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OH MUJER, GRANDE ES TU FE

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Lectura 22 de Mateo

OH MUJER, GRANDE ES TU FE

San Mateo 15:1-28

V.C.: 15:28 “Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe: hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora”.

La palabra de hoy habla de los escribas y los fariseos que fueron a Jesús para criticarlo y de una mujer cananea que fue a Jesús con corazón humilde para recibir su gracia. Jesús les enseñó a los fariseos y a los escribas qué es lo que contamina al hombre. Nuestro corazón está sucio a causa de nuestros pecados, pero podemos limpiarlo con el poder de Dios. También podemos recibir la gracia de Jesús por la fe como la que tenía esa mujer cananea. Oro que Dios nos ayude a llevar una vida limpia y de fe a través del mensaje de hoy. Amén.

I. Lo que contamina al hombre (1-20)

Miren los vs.1,2. Se acercaron a Jesús ciertos escribas y fariseos de Jerusalén, y le criticaron diciéndole: “¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de los ancianos?” El v2b comenta que ellos le dijeron esto a Jesús porque no se lavaban las manos cuando comían pan. Nosotros también pocas veces nos lavamos las manos antes de comer. Pero, ¿por qué era tan importante ese asunto? Los judíos tenían la tradición de los ancianos. Si la ley de Moisés era la ley escrita, la tradición de los ancianos era la ley oral.

La tradición de los ancianos incluía las deducciones, tales como los lavamientos de manos, que los escribas y los expertos habían desarrollado a través de muchas generaciones. Los judíos guardaban la tradición de los ancianos como la ley de Moisés. Para ellos lavarse las manos no era sencillamente cuestión higiénica, sino religiosa. Como nosotros sabemos los judíos distinguían claramente entre lo puro y lo impuro. Había animales impuros, insectos impuros y hombres impuros, etc. Además cualquier cosa que tenía contacto con los impuros, se convertía en impura. Por ejemplo, una mujer de flujo de sangre era impura. Si ella se sentaba en una silla, esa silla se hacía impura. Si ella tocaba una pared, esa pared se convertía en impura. Por eso los judíos se alejaban de ella para no ser impuros. Los hombres muertos eran impuros. Entonces, si uno tocaba a un hombre muerto, llegaba a ser impuro. Por eso cuando nosotros vemos la parábola del buen samaritano, podemos entender que el sacerdote y el levítico pasaron lejos de un hombre atacado por ladrones, pensando que ya estaba muerto. Así que los judíos

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hacían muchos esfuerzos para ser puros. Ellos nunca querían tocar la pared que había tocado una mujer con flujo de sangre. Ellos nunca querían sentarse en una silla donde se había sentado esa mujer. Sin embargo, uno no sabía si esa pared había sido tocada por una mujer con flujo de sangre. Aunque ellos tenían mucho cuidado, siempre había posibilidad de ser contaminados por los impuros. Por eso para ellos lavarse era un rito. Cuando nosotros vemos San Marcos 7:3,4, podemos saber que volviendo de la plaza, si no se lavaban, no comían. Ellos lavaban sus vasos, jarros, utensilios de metal, los lechos, etc. para purificarse, porque había posibilidad de ser contaminados por los insectos impuros. Para los judíos lavarse las manos tenía un sentido religioso más que higiénico. En la mesa ellos dejaban una jarra para lavarse las manos antes de comer. Los judíos estrictos se lavaban las manos antes de comer y después de comer cada 2 platos. Sin embargo, los discípulos de Jesús no cumplían esa tradición de los ancianos. ¿Por qué? Primero, ellos vivían bajo la gracia de Jesús, segundo, ellos siempre tenía mucha hambre, es decir que no tenían suficiente paciencia para lavarse las manos antes de comer. Entonces, los fariseos veían que los discípulos de Jesús eran muy impuros. Ellos no podían aceptar esa actitud de los discípulos de Jesús, por eso vinieron a Jesús y le criticaron.

