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Zygmunt Bauman - Modernidad Y Holocausto

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Academic year: 2021

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El Holocausto no fue un acontecimiento singular, ni una manifestación terrible pero puntual de un «Barbarismo» persistente, fue un fenómeno estrechamente relacionado con las características de la modernidad. El Holocausto se gestó y se puso en práctica en nuestra sociedad moderna y racional, en una fase avanada de nuestra

civiliación y en un momento culminante de nuestra cultura, es, por lo tanto, un problema de esa sociedad, de esa civiliación y de esa cultura.

«!n libro profundo, brillante" de lectura altamente recomendada» Political Studies

«#e planteamiento amplio y análisis penetrante, conmovedor como e$ige el asunto tratado, logra mantener la distancia refle$iva de la %ue se desprenden nuevos y más certeros conocimientos» Tunes Higher Education Supplement .

Modernidad y Holocausto obtuvo el &remio Europeo Amalfi de 'ociología y (eoría 'ocial del a)o *++.

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-ygmunt Bauman

Modernidad y Holocausto

Modernidad y Holocausto

ePUB r1.0 ePUB r1.0 Dr. Doa Dr. Doa *.*/.*0

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(ítulo srcinal1 Modernity and the Holocaust -ygmunt Bauman, *++

(raducción1 2na 3endoa

#ise)o de portada1 #r. #oa

Editor digital1 #r. #oa

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&567898

#espu:s de escribir su historia personal, tanto en el ghetto como huida, ;anina me dio las gracias a mí, su marido, por soportar su prolongada ausencia durant e los dos a)os %ue invirtió en escribir y recordar un mundo %ue «no era el de su marido». 7o cierto es %ue yo escap: de ese mundo de horror e inhumanid ad cuando se e$pandía por los rincones más remotos de Europa. <, como muchos de mis contemporáneos, nunca intent: e$plorarlo despu:s de %ue se desvaneciera de la tierra y de=: %ue permaneciera entre los recuerdos obsesionantes y las cicatrices sin cerrar de a%u:llos a los %ue hirió y vistió de luto.

Evidentemente, tenía conocimiento del Holocausto. >ompartía esta imagen del Holocausto con muchas personas, tanto de mi generación como más =óvenes1 un asesinato horrible %ue los malvados cometieron contra los inocentes. El mundo se dividió en asesinos enlo%uecidos y víctimas indefensas =unto con algunas personas %ue ayudaban a esas víctimas cuando podían, aun%ue casi nunca fuera posible. En ese mundo los asesinos asesinaban por%ue estaban locos, eran malvados y estaban obsesionados con una idea loca y malvada. 7as víctimas iban al matadero por%ue no podían competir con un enemigo poderoso y fuertemente armado. El resto del mundo sólo podía observar, perple=o y

agoniante, sabiendo %ue solamente la victoria final de los e=:rcitos aliados en la coalición antinai pondría fin al sufrimiento humano. >on todos estos conocimientos, mi imagen del Holocausto era como un cuadro convenientemente enmarcado para distinguirlo de la pared y subrayar su diferencia del resto del mobiliario.

>uando leí el libro de ;anina, empec: a pensar en todo lo %ue no sabía o, me=or dicho, en todas las cosas sobre las %ue no había recapacitado debidamente. Empec: a comprender %ue no entendía realmente lo %ue había sucedido en «ese mundo %ue no era el mío». 7o %ue había ocurrido era demasiado complicado como para %ue se pudiera e$plicar de esa manera sencilla e intelectualmente consoladora %ue yo ingenuamente suponía suficiente. 3e di cuenta de %ue el Holocausto no sólo era siniestro y espantoso, sino %ue además era un acontecimiento difícil de entender con los t:rminos al uso. &ara poder comprenderlo había %ue describirlo con un código específico %ue, previamente, se debía establecer.

<o deseaba %ue los historiadores, los científicos sociales y los psicólogos lo establecieran y me lo e$plicaran. E$plor: los estantes de las bibliotecas y los encontr: repletos de meticulosos estudios históricos y de profundos tratados teológicos. (ambi:n había algunos estudios sociológicos, hábilmente documentados y escritos con agudea. 7as pruebas %ue habían acumulado los historiadores eran abrumadoras en volumen y contenido.

'us análisis, profundos y sólidos. #emostraban más allá de cual%uier posible duda %ue el Holocausto es una ventana, no un cuadro. 2l mirar por esa ventana se vislumbran cosas %ue suelen ser invisibles, cosas de la mayor importancia, no sólo para los autores, las víctimas y

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los testigos del crimen, sino para todos los %ue estamos vivos hoy y esperamos estarlo ma)ana. 7o %ue vi por esa ventana no me gustó nada en absoluto. 'in embargo, cuanto más deprimente era la visión más convencido me sentía de %ue si nos negábamos a asomarnos todos estaríamos en peligro.

<, no obstante, yo no había mirado por esa ventana antes, y en eso no me diferenciaba del resto de mis compa)eros sociólogos. 2l igual %ue muchos de mis colegas, daba por sentado %ue el Holocausto había sido, como mucho, algo %ue los científicos sociales teníamos %ue aclarar, pero en absoluto algo %ue pudiera aclarar las actuales preocupaciones de la sociología. >reía, por e$clusión más %ue por refle$ión, %ue el

Holocausto había sido una interrupción del normal fluir de la historia, un tumor canceroso en el cuerpo de la sociedad civiliada, una demencia momentánea en medio de la cordura. 2sí, podía crear para mis estudiantes un retrato de una sociedad cuerda, saludable y normal y de=ar la historia del Holocausto a los patólogos profesionales.

?uestra suficiencia, la mía y la de todos mis colegas, se apoya, aun%ue a e$cusa, sobre ciertas maneras en las %ue se ha utiliado el recuerdo del Holocausto. >on demasiada frecuencia, se ha sedimentado en la opinión p@blica como una tragedia %ue les ocurrió a los =udíos y sólo a ellos y %ue, en consecuencia, re%uería de todos los demás remordimiento, conmiseración y acaso disculpas, pero poco más. !na y otra ve, tanto los =udíos como los no =udíos lo habían narrado como propiedad @nica y e$clusiva de los primeros, como algo %ue había %ue de=ar para los %ue escaparon de los fusilamientos o de

las cámaras de gas y para sus descendientes, %uienes lo guardarían celosamente. 7as dos actitudes, la «e$terna» y la «interna», se complementaban. 2lgunos Aautoproclamados portavoces de los muertos llegaron al e$tremo de avisar contra los ladrones %ue se

confabulaban para arrebatar el Holocausto a los =udíos, para «cristianiarlo» o simplemente para disolver su carácter genuinamente =udío en una «humanidad» tristemente indiferenciada. El Estado =udío intentó utiliar los recuerdos trágicos como el certificado de su legitimidad política, como salvoconducto para todas sus actuaciones políticas pasadas y futuras y, sobre todo, como pago por adelantado de todas las in=usticias %ue pudiera cometer. (odas estas actitudes contribuyeron a %ue el Holocausto se afianara en la conciencia p@blica como un asunto e$clusivamente =udío y de poca importancia para todos los demás Alos =udíos individualmente considerados tambi:n %ue nos vemos forados a vivir nuestro tiempo y a pertenecer a la sociedad moderna. !n amigo mío, muy culto y refle$ivo, me descubrió hace poco, en un destello, lo peligrosamente %ue se había reducido el significado del Holocausto a trauma personal y reivindicación de una nación. Estábamos hablando y yo me %ue=aba de %ue en el campo de la sociología no había encontrado muchas referencias a las conclusiones de importancia universal %ue se derivan de la e$periencia del Holocausto. «Es realmente sorprendente», me contestó mi amigo, «sobre todo, si tenemos en cuenta la gran cantidad de sociólogos =udíos %ue hay».

'e lee sobre el Holocausto con ocasión de los aniversarios, %ue se conmemoran con un p@blico fundamentalmente =udío y se presentan como acontecimientos propios de las comunidades =udías. 7as universidades han programado cursos especiales sobre la historia del Holocausto %ue, sin embargo, se imparten desga=ados de los cursos de historia general. 3uchas personas definen el Holocausto como un asunto específico de la

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historia =udía. (iene sus propios especialistas, profesionales %ue periódicamente se re@nen y disertan entre ellos en simposios y conferencias especialiadas. 'in embargo, su traba=o, impresionante y de crucial importancia, raramente acaba verti:ndose sobre la línea central de las disciplinas acad:micas ni en la vida cultural en general, como suele ocurrir con los otros intereses especialiados en este nuestro mundo de especialistas y especialiaciones.

En las pocas ocasiones en %ue encuentra una salida, se le suele permitir salir al escenario p@blico de forma as:ptica, es decir, amable y desmoviliadora. &uede llegar a sacudir al p@blico y sacarlo de su indiferencia ante la tragedia humana, por%ue se hace eco de su mitología, pero no le sacará de su complacencia como en Holocausto, la serie de televisión estadounidense en la %ue se veía a m:dicos bien alimentados y con buenos modales y a sus familias, igual %ue los vecinos de BrooClyn, erguidos, dignos y moralmente incólumes, conducidos a las cámaras de gas por unos nais degenerados y repugnantes a los %ue ayudaban campesinos eslavos sedientos de sangre.

