasaron muchos otros integrantes que también tuvieron su protagonismo dentro del movimiento roquero colombiano. Un poeta, un locutor, un pintor, amigos hippies o músicos de larga trayectoria hicieron parte de este proyecto musical que, en mi concepto, está en la cima de la historia del rock de nuestro país, ante todo por ser de las primeras bandas que se preocuparon por hacer un producto auténtico desde Colombia y por la longevidad que ningún otro grupo de su generación llegó a tener. Génesis siempre tuvo un espíritu de hermandad, de compromiso, de entrega, de alegría, desde que se empezó a formar en el poco ambiente roquero de un monasterio hasta que terminó su carrera tocando por los bares de Bogotá. Si Humberto Monroy y sus compañeros siguieran vivos, no habría la menor duda de que estarían haciendo la música que les otorgó un sello propio. Porque más allá del sonido, en Génesis hubo personas que se atrevieron a vivir el país de otra manera, a estar en paz consigo mismos y nunca retroceder en su vocación artística a pesar del sin fin de adversidades por las que atravesaron.

Entre toda la investigación que hice para este trabajo, no hubo otra mejor palabra para describir la obra de Génesis: original. Desde mucho antes de Carlos Vives o de cualquier otro artista al que se le pueda atribuir el calificativo de innovador por fusionar ritmos, la banda de Monroy se encargó de rescatar nuestro folclor musical y mezclarlo con la energía y la juventud del rock. En muchos aspectos, Génesis dio a conocer un trabajo bastante novedoso, sobre todo para sus primeros años de carrera, y que en esencia se mantuvo a lo largo de su

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15 evolución musical. Génesis fue el gran pionero del rock andino colombiano y a la vez gran protagonista del folk-rock de nuestro país. Un grupo que se atrevió a tocar con cununos y rondadores a lado de una batería y guitarras eléctricas.

Cuando llegué al punto de hacer el trabajo de grado de mi carrera, sabía que tenía que hacer algo sobre rock pues era uno de los pocos temas en los que podía hablar con cierta propiedad y que me garantizaba la motivación suficiente para dedicarme a una investigación de todo un semestre. Pero mi trabajo tampoco podía estar alejado de mi país, de mi realidad, por lo que también sentí un compromiso con la historia del rock colombiano, para muchos olvidada.

Quizás, lo que más me impulsó en mi labor fue la necesidad de aportar a un tema del que poco se ha hablado y que cuenta con un buen número de experiencias y expresiones culturales por dar a conocer. Al final, pienso que mi investigación logró ampliar la documentación sobre el desarrollo de nuestro rock nacional, y espero que a la vez sea un motivo para que otras personas se sigan interesando en reconstruir todo el pasado de este género en Colombia. Todavía hay mucho por hacer.

A finales del año 2009, realicé un documental sobre la historia del hippismo en Bogotá, y desde ahí me empecé a interesar por el pasado del rock de mi país. Al finalizar dicho trabajo, César Rodríguez, el profesor que me asignó la investigación, me regaló un afiche del grupo Génesis de Colombia. Yo, agradecidamente, lo recibí pero sabía que ese póster, que debió ser imprimido a finales del setenta, tenía otro dueño. Decidí entonces regalárselo a Mario Galeano, músico e investigador que me había colaborado en la realización del documental.

Mario es un guardián de la historia del rock colombiano y por eso iba a valorar el afiche más que yo, que apenas había escuchado algunas cosas de Génesis. En ese momento, jamás me imaginé que un año después aceptaría la idea de mi profesor Fernando Gutiérrez de medírmele a narrar por primera vez la historia de un grupo de rock del país, y nada más y nada menos que la historia de Génesis. Y muchísimo menos pensé que Mario Galeano iba a ser el director de esta tesis que nunca dejó de sorprenderme en su realización.

En octubre de 2010 acepté la sugerencia de hacer este trabajo por parte de mi profesor Fernando Gutiérrez, que por esa época me dictaba la clase de anteproyecto. Fernando dio en el blanco con su propuesta, más que todo porque a mí me gusta leer biografías de músicos y quería que mi trabajo fuese algo narrativo, aun así mi énfasis de carrera sea la producción radiofónica. Igualmente, la elección de Génesis fue otro gran acierto pues implicaba hacer un recorrido previo a su nacimiento, por la misma trayectoria que tuvo Monroy y sus compañeros en el desarrollo del rock colombiano. Además, Génesis tenía algo propio y cierta

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16 recordación en el público que, por más que se basaba en famosa balada de “Cómo decirte cuánto te amo”, servía para que este proyecto acaparara mayor atención de la gente.

El primer paso fue justificar la razón de un trabajo de este tipo. Ante todo, la intención de una investigación sobre rock colombiano no es más que un trabajo de recuperación y reivindicación histórica. Lastimosamente, nunca ha habido en el país un movimiento persistente y consolidado alrededor de agrupaciones nacionales de rock, que está reflejado principalmente en el olvido por el que han pasado muchos de los pioneros del género en nuestro país. Por tanto, el valor histórico de esta investigación constituye un gran a aporte para seguir en la búsqueda de un rock colombiano más coherente con su pasado y evolución.

Por otra parte, la metodología investigativa de las historias de vida permite conocer otros aspectos fuera de la narración oficial de los hechos de un país, y aunque este trabajo se dirige a un público no muy numeroso, representa otra experiencia rescatable por la que pasaron varios compatriotas que tenían su propia versión de los hechos y de la manera de afrontar su vida.

De esta manera, el rock se convierte en el medio de comunicación para dar a conocer el sentir de cierta porción de las generaciones juveniles y también otorgarles una voz a personajes poco reconocidos por los aconteceres centrales del país. Ya que Génesis fusionó la música colombiana y andina con el rock, que es un producto ajeno al folclor latinoamericano, este trabajo busca exaltar una expresión intercultural en la que también participaron distintos flujos de comunicación. Entonces, la memoria colectiva, las historias de vida, la interculturalidad y el rock, fueron los lineamientos conceptuales que justificaron la realización de este trabajo, que están explicados dentro del marco teórico e histórico.

Posteriormente vino la investigación de toda la obra y la trayectoria del grupo. Mi asesor Mario Galeano desde el principio me recomendó enfocar la historia de Génesis en su líder Humberto Monroy, pues fue prácticamente el alma del grupo y el único miembro que duró de principio a fin. Génesis fue el proyecto insignia de Monroy y por eso había que adentrarse en la vida de este compositor, además de estudiar su pasado musical en Los Speakers y su participación dentro del movimiento hippie que se vivió en Colombia. Génesis nació de la genialidad de Monroy, pero fue el resultado de un proceso evolutivo en el estilo de vida del autor que duró casi toda una década.

La investigación se sustentó principalmente en fuentes orales. Se realizaron en total 30 entrevistas mediante encuentros presenciales y virtuales, pues algunos de los entrevistados actualmente viven fuera del país. Las charlas se realizaron con ex integrantes de la

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17 agrupación y personas cercanas a todo el movimiento roquero de las primeras décadas de gestación. Así mismo, para hablar de las personas que ya están muertas, tuve que entrevistarme con sus familiares y amigos más cercanos. Este fue un aspecto poco favorable dentro del proceso investigativo, pues me daba mucho temor que el trabajo perdiera honestidad por el hecho de que algunos de sus protagonistas desde hacía mucho tiempo habían desaparecido. Por no decir tanto, Humberto Monroy, el gran protagonista de este trabajo, murió hace casi 20 años. No obstante, esto también fue un motivo más para no desistir, ya que había que aprovechar de la mejor manera los pocos testigos que quedan de las distintas etapas que tuvo la banda. Y lo más importante, mi trabajo también se convirtió en un homenaje póstumo a esos músicos que ya no están con nosotros, pero que dejaron un legado importante por rescatar y dar a conocer.

