La
Sherezade
del desarrollo
Redes y actores en la construcción del entramado turístico en el espacio rural.
Dos casos de estudio en Perú y Argentina: el Valle del Colca y Tafí del Valle
LA SHEREZADE DEL DESARROLLO
Redes y actores en la construcción del entramado turístico en el espacio rural.
Dos casos de estudio en Perú y Argentina: el Valle del Colca y Tafí del Valle.
Derechos Reservados Samuel Bedrich Morales Gaitán.
Folio de registro de obra en Registro Público del derecho de autor: 03-2014-1113130955600-01, Registrado en Oaxaca, México.
PRIMERA EDICIÓN
Para citar este documento:
Por motivos políticos, científicos e incluso, morales, es crucial que los investigadores no definan por adelantado y EN LUGAR de los actores de qué tipo de elementos constitutivos esta hecho el mundo social.
Bruno Latour, Reensamblar lo social. (2008:67).
Comentario de la directora de tesis, Patricia Ercolani
La investigación de Samuel es producto de un largo recorrido por América Latina, para detenerse en dos lugares: Valle del Colca (Perú) y Tafí del Valle (Argentina). El turismo aparece en el centro del escenario, pero con una mirada enfocada en la interdisciplina, otorgando una perspectiva con un alto grado de originalidad, en tanto el turismo es objeto de estudio de variadas miradas, muchas de las cuales se centran en su orientación económica.
La institucionalización del turismo en el espacio rural sirve de base para trazar un puente que nos lleve a comprender el turismo de una manera reflexiva: un fenómeno complejo con gran dinamismo en el cual se dan cita actores, objetos y símbolos, en constante interrelación.
De amena lectura, es posible caminar junto a Samuel por los espacios seleccionados junto a los actores que le dan vida, y esta particularidad de la tesis motiva al cuestionamiento permanente de los discursos dominantes en torno a la temática.
No es frecuente encontrar una investigación que nos acerque tanto a las problemáticas que pocas veces son estudiadas en el turismo, y menos aún, que surjan de manera casi natural, cuando para ello es necesario un compromiso por indagar en aquellos aspectos que redunden en mejorar la calidad de vida de las sociedades involucradas.
Todo el desarrollo induce a la reflexión del lector hacia otros temas relacionados y abre paso a potenciales avances en la temática.
Nota del Co-director de tesis
Samuel Morales abre su trabajo con una pregunta: ¿qué sería de una historia sin actores? Creo que es en lo único en que no estoy de acuerdo con él. A mi gusto, la pregunta correcta es: ¿qué sería de la historia sin autores? Es sólo una letra de diferencia; pero ¿es sólo una letra?
Hace años aprendí, trabajando en el campo del emprendedurismo turístico, tanto a nivel de personas como de comunidades, que la historia la repiten los actores, pero la escriben los autores. Esas personas que no desean que otros les digan cuáles son las palabras que deben usar, cómo comportarse, a quiénes tener de socios estratégicos, etc.
En síntesis, los autores son quienes rompen paradigmas, muestran nuevas verdades, descorren velos, y en definitiva, se vuelven maestros sin buscarlo y muchas veces sin desearlo.
El trabajo de Samuel es justamente un trabajo de autor y para nada de actor. Quizás porque, antes de conocerlo a Latour, ya sabía que al contar historias tenía que dejar que los autores las cuenten, y no volverse un traidor de la traducción.
Así, sus investigaciones y sobre todo la capacidad que ha demostrado para completar el escenario de las palabras con los contenidos de los silencios, permiten configurar un trabajo adecuado para quienes desean conocer los dos grandes aspectos que aquí se tratan: 1) cómo investigar sin interferir con los prejuicios propios, y 2) mostrar los vericuetos no siempre explicitados del desarrollo en manos de la gente.
Aporta por tanto en ambos sentidos, y bien puede ayudar a los profesionales que buscan colaborar con la mejora de la vida de las personas a través de sus desarrollos sociales y económicos, como para quienes desean o necesitan concretar alguna investigación que culmine en una tesis o tesina.
La vida, y la común amiga Lieve Coppin, nos puso en contacto. Le agradezco a los tres el haber sido parte de esta historia. Y que el lector elija el rol que me asigna.
Agradecimientos
¿Qué sería de una historia sin actores? Este texto se compone de muchos pedazos de vidas y anécdotas. Hubiera sido imposible sin la confianza y enseñanzas de los habitantes de Tafí del Valle y del Valle del Colca; he puesto mi mejor esfuerzo y más de cuatro años para describir, a partir de lo que me contaron, de qué elementos se constituye su mundo social. Tomo la responsabilidad por aquello que dejé de contar y lo que no supe relatar. Fuera de estos sitios hubo enormes apoyos: en la academia, Isabella Cosse y Mariano Palamidessi tuvieron el reto y la paciencia de leer un buen millar de páginas. Gustavo Capece resistió con templanza patagónica mis discontinuidades y tuvo un rol de ensamblador que nunca olvidaré, por las puertas que me abrió y porque gracias a él conocí a Patricia Ercolani, quien vino a poner los puntos sobre las íes y rescatarnos (a mí y al texto), cuando me sentía más desesperado. Gracias Pato!
A Mariana, Leandro, Octavio, Blake, Carolina, Fernando, Eloísa, Julia, María Consuelo, Javier, Ariel, Mara y Gastón, quienes sufrierron los embates de la discusión y leyeron las primeras versiones. Sin ese espíritu de comunidad y espacio de catársis, habría naufragado.
Tuve más profesores: René van der Duim me apoyó con una renovada serie de lecturas en el sprint final; los cursos de Alejandro Isla me generaron ideas inspiradoras desde la antropología; Valerio Simoni me dio grandes pistas para ordenar el documento; Beatriz Peréz Galán me hizo sugerencias inolvidables.
Mi reconocimiento especial a Lieve Coppin: maestra, amiga y socia. También a otras fuentes de inspiración y guías en mi periplo académico-laboral sudamericano: Etienne Durt, Roberto Duarte, Kurt Holle y sus respectivos equipos de trabajo.
Luna Tucumana, el Tigre, Atahualpa, el Cóndor y los Menhires, grandes fuentes de inspiración.
En lo institucional debo a FLACSO –sede académica Argentina- la oportunidad de recibirme. Ojalá continúen abiertas sus puertas a todos los proyectos, por ajenos a sus temas centrales de estudio que sean. El turismo necesita esa oportunidad.
Intenté, de muchas formas, hallar una editorial que quisiera imprimir este texto, una sencilla adaptación de mi tesis doctoral (calificada con una mención honorífica y recomendación de publicación). No lo conseguí y decidí no perder más tiempo ni correr el riesgo de que se quedara guardado. Gracias a la ayuda de Luis Mendoza, que hizo la portada y afinó algunos detalles de presentación, hoy La Sherezade comienza a ser circulada.
Léanse con detalle las entrelíneas y siéntase el lector libre de criticar lo que le plazca. Esto no es sino el sueño de alguien que, como muchos, hace su mejor esfuerzo por aportar con un manojo de letras a un mejor Perú y Argentina; a una América Latina más justa y a un mundo más equitativo.
Chivay y Cabanaconde (Perú); Tafí, Cabana y Buenos Aires (Argentina); Toluca y Oaxaca (México).
Para correspondencia con el autor: [email protected] Blog personal: http://andaryego.blogspot.com
Introducción
¿Cómo llegamos hasta aquí?
Y estaba empezando a interrogar a todo lo que había a mi alrededor, las casas, los rótulos de las tiendas, las nubes en el cielo y los grabados que veía en las bibliotecas, no para que me contasen su historia, sino la otra, que ciertamente ocultaban, pero que acababan revelando a causa y en virtud de sus misteriosas semejanzas.
