Flujos migratorios y construcción de mundo público influencia de la comunidad judía en la consolidación del Barrio Armenia, en Bogotá, durante la segunda mitad del Siglo XX
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(2) Página |2. Tabla de contenido. .................................................................................................................................................... 1 Introducción ............................................................................................................................... 4 Capítulo I.................................................................................................................................... 6 1.1. Problematización .......................................................................................................... 6 1.2. Objetivo general ........................................................................................................... 7 1.3. Objetivos específicos .................................................................................................... 7 1.4. Estado del arte .............................................................................................................. 7 1.4.1.. Identidad y migración. ...................................................................................................... 8. 1.4.2.. Identidad y mundo público................................................................................................ 9. 1.4.3.. Mundo público y migración............................................................................................. 11. 1.5. Marco teórico .............................................................................................................. 13 1.5.1.. Identidad colectiva. ......................................................................................................... 13. 1.5.2.. Sociedad civil. .................................................................................................................. 14. 1.5.3.. Ciudadanía. ..................................................................................................................... 16. 1.6. Marco metodológico ................................................................................................... 17 1.6.1.. Instrumentos. .................................................................................................................. 19. 1.6.2.. Fases. ............................................................................................................................... 19. Capítulo II: El barrio Armenia entre la modernidad, el urbanismo y la demografía ............... 21 2.1. Modernidad y urbanismo ............................................................................................... 21 2.2. Brunner y el Plan Regulador ...................................................................................... 24 2.3. El barrio Armenia, urbanismo y modernidad ............................................................. 27 2.4. La comunidad judía se asienta en el barrio Armenia.................................................. 28 Capítulo III: Los askenazis y su mundo privado: aislamiento de la vida pública y relaciones sociales de interés ......................................................................................................................... 32 3.1. . Judíos askenazis: sus ritos y costumbres .................................................................. 33. 3.1.1.. La muerte. ....................................................................................................................... 33. 3.1.2.. El matrimonio y la familia. .............................................................................................. 34. 3.1.3.. Vestido y lenguaje........................................................................................................... 36. 3.1.4.. Dieta y ritos religiosos. .................................................................................................... 38. 3.1.5. Arquitectura ......................................................................................................................... 39.
(3) Página |3. 3.2. Actividad económica, ascenso social y crecimiento comunitario .............................. 41 3.3. Conclusiones ............................................................................................................... 45 Capítulo IV: .............................................................................................................................. 46 Las instituciones judías: El CIB y su relación con el barrio Armenia y la sociedad civil ....... 46 4.1. El CIB como institución central de la comunidad judía ............................................. 47 4.2. Los edificios de apartamentos como forma de asociación auto gestionada ............... 52 4.3. Conclusiones ............................................................................................................... 55 Capítulo V: ............................................................................................................................... 56 La comunidad judía askenazi y la conquista del mundo público ............................................. 56 5.1. Primer momento 1941 - 1952 ..................................................................................... 58 5.2. Segundo momento 1953 - 1971 .................................................................................. 60 5.3. Tercer momento 1972 -1985 ...................................................................................... 65 5.4. Conclusiones ............................................................................................................... 66 Capítulo VI: Conclusiones ....................................................................................................... 68 6.1. Migración, territorio y espacio social ......................................................................... 69 6.2. Del contenido a las competencias ............................................................................... 70 Referencias bibliográficas ........................................................................................................ 72.
(4) Página |4. Introducción Este trabajo es el resultado de una inquietud sobre la relación de los procesos de migración y la construcción de ciudad en Bogotá en la segunda mitad del siglo XX, teniendo en cuenta que es la época de mayor crecimiento demográfico y desarrollo urbano que ha tenido la capital desde su fundación. Para explorar dicha relación en esta investigación se tomó como referente del proceso migratorio a la comunidad judía askenazi (judíos de Europa del este) que se asentó en Bogotá desde los años veinte y que a partir de allí fue fortaleciendo sus referentes identitarios a través de las actividades económicas en las que como grupo incursionó. El barrio Armenia, como territorio en el que se hace ciudad, es fundamental por dos razones: por su importancia en el desarrollo urbano de Bogotá como un laboratorio del habitar moderno que hoy día es reconocido como patrimonio arquitectónico de la ciudad, y porque allí se consolidaron los referentes identitarios y las instituciones de la comunidad judía en la capital y se abrió el espacio para que los judíos pudieran participar activamente como minoría en el seno de la sociedad bogotana. Este trabajo se dio en el marco del proyecto investigativo desarrollado por la profesora Diana Gómez que buscaba generar una relación entre las categorías de mundo público y ciudad, en el que se pretendió darle una nueva mirada a lo público desde el reconocimiento de los no-lugares como espacios posibles para la construcción de sentido de la realidad social. El texto está dividido en tres grandes partes. La primera consta de dos capítulos; el capítulo I, en el que se presentan los objetivos, las bases teóricas y metodológicas del proyecto de investigación; y el capítulo II, en el que se hace una contextualización del crecimiento urbano de Bogotá en el siglo XX y su relación con el caminar de la comunidad judía por la capital hasta su llegada al barrio Armenia. En la segunda parte, que está integrada por los capítulos III, IV y V, se muestran los resultados de la investigación, basados en los conceptos expuestos en el marco teórico: identidad colectiva, sociedad civil y ciudadanía. Finalmente, en la tercera parte del documento perteneciente al capítulo VI se presentan las conclusiones generales del texto en las que se recogen algunas perspectivas que deja este trabajo tanto en lo investigativo como en lo pedagógico..
(5) Página |5. Antes de continuar debo agradecer inmensamente el apoyo y la colaboración de todas las personas que estuvieron presentes durante estos casi tres años de dedicación y trabajo; fundamentalmente debo agradecer a los docentes que se hicieron a cargo de mi proyecto de una manera seria y responsable, personal y profesionalmente; en primer lugar, a la profesora Diana Gómez que con su disciplina y rigurosidad me enseñó el valor de la disciplina y quien merece todos los reconocimientos posibles como mujer, como profesional y como persona; en segundo lugar, al profesor de la Universidad Nacional Enrique Martínez, codirector de esta monografía, quien me ofreció su tiempo y sus conocimientos en todo lo relacionado a la comunidad judía en Bogotá y me brindó consejos sinceros sobre la vida profesional de un investigador, cargando de sentido muchas de lo que aquí está escrito y de mi carrera profesional; y tercero, y no menos importante, a la profesora Pilar Marín quien dedicó bastante parte de su tiempo a corregir cada detalle del documento con mucho cariño y dedicación, y me enseñó el lado más humano de este proceso, con su calidez y su profesionalismo. Debo agradecer también a mi familia, a mis padres y a mi hermano, que siempre estuvieron presentes en cada momento, apoyando cada decisión que tomé y acompañándome en todo momento de este proceso; a mis amigos, que pacientemente aguantaron mis monólogos sobre los judíos en Bogotá cuando el tema me invadió por completo. Por último, agradecer especialmente a los funcionarios del Archivo de Bogotá por su disposición para colaborarme y a Don Leopoldo Múnera por su sencillez, su humildad y sus palabras cargadas siempre de sensatez y sabiduría..
