El oro está reapareciendo en el sistema monetario mun- dial. Cuando se observa lo que está ocurriendo realmente en el mundo en contraposición con las conversaciones es- peranzadoras que se escuchan en televisión, está claro que el mundo ya está en un patrón oro oculto y se está movien- do hacia un patrón oro más formal: el oro como dinero. Ya estamos viendo indicios de ello; no es sólo algo que va a ocurrir en el futuro. La evidencia de que el oro se está moviendo hacia el centro es clara; y está ocurriendo por varias razones.
El Fondo Monetario Internacional (FMI) es el tercer te- nedor más grande del mundo. (El número uno es Estados Unidos, el número dos es Alemania y el número tres es el FMI. Es probable que China sea, en realidad, el tenedor nú- mero dos, pero sus tenencias reales no han sido reveladas públicamente y es imposible de confirmar).
El FMI juega un papel crucial en el sistema monetario mundial, con mucho más poder e influencia que lo que uno pensaría sobre la base del comportamiento burocrático y tecnocrático. Al FMI le gusta posicionarse como una espe- cie de amigo benigno ante países emergentes y pequeños, pero en realidad es una corporación enorme y rapaz que hace una donación caritativa ahora y luego muestra real- mente lo generoso que es.
El FMI fue creado durante la Conferencia de Bretton Woods en 1944. Tardó unos años en empezar a funcio- nar, a finales de la década de los cuarenta y principios de los cincuenta. Empezó como un prestatario decisivo para países ricos con déficits de la balanza de pagos a corto plazo.
Tomemos a un país con un déficit de la balanza de pa- gos año tras año. Una de las formas de solucionar el déficit sería abaratar su moneda para hacer que las exportacio- nes sean más competitivas. Pero con los tipos de cambio fijos de Bretton Woods no se podía abaratar la moneda. En vez de ello, el FMI otorgaba un préstamo para sacarte del apuro mientras realizabas las reformas estructurales a tu economía. Tales reformas intentarían disminuir los costes laborales por unidad, mejorar la productividad o mejorar el entorno financiero, lo que fuera necesario para lograr un superávit de la cuenta corriente. Una vez que la cuenta de capital lograba un superávit, se podía devolver el préstamo a corto plazo otorgado por el FMI.
En casos extremos, el FMI permitía una devaluación, pero después de agotar otras soluciones estructurales y monetarias.
Este sistema de préstamos a corto plazo se rompió a fi- nes de la década de los sesenta y principios de los setenta cuando el Reino Unido devaluó fuertemente la libra es- terlina con respecto al dólar y Estados Unidos suspendió la convertibilidad con el oro. Luego, el sistema de tipo de cambio fijo desapareció. Desde ese momento, hemos teni- do tipos de cambio variables.
Después de la década de los ochenta, el FMI deambu- ló durante casi veinte años sin una misión determinada. En la década de los ochenta y a principios de los noventa funcionó como un prestamista para los mercados emer- gentes, porque su misión original de estabilizar los tipos de cambio de conformidad con Bretton Woods había des- aparecido.
La reputación del FMI sufrió mucho durante la crisis financiera asiática entre 1997-1998. Se vio sangre en las calles y no metafóricamente hablando. La gente estaba muriendo en disturbios en Jakarta, Indonesia y Seúl, Co- rea. Muchas personas hasta hoy, entre los más famosos el ganador del premio Nobel Joseph Stiglitz, culpan al mal asesoramiento del FMI por esta crisis financiera.
Para 2000, el FMI era como una ballena que se había desplazado a la orilla y no podía volver a su misión en el mar. Nadie sabía bien lo que estaban haciendo ni cómo
deberían estar haciéndolo. Para 2006, había llamamien- tos públicos para abolir el FMI.
Después, ocurrió algo gracioso camino a la abolición del FMI. Tuvimos una crisis financiera en 2008 y, de repente, el FMI volvió al ruedo. Se convirtió en la secretaría de facto del club G20 de los países de mercados emergentes y desa- rrollados más poderosos. El G20 actúa como una especie de directorio con el FMI como equipo y agencia que imple- menta la voluntad del directorio.
