INTRODUCCIÓN
La violencia de género es actualmente una de las problemáticas con mayor repercusión mundial de-bido a su impacto y al aumento de las cifras de mu-jeres maltratadas. De hecho, según la ONU (2015) se estima que, en torno a un 35% de las mujeres de todo el mundo han sufrido violencia física o sexual.
Esta cifra crece al 70% en algunos estudios naciona-les, y está en torno a un 43% la cifra de las mujeres de la Unión Europea que ha sufrido violencia psico-lógica. Como vemos, se trata de porcentajes eleva-dos (ONU, 2015). Por esta razón, ha sido declarado como un problema de salud pública, de proporcio-nes epidémicas, aunque debe ser concebido tam-bién como una problemática social globalizada (Ramírez y Piera, 2014).
En los últimos años el concepto salió del ámbito privado y dejó de ser un asunto propio de la pareja
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Nerea Fernández Izquierdo
y María de la Villa Moral Jiménez
Resumen
El objetivo de este estudio es comprobar la prevalencia del maltrato psicológico sutil y manifiesto en relaciones de noviazgo en estudiantes universitarias, así como su relación con los niveles de percepción de dicha problemática. Mediante un muestreo de tipo probabilístico por conglomerados se han selec-cionado 290 estudiantes universitarias de once grados diferentes (X=20.74, DT=2.92). Se encontraron diferencias entre “ser victimizada” bajo el criterio de tolerancia cero (97.24%) y percibir “maltrato técnico” (aquel donde existe el abuso pero no hay conciencia del problema) (42.41%), comprobándose una tasa superior del maltrato sutil frente al manifiesto. Se ha corroborado la relación entre sufrir o no maltrato psi-cológico y la capacidad para percibir su gravedad, de modo que quienes no han sufrido violencia psicológica la valoran con mayor gravedad. Asimismo, se ha comprobado la relación entre la rama de conocimiento y los niveles de percepción de abuso psicológico, siendo el nivel más bajo para la rama de Ciencias Exactas respecto a otros de carácter más asistencial. Se presentan las consecuencias de tales resultados.
Palabras clave:Violencia de género, relaciones de noviazgo, maltrato psicológico, victimización, uni-versitarias.
Abstract
The aim of this study is to verify the prevalence of the subtle and manifest psychological abuse on girl students, as well as its relationship with the perception levels of this problem. 290 students were analyzed (X=20.74, DT=2.92) who were selected using a probabilistic type sampling by clusters. According to the results obtained, there are differences between being victimized (97.24%) and perceive "technical abuse" (where the abuse exists but there is no awareness of the problem) (42.41%), checking that the subtle abuse rate is higher than the manifest. The relationship between present or not present psychological abuse and the ability to perceive this behavior as serious misconduct has been confirmed; women who haven´t suffered psychological violence value it as more serious. Furthermore, we check that the subtle abuse rate is higher than the manifest one. Likewise, the relationship between the area of knowledge and the levels of percep-tion of psychological abuse has been verified, being the lowest level for the branch of Exact Sciences with respect to others of a more assistance nature. The consequences of the results are presented.
Key words:Gender violence, dating relationship, psychological abuse, victimization, college girls. Recibido: 07-08-17 | Aceptado: 08-03-18
Universidad de Oviedo, España. E-Mail: [email protected]
REVISTA ARGENTINA DE CLÍNICA PSICOLÓGICA XXVIII p.p. 554-566 © 2019 Fundación AIGLÉ.
MALTRATO PSICOLÓGICO EN RELACIONES DE NOVIAZGO
Y PERCEPCIÓN DE LA GRAVEDAD EN ESTUDIANTES
y la familia para convertirse en un asunto de índole público. Por lo tanto, la violencia de género no es algo nuevo, pero sí lo es el significado social que se le ha atribuido (Ferrer y Bosch, 2013; De Miguel, 2003, 2005; heyzer, 2000). Así, a pesar del recono-cimiento de que siempre ha habido víctimas de la violencia machista (véase Osborne, 2008), no existía una adecuada atribución de responsabilidad. La vio-lencia era justificada (Merchán, 2015) bajo la natu-ralización de los roles en función del género y de las actitudes sexistas y sus atribuciones, lo cual consti-tuye un producto socioculturalmente determinado (Amurrio, Larrinaga, Usategui y Del Valle, 2010; Bringas et al., 2017). De esta manera, la violencia de género surge como mecanismo para mantener esta posición dominante (Cagigas, 2000) amparada en la continuación de la desigualdad jerárquica entre hombre-mujer en relaciones afectivas que no son neutras en cuanto al género (Fernández, Fontanil, Coto y Fernández, 2004; Safranoff, 2016). En la cul-tura latina, tradicionalmente patriarcal, se constata semejante percepción diferencial de los roles, de acuerdo con Bridges, Karlsson y Lindly (2015), com-parativamente con otras identidades culturales. Por consiguiente, ajustándose a las tendencias preva-lentes, en este estudio se considerarán los maltra-tos de hombre a mujer, y no viceversa, donde el hombre será el agresor y la mujer la víctima, asig-nando diferentes roles estereotípicos a cada gé-nero: al maltratador, la fuerza y a la mujer, la debilidad y la sumisión, de acuerdo con la crítica de Lascorz (2015).
