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Historia de la madera en la Arquitectura

Historia de la madera en la Arquitectura

La preferencia por la madera desde los inicios de la historia de la construcción y su persistencia

La preferencia por la madera desde los inicios de la historia de la construcción y su persistencia

in-cluso en circunstancias adversas parecen indicar que existe una afinidad especial entre el hombre y

cluso en circunstancias adversas parecen indicar que existe una afinidad especial entre el hombre y

este material, por encima de su

este material, por encima de su simple disponibilidad.simple disponibilidad.

La madera ha sido siempre un material controlable y bien conocido, sobre el que ya desde la cultura

La madera ha sido siempre un material controlable y bien conocido, sobre el que ya desde la cultura

grecorromana se ha centrado la investigación y el paulatino desarrollo de técnicas con el fin de

grecorromana se ha centrado la investigación y el paulatino desarrollo de técnicas con el fin de

apro-vechar al máximo sus propiedades. La herencia de estos conocimientos se mantuvo, siglo tras siglo,

vechar al máximo sus propiedades. La herencia de estos conocimientos se mantuvo, siglo tras siglo,

hasta la revolución industrial, en la que el hierro, como material de alta resistencia, desplazó a la

hasta la revolución industrial, en la que el hierro, como material de alta resistencia, desplazó a la

ma-dera de las funciones estructurales a las meramente decorativas o de revestimiento. Sin embargo, las

dera de las funciones estructurales a las meramente decorativas o de revestimiento. Sin embargo, las

modernas técnicas de laminado y encolado han permitido volver a situar sus propiedades mecánicas

modernas técnicas de laminado y encolado han permitido volver a situar sus propiedades mecánicas

a la altura de las circunstancias. Por tratarse de un material orgánico, cuenta con unas cualidades

a la altura de las circunstancias. Por tratarse de un material orgánico, cuenta con unas cualidades

adi-cionales que no encuentran competencia, pero esto mismo obliga a la vez a buscar soluciones para

cionales que no encuentran competencia, pero esto mismo obliga a la vez a buscar soluciones para

mantener el equilibrio ecológico que en buena medida depende del mantenimiento de nuestros

mantener el equilibrio ecológico que en buena medida depende del mantenimiento de nuestros

bos-ques.

ques.

Vivienda

Viviendas pre

s pre urbanas

urbanas

Antes de abordar la exposición cultural del empleo estructural o resistente de la madera a lo largo de

Antes de abordar la exposición cultural del empleo estructural o resistente de la madera a lo largo de

la Historia, conviene apuntar una serie de consideraciones según el grado de estabilidad y

la Historia, conviene apuntar una serie de consideraciones según el grado de estabilidad y

durabili-dad de las construcciones.

dad de las construcciones.

Viviendas efímeras

Viviendas efímeras

La necesidad del hombre de protegerse frente a variaciones climáticas o de temperatura le obligaron

La necesidad del hombre de protegerse frente a variaciones climáticas o de temperatura le obligaron

a inventarse refugios, más o menos fijos, que consistían en armazones de madera someramente

a inventarse refugios, más o menos fijos, que consistían en armazones de madera someramente traba-

traba- jados que servían de soporte a un recubrimiento compuesto de materiales orgánicos, vegetales o

 jados que servían de soporte a un recubrimiento compuesto de materiales orgánicos, vegetales o

raí-ces, en algunos casos amasados en algún medio ligante.

ces, en algunos casos amasados en algún medio ligante.

Las soluciones más sencillas son las vinculadas a situaciones efímeras por el carácter móvil o

Las soluciones más sencillas son las vinculadas a situaciones efímeras por el carácter móvil o

tras-humante de su cultura, siempre a la búsqueda de recursos para subsistir.

humante de su cultura, siempre a la búsqueda de recursos para subsistir.

Datados en el año 4000 a.C. se han encontrado vestigios de viviendas de carácter estacional en la

Datados en el año 4000 a.C. se han encontrado vestigios de viviendas de carácter estacional en la

aldea de Panp’o (China), formadas por seis troncos que r

aldea de Panp’o (China), formadas por seis troncos que rodean un fuego central, que sirven de sopoodean un fuego central, que sirven de sopor-

r-te a un r-techo cubierto con barro y césped.

te a un techo cubierto con barro y césped.

Algunos ejemplos mucho más cercanos pero

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asimi-lables a los primitivos podrían ser los skerm de los

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bosquimanos africanos (desierto del Kalahari), en

bosquimanos africanos (desierto del Kalahari), en

los que un entramado de ramas arrancadas de

los que un entramado de ramas arrancadas de algúnalgún

árbol cercano, formando un arco, soporta una

árbol cercano, formando un arco, soporta una

cu-bierta vegetal sujeta por una cuerda atada

bierta vegetal sujeta por una cuerda atada

perime-tralmente.

tralmente.

La cabaña de los pigmeos bambutis (Selva Ituri,

La cabaña de los pigmeos bambutis (Selva Ituri,

Áfri-ca) es otro caso similar, en el que un círculo formado

ca) es otro caso similar, en el que un círculo formado

por pequeños arbolillos hincados firmemente en el

por pequeños arbolillos hincados firmemente en el

suelo se cubre trenzando el extremo superior, para

suelo se cubre trenzando el extremo superior, para

posteriormente revestir la estructura con grandes hojas

posteriormente revestir la estructura con grandes hojas

engarzadas mediante cortes en la base del tallo.

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Soluciones algo más elaboradas por necesidad de

Soluciones algo más elaboradas por necesidad de

du-rabilidad o por condiciones climatológicas más severas

rabilidad o por condiciones climatológicas más severas

son los tupiq inuit y las tiendas cónicas de los indios

son los tupiq inuit y las tiendas cónicas de los indios

de las llanuras americanas.

de las llanuras americanas.

El tupiq es una estructura de palos de madera con

El tupiq es una estructura de palos de madera con

plan-ta en forma de herradura parecida al iglú. Los palos se

ta en forma de herradura parecida al iglú. Los palos se

disponen de forma convergente y se unen algo por

disponen de forma convergente y se unen algo por

debajo de la intersección con otros palos que la

debajo de la intersección con otros palos que la

rigidi-zan formando un caballete. El armazón resultante, de

zan formando un caballete. El armazón resultante, de

forma conoide, se recubre con pieles de foca y el

forma conoide, se recubre con pieles de foca y el

con- junto se asegura mediante pesadas piedras que bordean

 junto se asegura mediante pesadas piedras que bordean

el conjunto.

el conjunto.

Las tiendas de los indios americanos están formadas por

Las tiendas de los indios americanos están formadas por

una estructura básica de tres o cuatro postes hincados en

una estructura básica de tres o cuatro postes hincados en

el suelo y atados en su extremo superior, sobre los que se

el suelo y atados en su extremo superior, sobre los que se

apoyan una serie de palos adicionales que dan forma al

apoyan una serie de palos adicionales que dan forma al

recinto, que se recubre con pieles de búfalo cosidas y

recinto, que se recubre con pieles de búfalo cosidas y

suje-tas en la base con piedras. La parte superior deja un hueco

tas en la base con piedras. La parte superior deja un hueco

para ventilación y salida de humos.

para ventilación y salida de humos.

Estas sencillas estructuras, con independencia de su carácter más o menos eventual, se van

Estas sencillas estructuras, con independencia de su carácter más o menos eventual, se van

progresi-vamente complicando en función de las exigencias de sus habitantes.

vamente complicando en función de las exigencias de sus habitantes.

Las cabañas de los indios yanomamö

Las cabañas de los indios yanomamö

(Orino-co, Venezuela) son viviendas circulares

co, Venezuela) son viviendas circulares

lla-madas shabono, que se construyen mediante

madas shabono, que se construyen mediante

dos familias de palos hincados en el suelo que

dos familias de palos hincados en el suelo que

forman dos círculos concéntricos, separados

forman dos círculos concéntricos, separados

en torno a 2,5 m, siendo la línea exterior de

en torno a 2,5 m, siendo la línea exterior de

1,5 m de altura y la interior de unos 3 m.

1,5 m de altura y la interior de unos 3 m.