Umberto Eco, El Pendulo de Foucault (2010 [1997]:466).
Entre 2003 y 2004 tuve la oportunidad de hacer un largo viaje motociclístico desde México hasta la Patagonia. Este recorrido determinó mi entrada al turismo, pues además de convencerme de la vastedad del continente me mostró que su cultura, conflictos y realidades están cargados de simbolismos, historias personales y esperanzas de una mejor vida en los que el intercambio cultural juega un rol fundamental. ¿Qué mejor que el turismo para construir puentes de entendimiento?
Tras mi regreso a México emprendí una larga exploración con el objeto de acercarme con mayor formalidad a la materia: ya mi experiencia como valet y chaperón de jóvenes spring breakers en Cancún en el año 2001 me había dicho que no sería en la Riviera mexicana donde encontraría el “verdadero turismo”: necesitaba algo que me hiciera sentir que podía construir un mundo distinto, más allá del espíritu economicista donde todo se mide en dólares.
“El Programa de Maestría en Ecoturismo se ofrece con el apoyo de la Universidad de Greenwich de Inglaterra, la Universidad de Gales y la Fundación Conservación Internacional. Esta Maestría busca capacitar a profesionales que contribuyan a la generación de ingresos y alivio de la pobreza, especialmente en ambientes rurales, estimulando el crecimiento eficiente del sector del turismo natural y cultural del país. Esto será logrado a través de diferentes líneas de entrenamiento en desarrollo turístico, con componentes ambientalmente amigables y técnicas de gestión para pequeños negocios y empresas locales.” (La nota refiere a un anuncio del año 2000. La maestría aún se ofrece, pero no más en cooperación con dichas universidades. [Multimedios Ambiente Ecológico, 2000]. Resaltado propio).
Solicité mi inscripción y poco después de recibir la carta de aceptación viajé a Lima para comenzar mis estudios. Al cabo de 18 meses, mientras escribía mi tesis comenzaron a presentarse oportunidades laborales y, aunque al principio mi interés había sido obtener conocimientos técnicos para la gestión de un negocio, poco a poco me inserté entre los profesionales adherentes a la promesa de alivio de la pobreza ycrecimiento eficiente, cuya necesidad era evidente en los sitios que había visitado durante mi periplo en dos ruedas: el ecoturismo podría ayudar al desarrollo de oportunidades ambientalmente amigables y respetuosas de las culturas locales.
Los años que siguieron a esta experiencia universitaria y laboral me permitieron observar no solo cómo viaja “el desarrollo” a los espacios rurales, sino la enorme cantidad de actores que intervienen y la multiplicidad de herramientas (tangibles e intangibles) puestas en ello.
En la medida que la mirada se afina y los actores se ligan a través de un entramado imaginario, se descubren relaciones y discursos antes invisibles: el convenio de la maestría con las universidades británicas, por ejemplo, no solo había aportado un amplio acervo bibliográfico donado por el British Council y un espaldarazo para la Universidad Nacional Agraria La Molina, sino el acompañamiento inicial de un profesor británico de renombre (H. Goodwin) que lideraba el “Pro-Poor Tourism Partnership”, un grupo de consultores que hizo durante varios años, su bandera de la pobreza del orbe. Dicho profesor creó, entre otras cosas, el Centro Internacional para el Turismo Responsable (2002) y el sitio web responsibletourism.org.
independientes, organizaciones no gubernamentales y habitantes de zonas rurales, donde se ejecutan proyectos y programas relacionados con turismo.
Los folletos, planes de acción, paneles informativos, mensajes radiales y muchos otros objetos replicaban no solo el discurso del turismo sostenible, del desarrollo y del combate a la pobreza, sino que evidenciaban la presencia de múltiples participantes cuyos logotipos aparecían en gorras, playeras, chamarras, videos, trípticos y hasta en botes de basura (ver ilustración 1).
Descubría que en efecto, los hombres viajan desde hace mucho (Clifford, 1999), pero siempre están acompañados de sus ideas y que éstas son recibidas en ocasiones con beneplácito y en otras con disgusto: como el caso de la agricultora que pide capacitaciones sobre los marquetines (por el marketing), mientras otros grupos critican la globalización y la transformación de la identidad local.
Pero la experiencia de campo –particularmente con la cooperación internacional- me exigió paulatinamente analizar, desde otra mirada, la historia del turismo, sus participantes y los mecanismos que lo hacen posible en las zonas rurales.
Era necesario ir más allá de esa visión del buen turismo, pero también del viejo debate anti-colonialista de colonizadores versus colonizados; de civilizados contra bárbaros, que coloca a las partes en un perfecto antagonismo y –al menos en la experiencia personal- no explicaba las observaciones y vivencias que me acontecían a diario. Con esa motivación en mente, partí en 2010 hacia Argentina, para iniciar mis estudios doctorales que, esperaba, fuesen de ayuda para responder muchas de estas interrogantes y poner en debate la experiencia personal con la teoría.
En busca de un marco metodológico para el turismo
La perspectiva que se utiliza en este trabajo fue hallada casi dos años después de una intensa búsqueda. Es el resultado de un ejercicio de continuos y serios cuestionamientos. Algo que Stuart Hall (2010:22) llama el descentramiento disciplinar: el aprendizaje que se obtiene al enfrentar distintas interpretaciones teóricas y hacer de lado la posibilidad de la razón absoluta.
En esto ha jugado un rol neurálgico la Teoría del Actor-Red (ANT, por sus siglas en inglés), que insiste en la búsqueda de cómos (descripciones), sobre la creación de qués (interpretaciones); en poner en duda los conocimientos previos y buscar respuestas en las prácticas de los actores. La ANT también insiste en no perder de vista lo que Latour (2001) llama el acuerdo modernista: una especie de concilio entre las ciencias sociales, naturales, epistemología, moral y teología, que no tiene otro objeto que el predominio de la razón y de la ciencia, según las plantea Occidente.
Actor-Red es descriptiva, más que fundacional en términos explicativos” (2009:141, traducción propia), permitió generar un marco para analizar la forma en que los actores del turismo de dos espacios, "tejen" una red de relaciones –que denominamos entramado-, crean agrupaciones con intereses compartidos –que la ANT llama Colectivos (con mayúscula, para diferenciarlos de otros grupos formados por designio institucional)- y ordenan, en este proceso, sus propias realidades.
Realidades que al ser trasladadas al entramado son irremediablemente contestadas y cuestionadas, generando una interminable serie de procesos de traducción –negociaciones, pugnas, acuerdos- durante los que los actores debaten y construyen su poder, a través de “asociaciones temporales y circunstanciales” (Molotch, Freudenburg y Paulsen, 2000).
Esta investigación se esfuerza por construir un marco en el que tengan cabida la observación de campo, la comparación y el análisis del discurso. Se intenta seguir una de las recomendaciones de uno de los pioneros en la investigación en turismo, Dennison Nash (2004), quien insistió que el estudio del surgimiento del turismo en sitios concretos es una tarea pendiente.
Se busca también estar en consonancia con Leite y Graburn (2009), para quienes la investigación en turismo desde las ciencias sociales debería abarcar cinco temas: el lugar (la construcción del destino, el imaginario, lo semiótico); los actores (no solo huéspedes y receptores, sino la comunidad y sus relaciones complejas); los objetos presentes (museos, fotos); lo global (relaciones con espacios externos, las políticas), y la movilidad (diáspora, turismo residencial, migración de amenidad).
