LAS CASONAS DE
LAS CASONAS DE
AREQUIPA
AREQUIPA
HISTORIA Y
HISTORIA Y
ARQUITECTURA
ARQUITECTURA
CIVIL
CIVIL
LAS CASONAS DE
LAS CASONAS DE
AREQUIPA
AREQUIPA
HISTORIA Y
HISTORIA Y
ARQUITECTURA CIVIL
ARQUITECTURA CIVIL
JONATHAN NIETO MORALES JONATHAN NIETO MORALES JEAN JAEL VELASQUEZ PINTO JEAN JAEL VELASQUEZ PINTO
AREQUIPA - PERÚ AREQUIPA - PERÚ
© 2009
© 2009
Derechos Reservados conforme a Ley. Derechos Reservados conforme a Ley.
La ciudad de Arequipa, ha sido marcada por los movimientos telúricos a lo largo de su historia, y esto se ve reflejado en al evolución de las construcciones civiles ya que desde inicios de la colonia, en el siglo XVI, se construían casas con techos de par y nudillo sistema que consistía en la construcción de un armazón hecho con maderos amarrados con cueros sobre los que se colocaba esteras, carrizos o paja y posteriormente se ponía tejas de arcilla; pero a consecuencia de los frecuentes movimientos telúricos, las tejas de los techos se caían y producían la muerte de mucha gente, por lo que el Cabildo prohibió su uso a fines del siglo XVII y principios del siglo XVIII; por lo que surge el típico estilo de la construcción arequipeña, caracterizado por bóvedas y muros de sillar.
Hasta este tiempo hay gran variedad de casonas que han logrado resistir el paso del tiempo, lo único que nos apena es que gran parte de estas se están destruyendo o vendiendo a personas que no tienen la menor idea que estas casonas son parte de nuestro patrimonio, por dichas razones, se hace necesario hacer una relación y descripción de las casonas coloniales que son parte de nuestra historia y que además están habilitadas para recibir turistas y especialistas en arquitectura, además de ser una fuente de consulta para cualquier guía y colega que necesite esta información para su ámbito laboral.
“El presente libro esta dedicado a nuestros padres por su amor, su comprensión y su apoyo para realizar nuestros estudios y lograr nuestros proyectos profesionales. A nuestros profesores por
enseñarnos la importancia y el valor de cuidar e informar acerca de nuestro patrimonio cultural y la historia de nuestra tierra”.
INDICE
Prologo. . . .4 Dedicatoria. . . …..5 Introducción. . . ….. . . .7 PRIMERA PARTE Generalidades. . . ….9Características de La Arquitectura Colonial. . . .12
Arquitectura Civil. . . .... .16
SEGUNDA PARTE Casonas de Arequipa. . . ….19
Casa del Moral. . . …. . .24
Casa Tristán del Pozo. . . ….. .42
Casona Goyeneche. . . ... . . .56
Casona Corbacho. . . ….. . . .68
Casona Chávez de la Rosa. . . ... . . .84
Casona Pastor. . . …. . . .96
Casona Arequipa al Día. . . …. . . 105
Glosario
. . . ….. . . .124INTRODUCCION
Arequipa es conocida como la "Ciudad Blanca" por la especial blancura del "sillar", material volcánico abundante por esta zona, con la que fueron construidos sus magníficos templos y grandiosas casonas, como el de La Compañía; conventos, como el de Santa Catalina; y palacios, como el de Huasacache, también conocido como La Mansión del Fundador además de casonas coloniales como la de Tristán del pozo o Rickets y la gran casona del Moral. Su belleza, su luz especial y sus paisajes cautivan al visitante.
Por su clima extraordinario, seco y límpido, con más de 300 días de sol al año, con temperaturas que no suben de 25 grados y muy rara vez bajan de los 10, Arequipa también es conocida como la ciudad del "Eterno Cielo Azul".
Arequipa has sido nombrada por la UNESCO en el mes de noviembre del 2000 como patrimonio cultural de la humanidad tomando en cuenta para dicho reconocimiento la originalidad de su arquitectura en la que destacan la presencia de la mayoría de Hermosas Casonas Coloniales que aun se mantienen en buenas condiciones y que muestran la historia de nuestra ciudad. El presente libro está motivado debido a ese reconocimiento ya que con este trabajo de investigación queremos aportar a la promoción de las casonas como atractivo turístico cultural para la ciudad de Arequipa y promover el cuidado y la conservación de estas construcciones para mantener nuestra identidad como una ciudad histórica.
Los fundamentos por los que se propuso la inscripción de Arequipa en el patrimonio mundial, son la originalidad, representatividad, tipismo, influencia regional, localización geográfica privilegiada, traza y trama urbana, material, sistema constructivo y ornamentación, que son producto de un rico mestizaje y sincretismo culturales, a ello se agregaba la necesidad, para garantizar su futura conservación y su potencialidad, del reconocimiento como valor universal por la UNESCO.
talento creador de un pueblo reflejado en la robustez de los muros de sus edificaciones, en el uso extendido del arco y la bóveda con sistema estructural, en la magnificencia de
sus románticos espacios internos y en la fina ornamentación barroca de sus fachadas”.
“Sobre una estructura sólida y definida se teje un muralismo floral. Encima de los altos
paramentos y fustes de las columnas se disponen relieves naturalistas. Margaritas, enredaderas, cactus, hojas de acanto, parras, sirena y pájaros combinadas con alegorías virreinales y evangelizadoras como querubines y ángeles, espadas y cimitarras, anagramas y cruces, toda esta textura barroca se corona con frisos que flanquean a
gárgolas con formas de pumas o personajes mitológicos”.
“La profusión ornamental no fue un simple recurso estético, responde a un sistema
ideológico, a un misticismo, que combina con coherencia el panteísmo americano con la apologética cristiana. Mezcla igualmente el águila bicéfala de los Austrias, símbolo del
poder imperial español, con la flor de cantu, emblema de la realeza incaica”.
“La autenticidad e integridad de la arquitectura de sillar está determinada por su
espesura considerable para los muros (metro o metro y medio para los muros domésticos, más de dos para los templos); aparejados con argamasa de cal y arena, con los interiores de tabique rellenos con piedra rosada, adquirían consistencia. La escasez de madera impuso la bóveda en las coberturas, sea en ladrillo o en sillar, dando a las edificaciones una solidez monolítica. El barroco arequipeño es planiforme y textilográfíco, el sillar no permite sino molduras gruesas, redondeadas, de perfiles amplios, relieves hondos y moldeados planos, que con la luminosidad local logra una
dinámica formal que ameniza y aligera la pesadez de su estructura”.
“El mérito de la arquitectura arequipeña, no está limitado a la grandiosidad de sus
monumentos religiosos que otras ciudades también los tienen. Se debe principalmente a la profusión de casonas de sobria dignidad, de equilibrio en las proporciones, donde el espacio urbano penetra al interior de las manzanas a través de amplios portones y zaguanes, hasta alcanzar el primer patio y a veces el segundo, donde se reproduce el
PRIMERA PARTE
GENERALIDADES
Antes de ocuparnos de las características fundamentales de la arquitectura colonial arequipeña, es conveniente definir lo que hay de común y general en la arquitectura de este periodo. En primer término es necesario señalar las épocas de la arquitectura española que imperan en la colonia; y en segundo lugar, los materiales básicos de construcción.
Los principales estilos de la arquitectura española en relación con la arquitectura colonial en el Perú, son: El Renacentista, de que se destaca el plateresco, con sus reminiscencias góticas y arábigas y principales del clasicismo; abarca el período de la conquista y primeros años del Virreinato. El estilo barroco, se inicia a comienzos del siglo XVII y se extiende hasta fines del siglo XVIII, en que se nota la influencia del
En lo referente a los materiales de construcción que se emplea en la arquitectura colonial, es conveniente indicar que se siguen utilizando los que existen en cada región: en la costa adobe y en la sierra piedra.
La arquitectura arequipeña, según Héctor Velarde, es única porque no llega a tener volumen indígena ni violencia española, surge y aparece con la facilidad y abundancia de un brote natural que hubiera cubierto la ciudad del Misti con magníficas flores de piedra. Sería difícil encontrar otro lugar de América, donde la Arquitectura colonial tenga mayor sello de gracia, frescura y riqueza, siendo siempre verdadera y medida. Solo la naturaleza se permite esas cosas.