Unos travesaños unen la parte superior de los

Unos travesaños unen la parte superior de los

pilares y sobre estos se apoyan largos y

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del-Soluciones algo más elaboradas por necesidad de

Soluciones algo más elaboradas por necesidad de

du-rabilidad o por condiciones climatológicas más severas

rabilidad o por condiciones climatológicas más severas

son los tupiq inuit y las tiendas cónicas de los indios

son los tupiq inuit y las tiendas cónicas de los indios

de las llanuras americanas.

de las llanuras americanas.

El tupiq es una estructura de palos de madera con

El tupiq es una estructura de palos de madera con

plan-ta en forma de herradura parecida al iglú. Los palos se

ta en forma de herradura parecida al iglú. Los palos se

disponen de forma convergente y se unen algo por

disponen de forma convergente y se unen algo por

debajo de la intersección con otros palos que la

debajo de la intersección con otros palos que la

rigidi-zan formando un caballete. El armazón resultante, de

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forma conoide, se recubre con pieles de foca y el

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con- junto se asegura mediante pesadas piedras que bordean

 junto se asegura mediante pesadas piedras que bordean

el conjunto.

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Las tiendas de los indios americanos están formadas por

Las tiendas de los indios americanos están formadas por

una estructura básica de tres o cuatro postes hincados en

una estructura básica de tres o cuatro postes hincados en

el suelo y atados en su extremo superior, sobre los que se

el suelo y atados en su extremo superior, sobre los que se

apoyan una serie de palos adicionales que dan forma al

apoyan una serie de palos adicionales que dan forma al

recinto, que se recubre con pieles de búfalo cosidas y

recinto, que se recubre con pieles de búfalo cosidas y

suje-tas en la base con piedras. La parte superior deja un hueco

tas en la base con piedras. La parte superior deja un hueco

para ventilación y salida de humos.

para ventilación y salida de humos.

Estas sencillas estructuras, con independencia de su carácter más o menos eventual, se van

Estas sencillas estructuras, con independencia de su carácter más o menos eventual, se van

progresi-vamente complicando en función de las exigencias de sus habitantes.

vamente complicando en función de las exigencias de sus habitantes.

Las cabañas de los indios yanomamö

Las cabañas de los indios yanomamö

(Orino-co, Venezuela) son viviendas circulares

co, Venezuela) son viviendas circulares

lla-madas shabono, que se construyen mediante

madas shabono, que se construyen mediante

dos familias de palos hincados en el suelo que

dos familias de palos hincados en el suelo que

forman dos círculos concéntricos, separados

forman dos círculos concéntricos, separados

en torno a 2,5 m, siendo la línea exterior de

en torno a 2,5 m, siendo la línea exterior de

1,5 m de altura y la interior de unos 3 m.

1,5 m de altura y la interior de unos 3 m.

Unos travesaños unen la parte superior de los

Unos travesaños unen la parte superior de los

pilares y sobre estos se apoyan largos y

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del-gados arbolillos que van conformando un edificio en forma de toro, en el que el agujero central,

gados arbolillos que van conformando un edificio en forma de toro, en el que el agujero central,

ini-cialmente de ventilación, acaba convirtiéndose en una especie de patio cuando la vivienda adquiere

cialmente de ventilación, acaba convirtiéndose en una especie de patio cuando la vivienda adquiere

unas dimensiones importantes, y toda vez que la madera disponible no supera unas luces

unas dimensiones importantes, y toda vez que la madera disponible no supera unas luces

determina-das, sirviendo sólo para cubrir el anillo exterior.

das, sirviendo sólo para cubrir el anillo exterior.

Otro ejemplo similar es la maloca de los indios

Otro ejemplo similar es la maloca de los indios

erigbaagtsa (cuenca del Amazonas, América del

erigbaagtsa (cuenca del Amazonas, América del

Sur), cuya estructura principal está formada por tres

Sur), cuya estructura principal está formada por tres

pares largos de troncos a modo de pilares formando

pares largos de troncos a modo de pilares formando

un rectángulo, arriostrados en su parte superior con

un rectángulo, arriostrados en su parte superior con

vigas, entre los que se disponen una serie de

vigas, entre los que se disponen una serie de

mon-tantes reforzados con elementos horizontales y

tantes reforzados con elementos horizontales y

ase-gurados con lianas. El recinto final, de planta

gurados con lianas. El recinto final, de planta

ovala-da, cubre su techo y paredes con gruesas capas de

da, cubre su techo y paredes con gruesas capas de

frondas de palmera.

frondas de palmera.

El yurt kirgiz o turkic (tribus nómadas de las

El yurt kirgiz o turkic (tribus nómadas de las

estepas de Asia) tiene forma de domo, y sus

estepas de Asia) tiene forma de domo, y sus

paredes están formadas por un armazón

paredes están formadas por un armazón

reticu-lar plegable de hojas de sauce, sobre el que se

lar plegable de hojas de sauce, sobre el que se

apoyan unos troncos que de forma radial se

apoyan unos troncos que de forma radial se

atan a un aro de madera que sirve de anclaje y

atan a un aro de madera que sirve de anclaje y

ventilación. Recubren el entramado grandes

ventilación. Recubren el entramado grandes

piezas de fieltro.

piezas de fieltro.

El hogan y la ramada de los indios navajos

El hogan y la ramada de los indios navajos

(Amé-rica del Norte), y la vivienda pokot (Kenia) son

rica del Norte), y la vivienda pokot (Kenia) son

unos últimos ejemplos de viviendas temporales

unos últimos ejemplos de viviendas temporales

algo más estables.

algo más estables.

Las dos primeras son respectivamente la vivienda

Las dos primeras son respectivamente la vivienda

de invierno y la de verano de los navajos. El hogan

de invierno y la de verano de los navajos. El hogan

más convencional se construye mediante cuatro

más convencional se construye mediante cuatro

postes horcajados sobre los que se apoyan dos

postes horcajados sobre los que se apoyan dos

tra-vesaños a modo de vigas que servirán de apoyo a

vesaños a modo de vigas que servirán de apoyo a

las ramas y palos que conforman el techo.

las ramas y palos que conforman el techo.

Las paredes están formadas por palos hincados que

Las paredes están formadas por palos hincados que

se apoyan en la estructura del techo desarrollando

se apoyan en la estructura del techo desarrollando

una planta circular, reforzadas por un entretejido

una planta circular, reforzadas por un entretejido

horizontal. Finalmente el armazón se recubre con

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tierra húmeda que una vez seca endurece consolidando el conjunto. Este planteamiento es muy simi-lar al de algunos restos prehistóricos encontrados en China (Pam-p´o), Japón y el Cercano Oriente.

La ramada no es más que una estructura abierta de cuatro a seis postes horcajados, que sirve de soporte a un techo de pa-los y ramas, eventualmente cerrado en alguno de sus laterales para protegerse del viento.

El pokot es una vivienda circular con paredes formadas por postes cada 30 cm y juncos horizontales que cierran el conjun-to. Una serie de postes interiores dispuestos libremente sirven de apoyo adicional a las vigas del techo que apoyan en el pe-rímetro. La cubierta, en forma de domo, se cubre con hierba y tierra. La vivienda se ventila por una abertura en la parte supe-rior de la pared perimetral.

Viviendas semipermanentes

Las culturas más sedentarias han dado a sus construcciones un carácter más estable y han producido, por tanto, un trabajo más cuidado. Normalmente se trata de pueblos agricultores o de ganadería do-méstica, mucho más vinculados al terreno.

Un primer ejemplo podría ser el de las aldeas neolíticas construidas sobre palafitos descubiertas en el lago suizo de Neuchâtel en 1885, que estaban formadas por casas de madera cuya duración limitada -de seis a doce años- provocaba su reconstrucción periódica. Las viviendas se levantaban sobre unas plataformas apoyadas sobre palos empotrados en el fondo de los lagos, ríos o pantanos donde se ubi-caban.

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En las viviendas babilónicas de la Baja Mesopotamia, en concreto en los restos de Katal Hüyük (Anatolia, 6000 a.C.) se han encontrado viviendas colectivas hechas con ladrillos de adobe y un ligero entramado de madera, a las que se accede desde el techo mediante una escalera tam-bién de madera, ya que una gran parte de la vida se desa-rrollaba en la terraza.

Estos techos eran por tanto planos, construidos mediante tiras de caña recubiertas de espesas capas de fango, y se apoyaban sobre vigas de madera. El interior se organiza-ba en plataformas, la más importante de las cuales se enmarcaba con troncos de árboles.