El FMI tiene su órgano de gobierno propio, pero es inte- resante que si uno mira los miembros por país, hay mucha superposición con los miembros del G20. Los países miem- bros del G20 y los países de los 24 miembros del comité ejecutivo del FMI son, en su mayoría, los mismos. El G20 era un grupo de jefes de Estado que no tenía un equipo, mientras que el FMI ya tenía un equipo preparado. Desde 2009, las cumbres del G20 han trabajado de la mano de los analistas, el equipo y las capacidades técnicas del FMI. Nuevas líneas de crédito se han politizado ampliamente como se ha visto en Ucrania y Grecia.
El hecho es que el FMI siempre ha sido un club de países ricos. El mecanismo de voto del FMI requiere de un 85% para realizar cambios significativos, tales como un cambio en los estatutos (el documento de gobierno) o para aprobar una iniciativa de préstamos importante. Estados Unidos tiene más del 16% de los votos, lo cual significa que si todos los miembros juntos votan en contra de Estados Unidos,
no sería suficiente para lograr nada. Esto no es coinciden- cia, claro; Estados Unidos siempre ha sido la voz con más peso en el FMI y la sede del FMI está en Washington D.C.
Uno de los temas más importantes de gobierno en el mundo de las finanzas internacionales en este momento involucra cambiar estos acuerdos de voto. Si se encara el tema en términos de tamaño del PIB como porcentaje del PIB mundial y se compara con el voto del FMI, los países ricos tienen un exceso de peso y los mercados emergentes una escasez. China es un buen ejemplo. China representa cerca del 14% del PIB mundial, pero su voto en el FMI es de menos del 5%. La legislación que cambiaría esto para darle a China un peso más grande ha estado trabada en el Congreso de Estados Unidos desde 2010. El reconoci- miento del lugar correcto de China en la jerarquía del FMI ha sido retrasada por Estados Unidos para lograr un buen comportamiento de China en la batalla de la manipulación monetaria contra el dólar estadounidense.
Ahora, el FMI ha vuelto a su misión original de presta- tario de dinero a países ricos, en gran parte, para rescatar a Europa, donde se destina la sorprendente mayoría de su dinero. La mayoría del dinero del FMI no está yendo a los países pobres como Botswana, Mali o Jamaica. Está yendo a Polonia, Grecia, Portugal, Irlanda y, por cuestiones polí- ticas, Ucrania.
Esta nueva oleada de préstamos requiere de nuevos re- cursos de financiación para el FMI mismo. Si se va a prestar
dinero, ¿de dónde se saca? Los bancos pueden tomar depó- sitos, prometerles activos a los bancos centrales o crear di- nero de la nada. El FMI no tiene un cajero donde uno puede realizar un depósito, pero sí se endeuda. Emite bonos. Re- sulta interesante que estos bonos no estén denominados en dólares. Están denominados en Derechos especiales de giro (DEG), que tienen un valor cercano a 1,40 dólares cada uno a la fecha de elaboración de este libro, aunque el valor de los DEG fluctúa con el mercado.
¿Qué es un DEG? Bueno, es dinero mundial. Pero no del tipo que uno lleva en el bolsillo. No se puede ir a un cajero automático y extraer un manojo de DEG. Aun así, los DEG son dinero y juegan un papel cada vez más importante en las finanzas del mundo a medida que disminuye el poder del dólar. A decir verdad, dentro del FMI, existe una mesa de ne- gociaciones que cambia DEG por otras monedas. Aquí va un ejemplo simple de cómo funciona. En 2009, el FMI emitió 182.700 millones de DEG equivalentes a unos 255.000 mi- llones de dólares al tipo de cambio actual. Los emitieron de acuerdo a una cuota, que es simplemente la palabra que usan para referirse a la porción de un país. Si se tiene una cuota del 5% en el FMI y el FMI está emitiendo 100.000 millones de DEG, entonces se recibirá 5000 millones de DEG o un 5% del total emitido. Muchos miembros del FMI tenían cuotas, pero no necesitaban DEG y querían otras monedas en su lugar.
