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El Dogo Argentino by Agustin Nores

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Academic year: 2021

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Le dedico la digitalización de esta obra maestra a Carlos, mi esposo, quien me entusiasmó para que realizara el trabajo y me tuvo la paciencia de verme muchas horas en la computadora dedicando mi tiempo a esta tarea y tal vez abandonando otras.

Ojalá este libro siga siendo la guía de todos los que amamos esta noble raza argentina.

Marcela Cauvin

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INDICE

Carta del Secretario General de la OEA. Dr. Galo Plaza

al Dr. Nores Martínez ... El Dogo Argentino, nueva raza criolla ... Prólogo ... Capítulo primero.- Necesidad de una raza criolla para la

caza de montería ... Capítulo segundo.- Condiciones que debe reunir el perro

de montería, para actuar en nuestros campos, para la caza deportiva o para combatir especies depredadoras ... Capítulo tercero.- Razas que han intervenido en la forma

ción del Dogo Argentino ... Capítulo cuarto.- Conformación física y anatómica del Dogo Argentino ... Capítulo quinto.- Condiciones temperamentales, carácter, inteligencia,

valor, bondad ... Capítulo sexto.- El Dogo Argentino como perro de familia

y guardián del hogar... Capítulo séptimo.- El Dogo Argentino como perro cazador

y de campo... Capítulo octavo.- Standard del Dogo Argentino... Capítulo noveno.- Pór qué luchan y mueren los dogos... .. Algo más sobre nuestros Dogos ...

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Carta del Secretario General de la O.E.A. Dr. Galo Plaza al Dr. Nores Martínez ---

Cuando recibí su libro -cuyo envío, dedicatoria e invitación mucho le agradezco- sabía ya por su primo el Dr.' Rodolfo Martínez (h), de la existencia, formación y características del DOGO ARGENTINO. Con su obra, añadida a otras fuentes, he completado mi información al respecto.

Por motivos de función pública, de preocupaciones deportivas o de estricta curiosidad personal, he recorrido durante años nuestra América. Viajero inquieto y admirador

-renovado de su bella y caprichosa geografía, he sido por décadas absorto observador de sus poblaciones y costumbres, de sus floras y sus faunas, que abarcan latitudes y tipos de variedad sorprendentes, desde la sugestión asfixiante de ,las selvas tropicales, hasta el helado misterio de los bosques del Sud, desde el reto de las grandes montañas, a la monotonía de la pampa interminable.

En semejante medio, que la naturaleza pobló ron igual multiplicidad de especies, el Dogo Argentino, a mi juicio, llena como ningún perro las necesidades de trabajo, compañía y caza: ofrece la presa más formidable, el coraje más temerario, el instinto cazador más tenaz, acompañados de una fidelidad que es también merecido blasón de su fama, como lo

atestigua la muerte de Day de Trevelin, envuelta ya en el sugestivo resplandor de la leyenda.

Ciertamente, el Dogo Argentino es el perro para América. Recio como ella Como ella fruto del crisol de las razas y los climas. Y como ella un carácter nuevo, encuentro bravo del desafío al futuro por delante, y del peso de la Historia por detrás.

Reciba, estimado doctor, mi homenaje al fallecido creador del Dogo Argentino, doctor Antonio Nores Martínez, a Ud. el empeñoso continuador, a todos los deportistas argentinos que ayudaron a la enorme aventura de construir una raza nueva que refleja en canina especie la fidelidad, bravura y porfía que América exigió para el épico pasado de la conquista y la liberación, que exige para el presente grávido y que reclamará también para el seguro logro de un levantado porvenir.

De Ud. muy atentamente,

Galo Plaza.

EL DOGO ARGENTINO

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El señor Profesor de Antropología, Etnología y Genética de la Universidad Nacional de Turín, Dr. Alfredo Sachetti, en su tratado: "Problemi de Sistemática Biológica", Ed. Anaudi, Torino, Italia, hace referencia a esta nueva raza americana de perros. Contratado por la Universidad de Córdoba, como profesor Full Time, estudia detenidamente la raza durante varias generaciones de cachorros y de perros adultos. Hace un estudio científico de numerosos ejemplares de dogos de las distintas familias que se hicieron, con las diez razas que intervinieron en su formación y como corolario de sus observaciones personales, escribe un artículo al respecto, en la revista de la Facultad de Filosofía y Humanidades, año IV, No. 123. Publica allí un trabajo titulado: "Especies y Razas en el orden biológico", donde en pág.. 111 afirma: "Pero todo esto no significa que siempre para llegar a una cría interesante y útil, se tenga que deformar la naturaleza, es decir elegir un equilibrio nuevo, sobre la base de un desequilibrio biológico. En algunos casos, es posible, obtener la formación de nuevas razas estables, sobre una armonía natural de caracteres de elección. Con satisfacción puedo citar en este sentido, el ejemplo brillante de una nueva raza canina, creada en el país, la República Argentina, que presenta al mismo tiempo, las dos calidades fundamentales: la estabilidad biotipológica y la fuerza genética. Se debe esta conquista al Dr. A. Nores Martínez". Desde pág. 133 a 139 del mismo trabajo, trae una serie de cuadros sinópticos, diagramas, dibujos y fotografías de las distintas razas, hasta culminar en el Dogo Argentino actual.

PROLOGO

Desde que las instituciones madres de nuestra cinofilia, la Federación Cinológica Argentina y la Sociedad Rural, reconocieron oficialmente a esta nueva raza canina, el Dogo

Argentino, me hice el propósito de dar a publicidad un pequeño folleto que contuviera la verdadera historia de nuestros dogos, la primera y hasta ahora única raza canina creada en nuestro país.

Me decido o a hacerlo, no solamente por la continua insistencia de los amigos y criadores de nuestros nobles dogos, que se ven siempre requeridos respecto al por qué, cómo y cuándo se creó el dogo criollo, y qué razas han intervenido en su formación, sino también para dejar perfectamente aclarado el origen genético de la nueva raza y evitar en el futuro estériles discusiones, como las que uno va constatando, cuando se adentra en el estudio de los orígenes de otras razas caninas, antiguas o modernas, en las que nunca los cinófilos se ponen de acuerdo: que si el Irish Wolf Hound tiene sangre de Deerhound, como afirma Eduard C. Ash en su "The practical Dog Book ", opinión compartida por Theo Marples en "Show Dogs"; o como dicen D. Garden en "The Book of the Dog" y Le Von de Vaux en su viejo texto "Notre ami le Chien", tienen ambos galgos un tronco común, no diferenciándose más que en el tamaño; o como se sostiene en "Le chien de Chasse" editado por la Saint

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Etienne de Loire (Francia), el Cap. Graham reconstruyó la raza en 1862 a base de Gran Danés y algunos ejemplares Irish Wolf Hounds;

o como escriben Croxton Smith en "Sporting Dogs" y en "British Dogs" y Freeman Lloyd en "Hark to the Hounds", fueron las dos razas, Gran Danés y Deerhound, las que

intervinieron en la reconstrucción del gigantesco galgo de Irlanda; o como apunta Cliford L. B. Hubbar en sus libros "The observer Book of Dogs" y "Dogs in Britain", y Robert Brigg Logan en "The Res Book of the Dogs",

el galgo Irlandés tiene sangre se Gran.Danés, Deerhound, Borsoy y Mastif, o como finalmente sostiene el padre jesuita Edmund Hogan, en su libro "The Irish Wolf Dog", en que hace un estudio exhaustivo se la raza, y Hutchinson, en su "Dog Enciclopedia", el gigantesco Galgo Irlandés no tiene mezcla alguna, opinión compartida por él Irish Wolf Hound Club of América, en el capítulo sobre el Galgo Irlandés en "The Completé Book o f Dogs" y en su publicación oficial "Harp and Hound", ratificando así lo qué sostiene él reconstructor sé la raza en 1862, Cap. Graham, cuando dice: "Encontré suficientes ejemplares puros sé ésta raza en Irlanda, para poder reconstruirla, sin mezcla foránea alguna".

Discusiones eternas y sé difícil solución, que encontramos también estudiando la historia se otras razas y que más sé complican, mientras más bibliografía consultamos y más

escudriñamos en las fuentes a nuestro alcance, para desentrañar la versas, respecto a la genética de algunas razas. Para no extendernos en demasía, bástenos citar lo que dice Clif ford Hubbard en "The Book of the Dog", pág. 622 referente al Rhodésian Ridgeback: "Continuas búsquedas de los antécédorés del Rhodesian Ridgeback revelan muchas teorías encontradas y flagrantes contradicciones, ya qué una docena de diferentes razas reclaman ser antecesoras, mientras tanto el verdadero origen permanece desconocido".