(6) Página |6. Capítulo I 1.1. Problematización En el siglo pasado, en menos de 25 años, Colombia pasó de ser un país eminentemente rural a un país marcadamente urbano; esto significa un proceso de migración y urbanización bastante acelerado y traumático: “En efecto, en 1938 la proporción de población clasificada por el censo como urbana era del 32.0%. En 1951 este porcentaje había aumentado al 38.9%; en 1964 era del 52.4% y en 1973 del 63.0%” (Banguero, 2008, p.23). El fenómeno de la migración en Bogotá y su papel como ciudad receptora de migrantes a lo largo del siglo XX han sido muy intensos y con un ritmo exponencial: “Bogotá mostró una tendencia a crecer más rápido que las otras ciudades al pasar la participación de su población en el total de las 4 ciudades del 43.7% en 1951 al 51.5% en 1973” (Banguero, 2008, p.24). Desde los años cuarenta, la ciudad ha tenido que preocuparse por la “explosión demográfica”. El crecimiento demográfico acelerado generó migraciones internas en la ciudad, como por ejemplo las protagonizadas por las elites políticas en el sector de Teusaquillo: “el crecimiento de la ciudad de Bogotá fue lento hasta bien entrado el siglo XX; hacia la década del veinte comienza a crecer Teusaquillo como núcleo de residencia de las clases altas que buscaban un ambiente más sano” (SDP, 2009, p.8); las elites que llegaron esta zona de la ciudad se apropiaron del espacio y consolidaron en el sector las mejores propuestas arquitectónicas de estilo inglés y francés de la época. El barrio Armenia, perteneciente a la localidad de Teusaquillo, también albergó a las clases altas de la época; hacia 1941 se empezaron a establecer los nuevos estilos arquitectónicos de las décadas de los cuarenta y los cincuenta, promoviendo así prácticas de orden social, cultural e ideológico en la configuración del espacio, dinámicas que se dan hasta el 9 de abril de 1948 cuando el asesinato del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán provocó el caos a nivel general en la ciudad y las elites se desplazaron de Teusaquillo a Chapinero. El vacío que quedó en el barrio Armenia fue ocupado por una nueva clase de migrantes: judíos, italianos, alemanes, entre otros; en cuanto a los judíos, esta comunidad se estableció y fundó allí el Centro Israelita que “(…) como edificio institucional que identifica al sector, es un.
(7) Página |7. proyecto del Arquitecto E. Hernández de 1953. Es una de las primeras construcciones institucionales existentes en el barrio” (Fuentes, 2012, p.58). Dicha construcción marcó la pauta de una nueva configuración a nivel arquitectónico y social al cambiar condiciones de habitabilidad y estilos; así entonces, hacia 1948 en el barrio se construyeron edificios multifamiliares en contraposición con las casas unifamiliares de los años treinta y principio de la década de 1940. Teniendo en cuenta la importancia que tiene el barrio Armenia en el crecimiento de Bogotá y la influencia que tuvieron algunas comunidades de migrantes a nivel social, cultural y arquitectónico en los años cincuenta, este trabajo de investigación lo tomó como referencia para reconstruir algunos elementos de la vida barrial que permitan visibilizar su importancia y su incidencia en la consolidación arquitectónica, histórica y cultural de Bogotá. 1.2. Objetivo general Analizar procesos de identidad colectiva, prácticas ciudadanas y mecanismos de relación entre Estado y comunidad que caracterizaron el proceso migratorio de la comunidad judía askenazi de Europa del este en el barrio Armenia de Bogotá, durante la segunda mitad del siglo XX, y su incidencia en la configuración del mundo público en la ciudad. 1.3. Objetivos específicos 1. Evidenciar los referentes identitarios construidos por la comunidad judía en el barrio Armenia a partir de la década de 1950, y su relación con la ciudad y la vida urbana. 2. Analizar la influencia que tuvo el fenómeno migratorio en el barrio Armenia sobre los procesos de construcción de ciudadanía que permitieron su reconocimiento como un referente a nivel histórico, arquitectónico y cultural. 3. Visibilizar mecanismos de mediación entre Estado y comunidad que se construyeron entre la colectividad migrante y los habitantes del barrio Armenia, y su incidencia en la consolidación de ese sector de la ciudad. 1.4. Estado del arte En este apartado del texto se presentan las categorías que emergieron de la revisión documental hecha sobre la relación entre los conceptos identidad, migración y mundo público..
(8) Página |8. 1.4.1. Identidad y migración. De acuerdo con Fernández (1994), entre los conceptos de identidad y migración emerge como categoría relacional y patrón de análisis la colectividad, entendida como un grupo de individuos que, en primer lugar, tienen conciencia de su singularidad; en segundo lugar, poseen elementos culturales propios; y, en tercer lugar, tienen la capacidad de hacer que sus elementos culturales varíen en el tiempo y en el espacio. Así entonces, la identidad colectiva está dada por una serie de rasgos culturales que generan en los miembros del grupo una conciencia de su diferencia, la cual todos son capaces de asumir y compartir en referencia a un espacio-tiempo determinado; dicha definición se enmarca en el contexto de las tensiones y las problemáticas suscitadas por el fenómeno migratorio, y en las contradicciones que afloran entre las comunidades de migrantes y las comunidades receptoras en relación con los procesos de asimilación, interacción y acomodación de migrantes en los contextos que los reciben. La autora propone que existe una interdependencia entre los fenómenos sociales de la inmigración y la identidad colectiva que se origina en la relación entre quienes llegan, y son asumidos como los “otros”, y la comunidad receptora que ve afectada su identidad; por tanto, los rasgos culturales distintivos de cada grupo que configuran su identidad colectiva chocan en el entramado de tensiones y relaciones que se generan en el marco del desarrollo del fenómeno de la migración. De otra parte, Alvarez (2013) analiza los procesos identitarios relacionados con los fenómenos migratorios y reconoce la colectividad como un elemento determinante en la relación procesos identitarios- fenómenos migratorios; cada grupo o colectividad produce y reproduce su identidad en una realidad espacio - temporal concreta. Este autor señala que en el fenómeno de la migración entran en contacto las identidades tanto del grupo de pertenencia (endogrupo) como del grupo de oposición (exogrupo), lo que configura la visión del inmigrante como el “otro”, como un extraño. Así, en el marco del desarrollo de los fenómenos migratorios el autor propone la identidad colectiva como una reafirmación y objetivación de ciertos rasgos o elementos culturales en el marco de unas realidades espacio - temporales concretas que permiten la reproducción de dichos elementos y acervos culturales por medio de instituciones de orden social, en oposición a la objetivación y reafirmación de los rasgos de “los otros” grupos..
(9) Página |9. En este sentido, plantea que cuando el migrante llega, se encuentra con la realidad de tener que adaptar y reconfigurar sus elementos identitarios a la relación que tenga con los individuos de la sociedad receptora. Dicha relación, por más “pura” que parezca, obliga al migrante a ponerse en contacto con los rasgos objetivos de la cultura del grupo de pertenencia, y deberá escoger entre sus acervos objetivos los que puedan serle más útiles tanto para relacionarse con el otro grupo como para reafirmar y defender sus rasgos objetivos propios. Finalmente, para Tamayo (2013) la díada identidad- migración está mediada por la cultura; la autora propone que la relación entre el fenómeno de la migración y la construcción de procesos de identidad está enmarcada en la configuración de una nueva identidad cultural tanto en los migrantes como en las comunidades receptoras, y que la forma en que dichas comunidades mantienen y reivindican dicha identidad proporciona elementos de análisis válidos para la revisión de los procesos de migración en relación con las tensiones que entre dichas comunidades se dan. Teniendo en cuenta lo anterior, para este trabajo de investigación se usará la categoría de identidad colectiva, toda vez que la colectividad se configura como puente entre identidad – migración debido a que permite mostrar los referentes identitarios construidos por los grupos o colectividades que entran en contacto en el desarrollo del fenómeno migratorio y tener en cuenta los acervos culturales que se producen y resignifican en el contexto de las relaciones comunidad de migrantes – comunidad receptora. En el marco de esta investigación se pretende realizar una mirada a los rasgos culturales que configuran la identidad colectiva de las comunidades de migrantes que llegaron al barrio Armenia en los años cincuenta y su relación con los rasgos objetivos de los grupos de pertenencia (endogrupos) que allí vivían. 1.4.2. Identidad y mundo público. La categoría relacional que se encuentra entre los conceptos de identidad y mundo público es la de sociedad civil. Para Barbero (2008), la sociedad civil juega un papel predominante en la búsqueda de la transformación y la revolución de las relaciones sociales de producción que configuran la esfera del Estado y la sociedad política; en este escenario, el autor propone que la sociedad civil en Latinoamérica es de orden precario, casi inexistente, lo que junto a la complejidad de su mestizaje impide la configuración, la construcción y la consolidación de una esfera pública en oposición a la sociedad política. La esfera de lo público debe encontrar una definición y resignificación por parte de las masas urbanas que aparecen en el terreno de lo.
