SALVADOR
ISERTE
CARÁCTER
Y
ÍNDICE
Prólogo - - - 3
Introducción - - - -7
I PARTE 1. Comienza por ser - - - 8
2. Vigile su sinceridad - - - 13
3. Aceptación, no fatalismo - - - 15
4. La adaptación al mundo exterior - - - 18
5. Las actitudes constructivas - - - 19
6. No se rebele, trate de comprender - - - 21
II PARTE EXPERIENCIAS PERSONALES AL APLICAR LOS PRINCIPIOS EXPUESTOS EN ESTE CAPÍTULO 7. Decisión - - - 24 8. Entusiasmo - - - 33 9. Audacia - - - 38 10. Heroísmo - - - 53 11. El triunfo - - - 59
PRÓLOGO
“Genio y figura hasta la sepultura”, afirma un refrán popular.
La sagrada Escritura dice en cambio: “Si alguno esta en Cristo nueva criatura es, las cosas viejas pasaron, he aquí todas son hechas nuevas (2Cor. 5:17). Declaración que se ha visto confirmada a través de los siglos por ejemplos como el de Sáulo de Tarso, Agustín de Hipona, Raimundo Lulio, y en nuestros mismos días por conversaciones extraordinarias como la de Nicky Cruz, Jack Brown, Sonny Cuesta, Luis Francisco Ávila y muchos otros. Sin embargo, estos mismos convertidos y millones de otros creyentes se ven obligados a declarar como el apóstol Pablo: <Tengo el querer, más efectuar el bien no lo alcanzo; porque no hago el bien que quiero más el mal que no quiero aquello hago > (Rom.7:18-19). ¿Y quién ha experimentado jamás una conversión más radical, más poderosa y más sin cera que el autor de esta confesión?
La razón de semejante anomalía es que la conversión trae un cambio de perspectiva, una revolución del yo moral, con una nueva voluntad hacia el bien, pero la realización práctica de esta voluntad introducida en el ser moral por el Espíritu Santo, requiere un tiempo más o menos largo de entrenamiento y esfuerzo. El carácter de Pablo, como el de Pedro, igual que el de Tomás y de muchos otros discípulos del Señor, no fue cambiado por un milagro, a pesar de que ellos mismos estaban capacitados para obrar milagros físicos en otras personas. Parece que Dios nunca realiza por un acto sobrenatural aquello que nosotros podemos realizar por medios naturales, y esto, que es cierto en el orden de la naturaleza, lo es mucho más en la esfera moral, donde Dios ha dejado a los seres libres y no los ha hecho robots. El Señor quiere ver, no tan sólo nuestra voluntad, sino también nuestro esfuerzo en favor del “nuevo querer” que su Santo Espíritu pone en los creyentes. Por esto el apóstol exhorta: “Reformaos por la renovación de vuestro entendimiento”. No dice “de vuestra alma”. Esta ha sido ya regenerada por el Espíritu Santo y tiene los deseos propios de su nueva naturaleza, sino de “vuestro entendimiento”, el cual mantiene todavía los vicios y defectos propios de la vieja naturaleza que nos arrastra a hacer lo que no quisiéramos.
Hay una ligazón tan íntima entre el alma y el cuerpo, entre lo psíquico y la mente, que a veces es bastante difícil establecer la línea divisoria. ¿Qué es en efecto la neurastenia tan ligada a nuestro sistema nervioso, que a veces hace insoportables a personas piadosas y en otro tiempo amables y muy sensatas? ¿Por qué el yo moral se deja arrastrar al pesimismo o al optimismo sin motivo o razón ostensible?
Es un misterio que la psiquiatría, como ciencia, trata de desvelar y para el cual no tiene todavía una explicación satisfactoria. Como no la tiene tampoco para dar razón del abismo intelectual que nos diferencia de los irracionales.
Hay quienes tratan de confundir el alma con el cerebro, pero lo cierto es que la admirable computadora puesta al servicio de nuestro “yo” moral no puede ser confundida con aquel. ¿Cómo una vibración del tímpano puede convertirse en un sentimiento de odio o de amor, de placer o de tristeza? ¿Quién se alegra o entristece en y dentro de nosotros? ¿Son las neuronas o células cerebrales? No, estas son meros agentes transmisivos de la idea, pues no podemos imaginarnos el cerebro como un productor de y receptor de imágenes que nadie recibe, que nadie recoge o interpreta. “Yo estoy triste con la noticia que acabo de recibir”, no puede traducirse: ciertas vibraciones que he recibido por el tímpano o que han entrado por mi iris visual han puesto tristes a las neuronas de mi cerebro. Sin el “yo” consciente, las más admirables operaciones de la perfectísima computadora del cerebro nada son ni significan.
El cerebro es la oficina del alma, maravillosa a todas luces en su configuración y organización; allí el alma archiva sus recuerdos, pero debe haber algo más que un archivo, debe existir, y existe sin duda, el secretario del archivo. Cuando olvidamos una cosa y la tenemos como se dice vulgarmente “en la punta de la lengua”, alguien recuerda que otros detalles están allí y no dispone de ellos. Quizás el nombre de una ciudad o de una persona. ...¿Quién es el que posee el recuerdo del hecho pero que carece del detalle perdido y lo manda buscar dentro del archivo físico de neuronas? ¿Quién es el que lo sabe, que lo debe saber? Es sin duda el yo extra físico que llamamos alma.
Pero es también indudable que el espíritu, asiento de la voluntad, es ostensiblemente influenciado por las tendencias, defectos o cualidades ingénitas del instrumento carnal; los hábitos establecidos, han sido a veces denominados, en lenguaje popular “surcos del cerebro”. Tales tendencias innatas o adquiridas, hay que procurar borrar o rectificar hasta hacerlas desaparecer o derivar hacia nuevos derroteros.
Jesús decía a sus discípulos, sin duda regenerados y sinceramente entregados a su causa, pero plagados de defectos: “El espíritu a la verdad está presto más la carne enferma”. (Mat. 26:41; Mar.4:38). Y el que había curado a tantos enfermos físicos no intento curar sobrenaturalmente de sus defectos morales a estos discípulos tan amados y tan necesarios para la prosecución de su Obra en el mundo. Pero Cristo sabía que sus oraciones, unidas al esfuerzo de su voluntad; su vigilancia sobre si mismos, estimulada por las circunstancias de pruebas a que se verían sometidos, obtendría por fin la victoria. Por esto les exhorta: “. . . velad y orad”
El deseo de complacer y agradar al Señor que nos rescató, es uno de los mayores acicates para la transformación del carácter.
El apóstol Pablo hablando de su propia experiencia moral y de la de sus lectores cristianos exclama: “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor somos transformados de gloria en gloria en la misma semejanza, como por el Espíritu del Señor (2Cor.3:18).
Leemos complacidos en las biografías de grandes personajes cristianos las hazañas realizadas en su servicio a Dios y al prójimo, y también de la superación de sus propios caracteres; pero no ha sido sin esfuerzo y lucha interior.
Hay también curiosas experiencias sicológicas que nos muestran el poder de la voluntad sobre los complejos y vicios de carácter. Conocí en mi juventud a una señora viuda que, afectada por una depresión nerviosa—según decía--, a raíz del fallecimiento de su marido, estaba persuadida de que ella no era como las demás personas y no podía llevar a cabo ciertos trabajos de la casa, como limpiar y coser. Cocinaba de un modo muy simple para ella y su hijo, un retrasado mental que ganaba su subsistencia con un trabajo sencillo; pero el resto del tiempo lo pasaba yendo de casa en casa de amigos cristianos, lamentándose. Asistía a todos los cultos, pero los creyentes procuraban evitar su conversación para no escuchar una eterna historia de lamentos. Solía venir a nuestra casa y a la casa contigua de mi madre política, que cuidaba hasta siete hijos, trayendo alguna pieza de ropa de su único hijo para que se la cosieran
--- Pero usted sabe coser ---le decían ---- --- Sí, antes si, pero ahora no puedo.
Sabia que tendría que escuchar todo un sermón acerca de la necesidad de limpiar, trabajar, de tener más limpia su propia casa y atender mejor a su hijo, todo el tiempo que durara el remiendo de la pieza; o en aquellas conversaciones provocadas por sus visitas sin objeto especial; pero ella escuchaba todos los reproches con humildad y permanecía en su falso concepto de impotencia. Después de diez años, vino un día limpia y despejada su mente: El Señor me ha curado y ahora puedo trabajar, decía.