#avid 9. 5osCies, estudioso perspica y empático de las reacciones =udías ante el 2pocalipsis, ha observado el traba=o silencioso e ine$orable de autocensura. 7as «cabeas inclinadas hacia el suelo» del poeta del ghetto se han sustituido, en ediciones posteriores, por las «cabeas levantadas por la fe». 5osCies concluye diciendo1 «>uantas

más onas grises se eliminen, más claros serán los contornos del Holocausto en cuanto ar%uetipo. 7os =udíos muertos eran todos buenos y los nais y sus colaboradores absolutamente malos»D*. 2 Hannah 2rendt la abuchearon coros de sentimientos ofendidos

cuando se atrevió a decir %ue las víctimas de un r:gimen inhumano debieron perder algo de su humanidad en el camino hacia la perdición.

El Holocausto sí fue una tragedia judía. 2un%ue los =udíos no fueran el @nico grupo sometido a trato especialF por el r:gimen nai Alos seis millones de =udíos se contaban entre los más de veinte millones de personas ani%uiladas por orden de Hitler, solamente los =udíos estaban se)alados para %ue se procediera a su destrucción total y no tenían sitio en el Nuevo Orden %ue Hitler se propuso instituir. &ero, a pesar de ello, el Holocausto no fue simplemente un prolema judío ni fue un episodio sólo de la historia =udía. El Holocausto se gest! y se puso en pr"ctica en nuestra sociedad moderna y

racional# en una fase avan$ada de nuestra civili$aci!n y en un momento "lgido de nuestra cultura y# por esta ra$!n# es un prolema de esa sociedad# de esa civili$aci!n y de esa cultura. &or esta raón, la autocuración de la memoria histórica %ue tiene lugar en la conciencia de la sociedad moderna no sólo constituye una negligencia ofensiva para las víctimas del genocidio, tambi:n es el símbolo de una ceguera peligrosa y potencialmente suicida.

Este proceso de autocuración no implica necesariamente %ue el Holocausto se desvaneca de la memoria por completo. E$isten muchas se)ales de lo contrario. 2parte de las pocas voces revisionistas %ue niegan la realidad del suceso Ay %ue parece %ue, sin percibirlo, incrementan la conciencia p@blica sobre el Holocausto por medio de los titulares

sensacionalistas %ue provocan parece %ue la crueldad del Holocausto y su impacto sobre las víctimas, especialmente los supervivientes, ocupa un lugar cada ve mayor en el inter:s del p@blico. 7os temas de este tipo han pasado a ser casi obligatorios, aun%ue con una

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función au$iliar, como tramas secundarias en películas, series de televisión y novelas. <, sin embargo, no cabe ninguna duda de %ue la autocuración sigue produci:n dose por medio de dos procesos entrelaados.

!no de ellos es convertir la historia del Holocausto en un empe)o especialiado confinado en sus propias instituciones científicas, fundaciones y circuitos de conferencias. !no de los efectos frecuentes y sabidos de esta separación de las especialiaciones acad:micas es %ue el vínculo entre el nuevo ámbito de estudio y el campo principal de la disciplina se va haciendo cada ve más tenue. 7os intereses y conclusiones de los nuevos especialistas y el nuevo lengua=e e imaginería %ue crean apenas inciden sobre el grueso de la disciplina. >on frecuencia, la división implica %ue los intereses acad:micos encomendados a las instituciones especialiadas se eliminan de la línea principal de la disciplina. &or decirlo de alguna manera, se particularian y marginan y, en la práctica, aun%ue no necesariamente en teoría, pierden sus implicaciones más generales. #e esta manera, la corriente acad:mica principal puede obviar esos intereses, de suerte %ue, aun%ue aumenta a velocidad impresionante el volumen, la profundidad y la calidad acad:mica de las obras especialiadas en el Holocausto, no lo hace ni el espacio ni la atención %ue se le dedica en el relato de la historia moderna. 'i acaso, resulta ahora más sencillo pasar por alto el análisis sustantivo del Holocausto, escudándose tras una oportunamente engrosada lista de referencias bibliográficas.

8tro proceso es la ya mencionada asepsia de la imaginería del Holocausto sedimentada en la conciencia popular. >on demasiada frecuencia, la información p@blica sobre el Holocausto se ha asociado con ceremonias conmemorativas y con las solemnes homilías %ue estas ceremonias suscitan y legitiman. 7as ocasiones de este tipo, aun%ue sean importantes desde muchos puntos de vista, de=an poco espacio para hacer un análisis profundo de la e$periencia del Holocausto y, en especial, de sus aspectos más in%uietantes

y ocultos. #e estos ya de por sí tímidos análisis, escasos son los %ue llegan a una conciencia p@blica alimentada por no iniciados y medios de comunicación de masas.

>uando se pide a la gente %ue se plantee las preguntas más terribles1 «Gcómo fue posible tal horror», «Gcóm o pudo suceder en el coraón de la parte más civiliada del mundo», no se suele perturbar ni su tran%uilidad ni su e%uilibrio mental. El e$amen de las culpas se disfraa de investigación sobre las causas. 7as raíces del horror, nos dicen, se deben buscar y se encuentran en la obsesión de Hitler, en el servilismo de sus partidarios, en la crueldad de sus seguidores y en la corrupción moral de sus ideas. 2hondando en la etiología, acaso tambi:n se encuentren causas en algunos reiterados aconteceres de la historia de 2lemania o en la especial indiferencia moral del alemán medio, actitud %ue era de esperar a la vista de su antisemitismo patente o latente. (odo lo cual suele ser consecuencia de la insistencia en considerar %ue «intentar entender cómo fueron posibles esas cosas sólo se consigue mediante una letanía de revelaciones sobre un Estado odioso llamado (ercer 5eich, sobre la bestialidad de los nais o sobre otros aspectos de la Ienfermedad alemanaF %ue, seg@n creemos y nos animan a creer, indican la presencia de algo %ue «va contra los principios del planeta» D/. 'e dice tambi:n %ue una ve %ue

conocamos con detalle las bestialidades del naismo y sus causas «entonces será posible, si no curar, al menos sí cauteriar la herida %ue el naismo ha causado a la civiliación

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occidental»D0. Estas y seme=antes actitudes pueden interpretarse en el sentido Ano siempre

pretendido por sus autores de %ue, una ve establecida la responsabilidad moral de 2lemania, de los alemanes y de los nais, habrá concluido la b@s%ueda de estas causas. >omo el propio Holocausto, sus causas se encontraban en un espacio reducido y en un tiempo limitado %ue, afortunadamente, ha terminado.

'in embargo, el e=ercicio de centrarse en la alemanidad del crimen considerándola como el aspecto en el %ue reside la e$plicación de lo sucedido es al mismo tiempo un e=ercicio %ue e$onera a todos los demás y especialmente todo lo demás. 'uponer %ue los autores del Holocausto fueron una herida o una enfermedad de nuestra civiliación y no uno de sus productos, genuino aun%ue terrorífico, trae consigo no sólo el consuelo moral de la autoe$culpación sino tambi:n la amenaa del desarme moral y político. (odo sucedió «allí», en otro tiempo, en otro país. >uanto más culpables sean «ellos», más a salvo estará el resto de «nosotros» y menos tendremos %ue defender esa seguridad. < si la atribución de culpa se considera e%uivalente a la localiación de las causas, ya no cabe poner en duda la inocencia y rectitud del sistema social del %ue nos sentimos tan orgullosos.

El efecto final consiste, paradó=icamente, en %uitar el agui=ón del recuerdo del Holocausto. El mensa=e %ue contiene el Holocausto sobre la forma en %ue vivimos hoy, sobre la calidad de las instituciones con las %ue contamos para nuestra seguridad, sobre la valide de los criterios con los %ue medimos la corrección de nuestra conducta y las normas %ue aceptamos y consideramos normales se ha silenciado, no se escucha y sigue sin comunicarse. 2un%ue los especialistas lo hayan sistematiado y se discuta en el circuito de conferencias, raramente se oye hablar de :l en otro sitio, y sigue siendo un misterio para las personas a=enas al asunto. (odavía no ha penetrado, por lo menos seriamente, en la conciencia contemporánea. &eor todavía, a@n no ha afectado a los hábitos contemporáneos.

Este estudio %uiere ser una contribució n pe%ue)a y modesta a lo %ue parece ser una empresa de una formidable importancia cultural y política %ue debió hacerse mucho tiempo antes1 la empresa de %ue las lecciones psicológicas, sociológicas y políticas del episodio del Holocausto logren incidir sobre la conciencia y la actuación de las instituciones y de los miembros de la sociedad contemp oránea. Este estudio no ofrece ning@n relato nuevo de la historia del Holocausto, sino %ue se remite plenamente a los notables logros de las recientes investigaciones especialiadas %ue he intentado estudiar minuciosamente y con las cuales tengo una deuda infinita. Este estudio se centra en las revisiones %ue de los distintos asuntos fundamentales de las ciencias sociales Ay posiblemente tambi:n en las costumbres sociales deben hacerse a la vista de los procesos, tendencias y potenciales ocultos %ue salieron a la lu en el transcurso del Holocausto.

