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ZACARÍAS Capítulos 7:12-8:3

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PROGRAMA No. 1236

ZACARÍAS

Capítulos 7:12 - 8:3

Continuamos hoy, amigo oyente, nuestro viaje por este libro de Zacarías, y estamos en el capítulo 7. En nuestro programa anterior, estábamos tratando con la pregunta que habían hecho aquellos que vinieron de Betel, personas que pertenecían a las así llamadas diez tribus perdidas; sólo que éstas no estaban perdidas, sino que estaban perdidas solamente en el sentido de que no conocían a Dios y se habían apartado de Él. Ellos ayunaban, habían llorado, lamentado, y pasado a través de ritos de la religión, pero Dios no había respondido. Y ellos se preguntaban por qué. De modo que, vino Palabra de Jehová al profeta Zacarías, y él lo presentó de una manera muy clara: Y cuando el corazón está bien, el rito está bien, pero cuando el corazón anda mal, el rito no ayuda para nada. Cuando el corazón está mal, el rito está mal.

Y ese era el problema, que sus vidas andaban mal. Y mientras usted, amigo oyente, no arregle su vida, no vale la pena hacerse religioso. Porque esto en realidad hace de usted un hipócrita. A esa clase de gente el Señor Jesucristo la llamaba hipócrita. Ahora, usted ha notado, suponemos, que el Señor Jesús nunca llamó a un creyente hipócrita. Y en la Biblia, usted nunca encuentra a un verdadero creyente que se le llame hipócrita. Son aquellos que pretenden, aquellos que tienen religión, es a ellos a quienes el Señor Jesucristo les dice que han lavado el vaso por fuera, pero que por dentro estaba podrido. Así es que este era el problema que existía con esta gente. Y Dios les señaló los Diez Mandamientos. Primero, Él les señaló los mandamientos que se relacionan con el hombre, cómo estaban comportándose en los negocios, en la vida social, en la vida del hogar. Y cuando Él hizo eso, entonces se mostró lo que ellos eran en realidad. Y era por eso que Dios no había escuchado ni respondido sus oraciones.

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En nuestro programa anterior, estuvimos hablando de que ellos no quisieron escuchar a Dios. El versículo 11, dice: Antes volvieron la espalda y taparon sus oídos para no oír. Es como cuando un niño no se está comportando bien en la iglesia, y uno trata de lograr su atención poniéndole la mano en el hombro, pero él le da la espalda. Pues, bien, eso era lo que estaba haciendo esta gente, estos malcriados que vinieron de Betel; en realidad, toda la nación se estaba comportando de esa manera. La razón por la cual ellos fueron a la cautividad no fue porque no tenían luz, sino porque Dios les había tocado en el hombro, los profetas les habían hablado, pero ellos no quisieron escuchar. Taparon sus oídos y le volvieron la espalda a Dios.

Ellos habían quebrantado los mandamientos que tenían que ver con Dios. Y por tanto son culpables ante Dios. Y el pasar por un rito religioso no les ayuda a ellos para nada. Y ahora, en el versículo 12 de este capítulo 7 de Zacarías, leemos:

12

y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros; vino, por tanto, gran enojo de parte de Jehová de los ejércitos. (Zac. 7:12)

Y la destrucción de Jerusalén por Nabucodonosor, y cómo él se llevó a esta gente cautiva a Babilonia, fue algo muy triste, fue algo muy trágico, algo terrible. Y ellos eran religiosos; ellos habían cumplido con los ritos; pero sus corazones estaban lejos de Dios. Eran una deshonra para Él. Y luego, en el versículo 13, leemos:

13

Y aconteció que así como él clamó, y no escucharon, también ellos clamaron, y yo no escuché, dice Jehová de los ejércitos; (Zac. 7:13)

Dios dice que Él había clamado a ellos, que en cierto sentido hasta había argumentado con ellos, pero ellos no le habían escuchado. Y entonces, tuvieron problemas. Y ellos decían que no querían ir a la cautividad. Que iban a regresar. Y Dios dijo: Yo no les escuché. Él no les había escuchado. Y hay muchas oraciones, amigo oyente hoy, que Dios no escucha. A veces uno ve un programa de televisión, muy sentimental, una de esas historias que a veces hacen llorar a las personas, donde una persona maleante, ya sea un hombre o una mujer, que vive una clase de vida