(10) P á g i n a | 10. social, definición esta última que podría adherirse a una aproximación del concepto de sociedad civil. Así entonces, para hablar del paso de la esfera del Estado a la esfera de la comunidad, el autor propone y defiende que el programa del exalcalde Mockus encaminado a la visibilización de la ciudad y sus problemas como mapas de ruta en la construcción de una ciudadana que transformara el entorno constantemente y no viceversa, está en consonancia con una concepción de la sociedad civil en la que la participación activa de los ciudadanos configura un conjunto de instituciones no estatales que construyen y generan procesos sociales, culturales, artísticos o ideológicos por fuera del marco de las acciones del Estado. El concepto de sociedad civil puede aportar entonces elementos válidos para el análisis de la identidad y su trascendencia en la construcción y la configuración de la esfera de lo público en contraposición a la esfera de lo estatal. De otra parte, Rabotnikof (1993) hace referencia al desarrollo de una esfera de lo público en el marco de las tensiones entre el Estado y la sociedad civil; reaparece aquí el concepto de sociedad civil como puente y eje articulador, en este caso en la construcción de un modelo que permita a partir de la relación esfera de lo público - comunidad ciudadana, resolver las tensiones entre lo público –privado y la relación Estado – sociedad. Reivindicando una dimensión aparentemente ausente en los programas progresistas en América Latina: la dimensión de «lo público», la propuesta se dibuja claramente sobre el horizonte de la reforma democrática del Estado y apunta sobre todo al fortalecimiento de la participación ciudadana en la decisión y la gestión de los asuntos colectivos. Finalmente, Rizo (2006) hace un análisis de la configuración de una nueva noción del mundo público a través de la revisión de los procesos de migración y su influencia en la construcción de nuevas identidades: “en definitiva, la identidad es el valor en torno al que los seres humanos organizamos nuestra relación con el entorno y con los demás sujetos, con quienes interactuamos” (Rizo, 2006, p.11). Dicha relación con el entorno y con los demás está estrechamente ligada al aparato teórico que nos presenta lo urbano. Rizo hace un abordaje de la ciudad desde la identidad, los habitus y las representaciones sociales, en el marco explicativo de un objeto de estudio como lo es la ciudad, la relación que tienen estos conceptos en la consolidación de la ciudad cómo los habitus, la identidad y las representaciones sociales configuran dos elementos.
(11) P á g i n a | 11. que para la autora son trascendentales y que son el objeto de su estudio, a saber, las representaciones sociales de la ciudad y la identidad urbana. Se usará entonces la categoría de sociedad civil para articular las tensiones y los debates en torno a la relación identidad – mundo público, entendiendo la sociedad civil como una estructura capaz de superar la esfera del Estado a través de la construcción de una esfera de lo público, basada en las demandas de los ciudadanos frente al Estado Democrático de Derecho. Se revisarán los procesos de asociación auto gestionados por parte de las comunidades de migrantes que llegaron al barrio Armenia hacia los años cincuenta y cómo dichos procesos configuran nuevas relaciones de orden social y cultural en la consolidación de una comunidad que actúa por fuera de las pretensiones estatales. 1.4.3. Mundo público y migración. La ciudadanía es la categoría que aparece para hacer un “puente teórico” entre las categorías de migración y mundo público. Latorre (2006) le apunta a una noción del migrante como sujeto políticamente activo en el contexto de la relación migración – socialización política, y propone que los inmigrantes no deben ser vistos como sujetos pasivos en el orden de la construcción de lo público, sino como agentes transformadores y generadores de resignificaciones de los espacios y las relaciones que se dan en la esfera de lo público; para analizar dicho contexto, el autor propone que debe darse una mirada distinta al migrante en su condición de “extraño” en el seno de la sociedad receptora, y que aunque en el contexto de su relación con esa comunidad exista rechazo y en muchos casos discriminación, el migrante actuará en el escenario de lo político de una manera u otra para transformar y generar nuevos procesos en las dinámicas sociales y en las prácticas ciudadanas. Así entonces, para la autora son los lugares donde suceden las prácticas de ciudadanía lo que le interesa ver en el contexto del desarrollo de los procesos migratorios, cuando no se reconocen en muchos casos las prácticas democráticas, y menos aún las prácticas de orden cívico del país receptor por parte de las comunidades de migrantes; Latorre (2006) demuestra en su texto que aún ante esta situación se pueden ver y demostrar los aprendizajes políticos y ciudadanos, tanto de la comunidad que migra como de la sociedad receptora. La migración es siempre un desarraigo, una ruptura, un conflicto desde el momento en que el migrante decide salir de su lugar de origen, va a estar en un constante cambio en constante contradicción buscando maneras.
(12) P á g i n a | 12. de adaptarse sin perder ni dejar atrás sus acervos culturales y sociales; el fenómeno de la migración siempre presenta elementos de orden conflictivo y contradictorio que nos ubican en el escenario de debate y la discusión sobre sus impactos, sus influencias y las transformaciones que genera a todo nivel en la vida tanto de los migrantes como de la comunidad receptora. En el proceso de adaptación del migrante a una nueva cultura en un nuevo lugar, que para él empieza por ser un no-lugar, aparece un elemento de un carácter muy importante en el escenario de la vida urbana y su relación con la ciudad: el uso del espacio público como espacio que determina y le proporciona ciertos usos sociales y formas de conducta propias de la sociedad receptora y que determinan en muchos casos la relación positiva o no que el migrante pueda llegar a tener en la comunidad que lo “recibe”; eso si se tiene en cuenta que son muy pocos los casos en los que la sociedad receptora acoge en un primer momento al migrante, pues es bien sabido que el migrante es casi que empujado por las circunstancias hacia el lugar que le corresponda ir. Por tanto, la participación activa (en lo posible) del migrante en el escenario de la vida urbana, las prácticas de ciudadanía y el uso del espacio público como un lugar de reconocimiento y adaptación del migrante en el seno de la comunidad receptora, deben generar una resiginificación de los espacios y las relaciones que se dan en la esfera de lo público, que se dará, evidentemente, a través del componente de la creación de una ciudadanía de orden pluralista y activa que permita el desarrollo de los elementos anteriormente expuestos. Finalmente, Aramburu (2010) presenta el civismo como puente o categoría relacional entre la migración y el mundo público; él relaciona conceptos como el de habitus de Bourdieu, para intentar afianzar o fortalecer la tesis que defiende: los inmigrantes hacen un “sobreuso” del espacio público debido a condiciones determinantes como la pobreza, el rechazo o la falta de acceso a algunos equipamientos, y aunque esto pueda ser cierto en los casos en los que lo menciona siguen siendo proposiciones de carácter determinista y generalizador; el autor analiza la relación inmigración y usos del espacio público a la luz del civismo que en cuanto a su modelo explicativo es un tanto limitado. En este trabajo se usará la categoría de ciudadanía como puente entre los conceptos de mundo público y migración, pues permite observar cómo se dio la relación migración – socialización política por parte de los migrantes que llegaron al barrio Armenia en los años cincuenta y.
