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Aproximación a la clasificación de metáforas en corpus orales

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Academic year: 2020

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(Universidad de Granada)

APROXIMACIÓN A LA CLASIFICACIÓN DE METÁFORAS

EN CORPUS ORALES1

Fecha de recepción: 12.02.2018 Fecha de aceptación: 15.05.2018

Resumen: El  principal objetivo de  esta investigación radica en  la  propuesta de  una nueva clasifi cación de las metáforas cognitivas vivas, basándonos en los trabajos de Lakoff y Johnson (1980) y de Iñesta Mena y Pamies Bertrán (2002). A diferencia de estos investigadores, nosotros no elaboramos una clasifi cación apriorística, sino que partimos de los ejemplos de un corpus oral, el corpus PRESEEA de Granada (Moya Corral 2007, 2008, 2009). El modelo que hemos utilizado para la  elaboración de  nuestra clasifi cación ha sido fundamentalmente el  de  Iñesta Mena y  Pamies Bertrán (2002). A  partir de  ahí, hemos visto necesaria la  propuesta de  una nueva clasifi cación en la que se distingan las metáforas vivas de las metáforas fraseologizadas, y  donde se establezcan las  metas más productivas según el  uso que los  hablantes hagan de  ellas, pues esta es una de  las  carencias del  modelo de  Iñesta y  Pamies. En  este sentido, las metas que introducimos son las relativas al TIEMPO, a la MENTE, al AMOR, a la SALUD y al OBJETO. Además, en esta clasifi cación tampoco introducimos la fraseología y, sin embargo, Iñesta y  Pamies mezclan ambos tipos de  datos porque, en  muchas ocasiones, los  límites no son discretos. Hemos comprobado que el  uso de  las  unidades fraseológicas es muy elevado con respecto al uso de las metáforas –5.434 unidades fraseológicas frente a 991 metáforas–. Por otra parte, para comprobar si las variables sociolingüísticas infl uyen en el uso de las metáforas habría que ampliar la muestra en un futuro y hacer el estudio con la totalidad de la muestra del corpus de Granada. También sería muy interesante comparar esta muestra con la de corpus americanos para llegar a conclusiones más defi nitivas.

Palabras clave: metáforas, clasifi cación, corpus oral, sociolingüística, unidades fraseológicas

Title: Aproximation to the Classifi cation of Metaphors in Oral Corpus

Abstract: Th e  main purpose of  this study is to  create a  new classifi cation of  living cognitive metaphors, based on  the  studies carried out by  Lakoff ’s and Johnson (1980) and also those by  Iñesta Mena and Pamies Bertrán (2002). Unlike these researchers, we do not elaborate an  aprioristic classifi cation, but we depart from the  examples that belong to  an  oral corpus: the corpus PRESEEA from Granada (Moya Corral 2007, 2008, 2009). Th e model we use to create our classifi cation is fundamentally based on Iñesta and Pamies’ taxonomy (2002). From there,

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we thought it was necessary to propose a new classifi cation in which we can distinguish between living metaphors and phraseologized metaphors. We also need to establish the most productive objectives depending on how informants use them, which happens to be one of the defi ciencies we fi nd in the Iñesta and Pamies’ model. Th e objectives we introduce are related to TIME, MIND, LOVE, HEALTH and OBJECT. Moreover, in this classifi cation we do not introduce phraseology. Nevertheless, Iñesta and Pamies mix both kinds of  data because the  limits between the  two are not really clear. Th e use of phraseologized units is much higher in comparison to the use of metaphors –5.434 phraseologized units against 994 metaphors. On the other hand, to verify if sociolinguistic factors have any infl uence on the use of metaphors we would need to amplify the sample in a future study and we would need to carry out the study with the entire corpus from Granada. It would also be interesting to  compare this sample with an  oral American corpus to come to defi nitive conclusions.

Keywords: metaphors, classifi cation, oral corpus, sociolinguistics, phraseologized units

La metáfora […] impregna la vida cotidiana, no solamente el lenguaje, sino también el pensamiento y la acción. Nuestro sistema conceptual ordinario; en términos del cual pensamos y actuamos, es fundamentalmente de naturaleza metafórica. (Lakoff y Johnson 1980: 39)

INTRODUCCIÓN

Las metáforas que utilizamos en la vida cotidiana se fi jan por convención y represen-tan un bagaje cultural que es diferente según la sociedad y el país al que nos refi ramos. De hecho, muchas de ellas incluso no tienen traducción en otras lenguas porque nacen en España o Hispanoamérica, y tienen que ver con la cultura local.

Por otro lado, también hay otras expresiones que contienen locuciones nominales de naturaleza metonímica que se mantienen por sí solas (Lakoff y Johnson 1980: 94-95), como ya se comentó en un artículo publicado anteriormente (Martín García 2017: 50). Así ocurre con cabeza de ajos manojo de nervios.

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encuen-tra arraigado en el acervo cultural del que se impregna la propia lengua. En la conver-sación hay una diferencia entre lo que se dice de manera literal y lo que se dice a través de las metáforas o de otros mecanismos propios del lenguaje fi gurado (ironía, metoni-mia), pues en estos casos la conversación tendrá éxito si el destinatario hace un proceso de inferencia y no interpreta el mensaje de manera literal. Es lo que se conoce como impli-catura (Grice 1991). Por tanto, el uso del lenguaje fi gurado es una gran fuente de produc-ción de signifi cados.