Por eso la arquitectura de Arequipa encanta sin causar sorpresa, gusta sin crítica la vemos como un paisaje, como haciendo parte de la tierra misma.
“En Cusco hay superposiciones heroicas y silencios graves en sus monumentos, en
Lima la humildad del material hace de su arquitectura algo ficticio en su lujo y melancólico en su fiesta; si vamos fuera, Bolivia, Ecuador, México, encontramos riqueza exuberante, aislamientos de arquitectura hispana o exaltaciones líricas de piedra hasta lo trágico. La naturalidad absoluta, la arquitectura que nace del acuerdo perfecto entre la forma que llega y el espíritu que la recibe, la tiene Arequipa en sus monumentos donde la idea española se expresa con alegría y lenguaje indígena. La Razón de esta
arquitectura está en la naturaleza misma”.
Los factores principales que actúan, y muchas veces determinan, la formación de una arquitectura son: el geográfico, geológico, climatológico, religioso, social e histórico. Cuando más definidos sean estos factores, la arquitectura tendrá mayor carácter y originalidad. Arequipa, situada entre la costa y la sierra, es un lugar privilegiado, levantada al pie del majestuoso Misti y rodeado de una fresca y rica campiña ofrece una situación de medida y reposo para la arquitectura. Abundancia de piedra blanca, sillar, leve y resistente porosa, piedra lava, fue material nuevo y sorpresivo par los conquistadores hispanos. Clima seco y de una luminosidad intensa. Poblada por indios trabajadores y españoles aventureros, que paulatinamente formaron una familia fuerte, llena de unidad y de vida, en la que la alegría melancólica y panteísta del indio se
Podemos considerar a Arequipa como lugar de equilibrio geográfico u étnico, pero de un equilibrio de extremos que se compenetran consigo misma y la hacen bella, fecunda y sólida. La arquitectura colonial arequipeña expresa elocuentemente ese equilibrio, esa fusión y ese agrado, lo expresa de acuerdo con la naturaleza de su suelo, que alcanza un sistema estructural cuya originalidad y pureza le otorgan una categoría máxima entre las diversas arquitecturas que se desarrollaron en el Nuevo Mundo.
Los frecuentes movimientos sísmicos arruinan constantemente la ciudad; sin embargo ésta sabe rehacerse con mayor vigor. Mientras la naturaleza destruye el hombre tercamente construye y reconstruye, se observa una lucha perenne entre la naturaliza y el hombre. Desde mediados del siglo XVII y durante todo el XVIII la ciudad progresa enormemente desde el punto de vista arquitectónica. El siglo XVII se caracteriza por el esplendor de la arquitectura religiosa, se levantan los principales templos y conventos; mientras que en el siglo XVIII predomina la arquitectura civil , se identifican los principales palacios y casonas solariegas. Arequipa, es paso obligado de los comerciantes y mineros que levantan las iglesias y construyen sus hermosas casonas. La ciudad se forma en siglo y medio aproximadamente y adquiere una absoluta generalización y unidad de estilo que contribuye a su encanto.
Además de los factores señalados, como determinantes de la arquitectura arequipeña, es necesario destacar la luz resplandeciente de su cielo, el frió intenso y sequedad de su atmósfera, la lluvia, la carencia y falta de madera, la abundancia de la maravillosa piedra de construcción denominada sillar, la blancura de la misma, el temor a los temblores por su excesiva frecuencia, la falta de tejas para los techos y otros de menor importancia permitieron que la arquitectura desarrollada en Arequipa fuera una verdadera fórmula estructural de genuina expresión americana.
Según los historiadores y críticos de arte, el sistema de la arquitectura arequipeña es perfecto y consecuencia de la abundancia de la piedra volcánica, sillar, admirable para la construcción y la escasez de madera.
Su estructura es en su totalidad de piedra. El enorme espesor de los muros de sillar es una necesidad en los arranques de las bóvedas y al mismo tiempo, constituyen una garantía contra los movimientos sísmicos y un aislador del frío penetrante. Uno de los lujos naturales de la arquitectura arequipeña descansa en el enorme espesor de sus muros de sillar. Por otra parte, la piedra sillar emplea con frecuencia en las portadas y ventanas; de suerte que, en la arquitectura arequipeña todo es equilibrio, belleza y verdad.
CARACTERÍSTICAS
La arquitectura arequipeña se caracteriza por su unidad de estilo y por su calidad, trabaja en piedra sillar, como hemos señalado, con ciertas peculiaridades que la individualizan entre todas las arquitecturas americanas del período colonial conocidas y que, si se analizan, provienen de algunas disposiciones de construcción que tienen a dar excepcional solidez a los edificios y de que estos en su aspecto decorativo se apartan mas que en ninguna otra región de América de las formas y estilos europeos conocidos, para acercarse a las formas y estilos aborígenes. La arquitectura arequipeña, por lo expuesto, merece un capítulo aparte en la historia de la arquitectura del mundo entero.
Una vez fundada Villa Hermosa en el Valle de Arequipa, se procede a repartir solares y tierras entre los españoles que han tomado parte en la conquista y pacificación de las tierras del Nuevo Mundo y que deciden establecerse en este valle. Autoridades y vecinos, sin pérdida de tiempo, inician la construcción de las obras públicas de beneficio comunal, asi como de sus viviendas.
Entre los fundadores de Arequipa, algunos son artesanos, como Francisco Sánchez, herrero; Diego Martín carpintero; y, Pedro Godínez, alarife. Estos, y varios nombres más. Se consignan en el mandamiento de reparto de tierra del 15 de septiembre de 1540. A ciertos vecinos se les asigna solar y tierras en el ejido y a otros encima de la barranca.
Desde la fundación de la Villa Hermosa llegan artesanos de diversos lugares del Perú, con la finalidad de cumplir en la nueva población los menesteres propios de sus oficios con la esperanza también de conseguir solar y tierras. Entre estos se observa la presencia de Juan Rodríguez y Gregorio Álvarez, carpinteros, a quienes se encargó fabricar el techo de la Primera iglesia mayor que se edificó en la ciudad.
Arequipa tiene el privilegio de haber dado nacimiento a un estilo derivado del barroco europeo, el estilo mestizo, mestizo arequipeño, que se extiende por las iglesias de sus alrededores primero y por el Altiplano llegando hasta Sucre y Potosí después. Pero el arte mestizo no debe considerarse como producto exclusivo de in tipo social, caracterizado por la raza o casta, sino de un individuo social, artista y psicológicamente americano, el español es diferente al indio frente a su problema de expresión artística; sin embargo, actúan conjuntamente formando un binomio.
Tan americano resulta el uno como el otro, en cuento se ha producido el fenómeno de la conjunción, de su mezcla, no únicamente de la sangre, sino particularmente de la cultura en sus compromisos y secuencias. Con el término americano no queremos significar únicamente al americano remoto, precolombino, sino al que va surgiendo en esta nueva etapa histórica de la dominación hispánica.
Entre ambos polos individuales y sociales, la experiencia del maestro hispano y el sentimiento de artesano y aprendiz americano se llega a la conclusión de que ambos paulatinamente van perdiendo alguna parte de su mundo de perspectivas tradicionales y con proyecciones futuras de esperanza. Y ambos, en este nuevo campo, se someten a un reajuste social lleno de sorpresas. El español al contrario de otros pueblos dominadores y conquistadores, se entregó a la tierra del nuevo mundo y mezcló su sangre con la indígena.
Los naturales y mestizos se integraron al espíritu del arte barroco con especial devoción. Se entregaron fáciles y decisivamente a las nuevas creaciones decorativas interpretadas con sentido barroco, conservaron los caracteres primitivos, caracteres y acento que los maestros españoles o criollos traían desde España, o de otros lugares de América donde
Esta tarea es facilitada por la extraordinaria habilidad de los indígenas para asimilar la tecnología traída por los españoles. Consideramos que fue pequeña la parte del maestro cantero, improvisado español muchas veces, a parte de los números técnicos que asistieron desde España, o mayor al del indio no menos improvisado para el arte occidental, lo evidente de todo esto es cómo se produce el mestizaje.
El artista americano, local o colonial, no titubea ya en utilizar los motivos de la flora y de la fauna circundante e incorporados a la composición del grutesco, de esta manera el arte se amestiza. Podríamos tesis y antitesis, español e indio, olvidan las antinomias y sintetizan en una fórmula viable el sentimiento decorativo popular.
