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7a bancarrota de las salvaguardas modernas

In document Zygmunt Bauman - Modernidad Y Holocausto (página 96-109)

7a violencia física o la amenaa de %ue se produca

seguridad D" la violencia física e=erce sobre la vida individual una presión continua y uniforme %ue se almacena en la parre de atrás de los escenarios de la vida cotidiana, una presión totalmente conocida y %ue casi no se percibe, aue conduce y dirige la economía por%ue se ha adaptado desde su primera =uventud a esta estructura social.D*0

>on estas palabras, ?orbert Elias volvía a formular la autodefinición de la sociedad civiliada. 7a eliminación de la violencia de la vida cotidiana es la afirmación principal alrededor de la cual gira toda la definición. >omo hemos visto, la eliminación aparente es, de hecho, simplemente una e$pulsión %ue lleva a rea=ustar los recursos y a situar nuevos centros de violencia en otros puntos dentro del sistema social. #e acuerdo con Elias, ambos dependen el uno del otro. El área de la vida cotidiana está comparativamente libre de violencia precisamente por%ue :sta se almacena detrás de los bastidores y en cantidades tales %ue se escapa del control de los miembros corrientes de la sociedad, lo cual le confiere el enorme poder de suprimir los brotes de violencia no autoriada. 7as conductas cotidianas se han suaviado, especialmente por%ue la gente se siente amenaada por la violencia en caso de comportarse violentamente, con una violencia tal %ue no pueden albergar la menor esperana de repeler. Es decir, la desaparición de la violencia del horionte de la vida cotidiana es una manifestación más de las tendencias centraliadoras y monopoliadoras del poder moderno. 7a violencia es la ausencia de relaciones individuales por%ue ahora las controlan fueras %ue se encuentran definitivamente fuera del alcance de la persona. &ero las fueras no están fuera del alcance de todas las personas. &or lo tanto, el tan cacareado suaviamiento de la conducta A%ue Elias celebra con tanto gusto siguiendo el mito etiológico de occidente y la agradable seguridad de la vida cotidiana tiene su precio. !n precio %ue en cual%uier momento nos reclamarán a nosotros, los %ue habitamos en la casa

de la modernidad. 8 nos obligarán a pagar sin reclamárnoslo antes.

7a pacificación de la vida cotidiana implica, al mismo tiempo, su indefensión. 7os miembros de la sociedad moderna, al estar de acuerdo o verse obligados a renunciar al uso de la fuera física en sus relaciones mutuas, se desarman frente a los administradores de la coacción, desconocidos y por lo general invisibles, aun%ue potencialmente siniestros y siempre formidables. Esta debilidad resulta preocupante no tanto por%ue es muy posible %ue los administradores de la coacción se aprovechen de ellos y se apresuren a volver los medios de violencia %ue controla n en contra de la sociedad desarmada, sino por%ue el %ue se aprovechen o no, no depende, en un principio, de la voluntad de hombres y mu=eres corrientes. &or ellos mismos, los miembros de la sociedad moderna no pueden evitar %ue se produca una coacción en masa. 7a dulcificación de los modales va unida a un cambio

radical en el control sobre la violencia.

El conocimiento de la amenaa constante, %ue contiene el dese%uilibrio de poder característicamente moderno, haría %ue la vida fuera insoportable si no fuera por las salvaguardas %ue creemos haber entrete=ido en el tapi de la sociedad civiliada y moderna. 7a mayor parte del tiempo no tenemos ninguna raón para pensar %ue esta confiana sea falsa. 'ólo en algunas ocasiones dramáticas se plantea alguna duda sobre la solide de las salvaguardas. 2caso el significado principal del Holocausto resida en haber sido, hasta la fecha, una de las más temibles de esas ocasiones. En los a4os anteriores a la Soluci!n 7inal# todas las salvaguardas se haían visto sometidas a pruea' ( todas ellas fueron

cayendo# una por una y todas juntas.

2caso el fracaso más espectacular fuera el de la ciencia como con=unto de ideas y red de instituciones de ilustración y educación. Había %uedado al descubierto el potencial mortífero de los logros y principios más reverenciados de la ciencia moderna. #esde los comienos, los lemas de la ciencia habían sido la libertad de la raón por encima de las emociones, de la racionalidad por encima de las presiones normativas y de la efectividad por encima de la :tica. !na ve %ue se pusieron en práctica, convirtieron a la ciencia y a lasformidables aplicaciones tecnológicas %ue había engendrado en dóciles instrumentos en

manos de un poder sin escr@pulos. El papel innoble y oscuro %ue desempe)ó la ciencia en la perpetuación del Holocausto fue tanto directo como indirecto.