(13) P á g i n a | 13. también cómo se dieron los fenómenos de apropiación y transformación del espacio público por parte de estas comunidades. 1.5. Marco teórico 1.5.1. Identidad colectiva. En un primer momento se entiende como una construcción de orden subjetivo, generada en un contexto histórico particular que se da a partir de los procesos de interacción colectiva en el ámbito de lo cotidiano entre los individuos que componen un grupo o un colectivo; en ese proceso, los rasgos culturales del grupo se objetivan y reconfiguran para delimitar lo propio frente a lo ajeno, en relación con otros grupos o colectividades. Se retomará en esta conceptualización la discusión iniciada por Jurgen Habermas en relación con el problema de las demandas de las identidades colectivas frente al Estado Democrático de Derecho. Para Habermas (como se cita en Mercado y Hernández, 2010), la construcción de las identidades colectivas se sale del marco de la imposición y de la adscripción de los individuos a un grupo determinado por medio de la tradición: “Bajo estas premisas, la identidad colectiva en la sociedad moderna ya no resulta de una imposición, sino de una elección por parte de los sujetos” (Mercado y Hernández, 2010, p.237); en dicha construcción el individuo tiene un papel activo pues cada uno de los integrantes de la colectividad actúa como un interlocutor válido en los procesos de aceptación y resignificación de los acervos culturales del grupo, según las condiciones sociales que presenta el contexto histórico en el que el individuo se desenvuelve. La condición de cada individuo como interlocutor válido se desprende de las ideas de Habermas: (El individuo) tiene una concepción ética que se aleja de la idea económica del marxismo y se afirma en la esfera del reconocimiento intersubjetivo, en el que la dignidad inherente a la condición de persona humana está sustentada en la razón, la libertad y la reflexión como autonomía, lo que genera una democratización profunda de la sociedad civil y la ciudadanía. (Araya, 2011, p. 91) Habermas propone entonces una teoría universal de la justicia en la que cada individuo como interlocutor válido en el contexto de la acción comunicativa tiene la capacidad de identificarse con el otro en la búsqueda y el descubrimiento de las necesidades y argumentos que serán.
(14) P á g i n a | 14. exigidos tanto por el individuo como por aquel “otro” en el marco de la tolerancia, la solidaridad y el respeto por la pluralidad de las identidades. Las demandas, tanto de los individuos como de las identidades colectivas en el marco de su relación con el Estado Democrático de Derecho, están enmarcadas en la construcción de una nueva visión del otro que se sale de las premisas etnocéntricas, que se hace sensible a la diferencia y que reconoce al “otro” (en este caso las identidades colectivas) en su alteridad en la búsqueda de una integración política que lleve finalmente hacia una inclusión ciudadana, logrando una inclusión de tipo formal y moral a la vez; así entonces, Habermas propone que: Por tanto, deberíamos aprender finalmente a entendernos no como una nación compuesta por miembros de una misma comunidad étnica, sino como una nación de ciudadanos (…), pues la república no tiene, en definitiva, otra estabilidad que la que le confieren las raíces que los principios de su constitución echan en las convicciones y prácticas de sus ciudadanos. (Habermas, 1996, p. 265) En conexión con lo anterior, y para fines conceptuales, se entenderá la identidad colectiva como la serie de grupos que se salen de las premisas etnocéntricas y que reivindican sus necesidades y derechos de frente al Estado Democrático de Derecho en el marco de la búsqueda de su integración tanto política como ciudadana, como interlocutores válidos en la construcción de una nación basada en la tolerancia, la solidaridad y el respeto a la pluralidad de identidades. 1.5.2. Sociedad civil. Para definir la sociedad civil se acude a la conceptualización hecha por Habermas en la que se hace una distinción clara entre la administración pública, el mercado y la sociedad civil. Según Ferrer (2000), la relación sociedad civil y sociedad política está dada por tres pasos o elementos consecutivos, a saber: 1. Aparición de asociaciones culturales benéficas, grupos de interés públicos portadores de demandas. 2. Difusión de estas por los medios de comunicación pública hasta llegar a la periferia del sistema político 3. Una vez detectados los nuevos centros de interés es cuando se hallan en condiciones de afluir desde la periferia al núcleo de las decisiones políticas..
(15) P á g i n a | 15. La propuesta de Gramsci enriquecerá el concepto pues es claro que logra la superación del “hecho económico”; en su propuesta “se pueden fijar dos grandes planos superestructurales, el que se puede llamar de la "sociedad civil", que está formado por el conjunto de los organismos vulgarmente llamados "privados" y el de la "sociedad política o Estado"(Gramsci, 1972, p. 16); en el marco de la construcción del concepto de sociedad civil se encuentra “un concepto práctico-indicativo necesario para designar a todas aquellas instituciones y mecanismos que quedan fuera de las fronteras del sistema estatal propiamente. Su función consiste en trazar una línea de demarcación indispensable dentro de las superestructuras político-ideológicas del capitalismo” (Anderson, 1997, p 27). Gramsci y Habermas asumen la sociedad civil separada del Estado, acogiendo postulados que ponen lo civil en el marco de las tensiones de orden ideológico, cultural y social; las superestructuras político ideológicas entran entonces en tensión con una superestructura civil concreta que hace explícito el reconocimiento de la sociedad civil en el marco del mundo de la cultura y de la reproducción de valores socialmente compartidos. La propuesta de Habermas permite a todas luces la identificación de los grupos de orden social y cultural pertenecientes a la sociedad civil que buscan el reconocimiento de las demandas de los ciudadanos frente al Estado Democrático de Derecho; en medio de las tensiones entre la sociedad política y la sociedad civil, la noción habermasiana busca la consolidación de una sociedad civil de orden solidario, tolerante y pluralista que reconozca y acoja como legítimas las demandas de las identidades colectivas que la conforman. Se entenderá aquí entonces el concepto de sociedad civil desde las propuestas de Gramsci y Habermas quienes superan las visiones estructurales y deterministas del concepto y proponen una noción de sociedad civil que se contrapone al mercado y al Estado, convirtiéndose en una superestructura que se hace capaz de organizar la realidad social y que no representa solamente grupos de ciudadanos adscritos por un “consenso” a un Estado, con unas leyes que le otorgan unos derechos, sino más bien un conjunto de instituciones no estatales que no deben ser de orden propiamente político; en todo caso, no buscan con sus acciones llegar al poder, sino que construyen y generan procesos, sociales, culturales, artísticos o ideológicos por fuera del marco de las acciones del Estado..
