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Academic year: 2021

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Comentarios de FranCisCo Javier Gil a la ConFerenCia de PatriCia mCdonouGh

Francisco Javier Gil*

d

esde hace veinte años, académicos de la Universidad Católica Silva Henríquez, Universidad de Chile y de Santiago y algunos de regiones, hemos estado preocupados por el tema del acceso a la educación superior y haciendo públicos los profundos problemas, las oscuridades y también lo muy positivo, que tiene el sistema de ingreso. Durante este tiempo, hemos ido descubriendo aspectos que hemos querido compartir con el país, no sin dificultades. La primera organización que toma en cuenta el problema de la inequidad en el acceso a la educación postsecundaria en Chile no es nacional sino que extranjera, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, UNESCO, que al conocer lo que ocurre en el país decide crear una Cátedra UNESCO sobre inclusión en educación superior, que presido y desde la cual estamos trabajando en varias universidades.

Pienso que el Consejo Nacional de Educación (CNED) dio en el clavo al tratar en este encuentro académico el acceso a la información, primer problema para acceder a la educación terciaria. Los jóvenes de los colegios no conocen todos los sistemas de ingreso, no saben todos los beneficios de los cuales pueden disponer, como por ejemplo la Beca de Excelencia Académica, que tiene relación con la equidad en la entrada, porque a diferencia de todas las otras becas que hay en Chile, no exige un puntaje mínimo en la Prueba de Selección Universitaria, PSU, aspecto ignorado por la mayoría, no solo los estudiantes.

En mi experiencia, no podemos contar con los directores de los colegios como socios para hacer llegar la información a la sala de clases, porque –salvo excepciones– no la saben. Tampoco los podemos contar como socios para que le hagan llegar la información a los profesores. Para una inmensa mayoría de los profesores que están hoy haciendo clases y también los directores, las expectativas sobre el futuro de los alumnos de sus colegios están marcadas por el nivel socioeconómico de donde está ubicado el colegio –les puedo dar testimonio de eso–, hay establecimientos en que

* Exrector Universidad Católica Silva Henríquez. Contacto: [email protected]

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el director dice “el futuro de todos los estudiantes de este colegio es la universidad y además una universidad de elite”. Crean un clima dentro de la institución en esa dirección. Crean expectativas, les muestran a los alumnos las carreras, las becas Pero casi en más de 90% de los colegios el director y los profesores dicen “sabe, aquí no hay ningún alumno que tenga posibilidades de ingresar a la universidad”.

Es así. Hemos ido a los colegios a hablar de estos aspectos y lo que más cuesta es vencer la barrera del director, del jefe de la Unidad Técnico Pedagógica, UTP. No obstante, siempre hay uno o dos o tres profesores en cada colegio que sí creen que hay jóvenes con capacidades para ingresar a universidad. Aun así el ambiente que hay en esos colegios no es favorable a ello. No lo es.

Por eso que, reitero, el paso que está dando el CNED es clave; hacer llegar la información hasta la sala de clase. Ahora, ¿cómo llevar esta iniciativa? Tenemos dos desafíos, hay datos que es muy bueno que los estudiantes conozcan, como los sistemas de becas y cuál es el requisito de puntaje mínimo en la PSU, para acceder al crédito universitario; al Crédito con Aval del Estado; a las becas y para ingresar a las universidades más selectivas, que es de 600 puntos. La escala es desde 150 hasta 850. Las personas que se sacan más de 475 puntos, si uno mira las curvas de distribución normal, es casi el 100% de los jóvenes que fueron a colegios particulares pagados. Pero, existen colegios en que no hay ningún alumno que supere los 450 puntos o 475 puntos. Hay colegios en que nunca en su historia un alumno ha entrado a la universidad, porque los requisitos de puntaje para ingresar son 450 o 475 puntos. Y si alguna universidad dijera “nosotros no vamos a exigir 450, 475 puntos porque somos universidades inclusivas”, pero como para obtener la beca hay que tener 450 puntos o mas, entonces los jóvenes accederían a esa universidad pero no a las ayudas estudiantiles, es decir si llegan a atravesar la puerta de una universidad después no tienen cómo acceder a los apoyos económicos.