Algunos antecedentes teóricos

Los antecedentes que existen sobre el estudio de las metáforas son numerosos. En pri-mer lugar, partiendo de los inicios, el priEn pri-mero que dio una explicación coherente sobre la metáfora fue Aristóteles en su Poética.Para él, “la metáfora consiste en trasladar a una cosa un nombre que designa otra, en una traslación de género a especie, o de especie a género, o de especie a especie, o según una analogía” (Aristóteles 2004: 1457b). Nos muestra su teoría de la comparación, en la que la metáfora se considera una compara-ción implícita según una determinada relacompara-ción de analogía. En su obra Retórica realza el valor de la metáfora en el lenguaje poético de la siguiente manera: “el buen uso meta-fórico es muestra del ingenio” (1990: 1406b).

En el ámbito hispánico, hay algunos antecedentes importantes como Gómez Hermo-silla (1826), Cuervo Urisarri (1893) y Ortega y Gasset (1924), que estudiaron las metáfo-ras desde distintos puntos de vista. Ya en la primera mitad del siglo XX se produce una división entre los enfoques que se han adoptado en torno a la metáfora. Por un lado, se consideraba que era la mayor manifestación de la potencia creadora del lenguaje, pero también se resaltaba su uso secundario con respecto a la norma lingüística y al sentido literal del lenguaje corriente (Casadio 1996: 16).

El tema de nuestro trabajo se sustenta a partir del paradigma de la lingüística cog-nitiva. El nacimiento de este modelo lingüístico no es un hecho que se pueda aislar poniendo una fecha, sino que surge a partir de la infl uencia de modelos anteriores. Pode-mos decir que nace en California y que sus “padres” son George Lakoff , uno de los prin-cipales representantes de la semántica cognitiva, que destaca sobre todo por su teoría conceptual de las metáforas, y Ronald Langacker, quien también formó parte del Gene-rativismo y presentó su gramática cognitiva desde una posición distinta a la generativa, desarrollando los aspectos relativos a las categorías y a las construcciones gramaticales.

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de los primitivos conceptuales universales. El resultado fi nal de esta búsqueda de pri-mitivos universales léxicos y, por último, de patrones sintácticos universales es la cons-trucción a gran escala de un metalenguaje semántico natural (Wierzbicka 1996: 31-32). La autora explicaba las diferencias culturales que existían en las expresiones metáfo-ricas idiosincrásicas que mencionábamos al comienzo de este trabajo, pues son propias de cada lengua y representan una forma de pensar, de vivir, de relacionarse y, por tanto, son de una gran riqueza cultural, hasta el punto de identifi carlos con espejos de su cul-tura: “since languages are the best mirror of human cultures, therefore it is through the vocabulary of human languages that we can discover and identify the culture-specifi c conceptual confi gurations characteristic of diff erent peoples of the world” (22).

En la actualidad, el cognitivismo se considera poco preciso. Gibbs, desde el campo de la psicología, se plantea qué es lo cognitivo de la lingüística cognitiva. Sugiere que la lingüística cognitiva tiene el signifi cado que le caracteriza por el adjetivo cognitiva al incorporar datos provenientes de distintas disciplinas cognitivas y, sobre todo, por-que en  ella se “buscan activamente las  correspondencias entre el  pensamiento con-ceptual, la experiencia corpórea y la estructura lingüística” (1996: 49). Como vemos, el cognitivismo estudia y se propone investigar sobre las propias relaciones entre pen-samiento y lenguaje y descubre fenómenos que no se habían tenido en cuenta ni por lingüistas ni por psicólogos del lenguaje; lo que permite considerar a la lingüística cog-nitiva como un paradigma lingüístico diferenciado es que “las categorías lingüísticas no son autónomas respecto a la organización conceptual general y a los mecanismos de procesamiento” (31).

Pero la lingüística cognitiva adopta una perspectiva de la Filosofía del Lenguaje por la infl uencia que ejercen en ella las fi guras de Lakoff y Johnson, que es la conocida como “experiencialismo”o “realismo experiencial”,en contraposición al “objetivismo”(1980). El experiencialismo considera que el lenguaje se basa en la experiencia del mundo que lo rodea y subraya la importancia del cuerpo humano en la comprensión de los concep-tos, que es lo que se denomina “corporeización del lenguaje”.Esta concepción es la que defi enden autores como Inés Olza Moreno en su libro Corporalidad y lenguaje (2011), que habla de los “somatismos” pero desde el punto de vista de la fraseología, en con-creto, de la fraseología sincrónica.

Nosotros podemos matizar que no todas las unidades que contienen el nombre de par-tes del cuerpo humano son realmente unidades fraseológicas, pues muchas de ellas sur-gieron en el ámbito metafórico. Sin embargo, todavía hoy existen metáforas del cuerpo vivas, como es el caso de “no funcionar bien la cabeza”(META 2 MENTE2), “llenar

a alguien”[el estómago](a partir de una idea o una persona),META 2 MENTE, modelo icónico 6 las ideas son cosas, (ARCHIMETÁFORA 1 LAS IDEAS SON COMIDA), según nuestra propuesta.

