1 PONTIFICIA UNIVERSIDAD JAVERIANA
FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES CARRERA DE HISTORIA
Viene el fin de semana, todos a la cancha vamos a ir. El Estadio Nemesio
Camacho “El Campín” y su importancia dentro de la dinámica urbana.
1938-1953
Trabajo de Grado para optar al Título de Historiador
Jorge Andrés Sepúlveda Jiménez
Germán Rodrigo Mejía Pavony Director
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Fotografía número 1: Fachada actual del Estadio Nemesio Camacho “El Campín” sobre la Carrera 30. No es solamente una obra arquitectónica, es un hito de la historia deportiva de la ciudad y del país. Fotografía tomada el día 7 de enero del 2015.
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TABLA DE CONTENIDO
Introducción
………...5Capítulo 1
.
Una mirada al campo deportivoen los albores del siglo XX……….151.1El comienzo del siglo XX y la naciente élite bogotana………..16
1.2Los clubes sociales como espacios públicos, cerrados y exclusivos de la élite………..21
1.3Los clubes deportivos: Primeras manifestaciones deportivas en la ciudad……….24
1.4El boxeo y su importanciaen la Bogotá de la década de 1920………35
Capítulo 2.
De la modernización del deporte. La primera gran experiencia deportiva de Bogotá y la necesidad de un escenario deportivo………...402.1 Del modelo deportivo uruguayo: Hacia una modernización del deporte………41
2.2 De los “Juegos Olímpicos Nacionales” de 1927: Primera gran manifestación deportiva de la ciudad………50
2.3 El festival deportivo bogotano de 1927: La necesidad de un espacio adecuado para la práctica del deporte en la ciudad………...59
Capítulo 3.
El estadio ya es una realidad: La fase previa a su construcción………653.1 Antecedentes para la construcción del estadio………66
3.2 El notable gesto de un bogotano……….72
3.3 Perspectivas sobre la construcción del Estadio Nemesio Camacho: ¿Un estadio en los terrenos donados o uno en la Ciudad Universitaria?...78
Capítulo 4.
El carácter del nuevo espacio urbano: El Estadio Nemesio Camacho y su influencia en la construcción de la ciudad……….874.1 La construcción del Estadio Nemesio Camacho……….88
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Capítulo 5.
El Estadio Nemesio Camacho “El Campín”: Templo del deportecapitalino………111
5.1 Elementos necesarios para comprender el espectáculo deportivo………112
5.2 El espectáculo transformado en deporte: El futbol el más querido………...119
Conclusiones
………...133Anexos
………..134Bibliografía
……….1425
INTRODUCCIÓN
I
El presente trabajo trata de establecer la importancia que ha tenido el estadio Nemesio Camacho “El Campín” como un espacio urbano que puede dar cuenta de la historia ciudad en el periodo comprendido entre 1938 y 1953. En este sentido, el estadio construido para albergar los Primeros Juegos Olímpicos Bolivarianos, que fueron parte del programa de celebraciones con que Bogotá festejaría su cuarto centenario de fundación, se convirtió desde entonces en el escenario deportivo más importante y representativo de la capital del país.
El estadio Nemesio Camacho “El Campín” ha sido testigo de primera fila de los momentos más importantes de la historia del deporte bogotano, colombiano y por qué no decirlo, del mundo: la época de El Dorado comprendida desde el año de 1949 hasta 1953, la cual catapultó a la fama a grandes jugadores conocidos mundialmente como lo fueron el Maestro Adolfo Pedernera, Néstor Raúl Pipo Rossi y uno de los mejores jugadores que ha
dado la historia de este deporte: La Saeta Rubia, el gran Alfredo Di Stéfano. Jugadores que con su maravilloso estilo de juego hicieron del terreno de juego de “El Campín” el lienzo donde se plasmó una de las más altas expresiones del deporte espectáculo, despertando el entusiasmo y admiración de quienes domingo a domingo llenaban las tribunas del escenario deportivo. Espectadores quienes a través de aplausos, arengas, gritos y pancartas retribuían su aprecio hacia sus figuras, hacia sus ídolos.
6 más dentro de la red urbana y se configuró como un elemento dinamizador de la expansión urbana en su zona oriental.
El estadio fue objeto de todo un proyecto urbanístico propuesto y ejecutado por el técnico urbanista austriaco Karl Brunner, quien puso en práctica alrededor del escenario deportivo nuevos conceptos urbanísticos contrastantes con las concepciones urbanísticas tradicionales heredadas de la época colonial y que imperaban en la ciudad. Estas nuevas perspectivas urbanísticas se basaban en nuevos trazados de las calles, apertura de grandes avenidas, dotación de espacios públicos, zonas verdes y nuevas zonas residenciales catalogadas como modernas, que hicieron del sector oriental del estadio uno de los polos de atracción favoritos de las clases altas para establecerse y alejarse del bullicioso y caótico centro de la ciudad.
De esta forma, se puede decir, que la importancia del estadio Nemesio Camacho “El Campín” en la configuración de la vida urbana a través del deporte, de su arquitectura y del proceso urbanístico que generó y se reflejó en la expansión de la ciudad en esa zona, sirve de una u otra forma para comprender una parte de la historia de Bogotá.
II
7 Por su parte, en lo referente al proceso urbanístico alrededor del estadio, el tema es generalizado y contrapuesto con otros procesos urbanísticos de la ciudad. Andreas Hoffer (2003) es quizá quien más le ha prestado mayor atención al tema, reconociendo la importancia que tuvo el estadio en la consolidación urbana de la ciudad en su eje noroccidental. (p.122) En consecuencia, lo que se conoce sobre el estadio “El Campín” y su influencia en el impacto urbano de la zona es poco.
Finalmente, el deporte, como uno de los diversos productos de la vida urbana, y especialmente el fútbol, ha sido un tema bastante trabajado. Las investigaciones de Carolina Jaramillo (Fútbol en Colombia, 2007), La gran historia del fútbol profesional colombiano (2008), Tobías Carvajal (Memorias deportivas de Colombia. Siglo XX, 2000), Mike Forero Nougés (El deporte en Colombia, 1989); revistas como Deporte Gráfico y las revistas publicadas por los equipos bogotanos, son fuentes importantes de información para conocer la historia del deporte más popular del mundo en Bogotá. No obstante, esa relación deporte-estadio, fundamental para comprender el espectáculo deportivo como producto de la vida urbana, se ha dejado de lado y en nuestra consideración es fundamental para comprender las dinámicas sociales que giran entorno a esa relación.
Por lo tanto, este trabajo pretende contribuir en primera instancia, a hacer un estudio socio histórico de la construcción del estadio Nemesio Camacho “El Campín”; es decir, analizar e interpretar todas las implicaciones sociales que llevaron la construcción del escenario deportivo, como por ejemplo, qué lleva a la ciudad a construirlo, qué implicaciones económicas y políticas se involucraron para su construcción, cómo es percibida la decisión de su edificación, qué consecuencias y repercusiones generó dentro de la sociedad bogotana.
8 que mayor impacto tuvo. Zona en la cual se llevó a cabo todo un proyecto urbanístico que hizo del sector, uno de los más confortables y mejor equipados de la ciudad.
Por último, se busca aportar cómo esa relación deporte-estadio, a través del espectáculo deportivo, configura todo un entramado de relaciones sociales, las cuales permiten comprender la dinámica de la vida urbana de la ciudad.
III
Teóricamente, este trabajo se basa en cuatro categorías, las cuales nos permiten direccionar lo planteado anteriormente.