(16) P á g i n a | 16. 1.5.3. Ciudadanía. Se retomará para esta investigación el modelo republicano de ciudadanía que se basa en las propuestas de teóricos como Habermas y Hannah Arendt quienes proponen una ciudadanía de orden deliberativo y activo basado en la vertiente deliberativa de la discusión pública; se busca en esta propuesta conseguir un ciudadano que participe de manera activa en los procesos de construcción de la democracia, que tiene idea de sus deberes cívicos y políticos. La noción de ciudadanía expuesta por Habermas está vinculada a una nueva visión del sistema democrático y a una propuesta universalista de la justicia en el marco de una inclusión política y ciudadana que sea efectiva sobre las demandas de los ciudadanos en la búsqueda del reconocimiento y la protección de sus derechos civiles, económicos, sociales y políticos. Dicho reconocimiento y protección de los derechos de los ciudadanos se debe hacer en el contexto de una participación activa de los mismos, influyendo ésta en la toma de decisiones políticas del ámbito público, lo que debe permitir finalmente que se cree una conciencia solidaria tolerante y respetuosa del pluralismo y de las diferentes identidades colectivas hacia la creación de una sociedad multicultural, “lo que permite el desarrollo de una ciudadanía crítica y solidaria, que genera nuevos procesos discursivos de participación de la sociedad civil en la política” (Araya, 2011, p. 91). Habermas y Arendt proponen una ciudadanía activa que debe desarrollarse en el seno de la acción política, que “descansa en la presunción de que podemos producir la igualdad a través de la organización, porque el hombre puede actuar en un mundo común, cambiarlo y construirlo, junto con sus iguales y sólo con sus iguales” (Arendt, 2001, p. 380). La acción política, como ejercicio de la libertad y quehacer ciudadano, debe promover la creación de una conciencia de responsabilidad y pluralismo que pueda llevar a buen término el reconocimiento y la apropiación de manera deliberativa y consensuada las demandas y asuntos comunes de los ciudadanos; por tanto, “la ciudadanía en la reflexión arendtiana es concebida como un proceso moral y político y, por ende, dependiente de las cambiantes condiciones históricas y de las diversas acciones humanas” (como se cita en Jiménez, 2013, p. 938). Se concibe la ciudadanía como un proceso de orden moral y político llevado a cabo de manera activa y deliberativa por los ciudadanos, reconocidos estos como interlocutores válidos e iguales.
(17) P á g i n a | 17. con una visión tolerante, solidaria y respetuosa del pluralismo, en el contexto de su accionar político y el ejercicio de su libertad. Dichas acciones deben influir y repercutir en las decisiones políticas del ámbito público en el marco del reconocimiento y la defensa de los derechos de los ciudadanos, los cuales asumen la ciudadanía como un espacio de reflexión y argumentación en el que se busca la construcción y la reformulación de los derechos de los individuos pertenecientes a las democracias, y que permitirán redefinir los límites y las potencialidades de los derechos que se construyen en el marco de su relación con el Estado. 1.6. Marco metodológico Desde la orilla de los paradigmas cualitativos de investigación se escogió el método fenomenológico como el mapa de ruta para llevar a cabo esta investigación; en este enfoque el investigador escoge una porción de la realidad social que va a intervenir, entendida como una construcción social e histórica, cargada de significados intersubjetivos que han sido creados por los sujetos en el sentido que le dan a su mundo y a sus acciones en los procesos de interacción con su entorno y con los demás. “El enfoque fenomenológico tiene como foco entender el significado que tienen los eventos para las personas que serán estudiadas” (Maykut y Morehouse, 1994, p. 13). Por lo tanto, permite identificar el sentido dado por los sujetos a los fenómenos que se quieren evidenciar, en el marco de la interpretación de las relaciones construidas por los sujetos que interactúan en la consolidación de la aparición de dicho fenómeno. Para lograr una efectiva interpretación y comprensión del fenómeno, el investigador debe hacer una ruptura con las prenociones acerca de la porción de la realidad que va a estudiar y con el significado de la experiencia que pretende interpretar. La elección del tema de investigación en el enfoque fenomenológico está mediada por los intereses, el punto de vista del investigador, su visión del mundo y el sentido que el propio investigador le da a sus propias experiencias Se tiene en cuenta que “el objetivo de la investigación cualitativa es descubrir patrones que se deriven de la observación atenta, de la documentación minuciosa y el análisis concienzudo del tema de investigación, sus descubrimientos no son generalizaciones sino hallazgos contextualizados” (Hoyos y Vargas, 1996, p.201); además, se precisa que como metodología.
(18) P á g i n a | 18. apunta a explicar las relaciones que existen entre un hecho social y el contexto en el cual se da dicho fenómeno, se pretende “desde el punto de vista metodológico una comprensión de lo social como reconstrucción genética del sentido y de las pretensiones de racionalidad de las diversas manifestaciones socio-culturales” (Hoyos y Vargas, 1996, p.201). Con base en lo anterior, y teniendo en cuenta que para el desarrollo de este trabajo se usó la ayuda de fuentes documentales como las novelas escritas por los miembros de la comunidad judía en Bogotá, la información arrojada por las cédulas catastrales y los edificios de apartamentos construidos por los judíos en el barrio Armenia, entendidos como textos que dan cuenta de la experiencia vivida de esta comunidad en la capital y en particular en el barrio Armenia, se hará uso de algunos elementos de la hermenéutica; esta, según Ricoeur (1984) se asume como una actividad de reflexión en el sentido etimológico del término; es decir, una actividad interpretativa que permite la captación plena del sentido de los textos en los diferentes contextos por los que ha atravesado la humanidad, lo que permite generar un puente entre la necesidad de interpretar, comprender y reflexionar sobre las inferencias que estos textos arrojan y el reconocimiento de las mismas como fuentes válidas para poder encontrar el sentido que los miembros de la comunidad judía askenazi le dieron a su proceso de asentamiento en el barrio Armenia durante la segunda mitad del siglo XX. En esta investigación se buscó hacer un trabajo amparado bajo la perspectiva fenomenológica y la ayuda del componente hermenéutico, acudiendo al sentido de los referentes construidos por la comunidad judía en el barrio, asumiéndolos como textos válidos que permitan lograr la descripción e interpretación del fenómeno de la migración y el impacto que este tuvo en el contexto de la consolidación del barrio Armenia en los años cincuenta. Se hizo uso de este enfoque para posibilitar la comprensión de los hechos sociales a partir de la interpretación de la experiencia, atendiendo a que esta investigación buscó explorar la influencia de la comunidad judía askenazi de Europa del este en la construcción del barrio Armenia y su importancia en el ascenso social de la comunidad judía en el seno de la sociedad bogotana..
(19) P á g i n a | 19. 1.6.1. Instrumentos. 1.6.1.1. Revisión documental. 1. Se buscaron referentes históricos del nacimiento y consolidación del barrio e investigaciones hechas sobre el barrio… 2. Se trataron los documentos literarios hechos por personajes pertenecientes a la comunidad judía que reflejaran sus vivencias y experiencias en Bogotá en el siglo XX… 3. Las cédulas catastrales del barrio Armenia permitieron encontrar una base de datos confiable sobre los nombres de los habitantes del barrio, los movimientos inmobiliarios y las construcciones que realizaron… 4. Los nombres hallados en las cédulas catastrales se compararon con las listas del cementerio judío de Bogotá y las voces de algunos expertos para determinar la procedencia de cada persona perteneciente a la comunidad judía… 1.6.1.2. Entrevista a profundidad. Se pretendió con este instrumento recolectar información clara y detallada de personas que puedan ser una fuente confiable de información y que permitió generar una interpretación de la experiencia vivida de los sujetos. 1.6.2. Fases. 1. En esta fase de la investigación se construyeron todos los referentes teóricos y metodológicos necesarios para sustentar y argumentar tanto la porción de la realidad social que se escogió para hacer la investigación como para dar paso al inicio de la recolección de la información y el trabajo de campo… 2. Las cédulas catastrales fueron el mapa de ruta que permitió hallar la presencia de la comunidad judía en el barrio y su participación en el mercado inmobiliario y la transformación del tejido urbano; al encontrar la mayoría de nombres en la lista del cementerio judío de Bogotá, se optó por revisar algunas investigaciones hechas sobre el barrio y la comunidad judía, y documentos literarios hechos por miembros de la comunidad judía para dar cuenta de la experiencia vivida de los mismos… 3.. Se organizó y sistematizó la información recolectada en la fase anterior para dar cuenta de los productos encontrados en la relación en el trabajo hecho en las dos.