Mucho más recientemente, con sistemas provenientes de la antigua civilización anasa pero que per-duran en la actualidad, los indios pueblo (Arizona y Nuevo Méjico, América del Norte) desarrollan unas construcciones en forma de graderío, caracterizadas por muros de ladrillo de adobe o piedra sobre mortero, con grandes vigas de madera de cedro de 30 cm de diámetro que se apoyan en los muros, y viguetas transversales muy juntas entre sí apoyadas a su vez sobre las vigas. Las vigas prin-cipales no se cortan dada su escasez y en previsión de su posterior reutilización, de forma que sobre-salen por la fachada en una imagen característica de estos núcleos.

Viviendas permanentes

Cuando la cultura vinculada a la tierra alcanza importantes grados de desarrollo, la vivienda necesita ser mucho más duradera y prolongar su vida a varias generaciones. Se construye ya necesariamente con materiales duraderos (madera o mampostería), y cuando la zona está expuesta a cambios climáti-cos importantes que requieran una especial adaptación, se recurre a materiales aislantes.

En esta línea se ha comprobado que incluso en el Neolítico había construcciones permanentes de troncos. Los arquitectos fenicios eran expertos en edificación con piedra y madera, y construyeron en torno al siglo X a.C. casas más altas que las de Roma. Los escitas, según Herodoto, utilizaron troncos para la construcción de las cámaras funerarias de sus reyes, en una época coetánea, en torno al año 1000 a.C. Escritores romanos como Tácito hablan ya de construcciones en Alemania con estructura de troncos cortados, de sección cuadrangular. Estas viviendas que, precisamente por su disposición enterrada, se han conservado mejor que muchas estructuras al aire libre.

Se observan tanto tipologías de apoyo superficial como de apoyo profundo.

Entre las primeras, el apoyo puntual mediante postes cortos de madera encajados en el terreno fue el sistema más característico de toda la Prehistoria (desde el Paleolítico hasta la Edad de Hierro), y po-día llegar a encontrarse tanto en asentamientos temporales como permanentes. También se empleaba el apoyo lineal sobre el terreno, mediante troncos acostados horizontalmente, y el apoyo profundo de los palafitos en terrenos húmedos y pantanosos.

En definitiva, la utilización de la madera estructural era desde los orígenes del hombre un recurso generalizado, principalmente condicionado no tanto a la estabilidad del asentamiento como a la dis-ponibilidad de este material. Estaba claramente ligada a las zonas de bosques abundantes, que permi-tían y potenciaban la madera como material de construcción básico.

Cuando era asequible, la cultura de su utilización y el oficio para su manipulación se desarrollaban sin más problemas.

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Historia del Log Home

Algunos autores hablan de cientos de miles de años cuando se refieren a los orígenes de las construcciones con troncos de árboles. Es posible imaginar que fue una de las alter-nativas iniciales del hombre para poder cons-truir su abrigo, desde el neolítico con herra-mientas de piedra, pero mucho más desde la edad del hierro o del bronce, donde se contó con medios como para voltear un árbol y luego conferirle al tronco la forma más ade-cuada para su utilización como parte de un edificio.

El árbol fue utilizado como un enorme mam-puesto y muchas de las técnicas tuvieron si-militud con la tecnología de la construcción en piedra o en tierra.

El muro resulta del apilamiento de troncos con distintos tipos de devastado de sus caras que dan ori-gen a diversas alternativas constructivas. Pero todas ellas tiene algo en común, el “tejido”, por medio

de encastres a cuarto de madera (o media madera en algunos casos), de los extremos del tronco. Esta simple solución se encuentra en los edificios más antiguos y continúa siendo en el siglo XXI, la c1ave básica de esa modalidad de construir muros.

Hace casi 3000 años, en la soledad y en la inmensidad de los bosques europeos, los hombres empe-zaron a usar troncos para construir sus casas con los árboles que había tallado, con hachas de bronce cuyo conocimiento acababan de adquirir.

El hombre ha utilizado desde las épocas más primitivas, la madera para construir sus refugios-vivienda. Existen testimonios arqueológicos de que en el periodo neolítico ya se utilizaban construc-ciones de troncos. Incluso alguna de esas construcconstruc-ciones han perdurado hasta nuestros días, lo que nos indica la gran durabilidad de la madera; algo que no ocurre con ningún otro material (hormigón, acero, hierro, aluminio, PVC, etc.) excepto la piedra.

La casa de troncos más antigua que aún se conserva en su totalidad esta en Noruega, se la denomina la "Ranlandstue" y es del año 1.250 d.c. Esta casa se encuentra en la actua-lidad en el Museo Popular de Oslo, y está construida con troncos de Abeto.

Diversas técnicas de construcción de troncos aparecieron por toda Europa, reflejando la tradición, la cultura y las habilidades de cada una de las regiones.

En Francia, en algunas áreas, par ejemplo en el Sur de los Alpes, todavía se encuentran algunas cons-trucciones de madera, llamadas " fuste ", que es una vieja palabra francesa para designar esas casas de madera hechas con trancos de arboles.

Los hombres inventaron una técnica apropiada de un ensamblaje de troncos que evitaba calafatear-los.

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Consistía en trazar cada tronco con una herramienta hecha de hierro, que parecía a un par de diviso-res, y ajustarlo, reproduciendo la forma del tronco de abajo. Se conoce como la técnica europea de ajustamiento de los troncos por un trazado sin calafatear.

Las investigaciones arqueológicas en Europa parecen mostrar que las casas de troncos, construidas con los arboles enteros, empilados y cortados, se pueden encontrar desde siempre por todas partes. Es una técnica de construcción que encontramos tanto en las regiones frías como en las montañosas, o las selvas. En la mayor parte de las regiones europeas, como consecuencia de la agricultura y más tarde, del desarrollo industrial, las tierras eran, día tras día, despobladas de arboles y con la carencia de arboles, la tradición del arte de la construcción de las casas de troncos se convirtió en una heren-cia perdida y olvidada.

El alto consumo del recurso forestal requerido por esta tecnología, no fue un límite cuando los bosques parecían infinitos frente a una pobla-ción escasa en número y ac-tividades.

Desde el principio del pasado siglo XX, un amplio progra-ma de repoblación forestal fue lanzado en toda Europa, por ejemplo en Francia, don-de en la actualidad el 30 % de su superficie está cubierta de bosques. Estos bosques ahora están produciendo una gran cantidad de coníferas, que permite un nuevo desa-rrollo de la industria de la construcción de troncos.

Estas tradiciones de construir llegaron también al entonces nuevo mundo, sobre todo a América del Norte (originado en los grupos que migraron a esas latitudes), y en un inicio parecía volverse a la imagen de la Europa del pasado, los grandes bosques frente a pocos pobladores.

En Norteamérica, donde los bosques casi vírgenes eran abundantes, la llegada de los emigrantes eu-ropeos hizo revivir la técnica de construcción de troncos que ahora es parte de las tradiciones de los pioneros norteamericanos.

Sin embargo, en el nuevo mundo también, la industrialización rechazó el arte de la construcción de troncos, y durante algún tiempo parecía que también esta tecnología pasaba a la historia. Pero la latencia de la gran valoración cultural del log Home, estaba presente.

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Civilizaciones antiguas

Mesopotamia y Persia

La insuficiencia de madera en los grandes valles del Tigris y el Éufrates es la responsable de la ca-racterística fisonomía de los templos escalonados o zigurats mesopotámicos. El empleo casi exclusi-vo de los ladrillos prismáticos definió a esta arquitectura como esencialmente adintelada, másica y de luces limitadas entre los muros de ladrillo. Ante la imposibilidad de servirse de cimbras y elementos auxiliares de construcción, las escasas bóvedas debían construirse como falsas, es decir, mediante hiladas y con traza ojival.

Los primitivos templos, sin embargo, ligeros y de dimensiones más reducidas, se cubrieron mediante sistemas adintelados formados por troncos de palmeras y techumbre de barro cuajado sobre un tejido de palmas y mimbre.

Este fue, indefectiblemente, el sistema constructivo de las techumbres de las viviendas asirias, con la aporta-ción de una ligera curvatura en la direcaporta-ción transversal a la directriz de los troncos, con el fin de facilitar la eva-cuación del agua de lluvia. En las edificaciones más pretenciosas las vigas eran de cedro, que probablemente se trajese de la comarca libanesa.

