VIGILIA DE LA ALMUDENA Durante la procesión de entrada se canta:
TOTUS TUUS (M. Frisina)
Totus tuus sum ,Maria, Mater nostri Redemptoris, Virgo Dei, Virgo pia,
Mater Mundi Salvatoris. (3)
Amen.
SALUDO INICIAL
V./ En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
R./ Amén
V./ La paz esté con vosotros.
R./ Y con tu espíritu.
INTRODUCCIÓN Una joven:
Querido Sr. Cardenal:
Nos reunimos un año más con Usted en la Santa Iglesia Catedral para que nos guíe y, juntos, invoquemos la protección y la intercesión de nuestra Madre, la Virgen, en la fiesta de nuestra patrona, Santa María la Real de la Almudena. Antes de concluir el “Año de la fe”, en el segundo curso de la “Misión Madrid”, queremos renovar nuestro compromiso de llevar el Evangelio a todos los hombres.
La conversión a la que nos ha animado en el curso pasado, entendida como “volverse al Señor” está en el inicio del anuncio misionero. Así nos lo recordaba el Papa Francisco en
la Jornada Mundial de la Juventud en Rio de Janeiro, el pasado mes de julio, con las siguientes palabras:
Un joven:
“Hoy nos hará bien a todos que nos preguntásemos sinceramente: ¿En quién ponemos nuestra fe? ¿En nosotros mismos, en las cosas, o en Jesús? Todos tenemos muchas veces la tentación de ponernos en el centro, de creernos que somos el eje del universo, de creer que nosotros solos construimos nuestra vida, o pensar que el tener, el dinero, el poder es lo que da la felicidad. Pero todos sabemos que no es así. El tener, el dinero, el poder pueden ofrecer un momento de embriaguez, la ilusión de ser felices, pero, al final, nos dominan y nos llevan a querer tener cada vez más, a no estar nunca satisfechos. La juventud tiene que ser fuerte, alimentarse de su fe, y no empacharse de otras cosas.
¡Pon a Cristo en tu vida, pon tu confianza en él y no vas a quedar defraudado!
Aparentemente parece que no cambia nada, pero, en lo más profundo de nosotros mismos, cambia todo. Cuando está Dios en nuestro corazón, nuestra existencia se transforma; yo te pregunto a ti, hoy: ¿Estás dispuesto, estás dispuesta a entrar en esta onda de la revolución de la fe? Sólo entrando, tu vida joven va a tener sentido y así será fecunda.”
Una joven:
Ante las palabras del Papa, no nos debe extrañar -como nos ha recordado en el Plan Pastoral para este curso- que “en un medio ambiente cultural y social dominado por la exaltación materialista y hedonista del “Yo”, (…) nos encontremos ante una verdadera
“emergencia educativa” (…) resultado patente e inevitable del falso concepto de autonomía del hombre. El Papa Benedicto XVI, en la Jornada Mundial de la Juventud que celebramos aquí en Madrid nos invitaba, en cambio, a seguir un camino diverso al que el mundo nos propone:
Un joven:
“Queridos jóvenes –decía-, permitidme que os recuerde que seguir a Jesús en la fe es caminar con Él en la comunión de la Iglesia. No se puede seguir a Jesús en solitario.
Quien cede a la tentación de ir «por su cuenta» o de vivir la fe según la mentalidad individualista, que predomina en la sociedad, corre el riesgo de no encontrar nunca a Jesucristo, o de acabar siguiendo una imagen falsa de Él. Tener fe es apoyarse en la fe de tus hermanos, y que tu fe sirva igualmente de apoyo para la de otros. Os pido, queridos amigos, que améis a la Iglesia, que os ha engendrado en la fe, que os ha ayudado a conocer mejor a Cristo, que os ha hecho descubrir la belleza de su amor. Para el crecimiento de vuestra amistad con Cristo es fundamental reconocer la importancia de vuestra gozosa inserción en las parroquias, comunidades y movimientos, así como la participación en la Eucaristía de cada domingo, la recepción frecuente del sacramento del perdón, y el cultivo de la oración y meditación de la Palabra de Dios. De esta amistad con Jesús nacerá también el impulso que lleva a dar testimonio de la fe en los más diversos ambientes, incluso allí donde hay rechazo o indiferencia. No se puede encontrar a Cristo y no darlo a conocer a los demás. Por tanto, no os guardéis a Cristo para vosotros mismos. Comunicad a los demás la alegría de vuestra fe. El mundo necesita el testimonio de vuestra fe, necesita ciertamente a Dios.”