Los casos de estudio: anclaje de una investigación multisituada
la mayor parte, nacionales. Como se desarrolla a lo largo de este trabajo, ambos lugares cuentan con una serie de actores que prestan distintos servicios, así como con grupos de trabajo que se interesan por la gestión del turismo. Son sitios de interés para el estudio porque este último existe apenas hace un par de décadas, lo que hace posible su estudio en el tiempo, y porque a pesar de su vastedad, el número de actores permite su observación a detalle.
Por otro lado, en ambos sitios se han ejecutado proyectos relacionados con la institucionalización del turismo, lo que ha motivado amplias relaciones con otros espacios y actores nacionales e internacionales, al tiempo que ha suscitado cambios, debates y pugnas. Ambos espacios mantienen además una compleja relación con sus capitales de provincia –departamento, en el caso de Perú-: San Miguel de Tucumán para Tafí y Arequipa para el Colca. Relación que se ubica dentro de los parámetros de lo que algunos autores denominan globalización de lo rural.
Por lo antes descrito, en esta investigación la “localización” juega más un rol de ancla, que de delimitación geográfica. La presente, más que una investigación en dos territorios, es un análisis de las relaciones multi-situadas entre actores del turismo: visitantes, autoridades, emprendedores, objetos y símbolos que rara vez reconocen la existencia de fronteras políticas o geográficas y que, por la naturaleza del fenómeno, se encuentran en constante desplazamiento. De hecho, se considera imposible realizar un análisis del turismo desde una visión puramente localizada: el fenómeno obliga al acercamiento interdisciplinario y al uso de otras herramientas, como el “zoom analítico”, metáfora de una potente cámara que nos permite seguir los hilos de un entramado imaginario.
Explorando nuevos significados
La investigación muestra que el rompimiento de paradigmas tan necesario al turismo (cap. 1) debe conseguirse desde un acercamiento interdisciplinario. En la experiencia personal, una situación complicada, que ilustro con una breve anécdota: en una de las primeras reuniones del seminario de tesis, uno de mis tutores sugirió –un poco en broma, un poco en serio- que debería elegir mi tribu académica y decidir si la investigación sería una etnografía, un estudio sociológico, si sería geográfico, de ciencias políticas o de relaciones internacionales.
Más allá de que olvidó mencionar el análisis histórico o el económico –tal vez solo quiso evitar un listado excesivo que me llevara a tomar la puerta de salida- estuve confrontado a una situación corriente entre estudiosos del turismo: que cualquier acercamiento es incompleto y puede hallarse fuera de la realidad de su lector. Al pensarlo, no puedo dejar de establecer una analogía entre los estudios en turismo y aquella fábula asiática en que los ojos de tres sabios son vendados y se les pide identificar un objeto con el tacto, pero no logran ponerse de acuerdo; al igual que en la fábula, el turismo puede ser muchas realidades: “Es un tronco” –dice uno-. “Es una cuerda” –comenta el otro-. “Es una enorme pared” –explica el tercero... Después de un rato, ya sin vendas, los tres se sorprenden frente al elefante que no pudieron descubrir.
En esta investigación será posible hallar resabios de la gestión de empresas, (formación universitaria); de la ecología y de la conservación del medio ambiente (posgrado); de la antropología, la sociología y hasta de la geografía y la historia, materias que a las que tuve el placer de acercarme. Desde todas las anteriores se ha analizado al turismo y de ellas intenté bregar para conseguir una visión fresca y crítica.
Se pretende que esta investigación pueda ser observada como una narrativa distinta dentro del proceso de investigación: a diferencia de estudios en que los académicos van al campo, éste es un tour en la más vieja acepción del término: partida y vuelta al origen (Lash y Urry, 1998:350). Es un viaje constante entre el espacio rural y el campo académico, en el que se ponen en relación herramientas para circular entre los mundos del viaje, del turismo y la academia: nuevas gafas, múltiples preguntas y unas cuantas respuestas.
Se realiza una apuesta idealista y osada: mantenerse en los límites del lenguaje narrativo y la formalidad académica. Ahí puede verse la influencia de Umberto Eco, quien plantea que “todo libro científico debe ser una especie de historia policiaca, el relato de la búsqueda de algún Santo Grial” (2011:15) y de la ANT, que insiste en permitir que los actores se expresen con libertad, cómo único medio para hallar nuevos significados.
Problema, objetivos y estructura de la investigación
El turismo (en los últimos años adjetivado como sostenible) es presentado por autoridades nacionales e internacionales como un medio útil para mejorar las condiciones de vida en zonas rurales, aunque existe un fuerte debate entre críticos y apologistas. A pesar de éste, el fenómeno continúa siendo estudiado, en general, en términos dicotómicos más interpretativos que descriptivos, lo que hace que la voz del investigador siga remplazando – y enmudeciendo- las de los actores.
El problema de estudio de esta investigación radica en comprender cómo los actores del turismo viven el entramado de este fenómeno –las transformaciones y debates que se suscitan en él-, desde una aproximación que permita reflejar sus diversos modos de ordenar la realidad.
Para ello, se ha planteado como objetivo central estudiar su proceso de construcción e institucionalización en dos áreas rurales, analizando las prácticas de prestadores de servicios, gobierno, organizaciones no gubernamentales, cooperantes, turistas y otros, así como sus políticas y discursos, tanto en lo cultural, como en lo económico y lo territorial.
capítulo: el primero es describir las prácticas socioculturales de los Colectivos a partir de tres aspectos: posición frente a temas como la sostenibilidad y desarrollo, puesta en valor del patrimonio, y relación visitante-visitado. Para esto hay primero un acercamiento a los actores más visibles del entramado (dentro y fuera de las zonas geográficas de estudio) y se describe su discurso, así como la forma en que llevan a la práctica estos conceptos. Particularmente los capítulos 2, 3 y 4 refieren a estos aspectos.
El segundo reseña las relaciones entre los actores de los proyectos institucionales de turismo. Se analizan las interacciones al interior de los Colectivos: acuerdos, debates y contradicciones de sus prácticas frente al discurso que enarbolan. Los capítulos 5 y 6 prestan mayor atención a estos elementos de análisis.
Apartado metodológico
Los sitios de estudio
Desde la mirada de los estudios geográficos, los territorios rurales pasarían por una paulatina globalización de lo rural (Mac Carthy, 2008). En este estudio interesa reconocer cómo el turismo contribuye a su transformación, pero ¿a qué llamar espacio rural y cómo caracterizarlo? El ámbito rural es heterogéneo. Tan solo en Argentina, Schjetman y Barsky han desarrollado una tipología de doce variantes a partir de tres aspectos: “la vocación territorial para la transformación productiva, sus fortalezas y debilidades en materia de organización e instituciones, y las brechas en materia de satisfacción de necesidades básicas” (2008:47).
En esta tipología, los autores consideran a Tafí del Valle como Tipo 1: “Territorios vinculados a mercados relativamente dinámicos, pero cuyo potencial de mayor desarrollo se ve afectado por fallas institucionales importantes que dificultan o impiden la coordinación entre agentes, y que facilitan la exclusión de los pobres y de las micro y las pequeñas empresas” (Ibíd.:47).
Tafí del Valle.
Ilustración 2. Tafí del Valle, ubicación. Imagen de Google, composición propia.
Aunque Tafí del Valle se encuentra solo a unos cien kilómetros de la ciudad de Tucumán, capital de la provincia del mismo nombre, la distancia resultaba infranqueable en menos de dos días, hasta que en 1943 se pavimentó la carretera que une estos dos puntos. A pesar de ello, la población siempre tuvo una relación de subordinación con la capital: proveedor de mano de obra, sitio de descanso para familias adineradas, centro de producción agrícola y ganadera, etc.