El prop!sito de las diferentes investigaciones de este estudio no es aumentar los conocimientos especiali$ados y enri%uecer ciertas preocupaciones marginales de los científicos sociales# sino trasladar las conclusiones de los especialistas al uso general de la ciencia social# interpretarlas de manera %ue muestren su relevancia para las cuestiones principales de las investigaciones sociol!gicas# transmitirlos a la corriente principal de nuestra disciplina y, de esta manera, conseguir %ue, desde su actual marginalidad, pasen al campo central de la teoría social y de la práctica sociológica.

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El capítulo * es un estudio general de las respuestas sociológicas, o me=or dicho, de su manifiesta insuficiencia, a ciertas cuestiones teóricamente fundamentales y vitales en la práctica %ue plantean los estudios sobre el Holocausto. 2lgunas de estas cuestiones se analian por separado y con mayor profundidad en capítulos posteriores. En los capítulos / y 0 se estudian las tensiones %ue provocaron las tendencias a traar límites propias de las nuevas condiciones de moderniación, el hundimiento del orden tradicional, el afianamiento de los Estados nacionales modernos, los vínculos entre ciertos atributos de la civiliación moderna Ael más importante de todos, la función de la retórica científ ica en la legitimación de las ambiciones de la ingeniería social, el nacimiento del racismo como forma de antagonismo comunal y la asociación entre el racismo y los proyectos genocidas. 2l sostener %ue el Holocausto fue un fenómeno típicamente moderno %ue no se puede entender fuera del conte$to de las tendencias culturales y de los logros t:cnicos de la modernidad, en el capítulo J intento plantear el problema de la combinación aut:nticamente dial:ctica de singularidad y normalidad %ue distingue al Holocausto de otros fenómenos modernos. En la conclusión sugiero %ueel Holocausto fue el resultado del encuentro &nico de factores %ue# por sí mismos# eran corrientes y vulgares' ( %ue dicho encuentro result! posile en gran medida por la emancipaci!n del Estado político )de su monopolio de la

violencia y de sus audaces amiciones de ingeniería social) del control social# como consecuencia del progresivo desmantelamiento de la fuentes de poder y de las instituciones no políticas de la auto*regulaci!n social .

En el capítulo K emprendo la dolorosa e ingrata tarea de analiar una de esas cosas %ue, con denodado empe)o, «preferimos de=ar sin e$presar» DJ1 los mecanismos modernos

%ue permitieron %ue las víctimas cooperaran en su propio sacrificio y %ue, al contrario de lo %ue se afirma de los efectos dignificantes y moraliadores del proceso civiliador, indican el impacto progresivamente deshumaniador de la autoridad. El tema del capítulo L es uno de los «vínculos modernos» del Holocausto1 su relación íntima con el modelo de autoridad desarrollado hasta la perfección en la burocracia moderna. Es un comentario detallado sobre los importantes e$perimentos sociopsicológicos realiados por 3ilgram y -imbardo. En el capítulo , %ue sirve de síntesis teórica y conclusión, se estudia el lugar %ue ocupa la moralidad en las versiones dominantes de la teoría social y aboga por una revisión radical %ue tome en consideración la demostrada posibilidad de manipular socialmente la distancia social, física y espiritual.

2 pesar de la diversidad de asuntos, tengo la esperana de %ue todos los capítulos apunten en la misma dirección y refuercen la idea central. Todos ellos son argumentos para %ue incluyamos las lecciones del Holocausto en la línea principal de nuestra teoría de la modernidad y del proceso civili$ador y sus efectos. (odos ellos proceden de la convicción de %ue la e$periencia del Holocausto contiene información fundamental sobre la sociedad a la %ue pertenecemos.

El Holocausto fue un encuentro singular entre las antiguas tensiones %ue la modernidad pasó por alto, despreció o no supo resolver, y los poderosos instrumentos de la actuación racional y efectiva %ue crearon los desarrollos modernos. 2un%ue este encuentro fuera singular y e$igiera una peculiar combinación de circunstancias, los factores %ue se reunieron eran, y siguen siendo, omnipresentes y «normales». ?o se ha hecho lo suficiente

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para desentra)ar el pavoroso potencial de estos factores, y menos todavía para ata=ar sus efectos potencialmente horribles. >reo %ue se pueden hacer muchas cosas en ambos sentidos y %ue debemos hacerlas.

3ientras escribía este libro, pude sacar provecho de las críticas y conse=os de Bryan >heyette, 'hmuel Eisenstadt, Merenc Meh:r, 2gens Heller, 7uCas HirsoNic y Oictor -aslasvsCy. Espero %ue encuentren en estas páginas algo más %ue restos marginales de sus ideas y su inspiración. Estoy especialmente en deuda con 2nthony 9iddens por sus atentas lecturas a las sucesivas versiones del libro, meditadas críticas y valiosos conse=os. &ara #avid 5oberts, mi gratitud por su paciencia y %uehacer editorial.

?ota al lector

Esta edici!n incluye un ap+ndice titulado ,Manipulaci!n social de la moralidad-actores morali$adores# acci!n adiafori$ante.' Es el te/to de la conferencia %ue pronunci! el autor cuando a esta ora le fue concedido el Premio Europeo Amalfi de Sociología y Teoría Social en 0121.

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*.

Introducción: la sociología Introducción: la sociología después del Holocausto después del Holocausto

En la actualidad# la civili$aci!n incluye los campos de muerte y 3uselmPnner entre sus productos materiales y espirituales.

5ichard 5ubenstein y ;ohn 5oth, Approaches to Ausch3it$

&ara la sociología, en cuanto teoría de la civiliación, de la modernidad y de la civiliación moderna, e$isten dos formas de minimiar, =ugar erróneamente o negar la importancia del Holocausto.

!na de ellas es presentar el Holocausto como algo %ue les sucedió a los =udíos, como un acontecimi ento %ue pertenece a la historia judía. Esto convierte al Holocausto en algo @nico, cómodamente atípico y sociológicamente intrascendente. El e=emplo más corriente de este enfo%ue es presentar el Holocausto como el punto culminante del antisemitismo europeo y cristiano, en sí mismo, un fenómeno @nico %ue no se puede comparar con el amplio y denso repertorio de pre=uicios y agresiones :tnicas o religiosas. El antisemitismo destaca entre todos los otros casos de antagonismos colectivos por su sistematicidad sin precedentes, por su intensidad ideológica, por su difusión supranacional y supraterritorial y por su mecla @nica de fuentes y afluentes nacionales y universales. 3ientras se defina al Holocausto como, por decirlo de alguna manera, la continuación del antisemitismo por otros medios seguirá pareciendo un «con=unto de un solo elemento», un episodio aislado %ue acaso arro=a alguna lu sobre la patología de la sociedad donde se produ=o, pero %ue no aporta casi nada al entendimiento %ue podamos tener del estado

normal de esa sociedad. < menos a@n reclama una revisión significativa del entendimiento ortodo$o de la tendencia histórica de la modernidad, del proceso civiliador o de las cuestiones de inter:s para la investigación sociológica.

7a otra vía, %ue aparentemente apunta en la dirección opuesta, aun%ue, en la práctica, conduce al mismo punto de destino, consiste en presentar el Holocausto como un

caso e$tremo dentro de una amplia categoría de fenómenos sociales habituales, una categoría odiosa y repelente con la %ue, sin embargo, podemos y debemos convivir. #ebemos convivir con ella debido a su capacidad de adaptación y a su om ni presencia,

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pero, sobre todo, por%ue la sociedad moderna ha sido desde siempre, es y seguirá siendo, una organiación dise)ada para reducirla e incluso para eliminarla por completo. En consecuencia, se clasifica al Holocausto como un elemento más, aun%ue importante, de una clase muy amplia %ue abarca muchos casos «seme=antes» de conflicto, pre=uicio o agresión. En el peor de los casos, se atribuye el Holocausto a una predisposición «natural», primitiva y culturalmente ine$tinguible de la especie humana lo mismo %ue la agresión instintiva de 7orent o el fracaso del neocórte$ para controlar la parte antigua del cerebro %ue rige las emociones descrito por 2rthut Qoestler

D*

. 7os factores responsables del Holocausto, en tanto %ue presociales e inmunes a la manipulación cultural, se han eliminado de forma efectiva del ámbito del inter:s sociológico. En el me=or de los casos, el Holocausto se sit@a entre los genocidios más pavorosos y siniestros, categoría %ue resulta teóricamente abordable. 8 bien se desvanece en la categoría amplia y conocida de opresión y persecución :tnica, cultural o racialD/.

