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Los judíos askenazis de Europa del este fundaron el Centro Israelita de Bogotá (CIB) como el lugar de la expresión de su identidad cultural y religiosa en la ciudad; así pues, la importancia del CIB como eje transversal de las actividades de la comunidad judía está íntimamente ligada al ascenso social y a su acumulación de capital pues será el órgano rector de todas sus actividades, y el que los representará ante el grueso de la comunidad receptora.

En la década de los veinte, los judíos empezaron a organizarse como comunidad y a generar espacios de encuentro y discusión en torno a su situación frente a la sociedad bogotana; las reuniones de esta comunidad naciente se hacían en casas de sus miembros, pero la preocupación por que existiera una institución que congregara a todos los askenazis que vivían en la capital siempre estuvo latente; en 1929 se fundó el Centro Israelita de Bogotá (CIB) que agrupó a los judíos del este europeo, judíos askenazis.

Las acaloradas discusiones de quienes conformaban la comunidad judía en la época los llevó a una conclusión que determinó el curso de su caminar como minoría religiosa en la capital:

(…) necesitamos una institución representativa nacional que sea el portavoz de nuestros intereses ante la opinión pública colombiana y satisfaga las necesidades sociales, culturales y religiosas de la colectividad en Bogotá. (Michontk, 1934, p.27)

Así entonces, “hablar sobre la comunidad judía y no mencionar el Centro Israelita, es como pretender bautizar sin agua” (Guberek, 1982, p.62); el CIB cumplió las expectativas que tenían los miembros de la comunidad judía askenazi; en primer lugar, los judíos buscaron darle

respuesta a las necesidades que tenían a nivel social, cultural y religioso, que dificultaban su vida en comunidad; y, en segundo lugar, buscaron que el Centro Israelita de Bogotá fuera las

institución que los representara como minoría religiosa ante la sociedad bogotana.

En 1929, cuando formalmente es fundado el CIB, los judíos redactan sus primeros estatutos; en el documento se dice que:

Las funciones principales del CIB serán:

a) Administrar el cementerio hebreo y terminar las construcciones necesarias b) Administrar la sinagoga

II Organizar al lado del centro israelita un club III Dirigir la obra cultural de la colonia

IV Servir de representación política y de cuerpo representativo de la colonia hebrea. (Michontk, 1934, p.27)

En la década de los treinta, las actividades sociales y culturales de la comunidad se

fortalecieron; los lugares de reunión se fueron ampliando y tomando cada uno su esencia, y junto a la acumulación de capital, debido a su incursión en el comercio formal, se fueron consolidando nuevas formas de asociación que les permitió reafirmarse como comunidad en sus prácticas cotidianas.

En 1932 la comunidad judía askenazi adquirió un terreno en el barrio Inglés (localidad de Bosa) para la construcción del cementerio judío, lugar que les permitió mantener sus tradiciones si se tiene en cuenta la importancia que tiene para los judíos el rito del entierro; el CIB fue la institución encargada de administrar el cementerio. Esta es una muestra de una de las primeras formas organizativas que consolidó la comunidad judía en Bogotá para mantener sus tradiciones y fortalecer su vida comunitaria.

En 1934 el CIB empezó una etapa de crecimiento a nivel cultural; de hecho, la comunidad askenazi en Colombia obtuvo reconocimiento por parte de las comunidades judías que en otros países ya se habían consolidado en esa época, como en Argentina y Cuba: “Nuestra aparición en la revista de La Habana fue el medio por el cual se supo que en Colombia había surgido una nueva comunidad judía” (Guberek, 1982, p.60). Esta revista cumplió la función de recoger todas las voces de la comunidad judía en Bogotá.

Además, recibieron varios intelectuales de gran reconocimiento como Salomón Brainski quien dejó su legado no solo entre la comunidad judía sino en el escenario de la literatura de Colombia con su libro Cuentos de gentes en la Noria, que retrata la vida de los bogotanos en los años cuarenta. “También llegaron a Bogotá el genial Zigmund Turkow y la actriz Esther

Perelman quienes realizaron tres presentaciones en el teatro municipal” (Guberek, 1982, p. 59,62).

Pero no solamente se trató de recibir a personajes extranjeros; también crearon espacios propios para el desarrollo de su cultura y mundo intelectual, lugares en donde tenían discusiones de orden ideológico en cuanto a la doctrina de su fe, o de orden intelectual, pero casi nunca se hablaba de política. Las discusiones de carácter cultural atraían a mucha gente al club;

organizaron un periódico vivo, esto es lecturas de los propios autores de sus producciones literarias; y también crearon revistas que en donde trataban temas de gran interés para el grueso de la colectividad; una de ellas fue Nuestra Tribuna.