La arquitectura persa siguió siendo adinte-lada. Un significativo ejemplo lo representa la Sala de las Cien Columnas del Palacio de Persépolis, que muestra ya algunas influen-cias griegas.

Las columnas de esta sala terminaban con una zapata cruciforme sobre la que apoyaba el cruce de las vigas principales de carga, las cuales se componían de dos tablones apoyados uno encima del otro. Cabe supo-ner que estos maderos estaban encolados entre sí -de otro modo su respuesta mecáni-ca sería muy deficiente-, puesto que se sabe que en estas construcciones no se introdu-cían bridas metálicas. Sobre esta retícula de vigas, de luces de 6 m, se montaba un en-trevigado secundario, y sobre éste, una cu-bierta plana de gran espesor.

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Egipto

También Egipto carecía de madera de construcción, salvo troncos de palmeras y algunas coníferas blandas, por lo que no emplearon cimbras para construcciones abovedadas. Como las mesopotámicas, las viviendas egipcias se cubrían con troncos de palmera muy juntos y con un ligero abovedamiento que justificaba la forma en escarpa de los muros, que debían soportar ciertos esfuerzos horizontales; sobre éstas, una tablazón conti-nua y la capa final de barro. Así se levantaron también los palacios, pues la piedra quedó reservada a las edifi-caciones concebidas para el espíritu.

Pero incluso los elementos constructivos elaborados en piedra tuvieron su origen en los previos haces de cañas de papiro atadas en mazo, que servían como soporte de las primeras tiendas y, más adelante, como refuerzo en las esquinas de los muros. Las columnas de sección circular surcada intentaban reproducir estos haces, y las de sección poligonal, probablemente tuvie-ran su origen en el descortezado de los troncos de palmeras por medio de la azuela. Igualmente, los capiteles imitaban las ataduras con los manojos de las cañas recibiendo el apoyo de las vigas, tam-bién inicialmente de madera.

El empleo de este material se reservaba propiamente al refuerzo de los tapiales y fábricas de los mu-ros de defensa y a los techos, pero su escasez no impidió que este pueblo desarrollara la técnica de laminación en tablas, que yuxtaponían, machihembraban y ensamblaban con maestría para resolver el problema de los grandes alabeos producidos por la baja consistencia de la madera disponible.

Grecia

Las primitivas viviendas prehelénicas, sin limitacio-nes en cuanto a la disponibilidad de este material, recurrían a la madera como elemento esencial para la estructura tanto vertical como horizontal. Era común que los megarón contaran con un porche frente a la entrada principal soportado por dos columnas de ma-dera. Así mismo, los palacios cretenses, de estructura adintelada, empleaban columnas y vigas de madera.

Las columnas de piedra que se observan en algunos parece claro que reproducían modelos anteriores en madera. Sólo así es posible explicar la forma invertida (más estrechas en la parte inferior) que solían adoptar, y que correspondería a un árbol en el que la parte alta se cortaba en punta para clavar-la en el suelo y clavar-la horqueta de clavar-la raíz se aprovechaba para encajar clavar-la viga. Se observan ya muros de fábrica de piedra aglomerada con barro, reforzados con maderos horizontales y verticales a modo de encadenados mecánicos, de forma que las esquinas de la edificación quedaban protegidas y los hue-cos recercados.

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Esta combinación de mampuestos con madera, que se empleó ya en el templo de Jerusalén, procedía de los fenicios.

Hacia el 1500 a.C. la presencia de la madera en la estructura de la casa griega, que puede considerar-se como el punto de partida de la arquitectura popular mediterránea, era ya casi exclusiva. De esta forma se consolidaron los pórticos y patios formados por columnas y pies derechos y entrevigados de madera. Este material, por otra parte, estaba en condiciones de prestar a las fábricas armadas el nece-sario grado de flexibilidad ante la existencia de terremotos.

Solo los también frecuentes incendios desplazaron la atención hacia la piedra en los grandes edifi-cios, pero incluso en estos debía contarse con la madera para articular los tambores de las columnas. Este proceso de sustitución, que comenzó hacia el 700 a.C., comenzó por los soportes y los muros, y terminó afectando a los dinteles para dejar la madera solo en la estructura de cubierta, como la mayo-ría de los edificios monumentales de occidente a partir de entonces. Sin embargo, no se adoptó la solución de los armazones que ya eran empleados por fenicios o etruscos, consistentes en dos pares de madera inclinados unidos por un tirante horizontal, sino que se multiplicaba la estructura vertical mediante endebles pilarillos de madera que apenas introducían empujes laterales.

No obstante, este sistema conducía a que al menos las vigas transversales centrales fueran de gran escuadría, hasta superar los 60 cm de canto; así, muchos templos quedaron sin cubrir en la espera de la llegada de estas vigas, muy difíciles de obtener.

Tan solo un edificio civil, el Hall Asam-bleario del Bouleterion de Mileto (200 a.C.), aplicó la carpintería de armar para cubrir una luz de 14 m, mediante una estructura sencilla compuesta por los pares, el tirante y un pendolón, sistema cuyo desarrollo pertenece más bien a períodos posteriores.

Etruria

A pesar de que el pueblo etrusco dominara desde muy temprano el trabajo de la madera y la construcción de los armazones de techumbre de origen fenicio, reservaron estas estructuras para los templos, mientras que sus viviendas las resolvieron siempre a un agua, incluso cuando tenían que cubrir una doble crujía con desa-güe a dos vertientes, pues en esos casos elevaban el muro central para evitar la cum-brera común.

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Pero la característica más propia de la casa etrusca fueron, sin duda, las dos vigas paralelas que soportaban la cubierta del atrium y permi-tían que, a diferencia de las viviendas griegas, las esquinas del patio pudieran resolverse sin columnas; los pares de la cubierta inclinada del impluvium apoyaban en los muros perimetrales y en dichas vi-gas. Esta estructura se conocía, en tiempos de los romanos, como cavoedium tuscanicum. Sobre los pares de madera se colocaba el tablazón continuo que debía recibir la teja cerámica plana con cobija.

Otra diferencia frente a la construcción griega se encuentra en las cubiertas de los templos. Mientras que los griegos apeaban los pares de la cubierta en pequeños pilares de madera que a su vez descar-gaban en una viga horizontal sin función de tirante, en los templos etruscos y romanos el soporte de la cubierta estaba constituido por una auténtica estructura de cuchillos planos de pares y tirantes, muy próximos unos de otros (unos 50 cm), arriostrados mediante tablillas longitudinales sobre las que se colocaba la tablazón continua. Puede hablarse ya de tirantes pues el tipo de apoyo de las co-rreas sobre ellos evidencia una intención de hacerlos trabajar a tracción.

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Roma

Los romanos decidieron, por motivos eminentemente prácticos, seguir resolviendo la cubierta de la casa señorial o domus de la misma forma que la casa etrusca, es decir, elevando los muros para apo-yar, a un lado y a otro, los pares de las cubiertas a una sola agua.

Sin embargo, a diferencia de los etruscos, recuperaron las columnas en las esquinas del patio para apoyar las cuatro vigas perimetrales en las que descargaban los faldones de la cubierta del complu-vium. De esta forma renunciaban al cavaedium tuscanicum, tras comprobar que las dos vigas que atravesaban el patio y sobre las se apoyaba la cubierta eran el elemento más caro de toda la estructu-ra.

Las cubiertas de los templos y otros edificios de menor entidad (casas de pisos -insulae- y algunas basílicas al principio) se resolvían mediante las estructuras trianguladas de madera experimentadas ya por los etruscos, aunque hay que señalar la falta de restos o documentos que podrían facilitar su descripción. Vitrubio definió los elementos componentes de la armadura elemental para las carpinte-rías de gran alcance: dos pares o alfardas, inclinadas según las pendientes de las vertientes y unidas entre sí en la parte superior, y una entrecinta o tirante, que recibía el pie de los pares.

