7a violencia física o la amenaa de %ue se produca
seguridad D" la violencia física e=erce sobre la vida individual una presión continua y uniforme %ue se almacena en la parre de atrás de los escenarios de la vida cotidiana, una presión totalmente conocida y %ue casi no se percibe, aue conduce y dirige la economía por%ue se ha adaptado desde su primera =uventud a esta estructura social.D*0
>on estas palabras, ?orbert Elias volvía a formular la autodefinición de la sociedad civiliada. 7a eliminación de la violencia de la vida cotidiana es la afirmación principal alrededor de la cual gira toda la definición. >omo hemos visto, la eliminación aparente es, de hecho, simplemente una e$pulsión %ue lleva a rea=ustar los recursos y a situar nuevos centros de violencia en otros puntos dentro del sistema social. #e acuerdo con Elias, ambos dependen el uno del otro. El área de la vida cotidiana está comparativamente libre de violencia precisamente por%ue :sta se almacena detrás de los bastidores y en cantidades tales %ue se escapa del control de los miembros corrientes de la sociedad, lo cual le confiere el enorme poder de suprimir los brotes de violencia no autoriada. 7as conductas cotidianas se han suaviado, especialmente por%ue la gente se siente amenaada por la violencia en caso de comportarse violentamente, con una violencia tal %ue no pueden albergar la menor esperana de repeler. Es decir, la desaparición de la violencia del horionte de la vida cotidiana es una manifestación más de las tendencias centraliadoras y monopoliadoras del poder moderno. 7a violencia es la ausencia de relaciones individuales por%ue ahora las controlan fueras %ue se encuentran definitivamente fuera del alcance de la persona. &ero las fueras no están fuera del alcance de todas las personas. &or lo tanto, el tan cacareado suaviamiento de la conducta A%ue Elias celebra con tanto gusto siguiendo el mito etiológico de occidente y la agradable seguridad de la vida cotidiana tiene su precio. !n precio %ue en cual%uier momento nos reclamarán a nosotros, los %ue habitamos en la casa
de la modernidad. 8 nos obligarán a pagar sin reclamárnoslo antes.
7a pacificación de la vida cotidiana implica, al mismo tiempo, su indefensión. 7os miembros de la sociedad moderna, al estar de acuerdo o verse obligados a renunciar al uso de la fuera física en sus relaciones mutuas, se desarman frente a los administradores de la coacción, desconocidos y por lo general invisibles, aun%ue potencialmente siniestros y siempre formidables. Esta debilidad resulta preocupante no tanto por%ue es muy posible %ue los administradores de la coacción se aprovechen de ellos y se apresuren a volver los medios de violencia %ue controla n en contra de la sociedad desarmada, sino por%ue el %ue se aprovechen o no, no depende, en un principio, de la voluntad de hombres y mu=eres corrientes. &or ellos mismos, los miembros de la sociedad moderna no pueden evitar %ue se produca una coacción en masa. 7a dulcificación de los modales va unida a un cambio
radical en el control sobre la violencia.
El conocimiento de la amenaa constante, %ue contiene el dese%uilibrio de poder característicamente moderno, haría %ue la vida fuera insoportable si no fuera por las salvaguardas %ue creemos haber entrete=ido en el tapi de la sociedad civiliada y moderna. 7a mayor parte del tiempo no tenemos ninguna raón para pensar %ue esta confiana sea falsa. 'ólo en algunas ocasiones dramáticas se plantea alguna duda sobre la solide de las salvaguardas. 2caso el significado principal del Holocausto resida en haber sido, hasta la fecha, una de las más temibles de esas ocasiones. En los a4os anteriores a la Soluci!n 7inal# todas las salvaguardas se haían visto sometidas a pruea' ( todas ellas fueron
cayendo# una por una y todas juntas.
2caso el fracaso más espectacular fuera el de la ciencia como con=unto de ideas y red de instituciones de ilustración y educación. Había %uedado al descubierto el potencial mortífero de los logros y principios más reverenciados de la ciencia moderna. #esde los comienos, los lemas de la ciencia habían sido la libertad de la raón por encima de las emociones, de la racionalidad por encima de las presiones normativas y de la efectividad por encima de la :tica. !na ve %ue se pusieron en práctica, convirtieron a la ciencia y a lasformidables aplicaciones tecnológicas %ue había engendrado en dóciles instrumentos en
manos de un poder sin escr@pulos. El papel innoble y oscuro %ue desempe)ó la ciencia en la perpetuación del Holocausto fue tanto directo como indirecto.
