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La Nueva Fiebre Del Oro

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Academic year: 2021

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James Rickards

LA NUEV

A FIEBRE DEL ORO

"La nueva fiebre del Oro nos recuerda la existencia de

políticas caprichosas que buscan alcanzar un dinero de

buena calidad. ¿Qué mejor que el oro mismo para ese fin? "

The Wall Street Journal

"Este excelente libro demuestra que, contrariamente a la

propaganda de los defensores del dinero, el oro es dinero

real. Rickards presenta un caso convincente de por qué

aquellos que buscan protegerse a sí mismos y a sus familias

del caos económico creado por los bancos centrales

deberían considerar el oro".

Ron Paul, ex diputado del Congreso USA

"Rickards presenta pruebas convincentes de que muchas de

las autoridades monetarias más importantes del mundo,

implícitamente, tratan al oro como dinero"

Forbes

La nueva

fiebre del

ORO

JAMES RICKARDS

autor de “la muerte del dinero”, best seller new york times

James Rickards

LA NUEV

A FIEBRE DEL ORO

"La nueva fiebre del Oro nos recuerda la existencia de

políticas caprichosas que buscan alcanzar un dinero de

buena calidad. ¿Qué mejor que el oro mismo para ese fin? "

The Wall Street Journal

"Este excelente libro demuestra que, contrariamente a la

propaganda de los defensores del dinero, el oro es dinero

real. Rickards presenta un caso convincente de por qué

aquellos que buscan protegerse a sí mismos y a sus familias

del caos económico creado por los bancos centrales

deberían considerar el oro".

Ron Paul, ex diputado del Congreso USA

"Rickards presenta pruebas convincentes de que muchas de

las autoridades monetarias más importantes del mundo,

implícitamente, tratan al oro como dinero"

Forbes

La nueva

fiebre del

ORO

JAMES RICKARDS

autor de “la muerte del dinero”, best seller new york times

James Rickards

LA NUEV

A FIEBRE DEL ORO

"La nueva fiebre del Oro nos recuerda la existencia de

políticas caprichosas que buscan alcanzar un dinero de

buena calidad. ¿Qué mejor que el oro mismo para ese fin? "

The Wall Street Journal

"Este excelente libro demuestra que, contrariamente a la

propaganda de los defensores del dinero, el oro es dinero

real. Rickards presenta un caso convincente de por qué

aquellos que buscan protegerse a sí mismos y a sus familias

del caos económico creado por los bancos centrales

deberían considerar el oro".

Ron Paul, ex diputado del Congreso USA

"Rickards presenta pruebas convincentes de que muchas de

las autoridades monetarias más importantes del mundo,

implícitamente, tratan al oro como dinero"

Forbes

La nueva

fiebre del

ORO

JAMES RICKARDS

autor de “la muerte del dinero”, best seller new york times

James Rickards

Linea de Doblez Linea de Troquel

LA NUEV

A FIEBRE DEL ORO

"La nueva fiebre del Oro nos recuerda la existencia de políticas caprichosas que buscan alcanzar un dinero de buena calidad. ¿Qué mejor que el oro mismo para ese fin? "

The Wall Street Journal

"Este excelente libro demuestra que, contrariamente a la propaganda de los defensores del dinero, el oro es dinero real. Rickards presenta un caso convincente de por qué aquellos que buscan protegerse a sí mismos y a sus familias del caos económico creado por los bancos centrales deberían considerar el oro".

Ron Paul, ex diputado del Congreso USA

"Rickards presenta pruebas convincentes de que muchas de las autoridades monetarias más importantes del mundo, implícitamente, tratan al oro como dinero"

Forbes

La nueva

fiebre del

ORO

JAMES RICKARDS

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© James Rickards, 2016 © Traducción: Ana Rivarola © Corrección: Inversor Global

Editado por Inversor Global

Impreso por unoeditorial.com

La reproducción total o parcial de este libro, por cualquier medio, no autorizada por los autores y editores viola derechos reservados. Cualquier utilización debe ser previamente autorizada.

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la nueva

fiebre del

o r o

J a m e s R i c k a r d s

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A mi madre, Sally Rickards, que me enseñó algo más valioso

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Las doce puertas eran doce perlas; cada una de las puertas era de una sola perla; y la calle de la ciudad era de oro puro, como cristal transparente.

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Í

ndice

Introducción ... 13 Capítulo 1

El oro y la Reserva Federal ... 33 Capítulo 2 El oro es dinero ... 45 Capítulo 3 El oro es protección ... 77 Capítulo 4 El oro es inmutable ... 113 Capítulo 5 El oro es resistente ... 145 Capítulo 6

Cómo adquirir oro ... 181 Conclusión ... 203 Agradecimientos ... 207

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Introducción

“El oro es una reliquia primitiva”. ¿Cuántas veces has escu-chado este dicho? Si, como yo, escribes y hablas en público sobre el oro, lo has escuchado miles de veces. Es parte de una letanía bien ensayada de aquellos que confían com-pletamente en el papel moneda y no, en el oro. En cuanto alguien dice algo bueno sobre el oro, aparece la respuesta automática de los buenos y geniales fanáticos del dinero fiduciario.

Este reflejo en contra del oro ha sido intergeneracional. La mayoría de los pertenecientes a la generación más vieja son doctores que crecieron siguiendo los pasos de conoci-dos opositores al oro, como por ejemplo Milton Friedman. En esta generación se encuentran Paul Krugman, Barry Eichengreen, Nouriel Roubini, Martin Feldstein y otros cubriendo el espectro ideológico de izquierda a derecha. El hecho de que las otras contribuciones teóricas de Fried-man sean, en su mayoría, obsoletas (resulta que los tipos de interés variables no son óptimos y la velocidad del dine-ro no es estable) no ha empañado la forma en la que este grupo piensa acerca del oro.

A estos enormes opositores al oro se les ha unido ahora una generación más joven educada (o mal educada) para creer que el oro no ocupa ningún lugar en el sistema

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mone-tario. En este grupo se encuentran bloggers y comentaris-tas prominentes, tales como Barry Ritholtz, Matt O’Brien, Dagen MacDowell y Joe Wiesenthal. El hecho de que la mayoría de las personas de este grupo no había nacido la última vez que el mundo vio algo parecido a un patrón oro no ha atenuado su seguridad en la materia. Según ellos, el oro es una reliquia primitiva.

A los opositores al oro no les interesa si usas anillos o relojes de oro, aunque te miran con una condescendencia alivianada con lástima cuando revelas que, en realidad, tienes algunos lingotes de oro. Sin embargo, muestran sus verdaderos colmillos ante el mero comentario sobre el pa-trón oro. Eso está fuera de lugar. Están listos, como cara-bina con gatillo sensible, para disparar argumentos acerca de por qué el patrón oro no puede funcionar, no va a fun-cionar y siempre ha fracasado. A veces, agregan epítetos como “más viejo que Matusalén” y “neandertal” para no quedarse cortos.

Este libro, El nuevo argumento a favor del oro, sostiene que el oro es dinero, que los estándares monetarios sobre la base del oro son posibles, incluso convenientes, y que in-cluso en ausencia de un patrón oro oficial, las personas de-berían tener un patrón oro personal comprando oro para preservar su patrimonio.

Antes de plantear el argumento a favor del oro, sería conveniente derribar el argumento en contra del oro prime-ro. De esta manera, la próxima vez que un opositor al oro

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recurra a una respuesta automática, sabrás cómo frenarlo con hechos, no clichés.

¿Cuál es el argumento en contra del oro? Lo conoces de memoria. A continuación, sus fundamentos:

1. El oro es una “reliquia primitiva”, según May-nard Keynes.

2. No hay suficiente oro para respaldar la econo-mía y el comercio.

3. El suministro de oro no aumenta lo suficien-temente rápido para respaldar el crecimiento mundial.

4. El oro causó la Gran Depresión. 5. El oro no ofrece rendimientos. 6. El oro no tiene valor intrínseco.

Cada una de estas afirmaciones es obsoleta, falsa o no significa lo que el crítico piensa. Eso no evita que los ideó-logos del dinero fiduciario las crean. Analicémoslas una por una para justificar lo que sostenemos.