Lo que caracteriza este nuevo barroco en el Perú, es la forma local que toma la composición. El arte puro, ingenuo y sincero, lo podemos considerar ya como mestizo. Y es en el Perú en pleno siglo XVIII, que lo mestizo se hace típico, adoptando en manos populares para la ornamentación aquel viejo material decorativo no menos popular que fuera el plateresco en España.
De manera que no se puede considerar al estilo mestizo como generado en Bolivia, Ecuador o Perú y desarrollado en lo mismo, con particular pujanza.
Tenemos que considerarlo como arte hispanoamericano, con creaciones derivadas del barroco y que en las diversas regiones de estos países cobra características típicas y peculiares, sin apartarse, desde luego, de lo fundamental del viejo estilo popular español.
El estilo mestizo floreció con mayor o menor pujanza por razones de gustos y simpatías demográficas en algunos lugares del Virreinato peruano. Precisamente en Arequipa es donde se muestran los ejemplares más antiguos, en los que parece germinar este sentimiento arcaico; naturalmente que también por aquellos años florece tanto en Cusco como en Potosí y la Plata; pero en estos otros lugares surge el barroco mestizo sin otros antecedentes. Esto no ocurre en Arequipa, en donde se puede rastrear y observar muestras desde fines del siglo XVI con la aparición de las motivaciones decorativas
Si bien es cierto que resulta innegable que el estilo mestizo, como floración del barroco arcaico, es un episodio de la evolución de este estilo en América en general es, precisamente, en la región de Arequipa, en donde desde fines del siglo XVI. Estuvo el
vivero. Emilio Hard Terré señala “Y adelantándose axiomáticamente: En Arequipa fue
en donde fue haciéndose americano, para luego en cada provincia en donde inspiró el adorno y la edificación, se amestizó a su modo, al punto de sernos hoy típicamente
diversos en cada uno de esos lugares”.
Es necesario establecer que lo mestizo es precisamente esto: no únicamente lo que a raza se debe, sino al modo ideológico en América histórica y social que abre su panorama de incertidumbres hacia el conquistador y el conquistado, que se someten al tiempo y el espacio; que lucha contra las potencias de la naturaleza tanto el propio indígena cuanto el español que se modelan a la colonia. Esta antítesis indiana, o paradoja étnica creó conjuntamente las bases de una formal de vida común para el indio y español.
La arquitectura arequipeña, del periodo colonial, pasa por varias etapas sujetas al material de construcción, siendo las más reconocidas tres. La primera se caracteriza por sus muros de tierra o adobe y techos de tijerales de madera y paja, corresponde al siglo XVI en general; la segunda incorpora a sus muros ladrillos y sus techos excepcionalmente son de tejas y corresponde los dos primeros tercios del siglo XVII, y la tercera, la mas representativa porque tanto sus muros como sus techos son de sillar y comprende el periodo de las tres ultimas décadas del siglo XVII y hasta el siglo XIX por supuesto que el sillar se utiliza desde mediados del siglo XVI aunque en forma muy restringida y limitada, adornos de portadas y ventanas.
LA ARQUITECTURA CIVIL
El temor a los temblores impuso a la casa arequipeña caracteres que le son propios y sus modalidades constructivas repercutieron en el aspecto estético.
La arquitectura civil alcanza su mayor esplendor en el siglo XVIII, en que florecen los palacios y casonas más representativas de Arequipa. La casona que se desarrolla en este siglo se caracteriza porque es de una sola planta, con macizos muros, crujías estrechas y elevadas cubiertas de bóvedas, construido todo en piedra sillar. Un zaguán de ingreso a un amplio patio carente de galerías y sus frentes concebidos como fachadas con puertas y ventanas tan decoradas, a veces como las fachadas de la calle. Los muros se prolongan ocultando las bóvedas recortándose su borde sobre el cielo o rematándose, a lo más, con una simple moldura. Unas gárgolas, por lo general zoomorfas, viertan las aguas al patio o al exterior. La puerta de ingreso y las ventanas ofrecen espacio a la fantasía decorativa; las jambas de estas se prolongan hacia arriba, conteniendo un paño de ornamentación. Un segundo zaguán más pequeño da ingreso a un segundo patio y un tercero a la huerta y galpones.
El muro de la fachada de la casa arequipeña se caracteriza por su altura, liso, de piedra aparejada, coronado de fuertes escalonamientos entrantes y por gárgolas salientes con cabezas de puma estilizadas. El vano de la ventana, pequeño, muy bajo en relación con la altura del muro, tan bajo que se podría pensar en la posibilidad de un segundo piso, lo forman dos anchas jambas salientes y una serie de altos dinteles superpuestos, el ultimo de los cuales es una faja profusamente ornamentada con grandes bordados de carácter indígena.
Toda la ventana así compuesta se espiga con ritmo vertical aplicando sus galas sobre el muro que queda ornamentado por una especie de tapicería blanca, larga y maciza. Toda esta originalísima composición exterior que podría parecer un capricho u obedecer tan solo a un sentimiento ornamental, no es sino la expresión absoluta de la construcción misma de la casa.
En cuanto a la superposición de los dinteles en las ventanas, estos tienen un sentido plástico perfectamente expresivo y rítmico en relación con las diferentes etapas constructivas, desde el arranque de la bóveda hasta la estructura del vano.
El palacio Tristan del Pozo es uno de los más notables ejemplos representativos del estilo barroco arequipeño. Como en todas las portadas arequipeñas, el vano adintelado con pilastras, pone una nota de sobriedad y fuerza, y las columnas embutidas en las pilastras evocan los tiempos lejanos del plateresco español en Santa Cruz de Toledo según Marco Dorta. El amplio frontón de lados curvos rebasa la altura de la fachada, y en el tímpano, un arbusto con 5 ramas en las que florecen otras tantas cantutas, forman a manera de un candelabro, sosteniendo sendos medallones con los monogramas de Jesús, María, José, Ana y Joaquín, representando, de seta manera, el árbol genealógico del Salvador, en tanto que un tallo serpenteante con hojas y florecillas acaba de llenar los espacios libres.
El Palacio de Diego Peralta Cabeza de Vaca, más conocida como Casa del Moral de fines del siglo XVIII, es el más intenso por su carácter y más pintoresco por su larga fachada. Las ventanas presentan curiosas variedades en relación con la construcción misma; algunas son muy bajas porque el nivel del suelo interior es inferior al de la calle, y para que no aparezcan sus coronaciones demasiado erguidas se les ha suprimido uno de sus tres dinteles. Otras al contrario son muy altas, pues para que su último dintel ornamental no se confunda con los escalonamientos e remate del muro se han cortado estos y se han dejado pasar entre ellos un techo inclinado de piedra que corona aisladamente las ventanas. La solución es, en verdad, notable. En cuanto a la portada, se una de las más sugestivas de Arequipa. Los finos capiteles de sus pilastras, la molduración compactante la cornisa del frontón, el movimiento quebrado de sus extremos, la clave central hecha como notas de lana, la cabecilla de ángel que aparece en lo alto del tímpano, hondamente labrado entre hojas y pétalos como una mariposa, son formas y detalles que unidos a los caracteres ya familiares de orden indígena, dejan al observador pensativo sobre todo en verdadero origen de ciertas influencias decorativas que aún no se precisan en la arquitectura arequipeña.
Además de estos dos palacios podemos citar el de la Inmaculada Concepción, conocido también como palacio Chávez de la Rosa, la casona de los Pastor, el palacio del obispo José Sebastián de Goyeneche, la Casona Bustamante y muchas otras del siglo XVIII.
Finalmente, deseamos señalar que los constantes temblores y terremotos que destruyeron la ciudad, fueron un determinante en la arquitectura arequipeña. El centro histórico de Arequipa es en su mayor parte del siglo XVIII, en cuanto a muros se refiere, pero como sus techos cilíndricos han sido destruidos por los terremotos, estos pertenecen al siglo XIX o a comienzos del XX; de la Arequipa del siglo XVI no queda nada, de la del siglo XVII los muros de las iglesias, pues con sus techos ocurre lo mismo que con las casonas.
SEGUNDA PARTE
LAS CASONAS DE AREQUIPA
Lo más notable de la arquitectura civil arequipeña son sus residencias edificadas en el transcurso del siglo XVIII. Las casonas coloniales constituyen uno de los modelos más agradables, proporcionados y originales de toda Sudamérica y afortunadamente, todavía podemos contemplar algunas por las principales calles de la ciudad, que en general han sido cuidadosamente rehabilitadas para galerías de arte, bancos, museos, etc.