Según la definición establecida por la ONU (1993), la violencia de género presenta diferentes ti-pologías: física, sexual y psicológica, si bien desde el Instituto de la Mujer se amplía esta clasificación, añadiendo la violencia económica, estructural y es-piritual (véase Muñoz, 2006). Específicamente, dado nuestro interés investigador, el maltrato psicológico corresponde a aquellas acciones que provocan daños cognitivos, conductuales y emocionales, es decir, el efecto de un acto y no el acto en sí mismo, que se repite reiteradamente en el tiempo (Marshall, 1992). El maltrato psicológico se asocia al acoso moral que, de acuerdo con hirigoyen (1999, 2006, 2012), describe relaciones perversas a modo de agresiones constantes e insidiosas mediante las que el agresor ejerce una influencia destructiva con pro-cesos de abuso de debilidad y con mujeres someti-das a una situación de dominio.
Cuando hablamos de maltrato psicológico di-recto estaremos haciendo alusión al abuso emocio-nal (intimidación, amenazas, rechazo, humillación y desprecio, pudiendo realizarse todo ello a través de insultos), cognitivo (imposición del pensamiento propio mediante la denigración del pensamiento crí-tico de la otra persona al redefinir la realidad y po-tenciar el vínculo de dependencia y conductual (imposición de un rol subordinado). Por otra parte,
el maltrato psicológico indirecto se desarrollará a través del contexto inmediato: aislamiento, control y manipulación tanto de la información que recibe, así como de la vida personal (Rodríguez-Carballeira, Porrúa-García, Escartín, Martín-Peña y Almendros, 2014). En concreto, conviene tener en cuenta que el maltrato psicológico se puede manifestar de un modo manifiesto y/o sutil, correspondiendo este úl-timo a determinadas palabras, tono de voz, expre-siones fáciles, gestos, etc., utilizados por aquella persona que conoce de manera íntima a la víctima, con un fin dañino (Buesa y Calvete, 2011; Marshall, 1996; Rey-Anacona, 2013). Se trata de un estilo de comunicación insidiosa, sutil y solapada.
Según la última Macroencuesta de Violencia con-tra la Mujer realizada por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad del Gobierno de Es-paña (2015) el 21.1% de las mujeres de entre 16 y 24 años sufrió violencia psicológica por parte de su pa-reja en el último año (Arias, Velasco y Novo, 2016). No obstante, hay que señalar que las estadísticas de esta problemática pueden estar infraestimadas, pues recogen denuncias presentes o muertes, de modo que no muestran la incidencia real, ya que mu-chas veces no son notificados, por ejemplo, los casos de aquellas mujeres víctimas de violencia de género que no denuncian, de modo que no se co-noce el alcance real del fenómeno (Observatorio de la Violencia de Género en Bizkaia, 2006). El número de víctimas es la representación técnica de esta pro-blemática, sin embargo, son cifras subjetivas, au-mentan o disminuyen en función de los indicadores y los aspectos tenidos en cuenta a la hora de consi-derar si se ha sufrido o no violencia de género (Os-borne, 2008). Estas cifras serían la “punta del iceberg” de este fenómeno (véase Rodríguez-Franco, Antuña, López-Cepero, Rodríguez y Bringas, 2012). Aunque en la última Macroencuesta de Violencia contra la Mujer (2015) se muestra un porcentaje ele-vado de mujeres jóvenes que sufren violencia de gé-nero (dado nuestro interés investigador, en este caso de tipo psicológico), la literatura científica se ha centrado principalmente en mujeres de mediana edad, casadas o divorciadas, dejando a un lado a las adolescentes y universitarias, dado que, según Ro-berts (2006) se consideraba que en este grupo la in-cidencia de esta violencia es menor y menos severa (González, Echeburúa y De Corral, 2008; Leen et al., 2013). Esto es un inconveniente pues la juventud es la etapa en la que se desarrollan las primeras rela-ciones afectivas continuadas fuera del entorno fami-liar, que servirán de modelo para las pautas de relaciones futuras, cuyas consecuencias negativas podrán incidir en la salud mental de la persona y en el tipo de relación de pareja en la adultez (González et al., 2008). Además, los jóvenes tienen mayor difi-cultad para reconocer la violencia debido a su tole-rancia en base al modelo estereotípico del amor romántico, percibiendo en muchas ocasiones
deter-minadas conductas como algo normal, y, sin em-bargo, pudiendo ser perfectamente actos de violen-cia (González y Mora, 2014).
La violencia de género durante el noviazgo se ha identificado como un problema de salud pública que emerge entre parejas de universitarios y aumenta cada vez más su incidencia, con consecuencias en la salud física y mental (Dekeseredy y Schwartz, 1998; Moral, García, Cuetos y Sirvent, 2017;Rodríguez-Franco et al., 2016; Smith, White y holland, 2003; Vagi et al., 2013; Wong, 2014). De hecho, en torno al 88% había sufrido algún incidente de ataque físico o sexual, según Smith et al. (2003). En España, el 24.8% de las mujeres entre los 16 y 24 años son mal-tratadas frecuentemente (Instituto de la Mujer, 2015) y hay un promedio de 44 mujeres muertas en el úl-timo año, donde 8 de ellas tenían entre 18 y 30 años (Instituto de la Mujer, 2016). Asimismo, se ha cons-tatado que la violencia en una relación de noviazgo constituye un precursor de la violencia doméstica o violencia sexual en la pareja (Ureña, Romero, Casas, Viejo, y Ortega-Ruiz, 2015).
