• No se han encontrado resultados

'upresión social de la responsabilidad moral

In document Zygmunt Bauman - Modernidad Y Holocausto (página 162-166)

<a sabemos %ue había poca relación directa entre la heterofobia difusa y el asesinato en masa %ue los nais organiaron y perpetraron. 7o %ue sugieren contundentes pruebas históricas es %ue además el asesinato en masa a una escala %ue no tenía precedentes no fue Ay probablemente no pudo ser el efecto del despertar, la liberació n, la intensificación o el estallido de inclinaciones personales aletargadas. (ampoco tuvo, en ning@n sentido, ninguna continuidad con la hostilidad %ue surge de las relaciones personales directas, por muy agrias y encarniadas %ue puedan ser en ocasiones. E$ist e un límite claro hasta el %ue puede llegar esa animosidad personal. En casi todos los casos se resiste a %ue se le haga retroceder hasta detrás de la línea traada por la responsabilidad elemental sobre el otro %ue está ine$tricablemente entrete=ida con la pro$imidad humana, en el «vivir con otros». El Holocausto se pudo llevar a cao con la condici!n de neutrali$ar el impacto de los

impulsos morales primitivos# de aislar la ma%uinaria de la muerte de la esfera en la %ue esos impulsos nacen y funcionan y de hacer %ue dichos impulsos pasen a ser marginales o irrelevantes para la tarea.

Esta neutraliación, aislamiento y marginación fue un logro %ue el r:gimen nai consiguió utiliando los formidables aparatos de la industria, los transportes, la ciencia, la burocracia y la tecnología moderna. 'in ellos, el Holocausto habría sido impensable. 7a

grandiosa visión de una Europa judenrein, del ani%uilamiento total de la raa =udía, se habría diluido en una multitud de pogroms de mayor o menor calibre perpetrados por psicópatas, sádicos, fanáticos y otros adictos a la violencia gratuita. 2un%ue crueles y

sangrientas, estas acciones no habrían sido conmensurables con el ob=etivo. Mue la «solución al problema =udío» como tarea racional, t:cnica y burocrática, como algo %ue le tenían %ue hacer a una categoría concreta de su=etos un grupo concreto de e$pertos y organiaciones especialiadas Aen otras palabras, una tarea despersonaliada %ue no dependía de los sentimientos ni de los compromisos personales la %ue al final demostró %ue se a=ustaba más a la idea de Hitler. 'in embar go, la solución no se podía planificar ni, por supuesto, llevar a la práctica, hasta %ue no se hubiera eliminado a los futuros ob=etos de

alemana, se los hubiera eliminado de la red de relaciones personales y se hubieran convertido, en la práctica, en e=emplares de una categoría, en un estereotipo, en el concepto abstracto del judío metafísico. Esto es, hasta %ue no hubieran de=ado de ser esos «otros» hasta los %ue llega normalmente la responsabilidad moral y hubieran perdido la protección %ue ofrece esa moralidad natural.

#espu:s de analiar en profundidad los sucesivos fracasos de los nais para despertar el odio popular hacia los =udíos y ponerlo al servicio de la «solución al problema =udío», Ran QershaN llega a la siguiente conclusión1

En lo %ue los nais tuvieron más :$ito fue en la despersonaliación de los =udíos. >uanto más se foraba a los =udíos a salir de la vida social, más parecían a=ustarse a los estereotipos de una propaganda %ue intensificó, paradó=icamente, su campa)a contra la «=udería» a medida %ue iban %uedando menos =udíos en 2lemania. 7a despersonaliación incrementó la ya e$istente indiferencia generaliada de la opinión p@blica alemana y supuso una fase fundamental entre la violencia arcaica y la ani%uilación racionaliada de los campos de la muerte.

