Consecuencias de la Violencia: ¿Qué Piensan las Víctimas?
Gabriel Lombo Moreno1
Resumen
Los conflictos armados debilitan el tejido social de las comunidades debido a las dinámicas de la violencia. La vinculación en agrupaciones se vuelve más riesgosa y se rompen las redes comunitarias debido al asesinato o desplazamiento de sus miembros. En el posconflicto, el Estado debe buscar estrategias para reconstruir este tejido de acuerdo a las opiniones de las víctimas y de la sociedad. Este trabajo busca entender cómo afecta la violencia a las percepciones de las víctimas hacia la reconciliación y sus inclinaciones hacia la participación en las comunidades. Para responder esta pregunta se utilizan datos de testimonios de víctimas del conflicto armado en Guatemala, los cuales fueron sistematizados a partir de la plataforma REMHI (Recuperación de la Memoria Histórica). Las dinámicas de la violencia durante el conflicto armado en Guatemala permite caracterizar a las víctimas de masacres para aprovechar la exogeneidad de la violencia hacia la población civil como estrategia de guerra. Los resultados muestran que (i) existe una relación dosis-efecto entre la intensidad de la violencia, la salud mental y la resiliencia comunitaria; (ii) las víctimas que más sufrieron del conflicto tienen opiniones más favorables hacia la verdad antes que la justicia y la reparación como mecanismos para la reconciliación. Por último, este trabajo también contribuye con una nueva base de datos sobre víctimas del conflicto armado abierta al público.
Palabras clave – Víctimas, Resiliencia, Reconciliación, Tejido social, Guatemala Códigos JEL – D74, D91 e I12
1Estudiante de maestría de la Universidad de los Andes, correo electrónico [email protected].
Este trabajo corresponde a mi tesis del PEG en la Universidad de los Andes. Agradezco a Andrés Moya por su asesoría y el apoyo, a Adriana Camacho y a mis compañeros del seminario por sus aportes y a Ana María Ibáñez por impulsarme a realizar este trabajo.
“¿Sabe nosotros por qué luchábamos? Porque nos dejaran tranquilos, así, ignorantes de muchas cosas, pero con la sabiduría de otras” (Rubiano, 2020)
1 Introducción
Los procesos de paz requieren diseñar diferentes programas y mecanismos judiciales y extrajudiciales que permitan la reconciliación de la sociedad. Por ejemplo, el Estado debe financiar programas de atención psicosocial para las víctimas junto a instituciones2 que permiten encontrar justicia, verdad y reparación (Coljuristas, 2007). Asimismo, la sociedad debe buscar consensos que permitan el desescalamiento del conflicto y la no repetición de la violencia. Para diseñar estos mecanismos, es importante entender los efectos de la violencia sobre el tejido social. La violencia moldea las inclinaciones y comportamientos de las víctimas hacia los demás y destruye las asociaciones comunitarias. Estas asociaciones les permiten a las sociedades agruparse para conseguir bienes y servicios que aumentan el bienestar y desarrollo de las sociedades (Gilligan et al, 2014). Este trabajo busca entender cuáles son los efectos de la violencia sobre algunas dimensiones del tejido social: las relaciones familiares y comunitarias, la salud mental, la resiliencia comunitaria y las opiniones hacia la reconciliación de las víctimas.
Para responder esta pregunta se utilizan datos de testimonios del conflicto armado en Guatemala. El proyecto REMHI recolectó y codificó entrevistas de 5180 víctimas entre 1995 y 1996 para recuperar la memoria histórica de lo ocurrido en el conflicto armado. En la plataforma REMHI incluyeron información demográfica del testimonio, violaciones a derechos humanos, opiniones hacia la reconciliación, efectos individuales, familiares y colectivos de la violencia y los reportes de los mecanismos de supervivencia. A partir de esta información es posible observar el efecto de la intensidad de la violencia sobre percepciones hacia la reconciliación e índices de salud mental, destrucción del tejido social y resiliencia comunitaria. Guatemala ofrece un caso especial para controlar los sesgos de selección debido a que la intensidad de la violencia varia poco de acuerdo a las características observables y no observables de las víctimas. La metodología permite explotar la exogeneidad de la violencia sobre las víctimas durante una evento público y colectivo como son las masacres.
2 La JEP en Colombia es un ejemplo de un organismo con legitimidad institucional que permite encontrar la verdad y juzgar a aquellos que cometieron delitos dentro de un conflicto armado.
El ejército utilizó las masacres como estrategia militar para combatir a la guerrilla, lo cual ocasionó elevados niveles de violencia arbitraria y repentina sobre la población civil.
Esta investigación contribuye a la literatura académica con tres resultados principales.
En primer lugar, existe una relación dosis-efecto entre violencia, salud mental y resiliencia comunitaria. Es decir, entre mayor era la intensidad de la violencia, la salud mental empeora pero presenta mayores niveles de participación y compromiso hacia la comunidad. Existe una relación positiva entre la resiliencia y la salud mental. Las características de resiliencia actúan como un mecanismo que fomenta la salud mental al reducir el daño y al aumentar la prevención. Es decir, la resiliencia limita el impacto negativo del evento traumático. Esta correlación varía de acuerdo a la edad, el género y el nivel del impacto traumático (Hu et al, 2014). Este trabajo también propone como hipótesis que la resiliencia actúa como un mecanismo para superar el dolor y evitar que el trauma desencadene en limitantes funcionales3. Asimismo, es importante recalcar que estamos evaluando un fenómeno comunitario debido a la intensión de participar y colaborar con el otro por parte de las víctimas. Es decir, este índice no sólo evalúa una capacidad individual de autoeficacia y tenacidad como respuesta a la adversidad. Estos resultados complementan la literatura reciente sobre salud mental y participación en la comunidad en contextos de violencia.
Después de un conflicto armado puede observarse una mayor inclinación hacia la participación política, el liderazgo, las asociaciones comunitarias y las conductas prosociales de las víctimas (Blattman, 2009; Gilligan et al, 2014). Este resultado muestra a la resiliencia comunitaria como un canal por el cual aumenta esta participación y sostiene que dicha resiliencia corresponde más a una reacción común al trauma que ocurre de forma individual y colectiva, antes que una habilidad individual (Bonanno, 2014).
Los eventos traumáticos generan, bien sea por afectación directa o por exposición indirecta, una relación dosis-efecto entre el trauma, los síntomas y las limitaciones funcionales que llevan a resistencia o incapacidad (Mollica, R. 1999). No hay un consenso sobre la magnitud del impacto del nivel de violencia sobre los problemas mentales. Las tasas de prevalencia de depresión varían entre el 3% y el 86% y las tasas TEPT varían entre el 0%
y el 99% (Steel et al, 2009). Esto ocurre por efectos heterogéneos que dependen de la
3 Cuando los pensamientos intrusivos y de bloqueo se encuentran ocurre el proceso de asimilación del trauma y la persona puede generar comportamientos funcionales que ayuden a superar el trauma (Creamer et al, 1992).
exposición directa e indirecta al evento (Cuarta y Levanthal, 2020; Hessel et al, 2019),el tiempo transcurrido desde el hecho (Betancourt et al, 2018), la edad, el país, la cultura, el tipo de violencia, el número de eventos potencialmente traumáticos, si es auto-reporte, las dificultades económicas y familiares (Steel et al, 2009), el género (Goessmann et al, 2020) o el tipo de evento (Overstreet et al, 2016). El caso de Guatemala muestra la persistencia de los efectos de la violencia y de su exposición directa debido a que los efectos se mantienen luego de 16 años de ocurrido el hecho traumático y son mayores para las personas que dieron testimonios que estuvieron presentes durante el hecho.