(20) P á g i n a | 20. fases anteriores y para decantar la información que no fuera necesaria en pro de la redacción y entrega del informe final… 4. Se realizó la redacción del informe final….
(21) P á g i n a | 21. Capítulo II: El barrio Armenia entre la modernidad, el urbanismo y la demografía 2.1. Modernidad y urbanismo En 1917 varios elementos de orden social, económico e ideológico dieron paso a la ruptura que se genera con la ciudad colonial en Bogotá y que abrirán el espacio para la concepción y la promoción de una ciudad moderna en la que el crecimiento demográfico, las visiones de talante modernista de las elites de la época, su distanciamiento de las costumbres coloniales y la brecha a nivel social económico y cultural entre las clases privilegiadas y los pobres fueron algunos de los fenómenos que dieron paso al proceso de urbanización de Bogotá hacia los años veinte. El proceso de urbanización de la capital inició con el Plan Bogotá Futuro que representa el comienzo de las acciones modernizadoras de la elite bogotana: “El Plan Bogotá Futuro fundamentó la primera idea moderna, científica, higienista y estética de planificar la ciudad, desarrollada por los ingenieros de la gobernación de Cundinamarca, bajo patrones del city planning, durante el primer cuarto del siglo XX” (Alba, 2013, p. 183). Su aprobación se hizo en 1925 y, aunque no se ejecutó en su totalidad, sirvió para dar comienzo a la gigantesca empresa del desarrollo de la planeación urbanística de la ciudad que irá con todo su empuje y vigor casi hasta finales de los años sesenta; de allí que esta sea la primera etapa de una serie de propuestas a nivel arquitectónico y urbano que van a configurar nuevas dinámicas y tensiones sociales ancladas en la distribución del espacio y sus usos en la ciudad. Por tanto, “las ideologías urbanistas que surtieron respuestas a los efectos reales de dicha situación en la ciudad dejaron huella y memoria que aún pueden observarse en la lectura actual de los barrios y las casas” (Cardeño, 2007, p. 28). Este proceso comenzó con el paso de la ciudad colonial hacia la consolidación de procesos modernizadores en los que la sanidad o el higienismo, como se denominaba en aquel entonces, los medios de transporte y el desarrollo urbano estaban a la orden del día. El paso de la ciudad colonial hacia la ciudad moderna está lleno de contradicciones; no se configura, por tanto, un proceso de modernización lineal que pueda dar cuenta de un desarrollo urbano sólido en la primera mitad del siglo XX: “la metamorfosis de esta ciudad colonial, hacia la ciudad moderna, por lo menos hasta la mitad del siglo (XX) es un proceso más espontáneo que.
(22) P á g i n a | 22. deliberado” (Del Castillo, 2003, p. 35). Las primeras transformaciones de la ciudad se dieron en el siglo XX, como la “ciudad heredada”, conocida como el proceso en el que se va dejando atrás el trazado construido por los españoles desde la época colonial; se configura a partir de la construcción de ejes que tomaban como referencia los ríos, los caminos ya establecidos, los cerros orientales y las dimensiones de las haciendas que conformaban la ciudad para ese entonces. De la ciudad colonial se heredó un trazado ortogonal bastante regular que solamente en la confluencia con quebradas o con el declive del cerro se tornó sinuoso, pero en general ese orden establecido constituyó el legado y el fundamento para articular nuevos elementos urbanos. (Fuentes, 2010, p. 19) El proceso de la modernización se hizo solamente desde unos aspectos; el espíritu y las ideas de la modernidad a nivel político y cultural no estuvieron presentes de manera determinante, por lo cual el desarrollo a nivel económico, el desarrollo urbano, la configuración y uso del espacio público en favor de los intereses de las elites fueron los factores que prevalecieron en el desarrollo del proceso modernizador. “La vía latinoamericana al desarrollo económico es la que más se ha privilegiado, aun siendo una región periférica y retrasada frente a los centros económicos. Sobre este camino es el que más empeño se ha puesto históricamente” (Marín y Morales, 2010, p. 10); en el caso de Bogotá, el desarrollo vial para la configuración de nuevos medios de transporte, la creación y la expansión de la red de los servicios públicos, y la adecuación de espacios para la vivienda, la recreación y el ocio de las elites con estilos marcadamente europeos fueron la llave maestra para recorrer el camino de la modernidad. Así, por ejemplo: En 1900 se puso en servicio la primera planta eléctrica y se inauguró la primera red de alumbrado público eléctrico con una capacidad de 48 farolas; en 1902 se firmó un contrato con la compañía norteamericana The Bogotá Telephone Co. Ltda. para el restablecimiento del servicio que había sido suspendido; en la década siguiente (1910 – 1920) se registran importantes decisiones importantes del municipio en cuanto al acueducto y el alcantarillado. (Del Castillo, 2003, p. 48).
(23) P á g i n a | 23. En el marco de estos primeros intentos por construir redes de servicios públicos, nuevas vías para el acondicionamiento de los medios de transporte, y estrategias de desarrollo urbano aparece el Plan Bogotá Futuro, que fue aprobado hasta 1925 debido a las dificultades que se presentaban entre grupos de las clases sociales dominantes en la pugna por el poder y la baja capacidad administrativa de las mismas. La discusión y elaboración del Plan tomó más de ocho años, desde la propuesta, formulada por Ricardo Olano y aceptada por la Sociedad de Embellecimiento de Bogotá, en octubre de 1917, hasta su declaración como exequible por la Asamblea de Cundinamarca en noviembre de 1925. (Alba, 2013, p. 5) Sin embargo, el proceso tuvo dificultades como lo referencia Del Castillo (2003): “las primeras experiencias para incorporar los servicios públicos por sistemas de red chocan con una serie de obstáculos y revelan deficiencias de la administración para conducir estos intentos de administración” (p. 49). Aun ante esta problemática, el crecimiento urbano de la ciudad hacia las primeras décadas del siglo XX fue muy acelerado, si se tiene en cuenta que en el siglo anterior había sido casi nulo y que los logros en materia de propuestas, legislación y puesta en marcha de los proyectos representaron un avance en el inicio del tránsito hacia la ciudad moderna en Bogotá. Así entonces, para esta época se reporta la construcción del tranvía y las primeras vías del ferrocarril, aunque, como en el caso de la red de alcantarillado, alumbrado y aseo, denotaron fallas en la administración pública a la hora de contratar, planear y ejecutar los proyectos de desarrollo y mejoramiento urbano. Se hace evidente durante todo este camino que es el crecimiento demográfico y las realidades sociales, políticas y económicas las que estimularon las acciones de las elites que, sin estar nunca listas para generar procesos de desarrollo y crecimiento urbano en la ciudad, dejaron ver sus deficientes capacidades para el manejo de la administración pública. Según Alba (2013) en la elaboración del Plan de Bogotá Futuro, la Gobernación de Cundinamarca hizo evidente sus debilidades; su escasa capacidad técnica para una tarea tan vasta, el propio desconocimiento del extenso territorio municipal, la falta de equipos y.