A inicios de la colonia, en el siglo XVI, se construían casas con techos de par y nudillo -sistema que consistía en la construcción de un armazón hecho con maderos amarrados con cueros sobre los que se colocaba esteras, carrizos o paja y posteriormente se ponía tejas de arcilla; pero a consecuencia de los frecuentes movimientos telúricos, las tejas de los techos se caían y producían la muerte de mucha gente, por lo que el Cabildo prohibió su uso a fines del siglo XVII y principios del siglo XVIII; por lo que surge el típico estilo de la construcción arequipeña, caracterizado por bóvedas y muros de sillar.
El peso de las bóvedas era diez a quince veces mayor al de los techos de par y nudillo, lo que obligó a ensanchar los muros hasta 0,80 m y a veces a 1,10 m. Estos anchos
muros conocidos como muros de “cajón”, estaban compuestos en realidad por dos
paredes de sillar que se mantenían unidas por un relleno compuesto de cal, arena y canto (piedras de diferentes tamaños), al que se le adicionaba la baba de la penca de tuna o clara de huevo para mejorar su adherencia.
Estas antiguas residencias coloniales construidas en piedra de sillar típica de la región, presentan fachadas de muros lisos cuya única ornamentación suele concentrarse en el tímpano sobre el portón de la entrada, en la parte superior de las ventanas y en las gárgolas que descargan el agua de lluvia de los techos y que generalmente representan animales felinos. Desde los portones principales se distingue el patio en torno al cual discurren las dependencias del edificio, con sus ventanas y puertas que siguen el mismo tipo de ornamentación de las fachadas exteriores.
Esta particular decoración arquitectónica se debió a las confluencias étnico-culturales que permitieron que lo indígena y lo hispanoeuropeo se manifestaran en un estilo con alma y perfil propios, dando origen a la arquitectura mestizo-colonial. Entre las casonas más destacadas que mantienen este tipo de arquitectura se encuentran:
El reconocido historiador Dr. Alejandro Málaga Medina nos dice que "la arquitectura arequipeña se identifica por su unidad de estilo y original belleza que la distingue entre otras de América. La arquitectura arequipeña es expresión viva del equilibrio y la fusión de su suelo y su población, hasta constituir un sistema estructural cuya originalidad le da una categoría especial entre las arquitecturas surgidas en el Nuevo Mundo en el período de la dominación hispánica."
El estilo de la arquitectura arequipeña constituye un capítulo especial en opinión de especialistas como Harold Wethey, Enrique Marco Dorta, Ángel Guido, Ramón Gutiérrez y Antonio Bonet, entre los extranjeros, y Emilio Harth Terré, Héctor Velarde, Felipe Cosío del Pomar, José García Bryce y Víctor Pimentel Gastelumendi, entre los nacionales.
Es reconocido que en la arquitectura arequipeña se fusionan el mundo barroco y el sentimiento aborigen, dando como resultado el denominado Arte Mestizo que se extiende por todo el Sur del Virreinato Peruano, en especial a la provincia de Collaguas y márgenes del Lago Titicaca, Chucuito, Ilave, Juli, Acora, Zepita, Copacabana, La Paz, Potosí y Chuquisaca.
El material básico empleado por esta arquitectura fue el sillar, piedra volcánica de fácil trabajo y más resistente a los movimientos sísmicos que los otros materiales usados en la época, como son el adobe y la quincha. Por este motivo predominan los muros anchos, crujías altas con techos de bóveda y de una sola planta. La influencia aborigen se percibe particularmente en la decoración.
Como se indica en el documento que fue analizado en la Reunión Preparatoria del Comité de la UNESCO para evaluar la propuesta de declaración de Arequipa como Patrimonio Cultural de la Humanidad, el corazón de la ciudad histórica está constituido por la Plaza de Armas con sus portales, el Palacio Municipal y la Catedral, el más importante edificio neoclásico del país, construido a mediados del siglo XIX sobre las ruinas de la primera iglesia barroca. En un ángulo de la Plaza se encuentra la Iglesia y los Claustros de La Compañía, conocido como el conjunto más representativo del período barroco mestizo del siglo XVIII.
Otros notables monumentos del Centro Histórico son el Monasterio de Santa Catalina de Siena, las estructuras del complejo de San Francisco, las capillas y conventos de San
Sin embargo, el mérito de la arquitectura arequipeña no se limita solamente a la suntuosidad de los monumentos religiosos. Se encuentra también en las nobles casonas, casas vernaculares de proporciones bien equilibradas. El espacio urbano penetra al interior de las casas por los ángulos de las grandes puertas y los grandes corredores que nos llevan hasta los patios, donde las fachadas esculpidas son análogas a las exteriores, acentuando así la continuidad espacial.
Las casonas como la Casa del Moral, la Casa Tristán del Pozo, la Casa de la Moneda, o la Casa Irriberri, integradas al conjunto monumental, así como las calles y las plazas, aseguran la armonía y la integridad del paisaje urbano dando a la ciudad un valor excepcional.
El historiador del arte hispanoamericano Enrique Marco Dorta, refiriéndose a la arquitectura civil arequipeña del siglo XVIII señala que las casonas solariegas son de una sola planta, con gruesos muros, crujías estrechas y cubiertas de bóvedas. El patio principal carece de galerías y sus frentes están concebidos como fachadas con puertas y ventanas casi tan decoradas como las de la calle. Los muros se prolongan hacia arriba ocultando las bóvedas, recortándose su borde sobre el cielo o rematándose a lo más con una simple moldura, unas gárgolas generalmente zoomorfas que vierten las aguas de lluvia al patio o a la calle. La puerta de ingreso y las ventanas a la calle ofrecen amplio espacio a la fantasía decorativa, que es donde más claramente se manifiesta el mestizaje de diseño y construcción.
El Arquitecto Ramón Gutiérrez hace notar que a partir de la realización de la portada principal de la Iglesia de la Compañía de Jesús en Arequipa, en 1698 según quedó grabado en dicha portada, se había afianzado una sensibilidad específica para el tratamiento de la talla de la piedra de sillar, principal material de construcción de la ciudad. En una primera visión primaba aquella lectura que remarcaba el origen hispano de los programas arquitectónicos y el carácter autóctono de la decoración, a la que se veía como poseedora de "cierta rigidez y severidad bien americanas."
Sin embargo, hoy no nos cabe duda que la producción arquitectónica arequipeña del Siglo XVIII es de una originalidad y creatividad notables, a tal punto que no reconoce similitudes específicas en sus tipologías constructivas y formales con las generadas en otros países americanos o con las propias regiones españolas.
Es elocuente el sentido puntual de una decoración de cartelas con anagramas o fechas ubicadas sobre las claves de arcos en las puertas o en los pasos de los chiflones que comunican los sucesivos patios de las casonas arequipeñas. Como apreciara Ángel Guido, no se trataba solamente de unas temáticas locales sino de una modalidad de ritmos y lenguaje plástico que modifica el barroco europeo, donde esa ornamentación fina y plana "se ciñe y se desliza como hiedra delicada sobre el muro."
Los anagramas de carácter religioso predominan en los elementos icónicos a los que acuden propietarios y artesanos arequipeños. No sólo en las cartelas externas de la Casa del Moral y otras casonas solariegas arequipeñas, sino también a las integradas a las mismas bóvedas internas, la trilogía de "Iesus", "María" y "Joseph" aparecen con reiterada frecuencia, incluyendo a veces a "Ana" y "Joaquín", padres de la Virgen María.
LA CASA DEL MORAL
La Casona del Moral posee una sola planta, en cuya fachada se aprecian las ventanas de la época, coronadas por un doble entablamento; están decoradas por cuadrifolias y cartelas típicas de la arquitectura barroca. El muro de la fachada está levemente inclinado hacia fuera, producto de la gran cantidad de temblores y sismos de Arequipa, además dicho muro se extiende hasta arriba, de tal forma que no permite la visibilidad de la bóveda de cañón. En la parte superior del muro se pueden observar las famosas gárgolas, con formas zoomorfas, que permiten discurrir el agua de las lluvias para no malograr las paredes de sillar.