Coadyuvan también a decidirme a esta publicación, algunos artículos aparecidos en revistas americanas y europeas, en las que leo, por ejemplo, que entre las razas que contribuyeron a la formación del Dogo Argentino está el "Perro peruano de las montañas", como se afirma en el artículo aparecido en el periódico americano "Post Tribune"

de mayo 23 de 1965, cuyo autor es el periodista y cazador Jack Parry. En dicho artículo, que ocupa dos páginas de una edición dominical del diario y contiene ocho grandes fotografías de dogos en acción, se hace una excelente historia de nuestro dogo criollo y muestra su autor la admiración que le produjo verlos cazar y luchar con pumas y jabalíes. Ese error sobre la genética del Dogo Argentino se reproduce en noviembre de 1967 en la conocida revista americana "Field and Stream", donde en extenso artículo también con fotografías y del mismo autor, Jack Parry, se hace una acabada y veraz descripción de la forma de cazar de nuestros dogos y de las luchas que el autor ha presenciado y que tanto lo emocionó. Ese error se debe a una circunstancia fortuita y sin duda curiosa: mi mala caligrafía pues cuando el referido periodista, quien venía de cazar jabalíes en Río Negro con los dogos del señor Biló, me preguntó en el aeroparque de Neuquén, en momentos de regresar a su patria, qué razas entraron en la formación de nuestro dogo, le escribí en su libreta de apuntes, con la premura del caso, las varias razas cuyas sangres corren por las venas del Dogo Argentino, entre las cuales está el Dogo de los Pirineos, y como

hablábamos en inglés, ya que él ignoraba el español, le escribí en mi mala letra: Pirinean Mountain Dog", como se escribe en inglés dicha raza, y al tomar Peruvian por Pirinean, surgió el error, que se ha reproducido posteriormente en otras publicaciones del país del norte.

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Me es grato hacer la salvedad que en otras publicaciones extranjeras se ha escrito la verdadera historia del dogo,

porque han tenido a la vista la publicación que hiciéramos en nuestra calidad de Presidente del Club de Criadores del Dogo Argentino, de la nota en que pedimos el recono cimiento oficial de la raza a las instituciones madres de la cinofilia argentina, la Sociedad Rural y la Federación Cinológica Argentina, lo que ambas instituciones hicieron oficialmente en el curso del año 1964. El referido escrito del que soy autor, con algunos agregados y ampliaciones de fundamentos, es lo que constituye el substractum de esta publicación. Entre los artículos referidos vienen a la memoria, ente otros, los aparecidos en la revista Diana, de Firenze, ejem plarNo. 21 de noviembre de 1965, y cuyo autor es el señor Molar; en la revista española Caza y Pesca, ejemplar correspondiente al número de octubre de 1962, y cuyo autor e su director, el señor España Paya, eminente personalidad de la cinofilia española y eximio cazador, que fuera Presidente del Conseil International de la Chasse, con la sed en París; en la revista de la Federación Cynológica Internacional de Checoeslovaquia, cuyo autor es el conocido cinologo Dr. German Cohn; en la revista alemana Das Tiei de abril de 1968, cuyo autor es el mundialmente famoso cinólogo y criador de Dogos Argentinos en Alemania Dr. Eric Schneider Lyer; en la revista holandesa De Hondenwereld, en varios ejemplares y especialmente en un extenso y bien documentado artículo, acompañado d fotografías, aparecido en el número extraordinario de Navidad de 1963, escrito por el señor Luis A. Daal; en la revista inglesa Dog's Life, en el ejemplar correspondiente al 25 de noviembre de 1967, cuya autora es la señora M. B. Wood, autora del muy completo libro "Dogs of all Nations' donde hay un extenso capítulo dedicado al Dogo Argentino, ilustrado con fotografías.

En todas esas publicaciones se hace la verdadera historia

de nuestro dogo criollo y se da una acabada idea de la utilidad de la nueva raza, como perro de caza mayor y de trabajo. Se expone allí con amplitud el verdadero origen del Dogo Argentino, quién fue su creador, el difícil y largo camino recorrido hasta la fijación

definitiva de sus caracteres somáticos y temperamentales y su reconocimiento oficial como la primer raza argentina de perros. Se publica el standard y se acompañan numerosas fotografías de dogos en acción contra pumas y jabalíes, así como de ejemplares quietos, de cuerpo entero y de cabeza, que permiten apreciar el standard de la raza.

La sola enunciación de la nómina de las revistas en que aparecieron y del nombre de sus autores, me relevan de destacar el interés que la raza ha despertado en el extranjero. Pero en cualquier forma y para evitar en el futuro errores de información me he decidido a publicar este folleto, ya que los años no pasan en balde y habiendo desaparecido mi hermano Antonio, el verdadero creador de la raza, que puso en ello sus conocimientos científicos de médico cirujano y de profesor universitario y su gran pasión cinófila, me corresponde hacerlo en misión clarificadora y para que ninguna duda quepa en el futuro en lo atingente al origen y formación del Dogo Argentino.

Quiero asimismo dejar aclarada otra circunstancia que incumbe a mi persona. En muchas publicaciones se me atribuye la formación de la raza. El verdadero creador y forjador del Dogo Argentino fue mi hermano mayor, el Dr. Antonio Nores Martínez, quien puso en la consecución de su entusiasmo, su pasión cinófila, su fervor de cazador empedernido y sus profundos conocimientos genéticos y científicos de médico cirujano, profesor de la trisecular Universidad Nacional de Córdoba, Jefe de Salas en Hospitales Nacionales y Provinciales y Director de Traumatología del Hospital Militar de aquella ciudad. Dos pasiones:

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la medicina y la formación genética de la nueva raza, que absorbieron los años útiles de su vida.

De su pasión por la formación de la nueva raza y del acierto con que procedió a realizarlo y del resultado obtenido, es de lo que se ocupa este folleto. Es pues mi hermano Antonio, el verdadero creador de la raza. Yo he .aportado únicamente mi pasión cinófila, que me absorbe desde niño y que nos viene en la sangre, junto con la pasión cinegética y a las que he dedicado todo el tiempo compatible con la absorbente carrera judicial, que fue una constante en mi vida ya que los años que actué en la diplomacia, como Embajador en Canadá, y en la vida universitaria como Decano interventor en la Facultad de Derecho de Buenos Aires y como Rector interino de esa Universidad, fueron actividades efímeras y ajenas a mi verdadera vocación y carrera, que fue la judicial.

Mi carrera de leyes no me ha permitido, pues, tener la base científica, especialmente genética, que es indispensable para la formación de una nueva raza. De ahí que en la continuación de la obra he debido guiarme e informarme con la lectura de trabajos y publicaciones del autor de la raza y lo que he aprendido desde niño al lado suyo y de mi padre, también médico cirujano, que alternó el ejercicio intenso de su profesión con su entusiasmo cinegético y cinófilo.

Sea dicho de paso que teníamos muy corta edad y ya nuestra pasión por los perros nos llevó a traducir juntos, con mi hermano Antonio, palabra por palabra, con el diccionario en la mano. el viejo libro "Notre ami le chien", de Von de Vaux, especie de biblia cinófila que nuestro padre tenía en su biblioteca, y así enriquecimos nuestro vocabulario francés, como en igual forma ampliamos nuestro vocabulario inglés en la traducción, por igual método tan rudimentario y simplista, de la enciclopedia canina de Hutchinson.

Ya adulto, la vida me permitió realizar extensos viajes por América, Europa, Asia y África, donde me fue dado a conocer gran número de entusiastas canófilos, visitar cientos de criaderos de los principales países del mundo y asistir repetidas veces a las más grandes exposiciones, algunas de fama mundial como la del Weinminster Club, en el Madison Square Garden de Nueva York, y la tradicional muestra de Cruft, que desde 1886 se realiza en Inglaterra todos los años y donde tanto se aprende con sólo ver con cierta atención los miles de excelentes perros de todas las razas que allí se exhiben. Los viajes me dieron oportunidad, asimismo, de poder ampliar mi biblioteca cinófila con algunos cientos de volúmenes.

He sido testigo personal de los sacrificios que significó a mi hermano Antonio la formación de la nueva raza, sus desvelos, sus sinsabores, sus desfallecimientos y sus esperanzas, hasta la culminación de su obra.

Pensando en ello y viendo el fruto de su esfuerzo, no he querido que su sueño, hecho realidad, se desvaneciera y por eso desde su fallecimiento, hace doce años, he continuado su obra de selección -ya que a su muerte la raza estaba perfectamente definida-, obteniendo el reconocimiento oficial de la misma, llevando con seriedad los registros genealógicos y tratando de mantener el standard que fijamos hace muchos años y que apareció en uno de los artículos que él dedicó a la raza, en la revista Diana, ejemplar de mayo de 1947.

Mi tarea ha sido sobre todo de afianzamiento, selección mediante pruebas de suficiencia en el campo y en luchas con fieras enjauladas, para acrecentar el valor y el instinto de lucha, y de divulgación, tanto en el país como en- el extranjero, a donde he enviado ya muchas parejas de nuestros dogos, que se están multiplicando en aquellos países bajo control de conocidos y responsables cinófilos.