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El empleo generalizado de la cercha puede considerarse, por tanto, como una auténtica aportación romana, en la que todos los elementos están sometidos a solicitaciones simples de tracción o de compresión, y los muros de apoyo solo soportan una carga vertical equivalente al peso de la cubierta, pues el tirante absorbe todas las componentes horizontales del empuje. Tampoco el evidente peligro ante la posibilidad del incendio pasó desapercibido para los romanos. Uno de los recursos que idea-ron consistió en sustituir la cercha de madera, cada dos o tres tramos, por un arco diafragmático de hormigón y ladrillo, destinado a funcionar como cortafuegos. Pero el empleo de la madera por parte del imperio cedió ante las posibilidades del hormigón y las cubiertas abovedadas, que se aplicaron para cubrir todo edificio monumental; puesto que los armazones podían apoyar directamente sobre las bóvedas, su estructura mecánica fue perdiendo importancia (como ocurrió también en los templos cristianos a partir del románico) hasta perderse. En ocasiones, incluso, se resolvían sin ningún arma-zón superior de madera, pues se colocaba la teja directamente sobre la piedra, con las necesarias adaptaciones de pendientes.

La experiencia adquirida en armazones de madera quedó relegada a los apeos y otros elementos au-xiliares, especialmente las cimbras que daban forma a estas bóvedas, y que se formaban con dos ar-cos de círculo de madera sólidamente triangulados y unidos por un tablado semicilíndrico -manto de la cimbra-.

El relevo lo tomaron entonces las basílicas paleocristianas construidas en territorio del imperio du-rante los siglos IV-VI, que llevaron a cabo el mayor desarrollo de este tipo de estructuras antes de que se perdieran en la época de las invasiones bárbaras.

Basílicas paleocristianas

La basílica paleocristiana, que había tomado su tipo de la basílica romana, conservó la estructura vista de madera como medio para cubrir sus naves, también cuando en Roma llegaron a imponerse las bóvedas de piedra. Esto permitía una serie de particularidades expresivas responsables de la creación de un nuevo tipo arquitectónico propio del cristianismo; el hecho de que estos ligeros armazones no transmitieran em-pujes a los muros hacía posible entender los muros como paredes mínimas llenas de ventanas y apoyadas sobre columnatas articuladas, incapaces de absorber esfuerzos distintos a los gravitatorios. Sin ser nuevo este sistema, sí hay que destacar las aportaciones de-terminantes de su evolución debidas a estos edificios. Las cerchas empleadas en la nave central tenían siem-pre dos vertientes, y fueron fundamentalmente de dos tipos: de simple y de doble pendolón.

Las primeras contaban con un solo jabalcón -pieza inclinada- a cada lado del pendolón -pieza que unía verticalmente los tirantes con la parte superior de los pares-. Con este ingenioso sistema, el pen-dolón recibía una tensión vertical contraria a la gravedad, que se aprovechaba para aliviar la flexión natural del tirante. En muchos casos el tirante se constituía por dos palos que marchaban paralelos, cuya separación quedaba determinada por el grosor de los pares y del jabalcón, que quedaban por tanto aprisionados entre los dos elementos.

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Las segundas tenían dos pendolones que trabajan a compresión y descargaban en el tirante dividiéndolo en tres partes iguales en su longitud; además se establecía un atirantamiento interno mediante un puente o ele-mento horizontal que unía los pares de la armadura  justo en el punto de arranque de los pendolones, punto que solía localizarse a un tercio de la altura del arma-zón.

En todos los casos, la armadura entregaba la carga al muro a través de una zapata prolongada que acortaba la luz de flexión del tirante. Aunque la mayoría han sido ya ocultadas con artesonados pla-nos, estas estructuras se decoraban profusamente con pinturas de colores brillantes y dorados, y ade-más servían para colgar de ellas las lámparas.

La nave central de la primera basílica de San Pedro, de 24 m de ancho, lucía armaduras de simple pendo-lón. Además, las naves laterales de esta misma basíli-ca estaban formadas por medias armaduras con una pieza inclinada o tornapunta, con lo cual ya a finales del s. IV se tenían todos los elementos de las armadu-ras trianguladas, y apenas habrá perfeccionamientos posteriores.

La mejor estructura de cubierta, por sus di-mensiones y su organización, debió de ser la de San Pablo Extramuros, destruida por el fuego en 1823 y reconstruida con fidelidad al original en 1854. Su nave central estaba re-suelta mediante armazones de doble pendolón con puente, doble atirantamiento y apoyos sobre zapatas saledizas.

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Baja Edad Media

Con la caída del imperio y la ruralización de la sociedad, la transmisión de la tradición constructiva fue muy irregular, sobre todo en los comienzos de la Edad Media. A veces se observa incluso la in-tención de imitar formas constructivas sin comprender su funcionamiento, de manera que se produ-cían obras menos audaces y más toscas.

Un ejemplo paradigmático lo constituye la iglesia de San Juan de Baños de Cerrato (s. VII). Como ya había quedado instaurado desde la cultura gre-corromana en los templos y otros edificios mo-numentales, la madera quedaba reservada para la cubierta, de doble vertiente. La estructura leñosa que la soporta responde solo aparentemente a la tipología de pares y tirantes.

Las cabezas superiores de los pares son recogidas por una hilera, también de madera, que se sitúa bajo la cumbrera de la cubierta, pero las inferiores descargan directamente en el muro, que debe ha-cer frente a los empujes (no muy grandes, pues la cubierta es ligera) con el peso de sus sillares.

Los supuestos tirantes horizontales no cierran el armazón; de hecho, se colocan solo bajo los pares alternos.

Su función es más bien la de arriostrar la corona-ción de los muros de la nave central.

Las primeras iglesias románicas tampoco presentan grandes aportaciones.

Los caballetes de cubierta son muy simples y cuando hay triangulación se debe más bien a la necesi-dad de acoplar las pendientes a la coronación de los muros de las naves, sin que sea posible asegurar que se debiera al conocimiento de la indeformabilidad del triángulo y sus ventajas. En algunos casos las vigas se colocan paralelas al eje de la nave, lo que requiere una mayor compartimentación trans-versal del espacio aunque con ello se eliminaban prácticamente los empujes laterales.

Pero llegó el momento en el que se sustituyeron, de manera generalizada en toda el área geográfica de influencia románica, las cubiertas de madera por las bóvedas de piedra, en lo que constituyó la auténtica revolución románica en el ámbito de la construcción.

De esta forma, la madera desaparecía prácticamente de las cubiertas de los templos, después de un largo camino continuador del que se había iniciado ya en los templos griegos, y que tuvo su mejor momento en la época de las basílicas paleocristianas.

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Cultura musulmana

Merece la pena detenerse en algunas consideraciones acerca de las mezquitas, pues el resto de edifi-caciones, especialmente las residenciales, apenas aportan algo a lo ya expuesto sobre viviendas en zonas desérticas.

El problema propio planteado por la arquitectura religiosa islámica era el de cubrir una gran superfi-cie con un techo horizontal, que debía mantener en la medida de lo posible la misma altura en todos sus puntos. Frente a la disposición jerárquica de las naves de la basílica cristiana, la mezquita debía expresar la indiferenciación de todo musulmán postrado ante Alá.

Pero al mismo tiempo esa cubierta horizontal debía encontrar la forma de evacuar el agua de lluvia, de manera que optaron por colocar “acueductos romanos” paralelos a la distancia conveniente, cuyas

columnas, por tanto, y a diferencia de los templos griegos, ya desde el principio fueron de piedra, en ocasiones traídas de otros edificios.

Entre los acueductos montaron los caballetes de madera que ya conocían a través de las basílicas sirias de tradición constructiva romana.

Los armazones de la Gran Mezqui-ta de Damasco, por ejemplo, sepa-rados unos de otros 1,80 metros, constan de un tirante formado por vigas pareadas de 12 metros de longitud y pares con una vertiente de 45º; el conjunto está triangulado con los montantes y jabalcones correspondientes. Cada armazón se apoya en unas zapatas conformadas por unas ménsulas de madera que vuelan un cuarto de luz de la viga, cuyo trabajo a flexión queda nota-blemente reducido. Las correas horizontales que descansan sobre los caballetes se encuentran muy próximas entre sí, de manera que constituyen un denso arriostramien-to.

