Facultad de Teología Facultad de Teología
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Pontificia Comisión Bíblica Pontificia Comisión Bíblica
Prefacio Prefacio
No es tarea propia de la Pontificia Comisión Bíblica el ocuparse ella misma del No es tarea propia de la Pontificia Comisión Bíblica el ocuparse ella misma del trabajo exegético. La función a ella encomendada es la de promover rectamente los trabajo exegético. La función a ella encomendada es la de promover rectamente los estudios bíblicos y ofrecer una ayuda válida al Magisterio eclesiástico. Como le ha sido estudios bíblicos y ofrecer una ayuda válida al Magisterio eclesiástico. Como le ha sido planteada la cuestión sobre el tratamiento y la elaboración de la doctrina bíblica planteada la cuestión sobre el tratamiento y la elaboración de la doctrina bíblica referente al Cristo Mesías le correspondía preparar un documento para proponerlo a referente al Cristo Mesías le correspondía preparar un documento para proponerlo a los expertos y exégetas, ni tampoco a quienes tienen la tarea especial de trasmitir la los expertos y exégetas, ni tampoco a quienes tienen la tarea especial de trasmitir la catequesis. Para ayudar al conocimiento de las Sagradas Escrituras y a los pastores catequesis. Para ayudar al conocimiento de las Sagradas Escrituras y a los pastores en el ejercicio de su ministerio tenía, más bien, que realizar ella misma dos tareas: en el ejercicio de su ministerio tenía, más bien, que realizar ella misma dos tareas:
1. Después de examinar detenidamente las investigaciones que hoy se publican 1. Después de examinar detenidamente las investigaciones que hoy se publican sobre la Cristología Bíblica, aclarar las diferentes orientaciones y los métodos, sin sobre la Cristología Bíblica, aclarar las diferentes orientaciones y los métodos, sin olvidar mínimamente los peligros que el uso exclusivo de algún método puede olvidar mínimamente los peligros que el uso exclusivo de algún método puede ocasionar, para llegar a la comprensión completa de los testimonios bíblicos y de los ocasionar, para llegar a la comprensión completa de los testimonios bíblicos y de los dones de Dios en Cristo.
dones de Dios en Cristo.
2. Exponer brevemente las a
2. Exponer brevemente las afirmaciones bíblicas que:firmaciones bíblicas que:
a) En el Primer o Antiguo Testamento toman en consideración las promesas de a) En el Primer o Antiguo Testamento toman en consideración las promesas de Dios, los dones ya concedidos y la esperanza del Pueblo de Dios acerca del Mesías Dios, los dones ya concedidos y la esperanza del Pueblo de Dios acerca del Mesías futuro.
futuro.
b) En el Nuevo Testamento describen la comprensión de la fe a la que b) En el Nuevo Testamento describen la comprensión de la fe a la que finalmente llegaron las comunidades cristianas, es decir, en lo
finalmente llegaron las comunidades cristianas, es decir, en lo tocante a las palabras ytocante a las palabras y los hechos de Jesús de Nazaret, comprendidos por medio de aquellos textos cuya los hechos de Jesús de Nazaret, comprendidos por medio de aquellos textos cuya autoridad divina ya había sido reconocida por las comunidades judías.
autoridad divina ya había sido reconocida por las comunidades judías.
La Comisión Bíblica ha dejado deliberadamente el estudio de la composición La Comisión Bíblica ha dejado deliberadamente el estudio de la composición gradual de los escritos bíblicos a las investigaciones exegéticas, literarias e históricas, gradual de los escritos bíblicos a las investigaciones exegéticas, literarias e históricas, de modo que sólo toma en consideración los testimonios recibidos en el Canon de las de modo que sólo toma en consideración los testimonios recibidos en el Canon de las Sagradas Escrituras. De ahí el título de su documento: La Sagrada Escritura y la Sagradas Escrituras. De ahí el título de su documento: La Sagrada Escritura y la Cristologia.
Cristologia.
La Comisión Bíblica ha dejado deliberadamente el estudio de la composición La Comisión Bíblica ha dejado deliberadamente el estudio de la composición gradual de los escritos bíblicos a las investigaciones exegéticas, literarias e históricas, gradual de los escritos bíblicos a las investigaciones exegéticas, literarias e históricas, de modo que sólo toma en consideración los testimonios recibidos en el Canon de las de modo que sólo toma en consideración los testimonios recibidos en el Canon de las Sagradas Escrituras. De ahí el título de su documento: La Sagrada Escritura y la Sagradas Escrituras. De ahí el título de su documento: La Sagrada Escritura y la Cristologia.
Cristologia.
Henri Cazelles Henri Cazelles
LA SAGRADA ESCRITURA Y LA CRISTOLOGÍA LA SAGRADA ESCRITURA Y LA CRISTOLOGÍA
Muchos hombres de nuestro tiempo, sobre todo en Occidente, se confiesan Muchos hombres de nuestro tiempo, sobre todo en Occidente, se confiesan espontáneamente agnósticos y no creyentes. ¿Pero se sigue de ahí que se interesen espontáneamente agnósticos y no creyentes. ¿Pero se sigue de ahí que se interesen muy poco por Jesucristo y por su tarea en el mundo? De los estudios y escritos que muy poco por Jesucristo y por su tarea en el mundo? De los estudios y escritos que ven la luz consta que la situación de ninguna manera se encuentra así, aunque haya ven la luz consta que la situación de ninguna manera se encuentra así, aunque haya cambiado el modo de tratar esa cuestión. Con todo, hay algunos cristianos que se cambiado el modo de tratar esa cuestión. Con todo, hay algunos cristianos que se sienten bastante perturbados por la variedad de los métodos con los que se examina sienten bastante perturbados por la variedad de los métodos con los que se examina este problema o por las soluciones que de ese mismo problema se proponen. La este problema o por las soluciones que de ese mismo problema se proponen. La Pontificia Comisión Bíblica desea ofrecer una ayuda en este caso a los pastores y a los Pontificia Comisión Bíblica desea ofrecer una ayuda en este caso a los pastores y a los fieles, de estas dos maneras:
fieles, de estas dos maneras:
1. Presentando un resumen breve de estos estudios, cuya importancia y 1. Presentando un resumen breve de estos estudios, cuya importancia y peligros son descritos.
peligros son descritos.
2. Proponiendo sumariamente el testimonio de las Sagradas Escrituras sobre 2. Proponiendo sumariamente el testimonio de las Sagradas Escrituras sobre la espera de la Salvación y del Mesías, para situar con exactitud el Evangelio en este la espera de la Salvación y del Mesías, para situar con exactitud el Evangelio en este contexto previo, y mostrando después cómo debe ser comprendido el cumplimiento contexto previo, y mostrando después cómo debe ser comprendido el cumplimiento de esa expectativa y de esas promesas en Jesucristo.
LA SAGRADA ESCRITURA Y LA CRISTOLOGÍA LA SAGRADA ESCRITURA Y LA CRISTOLOGÍA
Muchos hombres de nuestro tiempo, sobre todo en Occidente, se confiesan Muchos hombres de nuestro tiempo, sobre todo en Occidente, se confiesan espontáneamente agnósticos y no creyentes. ¿Pero se sigue de ahí que se interesen espontáneamente agnósticos y no creyentes. ¿Pero se sigue de ahí que se interesen muy poco por Jesucristo y por su tarea en el mundo? De los estudios y escritos que muy poco por Jesucristo y por su tarea en el mundo? De los estudios y escritos que ven la luz consta que la situación de ninguna manera se encuentra así, aunque haya ven la luz consta que la situación de ninguna manera se encuentra así, aunque haya cambiado el modo de tratar esa cuestión. Con todo, hay algunos cristianos que se cambiado el modo de tratar esa cuestión. Con todo, hay algunos cristianos que se sienten bastante perturbados por la variedad de los métodos con los que se examina sienten bastante perturbados por la variedad de los métodos con los que se examina este problema o por las soluciones que de ese mismo problema se proponen. La este problema o por las soluciones que de ese mismo problema se proponen. La Pontificia Comisión Bíblica desea ofrecer una ayuda en este caso a los pastores y a los Pontificia Comisión Bíblica desea ofrecer una ayuda en este caso a los pastores y a los fieles, de estas dos maneras:
fieles, de estas dos maneras:
1. Presentando un resumen breve de estos estudios, cuya importancia y 1. Presentando un resumen breve de estos estudios, cuya importancia y peligros son descritos.
peligros son descritos.
