Capítulo 4. El carácter del nuevo espacio urbano: El Estadio Nemesio Camacho y su
5.1 Elementos necesarios para comprender el espectáculo deportivo
COMPRENDER EL ESPECTÁCULO DEPORTIVO
El estadio Nemesio Camacho “El Campín”, construido para la celebración del cuarto centenario de la fundación de la ciudad y para albergar los Primeros Juegos Bolivarianos, vería en este evento su primera gran manifestación deportiva. Como se dijo anteriormente, el estadio “El Campín” fue inaugurado el día 15 de agosto de 1938, nueve días después de lo presupuestado por la polémica desencadenada, en primera instancia, por el sitio de su edificación y, en segundo término, por el complot del cual fue protagonista por parte de las mismas autoridades que tenían la responsabilidad de organizar los juegos.
Sin embargo, esto no fue obstáculo para que “El Campín” viviera al menos por siete días el furor que despertaron esos juegos. Los eventos futbolísticos y atléticos fueron los protagonistas en el estadio durante este certamen. El primer juego de fútbol efectuado el día de su inauguración fue entre el seleccionado colombiano y el combinado ecuatoriano, donde estos últimos se impusieron a los locales con un marcador de 2-1. Pero, en la historia quedó registrado que el autor del primer gol que se anotó en “El Campín” fue obra del colombiano Tomás Emilio Mier, nacido en la ciudad de Santa Marta, quien representó los colores del Club Los Millonarios de Bogotá en la década de 1940.
No obstante, la participación de la Selección colombiana de fútbol no cumplió con las expectativas, pues terminó en la cuarta posición entre cinco equipos participantes, solo por encima de la selección venezolana, única selección que Colombia derrotó por marcador de 2-0 en su segunda presentación. Posteriormente, la selección Colombia caería con Bolivia 2-1 y con los peruanos 4-2, quienes se consagraron como los primeros campeones bolivarianos de fútbol y como el primer equipo en dar una vuelta olímpica en el estadio Nemesio Camacho “El Campín.” (Deporte gráfico, 1993, julio, p.12)
113 Fotografía número 31: El seleccionado colombiano de fútbol que participó en los Primeros Juegos Bolivarianos en "El Campín." Selección poco recordada por su pobre presentación en este certamen, ya que finalizó cuarta entre cinco selecciones participantes. Fuente: Deporte gráfico, 1993, julio, p.12
El estadio “El Campín” no solo fue escenario de los fracasos futbolísticos de los colombianos, también fue el espacio en el que la joven bogotana de 17 años Cecilia Navarrete “La morochita” obtuvo tres medallas, en los 100 metros planos, en lanzamiento de disco y en el relevo de los 4x100 metros, junto a sus compañeras Adela Jiménez, Berta Navia y Raquel González. Este hecho se recibió con entusiasmo, pues se trataba de un deporte en el cual no se esperaba que los colombianos obtuvieran alguna presea. (Hernández, 2003, junio-agosto, p.13) A propósito, una anécdota curiosa de la triple campeona olímpica bolivariana en atletismo: “Debido a que se acabaron las medallas, recibí una paleta, eso sí muy sabrosa, como por recompensa por el triunfo” Hernández, 2003, junio-agosto, p.13)
Finalmente, “El Campín” clausuraría los Primeros Juegos Bolivarianos el día 22 de agosto de 1938 en una ceremonia que podría considerarse como la verdadera inauguración del estadio, ya que aunque fueron tales juegos el motivo de su construcción, como ya se ha mencionado, la apertura de los mismos tuvo lugar en el Estadio de la Ciudad Universitaria.