(24) P á g i n a | 24. dotaciones para adelantarla, el inexistente presupuesto para llevarla a cabo y la difícil coordinación con las distintas entidades partícipes. La Sociedad de Embellecimiento de Bogotá y la Sociedad Colombiana de Ingenieros debieron entrar en un camino de constantes luchas y contradicciones con las administraciones de turno para poder llevar a cabo las consideraciones propuestas en el “Plan Bogotá Futuro” que no se llevó a la práctica y que aunque fue olvidado, ignorado y desechado en su momento, después de su aprobación en 1925 representó un hito para el desarrollo urbano en la ciudad: Este plan no se aplicó ni tuvo función como rector u ordenador de la ciudad, y que esta siguió creciendo sin control ni planeación, con fragmentos dispersos por la periferia sin regirse por una idea que los integrara y ordenara. (Alba, 2013, p. 22) A partir del fracaso de propuestas como el Plan Bogotá Futuro, de la mala planeación y los obstáculos en la contratación y proyección de redes de alumbrado alcantarillado y teléfonos, y de las malas decisiones administrativas en el sector de la construcción de la malla vial y la adecuación de medios de transporte, la ciudad creció de manera desordenada y dispersa sin la capacidad de atender las demandas de sus habitantes en aspectos como el acceso a los servicios públicos, el uso de servicios de transporte, la vivienda y los espacios para la recreación y el ocio, problemas que más adelante se agravarán a causa del manejo inadecuado del crecimiento demográfico y los flujos migratorios a Bogotá. De esta manera, lo que en su momento sería la llave maestra para lograr la entrada triunfal a la modernidad por “la puerta grande”, se convirtió en un episodio más de ese proceso anacrónico y desordenado que denominamos modernización. 2.2.Brunner y el Plan Regulador El proceso de modernización, entendiendo que “se comprendería como la operacionalización del proyecto de la modernidad, donde ciertas características empíricas permitirían que una sociedad abandone los rasgos tradicionales para constituirse como sociedad moderna” (Tironi, 2001, p. 46), debe verse desde diferentes focos pues en el caso de Latinoamérica la modernidad llegó incompleta; el espíritu de la modernidad pareció difuminarse entre las ansias fervientes de una elite que pretendía hacer cada vez más grande la brecha que la diferenciara de los pobres; vio en el discurso de la modernidad y en sus promesas la oportunidad de oro para liberarse del yugo.
(25) P á g i n a | 25. del legado colonial, sin más que premisas esperanzadoras; el camino hacia la modernización de los pueblos latinoamericanos debía empezar, sintiéndose más europeos que los mismos occidentales. Las elites asumieron el proceso modernizador desde el “copy page” del discurso de la modernidad, trasladando casi de manera exacta elementos del proceso norteamericano: “Aunque haya pervivido en la región el discurso de la modernidad desde la Independencia política la realidad es que este programa cultural y político no ha alcanzado a realizarse plenamente” (Marín y Morales, 2010, p.7). La burguesía buscó entonces por todos los medios encontrar elementos diferenciadores que les permitieran crear para ellos nuevos estilos de vida alejados del pasado colonial y de las clases bajas. La expresión de la ciudad de esta nueva forma de vida a través de elementos como el club, el restaurante, el hipódromo, el teatro, la ópera, el café y el cabaret a la manera parisina, los paseos en carruajes etc. (Romero, 1976, p.) Dichas elites buscaron siempre una modernidad exclusiva que en mayor medida se vio representada en la configuración del espacio urbano y su uso enmarcado en conductas traídas de Europa y Norteamérica; según Larraín (1996), todo este panorama histórico y social dio un acceso a la modernidad restringido, como un proyecto moderno que se pretende compartir y extender socialmente, pero que al final en la práctica acaba siendo controlado por una minoría; esto hace hablar de una modernidad oligárquica y, en consecuencia, excluyente. Dicha realidad retoma fuerza después del fracaso de las apuestas urbanísticas de las elites de las primeras décadas del siglo y ante la bonanza económica de los años treinta. Esta década, más exactamente 1933, configura el inicio de la segunda etapa del proceso urbanización de Bogotá y del proceso modernizador a través del Plan Regulador diseñado por el arquitecto Karl Brunner, quien trae a la ciudad ideas frescas y de avanzada sobre los procesos de urbanización de la época. Este hecho, sumado al crecimiento de la industria en la ciudad y el comienzo de la construcción de la malla vial, junto a nuevos sistemas de transporte y nuevos flujos migratorios, crearon un ambiente de optimismo en el que se aceleró la planeación y la ejecución de proyectos arquitectónicos..
(26) P á g i n a | 26. Así entonces, según Cardeño (2007), Bogotá empezó a ensancharse en la medida en que sus ejes viales se prolongaban y se consolidaba el asentamiento residencial como promotor de la expansión urbana que rompía con el criterio colonial de fundación de parroquias. Bogotá se convertía en una ciudad de barrios y el tranvía jugó un papel importante, en tanto que la extensión de las líneas consolidaba los sectores periféricos. En el marco del crecimiento demográfico, económico y físico de la ciudad, Brunner jugó un papel importante en la consolidación de la disciplina del urbanismo que emergió en aquel momento con fuerza debido también a las propuestas de orden modernista de la elite que buscaba nuevos espacios para la consolidación de la industria y la inversión en nuevos sectores de la economía, ahondando cada vez más el pensamiento anti colonial y pro moderno de la época. “La obra del arquitecto austríaco Karl Brunner constituye un legado para la concepción y práctica del urbanismo en Colombia” (Maya, 2004, p. 65). El urbanismo, en el contexto del desarrollo de la ciudad, generó procesos de orden modernista y no de modernización que en principio no son responsabilidad de la visión que Brunner tenía de los alcances y el impacto de esta disciplina en la configuración de planes de urbanización para las ciudades; “Así, Brunner propuso proyectos modernos que, acogiendo lo local, tenían un carácter universal, donde toda intervención particular estaba siempre referida a la estructura total y debía contribuir al logro de su unidad” (Maya, 2004, p. 66). Brunner buscaba que sus obras estuviesen enmarcadas en el espíritu moderno y que reconocieran la historia y las demandas de la sociedad que se intervenía, cosa que en los planes reguladores propuestos para Medellín, Barranquilla y Bogotá propuestos por Brunner no se dio, debido a que aún hoy “la modernidad en América Latina (se presenta) como un proyecto inacabado, inconcluso, en el que su programa cultural y político, principalmente, está por materializarse de forma plena” (Bravo y Morales, 2010, p.10). Eso si tenemos en cuenta la modernidad como “un proyecto de regulación y ordenamiento racional de la sociedad, que debe privilegiar y preservar el desarrollo autónomo e independiente de la razón subjetiva, además de sus posibilidades de representación social y política” (Bravo y Morales, 2010, p.10). Por lo cual podría entenderse la imposibilidad de la oligarquía de entonces para responder oportunamente a las ideas traídas por Brunner..