2. Proponiendo sumariamente el testimonio de las Sagradas Escrituras sobre 2. Proponiendo sumariamente el testimonio de las Sagradas Escrituras sobre la espera de la Salvación y del Mesías, para situar con exactitud el Evangelio en este la espera de la Salvación y del Mesías, para situar con exactitud el Evangelio en este contexto previo, y mostrando después cómo debe ser comprendido el cumplimiento contexto previo, y mostrando después cómo debe ser comprendido el cumplimiento de esa expectativa y de esas promesas en Jesucristo.
PARTE PRIMERA PARTE PRIMERA PERSPECTIVA
PERSPECTIVA DE LOS METODODE LOS METODOSS CON LOS
CON LOS QUE HOY SE INVESTIGA LA PQUE HOY SE INVESTIGA LA P ROBLEMÁTIROBLEMÁTI CA DE CCA DE CRISTORISTO
1.
1.1. BREVE E1. BREVE EXAMXAM EN DE LAS TENTATIEN DE LAS TENTATI VASVAS
No se trata de exponer aquí la serie completa de los estudios sobre Jesucristo; No se trata de exponer aquí la serie completa de los estudios sobre Jesucristo; simplemente se presta atención a los distintos caminos que se han recorrido en simplemente se presta atención a los distintos caminos que se han recorrido en nuestros días para llevar a término estas investigaciones. Esos caminos se exponen nuestros días para llevar a término estas investigaciones. Esos caminos se exponen brevemente aquí, encuadrados más o menos según unas clasificaciones, que no brevemente aquí, encuadrados más o menos según unas clasificaciones, que no guardan un orden estricto ni lógico ni cronológico, indicando a la vez los nombres de guardan un orden estricto ni lógico ni cronológico, indicando a la vez los nombres de algunos autores, que son partidarios destacados de
algunos autores, que son partidarios destacados de esos métodos.esos métodos.
1.
1.1.1.1. Teología «1. Teología « clásica» clásica» o método tradicionalo método tradicional
1.1.1.1. Es el camino adoptado en los tratados dogmáticos especulativos, que 1.1.1.1. Es el camino adoptado en los tratados dogmáticos especulativos, que presentan una doctrina elaborada sistemáticamente, partiendo de las definiciones de presentan una doctrina elaborada sistemáticamente, partiendo de las definiciones de los Concilios y los escritos de los Santos Padres: así los tratados «De Verbo los Concilios y los escritos de los Santos Padres: así los tratados «De Verbo Incarnato» (ver Concilios de Nicea, año 325; Éfeso, 431; Calcedonia, 451; Incarnato» (ver Concilios de Nicea, año 325; Éfeso, 431; Calcedonia, 451; Constantinopla II y III, 553 y 681) y «De Redemptione» (ver Concilios de Orange, Constantinopla II y III, 553 y 681) y «De Redemptione» (ver Concilios de Orange, 529; Trento, sesiones 5 y 6, 1546 y 1547).
529; Trento, sesiones 5 y 6, 1546 y 1547).
1.1.1.2. Los tratados elaborados de esa forma se enriquecen hoy con múltiples 1.1.1.2. Los tratados elaborados de esa forma se enriquecen hoy con múltiples elementos que son aportados por el
elementos que son aportados por el congreso científico:congreso científico:
a) Utilizan generalmente la «crítica bíblica», con la que se distingue mejor lo a) Utilizan generalmente la «crítica bíblica», con la que se distingue mejor lo que es propio de cada libro o aportan varios libros a la vez, con lo que resulta que la que es propio de cada libro o aportan varios libros a la vez, con lo que resulta que la misma exégesis teológica se apoya en un fundamento más sólido (p. ej. J. Galot, misma exégesis teológica se apoya en un fundamento más sólido (p. ej. J. Galot, etc.).
etc.).
b) La influencia indirecta de una teología cuyo punto capital gira sobre la b) La influencia indirecta de una teología cuyo punto capital gira sobre la denominada «historia de la salvación» (Heilsgeschichte, ver después 1.1.6.), coloca la denominada «historia de la salvación» (Heilsgeschichte, ver después 1.1.6.), coloca la persona de Jesucristo con mayor firmeza en la administración de los medios de persona de Jesucristo con mayor firmeza en la administración de los medios de salvación que entre los Padres era denominada «Economía (o administración) de la salvación que entre los Padres era denominada «Economía (o administración) de la Salvación».
Salvación».
c) Teniendo en cuenta los distintos aspectos bajo los cuales se consideran hoy c) Teniendo en cuenta los distintos aspectos bajo los cuales se consideran hoy las cuestiones teológicas, algunas de ellas ya tratadas en la Edad Media, pero las cuestiones teológicas, algunas de ellas ya tratadas en la Edad Media, pero actualmente renovadas en parte, como la de la «ciencia» y el desarrollo de su actualmente renovadas en parte, como la de la «ciencia» y el desarrollo de su personalidad (ver p. ej. J. Maritain, etc.).
personalidad (ver p. ej. J. Maritain, etc.).
1.1.
1.1.2. Métodos especu2. Métodos especu lativos de carácter crítilativos de carácter críti coco 1.1.2.1. Algunos
1.1.2.1. Algunos teólogos especulativos piensan que una lectura crítica, que hateólogos especulativos piensan que una lectura crítica, que ha proporcionado tantas ventajas en el campo de los estudios bíblicos, debe ser aplicada proporcionado tantas ventajas en el campo de los estudios bíblicos, debe ser aplicada no solo a las obras de los Padres y de los teólogos de la Edad Media, sino también a no solo a las obras de los Padres y de los teólogos de la Edad Media, sino también a las mismas definiciones de los Concilios; éstas deben ser interpretadas teniendo en las mismas definiciones de los Concilios; éstas deben ser interpretadas teniendo en cuenta el «contexto histórico y cultural» del
cuenta el «contexto histórico y cultural» del que surgieron.que surgieron. 1.1.2.2. Resulta
1.1.2.2. Resulta de la investigación histórica de los Concilios, que susde la investigación histórica de los Concilios, que sus
definiciones han de ser tenidas como intentos de superar las controversias de escuela
definiciones han de ser tenidas como intentos de superar las controversias de escuela
o la diversidad de opiniones y formas de hablar, que dividían a los teólogos entre sí,
aun cuando todos querían afirmar la fe procedente del Nuevo Testamento. Los intentos no siempre superaron del todo las posturas opuestas. Cuando el contexto cultural es sometido a un examen crítico y también el lenguaje de las fórmulas aceptadas, p. ej. en el Concilio de Calcedonia (451), es posible distinguir mejor el «objeto» de las definiciones de las «fórmulas» empleadas para enunciarlo rectamente. Pero cuando cambia el contexto cultural, las fórmulas pueden perder con facilidad su fuerza y eficacia en otro contexto lingüístico diferente, en el que las mismas palabras no guardan siempre el mismo significado.
1.1.2.3. Conviene pues comparar de nuevo tales fórmulas con las fuentes fundamentales de la Revelación, procediendo con una atención especial en lo referente al Nuevo Testamento. Con ello se llega a que algunas investigaciones sobre el «Jesús histórico» lleven a determinados teólogos (p. ej. P. Schoonenberg) a hablar de su «persona humana»; ¿no sería más adecuado hablar de su «personalidad humana», en el sentido en el que los Escolásticos hablaban de su «naturaleza humana individual» y «singular»?
1.1.3. La Cristologí a y la investigación h istórica
Otros procedimientos siguen los métodos de la historia científica. Esos métodos ya mostraron su eficacia en la investigación de los textos del pasado, y parecía razonable aplicarlos al estudio del texto del Nuevo Testamento.