El segundo resultado encuentra un efecto positivo de la intensidad de la violencia sobre las percepciones favorables hacia la verdad antes que la justicia y la verdad como mecanismo para la reconciliación. El conflicto armado moldea las opiniones de la sociedad hacia la reconciliación. En particular, la violencia cambia las actitudes de las víctimas hacia lo que se debería hacer para no repetir el conflicto, aun así la literatura reciente no tiene un consenso sobre sus efectos. Nussio et al, 2015 encuentra que las preferencias de la sociedad hacia la justicia, la verdad y la reparación no varían entre víctimas y no víctimas y discuten que también puede existir un mecanismo de resiliencia detrás. Otros estudios encuentran que algunas víctimas y excombatientes presentan mayores inclinaciones hacia políticas extremas y autoritarias debido al miedo, la cólera y el odio (Halperin, 2011). En Colombia, las comunidades que fueron más afectadas por la violencia están más dispuestas a hacer concesiones en un proceso de paz debido al miedo a continuar en conflicto armado. Mientras que, las comunidades que fueron menos afectadas por la violencia no están dispuestas a permitir un proceso de paz que tenga impunidad (Tellez, 2019). Los resultados de este trabajo explotan la intensidad de la violencia y permiten observar efectos no sólo sobre la participación política sino también sobre las inclinaciones individuales hacia la participación en una comunidad.
En tercer resultado encuentra un efecto positivo entre la intensidad de la violencia y la destrucción del tejido social. Este resultado es casi tautológico y permite observar algunos canales por los cuales la violencia destruye este tejido. Los miembros de una comunidad son desplazados o asesinados y la participación en agrupaciones comunitarias se vuelve más riesgosa. La violencia también tiene un efecto indirecto al disminuir la confianza o aumentar la aversión al riesgo de los individuos (Moya, 2018; Ibáñez y Moya, 2010). Esto ocurre
debido a que las víctimas actualizan sus creencias después de cada hecho violento y piensan que los demás no son confiables (Posen, 1993; Walter y Snyder, 1999).
Un aporte adicional de esta investigación corresponde a una nueva base de datos abierta al público. Esto fue posible gracias a la sistematización de los testimonios de la plataforma REMHI a partir de técnicas de ‘webscrapping’. Esta contribución se suma a pocos esfuerzos de la literatura por permitir información abierta al público a partir de metodologías creativas pero poco usadas. Es reconocida la geolocalización de eventos violentos a partir de los relatos de Noche y Niebla y las bases de víctimas del conflicto armado con fines de reparación, como el caso peruano o colombiano (Osorio et al, 2019; Oelschlegel, 2006; RUV, 2021). Estas bases de datos permiten analizar las percepciones de las víctimas hacia la reconciliación, los efectos del conflicto armado y los retos durante el posconflcito, entre otros. Hasta donde tengo conocimiento, esta base de datos no ha sido usada antes en la literatura académica para encontrar un efecto causal entre variables. Espero que esta base de datos permita entender las dinámicas del conflicto armado y permite encontrar nuevas recomendaciones de política pública en futuras investigaciones.
Por último, este trabajo plantea algunas recomendaciones de política pública para el posconflicto. La reconstrucción del tejido social en las zonas más afectadas requiere garantías de no repetición de la violencia para reestablecer la confianza en los demás y que no estigmaticen a la población civil, la construcción de memoria colectiva que permita conocer la verdad de lo ocurrido, atención psicosocial a las víctimas para desencadenantes no funcionales de las víctimas, mecanismos de participación pública que aproveche la resiliencia comunitaria de las víctimas, entre otros. Además, la persistencia de los efectos de la violencia en el tiempo implica que los procesos de reconciliación toman tiempo y requieren el compromiso de la sociedad. La metodología y los índices utilizados en este trabajo presentan algunas limitaciones debido a la estrategia de identificación y a la recolección de los datos.
Futuras investigaciones pueden utilizar estrategias con un mejor diseño causal y que puedan estandarizar los índices de resiliencia y salud mental a partir de encuestas a las víctimas para extender los resultados e implicaciones presentados en este documento.
Este documento se desarrolla de la siguiente forma. En la sección 2 se presenta un contexto sobre el conflicto armado y el proceso de paz en Guatemala. La sección 3 describe los datos utilizados y su proceso de recolección. La sección 4 presenta la metodología a
utilizar y la estrategia de identificación para controlar posibles sesgos. La sección 5 presenta resultados principales y sus implicaciones. La sección 6 concluye y entrega algunas recomendaciones de política pública. Finalmente, en el Apéndice se presentan algunas tablas complementarias.
2 Contexto
El conflicto armado en Guatemala ocurrió entre 1960 y 1996 entre las fuerzas del Estado4 y varias guerrillas. Las dictaduras militares, la corrupción y la guerra fría generaron unas dinámicas de violencia que afectaron a la población civil y principalmente a la población indígena. El poder político, económico y militar se concentró en terratenientes5 y multinacionales6 debido a políticas de concentración de tierra de estructura colonial y al beneficio económico de tierras petroleras7. Los gobiernos militares tuvieron poca inversión social8 y fueron especialmente represivos ante la insurgencia y las protestas sociales por el miedo al comunismo9. La estrategia militar del ejército consistió en desestructurar las redes sociales de las comunidades para eliminar cualquier base social que le fuese útil a la guerrilla.
Las masacres fueron el método más eficiente de generar miedo y desconfianza en las comunidades para desestructurar todo tipo de organizaciones10. En estos casos, la violencia fue exógena a las características del individuo. El apoyo por parte de población civil a la
4 El Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT), el Movimiento Revolucionario 13 de Noviembre (MR-13), las Fuerzas Armadas Rebeldes (FAR), el Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP) y la Organización del Pueblo en Armas (ORPA) se unificaron en el partido político y grupo guerrillero Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG) que se enfrentó contra el ejército, las Patrullas de Autodefensa Civil (PAC) y los escuadrones de la muerte. Estos dos últimos fueron grupos paramilitares legítimamente constituidos en 1981 que reclutaron forzosamente a indígenas Mayas.
5 El estado otorgaba concesiones a estas empresas y los protegía con la fuerza pública o a través de políticas que beneficiaran la mano de obra a muy bajo costo. Así fue el caso de la ley de Jornaleros (1873) y las leyes de Viabilidad y Vagancia (1934) que obligaban a todo campesino que no tuvieran un mínimo de tierras a trabajar para un hacendado cierta cantidad de días al año.
6 La United Fruit Company (UFC) estuvo desde 1904 gracias a los cultivos de banano y en 1954 influenciaron el golpe de estado ocurrido en Guatemala. Desde 1974 estuvieron las empresas petroleras Basic Resources y Shennadoah Oil en la Franja Transversal Norte.