Nos explicó como se había levantado aquella mañana con la idea de que era verdad lo que le decían sus amigas y hermanos de la Iglesia, que ella podía y debía trabajar; y, por varios meses, fue una persona enteramente normal. Y sensata dentro de su sencillez. Hasta un día en que repentinamente recayó en su enfermedad psíquica y no se curo hasta su fallecimiento. **
Pocas personas admitirían ser enfermos mentales, pero los psiquiatras vienen diciéndonos que hay muchos más enfermos de la mente de lo que parece y algunos admiten que ellos mismos no poseen un grado cien por ciento de lucidez mental.
La claridad de mente y el dominio de la voluntad sobre todas las tendencias morbosas del carácter requiere un denodado esfuerzo y lucha interior. “Conócete a ti mismo” y “supérate a ti mismo”, eran conocidos lemas de los antiguos filósofos griegos.
La misma conversión espiritual parte de esta base: conocer que somos pecadores y aceptar la limpieza y superación que el evangelio nos aporta. Pero hay muchos defectos de carácter que sin merecer plenamente el calificativo de pecado, residen en nosotros y nos incapacitan para las cosas mejores. Y hay también mucho poder escondido en los pliegues de nuestra voluntad que puede ser sacado a luz y aprovechado útilmente, si tan sólo llegáramos a estar persuadidos de las posibilidades que caracterizan el maravilloso ser moral que Dios nos ha hecho (nada menos que a su propia imagen y semejanza); y que podríamos poner a contribución todas las facultades del maravillosísimo instrumento que Dios nos ha confiado, la admirable computadora del cerebro. Facultades que tenemos el deber de utilizar lo más plenamente posible para la gloria de Dios y a favor de nuestro prójimo, a lo largo de todo el tiempo de prueba que El nos conceda sobre la tierra.
Se ha dicho con razón que cada individuo debería ser psiquiatra de si mismo y que es el propio individuo el psiquiatra más eficaz. Conviene empero que la persona que desea ser su propio médico moral sepa como proceder y practicar los ejercicios favorables a su curación mental.
Hemos creído que el libro del señor Iserte es un buen instrumento a tal propósito, como lo es también el de Andres Bustanovy, “Cómo transformar la personalidad” publicado recientemente. Ambos nos ayudan a darnos cuenta de nuestros propios defectos y abren nuestros ojos a las oportunidades del éxito que de otro modo pudieron pasarnos desapercibidas.
La obrita de Salvador Iserte, nos parece especialmente útil por el ánimo que infunde en cada una de sus páginas y por los “tests” semanales que propone. Tenemos la convicción de que cualquier lector que se decida a llenar honradamente las correspondientes columnas notará una notable diferencia y mejora en su carácter, dentro de pocas semanas.
Pero como la perfección absoluta es difícil de obtener, en un tiempo limitado y puede haber recaídas, recomendamos repetir el curso varias veces, y siempre que se juzgue necesario, comparando la mejora entre uno y otro “test”. Se impone, empero, la más estricta sinceridad y ello no es difícil teniendo en cuenta que se trata de una confesión a nosotros mismos. Es de recomendar también una oración a Dios a favor del cambio personal a que se aspira tras haber llenado el “test” semanal.
Si se quiere aumentar la eficacia del método de “test” del señor Iserte, puede añadírsele el “compromiso”, recomendado por el doctor Bustanoby; que consistiría en este caso en someter el test al juicio de otra persona de la más íntima confianza, como la esposa, el padre, la madre o un amigo muy íntimo.
Si con tal esfuerzo logramos la imagen propia, con la ayuda de Dios, nos habremos beneficiado enormemente a nosotros mismos y sobre todo estaremos capacitados para dar al mundo que nos rodea un mejor testimonio a favor del evangelio que profesamos, que muchas veces se ve oscurecido o desacreditado por nuestros defectos de carácter. SAMUEL VILA.
Tarrasa, julio de 1978.
**Algunos lectores opinarán que esta hermana estaba poseída por el demonio que la engañaba, el cual se apartó por una temporada y volvió a ella. Pero aun admitiendo tal hipótesis no quedaba descartado el ejercicio y poder de la voluntad, al lado de la oración de fe, ya que la Sagrada Escritura nos dice: “Resistid al diablo y de vosotros huirá” (Stgo. 4:7 y 1Ped. 5:9)
INTRODUCCIÓN
En el mundo existen muchas cosas que deseamos y nos es lícito conquistar. El problema consiste, casi siempre, en que se desconocen los medios para ello. Los fracasos se deben a que no se elige el medio o el instrumento adecuado para lograr el fin propuesto, o no se sabe utilizar debidamente lo que se tiene.
Pero una cosa es indudable: de todos los medios a utilizar, el principal lo constituimos NOSOTROS MISMOS.
El sabio dijo: “Dadme un punto de apoyo y una palanca apropiada y moveré el mundo” El punto de apoyo, para mover el mundo, es el YO de cada uno de nosotros, y la palanca apropiada será, en todos los casos, la posesión de un Verdadero CARÁCTER.
¿QUÉ ES UN CARÁCTER?
Es la unión de la COMPRENSIÓN con la VOLUNTAD. Es la firmeza y la luz, como el cristal de roca.
Todos podemos poseer el CARÁCTER que corresponde a la naturaleza de cada uno de nosotros. El será el arma y escudo en nuestra lucha en la vida.
¿CÓMO CONSEGUIRLO?
Despertando nuestra VOLUNTAD, que es lo que constituye la médula de nuestra naturaleza y lo único que puede hacer que alcancemos un nivel elevado de CONCIENCIA. Comencemos por crear un punto de apoyo en nosotros mismos reconociendo ese YO SOY que luego hará surgir el YO PUEDO en todos los actos de nuestra vida.
El momento de comenzar, siempre es AHORA.
CAPÍTULO 1.
COMIENZA POR SER
La vitamina de la victoria se encuentra en el éxito. Todo individuo, desde la niñez necesita triunfar en algo. Debe tener algún éxito por pequeño que sea.
La costumbre de conquistar éxitos es uno de los factores más efectivos para desarrollar una visión saludable y optimista de la vida.
La vitamina del éxito permite que el joven y el adulto descubran sus mayores satisfacciones.
Puede obtenerse en cualquier actividad: en el hogar, en el trabajo, en la escuela, en los trabajos manuales, en los deportes, en la mecánica, en la música, en la poesía, en los negocios, en la vida social, en la ciencia y en la esfera moral.
Ni la cantidad ni la orientación de los éxitos importan para proporcionarnos alegría de vivir. Lo único que importa, a los efectos de la Higiene Mental, es que el éxito sea legítimo y merecido.
La costumbre de conquistar pequeños éxitos es una de las más importantes para la salud mental, porque produce sanas satisfacciones personales y prepara el triunfo definitivo en la vida.
En efecto, todo el éxito legítimo y merecido proporciona autoafirmación, recompensas materiales o morales, ganancias o alabanzas, valor y amistades, es decir, seguridad, que es un factor primordial para la salud del alma.
Cuando falta en el individuo o en la sociedad se producen desordenes emocionales y mentales que pueden llegar hasta el desmoronamiento de la personalidad o el pánico colectivo.
Tenga pues, el espíritu de la victoria y llenará su alma de abundante alegría de vivir. “Obtenga la victoria en cada cosa que se proponga”.
El que nunca ha tenido éxito se arrastra bajo el signo del complejo de inferioridad. Su aspecto es el típico del descorazonamiento. Nunca se esforzó de veras en alcanzar una meta que le fuera accesible, y por tanto, nunca tuvo éxito. Al faltarle este no puede tener confianza propia.
El fracasado no necesita tener un gran éxito. Un pequeño éxito es suficiente para proporcionarle seguridad en si mismo, porque le habrá exigido un esfuerzo fructífero que le ha proporcionado auto satisfacción y que ha llamado favorablemente la atención de los demás.
De este modo ha quedado satisfecha la necesidad primaria del ser humano que anhela el reconocimiento social.
¿Quiere usted tener salud mental? No sea un fracasado. Tenga éxito en algo.
No se fije un propósito excesivamente elevado para usted--- por lo menos de momento---, porque eso seria pedir peras al olmo. Propóngase una meta digna y accesible y trabaje con toda su alma para alcanzarla.
La decisión le llevará a la acción. La acción le conducirá al éxito. El éxito le llenará de una sana confianza propia, y ésta, dándole nuevos bríos, le proporcionará abundante salud mental.
Tome, pues, la vitamina del éxito en forma de pequeños triunfos que, si por un lado, le obligan a un esfuerzo razonable, por el otro inundarán su vida de saludable satisfacción, de entusiasmo encendido y de amor a la vida.
No huya nunca del gran campo de batalla de la actividad humana. Hágale frente con valor y triunfará.
El éxito es un tónico que todos necesitamos.
Un factor de la salud mental es el sentido de la realidad, enemigo de la neurosis, que es, esencialmente una huida de la realidad.