• Categoría de Ciudad
Para el historiador Germán Mejía (La ciudad y las ciencias sociales, 2000), la ciudad es un espacio físico que en la medida en que es apropiado por el hombre y transformado en su beneficio, se torna en un espacio histórico. Dentro de este proceso, la ciudad ha sido una constante que persiste a través de los siglos, parte inherente de todas las culturas y, por definición, característica de toda civilización. De esta manera, para la historia, la ciudad emerge de su continuidad y recurrencia como fenómeno social, de su presencia y de las sociedades, de su carácter congregador de seres humanos y poderes, de su capacidad ordenadora de un territorio: “La ciudad, cualquiera que sea y a pesar de las evidentes diferencias que manifiesta a través del tiempo y de los lugares, es un producto histórico recurrente, una entidad específica que siempre sabemos reconocer dentro del conjunto de los productos humanos, de la historia”. (p. 65)
Además, para Mejía, todo lo que sucede en la ciudad, por el simple hecho de ocurrir en ella, es historia urbana y el objeto de esta es estudiar la organización del espacio dentro de la ciudad, a la creación de un orden entre sus habitantes y los problemas que la condición urbana crea sobre las personas.
9 Según el arquitecto Alberto Saldarriaga (Bogotá siglo XX. Urbanismo, arquitectura y vida urbana, 2000 a), la urbanización de una ciudad se puede entender específicamente en
dos sentidos: uno de ellos, el de las transformaciones materiales que han alterado la estructura física de un espacio originado en un pasado tradicional. Otro, es el de los cambios surgidos en la mentalidad individual y colectiva que han orientado los cambios materiales y que al mismo tiempo han asumido sus efectos; ambos en la búsqueda de progreso y bienestar común de la sociedad. Por su parte, la arquitectura la define como “el arte del espacio”, es decir; con el término de arquitectura se expresa el arte de crear, con estructuras materiales relativamente estables y sólidas, los espacios interiores y exteriores destinados a albergar las diversas formas de la vida humana. (p. 19)
Saldarriaga sostiene que el urbanismo y la arquitectura se esgrimieron como dos de los instrumentos indispensables para el logro del bienestar común en las ciudades modernas:“El ordenamiento racional del territorio, la planeación de las ciudades y la construcción de edificios higiénicos y funcionales fueron intenciones para llegar a este propósito. De ahí el interés por planear, proyectar y realizar proyectos urbanos de gran magnitud, encuadrados dentro de los lineamientos dados por un plan regulador, como señal visible de una gestión modernizadora.” (p. 19)
• Categoría de Vida Urbana
Alberto Saldarriaga (2000 a), además, propone que la vida urbana es un producto de la presencia y participación de diferentes grupos humanos. La cultura ciudadana es la reguladora de vida de eso grupos, equivalente a un inconsciente colectivo formado a lo largo del tiempo y cambiantes según las transformaciones sucesivas de la sociedad que habita en la ciudad. La cultura ciudadana como reguladora de las relaciones entre ciudadanos y la ciudad se expresan principalmente a través de las acciones que se desarrollan en el escenario construido de la ciudad.
10 desaparecen para dar paso a nuevas cosas. Esto depende en gran parte de dos aspectos: de las tradiciones, entendidas como aquellos rasgos que sobreviven al paso del tiempo y que se conservan como parte de la mentalidad y de la vida urbana; y segundo, en las transformaciones de estilo de vida moderna, lo cual hace que la relación pasado-presente sean indispensables para el carácter de una ciudad. (p.26)
En síntesis, a través de estas categorías: el urbanismo presente en la planeación de la ciudad y en el carácter del nuevo espacio urbano, la arquitectura como la dimensión edificadora de edificios modernos y singulares, y la vida urbana como la expresión de mentalidades y formas de comportamiento colectivo en el ámbito de la ciudad, permiten esgrimir la importancia del estadio Nemesio Camacho “El Campín” dentro de la dinámica urbana.
IV
Para elaborar el presente trabajo, se realizó la debida, exploración y recolección de fuentes primarias basadas en la pesquisa de revistas, prensa, fotografías y registros fílmicos de la época. Además, la consulta de fuentes primarias en el Archivo General de la Nación en la Sección mapas y planos y en el Archivo de Bogotá en el Fondo Secretaría de Obras Públicas. Por su parte, el trabajo con fuentes secundarias está vinculado a la consulta de bibliografía, artículos, ensayos, registros fílmicos y radiales pertinentes al tema de investigación. Finalmente, se realizó el respectivo análisis, confrontación, articulación y escritura con base en las fuentes consultadas.
V
Este trabajo se sustenta en cinco capítulos. A continuación una breve síntesis de cada uno.
El primer capítulo denominado Una mirada al campo deportivo en los albores del siglo XX, aborda la configuración del campo deportivo en Bogotá durante sus primeras tres
11 lugar, a través de los clubes sociales, lugares cerrados y exclusivos de la élite los cuales contienen las primeras manifestaciones deportivas traídas del extranjero por miembros pertenecientes a las clases altas. Deportes como el polo, el golf, el tenis y el fútbol se configuraron como las prácticas más importantes de la época. En segundo lugar, la aparición del boxeo en la década del 20 generó todo un impacto dentro de la sociedad bogotana, siendo la práctica deportiva que sirvió de base para que los medios impresos impulsaran e incentivaran entre sus lectores la práctica de algún deporte. ¿Por qué abordar esta temática? Estudiarla nos permite entender cómo se crea todo un imaginario en torno al deporte que en años posteriores repercutiría en la necesidad de nuevos espacios para su práctica.
El segundo capítulo llamado De la modernización del deporte. La primera gran experiencia deportiva de Bogotá y la necesidad de un escenario deportivo, trata sobre las
primeras experiencias emprendidas para la masificación del deporte y su popularización dentro de todos los sectores de la sociedad. En esta época el deporte es pensado como una herramienta eficaz en el complemento de una educación íntegra que, tomando modelos extranjeros, como la implementación de plazas de deportes, en las escuelas y los barrios, ofreció a la juventud bogotana la oportunidad de ejercitarse y alejarse de los malos hábitos de higiene y de los vicios que no permiten un desarrollo físico y moral óptimo. En consecuencia, la implementación y promoción de las prácticas deportivas se vuelve asunto de política pública y la mejor forma de llevar a cabo esto es por medio de la organización de eventos deportivos y emulando eventos de gran magnitud como los Juegos Olímpicos.
12 El tercer capítulo: El estadio ya es una realidad: La fase previa a su construcción es ya la puesta en marcha de todo un plan para dotar a la ciudad de un escenario deportivo capaz de satisfacer las necesidades de los deportistas. Para tal efecto, se ejecutan diversos estudios para establecer el lugar de su construcción, la viabilidad económica como ambiental y su impacto dentro de la red urbana. El gesto notable de un bogotano sería la piedra angular para que el escenario deportivo fuera una realidad con una donación de terrenos en la antigua hacienda de “El Campín”. Sin embargo, esto no sería suficiente, ya que la idea de construir el estadio para Bogotá sería fuertemente debatida y criticada, hasta llegar al punto de considerarla una obra inútil y suntuosa, la cual solo traería déficit en las arcas municipales. Por aquel entonces, se llevaba de manera simultánea la construcción del campus universitario de la Universidad Nacional y entre sus obras se proyectaba la construcción de un estadio, el cual era considerado el más adecuado para la ciudad. En consecuencia, el estadio se vuelve objeto de debates en el Concejo Municipal, donde por unanimidad se considera que la mejor opción es construirlo en los terrenos donados de “El Campín”.