Las conversaciones fueron entrevistas en profundidad que por un lado buscaban reconstruir el recorrido de Génesis y por el otro, analizar las distintas características de sus protagonistas en relación con su entorno musical y social inmediato. Así mismo, en medio de las entrevistas, se recuperaron documentos escritos y visuales que ayudaron a enriquecer la información que se usó para el trabajo final. Todas las personas que colaboraron con su testimonio lo hicieron de una manera muy amable y siempre con el ánimo de ofrecer todo lo que tenían a su alcance para salvaguardar la memoria de todo el recorrido de la agrupación.

Sin embargo, en ocasiones las versiones de algunos de los entrevistados se contradecían, por lo que tuve que confrontar muchos testimonios y narrar los hechos de la manera más equilibrada posible.

Hubo también un espacio para la inspección de fuentes escritas. En primer lugar, los dos trabajos más serios que se han hecho sobre rock colombiano fueron mi gran guía para ubicar a la banda dentro del desarrollo del género y su público en el país. Estos son: Historia del rock Colombiano: memoria de un fenómeno cultural, tesis del comunicador social Félix Riaño que abarca todo el periodo del rock nacional e iberoamericano desde finales de los cincuenta hasta finales de los ochenta; y el libro Bogotá: epicentro del Rock Colombiano entre 1957 y 1975 del historiador Umberto Pérez, quien realizó un excelente análisis descriptivo de los primeros 18 años de esta expresión cultural en el país. Ambos trabajos me ayudaron considerablemente a entender todos los aspectos que influyen alrededor de un movimiento que nace desde la música pero que puede abarcar todos los ámbitos sociales.

En segundo lugar, realicé una breve investigación de hemeroteca, consultando todas las ediciones de las revista Cromos desde 1972 hasta 1975, época de mayor apogeo en la trayectoria de Génesis. Luego de encontrar información alusiva al grupo, el paso siguiente fue

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18 consultar en el periódico El Tiempo las fechas en las que posiblemente se podía hallar información relativa a la banda y el entorno roquero del país. Sin embargo, la búsqueda en estos medios no fue muy fructífera por el limitado espacio que han tenido los grupos de rock en la prensa colombiana. Por tanto, resultó mejor encontrar este tipo de información en los archivos propios de las personas que entrevisté, quienes sin ningún problema me facilitaron todos los documentos que conservaban de la banda.

Finalmente, todos los discos de Génesis y los demás en que participó Humberto Monroy fueron fuentes claves para entender toda su obra artística desde la parte lírica y musical.

Escuché minuciosamente todas las grabaciones y transcribí todas las letras para descubrir las distintas facetas en su sonido y las constantes de su obra a través de los años. Algunos trabajos audiovisuales que me otorgaron los entrevistados o que se pueden consultar en internet también alimentaron el resultado final de mi trabajo.

La narración del texto se realizó sobre la marcha. Se programaron entregas periódicas con mi asesor Mario Galeano, con el propósito de ir ajustando todos los vacíos y falencias que se podían presentar en el documento final. Esto fue un elemento clave en el proceso, ya que por primera vez me enfrenté ante un trabajo de tanta magnitud que prácticamente era escribir todo un libro. Por tanto, las sugerencias de mi asesor fueron de suma importancia para lograr un trabajo que no solo se limitara a la experiencia anecdótica sino que también tuviera una buena base contextual. Pero sobre todo, Mario me motivó a plasmar mi propia voz a la hora de escribir un texto tan minucioso y extenso.

La historia de Génesis de Colombia está constituida de 16 capítulos que titulé con versos de canciones de Humberto Monroy o de versos del poeta ‘Sibius’, quien también escribió algunas de las letras de la banda. Esto lo hice con el fin de orientar mejor el contenido de cada uno de los capítulos y lograr una narración menos cuadriculada. La historia se empieza mediante un puente entre la experiencia que dio origen a la agrupación, en un monasterio de monjas y monjes de Usme, y toda la trayectoria que tuvo su líder dentro de la evolución del movimiento roquero en el país. Luego, se desprende todo el recorrido de la banda como tal, pasando por todos sus discos, etapas y alineaciones, pero sin tampoco olvidar lo que pasaba a su alrededor con el desarrollo de la escena rock en Colombia. Finalmente, se habla del epílogo de Génesis dado por la muerte de su líder en 1992.

Según lo anterior, los seis primeros capítulos hacen un repaso por la trayectoria previa de Monroy antes de llegar a Génesis, desde su primera banda Los Dinámicos hasta su paso por Los Speakers y Siglo Cero. Esto con el fin de seguirle la pista al músico, que vivió muy de

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19 cerca la mayoría de los primeros hitos del rock colombiano, teniendo en cuenta todos los factores que hicieron parte del proceso de ascenso y descenso del movimiento en su primera década. Monroy, al igual que muchos otros músicos, vivió el rock desde el principio, cuando en el país se tenían que construir guitarras eléctricas con micrófonos de teléfonos públicos, cuando todo se tuvo que hacer con las uñas. Luego, como sucedió en casi todo el mundo, la moda del rock and roll invadió el país, con emisoras, concursos, discotecas y todo el apoyo de los medios de comunicación y las disqueras que no perdieron la oportunidad de beneficiarse de una fiebre nunca antes vista en la juventud mundial. Ahí, Monroy con Los Speakers conoció la fama, viajó por todo Colombia, salió en televisión y logró grabar 5 discos con su agrupación, que tal vez fue la más reconocida del rock colombiano del sesenta.

En esta primera parte de la historia, también se describe la llegada del hippismo al país, que fue un punto crucial para que el rock se desprendiera de toda la etapa pop por la que había pasado en sus primeros años. A partir de ese momento, la mentalidad de muchos jóvenes cambió notablemente, a través de una visión crítica de la sociedad y la manifestación de un deseo contracultural que escandalizó al conservadurismo colombiano de aquella época. Entre 1968 y 1972, el hippismo se vivió intensamente por muchos melenudos roqueros que decidieron escaparse de todo lo establecido y que sembraron la semilla de cambios culturales que hasta el momento persisten. Esta también es la etapa de la sicodelia, las drogas, las comunas, el misticismo y demás elementos de uno de los momentos más rescatables del movimiento juvenil colombiano, sobre todo por la iniciativa de muchas actividades culturales que no contaron con el apoyo de la empresa privada o las instituciones oficiales, mucho menos de la sociedad tradicional. Humberto Monroy también se volvió hippie, y fue uno de los músicos que más se metió de lleno en la ruta espiritual, en la búsqueda de su propio ser, que en últimas lo llevó a encontrar el camino musical y lírico que iba a seguir hasta su muerte.

Desde el capítulo 7 empieza a contarse de lleno la historia de Génesis y la manera cómo se consolidó un proyecto en el que compenetraron diferentes influencias artísticas. La primera etapa de Génesis, la más recordada, consolidó al grupo en la escena colombiana, en especial por lo novedoso de su propuesta que contrarrestó toda la mala percepción que tenían los medios de comunicación y el público en general por los roqueros de ese momento. Génesis fue la única banda de rock que se ‘coló’ dentro de toda la demás música que se escuchaba popularmente en el país, y que logró protagonizar experiencias inusitadas para la época, como por ejemplo llenar el Teatro Jorge Eliécer Gaitán tres veces y en un solo día.

