«7a teología cristiana nunca ha abogado por el e$terminio de los =udíos», escribe 9eorge 7. 3oss, «sino por su e$clusión de la sociedad como testigos vivos del deicidio. 7os progroms fueron la consecuencia de aislar a los =udíos en los ghettos» D*. Hannah
2rendt afirma1 «!n delito lleva asociado un castigo. 2 un vicio sólo se le puede e$terminar»D*+.
7a secular repugnancia hacia el =udío solamente se ha e$presado como un e=ercicio de higiene en su forma racista, moderna y «científica». `nicamente con la reencarnación moderna del odio hacia los =udíos se les ha cargado con un vicio indeleble, con un defecto inmanente %ue no se puede separar de ellos. 2ntes de eso, los =udíos eran pecadores. >omo todos los pecadores, estaban obligados a sufrir por sus pecados en la tierra o en otro purgatorio terrenal, a arrepentirse y a conseguir la redención. Había %ue contemplar su
sufrimiento de la misma manera %ue las consecuencias del pecado y la necesidad de arrepentimiento. Este beneficio no se podía derivar en absoluto del vicio, aun%ue llevara asociado el castigo. 'i alguien tiene alguna duda, %ue consulte con 3ary Thitehouse. El cáncer, los parásitos y las malas hierbas no se pueden arrepentir. ?o han pecado, simplemente viven de acuerdo con su naturalea. ?o hay nada por lo %ue castigarles. &or la naturalea de su maldad, hay %ue e$terminarlos. En su diario, hablando consigo mismo, ;oseph 9oebbels lo e$plica con la misma claridad %ue anteriormente hemos observado en la historiografía abstracta de 5osenberg1 «?o hay ninguna esperana de devolver a los =udíos al redil de la humanidad civiliada por medio de castigos e$cepcionales. 'iempre
seguirán siendo =udíos, lo mismo %ue nosotros seguiremos siendo miembros de la raa aria»D/4. 2 diferencia del «filósofo» 5osenberg, 9oebbel s era ministro de un gobierno %ue
poseía un poder formidable e incontestado, un gobierno %ue, además, gracias a los logros de la civiliación moderna, podía concebir la posibilidad de una vida sin cáncer, parásitos ni malas hierbas y tenía a su disposición los recursos materiales para hacer real esa posibilidad.
Es difícil, acaso imposible, llegar a la idea del e$terminio de todo un pueblo sin una imaginería de raa, es decir, sin la visión de un defecto end:mico y fatal %ue es, en principio, incurable y, además, puede propagarse a menos %ue sea detectado. (ambi:n es
difícil, probablemente imposible, llegar a esa idea sin una práctica consolidada de la medicina, tanto de la medicina propiamente dicha como de sus numerosas aplicaciones alegóricas, con su modelo de salud y normalidad, su estrategia de separación y sus t:cnicas
%uir@rgicas. Es especialmente difícil y poco menos %ue imposible concebir esta idea de forma independiente de la orientación de la sociedad hacia la ingeniería, la creencia de la artificialidad del orden social, la institución de los conocimientos t:cnicos y la práctica de la administración científica de la interacción entre seres humanos. &or estas raones, hay %ue contemplar la versi!n e/terminadora del antisemitismo como un fen!meno e/clusivamente moderno, es decir, algo %ue sólo podía darse en un estado avanado de la modernidad.
Estos no fueron los @nicos vínculos entre los proyectos de e$terminio y los adelantos %ue se asocian con toda =usticia a la civiliación moderna. El racismo, aun%ue se hubiera unido a la predisposición tecnológica de la mente moderna, no habría bastado para llevar a cabo la haa)a del Holocausto. &ara hacerlo, tendría %ue haber sido capa de asegurar el paso de la teoría a la práctica y esto probablemente habría implicado activar, por medio del poder moviliador de las ideas, a los suficientes agentes humanos como para enfrentarse a
la magnitud de la tarea y mantener su dedicación todo el tiempo %ue hiciera falta hasta concluirla. El racismo tendría %ue haber imbuido a las masas de no =udíos, por medio de la educación ideológica, la propaganda o el lavado de cerebro, un odio y una repugnancia por los =udíos tan intensos como para %ue estallara una acción violenta contra ellos en cual%uier lugar y momento.