A pesar de que han proliferado los estudios sobre la violencia en las relaciones de noviazgo las jóvenes y universitarios, no solo siguen teniendo una atención marginal, sino que incluso son escasos los instrumentos para evaluarla en esta población (Franco, Borrego, Rodríguez y Bellerín, 2009; Moral et al., 2017). Por tanto, es necesario priorizar la in-vestigación en este espectro porque la violencia de género también se ejerce sobre aquellas personas con una mayor formación académica o pertenecien-tes a un alto estrato social (Strauss, 2004). Además, se constata que está relacionada con los estilos de apego siendo predominante el estilo de apego preo-cupado en universitarios con episodios de agresión física frente al apego seguro en quienes no los han sufrido (Guzmán, Contreras, Martínez y Rojo, 2016; Valle y Moral, 2018). Además, se constata que, en buena medida, la violencia de género en la edad adulta ya aparece en las relaciones de noviazgo pre-vias (Franco, López, Rodríguez y Antuña, 2009; Váz-quez, Torres, Otero, Blanco y López, 2010). Asimismo, se ha hallado una relación significativa entre haber observado violencia entre los padres y los episodios de conductas violentas con la pareja durante el no-viazgo (Martínez, Vargas y Novoa, 2016).
En el ámbito universitario, una de cada seis mu-jeres ha sufrido violencia de género, predominando la violencia psicológica frente a la física (Vázquez et al., 2010). De acuerdo con Muñoz y Benítez (2017), los niveles más altos de incidencia en parejas de adolescentes corresponden con la violencia verbal seguida de la violencia relacional y física. El maltrato psicológico es precursor de otros tipos de violencia (Rodríguez-Carballeira et al., 2014), de hecho, las mujeres de esta etapa se encuentran en un riesgo elevado de sufrirlo (Csoboth, Birkas y Purebl, 2005; Wilt y Olson, 1995). Ésto es peligroso por su difícil
erradicación, puesto que, a diferencia del maltrato físico, visible y no aceptado por la población, el mal-trato psicológico es más tolerado, está normalizado y pasa desapercibido, incluso para las propias vícti-mas (Cantera, Estébanez y Vázquez, 2009; López-Ce-pero et al., 2015). De este modo, según Cantera y colaboradores (2009) el acoso, la manipulación emocional, la indiferencia afectiva y los celos están normalizados en las relaciones de noviazgo, utili-zándose como justificación de esta violencia, bajo el lema “el amor lo puede todo”. Así, en relaciones con maltrato en el noviazgo se ve alterada la auto-percepción de la salud emocional (Guzmán y Araujo, 2015), la percepción de victimización y los umbrales de tolerancia ante el abuso (Bringas-Mo-lleda et al, 2015; López-Cepero et al., 2015), así como la manifestación e intensidad de la depen-dencia emocional con procesos de acomodación y manipulación respecto a los adolescentes no victi-mizados (Moral et al., 2017).
En virtud de lo expuesto, es necesario explorar si la violencia de género, en concreto el maltrato psi-cológico, está relacionado con la dificultad para per-cibir el proceso de victimización. Asimismo, se investigará la prevalencia del maltrato psicológico sutil y manifiesto en jóvenes. Por tanto, se plantea como objetivo investigar la relación entre la percep-ción de la gravedad de la violencia psicológica y la probabilidad de presentar maltrato psicológico en una muestra de estudiantes universitarias.
Se proponen las siguientes hipótesis:
El maltrato psicológico estará presente en las es-tudiantes universitarias.
La percepción de la gravedad de la violencia de género estará relacionada con la tasa de maltrato psicológico presente en las estudiantes.
Las ramas de estudio se relacionarán con la pre-sencia de abuso psicológico, así como con el nivel de percepción de la violencia psicológica.
La percepción de gravedad de la violencia psico-lógica será mayor en las estudiantes de carreras del ámbito Jurídico-Social y de la Salud que en aquellas que cursen carreras de Ciencias Exactas.
METODOLOGÍA
ParticipantesPara la selección de los participantes se ha em-pleado un muestreo de tipo probabilístico por con-glomerados, puesto que se han utilizado estudios universitarios procedentes de distintas ramas de co-nocimiento. Se han empleado criterios de inclusión, tales como ser mayor de edad, tener pareja del sexo contrario y/o tener algún tipo de relación amorosa, ya sea consolidada o esporádica.
La muestra total fue de 436 estudiantes, 305 mu-jeres y 131 hombres, con una edad comprendida entre los 18 y 30 años, pertenecientes a los grados
de Magisterio, Biología, Turismo, Trabajo Social, Co-mercio y Marketing, Psicología, Logopedia, Enferme-ría, Terapia Ocupacional, Matemáticas y Filología Inglesa; todas ellas pertenecientes a la Universidad de Oviedo (España). Para nuestro análisis se ha uti-lizado solo la muestra de mujeres, en concreto 305 participantes, puesto que esta investigación se cen-tra en la violencia del hombre hacia la mujer. La muestra final está conformada por 290 universitarias (X=20.74, DT=2.92), pues los cuestionarios de 15 de ellas han sido invalidados por falta de datos.