No sea iluso. Sea realista. No engañe a los demás y, sobre todo, no se engañe a si mismo, que es lo más funesto que le puede pasar a un hombre.
Hay quien se engaña a si mismo buscando razones plausibles para su acto erróneo.
El que emplee a menudo este mecanismo (racionalización) llegará a convencerse de que su comportamiento está justificado. Se hallará entonces en una situación psicológica grave, pues habrá tenido el incentivo para progresar en la vida. Será un enfermo mental.
Otros se auto engañan haciendo funcionar el mecanismo de la proyección, es decir, adjudicando a los demás la culpa de sus actos.
Creen que siempre existe un culpable de sus males y que ellos nunca han hecho nada que les haya podido causar el trastorno que sufren.
Si siguen este camino pueden llegar hasta el delirio de persecución.
El que practica la Higiene Mental no se engaña a si mismo (racionalización), ni hace recaer la culpa de sus males sobre sus semejantes (proyección), sino que hace frente valientemente a sus propios yerros y a las dificultades, procurando corregir los primeros y esforzándose en vencer a las segundas.
Todo lo que aleja de la realidad prepara el camino para el imperio de la ficción, terreno peligroso donde crecen las psicopatías y las psicosis, es decir, desde las leves perturbaciones de la personalidad hasta la enajenación mental.
Evite, pues, en lo posible – y mucho puede usted hacer aquí—todo lo que le aleje de la realidad.
Cuando el hombre normal abandona el mundo de la realidad y emplea con exceso los amortiguadores, se dirige al mundo de la enajenación, y al hacerlo se va transformando lentamente en un hombre anormal, en un pobre enfermo del alma.
Es verdad que de ese mundo se puede volver, en determinadas circunstancias, al de la realidad por un camino estrecho de subida pendiente.
Pero, ¡cuánto mejor hubiera sido no realizar la ida para no tener que recorrer la penosa vuelta! y esto en el mejor de los casos!
De esto se deduce que la lectura habitual de novelas, de cuentos de hadas, de tebeos, de obras de ficción, al ser “adicto” al cine y al alcohol, así como las continuas evasiones y diversiones y el uso constante de amortiguadores nos llevan insensiblemente por el camino descendente y resbaladizo que nos aparta de la luz de la realidad para sumergirnos en la oscuridad de los abismos de la ficción.
Lo mismo que el organismo físico asimila el alimento, el organismo mental asimila la vida de los héroes del cine o de la novela y la convierte en parte de nuestro ser moral.
“Cuando se cultiva el apetito por la lectura de novelas excitantes y sensacionales, la mente quedará insatisfecha a menos que se alimente con esa comida insana y despreciable” (WHITE)
Los mismos son una mala preparación para la vida. Por la misma razón: porque apartan de la realidad.
Los que han sido mimados en su infancia acusan mucho más los golpes de la competencia despiadada que domina actualmente en la sociedad, porque esa lucha implacable exige gran iniciativa, mucha energía, una buena dosis de domino propio, represión constante de los caprichos y armoniosa adaptación al medio, que es lo que precisamente le falta al niño mimado.
Los niños que han sido mimados y rodeados de cuidados, esperan siempre un trato tal; y si su expectativa no se cumple, quedan chasqueados y desalentados.
Esa misma disposición se verá en toda su vida. Serán impotentes, dependerán de la ayuda ajena, esperando que los demás los favorezcan y cedan a sus deseos. Y si encuentran oposición, aun en la edad adulta, se creen maltratados.
Y así recorren, su senda por el mundo, llenos de congojas, apenas capaces de llevar su propio peso, murmurando e irritándose a menudo porque no todo sale a pedir de boca. Debemos edificar nuestras opiniones y nuestra vida en general sobre sólidos
fundamentos y con mayor estabilidad que una torre de arena para que no se desmorone tan fácilmente como ella.
No espere de los demás agradecimiento. Si tal es el móvil de su trabajo sufrirá muchos desengaños en la vida.
Trabaje y ame por el gozo que hay en colaborar con sus semejantes, por la satisfacción íntima que existe en ayudar a los demás, en amar a alguien, en levantar a un ser humano de su abatimiento y en entreabrirse nuevos horizontes. Trabaje sobre todo por cumplir la misión suprema de su vida.
Trabaje, pues, por amor a su ideal, y si alguna vez llega hasta usted el agradecimiento, considérese especialmente afortunado... y agradecido.
El hombre debe conocer los fundamentos de la naturaleza humana y ponerse en guardia contra los mecanismos evasivos. Ha de enfrentarse cara a cara--- y cuanto antes lo haga mejor---- con los problemas de la vida, con las responsabilidades y con las cosas tal cual son.
HUYA DE LA FICCIÓN. VIVA EN LA REALIDAD.
CAPÍTULO 2
VIGILE SU SINCERIDAD.
El hombre debe desarrollar un juicio sincero y sin engaño de su propia vida.
Mientras se engañe a sí mismo no encontrará más que dificultades a lo largo de su camino.
Para evitar esto hay que mantener, en lo posible, una actitud objetiva hacia si mismo que permita examinar imparcialmente los problemas personales sin dejarse ablandar por la autocompasión—que es una sensación de injusticia (pero sin fundamento) que induce al autoengaño— ni dejarse aplastar por un sentimiento de culpabilidad excesiva.
Sea, pues, sincero consigo mismo.
Procure la mayor objetividad posible. Huya de los caprichos. Justiprecie las circunstancias. Dirija su nave con cabeza fría, pero con entusiasmo ardiente, a través de los escollos de la vida. Examine racionalmente sus problemas y atáquelos de frente. No los soslaye.
Recuerde que la sinceridad consigo mismo es una buena consejera. Es la coraza contra autocompasión. Gracias a ella verá su vida con la debida perspectiva.
Esta sinceridad es superior al autoengaño en que permite conservar el respeto de sí mismo y ganarse el de los demás. Conserva la integridad mental y enseña la costumbre del éxito por el esfuerzo perseverante y el mejoramiento propio.
Todo hombre ha de hacer frente a la vida tal cual es, y no como el se la imagina o la desea.
Puede creer que en la vida todo son rosas y laureles, pero no por ello evitará que se claven espinas en su corazón y que en su camino encuentre la envidia y la traición.
Si no esta preparado para ello, ¡que terrible desengaño recibirá!
Semejante choque violento conmoverá toda su vida psíquica y acaso la trastorne y desoriente para el resto de su existencia.
Le sucederá como aquel hombre que después de muchos sacrificios había ahorrado una cierta cantidad de monedas pequeñas que cambio por un billete de mil. En el momento de ir a comprar el objeto de sus sueños se entero, al pagar, que el billete era falso.
¡Cuánto mejor hubiera sido que conociese de antemano la moneda falsa que tan abundantemente circula por el mercado de la vida! De este modo habría evitado el violento choque contra la realidad.
El que exista la adversidad no debe desanimarnos de antemano, pues forma la parte más importante de la educación humana.
Como hemos visto, el mismo Maestro, después de anunciar a los suyos que tendrían conflictos, añadió inmediatamente: “Tened buen animo”, como diciendo: Tened valor y confianza, que las dificultades no están a lo largo del camino para haceros caer, sino para estimularos y haceros más fuertes.
Cuente con que una parte de su capital vital se tendrá que emplear en el rozamiento, en sortear los obstáculos y en hacer frente a las injusticias y envidias.
No desconfié, sin embargo, de todos, pero evite ser victima de las perversas intenciones de un malvado. Tenga esto en cuenta y se evitará muchos lamentos inútiles.
No permita tampoco que se aprovechen de su bondad para cometer una mala acción. Si alguna vez tuvo la idea de ser un niño mimado de la suerte, deséchela cuanto antes de su mente. Desengáñese suavemente antes de que las circunstancias lo desengañen brutalmente.
Si lo hace, estará templado como el acero contra los cambios bruscos de la temperatura social.
Sin esta preparación realista se hallará a merced de un golpe de ola que le haga sucumbir cuando menos lo espere.
Sea un realista previsor. Prepárese para hacer frente a la adversidad.
No pretenda ni desee vivir a cubierto de contrariedades. Pretenderlo es una utopía. Acéptelas y las tendrá medio vencidas. Si las acepta antes de llegar, cuando lleguen ya habrán perdido su virulencia. CUENTE CON LA ADVERSIDAD.
CAPÍTULO 3
ACEPTACIÓN, NO FATALISMO
Nuestra felicidad depende de la actitud que adoptemos hacia nuestro destino. Y esta actitud depende de nuestro pensamiento. Porque tal como un hombre piensa, así es o llegará a ser. O como lo expreso Salomón: “Cual es su pensamiento en su alma tal es él” El hombre normal se enfrenta francamente con su destino, por duro que este sea, mientras que el anormal huye como el cobarde, se tapa los ojos como los niños, para no verlo, o esconde la cabeza como el avestruz.
