COMUNIDAD AUTÓNOMA: ARAGÓN
PROVINCIA: HUESCA COMARCA: JACETANIA ZONA: SODURUEL
TÉRMINO MUNICIPAL: JACA
LOCALIDAD O PEDANÍA:
BOTAYA
C. UTM: 30T 693105 4707361 967m
FORMA DE ACCESO: Salir de Jaca por la carretera A- 1205 en dirección Bernués. Una vez llegados a este punto (a unos 17 kilómetros de Jaca), debemos tomar a la derecha, el desvío que conduce hacia San Juan de la Peña (A- 1603). Transcurridos 9 kilómetros encontraremos un nuevo desvío, a la izquierda, en el que comienza el descenso, en picado, hacia Botaya.
DEMOGRAFÍA DE BOTAYA
Botaya está situado a 967 metros de altitud en pleno corazón del Soduruel. Formó municipio propio (que incluía los Monasterios de San Juan de la Peña) hasta que en 1967 pasó a integrarse en el de Jaca, al que pertenece en la actualidad.
El fogaje o censo del reino de Aragón mandado elaborar por el rey Fernando el Católico en 1495 le daba 6 fuegos. Madoz en su Diccionario elaborado entre 1845-1850 nos dice de Botaya: Con ayuntamiento. De la provincia de Huesca. Situado en un pequeño
calle cercado de montes disfruta de buena ventilación, clima templado y saludable. Tiene 35 casas además de la de ayuntamiento, que también sirve de cárcel […]. Población: 14 vecinos, 56 almas. En 1857 contaba con 230 habitantes y 184 en 1900. Hoy en día son 26
los vecinos que viven fijos en la localidad. NOMBRES DE LAS CASAS
Casa Campo; casa Mainer; casa Juan Lorén; casa de Ainés; casa el Sastre; casa Pedro; casa Manuel; casa Francha; casa de Emerenciana; casa el Cojo; casa Fraile; casa Samitier; casa Fañanás; casa Vera; casa Yerno; casa Hermenegildo; casa Guayar; casa Palacín; casa Miguela; casa Bandrés; casa Franciscaz; casa Fernández; casa Pascual; casa Cerzún; casa Tejedor; casa del Herrero (albergue) ; casa Campo; casa Juan Borau;
CARACTERÍSTICAS GENERALES DE LAS CASAS DE BOTAYA
Las casas tradicionales de Botaya responden, lógicamente, a las características generales de la arquitectura popular de todo el Soduruel.
El pequeño caserío de la localidad se organiza en torno a la gran plaza que preside la iglesia parroquial de San Esteban, detrás de la cual se disponen la mayoría de las viviendas de la localidad. En su casco urbano, además, pueden descubrirse bellos rincones de pasadizos en arco como el de casa Juan Lorén. El casco urbano de Botaya está declarado Conjunto urbano de interés arquitectónico dentro de las Directrices Parciales de Ordenación territorial del Pirineo Aragonés (BOA de 28 de diciembre de 2005) y las casas Carpintero (hoy en día espaldada), Herrero y Emerenciana están incluidas en el
Catálogo de Patrimonio Arquitectónico y Etnográfico por el mismo BOA. Botaya
forma parte del Parque Cultural de San Juan de la Peña.
En el entramado urbano Botaya predominan las casas unifamiliares aisladas, aunque también pueden observarse pequeños grupos de dos casas dispuestas en hilera
compartiendo muros de medianería (por ejemplo: casa Jusepe comparte medianerías
con casa Herrero, ambas frente a la portada de la iglesia parroquial; o casa Emerenciana y
casa Francha). Respecto a las tipologías de casas, los edificios domésticos de Botaya a la
tipología de casa- bloque.
Los edificios domésticos de la localidad presentan en su mayoría planta
rectangular y generalmente constan de dos pisos más falsa, repitiéndose en casi todos
ellos el siguiente esquema constructivo: en la planta baja se ubica el patio o zaguán que da paso a la bodega, cuadras, zolles, granero y masadería Característico de las construcciones de la localidad es que casi todas las casas contaban con su propio horno de
pan que se ubicaba, o bien en una de las dependencias que tienen acceso desde el patio, o
bien en un edificio independiente anexo al bloque principal de la vivienda como todavía puede verse, aunque en estado de ruina en casa Diana.