'e tome el camino %ue se tome, los efectos son muy parecidos. El Holocausto forma parte de la corriente de la historia por todos conocida1

>uando se e$amina de esta manera y se acompa)a haciendo adecuada referencia de otros horrores históricos Alas cruadas religiosas, la matana de los here=es albigenses, la de los armenios a manos de los turcos o incluso la invención británica de los campos de concentración durante la guerra de los Bóers resulta fácil considerar el Holocausto como un caso «@nico», pero normal despu:s de todo.D0

8 bien se integra en la relación, conocida por todos, de los cientos de a)os de ghettos, discriminación legal, pogroms y persecuciones de los =udíos en la Europa cristiana y entonces se revela como una consecuencia especialmente monstruosa, aun%ue completamente lógica, del odio :tnico y religioso. #e cual%uier manera, la bomba %ueda desactivada. <a no es necesario hacer ninguna revisión importante de nuestra teoría social. ?uestras visiones de la modernidad, de su potencial no manifestado aun%ue siempre presente o de su tendencia histórica, no precisan otro e$amen ya %ue los m:todos y conceptos %ue acumula la sociología son totalmente adecuados para acometer esta empresa, para «e$plicarla», para «hacer %ue tenga sentido» y para entenderla. El resultado global es

la autosatisfacción teórica. En realidad, no sucedió nada %ue =ustifi%ue %ue se tenga %ue volver a criticar el modelo de sociedad moderna %ue ha resultado tan @til como marco teórico y como legitimación pragmática de los m:todos sociológicos.

Hasta a%uí, los historiadores y los teólogos han sido los %ue se han mostrado más en desacuerdo con esta actitud de autosatisfacción y autofelicitación. 7os sociólogos han prestado muy poca atención a esas voces. 7as aportaciones de los sociólogos profesionales

a los estudios sobre el Holocausto, cuando se comparan con la enorme cantidad de traba=o %ue han realiado los historiadores y el volumen del e$amen de conciencia llevado a cabo por los teólogos, tanto cristianos como =udíos, parecen marginales e insignificantes. Estos

estudios sociológicos vienen a demostrar más allá de cual%uier duda raona ble %ue el Holocausto tiene m"s %ue decir sore la situaci!n de la sociología de lo %ue la sociología#

en su estado actual# puede a4adir a nuestro conocimiento de lo %ue fie el Holocausto . 7os sociólogos todavía no se han enfrentado a este hecho tan alarmante, y mucho menos han

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respondido a :l.

7a manera en %ue la profesión sociológica percibe su labor con respecto al hecho denominado «Holocausto» la ha e$plicado muy atinadamente uno de sus representantes más eminentes, Everett >. Hughes1

El gobierno nacional socialista de 2lemania realió el «traba=o sucio» más colosal de la historia de los =udíos. 7os problemas fundamentales relacionados con este acontecimiento son * G%ui:nes son las personas %ue realmente hicieron este traba=o, y / Gcuáles son las circunstancias en las %ue otras «buenas» personas les permitieron realiarlo 7o %ue necesitamos es conocer me=or las se)ales de su ascenso al poder y la me=or manera de mantenerlos ale=ados de :l.DJ

Hughes, fiel a los sólidos principios del m:todo sociológico, parte del principio de %ue el problema consiste en descubrir la combinación característica de factores psicosociales %ue se pueden relacionar de forma raonable Aen cuanto variable

determinante con las tendencias de comportamiento características de los %ue llevaron a cabo el «traba=o sucio», en enumerar otra serie de factores %ue relativicen la Aesperable, aun%ue no efectiva resistencia contra estas tendencias por parte de otras personas y en conseguir, finalmente, alg@n conocimiento aclaratorio y prospectivo %ue, en este mundo organiado de forma racional, regido por leyes causales y probabilidades estadísticas, permita evitar a %uienes posean estos conocimientos %ue las tendencias «sucias» vean la

lu, %ue se e$presen en comportamientos reales y %ue logren sus nocivos efectos «sucios». Este @ltimo cometido se logrará, seg@n cabe suponer, aplicando el mismo modelo de acción %ue ha hecho %ue nuestro mundo est: organiado racionalmente y sea manipulable y «controlable». 7o %ue nos hace falta es una tecnología más avanada para proseguir con la antigua, aun%ue en ning@n caso desacreditada, actividad de ingeniería social.

En la %ue, hasta la fecha, es la aportación sociológica claramente más importante al estudio del Holocausto, Helen Mein DK ha seguido fielmente el conse=o de Hughes. Mein

establece %ue su ob=etivo es e$plicar en detalle ciertas variables psicológicas, ideológicas y estructurales %ue tienen más relación con los porcenta=es de víctimas =udías o supervivientes de las distintas colectividades nacionales de la Europa dominada por los nais. 'iguiendo todas las normas ortodo$as, Mein presenta una investigación impresionante. (anto las propiedades de las colectividades nacionales y la intensidad del antisemitismo del país como los grados de aculturación y asimilación, así como la solidaridad dentro del país, aparecen cuidadosa y correctamente clasificadas de forma %ue se puedan calcular adecuadamente las relaciones y comprobar su importancia. 'e demuestra %ue algunas correspondencias hipot:ticas no e$isten o, al menos, estadísticamente no son válidas. 2lgunas otras %uedan confirmadas estadísticamente, como la relación entre la ausencia de solidaridad y la probabilidad de %ue la gente «%uedara desvinculada de las obligaciones morales». &recisamente debido a la impecable habilidad sociológica de la autora y a la competencia con %ue la aplica, en el libro de Mein %ueda de manifiesto inadvertidamente la debilidad de la sociología ortodo$a. 'i no se revisan algunas de las suposiciones esenciales y, sin embargo, tácitas del discurso sociológico, no se puede hacer otra cosa %ue lo %ue ha hecho Mein, es decir, formar un concepto del Holocausto como un

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producto @nico, aun%ue completamente determinado de una concatenación concreta de factores sociales y psicológicos %ue desembocaron en la suspensión temporal del dominio de la civiliación en el %ue se mantiene el comportamiento humano. 'eg@n esta opinión, lo %ue surge, implícita si no e$plícitamente, de la e$periencia del Holocausto, intacto e ileso, es el impacto humaniador o racionaliador Alos dos conceptos se pueden usar como sinónimos de la organiación social sobre los impulsos inhumanos %ue rigen la conducta de los individuos pre o antisociales. >ual%uier instinto moral %ue se pueda hallar en la conducta humana es un producto social. Esto hace %ue desaparecan los fallos de la sociedad. «En una situación en la %ue las normas morales no e$isten, libre de reglas sociales, la gente puede responder sin tener en consideración la posibilidad de hacer da)o a su pró=imo»DL. #e lo %ue se deduce %ue la presencia de reglas sociales efectivas hace %ue

sea improbable esta falta de consideración. 7a idea clave de las reglas sociales y, en consecuencia, de la civiliación moderna %ue destaca por llevar las ambiciones reglamentarias hasta límites %ue no se habían visto con anterioridad, es imponer restricciones morales al egoísmo desenfrenado y al salva=ismo innato del animal %ue hay en todos los hombres. !na ve procesados los hechos del Holocausto en el molino de la metodología %ue lo define como una disciplina erudita, lo @nico %ue puede hacer la sociología ortodo$a es comunicar una idea más ligada a sus presuposiciones %ue a los «hechos del caso». 7a idea es %ue el Holocausto fue un fallo, no un producto, de la modernidad.

En otro notable estudio sociológico sobre el Holocausto, ?echama (ec intenta e$aminar el otro lado del espectro humano1 los salvadores, las personas %ue no permitieron %ue se realiara el «traba=o sucio», %ue dedicaron su vida a los %ue sufrían en un mundo de egoísmo universal. 7as personas %ue, en resumen, conservaron su moralidad en condiciones inmorales. (ec, fiel a los preceptos de la sabiduría sociológica, intenta con todas sus fueras encontrar los determinantes sociales de lo %ue, de acuerdo con todas las normas de la :poca, fue un comportamiento aberrante. !na por una, somete a prueba todas las hipótesis %ue cual%uier sociólogo respetable y entendido incluiría con toda seguridad en su proyecto de investigación. >alcula las relaciones entre la buena voluntad para ayudar, por un lado, y los diversos factores de clase, educación, confesión o lealtad política, por otro, y descubre %ue no había ninguna. En contra de sus propias e$pectativas, y de las de sus lectores con preparación sociológica, (ec llega a la @nica conclusión posible1 «Esos salvadores actuaron

de una forma %ue les resultaba natural. #e forma espontánea, fueron capaces de enfrentarse resueltamente a los horrores de su :poca» D. En otras palabras, los salvadores deseaban

salvar a su pró=imo debido a su naturalea. &rovenían de todos los rincones y sectores de la «estructura social» y por esta raón desenmascararon la falacia de %ue e$istieran «determinantes sociales» del comportamiento moral. 'i acaso, la contribución de estos determinantes se e$presó en su fracaso para apagar el ansia de los salvadores de ayudar a otros en su aflicción. (ec se acercó más %ue la mayor parte de los sociólogos al descubrimiento de la cuestión no es «G%u: podemos decir nosotros, los sociólogos, sobre el Holocausto», sino «G%u: tiene %ue decir el Holocausto sobre nosotros, los sociólogos, y sobre nuestros m:todos».