7 En particular, en el triángulo Ixil, departamento de El Quiché luego del descubrimiento de petróleo en 1974.
8 En 1954, después de unas elecciones democráticas, los siguientes dos gobiernos tuvieron mayor inversión en infraestructura, mayor apoyo a los sindicatos y mayor intervención del estado a través del Decreto 900 que expropiaría terrenos ociosos de la UFC para trabajadores sin tierras. Aunque, el golpe de estado de 1960 volvería a las dictaduras militares.
9 Estados Unidos financió parte de la lucha del gobierno de Guatemala contra las guerrillas.
10 Un soldado menciona que “la población civil es a la guerrilla lo que el agua al pez” refiriéndose al apoyo de las comunidades a la guerrilla. Para acabar con la guerrilla, un escuadrón del ejército llegaba repentinamente a una comunidad y asesinaba a la mitad o a un tercio de la población (Nairn, y Simon, 1982).
guerrilla era mínimo debido a que no tenían grandes victorias militares y a la represión por parte del Estado. La violencia ocasionó el hostigamiento de población civil acusada de ser auxiliar de la guerrilla, la desestructuración de las familias y comunidades por desapariciones, asesinatos, quema de cosechas y casas, desplazamientos masivos hacia las ciudades, otras comunidades o la selva (CPR)11, el reclutamiento forzado en fuerzas paramilitares (PAC)12 y la persecución de lideres sociales y de oposición.
En 1996, el gobierno firma la paz con el grupo guerrillero13 y se crearon diferentes acuerdos para el cese al fuego, el retorno de los desplazados y las CPR, los derechos humanos globales y de los indígenas, la creación de una comisión para conocer lo ocurrido, la reforma agraria, constitucional y electoral. La Comisión para el Esclarecimiento Histórico (CEH) documentó 669 masacres, de las cuales 626 fueron por parte del estado (Anexos). El 93% de las violaciones a Derechos Humanos fueron cometidos por fuerzas armadas del Estado y el 83% de las víctimas fueron indígenas Mayas. Alrededor de 200.000 personas murieron durante el conflicto armado con un pico de violencia entre 1980 y 1983 (CEH, 1999). En 1996, el proyecto para la “Recuperación de la Memoria Histórica” (REMHI) analizó miles de testimonios de violaciones de derechos humanos ocurridas durante el conflicto armado.
El propósito de estas entrevistas era conocer la verdad, reconocer a las víctimas y apoyar a la CEH. En 2013, el proyecto REMHI presentó una página web con información detallada de la mayoría de los testimonios. Los datos obtenidos en este trabajo fueron obtenidos a partir de esta plataforma.
3 Datos
La plataforma REMHI recopiló 5180 testimonios de víctimas del conflicto armado.
Estos datos fueron recogidos a partir de entrevistas realizadas por líderes de las
11 Las Comunidades de Población en Resistencia (CPR) fueron comunidades que se aislaron en las selvas de Ixcán entre 1980 y 1991.
12 Las PAC fueron grupos paramilitares constituidos institucionalmente en 1981 que buscaban que la ciudadanía prestara un servicio militar. Ellos incorporaron forzosamente a indígenas Mayas y participaron en diferentes masacres y asesinatos extrajudiciales.
13 . En 1986 se realizó el Acuerdo de Esquipulas, en donde los presidentes de Guatemala, El Salvador y Nicaragua se comprometieron a ponerle fin al conflicto civil. El ambiente político y social permitió des-escalar la violencia y las violaciones de Derechos Humanos.
comunidades14. La documentación y las grabaciones de estas entrevistas eran enviadas a la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala (ODHAG), donde codificaban las entrevistas y las clasificaban en 250 categorías para la elaboración de la plataforma REMHI. La base de datos utilizada en este trabajo fue obtenida mediante técnicas de ‘web scrapping’. En R fue posible crear un ‘loop’ sobre cada URL15 que permitió extraer tablas con información demográfica, de violaciones individuales y colectivas reportadas, una descripción si hubo masacre y descriptores sobre el testimonio. Después, estas tablas fueron limpiadas y organizadas en una base de datos donde cada observación corresponde a un testimonio. Esta base de datos queda abierta al público para que pueda ser usada en posteriores investigaciones16. En la siguiente página puede observar la base de datos y una tabla de frecuencias con las respuestas de los testimonios a algunas preguntas sobre la violación que sufrió: https://gabrielombo.shinyapps.io/tesis/. Además, ya que en la plataforma REMHI aparecen los nombres de las víctimas, cabe resaltar que no es posible identificar ningún testimonio por el nombre en la base de datos.
En primer lugar, en la Tabla 1 se puede observar que de los 5180 testimonios que recopiló el REMHI, sólo 3345 tienen información demográfica y de violencia completa, de los cuales 1900 tienen información sobre los efectos de la violencia, 1707 responden a los mecanismos de supervivencia y 1110 responden a las inclinaciones para la reconciliación17. Esto se debe a que no todas las entrevistas fueron codificadas en la plataforma, algunos testimonios sólo incluyeron información del hecho violento sin descriptores (REMHI, 2013).
En esta investigación se utilizan más de 65 variables, por lo cual fue necesario crear varios
14 Estos lideres fueron capacitados con un contexto sobre los efectos de la violencia y las violaciones de derechos humanos al igual que en la conducción de entrevistas para evitar inducir respuestas. Además, ellos recibieron la acreditación de los obispos de las diócesis en los diferentes lugares.
15 Ejemplo para el testimonio 11: https://www.remhi.org.gt/bd/ver_testimonio.php?cual=11.
16 Estos datos son cerrados al público y la única forma de acceder a ellos es a partir de la plataforma REMHI.
Hasta donde llega mi conocimiento, esta es la primera investigación que demuestre causalidad a partir de estos datos y que permite observar públicamente los datos sistematizados de los testimonios. Aunque, en el informe Guatemala Nunca Más muestran algunas estadísticas descriptivas de las violaciones de derechos humanos, los efectos psicológicos y los mecanismos de supervivencia de las víctimas al igual que una radiografía del conflicto armado.
17 El proyecto tuvo especial importancia en los departamentos de Quiché, Alta y Baja Verapaz, Huehuetenango, Petén, San Marcos, Quetzaltenango y en los lugares más afectados de Izabal; en menor medida en Chimaltenango, Escuintla y Sololá; y poca importancia en las regiones del sur oriente como Zacapa y Jalapa.
El grueso de los testimonios y su representatividad están dados para las violaciones ocurridas entre 1979 y 1984 en 11 departamentos.
constructos que permitieran disminuir las dimensiones. Para esto se crearon 4 índices18 sobre la violencia, la salud mental, la destrucción del tejido social y la resiliencia comunitaria.