Hungría es un buen ejemplo. Si nos remontamos a prin- cipios de la década del 2000, los bancos húngaros ofrecían
a sus clientes hipotecas en dos monedas. Podían obtener un préstamo en moneda local, que es el forinto, o podían hacerlo en francos suizos proporcionados por bancos eu- ropeos en Viena o Zúrich que podían financiar esos prés- tamos. Las hipotecas en francos suizos eran de alrededor del 2% mientras que las denominadas en forintos, eran de alrededor del 9%, así que la mayoría de los deudores se inclinó por las hipotecas denominadas en francos suizos creyendo que el tipo de cambio se podría mantener fijo. Pero no fue así. El forinto colapsó y, de repente, la deuda hipotecaria en relación con el ingreso local del deudor au- mentó drásticamente. Los incumplimientos se dispararon.
Si eres Hungría y el FMI te da DEG, tu reacción será decir que, en realidad, necesitas francos suizos para que tu ban- co central pueda ayudar a que los bancos locales devuelvan los préstamos interbancarios. Ahora llamas a la mesa de negociaciones del FMI y dices, “Ofréceme dólares por mis DEG”. La mesa de negociaciones del FMI va a llamar a un lugar como China y dirá, “¿Quieren comprar DEG?”. Chi- na dice, “Sí, queremos”. China le enviará dólares al FMI, obtendrá DEG a cambio y Hungría recibirá los dólares, los venderá de inmediato para comprar francos suizos y luego usar los francos para ayudar a sus bancos. Así es como se convierten los DEG en una moneda si es necesario.
El FMI no emite DEG salvo en crisis de liquidez. La próxima vez que ocurra una crisis de liquidez mundial, será más grande que la capacidad de contención de la
Reserva Federal o cualquier otro banco. La Fed ha gas- tado su balance, su poder para apagar incendios, por así decirlo, durante la última crisis. No han podido estabili- zar el balance y es poco probable que lo logre en menos de una década. Lo mismo ocurre con otros bancos centrales; no tienen más capacidad para emitir dinero sin destruir la confianza. Puede que tengan algo de capacidad legal, pero están al límite de lo que pueden hacer de forma creíble.
Será en esta nueva crisis de liquidez cuando el mundo recurra al FMI para que le otorgue liquidez mediante la emisión de DEG. Ese proceso puede funcionar sin vulne- rar la confianza porque muy pocos entienden el proceso. La emisión masiva de DEG será muy inflacionaria en tér- minos de dólares, pero los encargados de las políticas en Washington van a desligar de responsabilidad al FMI.
La emisión masiva de DEG dificultará la formación de ca- pital destruyendo el valor real de los activos denominados en dólares. El único refugio durante la tormenta estará en los activos tangibles, incluido el oro. Los inversores indivi- duales astutos están posicionando sus carteras de esa forma, así como las principales potencias, tales como Rusia y China. ¿Qué pasaría si la gente pierde la confianza en el FMI y en la solución mediante DEG? ¿Quién rescatará al FMI? En este momento, no hay nadie con esa capacidad. Recurrir al FMI no es patear el problema para más adelante, es patear el pro- blema de la deuda privada a la deuda soberana hasta la deuda multilateral emitida por el FMI. El FMI es el último eslabón,
no se puede retrasar más cuando se llega a esa instancia. Lo único que los respalda son las 3000 toneladas de oro y el oro que tienen sus miembros en Estados Unidos y Europa.
Por eso sigo volviendo al tema del oro. Por eso sigo cal- culando relaciones oro/dinero, oro/PIB y desarrollando proyecciones de un precio de 10.000 dólares la onza, posi- blemente más alto. Si se pierde la confianza en el dinero na- cional y se intenta rescatar al sistema con una forma dife- rente de dinero fiduciario, específicamente el DEG, ¿de qué sirve? Si funciona, será por dos razones. Una, casi nadie entiende cómo funciona, y dos, no vamos a tener DEG en el bolsillo. Los DEG serán usados por países y entre ellos, no por personas. Los DEG no serán transparentes. Existirán y serán muy inflacionarios si se emiten en cantidades su- ficientes, pero nadie los va a ver porque son la forma más técnica y abstracta de dinero que se haya creado jamás.
Si los DEG funcionan será, en parte, porque sólo muy pocas personas entienden cómo funcionan. Si la gente los entiende, es probable que pierdan la confianza. En ese caso, el único recurso será el oro.