A medida que usted se acerque a la actitud valiente ante la vida o a la actitud cobarde, se acercara a la normalidad o a la normalidad psíquica.
Hay que aceptar la vida. La aceptación es uno de los factores más esenciales de prevención de las enfermedades del alma.
Hemos de aceptarnos a nosotros mismos: nuestro sexo, nuestra edad, nuestra profesión, nuestro propio cuerpo y nuestro nombre, aunque alguna de estas cosas no nos guste.
Hay a quien no le gustaría ser mujer o ser viejo o ser médico o pescador. A otros no les gustaría ser jorobados, o mancos, o sordo, o llamarse Manuela, o Nicolasa, o Ladrón de apellido, o acaso el ser de alguna determinada región o raza.
Pero la salud de nuestra alma exige que aceptemos plenamente nuestro destino individual: las circunstancias de nuestra vida, el sufrimiento en general, la enfermedad en particular, la pobreza moderada, la invalidez o cualquier minusvalía orgánica o social que podamos tener.
Aceptación no es conformación fatalista ni pasiva resignación. Es sentirse unido a la vida y al universo. Es vivir en la realidad.
Aceptar no quiere decir tampoco consentir con la injusticia o con la ignorancia. De ninguna manera. Hemos de luchar contra el sufrimiento y contra el mal con todas nuestras energías, pero no en una actitud de rebeldía anti-algo--, sino con una actitud constructiva.
Hemos de buscar el remedio para todo lo que tenga remedio y en ello hay un gran campo de acción y no rebelarnos contra lo irremediable, cuando verdaderamente lo sea, sino aceptarlo, y no a la fuerza, sino de corazón como el destino que nos convenía.
El refrán castellano dice: “El muerto al hoyo y el vivo al bollo”, como lo expresara Cervantes: “Váyase el muerto a la sepultura y el vivo a la hogaza” (Quijote, p1.c19), lo cual quiere decir que hemos de aceptar lo irremediable. Que éste no debe obsesionarnos de tal manera que nos domine por completo, pues la vida no se detiene, sino que sigue y hay que afrontarla con animo decidido.
La aceptación y esto es muy importante, no ha de ser a regañadientes, porque entonces pierde su valor vitamínico y se transforma en veneno.
Hemos de aceptarlo todo con agrado y extraer de ello lecciones provechosas.
El poeta lo expresó de la siguiente manera: “Del más hermoso clavel pompa del jardín ameno, el áspid saca veneno la oficiosa abeja, miel.”
Antes que agotarse persiguiendo lo imposible, reduzca sus aspiraciones, pues no todos pueden dedicarse a la solución de los problemas insolubles.
Esto no quiere decir que no haya de tener usted ambiciones dignas. Pero si después de varias – tentativas serias, la cumbre que se había propuesto escalar queda fuera de su alcance, lo más prudente y lo más sabio será fijarse una meta asequible.
Si lo hace descubrirá plena satisfacción donde no hubiera encontrado antes más que desazón e insatisfacción.
Esto se refiere a los propósitos corrientes, pues la meta moral nunca debe rebajarse al contrario, elevarse a medida que el individuo progresa: No todos pueden ser figuras de primera magnitud, ni millonarios, ni sabios famosos, ni jefes de empresa, ni bellezas premiadas, ni los primeros en la clase, ni presidentes, ni estrellas.
Pero todos pueden desarrollar el espíritu de equipo, y encontrar su felicidad en la colaboración entusiasta.
Claro está que antes de abandonar la esperanza acariciada hay que agotar todos los medios razonables para lograrla.
Solamente entonces nos contentaremos con un puesto secundario en la escuela, en la profesión, en la sociedad o en la vida en general.
Y es de hombres y de mujeres inteligentes hacer esto.
CAPÍTULO 4
LA ADAPTACIÓN AL MUNDO EXTERIOR.
Además de la aceptación, la adaptación individual a la realidad es necesaria para la salud mental.
Hay que ponerse en armonía con los requerimientos justos de nuestro mundo moderno. La felicidad y la integración psicológica no se realizan si no en el seno de la sociedad en que vivimos. Por lo tanto es muy importante que realicemos adaptaciones satisfactorias a las demandas propias que nos presentan las situaciones prácticas de la vida social.
El que no logra su adaptación al mundo circundante experimenta una sensación de inutilidad, cuya consecuencia es la fatiga psíquica, la pereza y la desdicha.
Adaptación no quiere decir pérdida de personalidad ni disolución en el medio ambiente. Esto último es una enfermedad del alma, mientras que la adaptación sana es un factor de Higiene Mental.
CAPÍTULO 5
LAS ACTITUDES CONSTRUCTIVAS.
Para lograr estas adaptaciones hay que desarrollar las actitudes constructivas.
Las actitudes individuales son la expresión de las tendencias o disposiciones a obrar en forma característica.
Hay que hacer todo lo que se pueda para desarrollar las actitudes o disposiciones emocionalizadas socialmente deseables, y al mismo tiempo, prevenir la aparición de actitudes negativas y destructoras.
Las actitudes constructivas son de gran importancia, no sólo para la integración individual, sino también para la armonía social.
Las disposiciones favorables a un desarrollo cabal de la personalidad, que hay que cultivar, son las siguientes:
Actitud franca y realista. Actitud constructiva Actitud ponderada. Actitud justa.
Actitud amistosa y diplomática. Actitud respetuosa.
Actitud altruista. Actitud animosa. Actitud valiente
Ponga una señal a cada actitud que usted ya posea y subraye con lápiz las que no posea. Cuando logre estas actitudes estará en disposición de tratar con sus semejantes y de enfrentarse con el porvenir.
La actitud ponderada evitará la tendencia natural al pesimismo y a las exageraciones emocionales.
La actitud respetuosa hará que tenga en cuenta los derechos de los demás.
Si quiere adoptar frente a las dificultades una actitud franca, animosa y valiente que le conducirá a la victoria, desarrolle una filosofía de la vida que mire los obstáculos como simples pruebas que hay que superar.
Logre una adaptación armoniosa al mundo exterior.
Evite las actitudes productoras de la desintegración psíquica.
CAPÍTULO 6.
NO SE REBELE, TRATE DE COMPRENDER.
La rebelión es siempre nefasta. Tanto si nos rebelamos contra nuestro destino personal como si lo hacemos contra la Providencia, el resultado es dar coces contra el aguijón, es decir, adquirir enfermedades del alma y muchas veces del cuerpo también.
La rebelión empieza contra las circunstancias, luego contra nuestra propia vida para atacar más tarde al mundo en general y levantarse, finalmente, contra la misma Providencia.
Si queremos ser felices y gozar de una buena salud mental hemos de aceptar la realidad y procurar mejorarla, pero sin rebelarnos contra ella.
¿Me mereceré yo lo que estoy pasando?
¿Qué he hecho yo para tener que sufrir tanto? ¿Por qué no tengo las riquezas que otros tienen?
Todas estas preguntas son las preguntas de los resentidos, de los que no se resignan a perder algo en la vida.
Debemos aprender, no sólo a ganar, sino también a perder y a hacerlo sonriendo.
¡DESCUBRE UN IDEAL SUPERIOR de la vida, desventurada criatura que te rebelas contra la vida! Acéptala tal cual es y con los elementos de que dispones emprende la marcha hacia tu ideal trabajando gozosamente para alcanzarlo.
Así encontraras tu felicidad.
Aceptemos, pues, nuestro estado cualesquiera que sean las causas que lo hayan motivado. Aceptemos nuestro destino y aceptemos la vida toda con agrado.
Entre paréntesis diremos que “destino”, “fatalidad” y “suerte” son palabras que se emplean demasiado a menudo para encubrir nuestros errores. Este pensamiento ya lo expreso Salomón cuando dijo: “La necedad del hombre tuerce su camino y luego hecha la culpa a Dios”.
El aceptar la realidad no quiere decir que nos dejemos aplastar por ella ni que adoptemos una actitud fatalista.
Lejos de ello. La realidad no quiere decir que nos dejemos aplastar por ella ni que adoptemos una actitud fatalista.
Lejos de ello. La realidad existe para que la modifiquemos. Es la materia prima de la vida. Debemos transformarla. Pero mientras nos rebelemos contra ella no podemos modificarla. Lo primero que hemos de hacer es aceptar en nuestras manos el barro que nos proporciona el destino y enseguida trazarnos un plan de trabajo para modificarlo, hasta hacer con ese barro, como un escultor, una obra maestra.
El aceptar la vida es uno de los factores más esenciales para prevenir las enfermedades del alma.