2un%ue la necesidad de plantear esta pregunta pareca ser la parte más urgente y tambi:n más vilmente abandonada del legado del Holocausto, debemos tomar cuidadosamente en consideración sus consecuencias. Es demasiado fácil tener una reacción

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e$agerada ante la aparente bancarrot a de las visiones sociológicas sólidamente arraigadas. !na ve %ue se ha hecho pedaos la esperana de constre)ir la e$periencia del Holocaust o dentro de los límites teóricos del funcionamiento defectuoso Ala modernidad incapa de suprimir los factores de irracionalidad esencialmente a=enos, las presiones civiliadoras incapaces de dominar los impulsos violentos y emocionales y el fracaso de la socialiación incapa desde ese punto de crear el volumen necesario de motivaciones morales, nos podemos sentir tentados de enfilar la salida «evidente» del punto muerto teórico, %ue es proclamar %ue el Holocausto es un «paradigma» de la civiliación moderna, su producto«natural» y «normal», %ui:n sabe si tambi:n corriente, y su «tendencia histórica». #e acuerdo con esta versión, se elevaría al Holocausto al rango de verdad de la modernidad en ve de identificarlo como una de las posiilidades de la modernidad. !na verdad %ue se oculta sólo superficialmente, ba=o la fórmula impuesta por a%u:llos %ue se benefician de la «gran mentira». #e una forma perversa, este criterio, %ue trataremos con más detalle en el capítulo cuatro y %ue supuestamente confiere mayor relieve al significado histórico y teórico del Holocausto, lo @nico %ue hace es minimiar su importancia, ya %ue los horrores del genocidio son prácticamente indistinguibles de los otros sufrimientos %ue la sociedad moderna genera cotidianamente y en abundancia.

El Holocausto como criterio de modernidad

Hace algunos a)os, un periodista de 5e Monde entrevistó a varias víctimas de secuestros a:reos. !na de las cosas más interesantes %ue descubrió fue la tasa anormalmente alta de divorcios entre pare=as en las %ue ambos habían sufrido =untos la agonía de esta e$periencia. Rntrigado, preguntó a los divorciados sobre las raones de su decisión. 7a mayor parte tic los entrevistados le di=eron %ue nunca habían pensado en la posibilidad de un divorcio antes del secuestro. 'in embargo, durante este episodio

espantoso, «se les abrieron los o=os» y «vieron a su pare=a de forma diferente». 7os %ue habían demostrado ser buenos maridos «demostraron ser» sólo seres egoístas %ue se preocupaban @nicamente de su estómago, los osados hombres de negocios se comportaron

con una as%uerosa cobardía y los «hombres de mundo», con tantos de recursos, se vinieron aba=o y no hicieron nada aparte de lamentar su inminente perdición. El periodista se planteó una pregunta1 Gcuál de las dos caras %ue estos ;anos eran realmente capaces de encarnar era la cara verdadera y cuál la máscara >oncluyó %ue la pregunta estaba mal planteada. ?inguna de las dos era «más verdadera» %ue la otra. 2mbas eran posibilidades contenidas

en el carácter de la víctima y %ue simplemente se ponían de manifiesto en diferentes momentos y distintas circunstancias. 7a cara «buena» parecía normal sólo por%ue las condiciones normales la favorecían por encima de la otra. 'in embargo, la otra estaba siempre presente, aun%ue por lo general invisible. ?o obstante, el aspecto más fascinante de su descubrimiento fue %ue, si no hubiera sido por el secuestro, la «otra cara» probablemente habría permanecido oculta toda la vida. 7as pare=as habrían seguido disfrutando de su matrimonio y gustándoles lo %ue conocían, ignorantes de las cualidades tan poco atractivas %ue unas circunstancias inesperadas y e$traordinarias les harían descubrir en personas a las %ue parecían conocer tan bien.

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El párrafo %ue hemos citado antes del estudio de ?echama (ec termina con la siguiente observación1 «'i no hubiera sido por el Holocausto, la mayor parte de estos salvadores habría continuado su propio camino, algunos harían obras de caridad y otros llevarían vidas sencillas y modestas. Eran h:roes en estado latente, a menudo indistinguibles de los %ue los rodeaban». !na de las conclusiones de este estudio %ue más se ha discutido y de forma más concluyente ha sido la imposibilidad de «descubrir por adelantado las se)ales, síntomas o indicaciones de la predisposición individual para el sacrificio o para la cobardía frente a la adversidad. Es decir, decidir fuera de conte$to lo %ue las hace nacer o simplemente las Idespierta», la probabilidad de %ue se manifiesten posteriormente.

;ohn 5. 5oth plantea el mismo asunto de potencialidad frente a realidad, siendo la primera una modalidad todavía no descubierta de la segunda y la segunda una modalidad ya

descubierta y, en consecuencia, empíricamente accesible de la primera. 'u planteamiento tiene relación directa con nuestro problema1

'i el poder nai hubiera prevalecido, la autoridad para decidir lo %ue debe ser habría determinado %ue no se había violado ninguna ley natural y %ue no se habían cometido crímenes contra #ios ni contra la humanidad en el Holocausto. 'í se habría planteado la conveniencia o no de proseguir con las operaciones del traba=o de esclavos, ampliarlas o terminar con ellas. 7as decisiones se habrían tomado en función de criterios racionales.

D

El terror no e$presado sobre el Holocausto %ue impregna nuestra memoria colectiva, relacionado con el deseo abrumador de no mirar el recuerdo de frente, es la sospecha corrosiva de %ue el Holocausto pudo haber sido algo más %ue una aberración, algo más %ue una desviación de la senda del progreso, algo más %ue un tumor canceroso en el cuerpo saludable de la sociedad civiliadaS %ue, en resumen, el Holocausto no fue la antítesis de la civiliación moderna y de todo lo %ue :sta representa o, al menos, eso es lo %ue %ueremos creer. 'ospechamos, aun%ue nos neguemos a admitirlo, %ue el Holocausto podría haber descubierto un rostro oculto de la sociedad moderna, un rostro distinto del %ue ya conocemos y admiramos. < %ue los dos coe$isten con toda comodidad unidos al mismo cuerpo. 7o %ue acaso nos da más miedo es %ue ninguno de los dos puede vivir sin el otro, %ue están unidos como las dos caras de una moneda.

>on frecuencia nos detenemos =usto en el umbral de esta verdad pavorosa. < por eso Henry Meingold insiste en %ue el episodio del Holocausto, de hecho, forma parte de la evolución de la larga y, en con=unto, irreprochable historia de la sociedad moderna. Es una faceta de la evolución %ue no se podía esperar ni predecir de ninguna manera, lo mismo %ue un nuevo y maligno lina=e de un virus %ue supuestamente estaba controlado1

7a 'olución Minal se)aló el punto en el %ue el sistema industrial europeo fracasó. En ve de potenciar la vida, %ue era la esperana srcinal de la Rlustración, empeó a

consumirse. Este sistema industrial y la :tica asociada a :l hicieron %ue Europa fuera capa de dominar el mundo.

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cualitativamente diferentes de las %ue aseguraron la efectividad de la 'olución Minal. <, sin embargo, Meingold da con la verdad cara a cara1

D2uschNit fue tambi:n una e$tensión rutinaria del moderno sistema de fábricas. En lugar de producir mercancías, la materia prima eran seres humanos, y el producto final era la muerte, tantas unidades al día consignadas cuidadosamente en las tablas de producción del director. #e las chimeneas, símbolo del sistema moderno de fábricas, salía

humo acre producido por la cremación de carne humana. 7a red de ferrocarriles, organiada con tanta inteligencia, llevaba a las fábricas un nuevo tipo de materia prima. 7o hacía de la misma manera %ue con cual%uier otro cargamento. En las cámaras de gas, las víctimas inhalaban el gas letal de las bolitas de ácido pr@sico, produci das por la avanada industria %uímica alemana. 7os ingenieros dise)aron los crematorios, y los administradores, el sistema burocrático %ue funcionaba con tanto entusiasmo y tanta eficiencia %ue era la envidia de muchas naciones. Rncluso el plan en su con=unto era un refle=o del espíritu científico moderno %ue se torció. 7o %ue presenciamos no fue otra cosa %ue un es%uema masivo de ingeniería social.D+

7o cierto es %ue todos los «ingredientes» del Holocausto, todas las cosas %ue hicieron %ue fuera posible, fueron normales. «?ormales» no en el sentido de algo ya conocido, de ser un componente más de la larga serie de fenómenos %ue hace mucho tiempo ya se han descrito, e$plicado y clasificado en detalle, por%ue, por el contrario, el Holocausto representó algo nuevo y desconocido, sino en el sentido de %ue se acomodaba por completo a todo lo %ue sabemos de nuestra civiliación, del espíritu %ue la guía, de sus

órdenes de prioridad, de su visión inmanente del mundo y de las formas adecuadas de lograr la felicidad humana =unto con una sociedad perfecta. En palabras de 'tillman y &faff,

e$iste algo más %ue una relación fortuita entre la tecnología %ue se utilia en una cadena de producción y su visión de la abundancia material universal, y la tecnología aplicada en los campos de concentración y su visión de un derroche de muerte. &uede %ue nuestro deseo sea negar esta relación, pero BuchenNald era tan occidental como el río 5ouge de #etroit. ?o podemos considerar BuchenNald como una aberración fortuita de un mundo occidental esencialmente cuerdo.D*4

5ecordemos tambi:n la conclusión a la %ue llegó 5a@l Hilberg al final de su estudio magistral y todavía no superado por nadie sobre el Holocausto1 «7a ma%uinaria de la destrucción no era estructuralmente diferente de la organiada sociedad alemana en su con=unto. 7a ma%uinaria de la destrucción era la comunidad organiada en una de sus funciones especiales»D**.