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Las publicaciones que de continuo leemos en periódicos y revistas extranjeras sobre el Dogo Argentino, son índice sintomático de que hemos obtenido el fin propuesto.

He tenido siempre una firme convicción de que es indispensable la gimnasia funcional para mantener el instinto de cada raza. Los grandes conglomerados humanos, por razones obvias, hacen muy difícil mantener el "habitat" en que un dogo puede desarrollar sus cualidades de enemigo implacable de los depredadores de nuestra ganadería: el jabalí europeo, puma, zorro colorado, jaguar, araguá-guazú, etc. Por eso mi preocupación actual y desde hace muchos años, es mantener y acrecentar, en lo posible, el instinto cazador y combativo del dogo mediante su acción en el campo y continuas luchas con las fieras que mantenemos en jaulas apropiadas a tales efectos. Es así cómo nos es dado constatar que en cada generación se va acrecentando su instinto cazador. Ya veremos oportunamente cómo se conjugan la herencia ancestral con la gimnasia funcional, para que todos los seres de la creación cumplan su cometido dentro de esta colmena que constituimos el conjunto de seres, racionales o no, que poblamos el globo.

Pero el Dogo Argentino, además de cazador es un excelente guardián y no un "One man dog", sino un perro de familia. Muchos aficionados los están enseñando para ataque y defensa y diversas pruebas de obediencia, en cuyo aprendizaje dieron gran resultado. Personalmente he hecho enseñar a algunos, con completo éxito, e inclusive han actuado en demostraciones públicas, en exposiciones caninas y en instituciones privadas. De ahí que algunas entidades oficiales, como Gendarmería Nacional, los están ensayando como "Perros de guerra".

Esa es otra variante imprevista, en la que nuestros dogos

pueden tener otra útil aplicación como auxiliares del hombre de ciudad. Ello no sería novedad, por otra parte, ya que otras razas europeas que en sus comienzos fueron

cazadoras, como el Gran Danés, Airedale Terrier, etc., se han convertido, con el correr de los años, en perros de guardia y defensa.

El creador de la raza dice al respecto, en el artículo arriba citado: "La cualidad del valor es indispensable también para el perro de guardia, que es otra finalidad del Dogo Argentino. Hay la creencia de que el perro guardián es el que ladra o es capaz de morder a un descono-cido. Con ese concepto, los perros de todas las razas son buenos guardianes. Pero, a mi juicio, el perro de guardia debe ser algo más que todo eso; debe ser capaz de hacerse matar haciendo presa en defensa de su amo o de su casa. De nada vale como guardián el perro que ataca a un intruso si, al primer garrotazo o a la primera herida de puñal, abandona su presa a los gritos. Tal animal no presenta ninguna seguridad para su dueño ni merece, en mi

concepto, el honroso nombre de perro guardián ". (Revista Diana, mayo de 1947). El éxito de los dogos como perros de trabajo o guardia no es, pues, una sorpresa para nosotros. Tiene en su ancestro las razas de caza, que le dan el instinto cazador, y razas de trabajo que le dan la inteligencia y el instinto guardián. Quienes han tenido dogos en sus casas, o han cazado con ellos, saben hasta qué punto ello es verdad.

Viendo el impacto que la nueva raza ha producido en el ambiente cinófilo mundial, se me ocurre que al Dr. Antonio Nores Martínez, creador de la raza, le ocurrirá con el correr de los años lo que a Brillan Savarin, autor del conocido texto "Fisiología del Gusto", traducido a todos los idiomas del mundo, tan. apreciado y leído por los buenos "gourmets" de todos los países civilizados.

Dice Savarin en el prólogo de dicha obra, que le costó mucho publicar su obra, porque tenía escrúpulos respecto a lo que podría parecerles a los profesores de la Sorbona que uno de sus

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colegas, también profesor de dicha Universidad, como era él, publicara un libro sobre, tema tan banal. Sin embargo, han pasado muchos años desde

la aparición de dicho libro y nadie se acuerda que el Dr. Brillan Savarin haya sido un buen profesor de une de las más famosas universidades de Europa, en cambio pocos ignoran su libro sobre un tema tan banal y mundano pero que le dió nombre y permanencia a través de los años, que suelen cubrir con el polvo del olvido la más grandes famas. ¡Sic Transit Gloria Mundi! .

En igual forma me temo que, dentro de algunos años ya que es tanta la evolución de la ciencia médica y tal enormes sus progresos, nadie sepa que el Dr. Antonio Nores Martínez fué un gran cirujano, un buen profesor universitario, un estudioso de la ciencia médica y un caritativo profesional, que hizo de la medicina un apostolado, pero se perpetuará a través de los años como el creador del valiente Dogo Argentino, la primera raza argentina de perros, y los estudiosos de la cinofilia encontrarán su nombre en las enciclopedias caninas y en todo los libros relacionados con la materia. Como recordamos ahora los nombres de Arkright como creador del Pointer del Cap. Graham del Galgo Irlandés, los hermanos Do berman como creadores de esa variedad de Pincher, e duque de Gordon por la variedad negra y fuego del Setter Laverack por el Setter Inglés, James Hinks por el Bull-terrier, etc. Y así como en Brillan Savarin fue su "hobby" de la comidas y la buena mesa lo que perpetuó su nombre no la Sorbona, en el creador del Dogo Argentino será estos fieles y nobles irracionales los que evitarán que con el devenir del tiempo el polvo del olvido cubra su nombre..

En el texto de este pequeño tratado el lector encontrará, dividido en capítulos, el por qué de la nueva raza, qué motivos nos llevaron a ella, de qué medios nos hemos valido para su creación, qué razas han intervenido en su genética, qué fin práctico se ha buscado al hacer la raza, cuál ha sido el resultado obtenido, su utilidad como "herramienta de trabajo" en la lucha contra las especies depredadoras de nuestra ganadería y como guardián de nuestros hogares de ciudad o de campo. Agregamos finalmente algunas palabras sobre educación del Dogo en el hogar y su enseñanza en el campo.

Nuestra. pasión han sido los perros en general, sobre todo las razas de caza, y el Dogo Argentino en particular. Ellos fueron una constante en nuestras vidas. Al declinar de nuestra existencia, continuamos manteniendo intacto este entusiasmo y este amor sin dobleces por ese gran compañero del hombre. Pasión noble, desinteresada y pura que nos significó pesada tarea, renunciamiento a comodidades y hasta verdaderos sacrificios, pero que también nos ha deparado esas satisfacciones hondas y sublimes que nos reconcilian con la vida.

Por eso estimo oportuno concluir este prólogo haciendo mías las palabras de mi hermano Antonio, cuya presencia espiritual flota entre las páginas de este libro, concluyera una conferencia que dió el 28 de septiembre de 1947 en ocasión de una muestra de perros de caza organizada por el Centro de Cazadores de Buenos Aires, en el local central de la Sociedad Rural Argentina, en calle Florida, y en que por primera vez fueron expuestos en Buenos Aires ejemplares de esta raza. Decía en aquella oportunidad el creador de la misma: "Al propulsor de una idea se le puede tolerar que se embandere en ella,

porque la pasión es el motor, es la fuerza propulsiva de las ideas; las ideas que nacen sin pasión, nacen muertas. Por eso la historia de la humanidad es la historia de la pasión humana; la biografía de sus grandes figuras es también la biografía de sus grandes pasiones Nuestra pasión, desde la más tierna edad, casi diría desde que tenemos uso de razón, fueron los perros. A ellos nos consagramos en los instantes libres que nos permitió el carácter

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absorbente de la función judicial .que desempeñamos tantos años. En estas páginas, el aficionado a la cinofilia encontrará hasta qué punto hemos sido fieles a nuestra pasión, concretando en una obra útil nuestro amor al más fiel amigo del hombre. Aquí encontrará el lector cuál es el fruto de nuestra pasión cinófila.

Cabe agregar en esta nueva edición, que debo al entusiasmo cinófilo del editor don Roberto Canevaro, quién ha demostrado su entusiasmo argentino y a nuestra primer raza criolla, mi agradecimiento a él y a mi viejo y gran amigo el Doctor Antonio Benitez, que ha sabido robar su precioso tiempo a la política, la cátedra universitaria, su estudió jurídico y sus tareas rurales para leer con detenimiento mi libro y corregirme los errores cometidos en la primér edición. Para ambos, pues, mi cordial agradecimiento.

