Breve esbozo de recursos retóricos en la primera parte de los Comentarios Reales
Rueda Urióstegui Jonathan Daniel
El Inca Garcilaso de la Vega fue espectador de lo que ocurría en la tierra del Perú pocos
años después de haberla conquistado los españoles, y lo fue por poco más de dos décadas;
esto fue uno de los factores más fundamentales que sirvieron para, años más tarde, escribir
sus Comentarios Reales, los cuales serán de suma importancia para conocer la historia y
costumbres de la gente del Perú. Sin embargo, al decidir realizar tan compleja tarea en sus
condiciones, más que nada sociales (pues, aunque de familias destacadas –madre inca y
padre español–, fue hijo bastardo1), tuvo que valerse de ciertos recursos para que su obra
pudiera trascender.
Su formación intelectual se vio influida por las ideas de la España renacentista de su
época, y precisamente por eso es muy probable que haya conocido todo el arte retórico que
en ese tiempo circulaba en el mundo de las letras. Ese fue el recurso más importante por el
cual sus Comentarios Reales superaron muchos de los escollos que halló.
Este breve ensayo pretende dar una idea general acerca de los recursos que el Inca
Garcilaso utiliza para crear un discurso verosímil, por medio de un análisis del texto con el
cual se hará una división y distinción de los recursos para así observar cómo es que el texto,
a pesar de las condiciones que iremos mencionando, logra persuadir al lector, siendo verdad
o falsedad lo escrito en él.
Las fuentes de información: a) las citas
En el proemio al lector el Inca menciona que ha visto algunos documentos que
hablan sobre la historia y cultura del Perú, los cuales son muy confusos y poco detallados, y
en algunas ocasiones halla tergiversaciones de los autores por error en la comunicación con
los habitantes de esa tierra, de manera que él decide hacer un libro el cual servirá de
1
“comento y de glosa”2
para los investigadores del tema. Sin embargo, esto será una de las
excusas para escribir su libro.
Menciona a estos autores todo el tiempo, los cita y los refuta; en ocasiones parece que
se contradice porque llega a citar capítulos completos3 y luego desacredita la palabra de los
cronistas, aunque indirectamente: “[…] y será mejor que se sepa por las propias palabras que los Incas lo cuentan, que no por la de otros autores extraños.”4
Entonces, si señala que
los autores son indignos de confianza ¿por qué coloca sus palabras en su texto? Varias
razones son evidentes: la primera puede ser para utilizar los otros textos como modelo de
comparación y mostrar las erratas que hay en ellos, justificando que él vivió en tierra inca y
por ello conoce con más profundidad lo que acontece en esas tierras. Y vemos que no
desacredita aquellas fuentes, debido a que –ésta es la segunda razón–, como menciona
Pupo-Walker, el Inca no tuvo la comisión oficial de narrar la historia del Perú y por eso
está obligado a basarse en autoridades5. Al hacerlo y narrar –como él dice– las mismas
cosas que los cronistas, sólo que de manera más detallada y acertada, logra conseguir un
argumento verosímil, porque al citar sus fuentes, el lector puede observar que el autor no
menciona ficciones; ellos son la base del barco y él las velas.
Vemos ahora que las citas de autoridad son fundamentales para hacer que el texto
persuada al lector de que las cosas ocurrieron como él dice, mas no es la única razón por la
que se llega a eso. Observaremos, ahora, otras dos fuentes sobre las que basa su texto.
b) Los informantes
En el capítulo Reflexiones de Garcilaso sobre la historia incaica hace referencia a sus fuentes de información y entre ellas están los informantes, los cuales fueron algunos de sus
condiscípulos a quienes les pidió que fueran al Perú y le enviaran información sobre las
conquistas particulares de cada pueblo, y éstos –dice Garcilaso– “tomando de veras lo que
2
Inca Garcilaso de la Vega. Comentarios reales, Edición de Enrique Pupo-Walker. Cátedra, Madrid, 2001, 315 p., p. 139.
