Ante el acelerado crecimiento demográfico de la capital y la situación política, social y económica de la segunda mitad del siglo XX, los arquitectos de la época vieron la posibilidad de modernizar a Bogotá a través de la planeación urbana; hacia los años cincuenta llegó a Bogotá el arquitecto suizo Lecorbusier quien formuló el “Plan Director”, que pretendió promover el
desarrollo urbano de la ciudad de manera organizada y controlada.
Dicho plan no dio los frutos esperados por la falta de recursos; las discusiones ideológicas entre las elites y la división en el naciente gremio de los arquitectos en Colombia, que no aceptaban del todo las propuestas del movimiento moderno, impidieron que las dinámicas del crecimiento urbano en la capital se dieran según lo propuesto.
Además, las necesidades en el sector de la vivienda eran de tal magnitud que la planeación y los esfuerzos estatales fueron insuficientes para dar respuesta a esta problemática; si bien el “Plan Director” de Lecorbusier privilegiaba la vivienda en torno a la cual giraba el resto de actividades a desarrollar en el espacio urbano, llevarlo a cabo tomaría mucho tiempo, y las necesidades de vivienda de quienes llegaban a Bogotá por la época no daban espera.
En síntesis, el crecimiento demográfico superó con creces las posibilidades de organización y control de la planeación urbana, por lo cual los habitantes de la capital, en muchos casos, le
dieron solución a la falta de vivienda de manera autónoma y según sus posibilidades; cada clase social fue generando nuevas formas de habitar el espacio, que casi siempre se salían de las propuestas teóricas de los arquitectos de la época.
Ante la situación expuesta anteriormente, los miembros de la comunidad judía en Bogotá, caracterizados por su habilidad para encontrar actividades económicas novedosas y altamente rentables, entraron en el negocio de la ola inmobiliaria, que para ese entonces comenzaba su vertiginosa carrera; invirtieron en mayor medida en el barrio Santa Fe, lugar donde estuvo ubicada la primera sinagoga en Bogotá; allí invirtieron con mucha versatilidad y dinamismo, e iniciaron la construcción de edificios de apartamentos.
La inversión en el mercado inmobiliario y la construcción de casas y edificios de apartamentos por parte de los judíos en los años cuarenta, reflejaron una nueva forma de organización de esa comunidad en torno a dicha actividad económica; no solo acumularon capital sino que les permitió apropiarse del espacio para quedarse definitivamente en la capital.
En el barrio Armenia se presentó esta dinámica, aunque en menor medida pero de gran importancia si se tiene en cuenta que la gran mayoría de los migrantes que llegaron al barrio fueron judíos askenazis. Así entonces, los judíos askenazis invirtieron en el barrio Armenia y construyeron casi el 50% de edificios de apartamentos en un barrio que les brindó todas las condiciones necesarias para el buen desarrollo de esta actividad económica.
El barrio Armenia fue un laboratorio del habitar moderno en el que sus habitantes compraron el terreno y construyeron casi que a su antojo; antes de los años setenta cada casa fue construida por un arquitecto distinto; fue un ambiente de barrio de elite que creció de manera autónoma en contraste con la planeación urbanística de la época, y que además no presentaba mayores
necesidades en cuanto a infraestructura urbana, pues desde 1933 disponía de servicios públicos y vías de acceso.
Sobre este aspecto, Leopoldo Múnera aporta su experiencia vivida sobre el proceso de urbanización del barrio Armenia:
La fundación del barrio no fue tan espectacular como dicen ¿ya? Fue la señora Sierra, de apellido Sierra, no me acuerdo el nombre. Fue vendiendo pedazos de su finca, fue vendiendo ¿no? Parcelaba y vendía el pedazo de lote ¿cuánto vale? por decir 3 pesos y tenga, pero el enganche para comprar era lote con escrituras o casa con escrituras ¿por qué? Porque si vendían el lote solo, tenía un precio completamente diferente. Si lo vendían con escrituras tenía otro precio a sin escrituras, así fueron vendiendo...