La formula que resume la posición de la nueva filosofía de la vida ante este problema es la siguiente: ACEPTACIÓN + LUCHA = SUPERACIÓN
NOTAS DEL LECTOR.
Experiencias personales obtenidas al aplicar Los principios expuestos en este capitulo. 1.- DECISIÓN 2.- ENTUSIASMO 3.- AUDACIA. 4.- HEROÍSMO 5.- TRIUNFO
CAPÍTULO 7.
DECISIÓN
La hora de la decisión es la más solemne de la vida, porque de ella depende lo que más tarde se realizará. El futuro no hará más que revelar el misterio de esa hora.
La base de una personalidad vigorosa y el acto más elevado de la vida es la resolución, porque sus componentes—el ideal, la libertad y la razón—son los más nobles del ser humano. La decisión es un acto de fe porque le hace esperar algo y un acto de confianza porque se propone un ideal que confía alcanzar.
La libertad es también parte integrante de una resolución porque usted se decide sin presiones ajenas. La razón, por su parte, al tomar una resolución, impide que usted sea guiado por impulsos o por las circunstancias externas.
Tomar resoluciones es vivir.
Por el contrario, la indecisión debilita la voluntad, malgasta su tiempo, le pone de mal humor, engendra la cobardía, favorece el vicio que siempre acecha cuando falta la orientación de la actividad, le hace perder preciosas energías físicas y morales y le llena de un tedio espantoso.
La indecisión es verdaderamente el peor de los males. ¡Cuántas vidas se pierden por falta de resolución!
¡Pobres indecisos que nunca se resuelven a nada porque en todo ven inconvenientes! Se pasan la vida vacilando y lamentándose de haber vacilado. “Si yo me hubiera decidido, suelen decir, estaría donde esta Fulano”. Pero no por ello salen de su inacción.
No sea usted indeciso. Más vale decidirse, aun a riesgo de equivocarse, que perder el tiempo oscilando entre varias soluciones mientras se escapa la hora de obrar.
¿No ha visto usted un gato ante una puerta entreabierta? Avanza un paso, retrocede otro, mira a todos lados sin decidirse a nada, hasta que al oír un ruido toma el primer camino que encuentra libre. Es lo que le sucede al joven irresoluto: después de vacilar entre varios planes sin adoptar ninguno, se ve obligado por alguna circunstancia fortuita o por
algún “amigo” a tomar precipitadamente una dirección de la que más tarde se lamentará, para repetir con el poeta: “ Viendo marchitar—los más verdes años—de mi mocedad”
¿Qué hubiera sido de los grandes hombres si les hubiera faltado una sola cosa: decisión? Y por otro lado, ¿qué habrían llegado a ser algunos jóvenes de capacidad si hubieran poseído la decisión que les falto? Cuan oscuro y triste es el registro de muchas vidas perdidas por causa de la indecisión, vidas que podían haber sido un gran bien para la humanidad.
TODO EN LA VIDA
DEPENDE DE LA DECISIÓN
El poder supremo en la naturaleza del hombre es el poder de elegir y de decidir.
La resolución es acumulación de energías. Veámoslo con un ejemplo: Está usted convencido de que le es posible y conveniente tomar una ducha por la mañana y además desea vencer su temor al agua. Va a tomarla, pero encuentra una “buena” excusa: hace frío, es tarde. Y se consuela pensando: “Mañana sin falta lo haré”. No es necesario decir que mañana le sucede lo mismo. ¿Por que? Porque falta la acumulación de energías que reúne la resolución. Pero tome una resolución rotunda y diga: “¡Soy valiente! Tomaré una ducha”. Verá como entonces lo hace.
Así con todo. Y es que para lograr un comienzo seguro hace falta una resolución hecha con anterioridad y con calma. La resolución es entonces dueña de todo el ser, porque tiene a sus órdenes todas las fuerzas psíquicas del individuo.
Las resoluciones inducen a la disciplina moral, porque nos indican el camino recto y nos lanzan a andar por el. Todo depende de la acción recta de la voluntad. ¿No ha oído usted una voz interior que le decía: Esto no puede continuar así; has de cambiar, debes hacer tal cosa? Todos oyen esa voz, pero los que no la han cristalizado en enérgica resolución nunca han mejorado, nunca han hecho nada de provecho.
Obedezca esa voz interior y de acuerdo con sus dictados, que son los mejores, tome una resolución y practíquela al punto. Este es el acto más noble de la vida humana y el de mayores consecuencias.
Usted será algo o no será nada, según aprenda o no a decidirse. Su porvenir está en sus manos; tomando una u otra decisión o no tomando ninguna, dejándose en este último caso arrastrar por la corriente de una vida negativa carente de propósito.
Los jóvenes resueltos son siempre bien considerados, incluso por los que no piensan como ellos. ¡Que impresión más distinta causan dos jóvenes, el uno decidido y el otro indeciso! Muéstrese resuelto y firme. Sea un hombre decidido.
El que toma una resolución, aunque no la cumpla, tiene siempre más mérito que el que no la toma, porque por lo menos tuvo un buen deseo que al otro faltó. Si usted adopta una actitud mental resuelta, su porte será dignificado por ella. Si adopta una actitud exterior decidida, esta repercutirá sobre su actitud mental.
Piense resueltamente, hable con decisión, ande con un porte resuelto y obre con propósito y energía. Este sencillo consejo puede transformar toda su vida.
Adopte siempre una actitud mental decidida.
La resolución lanza nuevas costumbres. Éstas forjan la voluntad, que, a su vez, crea el carácter y es el carácter el que determina el destino. La resolución lleva en si el germen de su destino. Vemos, pues, que, en último término, todo depende de la decisión.
RESOLUCIÓN.- Voy a ser hombre de decisión. Hoy pondré en práctica una resolución de
algo que hace tiempo procuro lograr sin haberlo conseguido.
COMO DECIDIRSE:
1.- Infórmese. Antes de decidirse, infórmese. Para que una resolución pueda hacer frente a todos los obstáculos, ha de ser razonada y lógica. Las informaciones se obtendrán de personas competentes en el asunto que nos ocupa y de buenas fuentes de conocimiento. Debemos buscar los mejores documentos que estén a nuestro alcance a fin de obtener una información lo más exacta posible.
Una vez hecho esto, agrupe todos los datos en dos listas: la de las ventajas y la de los inconvenientes. El tiempo que dedique a la información no será tiempo perdido. El automovilista apresurado por cumplir una misión urgente se detiene en la bifurcación de carreteras para observar atentamente el mapa o las indicaciones de los postes antes de decidirse por un camino determinado. Este alto en su precipitada marcha le asegura contra el peligro de tomar una dirección equivocada.
Antes de tomar una decisión infórmese.
2.- REFLEXIONE.- Cuando ya se haya informado, reflexione sobre los datos reunidos,
pesando el valor de cada una de las dos listas, tanto en lo que respecta al presente como en las repercusiones que sus actos puedan tener en el porvenir.
Si lo que ha de decidir es una cosa pequeña, examine rápidamente el pro y el contra y decida inmediatamente sobre la marcha. La actividad moderna no espera las largas deliberaciones de antaño.
Pero cuando la resolución es importante, la seguridad tiene preferencia sobre la rapidez. Considere si está de acuerdo con le propósito dominante de su vida, si encaja en su programa y sí está dentro de sus posibilidades. Hay quien, al hallarse en una encrucijada de la vida, escoge lo que le parece satisfacer su egoísmo o lo que le promete fama. Pero descubre ya tarde, que no dispone de la capacidad necesaria para continuar lo que en su momento de exaltación había comenzado.
No se decida a la ligera. No diga: Tomaré esta decisión y luego veremos, porque una resolución debe ser irrevocable. No se deje guiar por las emociones del momento. La sensibilidad debe estar subordinada al discernimiento. Nada perderá por someter sus sentimientos a la reflexión. Si son de buena ley, saldrán de las pruebas más brillantes; pero si no lo son, aparecerá su falsedad y engaño. Tenga el corazón caliente, pero la cabeza fría.
Adquiera la costumbre de deliberar cada acto antes de realizarlo, salvo las acciones automáticas de las costumbres adquiridas, que ya fueron decididas de antemano. De este modo lograra mantenerse en una actitud reflexiva y ninguna sorpresa podrá arrancarle una reacción intempestiva. Delibere todas sus acciones, porque la irreflexión es incompatible con una personalidad vigorosa.
RESOLUCIÓN: Voy a adquirir la costumbre de la reflexión. Antes de juzgar, de hablar,
de escribir o de actuar, deliberaré sobre la naturaleza y las consecuencias de mis actos.
3.- DECIDA.- Cuando haya reflexionado, tome una resolución inequívoca, clarísima,
concreta, que no se preste a dudas ni a confusiones, sin escapatoria posible. La decisión ha de ser valiente, mirando sólo a un objetivo y quemando las naves de la retirada.