3
Ibidem, p. 163. 4
Ibidem, p. 146. 5
yo les pedí, cada cual de ellos dio cuenta de mi intención a su madre y parientes; los cuales,
sabiendo que un indio, hijo de su tierra, quería escribir los sucesos de ella, sacaron de sus
archivos las relaciones que tenían de sus historias y me las enviaron […].”6
El que mencione que gente de esa tierra es la que le proveerá información, da la
impresión al lector de que lo que se va a narrar será más detallado, claro y verdadero, por
ser de fuente directa. Además menciona que los informantes tienen parientes en el Perú, por
lo que se puede llegar a pensar que conocen la lengua de esa tierra y, por lo tanto, habrá
mejor comunicación: no habrá tergiversaciones por problemas de lenguaje. Y, por otro
lado, al decir que él es indio, supondríamos –como lectores– que comprende bien su cultura
y su lengua.
c) Memorias
A lo largo del texto el Inca hace referencia, en determinadas ocasiones, sobre su
origen inca, lo que lleva al lector a tener una idea, como en los informantes, de claridad de
lo acontecido y de la cultura del Perú. Precisamente, por ser originario de esta tierra, el inca
podrá mencionar múltiple información sin requerir necesariamente el sustento de
autoridades, sólo en pocas circunstancias ya mencionadas, y esto es, en efecto, lo que
realiza.
Como hemos advertido en este texto, Garcilaso menciona que por haber nacido y
habitado hasta los veinte años de edad en el Perú, tiene más clara y detallada la información
que cuentan otros historiadores. Varias son las menciones de este tipo a través del texto; en
el proemio dice: “Para atajar esta corrupción me sea lícito, pues soy indio, que en esta historia escriba yo como indio con las mismas letras que aquellas tales dicciones se debas
escribir.” Y continua más adelante: “Y porque me conviene alegar muchas cosas de las que dicen los historiadores españoles para comprobar las que yo fuere diciendo […].”7
6
Ibidem, p. 155. 7
En otras partes del texto recuerda cómo es que sabe tanto de la cultura de esa gente, y
sobre todo de actividades que ya no se practicaban, pues muchas cosas pasaron antes de que
él naciera. En una parte enumera todas las cosas que le contaban:
“En este tiempo tuve noticia de todo lo que vamos escribiendo, porque en mis niñeces
me contaban sus historias, como se cuentan las fábulas a los niños. Después, en edad más
crecida, me dieron cuenta de sus leyes y gobierno […]. Demás de esto, me contaban, como a
propio hijo, toda su idolatría, sus ritos, ceremonias y sacrificios, como fuera de ellos. En suma, digo, que me dieron noticia de todo lo que tuvieron en su república […].”8
En cada momento que le es posible trata de mostrar sus fuentes, para que el lector
tenga muy claro que su narración no es ficción y que está sustentada en la realidad. Su
cercanía con esta gente y sus costumbres crea un lente de verosimilitud de alta graduación,
para aquel que duda de la procedencia de información con la que compone su texto.
Y, para finalizar con las fuentes, mencionaré, por último, que en algunas partes el
Inca alude a su experiencia, por ejemplo en la medicina, cuando él experimenta una de las
formas de curar una enfermedad: “A mí me purgaron dos veces por un dolor de estómago
que en diversos tiempos tuve, y experimenté todo lo que he dicho.”9 O en otras ocasiones
recuerda lugares: “Cuando yo salí de aquella ciudad el año de mil y quinientos y sesenta, era esta la calle principal de los mercaderes.”10
Con esto se inserta dentro del relato,
funcionando como un personaje.