La portada de la Casa del Moral, está conformada por un solo cuerpo, con una puerta de ingreso cuadrangular de grandes dimensiones que posee clavos de bronce apezonados, notables llamadores, así como un postigo. Dicha puerta principal, está flanqueada por dos jambas y dos pilastras adosadas, las cuales son de fuste liso. El entablamento posee un friso conformado por rosetones y cuadrifolias; en el medio, donde se ubica la clave o dintel, está coronado por una ménsula de regulares proporciones. Luego en el tímpano, podemos apreciar la arquitectura barroca mestiza labrada en la piedra sillar, el cual está compuesto por las siguientes imágenes: el escudo de la familia con cuatro divisiones, el gallo y las llaves cruzadas pertenece a los Santos de San Pedro, familia paterna de don
Manuel Santos de San Pedro; el castillo y un león rampante de los Ortiz de Ocampo y los Antequera, su familia materna. La heráldica tiene en su parte superior una corona hispana con plumas nativas símbolo del sincretismo; a su vez el escudo nobiliario está sostenido por dos ángeles, que también poseen en sus manos unas cadenetas. A los costados del escudo sobresalen dos cabezas de pumas, de cuyas fauces salen tallos; así mismo se pueden ver dos mascarones de cuyas bocas salen vírgulas o troncos ramificados, estos elementos más otros tallados en el tímpano tienen cierto parecido a los textiles paracas, de allí que hablamos de una característica textilográfica y planiforme del barroco mestizo regional arequipeño. Por otra parte podemos ver en la parte inferior del tímpano, sables y arcabuces, que recuerdan la milicia del general don Manuel Santos de San Pedro. El remate o coronación de la portada, muestra un frontón abierto o partido que termina en roleos, que contienen en el centro el rostro al parecer de un querubín. Finalmente la portada está rematada con tres pináculos.
Es justamente en los momentos de mayor auge en el desarrollo de la arquitectura arequipeña cuando se construye la Casa del Moral con las características que hasta hoy muestra. Es de suponer que a principios del Siglo XVIII, en el mismo solar se levantaba una construcción mucho más rústica, propiedad de la Orden Mercedaria. Esta casa fue adquirida, censos (gravámenes) de por medio, por el Maestre de Campo don Bernardo Cornejo y Calderón. Poco después del fallecimiento de don Bernardo en 1729, casado tan sólo un año antes con doña Rosa Bustamante y Benavides, la casa existente quedó prácticamente destruida por acción de un incendio.
Pocos años después, la viuda de don Bernardo contrajo segundas nupcias con el ilustre militar español don Manuel Santos de San Pedro, quien ejercía por ese entonces el cargo de Corregidor y Justicia Mayor de "Arequipa, Characato, Vítor y su jurisdicción”. Don
Manuel Santos de San Pedro recuperó el inmueble de la Orden Mercedaria, previo levantamiento de los censos, y mandó construir la casona, en la década de 1730, con las características básicas que hoy apreciamos.
La intervención personal de Santos de San Pedro en el proceso de construcción de la Casa está plasmada particularmente en el tímpano que adorna la fachada, el más hermoso de la "arquitectura mestiza arequipeña", como solía llamarlo el arquitecto Emilio Harth Terré. El elemento central del tímpano está constituido por un escudo que sintetiza los símbolos familiares del propietario: el gallo y las llaves cruzadas presentes en los escudos nobiliarios de los Santos de San Pedro, su familia paterna, así como el castillo y un león rampante de los Ortiz de Ocampo y los Antequera, su familia materna, según declaración documentada que hace el propio don Manuel.
La Casa del Moral es una típica residencia señorial del Siglo XVIII, en la que habitaron familias aristocráticas, algunos mestizos como sirvientes y cocineros y un número menor de esclavos e indios. Su hermosa fachada muestra pilares y adornos en alto relieve con una batiente de tres fracciones y un tímpano cuyo elemento central es el escudo acuartelado que se ha descrito, coronado y flanqueado por dos ángeles que sostienen cadenas en sus manos y todo un conjunto de formas de la pictografía Paracas, así como símbolos que evidencian la condición militar del propietario.
Se ingresa a la Casa por una impresionante puerta de dos hojas decoradas con clavos de bronce y postigo con llave y cerrojo. Ella se abría totalmente cuando regresaba el señor de la casa en su cabalgadura o su calesa con su familia, o cuando se tenía que recibir importantes visitas. Una de las hojas tiene una puerta pequeña por la que transitaban diariamente los sirvientes que salían a cumplir diversos encargos.
Continuando por el amplio zaguán de cal y canto se llega al primer patio o patio principal, de forma cuadrangular con el piso cubierto por sillares ovales y canto rodado distribuidos en hermoso diseño, con espacios libres para el cultivo de plantas y árboles. Desde el patio se aprecia encima de la puerta del zaguán una cartela con el anagrama de la Virgen María, a cuya devoción parece estaba consagrada la casa. A un lado de la puerta una hornacina con la imagen del "Señor de la Santa Paciencia" invitando a la paz y al recogimiento tanto a moradores como visitantes.
Como lo expresa el arquitecto Ramón Gutiérrez, junto a los valores de un espacio excepcional, ya que el patio de la Casa del Moral pareciera ser el más amplio y generoso de cuantos perduran de la arquitectura residencial colonial, podemos señalar la presencia emblemática del árbol del moral, cuya sombra cobijará las actividades cotidianas de la casa y cuyo carácter de hito urbano alcanzó hasta la denominación de la calle donde se ubica la casa. Tal fue su fuerza en el tiempo que fue capaz de borrar la memoria del autor de la casa a pesar de la ostentosa presencia de su heráldica presidiendo la portada principal.
La organización de la vivienda arequipeña recogía la tradición mediterránea de la "casa de patio" que regulaba a través de sus espacios abiertos la actividad de los diversos recintos. Es así que rodeando el patio de la Casa del Moral se encuentran las principales habitaciones con ventanas enrejadas y puertas de madera sobriamente talladas.
El piso de estas habitaciones posiblemente era enladrillado y cubierto con alfombras tejidas en los alrededores de la ciudad. De su techo pendían arañas de bronce o fierro y cristales, suspendidas por una cuerda con la que las bajaban para encender las velas de cera o cebo, reemplazadas hoy por luminarias eléctricas.
El salón de recibo y el comedor eran los ambientes con mayor decorado por su exposición a los visitantes. Los amplios dormitorios lucían alfombras sobre las cuales descansaban las camas, generalmente de madera, baúles y algunas sillas. Cerca de la cama estaban los utensilios de aseo que consistían en una palangana o jofaina con agua y una bacinica que la servidumbre se encargaba de mantener siempre limpias.
A un costado del dormitorio principal, o de la sala de recibo, se ubicaba el oratorio, infaltable en cualquier residencia de personaje notable. Servía tanto para la oración como para el adoctrinamiento de los niños de la casa, así como para velatorio cuando algún miembro de la familia fallecía. La religiosidad era muy marcada, de modo que todas las habitaciones poseían imágenes sagradas. En la Casa del Moral se encuentran anagramas de Jesús, María y José tallados en el centro de las bóvedas de habitaciones y encima de las ventanas que dan a la calle.
Vinculando el patio principal y el segundo patio se encuentra un segundo zaguán más pequeño, llamado también "chiflón" por las corrientes de aire allí presentes. Según el arquitecto Ramón Gutiérrez, es interesante constatar que el esquema de la casa patio mediterránea incorpora en su pase a América la experiencia de ocho siglos de presencia
árabe en el sur de España ya que desde el zaguán, espacio de transición entre el exterior y el interior, hasta los chiflones que comunican los dos patios principales, persiste la idea de la intimidad de los espacios. Así, en la Casa del Moral, como en otras casas de la época, el zaguán principal está colocado en el centro de la fachada, mientras que el chiflón se ubica en un ángulo, impidiendo la visualización de la intimidad del segundo patio desde el exterior.
Alrededor del segundo patio se ubicaban la cocina, despensa, depósitos, habitaciones de los sirvientes, caballerizas y la huerta. Lamentablemente en la Casa del Moral gran parte de este sector se ha perdido por cuanto en el año 1940 se dividió la propiedad y la "huerta y corralones" fueron vendidos a la Compañía de Bomberos de Arequipa.
En lo que queda del segundo patio, es admirable un corredor de cuatro arcos, utilizado posiblemente como un área de reposo o un comedor de verano por lo agradable de su ambiente y su clima al medio día o al atardecer. En el patio, colorido por el tratamiento de sus muros y el verde de los jardines y la huerta, las texturas modificadas permanentemente por la luz acompañan el secular silencio de esos espacios.