El índice de intensidad de la violencia corresponde a la variable explicativa y fue construido a partir de categorías en los reportes del testimonio de víctimas de asesinatos, secuestros, amenazas, torturas, ataques, masacres y otros. Esta categoría es igual a 0 si no reportaron ningún evento, 1 si reportaron un evento, 2 si reportaron entre 2 y 5 eventos; y a 3 si reportaron más de 6 eventos. Este índice no fue construido a partir de los datos originales debido a la alta dispersión de los datos. En la tabla 1 se puede observar que los reportes van hasta 999 víctimas en el caso de una masacre y más de 400 en casos de amenazas, ataques u otros. La mayoría de los testimonios reportaron entre 1 y 2 eventos traumáticos. Estas estadísticas permiten observar la alta victimización que sufrieron mujeres, indígenas y adultos entre los 30 y 50 años. También es posible observar otras variables que reflejan la intensidad de la violencia y que permiten aislar el efecto de los hechos violentos reportados:
si es reciente el hecho y si estuvo presente. Todos los testimonios corresponden a víctimas del conflicto armado durante 1960 y 1996. Aunque, las entrevistas ocurrieron en promedio entre 10 y 16 años después del hecho violento debido al pico de violencia ocurrido en 1982.
Por lo cual, es posible observar efectos en el largo plazo sobre las siguientes variables resultado.
El índice de salud mental19 es mayor cuando los testimonios reportaron emociones negativas como culpa, miedo, tristeza, cólera, impotencia o soledad y pensamientos intrusivos representados por la alteración de visión de sí mismos, de otros y del duelo, el consumo de alcohol y afectaciones por pesadillas, pérdida de concentración y pensamientos repetitivos. Por lo tanto, cuando este índice es mayor, las víctimas presentan peor salud mental. La destrucción del tejido social es mayor cuando el testimonio reportó la destrucción
18 Todos los índices fueron construidos a partir del método de pesos por el inverso de la covarianza (ICW, por sus siglas en inglés), el cual permite reducir las dimensiones de los variables a un índice que otorga un mayor peso a las variables que entregan nueva información en lugar de aquellas que más se correlacionan (Samii, 2018).
19 Algunos cuestionarios (Impact Event Scale (IES), Harvard Trauma Questionnaire (HTQ), Hopkins Symptom Check-List (HSCL), CIDI, MINI) permiten clasificar los trastornos de salud mental en Ansiedad, Depresión y el Trastorno de Estrés Post-Traumático (TEPT), entre otros. El Trastorno de Estrés Post-Traumático (TEPT) es el índice más utilizado cuando ocurren eventos traumáticos en contextos de conflicto armado y depende de tres criterios principales. El primer criterio incorpora los pensamientos intrusivos que incorporan revivir el hecho, mientras que el segundo incorpora los pensamientos de bloqueo del pensamiento (Kolotroni, F. 2014). El tercer criterio corresponde a los cambios en el pensamiento y el estado de ánimo, al igual que los cambios en las reacciones físicas y emocionales.
de asociaciones, conflictos interpersonales, desconfianza, incertidumbre, vivencia de hostigamiento, separación y asesinato de miembros de las comunidades y de las familias. La resiliencia comunitaria20 incluye la participación de los individuos en la comunidad y en la familia a través de la solidaridad, el compromiso social, la reconstrucción de lazos y la transformación del poder. Este índice también incluye niveles de autoeficacia y espiritualidad a través de autocontrol, la búsqueda de consuelo e información, la reinterpretación positiva de los hechos, la aceptación de la pérdida y la religión. En el apéndice A puede observar estadísticas descriptivas de todas las variables con las cuales se construyeron los índices y sus respectivos pesos. Las tres últimas variables de resultado permiten observar la percepción de los testimonios sobre la importancia de la justicia, verdad y reparación para no repetir la violencia. Las víctimas tiene opiniones más favorables hacia la verdad (26%) que la justicia (20%) y la reparación de las víctimas (14%).
Tabla 1: Estadísticas descriptivas
Variable N.obs Media Sd Min Max
Información demográfica
Año de entrevista 3345 1995 0.38 1995 1997
Años desde la violación hasta la entrevista 3345 13.74 3.17 0 36
Analfabeta (Sí = 1) 3345 0.54 0.50 0 1
Edad al momento de la entrevista 3345 45.47 13.60 15 89
Sexo (M = 1) 3345 0.59 0.49 0 1
Idioma entrevista (Español = 1) 3345 0.40 0.49 0 1 Violencia
Año de violación 3345 1982 3.15 1960 1996
Estuvo presente durante el evento (Sí = 1) 3345 0.59 0.49 0 1
Número de eventos reportados 3345 1.41 0.83 0 4
Indice de violencia 3345 0.00 0.38 -0.47 2.34
Variables resultado
Indice peor Salud Mental 1900 0.00 0.36 -0.36 2.03
Indice destrucción del tejido social 1900 0.00 0.36 -0.37 2.47 Indice de resiliencia comunitaria 1707 0.00 0.4 -0.36 2.42
Desaparición Impunidad 1110 0.20 0.4 0 1
Hablar/ Conocer La Verdad 1110 0.26 0.44 0 1
Reparación A Las Víctimas 1110 0.14 0.34 0 1
20 El índice de resiliencia depende de unos niveles de persistencia, tenacidad, autoeficacia, autocontrol, adaptabilidad, propósito, espiritualidad y de las redes de apoyo que tienen los individuos (Pérez et al, 2012).
Existen diferencias estadísticamente significativas en las dimensiones del tejido social que dependen de la intensidad de la violencia. La Tabla 2 permite observar que aquellos testimonios que fueron víctimas de mayores niveles de victimización presentan peores niveles de salud mental y de destrucción del tejido social y mayores niveles de resiliencia. Los efectos sobre la destrucción del tejido social son de cierta forma tautológicos debido a las dinámicas de la violencia en el conflicto armado de Guatemala. Además, es interesante señalar que no hay diferencias estadísticamente significativas en las opiniones hacia la justicia y verdad pero sí frente a la reparación entre aquellos testimonios más y menos victimizados. Estas estadísticas implican que todas las víctimas piden verdad y reparación pero que los niveles de victimización si afectan los deseos de reparación como método para la reconciliación. Esto pareciera apoyar la hipótesis sobre una relación dosis-efecto entre la violencia, la resiliencia y la salud mental. Aun así, el efecto no pareciera ser muy alto, puesto que está entre 0.8 y 0.12 desviaciones estándar. La gráfica 1, muestra que la relación entre la intensidad de la violencia y la salud mental, la destrucción del tejido social y la resiliencia comunitaria se mantiene.
Tabla 2: Diferencia de medias de la violencia sobre el tejido social
Variable Resultado
Menor intensidad de violencia (int<=0)
Mayor intensidad de violencia (int>0)
test (pvalue)
Indice peor Salud Mental -0.03
(0.33)
0.05 (0.42)
0.00
Indice destrucción del tejido social -0.04 (0.32)
0.08 (0.42)
0.00
Indice de resiliencia comunitaria -0.04 (0.36)
0.06 (0.45)
0.00
Desaparición Impunidad 0.18
(0.39)
0.24 (0.43)
0.02
Hablar/ Conocer La Verdad 0.25
(0.43)
0.28 (0.45)
0.17
Reparación A Las Víctimas 0.11
(0.31)
0.18 (0.38)
0.00
Gráfica 1: Efecto de la violencia sobre el tejido social
A continuación se muestran algunas gráficas de estadísticas descriptivas sobre la resiliencia. Estas permiten observar un panorama más amplio aunque no exhaustivo por categorías como edad, género, si es analfabeta, la cercanía del familiar asesinado, tipo de violencia y si la víctima pudo hacer un duelo. Me voy a concentrar especialmente en el análisis de la resiliencia individual y comunitaria debido a la extensión de esta sección y al impacto de esta características en los programas de política pública. El efecto comunitario incluye la decisión de las víctimas de participar activamente y ayudar al otro. Mientras que el efecto individual corresponde a unos niveles de autoeficacia y tenacidad.