7a ciencia, de forma indirecta, aun%ue fundamental para su función social general, despe=ó el camino al genocidio socavando la autoridad y poniendo en tela de =uicio la fuera vinculante de todo el pensamiento normativo, en especial la religión y la :tica. 7a ciencia contempla su historia como la luenga y victoriosa lucha de la raón contra la superstición y la irracionalidad. #ebido a %ue ni la religión ni la :tica podían legitimar racionalmente las e$igencias %ue planteaban sobre el comportamiento humano, se las condenó y se negó su autoridad. >omo se había proclamado %ue los valores y las normas eran inmanente e irremediablemente sub=etivos, el @nico campo %ue %uedaba en el cual era viable la b@s%ueda de la superación era la instrumentalidad. 7a ciencia %uería liberarse de los valores y además estaba orgullosa de ello. &or medio de la presión institucional y del ridículo silenció a los %ue predicaban moralidad. En el proceso, se %uedó ciega y sorda. #erribó todas las barreras %ue podían impedir su cooperación, con entusiasmo y abandono, al proyectar m:todos más rápidos y efectivos de esteriliación en masa o asesinatos en masaS o al albergar la opinión de %ue la esclavitud de los campos de concentración era una oportunidad @nica y maravillosa para realiar investigaciones m:dicas para el avance de la erudición y, por supuesto, de la humanidad.

7a ciencia o, en esta ocasión, los científicos, tambi:n colaboraron directamente con los autores del Holocausto. 7a ciencia moderna es una institución gigantesca y comple=a. 7os costos de la investigación son elevados por%ue e$igen enormes edificios, e%uipo muy caro y numerosos e$pertos muy bien pagados. Es decir, %ue la ciencia depende de un flu=o constante de dinero y de recursos no monetarios %ue sólo pueden ofrecer y garantiar otras instituciones igualmente grandes. 'in embargo, la ciencia no es mercantil ni los científicos son avariciosos. 7a ciencia se dedica a la verdad y los científicos la persiguen. 7os científicos están llenos de curiosidad y les emociona lo desconocido. 'i se mide de acuerdo con el patrón de otras preocupaciones terrenales, incluyendo la monetaria, la curiosidad es desinteresada. 7o @nico %ue los científicos predican y buscan es el valor del conocimiento. Es simplemente una coincidencia %ue no se pueda saciar la curiosidad ni descubrir la verdad sin fondos cada ve más cuantiosos, laboratorios cada ve más costosos y salarios cada ve más elevados. 7o %ue los científicos desean es simplement e %ue se les permita ir allí donde les lleve su sed de conocimientos.

!n gobierno %ue les tienda una mano y les ofreca su ayuda puede contar con la gratitud y cooperación de los científicos. >asi todos ellos, a cambio, estarían dispuestos a

renunciar a una larga lista de preceptos menores. &or e=emplo, podrían soportar la repentina desaparición de algunos de sus colegas con una nari peculiar o unas ciertas notas en su biografía. 'i ponían alg@n reparo, se les decía %ue llevárselos a todos de golpe pondría en peligro el programa de investigación. ?o es una calumnia ni una sátira, es a lo %ue se

redu=eron las protestas de los profesores, m:dicos e ingenieros alemanes cuando hubo alguna. (odavía menos noticias se tuvo de sus e%uivalentes sovi:ticos cuando las purgas. 7os científicos alemanes se subieron con gusto al tren %ue arrastraba la locomotora nai hacia el nuevo mundo, magnífico, racialmente puro y dominado por 2lemania. 7os proyectos de investigación se iban haciendo más ambiciosos día a día y los institutos de

investigación estaban cada ve más llenos y con más recursos. 7o demás importaba poco. En su fascinante y reciente estudio sobre la contribución de la medicina y de la ciencia al dise)o y puesta en práctica de la política racial nai, 5obert &roctor acaba con el mito popular de %ue la ciencia ba=o el naismo fue, ante todo, la víctima de la persecución y el ob=eto de un intenso adoctrinamiento desde las alturas, mito %ue data, al menos, de la obra de ;oseph ?eedham The Na$i Attac> on Fnternational Science, publicada en *+J*. 'eg@n la meticulosa investigación de &roctor, la opinión general subestima hasta %u: punto fue la comunidad científica la %ue generó iniciativas políticas, de hecho algunas de las más horripilantes. Es decir, %ue no se les impusieron desde fuera a los científicos poco predispuestos pero cobardes. 7o cierto es %ue reconocidos científicos con credenciales

acad:micas impecables fueron los %ue iniciaron y dirigieron la política racial. 'i hubo coacción, «con frecuencia adoptó la forma de una parte de la comunidad científica coaccionando a la otra». En con=unto, «muchas de las fundaciones intelec tuales y sociales Dpara los programas raciales se establecieron mucho antes de la subida de Hitler al poder» y los científicos biom:dicos «desempe)aron una función muy activa, casi de dirigentes, en la iniciación, administración y e=ecución de los programas raciales nais»D*J.