CAPITULO PRIMERO

NECESIDAD DE UNA RAZA CRIOLLA

PARA LA CAZA DE MONTERIA

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Para comprender mejor el problema y la forma en que hemos debido encararlo, tendremos que entrar en la formación de las razas, es decir, qué factores influyen en su genética, en la formación y afianzamiento de los instintos que caracterizan a cada especie o variedad. Recordemos que todas las razas, sean de perros o de cualquier otra especie, son el resultado de dos circunstancias, que las condicionan: herencia ancestral y gimnasia funcional. Es decir, que son el producto de padre más madre por ejercicio. La vieja fórmula: P + M X E . La herencia ancestral, o sea el pedigree, es la influencia que el sujeto recibe de sus

antecesores, es decir, padres, abuelos, bisabuelos, etc. Todos los que lo precedieron en la ascendencia. Es la herencia de la sangre que se lleva en las venas. El segundo factor, la gimnasia funcional, se refiere al trabajo, tarea o misión que el sujeto ha cumplido por varias generaciones, el ejercicio a que fueron sometidos sus miembros, sus órganos o sus sentidos. Ese trabajo, esa gimnasia, generación tras generación, es lo que va fijando los caracteres de las razas, lo que va agudizando los sentidos -vista, oído, olfato-, adaptando el físico al destino que se le dá a cada sujeto -fuerza, resistencia, color, velocidad, calidad y largo del pelo, etc.- y acrecentando las condiciones temperamentales o psíquicas -valor, decisión para el ataque, entusiasmo, voluntad para cumplir su cometido, agilidad mental, fidelidad al amo, desconfianza a los extraños, etc.

Biológicamente diríamos que el "Bio-Tipo", o sea la individualidad total, está formado por el "Geno-Tipo" (a manera de ejemplo diríamos que vendría a ser el núcleo de la célula) y el "Para-Tipo", que vendría a ser el protoplasma, correspondiendo el Geno-Tipo a la herencia ancestral y el Para-Tipo a la gimnasia funcional, al ejercicio, educación, trabajo o como quiera llamárselo.

El primero, o sea el geno-tipo, constituiría el impulso biológico inicial, dado por la herencia de cada individuo, factor no influenciable; el segundo, o para-tipo, sería el factor adquirido, influenciable, dado por las circunstancias externas, género de vida, educación, alimento, ejercicio, etc.

Al respecto dice el creador de la raza, en su libro referido a la educación física de la

juventud, titulado "Las Bases Biológicas de la Educación Física" (Editorial Universidad de Córdoba, año 1944, pág. 49): "Al denominar el impulso biológico inicial, es decir, aquel que hace que el hijo se parezca al padre o a sus ascendientes de raza, como factor no influenciable, me refiero solamente al hecho consumado de la herencia individual, pero no a que ese impulso biológico inicial no pueda ser modificado en el curso de las generaciones por la educación física, porque sería negar hechos biológicos incontrovertibles, como la selección natural de las especies, el mejoramiento de las razas, base de la zootecnia. "Para nosotros la representación esquemática del biotipo individual, la tenemos en dos círculos concéntricos,

cuya área interior corresponde al genotipo y el área de la corona circular al paratipo. "A medida que los factores influenciables o paratipos (alimentación, género de vida,

educación física, etc.) actúan en forma continuada a través de las generaciones, el área de la corona circular ira aumentando a expensas del área del círculo interior o geno-tipo, hasta ser predominante y absorbente."

"Este esquema muestra cómo puede ser modificado por la influencia continuada del medio, a través de varias generaciones, el genotipo, esquema que considero no sólo válido para la educación física, mejorando los tipos humanos desde el punto de vista de su morfología,

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sino también para la educación intelectual y moral, que continuada a través de las

generaciones, dará por resultado una elevación del nivel medio social, al mismo tiempo que demuestra cómo esta educación es capaz de actuar favorablemente sobre la descendencia de individuos tarados."

En el mismo sentido nos lo explica el profesor J. Ruffié, experto en problemas raciales de la UNESCO, cuando afirma: "La raza, como hoy se la concibe, no es mas que lo que se da en equilibrio entre un patrimonio genético heredado de muchas generaciones y las condiciones ambientales que han influenciado sobre factores de adaptación corporal, favoreciendo el desarrollo de algunos en 'detrimento de otros. Así es como luego de mucho tiempo, cada modificación puede significar la modificación del patrimonio genético de una población inclusive su tipo racial".

Volviendo a nuestro tema, la misión -por ejemploque en la selección del caballo cumplen los hipódromos y pruebas hípicas en general, esta basada en esta fórmula, siendo las carreras la gimnasia funcional necesaria para

el mantenimiento de la velocidad y resistencia del caballo, condición primigenia de su habilidad, como animal de guerra, de trabajo o deporte.

Si durante varias generaciones criamos caballos pura sangre de carrera de gran pedigree, pero nunca los hacemos correr y los mantenernos siempre encerrados en sus boxes, por más y mejor selección de pedigree que hagamos, llegará un momento en que se les podrá ganar con un percherón.

De nada les valdrá el mejor origen, su gran pedigree, su histórico ancestro, si pesan sobre sus antepasados varias generaciones de inacción, de inactividad, de estatismo, si están carentes de gimnasia funcional, es decir, sin el ejercicio que significan las carreras, sin esa prueba elemental de suficiencia.

Volviendo a nuestro tema, en los perros ocurre igual. Las razas que fueron hechas por el hombre, siglos atrás, para caza mayor y que en la actualidad conocemos en nuestras exposiciones como pertenecientes al grupo rastro y que en idioma inglés designan "Hounds", tienen sin duda excelentes pedigrees, habiendo algunas cuyos registros genealógicos se remontan a más de cien generaciones de ejemplares puros y cuya genealogía se lleva con sumo cuidado. Es decir, que la herencia ancestral permanece incólume, incontaminada, como en un castillo de cristal. No podemos decir lo mismo, en cambio, respecto a la gimnasia funcional, la otra condición sine-quanon para que se conserven las cualidades para las que fue creada la raza.

Sea porque en los países de que son originarios fueron prohibidas las cacerías de felinos, súnidos, cánidos o cérvidos con perros, sea porque aquellas especies salvajes se terminaron, lo real es que hace cientos de años muchas razas no se ejercitan en su función específica Hace más de doscientos años que en Irlanda no hay lobo salvaje en condiciones de ser cazado con perros. ¿Cuánto hace -que el gigantesco Irish Wolf Hound, cazador, de lobos; por excelencia, no sigue el rastro ni pelea con un lobo?

Leamos por ahí que cuando a Lord Byron le ofreció una a una amiga un cachorro Irísh Wolf Hound para sustituir a, su famoso Maida, a quien el poeta dedicó, a su muerte tan sentidas poesías, el gran vate británico le respondió "¿Para qué quiero un cazador de lobos, si en toda Irlanda no hay más que un lobo, y éste está en el zoológico? ".

De ahí que el Irish Wolf Hound, o cazador de lobos irlandés, el gigantesco galgo de hermosa estampa, buen perro de guardia y amigo fiel del hogar, ha perdido su entusiasmo para la caza, su valor qué hace seiscientos años era legendario y su olfato para seguir los rastros. Seguramente ahora tenemos ejemplares de esa raza que superan en belleza,

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tamañoy pelaje a los que en la época del dominio de los romanos, en el año 391 después de Jesucristo, hizo decir en carta del Cónsul Quintus Symmadióchus a su hermano Flavianus, que los grandes galgos que le enviara desde Irlanda para las peleas con leones africanos en el Coliseo, "los aplaudió todo Roma por su valor salvaje".

Pero los siglos de inactividad no han transcurrido en vano y los ejemplares actuales de esa raza han sufrido la influencia regresiva de la falta de ejercicio, de gimnasia funcional, carecen en su historia reciente de lobos en su haber.

Lo que decimos de este gigantesco galgo de Irlanda es de exacta aplicación a los

Deerhound o Galgo Escocés, que eran en su origen cazadores de ciervos, como su nombre lo indica, y los Borsoy o galgos rusos

-Cazadores de Lobos Ruso- les llaman los americanos, Afganos, Salukis, etc., pues ¿cuánto hace que los Deerhounds no corren tras de un ciervo? ¿Cuántos que ese veloz cazador de lás estepas que era el Borsoy no persigue una manada de lobos? ¿De cuántos años a la fecha los Afgan Hounds y los Salukis no cazan gacelas corriendo sobre las calientes arenas de los desiertos africanos? ¿Cuántos que los Rhodesian Ridgeback, o su antecesor el Phu Quoc, no luchan con leones en el Transvaal o la Rhodesia? Dentro de las razas de trabajo hay muchas que fueron cazadoras en sus comienzos, como el Gran Danés o Dogo de Ulm, que era un verdadero Board Hound, o cazador de jabalíes. ¿Cuántas generaciones llevan estos espléndidos perros sin enfrentar los jabalíes en los montes Vosgos?

Viendo a otras razas de los grupos Terrier y compañía, como los Bullterriers y Bulldog Inglés. valientes gladiadores que fueron creadores y especializados, los primeros, para las peleas entre sí, y los segundos para luchar con otros, cabe recordar que en 1826 se prohibie-ron en su país de origen, Inglaterra, los "Bull-baiting" y los "Dog-fightinng". Hace pues más de cien años que, al menos oficialmente, estos perros no ejercitan sus condiciones, es decir, que carecen de gimnasia funcional (págs. 27 y 28).