1.1.3.1. En efecto, desde el principio del siglo XIX, las investigaciones se orientaban sobre todo a la «reconstrucción histórica de la vida de Jesucristo» tal como pudo presentarse a los hombres que vivían con Él, y según la conciencia que pudo tener de sí mismo. De hecho, el descuido de los dogmas cristológicos se admitía espontáneamente entre los autores racionalistas (p. ej. Reimarus, Paulus, Strauss, Renan, etc.). Este descuido fue admitido también por los Protestantes «liberales», que quisieron sustituir la teología «dogmática», que a ellos les parecía excluir toda in-vestigación positiva, por una teología «bíblica» establecida críticamente (cfr. A. Harnack, Das Wesen des Christentums. Leipzig, 1901). Esta investigación sobre el «Jesús histórico» llegó a unas conclusiones tan opuestas entre sí, que la «Investigación sobre la vida de Jesús» (Leben Jesu Forschung) fue contemplada como una empresa totalmente carente de esperanza alguna de éxito (A. Schweitzer, 2ª ed., 1913). Por parte católica, aunque M. J. Lagrange había establecido firmemente un «método histórico» para estudiar los Evangelios (La Méthode historique, 3ªed., 1907),
no se evitaban en la práctica las mismas dificultades, si no era postulando una verdad «histórica» íntegra de todos los detalles e indicaciones mínimas, que se encuentran en los textos evangélicos (así Didon, Le Camus; con algunas leves discrepancias Lebreton, el mismo Lagrange, Prat, Fernández, Ricciotti, etc.). La tentativa realizada por R. Bultmann partió desde este callejón sin salida, en el que pareció estar atascada la investigación sobre la «vida de Jesús» (ver después 1.1.8.).
1.1.3.2. Desde entonces, el «método histórico» se enriqueció con elementos nuevos de gran importancia, porque los mismos expertos en los problemas de la historia pusieron en entredicho el concepto «positivista» de la objetividad en la ciencia histórica.
a) Una objetividad tal no es lo mismo que la objetividad de las ciencias naturales, pues se refiere a «experiencias humanas» (sociales, psicológicas, culturales, etc.), que sucedieron una sola vez en el pasado, y por eso mismo no pueden ser reconstruidas plenamente. Si alguien quiere descubrir su verdad, no
puede lograrlo sino recurriendo a las huellas y testimonios (monumentos y documentos) que les conciernen; pero a la verdad de ellas se llega en tanto en cuanto esas experiencias se entienden de alguna manera «desde dentro».
b) Un intento semejante implica por necesidad «aspectos subjetivos» en las investigaciones realizadas por los historiadores; cuya presencia el historiador distingue en todos los textos que relatan acontecimientos y describen sus protagonistas, sin ningún juicio previo sobre el valor de los testimonios así conservados.
c) La subjetividad del mismo historiador se inmiscuye en su trabajo a lo largo de todo su desarrollo, mientras busca «la verdad» de la historia (ver H. G. Gadamer). Pues él trata los problemas que investiga, según ellos atraen y animan su propio interés, con una «precomprensión» (Vorvenständnis), que investiga. Aunque
durante esa confrontación él mismo se someta a crítica y se examine, resulta raro que llegue a exponer las conclusiones de su trabajo, sin que de alguna manera dependan de su opinión personal sobre el sentido de la existencia humana (ver X. Leon Dufour).
1.1.3.3. La investigación histórica sobre Jesús proporciona un ejemplo muy claro de esa situación de los historiadores. Nunca una posición es «neutra». De hecho, la persona de Jesús afecta a todos los hombres, y por eso mismo, repercute en el historiador mismo, por la significación de su vida y de su muerte, por la importancia que tiene su mensaje en la existencia humana y por la interpretación de su persona, de la que son testigos los libros del Nuevo Testamento. Esas circunstancias en las que se encuentra toda investigación de este problema, explican la gran diversidad de conclusiones a las que llegaron tanto los historiadores como los teólogos; ninguno puede investigar o proponer de una manera enteramente «obje-tiva» la humanidad de Jesús, el devenir de su vida coronada por la muerte en la cruz, el anuncio que Él mismo dio a los hombres con sus propias palabras, sus gestos y su misma existencia. No obstante «esa investigación histórica es absolutamente necesaria», para evitar dos peligros simultáneos: que Jesús sea considerado un héroe mitológico y que la confesión por la que es reconocido como Mesías e Hijo de Dios caiga en un fideísmo irracional.
1.1.4. Cristología y Ciencia de las Religione s
1.1.4.1. Para completar la fundamentación de las investigaciones históricas hay otro elemento al alcance de la mano: «La Ciencia de las Religiones», teniendo en cuenta las influencias entrelazadas entre ellas que advertimos aún vigentes. ¿No es necesario tomar ese camino para comprender p. ej. el pasaje efectuado desde el Evangelio del Reino de Dios, tal como Jesús lo había anunciado según los evangelios, hasta el Evangelio de Jesús Mesías e Hijo de Dios, tal como se encuentra en los escritos que presentan de formas diferentes la fe de la Iglesia primitiva?
1.1.4.2. Desde el siglo XIX la «historia comparada de las religiones» recibió un gran impulso, cuyo empuje hizo posible la renovación ulterior de las vías de acceso a esa antigua materia. Su incremento tuvo dos causas: en primer lugar la recuperación de la literatura del Antiguo Oriente, y después el desciframiento de las inscripciones Egipcias y Cuneiformes (Champollion, Grotefend, etc.); y por último las investigaciones etnológicas sobre los pueblos «primitivos». De ello resultó evidente que el fenómeno religioso es irreductible a los restantes fenómenos
humanos (ver R. Otto: Das Heilige, 1916, y envuelto a la vez con elementos muy diferentes tanto en las creencias como en los ritos).
1.1.4.3. En esta situación, al comienzo del siglo XX la «Escuela de la Historia de las Religiones» (Religiongeschichtliche Schule), intentó explicar por un lado el origen y el desarrollo de la religión del antiguo Israel, por otro el origen de la religión cristiana, que comienza con Jesús el Judío, en un mundo helénico profundamente imbuído entonces por el sincretismo y el gnosticismo. R. Bultmann (ver 1.1.8.) aceptó este principio sin reservas, para explicar el origen del lenguaje cristológico del Nuevo Tes-tamento. El mismo principio que es aceptado comúnmente por quienes no profesan la fe cristiana. Al admitirlo, la Cristología se ve privada de su contenido concreto. Sin embargo es posible mantenerlo sin negarle sus derechos a la «Ciencia de las Religiones».
1.1.5. Acercam iento a Jesús desd e el Judaísm o
1.1.5.1. Está claro que la «Religión Judía» es la primera que hay que investigar, para poder entender la personalidad de Jesús. Los Evangelios le presentan enraizado profundamente en su tierra y en la tradición de su pueblo. Desde el comienzo del siglo los investigadores cristianos sacaron a relucir múltiples analogías entre el Nuevo Testamento y los escritos de autores judíos (ver Strack-Billerbeck, Bonsirven, etc.). Modernamente, los escritos encontrados en Qumram, junto con la recuperación del Targum palestinense del Pentateuco, han renovado la cuestión y estimularon los estudios comenzados sobre ellos. Con anterioridad, ya existía, a veces, junto a esa investigación, la preocupación de aclarar la historicidad del texto de los Evangelios. Hoy se pretende más bien conocer mejor las «raíces judías del cristianismo», para poder describir con mayor exactidud su naturaleza singular sin perder de vista el tronco del que ha surgido.
1.1.5.2. Después de la Guerra acabada en 1918, algunos historiadores judíos, dejando a un lado una animosidad secular, de la que no estaban libres los predicadores cristianos, aplicaron sus estudios directamente a la persona de Jesús y a los orígenes cristianos (J. Klausner, M. Buber, J. G. Montemore, etc.). Se esfuerzan en demostrar el «carácter judío de Jesús» (p. ej. P. Lapide), las relaciones entre la doctrina de Jesús y las tradiciones rabínicas, el carácter peculiar profético o sapiencial de su mensaje relacionado estrechamente con la vida religiosa sinagogal y del templo. Fueron investigadas las derivaciones, sea en Qumram por historiadores judíos (Y. Yadin, etc.) o por expertos alejados de la fe cristiana (J. Allegro), sea en las paráfrasis litúrgicas de la Sagrada Escritura, por autores judíos (ver E. I. Kutscher, etc.) y cristianos (R. Le Deaut, M. Mcnamara, etc.).
1.1.5.3. Algunos historiadores judíos mostrando su inclinación hacia «el hermano Jesús» (S. Ben Chorim) iluminaron algunas características de su persona, de forma tal que encontraban en Él un doctor semejante a los antiguos fariseos (D. Flusser), o un taumaturgo parecido a alguno de los que la tradición de los judíos conserva memoria (G. Vermes). Otros no rechazaron la comparación de la pasión de Jesús con el Siervo sufriente (M. Buber). Todos esos esfuerzos deben ser tenidos en cuenta con gran atención por los teólogos cristianos que se dedican a los estudios de cristología.