Hasta el año ochenta todo normal, despuéssí, hay algunos que se han ido pa’l norte; han vendido sus casas y se han ido al norte porque dicen que aquí ya no, ya no es bonito ni ya no es agradable; y el barrio se está convirtiendo en zona de oficinas. (L. Munera, comunicación personal, 13 de abril de 2015)
Cuando Don Leopoldo dice “hasta el año ochenta todo normal” se refiere a esa dinámica en la que cada propietario edificó su vivienda, apoyando en un arquitecto privado, con el fin de residir en ella; en el caso de los edificios de apartamentos, sus propietarios vivían en un apartamento y rentaban o vendían el resto; esto significa que aquí los judíos no llegaron a comprar y vender para hacer capital, como sucedió en el barrio Santa Fe, sino que construyeron para vivir allí y consolidar su vida comunitaria por medio del CIB.
Durante las décadas en las que se dio el proceso de urbanización del barrio Armenia, es decir desde los años cuarenta hasta los setenta, los judíos estuvieron presentes; la construcción de edificios de apartamentos fue una forma de organización que los judíos askenazis encontraron para asentarse en el barrio e irse haciendo a un espacio para lugar migrar hacia el norte de la ciudad; mientras lograron la consolidación del CIB, fueron promoviendo lentamente esta dinámica que les permitió construir un lugar para vivir y generar relaciones sociales de interés con la clase media que buscaba soluciones de vivienda.
Este proceso fue una alternativa ante la incapacidad por parte de los agentes estatales para asumir la problemática del crecimiento demográfico y las necesidades de vivienda de una clase social emergente como la clase media; fue una forma de organización auto gestionada que por fuera de las acciones del Estado aportó a la construcción de ciudad, la transformación del tejido
urbano, la consolidación de un hito arquitectónico y la creación de nuevas formas de habitar el espacio en la capital.
El aporte de los judíos al barrio Armenia está presente en cada fachada de los edificios de apartamentos que construyeron; su huella quedó plasmada y aún hoy perdura en uno de los barrios arquitectónicamente mejor valorados de la ciudad que marcó la época de la consolidación de la modernidad en el urbanismo y la arquitectura en Bogotá.
4.3. Conclusiones
La comunidad judía askenazi de Bogotá creó un conjunto de asociaciones de orden social cultural y religioso que pretendieron desde sus inicios la representación de esta colectividad ante la opinión pública colombiana y promover las demandas políticas y sociales de sus miembros; a partir de estas formas de asociación de orden civil que funcionaron por fuera de las acciones del Estado en sus inicios, lograron obtener un reconocimiento de sus derechos como minoría religiosa en la sociedad colombiana a través de las instituciones que aun hoy en día los representan.
El barrio Armenia, desde sus inicios, se presentó como:
Un escenario en el que perduran ciertos rasgos de diferenciación social con el resto de la ciudad y que suelen ser destacados tanto por parte de los antiguos residentes, como de quienes han asumido la gestión local. En consecuencia, se proyecta la imagen de una localidad de clases solventes, que no requieren atención de las políticas sociales. (Ramírez y Torres, 2005, p.162)
Por tanto, no existió una allí una tradición de construcción de consensos, ni de creación de instituciones representativas de los intereses de los habitantes del sector frente al Estado; el ambiente de este barrio era totalmente propicio para el desarrollo de una vida comunitaria privada y distante de alguna responsabilidad en la construcción de consensos en el escenario de lo público, razón por la cual las interacciones sociales con los habitantes del barrio se dieron en el ámbito de la cortesía.
El barrio Armenia fue el escenario perfecto para que la comunidad judía askenazi pudiera crecer en los escenarios que construyó de manera privada y mantener distancia de las discusiones de lo público en todos los escenarios de la vida cotidiana y en los asuntos de la vida política si se tiene en cuenta que: a) no existe una historia barrial, pues la mayoría de experiencias que se cuentan en el siglo XX son las de los barrios obreros de las clases media baja y baja, b) el barrio creció y se urbanizó casi en su totalidad sin la intervención del Estado, pues para el año de la aprobación de los planos, 1941, ya tenían servicios públicos y vías de acceso, c) no hubo una junta de acción de mejoras en el barrio; la Junta de Acción Comunal (JAC) nació hasta los años setenta y hoy el barrio no tiene salón comunal, y d) la JAC funciona en el apartamento de la presidenta de la misma; en los documentos oficiales que fueron revisados, como la sección de comunicaciones del Fondo del Concejo de Bogotá entre 1948 y 1958 y los fondos de las
empresas de servicios públicos de la época, no se encontraron quejas ni reclamos de ningún tipo por parte de los habitantes de la comunidad del barrio Armenia.