7a «'olución Minal» no habría sido posible sin los pasos progresivos para e$cluir a los =udíos de la sociedad alemana %ue se dieron abiertamente, %ue en su forma legal contaron con una amplia aprobación y %ue tuvieron como consecuencia la despersonaliación y la degradación de la figura del =udío.D*K

>omo ya hemos se)alado en el capítulo tercero, los alemanes %ue se opusieron a las haa)as de los matones de las '2 cuando la víctima era el «=udío de la casa de al lado» Aincluso a%u:llos %ue tuvieron el valor de poner de manifiesto su repugnancia, aceptaron con indiferencia y a menudo con satisfacción las restricciones legales %ue se impusieron al «=udío como tal». 7o %ue habría conmovido su conciencia moral si se centraba en personas a las %ue conocían apenas despertaba ning@n sentimiento cuando se dirigía contra una categoría abstracta y estereotipada. 8bservaron con ecuanimidad, o ni advirtieron, la desaparición gradual de los =udíos de su mundo cotidiano. &ara los =óvenes soldados alemanes y hombres de las '' a los %ue se había confiado la tarea de la «li%uidación» de tantas 7iguren, el =udío era «solamente una Xpiea de museoY, algo %ue se podía contemplar con curiosidad, el fósil de un animal fantástico, con su estrella amarilla en el pecho, un testigo de tiempos pasados pero %ue no pertenecía al presente, algo %ue para ver había %ue via=ar hasta muy le=os»D*L. 7a moralidad no via=ó tan le=os. 7a moralidad tiene tenden cia a

%uedarse en casa y en el presente. Hans 3ommsen lo e$presa de la siguiente manera1 7a política de Hedrich de aislar moral y socialmente a la minoría =udía de la mayoría de la población se puso en práctica sin mayores protestas por parte de la gente por%ue la parte de la población =udía %ue había estado en contacto con sus vecinos alemanes o bien no

estaba incluida en la creciente discriminación o se la iba aislando de ellos paso a paso. 'ólo despu:s de %ue la legislación discriminatoria hubiera obligado a los =udíos a asumir el papel de parias sociales, absolutamente privados de cual%uier comunicación social habitual con la mayor parte de la población, se podía empear a poner en práctica la deportación y el e$terminio sin %ue temblara la estructura social del r:gimenD*.

5a@l Hilberg, principal autoridad en la historia del Holocausto, dice lo siguiente sobre los pasos %ue conducen al silenciamiento gradual de las inhibiciones morales y a la puesta en funcionamiento de la ma%uinaria de la destrucción masiva1

!n proceso de destrucción en una sociedad moderna, en su forma completa, se estructuraría de acuerdo con el siguiente es%uema1

#efinición

#espido de empleados y e$propiación de firmas comerciales

>oncentración

E$plotación del traba=o y medidas para %ue padecan inanición

>onfiscación de efectos personales

2sí se determina la secuencia de las fases de un proceso de destrucción. 'i se intenta infligir el má$imo da)o a un grupo de gente, es inevitable %ue una burocracia, aun%ue tenga un aparato muy descentraliado y no planifi%ue bien sus actividades, empu=e a las víctimas a lo largo de todas estas fasesD*.

Estas fases, seg@n sugiere Hilberg, se determinan lógicamente. Morman una secuencia racional, una secuencia %ue se a=usta a las normas modernas %ue nos incitan a buscar los caminos más cortos y los medios más efectivos para conseguir el fin. 'i

intentamos descubrir el principio director en esta solución al problema de la destrucción en masa, descubriremos %ue las fases sucesivas se organi$an de acuerdo con la l!gica de la e/pulsi!n del "mito del deer moral Ao, para utiliar el concepto %ue sugiere Helen MeinD*+, del universo de las oligaciones.

7as definiciones distinguen al grupo victimiado Atodas las definiciones implican dividir la totalidad en dos partes, la marcada y la no marcada como categoría diferente, de forma %ue cual%uier cosa %ue se le pueda aplicar no se aplica al resto. El grupo, por el simple hecho de haber sido definido, %ueda marcado para recibir un trato especial. 7o %ue es adecuado para la gente «normal» puede no serlo para :l. 2demás, los miembros individuales del grupo se convierten ahora en e=emplares de un tipo. 2lgo de la naturalea del tipo acaba filtrándose en sus imágenes individuales, comprometiendo la pro$imidad srcinalmente inocente y limitando su autonomía como universo moral %ue se sustenta a sí mismo.