1.1.5.4. No obstante, los autores judíos (p. ej. S. Sandmel, etc.) se inclinan a atribuir a Saulo de Tarso los aspectos de la Cristología que trascienden la figura humana de Jesús, sobre todo su filiación divina. Esta explicación del tema está muy
cerca de la que se encuentra entre los historiadores procedentes de la Escuela de Historia de las Religiones (Religiongeschichtliche Schule) aunque no pierda de vista siempre el profundo carácter judío del mismo Pablo. Sea como quiera, es evidente que las investigaciones sobre el Judaísmo de la época de Jesús en toda su amplitud son una condición previa y necesaria para entender plenamente su personalidad y percibir la importancia que le asignaron en la «economía de la Salvación» los primeros cristianos. Además ese es el fundamento sobre el que se puede entablar un diálogo fructífero entre los Cristianos y los Judíos sin propósitos apologéticos.
1.1.6. Cristolog ía según la H istoria de la Salvació n
1.1.6.1. En el siglo XIX algunos teólogos protestantes de Alemania (J. T. Beck, J.C.K. Von Hofmann), rechazando el «historicismo» liberal (ver 1.1.3.), o el monismo idealista procedente de Hegel, que en esa época gozaba de gran autoridad, hicieron suya una noción de la «Historia de la Salvación» («Heilsgeschichte») bastante semejante a lo que los Padres y teólogos de la Edad Media llaman «economía de la Salvación». Si se acepta el Evangelio de acuerdo con la fe, han de ser rastreados, entre los sucesos humanos, aquellos «acontecimientos significativos», en los cuales Dios pudo dejar las huellas de su intervención, si es posible decirlo así, por medio de las cuales conduce el curso de la historia a su «cumplimiento». Esos acontecimientos constituyen la trama misma de las Sagradas Escrituras; por tanto la «consumación» de la historia entendida de este modo recibe el nombre de la «escatología».
1.1.6.2. En la perspectiva de esta «Historia de la Salvación» la Cristología manifiesta formas diferentes, según la idea fundamental en la que se apoya todo el tratado.
a) Como en las obras que exponen los «títulos de Cristo» en el Nuevo Testamento (ver F. Hahn, V. Taylor, L. Sabourin, etc.) o hablan de Cristo «Sabiduría de Dios» (A. Feuillet, etc.). O. Cullmann elaboró sobre esa base una cristología esencialmente «funcional», que se abstiene por entero de consideraciones metafísicas de tipo «ontológico». Los títulos de los que se trata, o son los que el mismo Jesús se atribuyó personalmente, íntimamente ligados a su modo de vivir y a sus actuaciones, o los que los pregoneros del Evangelio le atribuyeron en el Nuevo Testamento. Esos títulos designan tanto la obra realizada por Él en su vida terrena, como su obra completada ahora en la Iglesia, y la obra final o escatológica a la que tiende la esperanza última de la Iglesia; contemplan también su preexistencia (P. Benoit). De ahí resulta que la soteriología (o teología de la redención) se incluya en la misma cristología de modo distinto a como se hacía en los tratados teológicos clásicos, que separaban una de la otra.
b) W. Pannenberg parte del hecho de la «resurrección de Jesús», que considera como una anticipación (o «prolepsis») de la consumación de toda la historia. Opinando que es posible probar la verdad de este hecho por medio de una investigación histórica (Historie), piensa que la divinidad de Jesús está ahí demostrada firmemente. Partiendo de ello comienza su tratado sobre la vida y el ministerio de Jesús: su predicación inauguró el reino de Dios entre los hombres; su muerte les dio la salvación; por su resurrección Dios confirmó su misión.
c) J. Moltmann se sitúa desde un principio en una «perspectiva escatológica», por la cual todo el curso de la historia humana aparece orientado hacia una promesa. Los que la acogen con fe, encuentran en ella la fuente de la esperanza, que tiende a
la obtención de la «Salvación de Dios». Ésta debe afectar a toda la existencia humana, en todos los aspectos. En efecto, así se encontraba en las promesas proféticas del Antiguo Testamento. Son las promesas que el Evangelio cumple, anunciando la muerte y la resurrección de Jesucristo. Por la Cruz el Hijo de Dios asumió el castigo y la muerte de los hombres, para convertirlos de una forma inesperada en instrumento de salvación. Movido por amor, de hecho, Jesús tomó parte del género humano, sometido al pecado y a los dolores, para liberar al hombre en todas sus dimensiones, tanto en sus relaciones con Dios, como en su vida psicológica (antropología), o en su vida social (sociología y política). De esa forma la teología de la redención conduce necesariamente a un programa de acción. Una tendencia semejante a ésta se encuentra en la «exégesis sociológica» (ver G. Theissen, E. A. Judge, A. J. Malherbe, etc.).
1.1.7. Cristología desd e la Antropolo gía.
Bajo este título se ponen métodos diferentes que tienen esta nota común, parten de «distintos aspectos de la experiencia humana y de la antropología. En su proceder, estos caminos renuevan las cuestiones, que ya se trataban en el siglo XIX y la primera parte del XX, sobre los «signos de credibilidad» que conducen a la fe. Esos estudios comenzaban bien con el examen de los signos externos (apologética clásica), bien con la experiencia religiosa tomada en general (los intentos modernistas), bien con la consideración de las exigencias intrínsecas de la «acción humana» en cuanto tal (M. Blondel). En lo sucesivo estos problemas se transformaron de forma diversa; pero tales transformaciones influyeron en los estudios de Cristología.
1.1.7.1. P. Teilhard De Chardin propuso que el hombre es el «brote final» de la evolución de todo el universo. De esa forma, Jesucristo, en cuanto Hijo de Dios encarnado, es considerado como «el principio unificador de toda la historia humana y de todo el universo» desde su comienzo. Así por su nacimiento y su resurrección, el significado de todo «el fenómeno humano» se vuelve plenamente evidente a los creyentes.
1.1.7.2. Según K. Rahner el punto de partida de la reflexión cristológica, ha de ser tomado de la «existencia humana» considerada desde su aspecto «trascendental», que consiste fundamentalmente en el conocimiento, el amor y la libertad. Además, estos aspectos alcanzan su perfección plena en la persona de Jesús, en el curso de su vida terrena. Por su resurrección, por su vida en la Iglesia y por el don de la fe concedido por el Espíritu Santo a los creyentes, Cristo hace posible que se logren la imagen perfecta del hombre y su fin, que sin él no puede ser realizado.
1.1.7.3. H. Küng preocupado por la confrontación actual entre la religión cristiana y las demás religiones del mundo y las distintas formas de humanismo, dirige sus investigaciones a la «existencia histórica de este Judío que fue Jesús». Examina la manera en la que Jesús asumió sobre sí la causa de Dios y la causa de los hombres; finalmente los hechos terribles que le condujeron a la muerte y aquella forma de vivir de la que fue iniciador y promotor, que no cesa de fluir en la Iglesia por el Espíritu. Santo. Por tanto la norma cristiana de actuación aparece como un «humanismo radical», que proporciona a los hombres una libertad verdadera.
1.1.7.4. E. Schillebeeckx estudia de tal modo la «experiencia personal de Jesús» que establece una unión entre la experiencia de Jesús y la experiencia humana común, en primer lugar con la de aquéllos que fueron sus primeros
compañeros de vida. La muerte que Jesús soportó como un «profeta escatológico» no acabó de ninguna manera con su fe en Él. El anuncio de su resurrección, comprendida como una aprobación divina de su vida, demuestra que ellos habían reconocido en Cristo el signo de la victoria de Dios sobre la muerte, y la prenda de la promesa de Salvación para todos aquellos que quieran seguirlo en su Iglesia.
1.1.8. Interpretación « existencial» de Jesucristo
Igualmente se encuentra una aproximación a Jesús de tipo antropológico en la interpretación «existencial» o (existencialista) propuesta por R. Bultmann, exégeta y teólogo.
1.1.8.1. Como exégeta Bultmann hace suyas las conclusiones negativas a las que llegaron las investigaciones sobre la «vida de Jesús» entre los Protestantes «liberales». Tales investigaciones, dice, no pueden en absoluto constituir el fundamento de la teología. De acuerdo con los seguidores de la «Escuela de la Historia de las Religiones» mantiene que la fe del Cristianismo procede, en su origen, de un sincretismo en el que se mezclan elementos judíos, sobre todo los predominantes en los medios apocalípticos, con los de origen pagano, procedente de las religiones helenísticas. Así el resultado es que «el Jesús histórico» se separa lo más posible del «Cristo de la fe» (según el principio propuesto por M. Kähler al final del siglo XIX).