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El problema del trabajo de Olza Moreno (2011), como el de Iñesta Mena y Pamies Bertrán (2002), es que se utilizan unidades fraseológicas metalingüísticas con  base en las metáforas y metonimias conceptuales, por lo que podemos ver que se confun-den ambos conceptos, porque en unos contextos se dice que son metáforas y en otros que son unidades fraseológicas. Además, Olza Moreno las denomina, en concreto, uni-dades fraseológicas somáticas metalingüísticas, es decir, son uniuni-dades semánticamente transparentes en la mayoría de los casos y para su análisis se han empleado teorías cognitivas. Se dice que el objetivo de su libro es “analizar una muestra representativa de la conceptualización fi gurada –metafórica y metonímica– del lenguaje” (2011: 20). Pero, sin embargo, también se menciona que el  objeto fi nal de  estudio responde a la necesidad de analizar un corpus de unidades fraseológicas con autonomía y cohe-sión fi gurativas. Puede parecer, por tanto, que no se diferencia muy bien entre metá-foras y unidades fraseológicas o que se las considera un todo, pues en algunos pasajes del libro parece que las iguala.

Volviendo al tema que nos ocupa, la infl uencia de Lakoff y Johnson con respecto a las metáforas, en sus trabajos se plasman referencias a autores anteriores con teorías diferentes que se pueden unifi car en dos ejes, que son los siguientes:

1) Las metáforas impregnan el lenguaje cotidiano, formando una red compleja e inte-rrelacionada para la que tienen pertinencia tanto las creaciones más nuevas como las “fosilizaciones”.

2) La existencia de esta red afecta a las representaciones internas, a la visión del mundo que tiene el hablante. (Millán y Narotzky 1986: 12)

Estos dos ejes se inspiran en la teoría de Sapir (1921) y Whorf (1956). Lakoff y Johnson (1980), aunque parten de una hipótesis muy cercana a los planteamientos de Whorf, pre-sentan un modelo dialéctico en el que la experiencia y los campos metafóricos del len-guaje se generan y modifi can en un enfrentamiento continuo. Así, Lakoff y Johnson distinguen entre metáforas orientacionales (Arriba/Abajo); metáforas ontológicas (Enti-dad/Substancia/Contenedor) y metáforas estructurales o conceptuales. Lakoff y Johnson toman de la teoría de Whorf la vitalidad que se le dota a ciertas formas fosilizadas de una lengua en lo que tiene que ver con el conocimiento, y lo explican como prosigue:

Expresiones como “perder el tiempo”, “atacar posiciones”, “ir por caminos distin-tos”, etc., son refl ejo de conceptos metafóricos sistemáticos que estructuran nuestras acciones y nuestros pensamientos. Están vivos en el sentido más fundamental: son metáforas mediante las que vivimos. El hecho de que estén fi jadas convencionalmente al léxico no las hace menos vivas. (95)

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El nacimiento de la fraseología y su infl uencia en la semántica cognitiva

A propósito de lo que ya comentábamos sobre los límites no discretos, se aplica perfecta-mente a la disciplina de la Fraseología, ya que los tipos de unidades léxicas que incluyen pre-sentan algunos rasgos que se manifi estan en mayor o menor medida, pero no tienen por qué aparecer todos (Ruiz Gurillo 1998: 12-13). Esto se debe a una trayectoria de trabajos e inves-tigaciones fraseológicas poco homogéneas a la hora de delimitar su propio objeto de estudio. El término fraseología se aplica, en principio a dos nociones: por un lado, distingui-mos entre el conjunto formado por las unidades fraseológicas y, por otro, a la ciencia que las estudia (Iñesta Mena y Pamies Bertrán 2002). La fi jación es un rasgo formal que se manifi esta en el nivel sintáctico restringiendo la combinatoria gramatical y el orden de los componentes. Cuando la especialización semántica se manifi esta en su grado más alto, llegamos a la idiomaticidad,que afecta a la mayoría de las unidades fraseológicas, pero no a todas, ya que existen unidades fraseológicas fi jas pero no idiomáticas (esto es lo que ocurre con las colocaciones). Una unidad fraseológica es idiomática cuando su signifi cado no puede deducirse del signifi cado de sus constituyentes y, en este sentido, es pertinente el tema de las metáforas, pues muchas de las unidades fraseológicas con-sideradas como idiomáticastienen un origen metafórico.

Hay distintas clasifi caciones en torno a las unidades fraseológicas, ya que el número de subclases puede variar en función de los límites que cada concepción establece sobre el ámbito fraseológico, y este es el problema básico de esta disciplina. De hecho, esto depende de si distinguimos entre la “concepción ancha”o la “concepción estrecha”de la fraseología. En España, el lexicógrafo que inicia los estudios fraseológicos modernos fue Julio Casares Sánchez (1950), quien dedicó un capítulo de su Introducción a la lexicografía moderna a la locución, frase proverbial, refrán y modismo.Esta es la primera clasifi ca-ción global de las expresiones fi jas en nuestra lengua.

Posteriormente, ha habido muchos estudios sobre fraseología en el ámbito hispá-nico como Introducción al estudio de las expresiones fi jas de Zuluaga Ospina (1980),

Fraseología y contexto de Tristá (1988), Manual de Fraseología española de Corpas Pas-tor (1996), La fraseología del español coloquial de Ruiz Gurillo (1998), Teoría fraseoló-gica de las locuciones particulares. Las locuciones prepositivas conjuntivas y marcadoras en español de Montoro del Arco (2006), etc.