El oro es una “reliquia primitiva”,

según Maynard Keynes

Esta es una afirmación fácil de refutar. Keynes nunca la dijo. Lo que sí dijo es más interesante. En su libro Tratado

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rea-lidad, el patrón oro ya es una reliquia primitiva”. Keynes no estaba hablando sobre el oro, estaba hablando sobre el

patrón oro, y en el contexto de 1924 tenía razón. El

notoria-mente defectuoso patrón oro que prevaleció en diferentes formas entre 1922 y 1939 nunca debería haber sido usado y debería haber sido abandonado antes de que muriera de manera antinatural con el estallido de la Segunda Guerra Mundial.

Keynes era, sobre todo, un pragmatista. En julio de 1914, a comienzos de la Primera Guerra Mundial, Keynes fue la voz más persuasiva para seguir con el patrón oro clá-sico que había prevalecido desde 1870. La mayoría de los países que se unieron a la guerra abandonaron el patrón oro de manera inmediata para financiar la guerra con el oro que tenían. El Ministerio de economía británico y el Banco de Inglaterra querían hacer lo mismo.

Keynes sostenía, en efecto, que el oro (es decir, el dine-ro) era finito, pero el crédito, elástico. Si se continuaba con el patrón oro y se defendía el rol de Londres como centro de las finanzas mundiales, el crédito británico mejoraría. Londres podría pedir prestado el dinero que necesitaba para financiar la guerra.

Eso es exactamente lo que ocurrió. La “Casa de Mor-gan” en Nueva York organizó préstamos masivos para el Reino Unidos, pero ninguno para Alemania o Austria. Este financiamiento fue clave para que el Reino Unido pudiera resistir hasta que Estados Unidos se uniera a la

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guerra, hecho que ocurrió en 1917. La victoria se logró al año siguiente.

En 1925, mientras el Ministro de Economía de ese en-tonces, Winston Churchill, contemplaba el regreso del Reino Unido al patrón oro a la paridad previa a la guerra, Keynes le dijo que sería un desastre deflacionario. Keynes no apoyaba el patrón oro, pero insistía en que si el Reino Unido iba a tener uno, era clave fijar el precio adecuado. Keynes recomendó un precio mucho más alto para el oro. Churchill no le hizo caso. El resultado fue una depresión y deflación masiva en el Reino Unido durante los años pre-vios a que la depresión golpeara al resto del mundo.

En julio de 1944, poco antes de su muerte, Keynes pro-movió en Bretton Woods una nueva forma de dinero mun-dial que llamó Bancor, el antecesor teórico de los Derechos especiales de giro o DEG de hoy. El Bancor sería respaldado por commodities, incluido el oro. No era un patrón oro es-tricto, pero sí le dio al oro un rol importante en el sistema monetario. Este plan fue dejado de lado en favor del patrón oro-dólar de Harry Dexter White que duró de 1944 a 1971. En resumen, Keynes fue un defensor del oro a princi-pios de su carrera, un asesor astuto de oro a mediados de su carrera y un defensor del oro nuevamente a finales de su carrera. En el medio, menospreció de manera apropiada el funcionamiento de un patrón oro defectuoso. Recuerda la opinión matizada de Keynes sobre el oro la próxima vez que alguien te salga con el fundamento de la “reliquia primitiva”.

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No hay suficiente oro para respaldar

la economía y el comercio

Si bien esta afirmación no tiene sentido, vamos a analizar-la, ya que es una de las falacias que más prevalece entre los fanáticos del dinero fiduciario.

La cantidad de oro que hay en el mundo siempre está fija en cierto grado, sujeta a un aumento a través de la mi-nería. Actualmente, el mundo tiene unas 180.000 tonela-das métricas en total, de las cuales 35.000 pertenecen a los bancos centrales, los ministerios de economía y los fondos soberanos de inversión. El oro puede respaldar cualquier cantidad de transacciones comerciales y financieras mun-diales siguiendo un patrón oro a un precio determinado. El precio puede ser determinado calculando la proporción simple del oro físico con respecto a la masa monetaria.

Se necesitan algunas suposiciones para realizar este cál-culo. ¿Qué moneda será incluida en el patrón oro? ¿Qué masa monetaria (M0, M1, etc.) debería usarse a tal fin? ¿Qué relación oro-dinero es mejor? Estas son preguntas de política legítimas que los bancos centrales han respondido de manera diferente a lo largo del tiempo.

De 1815 a 1914, el Banco de Inglaterra llevó a cabo un patrón oro exitoso con una masa monetaria respaldada por oro en alrededor del 20%. De 1913 a 1965, se le exigió a la Reserva Federal que tuviera una masa monetaria esta-dounidense respaldada por lo menos en un 40% por oro.

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En general, cuanta más confianza tenía la gente en el ban-co central, menor era la cantidad de respaldo en oro que se necesitaba para mantener un patrón oro estable.

Usando estas contribuciones como guía, se puede calcu-lar el precio implícito del oro para cada conjunto de supues-tos. Por ejemplo, si Estados Unidos, la eurozona y China fueran a acordar un patrón oro usando la M1 como masa monetaria y un 40% de respaldo en oro, el precio implícito del oro estaría cercano a los 10.000 dólares la onza. Si las mismas tres entidades usan la M2 como masa monetaria con un respaldo del 100% en oro, el precio implícito del oro estaría en unos 50.000 dólares la onza.

Un patrón oro lanzado a 1100 dólares la onza sería, o bien muy deflacionario (si la masa monetaria fuera redu-cida según lo necesario), o bien muy inestable (la gente se abalanza a comprar oro barato al gobierno).

La respuesta rápida a esta crítica es que siempre hay

sufi-ciente oro para un patrón oro si se elige un precio no

defla-cionario estable.

Cuando los críticos dicen “no hay oro suficiente” lo que quieren decir, realmente, es que no hay suficiente oro a los

precios actuales. Esa no es una objeción al patrón oro. Es una

objeción a la confrontación sincera con el valor verdadero del papel moneda en relación con el oro físico. Esa confron-tación tendrá lugar a medida que se erosiona la confianza en el papel moneda y se le de ventaja al patrón oro como medida para restablecer la confianza en nuestro sistema económico.

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El suministro de oro no aumenta

lo suficientemente rápido para respaldar

el crecimiento mundial

Esta es otra falacia que revela la falta de entendimiento del funcionamiento del patrón oro.

Un crítico que promueve este argumento no distingue entre tenencias de oro oficiales y tenencias de oro totales. El oro oficial es propiedad del gobierno y está disponible para respaldar la masa monetaria. El oro total incluye el oro oficial más todas las tenencias de oro privadas, ya sea en lingotes, joyas o con fines decorativos.

Si un gobierno quiere aumentar sus tenencias de oro ofi-ciales para respaldar una expansión monetaria, lo único que tiene que hacer es emitir dinero y comprar oro en el mercado abierto. La producción minera no tiene nada que ver con eso. Las reservas de oro oficiales podrían duplicar-se, si es necesario, y esto casi no impactaría en las reservas de oro totales en el mundo. (El oro oficial representa solo el 20% de las reservas de oro totales, lo cual deja mucho margen para que los gobiernos adquieran oro).

Emitir dinero para comprar oro según un patrón oro es, simplemente, otra forma de operación de mercado abierto. No difiere de la emisión de dinero para comprar bonos, que es algo que la Reserva Federal hace todos los días. Claro, sí produce consecuencias en el mercado y la política mone-taria discrecional puede llevar a equivocaciones. Aun así,

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esto ocurre con o sin un patrón oro. Básicamente, la pro-ducción minera no tiene nada que ver con la capacidad de los bancos centrales y los gobiernos para expandir el crédi-to dentro de un patrón oro.

Más concretamente, consideremos las siguientes tasas de crecimiento anual medio desde 2009 a 2015:

PIB mundial 3,5%

Población mundial 1,5%

Producción de oro 1,5%

Base monetaria de la Reserva Federal 100%

¿Qué tasa de crecimiento es el valor atípico?

Es verdad que el PIB mundial crece más rápido que la producción de oro. Si esos fueran los únicos factores, no impediría el crecimiento real, podría impedir el crecimien-to nominal. Dicho de otra forma, el mundo podría seguir creciendo a su potencial máximo (sujeto a los impedimen-tos estructurales no monetarios), pero los precios tendrían una ligera tendencia deflacionaria. La deflación leve es algo positivo para los consumidores y los ahorristas.