La ceremonia de clausura inició con la llegada del presidente de la República Eduardo Santos quien entró por la puerta de Maratón y desfiló por la pista olímpica junto a las principales autoridades gubernamentales, el alcalde de Bogotá Gustavo Santos, la junta
114 organizadora de los juegos, los representantes de las delegaciones participantes y los deportistas que hicieron del evento una experiencia maravillosa. (El Tiempo, 1938, 23 de agosto, p.13) Finalmente, el presidente Santos y los representantes de las delegaciones se dirigieron al centro del estadio para apagar el fuego olímpico, en sus manos portaban tierra traída de los países participantes, la cual simbolizaba la libertad. (El Tiempo, 1938, 23 de agosto, p.13)
De esta forma, con este acto simbólico de apagar el fuego olímpico se daba fin al primer gran evento deportivo en el estadio Nemesio Camacho “El Campín”, pero dicho acto no sería más que el inicio de toda una extensa y maravillosa historia que despertaría la pasión deportiva de los bogotanos en torno a su máximo escenario deportivo.
Después de la experiencia adquirida a partir de los Juegos Bolivarianos, el entusiasmo por el fútbol se fortaleció y la proliferación de diversos torneos entre equipos amateurs bogotanos y del resto del país se tomó “El Campín” los fines de semana, en especial los domingos. Además, equipos provenientes del sur del continente, argentinos, uruguayos, paraguayos, peruanos y brasileros, vinieron a foguearse con los diversos elencos capitalinos, haciendo de esta práctica una de las más seguidas y preferidas de los bogotanos. Esos encuentros se transformaron en un fenómeno multitudinario que de cierto modo adquirieron un fuerte impacto dentro de la vida urbana de Bogotá y que, con el pasar de los años, se convirtieron en una de las manifestaciones más interesantes para comprender el proceso histórico del fútbol en la ciudad.
Como complemento a lo expuesto anteriormente, resulta interesante observar cómo históricamente a medida que el fútbol se va consolidando como un fenómeno de masas y como un espectáculo, el estadio también va transformándose, creando una relación mutua e inseparable, la cual permite comprender las dinámicas sociales en torno a estos dos elementos.
115 Fotografía número 32: Instantáneas que muestran algunos de los momentos más interesantes de los partidos de
fútbol entre equipos amateurs en el estadio “El Campín”. Fuente Cromos, 1938, 29 de de octubre, s.p.
De esta manera, el deporte como uno de los múltiples productos de la vida urbana configura todo tipo de relaciones sociales, las cuales pueden ser comprendidas a través de los espectáculos deportivos, en este caso específico con el fútbol, y que mejor que el estadio “El Campín”, el templo del deporte capitalino para dar cuenta de dichas relaciones.
Para entender el concepto de espectáculo, es necesario tener en cuenta los conceptos de lo amateur y lo profesional en el deporte, ya que son las bases que dan forma al concepto de espectáculo deportivo.
116 En primera instancia, el ideal del deporte amateur se basa en la concepción lúdica del deporte, es decir, la motivación en el amor hacia una práctica deportiva con el objetivo de pasar mejor el tiempo o, sencillamente, de realizar una actividad placentera y agradable. Por su parte, el deporte en la sociedad contemporánea está ligado a la alta competencia, que se caracteriza por la perfección técnica de los deportistas. Esta forma deportiva da origen a que la mayoría de quienes la observan, el público, adopte el rol de espectador. Los protagonistas son los deportistas quienes se destacan por sus hazañas y niveles altos de competición, de tal manera que se convierten en profesionales. (Alabarces, 2003, p.12-13)
Para los deportistas profesionales, el deporte no solo resulta ser una practica exigente que conlleva al cumplimiento de reglamentos y la adopción de determinados comportamientos. También para ellos, es una forma de vida, ya que se trata de la profesión que eligieron para sobrevivir.
En este sentido, la idea del deporte amateur tiene mayor importancia en el nivel de la idealización de la actividad deportiva que la de los lineamientos del deporte profesional. No obstante, la enorme presencia pública del deporte espectáculo y de las figuras deportivas que cobran grandes sumas de dinero por sus actividades, se ha convertido en un componente más de la sociedad, desvirtuando así la imagen ideal del deporte como una actividad lúdica y no remunerada. Por otra parte, para quienes lo presencian, se trata de un espectáculo que les permite tomar partido por uno de los dos contendientes o de los participantes y que, por el precio de una boleta para asistir al estadio, o ya sea a través de los medios de comunicación de masas como la radio o la televisión, les proporciona el placer de asistir, escuchar, observar y sentir en acción a los deportistas calificados.