Como podemos observar en la anterior gráfica, el 50% de las víctimas que reportaron algún mecanismo de supervivencia tuvo que buscar información como mecanismo de supervivencia. Entre el 10% y el 20% de los testimonios reportaron conductas de solidaridad y compromiso, hablar y la reconstrucción de lazos. Las principales emociones reportadas como afectación por el trauma son la tristeza y el miedo con un 50%, la impotencia y los sentimientos de injusticia fueron reportadas por entre el 20% y el 30% y la cólera y la soledad no llegan al 10% de los reportes. Este análisis de las emociones muestra de cierta forma las
complicaciones del conflicto armado y el grabe deterioro en salud mental que sufren las víctimas. A esto se suman las diferentes afectaciones físicas y conductuales que les impiden un buen desarrollo, como las enfermedades psicosomáticas, la alteración del duelo, de los otros y de si mismos que van entre el 10% y el 30%.
Es posible desagregar los niveles de violencia de acuerdo al evento traumático que sufrieron. En la anterior gráfica se pueden observar diferencias en la resiliencia individual, comunitaria y total entre distintos grupos. La resiliencia comunitaria es menor entre las víctimas de asesinatos, ataques, masacres y otros. Mientras que, la resiliencia individual aumenta en estos eventos y se extiende a las amenazas, secuestros y tortura. Esta correlación obedece a las dinámicas de la violencia. Es decir, un evento violento colectivo debilita en mayor medida las asociaciones y así la capacidad de respuesta y de creación de lazos entre la comunidad. Mientras que, las amenazas o secuestros tienen una dinámica más individualizada sobre determinadas víctimas. Por ejemplo, pareciera que en las amenazas, las víctimas suelen unirse y generar una resiliencia comunitaria similar a la individual debido en parte a la capacidad de agencia ante la eventual violación. Mientras que, después de un ataque o un asesinato, la confianza con la comunidad se debilita. Esta información resalta la importancia de la creación y promoción de la resiliencia comunitaria a partir de la fortaleza individual.
Las anteriores dos gráfica permiten observar diferencias en los niveles de resiliencia de acuerdo a diferentes grupos. A la izquierda se pueda observa que las víctimas que reportaron que la Reparación o la Verdad son más importantes para no repetir el conflicto tienen mayores niveles de resiliencia que aquellos que piden justicia para el grupo de entre 26 y 50 años. Mientras que para los mayores de 50 años, presentan una leve inclinación mayor hacia la justicia como mecanismo de no repetición. Cabe resaltar que la mayoría de las víctimas se localizan en el segundo grupo. También es posible que a medida que aumenta la edad, también aumente una posición de firmeza que evita realizar concesiones con grupos armados. Es decir, que no sacrificaría la Justicia como un mecanismo para la paz y la reconciliación. A la derecha se pueden observar los niveles de resiliencia para las víctimas que perdieron un familiar. Las víctimas que reportaron la muerte de un hijo u otro familiar tienen mayor resiliencia comunitaria e igual resiliencia individual que aquellos que reportaron la muerte del padre o de la pareja. Las diferencias de estos grupos en los niveles de salud mental también son similares. No pareciera existir tanta diferencia en los efectos traumáticos de acuerdo a la cercanía familiar de la víctimas. Además, cabe resaltar la alta dispersión que tienen los datos cuando el familiar asesinado es un padre. Seguramente existen varios factores que intermedian este efecto como la edad o el contexto socio económico.
Finalmente, las anteriores dos gráficas permiten comparar diferentes niveles de resiliencia de acuerdo al género, si es analfabeta, si hizo duelo y si sabe donde están los cadáveres. La primera gráfica no muestra diferencias en los niveles de resiliencia de hombres y mujeres, ni de acuerdo a los niveles de alfabetización. Esta relación puede estar mediada por la intensidad del conflicto, en donde la violencia fue especialmente dirigida a mujeres, grupos indígenas y zonas rurales con altas tasas de analfabetismo. La segunda gráfica permite observar la importancia del duelo y de conocer donde están los cadáveres de los familiares asesinados para poder procesar el trauma de forma individual y colectiva. Las víctimas que tuvieron un duelo y conocen donde están los cadáveres tuvieron mayores niveles de resiliencia tanto individual como comunitaria. También cabe resalta que cuando la persona conoce donde están los cadáveres, así haya hecho el duelo o no, los niveles de resiliencia son similares. Esta forma de reparación a los muertos cobra especial relevancia en el contexto
católico e indígena y por las dinámicas de violencia en Guatemala, donde muchas víctimas no pudieron conocer donde estaban los muertos debido a las masacres que se instauraron.
Estas estadísticas permiten entender un poco más sobre la resiliencia individual y colectiva y resaltan la importancia del acceso público de la información. En la siguiente sección sólo se incluirá el nivel de resiliencia total. Es decir, la resiliencia individual junto con los actos de compromiso con la comunidad debido a que no hay gran diferencia en los resultados y permite una mejor comprensión de estos. Estos resultados preliminares presentan sesgos de auto reporte y selección que serán discutidos en la siguiente sección.
4 Metodología
Este trabajo utiliza la intensidad de la violencia para encontrar cuáles son sus efectos sobre seis variables resultado. Las tres primeras regresiones muestran el efecto de la violencia sobre la salud mental, la destrucción del tejido social y la resiliencia. Las siguientes tres regresiones del modelo probit muestran el efecto de la violencia sobre la percepción de las víctimas sobre la importancia de la justicia, verdad y reparación para no repetir la violencia.
La siguiente ecuación muestra las estimaciones a realizar:
𝑦𝑖 = 𝛽0+ 𝛽1𝑉𝑖𝑜𝑙𝑒𝑛𝑐𝑖𝑎𝑖+ 𝛽2𝑋𝑖+ 𝜀𝑖
Las variables varían por testimonio. En donde y corresponde a diferentes variables resultado, violencia es un índice de intensidad de la violencia y X corresponde a controles: si estuvo presente durante la violación, el tiempo transcurrido entre el hecho y la entrevista, si sabe leer y escribir, la edad, el género y si la persona era indígena a partir de una variable proxy, si el idioma en el que se desarrollo la entrevista era en español o en una lengua indígena. 𝛽1 captura el impacto causal que tiene la violencia sobre el tejido social y es consistente bajo el supuesto de que no existió sesgo de selección. Es decir, que la violencia no se correlaciona con las variables observables y no observables de los individuos. Sin embargo, esto supuesto no se puede probar debido a que no se tienen datos antes y después del hecho violento y a que no es posible controlar por sesgos de variables no observables ante la limitación de los datos.
