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Capítulo 4. El carácter del nuevo espacio urbano: El Estadio Nemesio Camacho y su

4.2 El Estadio: Un eje de urbanización en el noroccidente de la ciudad

El estadio constituido como la gran obra arquitectónica del deporte bogotano desempeñó un papel fundamental en la consolidación urbanística de la zona, transformándose en uno de los hitos básicos y elemento primario de expansión de la misma. De acuerdo con el arquitecto italiano Aldo Rossi (1999), un elemento primario puede ser entendido como aquel que participa de la evolución de la ciudad a través del tiempo de forma permanente, identificándose con los hechos que constituyen la ciudad: “La unión de estos elementos primarios en términos de localización y construcción, de permanencia de edificios, de hechos naturales o de hechos construidos constituyen en conjunto lo que se comprende como infraestructura física de la ciudad.” (p.155)

En este sentido, el estadio Nemesio Camacho “El Campín” cumple efectivamente con un papel primario dentro de la dinámica urbana porque presenta una cualidad específica que viene dada por su persistencia en un lugar y por desarrollar una acción precisa. Además, posee un carácter particular y singular. Al respecto, volveremos a retomar esta idea más adelante.

De esta manera, tras la edificación del estadio en los terrenos de “El Campín” el técnico urbanista Karl Brunner, uno de sus artífices, tendría ahora la tarea de crear todo un plan urbano a través del cual se pudiera dotar la zona del equipamiento e infraestructura necesarios. Las propuestas urbanísticas de Brunner se caracterizaron, principalmente, por proponer medidas funcionales y técnicas35 concernientes a las condiciones locales, que se realizarían a partir de estudios detallados y análisis vinculados a la viabilidad económica y social, enfatizando en los proyectos de infraestructura y en los aspectos estéticos.

En este contexto, lo primero que se debe señalar es que en la década de 1930, Bogotá sufrió una densificación poblacional en el centro y una marcada expansión lineal en su sentido sur-norte, debido, por una parte, al desarrollo comercial y administrativo y, por otra, a la especulación del







 






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La función y la innovación técnica fueron dos conceptos fundamentales de la arquitectura moderna. La función es entendida como la distinción clara entre los diferentes usos del espacio edificado y su distribución racional. La técnica se trabajó con un espíritu experimental e innovador, con materiales nuevos tales como el concreto, el acero y el vidrio, y con el uso de nuevos equipos adecuados al manejo de estos materiales. La función y la técnica fueron consideradas de un modo u otro las principales características de la arquitectura moderna y la razón de ser de los proyectos arquitectónicos. Para profundizar ver: Saldarriaga (2000a, p. 180- 181)

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suelo que dejó grandes áreas sin desarrollo, en especial al occidente de la ciudad. Así, la articulación de la red urbana, la definición de una forma definitiva para la ciudad, el control de su dirección y la construcción de vivienda se convierten en objetivos en el desarrollo urbano de la ciudad. Al respecto el profesor Brunner señalaba:

Lo que se pretende obtener en materia de transformación de ciudades, es una separación en sectores que comprenden de una parte, los destinados a los negocios y edificios públicos y de otra los destinados a la habitación y a las industrias. Cada uno de estos sectores deberá quedar separado de los otros, por espacios libres de vegetación, espacios que deberán hacer la unión entre el centro de la ciudad y el campo. (Brunner en El Tiempo, 1934, 3 de febrero, p. 4)

Para Brunner, como complemento de lo anterior, la expansión de la ciudad se apoyó en un elemento nuevo y que sería de vital importancia: la aparición de áreas exclusivamente residenciales. Para Brunner (1940), el área residencial o barrio residencial es ante todo una unidad espacial configurada por una determinada combinación de espacio construido y libre, de uso privado, colectivo o público para actividades de individuos, hogares y comunidades agrupadas en una determinada proporción, y vinculada a la ciudad por unos propósitos estéticos y funcionales. (p. 75) De esta forma, se puede decir que el área residencial o el barrio residencial se convierte en un elemento fijo, un producto de la forma de la ciudad vinculado a su evolución y a su naturaleza que se caracteriza por cierto paisaje urbano, cierto contenido social y una función propia.

