La financiación del comercio entre dos países soberanos es una cuestión de registros. Por ejemplo, si se envían produc- tos y se debe dinero en una moneda y me envían productos y debo dinero en otra moneda, los saldos de ambas mone- das extranjeras se pueden pagar en cualquier divisa que se elija. Esa es la balanza comercial y se compensa perió- dicamente. Se puede contar en dólares, tarjetas de béisbol o tapas de botellas. Cualquier numéraire o unidad de cuenta
que las partes acuerden es suficiente a tal fin. Esto significa que una amplia gama de divisas pueden servir como monedas de intercambio. El yuan chino califica en este aspecto.
Existe una diferencia entre la moneda de intercambio y la de reserva. La última no es solo un medio para liquidar las balanzas comerciales. Es cómo inviertes tu excedente. Para que una moneda actúe como moneda de reserva se requiere un grupo líquido e intenso de activos invertibles. Por este motivo, el yuan chino no llega a ser una moneda de reserva, no tiene un grupo de activos invertibles sufi- ciente todavía.
No hay mercado en el mundo que se asemeje al mercado del Tesoro de Estados Unidos como lugar que pueda absor- ber los flujos de capital que resultan del intercambio y las inversiones mundiales. Cuando se cuentan las reservas de Japón, China, Taiwán y algunos otros, los montos se miden en billones de dólares. A corto plazo, no hay ningún otro lado al cual recurrir, salvo por el dólar de Estados Unidos.
Dicho esto, no hay duda de que a Rusia, China y otras naciones les gustaría salir de esta hegemonía del dólar. Les gustaría un sistema que no se base en el dólar, pero hay obstáculos en el camino.
China teme porque tiene una deuda denominada en dó- lares estadounidenses de 3 billones de dólares en sus 4 bi- llones de dólares de posiciones de reservas (el resto es oro, euros y otros activos) y le preocupa que Estados Unidos vaya a inflar la moneda.
Rusia quiere darle la espalda al dólar porque nosotros nos opusimos a sus ambiciones en Europa Oriental y Asia Central en 2015 e impusimos sanciones en dólares y euros. Puede que Arabia Saudita quiera darle la espalda al dó- lar porque se siente traicionado por Estados Unidos. En diciembre de 2013, el presidente Obama, efectivamente consagró a Irán como poder hegemónico regional en el Golfo Pérsico, permitiéndole conservar su reactor nuclear y su programa de enriquecimiento de uranio. Ello equivale a reconocer a Irán como poder regional principal. Arabia Saudita se lo tomó como una puñalada por la espalda, en
especial debido a un acuerdo estadounidense secreto de décadas anteriores.
En la década de los setenta, durante las administracio- nes de Nixon y Ford, Estados Unidos y Arabia Saudita ce- rraron un acuerdo petrodólar. Estados Unidos garantizaría la seguridad nacional de Arabia Saudita a cambio de que el país árabe cotizara el petróleo en dólares. Cuando el precio del petróleo fuera denominado en dólares, el mundo en- tero necesitaría la divisa porque todos necesitan petróleo. Este acuerdo creó una base muy sólida para mantener el dólar como moneda de reserva mundial.
Ahora China, Rusia y Arabia Saudita, todas naciones poderosas que exportan petróleo, gas natural y productos manufacturados, están interesados en poner punto final a la hegemonía del dólar en el sistema monetario interna- cional.
En el año 2009, fui uno de los diseñadores y facilitado- res del primer juego de guerra financiera del Pentágono, algo sobre lo que escribí en mi primer libro, Currency Wars (Guerras de divisas) (2011). Cuando el juego empezó, fui parte del equipo de China y un colega en el equipo de Ru- sia. Juntos ideamos un plan donde Rusia y China combi- narían sus reservas de oro, las guardarían en una cámara acorazada en Suiza y emitirían una nueva moneda de un banco londinense respaldada por ese oro. Luego, China y Rusia anunciarían que, desde ese momento en adelante, si querías comprar energía rusa o productos manufacturados
chinos, no cogerían más dólares, sólo aceptarían esta nue- va moneda. Si querías un poco de esta moneda, podrías ga- narla, pedirla prestada o depositar tu oro junto con el oro ruso y chino y obtendrías un monto denominado en esa nueva moneda del banco británico. El banco la emitiría, por supuesto, y estaría respaldada por ese oro.