El cuarto capítulo denominado El carácter del nuevo espacio urbano: El estadio Nemesio Camacho y su influencia en la construcción y consolidación de la ciudad hace
referencia a la puesta en marcha de la construcción del estadio Nemesio Camacho “El Campín”. Sin embargo, como ya se dijo anteriormente, su construcción fue vista por algunas autoridades gubernamentales como innecesaria. El estadio “El Campín” sería centro de controversias. Uno de sus objetivos principales, estar listo para la inauguración de los Primeros Juegos Bolivarianos, no se cumpliría ya que sería víctima de un complot de las mismas autoridades organizadoras de los juegos. No obstante, el estadio “El Campín” saldría airoso de esa incómoda situación. Finalmente, fue inaugurado nueve días después de lo presupuestado, generando un impacto positivo dentro de la sociedad bogotana, quien vio con buenos ojos la materialización de una de las obras más anheladas por los deportistas y el público en general.
13 urbana que buscaba dar un nuevo sentido muy diferente a la experiencia urbana heredada de la Colonia.
Finalmente, el quinto capítulo: El estadio Nemesio Camacho “El Campín”: Templo del deporte capitalino, trata de establecer esa relación deporte-estadio, vínculo que se
resume en el concepto de espectáculo deportivo, un producto del fenómeno de la vida urbana. Este espectáculo deportivo es el resultado de la puesta en marcha de la necesidad de profesionalizar el deporte, en este caso específico el fútbol, que sin duda, para finales de los años cuarenta y comienzos de los cincuenta ya era todo un fenómeno de masas. Los equipos capitalinos Santa Fe y Millonarios se consolidaban en esta época como los mejores del país. En consecuencia, este periodo es quizá la época de mayor esplendor que haya tenido la historia del fútbol colombiano con El Dorado. La gran afluencia de público al estadio “El Campín” generada por la magnífica calidad técnica de los jugadores y el espectáculo que ofrecían los equipos, hicieron que quienes asistían al estadio crearan una estrecha relación de identidad con quienes domingo a domingo se batían en el gramado del estadio.
En consecuencia, los objetivos a cumplir en este trabajo son:
1. Proyectar la importancia que tuvo el estadio “El Campín” en el crecimiento y consolidación de la ciudad en su zona noroccidental.
2. Entender al estadio “El Campín” como un espacio urbano en el cual se manifiestan diversos aspectos de la vida urbana.
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CAPÍTULO 1:
UNA MIRADA AL CAMPO DEPORTIVO DE
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1.1 EL COMIENZO DEL SIGLO XX Y LA NACIENTE
ÉLITE BOGOTANA
Durante los primeros años del siglo XX, las prácticas deportivas se configuraron alrededor de la construcción de una clase dominante que buscaba para sí un carácter de élite netamente urbana, diferenciándose de la antigua élite regional terrateniente que prevaleció durante la segunda mitad del siglo XIX. De esta manera, los deportes hicieron parte fundamental de los elementos que constituyeron nuevas relaciones de poder entre los sectores de la élite y las clases populares, y en las cuales se fueron conformando procesos identitarios que influyeron de manera decisiva en la lucha por la definición y diferenciación entre clases. En consecuencia, el deporte brindó algunos elementos simbólicos de diferenciación, que a través del cierre del espacio representado en los clubes sociales, permitieron mantener las rígidas estructuras simbólicas de una sociedad que se denominaba moderna, pero que todavía se encontraba inmersa en los lineamientos políticos, económicos y culturales tradicionales.
El comienzo del siglo XX marcó el ascenso de una incipiente burguesía, un grupo social producto del acuerdo librecambista que imperaba en la coyuntura económica de fin e inicio de siglo, pero con ciertas características de diferenciación a partir del proceso de la Regeneración y de la finalización de la Guerra de los Mil Días. Aunque esa élite era la misma en su estructura, la misma élite comerciante y terrateniente de mediados del siglo XIX, se diferenció de esta por la visión política que tuvo a cerca de la construcción del Estado. Lo importante para esta élite ascendente era sentar las nuevas bases de modernización del Estado desde una perspectiva racional, centralizando el poder, modernizando la administración pública, creando y fortaleciendo la infraestructura del país necesaria para la formación de un mercado interno.
17 Banca Central como herramienta fundamental en el proceso de neutralización del poder de
los caudillos.” (Rodríguez, 1986, p. 54)
En consecuencia, lo que produjo todo esto fue un cambio en la estructura de la vida social y política: se pasó de una élite estrictamente rural encabezada por los caudillos, a una élite urbana al mando de la burguesía emergente. Esa burguesía heredera, pero no igual a la élite terrateniente de mediados de siglo XIX, procuró consolidarse como un grupo dominante, una élite política que buscó construir y proyectar una nueva identidad basada en características urbanas y modernas propias que la identificaran.1
En pocas palabras, con la llegada del siglo XX, se instaura un nuevo orden en la construcción de identidades y sistemas de diferenciación, los cuales permitieron a la nueva burguesía fortalecerse como grupo dominante. Esta burguesía buscó consolidar su condición a través de pretensiones de legitimidad las cuales les: “sirven para mostrar cómo y por qué las instituciones existentes, o aquellas que las reemplazarían, son adecuadas o válidas para emplear el poder político, de forma tal, que logre realizar los valores constitutivos de la identidad social, o en otras palabras, que logre generar consensos amplios.” (Ruiz, 2010, p. 29)
De esta forma, la legitimación pretendida por la élite configuró nuevas identidades, ideales en común y consensos que de una u otra forma les confirió un orden y poder
1
18 político, es decir, siguiendo con la idea de Ruiz, se originaron unos puntos nodales2 en medio de una gran diversidad de identidades culturales y políticas, por lo que su campo de acción se conforma desde la sociedad civil o el espacio público.
En consecuencia, posesionada como elite política, esta nueva clase buscó hegemonizar su poder y su proyecto económico vinculando las diferentes identidades del territorio con la finalidad de establecer una identidad nacional, la cual permitiera legitimar sus pretensiones económicas y afianzar su lugar como grupo dirigente. Un caso de cómo esta élite buscó hegemonizar su proyecto fue el de la inclusión y movilización de los sectores no beneficiados directamente por los proyectos de la naciente clase política. La razón para incluir estos sectores no protegidos, en especial los artesanos que reclamaban por políticas proteccionistas, particularmente, en contra del librecambio, partía de la idea de que la nueva clase requería oponerse legítimamente a la antigua clase, la cual se fundamentaba en una economía terrateniente organizada a partir de la hacienda, es decir, en estructuras aun coloniales.
Para llevar a cabo esta inclusión, la nueva élite acudió a un discurso del nacionalismo que reclamara una idea de patria, la cual representara derechos fundamentales como la libertad e igualdad; así como el desarrollo y progreso económico-social. La noción de ciudadano también fue entendida por las élites bajo los principios de libertad, igualdad y fraternidad, principios que servirían de base a un nuevo orden de la nación: expuesta como una entidad floreciente y poderosa con ciudadanos libres y con igualdad de derechos. En pocas palabras, la nación de ciudadanos libres e iguales fue el ideal que intentó vincular las identidades excluidas. Si bien en la teoría este intento de vinculación hegemónica proyectó tendencias de mejoras en todos los aspectos sociales, en la práctica se vio malogrado por el acuerdo descentralizador y por prácticas de exclusión concretas de los sectores populares,
2
19 los cuales no lograron satisfacer sus demandas de acuerdo con las pautas y los modelos estatales propuestos por la élite política.
