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Educación y ciudadanía en una sociedad democrática

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La educación para la ciudadanía es, actualmente, uno de

los temas en alza en educación. Es mucho lo que se ha

escri-to y debatido en Europa en la última década sobre el tema;

en España, en estos momentos, los profesionales de la

edu-cación están inmersos en una reforma educativa que tiene

en esta materia una de sus claves. Concepción Naval,

coau-tora y edicoau-tora del libro, ha centrado en los últimos años gran

parte de su investigación en la educación para la ciudadanía

y la participación social. En sus obras anteriores ha

busca-do profundizar en su sentibusca-do y en sus orígenes;

fundamen-tar el concepto; establecer los ámbitos de aplicación;

fomentar mediante la educación la participación social, la

práctica democrática, las virtudes sociales; promover el

diálogo interdisciplinar, etcétera. En esta obra, junto con

Montserrat Herrero, consiguen ahondar en las relaciones

entre educación y vida ciudadana.

El libro, dividido en cuatro partes, consta de doce

artícu-los escritos por expertos españoles de primera línea. Desde

distintos campos del saber (Filosofía política, Historia,

Sociología, Antropología, Pedagogía y Derecho), con la

experiencia profesional que les avala y sin perder de vista el

contexto europeo y la realidad social española, analizan las

interrelaciones entre estos tres conceptos: ciudadanía,

demo-cracia y educación. Debemos atribuir a las editoras el mérito

EDUCACIÓN Y CIUDADANÍA

EN UNA SOCIEDAD DEMOCRÁTICA

Concepción Naval y Montserrat Herrero

Ediciones Encuentro., Madrid., 2006., 267 págs.

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de aunar a estos intelectuales para abordar con detenimiento

este sistema de relaciones: ciudadanía-democracia /

educa-ción-democracia / ciudadanía-educación; y el éxito de

conse-guir que la percepción del lector sea la de ir apreciando esta

cuestión desde distintos puntos de vista, descubriendo sus

detalles, entendiendo su sentido, en una continuidad armónica

hasta adquirir una visión global.

Tras el debate surgido en nuestra sociedad, son muchas las

dudas que asaltan a padres, educadores y ciudadanos. A

todos ellos se dirige esta obra; su lectura reposada despide

luz. Se analiza, por un lado, en qué se fundamenta la actual

propuesta y las circunstancias que la originan y, por otro,

pondera el sentido de la verdadera educación para la

ciuda-danía que comienza en la familia, forma parte de la educación

moral, fomenta la responsabilidad personal y la participación,

y se orienta a revitalizar la democracia.

Teniendo en cuenta que la escuela posee una dimensión

cultural y una dimensión social, no parece descabellado que

nuestra reciente legislación educativa contemple la

introduc-ción de un espacio en el currículum para el aprendizaje de la

convivencia, con sus características propias y dentro del

con-texto europeo. Como señala Fernando Fernández en la

pre-sentación del libro, vivir en sociedad requiere aprendizaje. «En

el caso de la democracia esa labor sólo es posible si se pone

en relación con el ámbito de los valores —por ejemplo

liber-tad, igualdad, participación— y demás derechos humanos

propios de tal sistema político» (p. 8). En la primera parte del

libro, José María Barrio, Dalmacio Negro y Francisco Altarejos,

profundizan en esta cuestión y analizan el verdadero alcance

de ser ciudadano en una sociedad democrática.

Reseña

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EDUCACIÓN Y CIUDADANÍA EN UNA SOCIEDAD DEMOCRÁTICA

Los profesionales de la educación, sin duda agradecerán el

realismo de Francisco Altarejos. Expone cómo desde 1997 la

Unión Europea plantea el papel que juega la educación en la

resolución de problemas sociales y los objetivos que en 2005

se establecieron: la cohesión social, el entendimiento

inter-cultural, el respeto a la diversidad y los derechos humanos, la

promoción de la ciudadanía democrática, etcétera; y las

com-petencias clave que la educación debe desarrollar para el

logro de tales objetivos. Señala que la misión encomendada

es abrumadora. «Realmente, la educación es una ayuda, todo

lo valiosa que se quiera, pero nada más que eso; no es ni

puede ser una fuente generadora de valores en un entorno

social que contradice sus exigencias operativas» (p. 64).

En nuestro país no es necesario echar la vista muy atrás

para recordar cómo la educación puede ser un instrumento

utilizado por el poder político. Vista la implicación

electora-lista que actualmente tiene la educación en nuestro sistema

democrático, y mientras no exista el consenso básico, no

podemos realizar un análisis ingenuo de la cuestión. Como

señala Javier Restán en el prólogo, el concepto de educación

para la ciudadanía lleva detrás toda una concepción del

hombre y su papel en la sociedad. Detrás de la expresión

«educación para la ciudadanía» pueden esconderse muy

dife-rentes conceptos. «Resulta completamente necesario suscitar

preguntas de fondo sobre el alcance y el verdadero

trasfon-do cultural que supone la imposición de la educación para la

ciudadanía entre las enseñanzas obligatorias para los jóvenes

españoles» (p. 11).

Se pretende una educación para la democracia

participati-va. En la segunda parte del libro se cuestiona vivamente el

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estado de nuestra democracia [española]; se apuntan

refle-xiones interesantes. Rafael Alvira resalta cómo: «En este

momento asistimos a una lucha continuada entre las

diferen-tes facciones para ver quién impone socialmente sus puntos

de vista y sus intereses políticos, a través de la configuración de

un lenguaje y unas emociones que le sean favorables» (p. 88).

