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La enseñanza de la filosofía y sus competencias

María del Socorro Flores Cerón, Alumna de la Maestría en Educación Superior, Facultad de Filosofía y Letras, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Puebla, México, [email protected].

María del Carmen Romano Rodríguez, Profesora e investigadora de la Maestría en Educación Superior de la Facultad de Filosofía y Letras, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Puebla, México, [email protected].

Resumen

Este trabajo muestra la importancia de la enseñanza de la filosofía en la educación media

superior, que como área de estudio a través del tiempo ha contribuido al desarrollo de

habilidades, competencias en los jóvenes, que les son útiles en la vida diaria. Por lo que en

primer lugar se hace referencia a las diferentes acepciones de enseñanza, al origen de la

filosofía y de los primeros filósofos, particularmente la manera en que estos enseñaban, hasta

llegar a la época actual en donde la filosofía torna un papel diferente al ser estudiada en la

asignatura de ética y valores. Puesto que enseñar filosofía, en particular ética y valores,

fomenta en los jóvenes, además del reflexivo ejercicio valorativo, competencias que en buena

medida apuntalarán su desempeño personal, profesional y social, tales como la reflexión

sistemática, el aprendizaje autónomo y crítico, el desarrollo de sus capacidades de análisis,

síntesis, abstracción, entre otras, impulsando a partir de ello, un ejercicio de explicación

permanente y comprometido de la realidad, de sus circunstancia histórica, de los aconteceres

sociales y naturales.

Palabras clave: Enseñanza, enseñanza de la filosofía, filosofía, competencias.

Introducción

La enseñanza es una tarea ardua que involucra al Estado, a la sociedad, a los individuos y a la

escuela. Por esta razón con frecuencia se pone en evidencia la calidad que posee el sistema

educativo, ya que en él intervienen múltiples actores, entre los cuales destaca, en el caso de

México, el papel sexenal y coyuntural de la política educativa impulsada por los gobiernos en

turno, la cual suele no responder a las necesidades reales de los involucrados en el proceso

educativo.

En lo que corresponde a los cambios en los programas de estudios, estos suelen

responder las disposiciones provenientes de organismos internacionales. Deslindando la

acepción de competencias de la connotación que presupone la intención de desarrollarlas con

el único fin de responder a las necesidades de capacitación laboral y de mejora productiva en

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la formación integral de los alumnos en tanto personas libres y responsables, la introducción del

enfoque pedagógico por competencias, presenta nuevos retos que bien vale la pena reflexionar.

Así, la enseñanza de la Filosofía, en particular para Ética y Valores, en los Programas de

asignatura de los bachilleratos de la SEP, e incluso de la BUAP, se pretende dejar atrás el

enfoque pedagógico tradicional, encaminado ahora su aprendizaje hacia el desarrollo de

competencias, tales como la toma de conciencia, la reflexión, la creatividad, la solución de

problemas, el trabajo colaborativo, competencias que promueven que los jóvenes sean

participes y conocedores de la historia y circunstancia actual de su país, y que sean capaces de

actuar en el mejoramiento de su propio contexto.

La enseñanza

La escuela y la familia son los espacios destinados a educar a los individuos, sin embargo al

institucionalizarse la educación, ésta cae en manos del Estado que la adapta a la situación

social, política, económica que vive el país.

Con respecto al concepto de enseñanza se enuncian diferentes posturas de acuerdo al

enfoque teórico con el cual se aborde, ya que una tarea importante de la enseñanza es facilitar

que el alumno realice las tareas del aprendizaje, manifestándose una dependencia real entre el

proceso enseñanza aprendizaje.

El enseñar, implica transmitir contenidos culturales, poner a disposición de las nuevas

generaciones el saber acumulado por la sociedad y la cultura de toda la humanidad, en la

práctica está centrada en el contenido teórico, el profesor comunica y el alumno recibe la

información.

En otra perspectiva, el significado es más complejo porque enseñar es cuando se

enseña a pensar, es orientar los procesos de construcción del conocimiento (Ojeda y Alcalá,

2004). La enseñanza, es un tipo de práctica que facilita la transformación del pensamiento, el

comportamiento, las actitudes, los valores; todo esto coordinado por el docente respetuoso de

los requerimientos individuales y grupales de los alumnos.

Desde una perspectiva tradicional, para que una actividad sea llamada enseñanza, es

necesario que haya dos personas, una que posea cierto conocimiento, y debe haber otra

persona que no lo posea; de este modo el que posee el conocimiento intenta transmitir el

contenido del cual el otro carece, estableciéndose entre ambos una relación de enseñar y el

otro de aprender.

Desde una perspectiva participativa, en el proceso educativo el docente propicia que los

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se apropian, reproducen e innovan los saberes, al mismo tiempo que conviven

democráticamente desarrollando relaciones en las que la solidaridad, la tolerancia y la equidad

son práctica común.