Por ejemplo, los artesanos, como fuerza social y política, se vieron perjudicados en sus intereses económicos y sociales por la falta de políticas proteccionistas, aumentando el nivel y la capacidad de importaciones europeas en relación con la pobre situación competitiva de las manufacturas locales; o por otro lado, la política de individualización de tierras comunales indígenas, las cuales fueron puestas a la venta, provocando la migración de esta población a las ciudades o en su defecto, confinándolos a trabajar en las haciendas, situación que hizo aumentar la oferta de mano de obra y causó la disminución de salarios. (Rodríguez, 1986, p. 58)
Sin duda, hechos como esos malograron la aplicación de los conceptos liberales, como, por ejemplo, los de igualdad y libertad, tan promulgados por las élites. En contraste, originaron situaciones más precarias para los sectores populares, que los llevaron poco a poco a la exclusión, la cual se reflejó en su realidad política, económica y social. De modo que tales ideales liberales tuvieron una aplicación limitada y sometida a restricciones, entre otras razones porque su práctica consecuente afectaba los intereses ideológicos y económicos de algunos miembros de las élites. Por su parte, los sectores agroexportadores se afianzaban como élite dominante a partir de los dictámenes librecambistas, los cuales se manifestaron en una identidad basada en los intereses comerciales que facilitaron articular las identidades regionales de la élite hacia la constitución de una clase dominante que no supo alcanzar un consenso nacional más allá de sus propios intereses.
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1.2 LOS CLUBES SOCIALES COMO ESPACIOS
PÚBLICOS, CERRADOS Y EXCLUSIVOS DE LA
ÉLITE
Si bien los deportes en Colombia se empiezan a manifestar a finales del siglo XIX, su importancia bajo la óptica social se hará notar a partir de los primeros años del siglo XX, cuando las relaciones entre estas prácticas y la consolidación y conformación de identidades entre las élites se hacen más evidentes. Además de consolidar su proyecto económico, defender una idea de pacificación del país con el fin de expandir la acumulación de capital, mantener al margen el peligro que producían ciertos sectores sociales cada vez más alejados de la política tradicional, a comienzos del siglo XX, y después de las diversas luchas internas entre los partidos políticos y las rupturas regionales evidenciadas en las guerras civiles, la élite se configuró alrededor de la centralización política de fines del siglo XIX y comienzos del XX en camino a la modernización del Estado y del fortalecimiento económico.
El acuerdo federalista planteado por la élite naciente dejó de ser determínate en la vida política del país, la cual empezó a direccionarse a una política considerada moderna, de tal modo que se superaran las viejas alianzas y acuerdos de las élites regionales con el objetivo de centralizar la toma de decisiones en las ciudades, originando un cambio importante en la organización política y el estatus de la vida social. Esta naciente burguesía buscó construir su identidad con base en características modernas y urbanas, y con sistemas de diferenciación, los cuales les permitieran consolidarse como grupo domínate. Por tal motivo, es de gran importancia señalar el papel que desempeñaron los deportes y su relación con los clubes sociales como lugares del espacio público de la élite, teniendo en cuenta que en esos lugares se contienen las primeras manifestaciones de eventos y prácticas deportivas y su relación con la construcción de identidades.
22 las transformaciones del espacio público en el proceso de formación de la sociedad burguesa, es decir, del surgimiento de la esfera social.3 En consecuencia, los clubes sociales, particularmente en Europa, son el producto de la conformación de la opinión pública, de un público que se construye a partir de la separación entre la sociedad burguesa y el poder público y que, a su vez, efectúa una crítica pública razonable del poder a través de la prensa, la cual está ligada al uso público, por lo cual debe estar permitida para todos con el fin de instruir e ilustrar la sociedad. En otras palabras, la opinión pública: “es el momento en que las personas privadas se reúnen en calidad de público, por tanto, es el momento en el que se produce una esfera pública escindida del Estado y que se encuentra conformado por individuos que se separan de su ámbito íntimo.” (Habermas, 1997, p. 69)
En consecuencia, los clubes sociales surgen en Europa como:
Nuevas instituciones que, con toda su diversidad, y que tienen en Inglaterra y en Francia idénticas funciones sociales: las casas de café en su época floreciente, entre 1680 y 1730, los salones en la época que media entre la regencia y la revolución. Se trata, aquí como allá, de centros de crítica literaria y luego, también política, en los que comienza a establecerse una paridad entre las gentes cultivadas procedentes de la sociedad aristocrática y las de la intelectualidad burguesa. (Habermas, 1997, p. 70)
De esta manera, para la sociedad europea los clubes sociales son el centro de la vida pública, son lugares que configuran el espacio público de la sociedad burguesa donde se producen y se discuten las ideas políticas, económicas, científicas y literarias que de una u otra forma expresan los caracteres simbólicos de esa clase burguesa europea. Por otro lado, imitando lo que sucede en Europa, en nuestro país el primer club que aparece es el Club Soto fundado en 1873 por inmigrantes alemanes que se instalaron en el departamento de Santander, a este club le seguirían el Jockey Club en 1874, el Gun Club de Bogotá en 1882, el Club Barranquilla en 1888, el Club Unión de Medellín en 1894 y el Polo Club de Bogotá
3
23 en 1896. En los albores del siglo XX, aparecerán nuevos clubes fundados por elites inmigrantes como el Club Italiano, el Club Alemán, el Club Alhambra y el Centro Español. (Zambrano, 2002, febrero, p.12)
En relación con el Gun Club, como lugar representativo del espacio público de la élite capitalina, Jorge Ruíz lo describe como:
A pesar de su más añeja procedencia, el club como institución, en la forma como nació y ha vivido el Gun Club, es un producto del siglo XIX, que transformó la idea de beligerancia política de los Clubes Jacobinos, y de las estrictas instituciones inglesas. En las épocas turbulentas de la independencia y de los primeros años de la República, existieron centros literarios y filosóficos, en los cuales, al amparo del contacto social y de la vida intelectual, se conspiraba y se fraguaban los rasgos determinantes de la nacionalidad. Esta característica se transformó un tanto, y se llegó al club social, del cual el Gun Club es arquetipo, que justamente por reunir en su seno a ciudadanos de significación en la política, en la economía, en la vida social, en las preocupaciones históricas y humanísticas, no puede ni podrá nunca estar ausente de esas horas de grandes modificaciones de un país. Con un rasgo muy especial, y es el de que al trasladarse estos momentos al seno del Club, pierden su acerbía, y pueden los problemas discutirse con mucha mayor serenidad, y sin determinar que la institución, como tal, tome partido. (2010, p. 43)
24
1.3 LOS CLUBES DEPORTIVOS: PRIMERAS
MANIFESTACIONES DEPORTIVAS EN LA CIUDAD
El ejemplo del Gun Club nos ayuda a comprender la configuración de un espacio público en el cual la élite bogotana pudo emitir opiniones y discutir sus ideales sobre el poder público, el camino a la modernización y el fortalecimiento de las instituciones en la búsqueda de una nación floreciente y próspera. Sin embargo, en este club no se manifestó ninguna práctica deportiva, lo cual llevó a la emergencia, en Bogotá, de otros clubes sociales fundados especialmente para fomentar y divulgar estas prácticas entre los sectores de la élite, llevando a la proliferación de estos espacios en toda la ciudad.
De acuerdo con el sociólogo Norbert Elias (1992), el estudio sobre la adopción y práctica de ciertos pasatiempos llamados deportes tiene como finalidad conocer las funciones sociales que se les asignan, en cada momento y lugar específico, a las diversas prácticas que comprenden este campo. De esta manera, el objeto de estos estudios es analizar las funciones sociales que el deporte puede cumplir, de acuerdo con su carácter lúdico de “entretenimiento y recreativo” (ocio) para las multitudes agobiadas por el ritmo de vida que llevan (p.10). Bajo esta perspectiva, se puede señalar una serie de funciones latentes en las prácticas deportivas que se logran identificar en lo que hace a la dimensión social.