De ahí lo reducido del tamaño de ambos. La conformación de la boca del Bulldog actual hace que no pueda mantener la presa, porque se ahoga. Sus torcidas y cortas piernas y su conformación general han hecho del Bulldog un "Non Sporting Dog", como se los clasifica en las actuales 'exposiciones, habiendo sido el "Sporting Dog" por excelencia. El Bullterrier ha disminuido tanto de tamaño que se ha debido hacer una variedad de "Mini Bullterrier", especie de Bullterrier de bolsillo, que es la variedad miniatura de esta raza.

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Bull Terrier.- Oleo de G. Stubbs. hermoso cuadro de un Bull Terrier, pintado en los comienzos del siglo pasado. Nótese la forma de cabeza y maxilar, las proporciones del cráneo y la contextura atlética en general de esta noble raza, tal cual era en la época en que se utilizaba en los Bull-Baiting, los Dog Fighting y los Bear Baiting. Con la falta de

gimnasia funcional, a raíz de que esos actos se prohibieron en 1836, esta raza se ha reducido en tamaño y peso y por capricho de la moda se les ha hecho una cabeza "acarnerada" como la del Bedlington Terrier, dos circunstancias -reducido tamaño y forma de cabeza-, que los hace inapropiados para la lucha intensa, no obstante conservar

todavía sus otras grandes cualidades, de valor, tenacidad, abnegación y bondad, que ha convertido al ex-gladiador inglés, en un excelente perro guardián y de familia y que conserva la clásica energía del terrier. Nótese el parecido en la contextura -cabeza y cuerpo- del viejo Bull Terrier, con nuestro Dogo Argentino actual. Fotografía tomada de

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BULL BAITING.- Cuadros de H. Alken, donde se nota la conformación anatómica del viejo Bull Terrier, en época en que se hacía las peleas con toros.

Y aún la variedad standard ha disminuido tanto en su físico, que estando yo en Inglaterra, en la exposición Birmingham visitaba el pabellón de los Bullterrier y creía

estar viendo la variedad miniatura cuando, estudiando el catálogo, caí en la cuenta que tenía frente a mi al Bullterrier standard. Tanto es lo que se ha achicado este ex gladiador de los caninos, por falta de gimnasia funcional.

Esa falta de ejercicio a través de las generaciones es lo que ha hecho que muchas de esas razas, especialmente las grandes, no obstante la pureza de sangre y el cuidado con que se han llevado sus pedigrees, hayan perdido en mucho -algunas del todo- sus cualidades innatas de cazadores que los caracterizó durante siglos. La falta de ejercicio razonable y del uso adecuado de sus órganos, les ha hecho perder no solamente sus condiciones físicas -la función hace al órgano-, sino también, y esto es de suma importancia, las temperamentales de carácter e instinto de cazador, de valor, tenacidad, empeño e interés en la persecución y caza de las fieras del bosque.

Muchas generaciones de molicie e inactividad han transformado ejemplares rústicos y sufridos en animales bonitos y elegantes, pero inútiles para la caza mayor. Algunos se han convertido sólo en perros de compañía, otras .se volvieron perros de trabajo o simplemente quedaron reducidos a perros de adorno.

La vida regalada, la molicie, la falta de trabajo adecuado los va llevando por el camino de la decadencia, como, a los pueblos que abandonan el áspero y fecundo camino de Atenas para tomar el más cómodo y fácil camino de Bizancio ...

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Entre los pequeños terriers, en cambio, si bien se han modificado algunas cualidades somáticas, de pelo, forma, tamaño, etc., el valor y .decisión para el combate se han

mantenido casi incólumes, porque en sus países de origen, como en el nuevo continente, los animales salvajes para cuya caza fueron creados: ratas, tejones, Badgers, nutrias, hurones, martas, comadrejas, etc., existen en mayor omenor número en el mundo civilizado y siempre tienen oportunidad de ejercitar su instinto cazador, cosa que no ocurre en las razas destinadas a la caza de lobos, jabalíes osos, etc., extinguidos hace ya tiempo en los países en que nacieron las razas para caza mayor. De ahí el tremendo valor que todavía conservan esos pequeños terriers, en relación a su tamaño.

En contraposición a lo que dejamos arriba expuesto, constatamos que las razas que han continuado recibiendo los beneficios de la gimnasia funcional, no sólo han conservado sus cualidades innatas de cazadores, sino que las han acrecentado con el correr del tiempo. Es lo que ocurre con los Pointers, Setters, Spaniels, Spinones, etcétera, que tan bien conservan sus aptitudes para la caza de pluma.

Y aún entre esas razas de perros de muestra, notamos una característica que ratifica la teoría. El Setter, en sus tres variedades: Inglés, Irlandés y Gordon o Escocés, que por la belleza de su pelaje su pusieron de moda en el siglo XX como perros de lujo, es una de las razas de caza en que más tarda en despertar el instinto cazador y una de las que más trabajo cuesta para enseñar, al menos en comparación con el Pointer de pedigree, el que

prácticamente, como decimos los aficionados a la perdiz, "salen cazando" el primer día que lo llevamos al campo. Ello es consecuencia de que difícilmente alguien que tenga un Pointer no lo enseñe a cazar. Quien haya enseñado Pointers y Setters lo sabe muy bien y cualquiera que experimente al respecto lo confirmaría.

Cabe recordar aquí algunas palabras pronunciadas por el creador de la raza, en una conferencia que dió a publicidad en la revista Diana, ejemplar de octubre de 1947, en que dice, refiriéndose al control que precisan todas las razas: "Esta vigilancia es indispensable en todas las razas por una razón de biología general, porque en biología el dinamismo es la vida; la inercia es la muerte. Las especies y las razas que no mejoran, desmejoran las que no evolucionan invólucionan, pero involucionar es retrogradar, es

desandar el camino recorrido en el transcurso de las generaciones es sinónimo de degenerar, porque es perder cualidades adquiridas para el fin propuesto”.

En igual sentido podemos referirnos al factor velocidad, en las distintas especies de lebreles Dentro de esta variedad de galgos, el Greyhound. o Galgo Inglés, es el más veloz de sus congéneres, velocidad que mantiene a través de los tiempos y por sobre las generaciones, gracias a los "Coursings" tan en boga en Inglaterra y en Estados Unidos y a los canódromos existentes allí y en muchos otros países del mundo, pues aún cuando la carrera sea tras una liebre mecánica, la gimnasia funcional es la misma.

Cabe recordar aquí, que en 1825 Molyneux fundó el Altcar Coursing Club, corriendo las primeras carreras en los campos de su padre, que era Earl de Sefton, en Altcar, vecino a Liverpool, de donde el Club tomó el nombre.

Desde entonces el club organizó una competencia anual, que en 1836, a raíz de que se reunían los participantes a cenar en el Waterloo hotel, se disputó la copa Waterloo, que hasta la fecha se viene corriendo todos los años. Desde entonces se conservan los pedigrees y records cuidadosamente, de manera que remontándonos en el estudio del pedigree de una buena línea de Greyhound llegamos a "Milanie", el ganador de la famosa copa Waterloo en 1836 y que era propiedad de Lord Molyneux. Y como estos galgos procedían de los de

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Lord Orford, fundador del Sdaffhan Club, que organizaba carreras en Norfolk desde 1776, y dió las reglas de los "coursings", que con pocas variantes se conservan hasta hoy, es de suponer que el pedigree de un Greyhound pueda remontarse a casi doscientos años, lo que significa una larga selección, acompañada de gimnasia funcional ininterrumpida hasta hoy. Ello ha traído una lógica superioridad en lo que a velocidad se refiere, del Galgo Inglés, con respecto a las otras variedades de galgos, lo que es natural, porque los otros galgos no han continuado el ejercicio de la caza activa a través de los años, por las razones arriba apun-tadas.

Hay otras razas de caza de montería, como los Foxhounds Ingleses y Americanos, los Harriers, Beagles, Basset, etc., que conservan sus cualidades de cazadores, características de la raza, porque se ha continuado haciéndoles cazar, especialmente en la caza del zorro, para cuyos fines en Inglaterra, Estados Unidos, Francia, Canadá, Alemania, Sud Africa, la India, etc., se mantienen aún buen número de jaurías, sea en algunas familias adineradas, sea en clubes especializados.

Estas razas no dan resultado práctico en nuestros campos para la caza de montería y

destrucción de las especies depredadoras, porque no fueron hechas para exterminar ninguna especie dañina, sino para "Deporte", es decir, como medio o pretexto para la práctica de la equitación a "Plain air", para la cacería en sí, como un fin y no como un medio, como un pasatiempo para que el hombre de ciudad se dé ese "baño de humanidad a que se refiere Ortega y Gasset en su prólogo al libro "20 años de caza mayor" del Conde de Yebes, fin muy distinto por cierto al de matar especies dañinas.