#e acuerdo con la opinión %ue comparten casi todos los historiadores, esto no sucedió. 2 pesar de los enormes recursos %ue dedicó el r:gimen nai a la propaganda racista, el esfuero concentrado de la educación nai y la amenaa real de terror contra toda resistencia a los m:todos racistas, la aceptación popular del programa racista y, en especial, a sus @ltimas consecuencias lógicas, se detuvo mucho antes del punto %ue habría e$igido un e$terminio guiado por la emoción. &or si se necesitara una prueba adicional, esto demuestra una ve más la falta de continuidad o de progresi!n natural entre la heterofoia o enemistad declarada y el racismo. 7os dirigentes nais, %ue esperaban capitaliar el difuso resentimiento contra los =udíos con el fin de obtener el apoyo popular para la política racista de e$terminio, pronto tuvieron %ue admitir su error.
'in embargo, aun cuando el credo racista hubiera tenido más :$ito, caso improbable por otro lado, y hubiera habido muchísimos más voluntarios para linchar y cortar cuellos, la
violencia de las muchedumbres nos habría sorprendido por ser una forma inefica y descaradamente premoderna de ingeniería social o del proyecto moderno de higiene racial. #e hecho, como 'abini y 'ilver han afirmado, el episodio más completo, amplio y efectivo de violencia de masas contra los =udíos, la infame Dristallnacht , fue
un pogrom, un instrumento del terror D" típico de la secular tradición antisemita europea, no del orden nai ni tampoco del e$terminio sistemático de la =udería europea. 7a violencia de las masas es una t:cnica de e$terminio primitiva y sin efectividad. Es un m:todo efectivo de aterroriar a una población, de mantener a la gente en su lugar, incluso de forar a algunos a abandonar sus creencias religiosas o sus convicciones políticas, pero :sos no eran los designios de Hitler para los =udíos. 7o %ue intentaba era destruirlos.D/*
la destrucción disuadió a tantos como inspiró, mientras %ue la abrumadora mayoría prefirió cerrar los o=os y no escuchar nada, pero, lo primero de todo, cerrar la boca. 7a destrucción masiva no iba acompa)ada del alboroto de las emociones sino del silencio muerto de la indiferencia. ?o fue la alegría p@blica sino la indiferencia p@blica la %ue «se convirtió en una sólida hebra del dogal %ue ine$orablemente se ci)ó alrededor de miles de cuellos» D//.
El racismo es# primero# una política# y una ideología en segundo lugar' 5o mismo %ue todas las políticas# necesita organi$aci!n# direcci!n y e/pertos . Rgual %ue todas las políticas, para ponerla en práctica e$ige una división del traba=o y un aislamiento efectivoentre la tarea y el efecto desorganiador de la improvisación y la espontaneidad. E$ige %ue
se de=e a los especialistas tran%uilos y libres para llevar adelante su tarea.
?o es %ue esta indiferencia fuera indiferente, por%ue no lo fue por lo %ue se refiere al :$ito de la Soluci!n 7inal . Mue la parálisis de la gente lo %ue evitó %ue se convirtiera en una muchedumbre, una parálisis %ue se consiguió por la fascinación y el miedo %ue emanaban del despliegue de poder, %ue permitió %ue la lógica mortífer a de la solución del problema siguiera su curso con toda libertad. 'eg@n palabras de 7aNrence 'toCe, «el hecho
de %ue, cuando el r:gimen en un principio se instaló con inseguridad en el poder, no se protestara contra sus medidas inhumanas hio casi imposible evitar su culminación lógica, por poco deseada %ue fuera o por reprobable %ue se considerase»D/0. 7a difusión y la
profundidad de la heterofobia fueron aparentemente suficientes para %ue el pueblo alemán no protestara contra la violencia, aun%ue a la mayoría no le gustara y permaneciera inmune al adoctrinamiento racista. #e esto @ltimo, los nais descubrieron los suficientes casos como para convencerse. En su impecablemente e%uilibrado relato sobre las actitudes alemanas, 'arah 9ordon cita un informe oficial nai %ue e$presa vívidamente la decepción de los nais ante la respuesta a la Dristallnacht
'abemos %ue el antisemitismo, en la 2lemania de hoy, está esencialmente limitado al partido y a sus organiaciones y %ue e$iste un sector de la población %ue no tiene el más ligero conocimiento del antisemitismo y carece de la mínima posibilidad de sentir empatía por :l.