1.1.8.2. No obstante, Bultmann quiere permanecer como un fiel cristiano y se propone realizar una labor verdaderamente «teo-lógica». Pero para salvaguardar la autoridad del «kerigma» evangélico, al que había precedido el modo en el que Jesús se comportaba ante Dios, llega Bultmann a reducir ese anuncio a la «proclamación del perdón de Dios concedido a los pecadores»; tal mensaje está significado en la «Cruz de Jesús», «palabra» genuina de Dios inscrita en un acontecimiento histórico. En él hay que situar el mensaje pascual, al que se debe responder por tanto con «una decisión de fe» (ver S. Kierkegaard), la única que puede asegurar al hombre la entrada segura a una existencia nueva plenamente «auténtica». Esta fe en verdad no tiene, en cuanto tal, ningún contenido doctrinal, sino que pertenece al orden «existencial», en tanto que apuesta de «libertad», por cuya fuerza el hombre se confía totalmente a Dios.
1.1.8.3. Según Bultmann, para las formulaciones de la cristología y de la soteriología, que se encuentran en el Nuevo Testamento, se ha usado un lenguaje «mitológico» propio de la época. Tal lenguaje, dice, conviene «desmitologizarlo», es decir, interpretarlo teniendo el debido cuidado con las leyes del lenguaje mitológico, para alcanzar el objetivo de la «interpretación existencial». Esto en efecto, no sólo tiende a mostrar las consecuencias prácticas del anuncio del Evangelio, sino a iluminar también las «categorías» de las que depende la estructura de la existencia humana «salvada». En este punto, el pensamiento de Bultmann muestra una fuerte dependencia de los principios filosóficos de M. Heidegger propuestos en su obra «Sein and Zeit».
1.1.8.4. En su trabajo exegético, Bultmann lo mismo que sus coetáneos M. Dibelius Y K. L. Schmidt, sobrepasó la crítica literaria clásica, recurriendo a la crítica de las «formas» literarias, que contribuyeron a la «formación» del texto («Formgeschichte»). La intención de un estudio semejante no es extraer de los textos de los Evangelios las verdades históricas mismas acerca de Jesús, sino más bien establecer el lazo de unión que relaciona los textos y la vida concreta de la
«comunidad primitiva», determinando su situación y funciones (Sitz im Leben), para descubrir en vivo los diferentes aspectos de la fe en la misma comunidad. Los discípulos del mismo Bultmann sin negar las investigaciones principales del maestro, sintieron sin embargo la necesidad de reencontrar al mismo Jesús como principio y origen de la Cristología (E. Käsemann, etc.).
1.1.9. La Cristolog ía y los compro misos socia les
1.1.9.1. Dado que la vida depende de la vida social, se sigue de ello que muchos «lectores», teólogos o no, cuyos estudios se dirigen hacia Jesús, concentren su atención, sobre todo, en los problemas prácticos de la vida social. Observando, y a la vez experimentándolos en sí mismos, los males de las sociedades humanas, recurren a la «praxis» que siguió el mismo Jesús, para encontrar en ella un ejemplo apropiado para nuestra época. Ya en el siglo XIX algunos socialistas llamados «utópicos» (ver Proudhon), habían estudiado los principios sociales del Evangelio. Incluso K. Marx, aunque rechazaba absolutamente cualquier forma de religión, estaba sujeto a una influencia indirecta del mesianismo bíblico. F. Engels interpretó, de acuerdo con el principio de su teoría de la «lucha de clases», la esperanza cristiana primitiva tal como se encuentra, p. ej., en el Apocalipsis.
1.1.9.2. En nuestros días, los partidarios de las distintas formas de la «teología de la liberación» elaboradas sobre todo en América Latina, intentan encontrar en el «Cristo libertador», que algunos historiadores presentaron como un enemigo del Imperio Romano (ver S. G. F. Brandon), el fundamento de una esperanza y una praxis. Para ofrecer a los hombres una liberación política y social, como dicen, ¿no tomó Jesús la defensa de la «causa de los pobres» y se alzó contra los abusos de las autoridades que oprimían al pueblo en los asuntos económicos, políticos, ideológicos e incluso religiosos? No obstante, las teologías de este tipo adoptan formas variadas. Algunas se ocupan de la liberación necesaria que abarca todos los asuntos humanos, entre los cuales se incluye la relación fundamental del hombre con Dios (ver G. Gutiérrez, L. Boff, etc.). Otras en cambio se refieren sobre todo a las relaciones humanas entre sí (ver J. Sobrino).
1.1.9.3. Además, algunos marxistas, aun desde su ateísmo, buscando un «principio esperanza» (E. Bloch), tienen en cuenta la «praxis» de Jesús, cuyo fundamento es el amor fraterno, como un camino abierto que alguna vez hará surgir finalmente, en la historia, una sociedad humana nueva, en la que el «comunismo» integral pueda manifestar su forma perfecta (p. ej. M. Machovec).
1.1.9.4. Hay lectores del Evangelio que admitiendo por principio esa interpretación de los fenómenos sociales y de las realidades humanas, propuesta por los seguidores actuales del marxismo, aplican a los textos del Nuevo Testamento los métodos de análisis de esta escuela, y proponen «una lectura materialista del Evangelio». De esa forma deducen los principios de una «praxis» liberadora, que según ellos sea tan inmune a cualquier «ideología eclesiástica», que se pueda poner en ella el fundamento de la propia actividad social (F. Belo). Algunos grupos de estudiosos, a los que pueden pertenecer cristianos sinceros, recurren a este método, que une teoría y acción, sin que se persigan necesariamente los fines teóricos del «materialismo dialéctico».
1.1.9.5. Esas formas de «lectura» del Evangelio concentran toda su atención sobre el «Jesús histórico». De hecho, según esas opiniones, Jesús, en cuanto hombre, fue el iniciador de una «praxis» liberadora nueva; tal actividad debe ser
retomada en nuestro mundo de hoy, con nuevos medios y argumentos. Desde un cierto punto de vista, estas propuestas de interpretación ocupan el lugar que en la teología clásica se asignaba a la doctrina de la redención y a la ética social.
1.1.9.6. Bajo una perspectiva notablemente distinta, surgen hoy algunas investigaciones que intentan construir una «teología práctica»; teniendo en cuenta los problemas de origen social y político, debe ofrecer a los hombres, sobre todo a los grupos más pobres y oprimidos, una esperanza verdadera y capaz de ser llevada a la práctica: por la Cruz de Cristo, Dios se ha hecho partícipe solidario de los sufrimientos de los hombres, para realizar su liberación (J. B. Metz). De esa forma se pasa al campo propio de la ética.
1.1.10. Estudios sistemáticos de carácter n uevo
1.1.10.1. Con este título se tienen en cuenta dos síntesis teológicas en las cuales la «cristo-logia» se entiende como una revelación «teo-lógica» del mismo Dios. Una tiene por autor a K. Barth y la otra H. U. von Balthasar. En una y otra se tienen en cuenta los resultados más recientes de la crítica bíblica; pero ambas utilizan también la Sagrada Escritura como un todo, para componer una síntesis sistemática. Jesús Nazareno y el Cristo de la fe no son sino dos aspectos íntimamente unidos entre sí, desde los cuales se constituye la auto-revelación de Dios en las realidades humanas. Una revelación como ésa sólo se descubre con claridad y evidencia por medio de la fe (K. Barth). Según H. U. von Balthasar la «kénosis» de Cristo manifestada en la obediencia absoluta al Padre hasta la muerte en la cruz, revela un dato esencial de la vida trinitaria misma, a la vez que realiza la salvación de los hombres pecadores, experimentando la muerte por ellos.
1.1.10.2. Según K. Barth la existencia completa de Cristo obtiene su significación porque es la «palabra» suprema del Padre. Comunicando esta palabra suya por medio del Espíritu a su Iglesia, Dios introduce una forma de vida ética, que exige a los creyentes tomar parte de las ocupaciones de este mundo, sin exceptuar los asuntos políticos. Pero según H. U. von Balthasar, que establece una contemplación de Dios por la vía que llama «estética», las reflexiones racionales, las investigaciones históricas y las obligaciones de la libertad humana empastadas en la caridad, se aglutinan en el mismo misterio pascual. De esa forma nace una «teología de la historia» que esquiva las conclusiones un poco reductoras de los idealistas y materialistas.