5ichard 7. 5ubenstein ha sacado lo %ue en mi opinión es la lección definitiva del Holocausto. Escribe1 «#a testimonio del progreso de la civili$aci!n». &rogreso, a)adimos, en un doble sentido. En la 'olución Minal, el potencial industrial y los conocimientos tecnológicos de los %ue se =actaba nuestra civiliación escalaron nuevas alturas al enfrentarse con :$ito a una tarea de tal magnitud %ue no tenía precedentes. < en la 'olución Minal nuestra sociedad nos ha revelado %ue tenía una capacidad %ue no habíamos sospechado hasta entonces. >omo nos han ense)ado a respetar y admirar la eficiencia

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t:cnica y los buenos dise)os, no podemos hacer otra cosa %ue admitir, como alabana del progreso material %ue ha traído nuestra civiliación, %ue hemos subestimado mucho su

aut:ntico potencial.

El mundo de los campos de la muerte y la sociedad %ue engendra descubre el lado cada ve más oscuro de la civiliación =udeocristiana. >iviliación significa esclavitud, guerras, e$plotación y campos de muerte. (ambi:n significa higiene m:dica, elevadas ideas religiosas, arte lleno de bellea y m@sica e$%uisita. Es un error suponer %ue la civiliación y la crueldad salva=e son una antítesis D" En nuestra :poca, las crueldades, lo mismo %ue otros muchos aspectos de nuestro mundo, se han administrado de forma mucho más efectiva %ue anteriormente1 no han de=ado de e$istir. (anto la creación como la destrucción son aspectos inseparables de lo %ue denominamos civiliación.D*/

Hilberg es historiador y 5ubenstein teólogo. He investigado en profundidad las obras de los sociólogos intentando encontrar tanto afirmaciones %ue e$presaran una conciencia parecida sobre la urgencia de la tarea postulada por el Holocausto como testimonios de %ue el Holocausto supone, entre otras cosas, una prueba para la sociología como profesión y como cuerpo de conocimiento acad:mico. >uando se compara con el traba=o realiado por los historiadores y los teólogos, la aportación de la sociología acad:mica se parece más a un e=ercicio colectivo de olvido y ceguera. &or lo general, las lecciones del Holocausto han de=ado pocas huellas en el sentido com@n sociológico, %ue cuenta, entre otras cosas, con artículos de fe tales como las venta=as de la raón sobre las emociones, la superioridad de la racionalidad sobre AG%u: más la acción irracional o el enfrentamiento end:mico entre las demandas de eficiencia y las inclinaciones morales. 7as voces de protesta contra esta fe, aun%ue altas y conmovedoras, no han logrado penetrar todavía los muros de la camarilla sociológica.

?o tengo conocimiento de %ue haya habido muchas ocasiones en las %ue los sociólogos,como tales, se hayan enfrentado p@blicamente con la evidencia del Holocausto. !na de estas ocasiones, aun%ue a pe%ue)a escala, la ofreció el simposio sobre 5a sociedad occidental despu+s del Holocausto %ue convocó en *+ el Rnstituto para el Estudio de los &roblemas 'ociales >ontemporáneosD*0. #urante el simposio, 5ichard 7. 5ubenstein

presentó una propuesta imaginativa, aun%ue %uiá e$cesivamente emocional, para realiar una nueva lectura, a la lu de la e$periencia del Holocausto, de algunos de los más conocidos diagnósticos de Teber sobre las tendencias de la sociedad moderna. 5ubenstein %uería saber si las cosas %ue nosotros sabemos, y %ue Teber naturalmente desconocía, las podían haber anticipado Teber y sus lectores, al menos como posibilidad, partiendo de lo

%ue Teber sabía, percibía o teoriaba. &ensó %ue había encontrado una respuesta positiva a esta cuestión o, al menos, eso insinuó1 %ue en la e$posición de Teber sobre la burocracia moderna, el espíritu racional, el principio de eficiencia, la mentalidad científica, la relegación de los valores al reino de la sub=etividad, etc., no se hace referencia a ning@n mecanismo capa de e$cluir la posibilidad de los e$cesos nais y %ue, además, no hay nada en los tipos ideales de Teber %ue e$i=a calificar la descripción de las actividades del Estado nai como e/cesos. &or e=emplo, «ninguno de los horrores perpetrados por los miembros de la profesión m:dica alemana o por los tecnócratas alemanes era inconsecuente con la opinión de %ue los valores son inherentemente sub=etivos y la ciencia es intrínsecamente

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instrumental y no tiene valores». 9uenther 5oth, el eminente erudito Neberiano y sociólogo de alta y merecida reputación, no intentó ocultar su disgusto y aseguró1 «3i desacuerdo con el profesor 5ubenstein es total. ?o hay ni una sola frase en su e$posición %ue pueda aceptar». 9uenther 5oth, posiblemente indignado por el posible da)o a la memoria de Teber, un da)o agaapado en el m:rito mismo de la «anticipación», recordó a los miembros de la reunión %ue Teber era liberal, amaba la constitución y estaba de acuerdo con %ue la clase traba=adora tuviera derecho al voto, por lo %ue, seg@n cabe imaginar, no se le podía recordar en asociación con una cosa tan abominable como el Holocausto. 'in embargo, se abstuvo de refutar la esencia de la sugerencia de 5ubenstein. #el mismo modo, se privó de la posibilidad de e$aminar las «consecuencias no anticipadas» del creciente imperio de la raón %ue Teber identificaba como la cualidad clave de la modernidad y a cuyo análisis hio una contribución fundamental. ?o aprovechó la ocasión para enfrentarse a %uemarropa al «otro lado» de las penetrantes visiones legadas por este clásico de la tradición sociológica, ni para refle$ionar sobre si nuestro triste conocimiento del Holocausto, inase%uible para los clásicos, nos permitiría descubrir en sus intuiciones cosas de cuyas consecuencias no podían ser conscientes.

>on toda probabilidad, 9uenther 5oth no es el @nico sociólogo %ue se aprestaría a la defensa de las verdades sagradas de nuestra tradición colectiva, aun en contra de los hechos. 7o %ue sucede es %ue la mayoría de los sociólogos no se han visto forados a hacerlo de una manera tan abierta. &or lo general, no tenemos por %u: molestarnos con el problema del Holocausto en nuestra práctica profesional cotidiana. >omo profesión, casi

hemos conseguido olvidarlo o arrinconarlo dentro de la ona de los «intereses especialiados», donde no tiene ninguna oportunidad de llegar a la línea central de la disciplina.

<, cuando los te$tos sociológicos sí lo tratan, lo ponen como e=emplo de lo %ue puede llegar a hacer la innata e indomada agresividad humana y luego lo utilian como

argumento para aconse=ar las virtudes de domesticarla incrementando las presiones civiliadoras y acudiendo al conse=o de los e$pertos. En el peor de los casos, se recuerda como una e$periencia particular de los =udíos, como un asunto entre los =udíos y los %ue los odian Auna «privatiación» a la %ue han contribuido en gran medida muchos portavoces del Estado de Rsrael guiados por preocupaciones no e$actamente religiosasD*J.

Esta situación es preocupante no sólo, y no fundamentalmente, por raones profesionales, por muy per=udicial %ue pueda ser para la capacidad de análisis y para la

relevancia social de la sociología. 7o %ue hace %ue esta situación resulte especialmente in%uietante es la conciencia de %ue, si «pudo suceder a escala tan masiva en alg@n sitio, puede suceder en cual%uier sitio. Morma parte del espectro de las posibilidades humanas y,

nos guste o no, 2uschNit e$pande el universo de la conciencia tanto como llegar a la lunaD*K Es difícil calmar esta angustia si pensamos %ue **4 ha desaparecido ninguna de las

condiciones sociales %ue hicieron %ue 2uschNi t fuera posible y no se ha tomado ninguna medida efectiva para evitar %ue esas posibilidades y principios generen catástrofes seme=antes a la de 2uschNit. >omo recientemente concluyó 7eo Quper, «el Estado territorial reclama, como parte integrante de su soberanía, el derecho a cometer genocidios o a desencadenar matanas genocidas contra las personas sometidas a su autoridad y D"

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en la práctica las ?aciones !nidas defienden este derecho»D*L.