Entre los edificios civiles, la Alhambra siempre constituye una referencia cer-cana e imprescindible. En cuanto a las cubiertas hay poco que decir: no hay grandes luces y la madera se limita a conformar unas pendientes uniformes so-bre las complejas estructuras decorativas tan bien conocidas. Sí es más relevante el empleo de vigas de madera para la formación de forjados de pisos, cuyas ca-bezas son recogidas por vigas de cajón hechas con tableros de madera, confor-mando así unas vigas aligeradas que apoyan sobre elementos verticales de ladri-llo unidos por los correspondientes arcos y celosías; estas vigas huecas demues-tran ya la existencia de conocimientos acerca de los tipos de solicitaciones.

Por último, es de destacar la formación de cúpulas con armazones de madera. La Cúpula de la Roca consta de un doble entramado de madera rigidizado por una tablazón continua, según la técnica car-pintera de los cascos de los barcos; la cubierta que la rodea se resuelve mediante caballetes colocados radialmente, a la manera de las naves laterales de las iglesias cristianas.

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Edad Media

El gran avance que se produjo en la construcción medieval se debió fundamentalmente al progreso que experimentó la carpintería. Son los carpinteros los que, mediante su técnica, permitieron poco a poco la recuperación de la cercha, con la que se posibilitaba el crecimiento del edificio en las dos dimensiones de la planta. De momento se comenzó con la forma más básica, que consistía en los pares que conformaban la cubierta y una tabla que, a tracción, estabilizaba el conjunto a la altura de la base de la cubierta.

El desarrollo del oficio permitió construir obras espectaculares de hasta seis y siete plantas, o edifi-cios en los que se trabajaba de forma magistral el voladizo como el Ayuntamiento de Esslingen (Alemania, 1430), de seis alturas.

Llegó a constituirse una disciplina general que abarcaba tres grandes grupos de artesanos: los que trabajaban la carpintería de lo prieto, que eran construcciones mediante piezas de gran escuadría sin refinar para obras temporales; los carpinteros de lo blanco, que realizaban construcciones con piezas de pequeña escuadría, bien trabajadas y decoradas, y era el grupo más especializado; y los carpinte-ros de ribera, que se dedicaban casi exclusivamente a la construcción naval, aunque parte de sus téc-nicas debieron pasar a los carpinteros de lo blanco.

En España, las ordenanzas de los gremios de artesanos existían desde la época de Alfonso X; la pri-mera ciudad que se decidió a recopilarlas fue Toledo en 1443, y a partir de entonces se recopilaron otras como las de Sevilla, Granada o Madrid, estas últimas a cargo de Juan de Torija en 1661.

Las ciudades medievales Lo más probable es que la mayoría de las viviendas urbanas del periodo medieval estuvieran construidas con madera, y quizá sea ésta la razón de que no hayan perdurado hasta nuestros días. También de este material debían ser los conventos y viviendas situados en el interior de los castillos.

Entre los ejemplos más significativos de viviendas tradicionales de madera con orígenes o antecedentes medieva-les está la casa de labranza eslovaca (Kysuce y Orava, Eslovenia), vivienda construida con troncos de abetos de las montañas dispuestos horizontalmente, y juntas selladas con mortero, forman-do muros que se apoyan en cimientos hechos con piedras del mismo terreno; la casa rumana, también típica de re-gión montañosa en la que abunda la madera, se soluciona de forma similar; en cambio en Hungría, donde escasea la madera, se recurría a paredes de albañilería, reservando la madera para suelos, techos y vallas.

En Suiza, en la casa de labranza bearnesa, igualmente resuelta en madera sobre una base de piedra, los muros soportan una gran estructura de cubierta de par y nudillo con jabalcones, con grandes ale-ros que protegen balcones y paredes.

Ejemplo de esta conexión con las primeras casas urbanas medievales es también la casa de labranza alsaciana, con una estructura de madera visible en la fachada y material de relleno, y con un plan-teamiento constructivo similar al de la Granja Berkshire (Inglaterra), aunque la primera se distinga por la cubierta a dos aguas típica de la vivienda rural.

Aunque con algunos ejemplos urbanos, las últimas referencias apuntadas son en su mayoría vivien-das permanentes de carácter rural. Los habitantes que poblaban las ciudades venían del campo, traían

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consigo sus costumbres y, lógicamente, sus hábitos y técnicas constructivas. De esta forma, la casa rural de madera llegó a la ciudad. Sin embargo, la extrapolación de estas técnicas del campo a la ciu-dad provocó algunos importantes conflictos que comenzaron a marcar el declive de la utilización masiva de la madera.

En primer lugar, su utilización se condicionaba como siempre a la disponibilidad del material; el ámbito limitado de los grandes bosques, junto a la tala indiscriminada que caracteriza gran parte de su historia, provocó la escasez y sustitución de la madera como material estructural.

En segundo lugar, y factor decisivo, la acumulación y en algunos casos hacinamiento de las vivien-das de madera en las ciudades no contó con el que iba a ser su gran enemigo: el fuego.

Inicialmente, no era necesario que los edificios estuvieran pegados unos a otros (no existían proble-mas de suelo), pero con el paso del tiempo motivos defensivos y económicos condujeron a una pau-latina agrupación y compactación del incipiente tejido urbano.

Los edificios que han resistido el paso del tiempo lo han hecho de forma aislada, y son casi siempre ejemplos de construcciones con materiales pétreos que datan del s. XI en adelante.

A pesar de ello, Schoenauer (1984) formula una descripción bastante aproximada de dos prototipos diferentes, ambos con importante uso de la madera.

La casa con techo a dos aguas era una vivienda muy modesta, con sótano y dos alturas y un ático resuelto con el caballete de la cubier-ta, que probablemente serviría de almacén. Entre los maderos que conformaban y sujetaban las paredes del edificio se introducía un relleno de argamasa, formado por arena y arcilla sobre una apretada trama de tallos entretegidos, y aplicado por las dos caras. Si los ma-deros estaban más espaciados, el entramado se densificaba con listo-nes de madera.

El otro prototipo es la vivienda-torre, solu-ción provocada para hacer frente de forma individual a las continuas agresiones que se producían. El desarrollo de la vivienda se pro-duce en altura (4-5), y era frecuente que las primeras plantas se resolvieran con piedra y las últimas con estructura de entramado de made-ra.

Pero hay más tipos, mucho más sencillos que han perdurado hasta nuestros días, aun-que siempre en medios no urbanos. La casa típica del campesino de las zonas rurales del este de Europa es la isba, vivienda cons-truida con gruesos troncos de madera. For-malmente ha cambiado muy poco desde la Antigüedad, constituyendo una estancia única casi sin muebles; más recientemente, algunas incorporaron un piso superior que se utiliza como dormitorio.

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Forjados de pisos y estructuras horizontales La madera ha sido material casi exclusivo para la estruc-tura de los forjados horizontales hasta el s. XIX. Su capacidad para trabajar a flexocompresión, junto a su accesibilidad, han sido, sin duda, los factores determinantes.

Colocar maderos, más o menos juntos, sobre la coronación de dos paredes separadas, no requiere ninguna ciencia, de ahí que esta estructura se encuentre ya en las primeras viviendas de la antigüe-dad. Conforme la distancia entre las paredes se hacía mayor, era preciso recurrir a distintos órdenes de maderos, y así nacieron los sistemas de vigas y viguetas, con lo que resultaban soluciones más económicas.

Puesto que el momento resistente de las secciones requeridas aumenta con el cuadrado de la luz sal-vada, crear distintos órdenes implicaba reducir el número de vigas de gran escuadría, difíciles de obtener y de manejar.

Es necesaria una mención a la solución más clásica de toda la car-pintería desde la Edad Media en adelante: el artesonado, forjado de piso compuesto por vigas de madera acodaladas a intervalos regula-res, formando recuadros que solían enriquecerse con molduras. En-tre todos los ejemplos posibles, puede mencionarse el techo de la catedral de Pisa o el del Salón del Trono de la Aljafería de Zaragoza; en este último caso, el pesado artesonado parece estar soportado por esbeltas columnillas al borde de un balcón perimetral.