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20 La primera etapa del grupo culminó a finales de 1975. Después, Monroy empezó un proceso de supervivencia con su banda que en muchas partes fue en una representación de lo que pasaba en general con el rock colombiano, que desde mediados del setenta también pasó por una etapa casi nula en producción y consumo. Génesis, a diferencia de muchas otras bandas, se mantuvo con su propuesta y siguió haciendo discos, algunos con éxito y otros casi desapercibidos por los medios y el público en general. Así, desde el capítulo 12 se narra todo el periodo de Génesis comprendido entre finales del setenta e inicios del noventa, momento en que Humberto Monroy entró a la última fase de su carrera, en la que ya prácticamente era inexistente en el panorama musical del país. Por último, hay un espacio dedicado a la muerte de este músico y sus demás compañeros que ya no están con nosotros.

En las siguientes páginas están plasmados los 30 años de carrera que tuvo Humberto Monroy, uno de los padres del rock colombiano. Así mismo, se cuentan historias de otros personajes que a su lado se vieron involucrados en muchas experiencias, que además son un repaso de la historia del rock en nuestro país. Fueron 20 años en los que Génesis nos acompañó y hoy, 20 años después de su desaparición, se cuenta su historia.

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GÉNESIS DE COLOMBIA, LEYENDAS DE NUESTRO ROCK NACIONAL

1. “Es una bella mañana en el campo…”1

A comienzos de 1971 cuatro jóvenes citadinos se fueron a vivir al monasterio Santa María del entonces municipio de Usme, ahora localidad del suroriente de Bogotá. Humberto Monroy, Tania Moreno, Jaime Rendón y María Cristina Tobón aceptaron la invitación de su amigo y poeta Federico Taborda, mejor conocido como ‘Sibius’, quien desde algunos meses atrás moraba en aquel monasterio habitado por monjas de la comunidad Siervas de Cristo Sacerdote y por monjes Benedictinos. ‘Sibius’ cedió a sus amigos una pequeña casa en la que había estado viviendo y se fue con su soledad a una deteriorada choza cerca de una de las quebradas de la finca del monasterio. Por su parte, Humberto, Tania, Jaime y María Cristina empezaron su vida comunitaria en esa casa donde después de las 6 de la tarde no había luz, y los únicos destellos eran dados por la música que estas dos parejas hacían para pasar la noche.

En realidad, Humberto Monroy era el único músico de esa banda casera que no tenía más que una guitarra acústica, tambores, cajas de fósforos o cualquier otro elemento que permitiera acompañar los acordes y la voz de ‘Humo’, como le decían a Monroy. Con una década de experiencia encima, este artista ahora se encontraba en un espacio que marcaría tajantemente el destino de su música hasta su muerte. ‘Humo’ ya había tocado el cielo con sus manos como bajista y cantante de Los Speakers, banda pionera del rock colombiano y quizás la más importante y famosa de los años sesenta. Además, había vivido como testigo y protagonista casi todos los hitos del desarrollo del rock en nuestro país, por lo que ya era un gran conocedor en todos los aspectos de la materia, desde la producción de un disco hasta la organización de un concierto. Sin embargo, en Usme, Humberto estaba metido de lleno en una faceta mística que lo conducía hacia un total desprendimiento del mundo material y de la vida superficial de las ciudades, al punto que consideró en retirarse por completo de la música porque creía que en la naturaleza ya todo estaba hecho, y no quedaba nada más por hacer (Moreno, 2011).

La finca tenía cerca de 300 hectáreas, ríos, montañas y largas extensiones de cultivos de cebada. Ahí los cuatro veinteañeros pasaban sus días entre el esparcimiento, el consumo de ácidos y marihuana, el amor libre, su propia música y las buenas atenciones hechas por las

1 Tomado de la canción “Es una bella mañana”, del disco Gene-sis A-Dios. Génesis, 1972.

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22 monjas y monjes que eran admiradores de la vida tan auténtica y sencilla de sus huéspedes.

Al monasterio de Usme también llegaban de vez en cuando los amigos de estos jóvenes, que no eran más que otros integrantes del hippismo colombiano. Los hippies iban a divertirse a su manera, a deslizarse con cartones por las montañas, a lanzarse sobre las torres de heno o simplemente a escaparse de la selva de cemento y disfrutar del campo bajo los efectos de un LSD. Tampoco faltaban las personas que iban a encontrarse con Humberto Monroy en busca de sus palabras, ya que él se había convertido en una especie de gurú y consejero por la constancia y empeño que había dispuesto a la meditación y la vida espiritual (Moreno, 2011).

Si bien Humberto desde siempre tuvo un interés y un llamado por el campo, esto fue algo que en parte se pudo afianzar más y llevarse a cabo por la influencia del hippismo, que desde finales de los sesenta se empezó a vivir en Colombia. El rock fue parte esencial en el desarrollo de esta contracultura en el mundo y por eso los roqueros criollos tampoco podían escaparse de la influencia hippie, tanto en su música como en su forma de asumir su personalidad. Así, entre las distintas ideas y prácticas del hippismo también se encontraba el anhelo de la vida comunitaria y campestre. Las ciudades se habían convertido en un ambiente hostil para los jóvenes descomplicados y de ropas coloridas, por lo que las zonas rurales brindaban el escenario propicio para por fin escapar del mundo capitalista y tradicional. En los inicios de los años setenta, al igual que en las comunas de San Francisco, California, epicentro del hippismo mundial, en Colombia empezaron a germinar sitios en donde los hippies establecieron pequeñas comunidades para vivir libremente en paz y amor.

En Usme sucedió algo parecido, algo que fue consecuencia de una larga evolución cultural y musical, y a la vez causa de una agrupación musical que mantuvo su nombre por 20 años.

El campo fue la génesis del grupo Génesis de Colombia. La finca de Usme fue el punto de enganche entre un pasado y un futuro que narran esta historia.

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23 Humberto Monroy en uno de los primeros

ensayos de Génesis en Cota, Cundinamarca / Archivo personal Gustavo Arenas.

2. “Tantos años han pasado desde ayer…”

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Antes de llegar al monasterio de Usme, Humberto Monroy había recorrido distintos puntos en su vida artística. Primero hizo parte de una de las bandas pioneras y novatas en hacer rock en Colombia; posteriormente perteneció a una agrupación que llegó al pico de la fama y que luego se despediría de la escena con notables trabajos artísticos pero con poca acogida del público; y finalmente, pasó un corto periodo dentro de una banda que se enfocó en la música instrumental. Todos estos pasos de Humberto estuvieron delineados por la evolución del rock, que sin duda fue su escuela musical. Por eso, así Génesis haya incursionado en distintos ritmos y géneros, es una banda que hace parte de la historia del rock colombiano.

Para los jóvenes de Bogotá de hace más de 50 años, el ‘flechazo’ del rock and roll llegó de la misma manera como les había sucedido a los jóvenes estadounidenses y de los demás países del mundo por donde esta música empezó a expandirse. Ir a cine a ver la película Al Compás del Reloj3 o escuchar alguna canción de Elvis Presley en la radio eran algunos de los primeros acercamientos a un ritmo que marcaba una diferencia entre lo que escuchaban los adultos y lo que las nuevas generaciones necesitaban sentir y expresar para distanciarse de sus antecesores.

2 Tomado de la canción “Reflexiones”, del disco The Speakers. Los Speakers, 1968.

3 Película de 1956 dirigida por Fred Sears, que narra la historia ficticia del ascenso a la fama Bill Haley and His Comets y la popularización del rock and roll en Estados Unidos. Su nombre en inglés es Rock around the clock, como el nombre de la canción más famosa de Haley y la que marcó el inicio del rock and roll en 1954.

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24 El sonido del rock and roll también vino con el baile, la falda, la media de color, la histeria, el mocasín, el jean apretado, el copete, la boina y las contorsiones. Todo eso sedujo principalmente a los jóvenes, y daba pie para que alrededor de toda esa novedad surgieran otras actividades en la capital: concursos de baile, conciertos de artistas extranjeros, programas especializados de radio en el género o la formación de las primeras agrupaciones del país. En síntesis, se iba a armar un movimiento alrededor de un género musical que no se escapaba de las lógicas capitalistas, es decir, iba estar a la par de la moda y el consumo.