25 en las costumbres inglesas, las cuales se expresaron tanto en actividades deportivas como sociales:
Los ingleses establecieron la costumbre del weekend, como una manera de tranquilizar los nervios, aquietar el cerebro, madurar las decisiones y darle una tregua a la acción. Para ellos lo que acontece el sábado, no tiene vigencia sino hasta el lunes. Aun las decisiones sobre la guerra se aplazan, hasta después de haber permanecido unas horas abandonadas, a las orillas de las aguas, con el anzuelo suspensivo; o haber transitado sobre el césped verde…o haber ascendido a la montaña para sentir el viento de las cumbres borrascosas; o pasar unas horas, por los caminos de Inglaterra al trote de un alazán. Y esta enseñanza se ha extendido sobre el mundo. Y con euforia, y muchas veces sin discriminación, las gentes se lanzan fuera de la ciudad, para almorzar sobre los prados, sentir el viento fresco, o estar paciente a la orilla de un río. (Elias, 1992, p. 18)
Para el caso bogotano, estas prácticas serían traídas por los inmigrantes europeos y emuladas por las familias bogotanas pertenecientes a las élites que viajaban a Europa. Al respecto, el escritor e historiador José María Cordovez Moure nos cuenta cómo ciertas prácticas foráneas fueron introducidas a la ciudad y cómo poco a poco se establecieron:
Durante el siglo XIX, los santafereños se divirtieron con la caza…en los jarales que cubrían parte de las haciendas de la Conejera y Fute, vivían manadas de ciervos que proporcionaban abundante y fácil cacería, hasta que se resolvió destruirlos mediante la compra de boletas con derecho a divertirse, matándolos a balazos. Entre los muchos que tuvieron pasión por la montería, recordamos a tres: don Luis Rubio Ricaurte, Francisco Ramírez y el general José Agudelo. En tiempos de la pacifica Santa Fe, cazaba don Luis Rubio Ricaurte al estilo de los grandes señores europeos, con la diferencia de que estos dedican poco tiempo del año a dicha recreación, mientras que don Luis solía permanecer en ella durante meses seguidos. En efecto, establecía campamento provisto de todo lo necesario para vivir en parajes frecuentados por los ciervos, de manera que puesto en acecho los cazaba a balazos sin necesidad de perros, a los que profesaba tenaz antipatía. 4
De esta forma, se puede entender el ocio o tiempo recreativo como medio de emancipación, de enriquecimiento social e individual. Un tiempo durante el cual el hombre es capaz, a través de la existencia de un abanico de actividades diversas y nuevas (en este caso con las prácticas deportivas), de desarrollar aptitudes físicas, intelectuales y sociales dentro de la esfera social.
Como se dijo anteriormente, el interés y el gusto por el deporte por parte de la élite llevó a esta a la apertura de clubes especializados en ciertas prácticas deportivas, tal es el caso del Polo Club en 1896 y el Country Club en 1917. En primer término, el deporte del
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Biblioteca Virtual Luis Ángel Arango. “Los cazadores”
26 polo5 llegó al país por iniciativa de Ignacio Sanz de Santamaría, Álvaro Uribe y Federico Child, quienes lo conocieron en su instancia en Europa mientras adelantaban sus estudios, con la idea de practicar en Colombia un juego que los había dejado impresionados. Junto con Evaristo Herrera, y sin tener claras las ideas del juego, en septiembre de 1896 se disputó el primer partido de este deporte en un potrero ubicado en La Magdalena (hoy avenida Caracas con calle 38), lugar donde fundaron el Polo Club. Sin embargo, en sus inicios, el desarrollo de este deporte no fue fácil: “los primeros caballos en los que se jugó eran de vaquería, traídos de las fincas de cada jugador, o animales que se le compraban a los campesinos y en los que ellos transportaban carbón de leña o agua.” (Semana, 1997, 11 de agosto, p.18)
Fotografía número 3: La primera sede del Polo Club quedó instalada en la hacienda La Magdalena, donde fue su cede por muchos años. Luego, el Club se trasladó a un predio en la hacienda Buenavista donde actualmente queda el barrio Polo Club. En los años cincuenta se construyó la sede actual, que ha sido testigo de muchos
acontecimientos sociales y deportivos. Fuente:Fundación Misión Colombia,Historia de Bogotá, 1988,tomo III, p.
86.
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27 Paulatinamente, el polo o el "deporte de los reyes", como también se le conocía, se
fue consolidando entre la élite capitalina hasta convertirse en una actividad exclusiva que solo podían practicarla quienes tenían los recursos necesarios. En este sentido, se trató de un deporte reservado para unos pocos. Las razones son variadas, por ejemplo, se trata de una actividad que exige buenos caballos, de alto costo, los cuales en su gran mayoría en la década de 1930 eran exportados de Inglaterra y Argentina. Por otra parte, los animales deben ser adiestrados y en un partido no se juega con uno solo de ellos, dada la velocidad y el agotamiento que supone el polo, se requiere cambiar varias veces de ejemplar. Esta práctica pudo sobrevivir gracias a que se convirtió en una actividad de tradición familiar, transmitida de generación en generación. Los padres se encargaron de enseñar a sus hijos el amor y la pasión por una disciplina que, aunque no muchos la entiendan, pocos ignoran.
Fotografía número 4: Jugadores de polo del equipo Bogotá en el campo de La Magdalena antes de iniciar uno de
los numerosos torneos que proliferaron en este club en la década de 1920. Fuente: Cromos, 1924, 13 de septiembre,
28 Fotografía número 5: "El polo es, sin duda, el más interesante de los deportes. Atribuyo ese interés al hecho de que el estado natural del hombre es la guerra; y lo que más se parece a la guerra es el polo." Frase de Evaristo (quien se encuentra en el centro de la fotografía), uno de los pioneros de este deporte en la ciudad. Al fondo, los campos de
juego del polo en La Magdalena. Fuente: Cromos, 1924, 13 de septiembre, s.p. Como se puede observar, los jinetes
recuerdan los centauros, aquellos animales míticos que eran mitad hombre y mitad caballo. Para ser buen jugador de polo, el caballo y el jinete tienen que trabajar como si fueran un solo ser en lugar de dos.
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El primer campo de deportes para carreras de caballos y ciclismo lo tuvimos en Bogotá gracias a sus fundadores Carlos José Espinosa y Rafael Espinosa Guzmán y fue inaugurado el 14 de julio de 1898 en los predios de La Magdalena en lo correspondiente a la avenida Caracas con calle 38, posteriormente, hubo campos para carreras en Puente Aranda y abajo del templo de Chapinero. También se corrían caballos entre la plaza de Bolívar y San Agustín… La primera carrera se hizo en honor del Polo Club, acabado de fundar. (Currea, 1961,12 de febrero, p. 130)
La aparición de esas prácticas señala en conjunto la presencia de nuevos gustos y necesidades de la ciudad a fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX, las cuales no solamente beneficiaron a las élites en sus tiempos de ocio, sino también al paisaje urbano de la ciudad, ya que motivaron la construcción de edificios y parques, la incorporación a la ciudad de lotes baldíos y la adecuación de lugares. Además, manifestaron la introducción de nuevas costumbres, producto de las modas recién llegadas, que gozaban de gran éxito en la elite capitalina. Con los primeros años del siglo XX, el Polo Club fue incorporando la práctica de nuevos deportes que se convertirían en los favoritos de la élite para pasar sus tiempos de ocio: el futbol, el tenis y el golf.