Edificio anexo a casa Diana en el que se ubica el horno de pan. →
En el primer piso encontramos como elemento principal y distribuidor de todo el espacio doméstico la cocina. Centro vital de la casa Pirenaica, en Botaya se conservan todavía algunos ejemplares de fogariles como en Casa Palacín; casa Bandrés y casa
Cristo. De la cocina se suele acceder a la “sala de respeto”, habitación importante y que
solía contar con un par de alcobas, abiertas a la sala a través sendos arcos, sin ventilación directa y que se ocultaban mediante cortinajes. En este piso se ubican también los dormitorios. Por último y como remate de toda la estructura, el tercer piso lo ocupa la falsa.
Las construcciones tradicionales de Botaya se realizan a base de piedra tallada en
mampuestos, reservándose el sillarejo para reforzar las esquinas, mientras que la piedra sillar bien escuadrada se emplea para las embocaduras de vanos y puertas. Los muros de
las construcciones tradicionales se presentan hoy en su mayoría con la piedra vista (casa
Francha; casa Campo; casa Cristo…), pero también hay buenos ejemplares en los que la
fachada principal de la vivieran se presenta con revoco de cal (que no llega a eliminar la textura de la piedra) remarcando, entonces, las embocaduras de los vanos con la piedra en su color (casa Fraile; casa Emerenciana, casa Sastre).
Plaza principal de Botaya: casa Emerenciana (con fachada principal con revoco de cal) y casa Francha con muros de piedra vista.
Respecto a las puertas de las casas existen ejemplos de portadas arquitrabadas
con dintel monolítico de piedra dispuesto sobre salmeres en voladizo (casa Campo, casa Sastre), pero son mucho más espectaculares las resueltas mediante grandes arcos dovelados, ya sean éstos rebajados y con muesca conopial (casa Herrero) o de medio
punto y con escudo en la clave (casa Francha). Estas dos puertas de casa Herrero y
Francha presentan la peculiaridad de estar datadas ambas en 1598.
El armazón de madera de las puertas tradicionales de la localidad solía constar de una sola hoja dividida horizontalmente en dos mitades (casa el Herrero). La mitad superior permanece abierta en verano, aprovechándose para ventilar e iluminar la planta baja.
Puerta en arco rebajado y muesca conopial Puerta en arco de medio punto y escudo en la clave De casa el Herrero (fechada en la clave: 1598) de casa Francha (fechada en 1598)
Respecto a inscripciones y fechas localizadas en las casas de Botaya, correspondientes a la fecha de construcción del edificio o a alguna reforma, podemos destacar las siguientes: Placa de casa Campo con fecha 1899 empotrada en el ángulo superior izquierdo del muro sur de la casa junto al balcón. Y la fecha 1598, labrada en el dintel de casa Herrero y en una de las dovelas de la portada de casa Francha.
Las casas tradicionales de Botaya, como todas las pirenaicas, presentan pocas
aperturas en las fachadas, buscando con ello evitar que se escape el calor del hogar y que
las casas resulten frescas en verano. Las ventanas son de pequeño tamaño en relación con la fachada y se distribuyen de manera irregular, respondiendo a las necesidades de las habitaciones interiores sin guardar, por regla general, ningún eje de simetría.
tallado en un bloque y dispuesto en voladizo sobre la línea de fachada.
En los vanos de las casas, puertas y ventanas, se observan pervivencias e
influencias del románico (vanos pequeños y puertas en arco de medio punto), pero
también del gótico, conservándose en Botaya excepcionales ejemplares de ventanas geminadas góticas como en casa Franciscaz y de cabeceros labrados con muesca conopial como, por ejemplo, en casa Jusepe. En este aparatado debemos destacar la pequeña ventana geminada de casa Francha, compuesta de dos arquillos de medio punto que en origen descasaban en un parteluz, ahora perdido. El cabecero de la ventana está labrado con dos aspas en los extremos y un círculo en el centro, que poseen restos de policromía.
↑ Ventana goticista de casa Franciscaz Ventana de casa Jusepe ventana de casa Francha
Todavía se puede apreciar cómo en las viviendas antiguamente era habitual el
encalado en blanco de los vanos, que tiene una función práctica (localizar la entrada de
hormigas e insectos en la casa), pero que también se ha interpretado en su vertiente profiláctica como defensa de los malos espíritus.
← Ventana encalada de casa Herrero.