!no de los servicios póstumos %ue nos puede prestar el Holocausto es proporcionarnos una oportunidad para comprender los «otros aspectos», %ue si no pasarían

desapercibidos, de los principios sociales inherentes a la historia moderna. &ropongo %ue se considere la e$periencia del Holocausto, una e$periencia sobradamente documentada por los historiadores, como un «laboratorio» sociológico. El Holocausto ha desvelado y sometido a prueba características de nuestra sociedad %ue **4 se ponen de manifiesto en condiciones «fuera del laboratorio» y %ue, en consecuencia, no son abordables empíricamente. En otras palabras, propongo %ue tratemos el Holocausto como una pruea rara# aun%ue significativa y fiale# de las posiilidades ocultas de la sociedad moderna.

El significado del proceso civiliador

El mito etiológico profundamente asentado en la conciencia de nuestra sociedad occidental es la historia, moralment e edificante, de la humanidad surgiendo de la barbarie presocial. Este mito estimuló y popularió algunas teorías sociológicas y narraciones

históricas influyentes %ue, a su ve, le proporcionaron un apoyo erudito y refinadoS un vínculo recientemente ilustrado por el repentino :$ito y la relevancia ad%uirida por la e$posición de Elias sobre el «proceso civiliador». 2lgunos teóricos sociales contemporáneos mantienen opiniones contrarias Av:anse, por e=emplo, los concienudos análisis de los diversos procesos civiliadores1 histórico y comparativo a cargo de 3ichael 3annS sint:tico y teórico a cargo de 2nthony >iddens y destacan %ue el crecimiento de la violencia militar y el uso ilimitado de la coacción son las características más importantes del nacimiento y consolidación de las grandes civiliaciones. &ero estas opiniones opuestas a@n tienen un largo camino %ue recorrer antes de poder desplaar ese mito etiológico de la conciencia p@blica o incluso del difuso folClore de la profesión sociológica. &or lo general, la opinión profana se ofende si se pone ese mito en tela de =uicio. Esta resistencia viene refrendada, además, por una amplia coalició n de opiniones respetables y eruditas entre las %ue se cuentan argumentos tan autoriados como la «visión Thig» de la historia, seg@n la cual :sta es una lucha victoriosa entre la raón y la supersticiónS la visión de Teber de la racionaliación, como movimiento %ue tiende a conseguir cada ve más con cada ve menos esfueroS la promesa psicoanalítica de desenmascarar, arrancar y domesticar al animal %ue hay en el hombreS la grandiosa profecía de 3ar$ de %ue la vida y la historia pasarían a estar ba=o el control de la especie humana una ve %ue :sta se liberase de su

estreche de mirasS la descripción de Elias de la historia reciente como eliminación de la violencia en la vida cotidianaS y, por encima de todo, el coro de e$pertos %ue nos aseguran %ue los problemas humanos tienen su srcen en las políticas inadecuadas y su solución con políticas adecuadas. #etrás de esta coalición, se mantiene firme el moderno Estado

«=ardinero» %ue toma a la sociedad %ue dirige como un ob=eto por dise)ar y cultivar y del %ue hay %ue arrancar las malas hierbas.

'eg@n este mito, desde antiguo osificado en el sentido com@n de nuestra era, sólo cabe entender el Holocausto como un fracaso de la civiliación Aes decir, de las actividades

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humanas guiadas por la raón en su contención de las predilecciones naturales enfermias de lo %ue %ueda de naturalea en el hombre. El Holocausto demuestra %ue el mundo hobbesiano no ha sido completamente dome)ado y %ue el problema hobbesiano no se ha resuelto totalmente. En otras palabras, no tenemos todavía bastante civiliación. El inconcluso proceso civiliador todavía tiene %ue llegar a su t:rmino. 'i la lección de los asesinatos en masa nos ense)a algo es %ue para prevenir seme=an tes problemas de barbarie se re%uieren todavía más esfueros civiliadores. ?o hay nada en esta lección %ue pueda arro=ar una sombra de duda sobre la efectividad futura de estos esfueros y sobre sus resultados hnales. 7o cierto es %ue nos movemos en la dirección correct a, pero acaso no lo hacemos con la suficiente rapide.

>ompletada la descripción del Holocausto por parte de los historiadores, aparece una interpretación alternativa y más creíble del mismo como un suceso %ue desveló la debilidad y la fragilidad de la naturalea humana Ala fragilidad del aborrecimiento del asesinato, de la falta de predisposición a la violencia, del miedo a la conciencia culpable y la fragilidad de la asunción de responsabilidad ante el comportamiento inmoral cuando esa naturalea se vio involucrada en la patente eficienc ia del más precioso de los productos de la civiliación1 su tecnología, sus criterios racionales de elección, su tendencia a subordinar el pensamiento y la acción al pragmatismo de la economía y la efectividad. El mundo hobbesiano del Holocausto no emergió de su escasamente hondo sepulcro revivido por un tumulto de emociones irracionales. 7legó Ade una forma impresionante %ue con toda seguridad Hobbes habría repudiado sobre un vehículo construido en una fábrica, empu)ando armas %ue sólo la ciencia más avanada podía proporcionar y siguiendo un itinerario traado por una organiación científicamente dirigida. 7a civiliación moderna no fue la condi ción suficiente para el Holocausto. 'in embargo, casi con seguridad, fue su condición necesaria. 'in ella, el Holocausto sería impensabl e. Mue el mundo racional de la civiliación moderna el %ue hio %ue el Holocausto pudiera concebirse. «El asesinato en masa de la comunidad =udía europea perpetrado por los nais no fue sólo un logro tecnológico de la sociedad industrial, sino tambi:n un logro organiativo de la sociedad burocrática»D*. &iensen simplemente %u: es lo %ue convirtió al Holocausto en algo @nico

de entre todos los asesinatos en masa %ue han =alonado el avance histórico de la especie humana.

7a administración infundió al resto de las organiaciones su firme planificación y su burocrática meticulosidad. El e=:rcito le confirió a la má%uina de la destrucción su precisión militar, su disciplina y su insensibilidad. 7a influencia de la industria se hio patente tanto en el hincapi: sobre la contabilidad, el ahorro y el aprovechamiento como en la eficiencia de los centros de la muerte, %ue funcionaban como fábricas. Minalmente, el partido aportó a todo el aparato el «idealismo», la sensación de estar «cumpliendo una misión» y la idea de estar haciendo historia. A"

Mue, en efecto, la sociedad organiada en una de sus facetas especiales. Este ingente aparato burocrático, a pesar de dedicarse al asesinato en masa a escala gigantesca, demostró su preocupación por la corrección en los trámites burocráticos, por los sutileas de la definición detallada, por los pormenores de las regulaciones burocráticas y por la obediencia a la leyD*

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El departamento de la oficina central de las '' encargado de la destrucción de los =udíos europeos se denominaba oficialmente «'ección de 2dministración y Economía».

'ólo era mentira en parteS sólo en parte se e$plica remiti:ndolo a las c:lebres «normas de lengua=e» concebidas para despistar tanto a los observadores casuales como a los menos resueltos de entre los criminales. Esta denominación refle=aba fielmente, hasta un e$tremo %ue produce malestar, el significado organiativo de su cometido. 'i prescindimos de la repugnancia moral de su ob=etivo Ao, para ser más precisos, de la gigantesca magnitud del oprobio moral esta actividad no difería, en sentido formal Ael @nico sentido %ue el lengua=e burocrático sabe e$presar, de las otras actividades organiadas concebidas, controladas y

supervisadas por las secciones administrativas y económicas «normales». 2l igual %ue cual%uier otra actividad susceptible de someterse a la racionaliación burocrática, enca=a en la sobria descripción de la administración moderna %ue hio 3a$ Teber1

En la administración estrictamente burocrática, los siguientes aspectos alcanan el punto óptimo1 precisión, rapide, falta de ambigUedad, conocimiento de los e$pedientes,

continuidad, discreción, unidad, estricta subordinación y reducción de las fricciones y de los costos materiales y de personal. 7a burocratiación ofrece sobre todo una posibilidad óptima para poner en práctica el principio de creciente especialiación de las funciones administrativas siguiendo consideraciones puramente ob=etivas D" El cumplimiento «ob=etivo» de las tareas significa principalmente %ue estas tareas se llevan a cabo seg@n unas normas calculables y «sin tener en cuenta a las personas»

D*+

.

?ada en esta descripción da pie a desautoriar la definición burocrática del Holocausto, una definición %ue no es ni una parodia de la verdad ni una manifestación de una forma especialmente monstruosa de cinismo.

