DE r.A
Autor de la Geografía. Universal.
Quand l'hi'stoire serait inutile aux autres hornmes, il f'audrait la faire lire aux Prinees. II n'ya pas de meilleur moyen de leur découvrír ce
que peuvent les passions et les intéréts, les tems et les conjectures, les bonsetles mauvais con-seüs.
Bossuet,Avant
prnposal'Hist. univ,
MADRID:
»o4
CAPITULO I X.
1
quito:
,,,„.Persecución de los
facciosos
por elpresidente
conde Ruiz de Castilla.Maquinaciones
de los revoltosos para una segunda
conspiración.
Primeras noticias de lapróxima
llegada
del comisionadoregio
don CarlosMontufar.
División de los sediciosos en dospartidos.
Nueva revolución estallada en 2 deagosto.
Victoria de las tropas del Rei, i muertede los
primeros
corifeos
de la revolución anterior.Indulto-general publicado
áfavor
de losfacciosos.
Las tropas de Lima al mando' delbrigadier
Arredondo evacúan la ciudad de
Quito..
'Tercera revolución estallada por escitaciondel
comisionado;
Montufar.
Preparativos
enGuayaquil
delnuevo
presidente
deQuito,
donJoaquín
Molina,
para reponer la autoridad real en
aquel
reino-. Atroz asesinatode dos beneméritos
españoles.
Elpérfido
Montufar
entra en comunicación conMolina,
quien
envía dos comisionadospara
arreglar
losnegocios públicos.
A
fines de1809
habia hecho el conde Ruiz dé Castillauna
pesquisa
general
de los reos de laprimera
revolucióná pesar de la
palabra
quehabia dado á los revoltosos de cubrir con un denso velo suspasados
desaciertos. Mas de setenta habian sido encerrados en estrechas
prisiones
; pero con elausi-lio de sus familias
logró
don Pedro Montufarfugarse
de lacárcel, i varios de los iniciados
pudieron
sustraerse á la perquito : 1810. i
o5
No eraposible
queunos hombres constituidos ya-en el últi mogrado
decompromiso
, i relacionados en toda laprovincia
por su:ilustre nacimiento, por susriquezas
, i porsupodero
so'influjo
sobre laplebe ignorante
,permaneciesen tranquilos
espectadores
del triunfode suscontrarios,
i quedejasen
deempeñarse
en nuevas aunque temerarias tentativas paraadqui
rir la libertad, i hacer triunfar su causa.
Principiaron
estas por derramar el cohecho sobre las- tropas de Lima, manda das por el coronel don ManuelArredondo,
marques de san JuanNepomuceno
,figurándose
que serian tan felices en susmaquinaciones,
como lo habia sido elcapitán
Salinas con lascompañías
de laguarnición
deQuito
en laprimera
revolución.Malogrado
esteprimer
paso, se valieron- del astuto ardid de atacarla.opinión
de dichas tropas,atribuyéndolas
un espíritu
derapacidad
, dureza, i. desorden, que, salvoalgunos
casosaislados,
estaba ciertamente mui distante ele lariguroea
disciplina
que habia introducido en ellas su celosocomandan-.te. Todos estos amaños i otra
porción
degratuitas invenciones,
:
forjadas
conla idea de hacer concebir alpueblo
un- odio injusto
contra los que habian venido á salvarlo de laanarquía,
ponian
en claro los bulliciosos proyectos de losdespechados
revolucionarios. Todos estaban
persuadidos
de queaquellos
ibanpreparando
los medios para dar un terriblegolpe
á la autoridad del Rei. Solo el incauto idesprevenido
>capitán
ge neral estabasumergido
en unprofunde letargo,
precursor de la gran borrasca que mui pronto habia de levantarse contra »u
propia
cabeza.En este estado de sordo murmulloi de
peligrosa agitación
se anuncid la
próxima
llegada
del comisionadoregio
don Carlos,
Montufar,
hijo
del marques de SelvaAlegre,
que habiacapitaneado
losprimeros
movimientos sediciosos deaquella
capital.
No faltaron personas sagaces iprevisivas
que hiciesen
ver al
presidente
los malos efectos que habia deproducir
á latranquilidad pública
lapresencia
de un sugeto relacionado ,con losprimeros
corifeos de la revolución. Subieron de puntolas
sospechas
cuando se hubieron .interceptado
cartas106 quito: 181;>.
dicho Montufar
dirijia
desdePopayan
á suhermana,
vertiendo en ellas las
especies
masinjuriosas
á la causa delRei,
queél
pretendía
sostener.Empero
era tan refinada laastucia,
itan disimulado el
fingimiento
de dicho Montufar, que supodeslumhrar á los
gefes
realistas,especialmente
á donMiguel
Tacón,
gobernador
de dicha ciudad dePopayan,
quien
alanunciar al
presidente
lallegada
delpérfido
comisionado, sedeshacía en
elogios
acia su persona,presentándolo
como eliris de paz que habia de serenar todas las borrascas
políticas.
Apesar
del alucinamiento quehabiasabido crearel astutoMontufar, habia muchas personas que llevadas de un acen
drado
celo,
i que aun desconfiando de los dones quepudieran
venir por manos tan
sospechosas,
trataron dedespertar
la dormidaenergía
delpresidente
, corriendo el velo que encubría los artificiosos
designios
de los revoltosos: entre estos sedistinguieron
el citado Arredondo i él asesorgeneral
Manza*-nos; mas todas sus medidas de
precaución
eranparalizadas
por la demasiadaconfianza de
aquel gefe,
i por elpernicioso
influjo
de su confidente don Tomas deArechaga
, hombre deprincipios
muihumildes,
decuyodefecto adolecían todas las deli beraciones que se tomaban sobrenegocios
dealtaimportancia.
La incertidumbre iel temor, que
precedían
ála marcha dedon Carlos
Montufar,
aumento la fermentación de los ánimasen la ciudad de
Quito.
Laparalización
de loscastigos
contralos
complicados
en laprimera
revolución, causada por la impolítica providencia
del virei de Santa Fé en avocará sí aquella ruidosa causa, animó á los
descontentos,
i les hizo ver quenuncalesfaltaríanrecursosparasalir
impunes
decualquiera
atre vida aunquemalograda
empresa. Deaquí
resultóel que variosde los mismos
prófugos
entrasen disfrazados de noche en la'población
para celebrar sus tenebrosos conciliábulos, i prepa rar una nuevaesplosion
política.
Conestos ocultosmanejos,
que un
gefe
activo i cuidadoso habríapodido
disipar
con facilidad,
seliego
ápervertir
enteramente elespíritu público,
i á fomentar el odio contra elgobierno,
i contra lastropas
quito: 1810.
107
Dos fueron los
partidos
que salieron á lapalestra
,diriji-do el uno por los Montúfares, i el otro por los bulliciosos
Morales,
Quiroga
i demás satélites de laprimera
revolución. Este últimopartido
puso en movimiento todos sus inicuosresortes para
precipitar
elrompimiento
antes quellegase
eljoven
Montufar, con cuyopadre
se hallaban mui resentidos por atribuir á sutorpeza ó cobardía el triunfoconseguido
porlas tropas de Lima cuando restablecieron en su
presidencia
alconde Ruiz de Castilla, así como porque no
podían
avenirseen que
recogiera
el fruto de susesfuerzos,
quien
no habiate nido parte en suspadecimientos
ipeligros.
Pormuiocultó que se hubiera tenido este
plan,
nodejó
detraslucirse. ElasesorManzanos iotrosvariossugetosdieron par
tede él al
presidente
,quien
calificó de calumnia la mismarealidad de los hechos; i por mas que se trató de desvanecer su
ceguedad,
i de escitarlo á laadopción
derigurosas
medidasprecautorias,
fueron estos avisos mirados condesprecio,
causando el mayor dolor el ver que
aquel
venerable anciano persistía dominado por la terca
opinión^
emitida desde elprinci
pio,
«de que él solocon suguardia
era capaz dedisipar
todoswlos grupos de los
revoltosos,
sialguno
teníala osadía de pre sentársele al frente."En el punto de reclusión, llamado el Presidio, se halla^
ban los soldados que habian abandonado lasbanderas del Rei
en 9 de agosto del año anterior por cohecho de Salinas: al
favor del descuido i abandono del
presidente
pudieron
éstosrecibir
algunas
armas,municiones,
i aun uniformesiguales
á los de las tropas de Santa
Fé,
que se hallaban entonces deguarnición
enQuito.
Llegado
el diafijado
para elrompimien
to, que fue el 2 de agosto, dichos soldados
presos asesinan al
centinela,
seapoderan
de laguardia,
i salen furiosos de susencierros,
vestidos con los mencionadosuniformes,
á fin deque las tropas realistas en el momento de la acción dudasen á
quien
dirigir
sus tiros. Poco antes de estallar elalzamiento,
que fue á la una i media de la tarde
, habian
pasado
el pres10S quito: 1810.
comunicarlo al conde,
asegurando
elprimero
que tenia de élun conocimiento exacto por un negro esclavo suyo que habia sido convidado por otro para tomar parte en
aquella
empresa, cuyo
premio
habia de ser su libertad. Levantóse elpresi
dente de su cama; pero segúnsu terca costumbre estaba tratando de cobardes á
aquellos
dos sugetos, desechando con mofa susimportantes
avisos,
cuando se empezaron á oir tiros de fusil en laplaza.
El
primer
golpe
que recibieron los facciosos fue de lasguardias
delprincipal
i de la cárcel de laciudad,
cuyos sol dados al ver correraquellos
hombresdesaforadamente,
lescruzaron los
fuegos
por hallarse él unpiquete
enfrente delotro, matando
algunos
de ellos, en cuyos bolsillosse encontraron 50 pesos, que habia sido el
premio
concedido á cada uno de los sublevados.Ya á ostetiempo
habia sido tomado elcuartel
principal
por variosinsurgentes
que salieron de laUniversidad i de la
capilla
delSagrario
, favorecidos por eldescuido, ómás bien por la malicia del teniente coronel
Celi,
perteneciente
á las tropas deLima,
que habia sido contami nado por elpestífero
aliento de los sediciosos. DonGregorio
Ángulo
, comandante de las tropas dePopayan
, corrió á lasprimeras
señales de alarma á sucuartel,
que estabapegada
con elprincipal,
sin mas división que la de un endeble tabique: este
pequeño
obstáculo que se ofrecía ai esforzado Ángulo
paraarrojar
á los rebeldes deaquel
edificio,
es allanado bien pronto por un cañonazo ; penetra atrevidamente enaquel
recinto cuando ya los revoltosos habianayudado
á poner en libertad á
algunos
presos de los calabozosbajos,
i cuando catorce de los altos habian sido asesinados por sus mismasguardias
limeñas, temerosasde ser víctimas del furorrevolucionario que las amenazaba con la
proscripción
i lamuerte. El coronel Arredondo, que se hallaba en el
palacio
del conde Ruiz de
Castilla,
cuando estalló elalzamiento,
salidprecipitadamente
á ponerse á la cabeza de las tropas, i sepresentó
en el cuartelprincipal
cuandoÁngulo
habia peneQurTo: 1810.
109
armonía icombinación,
desalojaron
de él á losrebeldes,
dan do en estedia terrible las masdistinguidas
pruebas
de decisión i
arrojo.
Recobrado el cuartel, i
alejados
losenemigos
deaquellas
inmediaciones, uno de los
primeros
cuidados del coronel Arredondo fue
templar
el ardor de los valientes soldados que deseaban vengar las muertes de su comandante donJoaquín
Villaespesa
i de suquerido capitán
don NicolásGalup
, quehabian
sucumbido,
el último á losprimeros
golpes
de los facciosos cuando
sorprendieron
laguardia
, ielprimero
en la calle luchan lo
largo
tiempo
contra un gran número de aquellos asesinos: trató en
seguida
de asegurarse de los presos delos calabozos altos que habian
podido
ocultarse;algunos
de de los calabozosbajos,
quelograron
evitar lacatástrofe de suscompañeros,
salieron conalgunos
fusiles quepudieron
haber á las manos á sembrar el horror i espanto por las calles de la ciudad, reunidos con los demás facciosos armados de puñales.
¡Horrible dia por cierto fue el 2 de agosto
para los habi
tantes de
Quito!
El odio masencarnizado,
el deseo de lavenganza, la
crueldad,
i la ferocidad estabanpintadas
enlos semblantes de los revoltosos: el mas críticocompromiso
, elhonor de la milicia, el deseo de su
propia
conservación, i elmas denodado valor para rechazar
victoriosamente á los que habian
jurado
el esterminio de los buenos,dj.rijian
el brazoirresistible de los comandantes
Arredondo,
Ángulo
ide todas las tropas realistas. Elfuego
habiaprendido
casisimultanea-mente por todos los
ángulos
de laciudad;
la;muerte volaba por todas partes; las campanas de lasiglesias
tocaban á rebato;
el vecindario estabadividido,
una parte entre los combatientes,
i otra en el seno de susfamilias,
esperando
el trágico
fin deaquellas
sangrientas
escenas.; Todoera horror i
confusión;
pero vencieron las armas de Castilla.'A,
lascinco
de la tardequedó sosegado
el tumulto. Los facciososque pu dieron salvar sus vidas se retiraron á los
Ejidos
de Jaciudad,
en donde
esperaban
un refuerzo de 400 hombres de¡ 10 quito : i(Sio.
ría de los
pueblos
inmediatos. No faltando ya para coronar el triunfo deaquella jornada
sino ladispersión
de dichafuerza,
salió el ilustrísimoobispo
con las comunidades i demásprela
dos eclesiásticos ápersuadirla
de lo infructuoso de sus esfuerzos, cuando ya los agentes de la
primera revolución,
que habian sido los
promovedores
deaquellos
desórdenes,
habian sido víctimas de este nuevo atentado.DigLia
es deespecial
recuerdo la visibledisposición
del Altísimo en elcastigo
impuesto
en esta ocasión á losimpíos.
Losprimeros
revolucionarios del 9 de agosto del año anteriorespiaron
sus horrendos delitos en el mismo sitio en que habian dado
principio
á sus movimientos subversivos. Ellos mismos
forjaron
una nueva revolución para ser susprimeras
víctimas. En la misma sala
capitular
en que se habia dado elprimer grito
contra la autoridad del Rei se vieron por una rara casualidad cadáveres yertos los catorce corifeosprincipa
les de la
pretendida regeneración quiteña;
i por una fatalidad
inesplicable
, ó masbien para que secumpliesen
los ines crutables decretos del autorSupremo
, hallaron porsepultura
las mismas bóvedas destinadas á los malhechores que sucum
ben al brazo de la
justicia.
¡Cuántas reflexionesarroja
este lastimoso suceso! ¡Qué
lecciones tanamargas para los promovedores de desórdenes, para los
genios
ambiciosos, para losque lanzándose en la carrera de la revolución
aspiran
al pomposo título de
héroes,
sin calcular que son pocos los que dejan
de pagar en unpatíbulo aquel
falso i momentáneo brillo con que se handejado
deslumhrar !Testigos
son de esta verdad los mismos
quiteños
, loscaraqueños
, losmejicanos
, los buenos-aireños, los peruanos, los chilenos, i finalmente todos los estados revolucionados de la América
española.
Sus corifeos con mui pocas
escepciones
han tenido una muerte lamas desastrada. Casi todos han sucumbido á los
golpes
deuna lanza, al
impulso
de unpuñal
, á los filos de laespada,
á las puntas de las
bayonetas
, á la mordedura de insectos venenosos, al estrago délas
balas,
i aun varios á los acerbosquito: 1810. 151
Restablecida
ya la calma en la ciudad deQuito
, se celebró una
junta
general
, en la que se acordópublicar
un indulto sin restricción
alguna.
Parecía que esta medida habia de ser recibida con el mayor alborozo por todas lasclases;
mas no satisfizo á la nobleza, la que al considerar
malogra
dosmas de 2o9 duros
empleados
para conmover laplebe,
idegollados
en las últimasrefriegas
varios de susamigos
i parientes, nunca desistieron de sus inicuos i
desorganizadores
proyectos.
Conociendo el
gobierno
que los ánimos estaban mui distantes de reconciliarse, se tomaron las mas activas
disposi
ciones para fortificar laplaza,
i precaver toda sorpresa; i como se creyera erróneamente que ya las tropas de Lima no fueran de una absoluta necesidad para cubrir
aquella
guarnición, de la que sehabian
encargado
lastropas de SantaFé,
emprendió
el coronel Arredondo(
nombrado yabrigadier
porsu bizarro
comportamiento)
su marcha paraGuayaquil,
encuyo tránsito
padeció
bastantestrabajos
por haberleprivado
de víveres i demásausilios lospueblos
deaquella
carrera,pervertidos con las cartas de los revolucionarios de
Quito
, quepintaban
á estos beneméritos soldados con los mas horriblescolores.
La salida de dichas tropas de
Quito
fue la señal de unanueva revolución, fomentada por el poco respeto que infun dían las de Santa
Fé,
en razón de su corto número. Eldia 9 de setiembre
llegó
elpérfido
Montufar á lacapital:
faltando este comisionadoregio
á lasleyes
del honor i de laconfianzaque habiamerecido del
gobierno español
, abusóde tal modo de la sencillez del conde Ruiz deCastilla,
que loredujo
á unacompleta
nulidad; idespidiendo
las pocastropas
ausiliares que habian
quedado
, ilevantando otras nuevas delpais
instaló laantigua
junta
revolucionaria en 20 del mismo mes, colocando al marques supadre
á la cabeza, i ensegui
da al
obispo
con otros varios miembros delclero,
nobleza ipueblo.
Todos los autores icómplices
de losprimeros
moviemplea-1 emplea-12 quitó : 1810.
dos en la
administración
pública
óen el servicio de las armas.Confiados en la débil resistencia que
podia oponerles
la escasa
guarnición
, descorrieron el velo á sus proyectos de independencia,
si bienpronunciaban
todavía con unfingido
acatamiento el augusto nombre de nuestro
Soberano,
conservando al
legítimo presidente
una ciertaapariencia
de autoridad,
que era mas bienjuguete
ó instrumentopasivo
de susmaquinaciones.
Noticioso de estos alarmantes
procederes
elgefe
de escuadra don Joa rain
Molina,
que se hallaba enGuayaquil
depaso para relevar de la
presidencia
deQuito
al conde Ruiz deCastilla,
reunió unos 600 ó 700 hombres de las mismastropas que se retiraban á Lima i de
algunas
otras delpais;
cuyo mando confio al
brigadier
Arredondo para que fuesecon ellas á guarnecer el punto del asiento de Iluaranda. Los
desórdenes iban creciendo en la rebelde
Quito
: entre las víctimas sacrificadas al
rigor revolucionario,
debe hacerse particular aieacion de dos beneméritos
españoles
; el uno don Felipe
Fuertes iAmar,
oidor deaquella
realAudiencia,
que fue el que entendió en la causa, incoada contra losprimeros
revolucionarios por el asesorgeneral
Manzanos, i el otrodonJosé
Vergara
Gabiria administrador de Correos.Parasustraerse estos
dignos
sugetos aldespecho
de losrevoltosos,, salieron de
Quito
con la mayor reservadirigiéndose
acia los desiertos deMainas;
pero como alllegar
alpueblo
dePapallacta
viesen laimposibilidad
defranquear
lofragoso
de
aquellos
caminos i montañas sin el ausilio de losindios,
encargaron á un tal Basantes les
proporcionase
loscompeten
tes
guias;
mas abusando villanamente este traidor de la aburada
posición
deaquellos
ilustresprófugos
,pasó
áQuito
ádescubrirlos al
capitán
don Nicolás de laPeña,
por cuyo influjo
fue comisionado don Manuel Torres iTinajero
, para que conalgunos
soldados de caballería seapoderase
de suspersonas. En el entretanto habia el inhumano Peña seducido
quito : 1810. 1 13
posible.
Codiciando
el infame Torresapoderarse
de 30 á4oS
duros que elinfeliz Gabiria llevaba en oro i
alhajas,
metidosdentro de un
pellón,
propuso á esta destinada víctima mudar de caballo para
seguir
elviage
, haciéndole ver la mayorfacilidad que él tendría de salvar
aquellos
intereses.Aceptó
gustoso
estaproposición
el incautoespañol,
i desdeaquel
momento
quedó
decretada sumuerte. Losindios,
aunque alborotados por
Peña,
habríanpodido
sercontenidos por la escolta deTorres; pero este perverso, que ya estaba saboreando el fru
to de su
rapiña
, fomentó el desorden en vez deapaciguarlo,
i
presenció
concomplacencia
aquel
bárbaro asesinato.Ya Torres se creia seguro
poseedor
deaquel
tesoro, conel que trataba de
proporcionarse
una vida cómoda i deleitable, cuando la visible manodel
Omnipotente
tomó á su cargo vengar deun modo terrible i
estrepitoso aquel
bárbaro ultraje
hecho a la-humanidad.Desapareció
la calma del ánimode
Torres;
principiaron
losremordimientos,
laaprehensión,
el temor, el delirio i la
desesperación.
Veia por todas partesla sombra de
Gabiria,
que lepeciia
cuenta de sü asesinato ide su robo, aSi, yo fui, ésclamaba Torres en la fuerza de
«su estravío
mental,
¿qué
quieres
de mí?Aquí
está tu diñéis ro, no me atormentes; vete, fantasma terrible, limita tu
■>•>
castigo
al vivoaguijón
de mi delito que me roe lasentra-11ñas, ó acaba de un
golpe
con mi vida sino está satisfecha »tu venganza. Noprolongues
mas mis tormentos.'Clava en»mi
pecho
el mismopuñal
al que yo diimpulso
para que53 se cortara la carrera de tus dias. Cébate en mi sangre, bien
»lo merezco; pero haz que cese el martirio que sufre mi
agi-»tado
espíritu.
Así
pereció aquel miserable,
traspasado
por los
agudos
filos desuconciencia,
dandoconsusobresalto, afanes,
'.egonías,
iestra-vagantescontorsiones indabables
pruebas
de ladesesperación
desualma
(1).
Sacrificadasyaestasdos noblesvíctimas,
fuerenata-(1) Estecuadrooriginaliverdadero,que elautordelapresente hi.vtoria atrazado según documentos
1
l4
QUITO : 1Si0.daspor los
pies
, arrastradas por las calles iespuestasenel
pretil
de
palacio
á la vistapública.
La furiosaplebe
trató de darigual
fin alpresidente
; peropudo
estorbarlo la entereza delcabildo
eclesiástico,
que accidentalmente salia de la catedral.El
pérfido
don CarlosMontufar,
autordeestasconmocionesi escesos, que á
aquella
sazón se hallaba en el asiento deAm-bato,
ocultaba con una falsahipocresía
i refinadofingimiento
los dictados horribles de su corazón, dando parte al
presiden
te Molina de tamaños
ultrages
conespresiones
las mas aflictivas, i llenas de celo por restablecer la autoridad
Real,
creyendo le sería fácil hacerle tragar el
pestífero
veneno de susimposturas i falsedades. Molina
fingió
creerlo i envió por comisionado paratratar sobre las bases de restablecer la
públi
ca
tranquilidad
alcapitán
del puerto deGuayaquil
donJoaquín
Villalba. Alllegar
éste á las inmediaciones deQuito
, salió el
pueblo
alborotado contraél,
fingiendo
un entusiasmopor la revolución que no era mas que el efecto inmediato de
las
sugestiones
de los nobles, i de la obediencia queaquel
prestaba
á susdisposiciones;
fuealojado
enla casa dedon Pedro
Montufar,
i tenido en clase de preso conguardia
de lamisma turba, que movia continuas asonadas, con la idea de
que á su regreso á
Guayaquil
hiciese ver al nuevopresidente
la
imposibilidad
de dominar unpais,
en el que se habiaarraigado
tanprofundamente
elespíritu
de laindependencia.
Los horribles colores con que Villalba
pintaba
el estadode
Quito
, i los desacatos itropelías
contra su persona, irritaron de tal modo los ánimos de los
guayaquileños
, que se presentaron en la mayor exaltación á don
Joaquín
Molina,
pi
diéndole que hiciese uso de las armascontra los rebeldes, ya
que se habian
agotado
todos los recursos de lapersuasión.
Viendo el detenido i reflexivo
presidente
losnegocios públicos
á todos los circunstantes,menosála esposa delreprobo Torres, llamada vulgarmente la bandola, laque despreciando losestímulosde la leligion i de lajusticia,retuvo,i deslinó pura sus caprichosiplaceres aquellosmis,
quito : iSio. i
¡5
bajo
unaspecto
maspacífico
, trató de apurar los últimos esfuerzos de la dulzura i mediación. Con esta mira
aceptó
ladel coronel
Bejarano
, que aunque notado poralgunos
comoadicto á la
independencia
, se creia sinembargo
que obraríaen buen
sentido,
i que finalmente sería poco de sentirsupér
dida,
si se declaraba por losinsurgentes.
Apenas llegó
áQuito
este nuevo comisionado, fue puestoen liberta
IVillalba,
iaquel fingió
arrojarse
con el mayorceloá sostenerla causa de los revoltosos, mientras que con su
acostumbrado disimulo trataba al parecer de restablecer la
paz i ahorrar la efusión de sangre.
Siguiendo
su curso estasnegociaciones
, en las quecompetían
de un lado eldisimulo,
los ardides, el