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OBJETIVOS

El  objetivo principal de  nuestro trabajo es la  propuesta de  una nueva clasifi cación de las metáforas cognitivas vivas basándonos en los trabajos de Lakoff y Johnson (1980) y de Iñesta Mena y Pamies Bertrán (2002). Sin embargo, a diferencia de estos estudiosos, nosotros partimos de los ejemplos de un corpus oral, el corpus PRESEEA de Granada (Moya Corral 2007, 2008, 2009).

El uso de las metáforas de la vida cotidiana a partir de corpus orales nos ha resul-tado interesante porque permite analizar una muestra de Granada teniendo en cuenta las variables propias de la sociolingüística, es decir, la edad, el sexo y el nivel de estudios. Estos ejemplos de uso permiten analizar si ciertas metáforas se emplean de manera más continua o discontinua en la conversación y entre qué grupo de hablantes es más habitual.

Como objetivos más particulares nos proponemos los siguientes:

a) Dividir las  metáforas entre metáforas vivas y  unidades fraseológicas a  partir de los textos del corpus oral citado.

b) Proponer una nueva clasifi cación exclusivamente de  metáforas vivas a  partir de los ejemplos extraídos.

c) Iniciar el estudio según variables sociolingüísticas.

d) Realizar el tratamiento cuantitativo de los datos obtenidos.

Para cumplir estos objetivos que nos proponíamos en un principio, ha sido necesario un tratamiento de etiquetado, extracción de resultados y análisis de los mismos. Vimos necesario proponer una nueva clasifi cación centrada exclusivamente en las metáforas, pues últimamente se tienden a mezclar ambas realidades –la metafórica y la fraseoló-gica– y, en muchos casos, no logramos distinguir bien la diferencia entre un proceso metafórico y una locución verbal.

METODOLOGÍA

La muestra con la que se ha trabajado en la investigación ha sido con una población de estudio de 18 hablantes seleccionados a partir del Corpus PRESEEA de Granada (Moya Corral 2007, 2008, 2009)3, que comprende un total de 54 informantes, donde aparecen los hablantes distribuidos por nivel de estudios, edad y sexo, como se puede ver en el cuadro 1. Sin embargo, los datos en los que nos centramos no son directamente

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los correspondientes con la muestra inicial, sino con los ejemplos extraídos de metáfo-ras vivas a partir de esa muestra inicial.

Cuadro 1 Distribución de los hablantes según las variables sociolingüísticas 4

18 infor-mantes

Nivel de estudios

Bajo Medio Alto

Mujer Hombre Mujer Hombre Mujer Hombre

Edad

19-34 GRAN4-M11-041 GRAN-H11-037 GRAN-M12-022 GRAN-H12-021 GRAN-M31-05 GRAN-H31-01

35-54 GRAN-M21-048 GRAN-H21-043 GRAN-M12-024 GRAN-H22-026 GRAN-M32-010 GRAN-H32-07

≥ 55 GRAN-M31-054 GRAN-H31-049 GRAN-M32-036 GRAN-H32-032 GRAN-M33-016 GRAN-H33-013

A la hora de analizar el corpus oral ha sido necesaria una serie de operaciones previas, como la lematización, la segmentación en frases y el etiquetado de acuerdo con la nueva clasifi cación propuesta. Para conseguir esto, hemos utilizado el programa Corpus Tool que permite trabajar con el corpus oral subiendo los archivos en formato .txt. Sin embargo, para poder trabajar con este programa, es necesario crear unos layers o esquemas. De esta manera, una vez se han creado los layers,se puede pasar al etiquetado por segmentos de los textos, pues en ese momento reconoce el programa el lenguaje que se le ha adjun-tado –en nuestro caso, las metáforas y las unidades fraseológicas– y, en el momento en que se quiera etiquetar un segmento determinado, el programa permite seleccionar diferentes posibilidades. Sin embargo, teníamos que partir de la clasifi cación de Iñesta Mena y Pamies Bertrán para poder empezar a trabajar, y una vez obteníamos todos los datos, ya podíamos crear nuestra clasifi cación a partir de los ejemplos que encontrábamos. De esta manera, era necesario suprimir muchos de los modelos icónicos que se daban en la clasifi cación en la que nos basábamos por no estar presentes en nuestra muestra. Así pues, nosotros hacemos una clasifi cación no apriorística al partir de los ejemplos del corpus.

De hecho, estos investigadores la elaboraron teniendo en cuenta las siguientes metas: MIEDO, IRA, INJUSTICIA, COMIDA, HAMBRE, DELGADEZ, LEJANÍA, RAPIDEZ, TRABAJO y POBREZA; aunque especifi can que pueden ser infi nitas.El problema es que

ellos no proponen las metas MENTE y TIEMPO, entre otras, que son muy productivas en la lengua oral, que nosotros sí refl ejamos en nuestra propuesta. Otra problemática de la clasifi cación de Iñesta y Pamies (2002) es que se incluyen tanto metáforas como uni-dades fraseológicas, y en la que nosotros elaboramos simplemente incluimos metáforas y las unidades fraseológicas las tenemos en cuenta en la propia de Fraseología.