De esta manera, la enseñanza no se separa del conocimiento, ni del aprendizaje. El

adquirir conocimientos es tomar conciencia de la experiencia como algo que está estructurado,

organizado y con significado; también es aprender a ver, a experimentar el mundo de manera

inexplorada. (Cortes y Leyte, 1996) Todo ello posibilitado por espacios de reflexión y estrategias

de trabajo individual y grupal que propician la participación activa de educadores/educandos y

educandos/educadores.

La enseñanza de la filosofía

Cuando se trata de pensar, reflexionar, analizar, de tomar conciencia de los actos se está

haciendo uso de la razón, cualidad que posee todo ser humano; es así que se somete a una

actividad ardua que corresponde al desarrollo de habilidades y capacidades mismas que son

útiles en la vida diaria.

La filosofía, a través de la historia ha sido abordada desde diferentes perspectivas, en

Grecia, en donde tiene su origen, filósofos como Tales, Anaxímenes, Anaximandro, emprenden

su enseñanza de manera estricta en lo correspondiente a sus doctrinas (Altieri, 1982: 12)

Filósofos como los sofistas eran oradores elocuentes y persuasivos, considerados los

primeros pedagogos (Altieri, 1982: 12). Estos son los primeros en quienes es clara la

preocupación por los fines últimos de la educación, y de que en razón de ello tomaron las

decisiones para proponer la sistematización de las asignaturas que debería comprender la

formación de los ciudadanos griegos.

Sócrates, Platón y Aristóteles entre sus ideas destacan que el objetivo de mayor

importancia de la enseñanza consista en poder desarrollar el carácter (la personalidad integral)

del alumno y el desarrollar un pensamiento claro y preciso. Sócrates empleaba el diálogo con

sus discípulos propiciando que ellos mismos hallarán respuestas a sus propias preguntas, y

fueron Platón y Aristóteles quienes formalizaron la enseñanza estableciendo recintos como la

Academia y el Liceo, escuelas en las que se enseñaba, entre otras disciplinas: lógica,

metafísica y matemáticas (Salazar, 1995: 69).

En la Edad Media, la enseñanza de la filosofía tendrá lugar prioritariamente en recintos

monásticos, en donde se desarrollará en gran medida el manejo argumentativo y

contraargumentativo de las propuestas, así como la reflexión en torno a la diferencia y posible

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Para la época moderna, en consonancia con los cambios económicos, sociales y

políticos, así como del avance de las ciencias, las preocupaciones filosóficas y con ellas las de

su enseñanza adquieren un señalado interés hacia los problemas vinculados con el

conocimiento de una realidad susceptible de cuantificar, explicar y por tanto, dominar, gracias al

uso sistemático de la razón. Así: “La educación filosófica moderna ofrece…la influencia del libro

impreso, que determino la formidable expansión de las posibilidades de enseñanza y

aprendizaje de filosofía, más aun cuando por esta época los filósofos comienzan a usar la

llamada lengua vulgar” (Salazar, 1995: 74).

Para los siglos XVII al XIX, la forma típica de enseñar filosofía se formaliza en

instituciones en donde puede presenciarse una clase de filosofía con un maestro que expone

sus propias ideas y las de otros filósofos con los cuales comparte los supuestos fundamentales.

“Es digno resaltar el contacto interdisciplinario que acerca a los filósofos y los investigadores

científicos de todas las ramas y obliga a una mayor apertura y flexibilidad de los currículos

académicos” (Salazar, 1995: 75). De esta manera la importancia de la filosofía radica en su

utilidad para el desarrollo del pensamiento.

Actualmente, la enseñanza de la filosofía está centrada en la historia de la filosofía y a la

ética y valores, esto debido al mundo neoliberal y globalizado, ideologías ante las cuales se

desarrollan las reformas curriculares. De tal manera que la enseñanza de la filosofía se define

como un conglomerado de conocimientos constituidos por obras e ideas filosóficas, y como un

actuar. Puesto que al tener conocimientos generales de la disciplina como ideología, se tiene un

reconocimiento de la situación de vida en el contexto y por lo tanto se modifica el actuar del

individuo de tal manera que pueda afrontar y solucionar problemas propios de su medio.

La enseñanza de la filosofía retorna un papel importante al declarar la UNESCO (2005)

que: “La enseñanza de la filosofía debe mantenerse, defenderse y ampliarse en todo el sistema

educativo formal donde ya existe, implantarse donde aún no existe, y reponerse allí donde ha

sido dejada de lado por diferentes razones, sean éstas de carácter utilitario, tecnocrático o

economicista. Ahí donde la filosofía se imparte, debe ser nombrada explícitamente con la

palabra “filosofía” y debe estudiarse en unidades académicas autónomas”.