Nada impide que un patrón oro se pueda combinar con una política monetaria discrecional. Esta combinación de oro y dinero del banco central fue la norma de 1815 a 1971, salvo durante la guerra. Los bancos centrales actua-ron como prestamistas de último recurso y expandieactua-ron o

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contrajeron la masa monetaria según lo estimaban conve-niente, incluso dentro del patrón oro. De hecho, el objetivo principal del oro era indicar la política monetaria apropiada sobre la base de la entrada y salida de lingotes de oro físico. Cuando los críticos dicen que la producción de oro no respalda el crecimiento mundial, lo que realmente quieren decir es que la producción de oro no respalda el crecimien-to mundial inflacionario. Eso es verdad. La inflación trans-fiere la riqueza de ricos a pobres, de ahorristas a deudores y de ciudadanos a gobiernos. La inflación es la política pre-ferida de los socialistas y los progresistas que están a favor de la redistribución de los ingresos y los impuestos más al-tos. La objeción al oro sobre la base de la producción no es que obstruye el camino del crecimiento, sino que obstruye el camino del robo.

El oro causó la Gran Depresión

En realidad, la Gran Depresión fue causada por la política monetaria discrecional incompetente dirigida por la Re-serva Federal de Estados Unidos de 1927 a 1931, un hecho documentado por una larga lista de académicos moneta-rios, incluidos Anna Schwartz, Milton Friedman y, más recientemente, Ben Bernanke.

Luego, la Gran Depresión fue prolongada por las inter-venciones políticas experimentales lanzadas por Herbert

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Hoover y Franklin Roosevelt. Estos experimentos dieron lugar a lo que Charles Kindleberger llamó “incertidumbre del régimen”, que significaba que las grandes empresas y las personas ricas se negaban a destinar capital debido a que no tenían certeza acerca de los costes de las políticas regulatorias, fiscales y laborales. El capital quedó al mar-gen y el crecimiento languideció.

La masa monetaria nunca se vio limitada por el sumi-nistro de oro durante la Gran Depresión. La ley permitió a la Reserva Federal crear dinero hasta un 250% del va-lor del oro que tenía. La verdadera masa monetaria de la Reserva Federal nunca excedió el 100% del valor del oro, un hecho documentado por la investigación de Bernanke. Esto significa que la masa monetaria podría haber crecido más del doble sin que el oro actuara como limitación. El problema con el crecimiento de la masa monetaria no era el oro; era el hecho de que los consumidores no querían en-deudarse y los bancos no querían otorgar préstamos. Este era un problema de confianza, no un problema con el oro.

En cuanto al ámbito internacional, el académico Barry Eichengreen ha hecho hincapié en cómo los países que deva-luaron sus monedas frente al oro (Francia en 1925, el Reino Unido en 1931, Estados Unidos en 1933 y el Reino Unido y Francia juntos en 1936) recibieron un beneficio económico inmediato. Es cierto que los países que devaluaron recibie-ron un beneficio a corto plazo, pero el mundo no. El beneficio de Francia en 1925 se produjo a expensas del Reino Unido.

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El beneficio del Reino Unido en 1931 se produjo a expensas de Estados Unidos. El beneficio de Estados Unidos en 1933 se produjo a expensas del Reino Unido y Francia.

El conocimiento brillante en otros aspectos de Eichen-green sufre de lo que Keynes llama “falacia de composición”. Esto significa que lo que es bueno para una persona no nece-sariamente es bueno para un grupo de personas. Puede ser que una persona que está sentada encima de una silla en un concierto de rock atestado de gente vea mejor, pero si todos se sientan en sus sillas casi nadie va a poder ver el concierto. La secuencia de devaluaciones frente al oro de 1925 a 1936 muestra la dinámica notoria del “empobrecimien-to del vecino” de una guerra monetaria. El pun“empobrecimien-to crucial del problema fue la decisión del Reino Unido de volver al oro en 1925 a 4,25 libras la onza, la paridad previa a la Primera Guerra Mundial. Dado que el Reino Unido había duplicado su masa monetaria entre 1914 y 1925, princi-palmente, para financiar la guerra, un regreso a la paridad significaba que la masa monetaria tenía que ser reducida a la mitad. Esto fue muy deflacionario. Le dio a Francia una ventaja comercial de 1925 a 1931 cuando el Reino Unido finalmente eliminó la vieja paridad. Esta devaluación dio al Reino Unido una ventaja, en especial frente a Estados Unidos hasta 1933 cuando Estados Unidos eliminó tam-bién su vieja paridad. No fue el oro el que causó la Gran Depresión, sino un precio del oro políticamente calculado y una política monetaria discrecional incompetente.

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Si se quiere un patrón oro funcional, el oro no puede estar muy caro (el Reino Unido en 1925) o muy barato (el mundo hoy). Un patrón oro puede funcionar bien siempre y cuando los gobiernos no determinen su precio sobre la base de fundamentos políticos en vez de analíticos.

El oro no ofrece rendimientos

Esta afirmación es verdadera, pero no es la crítica de los defensores del papel moneda. De hecho, es uno de los ar-gumentos más fuertes a favor del oro.

El oro no ofrece rendimientos porque no se supone que así lo haga. El oro es dinero y el dinero no ofrece rendi-mientos porque no implica ningún riesgo. El dinero puede ser un instrumento de cambio, una reserva de valor y una unidad de cuenta, pero el verdadero dinero no es un activo de riesgo.

Para ilustrar este punto simple pero impreciso, saca un billete de tu cartera o monedero y sostenlo frente a ti. ¿Es dinero? Sí. ¿Genera rendimientos? No.

Se pueden obtener rendimientos fácilmente depositan-do el billete en el banco, pero dejará de ser dinero; se con-vertirá en un depósito bancario. (La Reserva Federal defi-ne los depósitos bancarios como parte de la “masa modefi-ne- mone-taria”, pero eso se debe a que la Reserva tiene la costumbre de apoyar esa ilusión monetaria particular).

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Un depósito bancario no es dinero; es una deuda sin ga-rantía de un banco. Los bancos más grandes de Estados Unidos habrían colapsado en 2008 si no hubiera sido por los rescates del gobierno a través de seguros de depósitos extendidos, garantías de fondos del mercado monetario, tipos de interés del cero por ciento, relajamientos cuanti-tativo, líneas de swaps de bancos centrales extranjeros y otras acrobacias monetarias. Los depositantes bancarios en Chipre en 2013 y Grecia en 2015 recibieron una lección dolorosa sobre la diferencia entre un depósito bancario y el dinero. En ambos casos, se cerraron los bancos, los caje-ros automáticos y el papel moneda comenzó a escasear. En Chipre, los depósitos de algunos fueron convertidos a la fuerza en acciones del banco. En Grecia, las tarjetas de cré-dito locales no podían ser procesadas y comenzó a emerger una economía de cuasipermutas con rapidez.

También se puede obtener un rendimiento comprando acciones, bonos, inmuebles u otros activos no pecuniarios. Sin embargo, una vez más, uno corre algo de riesgo al ha-cer esto. Aunque muchos inversores piensan en las accio-nes, los bonos y los inmuebles como dinero, estos son, de hecho, activos de riesgo. Lo mismo ocurre con los depósi-tos bancarios.

Una moneda de oro, un billete de un dólar y el bitcoin son tres formas de dinero. Una es de metal, la otra es de pa-pel y la otra, digital. Ninguna de ellas ofrece rendimientos. No se supone que lo hagan, ya que son formas de dinero.

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El oro no tiene valor intrínseco

Cuando un periodista o un blogger te atacan por defender el oro diciendo que “no tiene valor intrínseco”, deberías fe-licitarlo por su comprensión firme de la economía marxis-ta.

La idea del valor intrínseco es una extensión de la

teo-ría laboral del valor expresada primero por David Ricardo

en 1811 y luego por Karl Marx en el Manifiesto Comunista (1848) y Das Kapital (1867, 1885, 1894), entre otras obras. La idea es que el valor de un bien deriva de la combinación del trabajo y el capital que se destinó para su producción. Cuanto más trabajo se necesita para producir algo, más “valioso” es.

La crítica central de Marx al capitalismo era que los capi-talistas burgueses controlaban los “medios de producción” y no les pagaban a los trabajadores su participación equita-tiva del valor agregado. De esta forma, los capitalistas ex-traían un “valor extra” de los trabajadores. Según la teoría de Marx, esto llevaría, eventualmente, a una desigualdad extrema en los ingresos, lo cual aumentaría la conscien-cia de clases entre los trabajadores, la sublevación de los proletarios y el derrocamiento del capitalismo que sería reemplazado por un sistema socialista. Todo este análisis descansaba en el fundamento del valor intrínseco.