De  este modo, el  primer layer titulado metáforas se corresponde con  la  clasifi ca-ción de Iñesta y Pamies (2002), el segundo esquema se corresponde con la clasifi caca-ción de las unidades fraseológicas; mientras que el tercer layer es el correspondiente a las  metá-foras vivas,que es el que proponemos y el objetivo principal de nuestro estudio (cf. Anexo 1). Para ello, hemos tenido en  cuenta las  metáforas de  la  vida cotidiana, pero estruc-turándolas de otra manera, ya que Iñesta Mena y Pamies Bertrán no inciden

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mente en ellas. Ello sucede porque en Fraseología hay un “problema de límites” (García-Page 2008: 10), que se refl eja en cuestiones de clasifi cación y terminológicas, y, en este sentido, ninguna categoría está a salvo. Como indica Manjón-Cabeza (1991) a propósito de la semántica de los verbos en español, en el terreno de la semántica resulta necesario en muchas ocasiones que sea el investigador con su propia intuición y conocimiento el que tome una decisión, aunque para el juicio de otros hablantes, esta decisión no sea la ade-cuada. Sin embargo, sí mantiene una cierta coherencia en el modo de llevar a cabo el aná-lisis y lo lleva a cabo siempre de la misma manera, hay que respetarlo. En esta perspectiva, es fundamental el concepto de continuum que se refi ere a “una masa infi nita de entida-des, de disposición amorfa y previa a cualquier categorización” (Mouré 1996: 274). Para conseguir nuestro objetivo es fundamental la categorización, es decir, ordenar los obje-tos en el mundo en clases que diferencien su variedad y, de esta manera, se pueda trabajar más fácilmente con ellos. Pero esas clases son constructos artifi ciales, muy ligados al fun-cionamiento de nuestro cerebro y que, en consecuencia, pueden cambiar según la cul-tura en la que nos encontremos. En este sentido, cobra un importante papel el concepto de jerarquía. Este ya no es un atributo de la realidad, sino una herramienta metodológica para ordenar de manera clara los distintos elementos de un conjunto según sus caracte-rísticas. En defi nitiva, “una jerarquía lingüística consiste en una prelación de ejemplares, articulada sobre una escala implicativa” (277). Además, la jerarquía implica que el pri-mero de los ejemplares ordenados, n,es más básico que el inmediatamente posterior. Pero la jerarquía es un procedimiento de medida cualitativo, que explicaremos con más dete-nimiento en la metodología a partir de la clasifi cación que proponemos.

Nosotros en nuestra clasifi cación hemos prestado atención a la realidad a la que las metá-foras se refi eren o al dominio al que pertenecen; pero, en lugar de diferenciar entre metáforas orientacionales, ontológicas, conceptualestemporales, hemos utilizado esta clasifi cación en un tercer nivel (ARCHIMETÁFORAS), aunque a veces también se refl eja en los modelos icónicos. En consecuencia, hemos distinguido entre diversas metas, introduciendo las que no aparecen en la clasifi cación de Iñesta y Pamies, como es el caso de las metas MENTE, AMOR, TIEMPO, SALUD, LUGAR (en vez de LEJANÍA, que es la que Iñesta y Pamies

introducen) y OBJETO. Hemos eliminado las relativas a DELGADEZ y RAPIDEZ. Segui-damente, hemos subdividido cada categoría de acuerdo con la imagen que la inspiró. A este nivel lo hemos llamado modelo icónico.Por ejemplo, la metáfora particular no veo esa solu-ción se encuentra en la meta MENTE, y se basa en un modelo icónico que es una com-binación de dominios fuente (ver es entender). Normalmente, el mismo modelo icónico puede subdividirse en varias ARCHIMETÁFORAS o una misma meta puede tener dis-tintos modelos icónicos. En nuestro análisis, además de identifi car a partir del corpus oral aquellos ejemplos de metáforas vivas y de unidades fraseológicas –que en nuestro estudio son un aspecto secundario, pues ya han sido estudiadas por muchos autores y lo que nos interesa es el tema de las metáforas–, nos hemos propuesto hacer un estudio de metáforas vivas para explicar los límites entre las dos categorías.

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varios diccionarios fraseológicos5, hemos comprobado que en todos se considera una locución verbal, y todas las que nos planteábamos a partir de este modelo icónico eran locuciones verbales. Por tanto, decidimos eliminar en nuestra clasifi cación esta METÁFORA y directamente incluimos la que en su clasifi cación se considera ARCHI-METÁFORA 3 MOVIMIENTO HACIA DENTRO.

Por último, en unidades donde el verbo realmente no aporta signifi cado, como es el  caso de  dar,poner, hacer, entre otros, dicho signifi cado lo  adquiere según el  sin-tagma que lo acompañe, por lo que teníamos que decidir si incluir a estas unidades en la periferia o si formaban parte del terreno fraseológico. Son las conocidas como colocaciones con verbo soporte, a las que muy pocos fraseólogos consideran como tal. De hecho, las incluyen directamente como colocaciones pero sin tener en cuenta su carácter de verbo soporte(Zuluaga Ospina 1980, Corpas Pastor 1996). No obstante, hay un estudio elaborado por Calderón Campos (1994), Sobre la elaboración de dicciona-rios monolingües de producción,donde explica cómo este es un caso concreto que forma parte de las colocaciones léxicas y que estos verbos siempre se han conocido como ver-bos de apoyo.Son estructuras que no signifi can nada sin su complemento y suelen darse con verbos como dar(se), poner, echar, tomar, hacer.La crítica gira en torno a la forma de lematizar este tipo de unidades en los diccionarios, porque el problema reside en que el verbo aparece explicado muy exhaustivamente, pero, en lugar de remitirnos al sustan-tivo para este tipo de expresiones aparecen si acaso en el verbo, y no siempre. En nuestro trabajo las hemos incluido como parte de la fraseología por su ocurrencia de aparición y porque la diferencia que hay con respecto a las colocaciones es mínima.