Un ejemplo nos aclarará. mejor las cosas. El Foxhound es un excelente rastreador de zorros y, debidamente enseñado, rastrea perfectamente al jabalí, puma o ciervo. Pero esa raza fue creada y mantenida para el deporte y solaz de "Gentlemen Riders", es decir, de señores elegantemente vestidos que se divertían -y aún lo hacen corriendo sobre recios hunters, en bulliciosa y colorida cabalgata, en que veinte o treinta jinetes y amazonas galopan tras otros tantos perros que, a su vez, siguen el rastro fresco de un zorro, al que ahuyentan con sus la-dridos.

Sabido es que el principal objeto de tales cacerías no es el de acabar con el zorro en tan despareja lucha -un zorro de diez o doce kilos frente a treinta o más perros de cuarenta kilos-, sino la diversión de los participantes. Por tal motivo la raza Foxhound ha sido acondicionada a tales fines deportivos. Es por ello que la primera condición de un buen Foxhound es la de saber aullar con su típica y atronadora voz, al encuentro del primer rastro o indicio del carnicero o cérvido perseguido. Ello significa que inmediatamente la alimaña queda sobre aviso y comienza a huir. Para un bosque europeo, casi un parque, rodeado de poblaciones, el ladrido significa el comienzo de un "coursing" que tarde o temprano concluirá con la pérdida del zorro metido en su madriguera o la muerte del mismo

acorralado por lo limitado del escenario y la abrumadora mayoría de sus perseguidores. Y si logra esconderse o escapar, tanto mejor, porque así volverá a servir para la próxima cabalgata.

Pero esa misma escena, en uno de nuestros inconmensurables montes, significará la pérdida segura de la fiera perseguida. El ladrido de los perros sobre el rastro alertará a la pieza, que escapará a montes vecinos y de allí a otros y otros cada vez más lejos hasta ponerse a salvo de sus perseguidores, que con incesantes aullidos lo irán poniendo sobre aviso cada vez que se aproximen.

Cabe recordar aquí que el viejo standard del Foxhound especifica un ladrido tan fuerte "como las campanas de Moscú" -"Lika Moscow's Bell"- reza textualmente, es

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decir, que debía escucharse tan lejos como aquellas potentes campanas. Si esa potencia de voz era y es una ventaja para orientar a los deportistas ecuestres en el bosque europeo, constituye una enorme desventaja en nuestro medio, donde lo que se quiere es cazar el jabalí, zorro, puma, araguá-guazú o jaguar, y no correr oficiosamente una o dos horas tras el lírico aullar de una hermosa jauría.

En un extenso artículo sobre el Foxhound Inglés que escribe E. C. Harrison en la

enciclopedia canina y de deportes ecuestres titulada "The Book of the Dog", editada por Brian Vesey-Fitzgerald, se consignan datos interesantes de esta raza, los que por provenir de un autor de esa categoría, especializado en la raza, y ratificar los conceptos que dejo expuestos, me parece oportuno transcribir. Dice entre otras cosas, muy interesantes por cierto, pero que brevitatis causa omito consignar, en pág. 752: "Los perros que no ladran en seguida, permaneciendo mudos, deben ser destruidos o al menos retirados de la jauría de inmediato, cualesquiera que sean las otras buenas cualidades que tengan. Un perro mudo se va a cortar solo, guiado por su olfato, y arruinará la chance de una buena partida. Algunos Foxhounds se vuelven mudos, por celos, cuando se dan cuenta que ya no son "leader" en la jauría. Sacar cría de alguno de estos perros que tienen tendencia a no ladrar el rastro, será traerse futuras dificultades que serán difícil erradicar".

Yo habría escrito lo contrario: que ese perro "mudo" es un animal inteligente y que se dió cuenta que la única forma de agarrar el zorro es llegar a él en silencio, para no espantarlo, Pero el autor sostiene que el perro debe ladrar de continuo, para el éxito de la cabalgata. Es decir, para que dispare el zorro delante y los perros detrás, pudiendo así los jinetes seguir a éstos y practicar el "coursing" y hacer equitación en alta escuela, fin primordial en esta clase de cacerías.

Hablando del valor del Foxhound, afirma: "Coraje es una cualidad esencial en estos perros, lo que se necesita para enfrentar espesos matorrales, densas zarzas al recorrer el bosque, pasar sobre cercos espinosos, cruzar anchos ríos y saltar grandes obstáculos. Se ha

sostenido que un solo Foxhound debe ser capaz de parar un zorro sin ayuda y que puede ser capaz de matarlo sin ayuda de los otros perros. Aunque ese coraje puede ser admirable en sí, la chance de una buena cacería se puede ver perjudicada si, al penetrar el bosque, un Foxhound fuera capaz de matar él solo al zorro. Es muy raro encontrar un Foxhound que pueda parar y matar un zorro en buen estado, aunque es posible que un solo perro sea capaz en ciertas circunstancias, de parar un zorro cansado".

A confesión de parte, relevo de pruebas, decimos en derecho. Pero lo que acota Mr. Harrison en su interesante y completo artículo' sobre esta noble raza de los Foxhounds, es lógico en razón del objeto de la cacería con estas jaurías, que es únicamente hacer

equitación, Por eso afirma que perjudica la cacería si un perro, en vez de ahuyentar al zorro con sus ladridos, le da alcance y lo mata, que es en cambio lo que nosotros pretendemos y que es lo que se ha buscado en el Dogo Argentino. Y recordemos que el zorro inglés es más pequeño que el zorro común de las provincias argentinas. ¿Qué papel pueden hacer esos perros, enfrentando individualmente a nuestro zorro colorado de la Patagonia, que es tan grande como el coyote de las praderas de Norte América, o frente a un araguá-guazú, un puma, un pecarí o un jabalí europeo del tamaño de los que tenemos en nuestras provincias del sur?

Por eso es congruente cuando en pág. 754 del libro citado, el autor se pregunta: "¿Cazamos nosotros por "matar" zorros o para divertirnos? ¿No gozaremos más permitiendo que unos cuantos zorros escapen o puedan procrear, cazando con perros lentos, que permiten a todos los cazadores seguir tranquilamente la cacería? ".

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Y respecto al número de perros necesarios para formar una jauría, también nos aporta datos que abogan por nuestra tesis y se refiere al número y edad de perros que deben constituir una jauría. Dice en pág. 755 de la obra a que nos venimos refiriendo: "En una jauría de 25 parejas de Foxhounds es ideal que haya tres parejas de perros que hayan cazado con anterioridad cuatro o más temporadas. Seis parejas de tres temporadas. Siete parejas de segunda temporada y nueve parejas que salgan al campo en primera temporada'.'. Es decir, que esta jauría "ideal", para ir tras un pequeño zorro debe estar constituída por cincuenta perros.

René Valette, en su conocido libro "La Chasse á Courre et á tir", va aún más lejos, pues afirma en el prefacio de su obra que: "La caza de zorros, jabalíes y ciervos, con jauría y de a caballo, no se compone solamente de un conjunto de sesenta a ochenta perros, de bellos trajes rojos, verdes y azules, con galones dorados en las solapas, trompetas brillantes y caballos de raza, etc".

El ex presidente de Estados Unidos de Norte América Teodoro Roosevelt, que tanto cazó en su país como en Europa, Africa y la India,. en su libro "Big Game Hunting in the

Rockies and on the Great Plains" dice, en pág. 258, edición de lujo de Pulman's Sons, 1899, refiriéndose a la jauría del general Wade Hampton con la que el autor del libro cazó mucho tiempo: "El general Hampton cazaba con una numerosa jauría de Foxhounds, que los dirigía unas veces él mismo y otras su cazador negro. Generalmente llevaba al campo cuarenta perros a la vez".

Ese elevado número de perros los puede mantener o una familia de mucha fortuna o un club de socios pudientes, pero va de suyo que es antieconómico que en nuestras estancias

argentinas hubiéramos de mantener tan numerosa jauría, aún cuando sus componentes fueran capaces de matar un zorro.

En Canadá he participado en el "Ottawa Hunting Club", de cacerías con Foxhounds, en que doce parejas corrían, no tras el rastro de un zorro, sino tras la huella de una bolsa.empapada en citronela que un ayudante, de a caballo, arrastraba por el campo momentos antes que el "Master of Hounds" saliera con la jauría hacia el rastro, que en

cuanto lo tomaban, daban comienzo a un verdadero concierto de voces aflautadas tras el cual corríamos nosotros en excelentes caballos. Al poco rato de andar arrastrando la bolsa por el campo, la colocaba dentro de una pequeña jaula que con un zorro adentro llevaba en su cabalgadura, se apeaba, escondía todo entre el monte y desaparecía. Al cabo llegaban los perros guiados por su excelente olfato, rodeaban la jaula y los atronadores aullidos "Like Moscow's Bell" nos orientaban a los jinetes, que llegábamos finalmente al lugar y se daba por concluida la cacería, o, mejor dicho, el paseo a caballo por esos hermosos bosques que rodean la capital canadiense. Y la bolsa empapada de citronela servía para otra vez y el zorrito que estaba dentro de la jaula seguía gozando de buena salud .. .