Desde tiempos inmemoriales Arequipa ha soportado el terror destructor de numerosos terremotos. Posterior a la fundación española de la ciudad por don Manuel Garcí de Carvajal, el primer gran sismo del que dan testimonio las crónicas es el ocurrido en enero de 1582, que remeció la naciente estructura urbana desde sus cimientos.
En los albores del siglo XVII Arequipa nuevamente era alcanzada por un fenómeno de fatales consecuencias telúricas: la "reventazón" del Huaynaputina, como la denomina Ventura Travada en su obra "El suelo de Arequipa convertido en Cielo", presentada en el año de 1750 con motivo de la inauguración del Monasterio de Santa Rosa.
Recogiendo testimonios de la época, Ventura Travada escribe que el "lunes de Carnestolendas a 14 de febrero del año de 1600 se comenzaron a oír en Arequipa temblores muy repetidos, aunque moderados, el día 18 fueron más frecuentes y el de 19 pasaron de doscientos temblores. Hallábase la ciudad por la mayor parte mal reparada
fábricas de Arequipa y sus templos, sin quedar en pié más que el de San Francisco, aunque con la media naranja muy maltratada."
Desde la erupción del Huaynaputina hasta 1687 se produjeron numerosos movimientos que causaron pánico pero no doblegaron la voluntad entre la población de la naciente ciudad. El 20 de octubre de ese año la tierra volvió a estremecerse con gran violencia provocando la caída de robustas y compactas construcciones, quedando en pie tan sólo algunas bóvedas y arcos agrietados.
El 16 de mayo de 1788 tres violentos movimientos sísmicos sacudieron la ciudad. El primero duró cerca de dos minutos con oscilaciones uniformes, fuertes y ruidosas, dando tiempo a que la población se protegiese. El segundo fue violento, desgarrando edificios y desprendiendo sillares del medio de las paredes. El tercero fue como un trueno que hizo revolverse la tierra como medio minuto, terminando por destruirlo todo. En agosto de 1868 otro terremoto sembró la muerte y la devastación. Los relatos de entonces dicen que "impetuosos sacudimientos verticales de arriba para abajo hacían temblar los edificios con ímpetu espantoso, las cúpulas de los templos, las elevadas torres sostenidas sobre columnas tan sólidas como una roca... eran sacudidas como una
Un interesante expediente del Archivo Regional de Arequipa, fechado en 1871, nos da una idea del estado de la Casa del Moral luego del terremoto de 1868. Allí se indica que la portada se hallaba inclinada hacia la calle, la bóveda de calicanto del zaguán estaba averiada, lo mismo que las bóvedas de las habitaciones, con algunos sillares caídos. La zona más afectada era la que daba sobre la calle San Agustín (Bolívar), con bóvedas caídas desde los arranques. En la parte de las gradas de sillar había un cuarto de "altos" que estaba caído.
Afortunadamente durante los 90 siguientes años Arequipa sólo sufrió de sismos menores. Así se explica que la Casa del Moral se mantuviese sin agravar su condición y con algunas reparaciones de poca importancia sobre los daños del terremoto de 1868, hasta bien entrado el siglo XX. En 1949 la casa es adquirida por los esposos Arthur y Bárbara Williams quienes, con admirable espíritu visionario, emprenden la tarea de restaurarla y equiparla para convertirla en su residencia.
Son historia reciente los terremotos de 1958 y 1960 en los que se repite la tragedia. El del 58 fue violento, con una duración de minuto y medio que dañó alrededor del 70 por ciento de las viviendas arequipeñas. Aún no había terminado la reparación cuando, dos años después, la tierra volvió a temblar con un grave balance de muerte y destrucción.
Felizmente para entonces la Casa del Moral ya había sido restaurada y sólidamente reforzada, de modo que requirió solamente reparaciones menores. La rehabilitación efectuada por los esposos Williams en los primeros años de la década de 1950, para destinarla a su vivienda, incluyó un sólido refuerzo con estructuras de concreto armado empotradas con gran técnica y habilidad en su voluminosa mampostería. Es así, por ejemplo, que se consolidó toda la fachada en la posición inclinada que le había dejado el terremoto de 1868, seguramente para evitar en lo posible intervenirla, manteniendo su autenticidad.
En 1994 el Banco del Sur del Perú, denominado luego Banco Santander Central Hispano, adquirió la Casa del Moral con el exclusivo y loable propósito de contribuir con el mantenimiento del patrimonio cultural de Arequipa, destinándola a fines culturales y turísticos. Para ello, la Casa fue sometida a un nuevo proceso de restauración y puesta en valor cuyos alcances quedan perfectamente definidos en las bases establecidas por el experto encargado, arquitecto Ramón Gutiérrez.
En lo fundamental dichas bases indicaban que "las obras de arquitectura que constituyen el patrimonio cultural conforman un documento excepcional que permite entender el paso de la sociedad a través del tiempo. Usos, cambios de funciones y gustos se verifican sedimentadamente en cada edificio y nos permiten entenderlo como una unidad cuyo hilo conductor es la misma vida de sus habitantes y usuarios, por tanto, no se trata de volver al edificio a un momento determinado de su vida, ni a sus orígenes fundacionales, sino de rescatar del mismo sus rasgos esenciales y darle una renovada valorización."
Cabe señalar que en esta oportunidad se efectuó también una reevaluación de las condiciones estructurales del edificio. El profesionalismo y calidad de los trabajos realizados tanto en oportunidad de las obras encargadas por los esposos Williams, como por el Banco del Sur, quedaron demostrados con el más reciente terremoto que ha azotado a Arequipa, en junio del 2001, el que ha sido resistido por la Casa del Moral sin el menor daño. La enseñanza salta a la vista y vale como ejemplo.
LOS PRIMEROS PROPIETARIOS DE LA CASA DEL MORAL
Un estudio muy preciso sobre los principales propietarios y moradores de la Casa del Moral ha sido efectuado por el doctor Guillermo Galdos Rodríguez, quien nos dice "una casa no se limita a sus ambientes y estructuras, o a los sillares y piedras que le dan forma, sino que ofrece especial interés el conocimiento de las personas que la habitaron, cuál era su estatus socio económico y, dentro de lo posible, la forma de comportarse, sus problemas y virtudes".
Hasta donde se tiene evidencias documentales de los propietarios de la Casa del Moral, se ha determinado que en los albores del siglo XVIII el solar pertenecía a la Orden Mercedaria. En la década de 1720 el inmueble fue adquirido de dicha Orden por el Maestre de Campo don Bernardo Cornejo y Calderón, censos (gravámenes) de por medio por no contar con los recursos suficientes.
Don Bernardo Cornejo y Calderón nació en Arequipa en 1689, siendo descendiente directo de don Miguel Cornejo, uno de los fundadores de la ciudad en 1540, quien había fallecido defendiendo la corona española en la batalla de Villacurí, frente al rebelde Francisco Hernández Girón. Don Bernardo fue Alcalde de la ciudad en 1716. Casó con la distinguida dama arequipeña doña Rosa Bustamante y Benavides el 17 de enero de 1728 y falleció tan sólo un año después, el 15 de marzo de 1729. Este matrimonio vivió en el inmueble comprado de la Orden Mercedaria, habiendo tenido un hijo, don Miguel Bernardo Cornejo y Bustamante quien también fue Alcalde de la ciudad en 1757, a los 28 años de edad, así como en 1759 y 1764.
Doña Rosa Bustamante había dado poder para testar a su nieto don Mariano de Cornejo y Valcárcel, por haber fallecido anteriormente su único hijo don Miguel Bernardo. En el testamento hecho por ella en 1797 se dice: "Declaro me comunicó que cuando contrajo matrimonio con el ya citado don Bernardo llevó éste a él varios bienes muebles los que se quemaron juntamente con la casa que fue incendiada y que el susodicho compró a censo del Convento de la Merced que es la misma que se halla situada la calle arriba del
Convento de Nuestro Padre San Agustín…"
El 8 de mayo de 1731 el Virrey don José de Armendáriz, Marqués de Castelfuerte firma en la Ciudad de los Reyes un despacho designando a don Manuel Santos de San Pedro como Corregidor y Justicia Mayor de Arequipa, Characato, Vítor y su Jurisdicción. Al hacer una declaración de Capital y Bienes el 7 de julio de 1733, Santos de San Pedro expresa: "... El General don Manuel Santos de San Pedro, residente en esta ciudad de Arequipa, hijo legítimo de don Juan Santos de San Pedro, de la Orden de Calatrava, del Consejo de Su Majestad en el Real Supremo de las Indias, y de doña Josepha Ortiz, mis padres difuntos, natural que soy de la ciudad de Valladolid, en Castilla la Vieja, Reinos de España..."