Una joven:
En esta Vigilia de oración queremos pedir a la Virgen que nos enseñe a “sentir con la Iglesia” para que, de este modo, tengamos la seguridad de seguir a Jesús, que queremos sea el Señor de nuestra vida. Sólo siendo verdaderos discípulos seremos intrépidos misioneros, constructores de una nueva humanidad en el colegio, en la universidad, en la familia, y en todos los ambientes en los que nos movemos, especialmente entre los jóvenes de nuestro tiempo. Comenzamos, pues, invocando a María para que ella nos mire y nos lleve a Jesús. (Nos ponemos de pie)
Himno
MARIA MIRAME (Betsaida)
María mírame, María mírame
Si tú me miras, El también me mirará Madre mía mírame, de la mano llévame Muy cerca de El
Que ahí me quiero quedar.
María cúbreme con tu manto Que tengo miedo, no sé rezar Que por tus ojos misericordiosos Tendré la fuerza, tendré la paz.
María mírame…
Madre consuélame de mis penas Es que no quiero, ofenderle más Que por tus ojos misericordiosos Quiero ir al cielo... ¡y verlos ya!
María mírame…
En tus brazos quiero, descansar.
INTRODUCCIÓN A LOS SALMOS
Los salmos son palabras que Dios pone en nuestros labios para que nos dirijamos a Él.
Forman parte de la “Oración de la Iglesia” como formaron parte de la oración de Jesús.
Recitémolos con calma, gustando y acogiendo cada palabra.
Después de la Oración que sigue a cada salmo guardaremos un momento de silencio para la meditación y escucharemos una oración de la tradición de la Iglesia suplicando al Señor que nos conceda lo que en ellas pedimos.
Salmo 83
Recitado a “dos coros”.
Antífona: Spiritus Iesu Christi, Spiritus caritatis, confirmet cor tuum.
¡Qué deseables son tus moradas, Señor de los ejércitos!
Mi alma se consume y anhela los atrios del Señor,
mi corazón y mi carne retozan por el Dios vivo.
Hasta el gorrión ha encontrado una casa;
la golondrina, un nido donde colocar sus polluelos:
tus altares, Señor de los ejércitos, Rey mío y Dios mío.
Dichosos los que viven en tu casa, alabándote siempre.
Dichosos los que encuentran en ti su fuerza al preparar su peregrinación:
cuando atraviesan áridos valles, los convierten en oasis,
como si la lluvia temprana los cubriera de bendiciones;
caminan de baluarte en baluarte hasta ver a Dios en Sión.
Señor de los ejércitos, escucha mi súplica;
atiéndeme, Dios de Jacob.
Fíjate, oh Dios, en nuestro Escudo, mira el rostro de tu Ungido.
Vale más un día en tus atrios que mil en mi casa,
y prefiero el umbral de la casa de Dios a vivir con los malvados.
Porque el Señor es sol y escudo, él da la gracia y la gloria;
el Señor no niega sus bienes a los de conducta intachable.
¡Señor de los ejércitos, dichoso el hombre que confía en ti!
Antífona: Spiritus Iesu Christi, Spiritus caritatis, confirmet cor tuum.
Todos: Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Oremos.
Señor de los ejércitos, Dios de Jacob, que has atendido la oración de tu Ungido y le has dado el gozo de vivir para siempre en tu casa, ayúdanos a amar a tu Iglesia, que peregrina caminando hacia ti: que pueda presentar en tu altar su sacrificio de alabanza, que, caminando de baluarte en baluarte, llegue felizmente a tus atrios, y allí pueda cantar tu alabanza eternamente. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Después de un breve silencio el coro entona la Antífona “Spiritus Iesu Christi” a “boca chiusa” mientras un lector dice:
Señor Jesús que me conozca a mí, que te conozca a Ti (San Agustín) Señor Jesús, que me conozca a mí,
y que te conozca a Ti
Que no desee otra cosa sino a Ti Que me odie a mí y te ame a Ti, y que todo lo haga siempre por Ti Que me humille y que te exalte a Ti Que no piense nada más que en Ti Que me mortifique, para vivir en Ti, y que acepte todo como venido de Ti Que renuncie a lo mío y te siga sólo a Ti Que siempre escoja seguirte a Ti
Que huya de mí y me refugie en Ti, y que merezca ser protegido por Ti Que me tema a mí y tema ofenderte a Ti Que sea contado entre los elegidos por Ti Que desconfíe de mí
y ponga toda mi confianza en Ti, Y que obedezca a otros por amor a Ti
Que a nada dé importancia sino tan sólo a Ti
Que quiera ser pobre por amor a Ti Mírame, para que sólo te ame a Ti Llámame, para que sólo te busque a Ti, y concédeme la gracia
de gozar para siempre de Ti Amén.