De acuerdo con lo anterior, el sociólogo, filósofo e historiador holandés Johan Huizinga define los principales rasgos del deporte profesional:
El desarrollo del deporte a partir del último cuarto del siglo XIX indica que el juego se concibe cada vez más con mayor seriedad. Las reglas se hacen más rigurosas y se elaboran más detalladamente. Con esta creciente sistematización y disciplina del juego, se pierde, a la larga, algo de su contenido lúdico. Esto se manifiesta en la distinción de los jugadores profesionales y aficionados [amateurs]. El grupo interesado en el juego separa a aquellos que para quienes el juego ya no es un juego y aquellos otros que a pesar de su gran capacidad, se encuentran por
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debajo de los auténticos jugadores. La actividad del gran profesional no es ya la auténtica actitud lúdica, pues están ausentes en ella lo espontáneo y lo despreocupado. 40
Finalmente, una cuestión fundamental que hay que tener en cuenta dentro del espectáculo deportivo, lo constituyen los distintos elementos que lo conforman, es decir, los elementos indispensables que hace que exista, los cuales están estrechamente vinculados entre sí y permiten dilucidar su influencia dentro de la sociedad. A continuación, se examinarán algunos de los elementos del espectáculo deportivo que podrían considerarse como los más indicados para llegar a comprender su dinámica dentro de la vida urbana y como uno de los fenómenos que más moviliza a la población.
• El estadio: no cabe duda que la mayor parte de las actividades deportivas requieren lugares adecuados en donde realizarlas. Dentro de la moderna sociedad de masas, los grandes estadios, capaces de albergar una gran cantidad de espectadores, sustituyen a veces con ventaja a otros sitios tales como los teatros, cines, etc. En muchas ocasiones constituyen el símbolo monumental de una ciudad o de un país. En síntesis: “el estadio no es más que la expresión contemporánea entre el espacio sagrado del terreno de juego, del “campo de batalla” donde se desenvuelven los protagonistas, y la grada, desde donde los espectadores presencian el desarrollo del espectáculo.” (Elias, 1992, p.136)
• El espectador: es sin duda, uno de los protagonistas esenciales dentro del espectáculo, ya que es el consumidor y el receptor del mismo. El espectador es una entidad sin posibilidad de intervención directa en el encuentro deportivo, aunque se sienta representado por su equipo y jugadores favoritos. • El encuentro deportivo: se puede decir que es en esencia el espectáculo, es
la lucha de dos fuerzas adversarias en búsqueda del triunfo: “es la resultante coreografía del combate entre los equipos contendientes, con los remates, las escapadas, los regates, las persecuciones, los robos de balón, los marcajes,
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118 etc., es la realidad teatral superior ejecutada más o menos improvisadamente por los actores.” (Vinnai, 2003, p.32)
• El equipo: es la fiel representación del espectador que lo sigue y el protagonista colectivo del espectáculo. El equipo está compuesto básicamente por los dirigentes, el entrenador y los jugadores, siendo estos dos últimos su alma. El primero es la cabeza jerárquica del equipo y quien elabora la estrategia y la táctica para el encuentro, quien selecciona los jugadores para la alineación y distribuye las respectivas tareas. Por su parte, los jugadores son propiamente los actores protagonistas del encuentro. De ellos depende la calidad del espectáculo y serán juzgados por los espectadores de acuerdo con sus respectivas actuaciones.
Tras observar estos elementos que caracterizan el espectáculo deportivo, ahora veamos cómo se pueden aplicar para analizar un estudio de caso: el espectáculo deportivo futbolístico en torno al estadio Nemesio Camacho “El Campín” durante el proceso de profesionalización del fútbol colombiano, la época conocida como El Dorado, y su impacto dentro de la sociedad bogotana entre 1948 y 1953.
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