¿Qué respondió Jesús ante esta crítica de los escribas y los fariseos? En lugar de explicarles la razón por la que no se lavaban las manos, Jesús les mostró qué error cometían ellos. Jesús les dijo que ellos quebrantaban los mandamientos de Dios por su tradición. Honrar a tu padre y a tu madre es el mandamiento de Dios. La ley enseñó que el que maldijere al padre o a la madre, moriría irremisiblemente. Sin embargo, ellos decían a sus padres: “Es mi ofrenda a Dios todo aquello con que pudiera ayudarte”, entonces, ellos podían ser libres de utilizar sus bienes para ayudar a sus padres. Los judíos utilizaba la palabra “Corbán”, la cual quiere decir: “mi ofrenda a Dios”, para no ayudar a sus padres. Por ejemplo, si uno decía a sus padres, “Es Corbán todo aquello con que pudiera ayudarte”, nadie podía tocar ese dinero, porque ya había sido entregado a Dios.

La tradición de los ancianos estableció esta costumbre porque sabían que adorar a Dios era superior a honrar a su padre y a su madre. Si los dos mandamientos: No tendrás dioses ajenos delante de mí y honra a tu padre y a tu madre, llegan a chocar, sin duda nosotros debemos obedecer el mandamiento para Dios. Por ejemplo, si los padres idólatras obligan a sus hijos a cometer idolatría, los hijos tienen que desobedecer a sus padres para adorar a Dios. Había un hermano que se convirtió en un evangélico y asistía al servicio dominical fielmente. Un día su padre le dijo: “No vayas a la iglesia”, pero el hijo respondió: “Papá, tengo que ir al servicio dominical para servir a Dios”, entonces el papá le

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dijo: “Obedéceme a mí. La palabra dice: “Honra a tu padre y a tu madre”. Es verdad que nosotros debemos honrar y obedecer a nuestros padres, pero si ellos están fuera de Dios, nosotros debemos servir a Dios con prioridad, porque nuestros padres también fueron creados para adorar a nuestro Dios. Algunos judíos no querían ayudar a sus padres con sus bienes, por eso les decían que sus bienes eran Corbán. En otros casos, después de declarar sus bienes como Corbán, si uno sentía la necesidad de ayudar a sus padres materialmente, y quería usar ese dinero entregado a Dios, los escribas estrictos les decían que no podían tocar el dinero entregado a Dios para ayudar a sus padres. Así que ellos invalidaron el mandamiento de Dios por su tradición.

¿Por qué los judíos cayeron en ese formalismo? ¿Por qué ellos no entendían la esencia de la ley? Jesús les dijo que su pecado era la hipocresía. Leamos vs.8, 9. “Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres”. Aunque los fariseos y los escribas lucharon para guardar la tradición de los ancianos, sus corazones estaban lejos de Dios. Ellos no servían a Dios, sino a sus propias doctrinas. Esta enseñanza de Jesús era muy revolucionaria para los judíos. Les parecía que Jesús negaba las leyes de Dios. Les parecía que Jesús no aceptaba las leyes de pureza e impureza. Entonces, ellos pensaban que Jesús abolía las leyes de Dios. Al escuchar la discusión entre Jesús y los fariseos, los discípulos se preocupaban y le dijeron a Jesús: “¿Sabes que los fariseos se ofendieron cuando oyeron esta palabra?” Pero Jesús les respondió que los fariseos eran ciegos espirituales y serán juzgados por Dios.