Después de la apropiación vino la producción. Como el rock no llegó a Colombia en el instante en que nació, pues entonces las primeras bandas también se iban a demorar un poco en dar a luz. Casi desde el inicio de los años sesenta, se empezaron a agrupar jóvenes bogotanos con el ánimo de formar bandas que sonaran igual a lo que se escuchaba en la radio, los discos y las películas. Pero para esa época, pensar en formar un grupo de rock no era más que una carrera de obstáculos ante todas las limitaciones tecnológicas y económicas, que solo podía ser recorrida con empeño, perseverancia y creatividad.

Una marimba fue el primer instrumento que tuvo Humberto Monroy. Se la había regalado su abuela cuando él tenía 14 años y hacer ruido con los trastes de la casa era uno de sus hobbies.

El interés de este joven por la música fue compartido con su contemporáneo Alfredo Besoza, quien era el medio hermano de Jaime Hernando Vargas, el segundo compañero sentimental de Emilia Gil, la mamá de Humberto Monroy. Besoza estudiaba en el Colegio Hispanoamericano Conde Anzures, en donde era compañero de Fernando Latorre, un muchacho que había hecho del acordeón su primer instrumento. De la unión de estos tres colegiales nacieron Los Dinámicos, uno de los primeros grupos de rock que existió en Colombia.

En la sala de la casa de la familia Latorre, en donde también vivía Jorge Latorre -posterior integrante de Génesis-, Los Dinámicos ensayaban por lo menos dos veces a la semana, toda una tarde y con almuerzo incluido. Los ensayos no eran más que sacar a oído las canciones de las estrellas mexicanas del momento como Los Teen Tops, Los Rebeldes del Rock o Los Locos del Ritmo, agrupaciones que fueron pioneras en apropiar el fenómeno del rock and roll en Latinoamérica. En este sentido, Los Dinámicos se reunían a aprender entre ellos mismos; no tenían un profesor y tampoco debió existir alguien que les enseñara la ‘música moderna’ del momento. Si acaso Fernando Latorre se defendía con el acordeón, que a decir verdad no encajaba mucho en una banda de rock; pero los otros dos integrantes habían partido desde cero con sus instrumentos: Alfredo golpeaba como mejor podía su batería hecha con el

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25 bombo y el redoblante de la banda de guerra de su colegio, y Humberto apenas podía rasgar la guitarra, su nuevo instrumento.

Los Dinámicos. De izquierda a derecha, Fernando Latorre, Alfredo Besoza y Humberto Monroy / Archivo personal Herman Monroy.

La familia de Humberto Monroy creía que iba a ser abogado, por la facilidad que tenía a la hora de expresarse. Pero si Humberto en algún momento hubiese decidido ir a la universidad, tal vez hubiese estudiado Agronomía, lo único que le llamaba la atención aparte de la música y un interés que después se vio reflejado en sus letras y su estilo de vida. Como dijo su mamá, Emilia Gil: “siempre lo llamó la tierra” (Gil, 2011). Pero al final Humberto no estudió ni derecho ni agronomía. Se graduó del Colegio José Joaquín Caicedo en 1964 y desde ahí se dedicó a la carrera musical durante toda su vida. Incluso, su madre cuenta que él rechazó una beca para estudiar en un conservatorio musical, porque tal vez prefirió formarse a lo largo de la carretera, con su propio esfuerzo y dedicación. De todas formas, Humberto Monroy hizo su mayor apuesta de vida y fue terco ante las pocas posibilidades que tenía un músico roquero de esa época.

Seguramente muchos jóvenes bogotanos de los años sesenta, que alguna vez pertenecieron a una banda de rock, optaron por ir a la universidad o hacer otra cosa que no fuera la música.

Atrás y sin dejar grabaciones quedaron agrupaciones como Los Danger Twist, Los Strangers, Los Be Boops, Los Silver Thunders, Los Caminantes, Los Desconocidos, Los Rebeldes o Los Electrónicos, bandas que fueron contemporáneas a Los Dinámicos. En este punto, es importante mencionar que, en primera instancia, la apropiación del rock se les facilitó más a los jóvenes urbanos de buenas condiciones económicas, ya que podían adquirir con mayor

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26 facilidad los instrumentos y estaban más familiarizados con el modo de vida de los artistas y el público roquero mundial (Cepeda, 2007, p. 168). No obstante, los sonidos estridentes del rock and roll lograron invadir todos los estratos sociales, y los problemas de bolsillo o las dificultades técnicas se lograron sobrellevar con creatividad y pasión (Díaz, 2011).

Muestra de lo anterior fue la manera como se construían las guitarras eléctricas, que eran algo exótico en la Bogotá de inicios de los sesenta. Con las imágenes que veían en las revistas que mostraban a los artistas mexicanos del momento, Los Dinámicos extrajeron el diseño de una guitarra eléctrica. Lo siguiente fue pedirle ayuda a Jaime Hernando Vargas, el segundo compañero sentimental de la mamá de Humberto Monroy y quien tenía un negocio de muebles y carpintería, cerca al barrio Benjamín Herrera, donde también vivía Monroy. El señor Vargas no dudó en aceptar el reto de construir el instrumento moderno; entonces, Los Dinámicos compraron el diapasón de una guitarra común y corriente para que luego el perspicaz carpintero le diera la forma de guitarra eléctrica a un bloque de madera. Al final, se unieron ambas partes para después adaptar micrófonos robados de los teléfonos públicos.

Con innovación, ingenio y hurto, Los Dinámicos le dieron vida a una de las primeras guitarras eléctricas fabricadas en el país (Latorre F., 2011).

Es así como en sus primeros años el rock en Colombia se hizo con las uñas. Si hasta nuestros días es difícil que una banda de rock de colegio suene bien de primera, aun así hoy existan más facilidades para hacer música, bandas como Los Dinámicos seguramente también sonaban ruidosas y rudimentarias medio siglo atrás. Sin embargo, a la vez estaban transitando la etapa que todo músico, no solo de rock, se ve obligado a pasar si quiere aceptar o renunciar a dicha vocación. Casi nadie hace desde el primer momento su propia música y por eso estos tres bogotanos en principio se dedicaron a imitar lo que hacían los mexicanos, quienes a la vez hacían covers4 de las estrellas anglosajonas como Elvis Presley, Bill Haley, Little Richard, Jerry Lee Lewis y Chuck Berry. Y desde ese entonces, el rock en Colombia, al igual que muchos otros países, no pudo estar alejado de lo que acontecía en el desarrollo de este género musical por todo el mundo. Lo que pasaba en el norte también se vivía en el sur, ya que la música siempre ha sido ignorante a las fronteras.

4 En la música popular, es el término que se usa para hablar de una canción reinterpretada porque ya fue grabada por otro artista previamente.

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3. “Tú tendrás mi amor…”

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Cuando llegaron al monasterio de Usme, Tania Moreno y Humberto Monroy llevaban cinco años como novios. Ambos eran de la misma generación, y por esa época rondaban los 25 años. La historia había comenzado cuando Tania fue a una presentación de Los Speakers en el Pasaje Libertador de Chapinero, en donde se encontraba la discoteca La Gioconda. Los Speakers habían logrado obtener presentaciones en ese lugar gracias a la gestión de Édgar Restrepo, locutor de radio juvenil y promotor discográfico, quien se había encargado de manejar e impulsar la banda. En la Gioconda, Los Speakers se presentaban los fines de semana por las tardes y a ese mismo lugar llegó Tania, la jovencita universitaria amante del rock y de los Beatles que se impresionó al ver que en Colombia también existían unos músicos muy similares a sus ídolos de Liverpool. Para 1966, Los Speakers sonaban en la radio, tenían discos, aparecían en televisión, hacían giras, se peinaban y vestían como las estrellas de rock de mediados de los sesenta. Tania tuvo la oportunidad de conocer a los

‘Beatles colombianos’ y a la vez despertar el interés de Humberto por su belleza. Después de varias llamadas por teléfono y salidas, empezó un noviazgo que precisamente llegaría a su fin en Usme, en donde no había fama ni muchachitas acosando al bajista y cantante de Los Speakers.