Entonces, de repente, tenías un nuevo patrón oro, una nueva moneda patrocinada por Rusia y China con otros invi- tados a participar y una necesidad urgente de usarla, ya que la necesitarías para obtener exportaciones rusas y chinas.
Sabíamos que este escenario no entraría en juego de for- ma inmediata. El propósito del juego de guerra es pensar algo original y ayudar al Pentágono a mirar más hacia el futuro; mirar más allá del horizonte.
En ese momento, fuimos ridiculizados por algunos de nuestros compañeros participantes que son economistas ampliamente respetados a nivel mundial. Los supuestos gurúes insistieron en que estábamos siendo ridículos y que el oro no es parte del sistema monetario internacional. Nos acusaron de hacerles perder el tiempo a todos.
Está bien, pensábamos; solo tendremos que sonreír y aguantar y ver cómo se desenvuelven las cosas. Pero, desde que se nos ocurrió este escenario en 2009, Rusia ha incre- mentado sus reservas de oro en un 100% y China ha incre- mentado sus reservas en varios cientos por ciento. En otras palabras, China y Rusia se están comportando exactamen- te de la forma en la que nosotros predijimos en 2009. Estas
naciones pueden ver que se aproxima el derrumbamiento del sistema monetario internacional. Se están preparando para ello adquiriendo oro. Los inversores deberían hacer lo mismo con alrededor del 10% de sus activos invertibles.
Esto no significa que mañana por la mañana nos levanta- remos y el rublo será una moneda de reserva global respalda- da por oro. No creo que eso suceda. Hay muchos problemas con la corrupción rusa, su legislación y la ausencia de un mer- cado de bonos importante. No veremos al rublo como una moneda de reserva mundial en el corto plazo. Sin embargo, Rusia y China están alejándose del dólar y acercándose al oro.
Vimos indicios de esto en julio de 2014 con el anuncio de tratados multimillonarios de desarrollo y comercializa- ción de gas natural y petróleo en dólares entre China y Ru- sia durante varios años. En ese entonces, Rusia anunció un acuerdo similar, un poco más pequeño pero significativo, con Irán. Tanto Irán como Rusia están experimentando sanciones económicas de Estados Unidos. Irán, en reali- dad, fue echado del sistema de pago en dólares durante un tiempo. No ha sucedido lo mismo con Rusia por el momen- to, pero Estados Unidos lo amenaza cada tanto. Irán y Ru- sia también están uniendo sus fuerzas para escapar de la trampa del dólar a través de nuevos acuerdos que incluyen armas, reactores nucleares, oro y alimentos.
Resulta interesante que Rusia acordó comprar petróleo iraní. Eso es raro, ya que Rusia es uno de los exportadores de petróleo más grandes del mundo. ¿Por qué Rusia importaría
petróleo de Irán si es un gran exportador? La respuesta es que, hasta hace poco tiempo, los iraníes no podían vender su petróleo fácilmente en el mercado abierto por las sancio- nes de Estados Unidos. Si Irán vende petróleo a Rusia, éste puede ser reexportado por los rusos (el petróleo es fungi- ble hasta cierto punto) a los chinos y a otros países. Rusia, ya sometida a sanciones de Estados Unidos, puede actuar como intermediaria en la venta de petróleo de Irán a Chi- na (también bajo las sanciones de Estados Unidos) y seguir manteniendo al margen a los chinos.
Recientemente, China firmó un acuerdo de swap con Suiza, así que tiene acceso al franco suizo a cambio del yuan. Ahora podemos empezar a atar cabos. China tiene acceso a francos suizos, una divisa fuerte y altamente de- seada. Irán está vendiendo petróleo a Rusia, el cual pue- de revender en China. China le puede pagar a Rusia con francos suizos que pueden intermediar a través del nuevo banco del grupo BRICS. ¿Qué es lo que está faltando en la cadena de comercialización? El dólar.
Todos estos países están trabajando detrás de escena para acabar con la hegemonía del dólar mientras Estados Unidos parece estar adormecido. Los inversores se desper- tarán en algún momento y descubrirán que el dólar está en caída libre y no sabrán el motivo. Pero se lo va a ver venir. Si el dólar colapsa debido a la falta de confianza, el sistema monetario internacional en su totalidad también colapsa- rá. Eso es lo que anticipo.