Cubiertas. La carpintería de armar medieval

Si analizamos las soluciones utilizadas para la cobertura de los edificios durante la Edad Media, ci-ñéndonos a Europa y especialmente al área de influencia mediterránea, se pueden distinguir tres planteamientos desde un punto de vista estructural y constructivo:

•Sistemas planos o adintelados, mediante elementos lineales que se apoyan en los muros, y que

pue-den adoptar varias disposiciones: - alfarjes, si son horizontales - colgadizos, si son inclinados

- enmaderados, sobre arcos diafragma

•Armaduras de pares, sistema en el que las cargas de la cubierta son recogidas directamente por pares

o maderos inclinados, muy próximos entre sí, y transmitidas por éstos a los apoyos.

•Armaduras de cerchas y correas, en el que las cargas son recogidas por maderos horizontales

-correas- que las transmiten a cerchas relativamente distantes entre sí. En función de la luz y de la época de la cercha y su tecnología, pueden adoptar múltiples disposiciones, desde dos pares y un tirante a sistemas o entramados perfectamente triangulados.

Los sistemas planos o adintelados son más habituales en zonas de influencia islámica o en Asia, es decir, en zonas donde la madera no era abundante y, por ello, con una mayor tradición carpintera. Cuando se utiliza la madera, esta se limita a techos (alfarjes) planos que trabajan exclusivamente a flexión. Sirva como ejemplo el techo que originalmente tuvo la mezquita de Córdoba, que quedó oculto y parcialmente destruido cuando se embovedó totalmente el edificio, de 1713 a 1723.

El sistema de pares consume más madera que el de cercha y correa, pero necesita escuadrías menores (más fáciles de conseguir, transportar y trabajar en obra); además, la mayoría de las uniones trabajan a compresión – en las cerchas hay barras a tracción-, que era lo más adecuado en las épocas en las

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que las uniones carpinteras no estaban muy desarrolladas. Este sistema puede tener antecedentes en las armaduras bizantinas. El problema de los empujes horizontales fue resuelto de muchas formas. La más elemental fue la denominada armadura de par e hilera, que enfrentaba parejas de maderos e in-terponía un madero horizontal o hilera que recogía la parte superior de todos ellos; de esta forma se proporcionaba estabilidad transversal al conjunto y se reducían ciertamente empujes. No obstante, este sistema, sobre todo si las luces eran grandes, debía ser complementario de algún otro más eficaz con las fuerzas horizontales. Uno de ellos consistía en que la parte inferior de los pares, en lugar de entregar la carga directamente al muro lo hiciera a un madero o estribo dispuesto horizontalmente sobre el muro y que debía trabajar a flexión; el estribo de un faldón era conectado con el del opuesto mediante los travesaños de los testeros, que eran solicitados a tracción, pero no era extraño que ade-más fuera necesario colocar algún tirante ade-más intermedio. Otro sistema era el de las armaduras de par y nudillo, que conseguía una unión de cumbrera mucho más rígida. Pero sin duda el modo más eficaz de anular los empujes sobre el muro fue el del tirante horizontal en la base de los pares, sistema complementario de todos los anteriores con el único inconveniente de que entorpecía la visión de la cubierta cuando ésta se construía y decoraba con la intención de ser vista, cuestión no despreciable por cuanto fue uno de los motivos que impulsó el desarrollo y difusión de la armadura de par y nudi-llo.

El sistema de cerchas, heredero de la tradición constructiva romana, se recuperó para la arquitectura civil en el Renacimiento, pues la madera había desaparecido de la religiosa ya en los principales templos románicos, salvo en las sobrecubiertas. La pendiente que definían se adaptaba a las necesi-dades estructurales y era, por tanto, mayor en centroeuropa e Inglaterra (en torno a 60º) que en los países mediterráneos. La mayor pendiente aumentó los problemas de estabilidad en el plano del cu-chillo (exigiendo tirantes que eliminaran el empuje de los pares y la apertura de los muros) y en el perpendicular (que necesitaba arriostramientos).

España

La solución de la época en España se basó fundamentalmente en la utilización repetitiva de los dos pares y un nudillo, y sendos estribos horizontales a los lados, que recibían la carga de los pares. El nudillo era una pieza horizontal que unía los pares a dos tercios de su altura, aproximadamente, de forma que reducía su flecha mientras trabajaba a compresión. Los extremos superiores de los pares se conectaban entre sí a través de la hilera que, con la ayuda de la tablazón, rigidizaban y daban esta-bilidad horizontal al conjunto. Además, los testeros solían cerrarse con planos inclinados; se caracte-rizaban sobre todo por la duplicación de la lima o arista de intersección de los paños de la cubierta, que reciben el nombre de líneas moamares, y que permitieron el ensamblaje de los maderos en el suelo y la introducción en ellos del lazo, así como la ejecución de cada plano de forma independien-te, constituyendo uno de los primeros ejemplos de prefabricación. Una vez cubierta con la tablazón, la armadura de par y nudillo presentaba tres planos visibles desde el interior: los dos faldones y el plano horizontal correspondiente a los nudillos, denominado almizate; de ahí que a esta solución también se le llame armadura a tres paños.

En la España de los siglos XIII y XIV, se pueden distinguir dos técnicas en la introducción del lazo: El ataujerado, más habitual en zonas de influencia musulmana, en el que la armadura y el lazo son independientes. El lazo se ejecuta sobre paneles de madera que luego se clavan a la propia armadura, como ocurre en el Salón de Comares de la Alhambra de Granada.

El apeinazado, más habitual en la zona cristiana, en el que a los elementos estructurales (pares, nudi-llos y peinazo -si es que existen éstos últimos-) se les hacen las entalladuras necesarias para que con la ayuda de los taujeles formen el dibujo del lazo. Este es el caso de la Catedral de Teruel (s. XIII) o del Real Monasterio de Las Huelgas (Burgos, ss. XIII y XIV).

La expulsión de los moriscos en 1609 afectó seriamente a la continuación de la tradición carpintera que anunciaba ya una lenta decadencia.

Sin embargo, una feliz integración de estructura y ornamento, facilitada por el paso de las armaduras de par e hilera atirantadas a las de par y nudillo, explican no solo la pervivencia de la carpintería

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his-panomusulmana, sino la adopción de los nuevos conceptos renacentistas que circulaban ya en el s. XVI, como el que dio lugar al empleo de techos con casetones o artesonados.

Muros y cerramientos:

El entramado de madera Antes del siglo XVIII los ladrillos sólo se fabricaban en cantidades relati-vamente pequeñas y el transporte era caro y complicado, por lo que estaban al alcance de muy pocos privilegiados.

Por otro lado, la utilización de la piedra, limitada a las zonas en las que había disponibilidad, era un material que por su difícil extracción y también costoso transporte se reservaba para edificios cívi-cos, religiosos y grandes mansiones. Por ello, en las zonas rurales, especialmente del norte y del cen-tro de Europa, el material disponible era la madera. Las casas se construían mediante paredes de troncos ensamblados por almohadón en las esquinas.

En las áreas urbanas, la utilización de la ma-dera resultaba algo más compleja dada la complicación del transporte de la materia prima, por lo que se desarrolló un sistema de entramado que reducía el uso de la madera a un armazón que consumía en torno a un 60% menos de madera que una casa de troncos. Las paredes se formaban mediante una serie de maderas serradas verticales y horizontales, entrelazadas, reforzadas con abrazaderas dia-gonales o curvadas, y se combinaban con vi-guetas o cabios para componer el armazón primario. Los espacios no destinados a huecos se rellenaban con paneles de barba de pez y de argamasa basta, de listones y yeso, ó de ladrillo. Y los tejados se cubrían con bálago, tejas o tableros de madera.

En la mayoría de estas casas, los postes y montantes verticales, así como las peanas, los umbrales y los travesaños horizontales quedaban vistos, y las casas se llamaban de entramado medio.

Posteriormente, un gran número de casas se re-cubrió con tableros horizontales de madera (re-vestimiento con tablas solapadas o puestas en tingladillo o tablas de chilla) para proteger el relleno de los cerramientos y para mejorar sus prestaciones aislantes.

El vasto relleno con el que se densificaba la tra-ma de tra-maderos de los muros en las viviendas urbanas pronto se vio mejorado por mamposte-rías o fábricas que, además de permitir la elimi-nación de entramados vegetales o de listones, evitaron los daños que producía la solución ante-rior a su desecación, con contracciones y torsio-nes que generaban fisuras y grietas, y mejoraron las condiciones aislantes. Las fábricas de ladrillo permitían además componer y decorar mejor las fachadas.