Reitero, es una muy buena idea llegar a los colegios para mostrarles todo lo bueno que hay, pero hay otras que es casi mejor ignorar. Lo digo con pesar, pero hay aspectos de las cuales no podemos sentirnos muy contentos. Lo positivo, Chile tiene una de las tasas más bajas de analfabetismo del mundo, tiene una cobertura cercana al 100% y hace solo 50 años la cobertura en educación media era de un 50%. Pero, respecto del acceso a la educación superior hay que ser cuidadosos en la información que se entrega a los colegios. Los datos pueden mejorar el contexto, mejorar las expectativas, que se le abran los ojos a los estudiantes y digan “yo tengo una posibilidad de un futuro mejor”. Llevamos casi 20 años tratando de que cambie el contexto en los colegios y también influyendo en políticas públicas, porque saber lo que realmente está pasando no sé si servirá de ayuda a los colegios.

De los jóvenes que salen del colegio hoy día en Chile, solo el 10%, ingresa al año siguiente en una institución del Consejo de Rectores de las Universidades Chilenas, CRUCH. La percepción que hay en el país es equivocadísima, porque

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se piensa que todos los jóvenes que salen del colegio quieren ir a la universidad, y eso no es así. Un poco más de la mitad de los jóvenes rinden la PSU. Los otros no la rinden, aunque es gratuita.

Me refiero a todo lo anterior para mostrar que la calidad de la información que se maneja en Chile no es buena. Por ejemplo, el Ministerio de Educación persuadió a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, OCDE, de que una de las formas de medir la calidad de la educación era usar la PSU. Eso no tiene mucho sentido porque no se puede medir la calidad de la educación en un país, mediante una prueba que rinde un poco más del 50% de los estudiantes, Entonces, se lo hicimos presente a la OCDE. La prueba la dan aproximadamente 250.000 personas y salen del colegio cada año un poco más de 250.000 personas.

¿Pero son las mismas personas? No lo son. Porque cerca del 40% de los jóvenes que rinde la PSU son de las promociones anteriores. Entonces si ustedes quieren medir la calidad de la educación media no se puede hacer a través de la PSU. Aun así está propuesto en los informes internacionales sobre nuestro país.

Entonces, ¿qué información –por eso vuelvo al tema– le entregamos a los colegios?

¿Podemos darle información diciéndoles “en su colegio nunca nadie ha entrado a una universidad selectiva”, si queremos cambiarles el contexto? Porque la idea del Consejo es cambiarles el contexto. Si el joven cambia su percepción cambia el contexto. Se le puede cambiar mejorándole el edificio, mejores profesores, mejores programas, pero cuando uno cambia las perspectivas del joven le cambia radicalmente el contexto;

porque uno es el contexto real y otro es el cómo lo percibe Si comienza a percibir algo distinto cambia el contexto. Desafortunadamente hay colegios donde no es fácil llegar con buenas noticias y de este modo cambiar el contexto.

Otro gran desafío, en el que hemos estado empeñados muchas personas en este país, no es cambiar de un paradigma de mérito a otro; nuestro empeño es hacer convivir simultáneamente dos paradigmas de mérito académico. ¿Cuál es el paradigma de mérito académico para ingresar a la universidad hoy día?, la PSU. Muchos dicen “para entrar a la universidad hay que tener por lo menos 600 puntos en la PSU porque si no es una fraude porque la persona no se va a titular”. Las tasas de titulación en Chile son mucho mejores que en países limítrofes, pero de todas formas en las universidades del CRUCH se titula la mitad de quienes acceden, la otra mitad no lo logra, y eso es una vergüenza. Esta no es una buena noticia para los estudiantes de educación media; en suma decirles que además de las dificultades de acceso y de financiamiento la posibilidad de que se titule es de la mitad es una mala noticia. En las buenas universidades americanas, como Harvard, Columbia o Yale, se titula más del 80% de quienes acceden.