Para que sea eficaz hay que tomarla con un “¡quiero!” indomable que retumbe en el alma como un trueno y que lleve directamente a la acción potente.
A cada pregunta que la vida le haga conteste con un si o un no rotundo. Tenga valor para decir: NO, cuando no proceda hacer una cosa. Un no con tacto, pero un no rotundo, inflexible; un no de principio. “Que vuestro si sea SI y vuestro no, NO” dijo Jesús (Mat.5:37)
Si no aprende a tomar sus decisiones de una manera categórica y definitiva—nunca provisional – (tan pronto el asunto este claro para usted) su personalidad se debilitará. Por el contrario, el mismo irresoluto si adopta este procedimiento, descubrirá posibilidades insospechadas donde antes no veía más que confusión y duda. Y pronto no se reconocerá en su viejo retrato de hombre indeciso y cobarde. La resolución enérgica y categórica habrá hecho el milagro.
Y AHORA TRES CONSEJOS PRÁCTICOS:
Si tiene que hacer varios trabajos escoja primero el que más le molesta y deje los deberes agradables para el final. Entonces los hará sin que el agobio de los penosos planee continuamente sobre su cabeza.
Entre dos caminos escoja siempre el que sube. No permita que bajos motivos o mezquinos egoísmos sean los que determinen sus resoluciones.
Y finalmente, busque una fórmula enérgica y atractiva que condense la esencia de su resolución y que la mantenga constantemente delante de usted.
COMO LLEVAR A CABO UNA RESOLUCIÓN:
1.- LLÉVELA A LA PRÁCTICA INMEDIATAMENTE.- Es decir, tan pronto llegue el
momento de obrar. Aproveche el instante propicio y diga: ¡Ahora! No lo deje para más tarde. “Luego” significa demasiado a menudo tarde o nunca.
No todas las resoluciones son al contado. También se pueden tomar a plazo fijo. Sabe que cierto día se hallará con tales personas y quiere obrar en su presencia de una determinada manera. Para lograrlo tome ahora una decisión que sólo aplicara entonces. La resolución obrará como en el caso del hipnótico a quien se le ordena que en tal día y tal hora haga cierta cosa. Y la cumple con toda exactitud. La diferencia esta que en este caso obra la voluntad ajena y en el nuestro la propia.
Es conveniente anotar estas resoluciones en un cuadernito especial para recordarlas más fácilmente.
A veces, aun olvidada, sigue obrando una resolución y nos sorprende diciéndonos: ‘¿No te acuerdas que tenías que hacer tal cosa a tal hora? Y es posible que aún estemos a tiempo. Luego, no ha sido inútil el tomarla, aunque mejor es no olvidarla.
2.- NO DESCANSE HASTA QUE LA HAYA PUESTO EN PRÁCTICA.- La decisión ha
de cumplir el propósito para el que fue creada. No basta con tener buenas intenciones. El camino del fracaso esta empedrado de buenos deseos... que nunca se llevaron a la práctica. Persista hasta poner en práctica sus decisiones. No falle en llevar a la realización su pensamiento deliberado.
3.- NO DISCUTA, BAJO NINGÚN PRETEXTO, UNA RESOLUCIÓN YA
ADOPTADA.- La resolución debe ser indiscutible. No debe dejar lugar para las ideas
contrarias. Si decide levantarse a las siete de la mañana y al oír el despertador discute la resolución de la noche anterior excusándose con un “Estoy cansado” o un “no me encuentro bien”, de seguro que no se levantará, porque con su contraorden ha dado muerte a la resolución.
No hay que discutir una decisión en el momento de tener que ejecutarla, porque la discusión entonces es una contraorden que paraliza las energías vitales que ya se movilizaban para el asalto. Y porque en una discusión en pleno campo de batalla no son los planes de conjunto del Estado Mayor –la razón—los que triunfan, sino el miedo o las apreciaciones locales.
Si en el momento de la prueba—careciendo de tranquilidad para pesar el pro y el contra discute las órdenes que se diera cuando estaba sereno, puede estar cierto que perderá la batalla. Cierre los ojos, pues, y diga: ¡Adelante con la resolución! Tenga autodisciplina, obedezca ciegamente sus propias órdenes o las ajenas que usted ha aceptado de antemano y sea inflexible para consigo mismo.
Bajo ningún pretexto discuta una resolución después de haberla tomado y mucho menos en el momento de tener que ejecutarla.
4.- NO SE DESANIME.- Nunca de marcha atrás, salvo bajo el peso de una evidencia muy notable. Recuerde cuando se sienta inclinado a abandonar la lucha que él desánimo es la mayor insensatez y a la vez un gran peligro.
Es una tontería el desanimarse por haber cometido una falta, porque ¿acaso la remedia el desaliento? Y es un peligro porque si lo hecha todo a rodar, no será más que para cometer una y cien veces la misma falta y que aborrece. Nada ganara con desanimarse y podrá perderlo todo.
No; no se desanime. Contemple el ideal de su vida hacia el cual le ayudaba a dirigirse la resolución en cuestión, y con renovado entusiasmo, empiece de nuevo.
Y TRIUNFARÁ
¡ADOPTE SIEMPRE UNA
CUESTIONARIO 1 ¿ES USTED DECIDIDO?
D L M M J V S
1. ¿Ha llevado ya alguna decisión a la práctica? . . . 2. ¿Ha vencido hoy la indecisión? . . . 3. ¿Se informa cuidadosamente del pro y del contra antes de tomar una decisión? 4. ¿Decide rápidamente las pequeñas cosas de la vida diaria? . . . 5. ¿Mantiene la cabeza fría aunque el corazón esté caliente? . . . 6. ¿Ha deliberado hoy todas sus acciones, salvo las automáticas? . . . 7. ¿Ha reflexionado hoy antes de juzgar, hablar, escribir y actuar? . . . 8. ¿Calcula las consecuencias de sus acciones antes de hacerlos? . . . 9. ¿Ha escogido hoy en primer lugar la tarea más desagradable? . . . 10. ¿Prefiere entre dos caminos el que sube, no el del placer inmediato? . . . 11. ¿Ha resuelto hoy cada asunto con un sí o con un no categórico? . . . 12. ¿Son sus resoluciones indomables? . . . 13. ¿Ha vencido el desánimo? . . . 14. ¿Se ha abstenido de discutir una resolución tomada anteriormente? . . . 15. ¿Ha adoptado una actitud resuelta en todas las ocasiones? . . .
TOTALES AFIRMATIVOS
TOTALES NEGATIVOS
DEL DÍA ____ AL DÍA ____ MES _____________ AÑO _____ Si usted puede contestar afirmativamente a cuatro preguntas de este cuestionario, esta usted en el camino que lleva a la decisión. Si llega a diez, es usted un hombre resuelto. Cuando obtenga quince puntos, pocas cosas podrán detener su marcha triunfal.CAPÍTULO 8.
ENTUSIASMO
La fuerza viva que conquista el Mundo, es el entusiasmo ardiente.
Ni apocados ni quijotes. Si la actividad ha de ser fructífera, ha de mantenerse dentro de la realidad, sin evaporarse en optimismos ilusos ni hundirse en pesimismos funestos.
El entusiasmo ardiente es la segunda etapa del ataque victorioso. Sigue a la decisión y preceda a la audacia. Sin él no hay triunfo posible en la vida.
No se contente con lo que el jefe o la necesidad le obliguen a hacer. Reaccione contra la pereza moral. Ponga el entusiasmo en todo lo que haga y se verá libre de las garras del desaliento. Así las alas libran a la hormiga alada de caer presa juntamente con su compañera áptera.
Una persona entusiasta comunica ánimo a todos los que tratan con ella, mientras que muchas hazañas generosas y valientes, tanto individuales como colectivas, no se han realizado por falta de entusiasmo y por sobra de duda.
El ánimo es necesario para vencer los obstáculos. Pero no lo espere de nadie, porque consiste en una disposición del espíritu y sólo requiere una decisión de la voluntad. Depende, en suma de su actitud mental.
¡Acometa el futuro con valor!
El entusiasmo ennoblece el trabajo, tiene alas, es contagioso y vence las montañas más altas.
CÓMO TENER ENTUSIASMO.
1.- NO SEA USTED OPTIMISTA A ULTRANZA.- El optimista sufre un espejismo. Tiene una noción inexacta de las realidades. No se haga ilusiones engañosas de lo que la vida pueda darle ni de lo que los demás le prometan. No se alimente de sueños. Sujete las riendas de su caballo Imaginación. Manténgale a raya.