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perdida, y tienen un niño pequeñito y este niño enferma y entonces se arrodillan al lado de la cama y le ruegan a Dios que sane a ese niño. Pero, amigo oyente, no creemos que Dios les vaya a escuchar. Hablando francamente, debemos arreglar las cosas primero con Dios y confesar ante Él lo que somos, lo que hemos hecho, antes de poder llegar a Él en oración. Todo esto, no es otra cosa, sino sencillamente una suerte religiosa. Eso es todo lo que es. Eso no le lleva a usted a ninguna parte, amigo oyente. Y eso es lo que él está aclarando para esta gente. Ahora, en el versículo 14 de este capítulo 7 de Zacarías, leemos:

14

sino que los esparcí con torbellino por todas las naciones que ellos no conocían, y la tierra fue desolada tras ellos, sin quedar quien fuese ni viniese; pues convirtieron en desierto la tierra deseable. (Zac. 7:14)

Ahora, quisiéramos que usted tome nota de esto, amigo oyente. Dios dice que Él ha convertido en desierto la tierra deseable. Él no sólo ha juzgado a la gente, sino que ha juzgado a la tierra. Y hay muchas personas que van a visitar ese lugar hoy, y quedan desilusionados por lo que ven, porque han oído hablar de ese lugar como la tierra que fluye leche y miel. Y así fue en el tiempo pasado. Ese fue un lugar muy parecido al Edén, hace mucho tiempo. Pero usted va a visitar ese lugar hoy, y puede escuchar a mucha gente que trata de engañarse a sí misma diciendo: “Ah, qué tierra más hermosa es esta”. Amigo oyente, ese es un lugar que es lleno de rocas y piedras, muy seco, desolado, y si alguien puede encontrar algo hermoso en un viaje de Jerusalén a Jericó hoy y al Mar Muerto, pues, nos gustaría que nos lo dijeran. Ese es un lugar desolado, un desierto. Y hay muy pocos lugares hermosos en esa tierra hoy. Pero antes era una tierra deseable, pero ahora, es un lugar desierto, desolado.

Una de las pruebas de que la profecía hoy no está siendo cumplida en cuanto a ese lugar se refiere, es el hecho de que esa tierra no ha sido restaurada aún. Sí, ya sabemos que ellos han regresado a ese lugar, y que han llegado a ser una nación, y que han tenido problemas desde el principio. Y hay personas que nos informan que los impuestos en Israel han sido los más altos del mundo. ¿Va usted a llamar a ese lugar la tierra prometida y va a decir que Dios es culpable de eso? No creemos nosotros que Él les haya hecho regresar a ese lugar en el presente.

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Se dice que un 20% de las personas que están allí hoy quieren irse de ese lugar. Y, ¿qué haría eso a esos intérpretes hoy, a esos maestros de la Biblia que se van de un lado para otro tratando de fechar todo con el comienzo de la nación de Israel? Amigo oyente, ese es un lugar desértico, desolado, y llegará a ser una tierra deseable algún día. Y con esto, entramos ahora al capítulo 8 de Zacarías.

Y en este capítulo, encontramos la tercera explicación de parte de Dios para esta gente, en cuanto a lo que ellos decían: “Bueno, nosotros hemos llevado a cabo el rito y la liturgia, ¿por qué no nos ha bendecido Dios?” Y la respuesta es esta: que cuando el corazón anda bien, el rito está bien. Y cuando el corazón anda mal, entonces el rito está mal. O sea que, el rito no tiene nada que ver con todo esto. Algunos llaman a esto una respuesta positiva. Y amigo oyente, esto es positivamente positivo; el propósito de Dios en cuanto a Israel no es cambiado por ningún rito, ya sea que lo esté haciendo o no lo esté haciendo; usted no va a cambiar el plan y el propósito de Dios. Y gracias a Dios por eso: que Él llevará a cabo Su plan y Su propósito. Y esto hace de este capítulo 8 de Zacarías, algo sobresaliente.