Instrumentos y variables investigadas
En este estudio se ha aplicado la Escala de abuso psicológico sutil y manifiesto a las mujeres (Buesa y Calvete, 2011). La escala original, Subtle and Overt Psychological Abuse of Women Scale-SOPAS (Mars-hall, 2000) mide diferentes formas de abuso psico-lógico. Está compuesta por 35 ítems medidos en una escala de tipo Likert de 6 puntos (0 = nunca, 5 = prácticamente siempre) donde los participantes deben evaluar la frecuencia de determinadas accio-nes por parte de su pareja, ya sea de forma cariñosa, broma o de forma seria. Para nuestro estudio se ha utilizado la adaptación de La Escala de Abuso Psico-lógico Sutil y Manifiesto a las mujeres de Buesa y Calvete (2011), obteniendo un coeficiente alfa del .94 y .95 tanto en población general como en la muestra de mujeres maltratadas, mostrando así una consis-tencia interna óptima. Nosotros hemos obtenido un valor alfa de Cronbach de .955, verificando así su ex-celente consistencia interna.
Asimismo, se ha aplicado la Escala VEC- Percep-ción femenina de la gravedad de la violencia psico-lógica en una relación de noviazgo heterosexual juvenil (Cantera et al., 2009) que mide el grado de tolerancia o sensibilidad hacia determinadas con-ductas de violencia dentro de la pareja. Está formada por 25 ítems de selección si/no, donde la respuesta “sí” será puntuada en una escala tipo Likert de 5 puntos, situando a la persona que responda en un continuo de “máxima tolerancia” a “máxima sensi-bilidad”. hay dos versiones, una para chicas y otra para chicos; en nuestro caso utilizaremos la versión femenina. Es una escala unidimensional que explora gravedad de la conducta con tres subdimensiones: Control del aspecto físico y de las relaciones, Des-precio y Coerción, Abuso emocional y posesividad. La fiabilidad es satisfactoria con un valor del coefi-ciente alfa de Cronbach de .95. Tras verificar la es-tructura del cuestionario, obtuvimos un alfa de Cronbach de .943.
Procedimiento y análisis de datos
Una vez seleccionados los instrumentos de in-vestigación para la recogida de información y su apli-cación a la muestra, se solicitaron los permisos pertinentes para poder acceder a diversas Faculta-des de la Universidad de Oviedo, contactando con
los/as correspondientes Decanos/as. Después de obtener el permiso, se acordó con el profesorado el día oportuno para pasar el cuestionario a los alum-nos. Previamente a la recolección de datos, se pasó un consentimiento informado a cada alumno, garan-tizándose en todo momento el anonimato y la confi-dencialidad. La encuesta fue contestada de forma voluntaria, empleándose unos 20 minutos, aproxi-madamente, para responderla.
Se han utilizado pruebas de Análisis Factorial para examinar la estructura de los cuestionarios a utilizar, la Correlación de Pearson para analizar la relación entre los dos cuestionarios, así como prue-bas Chi cuadrado para las relaciones entre las va-riables rama de estudio, nivel de percepción de abuso psicológico, presencia de abuso psicológico y victimización. Asimismo, se han realizado compa-raciones de medias mediante la prueba t de Student para comprobar si hay diferencias entre presentar o no abuso psicológico y las tres dimensiones de percepción de abuso psicológico. El análisis de datos se ha llevado a cabo mediante el Programa Factor.10.5.02.WIN32, utilizando en todos los casos el procedimiento de Análisis Paralelo Clásico “Clas-sical Parallel Analysis” (PA), así como el IBM SPSS Statistics 24.0.
RESULTADOS
Antes de contrastar nuestras hipótesis se ha ve-rificado la estructura factorial de los dos cuestiona-rios. En primer lugar, la Escala de Abuso Psicológico Sutil y Manifiesto a mujeres, al igual que en el estudio de Marshall (2000), muestra una estructura unifactorial, explicando el 41.6 % de la varianza total (véase Tabla 1). Para ello se ha utili-zado un AFE, método de extracción de componen-tes principales y rotación oblicua. Además, se han eliminado los coeficientes con valores absolutos menores de .30. Se confirmó su estructura me-diante AFC, cumpliéndose los supuestos (Bar-tlett=5907.7, gl =561; p> .001) y (KMO= 0.941). El valor de consistencia interna (Cronbach= .955), su ajusta a los datos (Chi2=859.573, gl=527; p>.001), así como su ajuste global (GFI=.973, AGFI=.971, RMSR=.071) siendo óptimos. A pesar de ser unifactorial, para poder medir los subtipos de abuso psicológico, se agruparon en nuevas varia-bles los ítems correspondientes al abuso psicoló-gico sutil y manifiesto por separado. Esta agrupación se realizó siguiendo el criterio de Rodrí-guez-Carballeira et al. (2014), cuyo cuestionario de abuso psicológico fue construido empleando la ta-xonomía del SOPAS (Marshall, 2000), el cuestiona-rio original del que procede la adaptación de Calvete y Buesa (2011) que estamos utilizando. Se ha hallado un valor elevado en el indicador alfa de Cronbach (.864).