Jesús dijo que todo lo que entra en la boca va al vientre, y es echado en la letrina. Es decir que todo lo que entra en la boca no contamina al hombre porque va a salir en la letrina. Entonces, ¿qué es lo que contamina al hombre? Leamos los vs.18 al 20. “Pero lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre. Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias. Estas cosas son las que contaminan al hombre; pero el comer con las manos sin lavar no contamina al hombre”. Jesús dijo que lo que sale de la boca contamina al hombre. Lo que sale de boca, del corazón sale. A través de conversar con una persona, podemos saber qué tiene en su corazón. Si un muchacho habla de las chicas y del sexo, su corazón está ocupado con chicas y sexo. Si un muchacho habla de su estudio, su corazón está ocupado en sus estudios. Si un muchacho habla de negocios, su corazón está ocupado del negocio. Algunos tienen mucho cuidado de hablar, por eso no manifiestan fácilmente su corazón, sobretodo ellos se cuidan mucho al hablar con su pastor. Sin embargo, lo que está en su corazón

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sale inconscientemente por su boca. Cuando uno habla de algo durmiendo, podemos saber que esto es lo que tiene en su corazón. También cuando uno bebe licor, pierde el control de su lengua, por eso habla de lo que tiene en su corazón. Por eso muchos beben licor cuando quieren hablar de lo que le cuesta mucho hablar. Por lo tanto, debemos saber que lo que tenemos en nuestro corazón se manifiesta por nuestra boca y nuestras acciones. Entonces, para llevar una vida limpia y pura, nosotros debemos limpiar nuestro corazón.

¿Qué sale de nuestro corazón? Los malos pensamientos como odio, envidia, deseo carnal, suicidio, etc. Cuando uno tiene odio al otro, de su corazón sale el homicidio, y planea cómo matarlo, y lo mata. Cuando uno tiene mucho deseo carnal en su corazón, él no puede controlar ese deseo, por eso comete adulterio y fornicación aunque conoce las consecuencias. Por la avaricia del corazón, salen los hurtos, por el engaño, los falsos testimonios, por el orgullo salen las blasfemias. Si nuestro corazón está contaminado, las cosas impuras salen de nuestro corazón y contamina al hombre. La semana pasada tuve la oportunidad de hablar con un hombre casado. Él bebió 5 botellas de cerveza para poder confesarme sus pecados. Su esposa es una mujer evangélica que se dedica mucho para servir la obra de Dios. Pero este hombre no va a la iglesia. Hace 5 meses él conoció a otra mujer y cometió adulterio con ella. Él la buscaba casi todos los días y ellos tuvieron relaciones sexuales. Él me confesó que él se sentía feliz con ella, pero tenía miedo de perder a su esposa y a sus hijos. Por eso ellos tuvieron esa relación secretamente. Sin embargo, cada vez la mujer le pedía más tiempo, y su conflicto interno creció más. Él no sabía qué tenía que hacer en esa situación. Pero un día cuando él estaba comiendo con su amante, vino un hombre y le dijo que esa mujer era suya, es decir que ella tenía dos hombres a la vez. En ese momento él se sentía muy decepcionado y me preguntó qué podía hacer. Aunque uno no quiere cometer pecados, si su corazón está contaminado por el pecado, va a cometer pecado. Esto contamina al hombre y a la sociedad.

Entonces, ¿cómo podemos limpiar nuestro corazón? Con Ajax no podemos limpiar nuestro corazón. Aunque tomemos muchos líquidos limpios no podemos limpiar nuestro corazón. Aunque tomemos decisiones firmemente para no pecar, no podemos limpiar nuestro corazón. Solamente la sangre preciosa de nuestro Señor Jesús puede limpiarnos de todos nuestros pecados. Entonces, podemos llevar una vida limpia y pura. Había un muchacho que buscaba a las prostitutas. Él quería llevar una vida limpia, y tomaba decisiones muchas veces, pero cada vez que se sentía tentado, él caía en el pecado. Un día cuando estaba saliendo de la casa de las prostitutas, cayeron los pedazos de vidrio frente a él porque se rompió una ventana de arriba. En ese momento él sintió gran miedo porque pensaba que su vida podía