Don Manuel Santos de San Pedro conoce a la joven viuda doña Rosa Bustamante y Benavides con quien contrae matrimonio el 17 de mayo de 1734. La boda es celebrada por el Lic. Luis Cornejo y Calderón, Deán, Provisor y Vicario General del Obispado, hermano del primer esposo de doña Rosa. El Acta de Casamiento se encuentra en el Archivo Arzobispal de Arequipa, Parroquia del Sagrario, Libro de Matrimonios N° 5 f.33.1734.
En vista de la intención que tenía Santos de San Pedro de contraer matrimonio con doña Rosa Bustamante, el 7 de julio de 1733 había hecho inventario de Capital y Bienes Propios ante el escribano Bernardo Gutiérrez declarando: "Primeramente una Casa que tengo en el Barrio de San Agustín que he fabricado volviendo a comprar el sitio del Convento de La Merced, rebajado un mil pesos del Censo de Tres Mil de Principal, que tiene de costo Diez y ocho mil pesos fuera del Censo..."
Como una ratificación del hecho que don Manuel Santos de San Pedro fue quien construyó la Casa del Moral en la forma que luce actualmente, se encuentra el Inventario de Bienes que hicieron don Manuel y doña Rosa el 1º de septiembre de 1735 ante el Corregidor don Miguel Benítez de Somossa, donde se lee: "Y la dicha doña Rosa de Bustamante dijo no haber más bienes que los expresados que ha reconocido después de la ruina y quema general que se causó en las Casas de su Morada, en que se perdieron muchos bienes como es notorio y dichas casas para volverlas a edificar y que se pusiese en estado de habitarlas fue necesario otorgar escritura en los censualistas de rebaja como consta de escritura otorgada ante Bernardo de Tapia. Allí declara que el edificio que se tiene hecho en las dichas Casas pertenece a dicho General don Manuel Santos de San Pedro por haberlas fabricado con su peculio y lo firmó con su Merced dicho Corregidor" (Archivo Arzobispal del Cusco, Expediente 13, Paquete 1, Caja XI).
Después de servir como Corregidor en Arequipa don Manuel Santos de San Pedro se dedicó al comercio, especialmente al trajín de vinos y aguardientes de Potosí, La Plata y Cusco, para lo que personalmente o mediante apoderados hizo los contratos correspondientes, muchas veces pagando por anticipado el servicio de los arrieros.
Uno de sus apoderados, Gabriel Alfaro, declaró por escritura pública que todas las operaciones realizadas por él fueron a nombre y "tocan y pertenecen al general don Manuel Santos de San Pedro". Una de estas operaciones consistió en la adquisición de 500 sillares de las canteras arequipeñas, del cantero Diego del Quadro, pagando 100 pesos por ellas, cuando la casona había sido adquirida y reconstruida por el General.
En 1749 don Manuel Santos de San Pedro decide viajar a España, posiblemente con el objetivo principal de ordenarse como Caballero de la Orden de Calatrava, a la que había pertenecido su padre. El 4 de agosto de ese año, antes de emprender el viaje, hace testamento que se encuentra en el Archivo Regional de Arequipa.342, Fs. 580, en el que declara la propiedad de la Casa del Moral "con todo su menaje, valorizada en treinta y seis mil pesos, liberada del censo de tres mil pesos..."
En 1751 Santos de San Pedro se cruzaba con la Orden Militar de Calatrava en Valladolid, después de cumplir los rigurosos requisitos para ello, conjuntamente con su hermano el Canónigo don Francisco Santos de San Pedro y Ortiz de Ocampo Velásquez de Minaya y Antequera. Desde entonces lució el emblema de dicha Orden de Calatrava que no había podido llevar en Arequipa cuando desempeñó la Alcaldía de la ciudad en 1744, 1746 y en 1747.
Volvemos a tener referencias documentales de don Manuel Santos de San Pedro en 1761 cuando, de vuelta al Perú, es designado Corregidor de Abancay, cargo que desempeña hasta 1770. Permanece en Cusco para afrontar el ulterior Juicio de Residencia, enfermando gravemente en tal circunstancia.
El 10 de marzo de 1772 fallece don Manuel Santos de San Pedro en Cusco. En su testamento dice: "Declaro por mis Vienes una Casa de altos y bajos que está en la dicha ciudad de Arequipa y la calle que tira para la Iglesia Mayor frente al tambo de don Luis
Cornejo… y es mi voluntad dejarla según y conforme está con todo su menaje y adorno
a mi Esposa. Rosa de Bustamante en parte de bienes y gananciales que deba haber del cúmulo de mis Vienes."
Al no tener hijos don Manuel y doña Rosa, debió corresponder heredar la casa al hijo del primer matrimonio de ella, don Miguel Bernardo Cornejo y Bustamante, lo cual no ocurrió por haber fallecido antes que su madre. Los descendientes de doña Rosa Bustamante y Benavides mantuvieron la propiedad de la Casa hasta 1833, año en el que la vendieron al hacendado y minero puneño don Melchor Pacheco Alatrista.
Justamente una primera referencia que se hace al emblemático árbol de mora que da nombre a la casa y la calle la encontramos en el testamento de don Melchor Pacheco en 1869 donde se lee: "Declara por sus bienes adquiridos por mí la casa de mi habitación
situada en la calle del Moral…"
Más precisa es la referencia que hace la hija, doña Francisca Pacheco y Bustamante quien, en su testamento fechado el 10 de diciembre de 1873 (Archivo Regional de Arequipa, Prot. 501, Fs. 672) dice: "Declaro por mis bienes propios y como legados de
La casona permaneció en propiedad de los descendientes de don Melchor Pacheco y su esposa doña Gertrudis Bustamante hasta la década de 1940. Padeció etapas sucesivas de despoblamiento y hacinamiento cuando ya entrado el siglo XX era utilizada parcialmente como una herrería y en su patio se veía guardar caballos y hasta pastar una vaca, según relatan memoriosos arequipeños.
El interior de la Casa que en tiempo colonial y en el siglo XIX estaba destinada a huerta y establo, había pasado a ser cochera a la que se ingresaba por la calle Bolívar. Este interior, con una extensión de 443,70 metros cuadrados, fue vendido según escritura de fecha 23 de agosto de 1940 a la Compañía de Bomberos de Arequipa y es donde se levanta su actual local.
El solar de la Casa del Moral quedó reducido entonces a una extensión de 1560 metros cuadrados. Sus propietarios, la familia Villegas Núñez del Prado, habían hecho importantes restauraciones y la reconstrucción de las habitaciones situadas sobre la calle Bolívar pero la fachada continuaba inclinada sobre la calle Moral, de modo que, a pesar de las reparaciones efectuadas, la construcción seguía siendo la que originalmente mandó edificar don Manuel Santos de San Pedro.
Esta bella propiedad bastante deteriorada fue adquirida el 23 de diciembre de 1948 por los esposos Arthur Howell Williams, ingeniero de minas británico, y su esposa doña Bárbara Kirtz de Williams, quienes emprendieron un trabajo de restauración y refuerzo de estructuras de carácter integral, siendo verdaderos pioneros en este tipo de trabajos. El recordado historiador Dr. Alejandro Málaga Medina expresa: "La muerte de doña Bárbara, como solían llamarla cariñosamente los arequipeños, fue una gran pérdida para la ciudad de Arequipa, pues había sido la iniciadora de la restauración de la Casa del Moral y su implementación, con ella se inicia la restauración y preservación del Centro Histórico de Arequipa..
Los herederos de los esposos Williams vendieron la Casa del Moral al Banco Industrial del Perú, según escritura del 5 de agosto de 1975. Inicialmente el Banco Industrial destinó la casona para sus oficinas, acondicionándola para tal fin, pero después de un tiempo se trasladó dejándola para fines exclusivamente culturales.