El sesgo de selección implica que las dinámicas de la violencia ejercen mayor intensidad sobre algunos individuos con características distintas. Por ejemplo, los líderes
comunitarios o las personas visibles que apoyen la guerrilla se convierten en objetivo militar.
Estas personas ya tenían inclinaciones hacia la participación política, el apoyo comunitario, la solidaridad, el compromiso y pueden tener una mayor inclinación hacia la verdad y la reparación que hacia la justicia que aquellos que no eran lideres. Por lo tanto, el incremento de los niveles de resiliencia y las inclinaciones hacia la reconciliación no estaría dado por la violencia sino por condiciones ex ante de los niveles de estos niveles de solidaridad y participación. Asimismo, es posible que se subestimen los efectos sobre la salud mental debido a que estos individuos pueden presentar un mayor control emocional y menos actitudes de intrusión que les permiten compartir más fácilmente en comunidad y buscar mecanismos para afrontar la verdad y recibir reparación. Por ejemplo, los efectos de la violencia sobe el consumo de alcohol, los pensamientos repetitivos, la tristeza o la cólera pueden ser distintos según condiciones particulares de la víctima que lo llevaron a ser victimizado. Los efectos en la salud mental podrían ser mayores en aquellos que no tienen esas inclinaciones ex ante.
Guatemala ofrece un caso especial que permite controlar estos problemas de identificación de las víctimas. Para las pruebas de robustez se estratifican los testimonios a aquellos que reportaron haber presenciado una masacre y describieron el hecho. En este caso, ya no se supone que toda la violencia fue exógena sino que sólo la violencia ejercida durante las masacres. Este supuesto es más plausible debido a las dinámicas de este tipo de violencia.
Las masacres fueron un instrumento utilizado por el Estado para generar miedo en la población civil y para destruir la base social. Los habitantes de las comunidades fueron perseguidos y declarados auxiliares de la guerrilla a pesar de no tener participación en el conflicto armado. Los asesinatos colectivos fueron comunes entre 1980 y 1982 y era probable que las víctimas fueran asesinadas por una decisión arbitraria de los soldados. Las descripciones de las masacres por parte de víctimas y victimarios evidencian como soldados llegaban a la comunidad repentinamente y asesinaban una parte de la población o quemaban casas para generar miedo y desestructurar las organizaciones (Nairn y Simon, 1982; REMHI, 1996).
También existe evidencia cuantitativa de estos hechos a partir de las descripciones de las masacres. La Gráfica 2 muestra la correlación de las palabras usadas en las descripciones entre los testimonios que reportaron una intensidad de violencia mayor y menor a la media.
La correlación entre los testimonios de estos dos grupos es estadísticamente significativa e igual a 0.94. Estos resultados son consistentes con diferentes especificaciones de la violencia, como elegir a partir de cuartiles o utilizar el número de eventos reportados como variable de violencia. Estos resultados indican que las dinámicas de las masacre fueron similares para los testimonios que fueron más y menos victimizados. La gráfica 3 muestra cadenas de dos palabras que más se repitieron en las descripciones. Las cadenas que apoyan la hipótesis bajo la cual la violencia en las masacres fue exógena son: ser guerrilleros, ejército, victimarios o soldados llegaron repentinamente, murieron personas y queman casas. Estas frases implican que la violencia no era selectiva a las características de la población. El ejército llegaba de forma aleatoria a ciertas comunidades, acusaba a la población de ser guerrillera para luego asesinar una parte dela población y quemar las casas. En este sentido, las características de los individuos no eran las determinantes de sus niveles de victimización y las dinámicas de la violencia eran similares entre los más y los menos victimizados. Esta característica de la violencia permite explotar cierta aleatoriedad en la intensidad de la violencia sobre las comunidades, familias e individuos.
Gráfica 2:Correlación en las descripciones de los testimonios más y menos victimizados
Gráfica 3: Unión de palabras más repetidas en las descripciones de masacres
Existen otros sesgos debido a que los testimonios corresponden a auto reportes de las víctimas. En primer lugar, la naturaleza subjetiva del trauma de cada individuo genera un sesgo en la observaciones de la violencia. El recuerdo y las fechas de los eventos se
distorsionan de acuerdo al tiempo transcurrido desde el evento traumático; el olvido selectivo y la focalización del recuerdo varían de acuerdo al nivel de la violencia; la simplificación o amplificación de los hechos puede ser adaptada de acuerdo a las necesidades del presente (la memoria del vencido); y la concepción del tiempo y del trauma o las formas de expresarse varían según la cultura (Beristain, 2000). Para controlar por estos sesgos, los codificadores de las entrevistas realizaron pruebas de fiabilidad al analizar la coherencia interna del testimonio y contrastar con otras fuentes. Además, los entrevistadores fueron seleccionados de la comunidad y capacitados para permitir que el testimonio sea lo más fiel posible a los hechos. Además, las personas que decidieron contar su verdad pueden tener diferentes comportamientos emocionales ante el trauma, niveles de resiliencia, liderazgo o redes de apoyo que aquellos que decidieron no participar. Por lo tanto, existe un subreporte en los testimonios que hace que el análisis no sea representativo a todas las víctimas sino a aquellas que tienen una disposición mayor a participar de estas entrevistas.
5 Resultados
Regresión 1: Efecto de la violencia sobre la salud mental, el tejido social, la resiliencia y la opiniones hacia la reconciliación.
Salud mental
Tejido social
Resiliencia
comunitaria Justicia Verdad Reparación
Intercepto -0.03
(0.05)
-0.05 (0.05)
-0.01 (0.06)
0.12 (0.07)
0.39***
(0.08)
0.11 (0.06) Intensidad violencia 0.15***
(0.02)
0.19***
(0.02)
0.10***
(0.02)
0.04 (0.03)
0.10**
(0.03)
0.10***
(0.03) Presente durante los
hechos (Sí = 1)
0.05**
(0.02)
0.01 (0.02)
0.02 (0.02)
0.01 (0.03)
0.01 (0.03)
0.02 (0.02)
Reciente 0.00
(0.00)
0.01*
(0.00)
0.00 (0.00)
0.01 (0.00)
0.00 (0.00)
0.00 (0.00) Analfabeta (Sí = 1) 0.00
(0.02)
-0.01 (0.02)
-0.05*
(0.02)
-0.01 (0.03)
-0.05 (0.03)
0.08***
(0.02)
Edad 0.00
(0.00)
0.00 (0.00)
0.00 (0.00)
0.00 (0.00)
0.00**
(0.00)
0.00**
(0.00)
Sexo (M = 1) -0.04*
(0.02)
-0.06***
(0.02)
-0.02 (0.02)
0.03 (0.03)
0.03 (0.03)
0.06**
(0.02) Idioma entrevista
(Español = 1)
0.03 (0.02)
0.04*
(0.02)
0.07**
(0.02)
0.05 (0.03)
-0.01 (0.03)
0.01 (0.02)
R^2 0.04 0.05 0.02 0.01 0.02 0.03
Observaciones 1900 1900 1707 1110 1110 1110
La regresión 1 muestra el efecto de la violencia sobre las seis variables de resultado.