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terminar de esa manera tan miserable. Luego él encontró a un pastor y el pastor le explicó por qué Jesús murió sobre la cruz, y él se arrepintió de sus pecados y su corazón se limpió por la sangre de Jesús. Ahora él está sirviendo a un ministerio siendo pastor de las ovejas de Dios. Había otro muchacho que tenía un gran rencor en su corazón a causa de la pobreza de su familia. Él tuvo que huir de su casa a la casa de su tío porque su papá tenía muchas deudas. Pero su tío lo rechazó, entonces tuvo que salir a la calle sin casa, y pensaba fijamente en su corazón que iba a vengarse del mundo. Él quería ser un fiscal y soñaba con matar a todos sus enemigos. Pero cuando él conoció el amor de Jesús, la sangre preciosa de Jesús limpió su corazón, él perdonó a sus enemigos y se convirtió en un pastor de la iglesia. Hay muchas historias de los que fueron limpiados sus corazones por la sangre de nuestro Señor Jesús quien murió por nuestros pecados sobre la cruz. Si uno recibe este amor de Jesús, su corazón se limpia y él puede llevar una vida conforme a la voluntad de Dios. Tenemos menos de 2 semanas para la convivencia de verano. Oro que todos nuestros hermanos puedan participar en la convivencia y limpiar sus corazones para llevar una vida santa y pura con nuestro Señor Jesucristo. Amén.

II. La fe de una mujer cananea (21-28)

¿A dónde se fue Jesús? La palabra dice que Jesús se fue a la región de Tiro y de Sidón. Tiro y Sidón son las ciudades gentiles que se ubicaban en el norte de Israel. Jesús casi nunca salía de Israel, por eso fue muy extraordinario que Jesús fuera a la región de Tiro y de Sidón. ¿Por qué fue Jesús allá? Posiblemente porque quería tener un tiempo tranquilo con sus discípulos y orar ante Dios. Como sabemos Jesús no podía encontrar un lugar tranquilo porque le buscaba mucha gente. Pero Él necesitaba orar solo antes de subir a Jerusalén para morir sobre la cruz por nuestros pecados. Sin embargo, en la tierra extranjera también había una mujer quien reconoció a Jesús y le pidió ayuda. Leamos el v22. “Y he aquí una mujer cananea que había salido de aquella región y clamaba, diciendo: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio”. Ella tenía una hija, pero su hija estaba endemoniada. Las madres se sienten muy tristes y preocupadas si sus hijos tienen gripe. Entonces, ¡cuán gran dolor tendría ella viendo a su hija endemoniada! Ella era siro-fenicia, es decir que ella era de la cultura griega, la cual se consideraba superior a la cultura hebrea. Aunque los judíos menospreciaban a los gentiles, los griegos eran intelectuales y formaban una cultura brillante. Entonces, no era sencillo que una mujer siro-fenicia se acercara a Jesús. Luego ella se postró a los pies de Jesús. ¿Cómo pudo ella dejar todo su orgullo para arrodillarse ante Jesús? Por el amor a su hija. Ella

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estaba dispuesta a humillarse ante Jesús para salvar a su hija. Cuando ella llamó a Jesús como Hijo de David, ella sabía que Jesús era el Mesías prometido.

Sin embargo, ¿qué hizo Jesús ante su petición? Jesús no le respondió ni una palabra. Es decir que Jesús no le ayudó de inmediato. Jesús siguió su camino. ¿Por qué no le ayudó inmediatamente? Podemos saber que Jesús estaba probando su fe. De la manera en que Jesús no les respondió a los ciegos que le seguían hasta llegar a su casa, Jesús no le respondió a la mujer para que ella aprendiera mayor fe. Entonces, la mujer siguió a Jesús dando voces. Esa situación hizo sentirse incómodos a los discípulos, por eso ellos le rogaron a Jesús: “Despídela, pues da voces tras nosotros”. Pero, ¿cuál fue la respuesta de Jesús a ellos? Leamos el v24. “El respondiendo, dijo: No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel”. ¿Qué quiere decir esta palabra de Jesús? ¿Jesús es el Mesías solamente para los judíos? Jesús vino a salvar a todo el mundo, entonces, ¿por qué Jesús les dijo que había sido enviado para la casa de Israel? Jesús tuvo muy poco tiempo para cumplir la voluntad de Dios. En 3 años de su ministerio Jesús tuvo mucho trabajo para ayudar a las ovejas y sufrir y morir por ellas. El ministerio de Jesús fue enfocado en Israel. Jesús es el Mesías para todos los pueblos, sin embargo, la prioridad de su ministerio estaba en Israel. Luego Dios levantó a Pablo para predicar el evangelio a los gentiles. Por lo tanto, esta palabra no significa que Jesús no quería salvar a los gentiles, sino que Jesús tenía prioridad en la casa de Israel.