El problema con esta crítica es que las teorías económi-cas basadas en el valor intrínseco no han sido tomadas en

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serio desde 1871. Ese fue el año que Carl Menger introdujo la idea del valor subjetivo en la Universidad de Viena. Esta teoría se convirtió en el pilar de lo que luego fue conocido como la Escuela Austríaca de Economía.

El valor subjetivo es el valor otorgado a un bien por una persona sobre la base de las necesidades y los deseos de esa persona. Este valor es completamente independiente de cual-quier valor intrínseco determinado por ingresos o factores de producción. Cualquier productor de oro que se presente en quiebra porque el precio del oro no cubría sus costes de pro-ducción puede dar fe de la irrelevancia del valor intrínseco.

El oro casi no tiene usos industriales. Es útil como dine-ro, pero no es bueno para nada más. (Las joyas no represen-tan un uso separado del oro. Puede que sean visualmente atractivas y genere placer usarlas, pero es una riqueza portátil, una afirmación con la cual coincidiría cualquier novia india y, por ende, una forma de dinero en su rol de reserva de valor). De acuerdo con la teoría del valor subje-tivo, el precio del oro va a variar sobre la base de la utilidad para alguien que desea o quiere dinero.

Cualquier economía de cambio que ha superado la eta-pa de Robinson Crusoe de producción simple y agricultu-ra de subsistencia necesita dinero. Hay muchas formas de dinero, incluidos el oro, los dólares, los euros, la bitcoin y, en ciertas ocasiones y lugares, las plumas, los caracoles y las cuentas. El valor de cada forma de dinero varía según los deseos y las necesidades subjetivas de cada individuo

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dentro de la economía. En ciertas ocasiones, la confianza en los dólares decae y el precio en dólares del oro puede aumentar de manera radical.

El “valor intrínseco” del oro es un concepto sin sentido, como fue demostrado por Menger hace 145 años. Cual-quiera que recurra a él como objeción al oro hoy está ca-sado con la economía marxista obsoleta. Esta lo defiende. De estas seis objeciones más conocidas al oro como di-nero, cinco son incorrectas empírica, analítica o histórica-mente y una, que el oro no ofrece rendimientos, es correc-ta, pero no en la forma que los críticos la plantean. No es una crítica, es una obviedad y es consistente con la visión de que el oro es dinero.

Esto no quiere decir que no haya problemas con el uso del oro como dinero. Todo patrón tiene problemas. La crea-ción de un nuevo patrón oro, por ejemplo, requeriría un trabajo técnico extensivo en temas de paridad con otras monedas y mantenimiento de esas paridades. Este trabajo técnico se asemejaría a los ocho años de investigación que exigió la convergencia de múltiples monedas europeas en el euro entre el Tratado de Maastricht (1991) y el lanza-miento oficial del euro (1999).

Aun así, se debería obligar a los críticos del oro a pro-mover objeciones reales y no las trivialidades enumeradas. Ahora que hemos hecho añicos el argumento en contra del oro, el resto del libro se destinará a analizar el argumento

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Desafortunadamente, algunos de los argumentos más comunes a favor del oro están tan deslucidos y no corrobo-rados como los argumentos en contra de él.

Por ejemplo, algunos defensores del oro sostienen que no hay oro en Fort Knox. ¿Es así? Si el oro fuera tan valio-so como valio-sostienen sus defenvalio-sores, ¿por qué el gobierno de Estados Unidos lo perdió de vista?

De hecho, las reservas de oro de Estados Unidos están sanas y salvas en Fort Knox, Kentucky y West Point, Nueva York, con cantidades mucho más pequeñas en la Casa de la Moneda de Denver y el Banco de la Reserva Federal de Nueva York. Puede que este oro sea arrendado a través del Banco de Pagos Internacionales en Basilea, Suiza, pero ello no significa que nuestro oro no esté bajo la custodia de Estados Unidos.

Otros defensores del oro sostienen que el hecho de que Estados Unidos no haya auditado sus reservas de oro de-muestra que el oro no está allí. De hecho, prueba lo con-trario. El gobierno de Estados Unidos tiene un interés poderoso en restarle importancia al oro. Estados Unidos quiere que sus ciudadanos se olviden de la existencia de su oro (mientras tienen más de 8000 toneladas métricas almacenadas en profundidad). También es importante se-ñalar que las auditorías están reservadas para activos im-portantes, no para activos triviales. Al negarse a hacer una auditoría, el gobierno mantiene el pretexto de que el oro es trivial. Una auditoría respeta el valor del oro y eso es lo último que quiere el gobierno.

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Este libro se titula El nuevo argumento a favor del oro, con énfasis en la palabra nuevo. Nuestro objetivo no es hacer un ensayo de los mismos viejos argumentos, sino analizar el oro en un contexto del siglo XXI. Este incluye el rol del oro en la guerra ciber financiera, la importancia del oro en las sanciones económicas impuestas a naciones, como por ejemplo Irán, y el futuro del oro como competidor del di-nero mundial llamado Derechos Especiales de Giro (DEG) emitido por el Fondo Monetario Internacional.

Así que dejemos de lado a los críticos y los defenso-res del oro más tendenciosos y dispongámonos a explorar la importancia de este metal en este mundo digital e hi-peractivo en el que estamos inmersos. Será un viaje fasci-nante.

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Capítulo 1

El oro y la Reserva Federal

“El desempleo, la vida precaria del trabajador, la decepción de la expectativa, la pérdida re-pentina del valor de los ahorros, las ganancias extraordinarias excesivas de ciertos individuos, el especulador —todos provienen, en buena me-dida, de la inestabilidad del estándar de valor”.

John Maynard Keynes, “Tratado sobre la reforma monetaria” (1924)

¿La Fed está en bancarrota? La expresión coloquial “Fed” se refiere al Sistema de Reserva Federal consolidado com-puesto por doce Bancos de la Reserva Federal regionales independientes, cada uno perteneciente a bancos privados de su región. Por “en bancarrota”, queremos decir

insolven-te, un exceso de deudas respecto a los activos que da como

resultado un patrimonio neto negativo. Dejando de lado las definiciones, queda la pregunta: ¿La Fed está en ban-carrota?

Tuve la oportunidad de hablar sobre este interrogante con miembros del Consejo Directivo de la Fed, presidentes de bancos regionales de la Reserva Federal, empleados de la Reserva Federal, candidatos presidenciales, entre otros.

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Las respuestas que recibí fueron “no”, “sí”, “tal vez”, “no tie-ne importancia”. Cada una de esas respuestas revela algo preocupante sobre la institución misma de la Reserva Fe-deral. Analicemos esas respuestas una por una y lo que la gente que las brindó quiso decir en realidad.

Superficialmente, la Reserva Federal no es insolvente. En el momento de escribir este libro, el balance de la Fed mostraba un total de activos por aproximadamente 4,49 billones de dólares, deudas totales por aproximadamente 4,43 billones de dólares y un capital total (activos menos pasivos) de aproximadamente 60.000 millones de dólares. Es cierto que la Fed está muy apalancada (unos 75-a-1). Claro, el apalancamiento amplifica el impacto de las ga-nancias y las pérdidas sobre una cuenta de capital. Sólo se necesitaría un 1,3% de pérdida sobre los activos de la Fed para aniquilar su capital completamente. En mercados de bonos y acciones normales, hay caídas del 1,3% todo el tiempo. Por ende, el balance de la Fed está muy apalancado y pende de un hilo, pero no es insolvente técnicamente.

Esto nos lleva al concepto de “mark-to-market” o ajuste de mercado. Como el propio nombre indica, el proceso de ajustar el mercado significa coger cada activo y asignarle el precio actual de mercado usando la mejor información disponible. Los fondos de cobertura y los broker-dealers hacen esto todos los días, aunque los resultados se dan a conocer de forma periódica. Los bancos también hacen esto con parte de sus balances; algunos activos se ajustan

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al mercado, otros no, dependiendo de si los activos son para negociar o invertir a largo plazo.

La Fed no usa la contabilidad con ajuste al mercado. ¿Qué pasaría si lo hiciera? La respuesta exige que nos su-merjamos en los detalles del balance de la Fed.

Los instrumentos a corto plazo, tales como los bonos del Tesoro de Estados Unidos a 90 días, casi no varían de precio. No son los suficientemente volátiles como para producir un impacto importante en la solvencia de la Fed, incluso ajustados al mercado. No ocurre lo mismo con los bonos a 10 y 30 años. Ambos instrumentos son muy vo-látiles. De hecho, la volatilidad (llamada técnicamente “duración”) aumenta a niveles más bajos de tipos de inte-rés. De hecho, los tipos de interés han estado a sus niveles más bajos durante los últimos seis años, así que esto hace que estos instrumentos sean especialmente vulnerables a grandes oscilaciones del valor de mercado.