En las primeras tres columnas se puede observar que el índice de violencia tiene un impacto positivo sobre los índices de (peor) salud mental, destrucción del tejido social y resiliencia comunitaria. El efecto de la violencia está entre 0.1 y 0.15 desviaciones estándar sobre cada índice. La magnitud del efecto es consistente con la observada en la tabla 2 en la diferencia de medias entre los más y menos victimizados, la cual estaba entre 0.8 y 0.12 desviaciones estándar. Estos resultados permiten observar una relación dosis-efecto entre la violencia, la salud mental y la resiliencia, lo cual implica que la respuesta emocional y de solidaridad hacia la comunidad depende directamente de la intensidad de la violencia. Este resultado puede ser contra intuitivo debido a la relación positiva entre los peores niveles de salud mental y la resiliencia comunitaria. Esto podría explicarse al observar la resiliencia como un mecanismo para superar el dolor del trauma, lo cual permite que los efectos negativos sobre la salud mental no desencadenen en situaciones de parálisis emocional. Esta evidencia apoya la tesis de Bonanno, 2014 en la cual la resiliencia es una respuesta común al trauma en lugar de una habilidad personal.
Al observar las otras dos variables de la violencia, la presencia del individuo durante el hecho tiene un efecto sobre la salud mental pero no sobre el tejido social. Este resultado es consistente con la variación de los efectos de la violencia según la cercanía del individuo con el hecho. El tiempo transcurrido desde el hecho tiene un impacto sobre la destrucción del tejido social pero no sobre la salud mental. Estos resultados tienen limitaciones debido a la temporalidad de los hechos y a la época de mayor intensidad de la violencia. Las entrevistas se realizaron 16 años después del pico de violencia por lo cual la temporalidad no tiene un efecto sobre la salud mental. La destrucción del tejido social fue mayor entre más años pasaran debido al pico de violencia ocurrido en 1982, época en la cual se concentran los datos de las violaciones. A pesar de esto, es interesante observar la persistencia de los efectos de la violencia sobre la salud mental y la resiliencia.
En la segunda columna se puede observar que la violencia destruye el tejido social debido al hostigamiento, el asesinato, la destrucción de bienes, la ruptura de asociaciones y la pérdida de confianza. Pues a partir de estas variables fue construido el índice. El efecto de la violencia es el más alto y corresponde a 0.19 desviaciones estándar sobre el índice de destrucción del tejido social. Este resultado implica que en aquellos lugares donde más se
ejerció la violencia, hubo una mayor ruptura de las asociaciones comunitarias, lo cual es tautológico al recordar las dinámicas del conflicto armado. El propósito de la violencia era destruir la base social de las comunidades al desestructurar todo tipo de organizaciones.
Las tres últimas columnas muestran las inclinaciones de las personas que dieron testimonios hacia la justicia, la verdad y la reparación. Los coeficientes se pueden interpretar a partir de la dirección pero no de la magnitud debido a que corresponden a un modelo probit.
La violencia tiene un efecto positivo y significativo sobre la probabilidad de reportar verdad o reparación como método de no repetición. Aunque, la violencia no tiene un efecto significativo sobre la probabilidad de reportar justicia. Estas primeras correlaciones parecen indicar que la violencia moldea las opiniones de los individuos para la reconciliación.
Aquellas víctimas que sufrieron una mayor intensidad de la violencia creen que es más necesario conocer la verdad y reparar a las víctimas para no repetir lo ocurrido. Además, se observa que no hay diferencias significativas en las inclinaciones hacia la justicia entre los más y menos victimizados. Que no hayan diferencias entre más y menos victimizados en sus inclinaciones hacia la justicia pueden implicar un mecanismo de resiliencia o miedo que busca parar con la violencia y seguir con sus vidas (Nussio et al, 2015; Téllez, 2019).
Además, estos resultados sugieren que aquellas víctimas que más sufrieron la intensidad de la violencia están más dispuestos a hacer concesiones ante la impunidad de los victimarios para no repetir los ciclos de violencia. Es importante diferenciar las opiniones, no sólo entre víctimas y no víctimas del conflicto, sino también por niveles de victimización. La resultados presentados carecen de intuición causal debido al sesgo de selección observado en la muestra.
La regresión 2 estratifica la muestra a testimonios que fueron víctimas de una masacre y que dieron una descripción de lo ocurrido. Así, es posible controlar el sesgo de selección debido a la exogeneidad de la violencia durante un hecho violento público y colectivo. La muestra se reduce a 420 testimonios de una masacre con efectos sobre la salud mental y el tejido social, 399 que reportaron un índice de resiliencia y 253 que reportaron alguna percepción sobre la justicia, verdad y reparación. A pesar de la reducción de la muestra, los resultados observados son consistentes en las dos regresiones en magnitud y en dirección, excepto por las opiniones hacia la reparación. En este caso, la violencia tiene un menor efecto sobre la destrucción del tejido social en 0.3 desviaciones estándar pero un efecto mayor sobre la resiliencia comunitaria en 0.4 desviaciones estándar. Esta diferencia en las magnitudes se
puede interpretar a partir de las dinámicas de la violencia en una masacre. La reducción en el efecto de la destrucción del tejido social puede estar dada por la disminución en el hostigamiento o asesinato selectivo de los miembros de la comunidad. Al detallar las opiniones de las víctimas hacia la reconciliación en las tres últimas columnas, se puede observar que el efecto de la violencia sobre las inclinaciones hacia la verdad pasa a ser el doble y el efecto sobre la reconciliación deja de ser significativo. Esto implica que no hay diferencias en las opiniones de las víctimas que sufrieron de mayor y menor intensidad hacia la justicia y la reparación pero sí hacia la verdad. Por último, la gráfica 2 permite observar la relación entre violencia, la salud mental, el tejido social y la resiliencia comunitaria ajustada por las variables de control junto a una tendencia de correlación. Se puede observar una relación positiva en cada una de estos resultados. Aunque, la línea ajustada por lo controles sube el intercepto del efecto de la violencia sobre las variables resultado. Estas gráficas son consistentes con diferentes especificaciones de la violencia como los índices construidos sobre los datos de violencia originales y el número de reportes por testimonio. Aun así, el índice de violencia sobre las categorías es el que mejor aprovecha la dispersión de los datos.
Regresión 2: Análisis de Robustez: Víctimas de masacres. Efecto de la violencia sobre la salud mental, el tejido social, la resiliencia y la opiniones hacia la reconciliación.