Hoy el paradigma mayoritario es la PSU. Los chilenos tenemos que aceptar que vivimos con dos paradigmas: el paradigma del mérito basado en la PSU y un

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paradigma que nace de otra idea, que las capacidades intelectuales, los méritos, los talentos, las potencialidades, las habilidades están igualmente distribuidas en todos los sectores de la población. Es decir “los talentos están igualmente distribuidos entre ricos y pobres”. Si eso es así, en todos los colegios tiene que haber jóvenes que tienen capacidades, potencialidades y aptitudes para todas las actividades humanas, sin ninguna excepción, incluidas la actividad más propia de la vida universitaria, que es estudiar. Entonces, si se cree en este segundo paradigma, de que las capacidades intelectuales están igualmente distribuidas en todos los sectores de la población, necesariamente tiene que haber colegios donde estudien jóvenes con capacidades intelectuales para la vida universitaria y hay que ir a buscarlos. Si nos quedamos solo con el paradigma de la PSU, se excluye al 80% de los colegios, porque este nos dice que ahí no hay alumnos preparados para la universidad; si creemos en el otro paradigma tenemos que decir “sí hay”, e ir a buscar a esos alumnos. Y a eso es a lo que invitamos al país a hacer, a través de la Cátedra UNESCO.

Hasta ahora ¿qué hemos logrado con tremendas dificultades? En la Universidad de Chile existen los cupos de equidad. Tengo entendido que son 133 cupos para el próximo año, cuyo requisito para ocuparlos es tener notas entre el 5% mejor, y otros exámenes que hace la universidad. En la Pontificia Universidad Católica, en la Escuela de Ingeniería, existe el programa Talento Inclusión, que también está enfocado en buscar jóvenes con los mejores rendimientos en sus respectivos colegios, con notas entre el 5% mejor. Actualmente, hay 9 propedéuticos, programas que toman al 5% de los mejores estudiantes de sus respectivos colegios, durante 4° medio los capacitan y después ingresan a la universidad. Son las universidades las que tienen que ir a buscar a los jóvenes y obviar al director. No siempre, pero muchas veces; entrar por la ventana, porque los profesores tampoco creen, y llegar al joven que es nuestro aliado. Los jóvenes han sido nuestros aliados en toda la experiencia de propedéutico que desarrollamos a través del país, porque el joven no está con el paradigma antiguo, “no, en este colegio no hay ningún joven que tenga capacidades intelectuales para la vida universitaria”. Ellos creen que sí los hay. Los estudiantes de generaciones anteriores son nuestros aliados, los jóvenes que ya están en las universidades chilenas gracias a estos sistemas de admisión.

Son ellos los que están cambiando el contexto en sus colegios. Son los testimonios de que es posible.

En definitiva, creo que de la experiencia norteamericana tenemos que mucho que tomar y llegar a los colegios con toda la oferta educativa, las becas y todos los beneficios. Sin embargo, consideremos que aun cuando vivimos en un país en que estamos atrapados en un paradigma que nos hace daño por lo menos aprendamos a convivir con las dos perspectivas; el paradigma clásico de la PSU y el paradigma de que los talentos están igualmente distribuidos. Este es tan válido o aun mejor que el otro.

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¿Y por qué digo “tenemos que aprender a convivir”? Porque la Universidad de Santiago de Chile, entre el año 1992 y el 2004, a los alumnos mejor evaluados de los colegios les bonificaba su puntaje, justamente porque las diferencias de puntaje son tan grandes entre un establecimiento y otro. A los alumnos de mejor rendimiento escolar –era el 15% en esa época– se les daba un bono, que el honorable Consejo de Rectores prohibió. El argumento oficial para prohibirlo fue que demoraban tres días en hacer los cálculos para saber quiénes eran los jóvenes que tenían las notas del 15% mejor del establecimiento, entre los que rendían la PSU. Ese argumento es obviamente inverosímil.

Vivimos en un país que es complejo. Estados Unidos es un país donde la gente cree, salvo excepciones en la igualdad de oportunidades, cree en la potencialidad de los individuos, pero nosotros no. Una experiencia para compartir: el año pasado fuimos al barrio Estación Central, para informar a los jóvenes sobre requisitos para la Beca de Excelencia Académica. Y ellos decían “¿pero cómo? si yo tengo solo 400 puntos, ¿cómo voy a tener beca?”. Nosotros les respondíamos, sí puedes obtenerla porque la Beca de Excelencia Académica es para jóvenes que tienen notas en el 5% mejor” sin importar el puntaje PSU. Se iban felices cuando sabían que tenían derecho a ese beneficio. Por eso es que hay que ir a los colegios y decirles que tienen esas oportunidades, pero tengamos en cuenta que vamos a tener más dificultades que en Estados Unidos; porque en ese país la mayoría cree que los talentos están igualmente distribuidos entre ricos y pobres y en Chile no.

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