Respecto a Escala VEC- Percepción femenina de la gravedad de la violencia psicológica en una rela-ción de noviazgo heterosexual juvenil (Cantera et al. 2009), utilizando un AFE con el método de compo-nentes principales y eliminando aquellos coeficien-tes con valores absolutos inferiores a .30, obtenemos una estructural unifactorial, gravedad de conducta, que explica el 51.36% de la varianza total. Empleando la rotación varimax, comprobamos la existencia de tres dimensiones subyacentes, expli-cando el 64.13 % de la varianza total (véase Tabla 2). Mediante un AFC observamos que se cumplen los supuestos (Bartlet= Bartlett=5228.764, gl=300; p<.001), (KMO=.941) y presenta índices de ajuste global idóneos (GFI=.976, AGFI=.974, RMSR=.0773, Chi2=517.852, p>.001). Su consistencia interna, alfa de Cronbach es .943, concluyendo que es un ins-trumento fiable.
En cuanto a los dos cuestionarios, se comprueba que correlacionan entre sí (r= -.287; p<.001). Su re-lación es inversa, por lo que a mayor abuso psicoló-gico reportado por las estudiantes menor nivel de tolerancia a la violencia psicológica en las relaciones de noviazgo.
Respecto a las experiencias de victimización, se ha constatado que las víctimas de violencia en la pa-reja no siempre son capaces de identificarse como tal (Moral et al., 2017). Por este motivo hemos utili-zado el criterio de tolerancia cero, basado en las res-puestas a los ítems conductuales de dicho cuestionario (cualquier sujeto que responda afirma-tivamente a, por lo menos un ítem, habrá sido victi-mizado). Encontramos que en la muestra total un 97.24% (46.55% Ciencias de la Salud, 35.86% Cien-cias Sociales y Jurídicas y 14.83% de CienCien-cias Exac-tas) han sido victimizadas, frente al 2.76 % de las estudiantes que no lo habrían sido. Sin embargo, si tenemos en cuenta los puntos de cortes estableci-dos a través de los percentiles los resultaestableci-dos varían, de modo que podemos observar que la prevalencia de maltrato psicológico percibido es menor. No obs-tante, este fenómeno sigue estando igualmente pre-sente (véase Tabla 3).
Atendiendo a los subtipos de abuso psicológico, por separado, veremos que, coincidiendo con el valor total obtenido para abuso psicológico, éstos también son elevados, siendo un poco superior el manifiesto respecto del sutil. En este caso se ha uti-lizado la muestra obtenida tras emplear el criterio de tolerancia cero (véase Tabla 4).
En cuanto a los niveles de percepción de abuso psicológico, se han utilizado los siguientes baremos (Cantera et al., 2009): a) Dimensión 1 (0-70 puntos); b) Dimensión 2 (71-89 puntos) y c) Dimensión 3 (90 puntos en adelante). Los resultados muestran que un 53.55% de las chicas que contestaron a la en-cuesta tienen una alta percepción de la violencia psi-cológica en las relaciones de pareja, un 23.45% tienen una percepción media de dicha violencia y un
20% tiene una percepción baja de la misma. Si ana-lizamos los datos relativos a las diferentes dimen-siones de la violencia psicológica que recoge la Escala VEC, la dimensión que perciben con mayor gravedad es la relacionada con las Conductas de control, seguida de las Conductas de desprecio y co-erción, siendo el Abuso emocional el que menos han considerado como violencia (véase Tabla 5).
Al contrastar la existencia de diferencias entre presencia/ausencia de abuso psicológico y las di-mensiones correspondientes al nivel de percepción de abuso psicológico mediante el criterio de toleran-cia cero, se ha hallado que los resultados no resultan significativos en ninguna de las dimensiones (p=.738; p=.738; p=.681), por lo que no habría di-ferencias entre grupos. Sin embargo, utilizando los resultados obtenidos tras establecer un punto de corte mediante percentiles, sí se obtienen diferen-cias significativas. Así, en los tres casos se asume la hipótesis de varianzas iguales de Levene (F=1.584; F=2.221; F=.159) ya que su significación es > .05. Observamos que hay diferencias entre presentar o no presentar abuso psicológico y la percepción de las tres dimensiones, con tamaño d de Cohen eleva-dos, excepto en la dimensión 2 que presenta un ta-maño del efecto medio-alto (.626, .494, .653) (véase Tabla 6). Dichas diferencias indican que las estu-diantes que no presentan abuso psicológico perci-ben con mayor gravedad este fenómeno respecto a aquellas que han sufrido, al menos una vez, algún acto de maltrato.
Para comprobar la relación existente entre los es-tudios cursados con la presencia/ausencia de abuso psicológico y con los niveles de percepción de la Es-cala VEC, se utilizó la prueba Chi cuadrado. Previa-mente se agruparon los distintos Grados Universitarios en ramas de conocimiento, introdu-ciendo los Estudios Ingleses dentro de la rama Cien-cias Sociales y Jurídicas (siendo esta rama la que más se asemeja a estos estudios) debido a que eran muy pocos alumnos y los resultados no serían fiables.
Se confirma que hay relación entre los niveles de percepción y las ramas de estudio (Chi cua-drado=11.066; p=.026), aunque esta no es estadís-ticamente significativa (no encontramos ningún residuo >1.96), por lo que es muy baja (véase Tabla 7). Por otro lado, no se confirma nuestra hipótesis en cuanto a relación existente entre rama de estudio y presencia de abuso psicológico, tanto si se utiliza el criterio de tolerancia cero (Chi2=1.565, gl=2; p=.457) como si se emplean los puntos de corte (Chi2=4.854, gl=2; p=.08).