Unas cuantas generaciones de Foxhounds siguiendo tras una bolsa mojada en citronela y habrán perdido por completo su instinto cazador, que se afianzó en siglos de ejercicios adecuados.

Vemos, pues, que estos "Hounds" no son apropiados para el fin que nosotros nos teníamos propuesto. Por otra parte, ya que han hecho muchos experimentos con esta raza, sin que se pudieran obtener buenos resultados, por las razones apuntadas.

Lo que consignamos del Foxhound es igualmente aplicable a los Harries, Beagles, Basset, etcétera, y con mayor razón, dado el pequeño tamaño de estas razas.

Los grandes Hounds, como los galgos Irlandeses, Escoceses, etcétera, que nosotros hemos importado y probado durante muchos años y tras varias generaciones, y que aún los

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conservamos por sus extraordinarias condiciones para el hogar, por su mansedumbre e inteligencia, no dan resultados en la caza mayor, no obstante que son perros silenciosos, porque han perdido, por la inactividad de muchas generaciones, su interés en la caza, su valor para aguantar los zarpazos del puma o los colmillos del jabalí.

Esta condición del valor para aguantar sin ceder a los ataques de la fiera, es indispensable para dar tiempo al cazador que avanza entre la maraña del bosque y pueda ultimar a la fiera antes que la fiera termine con ellos o los lastime malamente.

Tienen, además, el inconveniente de su gran tamaño, que les hace dificultoso su

desplazamiento dentro del bosque, lo que permite al jabalí herirlo fácilmente. Asimismo cabe agregar que su pelo largo y el color gris oscuro lo hacen confundirse con el color del monte o con el de la fiera, especialmente el jabalí, en cuyo color y largo de pelo se parecen, con lo que están muy expuestos a ser heridos por el cazador en la excitación de la caza. Hemos estimado siempre que es una crueldad hacer luchar a uno o varios perros que no reúnan las condiciones físicas apropiadas, contra un jabalí europeo, un puma,, un aguará-guazú, un jaguar o uno de esos enormes zorros colorados de la Patagonia, verdaderos lobos por su fuerza y tamaño, como sería un despropósito antideportivo hacer boxear un peso pluma con un pesado. Cualquiera de los pequeños terriers, por ejemplo, en lucha contra alguno de los grandes carniceros arriba citados, sucumbiría sin duda, por tratarse de perros dotados de un gran valor, que excede a su pequeño físico.

Lo mismo resulta una crueldad llevar de caza a un Bulldog Inglés, cuya contextura actual ha hecho que en las modernas exposiciones se lo clasifique entre los "Non Sporting Dogs", habiendo sido creada la raza para duros combates con toros. Hoy, sus cortas y torcidas extremidades no le permiten seguir el galope del caballo por un tiempo prudencial, a la par que carecen de olfato, su excesivo prognatismo los ahoga al morder porque se les llena la boca de presa, privando así a sus reducidos conductos nasales de respirar con soltura. Esta crueldad será mayor si recordamos que el extraordinario valor que por atavismo conservan muchos de estos nobles animales hará que rindan hasta el último esfuerzo, e inclusive que dejen su vida en la lucha.

Todos los ejemplares de estas razas a que me he referido anteriormente en el curso de este capítulo, son excelentes y fieles amigos del hombre, guardianes de nuestros hogares y leales e incondicionales compañeros de nuestros hijos. Siempre será justo y laudable el empeño que pongamos por el mejoramiento y perfección de dichas razas, que tantos adeptos tienen en el mundo y en nuestro país. Debemos felicitarnos de los progresos que constatamos a diario, especialmente en estos últimos años, desde que la Federación

Cinológica Argentina ha tomado con tanto acierto las riendas de la cinofilia en nuestro país. Pero no debemos llevarlos al monte y exigirles un esfuerzo desproporcionado a sus

respectivos físicos.

Si bien en la caza de montería la jauría debe tener alguna "chance" o correr un albur, no es legítimo llevar a nuestro noble amigo a una muerte segura, sabiendo su "handicap" ; en contra, en relación con la pieza que debe cazar.

Estas razones, que hemos tratado de sintetizar lo mejor posible en las páginas precedentes y que son producto de nuestros estudios de las características de las distinta razas y de la experiencia de toda una vida, son las que nos hicieron ver la necesidad de una raza criolla que por sus condiciones somáticas, temperamentales, agudeza de sentidos, proporciones físicas, conformación de cráneo, modo de cazar, velocidad dentro del monte, valor para la lucha, entusiasmo para perseguir la caza de pelo y luchar con ella hasta el último aliento, fuera apta para la caza mayor en nuestro país.

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CAPITULO SEGUNDO

CONDICIONES QUE DEBE REUNIR EL PERRO DE

MONTERÍA, PARA ACTUAR EN NUESTROS CAMPOS

PARA LA CAZA DEPORTIVA O PARA COMBATIR

ESPECIES DEPREDADORAS

Creo oportuno comenzar este capítulo con palabras del creador del DOGO ARGENTINO, en que explica y justifica la creación de la nueva raza. Decía en la conferencia citada en el capítulo precedente: "Ninguna especie de la creación, ha sufrido tanto las consecuencias de las leyes de la evolución como la especie canina. Su fidelidad al hombre desde la

prehistoria, hasta nuestros días, le ha hecho adquirir una admirable facultad de adaptación a los cambios ambientales y geográficos creados por las necesidades que la lucha por la vida impuso a su amo, cuando no por las grandes conmociones geológicas o bien en virtud del propio capricho humano.

¿Quién no ha observado la enorme diferencia morfológica que existe entre un corpulento perro de raza Gran Danés y el diminuto de Pekin? ¿Entre el esbelto y aristocrático Irish Wolf Hound y el acondroplástico Dachshund, entre el hermoso pelaje de un Setter y la piel desnuda de un pila?

¿No hay acaso más diferencia entre la morfología de las razas que acabamos de comparar, que entre las que existen y distinguen un león de un tigre, una llama de un guanaco o entre un antropoide y un ser humano de la raza primitiva?

¿A qué se debe que entre ejemplares de una misma especie y sólo en esta especie de la extensa escala zoológica, pueda haber diferencias tan grandes, que superan a las que separan especies distintas?

Sólo hay, señores, una respuesta a este interrogante. Se debe a esa magnífica facultad de adaptación que tiene la especie canina, adquirida siguiendo a su amo a lo largo de todas las edades de la historia, por todos los senderos del planeta y a la intemperie de todos los climas de la tierra, para servir con igual abnegación, a un amo de todas las razas, de todos los caracteres y de todas las culturas.

Esa magnífica adaptabilidad de la especie canina a los cambios ambientales o paratípicos, ya sea en el psiquismo o en la morfología, siguiendo los caminos biológicos de la evolución o bien el opuesto de la involución, es lo que ha permitido el desarrollo del inmenso número de razas y variedades caninas que conocemos hoy, unas fijadas en selección natural, las otras por el hombre, ya fuera con fines prácticos o para adorno y compañía, cuando no por capricho y hasta se podría decir, para algunas de ellas, por una evidente aberración del buen gusto humano. De todas por igual, siempre con idéntica fidelidad, al servicio del amo y señor más tirano que conoce la creación: el hombre, al que sirve con igual sumisión, tanto el de aristocrático pedigree como el humilde hijo de nadie.

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me propuse fijar una nueva raza de perros, que reuniera las condiciones necesarias para ser el perro útil para la caza mayor en nuestro país. Porque en nuestros bosques impenetrables y vírgenes las condiciones de la caza son muy diferentes a las que se realiza en los coto de caza de Europa, lugar donde fueron seleccionadas las razas que importamos para estos usos. Aquí cazamos en montes abiertos, de inmensas extensiones,

donde a veces hay que recorrer los senderos arrastrados cuerpo a tierra y las tropas de jabalíes, sean autóctonos o importados, o bien el puma o el tapir, cuando ha oído la vecindad de la jauría, si no fueron apresadas en el momento del encuentro con ésta, inútil pretender atraparlos nuevamente,. donde hay miles de hectáreas de por medio. Todos los intentos del cazador y los perros serán en vano.

Entonces, ¿qué cualidad debe tener el perro para esta clase de caza? En primer lugar debe ser un perro que bata el monte en silencio y que sólo se haga oír sobre la pieza, porque cuando haga lo de los Foxhound u otras razas de montería, que empiezan a aullar cuando encuentran el rastro, el cazador que lo sigue puede estar seguro que no cobrará ninguna pieza, porque el aullido de la jauría pone sobre aviso a los animales, los que huyen a muchas leguas de distancia.