El balance de la Fed agrupa a los “títulos valores del Te-soro de Estados Unidos – bonos, nominales” en una única categoría y muestra tenencias de aproximadamente 2,4 billones de dólares a la fecha de la publicación de este li-bro. Luego, la Fed divide las tenencias por banco de reser-va regional. De los 2,4 billones de dólares de tenencias en el sistema, 1,48 billones de dólares se encuentran en los libros del Banco de la Reserva Federal de Nueva York. Eso tiene sentido porque la Fed de Nueva York lleva a cabo ope-raciones de mercado abierto para todo el sistema y es el

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principal comprador de deuda del Tesoro de conformidad con los diferentes programas de relajamiento cuantitati-vo (conocido como QE, por sus siglas en inglés). A su vez, la Fed de Nueva York brinda una lista detallada de todos los títulos valores que posee en su Cuenta del Sistema de Operaciones de Mercado Abierto (SOMA, por sus siglas en inglés). Usando esta información detallada sobre los títu-los valores, un ticker de precios diarios y matemáticas de bonos convencionales es posible ajustar esta porción del balance de la Fed al mercado.

La información de la Fed de Nueva York muestra que la Fed estaba realizando compras masivas de bonos a 10 años muy volátiles durante el pico del QE2 y el QE3. En el caso del QE2, esto ocurrió de noviembre de 2010 a junio de 2011. En el caso del QE3, por su parte, fue de septiembre de 2012 a octubre de 2014.

Si usamos esta información únicamente, la Fed fue téc-nicamente insolvente sobre la base del ajuste al mercado en ciertos momentos de junio a diciembre de 2013. En ese período, el bono a diez años ofrecía un rendimiento hasta su vencimiento cercano al 3 por ciento. La mayoría de las compras de la Fed de bonos a diez años fueron hechas con rendimientos del 1,5 al 2,5 por ciento. Este movimiento en los rendimientos del 1,5 por ciento al 3 por ciento produjo pérdidas de ajuste de mercado masivas en esa porción de la cartera de la Fed; más que suficientes como para aniquilar ese colchón ligero de capital de 60.000 millones de dólares.

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A finales de enero de 2013, justo cuando los rendimien-tos estaban empezando a subir aún más, tuve una comida en casa de un amigo en Vail, Colorado. En la comida, parti-cipó un miembro del Consejo Directivo de la Reserva Fede-ral, que hacía poco había renunciado y que había sido parte del Consejo durante el QE1, el QE2 y el comienzo del QE3. No soy alguien que evita temas sensibles así que después de una conversación cordial, me dirigí al miembro del Con-sejo y le dije, “Parece que la Fed es insolvente”. El funciona-rio pareció sorprendido y dijo, “No, no somos insolventes”. Yo expliqué, “Bueno, no técnicamente, pero sobre la base del ajuste de mercado parece que sí”. El funcionario dijo, “Nadie ha hecho el cálculo”. Yo le respondí, “Yo sí, y creo que otros también lo han hecho”.

Le miré a los ojos y vi un leve sobresalto. La respuesta fue, “Bueno, puede ser”. Luego, hubo una pausa y agregó, “No importa si somos insolventes, los bancos centrales no necesitan capital. Hay muchos bancos centrales en todo el mundo carentes de capital”. Yo le dije, “Tomo nota de su punto, funcionario. Técnicamente, los bancos no necesitan capital. Aun así, eso significaría una sorpresa para el pue-blo estadounidense. Hay buenas razones para pensar que esto podría ser un problema para la campaña presidencial de 2016”. En ese momento, me di cuenta de que nuestro anfitrión se estaba poniendo inquieto así que la conver-sación giró hacia temas más agradables como el vino y el esquí.

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Mi punto no era confundir con métodos contables téc-nicos y la teoría del banco central. Mi punto era que toda la estructura de la Reserva Federal y los dólares dependen de un punto único de falla: la confianza.

Si hay confianza, la emisión de dinero puede continuar. Si la confianza se pierde, ninguna emisión podrá salvar-nos. Mi preocupación es que la Reserva Federal está tan dominada por doctores y expertos entrenados en el MIT que los responsables de las políticas se pierden en los mo-delos y pierden de vista el temperamento del pueblo esta-dounidense y la confianza que han depositado en ellos.

A principios de 2015, tuve una comida en el centro de Manhattan con otro funcionario de la Fed. Esta vez no era un miembro del Consejo Directivo, sino un especialista académico elegido por Ben Bernanke y Janet Yellen para encargarse de la comunicación de las políticas de la Fed. No era un especialista en relaciones públicas ni nadie muy conocido. Era una persona con información privilegiada importante con una oficina situada enfrente a Bernanke y Yellen en la sede de la Fed en Constitution Avenue en Washington D.C. (un hecho que Bernanke me confirmó personalmente más adelante cuando hablé con él).

Nuevamente, toqué el tema de la insolvencia de la Fed sobre la base del ajuste de mercado. En esta ocasión, los rendimientos de los bonos a 10 años habían retrocedido nuevamente por debajo del 2 por ciento y muchos de los bonos a diez años comprados en 2010-2013 habían

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dismi-nuido la volatilidad porque sólo les quedaban entre cinco y siete años para la fecha de vencimiento. (Un bono a diez años con 5 años restantes para la fecha de vencimiento se negocia como un bono a cinco años en términos de dura-ción y volatilidad). Probablemente, la Fed había recupe-rado las pérdidas del ajuste de mercado y era solvente en el momento de nuestra charla. Aun así, quería hablar del tema porque los tipos podían aumentar nuevamente cau-sando nuevas pérdidas de mercado. Estaba interesado en el tema de la confianza.

Esta vez la reacción fue menos ambigua que la que re-cibí en Vail. De hecho, mi amigo fue tajante, “No somos insolventes y nunca lo hemos sido. Encontrarás todo en el balance. Échale un vistazo”. Al formular esta declaración hizo referencia, específicamente, al período de tipos de in-terés más altos de mediados de 2013. Eso no lo perturbó. “Nunca hemos sido insolventes”. Fin del asunto.

Al haber realizado el cálculo de ajuste al mercado sobre la cartera de bonos, estaba intrigado. ¿Me estaba perdien-do de algo? ¿La Fed tiene algún activo oculto que compen-sa las pérdidas de los bonos? Tenía claro que mi amigo me estaba llevando por esa dirección, pero no lo quería decir de manera explícita.

Volví a mirar el balance de la Fed y enseguida encontré lo que estaba buscando. De hecho, era la primera línea del balance llamada “Cuenta de certificados de oro”. A la fecha de este libro, la cuenta aparecía en el balance por 11.000

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millones de dólares. Esa cuenta muestra el coste histórico, la convención contable usual de la Fed. ¿Qué pasaría si fue-ra ajustada al valor de mercado como los bonos?

Entender la Cuenta de certificados de oro implica un viaje en el tiempo hasta 1913, con una parada en 1934. Cuando la Reserva Federal fue creada en 1913, sus dueños privados, los bancos en cada distrito, tuvieron que transfe-rir su oro físico a uno de los bancos de reserva regionales. Este fue el primer paso de la transferencia física de oro a cada vez menos manos, un tema al cual voy a volver.

En 1934, el gobierno de Estados Unidos confiscó todo el oro de la Reserva Federal y se lo transfirió al Tesoro de Estados Unidos. Fort Knox fue construido en 1937, por un lado, para guardar el oro de este banco y, por el otro, para guardar el oro que se le había confiscado al pueblo estadou-nidense en 1933.

Según la Ley sobre reservas de oro de 1934 (Gold Re-serve Act), los certificados de oro fueron emitidos por el Tesoro de Estados Unidos al Sistema de la Reserva Federal, tanto para tapar un agujero en el balance como para supe-rar las objeciones fundadas en la Quinta Enmienda, “… ni se tomará propiedad privada para uso público sin una justa compensación”. El Tesoro cogió el oro de la Fed, pero dio una “justa compensación” en forma de certificados de oro. Esos certificados de oro fueron ajustados al mercado por última vez en 1971 a un precio de 42,2222 dólares la onza. Si usamos ese precio y la información de la Fed en el

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ba-lance, se traduce en aproximadamente 261,4 millones de onzas de oro o un poco más de 8000 toneladas. A un precio de mercado de 1200 dólares la onza, el oro tendría un valor de aproximadamente 315.000 millones de dólares. Dado que el oro figura en el balance de la Fed a sólo unos 11.000 millones de dólares, esta ganancia por ajuste de mercado le da a la Fed un activo oculto de más de 300.000 millones de dólares.