Salud mental
Tejido social
Resiliencia
comunitaria Justicia Verdad Reparación
Intercepto -0.25
(0.20)
-0.10 (0.20)
0.02 (0.22)
0.25 (0.25)
0.15 (0.25)
0.49*
(0.23) Intensidad violencia 0.15***
(0.04)
0.16***
(0.05)
0.14**
(0.05)
0.00 (0.06)
0.20***
(0.06)
0.08 (0.05) Presente durante los
hechos (Sí = 1)
0.09*
(0.04)
-0.02 (0.05)
-0.02 (0.05)
0.09 (0.06)
0.04 (0.06)
0.09 (0.05)
Reciente 0.02
(0.01)
0.01 (0.01)
0.00 (0.01)
-0.01 (0.02)
0.03 (0.02)
-0.02 (0.01) Analfabeta (Sí = 1) 0.03
(0.05)
-0.03 (0.05)
-0.01 (0.05)
0.04 (0.06)
0.10 (0.06)
0.09 (0.06)
Edad 0.00
(0.00)
0.00 (0.00)
0.00 (0.00)
0.00 (0.00)
-0.01**
(0.00)
0.00 (0.00)
Sexo (M = 1) -0.06
(0.05)
-0.03 (0.05)
0.03 (0.05)
0.14*
(0.07)
-0.03 (0.07)
0.00 (0.06) Idioma entrevista
(Español = 1)
0.08 (0.05)
0.06 (0.05)
0.16**
(0.06)
-0.06 (0.07)
-0.08 (0.07)
-0.04 (0.06)
R^2 0.06 0.04 0.04 0.04 0.1 0.04
Observaciones 420 420 399 253 253 253
Gráfica 4: Efecto de la violencia sobre el tejido social. Testimonios de masacres
6 Conclusiones
Los conflicto armados destruyen el tejido social. Para reconstruir este tejido, es necesario entender las dinámicas de la violencia y cómo estas ejercen cambios sobre las relaciones de los individuos con sus comunidades y sus perspectivas hacia la reconciliación.
Este trabajo comienza a partir de la sistematización de testimonios del conflicto armado de Guatemala y permite la creación de una nueva base de datos. Estas observaciones contienen información sobre violaciones de derechos humanos, información demográfica e indicadores sobre salud mental, asociaciones, redes comunitarias, resiliencia y opiniones hacia la reconciliación. Los sesgos de selección dificultan encontrar causalidad entre la intensidad de la violencia y las diferentes dimensiones del tejido social. Para esto, la estrategia empírica explota la exogeneidad de violencia durante las masacres sobre características observables y no observables de las víctimas. Las masacres fueron una estrategia militar por parte del ejército para generar miedo y desestructurar cualquier tipo de organizaciones. La población civil fue catalogada como objetivo militar, lo cual llevó a un pico de violencia arbitraria. Los datos no permiten observar respuestas de los testimonios antes y después del evento ni controlar por todas las variables no observables por comunidades. Por lo tanto, es necesario suponer que la violencia ejercida durante las mascares no fue selectiva a las características de los individuos.
Los resultados permiten observar una relación dosis-efecto entre la violencia, la salud mental y la resiliencia comunitaria, y una mayor inclinación hacia la verdad que hacia la justicia y la reparación por las victimas que sufrieron mayores niveles de violencia. La resiliencia actúa como una respuesta común ante el trauma y como un mecanismo para
superar el dolor y atenuar los afectaciones en salud mental y sus limitaciones funcionales. La correlación negativa entre resiliencia y salud mental debe ser tomada con especial precaución debido a la intermediación de los niveles de intensidad en la violencia, a los datos utilizados y al tiempo en el que fueron recolectados. Además, los resultados de este trabajo resaltan la importancia de la verdad para lograr procesos estables y duraderos de reconciliación durante el posconflicto. Asimismo, propone que deben existir debates ante las contraposiciones entre los deseos de verdad y la justicia como ocurre en los procesos de paz. Finalmente, es importante resaltar el trabajo metodológico por la sistematización de información de víctimas en una base de datos. La calidad de la información, su acceso y organización permiten mejores análisis y recomendaciones de política pública.
Con estos resultados presenten, se pueden extender algunas recomendaciones de política pública para el posconflicto, especialmente para el caso colombiano. En primer lugar, es importante mantener y potenciar los programas de atención psicosocial para la población más afectada en vista de la relación entre violencia y salud mental. De esta forma los problemas de salud mental no imposibilitan el funcionamiento del individuo y es posible aprovechar la resiliencia comunitaria, de la cual se desprende la segunda recomendación.
Existen diferentes programas que buscan aumentar la resiliencia de los individuos y de las comunidades para fortalecer los mecanismos de resistencia ante la adversidad. Existen diferentes programas de educación en ejercicios de mentalización, la importancia de la salud mental y el fortalecimiento de las relaciones familiares y comunitarias (Bak et al, 2015;
Marzana et al, 2013) que aumentan la salud mental y la resiliencia de los participantes. Al observar el efecto que tiene la violencia en la resiliencia individual de los lugares más afectados, se puede pensar en llevar a cabo intervenciones que conviertan y potencien el efecto comunitario. Para esto es necesario que el Estado pueda garantizar espacios de participación en las comunidades y seguridad que permita confiar en los demás y crear lazos con los demás. De esta forma, es posible crear organizaciones que permitan una recuperación más rápida y efectiva del tejido social que se debilitó durante el conflicto. También es importante recalcar la importancia de la identidad cultural y la apropiación comunitaria como un mecanismo para pasar de la resiliencia individual a la comunitaria (Carrasco, 2011). Las víctimas de la violencia tienen diferentes creencias de lo ocurrido que debilitan la relación con los demás.
La verdad se vuelve un mecanismo fundamental para darle sentido al trauma de forma colectiva. La reconstrucción del tejido social requiere del compromiso de toda la sociedad al crear narrativas que le permitan a los menos afectados por la violencia situarse en la posición de los más afectados y así construir una memoria colectiva que permita entender qué ocurrió, cuándo y dónde como mecanismo para la reconciliación. Una última recomendación metodológica se puede extender a partir de las sistematización de la información de las víctimas. Este trabajo puede dar luces a diferentes instituciones que trabajan acerca del conflicto armado sobre diferentes formas para crear una base de datos con información anonimizada de las víctimas a partir de entrevistas semiestructuradas. Un mejor acceso a la información de manera pública le permite a la sociedad mayor confianza en el proceso de paz, mayor entendimiento de lo que ocurrió durante el conflicto armado y la toma de políticas públicas de forma informada y responsable.
Colombia realizó un proceso de paz en el 2016 y creó diferentes mecanismo judiciales para conocer la verdad, reparar a las víctimas y sancionar a los victimarios. Estos mecanismos, al igual que el proceso de paz han estado en constantes ataques por parte de diferentes grupos políticos que consideran mejor la opción de mano dura. El problema se intensifica ante el aumento de las masacres, los asesinatos a líderes sociales y las protestas en los últimos años (Indepaz, 2021). A pesar de esto, la labor que han hecho instituciones como la Jurisdicción Especial para la Paz y la Comisión de la Verdad es especialmente importante para la reconciliación. Los reportes que han hecho sobre el secuestro de la guerrilla, los falsos positivos por parte de fuerzas del Estado o los nexos de altos funcionarios con estos grupos (JEP, 2021) permiten la creación de una memoria colectiva que otorga una mayor cohesión a las comunidades y al país, al igual que mayores niveles de resiliencia. De igual forma, estos reportes permiten que la sociedad que ha sido menos afectada por el conflicto armado pueda ponerse en la situación de las víctimas, entender un poco más de sus dificultades, no estigmatizarlos y acceder a un imaginario colectivo de la violencia.