1.1.11. Cristologías « desde abajo» y « desde arriba»
1.1.11.1. Entre los estudios cristológicos mencionados antes, los que comienzan con el «Jesús histórico», aparecen de alguna manera como «cristologías desde abajo». Por el contrario, las cristologías que tienen en cuenta, sobre todo, la relación filial de Jesús con Dios el Padre, se pueden denominar con justicia «desde arriba». Muchos autores contemporáneos quieren «unir ambos aspectos» pues, partiendo de los textos críticamente estudiados, demuestran que la cristología, que se encuentra implícita en las palabras de Jesús y en su experiencia humana, forma un todo continuo profundamente unido con las diferentes cristologías explícitas contenidas en el Nuevo Testamento. Esta conexión se alcanza por caminos muy distintos entre sí (ver L. Bouyer, R. Fuller, C.D.F. Moule, T.H. Marshall, B. Rey, Chr. Duquoc, W. Kasper, M. Hengel, J.G. Dunn, etc.).
1.1.11.2. Aunque falta mucho para que los modos de proceder y las conclusiones de estos autores coincidan plenamente entre sí, hay no obstante dos puntos capitales comunes a todos:
a) Por una parte, hay que distinguir la forma en la que Jesús «se presentó y pudo ser comprendido por sus contemporáneos» (familia, discípulos y adversarios); por otra, la forma en la cual los creyentes en Jesús entendieron su vida y su persona, después de «sus apariciones como resucitado». Entre ambos períodos no hay realmente una «interrupción»; se advierte no obstante un «progreso» de gran importancia, coherente con las opiniones primitivas que ha de ser tenido como constitutivo de la cristología misma. La cual, si debe tener en cuenta los límites de la humanidad de «Jesús de Nazaret», debe reconocer en él a la vez al «Cristo de la fe», revelado plenamente por su resurrección a la luz del Espíritu Santo.
b) Hay que notar además que en los mismos libros del Nuevo Testamento se encuentran ya «modos diferentes» de entender el misterio de Cristo. Pero esto se da, adoptando el «modo de hablar de las Sagradas Escrituras», que se «cumplieron» en Jesús Salvador del mundo. Su cumplimiento supone una «ampliación de sentido», ya sea del sentido que tenían los textos bíblicos originariamente, o del que les atribuían los judíos que los leían en la época de Jesús. Tal ampliación de sentido no debe ser atribuída por tanto a una «especulación» teológica secundaria, sino que su origen lleva a la «persona» misma de Jesús, cuyas características propias destaca con más luz.
1.1.11.3. Inducidos por esta consideración de las cosas, tanto los exégetas como los teólogos tocan la cuestión de «personalidad individual de Jesús».
a) Esta personalidad individual ha sido cultivada y formada por una educación judía, cuyos valores positivos Jesús asumió positivamente en sí. Pero fue dotada además de una «conciencia de sí plenamente singular», tanto en su relación con Dios, como en la realización de su misión entre los hombres. Algunos textos de los Evangelios (p. ej. Lc 2,40.52) nos permiten reconocer un cierto «progreso» de esta conciencia.
b) No obstante los exégetas y teólogos rehusan meterse en una «psicología» de Jesús, sea por las dificultades críticas de los textos, sea por el peligro de una especulación (de una forma no recta, sea por exceso o por defecto). Más bien se manifiestan reverentemente ante el misterio de su personalidad, que Jesús no se preocupó de definir explícitamente, ni siquiera cuando permitió, con sus palabras o sus gestos, mirar un poco dentro de los secretos de su vida íntima (H. Schürmann). Las diferentes cristologías del Nuevo Testamento, lo mismo que las definiciones conci-liares, en las cuales se repiten los contenidos allí presentes, usando un «lenguaje auxiliar», señalaron una «vía» por la cual puede avanzar la especulación teológica, sin delimitar con toda exactitud el mismo misterio.
1.1.11.4. Los exégetas y teólogos, en sus estudios sobre Jesucristo, se ponen de acuerdo en que «la cristología no debe separarse de la soteriología». El Verbo de Dios se hizo carne (Jn 1,14), para desempeñar la función de mediador entre Dios y los hombres. Si Él mismo pudo ser un hombre «totalmente libre» y «un hombre para los demás», sucedió así, porque esa libertad y ese don de sí mismo procedían de su íntima unión con Dios como de su fuente, pudiendo dirigirse a Dios como Padre en un sentido peculiar y absolutamente único. Por tanto las cuestiones referidas a la
ciencia y a la preexistencia de Cristo, no pueden ser eludidas de ninguna manera, sino que ambas pertenecen a un estadio ulterior de la investigación teológica.
1.2. PELIGROS Y LIMITACIONES DE ESTAS METODOLOGÍAS DIFERENTES
Cada uno de los métodos presentados antes tiene sus puntos capitales fundamentados en los textos bíblicos, y por eso tienen sus ventajas y su fecundidad propia. Algunos de ellos no obstante, aplicados por sí solos, corren el peligro de no exponer el mensaje bíblico en su totalidad, o de proponer incluso una imagen insegura de Jesucristo.
1.2.1. Los métodos de la teología clásica tropiez an en dos escollos
1.2.1.1. La formulación de la doctrina sobre Cristo depende en mayor medida del «lenguaje de los teólogos de la época de los Padres y de la Edad Media» que del lenguaje del mismo Nuevo Testamento, como si esta última fuente de la revelación fuera menos adecuada y apta para establecer una doctrina en fórmulas bien definidas.
1.2.1.2. El recurso al Nuevo Testamento, si se guía por la única preocupación de defender y fundamentar la doctrina llamada «tradicional» en su formulación «clásica», tropieza con el peligro de no «dejar abierto el camino», como conviene, a «algunas cuestiones críticas» que no pueden evitarse en el ámbito de la exégesis, p.ej., puede suceder que se admita demasiado fácilmente la plena historicidad de algunos textos, cuando se refieren a todos los detalles mínimos de algunas narraciones evangélicas; éstas pudieron tener una finalidad teológica, según la costumbre literaria de la época. O la autenticidad verbal de algunas palabras atribuídas a Jesús en los Evangelios, aunque se encuentren referidas de diferente manera en los distintos libros. Con lo que resulta que algunas cuestiones se descuidan, las que con justo mérito son discutidas en nuestro tiempo, y por tanto podría suceder que las proposiciones doctrinales se apoyaran en conclusiones críticas demasiado «conservadoras», que son realmente discutidas.
1.2.2. El intento de reflexión teológica procedente de la «crítica del lenguaje usado por los teólogos y los Concilios», se basa en una valoración recta del problema. Pero, para que no se distorsione el testimonio de las Sagradas Escrituras, debe obedecer a dos condiciones:
1.2.2.1. Los lenguajes «auxiliares», que en el trascurso de los siglos se han empleado en la Iglesia, no gozan de la misma autoridad, cuando se refieren a la fe, que el «lenguaje referencial» del que los autores inspirados se han servido, sobre todo en el Nuevo Testamento, cuyas formas de expresión arraigan en el Antiguo Testamento. Para «poder captar el peso absoluto de la revelación por medio de un lenguaje relativo», salvando la continuidad entre la «experiencia fundamental» siguiente, las distinciones y análisis que son necesarios, no pueden realizarse con detrimento de las afirmaciones expresas, que se encuentran en la Sagrada Escritura.
1.2.2.2. En ese punto está en que se dé un valor absoluto a las formas de pensar y hablar propias de nuestra época, de manera que el conocimiento de Cristo, que brota de los Evangelios, pueda ser discutido. Sucedería así, por cierto, si el texto del Nuevo Testamento se sometiera a una selección e interpretación, que
«proponen» los distintos sistemas filosóficos. Pues la cristología no puede ser elaborada sólidamente si no se guarda el equilibrio que brota de la Sagrada Escritura tomada en su conjunto y de los distintos modos de hablar de los que se sirve.