Ahora, hay ciertas palabras que se mencionan aquí en este capítulo que son importantes, muy importantes. Quizá usted podría hallar el significado de este capítulo en estas palabras, y son cinco. Y quisiéramos destacarlas. Una de ellas es la expresión “Jehová de los ejércitos”. Esta es la interpretación que sigue el Dr. Unger y es una interpretación muy literal por cierto. Ahora, “Jehová de los ejércitos” es una expresión que ocurre 18 veces en este capítulo. Aparentemente, Él es muy importante en este capítulo. “Jehová de los ejércitos”. La palabra “Jerusalén” es otra palabra y se menciona 6 veces. “Sion” se menciona una vez. Y Jerusalén es una ciudad geográfica ubicada en Israel, en el medio oriente. Nunca ha cambiado. Aún es el mismo lugar. Y cuando aquí Él dice Jerusalén, él quiere decir Jerusalén. No quiere decir ni Buenos Aires, ni Caracas, ni Bogotá. Cuando Dios dice “Jerusalén”, quiere decir “Jerusalén”. Luego, tenemos la palabra “celo”, es mencionada tres veces. La palabra “remanente” es mencionada dos veces. Y usted recuerda que sólo había un remanente de las doces tribus que regresaron a su tierra. No sólo de las dos tribus. Había muy pocos que regresaron, aun de Judá, menos de 65.000 regresaron a su tierra. Ahora, las otras palabras destacadas son: “Así ha dicho Jehová”. Esta expresión ocurre 11 veces. Y cuando Dios repite esto, amigo oyente, usted sabe lo que quiere

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decir. Esto quiere decir: “Así dice Jehová”. Y no lo que decimos nosotros ni ningún otro hombre, sino que aquí tenemos lo que Dios está diciendo.

A veces las cosas que nosotros decimos en este programa les caen mal a ciertas personas, y nos informan de esto en sus cartas. Ahora, nosotros no estamos transmitiendo este programa para ser populares, amigo oyente, porque si así fuera cambiaríamos el modo de ser. Lo que estamos tratando es de enseñar la Palabra de Dios. Y si a usted no le gusta lo que decimos, es Dios quien lo está diciendo, porque nosotros estamos leyendo lo que dice la Palabra de Dios. Y estamos recorriendo toda la Biblia. Esa es la razón por la cual un libro como Zacarías no se enseña hoy, porque a la gente no le gusta escuchar ciertas cosas. Y estamos agradecidos y a la vez estamos muy sorprendidos, por cierto, de ver la gran cantidad de personas que hoy está escuchando la Palabra de Dios. Es un día muy glorioso en el cual vivimos. No era así hace unos cuantos años.

Ahora, con esto en mente, vamos a entrar en este capítulo 8 de Zacarías diciendo que algunos expositores y comentaristas piensan que este capítulo 8, más que el capítulo 7, coloca los Diez Mandamientos sobre esta gente. Pero, no creemos que eso sea acertado. Nosotros pensamos que en la última parte del capítulo 7 es donde Dios pone los Diez Mandamientos sobre ellos. Ellos fueron pesados en balanza y fueron hallados faltos. No lograron alcanzar las normas de Dios. Pero este capítulo 8, va a tener algo que decir en cuanto a esto. En este capítulo, y especialmente en los primeros 8 versículos, tenemos que el propósito final de Dios no ha cambiado en cuanto a Su pueblo, a la nación de Israel y a esa tierra y a Jerusalén, y en el momento presente, Dios no está cumpliendo ninguna profecía en cuanto a Israel. Hoy Él está tratando con la iglesia, Él está llamando para Sí un cuerpo de creyentes en la iglesia. Y la iglesia e Israel son dos cosas completamente diferentes.

Y cuando Dios termine de haber separado la iglesia, y no sabemos cuándo tendrá lugar esto porque eso no marcha según el calendario de los hombres, sino que está en el calendario de Dios. Pero Él no nos permite verlo a nosotros. Hay algunos que parecen haberlo visto y quieren hacernos creer eso. Pero no creemos que hayan podido verlo, porque Dios es el único que sabe cuándo ocurrirá. Nosotros no lo sabemos. Y esta gente tampoco lo sabe. La Palabra de Dios no

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nos informa en cuanto a esto, cuándo Él va a sacar a la iglesia de este mundo. Pero, cuando Él haga eso, entonces se volverá nuevamente a Su pueblo. Y estas profecías ante nosotros están diciendo sencillamente en este capítulo 8 que el regreso presente de ellos a su tierra es muy pequeño. Pero Dios está diciendo aquí que este es un presagio, un bosquejo en miniatura, del regreso a esa tierra que vendrá en el futuro. Veamos entonces lo que dicen los primeros dos versículos de este capítulo 8 de Zacarías:

1

Vino a mí palabra de Jehová de los ejércitos, diciendo: 2Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Celé a Sion con gran celo, y con gran ira la celé. (Zac. 8:1-2)