¿Pero cómo se había vuelto popular un joven que poco tiempo atrás no tenía ni idea de tocar una guitarra? Después de cumplir el periodo novicio de Los Dinámicos, Humberto Monroy pasó a la siguiente fase de su carrera. Con el tiempo y con la experiencia de haber tocado en teatros y fiestas, Los Dinámicos se presentaron al concurso ‘Futuras estrellas’ de la emisora Radio Continental, en donde la gente llamaba a votar para elegir a su artista favorito, tal y como sucede hoy en día en los concursos de televisión. En dicha competencia, Los Dinámicos llegaron a la final y quedaron empatados con el grupo Los Electrónicos, en los que se encontraba el guitarrista Luis Dueñas, hijo del músico y compositor boyacense Luis Dueñas Perilla. Ese momento también sirvió para que ambas bandas se relacionaran y al final se fusionaran con sus mejores integrantes para darle vida a Los Speakers (Latorre F., 2011).

La unión entre Los Dinámicos y Los Electrónicos fue más un asunto de practicidad y ambición. En ambas bandas había integrantes que sobraban o que no encajaban muy bien dentro de las aspiraciones de algunos de ellos. Estos jóvenes querían ser como los Beatles y

5 Tomado de la canción “Tendrás mi amor”, del disco The Speakers. Los Speakers, 1965.

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28 en ese rumbo solo podían estar los mejores y más empeñados. Por eso, Luis Dueñas, el más familiarizado con la música, ocupó el puesto de guitarrista y desplazó a Humberto Monroy al lugar de bajista. La banda se complementó con Fernando Latorre en la batería, dejando a un lado su acordeón; Oswaldo Hernández en la segunda guitarra, y Rodrigo García en los teclados, quien fue el último miembro en integrarse. Pese a no ser el mejor, Humberto se quedó en el nuevo grupo tal vez por sus notables muestras de empeño y dedicación por hacer música. García, que había estudiado en el conservatorio de Sevilla en su natal España, aprovechó esas cualidades de Monroy y fue su mentor en el bajo; así mismo, se convirtió en el guía musical de Los Speakers.

Los Speakers. De izquierda a derecha, Fernando Latorre, Humberto Monroy, Rodrigo García, Luis Dueñas y Oswaldo Hernández / Archivo personal Jorge Latorre

Además de mejorar en las aptitudes musicales, Los Speakers también dieron un paso adelante en la adecuación técnica del grupo. Humberto, Fernando y Oswaldo viajaron a Venezuela para comprar sus primeros equipos de marca Fender. En Colombia, no se vendían guitarras eléctricas y los impuestos eran demasiado elevados para mandarlas a pedir de otro país. Con el apoyo de su familia, mediante préstamos o empeños de objetos, Los Speakers financiaron ese viaje que les permitía avanzar en la carrera para ser estrellas de rock. Atrás quedaban las guitarras eléctricas hechizas y los jóvenes músicos no dejaban de demostrar que estaban en una constante lucha para lograr sus fines. Y es ese precisamente el espíritu de autogestión que no dejó de aparecer a lo largo del desarrollo del rock en Colombia.

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29 No obstante, Los Speakers no iban a ser famosos únicamente por sí mismos. La radio fue el medio esencial para que se difundiera el rock and roll en Colombia y también lo fue para que se dieran a conocer las nacientes bandas del país. Disc-Jockeys como Jimmy Raisbeck, Carlos Pinzón o Alfonso Lizarazo se especializaron en difundir esa música novedosa que ya había sido todo un fenómeno en Estados Unidos e Inglaterra. Emisoras como Nuevo Mundo, 1.020 y Radio 15, fueron espacios desde donde se apropió y promocionó la música de artistas juveniles, puesto que no solo se dedicaron a ‘darle play’ a los discos, sino que también promocionaban conciertos de artistas extranjeros, como el de Enrique Guzmán en 1964;

organizaban presentaciones en sus radio teatros; realizaban concursos, y hasta extendieron sus propuestas a la televisión. Todo lo anterior con el fin de generar una fiebre musical y bailable de rock and roll, twist, beat, surf y ‘nueva ola’, una variedad de ritmos modernos que se agruparon dentro lo que se conoció como el ‘go-go’ y el ‘ye-ye’.

Así como los adolescentes bogotanos se cautivaron por la película Al compás del reloj, el pinchadiscos Carlos Pinzón también se sintió encantado por ese nuevo ritmo novedoso y que podía ser un total nuevo aire en el dial capitalino, que estaba dominado por la música clásica y las radio novelas. Luego de fascinarse por la película, Pinzón les pidió a los músicos italianos del distinguido Grill Europa6 que vieran el largometraje y adaptaran las canciones rocanroleras que se interpretaban a lo largo del filme. Después, por medio de su posición como locutor en la emisora Nuevo Mundo, Pinzón convocó a la audiencia para la presentación de los italianos en La Plaza de Toros La Santamaría y de esa manera empezar a popularizar el nuevo género musical del momento.

Luego de su éxito en Nuevo Mundo, Carlos Pinzón pasó a la emisora 1.020 de Caracol. Allí, con el auspicio de su director Fernando Gómez Agudelo, quien no tenía ni idea de radio y de música juvenil pues venía de la televisión y era un amante de la música clásica, Pinzón viajó a México con el fin de observar las maneras de hacer radio en dicho país. En ese lugar, el disc- jockey colombiano se sorprendió que cosas tan sencillas como programar dos canciones seguidas o realizar jingles de presentaciones fueran suficientes para que una emisora sea exitosa. Por tanto, Pinzó importó desde México la fórmula de ‘los dos pegaditos’ y empezó a programar solo los hits juveniles del momento en su emisora. En esa dinámica, locutores como Jimmy Raisbeck o Jaime Martínez, presentaban “Popotitos” de Los Teen Tops junto con “Agujetas de color de rosa” de Los Hoolligans, y antes de hacerlas sonar decían en un tono particular: ‘Ahí van, lo dos pegaditos’. O para ir más lejos, Pinzón contrató al trío de boleros Los Isleños para que hiciera el jingle de horario de la emisora 1.020, y el grupo cantaba: ‘Señor locutor, diga usted por favor, qué horas es’, a lo que el locutor respondía: ‘Son

6 Grill: nombre como se conocían a los bares o establecimientos de esparcimiento y vida nocturna en la ciudad.

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30 las 11 y 20. Las 11, y 20’ (la segunda de manera más acentuada). Así, Pinzón logró que la radio fuera cambiando sus estructuras tradicionales y se abriera paso para impulsar la música juvenil.

México también fue la sede principal de apropiación del rock and roll en Latinoamérica y la voz de sus artistas en ocasiones podía llegar a otros países hispanos antes que la de los estadounidenses; aunque los mexicanos no hacían nada más que copiar y traducir las canciones que provenían del norte. Y es que en ese país la moda fue tan fuerte, que sus bandas locales lograban hacer y grabar sus versiones tan solo al día siguiente de que los nuevos éxitos de rock and roll hacían su debut en Estados Unidos (Bellon, 2007, p. 155).

Entonces, no había pierde para que las emisoras impusieran en Colombia modelos y estrategias que habían sido exitosas en otros países. La puerta estaba abierta para el rock.