7os científicos biom:dicos en cuestión no pertenecían en absoluto a un grupo de elementos lunáticos y fanáticos de la profesión, como demuestra el esmerado estudio de &roctor sobre la composición de los conse=os de redacción de *J revistas m:dicas %ue se publicaban en la 2lemania nai. #espu:s de la ascensión de Hitler al poder, los conse=os de

redacción o bien permanecieron iguales o bien se sustituyó solamente a un n@mero muy reducido de sus miembros Acon toda probabilidad, el cambio responde a la sustitución de los =udíos

D*K

En el me=or de los casos, el culto a la racionalidad, institucionaliado lo mismo %ue la ciencia moderna, demostró %ue era incapa de evitar %ue el Estado se dedicara al crimen organiado. En el peor, demostró %ue era fundamental para %ue se produ=era la transformación. 'us rivales, sin embargo, tampoco se apuntaron ning@n tanto. 7os universitarios alemanes tenían a muchas personas para %ue les acompa)aran en su silencio. 7a más notable, las iglesias. (odas. El silencio frente a la inhumanidad organiada fue el @nico punto en el %ue todas ellas, con tanta frecuencia en discordia, estuvieron de acuerdo. ?inguna de ellas intentó reclamar su autoridad y tampoco, y esto las distingue de muchos y casi siempre aislados cl:rigos, reconoció su responsabilidad por los hechos perpetrados en un país %ue, seg@n afirmaban, era dominio suyo y por personas %ue estaban a su cargo espiritualmente. Hitler nunca abandonó la iglesia católica ni tampoco fue e$comulgado.

?inguna de ellas defendió su derecho a comunicar mensa=es morales a su reba)o ni a imponer penitencias.

3ás a propósito, la reacción culturalmente preparada en contra de la violencia demostró ser una salvaguarda muy deficiente contra la coacción organiada. 3ientras tanto, los modales civiliados cohabitaban en pa y armonía con los asesinatos en masa. El proceso civiliador, prolongado y frecuentemente doloroso, fue incapa de erigir la mínima barrera insalvable contra el genocidio. Esos mecanismos precisaban el código decomportamiento civiliado para coordinar las acciones criminales de forma tal %ue no

entraran en conflicto con la propia rectitud de %uienes las llevaban a cabo. 3uchos de los espectadores reaccionaron de la manera %ue aconse=an e incitan las normas civiliadas a reaccionar ante cosas nunca vistas y bárbaras. Oolvieron los o=os hacia otro lado. 7os pocos %ue se enfrentaron contra la crueldad no contaban ni con normas ni con sanciones sociales %ue les apoyaran y alentaran. Eran solitarios %ue, para =ustificar su lucha contra el mal, sólo podían citar las palabras de sus eminentes antepasados1 «Rch Cann nicht anders».

Mrente a un e%uipo sin escr@pulos %ue cargaba a la poderosa ma%uinari a del Estado moderno con su monopolio de la violencia física y de la coacción, los logros más cacareados de la civiliación moderna se desmoronaban, como salvaguardias, ante la barbarie. 5a civili$aci!n demostr! %ue era incapa$ de garanti$ar una utili$aci!n moral de

los terroríficos poderes a los %ue ella haía dado vida.

>onclusiones

'i preguntamos ahora cuál fue el pecado srcinal %ue permitió %ue sucediera todo esto, parece %ue la respuesta más convincente es el derrumbamiento de la democracia. 2usente la autoridad tradicional, la democracia política es la @nica %ue puede proporcionar frenos adecuados para %ue el cuerpo político se mantenga ale=ado de medidas e$tremas. 'in embargo, esto no llegará pronto y todavía pasará más tiempo hasta %ue eche raíces, una ve roto el dominio de la autoridad y el sistema de control antiguos, especialmente si la rotura se produ=o apresur adamente. Estas situaciones de interregno e inestabilidad tienden a producirse durante y despu:s de las revoluciones profundas %ue consiguen paraliar las

antiguas sedes del poder social sin haberlas sustituido por otras nuevas y, por lo tanto, sin haber creado unas circunstancias en las cuales las fuer$as sociales influyentes y con recursos puedan refrenar o neutrali$ar a las fuer$as políticas y militares.