7os días posteriores a la Dristallnacht , esas personas acudieron inmediatamente a los comercios =udíos. A"
Esto se debe, en gran medida, a %ue somos un pueblo antisemita, un Estado antisemita, pero, sin embargo, este antisemitismo no se e$presa en las manifestaciones de la vida" 'igue habiendo grupos de Spiessem en el pueblo alemán %ue hablan de los pobres =udíos, %ue no entienden las actitudes antisemitas del pueblo alemán y interceden por los =udíos en cual%uier oportunidad. ?o deberían ser antisemitas solamente los dirigentes y el partido.D/J
7a aversión por la violencia, especialmente la violencia %ue se podía ver y %ue estaba pensada para %ue se viera, coincidía sin embargo con una actitud mucho más ben:vola hacia las medidas administrativas %ue se habían tomado contra los =udíos. 9ran
n@mero de alemanes dieron la bienvenida a la en:rgica y clamorosamente anunciada actuación %ue estaba dirigida a la segregación y separación de los =udíos, e$presiones e
instrumentos tradicionales de la heterofobia y de la enemistad declarada. 2demás, muchos alemanes dieron la bienvenida a las medidas %ue se tomaron para castigar al =udío, siempre y cuando se pudiera pretender %ue el castigado era el =udío conceptual, como una solución imaginaria, aun%ue plausible, a las angustias y temores del desplaamiento y la inseguridad, reales aun%ue subconscientes. Mueran cuales fueran las raones de su satisfacción, parecían ser absolutamente diferentes de las %ue implicaban las e$hortaciones a la violencia del estilo de las de 'treicher, como forma realista de compensar delitos económicos o se$uales imaginarios. #esde el punto de vista de los %ue elaboraron y ordenaron el asesinato en masa de los =udíos, :stos tenían %ue morir no por%ue estuvieran resentidos o, al menos, no fundamentalmente por esta raón. Se consideraa %ue merecían la muerte y estaan resentidos por esa ra$!n# deido a %ue se encontraan entre esta realidad imperfecta y cargada de tensiones y el mundo esperado de tran%uila felicidad . >omo veremos en el siguiente capítulo, la desaparición de los =udíos contribuiría materialmente a %ue llegara el mundo de la perfección. 7a ausencia de los =udíos sería precisamente la diferencia entre ese mundo y el mundo imperfecto de entonces.
9ordon ha e$aminado fuentes críticas y neutrales además de los informes oficiales y ha documentado la e$istencia de una amplia y creciente aprobación por parte de los «alemanes corrientes» para %ue se e$cluyera a los =udíos de las posiciones de poder, ri%uea e influenciaD/K. 7a desaparición gradual de los =udíos de la vida p@blica o bien se aplaudía o
bien se pasaba por alto cuidadosamente. En resumen, la renuencia de la gente a participar personalmente en la persecución contra los =udíos se aliaba con la tendencia a aprobar o, al
menos, a no obstaculiar la actuación del Estado. «2un%ue la mayor parte de los alemanes no eran antisemitas fanáticos ni paranoicos, sí %ue eran antisemitas pasivos, IlatentesF o ItibiosF, ya %ue para ellos los =udíos se habían convertido en un ente abstracto, a=eno y IdespersonaliadoF %ue se encontraba más allá de la empatía humana, y la I>uestión ;udíaF era un asunto legítimo de la política de Estado %ue había %ue solucionar»D/L.