Es así como en 1963 nació en Bogotá la emisora Radio 15, “la estación de radio juvenil más exitosa de la ciudad durante la década de los sesenta” (Pérez, 2007, p.43). Liderada en su primer año por el mismo Carlos Pinzón, Radio 15 luego pasó a manos de Alfonso Lizarazo junto a Diego Fernando Londoño y Édgar Restrepo Caro, otra persona más que tuvo como destino a Génesis. Radio 15, cuyo nombre alude a los quinceañeros y a los teenagers en general, también fue la primera cadena de emisoras de rock-pop en Colombia, que abarcó Bogotá, Cali, Barranquilla, Bucaramanga, Cali y Medellín. Esta cadena radial fue pionera en difundir el sonido de bandas como los Beach Boys, los Rolling Stones y los Beatles, además de la habitual programación de artistas juveniles de Latinoamérica.

El solista Harold junto al locutor Alfonso Lizarazo / Archivo personal Tania Moreno.

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31 Cuando Alfonso Lizarazo asumió la dirección de Radio 15, después de primero ser operador de sonido de la misma, se propuso como meta hacer de la emisora un semillero de artistas juveniles. Como existían movimientos de ‘música moderna’ por todas partes, Lizarazo le abrió los micrófonos a jóvenes talentos colombianos para que dieran a conocer sus voces. De allí nacieron intérpretes como Óscar Golden, Harold o Lyda Zamora, algunos de los protagonistas de la ‘nueva ola’. Siendo una emisora pequeña, Radio 15 logró ubicarse dentro de los primeros lugares de sintonía, por lo que el paso siguiente de Lizarazo fue lanzar el sello musical Estudio 15 (después Disco 15), con el que promocionó más a los jóvenes artistas que grababan sus discos dentro de los radio teatros y en horas de la madrugada, para que no se escuchara el ruido de los carros. Lizarazo también contó con la colaboración del propietario de las tiendas Discos Bambuco, Eduardo Calle, quien se encargó de distribuir y vender la música de los nacientes ídolos juveniles. Con esta labor, el director de Radio 15 también se convirtió en una especie de productor, puesto que por su cercanía con los oyentes sabía lo que le gustaba a la gente, lo que ‘pegaba’, y por eso se encargó de escoger las canciones que cada artista debía grabar según su propio estilo y los gustos del público.

Por su parte, Los Speakers tampoco se quedaron atrás en la grabación de su primer disco, que era necesario para poder ser escuchados masivamente en los espacios radiales que se estaban consolidando. Así, ellos mismos se encargaron de ir y hacer una audición para el Sello Vergara, casa disquera dedicada a editar rancheras y boleros, que aceptó producir al conjunto de ‘música de moderna’. De esta manera, en 1965 Los Speakers lanzaron su primer disco que se tituló de manera homónima. Por supuesto, los técnicos de grabación del Sello Vergara quedaron locos y fueron reacios ante las peticiones de los jóvenes de trabajar con eco y reverberación, efectos sonoros que eran la sensación en ese momento pero que no hacían parte del contexto sonoro de la ranchera y el bolero; aunque al final, las directivas del Sello Vergara dieron vía libre para que los muchachos roqueros grabaran como quisieran.

El álbum The Speakers es considerado el primer disco de rock hecho por una banda colombiana (Pérez, 2007, p. 57). Diez de sus doce canciones son versiones de temas de agrupaciones como The Trashmen, The Beatles y Ritchie Valens. Tan solo dos temas son de autoría de Los Speakers, ellas son “Tendrás mi amor”, compuesta a dos manos por Humberto Monroy y Rodrigo García, y la instrumental “M.S. 63-64”, ingeniada por el músico español.

En la portada del disco, la similitud de Los Speakers con los Beatles es evidente: los peinados, los vestidos y el humo del Tren de la Sabana de Bogotá evidencian la promoción de quienes iban a ser los nuevos ídolos de la música juvenil en Colombia.

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32 Portada del disco The Speakers. Los Speakers, 1965.

En lo que a esta historia le concierne, se puede decir que desde su primer disco Humberto Monroy desempeñó un papel activo en el desarrollo del rock colombiano. El bajista de Los Speakers se encargaba de gestionar y promocionar a su grupo, yendo a las emisoras y contactándose con Carlos Pinzón o Alfonso Lizarazo, personas claves en la consolidación del movimiento ‘go-go’. Y es que Humberto estaba metido de lleno en la música, a diferencia de algunos de sus compañeros que alternaban los conciertos con las carreras universitarias. Este joven recién graduado del colegio se codeaba con gente importante de la escena musical y poco a poco fue abriendo puertas que luego le permitirían consolidar otros proyectos futuros.

A pesar de que su banda y todas las demás de la escena bogotana todavía eran imitadoras de grupos extranjeros, Monroy demostró un interés por realizar trabajos de su propia autoría y en español. “Tendrás mi amor” fue su primera canción, una canción de amor.

4. “Estoy dentro de un sueño…”

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Para mediados de los años sesenta el panorama estaba listo para que bandas como Los Speakers tuvieran sus quince minutos de fama. Los discos empezaron a aparecer en mayor cantidad, la radio los difundía y los sellos se interesaron en grabar una música que sin duda era un buen negocio que se alimentaba principalmente de la juventud. En la escena bogotana

7 Tomado de la canción “Un sueño mágico”, del disco The Speakers en el Maravilloso Mundo de Ingesón. Los Speakers, 1968.

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33 surgieron nuevas bandas como Los Flippers, Los Ámpex o Los Young Beats que también grabaron discos y sonaron en las emisoras. Dichos grupos, en sus adaptaciones que hicieron de artistas extranjeros, cantaron sobre temas de amor, placer, felicidad o sencillamente buscaron con su música una forma de evasión de la realidad, por lo que aún no trataban letras con contenidos sociales o políticos (Cepeda, 2007).

No obstante, el rock era controvertido y daba de qué hablar dentro de la sociedad bogotana.

Esa ‘música moderna’ que le encantaba a la juventud a la vez despertaba curiosidad, atracción o desprecio en la gente. Los bailes frenéticos en minifalda de las ‘chicas a go-go’ o el pelo por debajo de las orejas de los músicos, eran aspectos que podían chocar con la sociedad conservadora. Sin embargo, esas mismas reacciones de alguna manera permitieron que el rock cobrara popularidad y que se haya dado origen a un fenómeno que invadió y conquistó la escena bogotana y colombiana, sobre todo entre 1965 y 1967. El ‘go-go’, expresión que significaba danzar hasta el cansancio en el mismo lugar, y el ‘ye-ye’, que era el grito de batalla de los Beatles, fueron una fiebre, un ritmo, un solo movimiento (Hurtado, 1966, 1 de diciembre). Y es que en parte se puede decir que el rock llegó al país como un fenómeno generado por las modas internacionales y no como un canal para expresar la desobediencia juvenil, ya que de esa manera pudo contar con el visto bueno de los medios de comunicación, los espacios y las dinámicas comerciales que facilitaban su producción (Cepeda, 2007, p.

135).