DISCUSIÓN
A pesar de que están aumentando los estudios sobre violencia de género en el ámbito universitario, éstos son recientes, por lo que sigue siendo una
te-mática en auge (véase Bringas et al., 2017; Cortes-Ayala et al., 2015; Moral et al., 2017; López-Cepero, 2015; Rodríguez-Franco et al, 2012; Valle y Moral, 2018). Por ello nos centramos en analizar la presen-cia de violenpresen-cia contra la mujer, específicamente, el abuso psicológico sutil y manifiesto, a través de la victimización presente, así como mediante el grado de percepción de gravedad de estas conductas.
De acuerdo con Moral y colaboradores (2017), consideramos que se pueden adoptar dos perspec-tivas para medir la victimización, estableciendo un punto de corte a partir del cual consideramos que la mujer es víctima de maltrato psicológico, o bien, uti-lizando el criterio de tolerancia cero, donde aquellas estudiantes que respondan afirmativamente a, por lo menos un ítem, habrán sido victimizadas. Para ex-plicar dichos criterios es necesario hacer referencia a la distinción entre maltrato técnico, aquel donde existe el abuso, pero no hay conciencia del pro-blema, y maltrato declarado, en el que existe con-ciencia del maltrato (Instituto de la Mujer, 2006). Ambos se deben al reconocimiento directo (relacio-nado con el maltrato manifiesto), o indirecto (rela-cionado con el maltrato sutil), por parte de las mujeres de su situación, es decir, la autoconciencia del maltrato.
Nuestros resultados corroboran la presencia de abuso psicológico, con un porcentaje de victimiza-ción del 97.24% frente al 42.41% obtenido tras se-guir la clasificación de maltratada/no maltratada establecida a través del punto de corte. Lo mismo ocurre en relación a los subtipos de dicho maltrato, sutil y manifiesto, cuya prevalencia es del 93.45% y el 94.14%, disminuyendo a 47.59% y 47.24% cuando se utiliza la clasificación técnica. En conse-cuencia, las diferencias entre nuestros datos pueden deberse a los criterios utilizados (Moral et al., 2017).
En cuanto a los niveles de percepción de grave-dad de este fenómeno en las relaciones heterose-xuales, se ha constatado que son elevados en las universitarias. De hecho, más de la mitad presentan una elevada percepción de dicha violencia (53.55%), principalmente de las conductas de con-trol, seguidas de las conductas de desprecio y co-erción, y abuso emocional, que ha sido el menos considerado como violencia. Ello podría deberse a que esta violencia está invisibilizada, de manera que se tolera más este tipo de comportamientos, siendo más permisivos, si bien no ocurre lo mismo cuando la violencia se manifiesta directamente (González y Mora, 2014; Lascorz, 2015; Moral et al., 2017; Valle y Moral, 2018).
Relacionando las distintas dimensiones de per-cepción de violencia con el maltrato psicológico, aportado por el criterio técnico de maltrato, se han confirmado diferencias intergrupos. Dichas diferen-cias indican que las estudiantes que no presentan abuso psicológico perciben con mayor gravedad este fenómeno respecto a aquellas que han sufrido,
al menos una vez, algún acto de maltrato. Sin em-bargo, no ocurre lo mismo cuando se utiliza el crite-rio de tolerancia cero; en este caso no hay diferencias entre presentar/no presentar maltrato psicológico y el nivel de percepción de éste en las di-ferentes dimensiones de la Escala VEC, pudiendo de-berse a la elevada victimización encontrada. En este sentido, en la literatura sobre el tema se ha consta-tado que quienes presentan actitudes igualitarias entre hombres y mujeres reconocen cuándo aparece una situación de abuso dentro de la pareja (Cortés-Ayala et al, 2015; López-Cepero et al., 2015).
También se ha ratificado la existencia de relación entre rama de conocimiento y los niveles de percep-ción de maltrato (Chi cuadrado=11.066; p=.026), donde el valor más bajo se corresponde con la rama de las Ciencias Exactas. Una explicación de este fe-nómeno pudiese ver con que sus estudios no inclu-yen asignaturas que pueden sensibilizar y acercar a las estudiantes, en mayor medida, a esta problemá-tica de modo que en carreras asistenciales se entre-nan otros tipos de competencias psicosociales.
Refiriéndonos a lo comentado anteriormente, cabe destacar la alta prevalencia de este tipo de mal-trato en las estudiantes de la Universidad de Oviedo (España), de ahí que convenga profundizar en el es-tudio de esta problemática, pues a pesar de que se han realizado estudios sobre la violencia en las re-laciones de noviazgo en distintas universidades es-pañolas, incluyendo en la Universidad de Oviedo (Franco et al., 2009; García et al., 2013), así como con universitarios mexicanos (Cortés-Ayala et al., 2015), colombianos (Rey-Anacona, 2013), peruanos (Guz-mán y Araujo, 2015), venezolanos (Rodríguez, 2014) o argentinos (Arbach, Nguyen-Vo y Bobbio, 2015), entre otros, ninguno se había centrado exclusiva-mente de forma específica en el estudio de la per-cepción femenina de la gravedad de la violencia psicológica sutil y manifiesta en una relación de no-viazgo. Asimismo, conviene resaltar la importancia de utilizar el criterio de tolerancia cero pues, a pesar de sus limitaciones, nos permite comparar la preva-lencia de esta problemática y el nivel de victimiza-ción que presentan las estudiantes.