La recopilación y representación de la información: una forma de traducción
El Inca ya ha argumentado de dónde ha sacado tanta información para componer sus
Comentarios Reales, sin embargo su tarea no está concluida, porque los lectores pueden
tergiversar la cultura incaica, tan distinta a la de Europa y, sobretodo, de España; o pueden
ignorar algunas cosas por lo absurdo que les parezca.
8
Ibidem, p. 154. 9
Ibid., p. 183. 10
Para dar solución a esto, el Inca ha tenido que recurrir a los lugares comunes, es decir, que ha tenido –de cierta forma– que traducir las costumbres, entre otras cosas, de la
cultura incaica a términos o referencias de la cultura de occidente. –Si el público a quien te
diriges no te entiende, en este caso el lector, no lo vas a lograr persuadir–; dice Sócrates:
“Los guerreros se dejaban persuadir por Odiseo porque lo entendían plenamente.” 11
Para que el lector no menosprecie las fábulas de la cultura incaica por ser absurda, la
compara con otra de igual forma del viejo mundo:
“[…] y no hay que espantarnos de que gente que no tuvo letras con que conservar la
memoria de sus antiguallas, trate de aquellos principios tan confusamente; pues los de la
gentilidad del viejo mundo, con tener letras y tan curiosos en ella, inventaron fábulas tan
dignas de risa y más que estotras; pues una de ellas es la de Pirra y Deucalión […].”12
Aquí se usa el ejemplo y/o comparación que muestra algo similar en la cultura
Europea. Pero para abordar correctamente los lugares comunes hallamos más evidente la
referencia a objetos cotidianos del Perú que no había en España, y que se representaban con
algunos similares; y los que usa el Inca en su texto son estos, para que el lector tenga una
idea de lo que significaban. Dice el autor al hablar sobre la crianza de los hijos: “Teníanlos
siempre echados en sus cunas, que era un banquillo mal aliñado de cuatro pies, y el un pie
era más corto que los otros para que se pudiese meter.”13
También al denominar las artes de los incas, se les ajusta, según su similitud a
términos de occidente, como la poesía y el teatro. Al obtener el mismo resultado en las dos
culturas o, al menos, similar, de lo que se lleva acabo, se le asigna el significante sin ser el
mismo significado, sin denotar ni connotar lo mismo en las dos culturas; sólo se le asigna el
significante por la forma parecida que tiene en las dos culturas a lo que se asigna.
El ejemplo por medio de una referencia común a la cultura española, para aludir a una
actividad similar de aquella referencia, lo ocupa cuando se enumera los pasos por los que
tiene que pasar un hombre para poder ser guerrero y lo ejemplifica con una actividad
característica de la novela de caballerías en el capítulo Ceremonias caballerescas, el cual
11
Alfonso Reyes. La crítica en la edad ateniense; La antigua retórica. México, FCE, 1961, 587 p., p. 224. 12
Inca Garcilaso de la Vega, op. cit., p. 147. 13
dice: “Este nombre huaracu es de la lengua general del Perú, suena tanto como en
castellano armar caballero; porque era dar insignias de varón a los mozos de la sangre real, y habilitarlos, así para ir a la guerra como para tomar estado.”14
De modo que al ocupar
rasgos tan conocidos en la cultura es más fácil comprender los de la otra siendo tan
similares. Por eso lo llamo una manera de traducción.
Al observar en general los recursos que utiliza el Inca en su discurso nos damos
cuenta de todos los hilos que tejió para que su prenda no se descociera y alguien la pudiese
portar. Creó a lo largo del discurso una serie de escudos para fortalecer su discurso y
hacerlo verosímil para dar cuenta de su versión de la historia siendo él natural del Cuzco. En este esbozo no nos corresponde analizar la verdad o la falsedad del discurso, sino, cómo
a pesar de las condiciones negativas, logra alcanzar un gran nivel persuasivo, esto como ya
vimos, reuniendo diversas fuentes, recopilando información y explicando lo de una cultura
con otra. Y esto es sólo una pequeña muestra de lo que lo conforma.
14