Las falsas ilusiones son como la espesa niebla para los barcos o para los aviones. Hay que disipar la niebla. Que oculta arteramente los peligros, con el sol de la realidad. ¡Funestas ilusiones! ¡De cuántos naufragios sois responsables!
Todo lo que inculque un concepto erróneo de la vida predispone la mente a dejarse llevar en pos de lo ficticio. Recuerde que las mejores cosas suelen ser las más cercanas: el aire puro, la luz del sol, las flores del campo, la tarea de cada día, el hogar familiar, la tierra natal, los amigos cercanos, el pan cotidiano. No pretenda coger de la vida a medida que va llegando, seguro que los deberes diarios, la familia inmediata, la ciudad en que vive son las cosas más dulces de la vida.
No sea iluso.
2.- RECHACE EL PESIMISMO.- El pesimista amplifica los puntos negros hasta
obscurecer todo el campo visual, es decir, el porvenir. Todos sus razonamientos van dando vueltas a la noria estéril de un círculo vicioso, como una línea espiral que se fuese estrechando hacia su centro y hacia abajo (espiral viciosa).
A fuerza de verlo todo negro, la retina mental del pesimista pierde facultad de ver los colores, sobre todo los verdes y las rosas, y esta deformación, producida por una actitud mental fundamental errónea llega a ser un hábito más fuerte que la propia naturaleza y que la realidad más evidente.
El pesimismo lleva a sus víctimas a la cobardía, a la tristeza, al desánimo y a la desesperación.
3.- SEA USTED REALISTA.- El realista ni sufre espejismos ni amplifica los puntos
negros. Ante una montaña que hay que escalar, el optimista confía subir en globo y al pesimista se le viene encima, mientras que el realista, echando mano del entusiasmo y de la perseverancia, empieza a escalarla poco a poco.
Mientras que el optimista espera siempre lo mejor -- ¡castillos en el aire!—y el pesimista teme siempre lo peor--¡ceguera espiritual!--, el realista se da perfecta cuenta de lo que ha de venir, sea bueno o malo, y se prepara en consecuencia.
Es más digno de confianza un hombre realista que se conoce a sí mismo y que lucha constantemente por mejorarse, que otro más inteligente y más robusto que, por confiarse demasiado en su buena estrella, se estrella al final.
El pesimista es un desgraciado—siempre de mala cara—que por donde pasa deja una nota sombría, mientras que el optimista a ultranza es un obstinado—nació riendo y vive a carcajadas—que se empeña en verlo todo de color de rosa,. Entre ambos está el realista, que es un ser normal—siempre con ánimo sereno—que hace frente a las dificultades del terreno.
El realismo es una de las grandes conquistas a que ha de aspirar el estudiante de este curso.
Ni el pesimismo negro ni optimismo rosa, sino realismo entusiasta.
Vayamos a un erial y veamos las actitudes que en él toman estas diferentes clases de personas.
¿Qué hace el pesimista resignado ante el terreno sin roturar? Su espíritu perezoso ni siquiera piensa en modificarlo. Acostumbrado a soportarlo todo pasivamente, se acuesta sobre la hierba y allí se deja morir de hambre, creyendo que tal es su destino, si alguien no viene a socorrerle.
Por otro lado, el pesimista rebelde, el que maldice y desprecia la vida, va de un lado a otro vociferando y perdiendo el tiempo en estériles lamentos sobre el estado de abandono del campo.
Más allá el optimista siembra a voleo, sin roturar ni preparar la tierra, confiando en recoger espléndidos y abundantes frutos. Y cuando llega la hora de la siesta se duerme feliz, soñando, como la cigarra de la fábula, con una eterna primavera, hasta que le sorprenden sin preparación los rigores del mal tiempo, es decir, las realidades de la vida. Pero aún hay otra persona en el gran campo que, aceptándolo tal cual es, coge el arado y empieza a trabajarlo. Lo siembra a su debido tiempo y en la época de la recolección recoge una fértil cosecha.
Gálatas 6.7-9 7No se engañen; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. 8Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. 9No nos
cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, SI NO DESMAYAMOS.
Este es el entusiasta realista.
Después de una etapa de pesimismo general en el mundo, apareció como reacción una epidemia optimista. La panacea universal era entonces “¡La vida optimista!”. Pero ha llegado la hora de presentar una fórmula más verdadera y más útil. Y esta fórmula es: Ni apocados ni quijotes, sino entusiastas realistas, sólo así se han formado y seguirán formándose los caracteres sólidos y los hombres de negocios.
El optimismo es la ilusión funesta;
El pesimismo, el microscopio del fracaso,
Y el entusiasmo realista la preparación para la lucha
4.- TENGA UN MOTIVO PODEROSO PARA SU VIDA. Donde no exista un propósito
potente no podrá haber entusiasmo; pero donde existe, allí hay entusiasmo y fuerza de voluntad que durarán tanto tiempo cuanto dure el motivo. Lo primordial es tener un motivo dominante, algo por qué vivir. Entonces el entusiasmo viene solo, espontáneamente, sin forzarlo. Esto explica los cambios que se verifican en ciertas personas. De repente nos parecen extrañas, pero tan pronto como nos damos cuenta del cambio de motivos en su vida todo queda claro. Tales son los resultados de la psicología experimental moderna. Bástale a un individuo un motivo poderoso, capaz de llenarle de entusiasmo, para hacer más en un año que en toda su vida sin él.
No es, pues, una experiencia eufórica lo que hay que procurar, sino un motivo interno que, posesionándose de todo el ser, producirá automáticamente un exterior decidido y entusiasta.
RESOLUCIÓN.-Haré cada cosa lleno de entusiasmo.
La antigua fórmula era: ¡La vida optimista! La nueva consigna es:
CUESTIONARIO 2 ¿ES USTED ENTUSIASTA?
D L M M J V S
1. ¿Ha abandonado la teoría del optimismo a ultranza? - - - 2. ¿Ha vencido el pesimismo y el miedo al porvenir? - - - 3. ¿Vive usted dentro de la realidad y la mira cara a cara?- - - 4. ¿Es usted entusiasta? - - - 5. ¿Hace usted más que lo que la necesidad o el jefe le obligan? - - - 6. ¿Ha hablado hoy con entusiasmo?- - - 7. ¿Ha reaccionado hoy contra la pereza moral?- - - 8. ¿Toma la actitud del entusiasta realista ante un trabajo difícil?- - - 9. ¿Tiene un motivo poderoso en su vida?- - - 10. ¿Ha tomado usted la resolución de hacer cada cosa con entusiasmo? - - - 11. ¿Saca usted honradamente el mayor partido posible de las circunstancias en que se
encuentra actualmente?- - - -- - - - -- - - - -- - - - -- - - 12. ¿Ha tomado usted hoy un actitud mental entusiasta ante los diferentes problemas
del día?- - - -- - - 13. ¿Ha logrado hoy no dejarse contagiar por los ultravirus de los pesimistas?- - - 14. ¿Ha obrado hoy con entusiasmo?- - - - 15. ¿Ha contagiado a alguien su entusiasmo?- - -
TOTALES AFIRMATIVOS
TOTALES NEGATIVOS
FECHASEl número de contestaciones afirmativas le dirá lo siguiente: si son tres, que ya se vislumbra el país del entusiasmo; si son ocho, que ya se dirige por la carretera real; si logra doce, ya se halla usted en ese mundo nuevo, y cuando alcance quince, se verá usted instalado en él y se habrá convertido en una persona apta para emprender o dirigir una empresa, dentro siempre de sus capacidades.
RECUERDE, AMIGO QUE NO ES PERSONA CABAL EL QUE CARECE DE ENTUSIASMO.
CAPÍTULO 9.
AUDACIA.
La voluntad es más fuerte que el destino.
El mejor campo de acción del entusiasmo lo constituyen los peligros que la vida nos brinda generosamente: en la guerra, en las enfermedades, en los accidentes, en los viajes, en la lucha por la vida, o que nosotros mismos nos buscamos escalando montañas cortadas a pico, dando saltos mortales en el circo, explorando las regiones más peligrosas de la tierra, las profundidades del mar, volando por la estratosfera, luchando en la guerra, haciendo de brotes violentos ó exponiendo nuestra vida por defender una idea.
Y es que “el hombre ha nacido para luchar y ha de luchar siempre” Tal es el veredicto de la historia.
Los jóvenes que se quejan de las dificultades que tienen que afrontar hoy día y que se creen su caso único, algo así como si un hado maléfico les persiguiera implacablemente se equivocan. La vida ha sido muy dura a través de los siglos y aún hoy día la inmensa mayoría de seres humanos tiene que hacer frente a enormes pruebas alimenticias, económicas, morales, espirituales y físicas. Pero siguen luchando.