Estas situaciones se producían tambi:n posiblemente en los tiempos premodernos, tras sangrientas con%uistas o prolongadas guerras de ani%uilación %ue en ocasiones tenían como consecuencia punto menos %ue el autoZe$terminio de las :lites aisladas. 7os resultados esperables de estas situaciones eran, sin embargo, diferentes. 7o %ue casi siempre se producía era el hundimiento general del orden social. 7a destrucción de la guerra no solía llegar a las bases populares ni a las redes comunales de control social. 7as islas de orden social del lugar regidas por miembros de la comunidad se encontraban e$puestas a actos esporádicos de violencia y vandalismo, pero podían recurrir a sí mismas

cuando se desintegraba la organiación social a un nivel superior al local. En la mayor parte de los casos, incluso los golpes más profundos a las autoridades tradicionales de las sociedades premodernas diferían en dos aspectos fundamentales de las convulsiones modernas. En primer lugar, de=aban intactos, o al menos utiliables, los primitivos controles comunales del orden. En segundo, debilitaban la posibilidad de una acción organiada a un nivel supracomunal, en ve de fortalecerla, ya %ue la organiación social de orden más elevado se desmoronaba y cual%uier cambio estaba de nuevo sometido al =uego libre de fueras descoordinadas.

&or el contrario, en las condiciones modernas tenían convulsiones parecidas despu:s de %ue casi hubieran desaparecido los mecanismos comunales de regulación social y las comunidades locales de=aran de ser independientes y autosuficientes. En lugar del refle=o instintivo de «echar mano» a los propios recursos hay una tendencia a llenar el vacío con fueras nuevas pero tambi:n supracomunales %ue pretenden utiliar el monopolio %ue tiene el Estado sobre la coacción para imponer el nuevo orden a toda la sociedad. En ve de derrumbarse, el poder político se convierte prácticamente en la @nica fuera tras el nuevo orden. En su impulso, no la detienen ni la contienen ni las fueras económicas ni las sociales, seriamente minadas por la destrucción o la parálisis de las antiguas autoridades.

Esto es, desde luego, un modelo teórico %ue raramente se aplica en su totalidad en el proceso histórico. 'in embargo, su utilidad es %ue centra la atención en los trastornossociales %ue parecen facilitar el hecho de %ue salgan a la superficie las tendencias

genocidas. Esos trastornos pueden diferir en forma e intensidad pero tienen en com@n un efecto general, el dela pronunciada supremacía del poder político sore el econ!mico y el social# del Estado sore la sociedad . 2caso hayan sido más profundos en el caso de la

5evolución rusa y el posterior y prolongado monopolio del Estado como @nico factor de integración social y de reproducción del orden. < sin embargo, tambi:n en 2lemania fueron más profundos de lo %ue se creía. El dominio nai llegó despu:s del breve interludio de Teimar y asumió y terminó la revolución %ue, por diversas raones, había sido incapa de dirigir la 5ep@blica de Teimar esa insegura interacción de las :lites antiguas y las nuevas pero inmaduras, %ue sólo superficialmente se aseme=aba a la democracia política. 7as antiguas :lites estaban considerablemente debilitadas y arrinconadas. 7as formas de articulación de las fueras económicas y sociales, una por una, se habían ido sustituyendo por otras nuevas, sometidas a supervisión central, %ue emanaban del Estado, el cual, a suve, las legitimaba. Esto afectó profundamente a todas las clases, pero el golpe más radical

lo recibieron las %ue podían tener poder no político sólo de forma colectiva, es decir, sobre todo las clases no propietarias y la clase traba=adora. 7a desbandada de todas las instituciones laborales autónomas, =unto con el sometimiento del gobierno local a un control central casi total, de=ó a las masas populares prácticamente indefensas y, de hecho, e$cluidas dei proceso político. &ara evitar la resistencia de las fueras sociales, además, se rodeó la actividad del Estado de un impenetrable muro de secreto. Mue, de hecho, una conspiración de silencio del Estado contra la población a la %ue dirigía. El efecto final y global fue %ue se sustituyó a las autoridades tradicionales, pero no por las nuevas y vibrantes fueras de una ciudadanía %ue se autogobernaba, sino por un monopolio casi total del Estado político. Esto evitó %ue los poderes sociales se autoarticularan y, en consecuencia, %ue se formara una base estructural de democracia política.

7as condiciones modernas hicieron posible %ue surgiera un Estado con recursos, capa de sustituir toda la red de controles sociales y económicos por el orden político y la administración. < lo %ue es más importante todavía, las condiciones modernas proporcionaban lo esencial para ese orden y esa administración. #ebemos recordar %ue la

modernidad es una :poca de orden artificial y de grandes planes para la sociedad, la era de los planificadores, de los visionarios y, más en general, la de los «=ardineros» %ue tratan a la sociedad como una parcela de tierra %ue debe dise)ar un e$perto y %ue luego hay %ue cultivar y mantener de la forma prevista.

?o hay límites para la ambición y la confiana en uno mismo. #e hecho, mirando a trav:s de las lentes del poder moderno, parece %ue la «humanidad» es omnipotente y los miembros individuales %ue la componen son tan «incompletos», ineptos y sumisos y necesitan me=orar tanto %ue la idea de tratar a las personas como plantas %ue se pueden

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