1.2.3. Las « inve stig acion es his tóric as»
Las investigaciones históricas cuya importancia extraordinaria para la comprensión de la gente y de los acontecimientos de las épocas pasadas está claro para todos, han de ser utilizadas sin duda ninguna también para Jesús de Nazaret. Es evidente, que de ninguna manera debe olvidarse lo que pertenece a la investigación histórica de las circunstancias de lugares y tiempos, en los que estos testimonios han sido recibidos y transmitidos (ver antes 1.1.3.).
1.2.3.1. Sin embargo, no es suficiente el simple análisis de los textos. Pues los textos han sido redactados y recibidos en una comunidad humana que vivía no de ideas abstractas sino de la fe. Esta fe nace y desarrolla su profundidad desde la resurrección de Jesús; el acontecimiento de la Salvación fue calando en aquellos hombres que ya participaban de la experiencia religiosa de las distintas comunidades judías.
1.2.3.2. Advirtiendo la extraordinaria diferencia entre la fe de las comunidades judías y la fe de la Iglesia cristiana, puede olvidarse fácilmente la continuidad histórica
entre la primitiva fe de los Apóstoles, fundamentada en la «Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos» (Lc 24,44) y la fe que ellos mismos adquirieron en sus relaciones con el Cristo resucitado. Ahora bien, esta continuidad es igualmente un dato histórico: hay continuidad en su confesión religiosa de Dios de Abrahán y de Moisés antes y después del acontecimiento pascual. Ellos vivieron con el «Jesús histórico» antes de vivir con el «Cristo de la fe». Por eso, sea lo que quiera de las condiciones subjetivas de los expertos actuales, a todos les incumbe investigar la «unidad profunda», que revela la Cristología del Nuevo Testamento, profundamente unida a su propio desarrollo.
1.2.4. Aunque la ayuda de la «Ciencia comparada de las religiones» sea necesaria para la búsqueda de los orígenes de la religión cristiana, no obstante su uso puede correr dos riesgos:
1.2.4.1. Puede encontrarse ella misma falseada por un «prejuicio», que tenga que explicar la religión de Cristo, como sucede en los casos análogos, por medio de «una fusión» o sincretismo de elementos preexistentes en el medio ambiente donde ha nacido: procedentes unos del Judaísmo y otros de las religiones paganas de la época; la religión de Cristo habría surgido de la coincidencia de aquel grupo de creyentes de origen judío con el medio ambiente helenístico, del cual tuvo que transformar algunos elementos. Pero desde el siglo III antes de Cristo, el «Judaísmo ya se había acercado a los problemas del Helenismo», sea rechazando los elementos contrarios a la propia tradición, sea asumiendo aquellos favorables con los que podía ser completada. Al trasmitir las Sagradas Escrituras, en los años siguientes, en su traducción griega, manifestaba ya el éxito favorable de su «inculturación». El Cristianismo primitivo, que recibió la herencia de esa Sagrada Escritura traducida, siguió el mismo camino.
1.2.4.2. También existe el peligro de atribuir a las comunidades cristianas primitivas una fuerza creativa despojada de todo principio interno de dirección, como si las Iglesias particulares careciesen de raíces y de una sólida tradición. Algunos
historiadores llegaron al extremo de pensar que Cristo era una especie de «mito», desprovisto de cualquier validez histórica. Una opinión de esta naturaleza resulta paradójica y es evitada normalmente, pero no pocos historiadores, ajenos a la fe, piensan que las comunidades cristianas nacidas en el Helenismo transformaron al «Salvador», según la tradición judía, en una especie de «héroe» principal de alguna «religión salvífica», no muy diferente de los «cultos dedicados a algunos misterios divinos». Con todo, la Ciencia de las religiones no requiere de ninguna manera el principio evolucionístico, que establezca el tener que seguir ese criterio. Intenta discernir las «leyes constantes» en la Historia de las Religiones, pero no iguala las creencias religiosas hasta deformarlas. Lo mismo que en los estudios de las restantes religiones, también en el estudio del Cristianismo, la función de esta ciencia es «encontrar el carácter específico de la religión de Cristo», enlazada a la novedad del «Evangelio». De esa forma, por las vías indirectas de la fenomenología, puede poner de manifiesto el camino de la Cristología.
1.2.5. El Estud io ate nto d el Ju daís mo
El Estudio atento del Judaísmo es de gran importancia para entender rectamente la persona de Jesús, la vida de la Iglesia primitiva y su fe propia.
1.2.5.1. Si los estudios para conocer a Jesús, avanzan «únicamente» por ese camino, siempre estará presente el peligro de mutilar su personalidad, precisamente en el momento en el que se exponga, por medio de estos estudios, su origen y su carácter judío. ¿Es que sólo fue uno más entre los muchos doctores, aunque fuera el más fiel a la tradición de la Ley y de los Profetas? ¿O un Profeta víctima de un lamentable error? ¿Acaso un taumaturgo semejante a algunos otros, de los que conservan memoria los monumentos literarios judíos? ¿Un político agitador muerto por las autoridades romanas con la complicidad de los sumos sacerdotes, que le habrían entendido?
1.2.5.2. Igualmente es cierto que las tensiones que opusieron a Jesús con los grupos de fariseos partidarios de una disciplina rigurosa, no parecen ser muy diferentes de las disputas entre hermanos partícipes de la misma herencia. Pero la vitalidad posterior del movimiento que comenzó con Él, muestra muy bien que la causa principal de su divergencia era mucho más profunda, aunque admitamos que las narraciones de los evangelios podrían haber descrito con más dureza de lo normal las condiciones originarias del caso. Pero la divergencia tuvo como objetivo el entender de una forma nueva las relaciones con Dios, y el «cumplimiento de las Escrituras», que Jesús llevó a cabo para los hombres de su tiempo por medio del Evangelio del Reino. La investigación cuidadosa del carácter judío de Jesús no puede olvidar este aspecto.
1.2.6. El acercamiento desde la « His tori a d e l a Sal vació n»
En cuanto al acercamiento a Jesús desde la llamada «Historia de la Salvación», hay que admitir que aporta ventajas de gran valor, aunque el término «Heilsgeschichte» sea un tanto ambiguo. Las cuestiones que con este método se proponen, son diferentes según los distintos partidarios de este método.
1.2.6.1. En las lenguas actuales procedentes del latín y en el inglés, la palabra «historia» no tiene la misma significación cuando se refiere a Jesús como persona «histórica» que cuando se trata de la «Historia de la Salvación». La lengua
alemana posee una distinción entre las palabra «Historie» y «Geschichte»; pero la terminología que debe utilizarse supone en efecto una dificultad. Pues la comprensión histórica de Jesús se apoya en datos empíricos, o en la experiencia a la que se llega por el estudio de los documentos; en cambio la llamada «Historia de la Salvación» no se fundamenta de la misma forma. Abarca la experiencia común, pero supone una cierta «comprensión» a la que no se llega si no es por la inteligencia de la fe. Esta distinción ha de estar siempre a la vista, para situar la Cristología en su verdadero y propio lugar. Eso supone que tanto el historiador como el teólogo, mantengan su mente abierta a la fe viva y a «una opción de fe», con la que la entrada a ella permanece abierta.
1.2.6.2. Esta consideración debe ser aplicada de modo especial a la «resurrección de Cristo», que por su propia naturaleza no puede ser probada empíricamente. Por ella Jesús es introducido en «el mundo venidero». Esto puede deducirse, en efecto, como real de las apariciones del Cristo glorioso a algunos testigos predispuestos, y es corroborada por el hecho del sepulcro de Jesús, que fue encontrado abierto y vacío. Pero esta cuestión no se puede simplificar demasiado, como si cada historiador, sirviéndose únicamente de su trabajo de investigación científica, pudiera demostrarla con certeza, como un dato accesible a cualquier observador: aquí también se necesita una «decisión de la fe», o mejor aún, «un corazón abierto», que mueva la inteligencia al asentimiento.
1.2.6.3. En cuanto a los «Títulos de Cristo», no es suficiente distinguir entre los que Él mismo se atribuyó durante su vida terrena, y los que le fueron aplicados por los teólogos de la época apostólica. Es más conveniente la distinción entre los títulos «funcionales», con los que se definen las partes pertenecientes a Cristo en la realización de la salvación de los hombres, y los «títulos relacionales» que pertenecen a su relación con Dios, de quien es Verbo e Hijo a la vez. En la forma de enfocar esta cuestión, hay que examinar sus «comportamientos», sus «hechos y dichos» no menos que los títulos, puesto que manifiestan lo que la persona posee en su interior más profundo.