Entonces, la mujer vino y se postró ante él, diciendo: ¡Señor, socórreme! Cuando una oveja le pedía a Jesús con este corazón ardiente, Jesús le ayudaba, pero la respuesta de Jesús fue increíble. Leamos el v26. “Respondiendo él, dijo: No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos”. ¿Qué quiere decir esta palabra? El pan es la bendición de Dios. Los hijos son los judíos. Los perrillos son los gentiles. Jesús dijo que no estaba bien tomar la bendición de los judíos y echarla a los gentiles. Más que otra cosa, ella podía ser afectada porque Jesús la consideró como un perrillo. Los judíos consideraban a los gentiles como perros. Los perros judíos eran callejeros que buscaban comida en basureros. Ellos eran sucios. Así los judíos menospreciaban a los gentiles. Entonces, la mujer podía sentirse muy mal por la palabra de Jesús. Pero, ¿por qué Jesús se lo dijo? Nosotros no podemos saber bien con qué tono le habló Jesús. Aunque es la misma palabra, el oyente puede sentir diferente dependiendo de cómo se dicen las cosas. Además Jesús usó el vocabulario “perrillo”. El perrillo es diferente al perro. El perrillo no es un callejero, sino una mascota que vive en las casas con los hombres. Por lo tanto, podemos imaginar que Jesús se lo dijo con un tono suave sabiendo que los judíos consideraban a los gentiles como perros. De cualquier forma, uno puede sentirse mal por ser considerado como un perro. Por eso, ella podía discutir con

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Jesús diciéndole: “Si no quieres ayudarme, no lo hagas, pero, ¿por qué me dices que soy un perrillo?” Pero ella era una mujer humilde. Ella sabía que era una gentil que no merecía recibir la bendición de Dios. Ella aceptó la soberanía absoluta de Dios. Además ella confiaba en el amor del Mesías. Entonces, su fe y humildad la hizo responder sabiamente ante Jesús. Leamos el v27. “Y ella dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos”. Es verdad que los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos. Cuando los amos comen en la mesa, los perrillos se les acercan y mueven sus colas para recibir migajas de la comida. Entonces, los amos les tiran unas migajas, y los perrillos se sienten muy felices. Ellos no se sienten mal por no poder estar sentados junto con sus amos. Tampoco se sienten mal por no poder comer un plato completo. Ellos reciben las migajas que caen de la mesa con alegría. Los orgullosos se sentirán muy mal si no les sirven un plato completo. Pero los humildes reciben las migajas de bendición de Dios con alegría.

Para recibir la bendición de Dios, nosotros debemos ser humildes. Debemos pedirle a Jesús las migajas de la bendición. Como Pablo dijo somos hijos adoptados, y ramas injertadas. El evangelio les llegó a los gentiles para provocar el celo a los judíos. Nosotros no fuimos pueblo escogido originalmente. De verdad las bendiciones que recibimos son migajas de la bendición. Los humildes obedecen a Jesús y reciben su bendición. Jesús bendijo la fe de la mujer y le dijo: “Oh mujer, grande es tu fe: hágase contigo como quieres”. Y su hija fue sanada.

En conclusión: Hoy aprendimos lo que contamina el corazón del hombre, y que nosotros podemos limpiarlo con la sangre de Jesús. También aprendimos la fe de una mujer cananea. Oro que podamos recibir las migajas de bendición siendo humildes ante Jesús. Amén.

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