Por lo que la enseñanza de la filosofía radica en la adquisición de información básica y

en hacer que el estudiante adquiera habilidades suficientes para enfrentar problemas de

cualquier naturaleza. De tal manera que, enseñar a una persona a ser crítico no radica

únicamente en guiarlo con el ejemplo y desarrollar sus capacidades hasta que pueda criticar

sus propias acciones, sino va al punto de ser reflexivo y capaz de decidir, ya que “si se quiere

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un desafió para la filosofía, la cual exige niveles de comprensión desarrollados en los niños y

jóvenes” (Riquelme, 2006).

En la Declaración de Paris a favor de la Filosofía (UNESCO, 2005), los congresistas han

juzgado que el desarrollo de la reflexión filosófica, tanto en la enseñanza como en la vida

cultural, contribuye de manera importante a la formación de ciudadanos al ejercitar su

capacidad de juicio, elemento fundamental de toda democracia. De esta manera, la enseñanza

de la filosofía se considera importante en el sentido de que sirve de apoyo a las capacidades,

competencias y habilidades que requieren desarrollar los jóvenes en la vida actual.

La asignatura de filosofía y sus competencias

La filosofía, es una disciplina considerada un elemento reflexivo y en la educación es vista

como un componente activo, pues entre sus tareas está el motivar a la reflexión, a la crítica, a la

argumentación conciente; habilidades que en buena medida requieren y desarrollan los

individuos a través del proceso de enseñanza-aprendizaje.

La UNESCO (2005) asevera que: “La filosofía es una „escuela de libertad‟ ya que no

sólo elabora instrumentos intelectuales que permiten analizar y comprender conceptos

fundamentales como la justicia, la dignidad y la libertad, sino que además crea capacidades

para pensar y emitir juicios con independencia, incrementa la capacidad crítica para entender y

cuestionar el mundo y sus problemas y fomenta la reflexión sobre los valores y los principios”.

Su estudio favorece a explicar y hacer frente a lo que se esté generando en lo político, en la

cultura, en lo económico y social.

Con la enseñanza de la filosofía en el nivel medio superior se pretende que el educando

desarrolle actitudes críticas, reflexivas y participativas en torno a su circunstancia personal y

social aportando elementos que posibiliten una convivencia más justa y más plena.

Las finalidades esenciales del proceso educativo del nivel medio superior son las de

“generar en el estudiante el desarrollo de una primera síntesis personal y social, que le permita

su acceso tanto a la educación superior como a la comprensión de su sociedad y de su tiempo,

así como su posible incorporación al trabajo productivo” (Sotelo,1986: 183,184), sin duda la

enseñanza de la filosofía en este nivel es fundamental, toda vez que su enseñanza facilita la

transformación del pensamiento, el comportamiento, las actitudes, los valores. Su importancia

radica en su aplicación y utilidad en el medio, ya que un estudiante además de aprender historia

de la filosofía, debe aprender a pensar, a ser conciente de la situación histórico social de su

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Por tanto, al implementar una educación basada en competencias supone que se

favorezca el desarrollo de las capacidades que los estudiantes tienen para comprender y

aportar en la transformación de su entorno, ya que, como señala la OCDE “Una competencia es

más que conocimiento y habilidades. Implica la capacidad de responder a demandas

complejas, utilizando y movilizando recursos psicosociales (incluyendo habilidades y actitudes)

en un contexto particular” (DeSeCo, 2005), sin duda la enseñanza de la filosofía apuntalará el

logro de estos objetivos, puesto que en sus fines se encuentran los de desarrollar la capacidad

crítica, fomentar y apoyar la originalidad y la reflexión autónoma, competencias esenciales en

los individuos.

Conclusión

Con esta exposición se manifiesta la importancia de la enseñanza de la filosofía en el nivel

medio superior, puesto que esta área de estudio contribuye al desarrollo de habilidades,

capacidades, destrezas, actitudes y valoraciones que los alumnos requieren para su vida

personal, social y laboral, las cuales son nombradas de competencias.

El desarrollo de la creatividad, la capacidad de interpretación, de construir, de valorar, de

reflexionar, de trabajar en equipo, permiten que un individuo contribuya a la comprensión y la

orientación del quehacer humano; aprender a pensar con independencia, al ser capaz de

formar su propio criterio con mayor responsabilidad, entendimiento y tolerancia.

Así un alumno que aprende por lo menos de manera introductoria filosofía y a filosofar

siguiendo el enfoque educativo basado en desarrollar competencias, desarrollará en mejores

condiciones la capacidad de entender el rumbo que ha adoptado su país, México, y por lo tanto

la capacidad de elegir entre lo que es conveniente conservar o cambiar de acuerdo a las

condiciones de vida que prefiera.

Referencias bibliográficas

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Riquelme, R. (2006) Perspectivas para el desarrollo de la filosofía en el siglo XXI. Algunas

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Referencias

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