<, sin embargo, el Holocausto sigue siendo fundamental para %ue podamos entender el modo en el %ue la burocracia moderna racionalia, no sólo y no fundamentalmente por%ue nos recuerde Acomo si necesitáramos recordatorios lo formal y :ticamente ciega

%ue es la b@s%ueda de la eficiencia burocrática. 'u significado tampoc o %ueda plenamente relevado cuando percibimos hasta %u: punto un asesinato en masa de esta magnitud sin precedentes dependió de la e$istencia de t:cnicas y hábitos meticulosos y firmemente

establecidos, de una división del traba=o precisa, de %ue se mantuviera un suave flu=o de información y de mando y de una sincroniada coordinación de acciones independientes pero complementarias1 en suma, todas las t:cnicas y hábitos %ue crecen y se desarrollan en

el ambiente de una oficina. 7a lu %ue sobre nuestro conocimiento de la racionalidad burocrática arro=a el Holocausto alcana toda se deslumbrante fuera una ve %ue nos

damos cuenta de hasta %u: punto la simple idea de la EndlVsung 6Soluci!n 7inal8 fue un producto de la cultura urocr"tica.

#ebemos a Qarl 'chleuner D/4 el concepto de la carretera tortu osa %ue conducía a la

e$terminación física de los =udíos europeos, una carretera %ue no fue concebida por un monstruo enlo%uecido despu:s de tener una visión ni tampoco fue una decisión sopesada de los dirigentes más ideológicamente entusiastas al principio del «proceso de resolución de problemas». &or el contrario, fue surgiendo milímetro a milímetro, encaminada seg@n el

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avanando con la filosofía de «ya cruaremos ese puente cuando lleguemos a :l». El concepto de 'chleuner resume los planteamientos de la escuela «funcionalista» en relación a la historiografía del Holocausto Aplanteamientos %ue han ganado adeptos a costa de los «intencionalistas», los cuales tiene cada ve más difícil defender la Wanteriormente prevalenteW e$plicación de %ue el Holocausto lo produ=o una @nica causaS es decir, una

teoría %ue atribuye al genocidio una lógica motivacional y una coherencia %ue nunca ha tenido.

&ara los funcionalistas, «Hitler fi=ó el ob=etivo del naismo1 librarse de los =udíos y, sobre todo, %ue los territorios del 5eich estuvieran judenfrei, es decir, Xlimpios de =udíosY, pero no especificó cómo había %ue lograrlo»D/*. !na ve fi=ado el ob=etivo, todo se

desarrolló tal y como Teber, con su habitual claridad, había e$plicado1 «El Xmaestro políticoY se encuentra en la situación del XdiletanteY ante el Xe$pertoY, ante el funcionario

cualificado de la dirección de la administración» D//. Había %ue conseguir el ob=etivo y la

forma de hacerlo dependía de las circunstancias, de unas circunstancias valoradas por los Xe$pertosY teniendo en cuenta la viabilidad y los costos de las vías alternativas de actuación.

En consecuencia, lo primero %ue se eligió como solución práctic a para conseguir el ob=etivo de Hitler fue el traslado de los =udíos. 'i había otros países más hospitala rios con los refugiados =udíos, el resultado sería una 2lemania judenfrei. #espu:s de la ane$ión de 2ustria, Eichmann se ganó un elogio entusiast a por coordinar y acelerar la inmigración en masa de los =udíos austríacos. &ero despu:s el territorio ba=o dominio nai empeó a aumentar. Rnicialmente, la burocracia nai consideró %ue la con%uista y la apropiación de territorios cuasi coloniales era la oportunidad so)ada para cumplir totalmente la orden del 79hrer . &arecía %ue el :eneralgouverment proporcionaba el deseado vertedero para los =udíos %ue todavía vivían en un territorio alemán llamado a realiar la purea racial. >erca

de ?isCo, en lo %ue antes de la con%uista había sido la &olonia central, se construyó una reserva para el futuro «principado =udío». 'in embargo, la burocracia alemana encargada de la administración de los antiguos territorios de &olonia puso ob=eciones1 ya tenían bastantes problemas controlando a los =udíos del lugar. En consecuencia, Eichmann se pasó un a)o entero traba=ando en el proyecto Madagascar . !na ve se hubiera con%uistado Mrancia, se podría transformar la antigua colonia en el principado =udío %ue resultaba imposible

establecer en Europa. &ero el proyecto Madagascar tambi:n fracasó debido a la enorme distancia, a la gran cantidad de barcos %ue re%ueriría y a la presencia de la 3arina británica en los mares. 3ientras tanto, continuaba aumentando el tama)o de los territorios con%uistados y, con ello, el n@mero de =udíos ba=o =urisdicción alemana. >ada ve era más tangible la perspectiva de una Europa dominada por los nais en ve de limitarse al «5eich reconstruido». 9radual pero ine$orabl emente, el ;eich de los mil a4os fue tomando la forma de una Europa dominada por 2lemania. En esas circunstancias, el ob=etivo de una 2lemania judenfrei tuvo %ue adaptarse al proceso. #e manera casi imperceptible, po%uito a poco, pasó a convertirse en una Europa judenfrei. !nas ambiciones tan desmedidas no se podían conseguir con 3adagascares, por pró$imos %ue estuvieran Aaun%ue, seg@n Eberhard

;PcCel, e$isten pruebas de %ue en =ulio de *+J*, cuando Hitler esperaba poder derrotar a la !nión 'ovi:tica en cuestión de semanas, se pensó %ue las vastas e$tensiones de 5usia situadas tras la línea 2rcángelZ2stracán podrían ser el vertedero donde trasladar a todos los =udíos %ue vivieran en la Europa unificada ba=o el dominio alemán. >omo no se producía

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problema, el * de octubre de *+J* Himmler ordenó %ue se detuviera la emigración de =udíos. 'e habían encontrado otros m:todos más efectivos para cumplir la tarea de «librarse de los =udíos»1 el e$termini o físico fue el m:todo escogido, era el más viable y efica para conseguir el inicial pero ampliado ob=etivo. (omada la decisión, el resto fue un asunto %ue debían coordinar los distintos departamentos de la burocracia del Estado. 'e realió una cuidadosa planificación, se dise)aron la tecnología y los e%uipos t:cnicos adecuados, se presupuestó, se hicieron cálculos y se moviliaron los recursos necesarios1 la habitual rutina burocrática.

7a lección más demoledora del análisis de «la carretera tortuosa hasta 2uschNit» es %ue, finalmente, la elecci!n del e/terminio físico como medio m"s adecuado para lograr el Entfernung fue el resultado de los rutinarios procedimientos urocr"ticos, es decir, del cálculo de la eficiencia, de la cuadratura de las cuentas, de las normas de aplicación general. &eor todavía, la elección fue consecuencia del esforado empe)o por dar con soluciones racionales a los «problemas» %ue se iban planteando a medida %ue iban cambiando las circunstancias. (ambi:n tuvo %ue ver la tendencia burocrática a agrandar los ob=etivos Wun defecto tan propio de las burocracias como lo pueden ser sus rutinasW. 7a mera presencia de funcionarios desempe)ando sus funciones dio srcen a nuevas iniciativas y a una continua e$pansión de las ob=etivos srcinales. !na ve más, la competencia demostró su capacidad para impulsarse a sí misma, su tendencia a ampliar y complicar el ob=etivo %ue le confirió su raison d<+tre.

7a simple e$istencia de un cuerpo de e$pertos en la cuestión =udía proporcionó un determinado ímpetu burocrático a la política =udía nai. En *+J/, cuando ya se estaban produciendo deportaciones y asesinatos en masa, aparecieron decretos prohibiendo a los =udíos alemanes %ue tuvieran animales dom:sticos, %ue les cortaran el pelo pelu%ueros arios y [%ue llevaran la insignia deportiva del 5eich\ ?o hacían falta órdenes superiores para %ue los e$pertos en la cuestión =udía siguieran inventado medidas discriminatorias, lo garantiaba la simple e$istencia de la función.D/0

En ning@n momento de su larga y tortuosa realiación llegó el Holocausto a entrar en conflicto con los principios de la racionalidad. 7a «'olución Minal» no chocó en ning@n momento con la b@s%ueda racional de la eficiencia, con la óptima consecución de los ob=etivos. &or el contrario, surgi! de un proceder aut+nticamente racional y fue generada por una urocracia fiel a su estilo y a su ra$!n de ser . 'abemos de muchas matanas, pogroms y asesinatos en masa, sucesos no muy ale=ados del genocidio, %ue se han cometido

sin contar con la burocracia moderna, con los conocimientos y tecnologías de %ue :sta dispone ni con los principios científicos de su gestión interna. El Holocausto no habría sido posible sin todo esto. El Holocausto no resultó de un escape irracional de a%uellos residuos todavía no erradicados de la barbarie premoderna. Mue un in%uilino legítimo de la casa de la modernidad, un in%uilino %ue no se habría sentido cómodo en ning@n otro edificio.

?o pretendo decir %ue la intensidad del Holocausto fuera determinada por la burocracia moderna o por la cultura de la racionalidad instrumental %ue :sta compendia, y mucho menos %ue la burocracia moderna produce necesariamente fenómenos parecidos al Holocausto. 7o %ue %uiero decir es %ue las normas de la racionalidad instrumental están

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