El estadio, como un elemento primario, generó un importante proceso de urbanización en su zona oriental. Hay que recordar que el escenario deportivo se construyó en un área de 43 fanegadas de un total de 57 que donó el señor Luis Camacho Matiz. Desde esta perspectiva, las otras 14 fanegadas restantes serían objeto de un plan urbanístico direccionado a la dotación de barrios residenciales denominados como modernos. Obviamente, las 14 fanegadas no serían suficientes para cubrir dicha demanda y a medida que se fueron edificando, la urbanización “El Campín”36 fue absorbiendo otros predios, los cuales van de la diagonal 54 hacia la calle 63, en dirección norte y al oriente colindando con el barrio San Luis, que por aquel entonces ya se estaba en proceso de urbanización y cuyos terrenos eran también propiedad de la familia Camacho.37







 






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Ver: Anexo número 6, plano número 4: Terrenos para la Urbanización “El Campín”

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El barrio San Luis, urbanizado en la hacienda del mismo nombre, lleva esta denominación en honor a don Luis Camacho Matiz, hijo de don Nemesio Camacho quien lo bautizó así en homenaje al santo que era patrono de su hijo; sin embargo, no se sabe con exactitud a cual San Luis se refiere, ya que dentro de la Iglesia Católica existen varios santos que llevan este nombre.

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En consecuencia, el barrio “El Campín” estuvo en el centro de las discusiones urbanas bogotanas durante la década de 1930, el cual se definió como una zona de ensanche en el plan de desarrollo urbano propuesto por Brunner, como una fuerza equilibradora de la expansión Sur-Norte de la ciudad. (Hoffer, 2003, p. 122)

Para la ejecución de la urbanización del barrio se plantearon dos proyectos: el primero se remonta a 1934, época en la cual se empieza a indagar sobre la construcción del estadio y el proyecto definitivo que data de 1936; para entonces, la donación de los terrenos del escenario deportivo ya era un hecho. El proyecto inicial estaba propuesto sobre un eje conformado por una vía residencial principal con forma de herradura, que definía el trazado de los lotes. Sin embargo, esta propuesta no llegó a desarrollarse cuando se decidió situar la urbanización de un solo costado de la antigua avenida Cundinamarca, actualmente, lo que corresponde a la carrera 24. (Crónica de una empresa, 1995, p. 14)

En la segunda propuesta, y definitiva, se optó de nuevo por tomar como elemento organizativo el futuro estadio, a través del cual se trazó un eje y se propuso una vía de gran tráfico vehicular que conducía hacia la Avenida Caracas e implantaba diagonales desde el estadio, con lo cual se rompía con la traza urbana tradicional.38







 






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El nuevo diseño urbano propuesto por Brunner buscó romper con el esquema tradicional del damero heredado de la época colonial. Este se consideró poco funcional de acuerdo con la distribución morfológica y topográfica de las nuevas edificaciones y su rol como punto nuevo de orientación. Así mismo, el diseño buscó

Fotografía número 27: Primer diseño para la urbanización “El Campín” hecha por Brunner en 1934, el cual correspondió a una serie de vías onduladas alrededor del escenario deportivo, las cuales serían atravesadas por un eje a partir del cual correrían calles radiales que servirían como conectores hacia el centro de la ciudad. Fuente: Hoffer, 2003, p.122.

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De este modo, la apertura del nuevo trazado urbano trajo de la mano una nueva perspectiva de definición de la ciudad. En este caso específico, el barrio “El Campín” fue pensado a partir de una serie de reglas físicas, tales como un tamaño específico, privilegio de espacios públicos como parques, equipamiento y servicios comunitarios complementarios, además de una configuración social basada en zonas residenciales concebidas para albergar las clases altas de la sociedad bogotana.