Los balcones son de pequeño tamaño y fueron abiertos en los últimos siglos. Cuando existen se disponen o en el primer piso de la fachada principal o en fachadas secundarias siempre buscando la orientación sur. El solado es normalmente de piedra y cuentan con modernos antepechos de forja.
En relación con las cubiertas, casi la totalidad de las casas tradicionales de Botaya cubren todavía con tejados de losa asentada sobre tasca (sólo hay una casa que cubre con teja roja y es por ello reconocida por los vecinos) puesto que Botaya contaba con buenas canteras de piedra y de losas muy próximas (de las que se sacaron los sillares para labrar el monasterio viejo de San Juan de la Peña, cercano a la localidad).
La inclinación de las cubiertas no sobrepasa en ningún caso los 30º (e incluso muchos edificios presentan una menor inclinación), respondiendo al clima duro del invierno del Soduruel, pero más benigno que en los altos valles donde la habitual presencia de la nieve hace que la inclinación del tejado sea mayor. Las cubiertas más habituales en la localidad vierten a dos aguas y resulta una nota peculiar de los tejados de Botaya (y de todo el Soduruel) la doble inclinación que presentan los faldones de la cubierta, necesaria para la acumulación de nieve, de forma que cuando la vertiente se aproxima al alero se quiebra para disminuir el ángulo de inclinación, dotando de una silueta peculiar a la vivienda. De esta forma, la nieve se queda retenida, aprovechándose su capacidad aislante y no cae bruscamente hacia la calle.
En cuanto a los aleros, vuelan poco sobre la línea de la fachada y los más frecuentes son de tablas sobre canes de madera sin decorar; en éstos, es bastante frecuente en el que la última hilera de losas que conforman la cubierta sobresalgan en voladizo sobre la línea de fachada haciendo oficio de alero, o que sean las mismas losas las sobresalgan del tejado, cumpliendo el oficio de alero sin más artificio.
← Casa Campo con estructura del tejado vista en la que puede apreciarse la doble inclinación de los faldones de la cubierta.
manteniendo los materiales y técnicas tradicionales, y otras de mayor antigüedad. Todas ellas están realizadas en piedr toba o tosca y existen ejemplares de tipo troncocónico (casa
Fernández, casa Fraile, casa Juan Lorén, casa Jusepe y casa Campo), pero también rectangulares con gran desarrollo en alzado (casa Cristo y casa Sastre).
Estas chimeneas rectangulares (casa Cristo y casa Sastre) se corresponden en el interior con hogares adosados al muro, de ahí que en el exterior de las fachadas de las casas rematadas con este tipo de chimeneas se haga visible al exterior el volumen del fogaril,
atizador o tizonera para poder colocar los troncos.
Chimenea rectangular y tizonera de casa Cristo Chimenea rectangular y tizonera de casa Sastre.
Dentro de las chimeneas de sección circular, todas están realizadas en piedra tosca aunque algunas están revocadas y pintadas (casa Juan Lorén o casa Fernández). Para la salida de humos optan por hilada simple de piloncillos de tosca y cubren con tejadillo plano de losas muchas veces rematado por espantabrujas, elemento práctico para soportar las losas de remate, pero también signo protector de la casa y de uno de sus puntos más vulnerables, la chimenea, por la cual, según las creencias populares pirenaicas, era por donde accedían las brujas y los malos espíritus. Los espantabrujas más habituales en Botaya se componen de un simple sillar de tosca, ligeramente apuntado, colocado verticalmente, pero hay también vasijas de barro (c.Fraile) y figuras de animales (c. Campo).
CREENCIAS, SÍMBOLOS Y RITOS DE PROTECCIÓN
Respecto a las creencias y ritos de protección de las casas de Botaya, podemos destacar los siguientes:
Para proteger las casas de las tormentas era frecuente en las casas de Botaya encender velas bendecidas. Según nos relataron, estas velas eran las que se colocaban en el “monumento” la tarde de Jueves Santo y se mantenían encendidas hasta el Viernes Santo a las 6 de la tarde. Luego se recogían y se guardaban en las casas para encenderlas y con ellas prevenir el aparato eléctrico de las tormentas. Esta era la misma finalidad que cumplían los ramos de Olivo (en Botaya hay una olivera) que, una vez bendecidos el
Domingo de Ramos se colocaban en las puertas de las viviendas, pero también en las
cuadras y los campos.