7os despidos y las e$propiaciones hacen pedaos la mayor parte de los contratos generales y sustituyen la pasada pro$imidad por la distancia física y espiritual. 'e elimina efectivamente de la vista al grupo victimiado. Es una categoría de la %ue, como mucho, se oye algo de forma %ue lo %ue se oye no tiene ninguna oportunidad de %ue se pueda traducir en el conocimiento de los destinos individuales y, por lo tanto, de cote=arlo con la e$periencia personal.

7a concentración completa el proceso de distanciamiento. El grupo victimiado y el resto ya no se vuelven a encontrar, sus procesos vitales ya no se cruan y se interrumpe la comunicación. 7e suceda lo %ue le suceda a uno de los grupos ahora segregados, al otro no le concierne, no tiene ning@n significado fácil de traducir al vocabulario de las relaciones humanas.

7a e$plotación y la inanición realian una proea posterior aut:nticamente asombrosa1 disfraan la inhumanidad de humanidad. E$isten muchas pruebas de =erarcas nais locales %ue les pidieron permiso a sus superiores para asesinar a algunos =udíos de los %ue tenían ba=o su =urisdicción Amucho antes de %ue se diera la se)al para comenar los

asesinatos en masa con el fin de evitarles la agonía de la hambruna. >omo no había alimentos suficientes para mantener a una masa de población recluida en ghettos, a la %ue anteriormente se le habían robado sus ri%ueas y rentas, asesinarlos parecía un acto de misericordia, una aut:ntica manifestación de humanidad. «El círculo diabólico de las medidas fascistas» permitía «crear deliberadamente unas condiciones y estados de e$cepción intolerables y luego utiliarlos para legitimar pasos todavía más radicales»D/4.

<, de esta manera, el acto final, es decir, el ani%uilamiento, no era una desviación revolucionaria. Era, por decirlo de alguna manera, un resultado lógico Aaun%ue, record:moslo, no previsto al principio de los muchos pasos %ue se habían dado antes. ?inguno de los pasos se hacía inevitable por las circunstancias alcanadas, pero todos y

cada uno de ellos hacían %ue fuera racional elegir el siguiente en el camino a la destrucción. Cuanto m"s se alejaa la secuencia del acto srcinal de la definici!n# m"s la dirigían consideraciones puramente racionales y t+cnicas y menos tenía %ue contar con las inhiiciones morales. #e hecho, de=aron de ser necesarias.

7os tránsitos entre las fases tenían en com@n una característica sorprendente. (odos ellos aumentaban la distancia física y mental entre las víctimas intenci onadas y el resto de la población, tanto los autores como los testigos del genocidio. En esta cualidad residía su racionalidad inherente desde el punto de vista del destino final y su efectividad en hacer %ue se completara la tarea de la destrucción. Evidentemente, las inhibiciones morales no funcionan a distancia. Están ine$tricablemente vinculadas a la pro$imidad humana. &or el contrario, cometer actos inmorales se hace más fácil con cada centímetro más de distancia social. 'i 3ommsen tiene raón cuando singularia como «dimensión antropológica» de la e$periencia del Holocausto «el peligro inherente en la sociedad industrial actual de un proceso por el %ue nos acostumbramos a la indiferencia moral con respecto a las acciones

%ue no están relacionadas de forma inmediata con la propia esfera de la e$periencia» D/*,

entonces debemos buscar el peligro sobre el %ue nos advierte en la capacidad de la sociedad industrial actual de aumentar la distancia entre los seres humanos hasta un punto en el %ue las responsabilidades morales y las inhibiciones morales desaparecen.

In document Zygmunt Bauman - Modernidad Y Holocausto (página 162-166)