Al facilitarse la accesibilidad, se abrió también la posibilidad de convertir a Tafí en un pequeño nodo1 de redistribución económica para los valles Calchaquíes y acercar así a la población a una dinámica social más acelerada: en 1976 fue establecida la municipalidad; en 1985 la primera escuela técnica; en la actualidad hay servicio de Internet y una serie de comercios que evitan tener que viajar hasta Tucumán para proveerse.
Las actividades económicas más comunes son la agricultura (hortalizas, papa semilla, frutilla) y la agronomía. Tafí tiene un fuerte renombre nacional por la producción de quesos artesanales, aunque haya pocos
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productores activos. El trabajo asalariado en la municipalidad es también representativo.
Aunque existe una hostería desde la década de 1950, Tafí fue durante muchos un espacio de tránsito, lo que Law y Hetherington (1999, en van der Duim, 2005) llaman punto obligatorio de pasaje. Sus consumidores viajaban entre Salta y Tucumán; de ellos, algunos hacían un alto en las ruinas de Quilmes, ubicadas a unos cuarenta kilómetros, en la población de Amaicha del Valle.
No obstante, desde el fin de los años noventa hay un fuerte crecimiento del negocio inmobiliario y la construcción. A la par de este cambio, el turismo se ha incrementado en los últimos quince o veinte años, sobre todo a partir de 1995, cuando se promulgó la ley provincial 6700 que otorgaba subsidios para la construcción de hoteles a través de exenciones impositivas. Esto motivó la construcción de al menos tres de ellos.
El valle del Colca
Ilustración 3. El Valle del Colca, ubicación. Imagen de Google, composición propia.
No hay un estudio bajo los mismos parámetros presentados por Schjetman y Barsky (2008) para el Valle del Colca, pero a grandes rasgos y con toda proporción guardada de las amplias diferencias que hay entre uno y otro país, podría considerarse que tiene una posición similar, pues está vinculado a un mercado dinámico y padece de una serie de fallas institucionales de coordinación entre sus actores. No obstante, si se comparan las condiciones de infraestructura y economía, tiene una condición de mayor ruralidad, dispersión geográfica y pobreza que Tafí.
A diferencia de Tafí, que es un punto de paso obligado para quien recorre los valles calchaquíes, la carretera que lleva al Colca no es muy transitada: recién finalizada su pavimentación en 2005 (Ranaboldo, 2009:137), su objetivo fue comunicar este valle de unos 170 kilómetros de largo, con la capital del departamento para facilitar la comercialización agrícola, misma que se incrementó a partir de la ejecución en 1970 de un gran proyecto de irrigación llamado Majes.
Dicho proyecto tuvo una fuerte influencia en la zona, no solo llevando mano de obra de otros espacios, sino posibilitando la intervención de múltiples agencias internacionales y organizaciones no gubernamentales que se instalaron desde mediados de los años 1980 con el objeto de participar en su desarrollo económico, pues el Colca era considerado una de las regiones más pobres del sur peruano (Sierra Sur, 2006: 27).
Estos organismos impulsaron actividades como el cultivo de papa, haba y quinua en andenes tradicionales, así como la producción de camélidos y el turismo, pero no fue sino hasta finales de los años 1990 que éste inició su crecimiento: en 1997 arribaron unos 20 mil visitantes (Baldárrago, 2007), mientras en la actualidad llegan unos 175 mil (AUTOCOLCA, 2012a). Hoy, casi nueve de cada diez turistas que llegan a Arequipa visitan el Colca.
Su capital provincial, Chivay, tiene una población de unos 6 mil habitantes (Datos del censo 2007 del Instituto Nacional de Estadística e Informática del Perú). Solo algunas de sus calles están pavimentadas y es frecuente que en temporada de lluvias el suministro eléctrico se corte; si bien la telefonía cableada existe, es de muy mala calidad y en el caso de Internet hay alrededor de cinco sitios públicos que lo ofrecen de una forma intermitente. Salvo el primer cuadro de la población, una buena parte de las casas son de adobe y cuentan con construcciones que incluyen pequeños huertos.
empresariado de la población participa en el turismo e intenta organizarse en grupos para hacer frente al turismo de enclave manejado desde Arequipa.
Hacia los poblados del interior del Valle que recorren los visitantes para conocer sus atractivos, la oferta de servicios es aún más llana, con excepción de unos cuantos enclaves de hoteles de lujo.
Metodología de estudio
De acuerdo con Miles y Huberman (1994), la investigación de corte cualitativo requiere de un intenso contacto con los actores, así como de un enfoque holístico del fenómeno a partir de una mirada “desde adentro”.
Esta situación se percibió desde el inicio de este trabajo. A ella se sumó la necesidad de “salir” del caso de estudio, pues la revisión de literatura y experiencias propias reflejaban cierto hartazgo, no solo por los modelos de análisis sitiados en un solo lugar (Xiao, 2009), sino por acercamientos que no aportaban novedades al trabajo de campo.
En particular retaban al autor puntualizaciones como la de Jennings (2009), de debatir “la calidad de los trabajos de investigación, […generar] diálogo metodológico crítico y reflexivo y [utilizar] alternativas a la pedagogía y práctica de la investigación de mirada occidental” (2009:5, traducción propia), lo que me obligó a construir un acercamiento teórico-metodológico capaz de responder a los retos y proponer nuevas ideas. Éste se basó en cuatro ejes:
La Teoría del Actor-Red, a cuya explicación y justificación se dedica el primer capítulo, por su utilidad para reflexionar tres aspectos: 1) la importancia de las redes –que denomino entramado en el caso del turismo, por sus características de soporte de las relaciones y su infinito proceso de armado; 2) la necesidad de ser más descriptivo que interpretativo y; 3) la posibilidad de debatir la noción de una realidad única desde la que se pueden explicar todos los fenómenos.
ayudando así a un proceso reflexivo. De acuerdo con Ragin, esto compensa la falta de data estadística, situación frecuente en el turismo. El estudio comparativo permite además el análisis de un caso como un todo, la visión causal y la oportunidad de estudiar un fenómeno en una línea de tiempo que favorece la interpretación histórica.
Tafí del Valle y El Valle del Colca tienen rasgos en común: los dos tienen una historia reciente en el turismo y se localizan a unos cien kilómetros de su capital de provincia; ambos se ubican en el “espacio rural andino”, y son incluso visitados por los mismos turistas internacionales que recorren Sudamérica. Al mismo tiempo tienen diferencias que motivan el análisis pormenorizado: herencia cultural, influencia del turismo en su economía y territorio, y características de sus políticas. En muchos sentidos, el turismo los acerca y es, a la vez, un fuerte diferenciador.
Si bien fuertemente criticada por la que algunos consideran su relación con un pasado colonialista y eurocéntrico, la etnografía se ha adaptado a situaciones contemporáneas. Entre sus mayores cambios destaca la capacidad de revisión del papel del etnógrafo, quien ha dejado de ser “el intérprete experto” para convertirse en el investigador que observa con profundidad, describe y es reflexivo (Phillimore y Goodson, 2004; Hall, 2004; Nash, 2004; Clifford, 1999).
La elección de los espacios de estudio, así como las reflexiones de Bauman (2010), Burawoy (1991), Salazar (2005, 2008) o Appadurai (2001), entre otros, han permitido comprobar que en efecto, hoy una enorme cantidad de seres humanos viaja y que incluso mucho de su vida lo realizan entre espacios, conectando y desdibujando conceptos como lo rural y lo urbano, o lo local y lo global. Como lo plantea Clifford, quienes tenemos hoy la oportunidad de viajar dejamos de pertenecer a un sitio para estar entre ellos: hemos pasado del “¿De dónde es usted? al ¿Entre dónde y dónde está usted?” (1999:53).
se ha debido penetrar el complejo camino de la comprensión de los sentidos del discurso. Si los actores y sus ideas viajan tanto, ¿cómo es que se consiguen estabilizar las “nuevas concepciones del mundo” (Gramsci, 2009:373), o cómo se impone el discurso dominante?