En esta urbanización, la venta de lotes fue el centro de la actividad comercial. La adquisición de grandes porciones de tierra urbanizable fue una de las primeras estrategias adoptadas por las principales empresas de urbanización y construcción. Para esta época, buena parte de las tierras periféricas de Bogotá fueron propiedad de dos de las mayores empresas constructoras: Mazuera & Cía. y Ospinas & Cía. (Saldarriaga, 2000a, p. 200)

Precisamente, esta última firma fue la encargada de urbanizar los predios de “El Campín,” diseñados por el profesor Brunner, cuya característica principal fue el planeamiento y diseño “científico” caracterizado por la ejecución de estudios topográficos, suelos y análisis de diseño







 





 





 





 





 








otorgar identidad y características locales propias a la zona, que respondieran al contexto urbano. Brunner influenciado por los movimientos “City-Beautiful” y “Ciudad Jardín”, consideraba que nuevas alternativas a la tradicional, tales como la apertura de grandes zonas de esparcimiento como parques y zonas verdes, servirían para configurar el nuevo espacio urbano: “En contraposición a la delineación netamente geométrica, estructurales y económicas de una región y su futuro desarrollo, el urbanismo moderno procede con más inteligencia y premeditación; fuera de considerar las condiciones antes descuidadas, prevé, ante todo, que sobre el trazado planimétrico tendrá que verificarse la realización corpórea, la construcción del barrio o sector de ensanche, cuyo aspecto será decisivo para la fisionomía de la ciudad.” Brunner, Manual de Urbanismo, 1940 tomo II, p. 25.

Fotografía número 28: Diseño definitivo de la urbanización “El Campín” que rompe

con el esquema urbano tradicional

cuadriculado debido a la implementación de diagonales que le dan forma abanicada, con calles que se convierten en curvas y un eje principal, el cual no constituye una sola vía, sino un par de avenidas paralelas a lo largo de las cuales se desprenden espacios públicos de esparcimiento como plazas y parques. Fuente: Hoffer, 2003, p. 122.

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urbano con el fin de consolidarse como “urbanizaciones higiénicas y modernas”. De esta manera, se reconocía la labor del urbanizador como un trabajo más responsable y profesional que sobrepasaba el papel del comerciante de los terrenos. Para el mercado de las viviendas, la constructora Ospinas & Cía recurrió al sistema publicitario de “imágenes negociables” donde la arquitectura se concibió como producto de mercado y se le dio algunas características que sirvieran como “gancho” promocional. (Saldarriaga, 2000a, p.200)

De ahí, el uso de recursos tales como nombres y estilos empleados para promocionar el lugar:

Fotografía número 29: gancho promocional de la constructora Ospinas & Cía. Para la “Urbanización El

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bienestar de Bogotá. Ospinas &Cía.”39

De esta manera, Ospinas & Cía buscó promocionar la urbanización de “El Campín”. Sus obras empezaron oficialmente en 1937 y la venta de la totalidad de los lotes apenas culminó en 1948. En consecuencia, se puede decir que las empresas constructoras definieron uno de los primeros momentos de importancia para el desarrollo urbano oficial, ya que edificaron las primeras urbanizaciones reguladas y ordenadas por la Oficina de Construcciones y el Departamento Municipal de Urbanismo, entidades encargadas de garantizar y velar por desarrollo urbanístico de la ciudad en aquel entonces. En síntesis, se puede decir que estas empresas se preocuparon por construir un nuevo modo de percepción de ciudad, por innovar tecnológicamente en la producción de la vivienda moderna e instaurar un nuevo tipo de unidad habitacional.

La particularidad de esta agencia urbanizadora consistía en que ofrecía lotes amplios y regulares, destinados a casa-quintas, con servicios públicos individuales, en los que se podían construir casas modernas, de estilo francés, inglés o español, con todas las comodidades de entonces: “acueducto, alcantarillado y alumbrado eléctrico en casas de dos pisos con baños en su interior, cocinas con innovaciones tecnológicas y garajes.” (Zambrano, 2007, p.67) En este sentido, en el barrio “El Campín” se aplicarían nuevos conceptos arquitectónicos, y en términos generales, una nueva concepción del modo de vivir, tal como lo afirma Fabio Zambrano: “unidad conceptual, espacios abiertos, avenidas amplias y arborizadas, casas con jardín al frente y en la parte posterior, es decir, ruptura total del esquema arquitectónico y urbanístico de la colonia.” (p.67)







 






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La firma constructora Ospinas & Cía. S.A., fue fundada en 1932 por Mariano Ospina Pérez, presidente de Colombia entre 1946 y 1950, y Lucio Zuleta Ferrer. La historia de esta empresa está vinculada a los grandes hitos del desarrollo urbanístico de Bogotá y del sector de la construcción en Colombia. Desde su fundación la empresa ha construido grandes urbanizaciones planteando barrios emblemáticos, tales como Palermo, La Soledad, Teusaquillo, Bosque Calderón, La Merced, entre otros. Estas urbanizaciones impulsaron los barrios residenciales más tradicionales de Bogotá antes de finalizar la primera mitad del siglo XX. Ver: Ospinas 75 años. Urbanismo, arquitectura, patrimonio, 2009, p. 18.