En primera instancia, el futbol,6 surgió por la iniciativa de los hermanos José y Carlos Obregón, quienes propusieron a los señores Álvaro Uribe e Ignacio Sanz de Santamaría, fundadores del Polo Club, incluir la práctica de este deporte en los programas deportivos proyectados para los fines de semana, propuesta que tuvo efecto con la creación del Fotball Club de Bogotá en el año de 1902, primer equipo de futbol fundado en la ciudad. (Zambrano, 2007, p. 52) Sin embargo, se tienen registros que indican que para el año de 1900 la práctica del balompié ya se encontraba difundida por toda la ciudad. Los lugares predilectos para su ejercicio eran los campos de Marly y los potreros de Teusaquillo, contiguos al hipódromo de La Magdalena. Con la creación del Football Club de Bogotá, de inmediato se empezaron a conformar otros clubes especializados en la enseñanza y práctica de este deporte, como el Club Colombia de Football, el Club Football de Marly y el Club
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30 de Football Guillermo Durán. También los principales colegios capitalinos empezaron a fomentar este deporte, entre ellos el San Bartolomé, el Gimnasio Moderno, la Escuela Ricaurte y la Escuela Militar. (Credencial Historia, 2005, mayo, p. 8-9)
Como se ha dicho, el polo y el futbol eran los deportes que predominaban en la sociedad bogotana en los inicios del siglo XX, pero en las instalaciones del Polo Club surgirían otras prácticas que se instalarían en la mentalidad de la élite. En este lugar, se construirían las primeras canchas de tenis de la ciudad, gracias a entusiastas que habían observado la práctica de “el deporte blanco”7 en Europa y es, precisamente, a través de este fue que se empezó a incorporar a la mujer en las prácticas deportivas, ya que en los otros deportes la mujer desempeñaba el papel de espectadora. Es decir, que con la llegada del tenis se permitió por primera vez la participación de las mujeres en la práctica de un deporte (en su mayoría ellas eran esposas, hijas y familiares de los socios del club), esto debido a que el tenis se consideraba una actividad más suave y delicada, en contraste con los deportes primeramente mencionados. Al respecto Fabio Zambrano cuenta:
Los clamores de la prensa que, desde comienzos del siglo, encarecían la necesidad de incorporar a las mujeres en las actividades deportivas; pero que con la llegada del tenis en 1906, las bogotanas entraron en el mundo de los deportes y tuvieron presencia muy activa en los campeonatos que se desarrollaron en la ciudad entre 1906 y 1920, tiempo en que se formó el Lawn Tenis Club de Bogotá, cuyos socios eran en su mayoría mujeres […] Ellas jugaban con sombreros grandes, blusas de manga larga y cuello alto, cinturón de cuero, faldas anchas y largas, y zapatos de cuero. (Zambrano, 2007, p. 53.)
Por último, otro deporte que impactó en la alta sociedad de la ciudad fue el golf, el cual fue introducido por algunos bogotanos que habían residido en Inglaterra y Francia. Sus precursores, Joaquín Samper Brush y Carlos Vengoechea, implementaron la práctica del golf en los terrenos del Polo Club, hecho que causó discordia entre los deportistas de polo, quienes no aceptaban la idea de compartir sus campos con los aficionados del nuevo deporte, quienes fueron forzados a alquilar potreros situados debajo de la línea del entonces
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31 Ferrocarril del Norte (hoy carrera 14, entre calles 49 y 51), lugar donde jugaban todos los domingos y los días feriados. Posteriormente, para el año de 1917, sus precursores deciden dar apertura a un lugar en cual la práctica del golf fuera exclusiva, dando origen al Country Club:
La junta administradora, establecerá y fomentará en el campo del Country Club los juegos que estime conveniente, pero el juego de Golf tendrá siempre la prelación absoluta sobre todos los demás. Cada juego estará a cargo de un Comité nombrado por el Presidente. Los Comités propondrán a la junta administradora las reglas y reglamentos respectivos y una vez aprobados por ella se mantendrán publicados en la casa del Club. (Plazas, 1967, p. 27)
Esta primera sede del Country Club se ubicó en lo que hoy es la calle 53 con carrera 17. Allí se construyó la casa del Club y un campo de golf de nueve hoyos, con un trazado muy irregular por la falta de planeación y técnica en su elaboración. Al respecto, Jorge Plazas describe el diseño del primer campo del Country Club, con estas palabras: “Se constituyó un pequeño cuarto donde los socios jugadores se cambiaban de ropa y ahí mismo se guardaban las talegas de golf [… ] Se mantenía una manada de ovejas que eran muy útiles, pues eran las que hacían el oficio para cortar los fairways y habían dos máquinas de mano para cortar los greens.” (1967, p. 25) Poco a poco, el Club fue incorporando la práctica de otros deportes como el tenis, el criquet, el patinaje y los bolos, todo ello con el pretexto de que adquiriera un doble carácter: social y deportivo, de tal forma que pudiera reunir a las familias en torno a un ambiente acogedor y agradable durante los fines de semana.
Retomando a Habermas, quien define el espacio público como el acto de presentarse públicamente cuando se es una persona privada (1997, p.48), y tras observar los ejemplos de la conformación de algunos clubes sociales8 con carácter deportivo en la Bogotá de comienzos del siglo XX, se puede decir que en estos lugares fue donde se produjo y se configuró la identidad de la naciente burguesía capitalina, la cual se impondría, a través de
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32 la manifestación corporal de las prácticas deportivas, como grupo dominante sobre las clases populares. De esta forma, los deportes sirvieron como un elemento directo de diferenciación y distinción del estilos de vida. Con ellos, se elaboraron mecanismos de identidad que, a partir de la adopción de ciertas prácticas definidas por lugares jerárquicos en los espacios sociales y políticos, marcaban contrastes entre los capitalinos.
Como se dijo al inicio de este capítulo, la burguesía naciente se empeñó en buscar una clara diferenciación con respecto a la vieja élite terrateniente del siglo XIX. En este sentido, los clubes sociales, los cuales se convirtieron en el centro de la vida social y política, se establecieron como el espacio público que movilizó y controló la expresión de dominio de las élites, consolidando su identidad y prestigio social a través de las nuevas formas de vida moderna (como los valores urbanos, los saberes modernos como las ciencias, la literatura y por supuesto los deportes), las cuales permitieron el proceso de diferenciación y su consolidación como la naciente burguesía. Si por un lado, esta naciente burguesía pretendió diferenciarse de la antigua élite, también buscó alejarse de los sectores populares por medio del deporte, el cual le brindó una forma de identificación pública y le permitió expresar corporalmente su posición como grupo dominante respecto a otros sectores de la sociedad.
La difícil situación social de las clases populares, reflejado, por ejemplo, en su precario acceso a la educación, permitió a la burguesía a través de los clubes manifestar su carácter de élite y de grupo netamente cerrado, exclusivo y segregacionista, dentro del cual les fue posible expresar a sus miembros, y no a otras personas, el poder que representaban. Estos espacios constituían lugares donde se dirigía la vida social, se discutían los avances en las ciencias, se debatía y expresaban opiniones de los ámbitos económicos y políticos del país y, finalmente, donde el deporte representaba un vínculo importante en las estructuras de dominación como practica distintiva y prestigiosa.
33 el proyecto de nación y la realización de los principios liberales de libertad e igualdad entre sus ciudadanos. De esta forma, el espacio público se cerró porque la diferenciación fue el producto de una lógica de oposición entre las identidades de la élite y el pueblo. (Ruiz, 2010, p.53) Esta oposición radica en que las identidades se explican por las características que las definen y las identifican así mismas, y no solo por su relación de negación frente a las demás identidades.