A la desaparición del Banco Industrial, la casona permaneció por unos años cerrada, hasta que en 1994 fue adquirida por el Banco del Sur del Perú con el objetivo de mantener su fin cultural y turístico, contribuyendo de esta forma a la conservación de esta importante muestra del patrimonio arquitectónico de Arequipa. Siguiendo esta política, el Banco del Sur encargó el estudio histórico de la Casa a un equipo de especialistas conformado por el arquitecto argentino Ramón Gutiérrez y los destacados historiadores arequipeños doctores Alejandro Málaga Medina, Eusebio Quiroz Paz Soldán y Guillermo Galdos Rodríguez, cuyo trabajo quedó plasmado en el libro "La Casa del Moral - Un hito en la Historia de Arequipa"
Conocidos los antecedentes históricos, el Banco del Sur encargó el trabajo de puesta en valor al que ya se hizo referencia. El propietario actual de la Casa del Moral es el Banco Santander Central Hispano que, a través de un concesionario, la mantiene abierta al público, para que la conozcan turistas nacionales y extranjeros, así como en general estudiosos y amantes de la historia, la arquitectura y el arte.
EQUIPAMIENTO Y AMBIENTACION DE LA CASA DEL MORAL
La mayor parte del mobiliario y decoración de la Casa del Moral se debe a los esposos Arthur y Bárbara Williams, particularmente a la señora que con gran cariño y buen gusto adquirió muebles antiguos, pinturas, medallones y otros adornos de la época, que también hizo restaurar, para equipar y decorar la Casa que fue su residencia, en la que gustaba recibir visitantes y amigos alojados. Aportes adicionales han sido efectuados por el Banco Industrial y por el Banco del Sur, especialmente en lo que se refiere a un valioso conjunto de pinturas de la Escuela Cusqueña que se han agregado a los dejados por los señores Williams.
La ambientación que los visitantes pueden apreciar en la Casa del Moral incluye un gran salón de recibo o Salón Principal, la Sala de Costura, el Comedor, un Dormitorio, el Oratorio, la Biblioteca y dos grandes salas que se ha denominado la Pinacoteca, por contener una parte importante de la colección de pinturas de la Escuela Cusqueña y otras de la época. La habitación que vincula el primero y segundo patio es denominada la Sala de Mapas, por contener una valiosa colección de grabados y mapas antiguos, trazados por los más famosos cartógrafos de los siglos XVI y XVII.
Entre los cuadros que constituyen la colección de la Casa del Moral destaca un lienzo del siglo XVIII que se luce en el Salón Principal representando a María Magdalena. En este cuadro el autor aparentemente pretendió representar un desnudo, pero finalmente no se atrevió, dejando al personaje con rostro de mujer pero con el torso de varón.
También en el Salón Principal se encuentra una de las pocas pinturas de la Escuela Cusqueña con la identificación del autor. Se trata de un cuadro de la Virgen del Rosario, del reconocido artista nativo Antonio Bilca, fechado el 12 de julio de 1769.
Otros cuadros interesantes son "El Triunfo de la Eucaristía", el "Señor de los Temblores", "El Apocalipsis", "La Virgen del Rosario de Pomata", "San Isidro Labrador" y muchos otros. Destaca por su calidad artística un cuadro representando a Santa Rosa de Lima, Patrona de las Américas, que se encuentra en el Oratorio, donde también se puede apreciar un hermoso retablo cubierto con pan de oro y dos esculturas en madera, al tamaño casi natural, representando dos ángeles en actitud reverente. Atrae el interés de los visitantes un curioso aguamanil tallado en piedra de Huamanga que trasluce una cruz, destacándola del fondo oscuro. Entre los varios cuadros medallones destacan tres confeccionados con tela prensada recubierta de pan de oro, posiblemente del siglo XVI o XVII.
CASA TRISTAN DEL POZO
DATOS HISTORICOS
La hermosa casa que actualmente es sede del Banco Continental en la ciudad de Arequipa data del siglo XVIII. Fue edificada entre 1736 y 1738 para el General don Do-mingo Carlos Tristán del Pozo, sobre un solar de la antigua calle de la Alcantarilla Alta, hoy de San Francisco, comprado por éste y su mujer. Doña Ana María Carazas, a don Andrés de Rosas y sus hermanos, en fecha 24 de junio de 1736.
Se incorporó a este solar “un pedacillo de solar en el fondo de las tiendas de la calle de
los Mercaderes. Estas tiendas, en número de 27, eran propiedad de la Compañía de Jesús y tenían en la parte posterior un callejón que servía de pasadizo, que ha sobrevivido hasta hoy como pasaje público al costado derecho de la casa. El “pesadillo de solar” que se destinó para el canchón o huerto de ésta, fue vendido a don Domingo
por el R.P. Rector de la Compañía el 15 de setiembre de 1735. La fecha de terminación de la construcción, 1738, sería la que figura en el bajorrelieve colocado sobre el arco del zaguán de ingreso al primer patio.
El General don José Joaquín Tristán, hijo de don Domingo, heredó la casa a la muerte de su padre, pero la propiedad permaneció en la familia Tristán solamente 40 años. Ya que el 5 de mayo de 1778, don José Joaquín la vendió al Doctor don Manuel Abad y Llana. Obispo de Arequipa quien a su vez la cedió, al año siguiente. A los Padres Agonizantes de la Orden San Camilo, acto que Consta en una carta de fecha 23 de noviembre de 1779. Pero la donación a los Padres de San Camilo no pudo hacerse efectiva. Porque sobre el inmueble pesaba un gravamen de 21.500 pesos de 8 reales por concepto de censos principales, que no habla sido redimido, por lo que la casa fue rematada en 1793 y adquirida por el Coronel don Raymundo Gutiérrez de Otero, quien a .la sazón la tenía alquilada.
Don Raymundo tomó posesión de ella el 7 de julio de 1796. Mientras tanto, había sobrevenido el terremoto del 13 de mayo de 1784, por lo que es dable suponer que por esta época la casa fue objeto de trabajos de resane o reparación.
El 31 de enero de 1804, el Superior del Colegio de los Padres Agonizantes solicitó al Virrey posesión de la casa donada a la orden por el Obispo Abad, pero unos meses después, luego de realizado un proceso administrativo para dilucidar el asunto, el Superior de la orden aceptó el remate al que había obligado el gravamen no redimido.
Más tarde, heredaron la casa los descendientes del Coronel Gutiérrez, familias Gutiérrez y Cossio, y Ugarteche y Gutiérrez, mencionándose como sucesivos propietarios, hacia mediados del siglo XIX , a don Manuel Ballón y sus herederos, a doña Juana Gómez Ballón, a don Joaquín del Carpio y a doña Juana Manuela Gómez. , hacia fines de siglo, a don Roberto Reinecke. Quien la adquirió en 1887, es decir; 20 años después del devastador terremoto del 13 de agosto de 1868, a raíz del cual la casa debe haber sido nuevamente reparada.
La casa perteneció luego a don José Domingo Montesinos, cuyos herederos la vendieron, por escritura de 5 de mayo de 1917, a la sociedad Guillermo Ricketts e Hijos, cuyas oficinas funcionaban desde hacia algún tiempo en ella. Al convertirse en sede, y luego propiedad, de la firma Ricketts, la casa que había sido originalmente de los Tristán pasó a llamarse Casa Ricketts, vocablo éste, de casa, que en la presente instancia debe entenderse más en el sentido figurado de almacén o firma comercial, que en el original de residencia o casa solariega. La historia de la transmisión de la propiedad de la casona termina con su adquisición por el Banco Continental.
FACHADA E INTERIOR DE LA CASA
Edificada en 1738, en el siglo XVIII, hecha de sillar, con una extensión aproximada de 2 mil metros cuadrados, de estilo barroco mestizo, por llevar figuras correspondientes a la época pre- inca, presenta una sola calle y un solo cuerpo, con una portada hecha de sauce que es rectangular, tachonada o decorada con clavos de la época y sus respectivos llamadores.
A los costados de la portada se observa las jambas con apariencia de pilastras laterales de fustes huecos dentro de los cueles se encuentras columnas dóricas toscanas empotradas, encima de ellas hay un ancho entablamento se contrastan espacios lisos con otros decorados de cuadrifolias y una repisa (ménsula) escalonada en el centro, se levanta el prominente tímpano circundado de una amplia cornisa que concluye en roleos, en los extremos se encuentran pináculos piramidales que aligeran y dan un sentido de verticalidad sobre la fachada.