Los resultados obtenidos coinciden con otros es-tudios como los de Cantera et al. (2009), Vázquez et al. (2010) y Wong (2014), de modo que la violencia contra la mujer, específicamente el maltrato psico-lógico, está presente en el ámbito universitario, des-bancando el mito de que la violencia de género solo se da en las parejas adultas (Amurrio et al., 2010; Valle y Moral, 2018). También se rebate la postura de autores como Roberts (2006) que considera que la violencia de género está más presente y es más severa en las parejas adultas. Ésta es una problemá-tica que va en aumento (Instituto de la Mujer, 2015) y, sin embargo, sigue recibiendo una atención mar-ginal (Franco et al., 2009).
vic-timización encontramos altas puntuaciones en los niveles de percepción de abuso psicológico. En di-versos estudios (véase Ferrer et al., 2006; González y Mora, 2014; Melgar y Valls, 2010; Ramírez y Piera, 2014; Vals, Flecha y Melgar, 2008) se relacionan estas dos variables, indicando que aquellas mujeres que sufren violencia psicológica tienen menos capa-cidad para percibirla.
El hecho de que la violencia de género esté pre-sente en las universitarias indica la posibilidad de que sigan permaneciendo desigualdades entre hom-bres y mujeres, incluso en una población constante-mente informada y sensibilizada ante este fenómeno (Bringas et al., 2017; González y Mora, 2014). De esta manera, podríamos decir que nos encontramos ante una doble moral donde se condena la violencia fí-sica, pero se es permisivo con la psicológica, por ser considerada como menos dañina. De acuerdo con Muñoz, Graña, O’Leary y González (2007), el mal-trato psicológico tiene una mayor incidencia al co-mienzo de las relaciones amorosas y, con el tiempo, estas agresiones verbales pueden propiciar la apa-rición de agresiones físicas, así como graves conse-cuencias en la salud mental de la persona (González et al., 2008). Además, los jóvenes se encuentran en una etapa en la que aún están estableciendo sus pri-meras relaciones afectivas, de modo que éstas ser-virán de modelo para la adultez. También, es necesario mencionar que en la juventud hay mayo-res dificultades para reconocer esta violencia debido a su tolerancia a causa de la idealización del amor, principalmente de la tipología del amor romántico. Se normalizan y naturalizan determinadas conductas que deberían ser consideradas como actos violen-tos, pero se los justifica dando compatibilidad al amor y la violencia (Moral et al., 2017).
Como perspectivas futuras de investigación, sería conveniente abundar en el estudio de la socia-lización y los mitos románticos, así como en el aná-lisis de las relaciones afectivo-dependientes que cursan con dependencia emocional y autoengaño, resultando de interés profundizar en el análisis dife-rencial de las creencias y actitudes ante la violencia de género y las desigualdades entre hombres y mu-jeres, ya que guardan relación con la violencia en el noviazgo (véase Bringas et al., 2017; Cruz y Zurba-rano, 2012; Moral et al., 2017; Valle y Moral, 2018), dada la multideterminación de esta problemática.
Entre las posibles limitaciones de nuestro estu-dio cabe destacar la dificultad de ampliar la partici-pación a toda la población universitaria, de modo que la muestra es reducida y los grupos de las dife-rentes ramas de estudios no están balanceados. En todo caso, conviene tener en cuenta las propias ca-racterísticas del tipo de población universitaria que cursa las diferentes ramas de conocimiento objeto de análisis (menor porcentaje de alumnado matricu-lado, por ejemplo, en la rama de Ciencias respecto a Ciencias de la Salud; escasa representación de
uni-versitarias en comparación con los chicos en carre-ras como Matemáticas y Comercio y Marketing, res-pecto a Psicología o Enfermería, etc.). Por estos motivos no podemos generalizar los resultados a toda la comunidad universitaria de la Universidad de Oviedo ni extrapolarla a otras instituciones. Además, se ha de tener en cuenta que el estudio es de tipo transversal, de ahí la imposibilidad de establecer re-laciones de causalidad y la dificultad para establecer valores basales para su comparación entre poblacio-nes y periodos de tiempo, entre otras. Dada la vo-luntariedad, tampoco es posible confirmar la representatividad en cuanto a la variable principal, si bien es más esperable la subestimación de la pre-valencia que la posible sobreestimación. Asimismo, cabe señalar que varias estudiantes no habían te-nido nunca una relación estable pero sí relaciones afectivas no formalizadas, no obstante, decidimos incluirlas en los análisis puesto que se ha consta-tado que la violencia contra la mujer no sólo se da en relaciones de pareja estables. Del mismo modo, debemos incidir en que el criterio de tolerancia uti-lizado para dividir nuestra muestra en victimizadas y no victimizadas no ha tenido en cuenta el nivel de gravedad de las segundas. Esto se ha intentado sol-ventar al compararlas con las maltratadas técnica-mente. No obstante, al igual que indican Moral y colaboradores (2017) será necesario tenerlo en cuenta en posteriores investigaciones. Por otro lado, es preciso tener en cuenta la sensibilidad del propio tema objeto de estudio que puede derivar en sesgos de deseabilidad social, así como los inconvenientes relativos a la extensión de las escalas aplicadas que podría tener efecto en los resultados por fatiga en los participantes.