En 1940 la comunidad judía askenazi en Bogotá tuvo una casa en el barrio Santa Fe, de uso exclusivo para reuniones de tipo social y cultural, que se mantuvo hasta 1948, año en el que se desplazó al centro de la ciudad; luego:

Promovieron la compra de cinco lotes de terreno un poco más al norte, en el barrio Armenia en julio de 1952 sobre los cuales en 1970 se finalizó la construcción del centro cultural israelita adscrito al CIB ubicado en la carrera 16ª # 28 – 33. (Martínez, 2010, p.143)

Las cédulas catastrales revisadas para este trabajo indican la fecha y el valor de la compra del lote destinado para la construcción del CIB:

Tabla IV

Compra del lote por parte de los miembros del CIB

Fecha Compra Precio Compra escritura-notaria Comprador

21/07/1952 150000 Lote 3375-4 Centro Israelita de Bogotá

El siguiente cuadro muestra que su construcción se inició el 15 de junio de 1972; treinta años después, en1985, este edificio se vendió a la YMCA (juventudes cristianas), propietarios actuales de la edificación.

Tabla V

Año de construcción del Centro Israelita de Bogotá

En 1986 el CIB se trasladó a la calle 126 con carrera 29, en el barrio Chicó, lugar donde aún habita el grueso de la comunidad judía askenazi de Bogotá.

Aunque la historia del CIB en su paso por el barrio Armenia no aparece mucho ni en los trabajos oficiales ni en los relatos de los miembros de la comunidad judía en Colombia, fueron más de 30 años dedicados a la construcción y la consolidación de dicha institución en ese sector capitalino. El CIB se fortaleció en un lugar que les ofrecía la posibilidad de estar alejados de las tensiones que se dieron entre las estructuras políticas e ideológicas haciendo explícito el

Nombre Comunidad Fecha de construcción Construcción Boletín Origen Centro Israelita de Bogotá Askenazi 15/06/1972 CIB l-207167 d27-16a/12

reconocimiento de la sociedad civil, en el marco del mundo de la cultura y de la reproducción de valores socialmente compartidos.

La construcción de la edificación del CIB y la llegada del primer rabino a la ciudad en la década de los setenta les permitió celebrar sus ritos religiosos y hacer sus reuniones sociales y culturales en un mismo lugar, donde se congregaban como comunidad.

Con la construcción del CIB se reactivaron aquellos ritos religiosos que habían tenido que ocultar durante años por falta de un lugar para ello; a este respecto, Don Leopoldo Múnera, habitante de ese barrio en esa época, describe las dinámicas religiosas del CIB:

En cuanto a la sinagoga, la sinagoga fue hecha en el año setenta casi. Hicieron la sinagoga, pusieron la primera piedra, como dicen, y ahí estaba la iglesia donde daban la misa; ahí daban la misa e iban a misa todos los días sábados. Las personas que pertenecían a la religión, eran hebreos alemanes que llegaron a Colombia en la cosa de la Segunda Guerra Mundial.

Llegaron a Colombia.

Unos vivían en el barrio, otros vivían a las afueras del barrio; se reunían ahí. Donde hacían la misa (el CIB) parecía un teatro, con sillas de teatro: cada puesto costaba cinco mil puestos el... el puesto, entonces tocaba cinco mil pesos para sentarse, era propio. Si yo me le sentaba en su puesto y llegaba el señor, el señor me decía que por favor me tenía que parar. Cobraban por el puesto en la iglesia.Sí, cobraba por persona cinco mil pesos. Hacían la misa y hacían sus cánticos y sus alabanzas y todo eso y los trajes eran adornados.

Cuando hacían sus misas, las señoras no podían estar en el primer piso, tenían como un palco en el segundo piso para las señoras, para que ellas también participaran de la misa, y al mismo tiempo había cosas que ellos hacían con el cordero pascual: mataban un cordero y listo, eso era, hacían eso, no era en todas las misas eran diferentes clases de misas. (L. Múnera, comunicación personal, 13 de abril de 2015)

En cuanto a lo religioso durante mucho tiempo los judíos tuvieron que esconder este tipo de prácticas en el terreno privado del hogar pues no tenían un lugar para celebrar sus ritos religiosos

de orden comunitario, el primer rabino de la comunidad judía llega en la década de los setenta a Bogotá; el edificio del CIB fue construido en el año 72.

El barrio Armenia les dio la posibilidad de vivir en un lugar donde pudieran ser “judíos en la casa y gentiles en la calle” y construir espacios privados de consolidación comunitaria sin

necesidad de entrar en conflicto con los demás actores sociales como los comerciantes, la Iglesia, la sociedad receptora o el Estado. Fue un espacio que les ofreció la oportunidad de reafirmar sus costumbres; un espacio que habitaron como judíos, desligado de los lugares en donde ejercían sus actividades económicas y de las clases sociales con quienes tenían contacto. Solo hasta la década de los ochenta, el CIB hizo de portavoz de las demandas políticas del cuerpo

representativo de la comunidad hebrea, cuando la mayoría de la comunidad judía se movilizó hacia el barrio Chicó.