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Por citar algún ejemplo, la vivienda de Frederik Jacobsen Brun (Oslo, Noruega, S. XVII) está formada por una estructura de en-tramado de madera de dos alturas rellena con paneles de ladrillo dando a la calle, y un portalón que da acceso a un patio interior en torno al que se desarrolla la vivienda y una serie de construcciones agrícolas (talleres, establo, granero y henil) también de madera.

Vivienda Oriental

La vivienda oriental tiene una serie de características comunes y constantes válidas en un amplio ámbito. Schoenauer (1984) establece que la vivienda, desde África al lejano Oriente, pasando por el Cercano Oriente y la India, es una clara respuesta al carácter y filosofía de su gente. Son edificios introvertidos, volcados en muchos casos a un espacio central privado y abierto (patio) en torno al cual se organiza la vida.

En el patio se pretende crear un pequeño microclima que permita soportar las habitualmente duras condiciones climáticas, al tiempo que preservar la intimidad familiar de la vida social. Se huye de la ostentación exterior y se fomenta la riqueza interior reflejada en una cuidada decoración.

En Ahmadabad (India) ciudad fundada en el año 1411 a.C., hay constancia de que sus casas típicas estaban construidas mediante muros de carga de ladrillo y suelos y techos de madera; las columnas, soportes, barandillas, puertas y ventanas, también de madera, estaban adornadas con preciosas tallas.

China

Hasta que la cultura occidental influyó y modificó el diseño de las viviendas chinas en la primera mitad del Siglo XX, la tradición y la filosofía popular caracterizaron estas construcciones en las que la madera jugó un papel protagonista.

Arquitectura china tradicional.

La casa típica de Pekín es un complejo amurallado formado por varios edificios que rodean uno o más patios ajardinados. El patio es el corazón, el centro vital de la vivienda -patio en chino es t’ien

ching, que literalmente signif ica “regalo del cielo”- que proporciona luz, aire y agua de lluvia. La

organización del conjunto es similar a la estructura familiar china, de tipo extensiva y basada en los principios de Confucio: patriarcal y patrolocal.

Las murallas perimetrales tienen de 3 a 4 m de altura, y eran de mampostería, estucadas y cubiertas de tejas.

Tradicionalmente la casa pequinesa tenía una estructura de columnas y vigas de madera, con cerra-miento de ladrillo.

Cada edificio se construía sobre una plataforma de tierra apisonada y ligeramente elevada del nivel del suelo; en casas adineradas la plataforma se cubría de ladrillo. Sobre la plataforma se apoyaban las

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columnas de madera, encajadas en bases de piedra tallada o en discos de bronce en forma de domo, para protegerlas de la humedad del suelo.

Las columnas soportaban una viga-dintel paralela a la fachada de la casa, y mediante un sistema de vigas escalonadas se conseguía la crujía deseada.

Pequeños postes auxiliares soportaban un entramado de vigas transversales secundario; el número de estos postes y vigas dependía del ancho de la crujía, que también determinaba la altura y curvatura del techo.

La acción de poner el techo (cubrir aguas) era un acto celebrado con una pequeña ceremonia en ho-nor del dios patrono de los carpinteros, de quien cuenta la leyenda que logró construir un pájaro de madera tan perfecto que se mantuvo en el aire durante seis días.

Beijing (La ciudad Prohibida) vivienda en el campo

Otro ejemplo significativo de la construcción tradicional china es el de sus templos. El Tem-plo de Cielo (Pekín, China, 1420) es un edificio de estructura de madera sobre una base de pie-dra con decoración de mármol y cubierta de teja cerámica esmaltada. Tiene 38 m de altura y un diámetro interior de 30 m. La estructura de madera tiene tres niveles de columnas dispues-tos en dos anillos concéntricos. Tanto el exte-rior como el inteexte-rior están profusamente deco-rados.

La configuración del templo, su relación con los demás edificios y su posición dentro de la ciudad son todos ellos factores que se estable-cen en armonía con las fuerzas divinas y natu-rales.

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Japón

Desde tiempos remotos la construcción tradicional japonesa se caracterizó por la utilización de la madera. Los ejemplos contrastables en la actualidad no son, sin embargo, de carácter residencial y, como en otras culturas, los que han sobrevivido al paso del tiempo son edificios singulares.

Los santuarios sagrados de Ise Jingu (Bahía de Ise, Japón, s. II) se han conservado en perfectas condiciones hasta nuestros días por el hecho de que el recinto sagrado, vedado al público, se demuele cada veinte años alter-nando el lugar en que se recons-truye, y permitiendo que tres ge-neraciones sucesivas de artesanos carpinteros lleven a cabo la re-construcción.

Al templo se accede a través de un pórtico cubierto o shoden que rodea todo el edificio. Todas las columnas son redondas y van em-potradas en el suelo con una pro-tección metálica, similar a la que se coloca en la cabeza de las vigas para protegerlas de la humedad y que además sirve como elemento decorativo. Se utilizan siempre grandes secciones y complejas uniones carpinteras. Los muros están formados por planchas de madera acopladas horizontalmente y alojadas en rebajes de los postes verticales. La cubierta es vegetal y se caracteriza por una cumbrera compuesta de listones que se apoya en dos pilares centrales de ciprés, y por el singular cruce en tijera de los pares situados en los extremos de las naves que deriva de un método de unión empleado en la carpintería tradicional japonesa. Todo el recinto sagrado interior está protegido por cuatro vallas concéntricas también de madera.

Pero las circunstancias son similares en el caso de las viviendas, y se puede afirmar que la influencia de la construcción tradicional china en la arquitectura residencial japonesa es determinante. Así lo reflejan la asimilación de la estructura de columnas y pilares con artesonado, el techo acartelado en lugar de triangulado, y la elevación del piso de madera sostenido por columnas bajas sobre cimientos de piedra.

Sin embargo, mientras que la arquitectura continental buscaba más la agrupación de sus edificios y una respuesta algo más cuidada y decorada hacia la calle, la austeridad de la vivienda japonesa al exterior llega a grado sumo. Al mismo tiempo, el clima más duro de las islas, con veranos calurosos y húmedos e inviernos fríos y secos provoca una menor densificación del espacio y grandes aberturas que permiten la ventilación.

Uno de los ejemplos clásicos de edificios residenciales es la Villa Katsura (Kyoto, Japón, 1620-1658), de estilo shoin, construida para descanso y retiro de una rama colateral de la familia imperial, a finales del siglo XVII.

Su estructura es de madera y las habitaciones están cubiertas con esteras de paja o tatami. Todo el edificio está como siempre elevado con respecto al terreno y todos sus elementos de madera están cepillados o bruñidos para acentuar sus cualidades naturales, con excepción de algunas columnas exteriores sin descortezar.

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Edad moderna

La colonización de América

Habíamos dejado occidente en un momento de transición entre la Edad Media y el Renacimiento, en el abandono del Gótico y la recuperación y perfeccionamiento de las artes clásicas, y bajo una cir-cunstancia trascendente y determinante: el descubrimiento del Nuevo Mundo.

La colonización de América, en lo que a la tecnología de la construcción se refiere, provoca la expor-tación de los sistemas constructivos europeos al nuevo continente. En el caso de la madera, abundan-te y con magníficas prestaciones especialmenabundan-te en América del Norabundan-te, es utilizada por los colonos que se extienden por el territorio y dejan ejemplos como los de Massachusetts (1636) o Nueva Ingla-terra (edificio de la Bolsa, 1651).

Jackson House. Portsmouth (EEUU). 1664

El cono sur, de colonización española y portuguesa, incorpora la arquitectura colonial propia de una cultura más mediterránea, y un uso menos masivo de la madera. Por ello donde se producen realmen-te los avances de la técnica maderera es en el norrealmen-te. Los nuevos pobladores, aprovechando la abun-dancia y bondad del material, incluso reproducen con madera técnicas y estilos continentales utiliza-dos en edificios de piedra.

Pero es realmente con la incorporación de la industria cuando evoluciona y progresa el sistema. Los aserraderos proporcionan planchas, tableros y tablas de diferentes escuadrías y, ya en las primeras décadas del siglo XIX, los americanos dominan la fabricación mecanizada de los clavos, hasta en-tonces de elaboración absolutamente artesanal (se hacían a mano, uno a uno).

Referencias

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