Cuando Dios habla de ser celoso, amigo oyente, no es lo mismo que cuando un hombre es celoso. Pero, indica que Dios piensa de la misma manera. Nos da lástima a veces escuchar a una mujer decir: “¿Sabe una cosa? Mi marido no es celoso”. Bueno, amigo oyente, eso quiere decir que no la ama. Que es cierto lo que dice. Esperamos que él tenga un poco de celo. Yo no sé en cuanto a usted, amigo oyente, pero yo sí siento celos por mi esposa. Me casé con ella porque la amo, y no quiero compartirla con ninguna otra persona, y no lo voy a hacer, por cierto. Me siento celoso de ella. Y Dios dice eso en cuanto a Su pueblo, y también lo dice a la iglesia hoy.

Amigo oyente, si usted piensa que puede vivir para el mundo y la carne y el mal, y luego servir a Dios los domingos, pues usted está tremendamente equivocado. Porque eso no da resultado. Si usted es Su hijo y trata de hacer eso, Él le juzgará y por cierto que le va a juzgar. Pero si usted está viviendo de esta manera, esto indica que usted no es un hijo de Dios, porque Él es celoso de los Suyos. Y Él nos ha dicho en cuanto al pecado en nuestras vidas: Si vosotros os

juzgáis a vosotros mismos, entonces no seréis juzgados. Y Él dijo: Si confesáis vuestros pecados, Él os perdonará. Y tiene que haber confesión, y usted no puede tener comunión con Él

y tener pecado en su vida, amigo creyente. Continuamos aquí con la lectura y veamos lo que nos dice el versículo 3 de este capítulo 8 de Zacarías:

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3

Así dice Jehová: Yo he restaurado a Sion, y moraré en medio de Jerusalén; y Jerusalén se llamará Ciudad de la Verdad, y el monte de Jehová de los ejércitos, Monte de Santidad. (Zac. 8:3)

Bien, amigo oyente, eso no fue cumplido entonces, lo que es algo obvio para esa gente. Esto mira hacia el futuro. No ha sido cumplido desde entonces, y no está siendo cumplido en el presente. Dios lo expresa aquí de una manera muy clara, que Él va a regresar a Sion. Y Él también indica sin lugar a duda que va a morar en medio de Jerusalén, y que Jerusalén se llamará el lugar de la verdad. Y, amigo oyente, en esta ciudad hoy hay más religiones de las que uno se pueda imaginar. Y cada organización cristiana tiene que tener algo en ese lugar, y hay multitud de cultos y sectas allí. Hoy pues, no es la ciudad de la verdad ni el monte de Jehová de los

ejércitos, monte de santidad. En ese lugar usted no puede ver nada que pueda llamarse santo

hoy. No es santo hoy, amigo oyente. Lo será cuando Él regrese a ese lugar. Pero no está allí todavía. Esta profecía, que vamos a considerar en más detalle, Dios mediante, en nuestro próximo programa, mira hacia el futuro. Dios les está diciendo a ellos que han regresado en miniatura, pero que en realidad no han regresado a Él. Pero llegará el día cuando todo esto será cumplido. Amigo oyente, aquí tenemos un cuadro maravilloso por cierto.

Y bien, vamos a detenernos aquí por hoy, y continuaremos, Dios mediante, en nuestro próximo programa. Le invitamos pues, a sintonizarnos.

Mientras tanto, amigo oyente, le sugerimos leer los siguientes versículos de este capítulo 8 de Zacarías para informarse mejor de lo que hemos de considerar en nuestro próximo estudio. Las notas y bosquejos que ofrecemos serán de gran ayuda para una mayor comprensión del estudio de la Palabra de Dios. Si usted no ha recibido todavía este material, puede solicitarlo a la dirección que en breves instantes daremos a usted. Le recordamos que las notas y bosquejos son sin costo alguno para usted y le harán más fácil el estudio de la Palabra de Dios. Al escribirnos, recuerde indicar con toda claridad y precisión sus datos personales, es decir, su nombre y dirección completos y en orden, sin que falte ningún detalle, pues todos estos datos personales son de importancia para hacerle el envío de este material sin contratiempo a su dirección. Esperamos

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recibir su carta lo más pronto posible. Será pues, hasta nuestro próximo programa, amigo oyente, es nuestra oración ¡que Dios colme su vida de Sus ricas y abundantes bendiciones!

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