Allí precisamente, donde los judíos promovieron la construcción del CIB como ese lugar de consolidación de consensos desde y para lo judío, con la fortuna de poder fortalecer su vida comunitaria en el terreno de lo privado, el barrio Armenia se configuró como el espacio donde los askenazis hicieron sociedad civil desde su identidad.
La falta de interés de los habitantes del barrio Armenia en la construcción de consensos en los escenarios de lo público, teniendo en cuenta que por su solvencia económica no necesitaban de la ayuda estatal, le abrió la posibilidad a la comunidad judía askenazi de consolidar esas
instituciones no estatales de orden social y cultural Una oportunidad magnífica para una
comunidad que deseaba vivir sus costumbres en el terreno de lo privado, lejos de la intervención estatal.
Capítulo V:
La comunidad judía askenazi y la conquista del mundo público
Este capítulo tiene como propósito analizar la influencia que tuvo el fenómeno migratorio en el barrio Armenia, en cuanto a los procesos de construcción de ciudadanía que permitieron su reconocimiento como un referente histórico, arquitectónico y cultural. Está dividido en cuatro
partes: en la primera parte se recogen elementos de la llegada de los judíos al barrio Armenia entre 1941 y 1952; en la segunda parte se mencionan los aportes de la comunidad judía al crecimiento urbano y a la generación de nuevas formas de habitar el espacio en el barrio Armenia por medio de la construcción de edificios de apartamentos, entre 1953 y 1971; en la tercera parte se menciona la consolidación de la vida comunitaria de los judíos en el barrio Armenia entre 1972 y 1985, año en el que se desplazaron hacia el barrio Chicó; y, finalmente, se presentan unas conclusiones de lo expuesto durante el capítulo.
El siglo XX representó para las sociedades en Latinoamérica la consolidación de la ruptura con el pasado colonial y el paso a una modernidad marcada por un proceso anacrónico y desigual en la búsqueda del camino que los llevará a entrar por la puerta grande a dicho proceso histórico. En Colombia, y en Bogotá particularmente, se mantuvieron muchos elementos de la vida
colonial, pero es claro que las propuestas a nivel político, urbanístico, social y arquitectónico que emergieron en esta época, fueron la base de lo que fue el crecimiento de la ciudad después del Bogotazo.
En las primeras décadas del siglo XX llegaron a Bogotá grupos de migrantes de otros países; en los años treinta el número de migrantes extranjeros aumentó a causa de la crisis económica de comienzos de esa década y de la Segunda Guerra Mundial. Los judíos que eran perseguidos en Europa por el Tercer Reich optaron por migrar al nuevo mundo, y Bogotá fue uno de los destinos escogidos para el desarrollo de esa nueva etapa de la diáspora judía.
El caminar de la comunidad judía en Bogotá se vio marcado por el proceso de la acumulación de capital que logró en las actividades económicas en las que incursionó desde su llegada. La mayoría llegó con “una mano atrás y otra adelante”, en busca de oportunidades o de algún familiar que residía ya en el país; indocumentados muchos y otros tantos desubicados y solos en una tierra totalmente extraña y a veces agresiva e intolerante, desprovista en su base social de los ideales del progreso y la razón de la modernidad que conocieron en Europa.
Uno de los espacios que determinó el ascenso social y el progreso económico de la
comunidad judía askenazi en Bogotá fue el barrio Armenia, pues allí se consolidó el proceso de crecimiento y reconocimiento de esta comunidad en la sociedad bogotana. El paso de esta
comunidad por el barrio Armenia se dividió en tres momentos que están dados por el desarrollo de su actividad económica, por su aporte al desarrollo urbano y por la consolidación de su vida comunitaria.