Finalmente, concluimos que la violencia de gé-nero, concretamente el maltrato psicológico sutil y manifiesto, es una realidad existente y es priorita-rio prevenir e intervenir sobre este tipo de violencia en etapas previas a la adultez, ya que éstas son el tránsito al establecimiento de las pautas de rela-ción futuras. Esto nos lleva a plantearnos la nece-sidad de potenciar en las Univernece-sidades programas de sensibilización y prevención de la violencia de género dirigidos a los estudiantes, en los que se abunde en la necesidad de mantener relaciones de pareja saludables, más igualitarias (véase Martínez y Rey-Anacona, 2014; Pick, Leenen, Givaudan y Prado, 2010; Póo y Vizcarra, 2011; Schwartz, Griffin, Russell y Frontaura, 2006; Wolfe et al., 2010). De este modo, se incidirá en la toma de conciencia e identificación del proceso de victimización, puesto que, aun cuando los niveles de percepción son ele-vados, el maltrato psicológico sigue siendo objeto de un nivel de tolerancia indeseable. Por último, convendría establecer servicios de orientación para víctimas y agresores e intervenir de forma integral sobre las manifestaciones del maltrato psicológico y/o físico, así como a nivel preventivo dadas las
múltiples consecuencias de esta problemática en el colectivo juvenil.
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Tabla 1. Varianza total explicada por la Escala Abuso Psicológico Sutil y Manifiesto
Componente Autovalores iniciales Sumas de extracción de cargas al cuadrado Total % de varianza % acumulado Total % de varianza % acumulado
1 14.148 41.611 41.611 14.148 41.611 41.611
2 1.874 5.512 47.123 1.874 5.512 47.123
3 1.729 5.085 52.207 1.729 5.085 52.207
4 1.481 4.356 56.564 1.481 4.356 56.564
5 1.158 3.406 59.969 1.158 3.406 59.969
6 1.105 3.249 63.218 1.105 3.249 63.218
7 1.004 2.954 66.172 1.004 2.954 66.172
Método de extracción: análisis de componentes principales.
Tabla 2. Varianza total explicada por la Escala VEC
Componente Autovalores iniciales Sumas de extracción de cargas al cuadrado
Sumas de rota-ción de cargas al
cuadradoa Total % de varianza % acumulado Total % de varianza % acumulado Total
1 12.839 51.357 51.357 12.839 51.357 51.357 9.401
2 2.088 8.352 59.708 2.088 8.352 59.708 9.799
3 1.106 4.425 64.134 1.106 4.425 64.134 6.747
Método de extracción: análisis de componentes principales.
Tabla 3. Prevalencias de Victimización y Maltrato declarado
Rama de estudio Preesencia/Ausencia Frecuencia %
Victimiz. Maltrato declarado Victimiz. Maltrato declarado
Ciencias de la Salud Sí 135 52 96.43 37.14
No 5 88 3.57 62.85
Ciencias Sociales y Jurídicas Sí 104 47 97.2 43.93
No 3 60 2.8 56.08
Ciencias Exactas Sí 43 24 100 55.81
Tabla 4. Prevalencia de Abuso Sutil y Manifiesto
Presencia Frecuencia %
Victimización Maltrato declarado Victimización Maltrato declarado
Abuso Sutil Sí 271 138 93.45 47.59
No 19 152 6.55 52.41
Abuso Manifiesto Sí 273 137 94.14 47.24
No 17 153 5.86 52.76
Tabla 5. Percepción femenina de la gravedad de la violencia psicológica en una relación de no-viazgo heterosexual juvenil (Escala VEC)
Dimensión Respuesta Frecuencia %
Desprecio y Coerción Sí 286 98.62
No 4 1.38
Control del aspecto físico y de las relaciones
Sí 288 99.31
No 2 0.69
Abuso emocional y posesividad Sí 282 97.24
No 8 2.79
Tabla 6. Diferencias entre presencia/ausencia de abuso psicológico y las dimensiones de la Escala VEC
Prueba T para igualdad de medias Tipo de muestra
T Sig. (bilateral) d de Cohen Presencia Ausencia
M DT M DT
Desprecio y coerción 38.308 11.879 45.555 10.932 5.302 .000* 0.626
Control 23.683 8.117 27.581 7.635 4.186 .000* 0.494
Abuso emocional 17 9.497 23.323 9.694 5.537 .000* 0.653
Tabla 7. Relación ramas de conocimiento de estudio y niveles de percepción abuso psicológico
Ramas de conocimiento Niveles percepción conductas violentas
Bajo Medio Alto Total
Ciencias de la Salud
Recuento 21 30 89 140
Recuento esperado 28 32.8 79.2 140
Residuo -1.3 -0.5 1.1
Ciencias Sociales y Jurídicas
Recuento 27 22 58 107
Recuento esperado 21.4 25.1 60.5 107
Residuo 1.2 -0.6 -0.3
Recuento esperado 8.6 10.1 24.3 43
Ciencias Exactas Recuento 10 16 17 43
Residuo 0.5 1.9 -1.5
Total Recuento 58 68 164 290