Este análisis ha sido aplicado a la información recabada en entrevistas, observaciones de campo y materiales, sobre todo los emitidos, difundidos o preparados por los promotores de políticas; se ha usado en especial para deconstruir nociones como la sostenibilidad y el desarrollo. Del mismo modo, ha servido para atender el debate sobre la construcción de la identidad (García Canclini, 2001; Clifford, 1999; Kahhat, 2005) y la alteridad (Todorov, 2007). En la interpretación crítica del discurso han sido también de gran ayuda las reflexiones de Pierre Bourdieu (1983, 2006).
Recolección de información
Se llevaron a cabo entrevistas semi-estructuradas a los pobladores así como entrevistas a expertos en las ciudades de Buenos Aires, Tucumán, Lima y Arequipa. Para la selección de entrevistados se usó la técnica denominada “bola de nieve” que permitió, en términos coloquiales, detectar a los principales actores del entramado y re-trazar la red de sus relaciones.
Algunos materiales analizados son sitios web oficiales, planes y proyectos de turismo, legislación relacionada y documentación oficial de cooperantes, financiadores y/o promotores del turismo a nivel internacional. De otros actores se estudiaron sitios web, folletos, videos, carteles, posters, signos, señalizaciones, fotografías, iconografías, diseños y otros materiales. Para el trabajo de campo se permaneció más de setenta días en cada población. 2
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PARTE 1. ¿CÓMO ENTENDER EL TURISMO?
Capítulo 1. Sobre los estudios en turismo y la ANT
No hay duda que la ANT prefiere viajar lentamente, en pequeños caminos, a pie, y pagando los costos de cualquier desplazamiento de su propia bolsa.
Bruno Latour, Reensamblando lo social. (2008:23, traducción propia)
1.1. Breve estado del arte
El turismo ha sido desdeñado como materia de estudio hasta bien entrada la primera mitad del siglo XX, aunque existen escasos y limitados estudios elaborados a principios de los años 1900. Dachary y Arnaiz (2006), por ejemplo, citan a Kurt Krapf, quien escribió una de las primeras Sociologías del Turismo, y a Johan Huizinga, con su Homo Ludens, “cuya ubicación inicial fue una visión interdisciplinaria entre la sociológica, la antropológica y la histórica” (2006:184). Ascanio (2010) va hasta 1905, con el trabajo realizado por el economista suizo Guyer-Freuler.
Para Lash y Urry, la carencia de una sociología del viaje reafirma las tendencias de la investigación hasta la década de 1950: “una omisión que nace de prejuicios académicos: analizar más la fábrica que los servicios, más la producción que el consumo, más el ‘trabajo’ que el ‘ocio’, la estructura y no la movilidad[;] y la movilidad relacionada con el trabajo en lugar de la que impone el ocio” (1998:341).3
Uno de los primeros en hacer aproximaciones teóricas de envergadura en el tema fue Dean MacCannell, quien lo hizo desde el estructuralismo, a mediados de la década de 1970. Si bien reconocido en el mundo occidental, su libro, donde plantea como objetivo comprender la estructura de la modernidada través del turismo, apenas fue traducido al español en 2003.
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A fines de los años setenta creció la investigación desde la aproximación antropológica y sociológica: diferentes autores plantearon la necesidad de su análisis, ya sea por su fuerte influencia económica y social en las comunidades donde se establece (Cohen 1984; Nash 1981), su relación con el viaje, la movilidad y el intercambio entre huéspedes y anfitriones (Butler 1980) o su participación en procesos de colonización, “desarrollo” e influencia “metrópolis-periferia” (Nash 1981).
Hasta mediados de los años ochenta, la investigación relacionaba sobre todo ocio, turismo (incluyendo hospitalidad, identidad, aculturación) y globalización desde una visión general, “dando un lugar emergente a los impactos culturales, pero siempre manteniéndose en la perspectiva de la evaluación de costo-beneficio” (Demanget y Dumoulin 2010:23). Esta óptica aportó elementos conceptuales para un análisis que amplió su campo de acción hacia nuevas disciplinas y elementos: así, a finales de esa década, el turismo fue visualizado con mayor intensidad desde la psicología del consumidor, la geografía, los estudios sobre el desarrollo, las ciencias económicas, la antropología social y la etnografía, así como la sociología, aunque aún con mínima interdisciplinariedad.
Desde la sociología, uno de los teóricos más completos es John Urry, quien ha estudiado tanto la globalización como el fenómeno turístico. Hacia 1990 escribió La mirada del turista y algunos años después, junto con Scott Lash, redactaron Economías de signos y espacio (1994), un estudio sobre el paso de la modernidad hacia el denominado pos-modernismo, en el que dedican un capítulo al turismo. Los autores insisten que éste tuvo tal influencia en la conformación del siglo XIX que no dudan en sugerir que el cookismo (el trabajo de Thomas Cook, uno de los artífices del turismo de masas), podría sustituir a Henry Ford y su fordismo como símbolo del cambio de época.
unidireccional: del centro hacia los países “periféricos”. Según datos de 1994, mientras dieciocho mil títulos son traducidos del inglés a otras lenguas, sólo mil doscientos son traducidos desde América Latina hacia el inglés.
El aislamiento lingüístico de buena parte de Latinoamérica ha limitado el grueso de la investigación al español y mínimamente al portugués: la mayor parte de los referentes provienen de España. Schlüter y Bertoncello (2010), por ejemplo, apuntan que la influencia española ha tenido un desarrollo: inicialmente desde investigadores de las Islas Canarias preocupados por los impactos socio-culturales y en los últimos años con temas como el turismo rural. Si bien, acotan, al principio “estas contribuciones no reflejaban los problemas de la región, hicieron un aporte teórico importante” (2010:6).
Si bien es cierto que en la década de 1980 surgió el CICATUR (Centro Interamericano de Capacitación Turística), a instancias de la Organización de Estados Americanos (OEA), lo cierto es que esta especie de think tank hizo pocos estudios críticos y más bien se centró en el desarrollo de metodologías y modelos de ordenamiento territorial, formación de recursos humanos y gestión de la promoción de planes y proyectos (Capanegra, 2006; Wallingre, 2011; Coppin, 2013 –comunicación personal-).
En un trabajo más extenso del autor (Morales 2011b), se ha profundizado sobre el estado del arte de los estudios en turismo en América Latina. Esta investigación hizo –entre otras- una revisión de las publicaciones de la revista argentina “Estudios y Perspectivas en Turismo” entre los años 2010 y 2011. Algunos de los hallazgos fueron: 1) que a pesar de ser una publicación cuyo sujeto es Latinoamérica en general, los textos se centran en casos de Argentina, Brasil, México, Chile y en menor cuantía de Cuba, Colombia y otros países caribeños; 2) la preeminencia de estudios sobre temas de gestión administrativa desde la esfera privada, y; 3) la existencia de gran cantidad de estudios relacionados con la geografía, en los que el turismo (visto como una suma amorfa de fenómenos comerciales y migratorios) es señalado como agente disruptor del espacio. 4
Si bien existen fuertes críticas a la investigación realizada en América Latina en general (ver por ejemplo Wallingre 2011, Gómez Nieves 2008, Niding et al. 2009), debe reconocerse por otro lado, el esfuerzo desde la sociología y antropología de trabajos como los de Pérez Galán, sobre el patrimonio inmaterial en el Perú, Hill (2008) respecto al uso de la identidad como producto o servicio, o los de Jordi Gascón (2005), quien analiza los impactos sociales de proyectos internacionales en la comunidad de Amantani, en Perú, entre otros interesantes trabajos.