Salmo 147
Recitado por un solista, se intercala la antífona, cantada por todos, a modo responsorial.
Antífona: Laudate omnes gentes, laudate Dominum.
Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios, Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas, y ha bendecido a tus hijos dentro de ti;
ha puesto paz en tus fronteras, te sacia con flor de harina.
Antífona: Laudate omnes gentes, laudate Dominum.
Él envía su mensaje a la tierra, y su palabra corre veloz;
manda la nieve como lana, esparce la escarcha como ceniza;
Antífona: Laudate omnes gentes, laudate Dominum.
hace caer el hielo como migajas y con el frío congela las aguas;
envía una orden, y se derriten;
sopla su aliento, y corren.
Antífona: Laudate omnes gentes, laudate Dominum.
Anuncia su palabra a Jacob, sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así, ni les dio a conocer sus mandatos.
Antífona: Laudate omnes gentes, laudate Dominum.
Todos: Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Oremos.
Tú, Señor, que, después de haber probado a tu pueblo en los duros años del destierro, pusiste paz en sus fronteras y bendijiste a sus hijos dentro de Jerusalén, mira también, compadecido, las dificultades de tu Iglesia y refuerza los cerrojos de sus puertas para que te glorifique, y confiese ante las naciones que con ninguna otra nación obraste así.
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Después de un breve silencio el coro entona la Antífona “Laudate omnes gentes” a
“boca chiusa” mientras un lector dice:
Padre, me pongo en tus manos. (Beato Carlos de Foucauld)
Padre, me pongo en tus manos, haz de mí lo que quieras,
sea lo que fuere.
Por ello te doy las gracias.
Estoy dispuesto a todo.
Lo acepto todo,
con tal de que se cumpla tu voluntad en mí y en todas tus criaturas.
No deseo nada más, Padre.
Te encomiendo mi alma, te la entrego con todo el amor de que soy capaz, porque te amo y necesito darme, ponerme en tus manos sin medida, con infinita confianza,
porque tú eres mi Padre.
Salmo 136
Recitado todos al unísono.
Antífona: Cristo Jesús, oh fuego que abrasa,
que las tinieblas en mi no tengan voz Cristo, Jesús, disipa mis sombras, y que en mi sólo hable tu amor.
Junto a los canales de Babilonia
nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión;
en los sauces de sus orillas colgábamos nuestras cítaras.
Allí los que nos deportaron nos invitaban a cantar;
nuestros opresores, a divertirlos:
"Cantadnos un cantar de Sión."
¡Cómo cantar un cántico del Señor en tierra extranjera!
Si me olvido de ti, Jerusalén,
que se me paralice la mano derecha;
que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti,
si no pongo a Jerusalén en la cumbre de mis alegrías.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Oremos.
Padre nuestro que estás en los cielos, acuérdate de nosotros que, desterrados y lejos de ti, nos sentamos a llorar con nostalgia, junto a los canales de Babilonia, alejados de la verdadera felicidad; no permitas que, en esta tierra extranjera, nos olvidemos de la Jerusalén donde tú serás nuestra alegría, y haz que algún día, vencidos nuestros opresores, alejados del pecado, liberados de la ignorancia y destruida para siempre la muerte, podamos cantar los cantares de Sión, en compañía de todos tus santos. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Después de un breve silencio el coro entona la Antífona “Cristo Jesús” a “boca chiusa”
mientras un lector dice:
Oración para irradiar a Cristo. (Beato J. H. Newman)
Inunda mi alma de tu espíritu y vida.