7a ciencia, de forma indirecta, aun%ue fundamental para su función social general, despe=ó el camino al genocidio socavando la autoridad y poniendo en tela de =uicio la fuera vinculante de todo el pensamiento normativo, en especial la religión y la :tica. 7a ciencia contempla su historia como la luenga y victoriosa lucha de la raón contra la superstición y la irracionalidad. #ebido a %ue ni la religión ni la :tica podían legitimar racionalmente las e$igencias %ue planteaban sobre el comportamiento humano, se las condenó y se negó su autoridad. >omo se había proclamado %ue los valores y las normas eran inmanente e irremediablemente sub=etivos, el @nico campo %ue %uedaba en el cual era viable la b@s%ueda de la superación era la instrumentalidad. 7a ciencia %uería liberarse de los valores y además estaba orgullosa de ello. &or medio de la presión institucional y del ridículo silenció a los %ue predicaban moralidad. En el proceso, se %uedó ciega y sorda. #erribó todas las barreras %ue podían impedir su cooperación, con entusiasmo y abandono, al proyectar m:todos más rápidos y efectivos de esteriliación en masa o asesinatos en masaS o al albergar la opinión de %ue la esclavitud de los campos de concentración era una oportunidad @nica y maravillosa para realiar investigaciones m:dicas para el avance de la erudición y, por supuesto, de la humanidad.
7a ciencia o, en esta ocasión, los científicos, tambi:n colaboraron directamente con los autores del Holocausto. 7a ciencia moderna es una institución gigantesca y comple=a. 7os costos de la investigación son elevados por%ue e$igen enormes edificios, e%uipo muy caro y numerosos e$pertos muy bien pagados. Es decir, %ue la ciencia depende de un flu=o constante de dinero y de recursos no monetarios %ue sólo pueden ofrecer y garantiar otras instituciones igualmente grandes. 'in embargo, la ciencia no es mercantil ni los científicos son avariciosos. 7a ciencia se dedica a la verdad y los científicos la persiguen. 7os científicos están llenos de curiosidad y les emociona lo desconocido. 'i se mide de acuerdo con el patrón de otras preocupaciones terrenales, incluyendo la monetaria, la curiosidad es desinteresada. 7o @nico %ue los científicos predican y buscan es el valor del conocimiento. Es simplemente una coincidencia %ue no se pueda saciar la curiosidad ni descubrir la verdad sin fondos cada ve más cuantiosos, laboratorios cada ve más costosos y salarios cada ve más elevados. 7o %ue los científicos desean es simplement e %ue se les permita ir allí donde les lleve su sed de conocimientos.
!n gobierno %ue les tienda una mano y les ofreca su ayuda puede contar con la gratitud y cooperación de los científicos. >asi todos ellos, a cambio, estarían dispuestos a
renunciar a una larga lista de preceptos menores. &or e=emplo, podrían soportar la repentina desaparición de algunos de sus colegas con una nari peculiar o unas ciertas notas en su biografía. 'i ponían alg@n reparo, se les decía %ue llevárselos a todos de golpe pondría en peligro el programa de investigación. ?o es una calumnia ni una sátira, es a lo %ue se
redu=eron las protestas de los profesores, m:dicos e ingenieros alemanes cuando hubo alguna. (odavía menos noticias se tuvo de sus e%uivalentes sovi:ticos cuando las purgas. 7os científicos alemanes se subieron con gusto al tren %ue arrastraba la locomotora nai hacia el nuevo mundo, magnífico, racialmente puro y dominado por 2lemania. 7os proyectos de investigación se iban haciendo más ambiciosos día a día y los institutos de
investigación estaban cada ve más llenos y con más recursos. 7o demás importaba poco. En su fascinante y reciente estudio sobre la contribución de la medicina y de la ciencia al dise)o y puesta en práctica de la política racial nai, 5obert &roctor acaba con el mito popular de %ue la ciencia ba=o el naismo fue, ante todo, la víctima de la persecución y el ob=eto de un intenso adoctrinamiento desde las alturas, mito %ue data, al menos, de la obra de ;oseph ?eedham The Na$i Attac> on Fnternational Science, publicada en *+J*. 'eg@n la meticulosa investigación de &roctor, la opinión general subestima hasta %u: punto fue la comunidad científica la %ue generó iniciativas políticas, de hecho algunas de las más horripilantes. Es decir, %ue no se les impusieron desde fuera a los científicos poco predispuestos pero cobardes. 7o cierto es %ue reconocidos científicos con credenciales
acad:micas impecables fueron los %ue iniciaron y dirigieron la política racial. 'i hubo coacción, «con frecuencia adoptó la forma de una parte de la comunidad científica coaccionando a la otra». En con=unto, «muchas de las fundaciones intelec tuales y sociales Dpara los programas raciales se establecieron mucho antes de la subida de Hitler al poder» y los científicos biom:dicos «desempe)aron una función muy activa, casi de dirigentes, en la iniciación, administración y e=ecución de los programas raciales nais»D*J.