En segundo lugar debe ser un perro de buen olfato, pero que ventee arriba, como el Pointer, y no sobre el rastro, porque en la caza del puma, por ejemplo, éste, para engañar a los perros hace círculos al huir y vuelve sobre su propio rastro. Otras veces trepa a un árbol, el molle, por lo común, y salta a la distancia, o bien franquea de un salto un precipicio, dejando a los perros que lo siguen por su huella, remolineando confundidos.

En cambio, cuando el perro sigue al animal venteando, no hay posibilidad que lo engañe y la treta conocida del pecarí de separarse de la tropa, quedando escondido entre matas, mientras la jauría persigue a los que huyen, resulta inútil si el perro ventea a la fiera. . Por esta razón es común oír a la gente de campo donde hay pumas, que el mejor perro leonero es el Pointer o su mestizo, porque lo encuentra en seguida y lo empaca, y el cazador puede darle el tiro de gracia.

En tercer lugar debe ser un perro ágil más de lucha que de velocidad porque al jabalí, al puma o al pecarí, lo alcanza cualquier perro que no sea muy pesado. Y por

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último, debe ser valiente, por sobre todas las cosas. Al encontrar al puma o al chancho montés, debe hacer presa, aunque éste lo hiera, y ser capaz de sujetarlo él solo, porque en nuestras cacerías, dada la extensión de este país, no es posible viajar cientos de kilómetros llevando jaurías de veinte o cincuenta perros. Esto ni es práctico, ni es cómodo para nosotros.

Esta cualidad del valor la considero fundamental, porque aquí donde hay tanto campo virgen, no se puede seguir de a caballo la jauría, porque apenas si se puede entrar de a pie. No sacamos nada con que los perros empaquen la presa lejos de nosotros, si es imposible llegar a ultimarla. Lo práctico es que, al encontrarla, la "estiren", como decimos los provincianos, es decir, que hagan presa de inmediato.

Una escena típica de la cacería de jabalíes con Dogo Argentino.

En cuanto a la talla del perro, como los senderos de nuestros montes son muy bajos, resultan más prácticos los perros de talla media, pero como en la selección de las razas hay que elegir los ejemplares más fuertes, conviene para la cría, elegir los de mayor talla y peso, porque criados en el campo, por exceso de trabajo y mala alimentación, siempre se reducen de tamaño. Esta es la razón del viejo aforismo: "La talla entra por la boca". He transcripto estas palabras, pronunciadas hace más de veinte años, porque constituyen una síntesis de la respuesta al título de este capítulo. Dentro de estas cualidades anotadas, considero por mi parte como de singular significado, la del valor a toda prueba, que es indispensable para que el perro aguante a pie firme, por un rato, sin

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Desde su más tierna edad, el Dogo Argentino, muestra su instinto cazador. Aquí vemos a Neuquén del Chubut (RPlra N° 9 - RGDA 217) propiedad del Dr. Benito Fernández, en

lucha con un cachorro de jabalí.

rendirse y sin aflojar, todas las embestidas, zarpazos, colmillazos y desgarraduras que reciba del animal salvaje, para que el cazador pueda acercarse al campo de acción y ultimar a la fiera desde corta distancia, sin peligro alguno.

Esa reciedumbre del Dogo Argentino hace que dentro del monte resulte de gran velocidad, en relación a otros perros de distintas razas de caza mayor, porque al no sentir los

pinchazos de las espinas, arañazos de los matorra!es y golpes de palos y troncos, avanza más directamente a la presa y por lo tanto más rápido que otros perros que se resienten por las heridas y contusiones por su mayor sensibilidad, lo que los obliga a buscar sendas más limpias y fáciles de recorrer, pero lógicamente más largas, porque dan más vueltas. En resumen, nuestro perro para montería debe ser silencioso, nunca ladrar al rastro. Una larga experiencia al respecto nos enseña que basta un perro "bochinchero" -como dice la gente de campo- entre la jauría, para que la cacería fracase, por las razones que hemos dejado apuntadas y que sería obvio repetir.

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Maleva del Chubut, primer dogo que obtuvo el título de Campeona Argentina con su propietaria Srta. María Martha Cuelli

El jabalí está vencido, pero el Dogo Argentino, ha rendido su tributo como soldado de frontera. El de adelante, está muerto a consecuencias de las heridas que recibió en la

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Debe ser ágil, fuerte y sufrido, lo que equivale a rápido en los montes por las razones que dejamos expuestas. De buen olfato, pero "venteador" y no rastreador, y valiente a carta cabal, capaz de pelear hasta la muerte, como ya les ha— ocurrido a los dogos tantas veces. Las razones de estas condiciones sine-cua-non para el perro útil en el campo, las hemos expuesto y justificado con fundamentos precedentemente.

Deben reunir en sí las condiciones necesarias para que cuatro o cinco perros constituyan una jauría suficiente para dominar con facilidad un jabalí europeo de 200 kilos o más, y uno solo sea capaz de dar cuenta de un zorro colorado, un aguará-guazú o un puma, como lo están haciendo a diario nuestros dogos criollos.

Nos habremos ahorrado así las jaurías de cincuenta perros a que se refiere Mr. Harrison, o las de sesenta a ochenta referidas por René Valette o Teodoro Roosevelt y cuyas opiniones hemos citado anteriormente

Shehven, propiedad de la Srta. Karina Fishbach CAPITULO TERCERO

RAZAS QUE HAN INTERVENIDO EN LA

FORMACIÓN DEL DOGO ARGENTINO

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Para formar una raza de perros que reuniera las condiciones que hemos especificado en el capítulo precedente, fue necesario buscar y valernos de las razas que hubieran conservado, lo mejor posible, algunas de sus condiciones típicas y que fueran capaces de transmitir a sus descendientes.

Pero era necesario, primero, partir de alguna base que tuviera al menos una de las condiciones esenciales, para ir después agregando las distintas razas, que deberían

transmitir a sus descendientes las cualidades innatas, dentro del biotipo, hasta obtener esa especie de "cocktail" canino que se buscaba.

Al mismo tiempo la continua ejercitación, tanto en cacerías como en luchas individuales contra fieras que a tales objetos manteníamos y mantenemos aún en jaulas apropiadas, iba afianzando los caracteres atávicos y sumando a la herencia de sangre el ejercicio o gimnasia funcional correspondiente.

La base fue el viejo perro de pelea cordobés. En Córdoba, en los siglos pasados y hasta los comienzos del presente, estaban muy en boga los combates de perros. Eran como las riñas de gallos, una tradición heredada de la época de la

Lucha de entrenamiento del dogo Yuca de 11 meses de edad, de propiedad del Sr. Edgardo Alán Gil de la Provincia de Jujuy

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colonia, que había arraigado fuertemente en dicha provincia. En sus aledaños se realizaban todos los fines de semana peleas de perros, en las que se hacían grandes apuestas. Para dichos combates se usaba una mezcla de Mastín Español con Bullterrier, cuando no de Bullterrier puro mezclado con el Bulldog Inglés. Hubo también a comienzos de siglo una cierta infusión de sangre Boxer o "Bulldog Alemán", como allí se apodaba a esta noble raza.

De esa mezcla de sangre se fue formando, por selección natural, el tipo de "perro de pelea",. que llamaremos "Viejo perro de pelea Cordobés", animal extraordinario para el combate, de valor y resistencia tremendas para la lucha; morían peleando, no rehuían el

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encuentro jamás pero carecían de olfato y velocidad y su ferocidad para sus congéneres los tornaba inútiles para la caza, ya que se

Tipica mordida de dogo

peleaban entre ellos y era imposible cazar con dos o más y, menos en jauría.

Pero esta raza primitiva tenía en sí dos cualidades primigenias y esenciales. Una excelente herencia ancestral: Mastín, Bullterrier, Bulldog Inglés, Boxer; y una gran gimnasia

funcional, ya que los rudos combates a que eran sometidos de generación en generación, fueron acrecentando cada vez más su valentía original.

Al viejo perro de pelea Cordobés, que era casi siempre blanco y algunos con manchas barcinas, se le fue dando en distintas corrientes de sangre, para evitar las consanguinidad, el Gran Danés Arlequín o Dogo de Ulm, con el objeto de darle más alzada y buena cabeza. El Bulldog Inglés, Boxer y Bullterrier, para acrecentar su valor, intrepidez, resistencia,

insensibilidad al dolor y tenacidad en la lucha, contribuyendo también el Boxer, con su vivacidad e inteligencia, a darle la capacidad de asimilación de las lecciones cuando el Dogo se destina a perro de ataque y defensa, o como guía de ciegos a que se los está destinando con mucho éxito.

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