Se dan cuenta que la vida es una batalla desde el principio hasta el fin y como tal realidad hay que aceptarla con gozo. La vida no es una farsa, sino una verdadera lucha. Pero nos queda el remedio de luchar con alegría, lo cual no consiste en algo misterioso, sino sencillamente en hacerse el ánimo. Ésto, como todo, depende de la actitud mental.
Filipenses 4.11-13 11No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme,
cualquiera que sea mi situación. 12Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en
todo y POR TODO ESTOY ENSEÑADO, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. 13Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.
Millones son los que viven en la necesidad, pero mientras unos se portan como condenados a trabajos forzados a perpetuidad, otros lo hacen como voluntarios a una cruzada, y, en condiciones iguales o peores que los primeros, viven mejor porque viven más felices.
CÓMO PREPARARSE PARA LA LUCHA:
1.- MATRICULARSE EN LA ESCUELA DE LA ADVERSIDAD.- Por lo menos durante
algún tiempo. Es en la Universidad de Golpes Duros donde el joven se fortalece y se prepara para una gran labor. En ello se entrenan los músculos, se ejercita la inteligencia a la resolución de problemas difíciles, se acostumbra al alumno a la fatiga, se pasa hambre y sed y se resisten los rigores del frío y del calor.
Es una escuela áspera pero fortalecedora. De un joven corriente puede hacer todo un hombre. En ella se han educado personajes célebres. Mientras la pobreza no sea extrema --pues entonces degenera al individuo--, se la puede llamar el sexto estudio.
“Me he paseado por el país de la pobreza como a través de un país de maravillas. He viajado por él no como turista, sino como indígena iniciado en los secretos del terreno, enemigo de las grandes carreteras, huésped de los rincones ignorados. Y he hallado más hermosas las florecillas de esos bosques y de esos campos que toda la flora delicada de los jardines de lujo y de los tibios invernaderos. A ti va mi saludo, pobreza de la gente humilde, sobria, laboriosa, económica y generosa; pobreza de los campesinos y de los marineros que no envidian a nadie; pobreza de los estudiantes que no tienen más que una cama, una mesa y algunos libros queridos, pero que viven en las alturas y que se sienten más ricos que los amos del mundo; pobreza de los artistas que no tienen más que un amor, la belleza, y una pasión, el ideal; pobreza de los investigadores científicos, que olvidando las horas que pasan y el placer que atrae, van como cazadores por ásperos caminos, por precipicios y oscuridades, siguiendo la fascinadora senda de lo desconocido; pobreza de los pensadores atormentados por el infinito, inclinados sobre los problemas del mundo. Pobreza, ¡yo te saludo!”— Wagner.
La cumbre nos da la lección de enseñarnos a pasar sin comodidades, el desprecio a la comodidad es una de las evidentes superioridades de los pueblos de casta ibérica. — Unamuno
La facilidad tiende al relajamiento del carácter. Si la vida fuera un cuento de hadas, la energía se desvanecería, la inteligencia disminuiría, la moral se resentiría, y una melancolía espantosa invadiría el mundo. Las comodidades y la blandura han precedido a través de los siglos la decadencia de las naciones. Las causas de la ruina de Pentápolis fueron “La hartura de pan y el reposo próspero”. La decadencia de los imperios de la antigüedad tuvo las mismas causas y la historia emitirá un juicio semejante sobre algunas
de las grandes naciones de los tiempos modernos. Venus ha resultado más disolvente que Marte.
La degeneración de la raza negra obedece, en parte, a la misma causa. No viéndose obligados a trabajar para comer, se fueron relajando hasta perder la noción de sembrar para recoger, porque no se siembra y se cosecha en el mismo día. El frío, el clima adverso, y la civilización ha ido emigrando a las zonas frías. La enseñanza de la historia es que la excesiva abundancia ha sido más perjudicial para los pueblos que una relativa escasez. Comprobamos el mismo proceso en algunos individuos a quienes sonrió la fortuna. Habían empezado bien su carrera, pero cuando alcanzaron el bienestar y la calma olvidaron sus ideales, perdieron la combatividad, y las pasiones se apoderaron de ellos despóticamente. ¡Ojo cuando todo va bien! No abandone su auto vigilancia. Prosiga diariamente la cultura de su personalidad. De ese modo, no sólo evitará la disolución de su individualidad, sino que se hallará preparado para el momento – que siempre llega—en que se renueven las dificultades.
La hora de la victoria no está exenta de escollos y los campeones de la vida no se hallan a cubierto de sus peligros. No se duerma, pues, sobre sus laureles. ¿No fue la causa del hundimiento del “Titánic” la excesiva confianza? No consideraron ni la posibilidad de que pudiera aparecer un obstáculo escondido que fuese capaz de hacerles naufragar. Pero esta confianza ciega no les evitó la ruina que de repente les vino.
Resulta, pues, para los jóvenes, más peligrosa la prosperidad, que la adversidad. La comodidad y la abundancia producen el aletargamiento de las facultades combativas. Pero haciendo frente a los peligros se desarrolla la virilidad.
No le duela el haberse esforzado, aunque no haya logrado el éxito. Más tarde comprenderá que no ha sido un tiempo perdido, porque tales esfuerzos, privaciones y luchas serán los fundamentos de su provenir.
AME LA ADVERSIDAD.
2.- MANTENGA SIEMPRE VIVA LA COMBATIVIDAD. Practique el esfuerzo pequeño
y diario. Este sencillo ascetismo, este pequeño heroísmo, este espíritu de iniciativa, este empleo diario de la fuerza de voluntad es como la prima que se paga en el seguro contra incendios, que no reporta beneficios inmediatos, pero que en la hora del siniestro salva de la ruina.
Si hace esto, cuando llegue la hora de la prueba, cuando el viento de la adversidad arrastre a muchos de los que le rodean como hojas en tiempo otoñal, cuando todo oscile a su alrededor, usted permanecerá firme como una roca, porque habrá mantenido su combatividad.
3.- ANHELE CON AVIDEZ SUBIR MÁS ALTO.- No se detenga en su marcha
ascendente. Aún hay nuevas alturas que escalar. No deje que sus energías duerman, que no sólo se estanca el agua en el valle, sino también en la montaña. Eleve cada año el nivel de su vida. Acreciente su habilidad y prolongue su juventud. Que la aprobación, los aplausos y el triunfo le anestesien. Manténgase alerta y siga trabajando.
CÓMO ABRIRSE PASO EN LA VIDA:
1.- NO SE QUEJE DE SU SUERTE.- No se sienta desgraciado porque las puertas de la prosperidad no se le abren de par en par. Llegará el día en que reconozca que fue mejor así, que se las abriese con su esfuerzo en lugar que se abriesen como por obra de magia. Se equivoca, querido joven, si piensa que toda la prosperidad que ve a su alrededor significa facilidad y que el turno de gozarla le llegará sin más esfuerzo de su parte, se equivoca. Vivir es luchar y ese progreso es hijo de prolongados esfuerzos y de gigantesca lucha. Lejos de quejarse, debe decirse que aun en medio de la suerte más adversa usted puede contribuir en algo al mejoramiento del mundo.
2.- APRENDA A LA PERFECCIÓN UN OFICIO.- Todo joven y toda joven deberían tener un oficio, aunque no lo necesitasen, ya por tener una profesión liberal, ya por dedicarse al comercio o por disponer de una buena posición económica. Quiero insistir en el valor y en la dignidad de un trabajo útil para hacer frente a las realidades de la vida. Sea el mejor en su oficio. A pesar de la crisis y de la guerra, el que era el mejor en su oficio ha conservado un buen puesto. Mejore su rendimiento aumentando su habilidad y desarrollando la iniciativa. No cambie de trabajo, salvo por motivos muy justificados. La perfección está reñida con los continuos cambios.
La alucinación que padecen muchos jóvenes por oficios ajenos al suyo se debe sencillamente a que en el propio no ven más que arduas labores. Mientras que los ases de una profesión aparecen en el mundo como estrellas de primera magnitud, los fracasados no se ven. Sin embargo, ¡cuantos se han perdido en la inmensidad de las colonias o malgastado su juventud detrás del cine o se han estrellado en la aviación!
¿Qué poderosas razones tiene usted para renunciar a su oficio? ¿No existen en él o en sus afines muchas posibilidades aún para el que sepa desempeñarlo bien?
Muchos jóvenes tienen su porvenir en las nuevas industrias de la electricidad, de la aviación, de la radio. Otros pueden orientarse hacia el comercio hasta lograr su independencia como representantes de casas extranjeras y de productos nuevos. Aquí hay un gran porvenir para los que tienen iniciativa y ganas de trabajar. Los grandes inventos modernos requerirán mercados nuevos en todo el mundo, y el que sepa introducirlos y propagarlos, sobre todo si obtiene exclusivas, tendrá en sus manos un buen asunto.