7os científicos biom:dicos en cuestión no pertenecían en absoluto a un grupo de elementos lunáticos y fanáticos de la profesión, como demuestra el esmerado estudio de &roctor sobre la composición de los conse=os de redacción de *J revistas m:dicas %ue se publicaban en la 2lemania nai. #espu:s de la ascensión de Hitler al poder, los conse=os de
redacción o bien permanecieron iguales o bien se sustituyó solamente a un n@mero muy reducido de sus miembros Acon toda probabilidad, el cambio responde a la sustitución de los =udíos
D*K
En el me=or de los casos, el culto a la racionalidad, institucionaliado lo mismo %ue la ciencia moderna, demostró %ue era incapa de evitar %ue el Estado se dedicara al crimen organiado. En el peor, demostró %ue era fundamental para %ue se produ=era la transformación. 'us rivales, sin embargo, tampoco se apuntaron ning@n tanto. 7os universitarios alemanes tenían a muchas personas para %ue les acompa)aran en su silencio. 7a más notable, las iglesias. (odas. El silencio frente a la inhumanidad organiada fue el @nico punto en el %ue todas ellas, con tanta frecuencia en discordia, estuvieron de acuerdo. ?inguna de ellas intentó reclamar su autoridad y tampoco, y esto las distingue de muchos y casi siempre aislados cl:rigos, reconoció su responsabilidad por los hechos perpetrados en un país %ue, seg@n afirmaban, era dominio suyo y por personas %ue estaban a su cargo espiritualmente. Hitler nunca abandonó la iglesia católica ni tampoco fue e$comulgado.
?inguna de ellas defendió su derecho a comunicar mensa=es morales a su reba)o ni a imponer penitencias.
3ás a propósito, la reacción culturalmente preparada en contra de la violencia demostró ser una salvaguarda muy deficiente contra la coacción organiada. 3ientras tanto, los modales civiliados cohabitaban en pa y armonía con los asesinatos en masa. El proceso civiliador, prolongado y frecuentemente doloroso, fue incapa de erigir la mínima barrera insalvable contra el genocidio. Esos mecanismos precisaban el código decomportamiento civiliado para coordinar las acciones criminales de forma tal %ue no
entraran en conflicto con la propia rectitud de %uienes las llevaban a cabo. 3uchos de los espectadores reaccionaron de la manera %ue aconse=an e incitan las normas civiliadas a reaccionar ante cosas nunca vistas y bárbaras. Oolvieron los o=os hacia otro lado. 7os pocos %ue se enfrentaron contra la crueldad no contaban ni con normas ni con sanciones sociales %ue les apoyaran y alentaran. Eran solitarios %ue, para =ustificar su lucha contra el mal, sólo podían citar las palabras de sus eminentes antepasados1 «Rch Cann nicht anders».
Mrente a un e%uipo sin escr@pulos %ue cargaba a la poderosa ma%uinari a del Estado moderno con su monopolio de la violencia física y de la coacción, los logros más cacareados de la civiliación moderna se desmoronaban, como salvaguardias, ante la barbarie. 5a civili$aci!n demostr! %ue era incapa$ de garanti$ar una utili$aci!n moral de
los terroríficos poderes a los %ue ella haía dado vida.
>onclusiones
'i preguntamos ahora cuál fue el pecado srcinal %ue permitió %ue sucediera todo esto, parece %ue la respuesta más convincente es el derrumbamiento de la democracia. 2usente la autoridad tradicional, la democracia política es la @nica %ue puede proporcionar frenos adecuados para %ue el cuerpo político se mantenga ale=ado de medidas e$tremas. 'in embargo, esto no llegará pronto y todavía pasará más tiempo hasta %ue eche raíces, una ve roto el dominio de la autoridad y el sistema de control antiguos, especialmente si la rotura se produ=o apresur adamente. Estas situaciones de interregno e inestabilidad tienden a producirse durante y despu:s de las revoluciones profundas %ue consiguen paraliar las
antiguas sedes del poder social sin haberlas sustituido por otras nuevas y, por lo tanto, sin haber creado unas circunstancias en las cuales las fuer$as sociales influyentes y con recursos puedan refrenar o neutrali$ar a las fuer$as políticas y militares.