Estas consideraciones demuestran una ve más la importancia primordial del otro vínculo, operativo en ve de ideológico, %ue e$iste entre la modernidad y la forma e$terminadora del antisemitismo. El primero de ellos, la idea del e$terminio, %ue no provenía directamente de la heterofobia tradicional y dependía, por esa raón, de dos
fenómenos implacablemente modernos, a saber1 la teoría racista y el síndrome m:dicoZ terap:utico. &ero esta idea moderna necesitaba tambi:n medios modernos para ponerla en práctica. 7os encontró en la burocracia moderna.
7a @nica solución adecuada a los problemas %ue plantea la visión del mundo racista es el aislamiento total e infle$ible de la raa infecciosa y patógena, fuente de enfermedad y contaminación, por medio de la separación espacial absoluta o la destrucción física. 2 causa de su naturalea, es un tarea dantesca, impensable a menos %ue se cuente con enormes recursos, medios para moviliar y planificar su distribución, habilidad para dividir la tarea total en un gran n@mero de tareas parciales y funciones especialiadas y capacidad para coordinar su e=ecución. En resumen, la tarea es inconcebible sin la burocracia moderna. &ara %ue fuera efectivo, el antisemitismo e$terminador moderno tenía %ue ir del brao de la burocracia moderna. <, en 2lemania, iba. En su famoso informe para la conferencia de Tandsee, Heydrich hablaba de %ue el MUhrer había dado su «autoriación» o «aprobación»
a la política =udía de la 5'H2 D/. 7a organiación burocrática denominada
;eichsicherheithauptampt , enfrentada con los problemas %ue planteaba la idea y el ob=etivo %ue :sta determinaba, emprendió la tarea de elaborar las adecuadas soluciones prácticas. 7o hio de la misma manera %ue lo hacen todas las burocracias1 haciendo cuentas sobre los costos, comparándolos con los recursos disponibles y luego intentando determinar la combinación óptima. Heydrich hio hincapi: en la necesidad de acumular e$periencia práctica, en %ue el proceso debía ser gradual y en el carácter provisional de cada uno de los pasos %ue se daban. 7a 5'H2 se puso activamente a buscar la me=or solución. El MUhrer e$presaba la romántica visión de un mundo limpio de la raa %ue padecía una enfermedad
terminal. El resto era asunto del proceso burocrático, nada romántico y fríamente racional. 5os ingredientes del compuesto asesino eran una amici!n típicamente moderna de dise4o social y de ingeniería me$clada con la concentraci!n# tami+n típicamente moderna# de poder# recursos y capacidad material . 'eg@n la frase inolvidable y concisa de 9ordon, «cuando los millones de =udíos y otras víctimas refle$ionaban sobre su muerte inminente y se preguntaban XGpor %u: debo morir si no he hecho nada para merecerloY, probablemente la respuesta más simple habría sido %ue el poder estaba absolutamente
concentrado en un hombre y %ue casualmente ese hombre odiaba a su XraaY»D/. El odio del
hombre y el poder absoluto no tenían por %u: haberse encontrado. &ero lo hicieron. < pueden hacerlo de nuevo.
#e hecho, no e$iste hasta la fecha ninguna teoría satisfactoria %ue demuestre %ue el antisemitismo es funcionalmente indispensable para un r:gimen totalitario. 8, al rev:s, %ue la presencia del antisemitismo en su forma moderna conduca inevitablemente a un r:gimen así. Qlaus von Beyme, por e=emplo, ha descubierto en su reciente estudio %ue los falangistas espa)oles se sentían especialmente orgullosos por la ausencia de un solo comentario antisemita en todos los escritos de ;os: 2ntonio &rimo de 5ivera, mientras %ue un fascista «clásico» como 'errano '@)er, cu)ado de Mranco, declaraba %ue el racismo, en general, era una here=ía para un buen católico. El neofascista franc:s 3aurice Bardech afirmaba %ue la persecución de los =udíos había sido el mayor error de Hitler y estaba hors du contrat fascistaG1I.