Agregar 300.000 millones de dólares a la cuenta de capi-tal de la Fed reduce su apalancamiento de 75-a-1 a un 12-a-1 mucho más respetable, el índice de capital de muchos bancos bien capitalizados. Este activo oculto es más que suficiente para absorber las pérdidas del ajuste de mercado sobre la cartera de bonos cuando aparezcan.

También es interesante señalar que la cantidad de oro que tiene el Tesoro, unas 8000 toneladas, es aproximada-mente equivalente al monto de oro que reporta la Fed en su balance; también unas 8000 toneladas. Las reservas de oro de Estados Unidos cayeron de unas 20.000 toneladas en 1950 a unas 8000 toneladas en 1980. Esta caída de 12.000 toneladas se produjo en dos fases. Unas 11.000 toneladas se perdieron a causa de reembolsos de dólares de socios co-merciales extranjeros de 1950 a 1971. Luego, otras 1000 toneladas se perdieron en el mercado por la supresión del precio de 1971 a 1980. De repente, el esquema de supresión de precio fue abandonado y Estados Unidos no se ha invo-lucrado en casi ninguna venta oficial desde 1980.

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¿Esto se debe a que el Tesoro teme tener menos oro que el que teóricamente le debe a la Fed? ¿Las 8000 toneladas son un mínimo en las reservas de oro de Estados Unidos porque esa es la cantidad que la Fed informa en su balance? Si es así, esa relación es muy significativa porque significa que Estados Unidos no puede vender más oro físico en el mercado. Sólo puede alentar a otros, como el Reino Unido, a vender su oro o jugar el juego del oro papel a través de operaciones de alquiler. El Tesoro está fuera de juego como fuente de reservas.

Técnicamente, los certificados de oro no le otorgan a la Fed un derecho a demandar oro físico al Tesoro. Sin em-bargo, sí tienen una obligación moral implícita de que si ocurre un colapso de la confianza en el dinero emitido por la Fed, el Tesoro usará el oro para apoyar a la Reserva Fe-deral. La solución para esto es un patrón oro.

Mi amigo, la persona con información privilegiada, tenía razón. La Fed fue insolvente por un lapso corto de tiempo en 2013 sobre la base del ajuste de mercado, si uno miraba su cartera de títulos valores únicamente. Aun así,

nunca fue insolvente si se tenía en cuenta los activos de oro ocultos de la Fed.

La confianza de todo el sistema financiero mundial depende del dólar de Estados Unidos. La confianza en el dólar depende de la solvencia del balance de la Fed. Y esa solvencia depende de un metal fino… el oro. Esta no es una realidad que todos los miembros de la Fed quieren

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reco-nocer o analizar públicamente. La mínima referencia a la importancia del oro para la solvencia de la Fed podría dar inicio a un debate sobre las relaciones del oro con respec-to al dinero y temas relacionados que la Fed dejó de lado en la década de los setenta. Sin embargo, el oro todavía es importante en el sistema monetario internacional. Es por ello que los bancos centrales y los gobiernos conservan oro en sus cámaras acorazadas a pesar de menospreciar su rol públicamente.

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Capítulo 2

El oro es dinero

A la gente le fascina el oro no porque sea brillante, sino porque es dinero. Entender esta realidad es el punto de partida para entender todo lo relacionado con el oro.

Hay muchos tipos de dinero en el mundo, claro. En cier-tos momencier-tos, diferentes formas de dinero compitieron por el rol de moneda de reserva mundial principal. Hoy el dólar, el euro y la bitcoin son todas formas de dinero. Al igual que el oro.

¿Qué es el dinero?

Una definición clásica de dinero tiene tres partes: medio de cambio, reserva de valor y unidad de cuenta. Si se cumplen todos estos criterios, estamos ante algún tipo de dinero. Si le preguntas a un economista, “¿Qué es el dinero?”, asumirá reflexivamente que sólo califican las únicas monedas fidu-ciarias emitidas por el banco central y se desviará con discu-siones técnicas sobre las verdiscu-siones expandidas o reducidas de la masa monetaria llamadas M3, M2, M1 y M0, que son todas diferentes. Cada “M” es menos amplia que la anterior.

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M0 es la más reducida y consiste en reservas bancarias y la moneda. M0 también es llamada “base monetaria” porque es la definición más limitada de dinero que los economistas conocen. Yo defino al oro como “M subcero” porque aun-que los economistas no lo reconocen, es una verdadera base monetaria detrás de una masa de papel moneda.

¿Por qué el oro?

Los críticos del oro no tardan en menospreciarlo calificán-dolo de “metal brillante” o “pila de rocas”, como para decir que no tiene ninguna atracción particular como forma de dinero. Incluso economistas sofisticados, tales como el ex presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, han des-crito a la continua reserva de oro en las cámaras acoraza-das de Estados Unidos como una “tradición”, sin sugerir que haya algo más útil para decir al respecto.

De hecho, el uso del oro como dinero no sólo es pre-histórico, sino altamente práctico. Recientemente, Justin Rowlatt de la BBC World Service entrevistó a Andrea Sella, profesor de química de la University College London. En dicha entrevista, el profesor Sella brindó un análisis deta-llado de la tabla periódica de elementos para explicar por qué el oro, de entre todas las estructuras atómicas en el universo conocido, es el único apropiado para funcionar como dinero en el mundo físico.

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Todos recordamos la tabla periódica de elementos de las clases de química de secundaria. Parece una matriz de recuadros, un recuadro por elemento, unos dieciocho cuadros de ancho y nueve de largo, pero con una forma irregular en los bordes; el hidrógeno (H) y el helio (He) se encuentran encima de sus pares. Cada recuadro con-tiene el nombre de un elemento y es un símbolo de una o dos letras, junto con alguna información útil como el peso atómico, la masa atómica o el punto de ebullición. Un total de 103 elementos están representados de esta manera, del hidrógeno (número atómico 1) al lawrencio (número atómico 103). El punto importante a nuestros fines es que no hay nada en el mundo conocido que no esté hecho de uno de estos elementos o de alguna compo-sición molecular de ellos. Si buscas dinero, lo encontrarás aquí.

El profesor Stella guía al lector con destreza a través de un viaje por la tabla. Le muestra que la mayoría de la ma-teria en el universo es completamente inadecuada como dinero. Luego, se centra en el puñado de elementos que son adecuados y distingue el que es casi perfecto para nuestro propósito: el oro.

Sella descarta con rapidez diez elementos del lado de-recho de la tabla, incluidos el helio (HE), el neón (Ne) y el argón (Ar). La razón es obvia: son gases a temperatura ambiente y se irían flotando literalmente. No son buenos como dinero en lo más mínimo.

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Además de los gases, Sella descarta otros elementos, tales como el mercurio (Hg) y el bromo (Br) porque son líquidos a temperatura ambiente y son tan poco prácticos como los gases. Otros elementos son descartados porque son venenosos. El arsénico (As) y algunos otros tampoco califican por ese motivo.

Luego, se enfoca en el lado izquierdo de la tabla. Este incluye doce elementos alcalinos, tales como el magnesio (Mg), el calcio (Ca) y el sodio (Na). Ninguno es bueno como dinero ya sea porque se disuelven o porque explotan en contacto con el agua. Como diría el dicho en inglés “save money for a rainy day” o ahorrar dinero para los días de lluvia, es decir, cuando lo necesites es una buena idea, pero no si el dinero se disuelve con la lluvia.

Los siguientes elementos que descarta son, por ejemplo, el uranio (U), el plutonio (Pu) y el torio (Th) por la simple razón de que son radioactivos. Nadie quiere portar dinero que pueda causarle cáncer. También incluido en este grupo se encuentran treinta elementos radioactivos creados sólo en laboratorios que se descomponen instantes después de ser creados, tal como el einstenio (Es).

La mayoría de los otros elementos no son adecuados como dinero por propiedades específicas. El hierro (Fe), el cobre (Cu) y el plomo (Pb) no califican porque se corroen u oxidan. Suficiente tenemos cuando el banco central de-valúa el dinero como para portar dinero que se degrada solo.