Este breve repaso permite evidenciar que en los últimos años existe una gran apertura –si bien disímil entre espacios geográficos y disciplinas- hacia los estudios en turismo. En suma, podrían resaltarse cinco aspectos: 1) el estudio de caso ha dejado de ser localizado en un solo espacio geográfico; 2) la globalización se percibe como elemento de transformación y la cultura es entendida como algo cambiante y dinámico; 3) el turismo deja de ser visto como un fenómeno aislado de otras actividades económicas y políticas que influencian identidad y espacio local; 4) se reconoce la capacidad de agencia de los actores y se cuestionan nociones estructuralistas, en las que el turismo aparece como una actividad impuesta, a la que es imposible ofrecer
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resistencia, y; 5) cada vez son más quienes realizan análisis económicos del fenómeno.
Fnalmente, desde mediados de la década del 2000 crece en Europa una nueva corriente de estudios en turismo que se inspira en la ANT, en particular debido a su interés por las redes (relaciones que se tejen entre actores, independientemente de su localización geográfica), la materialidad (tecnología, objetos) y la posibilidad de pensar no en una, sino en diferentes realidades, que responden a las características de cada grupo social. En esto se aboca el apartado siguiente.
1.2. ANT y turismo 1.2.1. Nociones centrales
En su artículo Actor Network Theory and Material Semiotics, John Law explica la génesis de la ANT. Según relata, surge entre 1978 y 1982, y si bien fue Callon quien acuñó el término, se considera a Law y Latour sus exponentes más reconocidos. Para Law,
“[…] la ANT es un familiar distinto de las herramientas de la semiótica material, así como de sensibilidades y métodos de análisis que tratan a todo en los mundos sociales y naturales como un efecto, continuamente generado, de las redes de relaciones en las que se ubican. Asume que nada es real o tiene forma fuera del desempeño de dichas relaciones. Sus estudios exploran y caracterizan las redes y prácticas que las ejecutan. Como otros acercamientos material-semióticos, la ANT describe el desempeño de relaciones material y discursivamente heterogéneas que producen y reconstruyen todo tipo de actores, incluidos objetos, sujetos, seres humanos, máquinas, animales, “naturaleza”, ideas, organizaciones, inequidades, escalas y tamaños, y arreglos geográficos.” (2009:141, traducción propia).
Los temas de la ANT están relacionados con tecnología, organizaciones, mercadotecnia, circulación de información, etc. A decir de Latour: materias “donde las fronteras son terriblemente difusas. Temas nuevos” (2008:206, resaltado en el original).
En los años que siguieron a la emergencia de esta teoría aparecieron muchas investigaciones con este acercamiento, que tiene su valor esencial en la manera en que es observado un fenómeno: superar lo interpretativo para ir en busca de lo descriptivo; de asociar lo objetivo y lo subjetivo; de cuestionar paradigmas y mostrar cómo los acontecimientos modifican y trastocan lo social y lo natural por igual.La ANT sugiere una serie de nociones que son, sobre todo, llamados de atención sobre los procesos que deben ser observados durante el trabajo de investigación: una orientación más hacia el cómo, que hacia el qué.
Empleada en el estudio del turismo de forma reciente pero incremental, la teoría se usa como metodología principal o complementaria. Entre los primeros: van der Duim (2005), para el concepto de sostenibilidad en un estudio multi-situado en Costa Rica, Kenya, Tanzania y Holanda; Johannesson (2007), para el manejo de proyectos de turismo en Finlandia; Ren (2009), en la construcción de un destino turístico en Polonia; Simoni (2012) para el análisis del turismo en Cuba y la representación de las materialidades; entre los segundos: Salazar (2008) y Ramunas (2008).
Tres son los focos de la ANT: las relaciones entre actores-red, los modos de ordenar (la propia percepción de la realidad) y la simetría (la igualdad de importancia entre materialidad y ser humano). El concepto de poder se considera parte de las relaciones y no pre-existente: es el resultado de “la manera en que los recursos son movilizados y desplegados sobre lapsos de espacio y tiempo” (van der Duim 2005:126). En cuanto a las relaciones entre los participantes, la ANT no considera que solo se ejercen entre individuos sino entre Colectivos: asociaciones no dirigidas –sino por interés propio- entre actores (Latour, 2001).
1.2.2. Utilidad
En el apartado metodológico se aludió a tres aspectos por los que la ANT es útil a los estudios del turismo. Interesa ahora ampliar la explicación:
El concepto de redes permite trazar las conexiones que se establecen entre actores que pueden no estar físicamente en un lugar determinado pero importan tanto como si lo estuvieran: información, publicidad, imaginarios, visitantes, fondos económicos e institucionalidad internacional, agencias de viajes y muchos etcéteras. Esto permite debatir las dicotomías geográficas (local-global, rural-urbano), un tema con el que los estudios recientes lidian, que muestra incongruencias cada vez mayores entre el adentro y el afuera y conlleva la necesidad de abrir nuevos caminos de análisis, así como de dejar lo binario para ir hacia una enorme gama de tipologías. 5
La noción de red no solo sirve para describir lo que sucede en el presente, sino para regresar al pasado y observar –en un recorrido topográfico y cronológico- acontecimientos terminados pero que marcan un momento especial: la idea de red permite atender la manera en que las organizaciones y sus elementos materiales se integran. En ese sentido, abre un espacio para la observación de objetos y símbolos.
Respecto a la insistencia de la descripción sobre la interpretación existe un debate: ¿Es la labor del científico explicar los fenómenos o describirlos? Los proponentes de la ANT insistirán que antes de explicar es necesario presentar todas las asociaciones que conforman un fenómeno: una buena descripción permite mayor comprensión. Para Latour (2008), el uso que hace la ciencia de ciertos conceptos ocasiona que se conviertan en cajas negras, que explican a priori lo que viven los actores: por ejemplo, más que explicar que existe una pugna “por el poder”, importa describir cómo la viven sus actores de forma llana. El autor considera que,
“[E]s mejor usar el repertorio más general, más banal, incluso el más vulgar, para que no haya riesgo de confundir las expresiones prolíficas de los propios actores.
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Los sociólogos de lo social, en general, hacen exactamente lo opuesto. Se esfuerzan por producir términos precisos, bien escogidos, sofisticados, para lo que, según ellos, dicen los actores.” (2008: 50)
Esto se encuentra en línea con la crítica a la investigación actual (por ejemplo Philimore y Goodson, 2004), que insiste que los estudiosos deben evitar el rol de “expertos” y prestar más atención a las maneras en que los actores explican sus propios mundos y describir su contexto. Este último, de gran importancia pues como lo ha enunciado uno de los clásicos de la lingüística, Ferdinand de Saussure: “Lo que de idea o de materia fónica hay en un signo importa menos que lo que hay a su alrededor en los otros signos” (1945:144), haciendo de este modo énfasis en que los conceptos dependen, en mucho, de las relaciones con otros sujetos y el contexto en que se usan.