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 Fotografía número 30: El estadio Nemesio Camacho "El Campín" y la urbanización "El Campín" en el año 1951. Fuente: Archivo de Bogotá, Fondo fotográfico Sady González.

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Finalmente, otro aspecto fundamental que hay que tener en cuenta en la configuración urbana del sector tiene que ver con su proceso poblacional, ya que este se encuentra estrechamente relacionado con la expansión de la ciudad. La separación de los patrones tradicionales del uso del suelo obligaron a las clases altas a movilizarse hacia otros lugares de habitación muy diferentes a la del centro con su herencia colonial, siendo muy atractiva para estas clases las zonas del norte del área central, en contraposición de las clases populares que optaron por asentarse en el sur de la ciudad: “En esos barrios del norte irá a refugiarse la sociabilidad bogotana, en admirable combinación del campo con la ciudad. Y buscando la misma orientación, los obreros, con sus casas lustrosas y coquetas, se han desplazado de esas olvidadas viviendas [las del centro de la ciudad] donde la miseria y la oscuridad eran componentes de su vida trabajosa.” (Cromos, 1934, 7 de abril, p.5)

Como ya se dijo, los patrones urbanísticos de carácter europeo y norteamericano fueron concebidos como los más apropiados para la configuración de la nueva ciudad, tales patrones como el diseño de la traza urbana, la infraestructura vial que conecta los lugares de residencia con el centro, los medios de transporte, las comunicaciones y los servicios públicos son el resultado de todo un proceso de modernización de la ciudad por parte de los sectores más acomodados de la sociedad bogotana y que, de acuerdo con Adriana Suárez (2006): “el razonamiento que se hace por tanto, es que el estrato socioeconómico más pudiente fue el motor de esta dinámica en la medida en que la actividad demográfica del periodo estimuló un crecimiento disgregatorio de la ciudad.” (p.88)

De esta manera, las nuevas forma del uso y la apropiación del espacio urbano significaron cambios en el modo de vida para las clases altas. La división de Bogotá entre un norte “rico” con el sentido de bienestar y riqueza; y del sur “pobre” con la miseria e incomodidad quedó alojado en la mentalidad de los bogotanos, originando toda clase de prejuicios y obstáculos en el sentido del modo de habitar la ciudad.

En consecuencia, el barrio residencial se impuso como el “nuevo modo de vivir”, convirtiéndose en símbolo de jerarquización social dentro del espacio urbano, tal como lo afirma Fabio Zambrano (2007), quien señala que esas necesidades de distinción se constituyeron en los elementos en los cuales se elaboró la nueva urbanidad burguesa basada en: “respeto al orden social, corrección en el vestir, uso del tiempo, noción del comportamiento femenino y masculino, al igual que principios estéticos y morales a partir de los cuales elaborar normas de distinción social.” (p.53)

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El barrio “El Campín” no estaba al margen de todo lo anterior, ya que se consolidó como una de las áreas residenciales más modernas e importantes de la ciudad, la cual llamó la atención de las clases altas capitalinas. En este sentido, no podemos ignorar el papel que desempeñó el escenario deportivo, ya que dado su carácter de elemento primario, se configuró como un elemento fijo dentro del espacio urbano, que con su presencia aceleró el proceso de la dinámica urbana. Pero, el estadio, además de elemento primario, puede ser percibido como un elemento fijo dentro de la colectividad: como un producto urbano definido que puede dar cuenta de la realidad de la ciudad y de su valor histórico.

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CAPÍTULO 5:

EL ESTADIO NEMESIO CAMACHO “EL

CAMPÍN”: TEMPLO DEL DEPORTE CAPITALINO

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