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Rowlatt y Sella siguen con su viaje por la tabla periódica. El aluminio (Al) es muy delgado como para hacer monedas. El titanio (Ti) no se podía fundir con los equipos primiti-vos de las civilizaciones antiguas porque era muy duro.

Una vez que se termina con el proceso de descarte, que-dan solo ocho candidatos para ser usados como dinero. Es-tos son los llamados “metales nobles”, situados cerca del centro de la tabla: el iridio, el osmio, el rutenio, el platino, el paladio, el rodio, la plata y el oro. Todos son raros, sólo el oro y la plata están disponibles en cantidades suficientes como para constituir una reserva monetaria práctica. El resto son extremadamente raros, demasiado raros como para convertirse en dinero y difíciles de extraer debido a que sus puntos de fusión son muy altos.

Rowlatt termina con su tour d’horizon de la siguiente manera:

“Esto nos deja con solo dos elementos: el oro y la pla-ta. Ambos son escasos, pero no imposiblemente raros. Ambos tienen un punto de fusión relativamente bajo y, por ende, es fácil convertirlos en monedas, lingotes y joyas. La plata se deslustra, reacciona con cantidades mínimas de azufre en el aire. Es por eso que le damos al oro un valor especial”.1

1 Rowlatt, Justin, “Why do we value gold?”, BBC World Service Maga-zine, 8 de diciembre de 2013, www.bbc.com/news/magazine-25255957

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Resulta que el oro (Au) tiene un sólo atractivo inapela-ble: es dorado. Todos los otros metales tienen un color pla-teado, salvo el cobre, que se vuelve verde cuando se expone al aire. La belleza no es un prerrequisito para ser dinero, pero es un atributo bonito considerando que pasa todas las otras pruebas de manera excelente.

Nuestros ancestros no usaron oro sólo porque era bri-llante o hermoso como sugieren los críticos modernos. El oro es el único elemento que tiene todas las características físicas requeridas: escasez, maleabilidad, durabilidad, uni-formidad e inercia, para actuar como reserva física de valor práctica y confiable. Sociedades más sabias que la nuestra sabían lo que estaban haciendo.

Claro, esta lista de virtudes no quiere decir que el oro

tenga que ser dinero. El dinero de hoy existe, en su

mayo-ría, de forma digital. Los electrones que guardan dígitos no se oxidan tampoco, pero no escasean ni un poco.

El simple hecho de que el dinero sea “digital” no signifi-ca que no sea parte del mundo físico. No se puede essignifi-capar a la tabla periódica de elementos. El dinero digital existe como partículas subatómicas cargadas en chips de silicio (Si). Estas cargas pueden ser pirateadas o borradas. Los átomos del oro (número atómico 79) son estables y no pue-den ser borrados por ciber brigadas chinas o rusas. Incluso en la era cibernética, el oro sobresale como dinero de ma-nera única.

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El oro no es una inversión

El oro no es una inversión porque no hay riesgo ni rendi-mientos. La conocida crítica de Warren Buffett al oro es que no produce rendimientos y, por ende, no hay posibili-dades de ir sumando riqueza. Tiene razón. El oro no genera rendimientos; no se supone que lo haga porque no involu-cra riesgo. Si se compra una onza de oro y se la conserva durante diez años, seguirá teniendo una onza de oro, ni más ni menos. Claro, el “precio en dólares” de una onza de oro puede cambiar radicalmente en diez años. Ese no es un problema del oro, es un problema del dólar.

Para obtener un rendimiento sobre una inversión, hay que asumir riesgos. Con el oro, ¿dónde está el riesgo? No hay riesgo de vencimiento, porque es simplemente oro. No se convertirá en oro en cinco años; es oro hoy y siempre lo será. No hay riesgo del emisor, porque nadie lo emite. Si tienes oro, eres el dueño. No es una deuda de alguien más. No corre los riesgos de las commodities. Con las

commodi-ties, hay que tener en cuenta otros riesgos. Cuando se

com-pra maíz, existen preocupaciones: ¿tendrá alguna peste? ¿Es bueno o malo? Lo mismo ocurre con el petróleo; hay 75 grados de petróleo en todo el mundo. Pero el oro puro es un elemento, número atómico 79. Siempre es igual.

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El oro no es un commodity

El oro casi no tiene usos industriales. No es un

commodi-ty, porque no es una materia prima importante en ningún

proceso de producción, salvo algunas excepciones. Obser-vemos cualquier commodity: el cobre se usa para la fabrica-ción de cañerías y cables y la plata, en realidad, tiene mu-chos usos industriales además de ser un metal precioso. Otras commodities mineras son usadas como materias pri-mas en la producción y fabricación; el oro no. El oro se usa en la electrónica para revestimientos, conexiones, y cosas por el estilo, pero estos usos son limitados, nada concreto. Sabemos que el oro cotiza en los mercados de

commodi-ties y la información aparece en la sección de commodicommodi-ties

de tu página web favorita. Periodistas sin aliento descri-ben la acción del precio del oro desde la sección de opera-ciones de commodities. Aun así, esto no convierte al oro en una commodity. Es importante que los inversores entien-dan eso, porque hay muchos acontecimientos que afectan a las commodities que no afectan al oro de la misma forma. Usemos la situación en la Gran Depresión. El problema económico más abrumador fue la deflación. Los precios de las commodities y la producción industrial cayeron precipi-tadamente. Sin embargo, de 1929 a 1933, el precio en dó-lares del oro permaneció fijo en los 20,67 dódó-lares la onza. El oro estaba cumpliendo un rol monetario, no un rol de

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En cuestión de meses, desde abril de 1933, el gobierno de Estados Unidos impulsó el precio del oro aún más de los 20,67 dólares la onza a los 35,00 dólares la onza. El gobier-no hizo eso para causar inflación; estaban desesperados por escapar de la deflación y el oro marcó el camino por decreto. Pronto siguieron los precios de las acciones y las

commodities. El oro no funcionó en lo más mínimo como commodity. Actuó como dinero. Hoy, los gobiernos temen

nuevamente a la deflación y buscan una inflación que los ayude a reducir la carga real de la deuda soberana. Puede que el oro sea reclutado nuevamente para catalizar la infla-ción que los bancos no han podido producir.

Otro ejemplo del comportamiento del oro que lo aleja de las commodities se puede ver en la correlación del oro con el Índice Continuo de Commodities en 2014. Ese índice tiene dieciséis componentes, incluido el oro, así también como el mineral de hierro, el cobre, el aluminio y las commodities agrí-colas. El oro mostró un alto grado de correlación con el índice de enero a noviembre de ese año, lo cual es de prever. Sin em-bargo, en noviembre de 2014, el índice se desmoronó y el oro aumentó pronunciadamente en dólares. Esto coincidió con una bajada en los precios de la energía y los metales básicos (que da cuenta del movimiento del índice) y una demanda creciente de oro de Rusia y China (que da cuenta del movi-miento del oro). De repente, el oro había dejado de negociar-se como commodity y había empezado a negociarnegociar-se como di-nero. Este comportamiento fue un anticipo del futuro.

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El oro no es papel

Los patrocinadores de Wall Street, los bancos de Estados Unidos y otros miembros de la London Bullion Market As-sociation (Asociación del mercado de lingotes de Londres) o LBMA han creado enormes volúmenes de “productos re-lacionados con el oro” que no son oro. Estos son contratos en papel.

Entre estos productos se encuentran los fondos coti-zados o ETF, cuyo ejemplo más prominente cotiza bajo el símbolo de ticker GLD. La frase “símbolo de ticker” es una señal de que el producto no es oro. Un ETF es una acción.

Hay algo de oro en la estructura pero no te pertenece, sólo

eres propietario de una acción. Ni siquiera la acción es fí-sica; es digital y puede ser fácilmente sujeta a piratería o borrada.

GLD tiene la estructura legal de un fideicomiso y el ad-ministrador tiene algo de oro físico en una cámara aco-razada. En general, esto es así en todos los ETF de oro. Las bóvedas de GLD están en Londres. Hay un conjunto de participantes autorizados que crean un mercado para las acciones de GLD. Estos son los miembros grandes de LBMA, tales como Goldman Sachs, JPMorgan, entre otros.