RESULTADOS

Hemos obtenido un total de 991 metáforas tras analizar las transcripciones correspon-dientes a la muestra de 18 hablantes del corpus PRESEEA de Granada, que aparecen distribuidos según las variables sociolingüísticas. Cada una de las metas aparece identifi -cada con un número, como se puede ver en el cuadro 2, y de 5.434 unidades fraseológicas, que aparecen distribuidas también según las variables sociolingüísticas y agrupadas por números según la unidad analizada, como se puede ver a continuación:

5 Los diccionarios que hemos empleado son los siguientes:

1. [DFEM] Varela García, Fernando y Kubarth, Hugo (1994) Diccionario fraseológico del español moderno. Madrid, Gredos. 

2. [DFDEA] Seco Reymundo, Manuel et al. (2004) Diccionario fraseológico documentado del español actual. Madrid, Aguilar.

3. [DFE] Cantera Ortiz de Urbina, Jesús y Gomis Blanco, Pedro (2007) Diccionario de fraseolo-gía española. Locuciones, idiotismos, modismos y frases hechas usuales en español [su interpretación]. Madrid, Abada.

4. [DICLOVER] Penadés Martínez, Inmaculada (2008) Diccionario de locuciones nominales, adjeti-vas y pronominales para la enseñanza del español. Madrid, Arco Libros.

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Cuadro 2 Uso de las metáforas en la muestra de 18 hablantes del Corpus PRESEEA (Granada)6

Hablante (1) (2) (3) (4) (5) (6) (7) (8) (9) (10) (11) Total

1 56 4 28 8 14 1 0 0 0 0 0 111

5 11 0 13 0 0 1 0 0 0 0 0 25

7 20 1 22 0 1 1 0 0 0 0 0 45

10 14 0 3 0 0 1 0 0 0 0 0 18

13 8 2 24 0 0 0 2 0 0 0 0 36

16 23 0 22 1 0 3 0 1 0 0 0 50

21 30 0 28 4 2 0 0 6 0 0 0 70

22 11 0 34 1 0 0 0 8 2 0 0 56

24 14 0 28 2 2 3 0 5 0 0 0 54

26 28 0 26 0 3 0 1 0 0 0 0 58

32 15 2 15 1 0 0 0 0 1 0 0 34

36 23 2 39 3 2 0 0 9 0 0 0 78

37 18 2 14 0 8 0 0 1 0 0 0 43

41 49 5 30 0 8 0 0 13 0 4 0 109

43 30 0 41 0 1 0 0 1 0 7 0 80

48 31 1 15 1 3 0 0 3 0 0 0 54

49 15 1 17 1 1 0 0 0 0 0 1 36

54 25 2 4 0 3 0 0 0 0 0 0 34

TOTAL 421 22 403 22 48 10 3 47 3 11 1 991

Desde el punto de vista de las metáforas, son las metas de TIEMPO y MENTE las más utilizadas (421 y 403 casos respectivamente), como se puede ver representado en el grá-fi co 1. En la meta TIEMPO, a su vez, el modelo icónico que más se emplea es el denomi-nado “el tiempo pasa y dura”,mientras que en la meta MENTE, los modelos icónicos que más se emplean son los denominados “idea abstracta = persona”,el que “cuantifi ca ideas como recipiente”,“entender es ver”,“movimiento”(es el que tiene que ver con las metá-foras orientacionales según la concepción de Lakoff y Johnson).

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Gráfico 1 Gráfico de barras de la frecuencia de uso de las metáforas.

Como muestra de estos resultados, vamos a citar algunos ejemplos que considera-mos más interesantes y que pertenecen a algunas de las metas y modelos icónicos más utilizados:

a) [GRAN-H31-01]: Informante hombre, de  31 años, con  nivel de  estudios uni-versitarios. Las  metáforas que más utiliza pertenecen a  la  META 2 MENTE en el modelo icónico “cuantifi car ideas”,pues las emplea en 13 ocasiones (cf.  cua-dro 2, donde se muestran las  metas que más emplea este hablante). Se puede observar en el ejemplo (1):

(1) Es una ciudad con mucho encanto.

Además, emplea la META 4 TIEMPO, modelo icónico “el tiempo pasa y dura”, como se puede apreciar en el ejemplo 2, en 50 ocasiones:

(2) Al fi nal se reunieron los socios y consiguieron aguantar el verano para disfrutarla un poco más, y muchos años ahí también en la hípica, toda la infancia

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inte-resante porque se atribuye a edad una característica de persona (personifi cación), como se observa en el ejemplo (3):

(3) Ella sale poco // se suele apuntar más al  cine o  / a  salir a  lo  mejor de  tapeo con las amigas pero que de marcha no /// también es la edad / lo que va pidiendo la edad.

b) [GRAN-M12-24]: Informante mujer, de 34 años, nivel de estudios Bachillerato. Las metáforas que más utiliza son las pertenecientes a la META 2 MENTE, modelo icónico 3 “idea abstracta = persona”, y las emplea de manera similar que las per-tenecientes a la META 4 TIEMPO, modelo icónico “el tiempo pasa y dura” (14 veces en ambos casos; cf. cuadro 2). Los ejemplos que vamos a refl ejar (4) y (5) son los correspondientes a la META 2 MENTE (idea abstracta) y a la misma meta, pero en el modelo icónico movimiento.