Estas situaciones se producían tambi:n posiblemente en los tiempos premodernos, tras sangrientas con%uistas o prolongadas guerras de ani%uilación %ue en ocasiones tenían como consecuencia punto menos %ue el autoZe$terminio de las :lites aisladas. 7os resultados esperables de estas situaciones eran, sin embargo, diferentes. 7o %ue casi siempre se producía era el hundimiento general del orden social. 7a destrucción de la guerra no solía llegar a las bases populares ni a las redes comunales de control social. 7as islas de orden social del lugar regidas por miembros de la comunidad se encontraban e$puestas a actos esporádicos de violencia y vandalismo, pero podían recurrir a sí mismas
cuando se desintegraba la organiación social a un nivel superior al local. En la mayor parte de los casos, incluso los golpes más profundos a las autoridades tradicionales de las sociedades premodernas diferían en dos aspectos fundamentales de las convulsiones modernas. En primer lugar, de=aban intactos, o al menos utiliables, los primitivos controles comunales del orden. En segundo, debilitaban la posibilidad de una acción organiada a un nivel supracomunal, en ve de fortalecerla, ya %ue la organiación social de orden más elevado se desmoronaba y cual%uier cambio estaba de nuevo sometido al =uego libre de fueras descoordinadas.
&or el contrario, en las condiciones modernas tenían convulsiones parecidas despu:s de %ue casi hubieran desaparecido los mecanismos comunales de regulación social y las comunidades locales de=aran de ser independientes y autosuficientes. En lugar del refle=o instintivo de «echar mano» a los propios recursos hay una tendencia a llenar el vacío con fueras nuevas pero tambi:n supracomunales %ue pretenden utiliar el monopolio %ue tiene el Estado sobre la coacción para imponer el nuevo orden a toda la sociedad. En ve de derrumbarse, el poder político se convierte prácticamente en la @nica fuera tras el nuevo orden. En su impulso, no la detienen ni la contienen ni las fueras económicas ni las sociales, seriamente minadas por la destrucción o la parálisis de las antiguas autoridades.
Esto es, desde luego, un modelo teórico %ue raramente se aplica en su totalidad en el proceso histórico. 'in embargo, su utilidad es %ue centra la atención en los trastornossociales %ue parecen facilitar el hecho de %ue salgan a la superficie las tendencias
genocidas. Esos trastornos pueden diferir en forma e intensidad pero tienen en com@n un efecto general, el dela pronunciada supremacía del poder político sore el econ!mico y el social# del Estado sore la sociedad . 2caso hayan sido más profundos en el caso de la
5evolución rusa y el posterior y prolongado monopolio del Estado como @nico factor de integración social y de reproducción del orden. < sin embargo, tambi:n en 2lemania fueron más profundos de lo %ue se creía. El dominio nai llegó despu:s del breve interludio de Teimar y asumió y terminó la revolución %ue, por diversas raones, había sido incapa de dirigir la 5ep@blica de Teimar esa insegura interacción de las :lites antiguas y las nuevas pero inmaduras, %ue sólo superficialmente se aseme=aba a la democracia política. 7as antiguas :lites estaban considerablemente debilitadas y arrinconadas. 7as formas de articulación de las fueras económicas y sociales, una por una, se habían ido sustituyendo por otras nuevas, sometidas a supervisión central, %ue emanaban del Estado, el cual, a suve, las legitimaba. Esto afectó profundamente a todas las clases, pero el golpe más radical
lo recibieron las %ue podían tener poder no político sólo de forma colectiva, es decir, sobre todo las clases no propietarias y la clase traba=adora. 7a desbandada de todas las instituciones laborales autónomas, =unto con el sometimiento del gobierno local a un control central casi total, de=ó a las masas populares prácticamente indefensas y, de hecho, e$cluidas dei proceso político. &ara evitar la resistencia de las fueras sociales, además, se rodeó la actividad del Estado de un impenetrable muro de secreto. Mue, de hecho, una conspiración de silencio del Estado contra la población a la %ue dirigía. El efecto final y global fue %ue se sustituyó a las autoridades tradicionales, pero no por las nuevas y vibrantes fueras de una ciudadanía %ue se autogobernaba, sino por un monopolio casi total del Estado político. Esto evitó %ue los poderes sociales se autoarticularan y, en consecuencia, %ue se formara una base estructural de democracia política.
7as condiciones modernas hicieron posible %ue surgiera un Estado con recursos, capa de sustituir toda la red de controles sociales y económicos por el orden político y la administración. < lo %ue es más importante todavía, las condiciones modernas proporcionaban lo esencial para ese orden y esa administración. #ebemos recordar %ue la
modernidad es una :poca de orden artificial y de grandes planes para la sociedad, la era de los planificadores, de los visionarios y, más en general, la de los «=ardineros» %ue tratan a la sociedad como una parcela de tierra %ue debe dise)ar un e$perto y %ue luego hay %ue cultivar y mantener de la forma prevista.
?o hay límites para la ambición y la confiana en uno mismo. #e hecho, mirando a trav:s de las lentes del poder moderno, parece %ue la «humanidad» es omnipotente y los miembros individuales %ue la componen son tan «incompletos», ineptos y sumisos y necesitan me=orar tanto %ue la idea de tratar a las personas como plantas %ue se pueden