Es importante aclarar aquí que existieron dos tendencias dentro de la música juvenil. Por una parte estaban los artistas de la ‘nueva ola’ como Harold, Óscar Golden, Kenny Pacheco, Billy Pontoni, Vicky o Lyda Zamora, quienes interpretaban canciones poco rebeldes, sin tanta energía musical, que hacían parte de un fenómeno netamente comercial y que incluso gustaban en la gente adulta que también danzaba en las discotecas. Y por otra parte, estaban los grupos que se han venido mencionando, como Los Speakers, Los Flippers, Los Ámpex o Los Young Beats, que estaban más comprometidos con el rock y luego apropiaron su evolución mundial en lo ideológico y musical. Sin embargo, los roqueros y ‘nuevaoleros’

hacían parte del mismo movimiento, eran amigos, compartían giras y escenarios. Y en los medios de comunicación la integración se presentaba igual, como por ejemplo sucedía en el programa de televisión de Alfonso Lizarazo ‘Juventud Moderna’, que llevó su programación

‘go-go’ de la emisora Radio 15 a la pantalla chica. La fiebre del ‘go-go’ y el ‘ye-ye’ era una sola, pero lo que pasó después fue que los ‘nuevaoleros’ siguieron los mandatos discográficos y comerciales mediante géneros como la balada, y los roqueros luego se dedicaron a hacer su propia música según las nuevas dinámicas mundiales del rock, aunque ya sin recibir apoyo considerable de la industria discográfica ni de los medios de comunicación colombianos. Por

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34 tanto, fueron las bandas, más que los solistas intérpretes, las verdaderas sembradoras del rock en nuestro país.

Portada del disco promocional Milo a Go-Go. Los Speakers, Harold y Óscar Golden.

Por su parte, la industria comercial también estaba dispuesta a patrocinar eventos que seguramente serían un éxito total debido a la enorme acogida del movimiento juvenil, como bien lo hizo la compañía Nestlé con la ‘Gira Milo a gogó’. El publicista de la firma Cicolac Juan David Botero, hermano del artista Fernando Botero, se encargó de contactar a Alfonso Lizarazo para que organizara un tour por todo el país con la música juvenil y que a la vez sea una excelente oportunidad para promocionar el nuevo producto, puesto que la gente tenía que presentar 3 etiquetas de la bebida instantánea Milo más 2 pesos para poder entrar a los conciertos (Latorre J., 2011). La gira representó el pico más alto de un fenómeno que invadía a la juventud por todo el país, puesto que realizó más de 70 presentaciones, durante los fines de semana de 1966 y 1967. Los ídolos y los éxitos ya estaban más que posicionados y el público también respondió a la altura de las modas populares. De esta manera, al igual como sucedió con los Beatles en su primera visita a Estados Unidos en 1964, las multitudes de Medellín recibieron a Los Speakers con pancartas e histerias en el aeropuerto, y con el fin de tocar a sus ídolos, se abalanzaron y casi destruyeron el carro que transportaba a los jóvenes artistas (Pérez, 2007, p. 62).

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35 Además de las giras también estaban las discotecas. En Bogotá había cerca de 50 lugares de congregación para vivir el fenómeno ‘go-go’ a toda hora. Una de las discotecas más populares fue La Bomba, ubicada en la calle 60 con carrera novena, y propiedad de una alianza entre Carlos Pinzón, Gloria Valencia de Castaño, Fernando Gómez Agudelo y Juan David Botero, reconocidos personajes de los medios de comunicación de aquellos tiempos. Esta discoteca fue construida dentro de una enorme bodega que podía albergar a cientos de personas y además contaba con un novedoso escenario giratorio en el que por decir se presentaba Óscar Golden y a los pocos segundos de terminar su show seguía un conjunto como Los Ámpex. Un secretario que tuvo Carlos Pinzón en la emisora 1.020 se encargaba de hacer girar el escenario a puro pulso. En La Bomba también se presentaron artistas de fuera de Bogotá como Los Yetis de Medellín y Los Crickets de México y a la vez se empezó a gestar un sitio estratégico en donde el rock y sus seguidores confluían (Riaño, 1972, p. 79). La Bomba fue un ejemplo de la magnitud del fenómeno y el negocio ‘go-go’, que consolidó el público suficiente para darle vida a una escena que contaba con cerca de 20 grupos que se presentaban todos los fines de semana alrededor de Bogotá; aunque, como ya había sucedido años atrás, la mayoría de esos grupos no dejaron discos.

Los Speakers en la discoteca La Bomba / Archivo personal Tania Moreno.

Los Speakers fue una banda de permanente actividad en La Bomba, con presentaciones que se extendían hasta las 4 de la mañana, y también fue de los pocos grupos que no cesaron en su producción musical. Para su tercer disco Tuercas, Tornillos y Alicates de 1967, se integró como nuevo baterista el ex Flippers Édgar Dueñas, al tiempo que Fernando Latorre abandonó la banda para dedicarse de lleno a sus estudios de arquitectura. A pesar de que en Tuercas, Tornillos y Alicates hubo composiciones propias de Los Speakers, entre ellas

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“Niebla”, un presagio de mala fortuna, soledad y arrepentimiento para una mujer que abandonó a su hombre, compuesta por Humberto Monroy, este disco no dejó de mostrar la influencia mexicana y el rock como factor de diversión y baile.

Sin embargo, 1967 también fue el año en que la fiebre del ‘go-go’ empezó a enfriarse. La moda se había saturado a sí misma y los espacios empezaron a cerrarse por las exigencias de un público que buscaba otras sonoridades. Los establecimientos necesitaban nuevas maneras de sostenerse y el poco nivel adquisitivo de los jóvenes no alcanzaba para que una discoteca sea lo suficientemente rentable. Así mismo, la inexperiencia administrativa de los socios de La Bomba les impidió sostenerse económicamente, y apunta de ‘whiskies de cortesía’ a personalidades como el entonces alcalde de Bogotá Virgilio Barco, la discoteca poco a poco fue quebrándose. Además, la radio bogotana la daba la bienvenida a la música costeña, que para ese momento era inusitada en el dial capitalino (Pinzón, 2011). Y si bien personas como Carlos Pinzón o Alfonso Lizarazo contribuyeron bastante a la popularización del rock en el país, no fue porque eran los más roqueros de la época sino porque respondieron a las obligaciones de su oficio de turno, como también lo hicieron después en el entretenimiento, en el caso de Lizarazo, y en la música clásica, en el caso de Pinzón. Entonces, el movimiento juvenil no alcanzó a consolidarse como una industria comercial y esto hizo que los anunciantes y las disqueras dejen de interesarse por algo que no fue más que una moda. Así, hubo un apagón, pero de todos esos años de esfuerzo y posterior recompensa efímera para los primeros roqueros del país quedaron ciertas brasas, quedaron personas que seguían teniendo inquietudes y querían seguir creyendo en el rock (Díaz, 2011).

5. “Un día dejé mis ropas al viento…”

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Toda esa etapa pop de Los Speakers era el total opuesto a lo que Humberto Monroy y sus amigos vivían en Usme. Estaban fuera de la ciudad, no pertenecían al mercado ni a la industria cultural, no estaban saliendo por televisión ni sonaban en la radio. Tampoco ningún sello discográfico publicó las misas que Humberto compuso para amenizar las eucaristías otorgadas por los monjes del monasterio. Y los únicos conciertos sucedieron dentro de los buses que ocasionalmente tomaban para ir a Bogotá.

Todo ese giro hacia la búsqueda interior del ser y el desprendimiento del mundo exterior por parte de Humberto Monroy, puede rastrearse desde sus primeras canciones de los discos que

8 Tomado de la canción “Un día”, del disco Yakta Mama. Génesis, 1975.

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37 se distanciaron de la acostumbrada imitación de artistas extranjeros. El cuarto y el quinto disco de Los Speakers se realizaron netamente con composiciones propias de sus integrantes, en las que la música y las líricas tomaron otros sentidos que iban a la par con los cambios musicales e ideológicos de la época.

Luego del tercer álbum de Los Speakers, el recién llegado baterista Édgar Dueñas se fue de la banda y a la vez abrió la puerta para que su hermano Luis y el guitarrista Oswaldo Hernández también dieran por finiquitada su permanencia en uno de los grupos de rock más reconocidos de la época. De esta manera, Los Speakers se redujeron a un dúo conformado por Rodrigo García y Humberto Monroy. Pero claro está que la banda no podía existir con solo dos personas, por lo que los músicos contactaron al baterista Roberto Fiorilli y el guitarrista Óscar Lasprilla de la banda Time Machine, que por esas épocas estaban necesitados de trabajo al no ser los más populares en las discotecas (Fiorilli, 2011). Así, Los Speakers estrenaban nueva alineación, que en últimas era como un ‘súper grupo’ de la escena bogotana.