(4) Los precios a lo mejor se dan la mano.

En este ejemplo hay una personifi cación, pero, al mismo tiempo, hay una locución verbal (darse la mano).

(5) han caído las ventas bastante en cosmética.

Esta sería una metáfora orientacional para Lakoff y Johnson (1980), donde lo malo se asocia con lo que se encuentra abajo, y lo bueno con lo que se encuentra arriba.

c) [GRAN-M11-41]: Informante mujer de 25 años, nivel de estudios bajo. Es junto con el primero, la informante que más metáforas emplea en su discurso. En con-creto, las que más emplea son las pertenecientes a la META TIEMPO, modelo icónico “el tiempo pasa y dura”, y “el tiempo se posee”, que quedan refl ejados en los ejemplos (6) y (7):

(6) las parejas no duran tantos años juntas. (7) no tienes el mismo horario.

Por tanto, está latente la idea del tiempo poseído y de duración.

d) [GRAN-M32-10]: Informante mujer de entre 34 y 54 años con nivel de estudios uni-versitarios, emplea una metáfora que pertenece a la META 7 INJUSTICIA, modelo icónico espacio + movimiento + cuerpo, que está fraseologizada, es decir, es una meta de las conocidas como metáforas muertas y por eso hoy en día se cataloga como

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(8) hay que empezar a decirles que no / que la bola la tienen ellas // que el primer trabajo es de ellas.

(9) las madres piensan que mandando al hijo a un especialista, la bola se la echan a otro / entonces pues / hay que empezar a decirle que no.

Se puede observar que la unidad fraseológica echarle la bola a alguien,es una locu-ción verbal que se corresponde con echar la culpa a alguien,y se emplea en el ejemplo (9) como metáfora originada a partir de la fraseología. Lo ponemos como ejemplo para resaltar este tipo de metáforas, pues es el único caso que muestra estas características en el corpus y resulta interesante.

e) GRAN-H32-07: Informante hombre de entre 34 y 54 años con nivel de estudios universitarios. Emplea como otros hablantes un tipo de metáfora que se expresa en voz media, por lo que en muchas ocasiones no se sabe si se debe considerar metáfora o no al haber un agente externo responsable de lo que sucede. Noso-tros en este caso lo vamos a considerar metáfora por el signifi cado, pero ocurre igual que con las colocaciones con verbo soporte, que hay autores que ran como terreno de la fraseología (Corpas Pastor 1996) y otros que las conside-ran en el límite entre lo cognitivo y lo fraseológico (García-Page 2008). Es lo que se refl eja en el ejemplo (10):

(10) me da miedo cuando hay una luz que se enciende sola.

Esta metáfora sería del mismo tipo que el ejemplo (4): los precios se dan la mano. Per-tenecen ambas a la META MENTE, modelo icónico “idea abstracta = persona”.

En defi nitiva, las metáforas más utilizadas por los hablantes son las correspondien-tes a la META TIEMPO (421 casos), META MENTE (403 casos), seguidas de la META TRABAJO (48 casos) y SALUD (47 casos) (cfr. cuadro 2). Aunque la clasifi cación pro-puesta se ofrece íntegra en el Anexo 1, en las fi guras 1 y 2 se muestran las correspondien-tes a las metas MENTE y TIEMPO, que son las más productivas.

La META 2 MENTE es una de las más productivas, pues contiene hasta 10 modelos icónicos. Se corresponde esta meta con la metáfora que Lakoff y Johnson denominaban

conceptual y coincidían en que era de las más productivas.

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Fig. 1 META 2 MENTE.

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Por otro lado, en lo que se refi ere a las unidades fraseológicas, la muestra es mucho más elevada. Las unidades más utilizadas son las locuciones particulares marcadoras (1.363 casos), las fórmulas rutinarias (1.004 casos), las locuciones adverbiales (542 casos), las colocaciones (486 casos), las locuciones verbales (484 casos) y las  colocaciones con verbo soporte (405 casos). Sin embargo, no vamos a analizar los ejemplos de los hablantes por-que no es lo por-que nos ocupa en esta investigación.

Para iniciar la  aproximación cuantitativa, que es uno de  los  objetos secundarios de este trabajo de investigación, hemos tabulado los datos para comprobar si algún fac-tor social (edad, sexo y nivel educativo) es signifi cativo con respecto al número de metá-foras. Para cumplir este objetivo, hemos realizado el análisis de varianza (ANOVA), que sirve para comparar varios grupos en una variable cuantitativa y permite detectar si los datos son signifi cativos o no. Dado que la muestra de que disponemos es pequeña, tras realizar esta prueba teniendo en cuenta las distintas variables, no obtuvimos resul-tados signifi cativos. Por este motivo, pensamos que podría haber datos atípicos, o con

outliers7,que modifi caban la media del resultado general y debido a ello seguramente ninguno era signifi cativo.

Hicimos un gráfi co de cajas (box-plot o caja-bigotes)utilizando R en Rstudio, ya que se veía de forma mucho más clara que con el programa SPSS. Esta gráfi ca, que se puede ver a continuación, muestra la diferencia de uso de las distintas metas con sus respecti-vos outliers.

Gráfico 2 Gráfico de cajas según el uso de las metas por los hablantes.