(27) P á g i n a | 27. 2.3.El barrio Armenia, urbanismo y modernidad Como se mostró en el apartado anterior, hacia 1933, a través del Plan Regulador formulado por Brunner, se configuró el segundo momento del proceso de urbanización en Bogotá, en el cual se dio el origen y la consolidación del barrio Armenia, perteneciente a la localidad de Teusaquillo y considerado hoy como patrimonio arquitectónico de la ciudad: Hacia la década del veinte, comienza a crecer Teusaquillo como núcleo de residencia de las clases altas, que buscaban un ambiente más sano. Es posible que la dinámica de acercamiento de los núcleos poblacionales determinara el origen de los barrios que conforman la localidad. (SDP, 2012, p. 8) La localidad de Teusaquillo fue habitada por las elites de la época que generaron allí rasgos distintivos en la conformación del espacio a nivel arquitectónico con estilos marcadamente europeos de origen francés e inglés, entre otros. Teusaquillo fue una de las localidades que marcó pauta para el urbanismo. En 1927 fue el sector residencial más elegante en este espacio se consolidaron las mejores propuestas arquitectónicas de estilo inglés y se dieron cita arquitectos como Alberto Manrique Martín, Karl Brunner, Galindo Guerra y otros. “Marcó una época importante en el urbanismo y la arquitectura capitalina” (SDP, 2012, p. 8). Para este momento dejar atrás la ciudad heredada y el legado colonial era uno de los principales propósitos de la oligarquía capitalina; para darle paso a la modernidad, así fuera de cemento y ladrillo, había que lograr ser moderno a como diera lugar. La localidad de Teusaquillo apareció en el contexto de la división y el loteo de haciendas que hizo parte del tránsito a la ciudad moderna; en este caso, la hacienda La Armenia, perteneciente a la señora Rosaura Sierra de González Lince, hija de José María Sierra, un terrateniente muy reconocido en la época. Hacia 1937 se conocieron los primeros planos de lo que se constituyó en el barrio Armenia; en 1939, la Secretaría de Obras Públicas Municipales aprobó el trazado del barrio y en 1941 se aprobó finalmente el loteo y el inicio de las obras para la consolidación del barrio Armenia: “Sus límites originales fueron: al norte, la urbanización Sur de Teusaquillo; al sur la calle 26 y la Diagonal 28; al oriente la avenida Caracas; y al occidente la urbanización Las Mercedes, la cual ya había sido aprobada” (Fuentes, 2012, p. 55). El siguiente mapa muestra la.
(28) P á g i n a | 28. parte correspondiente al barrio Armenia para los años treinta, a partir de la venta de los predios de la Hacienda Armenia:. Figura I. Delimitación de la hacienda de Armenia en la década de los treinta, a la derecha se encuentra la Urbanización Armenia y a la izquierda la urbanización de Sur de Teusaquillo. Tomado de: Cerón (2001).. El barrio Armenia se caracterizó en sus inicios por ser de carácter eminentemente residencial, con casas unifamiliares; algunas, hacia los años cincuenta, pasaron a ser viviendas multifamiliares y luego edificios de apartamentos. Desde sus inicios, en el barrio “se construyeron pocos edificios de carácter institucional como el Centro Israelita de Bogotá y la sede del Sindicato del Seguro Social” (Fuentes, 2012, p. 55); su arquitectura de estilos marcadamente europeos y la exclusividad de los arquitectos que intervinieron en la construcción de este barrio hacen que hoy sea considerado patrimonio arquitectónico de la ciudad y se estén haciendo labores, desde la academia y el Distrito, para preservar y mantener estos inmuebles en buen estado. 2.4. La comunidad judía se asienta en el barrio Armenia El legado de la comunidad judía en Colombia, que se puede vislumbrar desde los tiempos de la Conquista, se hizo palpable por primera vez hacia los siglos XVI y XVII; la variedad y el sabor de la riqueza de la cultura del caribe colombiano están impregnadas por el aporte que tanto los árabes como los judíos le han hecho a esta región y, de manera más concreta, a Barraquilla..
(29) P á g i n a | 29. Provenientes de Barranquilla, en donde se habían asentado anteriormente, los judíos tuvieron que soportar la travesía por el Magdalena llena de dificultades y percances, que en aquel momento no se debían a su condición de extranjeros o al hecho de que fuesen judíos propiamente, sino a las condiciones sociales, económicas y políticas del país para aquel entonces. Durante algunos siglos el interior del país no fue un lugar atractivo para vivir y menos para dar inicio a una empresa; fue hasta principios del siglo XX cuando Bogotá presentó un panorama un poco menos desolador, unido a las nuevas oleadas de inmigrantes judíos que se movieron por el mundo debido a la diáspora. Tres comunidades judías llegaron s a la capital en la primera mitad del siglo pasado: los sefaradíes (provenientes de Europa occidental), los askenazis (llegaron de Europa oriental) y, posteriormente, los judíos alemanes que huían de la Segunda Guerra Mundial. La ruptura con el pasado colonial y las visiones modernistas que se gestaron en el siglo XX en Colombia produjeron el crecimiento demográfico y el desarrollo urbano de Bogotá, escenario en el cual se dio la migración tanto de quienes venían huyendo de las condiciones que dejaba la guerra interna, como de quienes buscaban un futuro y mejores oportunidades en la capital, fenómeno que se reprodujo casi que a diario en el siglo pasado; en el marco de esta realidad se dio la llegada de la comunidad judía a la capital colombiana. La comunidad judía es uno de los grupos poblacionales que se destaca en el contexto de estos flujos migratorios hacia Bogotá: “en el siglo XX por primera vez un colectivo Judío numeroso llegó a la ciudad, se estableció de manera permanente, expresó su identidad y construyó toda una suerte de espacios que necesitó para recrear sus tradiciones” (Martínez, 2010, p. 171). Estos grupos de judíos que venían de distintos lugares como Polonia, Alemania España y Ucrania, y que diferían entre sí por algunas prácticas en sus ritos, se diferencian en Colombia: la comunidad de los sefaradíes y la de los askenazis tomaron caminos distintos en su proceso de asentamiento en la ciudad; también se debe entender que las condiciones en las que arribaron al país no fueron las mismas; unos llegaron por medio de algún conocido que ya se había establecido en Colombia; otros tenían una idea vaga de lo que era este país, muchos más por las consecuencias de la guerra; solo tomaron el primer barco que había y que tenía como destino Colombia; lo.
(30) P á g i n a | 30. cierto es que muchos llegaron “sin nada más que lo que tenían puesto”, lo que los llevó a buscar formas de congregarse y brindarse ayuda. Tabla 1 Grupos de migrantes que habitaron el barrio Armenia. Extranjeros. Porcentaje. Extranjeros. Número. Alemanes. 5. Alemanes. 5,49%. Árabes. 3. Árabes. 3,30%. Búlgaros. 1. Búlgaros. 1,10%. Franceses. 2. Franceses. 2,20%. Ingleses. 1. Ingleses. 1,10%. Irlandeses. 1. Irlandeses. 1,10%. Italianos. 6. Italianos. 6,59%. Suizos. 1. Suizos. 1,10%. Askenazis. 69. Askenazis. 75,82%. Sefardíes. 1. Sefardíes. 1,10%. Total general. 91. Total general. 100,00%. La anterior tabla muestra que la comunidad judía askenazi constituyó el 75,82% de los extranjeros que habitaron el barrio; les siguen alemanes con el 5,49%; además, cabe resaltar que los judíos fueron el 17,33% de compradores de predios en el barrio.. La comunidad judía asquenazí es el grupo de inmigrantes más grande que pobló el barrio Armenia. Cerón (2003) refiere que los judíos askenazis llegaron a finales de los años cuarenta, compraron terrenos en las áreas que por años estuvieron sin construir, edificaron el Centro Israelita, formaron un grupo social fuerte y unido y se ubicaron discretamente cerca del centro de la ciudad; años más tarde emigraron casi en su totalidad al norte de la cuidad. Las cédulas catastrales consultadas en el desarrollo de este ejercicio investigativo sirvieron de referente para demostrar su presencia en el barrio como comunidad y comprender la importancia del barrio en.
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