Penetra en mí y aduéñate tan por completo de mí que toda mi vida no sea más que una irradiación de la tuya.
Resplandece a través de mí y permanece en mí de tal manera que cada alma con la que entre en contacto pueda sentir tu presencia en mí.
Que, al verme, no vean a mí, sino a Ti en mí.
Permanece en mí, de suerte que resplandezca con tu mismo resplandor y que mi resplandor sirva de luz para los demás.
Que mí luz venga toda de Ti, oh Jesús: y que ni el rayo más leve sea mío. Sé Tú el que iluminas a otros por mi medio.
Pon en mis labios la alabanza que más te agrada iluminando a otros a mí alrededor.
Que, más que con palabras, te pregone con los hechos, con el destello visible del amor que de Ti viene a mí corazón. Amén.
LECTURA BREVE
Del Libro de los Hechos de los Apóstoles 1,12.13a.14- 2,1-4
Entonces se volvieron a Jerusalén, desde el monte que llaman de los Olivos, que dista de Jerusalén lo que se permite caminar en sábado. Cuando llegaron, subieron a la sala superior, donde se alojaban. Todos ellos perseveraban unánimes en la oración, junto con algunas mujeres y María, la madre de Jesús, y con sus hermanos. Al cumplirse el día de Pentecostés, estaban todos en el mismo lugar. De repente se produjo desde el cielo un estruendo, como de viento que soplaba fuertemente, y llenó toda la casa donde se encontraban sentados. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se dividían, posándose encima de cada uno de ellos. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía manifestarse.
Responsorio: Veni Sancti Spiritu (Taizé) HOMILÍA
Silencio
INTRODUCCIÓN A LA EXPOSICIÓN DEL SANTÍSIMO
Después de haber escuchado, meditado y acogido a Jesús en su Palabra, vamos a contemplarlo y adorarlo sacramentado.
Se inicia la procesión con el Santísimo, ya en la custodia, desde el fondo de la nave, acompañado por unos jóvenes con antorchas encendidas.
Durante la procesión los instrumentos tocan Vengo a adorarte. Cuando se coloque el Santísimo sobre el altar se comienza a cantar mientras se inciensa.
VENGO A ADORARTE: OH LUZ DEL MUNDO (Hilsong) Oh Luz del Mundo, bajaste a la oscuridad,
Mis ojos abriste, pude ver.
Belleza que causa que mi ser te adore, esperanza de vida en ti.
Vengo a adorarte, vengo a postrarme vengo a decir que eres mi Dios.
Eres simplemente bello, simplemente digno tan maravilloso para mí.
Oh rey eterno, tan alto y exaltado, glorioso en el cielo eres tu.
Al mundo que hiciste, humilde viniste, pobre te hiciste por amor.
Nunca sabré cuanto costo, Ver mi pecado en la cruz.
Silencio.
Después dice un lector:
Te amo, oh mi Dios. San Juan María Vianney Te amo, oh mi Dios.
Mi único deseo es amarte
hasta el último suspiro de mi vida.
Te amo, oh infinitamente amoroso Dios,
y prefiero morir amándote que vivir un instante sin amarte.
Te amo, Señor, y la única gracia que te pido es la de amarte eternamente.
Oh mi Dios, si mi lengua no puede decir cada instante que te amo, quiero que mi corazón lo repita cada vez que respiro.
Te amo, oh mi Dios Salvador, porque has sido crucificado por mí, y me tienes aquí crucificado contigo.
Dios mío, dame la gracia de morir amándote
Silencio.