Ramos especiales eran los que se recogían la madrugada del 24 de junio, festividad de San Juan. Antes de salir el sol se elaboraban unos ramilletes de malvas, flor de sabuco, rosas, azucenas y una taja verde que en Botaya se llama de San Juan. Estos ramos se guardaban en las casas y una vez secos, se utilizaban para hacer aguas cocidas mezclándolo con agua de salvado y con miel, para curar las afecciones de garganta y resfriados de los miembros de la familia.
Otro ritual de la localidad era el de As enramadas que se celebraba para Pascua Florida. Los mozos preparaban unas ramas de cerezo (no se les ensartaban naranjas, como sí es frecuente en otras poblaciones de la Jacetania) que se colgaban en los balcones de las mozas y ellas correspondían con una docena de huevos.
Y en relación con el fuego en la localidad todavía se recuerda la costumbre de encender la troncada de Nochebuena para la que se reservaba la zoca más grande con el fin de “que la Virgen pudiera calentar los pañales del Niño”, según nos contaron y cuyo fuego debía mantenerse prendido toda la noche.
Y ya hemos señalado como varias de las chimeneas de Botaya rematan con
espantabrujas: Es creencia generalizada en el Pirineo Aragonés que estos elementos de
remate evitaban con su presencia la entrada de las brujas en las casas. Para Mª Elisa
Sánchez Sanz1, en realidad las brujas entraban en las casas por las puertas y la manera de
evitarlo era realizar una serie de ritos cristianos sobre el fuego (trazar cruces sobre las brasas…) de forma que el espantabrujas lo que hacía era avisar a estos seres de que en esa casa eran personas religiosas y que hacían estos conjuros, de forma que cuando ellas iban volando por los aires y los vieran, decidieran no entrar. Hemos mencionado cómo la chimenea de casa Fraile remata con una vasija cerámica. Hoy en día se ha perdido su significado pero, antiguamente, esta vasija era la que había contenido el agua para bendecir el solar de la casa, de forma que cuando se terminaba de construir se colocaba en el punto más alto como forma de evitar males externos y símbolo de fertilidad y suerte para sus habitantes.
Carmen Rábanos Faci2 explica que es importante reseñar la presión psicológica que por referencias mágicas ejercer la chimenea sobre los miembros de la familia, lo cual es más explicable si se constata que, como en el caso de Botaya, cuando se habla de temas de brujería siempre se hace fuera del hogar: “estas cosas no se dicen debajo de la chimenea”.
OTRAS CONSTRUCCIONES AUXILIARES DE LA ARQUITECTURA POPULAR Muchas de las viviendas de Botaya contaban, como ya hemos señalado con su propio horno de pan, pero también existía uno comunal cuyo edificio ha sido reconvertido en local social.
Respecto al lavadero, según nos explicaron, las mujeres de la localidad nunca tuvieron lavadero, pues iban al barranco a hacer la colada.
Y la localidad contó con molino harinero aunque los mayores de la población ya no lo recuerdan pero se mantiene el topónimo.
BIBLIOGRAFÍA
- MADOZ, Pascual, Diccionario Geográfico- Estadístico- Histórico de España y
sus posesiones de ultramar, Madrid, 1845- 1850, Ed. Facsímil, Valladolid, 1986.
- MUR SAURA, Ricardo, Detrás de Uruel, por los pueblos de Mosen Benito, ed. Ibercaja, Zaragoza, 1995, pág. 37- 44.
- RÁBANOS FACI, Carmen,
o La Casa Rural en el Pirineo Aragonés, ed. Instituto de Estudios Altoaragoneses, 1990, Pág. 179- 192 (habla de la arquitectura del Soduruel. Describe casa Bisús y casa Gairín).
o Arquitectura popular aragonesa, ed. Moncayo, Zaragoza, 1996, Pág. 69 (habla de la arquitectura del Soduruel).
- SÁNCHEZ SANZ, Mª Elisa, “Brujas y chimeneas” en Narriá, nº 7, 1997, Pág. 15-18.
- UBIETO ARTETA, Antonio, Historia de Aragón. Los pueblos y los despoblados, Zaragoza, 1985.
- VIOLANT I SIMORRA, Ramón, El Pirineo Español. Vida, usos, costumbres,
creencias y tradiciones de una cultura milenaria que desaparece, ed. Alta Fulla,
Barcelona, 1989.
CATALOGADOR: BELÉN LUQUE HERRÁN FECHA: 25/10/2009