Así, la burguesía bogotana se definió en calidad de élite, adoptando modelos europeos y valores modernos que marcaron su identidad como un sector culto y civilizado, con lo cual tomaron distancia de los valores tradicionales o populares, calificados como incultos. En este orden de ideas, el deporte se instauró como un medio que sirvió para indicar y remarcar esa oposición, así mismo, proporcionó a la élite la posibilidad de mostrarse públicamente ante las clases populares y subrayar su existencia como nueva clase dominante.
Fotografía número 6: Una partida de tenis entre mujeres en 1910. En la Bogotá del centenario, no solo eran poco frecuentes estas escenas, sino que la práctica de cualquier otro deporte constituía un acontecimiento muy especial.
34 Fotografía número 7: En el centro de la fotografía los señores Carlos Vengoechea y Joaquín Samper Brush,
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1.4 EL BOXEO Y SU IMPORTANCIA EN LA
BOGOTÁ DE LA DÉCADA DEL 20
La vida urbana bogotana en la década de 1920 expresaba claramente nuevas situaciones en la construcción de un campo y una cultura deportiva en la ciudad. El proceso de expansión, difusión y masificación del deporte en los primeros años de la década del 20 marcó la presencia de estas prácticas en todas las clases sociales. Este proceso de difusión y masificación funcionó de manera recíproca, ya que permitió de manera paralela la formación de un público que facilitó la formación especializada de actores deportivos y, a su vez, esta expansión también se dio en gran parte a la acción de los primeros promotores que buscaron extender el deporte como elemento de distinción entre las elites.
Como se dijo anteriormente, en los primeros años del siglo XX las prácticas deportivas que predominaban en la sociedad bogotana fueron el polo, el tenis, el golf y el futbol. En la década del 20, emerge de manera entusiasta la práctica del hasta entonces desconocido boxeo9, el cual constituyó para los bogotanos un deporte novedoso que poco a poco fue configurando la vida urbana de la ciudad. Es para el año de 1922 que este deporte empieza a tener adeptos, se funda el Boxing Club y un comité departamental de Boxeo de Cundinamarca (Forero, 1989, p. 354), con el objetivo de promover esta práctica entre la población a través de campeonatos entre las diferentes categorías. Sin embargo, por su génesis, el boxeo fue considerado por las élites y un sector de la prensa como salvaje y bárbaro, ya que se tenía la concepción errónea de que fomentaba la violencia entre los
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El boxeo antes llamado pugilato, se practicó en Grecia desde tiempos antiguos y donde se crearon las primeras normas para este deporte. Según dichas reglas, el cuerpo a cuerpo estaba estrictamente prohibido, y los combates debían evitar la muerte a su adversario. Cuando el pugilista quería darse por vencido, levantaba el dedo índice de su mano izquierda y la lucha terminaba. El pugilato había desaparecido en Europa desde la época romana y, probablemente, fueron las tropas de Julio Cesar las que llevaron esta clase de lucha a las Islas Británicas, donde persistió a través de la Edad Media hasta el siglo XIX, época en que llegó a Estados Unidos donde se convirtió en uno de los deportes más seguidos, gracias a la espectacularidad de sus golpes que buscaban abatir de manera rápida al adversario. Desde entonces, el boxeo ha gozado de gran popularidad y ha ganado aficionados por todo el mundo, convirtiéndose en uno de los espectáculos deportivos más vistos. Fuente: http://www.soloboxeo.com/historia/
36 ciudadanos, lo cual podría desencadenar episodos caóticos en la ciudad. Este temor pronto llegaría a las autoridades, hasta el punto que se llegó a proponer que el boxeo se prohibiera dentro del perímetro urbano y que solo se practicara en las afueras de la ciudad, propuesta que finalmente careció de valides.
No obstante, algunos sectores de la prensa intentaron fomentar la práctica pugilística promocionándola como un deporte saludable y civilizador: “el boxeo es el deporte que se encuentra por encima de todos los demás. A más de dar al cuerpo una vitalidad única, enseña que el éxito de la vida no se encuentra en cuerpos enfermizos y raquíticos, sino en los cuerpos sanos y llenos de robustez. Oblíguese en Colombia a practicar el pugilismo tanto en las clases altas como en las bajas y se tendrá el principio de una verdadera regeneración de la raza.” (El Tiempo, 1924, 17 de agosto, p.7)
No cabe duda de que en la configuración de la vida urbana y en la construcción de cultura, los medios de comunicación y de entretenimiento se han convertido en uno de los medios más importantes en la conformación de una modernidad urbana que poco a poco se tomaba la ciudad, en este caso con la oferta deportiva que de menos a más se constituiría en parte fundamental de la cultura bogotana y que de acuerdo con Fabio Zambrano: “la cultura cotidiana de las mayorías, no solo en las ciudades sino en el campo, en un país tan urbanizado como Colombia, está cada día más moldeada por las propuestas, los modelos y las ofertas culturales de los medios masivos.” (2007, p. 279)
37 bogotanos, quienes se sintieron atraídos, hasta llenar los teatros y las plazas donde se practicaba, convirtiéndose así en un espectáculo multitudinario y más importantes de la década del 20.
De acuerdo con lo anterior y tomando el concepto de espectáculo deportivo de la socióloga francesa Jean-Marie Brohm (1967), quien al referirse al mismo, señala que hay una coherencia real entre el deporte y la fiesta, ya que al estar íntimamente unidos, se convierten en celebraciones que cumplen la doble función de divertimento y alegría colectiva, por tanto, hay infinidad de motivos para celebrar un espectáculo:“la convocatoria apasionada de las masas alrededor de un espectáculo deportivo es altamente valorado, conduce a explosiones afectivas… El individuo masivo interioriza el espectáculo y se identifica con los actores-directores. Los espectáculos deportivos han tomado su cargo de función social que antes competía a las fiestas colectivas, los carnavales, etc.” (Brohm, 1967, p. 53)
Así, el espectáculo deportivo es pues, una fiesta, tiene un centro de interés en torno al cual se organiza, porque es una acción privilegiada en la cual se manifiestan una serie de emociones colectivas. De este modo, el espectáculo deportivo favorece la reunión de espectadores quienes se agrupan para asistir a la actuación, animarla y valorarla públicamente mediante aplausos y gritos.