NO ADORÉIS A NADIE MÁS QUE A ÉL (L. A. Díaz)
No adoréis a nadie, a nadie más que a Él Porque sólo Él, nos puede sostener No adoréis a nadie, a nadie más que a Él
No miréis a nadie, a nadie más que a Él Porque sólo Él, nos puede sostener No miréis a nadie, a nadie más que a Él
No alabéis a nadie, a nadie más que a Él Porque sólo Él, nos puede sostener No alabéis a nadie, a nadie más que a Él
Después de un breve silencio, de nuevo de rodillas, se cantas las letanías:
LETANÍAS
Jesús, rey de misericordia, que buscas la conversión de los pecadores:
Kyrie, eleison (Taizé)
Jesús, rey de misericordia, que iluminas a los que no tienen fe:
Jesús, rey de misericordia, que santificas a los justos:
Jesús, rey de misericordia, cuyo corazón es fuente de agua viva:
Jesús, rey de misericordia, alivio de los enfermos y sufrientes:
Jesús, rey de misericordia, consuelo de los afligidos:
Jesús, rey de misericordia, esperanza de los que desesperan:
Jesús, rey de misericordia, corona de todos los santos:
Jesús, rey de misericordia, alegría de los bienaventurados:
Santo Dios, que te sientas sobre querubines, único invisible:
Santo Fuerte, que eres glorificado en las alturas por las voces de los ángeles:
Santo Inmortal, que eres Salvador inmaculado, apiádate de nosotros:
Digno eres, Señor Dios nuestro, de recibir la gloria, el honor y la virtud:
Porque todas las gentes vendrán y adorarán ante tu presencia, Señor:
Bendición y honor y gloria y poder a Ti, Dios nuestro, por los siglos de los siglos:
Seguidamente, tras un breve silencio, se comienza el canto Tamtum ergo y se inciensa el Santísimo.
TANTUM ERGO (Durufle)
Tantum ergo Sacramentum Veneremur cernui:
Et antiquum documentum Novo cedat ritui:
Praestet fides supplementum Sensuum defectui.
Genitori, Genitoque Laus et jubilatio,
Salus, honor, virtus quoque Sit et benedictio:
Procedenti ab utroque Compar sit laudatio.
Amen.
ORACIÓN Oremos.
Concédenos, Señor y Dios nuestro, a los que creemos y proclamamos que Jesucristo, el mismo que por nosotros nació de la virgen María y murió en la cruz, está presente en el Sacramento, bebamos de esta divina fuente el don de la salvación eterna.
Por Jesucristo nuestro Señor.
BENDICIÓN.
Mientras se retira el Santísimo y se traslada a la capilla de la Reserva se canta:
Majestad, adora a su Majestad A Jesús sea honra, gloria y poder.
Majestad, Reino y autoridad Luz y esplendor,
Manda a su pueblo A Él cantad.
¡Aclamad y proclamad el nombre de Cristo!
¡Magnificad, glorificad a Cristo el Rey!
Majestad, adora a su Majestad
¡Cristo murió, resucitó, y de reyes es Rey!
STATIO MARIANA
Durante el Himno de la Almudena se inciensa la imagen de nuestra patrona.
HIMNO DE LA ALMUDENA (F. Palazón)
Salve, Señora de tez morena Virgen y Madre del Redentor Santa María de la Almudena Reina del Cielo, Madre de amor.
Santa María de la Almudena….
Reina del Cielo, Madre de amor.
1. Tú que estuviste oculta en los muros De este querido y viejo Madrid,
hoy resplandeces ante tu pueblo, que te venera y espera en ti.
2. Bajo tu manto, Virgen sencilla Buscan tus hijos la protección.
Tú eres patrona de nuestra Villa, Madre amorosa, Templo de Dios
Oremos.
Señor, Dios nuestro, que has concedido a tu pueblo la protección maternal de la siempre Virgen María, Madre de tu Hijo, concédenos por su intercesión, entregarnos fielmente a tu servicio y proclamar la gloria de tu nombre con testimonio de palabra y de vida. Por nuestro Señor Jesucristo.
CANTO FINAL
Firmes en la fe, firmes en la fe
caminamos en Cristo, nuestro Amigo, nuestro Señor.
¡Gloria siempre a Él! ¡Gloria siempre a Él!
Caminamos en Cristo, firmes en la fe.
Tu amor nos edifica y nos arraiga, tu cruz nos consolida y fortalece.
Tu carne nos redime y nos abraza, tu sangre nos renueva y nos embriaga.
Oh, Cristo, nuestro Hermano, oh, Cristo, nuestro Amigo, nuestro Señor.
¡Haznos firmes en ti!
Tus jóvenes caminan con María, que canta como novia engalanada.
Con ella cantaremos tu victoria, la muerte ha sido ya aniquilada.
Oh, Cristo, nuestro Hermano, oh, Cristo, nuestro Amigo, nuestro Señor.
¡Haznos firmes en ti!
Mientras todos se retiran se canta “Aleluya”.