Finalmente, en lo que corresponde a la noción de la realidad se ha descrito que uno de los objetivos de la ANT consiste en conocer los modos de ordenar. De acuerdo con Law, los modos de ordenar serían “mini-discursos que fijan los límites de lo que es o no posible según determinadas condiciones, reconociendo la existencia de múltiples realidades.” (2009:148). Para este autor, “la absoluta verdad de una teoría es irrelevante, porque no hay una manera independiente de saberla” (Ibíd.:143). Como lo explica con más detalle Fleck:
“La verdad está siempre o casi siempre determinada por un estilo de pensamiento: “Si A y B pertenecen al mismo colectivo de pensamiento, el pensamiento será verdadero o falso para ambos. Pero si pertenecen a distintos colectivos de pensamiento, simplemente NO será el MISMO pensamiento […] La verdad no es una convención sino más bien 1) en perspectiva histórica, un evento en la historia del pensamiento y 2) en su contexto contemporáneo, un condicionamiento estilizado del pensamiento” (en Latour, 2008:166).
Latour adiciona que el “acuerdo modernista”, nos ha forzado a vivir en un mundo que nos obliga a ver la realidad desde el punto de vista impuesto por el eurocentrismo a través de cuatro órdenes: “un convenio entre la epistemología, la moral, la política y la psicología” (2001:27).
su vez, otras asimetrías, por ejemplo, las manifestadas en un rompimiento entre el mundo moderno y el pre-moderno, así como una división cultural entre ‘Nosotros’ y ‘Ellos’ (2007:87, traducción propia).
Un interesante ejemplo que explica la visión sobre distintas realidades es el trabajo de Annemarie Mol, relatado por Law, en el que se alude a un estudio sobre la arterioesclerosis. En él, la autora muestra que “cada práctica médica genera su propia realidad material. Esto significa que para [esta enfermedad] habría cuatro redes de actores o realidades en lugar de una sola” (2009:152). Para Mol “no existe una real, singular y objetiva realidad. Más bien lo que aparece son conocimientos diferentes y válidos que pueden no estar ni reconciliados por completo, pero tampoco ser rechazados” (en Ren, 2009:49).
Si cada realidad se explica según convenciones sociales, interesa ver cómo al construirse, los Colectivos eligen unas relaciones sobre otras (Law, 2009: 154). Al mismo tiempo, la temporalidad de dichas relaciones importa, pues éstas se modifican ante la presencia de nuevos actores.
Se debe reconocer, no obstante, que ninguna investigación es inocua. Como lo plantea de nuevo Law: “Esta nueva semiótica material insiste que las historias de la teoría social son interpretaciones performativas, no inocentes. También asume que realidad no es destino. Con mucha dificultad, lo que es real, puede ser re-hecho.” (2009:155). La “performatividad” (performativity) implica que “las cosas son lo que son porque los actores las hacen ser de ese modo en su relación con otros” (Gad y Jensen, 2010: 58).
1.2.3. Críticas
Como toda teoría, la ANT ha sido criticada por múltiples aspectos. Se alude a los más trascendentes. En primera instancia, la idea de la invisibilización de los actores se refiere a las relaciones que no son tomadas en cuenta para describir el entramado. Callon considera que esto se origina en el proceso de ordenamiento, que define las relaciones que serán o no consideradas (en van der Duim, 2005:152). Puede ser que el investigador las estime poco trascendentes o que funcionen de una forma tan apropiada que no se evidencian.
Aunque frecuentemente se cita que “si los actores […] no hacen nada, no deberían estar en la descripción” (Latour, 2008:213)6, tanto Latour como otros proponentes de la ANT han reconocido que hay actores que pueden no hacerse presentes en cierto momento, pero que ello no significa que no existen. Law y Singleton agregan que “la presencia también implica una cantidad de ausencias […] Describir la red no solo implica mirar lo que está presente, sino también lo que ha sido convertido en el otro o hecho ausente.” (en Ren 2009:186). En esta investigación se presta atención a actores cuya presencia no es notoria en el momento de la observación, pero lo ha sido.
El segundo aspecto es la dificultad de establecer límites a lo observado: en tanto es imposible seguir todas las relaciones del entramado –no solo por aspectos metodológicos y recursos necesarios, sino por la pérdida de foco en el tema del estudio-, una investigación presenta la evidencia obtenida de una serie de observaciones limitadas –en tiempo y espacio- sobre un fenómeno sin fronteras definidas. Es, de hecho, un constructo analítico al que se fijan límites artificiales, del mismo modo que lo hacen los actores al plantear su participación en la sociedad y espacio geográfico. El mismo Bourdieu insistiría en el derecho científico a la abstracción: se hace abstracción de un número de cosas y se trabaja en el espacio que se ha definido (2006:108).
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Esta delimitación puede generarse de dos formas: siguiendo los límites que los mismos actores fijan –como lo ha descrito Ren (2009)- o de manera artificial, a través del planteamiento del estudio (objetivos, objeto de estudio, etc.). El presente trabajo se delimita con base en los objetivos planteados y da prioridad a procesos de traducción relacionados con cuatro aspectos: 1) proyectos de turismo; 2) prácticas frente a la sostenibilidad; 3) construcción del producto turístico, y; 4) influencia del turismo en la gestión del espacio y la actividad económica.
La tercera línea de críticas es respecto a la extensa descripción y lo que se considera un débil trabajo epistemológico. Jóhannesson lo describe así:
“El punto es que las descripciones interminables no proveen una base para la crítica social […] Si todo es un efecto de la red, entonces las variables tradicionales como clase, cultura, economía y poder son inútiles para explicar, interpretar y criticar la condición social. Todo parece fluir mientras la ANT rechace cortar la red que traza. Reconocer que el mundo no es plano, es una arena movediza para la crítica social y es por lo tanto, políticamente incompetente” (2007:94).
Este juicio es al mismo tiempo el argumento más fuerte de la ANT: si en años recientes la reflexividad ocupa cada vez más espacio en la investigación (Lash y Urry, 1998; Phillimore y Goodson, 2004) y con mayor frecuencia hay cuestionamientos hacia el conocimiento según Occidente, la supuesta debilidad epistemológica se convierte en una posibilidad de salir de los tradicionales modos de ordenar. Como lo han planteado el mismo Latour y los proponentes de la ANT, no se trata de hacer de lado el conocimiento humano para re-explicarlo todo, sino de permitirnos la oportunidad de que la descripción provoque el surgimiento de nuevas maneras de pensar y debates.
ensamblan desde la voz de los actores y evitar la invisibilización de relaciones que pueden ser obviadas por dichos conceptos.
Capítulo 2. La evolución mundial del fenómeno turístico
Debemos luchar contra la pobreza, pero preguntándonos de qué forma contribuimos todos/as a hacer pobres.
José Ángel Sotillo, Prólogo a El desarrollo: historia de una creencia occidental (en Rist, 2002:11),
El investigador como intérprete trata por todos los medios de liberar al lector de la ilusión y de las visiones simplistas. Es el agente de una nueva interpretación, de un nuevo conocimiento, pero también de una nueva ilusión.
Robert Stake, Investigación con estudio de casos (1995: 89)
2.1. La construcción del entramado turístico.
De acuerdo con van der Duim, las transiciones son “cambios estructurales de largo plazo […] basados en cambios tecnológicos, socio-culturales económicos e institucionales en varios niveles de escala en los que la sociedad […] se transforma de una manera fundamental” (2005:206).7
Las sociedades evolucionan continuamente y con ello sus intereses. Van der Duim (2005) identifica tres etapas cronológicas del turismo: pre-moderna, previa al siglo XIX; moderna, que iría desde 1850 hasta 1950 aproximadamente, y; contemporánea, que habría seguido a la anterior.