El boxeo constituyó en Bogotá en la década de 1920 uno de los mayores espectáculos deportivos que movilizó gran cantidad de público a recintos como el salón Olympia, el Circo de Toros de San Diego y el Parque de Luna Park, al sur de la ciudad; así mismo, tuvo al boxeador Rafael Tanco como ídolo y mayor orgullo deportivo en esta disciplina. Tanco, proveniente de una prestigiosa familia capitalina, quien era llamado con orgullo entre sus aficionados como el “Campeón Nacional,”10 le dio jerarquía social al boxeo bogotano. Fue el protagonista de numerosas peleas, tanto con luchadores nacionales
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38 como extranjeros. Con sus espectaculares presentaciones, se mantuvo victorioso por muchos años, lo que lo llevó a ganarse el respeto del público, hasta que se enfrentó, en dos ocasiones, con el boxeador estadounidense Ben Brewer y fue vencido de manera contundente, generando malestar en el público que fue a presenciar el espectáculo:
Duramente abatido quedó el orgullo del bogotano en el encuentro que se celebró en el Salón Olympia entre Tanco y el retador norteamericano Brewer. El público quedó paralizado y en silencio cuando Brewer, apenas iniciado el primer asalto, envió a Tanco a la lona con un certero derechazo que lo puso a dormir por largo tiempo. La policía tuvo que intervenir para proteger a Brewer contra las iras de los estrados. La conmoción por la fulminante derrota de Tanco hundió a los capitalinos en una congoja colectiva solo digna de una catástrofe nacional […] En julio de 1922 el Circo de San Diego estaba totalmente lleno para presenciar la emocionante revancha de Tanco contra Brewer […] De nuevo, antes de concluir el primer asalto, Tanco volvió a caer fulminado, el público cambió radicalmente esta vez: cuando el árbitro de la pelea levantó el brazo victorioso del extranjero, los espectadores lo homenajearon con sonoros aplausos. (Fundación Misión Colombia, ,Historia de Bogotá tomo III, 1988, p.99)
Con este ejemplo, se puede observar como el espectáculo deportivo se caracteriza por congregar a un numero relativo de espectadores y su interacción con los deportistas. Esta interacción se funde en una misma configuración, sus acciones y reacciones son interpretadas según el éxito del espectáculo. En este caso, la derrota de Tanco provocó un desconcierto colectivo entre los bogotanos, quienes lo veían como su máximo ídolo, pero que con su lamentable actuación, provocó que quien se robara la simpatía del público fuera su antagonista. Así el espectáculo deportivo, se convierte en un hecho social poderosamente mediatizado, cuyo impacto en el público va asociado con la incertidumbre del resultado obtenido por los deportistas al realizar una hazaña. Al respecto, la prensa bogotana manifiesta de manera discreta y razonable la actuación del hasta entonces el “Campeón nacional”:
Todavía perdura en las ánimas la consternación que produjo el vencimiento de nuestro campeón nacional de boxeo… de este vencimiento, doloroso para todos los bogotanos, se deriva sin embargo una lección que puede sernos provechosa: que debemos desconfiar de nuestros entusiasmos subitáneos y nuestros engreimientos irreflexivos. (El Espectador, 1922, 21 de julio, p. 12)
39 giraba en torno a la promoción y difusión de los diferentes espectáculos deportivos, esta no era totalmente especializada (como las secciones deportivas actuales) y compartían espacio con otras secciones de entretenimientos y espectáculos ajenos a lo deportivo. Por eso, surgió la necesidad de fortalecer un espacio dedicado exclusivamente al deporte y su comunicación para ganar cada vez más adeptos. De manera innovadora, para el año de 1924 el diario El Tiempo lanzó quizá una de las primeras secciones especializadas en lo que se refiere al campo deportivo, sección denominada la Página deportiva (Zambrano, 2002, febrero, p. 21). Dicha sección, la cual estaba dirigida en sus inicios precisamente por el boxeador Rafael Tanco, domingo a domingo informó al público sobre los sucesos deportivos más relevantes ocurridos a lo largo de la semana. A su vez, despertó el interés y el entusiasmo del público por practicar y saber de las diferentes manifestaciones deportivas. Al respecto, el día de lanzamiento de la Página deportiva Tanco expresó:
Empezamos hoy a publicar una página semanal deportiva, que nos proponemos mejorar cada vez y cuyo objeto es el de estimular el entusiasmo por los deportes, que va extendiéndose entre la juventud colombiana y que tendrá para ésta toda clase de ventajas. Los deportes son grandes educadores, vigorizan el cuerpo y al mismo tiempo fortalecen la voluntad [… ] Enseñan a ganar y a perder; a apreciar cuánto vale una labor en conjunto, a reconocer hidalgamente los éxitos del adversario. (El Tiempo, 1924, 17 de agosto, p.3)
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CAPÍTULO 2:
DE LA MODERNIZACIÓN DEL DEPORTE. LA
PRIMERA GRAN EXPERIENCIA DEPORTIVA DE
BOGOTÁ Y LA NECESIDAD DE UN ESCENARIO
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2.1 DEL MODELO DEPORTIVO URUGUAYO:
HACIA UNA MODERNIZACIÓN DEL DEPORTE
En lo que tiene que ver en la construcción de una cultura bogotana (en este caso una cultura deportiva), es importante señalar el papel que desempeñaron los medios de comunicación en la conformación de una modernidad urbana que poco a poco se fue instalando en la vida urbana de la ciudad. Como se pudo observar, la Página deportiva, dirigida por el boxeador Rafael Tanco, significó un gran avance en el ámbito del campo deportivo por lo novedoso de sus contenidos y, sobre todo, por formar un público interesado en estar informado acerca de las prácticas deportivas y sus contextos.
De esta manera, los medios masivos de comunicación se constituyeron en una de las herramientas fundamentales en la formación de ciudadanos y su inserción en la modernidad. Los medios impresos se encargaron de configurar y transmitir una serie de modelos de comportamiento, tanto públicos como privados, es decir, se convirtieron en elementos socializadores de nuevas pautas de lectura y conducta dentro del marco del espacio público, lugar donde se ponen en práctica estos nuevos valores:
Una condición básica de la vida y de la actividad en una ciudad es la distinción y regulación de los ámbitos de lo público y de lo privado. El mundo urbano se percibe a través de un “adentro”, la esfera de lo privado y de un “afuera”, el ámbito de lo público, donde se ejerce la condición de “ciudadano” y donde se llevan a cabo diversos encuentros e interacciones. Uno es el ambiente de la confianza, conocido donde se siente una familiaridad con el entorno. El otro es un ambiente donde se producen encuentros con desconocidos. Ámbitos intermedios como el trabajo, la educación y la recreación o las prácticas religiosas, combinan algo de familiaridad de lo privado con la tumoltosidad de lo público. (Saldarriaga, 2000a, p. 275)
42 para todos sus habitantes, lo que aspira a lograr gracias a la socialización de nuevas costumbres en los espacios públicos que se construyen.
Como se dijo en el primer capítulo, la modernización de la ciudad requirió la inserción de nuevos saberes, así como de esfuerzos educativos por parte de las élites para introducir nuevas costumbres de acuerdo con los requerimientos modernos. Según Fabio Zambrano (2007), este proceso de educación masiva se convirtió en la herramienta que permitiría que la población aprendiera a habitar la nueva ciudad, con espacios, máquinas y aparatos que exigían comportamientos totalmente diferentes a aquellos propios del siglo XIX (p. 56). Por tal motivo, el espacio público y el uso del tiempo libre se convirtieron en asuntos de importancia para la política pública de la ciudad. Así mismo, con la introducción de las prácticas deportivas a comienzos de siglo, surge la necesidad de construir y fomentar nuevos espacios de sociabilidad distintas a las plazas y parques11 que prestaban servicio en la ciudad.
En la década de 1920, los promotores de las actividades deportivas se preocuparon por difundirlas como prácticas distinguidas, civilizadas y como un factor fundamental de la modernización de la ciudad. Algunos de los hechos principales a favor de la popularización y la masificación del deporte en la ciudad fueron los eventos de carácter internacional como los Juegos Olímpicos de 1924 y de 1928 y la primera Copa Mundial de Fútbol, efectuada en Uruguay en 1930.
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Es importante señalar que para finales del siglo XIX y comienzos del XX, la carencia de espacios recreativos en la ciudad era notable. Desde entonces se pensaba seriamente en dotar de parques a la ciudad. Fue así como en 1883 se establece la construcción del Parque Centenario para conmemorar el nacimiento del Libertador Simón Bolívar. Décadas más adelante se afianza la idea de construir más parques, y para la década de 1920 la ciudad ya contaba con varias áreas identificada como tales, entre ellas el parque Luna Park en el sur, el Parque Gaitán al norte, el Parque de la Independencia, adyacente al Parque Centenario, y el Parque Nacional construido en 1934. Cabe aclarar que estos parques fueron primordialmente lugares de descanso y no se concebían como espacios para la práctica deportiva. Ir al parque en esa época significaba disponer de tiempo para simplemente “no hacer nada”. Estos lugares eran vistos como espacios para el disfrute, la relajación y el esparcimiento. Para ampliar información, consultar: