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Academic year: 2020

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En: Revista AVEPSO, 2000, V. XXIII, 1-2, 241-251

EL TALLER "COMPARTIR APRENDIZAJES"

Ligia Sánchez Universidad Central de Venezuela Correo electrónico: [email protected] Marianela Gómez Defensa Civil

Correo electrónico: [email protected]

Resumen

Se propuso a los expertos de la Oficina Panamericana de la Salud (OPS) un proyecto dirigido a atender y apoyar al personal de ayuda en desastres, mejor conocido como “víctimas secundarias”. Se obtuvo el apoyo financiero para desarrollar dicho proyecto con una doble vertiente, estaba dirigido tanto a la capacitación del personal de ayuda como a la constitución de un grupo multidisciplinario para la atención psicosocial de las víctimas secundarias.

La Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) (Lisbeth Fernández), la Red de Apoyo Psicológico de la Universidad Central de Venezuela (UCV) (Ligia M. Sánchez), Defensa Civil Nacional (Marianela Gómez) y el Ministerio de Salud y Desarrollo Social (Pedro Alcalá) nos responsabilizamos de cumplir los objetivos planteados.

La UCAB, desde inicios del mes de enero, organizó reuniones y talleres de "atención psicoemocional a víctimas de desastres y manejo de emergencias", dirigidos a rescatistas y socorristas; hemos denominado a ésta la primera fase del proyecto.

En la UCV, sólo en marzo se inició la ejecución del proyecto. Este retraso permitió el desarrollo de una segunda fase, más orientada a la capacitación psicosocial que al rescate psicoemocional en la cual, Yolanda De Venanzi, diseñó un taller denominado “Compartir Aprendizajes”. Este taller está orientado a identificar debilidades y fortalezas personales, a analizar y reconocer los aprendizajes logrados durante la experiencia en el desastre. Se han atendido más de 100 bomberos y rescatistas y se han preparado más de 26 voluntarios, entre facilitadores y co-facilitadores. Está en elaboración un Manual que recogerá las instrucciones para repetir la experiencia y un breve informe sobre los resultados del proyecto, el cual será publicado por OMS/OPS.

Esta experiencia ha evidenciado la importancia de la investigación - evaluación cuidadosa de la intervención.

Queremos compartir con ustedes nuestra experiencia de atención psicosocial en situación de emergencia. El 31 de diciembre de 1999, a las 6:30 de la tarde, estabamos reunidos en la sede de la Oficina Panamericana de la Salud (OPS) Marianela Gómez y Carmen Luis de Rangel de Defensa Civil Nacional, Luis Alfonso, Jefe de la División de Salud Mental del Ministerio de Salud y Desarrollo Social y mi persona (Ligia M. Sánchez) por la Red de Apoyo Psicológico de la Universidad Central de Venezuela (UCV), junto con miembros de la OPS, Carmen Rosa Serrano (Consultora de Desarrollo de Recursos Humanos) y Jorge Rodríguez (asesor cubano en situaciones de emergencia). Por iniciativa de Marianela Gómez se planteó la necesidad de un programa que estuviese dirigido a las personas que estaban atendiendo directamente la situación de desastre acaecida para esos momentos en el Estado Vargas, conocidas como “víctimas secundarias”.

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del proyecto, y la Fundación de Amigos de Defensa Civil con Carmen Luis de Rangel, presidenta, quien es la encargada de todo el proceso administrativo del mismo. Por el Ministerio de Salud y Desarrollo Social quedó responsabilizado Pedro Alcalá, Director de la División de Investigación. Finalmente las personas de enlace de la OPS fueron Carmen Rosa Serrano y Mary Toba. Nos sentimos realmente muy satisfechos de haber podido trabajar en conjunto todos estos entes y persona.

En términos generales el proyecto se plantea 4 grandes objetivos: 1) “Contribuir al bienestar y la recuperación psicosocial de rescatistas, voluntarios, bomberos y personal de Defensa Civil que trabajó durante las labores de rescate y salvamento en las inundaciones ocurridas en Venezuela en diciembre de 1999 y al fortalecimiento personal y de grupo del personal de ayuda.”. Se trata de una población beneficiaria con características muy especiales porque son personas que están más acostumbradas a servir que a ser servidas, pero que sin embargo necesitan de mucha ayuda y de mucha fortaleza para poder continuar en las labores. 2) Capacitar a equipos multidisciplinarios para colaborar en esta labor de recuperación del personal de ayuda. La OPS insistió mucho en el necesario carácter de permanencia de la ayuda que recibiríamos, de manera que no fueran ayudas puntuales que se perdieran una vez pasada la situación de emergencia. 3) También para cumplir con ese propósito de permanencia en el tiempo, se estableció como objetivo mantener la LÍNEA 800-PSICO, organizada por la Red de Apoyo Psicológico UCV, para atender a las demandas de ayuda inmediata de las personas, sin costo alguno para ellas. 4) Por último está el compromiso de brindar a la OPS la sistematización y discusión de la experiencia con la publicación de un Manual, de manera que en otros países se pueda repetir la experiencia. Es importante destacar la relevancia de este último objetivo ya que no se trata de que sea la primera vez que se haga atención al personal de ayuda, sino que va a ser la primera vez, al menos en el ámbito latinoamericano, en que esta experiencia se va a sistematizar.

¿A quién estaba dirigida la atención?

La población beneficiara está constituida por personas de diversos tipos de organizaciones de ayuda: miembros de Defensa Civil (tanto de rescate como de personal administrativo), los cuerpos de bomberos, integrantes de organizaciones voluntarias, por ejemplo los grupos de rescatistas y brigadistas, establecidos como ONGs, en su mayoría muchachos voluntarios, así como los psicólogos que trabajaron durante la emergencia y que estuvieron atendiendo los refugios para damnificados. Incluimos también a los familiares de estas personas porque estábamos enterados de que había unos cuantos bomberos que eran ellos mismos damnificados e indudablemente sus familiares también requerían atención. Esto nos llevó a una cifra inicial de 3.000 personas, la cual resultaba una cifra alta para atender de enero a junio de 2000, pero ciertamente correspondía al estimado de la información disponible para ese momento.

Por otra parte está la población general a ser atendida por la LINEA 800-PSICO, instalada en la Escuela de Psicología de la UCV. La CANTV, por solicitud de la Red de Apoyo Psicológico, había donado desde el 19 de diciembre 5 líneas telefónicas que estuvieron funcionando hasta el 30 de marzo 2000, al principio las 24 horas del día, para atender a las demandas de atención psicológica de las personas. Estas demandas incluían desde la atención emocional (la "descarga" de la angustia que se estaba sintiendo o la pregunta por alguno de los desaparecidos o la referencia a otro tipo de problemas psicológicos) hasta el echador de broma, personaje bastante común en este tipo de tragedias. Aun cuando el proyecto OPS financió los operadores y el mantenimiento entre los meses de enero y marzo, lamentablemente fue necesario cerrar este servicio ante la imposibilidad de cubrir el costo de las líneas telefónicas. No obstante, la variedad de la demanda y la disponibilidad de personal formado para cumplir con esta función, nos hace pensar en la conveniencia de dejar esta línea caliente de forma permanente. Creo que éste es un foro adecuado para que entre todos podamos concebir una buena justificación y tratar de conseguir financiamiento para poner de nuevo en funcionamiento esta LINEA 800-PSICO.

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Ante todo debemos aclarar que, de verdad, ésta no fue una planificación ni que previamente pensamos que debería ser así, sino que eso que llaman “la realidad” nos hizo estructurarnos de esta manera.

Inicialmente se dio la FASE I, fundamentalmente dirigida a la recuperación psicoemocional; en ella el aprendizaje estaba dirigido a expresar el estrés post traumático y a prevenir la ocurrencia de mayores secuelas del mismo. No se trata de un diagnóstico preciso de este síndrome sino de la condición de estrés posterior a una situación de emergencia. Esta actividad la inició la UCAB desde el mes de enero, cuando su personal comenzó a hablar con las distintas organizaciones, rescatistas y brigadistas para discutir cuáles eran las necesidades específicas de cada grupo. De esta forma los talleres se fueron ajustando, los grupos iban discutiendo cómo era que ellos querían los talleres de acuerdo a sus necesidades para ese momento específico. Nos parece que ésta es una estrategia muy interesante que debería ser tomada en cuenta para futuras experiencias.

Esta recuperación psicoemocional estaba siendo llevada siguiendo el modelo tradicional del "debriefing" según el cual lo que fundamentalmente debe lograrse es un recuerdo de la experiencia con toda la descarga de la emoción que acompañó al evento.

Para los distintos grupos se habían asignado unos facilitadores - que eran profesores de la Escuela de Psicología de la UCAB algunos y otros psicólogos voluntarios egresados de la UCAB con trabajo previo en los refugios - junto con grupos de estudiantes que iban a hacer su pasantía del último o del penúltimo año de su carrera, atendiendo a esta población. A pesar de los acuerdos previos antes señalados, cuando llegó el momento de montar los talleres, los rescatistas y brigadistas no cumplieron con la programación establecida y fueron atendidos sólo 3 de los 10 grupos previstos. En algunos casos sucedió que se había presentado una emergencia y no tuvieron tiempo para avisar, en otros casos se explicó había habido una confusión de horarios, en otros hubo la postergación sucesiva de la actividad sin que ofrecieran alguna explicación. Esta situación causó la frustración de muchos de los integrantes de los equipos de facilitadores y el disgusto de otros, lo cual llevó a la suspensión del proyecto, por lo cual no se pudo cumplir con la programación inicial de tres meses para esta actividad. Sin embargo basados en esta experiencia pudimos llegar a la FASE II.

A la UCV le correspondía utilizar el mismo esquema pero dirigido a los bomberos y los miembros de Defensa Civil, especialmente los bomberos del Distrito Federal, dado su volumen, y otros como los bomberos voluntarios de la UCV. Por distintas circunstancias, llegamos al mes de marzo sin haber podido dar inicio a los grupos, a pesar de que la profesora Aixa Socorro tenía ya montados los talleres de atención psicoemocional. En ese momento adoptamos una nueva organización de los talleres propuesta por la psicóloga Yolanda De Venanzi, quien se iniciaba con la coordinación del proyecto en la UCV. En esta organización los talleres no hacen énfasis en los aspectos psicoemocionales sino que están orientados a una recuperación de orden psicosocial. De acuerdo a esto la experiencia vivida durante la emergencia se interpreta como una situación de aprendizaje y el propósito sería el compartir estos aprendizajes, el analizar las fortalezas y debilidades de cada uno de los participantes, de reconocerlas como tal, de buscar cómo aprovechar las fortalezas y cómo superar las debilidades y por último trabajar el necesario reconocimiento individual a la labor realizada. Ya hemos logrado dictar 10 talleres con esta nueva propuesta y hemos atendido a más de 120 personas, entre bomberos y personal de Defensa Civil.

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¿Qué dificultades se han encontrado?

Mención aparte merece este punto de obstáculos y limitaciones del proyecto. En primer lugar encontramos, desde el momento de la tragedia, una alta resistencia por parte de los actores de la experiencia, tanto psicólogos como personal de ayuda. Por un lado las dificultades de los psicólogos para aproximarnos a un tema nuevo para la mayoría, en el cual nuestras propias emociones generaban muchísimas y variadas reacciones. La mayoría de estas personas quería ayudar y pensaba que disponía de las herramientas para hacerlo, pero se trataba de "sus" herramientas, las de "su propia" experiencia previa. En un momento de tanta incertidumbre, tan inesperado, de tanta necesidad, se manifestó la resistencia a utilizar una técnica nueva, así ésta llegara de la mano de otro profesional reconocido, que le explicara la idoneidad de esta nueva técnica para la situación. Pensamos que esa necesidad del profesional de sentirse seguro en una situación tan difícil, determinó que se cometieran errores, por ejemplo, que no se hiciera evaluación previa de la situación antes de intervenir, lo cual obligó a invertir más tiempo -precioso en aquellos momentos- para corregir fallas previsibles. Entre las dificultades del psicólogo estuvo también el rechazo a las condiciones de trabajo adversas. Realmente era muy difícil estar tanto tiempo sin comer, sin descansar, sin comunicarse con su familia, siendo bombardeado por estímulos tan duros, tan dolorosos, situaciones que se estaban viviendo sin que la persona pudiera entenderlas.

Desde la perspectiva del personal de ayuda también había rechazo a la experiencia.

Aunque habíamos hablado con las altas jerarquías de los bomberos del Distrito Federal y con el Comité de Atención al Afectado, por diversos motivos, incluso por celo profesional del Departamento de Psicología, no se pudo trabajar con esta población a pesar de que estaba bastante necesitada. Por otra parte, los rescatistas, en su mayoría muchachos, jóvenes, o esos médicos o profesionales o incluso los brigadistas de salud mental, son personas que estaban dedicadas a atender directamente a las víctimas primarias y que tienen la creencia de que por ser personal de auxilio ellos no necesitan también recibir ... auxilio. Este rechazo a la ayuda responde también a la necesidad de protegerse y de sentirse fuertes para cumplir un rol que era indispensable en ese momento; un rol que es el eje central en su vida, porque, aunque lo hacen de manera voluntaria, son personas que se dedican permanentemente a adiestrarse, a prepararse para … y a pensarse en … emergencias. Tal vez por ello les resulta muy difícil admitir la conveniencia de la ayuda: “yo también necesito ayuda”, “yo no estaba preparado”, “esto es más fuerte de lo que yo pensaba”, o “cómo es posible que yo no la haya podido prever”, o “qué puedo hacer ahora”, o “cómo es posible que yo esté ansioso, o temeroso, o que tenga dudas o que yo me haya enfermado o que yo me sienta mal, o que yo esté irritable”. En la estructura organizada en la cual ellos suelen moverse no hay cabida para estos pensamientos y emociones, las cuales son entendidos como señales de debilidad que implican el riesgo de no poder ayudar y por ende una frustración muy difícil de manejar. Sólo en el nivel de los coordinadores de estas organizaciones, encontramos que se asumió -aunque muy cognitivamente- la condición de “afectados” del personal de ayuda, y que ese nivel de afectación, incluso emocional, se pudo manifestar semanas después de regresar a sus casas.

A este contexto se suman todas las creencias populares asociadas al rol del psicólogo, las cuales aparecen ante la pregunta ¿ qué es un psicólogo, cuál es la diferencia con un psiquiatra? Estas personas, al igual que el ciudadano común, tienen mucha incertidumbre y una resistencia muy alta, por considerar que sólo el “loco” requiere de este profesional.

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¿Cuáles han sido los aspectos positivos?

Esta experiencia nos ha permitido reconocer la potencialidad interna como profesionales de la psicología para atender situaciones especiales como la recientemente vivida. Apunta, además, a la necesidad de estructurar grupos de formación y de reflexión para la atención de distintas necesidades de la población involucrada en algún tipo de desastre.

Ha sido importante la adecuada integración entre las distintas instituciones, públicas y privadas, oficiales y de organizaciones no gubernamentales. A partir de esta experiencia específica y de la experiencia de la Red de Apoyo Psicológico de la UCV, pensamos que nos debemos proponer el contacto permanente con los entes responsables de la coordinación de las situaciones de desastre, no sólo para funcionar como asesores, sino también para preparar a los equipos multidisciplinarios de atención de los damnificados y del personal de ayuda, y para mantener los vínculos que se iniciaron en el momento de la tragedia. Estos equipos, junto con Defensa Civil, deben incorporar a otros profesionales como Trabajadores Sociales, Sociólogos, Médicos, Enfermeros y estudiantes de las distintas carreras afines.

También ha sido positiva la buena integración con la población atendida, ha habido una ampliación del radio de acción de nuestras actividades como universitarios con el ingreso al “mundo” de los bomberos y de las emergencias, realidad y perspectiva no abordada anteriormente. La ejecución del proyecto ha evidenciado capacidad de ayuda voluntaria y solidaria por parte de los profesionales encargados de la facilitación y una receptividad de la mayoría de las organizaciones atendidas aun cuando no todas ellas aceptan abiertamente la conveniencia de esta atención. A pesar de que no hemos evaluado la experiencia de los talleres porque aún falta por cubrir algunos cuerpos de bomberos, la gratificación ha sido inmediata, al verlos esforzarse por compartir los aprendizajes y por expresar agradecimiento ante el reconocimiento que reciben por su trabajo.

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