1.2.6.4. Ya que la «Historia de la salvación tiende hacia la escatología», la esperanza que surge de esa tensión, proporciona consecuencias de mucha importancia en cuanto a la «praxis» cristiana en la sociedad humana. No obstante la palabra «escatología» en sí es ambigua. ¿Han de ser puestos los «últimos tiempos» fuera de la experiencia histórica? ¿Anunció Jesús el final de «este mundo» antes de que hubiera pasado la generación de su tiempo? ¿O más bien introdujo un nuevo modo de considerar las condiciones en las que la historia humana se desenvuelve? ¿No se trataba más bien de la última etapa de la «economía de la salvación», inaugurada por el anuncio del Evangelio, pero aún no consumada, que se prolonga durante todo el tiempo de la historia de la Iglesia? Una Cristología verdadera debe aclarar todas las preguntas de ese género.
1.2.7. El peligro de los « méto dos antro poló gicos »
El peligro de los «métodos antropológicos», que abarcan modos de pensar muy diferentes entre sí, se encuentra situado en el menosprecio de algunos elementos, que son constitutivos de la persona humana, su existencia y su historia; con ello es posible que de esa manera resulte una Cristología mutilada.
1.2.7.1. En la observación del «fenómeno humano», ¿ha sido suficientemente investigada su «perspectiva religiosa» según su desarrollo histórico, de modo que la
persona de Jesús y la fundación de la Iglesia, se coloquen cuidadosamente en su contexto judío dentro del curso de la evolución universal? ¿La interpretación optimista de esta evolución, dirigida hacia el «punto Omega», deja un espacio adecuado «a las preguntas sobre el mal» y a la acción redentora de la muerte de Jesús, aunque por otro lado se tengan en cuenta las situaciones críticas que la evolución humana debe superar? Las investigaciones sobre la persona de Jesús y sobre las Cristologías del Nuevo Testamento proporcionarán los complementos necesarios en estos casos.
1.2.7.2. Los intentos de reflexión que tratan del «análisis filosófico de la existencia humana», corren el peligro de ser rechazados por quienes no admiten tales fundamentaciones filosóficas. Los datos bíblicos sobre Jesús de Nazaret no caen en el olvido; pero a menudo deben ser reexaminados, para que se dé una satisfacción mejor a las exigencias de la crítica bíblica y a la multiplicidad de las Cristologías del Nuevo Testamento. Sólo de esa manera puede ser aplicada adecuadamente la antropología filosófica, por una parte a la existencia personal de Jesús en este mundo, por otra a la función que Cristo desempeña en la existencia cristiana.
1.2.7.3. Es legítimo, por eso, tomar como punto de partida «la investigación histórica sobre Jesús considerado como hombre verdadero», que comprende muchos aspectos: su vida como judío, su manera de actuar y de predicar, la conciencia que tuvo de sí mismo, el modo de presentar su misión, la previsión de su muerte y el sentido que pudo Él atribuirle, los orígenes de la fe en su resurrección y las formas de interpretar su muerte en la Iglesia primitiva, la elaboración gradual de la cristología y de la soteriología en el Nuevo Testamento. Pero existe el peligro de «que los elementos doctrinales obtenidos de esa forma dependan demasiado de las hipótesis críticas» utilizadas previamente para ello. Si por esa metodología, solamente se admitían las hipótesis restrictivas al máximo, la cristología entonces puede resultar llena de lagunas. Esto se comprueba sobre todo, cuando se consideran únicamente dignos de fe, los textos tenidos por «más antiguos» mientras que los más recientes se atribuyen a reflexiones realizadas en época posterior, que han modificado profundamente los datos «originales» pertenecientes al «Jesús histórico». ¿No pretendían estos textos, más bien, en virtud de una meditación renovada del Antiguo Testamento y de una consideración más profunda de lo que Jesús había «hecho y dicho», hacer «más explícita», entre los creyentes, la «comprensión» por medio de la fe de Cristo, tal como desde el principio se conservaba en su centro y de forma implícita? Existe el peligro de que las funciones atribuidas al Antiguo Testamento, cuya autoridad no era discutida ni por Jesús ni por sus discípulos, se vean demasiado descuidadas en este punto, con lo que podría ser falseada la interpretación misma del Nuevo Testamento.
1.2.7.4. Es perfectamente legítimo que algunos pretendan «establecer una continuidad entre la experiencia de Jesús y la experiencia cristiana». También debe establecerse entonces, sin dependencia ninguna de las hipótesis excesivamente restrictivas, cómo y en qué sentido Jesús «profeta escatológico», fue reconocido por la fe como Hijo de Dios; cómo la fe primitiva y la fe de sus discípulos pudo transformarse en una certeza firme de su triunfo sobre la muerte; cómo entre los conflictos que afligieron a la Iglesia de la época apostólica, se pudo reconocer finalmente la praxis verdadera, la que Cristo había querido, en la que se apoya por tanto el verdadero seguimiento de Jesús; de qué forma, por último, las interpretaciones diferentes de su persona y de su misión como Mediador entre Dios y los hombres, que se encuentran en el Nuevo Testamento, pueden además ser
tomadas en cuanto presentan la verdadera imagen tanto de Él, tal como realmente fue, como de la revelación que se hizo en Él y por Él. Con estas condiciones se podrá evitar una forma ambigua de presentar la Cristología.
1.2.8. El método fund amentad o en el análisis existencia l
El método fundamentado en el análisis existencial, exigiendo de forma apremiante a los creyentes, que se conduzcan ante Dios según el ejemplo de obediencia dado por Jesús mismo, ilumina con claridad el fuerte lazo, con el que se unen la exégesis, la investigación teológica y la fe viva. Por medio de un análisis detallado de los textos, este método lleva frecuentemente a detectar su función en las comunidades cristianas, para las que se compusieron, y por consiguiente también su función en la Iglesia actual. No obstante muchos exégetas y teólogos, de diferentes confesiones, demostraron las limitaciones y lagunas de este método.
1.2.8.1. Los partidarios del radicalismo crítico limitaron el conjunto de sus estudios sobre los Evangelios a un núcleo muy débil; aún más porque consideraban que los datos sobre Jesús como persona histórica eran de menor importancia para la fe. Así Jesús no pertenecería ya al origen de la Cristología. El origen de la Cristología partiría del kerigma pascual, no de la existencia de Jesús, hombre judío, que dio cumplimiento en sí a la Ley (=Torah) bajo la que vivía. Pero si la razón de ser de esta Ley es mostrar, con su caducidad, que los hombres por sí mismos no pueden salvarse, ¿no se evapora también toda la teología del Antiguo Testamento?
1.2.8.2. El lenguaje simbólico que se emplea en el Nuevo Testamento para transmitir el kerigma pascual y decir quién es el Cristo y en qué consiste su ministerio, se ve reducido igualmente a los límites del lenguaje mitológico: se consigue así reducir al mínimo la relación entre los dos Testamentos. Por último, la interpretación «existencial» (o «existencialista») propuesta para la interpretación del lenguaje «mitológico» ¿no cae en el peligro de reducir la Cristología a la antropología?
1.2.8.3. Si la resurrección de Cristo y su exaltación deben ser consideradas sólo como transformaciones del mensaje pascual, no se comprende cómo pudo nacer la fe cristiana de la Cruz. Además, si Jesús no es Hijo de Dios en un sentido absolutamente único, no queda claro por qué Dios nos ha dicho su palabra definitiva en Él por medio de la Cruz. Por último, si para superar la forma racionalista de concebir las pruebas de la fe, se eliminan también los signos en los que se apoya, ¿no ha de tomarse como una invitación al fideísmo?
1.2.8.4. En cuanto esta vía de acceso a Jesús consistiera exclusivamente en una decisión de fe ¿no se rechazarían los aspectos sociales de la existencia humana? Y más aún porque de esa forma se opondría radicalmente a una moral del amor, definida con bastante vaguedad, a una moral de la ley, que incluiría las exigencias positivas de la justicia. Por todos estos motivos, los discípulos de Bultmann decidieron reintroducir de nuevo a Jesús en los orígenes de la Cristología, sin rechazar el fin global de la investigación que se apoya en el análisis existencial.
1.2.9. La teologí a d e la libe ració n
Los partidarios de la teología de la liberación recordaron con justicia que la Salvación traída por Cristo no es sólo espiritual, es decir, apartada totalmente de los