Mucha de la actividad de los participantes autorizados se reduce al arbitraje entre el mercado de oro físico y el mercado de acciones de GLD. Si hay presión de venta so-bre las acciones de GLD, el participante autorizado puede

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comprar esas acciones como creador de mercado y vender oro físico en corto. Luego, el dealer puede entregar al admi-nistrador esas acciones, recibir oro físico a cambio y cubrir la posición física en corto, lo cual le permite llevarse una ganancia medida por la diferencia entre el precio de la ac-ción y el precio del metal físico. Este arbitraje no difiere del arbitraje de “puntos del oro” que existía entre Nueva York y Londres durante los años previos a 1914, salvo en el hecho de que ya no es necesario transportar el oro físico por el océano Atlántico Norte para lograr una ganancia. Hoy en día, el oro reposa en una cámara acorazada de la LBMA o de GLD dependiendo del flujo del arbitraje.

Los inversores de GLD asumen otros riesgos además del hecho de no tener el oro físico y ser objetivos de piratería digital. Por ejemplo, los funcionarios podrían cerrar el Mer-cado de valores de Nueva York, imposibilitando la negocia-ción de las acciones. Aquellos que decían que el mercado de valores nunca cerraría recordarán lo que ocurrió debido al fallo técnico del software el 8 de julio de 2015, duran-te el huracán Sandy en 2012 y después del 11 de septiem-bre. También es conocido el cierre de más de cuatro meses durante el estallido de la Primera Guerra Mundial. Cortes eléctricos y problemas electrónicos podrían cerrar el mer-cado de valores nuevamente en cualquier momento. Con un ETF, las personas están encerradas en un sistema digital.

La London Bullion Market Association también vende oro a través de contratos en papel que funcionan como

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futuros no regulados. El oro que forma la base de estos contratos es descrito como oro no asignado, que quiere decir que el dueño no puede solicitar ningún oro físico particular. El vendedor sí tiene algo de oro físico, pero no lo suficiente como para satisfacer los posibles reclamos de todos los compradores de oro no asignado. Los bancos pue-den vender 10 dólares o más de estos contratos por cada dólar de oro físico que poseen. Tienen la esperanza de que no se presenten todos los tenedores a la vez y pidan el oro porque, si lo hacen, no lo van a recibir.

De conformidad con estos contratos, los dueños del oro tienen que notificar al banco si quieren convertir oro no asignado en oro que es específicamente asignado y se en-cuentra bajo custodia. El plazo de notificación le da al ban-co tiempo para localizar algo de oro físiban-co para cumplir ban-con el contrato.

Si demasiados clientes demandan oro físico al mismo tiempo, el banco puede extinguir el contrato y otorgarle a la otra parte dinero en efectivo al precio de cierre en la fecha de extinción. El cliente recibiría un cheque al precio de cierre, pero no va a recibir el oro real. En el peor de los casos, el banco podría incumplir y el inversor no recibiría nada.

Así que estos contratos en papel podrían ofrecer una ex-posición al precio en los mercados de oro, pero están muy lejos de lo que es tener verdadero oro. Si hay un shock de demanda o compras impulsadas por el pánico y el precio

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del oro se dispara, estos contratos van a fracasar, porque no habrá suficiente oro físico como para satisfacer todos los reclamos. Sólo el oro físico que no se encuentra bajo custodia bancaria es verdadero oro.

El oro no es digital

El oro es una moneda física, no digital. Esto brinda una protección contra los riesgos a los cuales muchas monedas digitales están expuestas.

En gran parte, el dólar es una moneda digital. Puede que tengamos algunos dólares en el bolsillo, pero no muchos en relación con nuestras necesidades. Si voy al supermer-cado, es más probable que saque mi tarjeta de débito que un billete de 20 dólares.

Probablemente, recibas tu sueldo mediante un depósito realizado en tu cuenta por tu empleador. Cuando pagas las facturas, en general, usas la banca online. Cuando vas de compras, usas la tarjeta de débito o crédito. La cantidad de efectivo que usas es pequeña en relación con el volumen de tus transacciones económicas.

El mercado de valores más grande del mundo, el merca-do del Tesoro de Estamerca-dos Unimerca-dos, no ha tenimerca-do certificamerca-dos en papel desde principios de la década de los ochenta. Pue-de que haya algunos viejos certificados en papel volando en el altillo de alguien, pero el mercado de bonos del Tesoro

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de hoy es completamente digital, como el sistema de pagos. La sociedad digital sin efectivo ya está entre nosotros. Al-gunos observadores se preocupan por “la guerra contra el efectivo”, como la llaman. No te preocupes, la guerra con-tra el efectivo ya ha terminado y el gobierno ha ganado.

En la práctica, los ciudadanos honestos no pueden ac-ceder a grandes cantidades de efectivo sin que se sospe-che de tráfico de drogas, terrorismo o evasión impositiva. A eso le sigue el control del gobierno. Los ciudadanos sin oro no tienen otra opción que aceptar la digitalización de la riqueza.

La riqueza digital está sujeta a cortes de energía, colap-sos de infraestructura y cambiarios, la piratería y el robo por Internet. ¿De qué sirve tener una cartera de miles de millones de euros si puede ser aniquilada de la noche a la mañana?

¿Qué pasa si el gobierno cierra los bancos y reprograma los cajeros automáticos para que el límite de extracción sea de tres mil dólares por día para alimentos y combustible? El hecho de que tengas 100.000 dólares en el banco es irre-levante. Los entes reguladores del gobierno van a decir que tres mil dólares al día es más que suficiente para alimentos y combustible hasta nuevo aviso.

Este es el escenario que se desarrolló en la eurozona en Chipre en 2013 y Grecia en 2015. Los ahorradores debe-rían tener algo de oro físico como protección contra este escenario de corralito bancario.

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La historia del colapso monetario y el fin

del patrón oro

El oro es dinero, pero su estatus de dinero ha sido menos-preciado reiteradas veces por gobiernos y economistas, en especial durante el período desde que colapsó el sistema monetario internacional y Estados Unidos puso fin a la convertibilidad del dólar con el oro en 1971. El colapso mo-netario en 1971 no debería haber sorprendido. El sistema monetario internacional, en realidad, colapsó tres veces en el siglo XX —1914, 1939 y 1971— y, previamente, estuvo cerca de colapsar en 1998 y 2008.

Dado que el sistema monetario internacional de hoy está, en su gran mayoría, basado en el dólar estadouniden-se, una nueva crisis podría ser ocasionada por un colapso en la confianza en el dólar y su rol como reserva de valor. Puede sorprender, pero tales colapsos ocurren cada treinta años más o menos. Teniendo en cuenta la historia mone-taria del siglo pasado estamos, probablemente, en la recta final de la vida útil del sistema monetario internacional actual y nos estamos acercando con rapidez a uno nuevo.

Ningún colapso vivido en el pasado significó el fin del mundo. La gente no se refugió en cavernas y empezó a comer alimentos enlatados. Los colapsos monetarios ocu-rrieron porque las potencias financieras y comerciales se sentaron alrededor de una mesa y reescribieron lo que ellos llaman las “reglas del juego”, que es una expresión

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taquigráfica para la operación del sistema monetario in-ternacional.

Por ejemplo, después del colapso de 1914, se llevó a cabo una conferencia monetaria en 1922 en Génova, Italia, donde las grandes potencias volvieron a escribir las reglas de juego e intentaron reintroducir el patrón oro. Después del colapso de 1939, se llevó a cabo una conferencia mone-taria internacional famosa más grande en Bretton Woods, New Hampshire, en 1944 donde se reescribieron las reglas de juego con respecto al patrón oro-dólar. Después del co-lapso de 1971, cuando Nixon suspendió la convertibilidad del dólar con respecto al oro, se llevaron a cabo un núme-ro de conferencias. Entre las más famosas se encuentra el Acuerdo Smithsoniano en diciembre de 1971. Numerosas negociaciones subsiguientes se realizaron a través del Pla-za Accord o Acuerdo PlaPla-za en 1985 y el Louvre Accord o Acuerdo Louvre en 1987, que reescribieron las reglas de juego nuevamente.

El período entre 1971 y 1980 fue un caos temporario, a medida que Estados Unidos salía del paso y avanzaba hacia tipos de interés variables. Fue un período de desempeño económico horrible. Estados Unidos sufrió tres recesiones entre 1973 y 1981. El precio en dólares del oro pasó de 35 dólares la onza a 800 dólares la onza. La inflación se dispa-ró. El valor del dólar se redujo más de la mitad.

El dólar fue rescatado por Paul Volker y Ronald Reagan a principios de 1981. En ese momento el mundo adoptó un

Referencias

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