Lash y Urry (1998) por su parte, sugieren dos etapas que se corresponden a su marco general de estudio sobre el paso del capitalismo organizado al desorganizado: el turismo organizado y el desorganizado. Para ellos, el capitalismo organizado (el de los grandes capitalistas, originado en el atlántico norte) se habría transformado, por el movimiento de capital y de tecnologías, en un capitalismo desorganizado debido a factores como el individualismo, la compresión espacio-temporal, así como el surgimiento de un sistema de metrópolis globales y la declinación de estados nacionales que no controlan los flujos de capitalismo desordenado. (1998:426-427).
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Si bien se encuentran coincidencias entre estos autores y los propios hallazgos, se retoma el planteamiento de van der Duim para señalar otros aspectos. Debe aclararse que esto no pretende ser un análisis histórico del turismo, sino una puntualización de los acontecimientos que han marcado estas transiciones. Debe incluso agregarse que las transiciones en la forma del viaje presentadas no eliminan prácticas anteriores, sino que abren nuevas alternativas a las formas de desplazamiento: en el tiempo, unas caen en desuso y otras se modifican y evolucionan.
Al mismo tiempo, se insiste en evitar que el turismo y el viaje sean homologados, pues si bien existe una indudable relación, estos no se explican mutuamente: el viaje no se realiza únicamente por la intención de hacer turismo; del mismo modo, aunque el turismo es impulsado por la idea del viaje, tiene otros estímulos: descubrimiento, crecimiento personal, ocio, curiosidad, etc.
En la construcción del turismo se encuentran, retomando a van der Duim (2005), cambios fundamentales en la sociedad, fuertemente relacionados con el proceso expansivo del sistema económico capitalista contemporáneo. Se trata de la aparición de nuevos actores y nuevos contenidos: una inédita red de relaciones que modifican y/o crean prácticas, tales como el uso de vouchers en lugar de moneda, las tarifas por temporada, el derecho a las vacaciones o los sistemas de reservas.
2.1.1. El tiempo de viajes y jornadas (hasta el siglo XIX).
La que van der Duim denomina “etapa pre-moderna del turismo” podría llamarse tiempo de los viajes y jornadas: un tiempo en el que la salida del lugar de origen se realiza usualmente por un largo periodo de tiempo y con fines particulares: políticos, científicos, religiosos, bélicos. Este viaje aporta nuevos conocimientos, entretenimiento o dépaysement (palabra francesa difícil de traducir, que tiene que ver con el sentimiento de alienación).
cosa sin ningún propósito. Van por mar, por tierra, siempre deseando que estuvieran haciendo algo más” (Balsdon, 1969:145 en Nash, 1981:463).
Nash anota que otros grupos sociales han viajado combinando trabajo y entretenimiento (desde grupos tribales hasta sociedades occidentales en la Francia rural o la Inglaterra medieval), evidenciando que el viaje es una actividad antigua. Urry (2004) relata que entre los siglos XIII y XIV eran comunes los viajes de peregrinación y que estos incluían “la combinación de devoción religiosa y cultura y placer [y que incluso] para el siglo XV había giras organizadas regularmente de Venecia a Tierra Santa.” (2004:8).
En la Gran Bretaña del siglo XVIII era muy común el llamado “Grand Tour”, gira que los jóvenes gentlemen emprendían como parte esencial de su educación. Estos viajes tenían por objetivo la observación directa y “se esperaba que el viaje tuviera un papel clave en la educación cognitiva y perceptiva de la clase alta inglesa” (Ibid:9). Durante esa misma época, eran también visitados los balnearios, las ferias comerciales –pero también de entretenimiento- y las tabernas, que se habían convertido “en el gran centro de vida pública de la comunidad, brindando luz, calor, servicios culinarios, amoblado [sic.], noticias, operaciones bancarias y medios de viaje, entretenimiento y sociabilidad” (Ibid:9).
2.1.2. Etapa Moderna. (1840 – 1950).
Hasta antes de la mitad del siglo XIX, el viaje estuvo limitado a pocos participantes. Sobre todo a unos cuantos “elegidos” de las elites. La etapa que marca la construcción del turismo actual está ligada –entre otras cosas- a la masificación de la producción industrial, la conquista de derechos laborales y a un cambio en la percepción del desplazamiento.8
Para Lash y Urry, el turismo tuvo un fuerte detonante en la reforma laboral debida a la racionalización del trabajo en la Inglaterra de finales del siglo XIX: “Las horas de trabajo se redujeron gradualmente […] Muy importante fue la conquista del asueto de medio día, algo que se celebró como “la
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semana inglesa” [...] El logro de interrupciones más prolongadas, de vacaciones de una semana (por lo común impagas [sic.]).” (1998:357).
A partir de lo anterior, es posible decir que el turismo no evoluciona desde modificaciones en la peregrinación o el Grand Tour de las elites, sino a partir de cambios fundamentales en la sociedad: en este caso, el sistema de producción y la masificación del trabajo (organizado, industrializado).
Hay otros aspectos sobre los que se debe llamar la atención: el incremento del transporte, el crecimiento de las vías de comunicación, las mejoras tecnológicas y la aceptación del viaje como una nueva actividad. En suma, la etapa moderna marca la articulación de tres nuevos paradigmas: el derecho al descanso, el reconocimiento del país y el negocio del viaje.
Sobre el primero se ha explicado que los cambios en las legislaciones laborales ofrecieron el tiempo de ocio como prestación. Para Franklin (2004), este fenómeno está estrechamente ligado con el surgimiento del Estado-nación del siglo XIX, que requería ciudadanos que sintieran la pertenencia a un espacio geográfico: fue en esa época que se hicieron más comunes las exhibiciones y ferias, que abrieron un sitio para la curiosidad y la identificación con un grupo cultural en pleno proceso de construcción. El autor argumenta que más que proveer una “vía de escape” para el ocio, el turismo fue creado con el objeto de hacer que grandes grupos de población conocieran su país: el turismo no habría nacido entonces como “constructor de diferencias”, sino muy por el contrario, como motivador de pertenencia a un espacio geográfico cuyas fronteras recién se forjaban (2004:298).
En su investigación sugiere que el turismo ha sido construido desde el siglo XIX como un modo de ordenar yllama la atención sobre un personaje particularmente interesante: Thomas Cook, no solo el iniciador de una empresa de viajes organizados, sino un gran motivador de las clases medias para que se interesaran por el viaje. Cook habría participado en la construcción del discurso sobre el turismo, desplazándose a menudo a los distritos obreros para convencer a la gente de que tenían derecho a viajar y de conocer las exposiciones que se hacían en Londres y otros lugares, e incluso publicando un boletín, The Excursionist, “para convencer a la gente sedentaria y reluctante y fomentar el hábito del viaje, que llegó a tener un tiraje de 120 mil revistas y se elaboró en 5 ediciones foráneas” (Franklin 2004: 294-295). Como explican Lash y Urry, “Cook generó un movimiento de masas de seres humanos que empequeñece las grandes migraciones del pasado […] Para 1868 ya había organizado el viaje a más de dos millones de persones” (1998: 350).
Durante los cien años que siguieron a los primeros tours organizados, hubo una enorme cantidad de innovaciones motivadas por la expansión capitalista que influyeron al turismo, la migración y las relaciones comerciales: la Wells Fargo Company y sus cupones, boletos de segunda y tercera clase, el incremento de medios de transporte grupales (trenes, barcos, aviones), el auto, el pasaporte individual con fotografía (implementado en Inglaterra en 1915) y hasta las guías de viaje (Ibíd:351).
Malkin incluso agrega que la literatura especializada tuvo también una gran influencia en la atmósfera proclive al viaje y fueron tantos los viajeros que hasta se llegó al extremo opuesto: criticar a los “nuevos turistas” por su incapacidad de una reacción estética y responsabilidad en la profanación de los monumentos que visitaban. (1999:24).