Roberto Fiorilli había sido el baterista de Los Young Beats, una agrupación que estaba orientada en bandas como The Beatles, The Rolling Stones, The Animals, The Kinks y The Small Faces, en lugar de los artistas mexicanos y argentinos. Después de haberse presentado varias veces en Televisión, teatros, discotecas y distintas ciudades del país, Roberto Fiorilli y Fernando Córdoba, guitarrista de Los Young Beats, decidieron tomar un nuevo camino junto a Yamel Uribe y Óscar Lasprilla, quienes habían sido integrantes de Los Ámpex. Los cuatro músicos sentían afinidad por los nuevos cambios en la escena mundial, y se interesaban por artistas como The Who, Bob Dylan, Jimi Hendrix, Cream, Yarbirds y Paul Butterfield. Así, a finales de 1967, se gestó un nuevo proyecto musical que cada vez más se desprendía del rock como un movimiento comercial y bailable: The Time Machine. Esta banda era observada por los músicos o por gente que ya percibía el rock con otros ojos y oídos, por lo que no caló mucho dentro del fenómeno ‘go-go’ y sus oportunidades para presentarse fueron escasas, hasta el punto que el grupo tuvo que acabarse en muy poco tiempo pero sin dejar de influir en los próximos cambios del rock colombiano.

Fiorilli y Lasprilla entraron a Los Speakers bajo ciertas condiciones que aceptaron sin problema Monroy y García: componer temas propios, salir de los covers y mirar hacia el futuro (Fiorilli, 2011). El año 1967 estaba por terminar y los nuevos Speakers partieron para una gira en el vecino país del Ecuador, en donde estuvieron hasta principios del siguiente año y regresaron a Colombia para grabar su cuarto disco. Nuevamente hicieron un álbum que se tituló de manera homónima pero esta vez con la gran novedad que tenía todas las canciones

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38 de propia autoría de sus integrantes, en las que cada uno aportó 3 composiciones según los estilos y corrientes que mejor representaba. Otra vez, Los Speakers marcaban la pauta de pioneros en el rock colombiano, con una gira fuera del país y con el primer disco de composiciones netamente propias y en español.

Portada del disco The Speakers. Los Speakers, 1968.

Las canciones de Humberto Monroy en el cuarto disco de Los Speakers son “Un hombre triste”, “Reflexiones” y “Después de tanto amor”, que le cantan a la soledad, a la nostalgia del primer amor y a una despedida amorosa sin sufrimientos, respectivamente. El aporte de Monroy en este disco se caracteriza por presentar algunas de las canciones menos enérgicas, de ritmos suaves, que se complementan muy bien con las canciones más animosas de Óscar Lasprilla o los experimentos musicales de Roberto Fiorilli y Rodrigo García. “Un hombre triste” es una canción que Monroy hizo tal vez anunciando el estilo de vida que aspiraba y que sería su destino en poco tiempo en Génesis:

“Yo prefiero escuchar el dulce llanto de las aves O sentir el suave aroma de las flores

Que hablar con alguien, Que hablar con alguien”9.

9 Fragmento de la canción “Un hombre triste”, del disco The Speakers. Los Speakers, 1968.

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39 En 1968 Los Speakers también le dieron vida a su quinto y último disco. Musical y conceptualmente, la banda se despidió por la puerta grande, aunque comercialmente no triunfó como en sus primeros años. Con la partida de Óscar Lasprilla a Europa en busca de mejores oportunidades para su carrera musical, Los Speakers pasaron a ser un trío conformado por Monroy, Fiorilli y García. Estos tres veinteañeros decidieron crear una obra que fuera más allá del disco, que además tuviera un concepto de ideas, gráficas, textos y adornos.

La idea de Los Speakers no atrajo mucho a los sellos musicales del momento. Luego de haber lanzado tres discos con el sello Bambuco, esta casa disquera se negó a trabajar con la propuesta de Los Speakers, al igual que los demás sellos como Codiscos, Phillips o Polydor.

La razón era muy sencilla: los negociantes de las discográficas no se iban a arriesgar con trabajos que no tenían plena garantía de éxito comercial, como sí había sucedido antes con el

‘go-go’. Por tanto, un álbum conceptual, como el de Los Speakers, representaba un alto costo de inversión y un elevado riesgo comercial; es decir, no era un buen negocio. De esta manera, se empieza a evidenciar que el apoyo previo de las disqueras a los grupos de rock no fue más que un asunto de conveniencia y oportunismo en el mercado, porque cuando el rock empieza a cambiar musical e ideológicamente ya no iba a llenar las discotecas ni a mover a las multitudes fiesteras.

Ante este panorama, Humberto, Roberto y Rodrigo volvieron a sembrar otra semilla innovadora en la historia del rock nacional: hacer un disco independiente. El único contrato que hubo fue con Manuel Drézner, propietario del estudio Ingesón, que para ese momento acababa de acondicionar una sala de grabación que era la vanguardia en Latinoamérica. El acuerdo se estipuló así: Los Speakers estaban autorizados para usar el estudio después de las 9 de la noche y hasta la madrugada, pero con la condición de que el nombre de Ingesón debía aparecer en el título del disco. El resultado: The Speakers en el Maravilloso Mundo de Ingesón. En dichos términos, Drézner se beneficiaba al publicitar su marca y las posibilidades que ofrecía su nuevo estudio, que Los Speakers aprovecharon de la mejor manera, y la banda pudo cumplir su proyecto que tomó más de tres meses de trabajo (Galeano, 2007).

Esta obra maestra y novedosa no solo de la historia del rock colombiano, sino también de la historia musical del país, es toda una pieza de colección. El álbum en su parte física cuenta con gráficas y pinturas de reconocidos aristas de la época; un texto del poeta antioqueño Darío Ruiz Gómez, uno de Manuel Drézner y otros de los integrantes; fotos de la banda en distintos espacios y facetas; un chicle como réplica de un ácido, e incluso cada ejemplar fue

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40 perfumado con esencia de rosas antes de ser sellado. Y todos esos elementos estaban integrados y encauzados en las intenciones del disco: reflejar la visión de Los Speakers, representantes de la juventud, sobre los momentos sociales y culturales que se vivían por aquellos años, como el hippismo, la Guerra de Vietnam o Mayo del 68 francés (Galeano, 2007). En resumidas cuentas, temas en los que los jóvenes tenían algo qué decir a la sociedad.

Portada del disco The Speakers en el Maravilloso Mundo de Ingesón. Los Speakers, 1968.

A pesar del valioso esfuerzo de los integrantes que autogestionaron toda la producción de The Speakers en el Maravilloso Mundo de Ingesón, los resultados económicos no fueron los esperados. Aunque contó con buena recepción por parte de la crítica musical y difusión de los medios de comunicación, el disco no se vendió bien tal vez porque el público colombiano no estaba preparado para una obra vanguardista para la época; al igual que pudo ser dificultosa la distribución para el sello independiente Producciones Kris, que los mismos Speakers habían creado. Además, la música del disco es muy experimental, sicodélica, con multiplicidad de instrumentos y efectos sonoros, que lograron canciones nada convencionales y con letras que asumieron una posición de denuncia ante lo que sucedía en su entorno: guerras, injusticia, pobreza, hambre e hipocresía.

Pero a decir verdad, Los Speakers no hicieron su último disco con el ánimo de volverse ricos con una obra innovadora. El hecho de que ya no hayan estado atados a los dictámenes

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