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Es un gráfi co que representa variables cuantitativas. Aparece un rectángulo (la caja), donde se encuentra el 50 % de los casos, situado entre dos brazos (los bigotes). Los bigotes son los valores máximos y mínimos y entre estos y los límites de la caja, se sitúa el 25 % de los casos. Además, podemos ver si existe algún valor atípico.

Como se puede observar, TIEMPO y MENTE son las metas que tienen los datos más divergentes entre sí, como se muestra en los bigotes, pues en el caso del TIEMPO osci-lan entre 10 y 50, y en el caso de MENTE entre 5 y 44.

Por otro lado, en la caja que representa la META TIEMPO,hay un dato que se puede considerar anómalo outlier, que es el  que pertenece al  hablante [GRAN-H31-01]. En el resto de metas, las cajas se encuentran muy achatadas porque los datos están bási-camente en torno a 0 o 1 y si hay algún hablante que, por ejemplo, emplea un dato fuera de esta oscilación, se considera outlier, como es el caso de la META SALUD/ESTADO DE ÁNIMO.

Seguidamente, utilizamos el paquete ggplot2 a través del programa estadístico R. Obte-nemos así el gráfi co 3. En él se percibe cómo teniendo en cuenta la META AMOR según el factor edad, tiene lugar la siguiente situación: los informantes jóvenes emplean metá-foras con la META AMOR pero, los hablantes que se encuentran en un rango de edad de entre 20 años hasta 47 años, no utilizan este tipo de metáforas. Sin embargo, aumenta su uso notablemente a partir de los 50 años.

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CONCLUSIONES

Para la realización de esta investigación nos hemos basado en algunos estudios sobre las metáforas. Hemos sido conscientes de la extensa bibliografía sobre metaforizacio-nes que existe, aunque hemos trabajado de modo restrictivo porque muy pocos distin-guen entre las metáforas “vivas”y las metáforas “muertas”.La lingüística cognitiva jugó un papel esencial al empezar a considerar con otra visión este tipo de recursos, muy usado en la oralidadaunque también hubo algunos antecedentes clave en el mundo hispánico (Gómez Hermosilla 1826, Cuervo Urisarri 1893, Ortega y Gasset 1924). Sin embargo, se parte normalmente de los trabajos de Lakoff y Johnson, por su teoría de la metá-fora y la clasifi cación que desarrollaron, y, en nuestro caso, del trabajo de Iñesta Mena y Pamies Bertrán para la elaboración de nuestra propia clasifi cación, centrándonos, como hemos visto a lo largo del estudio, en las metáforas vivas.También hemos considerado el uso de las metáforas teniendo en cuenta las variables de la sociolingüística, como son el sexo, la edad y el nivel de estudios.

Como conclusiones principales, hemos observado que el uso de las unidades fraseoló-gicas es muy superior al uso de las metáforas –5.434 unidades fraseolófraseoló-gicas frente a 991 metáforas–. Para conseguir estos datos, ha sido necesario separar metáforas vivas con rea-lidad cognitiva de locuciones y otras unidades fraseológicas. Tras esta extracción de ejem-plos y la distinción entre ambas realidades ha sido posible la elaboración de la clasifi cación introduciendo aquellas metas que no se encontraban en la clasifi cación de Iñesta y Pamies (2002) pero que, sin embargo, son usadas por los hablantes en la oralidad. Las metas que hemos introducido son las relativas a MENTE, AMOR, TIEMPO, SALUD, HAM-BRE/POBREZA y OBJETO y, al mismo tiempo, hemos eliminado las metas que Iñesta y Pamies llaman DELGADEZ y RAPIDEZ, ya que en nuestros corpus no estaban repre-sentadas. Las metas que, en nuestro caso, son comunes a la clasifi cación de Iñesta y Pamies son MIEDO, COMIDA, IRA, INJUSTICIA y TRABAJO. Las metas más productivas son las denominadas TIEMPO y MENTE, que no se encontraban en la clasifi cación de Iñesta y Pamies (2002). Según los autores, la elaboración de la clasifi cación se ha hecho con el obje-tivo de que sea útil para otras lenguas en las que también se dan este tipo de metas, por lo que hay un factor interlingüístico. Pero el problema es que de esta manera no se termina de refl ejar el uso de la cultura española si no se mencionan aquellas metas que son más productivas en la mayoría de informantes. En principio, no parece haber mucha diferen-cia en el uso de las metáforas teniendo en cuenta la variable sexo, y quizás, según nuestro estudio exploratorio, las haya con respecto a la edad y al nivel de estudios. Esta hipótesis deberá verse refrendada o rechazada cuando ampliemos la muestra. De esta manera, se podrá llegar a resultados más defi nitivos y comprobar cuáles son las variables que infl u-yen, si es que infl uyen en el uso de las metáforas de la vida cotidiana.

También sería muy interesante para estudios posteriores partiendo de la clasifi cación que hemos establecido intentar llevar a cabo dos quehaceres:

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b) Comparar los resultados con otras muestras similares españolas y americanas. De esta manera, pretendemos adentrarnos en un campo de mucha actualidad como es el de la sociolingüística cognitiva (Moreno Fernández 2012).

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SITOGRAFÍA

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ANEXO 1: PROPUESTA DE CLASIFICACIÓN DE LAS METÁFORAS

DE LA AUTORA

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Referencias

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