El resultado es la dogmatización de la democracia. El

ciuda-dano no tiene más que libertades particulares, pero no tiene

ninguna libertad frente al mismo sistema democrático.

Alejandro Llano ahonda en esta cuestión, «preocupa

seria-mente la desvitalización de la democracia como resultado del

monopolio que de la vida pública tienen de hecho los

parti-dos» (p. 109). Las organizaciones políticas, el mercado y los

medios de comunicación controlan de tal forma el tejido social

que dificultan la presencia activa de los ciudadanos y de la

familia en el espacio público. Su propuesta regeneracionista es

el humanismo cívico.

Para que en nuestra sociedad pueda surgir realmente ese

entendimiento intercultural, respetando la pluralidad, sin

alte-rar la cohesión social, José Luis González Quirós señala que

es necesario que los pilares del sistema sean sólidos. «En

Europa una suerte de nihilismo pedagógico [...] con una

men-talidad relativista, subjetivista y posmoderna, están minando

gravemente la capacidad de nuestro sistema educativo para

proporcionar a los alumnos una educación coherente del

mundo y una educación moral básica» (p. 92). Alejandro

Llano va más allá demostrando cómo este paradigma de tipo

kantiano que se propugna, en el que la esfera pública ha de

ser neutral, sin implicar valores éticos, es inviable. La

sepa-ración entre ética privada y ética pública, la primacía de lo

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políticamente correcto sobre lo metafísicamente bueno no es

viable porque las reglas siempre son aplicadas por personas

cuya competencia para aplicarlas se remite a su sabiduría

moral.

El Estado se erige en educador de los ciudadanos con la

única finalidad de garantizar un orden social. Mercedes

Esteban señala que no es ésta su responsabilidad directa, y sí

el impulso y el apoyo a quienes están en situación de

propor-cionarla: familias, escuela, medios de comunicación,

organiza-ciones sociales, etcétera. Son los padres, mediante el

aprendi-zaje de virtudes en el núcleo familiar, quienes están poniendo

los cimientos de lo que serán más adelante valores cívicos.

En la tercera parte del libro en la que se trata la

interrela-ción entre política y educainterrela-ción, Concepinterrela-ción Naval, incide en

el sentido profundo de la educación para la ciudadanía, en su

inseparable conexión con la educación moral y en la necesidad

de conseguir un acuerdo respecto a los conocimientos,

actitu-des y actitu-destrezas. Señala: «Todas las concepciones de la

ciudada-nía se apoyan sobre un sistema de educación moral. De hecho,

marginar la educación moral, sustituyéndola por una instrucción

cívica, supondría un peligro para la vida política» (p. 149).

José Antonio Ibáñez-Martín entra a fondo en el diseño de

la materia, que se inscribe en una corriente europea que se

ha desarrollado tanto en organismos internacionales (el

Consejo de Europa y la Unión Europea) como en

legislacio-nes nacionales. Su descripción del proceso en España aclara la

situación en la que nos encontramos. Tras años de incidentes

diversos la LOE, aprobada el 6 de abril de 2006, introduce la

«educación para la ciudadanía y derechos humanos».

EDUCACIÓN Y CIUDADANÍA EN UNA SOCIEDAD DEMOCRÁTICA

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David Reyero, de forma incisiva, cuestiona la posibilidad

de la educación cívica. «Por un lado, parece que el Estado

quiere inhibirse absolutamente de algunos tipos de relaciones

que mantienen los individuos entre sí, pues vivimos en una

sociedad presuntamente liberal; pero, por otro, está tentado

de influir en cuestiones que son responsabilidad clara de otros

estamentos como las familias» (p.185). El error de fondo,

afir-ma, está en la idea de que la ciudadanía no puede surgir sin

intervención educativa del Estado. Existen razones para

pen-sar que el Estado liberal sea la consecuencia y se mantenga

gracias al impulso de la conciencia de la gente educada en

determinados estilos de vida buena.

En el último capítulo, María Calvo y Javier M. Valle, tratan

del derecho a una educación diferenciada y de la ciudadanía

europea, respectivamente. Y es que el interés por un

deter-minado aspecto de la educación, en este caso la educación

para la ciudadanía, lleva a los investigadores a indagar o a

retomar cuestiones que aportan planteamientos interesantes a

la investigación y a la práctica educativa. Como apunta

Concepción Naval: «Enunciaré seis relativamente nuevos

debates en la educación para la vida ciudadana en una

socie-dad democrática, en cuanto que aportan nuevas dimensiones

y perspectivas de participación ciudadana para la misma

democracia y oportunidades de una vida más lograda para los

ciudadanos. Así trataremos [...]: del fenómeno de la

globaliza-ción [...]; de las tecnología de la informaglobaliza-ción y la

comunica-ción; la conciencia ecológica; el retorno de la virtud cívica; el

papel de la educación superior y [...] la importancia de las

relaciones familiares en la formación de las disposiciones

sociales» (pp. 139-140).

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En conclusión, diría que este libro aporta una reflexión,

oportuna en el momento actual, sobre una serie de cuestiones

que pueden propiciar una educación para la ciudadanía de

calidad.

n

Elena Arbués

Profesora del Colegio «Agustín Gericó»

(Zaragoza, España)

Doctoranda del Programa de Educación de la

Universidad de Navarra, España.

EDUCACIÓN Y CIUDADANÍA EN UNA SOCIEDAD DEMOCRÁTICA

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